n
boletín
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
BOLETÍN
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
TOMO III iVL
MADRID
IMPRENTA DE FORTANET
CALLE DE LA LIBERTAD, XÚM. 2Í'
-1883 -S"^
'' En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será responsable de
sus asertos y opiniones: el Cuerpo lo será solamente de que las obras sean acreedoras
K la luz pública.»
Estatuto XXV.
t>P
A-.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO III. Julio, 1883. CUADERNO I.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
La Academia acordó insertar en el tomo x de sus Memorias la que
ha escrito el Sr. D. Cesáreo Fernández Duro,, acerca de los viajes
de Cristóbal Colón, después de haber compulsado las piezas autén-
ticas del pleito seguido entre la casa de Colón y el fiscal de S. M.
Estos documentos, á petición de la Academia, vinieron del Ar-
chivo general de Indias, y fueron estudiados por una comisión
que la Academia nombró con este motivo.
Han sido delegados por la Academia los Sres. D. Juan de la
Rada-y D. Antonio María Fabié, para que la representen en el
Congreso de Americanistas que ha de celebrarse en Copenhague
durante la última quincena de Agosto próximo.
El académico correspondiente, D. Pedro Novo y Colson, lia
ofrecido á la Academia un ejemplar de su obra Historia de la úl-
tima guerra del Pacífico^ donativo que la Corporación ha recibi-
do con singular aprecio.
I) UOLETi.N DL' LA REAL ACADEMIA DE LA UISTORLA.
El Sr. Fernández Duro ha ofrecido á la Academia un ejemplar
del tomo III de su Historia de Zamora, donde, por primera vez,
han visto la luz [jiiblifa los fueros de aquella nobilísima ciudad.
El Sr. JL). Vicenle Lafuente ha hecho asimismo un donativo de
un ejemplar para la biblioteca de la Academia y otro á cada uno
de sus individuos de su folleto en contestación al publicado por el
I'. Minguella sobre la patria y vida de San Millán de la Gogolla.
El ilustre académico toma en consideración y mantiene los pun-
ios esenciales que había sentado al escribir sobre esta materia
en el tomo l de la España Sagrada.
VA Sr. Fita leyó en la íiltima sesión celebrada por la Academia
una comunicación del príncipe Luis Luciano Bonaparte, relativa
al famoso himno de los peregrinos, registrado por el códice de
Calixto, que se conserva en el archivo de la catedral de Gompos-
tela. El príncipe, cuya competencia en todos los ramos de la
liencia lingüística es notoria, da la razón á dicho señor académi-
co en lo tocante á los vocablos ilamencos que ¿iquel himno en-
cierra; y consigna de paso un rasgo muy característico del idio-
ma anglosajón, que ilustra las pinturas <) imágenes del Apóstol
en los si^-'los medios.
La .\cademia en su iiltima sesión ordinaria celebrada el mar-
tes ;' del actual, acordó reanudarlas el 28 de Setiembre próximo.
INFORMES.
ESCRITURA HIERÁTICA DE LA AMÉRICA CENTRAL.
Excmo. Si'.: El siglo, que ha visto descifradas las inscripciones
del Oriente antiguo, mudas esfinges que por tantas y tan varia-
das épocas de progreso intelectual desafiaron la sagacidad y la
perseverancia de los sabios, no podía contemplar con indiferen-
cia los monumentos de arcana literatura, preciosísimos, que bro-
taron al calor de la civilización reinante en el centro de América,
mucho antes de que las naves de Pinzón revelasen al antiguo el
nuevo mundo. Aun cuando el P. Diego de Landa en su Relación
de las cosas de Yucatán había dado ya los rudimentos de una cla-
ve para la explicación de la escritura maya, es lo cierto que hasta
ahora han sido inútiles todas las tentativas enderezadas á expli-
car los pocos manuscritos que se conservan de ese género, sin
que puedan exceptuarse de esta afirmación los estudios, dignos
por otra parte de gran respeto, del célebre abate francés Brasseur
de Bourbourg, altamente protegidos por el gobierno de Francia.
M. de Rosny, correspondiente de nuestra Real Academia, bien
conocido por sus estudios acerca de las lenguas y antigüedades
del extremo Oriente, ha emprendido con decisión valerosa, pero
con ánimo prudente, un nuevo análisis de la escritura hierática
de la América Central; y adoptando nuevos caminos de severa crí-
S UOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA.
tica, ha intentado, no la traducción completa y absoluta de los
códices que ha visto, sino un avance hipotético sobre el valor y
significación posibles de gran número de los signos allí estampa-
dos. Tal método, si bien hace concebir menos esperanzas á los
partidarios do soluciones deíinitivas y sorprendentes, satisfará
mucho mejor, á quienes, avezados á las dificultades de asuntos
parecidos, juzgan atinadamente que no es firme el paso que no se
da sobre terreno bien sondado y conocido.
El Sr. Rada y Delgado, individuo de número de nuestra Real
Academia y de la de Bellas Artes de San Fernando, después de
haber prestado al autor no pequeña ayuda en nuestros archivos y
museos, ha emprendido, de acuerdo con él, una traducción de la
obra que nos ocupa, con el título de Ensayo sobre la interpre-
tación de la escritura hierática de la América Central, no sin
hacerla preceder de un prólogo ó introducción suya propia, y so-
licita del Gobierno la protección que los derechos vigentes conce-
den para las versiones de obras importantes ó de inteligencia di-
fícil. En tal concepto viene á informe de esta Corporación; y aun-
que el original esté redactado en francés, lengua hoy al alcance
de la mayoría de los lectores españoles, la importancia suma del
trabajo, enlazado con nuestra gloriosa historia colonial, le hace
merecedor de especial distinción y colmados plácemes. Por lo que
toca al desempeño del traslado á nuestro idioma, no sólo hay que
decir que está hecho con el acierto propio de un literato de
fama tan conocida, sino que la importancia del original ha sido
acrecentada por el traductor con importantes notas é ilustracio-
nes, debidas ;il conocimiento de piezas exactísimas, que el autor,
ó bien no lia llegado á ver, ó bien ha poseído en malas copias.
Todas las circunstancias referidas, unidas al gran dispendio
<iue han de ocasionar así las numerosas láminas coloridas, hechas
con todo primor y exactitud, ,y necesarias para ilustrar debida-
mente el texto, como Umibién los numerosos y complicados sig-
nos hioráticos que esmaltan en grabado correcto gran parte del
volumen, inclinan á los que suscriben á proponer á la Academia,
soliriiuila por el (lobierno en consulta, responda que la obra, cu-
yos primeros pliegos y láminas ha examinado, es ciertamente
merercdorn de la protección oficial con arreglo ala Real orden
ESCRITURA HIERÁ.TICA DE LA AMÉRICA CENTRAL. í)
del 23 de Junio de 1876. La Academia, como siempre, resolverá lo
más acertado.
Madrid 15 de Junio de 188:i.
Eduardo Saavedra. Antonio María Fabié.
Fidel Fita.
II.
biografías de tres ilustres misioneros en AMERICA Y ÁFRICA
POR EL P. FR. SERVÁIS DIRKS.
Los opúsculos enviados por su autor el P. Dirks, á nuestra Aca-
demia, son de verdadero interés, porque contienen las biografías
de tres sujetos pertenecientes á la orden seráfica, cuyos hechos
tuvieron lugar en países y en épocas en que España tenía, y aún
tiene, una iuüuencia que no ha podido destruir nuestra dolorosa
decadencia: todos tres son naturales de los Países Bajos que for-
maron en tiempos, para nosotros más felices, parte de nuestra
gran monarquía, y dos de ellos ejercitaron sus virtudes en el con-
tinente americano á poco de ser descubierto y conquistado por
nuestros heroicos predecesores, de tal manera, que así el inolvi-
dable Fr. Pedro de Gante como el activo Fr. Josse de Rycke, pue-
den considerarse como españoles.
Aunque no ruidosa, porque no se mezcló en los sucesos que
por aquel tiempo acaecieron en Europa, la vida de estos varones
apostólicos es digna de estudio, sin que basten á satisfacer nues-
tra justa curiosidad las noticias que de ellos tenemos; ambos na-
cieron con corta diferencia en una misma época, en el mismo país,
y hay muchos motivos para sospechar que corría por las venas
de uno y otro la ilustre sangre de los Haspsburgos, siendo harto
10 HUI-I.TIN ÜE I.A nCAL ACADEMIA DE LA HlSTOKlA.
probable que ambos fuesen hijos bastardos de Felipe I el Hermo-
so, (¡ue tantos motivos dio á los celos que perturbaron la razón de
sil esposa Doña Juana. Estos indicios producen casi completa evi-
dencia por lo que se refiere á Fr. Pedro de. Gante, reuniendo los
que ya descubrió el Si-. D. Francisco González Vera, con los que
resultan de las dos cartas de aquel venerable publicadas en la lu-
josa colección de las de Indias, hechas á expensas del Ministerio
de Fomento eii 1878. Ya es de notar la circunstancia de que
Fr. Pedro acompañase á Carlos I cuando vino á España, como
rlarameute se infiere de la carta que escribió á Felipe II, fechada
fAi San Francisco de Méjico el 13 de Junio de 1558; en la cual se
lee lo siguiente: «Y es el caso que yo vine con S. M. el Empera-
ndor nuestro señor, cuando vino á España y desembarcó en San-
..lander con otros dos religiosos en compañía de Glapión, su con-
r-fesor; el uno se llamaba Fray Juan de Tecto, Guardián de Gan-
óte, y el segundo se llamaba Fray Juan también.» Sabido es que
aunque el entonces rey Garlos arribó á Villaviciosa de Asturias
el 17 de Setiembre de 1517 por la escasez de la tierra, siguió por
mar á Santander, donde desembarcó yendo después por tierra á
San Vicente de la Barquera. Cinco años hubo de,estar Fr. Pedro
de (iante en España, sin que sepamos nada de este periodo de su
vida; pues, según consta, no llegó á Nueva España hasta 15-23;
de donde se infiere claramente contra lo que dicen sus biógrafos
que no salió de Gante para ir al Nuevo Mundo, sino que así él
como los dos religiosos flamencos que en su compañía fueron á
Méjico, vinieron primero á España con la corte del Rey, y al
•■abo de algunos años emprendieron su apostólico viaje.
Por lo que se refiere al parentesco de Fr. Pedro con el Rey,
resulta claro que no podía ser hijo de éste, como algún historia-
dor ha dicho; [luos habiendo venido en calidad de religioso el año
1517 ;í p].sptiMa, debía ser do mayor edad que Garlos I, que como
so sabe, nació el primer año del siglo décimo sexto. Confírmase
•'sto adefnás, teniendo en cuenta que todos los biógrafos de Fray
I'edro de Gante dicen. que al morir en 1572 era octogenario, y
siendo así, hubo de nacer en los últimos años del siglo xv, en
los cuales residía de ordinario en Flandes, llevando vida alegre
y p(KO edificanlí; I). Felipe el Hermoso..
biografías D1-: Tr.iis ilustres misioneros. 11
Sabía de cierlo Fr. Pedro su origen, y por eso en la carta que
escribió al Emperador el 15 de Febrero de 1552 pidiendo, no me-
nos calurosamente y en el mismo sentido que lo había hecho an-
tes y lo seguía haciendo por entonces el P. Las Gasas, que se ali-
viaran los tributos y servicio personal de los indios, y se les
librara de la insoportable tiranía de que eran víctimas, alegaba
por título y razón de su demanda lo siguiente: «Justa cosa es que
»se me conceda, atento lo mucho ijue he trabajado con ellos y que
«tengo intención de acabar mi vida en su doctrina. Y dame atre-
«vimiento el ser tan allegado á V. M. y ser de su tierra.» Mas ex-
plícito todavía en una breve relación de varios sucesos, dirigida
al Emperador, le dice: «Pues que V. M. é yo sabemos lo cercanos
»é propinquos (jue somos é tanto que nos corre lamesma sangre,
))le diré la verdad en todo para descargo de mi conciencia y
«que V. M. pueda descargar la suya.»
No era ignorado de los demás este parentesco, y por eso los
frailes franciscanos le exigían que escribiera al Emperador y ú
su hijo D. Felipe síibiendo lo que su intercesión con ellos valía; y
al dar cuenta á este íiltimo de la muerte de Fr. Pedro, el célebre
Fr. Alonso de Escalona, provincial de la orden en Nueva España
dice de él: «Mucho agradecimiento le deben estos indios y nos-
«otros los religiosos, pues que le daba brios el ser deudo tan alle-
«í/ado del cristianísimo Padre de V. M., que por su medio nos
«era gran favorecedor y nos otorgaba muchas de las mercedes
«que todos habíamos menester.» Tan ilustre y elevado origen, á
que no era por entonces grave inconveniente la bastardía ni aun
el sacrilegio, como lo demuestran D. Juan de Austria y el Conde
de Tendilla, para llegar á ocupar las más altas categorías socia-
les, no fué parte á que Fr, Pedro dejase de ser un verdadero hijo
do San Francisco, que practicó la humildad de tal modo, que vi-
vió- y murió siendo lego en su orden, negándose á recibir las ór-
denes sagradas, y oponiéndose resueltamente á aceptar el arzo-
bispado de México que el Emperador le ofreció con vivas instan-
cias, después de la muerte del insigne Fr. Juan de Zumárraga.
Su celo apostólico empleado principalmente en la educación de
los niños indios era infatigable, y dio los más copiosos frutos,
siendo uno de los primeros españoles que aprendieron la lengua
\: HOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
mexicana durante su residencia en Tezcoco y Tlascala , algunos
años antes de establecer en México el famoso colegio de San Fran-
cisco, donde se enseñaba y doctrinaba de continuo más de seiscien-
tos nuichadios, hijos de los principales de la tierra, que esparcian
luego por ella los principios de la civilización cristiana. Entre otros
leslimonios de tan señalados servicios, es do notar el que dio el
obispo Zumárraga en carta dirigida al capítulo general de la orden
de San Francisco, celebrado en Tolosa de Francia el año 1532, en
la cual dice: «Entre los frailes que están bien enseñados en la len-
>.-iia índica es uno que se llama Fr. Pedro de Gante, y es lego; el
>'Cual habla aquella lengua facundísima y copiosamente, y tiene
«solícito y diligentísimo cuidado de seiscientos mozos, ó más, etc.»
Y el maestro Gil González Dávila, que inserta esta carta en su
Teatro eclesiástico de las Indias, afirma que Fr. Pedro de Gante
fué el mayor ministro que en aquella edad y tiempo tuvo la Nue-
va España. Como ya he dicho, tan insigne varón falleció en Mé-
xico el año de 1572, y se le dio sepultura en la capilla de San
José construida i)or su celo para servicio del colegio de indios. El
cual colegio se estableció en el patio del convento de San Fran-
cisco, y fué fundado y dirigido hasta su muerte por el ilustre y
bienaventurado lego.
Habiéndome extendido más de lo ordinario en estas noticias,
soré muy breve en las que se refieren al P. Rycke, narradas ex-
tensamente en el opúsculo del P. Dirks. Fué natural de Malinas;
y debió nacer, como Fr. Pedro, hacia 1495 de ilustre familia, es-
perialmcntc por su madre Juana de Marselaer, cuyo padre llegó
á srr señor de Pare, Eleuyt, Borre y otros lugares, y desempeñó
siete veces el cargo de Burgomaestre de Bruselas. Por esto, sin
'huía, debió la nol)le Marselaer asistir á la corte de D. Felipe el
Hermoso con frecuencia y ser una de las que inspiraron los jus-
tos celos de Doña Juana; tal debió ser el fundamento que tuvo
el V. Córdoba para decir en su Crónica de la religiosísima pro-
vincia d^'los doce apóstoles del Perú (libro rarísimo, aunque im-
preso, que .se custodia en nuestra biblioteca): «Hay quienes pien-
.san que era deudo muy cercano del Emperador Carlos V.» El Pa-
dre Ryrko, que murió como Gante octogenario, fundó varios con-
venlfts (Ir l:i or.bn ,1.' <^.n Francisco, y fué el primer custodio de
ItlOGRAFÍAS DE TRES ILUSTRES MISIONEROS. 13
ella, cuando aiur no se había elevado á provincia con el título de
los doce Apóstoles en el vireinato del Perú. Durante las gueri-as,
á que puso término con su prudencia y energía el Licenciado La
Gasea, hizo el P. Rycke gran papel, no siempre favorable á los
representantes de la autoridad del Emperador, pues como la ma-
yor parte del clero secular y regular siguió á los principios y fa-
voreció la causa de Gonzalo Pizarro. El autor de esta biografía,
bajo muchos conceptos interesante, se ha servido para escribirla
de los curiosísimos documentos que le ha facilitado nuestro Aca-
démico electo el Sr. Jiménez de la Espada, tan versado en las co-
sas de América y singularmente en las del Perú.
No menos interesantes, aunque para nosotros de menos impor-
tancia y curiosidad, son los viajes y aventuras de Fr. Pedro Far-
dé, que recorrió el interior de África en el siglo xvii. Así éste,
como los otros dos opúsculos, escritos gallardamente en lengua
francesa, demuestran el amor del P. Dirks á los estudios his-
tóricos; por lo cual, y porque al consagrarse á los de la orden
seráfica en que tantas glorias españolas brillan, lo mismo en el
antiguo que en el nuevo mundo, trabaja en beneficio de nuestra
historia nacional, me atrevo á proponer á la Academia premie y
estimule al autor nombrándole su correspondiente extranjero.
Madrid 22 de Junio de 1883.
Antonio María Fabié.
IlL
RUDIMENTOS DE ÁRABE VULGAR. POR EL PADRE LERCHUNDL
La Academia se sirvió encomendar al individuo que suscribe
el examen de un libro titulado Rudimentos de árabe vulgar,
escrito por el P. Fr. José Lerchundi, misionero franciscano oh-
14 boli;tín de la uv.m. academia de (a hístoria.
servaule en África, el cual había tenido á bien presentarlo á este
cuerpo cionlífico por mediación de D. Juan Antonio Disdier,
vicecónsul de España en Tetuan, correspondiente nuestro, y
aíirionadísimo (' eslos ])uenos estudios de las lenguas orientales.
Pocos meses li;í, sj daba cuenta en estas sesiones del contenido de
otra obra, que con el título de Gramática árabe había visto la luz
pública en Madrid, durante el pasado año de 1871. Era un libro
pequeño como de 13G páginas no cabales en octavo menor, con
honores y mucha apariencia de dozavo, y á juzgar por sus condi-
ciones extrínsecas más se le hubiera creido opúsculo ó programa
compendiado de curso elemental, que libro formal de enseñanza.
En la portada, sin embargo, leíanse en grandes letras en son de
reclamo para mover voluntades, tan significativas palabras. «Esta
excelente gramática árabe la primera publicada en España en lo
que va de siglo, .so vende á pesetas.» Publicada la de Ya-
cas Merino en el año 18U7, el llamamiento mercantil contenía un
error de á folio que descubría la redacción del librero, á mí me
cumple decir tan solo que la obra dejaba que desear algo, en
lo locante á la exactitud de la doctrina, y mucho por el método
que recomendaba, ó inoportunamente seguía.
Proponíase el autor de aquel trabajo gramatical aplicar de plano
el método práctico, llamado de Ollendorf, al estudio del árabe
lilerario ó erudito, procedimiento que si no debiera diputarse por
absolutamente absurdo, ha sido desechado con no escasa copia gle
razones, por maestros muy insignes y verdaderamente doctos.
Porque dejadas aparte razones de mucho peso que tienen aplica-
ción j)rivativa al estudio del arábigo, ello es, que si, merced al
método Ollcndoríiano, pudiera lograrse respecto de los idiomas
vulgares, la facilidad de elocución necesaria para los usos más
indispensables de la vida, en el trato común y en la correspon-
dencia comercial, el pretender, que por^us mecánicas repeticio-
nes so aprenda á practicar y á entender el lenguaje de los Ilero-
dolos. Cicerones, Virgilios, Antares, Hariris y Den Al-jatibes,
cuyo verso y pro.sa en ellos eran igualmente fruto de detenidos y
concienzudos estudios; cosa es que no cabe se reciba, con arreglo
á discurso natural, por razonable entendimiento. Pero el autor, que
por lo visto no lo apreciaba así á vuelta de varias consideracio-
RUDIMENTOS UE ÁRAHIi Vt LGAIl. 15
nes en la prefación puesta al frente del texto confesaba candida-
mente que, al abandonar la Universidad alemana, donde había
pasado varios semestres al objeto de estudiar el sánscrito, el zen-
do, el asirlo de las inscripciones cuneiformes y el árabe por in-
cidencia, pensó en publicar un estudio sobre la filología, en sus
relaciones con la lengua de Pánini; aunque, vista la falta abso-
luta que tenía el público español de gramáticas arábigas, se ha-
bía anticipado á satisfacer necesidad tan perentoria. El resultado
de aquel trabajo prematuro fué un texto afeado con erratas en su
redacción más sencilla, con algún error en sus prescripciones y ad-
vertencias y tan poco adecuado á satisfacer las necesidades cuya
urgencia encarecía, que estimando la pronunciación castellana
poco á propósito para imitar, y reproducir los sonidos líquidos y
guturales de la lengua arábiga , propinaba al maestro y al auto-
didacto que se aparejase con el pertrecho de los sonidos france-
ses, acompañados de larga secuela de zetas y haches.
Ahora, si hubiera de resumir el juicio que me sugiere la lectura
del libfo, cuyo examen me ha encomendado novísimamente la
Academia, 'entiendo que podría formularlo con precisión y exac-
titud, señalando que sus calidades, si no tan aventajadas y exce-
lentes como las que es de justicia reconocer en la obra magistral
de nuestro cempañero don José Moreno Nieto, son verdadera-
mente opuestas á las que se advierten en el brevísimo opúsculo
tenido presente en las precedentes observaciones.
Sólo en una cosa convienen el libro del modesto franciscano y
la primera edición de la obra gramatical del estudiante de zendo
y de asirlo (1), por cuanto en ambos trabajos, aunque con dis-
tinta razón y eficacia, se procura aplicar el método ollendor-
ñano. Porque prescindiendo de la materia tratada por el P. Ler-
chundi, circunscrita á la conversación en el idioma árabe vulgar,
se a\^ntaja sin duda, en la relación del método que sigue, por la
abundancia de ejercicios que avaloran su obra, en las 426 páginas
de su texto, no contadas las 70 empleadas en sabrosísimo apéndice.
(1) En el tiempo trascurrido, desde que se leyó el informe en la Academia, ha apa-
recido una segunda edición de esta obra, mejorada en su conjunto, y el estudiante de
otro tiempo ha granjeado reputación de profesor distinguido.
l(j IJOLKTIN di: la real aCADKMIA nií LA HISTORL\.
Pero lo <jue más la recomienda y encarece, á mi juicio, es el
estudio del valor en sonido de cada cual de las letras árabes, com-
parado directamente con las del abecedario castellano y comproba-
do con originalidad, sin el recurso ni mediación de otros idiomas
.'Xtranjeros, como se ha practicado con frecuencia casi increible
por los autores de obras españolas, en otro concepto muy aprecia-
das. La porvorsirjn ha llegado al punto de que, desatendiendo nues-
tros escritores las gcnuinas tradiciones del árabe literal, según
se conservaban en nombres de objetos particulares, de pueblos y
de hombres á que se referían nuestras crónicas y libros latinos,
i"oetáneos de las épocas en que alcanzó su apogeo la cultura ará-
biga, han aceptado de buen grado transcripciones extranjeras
plagadas de incorrección y de barbarismos. Provinieron de aquí
hómonimias y degeneraciones donosísimas sobremanera curiosas.
Con recordar que la representación del j arábigo por la doble W
de los ingleses, ha convertido la palabrp, alguacir ó alguacil caste-
llana y árabe en el Wisir de novelas y periódicos, y que por el
pedantismo en distinguir la :> fdh) de la d han convertido los
hispano-franccses en muezzin lo que en castellano se llamó al-
muédano, y pronuncian Ahiiondzir con z, donde los nuestros di-
jeron Almondir; no es menester insistir sobre el provecho de
leer en una gramática como la del P. Lerchundi domiciliado en
Tcluán desde hace doce años, aquella purísima reproducción cas-
tellana, que se muestra en los libros españoles de la Edad Me-
dia íl). Por todas estas razones, el que suscribe estima como
digno de encomio el esfuerzo del sabio franciscano, por dotar la
literatura y patria de una obra digna de estima, y propone que se
lo galardone, en algiíii modo, nombrándole nuestro correspon-
dieuto. I.a Academia resolverá como siempre lo más oportuno.
M8(1ri>l 2í .lo Muyo fl.> |K7V».
Francisco Fernández v González.
1) No pronuncia el P. Lcrchumli A**js-1 alrJtama sesrún el vulgo délos arabistas
Bino aliama, romo lo usa nerceo. El ^ árabe, como la g castellana en la Edad Media,
i|pn« Mir^in iHcbo autor nn Marruecos doble sonido, ora pronunciándose como ¿latina,
orw romo /; Mtinvc
EL RIO SAI.OM DK I.A CRÓNICA DEL MOR'» flASIS. 17
IV.
EL RIO XALOM DE LA CRÓNICA" DEL MORO RASIS.
APUNTE PARA UN ESTUDIO SOBRE LA TOPOGRAFÍA DE GRANADA.
Desde que nuestro erudito compañero D. Pascual de Gayangos
probó con datos irrecusables (1) la genuina fuente de que pro-
cede el texto hoy corrupto de una traducción castellana, que los
nuestros llamaron Crónica del Moro Rasis, deber parecía de los
orientalistas españoles, el quilatar y poner en su punto la exac-
titud de las noticias contenidas en ella, con el buen propósito de
restaurar en lo posible el fondo histórico de uno de los monumen-
tos más interesantes de la historiografía arábiga. Estimándolo de
tal suerte, tiempo há que consagra el académico que suscribe
algunas investigaciones á dicho asunto, no extraño por cierto á la
materia de otros doctísimos estudios que han ocupado ya las se-
siones de esta Corporación , y de que ha dado más de una mues-
tra notabilísima su inteligente y activo anticuario.
Al ordenar algunas noticias sacadas á este fin de los historia-
dores árabes, ha creído que la Academia vería sifl disgusto las
referentes á un pasaje de la topografía de Granada, por el men-
cionado Rasis, cuyo texto (2) es como sigue: «Et en su término
ha villas que le obedescen , de las quales es una Cazalla, que en
el mundo non ha quien la semeje si non Damasco, no es tan
buena como ella, et en su término ha pedreras de marmoles
mui buenas et mui blancas, et non mui fuertes; e facen ende
muchas ollas, et alúdanse del en muchas cosas, et de muchas
guisas, et facen del mui fermosas imágenes. Et el otro es el
castillo de Granada, al que llaman villa de los judíos, et esta
(1) Memorias de la Real Academia de la Historia, t. vin, ^lailrid, 1852.
(2) Página 37 en la Memoria del Sr. Gayang-os.
jy boletín de la keal academia de la historia.
es la mas antigua villa que eu término de Elvira ha, et poblá-
ronla los judios. Et por medio de la villa de Granada, va un
rio que avia nombre Salom et agora es llamado Guada-Xenil,
et uasce de un monte que ha en termino de Elvira, que ha
nombre Dayna. Et en este rio cojen las alimadui-as del oro
uno, et entra en el rio que sale del monte de la Elada.» De-
jada á los arqueólogos la interpretación de las frases, que ofrecen
caltal sentido, ora puntualicen si el Gazalla eu árabe ¿JlLj (cas-
tela ó castellaj es la alcazaba Cádima, conservada en el Albaicin
con sus fábricas de alfarería, sucesoras quizá de los talleres de
escultores que en la época romana labraron algunas de las esta-
tuas descubiertas en su recinto, durando tal vez en los períodos
visigodo y mozárabe, ora deba tenerse ó reputarse cual población
enteramente distinta; ya concierten aquella opinión con el nom-
bre de la puerta Bib-Gastro que menciona la Grónica arábiga
de la caida de los Nazaríes, ya pretendan robustecer ésta con
la descripción de la mezquita Iliberitana dada por Ben-Aljatib,
ó con la dirección de Gastaras á que podía encaminar Bib-Gas-
tro; cumple cuando menos al arabista el reconocer con cuidado
las lagunas observadas en el contexto del discurso. Anotando el
último i)asaje (1) nuestro insigne compañero se expresaba de esta
manera: «Aquí debe faltar algo, ó los traductores confundieron
el Genil con el Darro. Este ultimo río, y no el Genil, es el que
tiene su nacimiento en la sierra de Elbira, próxima á Granada.»
No erró en afirmarlo así el Señor de Gayaugos , antes bien me
atrevo á añadir por mi cuenta, que lo que falta y se ha alterado
es tan importante, cuanto de las reliquias parece que con ello se
eiduzau cuestiones capitalísimas de la topografía de Granada. En
primer término se habla de un río que se dice haberse llamado
tan)l)ién Guada-Xenil, el cual naciendo de un monte en tierra de
Elbira entra eu el río que sale del monte de la «Elada ó Sierra
Nevada» esto es, en el verdadero Genil. Se expresa asimismo que
(1) "Kl por medio de la viUa de Granada va un rio que avia nombre Sáloin, et agora
••s UaniRdo Ouada-Xenil, el nasre de un monte que ha en término de Elbira, que ha
nombre de Doyna. E en este rio cojen las altmaduras de oro fiao, et entra en el rio que
sale del mi)ute de la EÍada.»
EL RÍO SALOM UE LA CRÓNICA DEL íMORO RASIS. 19
se llama Salom, en algunos manuscritos Calom, nombre que
dista bastante de la combinación fonética Daharro ó Eladarro, y
que (á la manera del Darro en Granada la moderna), pasaba por
la antigua. ¿Entiéndese que dicha ciudad ocupaba en el siglo x,
en que la crónica se escribe, el mismo emplazamiento que en
la época de la reconquista? Pues no'ha lugar á duda de nin-
guna especie. El Calom ó Calom de Rasis es el río llamado pos-
teriormente por los árabes el torrente SjJ^ (Hadarro). Mas si
atendidas no despreciables tradiciones, se coloca la antigua ciu-
dad de los judíos á los pies de las Torres Bermejas, extendién-
dose desde el campo llamado hoy del Príncipe á la otra parte
del Xenil (1), no faltaría quien creyese que dada la ordinaria
disposición de los edificios en las antiguas poblaciones agrícolas
llegasen algunas de sus alquerías hasta más allá del río Falom ó
Calom, que pasa por Armilla, no de otra suerte que las alquerías
y suburbios de Castella, la capital y fortaleza de Iliberis, empla-
zados en ambas márgenes del Beiro pudieran llegar hasta el
Atarfe. Ha sugerido tan infundada hipótesi un lugar de la citada
crónica arábiga publicada por MüUer (Munich 1803) donde se lla-
man A falom pJit al río de Armilla, transcripción arábiga de Flum,
nombre con que designaron, según Marmol, el río de la Mona-
chil los antiguos, coadyuvando no poco á presentarla como pro-
bable la forma árabe del nombre de Monachil Jlir.-- montecil,
ó montecillo , la cual conviene con el nacimiento que asigna á
su río la descripción del Moro Rasis, sin contar con que no se-
ría imposible se hubiese confundido el Guada-Xenil con uno de
sus afluentes. De cualquier modo que sea, y aunque esta hipótesi
se muestre equivocada, lo que parece definitivamente averiguado
(1) Esta opinión, que es de Mármol, no se compadece ciertamente con la afirmación
expuesta por dicho historiador ilustre, acerca de la situación de i'-jJ) j-msss.
Hizn-arromman ó Castillo de la Granada, que dio el nombre á Granada en la llamada
Alcazaba Cádima, la cual llegaba hasta cerca de la parroquia de San Miguel, en cuyas
inmediaciones se labró la Alcazaba Qidida ó nueva, continuada hasta el rio. Tam-
poco concierta con la designación usada desde antiguo por los judíos españoles, quie-
nes llamaban á Granada JJa-rimmon , esto es la Granada, según la significación hebrea
de dicho nombre, que aparece va en Palestina, como propio de dos ciudades del reino
de Israel.
•JU ItOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA.
es que el nombre de Flum corrompido en Galom, Galom ó Sa-
lom, dado como propio al río Darro, y que en la España árabe
debió servir para designar varios ríos, proviene del latín flumen,
el cual por la confusión de la /" (^) con la c (^J) frecuentísima
en el arábigo, donde sólo se distinguen, ha dado origen á las
formas ^J^ Falom ^Jó Calom y ^j^ Colzom con que según Dozy
fRecherches, t. I, pág. 338) aparece aquel alterado en los histo-
riadores árabes. '
Madrid 31 de Mayo de 1872.
Francl«co Fernández y (tOnzález.
V.
OBJETOS ROMANOS Y ÁRABES HALLADOS CERCA DE LA CIUDAD
DE MURCIA.
Excnio. Sr. : Don Javier Fuentes y Ponte, correspondiente
nuestro en Murcia, da noticia de un descubrimiento de objetos
romanos y árabes, hecho en 16 de Mayo último, en la falda bo-
real de la sierra de la Fuensanta, que dista casi una legua de la
ciudad de Murcia. El sitio y hacienda donde han parecido, se
llama Heredad de Tinosa ; y allí cerca se encuentra una boquera
para aguas torrenciales que se llama Partidor y Riego de Gañida.
En alguna parle de la ladera, que hoy está plantada de viñas, há-
llansc vcsiigios de edificios antiguos y pequeñas balsas construi-
das con hormigón. Es fama que, en el año de 1857, dieron allí
unos cavadores con riquísimos objetos de oro y plata esmaltados
que hicieron ricos á los descubridores, despertándose con ello la
codicia dolos vccinos.y colonos y despertándose las artes y su-
percherías do estafadores y adivinos.
El objeto do la excavación de ahora ha sido labrar un aljibe.
Como á profundidad de poco más de una vara, entre cenizas y
ÜHJKTOS HUMANOS V ÁllAUES. 21
tierra movida y bajo una losa ruda, se encontró el esqueleto de
un niño, trozos de vasijas de varias clases y formas y cuatro pie-
dras antiguas de molino, que se han depositado en el Museo pro-
vincial de Murcia, reservando nuestro correspondiente para la
Academia y remitiéndole, un peso de barro, dos vasijas (una de
ellas mutilada), un estilo de hueso, un fragmento como de mango
de un puñal y varios restos de vasijas pintadas, algunas con la-
bores árabes.
De aquí .el Sr. Fuentes pasa á inferir haber estado en aquel si-
tio una villa romana llamada Nossia, conservada en tiempo de los
árabes con el nombre de Gomila.
En honor de la verdad, prueba el descubrimiento haber existido
algún género de población en aquel paraje, porque efectivamente,
en la edad romana, las ciudades grandes eran muy contadas, y
aun en estas, la parte cercada y murada harto pequeña.
En cambio, infinitas alquerías, pagos, castillos y pequeños gru-
pos de cortijadas, daban animación á todo el territorio : á la ma-
nera que en nuestras provincias del Norte, con especialidad las
Vascongadas. Las familias ricas tenían suntuosas casas de campo,
con toda clase de comodidades y oficinas: y, por lo tanto, á cada
paso tropieza hoy el arado ola azada con vestigios ibero-romanos.
Las ruinas de ciudades ofrecen aspecto distinto, como que esta-
ban colocadas en alto, con su acrópolis ó fortaleza, estrechas calles
y escalonadas las casas en la ladera y uniendo edificios públicos,
ya religiosos, ya civiles, de los cuales rara vez dejan de parecer
señales.
Ninguna de estas vemos en la Heredad de Tinosa por el relato
de nuestro correspondiente de Murcia; ni tampoco bastante fun-
damento para suponer allí una granja llamada Nossia ó una ciu-
dad con este nombre, como soñó el buen canónigo de Cartagena
D. Juan Lozano, en su Bastitania y Contestania, libro más con-
fuso y caprichoso que el laberinto de Greta y de estilo más enre-
vesado que el de Feliciano de Silva. ¡Lástima que su sistema de
dar por cierto, firme y seguro, así la verdad demostrada, como lo
dudoso, lo probable, lo verosímil, lo posible y lo conjetural, venga
á descaminar á nuestro celoso y digno correspondiente, que ya ve
en aquel sitio una Nossia romana y una Gomila árabe. No acá-
22 boletín de la real academla. de la historla.
bamos los hombres de aprender el arte de saber ignorar, que es
de suyo bienhechor y fecundo.
Nada de esto quita para que la Academia dé las más expresivas
"racias por su regalo al Sr. Fuentes y Ponte, supuesto que toda
antigüedad es digna de estimación y estudio y contribuye para el
conocimiento exacto de los tiempos pasados, y es de gran auxilio
el exacto conocimiento de los parajes con antigüedades, para el
progreso de la geografía que es uno de los dos ojos de la Historia.
Los objetos ahora remitidos, deben guardarse oportunamente cla-
áiíicados en nuestro pequeño Museo. E importa, en fin, estimular
á nuestro correspondiente murciano para que continúe remitien-
do á la Academia, oportunas y exactas noticias, así de todo hallaz-
go de antigüedades, como de las circunstancias de las ruinas y
despoblados que por razón de su empleo en el Cuerpo de Caminos
pueda hallar recorriendo la provincia de Murcia. Breves descrip-
ciones de estos sitios, expresión de los nombres que entre el vulgo
conservan; y por último, calcos en papel, de toda inscripción
romana ó árabe que se descubra, sería un buen servicio que per.
sona tan estudiosa y activa como ésta, podrá prestar al instituto
de nuestra Corporación.
Madrid <j de Junio de 18^3.
El Anticuario,
Aureliano Fernández Guerra.
VI.
GEOGRAFÍA ROMANA DE LA PROVINCIA DE ÁLAVA.
Exorno. Sr.; Al lomar posesión de su plaza de número nuestra
compañero el Sr. Cocllo y Quesada en 27 de Diciembre de 1874,
eligió por materia de su discurso las antiguas vías de comunica-
ción en nuestra Península, especialmente de la época romana,
geografía komana de la provincia de Álava. 23
como sinopsis de un trabajo importante en que hace largo tiem-
po se ocupa. Rechícese á ofrecer por provincias é ilustrar por ma-
pas exactos las noticias de vías, poblaciones y ruinas antiguas de
cada territorio. Y ligera pero excelente muestra de su laudable
y útilísima tarea, dio uniendo á los discursos de recepción algo
de la parte relativa á la provincia de Álava.
Meses después se animó á publicar entera esta misnja parte,
acompañada de un mapa lindísimo; ofreció el primer ejemplar á
la Academia; y su digno Director me honró sobre todo encareci-
miento pidiéndome informe acerca de su estudio.
Reconcentrada mi pobre imaginación en otro perentorio, obe-
dezco tarde el mandato; pero la obra del Sr. Goello, es tal, que
siempre se llega á tiempo de hablar de ella, de examinarla, de es-
tudiarla y de aplaudirla.
El folleto se intitula: Noticia sphre las vias, poblaciones y rui-
nas antiguas, especialmente de la época romana^ en la provincia
de Álava; y su mapa viene á compendiar el discurso literario,
ofreciéndolo todo á un solo punto de vista, Señálanse allí con la
distinción debida los caminos romanos indudables, los probables
y los conjeturables; y se traza con peculiar atención el de Anto-
nino Pío Garacalla, como que es la clave segura de muy difíciles
problemas geográficos.
Bien observa el Sr. Goello que las poblaciones ibéricas más fa-
mosas, y las colonias romanas y las sillas episcopales, no habían
de estar incomunicadas entre sí ni con las de su dependencia y
sujeción; y sienta discretamente el principio de que estudiados
y conocidos los antiguos caminos españoles hemos de tropezar
con ciudades sobre cuya situación se disputa acaloradamente.
Indicando, pues, en sus excelentes mapas los vestigios indubi-
tables de antiguos caminos, los villares y poblaciones desiertas y
despedazadas, los castillos y torreones, los campamentos roma-
nos, los sitios donde hay epígrafes, y sobre todo piedras milia-
rias (según lo hace ya en el mapa de Álava), el Sr. Goello ha co-
menzado á prestar servicio inmenso á nuestra historia y geogra-
fía, y por ello al instituto de la Academia. Bastaba por sí solo esta
fiel y exacta investigación, este inventario precioso, esta puntua-
lidad gráfica, para conquistar envidiable renombre.
'24 boletín de la real academia de la historl^.
Con razón da preferencia al itinerario de Antonino, siguiendo
su dirección y los vestigios de ella paso á paso, y confirmando y
sacando verdadero lo que dijo nuestra Academia en su intere-
santísimo Diccionario de Navarra y Provincias Vascongadas, y
la mayor parte de lo que sostuvo el Sr. Saavedra en su inapre-
ciable discurso de recepción.
Al lijar cada una de las mansiones itinerarias, no olvida el se-
ñor Coello los recuerdos históricos del paraje, los nombres de lu-
gares que los comprueban, las antiguallas y curiosidades que
existen por allí. Cuando hay varios sitios del mismo nombre, y
reduce determinada población á uno de ellos, lo advierte al lec-
tor, dando prueba de buena fe como sucede respecto de la man-
sión de SuESSATiuM, que identifica nuestro amigo con el Zuazo de
entre Iruña y Vitoria, pues suben á siete ü ocho los Zuazo, Zua-
za y Zuazu en Álava y Navarra. Hé aquí donde coloca las man-
siones que tuvo la Viapopuli romani de Astorga al atravesar por
el territorio Alavés:
VlBOVESCA
»
Briviesca.
Deobrioa
26 millas .
Pueatelarrá.
Beleia
lo
Estavillo.
SUESSATIO
\:í
Zuazo.
TüLLONIO
7
Al E. y cerca de Ascarza.
Alba
\2
Salvatierra.
Araceli
21
Arbizu.
PaM PELÓN E
24
Pamplona.
I*oco, muy poco difieren de estas las reducciones del Sr. Saave»
dra en su discurso de recepción, fundadas en los planos del mis-
mo Sr. Coello y de varios ingenieros, y en los datos de nuestro
Diccionario y del de Madoz; pero el Sr. Coello circunscribe y
piuitualiza más algunas de ellas.
El nuevo mapa que avalora el folleto, señala hasta trece cami-
nos y cuatro ramales más, romanos quizá todos ellos ó la mayor
parte, en ia provincia de Álava y extremo boreal de la de Burgos;
prueba insigne de la gran red de bien trazadas carreteras que en
remotos siglos envolvíala Península. A la comarca Alavesa única-
mente corresponden 387 kilómetros, ó si quier 70 leguas, de an-
tignns vías, socún publicnn elocuentes vestigios.
geografía romana de la provincia de Álava. 2í)
Desde luego llama la atención en el mapa (fuera de la exactitud
en la determinación de cada lugar), la claridad y belleza con que
ha sido trazado. Los ríos y arroyos, las cordilleras y montañas,
los límites de estados, provincias y partidos judiciales, el ferro-
carril, las carreteras, los canales de navegación; y las marcas y
letreros de las capitales, cabezas de partido judicial, ciudades, vi-
llas y aldeas, todo aparece agradablemente armonioso, claro y
distinto, sin confusión ni embrollo, sin causar la menor fatiga á
quien pretende hacer valer su tiempo, y que no se le malogre el
calor natural.
Una suave línea azulada indica la frontera Alavesa y el Conda-
do de Treviño, incrustado en la provincia. Líneas de media tinta
encarnada figuran los caminos romanos, bien diferenciados los
ciertos de los probables; y del propio color son los letreros de las
mansiones itinerarias, y las señales de lápidas miliarias, ruinas,
castros y torres.
Y acerca de los nombres de las mansiones y ciudades antiguas,
como también de pueblos actuales que significan límite, permíta-
me la Academia que emita una opinión y manifieste un deseo.
Las mansiones itinerarias se nombran en el registro de Anto-
nino Pío Garacalla (216), y en los cuatro Vasos Apolinarios ó de
Vicarello (30-300), indistintamente y sin sujeción á regla fija, ya
en ablativo, por lo general como Barcinone, Tarracone, Bessippo-
ne, Portu Gaditano^ Viniolis, Aquis Voconis, Aquis Querquernis:
ya en acusativo, ahora con la preposición ad, v. g. ad Adrum.
flumen^ad Aquas, ad Dúos pontes, ad Turres, ad Statuas, ad Her-
culem; ahora sin preposición, como Titulciam, Raudam, Cluniam^
Ang ellas ^ Secerras, Turmulos; y por último, las menos veces eu
nominativo, como Aquae Bühilitanorum, Caputfluminis Anae,
y los nombres ibéricos de índole diversa de la latina Acci, Basti,
lliturgis^ Stiel, etc.
Voces geográficas ibéricas terminadas en ns, confieso que nc»
recuerdo sino tres, á saber la de Ibiza, Ebusus; y las no muy se-
guras de Tolous y Manzellus (Monzón y Medinaceli), conocida
aquella "únicamente por el Itinerario Antoniniano, y ésta por el
Ravenate. Añádanse los pueblos que se apellidaban de un bosque
sagrado , que en latín se dice Lucxis, tales como Lucus Augustí
l?t) boletín de la real academia de la historia.
(Lugo), Luctis AsUinim (Santa María de Lugo), Liicus Eporae (á
1.000 metros hacia el oriente de Montoro); y finalmente los sitios
en que había el simulacro de una deidad, v. g. Janus Augustas
ad Baetem, el arco de Jano cuadrifronte en la orilla derecha del
Guadalquivir, más de dos leguas antes de llegar á Andújar.
Fuera ile estos casos, que marco taxativamente, parece no po-
der finalizar en iis pueblos ibéricos tales como Suessatium y Tul-
LONiUM, peculiares de la primitiva lengua española, y cuya sig-
nificación es desconocida ó dudosa.
Respecto de la del último, convengamos en que era nombre de
una deidad ibérica, de un semidiós, de un monte, de una fueute
salutífera, y que tuvo quizá su principal santuario en la sierra de
Toleño, entre el condado de Treviño y el Ebro; y digamos que le
rindió preferentemente culto la ciudad de Álava, que al oriente
de Vitoria se nos sale al encuentro en la romana vía. Si quiso
mostrarse devotísima de aquel numen, y de él tomar su nombre,
entonces la voz Tullon'ms deus vino ideológicamente como á adje-
tivarse y concertar con la de oppidum, alcázar, cindadela, fortale-
za; y el ópido se denominó Tullonium. — Que hubo deidad llama-
da Tnlonio, consta de una lápida descubierta en Alegría el año
1799, y publicada por nuestro Diccionario (I, 61). Tenía esta ins-
cripción:
S • S E \' E R
tvllonio
V • S • L • AY
•iSrm/n'onio Severo cumplió gustosísimo el voto que fundada-
mente hahia Iteclio ñ Tnlonio.»
La deidad ilecíase Tnlíonius; el ópido Tidlonium. Esto no se de-
muestra por el Itinerario de Antonino, el cual, de las veinte man-
siones del trigésimo cuarto camino español, sólo trae una en acu-
sativo, y en ablativo las demás, siendo de estas la de Tullonio;
pero sí se evidencia por Tolomeo, cuyas tablas nos la ofrecen en
nominativo, cual vocablo neutro: Toi/X^vcy. En Plinio, en Tolomeo
y en las inscripciones son neutros los más de nuestros nombres
}:POpTáílrns.
geografía romana de la provincia de Álava. 27
En resolución, al estamparlos sobre los mapas se puede seguir
uno de dos sistemas: ó tratándose de cualquier estudio especial,
V. gr., de los vasos apolinarios, ó del Ravenate, ó de Tolomeo,
Plinio, Mela ó Es trabón, etc., se escriben tales cuales aparecen
en el autor ó documento que se ilustra, y así lo hizo sabiamente
en su mapa el Sr, Saavedra; ó cuando no está ceñida la materia á
determinado autor ó monumento antiguo, se toman en absoluto
los nombres, expresándose estos en nominativo, cual atinada-
mente lo hacen los Sres. Ilübner, Kieppert y Goello. Este último
sistema exige, para fijar en casos dudosos el nominativo, que se
atiendan y combinen cuantos elementos de diversa índole nos
pueden conducir al acierto.
Cúmpleme ahora explicar el deseo que indiqué, dirigiendo so-
bre este punto súplica á nuestro sabio compañero y mi cariñoso
amigo. Si aún no tiene grabados sus preciosos mapas, había de
ser muy útil procurara presentar á la vista los nombres de pue-
blos y sitios que á través de los siglos nos recuerdan haber sido
término ó principio de región, ó límite ó frontera de una ciudad
con otra, en lejanas edades. La voz Torre, por ejemplo, es de ellas
no pocas veces; y creo ser el primero en notar que el Turres Sae-
TABiTANAE del cuarto de los vasos Apolinarios, indicaba el límite
de Saétahis (Játiva) con Ello (Monte Arabí); de igual suerte que
el Turres del Itinerario de Antonino dividía de los Mentesanos á
los Oretanos; así como las dos mansiones llamadas Fines en el
propio Itinerario publicaban la frontera de los Ilergetes y Laceta-
710S, y la de los Turdetanos y Celtas, mientras que la villa que
aún se llama Fines, en la provincia de Almería, separaba el te-
rritorio de la ciudad de Vrci (El Chuche) del de la de Basti
(Baeza) .
La actual guipuzcoana Villafranca (esto es, población donde
no se. cobraba portazgo), Segura, Arrondoa, Araya, Aranache,
Arenaza, Arraya, Torralba, Aguilar, Aras, Armañanzas, Torres
y La Guardia, bastarían con sólo su nombre, si no hubiera mu-
cho más en su apoyo, á conjeturar que por estos pueblos iba
la linde de Vascones y Várdulos. Mondragón, Arechavaleta,
Arsarasú, Arlaban, Arroyabe, Arzubiaga, Arlante, Ariaya,
Armientia, Ariñez, Subiyana, Arrieta, Armiento, Pedruzco,
28 boletín de la real academía de la historl\.
Arana y Portillo, dicen haber sido frontera de Várdulos y Ca~
vistos. Y por último, van marcando la de los Caristos y Au-
trigones los pueblos de Arrigorriaga, Arilsa, Areta, Aracaldo, Ar-
cinicga, Artieta, Peña de Haro, Artomaña, Arrastaria, Arriauo,
Sierra de Ariamo, Artaza, Morillas, Subijana, Arbígemo, Arreo
y Molenilla.
Si la colina que ocupo el Príncipe Negro en la guerra del Rey
D. Pedro y D. Enrique el Bastardo, se llama todavía Inglesmen-
di^ monte del inglés, ¿cómo no han de retener su antiquísima de-
nominación lugares que por siglos y siglos representaron los más
gi'andes intereses de los pueblos ?
Ara, vocablo antiquísimo, que en lenguas semíticas y aun ja-
féticas valía u monte, cumbre, peñasco, y> y que para los italianos
significaba escollo, según Alrgilio (Aen. I, 109).
Saxavocant ItuU, mediisque in fluctibus, ARAS,
fué escogido por los primitivos españoles para denominar la cum-
bre sagrada que dividía una región ó una ciudad de otra. Dígalo
si no Lara, en Burgos, distinguiendo Turmódigos y Berones; Pe-
ñalara, sobre el famoso Paular de Segovia, separando á Carpe-
tunos y Arévacos. Pero de voces terminales harto discurrí cuando
ocupó su bien ganada silla nuestro docto compañero el Sr. Saa-
vedra.
Tomando ese mapa de voces terminales (uno tengo, imperfec-
tísirno, bosíjuejado por mí, como de quien no posee los apetecibles
y necesarios elementos) y trazado con el esmero, claridad y exac-
titud reservadas al Sr. D. Francisco, vendría á suceder que nos
encontrásemos con infinitas circunscripciones, y dudaríamos, y
no supiéramos á (]ué región ó ciudad atribuirlas. ¿Y qué impor-
ta? ¿Lo hemos de hacer nosotros todo? ¿No servirán para estudio
provechoso de quien nos suceda? Facilitemos datos á la bien in-
Icncionaia investigación, averigüe la verdad el afortunado, y
contribuyamos lodos nosotros á ello. Esto cumplo á los que aman
la ciencia por la ciencia misma y no por estéril vanidad.
Hágase on punto á fronteras y límites lo mismo que acaba de
hacer con los caniiuos el Sr. Goello, y el fruto colmará nuestras
geografía romana de la provincia de Álava. 19
esperanzas. De 17 caminos antiguos alaveses somos deudores al
ilustre autor del ^<¿as de EspaPia, cuando hasta aquí sólo uno
habíamos estudiado. Pues ellos, como era de esperar, nos han
patentizado que la Uxama Barga de los Autrígones (Osma de Val-
degovia) se alzaba en la calzada romana de Pancorvo á Bilbao,
cruzada por muchos caminos trasversales; que en otra, desde Ci-
llaperlata tí la capital de Vizcaya, fué Vallispósita (Valpuesta),
silla episcopal de los mismos Autrígones en el siglo viii, y que
en la vía romana de Salvatierra á Gastro-Urdiales estuvo Sanda-
QUiTUM, de quien sólo se acuerda el anónimo de Ravenna, y que
por un mármol digno de atento examen supongo en Arciniega.
Debemos, pues, al Sr. Coello, además del nuevo estudio y com-
probación sobre esta parte del Itinerario, haber descubierto la red
de antiguas comunicaciones regionales y municipales en la pro-
vincia de Álava.
Debemos también á nuestro compañero los datos que son me-
nester para formar la red de límites y fronteras; y con tan buena
cuadrícula deslindaremos fácilmente la circunscripción de las an-
tiguas ciudades, regiones, obispados y provincias, disipando las
tinieblas que oscurecen nuestra geografía, sin la cual, sin la cro-
nología, no puede haber historia.
Tales circunstancias son guía no menos segura que la de los
caminos para rastrear el sitio de olvidadas ciudades. Quede al
vulgo de los escritores dejarse alucinar por las identidades ó pa-
rentesco de voces antiguas y modernas, y sin más apoyo decidir
sobre un problema geográfico. La crítica sabia echa mano de se-
mejante auxilio cuando no existe otro ü otros más eficaces. Harto
escarmentada ha de mostrarse recordando, v. gr,, que la Junga-
ría de los Indígetes no es la actual Junquera, sino Figueras; ni
Asso, en los Deitanos, es Isso, á la izquierda del río Mundo, sino
Las Cuevas, al Sur de Caravaca; ni la episcopal Conímbriga es la
célebre Coimhra, sino Condeixa a Velha.
Con razón se ostenta sabiamente receloso y comedido nuestro
colega al llevar nombres tolemaicos ó plinianos á su mapa, que
no se afianzan en pruebas decisivas. Hace muy bien en poner in-
terrogante á las voces Gebala y Gebalaega, aplicados por la sino-
nimia á Guevara y Galarreta. La primera reducción es, á mi en-
30 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
tender, felicísima; la segunda se apoya en la congruencia del si-
tio, ya que no en la del nombre. Pero Guevara y Galarreta salen
al encuentro en el camino tolemaico donde debían estar Gebala
y Gehalaeca, reconocido é inventariado hasta la Sierra de San
Adrián por el Sr, Coello. Este camino arrancaba de Tüllonium,
buscaba primero la cuenca del Oria y en seguida la del Urola,
V terminaba en Zumaya, población adonde yo reduzco la Mexos-
CA de Tolomeo.
Permítame con este motivo mi afectuoso compañero que le ad-
vierla un olvido del grabador en el mapa. Fáltale interrogante al
nombre Yennia, escrito sobre el despoblado de I ruña, cuando el
Sr. Coello, en la página 111 de su discurso, califica de muy du-
dosa semejante reducción en que formó empeño D. Miguel Cor-
tés y López. Ningún autor, fuera de Plinio, cita á los Yennenses
ó Venüesi, como hallo en un antiguo códice no explorado toda-
vía. Pero veamos qué dice Plinio. Dice: «Al convento de Clunia
(Córuna del Conde) los Várdulos envían á litigar catorce pue-
blos, de los que no quiero nombrar sino el de Álava (Salvatie-
rra); y los TuRMÓDiGOS (Burgaleses) mandan cuatro, siendo de
ellos Segisamox y Segisama-iulia. Al mismo convento van los
Carietes y Yennenses con cinco ciudades, entre los cuales se
cuenta Yelia (EstavilloJ. Los Pelendones, gente celtíbera, acu-
den con cuatro pueblos. >^
Entiendo ser la mente de Plinio citar á los Yennenses como
región, puesto que enviaban ciudades á la Ghancillería de Gllnia.
Y es indudable para mí que así como en los Carieles alude á los
Caristos, en los Yennenses se refiere Plinio á los Yerones; los
rúales jnnlamcnle con los Caristos y Yárdulos formaban en el
siglo VI I i ol obispado de Alisanco, hoy Alesanco en la Rioja.
Estoy, pues, muy lejos de fantasear con el nombre pliniano una
región Yennira, aunque sí pudo existir una gente en aquella co-
marca donde están enclavados Rioberca, Santovenia, Montes de
Oca (Ai:cÁ) y Tampuerca; ó sea desde la margen izquierda del
río Oca y los pueblos terminales de Piedrahita, Villaescusa, la
Solana y Villaescusa la Soinl»ría, hasta el río Yona, al Nordeste
do Htirgos. Ya ve la Academia que hasta en el olvido de un in-
forrng;mio paro l;i .itención para demostrar con cuánta he exa-
geografía romana de la províncía be Álava 31.
minado el trabajo de nuestro dignísimo compañero; y que á
falta de otra cosa reparo en los tildes más insiguiñcautes.
Procediendo con el pulso que le distingue, se abstiene de lle-
var al plano topográfico la oportuna y en mi juicio feliz reduc-
ción de la tolemaica Thábuga ó la moderna Avalos; y estampa
con interrogante el nombre de Túlliga sobre el moderno lugar
de Tuyo, frente á la Puebla de Arganzón, á pesar de no ser con-
jetura infundada. Tanto cuidado pone, á ley de excelente crítico,
en deslindar bien lo escrito, lo dudoso, lo conjetural y vero-
símil.
Voy á concluir, no sin pediros antes indulgencia por lo difuso
y desaliñado de este informe, haciéndome cargo de tres puntos
en que descubre cierta vacilación nuestro colega, no omite opi-
nión decisiva, aplazándola para la provincia que les corresponde;
pero sobre los cuales hace tiempo que tengo escrito y publicado
algo.
Primero; ¿Dónde estuvo la ciudad Várdula Tritium Tobolicum?
Veíase enclavada en la provincia de Guipúzcoa. Mela, que reco-
rre los lugares próximos á las costas, da seguras señas de esta
población, diciendo que el río Deva la ciñe. <íDeva Tritium To-
BOLicuM attingit.y> Con efecto, el Deva, una legua antes de per-
derse en el mar, ciñe á Mendaro, cuyo elevado monte de Santa
Cruz y Santa Ana, con Mendaro el viejo ó su falda, viene á for-
mar una península; y une allí ambas orillas un puente levantado
sobre los muros de otro romano tendido en mitad del cauce.
Vestigios patentes de.romana vía siguen por la falda de la mon-
taña sobre el arroyo de Quilimón, famoso por su fuente interca-
dente; y no se interrumpen en dirección de Cestona. Yo los he
recorrido también por cima de los baños de esta villa, de la cual
se acuerda el Ravenate, en un camino costeño, nombrándola
Cestonia.
Tricio Tubórigo estuvo en Mendaro el viejo; su puerto quizá
en la actualidad villa de Deva; y Motrico, al Noroeste (Menstri'
tius) debió ser su límite en los Caristos, como lo es hoy de Gui-
púzcoa con Vizcaya.
Segundo punto. En mi Libro de Sardoña fijo en Castro Morca
la Móreca de los Cántabros que los. vascongados han querido
:i-J HOI.ETIN DE LA REAL ACADE.NHA DE LA HIST0RL4,
traer al confiado de Treviño, identificándole con Moraza. Castro-
Morca retiene casi intacto el nombre de Móreca; allí existen ro^
manas antigüedades, y el sitio es el mismo que determina Tolo-
meo, en lo más meridional de la Cantabria, vecino á los Turmó-
digos de Sasamon. La hispana Segisamon partía lindes con la
Legión Cuarta Macedónica, como expresa una piedra terminal
¡nt''dila. hallada al Noroeste y no lejos de aquel pueblo. Legio iiii
se lia reducido al sitio de las Finestrosas, sin otro motivo que el
de haber por su término diez ó doce piedras divisorias del prado
de la Legión cuarta y del campo Julio hrigense. Para mí, después
de nuevo y detenido estudio, es casi indudable que un golpe de
soldados de esta Legión {la cual permaneció en España desde
Octaviano, hasta que el Emperador Claudio César la hizo trasla-
dar á las márgenes del Rhin), estuvieron acuartelados en Vellica
lElecha) y en Amaga, dándole su nombre de Legio Quarta y te-
niendo por suyos como jurisdicción propia desde las Finestrosas
hasta Santamaría de Aranuñez, desde Aguilar de Gampoó á Pie-
dra, y Villanueva de Puerta, y desde Sobrepenilla á la Dehesa de
Romanos. Aparece en seguida perfectamente circunscrito el terri-
torio de Morca, desde Villadiego al confín occidental de los Au-
TR ICONES.
Ultimo punto: ¿Dónde fué Secontia Parámica? Dice Plinio
III-3-27), que los nombres de Sigi'ienza y de Osma se hallaban
repelidos en diversas regiones: aSecontia et IJxama, quae nomina
rrebro aliis in locis usurpantur.o Con esto no extrañaríamos ha-
llar varias Sigüenzas en Tolomeo, si dos de ellas no llevasen la
misma calificación de Parámicas ó del Páramo, colocando la una
••n los VÁnnuLOs y la otra cu los Vacgéos, sin que cite la que debió
o.x¡stir seguramente en los Autrigones, supifesto que allí tenemos
hoy ol lugar de Sigfienza del Páramo cerca de Villarcayo. ¿Pu-
dieron coexistir nada menos que tres con el mismo apodo? En lo
posible cabe; pero yo lo dudo. No sería este el caso único de sa-
••ar Tolonieo do su propia región una ciudad, y llevarla á territo-
rio diferente. Dien recordáis que de ello ofrece repetidos ejem-
plares. Si en .Vlava y Guipúzcoa hubo una Secontia Parámica,
biisijueítc en un páramo, esto es, en un campo desierto, desnudo,
riho y frió. Mionlras parece, satisfagamos la identidad de los dos
GEOíVRAFÍA llOMANA DE LA PROVINCIA DE ÁLAVA. 33
nombres iguales citados por Tolomeo, y la del pueblecillo húr-
gales; y téngase presente que Sigüenza del Páramo está en el
confín de los Autrigones con los Cántabros en dirección de Ju-
LIOBRIGA.
He concluido. El Sr. Goello insta ú sus compañeros porque le
dirijan observaciones sobre un nuevo estudio; y asi se me ad-
vierte en la comunicación de Secretaria. Yo, el menos compe-
tente, el último de todos, hago lo poquísimo que en mí es. Su-
plan mis excelentes colegas lo que me falta; y todos á una esti-
mulen al Sr. D. Francisco á dar cima á esta empresa que ha de
realzar tanto el buen nombre de España.
Madrid 16 de Febrero de 1876.
AuRELiANO Fernandez Guerra y Orbe.
Vil.
CORRESPONDENCIA AUTÓGRAFA DE CARLOS VI DE AUSTRIA.
El que suscribe ha examinado la obra que con el título de
Eigenhandige Correspondenz des Konigs Karl III von Spanien,
ha publicado en Viena, y presenta hoy á nuestra Academia el
consejero áulico, caballero Alfredo Von Arneh, Director de los
Archivos Imperiales de aquella capital.
Comprende dicha obra, según lo declara su título, la corres-
pondencia original y autógrafa del archiduque Carlos, hijo se-
gundo del Emperador Leopoldo I, con el gran canciller del rei-
no de Bohemia el conde .fiian Wenzel Wratislaw, abrazando un
período de dos años y siete meses, desde el 17 de Enero de 1705
hasta el 8 de Octubre de 1711 en que murió el citado canciller.
Y como quiera que este archiduque Carlos es el mismo que
habiéndose dos años antes hecho proclamar en Viena «Rey de
34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
España y de las Indias,» desembarcó primeramente en Lisboa y
más tarde en Barcelona, y sostuvo con las armas sus pretendidos
derechos al trono español, es evidente que su correspondencia
epistolar, nunca antes impresa, había de arrojar nueva luz, no
sólo sobre la historia de la casa de Austria, sino también sobre
la de nuestra Península, donde aclamado j reconocido por las
provincias del antiguo reino de Aragón, hubo de encenderse la
civil contienda conocida bajo el nombre de «Guerra de sucesión.»
Da principio á la correspondencia una carta autógrafa del Ar-
chiduque para el citado canciller, en que se da cuenta de los
preparativos que en Inglaterra y Holanda se estaban haciendo,
así como del apresto de una gruesa armada que debía traerle á la
costa de la Península; y concluye con otra, fecha á bordo del na-
vio Blenhesin el 8 de Octubre de 1711, cuando desesperado el Ar-
chiduque de afianzar en sus sienes la corona de España se dispo-
nía ya á darse á la vela, de vuelta á sus dominios, habiendo poco
antes heredado el Imperio por muerte de su hermano mayor, el
Emperador de Alemania, José I.
Son todas ellas de carácter privado y confidencial y están en
su mayor parte dirigidas al conde Wratislaw, según arriba que-
da dicho; pero, aunque escritas desde Valencia, Barcelona, el
campo de Villa verde, Daroca, etc., son escasas las noticias que
contienen de la guerra entre imperiales y ñlipistas, limitándose
el archiduque á recomendar el pronto despacho de sus negocios
particulares en Alemania y procurar por todos los medios posi-
bles el triunfo de sus armas, gobernadas á la sazón por el prín-
cipe Eugenio de Saboya y el inglés Marlborough; como si las
bi-illantes campañas de estos ilustres generales hubieran de influir
en el éxito de su propia causa y sentarle en el trono español.
Era el conde de Wratislaw uno de los principales ministros
de Leopoldo I. Nacido en 1670 de una familia ilustre, fué nom-
brado asesor de la Cancillería Bohemia, cuando contaba apenas
25 años, y do tal manera supo granjearse el aprecio y confianza
de aquel monarca, padre del archiduque, que después de la ab-
dicación (le Jacobo II de Inglaterra, y advenimiento al trono de
<luill(^rmodeOrange, se le confió la difícil misión de procurar
una liga ofensiva y defensiva entre Inglaterra, Holanda, Austria
CORRESPONDENCIA AUTÓGRAFA DE CARLOS VI DE AUSTRIA. 35
y Saboya contra Luis XIY de Francia, liga cimentada con 15
años de guerra y que termino con la paz de Utrecht en 1713.
Nombrado sucesivamente para los más altos cargos del imperio,
y últimamente gran canciller de Bohemia en 1705 el conde
hubo de acompañar al archiduque en su navegación desde uno
de los puertos de Holanda hasta Lisboa, formando parte de su
consejo privado durante su permanencia en aquella capital, si
bien no pudo por su falta de salud seguirle hasta Barcelona.
Este es el personaje á quien el Archiduque dirige sus cartas,
en las cuales, según arriba queda enunciado, hay pocos detalles
de la guerra llamada «de sucesión,» si bien los hay, y muy inte-
resantes, de las negociaciones secretas entre Austria y Holanda,
juntamente con Inglaterra, interesadas como lo estaban en arran-
car á la Francia el País Bajo y el ducado de Milán, de que
Luis XIV se había apoderado.
La publicación de esta correspondencia está hecha con el es-
mero que debía esperarse del caballero Von Arneh, autor de otras
varias obras históricas, vicepresidente de la Academia Imperial de
Ciencias de Viena, y Director del Archivo Cesáreo; archivo, en que
sea dicho de paso, se custodia aparte de muchos papeles originales
del reinado de Carlos V, toda la correspondencia de Luis Praet,
D. íñigo de Mendoza, Eustaquio Chappuys, E. Vandervyst y otros
embajadores de aquel monarca en Inglaterra, Francia y Saboya.
Ofrece el autor dar á luz en breve plazo otra correspondencia
del mismo Archiduque, con su padre y hermano, en que más de
lleno se tratan los asuntos de la Península, y el que suscribe tie-
ne la seguridad de que siempre que nuestra Academia necesite
noticias del Archivo Imperial, le hallará dispuesto á comunicar-
las. Por cuya razón, y la de no haber en él día ningún corres-
pondiente en la capital del imperio austríaco, el informante se
atreve á proponer que se le nombre, confiriéndole así el honor de
pertenecer á nuestra Academia, como en carta particular lo soli-
cita. La Academia en su mejor acuerdo decidirá lo que sea más
conveniente.
Madrid 15 de Junio de 1871.
Pascual de Gayangos.
3ü holetín de la rkal academia de la historia.
VTII.
CARTAS DE CARLOS VI DE AUSTRIA AL BARÓN DE FREISHEIM.
Excrao. Sr.: He examinado detenidamente las copias de las
doce cartas relativas á la guerra de sucesión que remitió á la Aca-
demia el Sr. Pietter Arend Seuppe, correspondiente en Utrecht;
y al devolvérselas tengo el honor de exponer mi parecer sobre di-
chos documentos.
Aunque las copias que los reproducen no vengan debidamente
certificadas con la firma del señor remitente, como la Academia
tendrá la debida confianza en su veracidad, bastará para probar
que son auténticas la misma comunicación firmada con que las
ha remitido, procediendo indudablemente los originales de la fa-
milia ó herederos del teniente general barón de Freisheim, jefe
superior que fué en España del cuerpo de tropas holandesas que
auxilió al archiduque Garlos en sus campañas contra Felipe V en
170G y 1707.
De las doce copias de cartas antedichas, nueve lo son de las que
escribió el Archiduque á aquel personaje cuando era gobernador
en Lérida y comandante general de toda la ribera catalana del
Ebro. Están fechadas en Barcelona entre el 19 de Mayo y el l4 de
Noviembre de 1707. Aunque se refieren á disposiciones del Archi-
duque para la defensa de aquel principado cuando después de per-
dida por sus tropas la batalla de Almansa le invadieron las de su
contrario, sitiando ytomando á Lérida y á Tortosa luego, no ex-
plican ningún hecho de la campaña de aquel año, y así resulta
mucho menor el interés que inspiran estos documentos, en uno
de los cuales anuncia el príncipe austríaco al general holandés,
su enlace con Isabel Cristina Brawuswick VolíTens-buttel. Son,
sin embargo, de importancia como precedentes de un pretendiente
á la corona, que dejó muy pocas huellas en España, y de una
épora en que, más que ninguna otra de las modernas, escasean
originales en nuestros archivos hasta el punto de no haber en-
CARTAS DE CARLOS VI DE AUSTRIA AL BARÜX DE FREISHEIM. ^37
centrado el que suscribe en el de Simancas, las relaciones oficia-
les de las batallas de la Gudiña, Almausa, Almenara, Zaragoza y
Villa viciosa, las de mayores resultados en la larga guerra de su-
cesión. Las nueve cartas del Archiduque á que me refiero, como
redactadas por un secretario español, lo están en bastante buen
castellano, aunque con el modismo austríaco reemplaza algunas
veces el sentimiento á la persona, como por ejemplo: mi amor os
recomienda: mi confianza en vos espera, etc.
Las otras tres cartas no son del Archiduque pretendiente, sino
escritas de orden suya al mismo Freisheim por sus ministros ó
secretarios D. Antonio Borneo Anderas, y D. Ramón del Llano
Perlas, en Setiembre del mismo año de 1707, y sólo comunican
avisos y ligeras instrucciones.
La remisión de las doce copias de todos modos es muy de agra-
decer al señor correspondiente Leuppe, y sometiendo mi juicio
al superior de la Academia, opino que se le conteste por la secre-
taría, agradeciéndole la prueba que con ella ha dado de su inte-
rés por nuestras averiguaciones históricas.
Madrid 10 de Mayo de 1872.
Jacobo de LA Pezuela.
IX.
TRATADO ELEMENTAL JE DESECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO,
POR D. IGNACIO DE NEGRÍN.
En desempeño de la comisión de examinar la obra intitulada
Tratado elemental de derecho internacional marítimo, por D. Ig-
nacio de Negrín, y de informar á la Academia lo que se ofreciese
y me pareciese acerca de ella, cumplo el grato deber de emitir mi
dictamen favorable á su autor, con tanta más seguridad cuanto
mi juicio viene después del formado en igual sentido por una
Corporación docta y conipetente.
38 boletín de la real academlv de la historia.
Es tan manifiesta la necesidad de que los oficiales de nuestra
Marina militar posean cierta suma de conocimientos relativos al
derecho internacional, así en tiempo de paz como de guerra,
cuanto que allí está la patria donde está el pabellón que acredita
la existencia de un Estado soberano, ya se arbole en las inmen-
sas soledades del Océano, ya en las playas más remotas del globo.
El oficial de la Armada á quien se confía el mando de un buque,
es á veces el único representante del Gobierno supremo de la na-
ción cerca do una potencia situada á millares de leguas de su pa-
tria, y á veces el centinela avanzado que protege la persona y la
propiedad de sus conciudadanos en momentos de conflicto, de que
sólo puede salvarlas la firme resolución de exigir el respeto de-
bido á la bandera.
Así, pues, el oficial de marina, llegado el caso, negocia y com-
bate, invoca el derecho ó usa de la fuerza. Si para bien emplear
las armas recibe una educación militar, para Lien conducirse en
sus relaciones de un Estado con otro necesita conocer los princi-
pios y reglas del derecho internacional marítimo, y muy particu-
larmente los tratados y convenios ajustados entre el Gobierno de
su nación y las potencias extranjeras en cuanto al derecho inter-
nacional marítimo se refiera.
No acertamos á explicar cómo no se comprendió así desde hace
mucho tiempo, y por qué en nuestras escuelas navales no fué
hasta poco há semejante estudio obligatorio. Debemos aplaudir
esta reforma sobre seguro, considerando que son pocos los libros
(le derecho internacional que poseemos en España, habiéndonos
quedado muy rezagados do Europa, donde abundan. En el siglo xvi
florecieron Vitoria, Soto y el famoso jesuíta Suarez, bien cono-
cido do los filósofos, teólogos y jurisconsultos por su tratado De
legibui ac Deo legislatore. En nuestros días, sin negar el mérito
de algunos libros elementales, como los que publicaron Pando,
Ui(iuelme y otros varios autores que, si no de propósito, por in-
«•idencia discurrieron sobre varias materias relativas al derecho
inleniarional, ó siguiendo como Castillo las huellas de Abreu y
Mcrtodano, formaron colecciones de tratados y convenios celebra-
dos por los monarcas españoles con diversas potencias, es lo cierto
(|U(> su< iionilires, no sólo no pueden ponerse en parangón con los
TRATADO DE DERECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO. 39
ilustres que hemos citado, pero ni tampoco llegan al nivel de
Gauchy, Wlieaton, Klüber, Heífter y otros que honran á Fran-
cia, Alemania y los Estados-Unidos, y gozan hoy de grande auto-
ridad en el mundo.
Persuadido el Sr, Negrín de que podía prestar un importante
servicio al Cuerpo de la Armada, acaba de publicar el libro de que
damos cuenta, el cual en corto volumen encierra excelente doc-
trina tocante al derecho internacional marítimo, que nos ofrece
una agradable ocasión de examinarlo y juzgarlo iitil á la ense-
ñanza.
Empieza el autor con un bosquejo histórico del derech'o inter-
nacional en los tiempos antiguos, en la Edad Media y en la mo-
derna. En breves páginas condensa lo sustancial del asunto, sin
detenerse en ninguno para ilustrarlo, como seguramente lo hu-
biera hecho si al descender á pormenores no estuviese reñido con
el plan de su obra. Entonces se le hubiera ocurrido probar loque
presume, esto es, que los pueblos de la antigüedad celebraron
pactos ó tratados internacionales, dando origen al derecho de las
gentes secundario ó positivo. Sin referir los diversos tratados de
alianza y navegación que, según el testimonio de Tucídides, ajus-
taron las ciudades de la Grecia con motivo de la guerra del Pelo-
poneso, en las cuales no se olvidaban los intereses del comercio
ni los de la política, tan enlazados con la dominación de los ma-
res, consta por el texto de Polibio que los hubo de comercio y na-
vegación entre Roma y Gartago desde una época no muy poste-
rior á la expulsión de los Tarquines.
Estipularon estas dos repúblicas rivales que los romanos nave-
garían dentro de ciertos límites; que sólo en caso de peligro to-
marían puerto fuera de ellos por cinco días; que los mercaderes
que fuesen á Gartago no pagarían ningún tributo; que la fe pú-
blica.protegería al vendedor, y que todos serían juzgados con equi-
dad en sus causas y negocios. En otro se obligaron los romanos á
no trancar, piratear y formar colonias más allá de tales cabos ó
promontorios; á no entrar en ningún puerto del África ó la Ger-
deña, sino el tiempo necesario á reparar sus naves ó proveerse de
víveres; y convinieron que en la Sicilia Cartaginesa, lo mismo
que en Gartago, gozasen los romanos de la libertad de negociar y
40 boletín t)E LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
disfrutasen de iguales beneficios que los cartagineses, á cambio
de que estos fuesen considerados en Roma como romanos. Véa-
se (1), pues, cómo no es del todo exacto decir con el Sr. Negrín
que el derecho internacional en la primera época de su historia
se resume en la legislación interior de cada país.
Tampoco hay completa exactitud en afirmar que el pueblo ro-
mano hubiese continuado siempre despreciando el comercio ma-
rítimo, aunque tal sea la opinión generalmente recibida. Estima-
ba en poco la profesión de los vendedores á la menuda, regatones
y mercaderes de drogas, perfumes, artículos de primera necesi-
dad y bagatelas para el uso del sexo femenino, pero no tenía por
deshonrosas las grandes especulaciones mercantiles por mar y
tierra. Cicerón, en su libro De officiis^ dice: Mercatura... magna
et copiosa... non est admodum vitupera^ida. Ciertos Emperadores
mostraron empeño en favorecer el comercio y la navegación. De
Alejandro Severo cuenta Elio Lampridio que negotiatoríbus^ ut
Romam volentes concurrerent^ maximam immunitatern dedit. La
incorporación de las leyes rodias al derecho común, las estaciones
navales en diversos mares, la guerra continua á los piratas que
los infestaban, la construcción de puertos y las obras que acome-
tían para facilitar la navegación de los ríos, muestran que los ro-
manos, si no estuvieron poseídos del espíritu mercantil de los ti-
rios, los rodios y los cartagineses, tuvieron al fin una política co-
mercial (¡ue Constantino llevó á Bizaucio, ala entrada del Ponto,
cuya admirable situación la hizo emporio de todas las riquezas' de
Europa y del Asia.
Son estos toques dedicados al cuadro de la historia delineado
por el Sr. Negrín, que no afectan á la ciencia; y volviendo á su
libro, entra el autor en materia exponiendo los principios del de-
recho internacional, preliminares necesarios á la inteligencia del
marítimo, objeto de la obra.
Divide el asunto en dos partes principales, á saber: derecho in-
tcrnacioiUi-1 marítimo en tiempo de paz y en estado de guerra;
consagra un título especial A las presas marítimas y concluye
(1) Tliucydides, De Mío Pelop., lib. i; Polyb., fíist., lib. iii, 22, 23, 24; Hist. de la
tconomia potitica en España, cap. a, 1. 1, pág. 12.
TRATADO DE DERECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO. 41
con un apéndice en el cual extracta los tratados, ordenanzas y
disposiciones dictadas por el Gobierno de España de más frecuen-
te uso y aplicación á las cuestiones que se ventilan en el texto.
Recomiendan el libro del Sr. Negrín el método verdaderamente
didáctico que observa el autor al desarrollar el plan de la obra,
la claridad en la exposición de la doctrina y el buen criterio en
los casos dudosos, y como tales sujetos á controversia.
En resolución, es el libro que analizamos un excelente Tratado
elemental de derecho internacional marítimo, que si no satisface
por su brevedad á quien desea profundizar la materia, puede y
debe contentar al lector más modesto que sólo aspira á conocer
los principios en que descansa.
No pretende el Sr. Negrín el mérito de la originalidad ó de la
profundidad, como autor de una obra de derecho internacional.
Su ambición se limita á ser ütil á la juventud que aspira á servir
al Estado en la marina de guerra; y en efecto, el Gobierno le hizo
justicia al escogerla para texto délas escuelas naval y flotante y
las Academias del cuerpo administrativo de la Armada.
Madrid 16 de Mayo de 1873.
Manuel Colmeiro.
HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL BE NUEVA-GRANADA,
POR D. JOSÉ MANUEL GROOT.
Con el título de Historia eclesiástica y civil de Nueva- Granada
ha escrito el Sr. D. José Manuel Groot, ciudadano de aquella Re-
pública, una preciosa obra, digna de atención y estudio, y que ha
publicado en los tiempos que median del 69 al 71. Consta la His-
toria de Nueva- Granada, de tres tomos gruesos en 4.°, de impre-
sión compacta y de unas 600 páginas cada uno, que dan de sí una
42 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORL\.
cantidad enorme de lectura, y desde luego acredita eii esta condi-
ción extensa de su entidad, como decimos eii la moderna jerga
escolástica, que es un trabajo prolijo y concienzudamente elabo-
rado.
Principia la Historia de la Nueva-Granada desde el año de 1514,
en que el activo y valiente descubridor Vasco Nuñez de Balboa,
envió ;í pedir se le nombrase Gobernador del país que dominaba
Castillo del Oro, y se vio malamente suplantado por Pedrarias
Dávila, de funesto recuerdo. Avanza el tomo i hasta el año 1780,
siendo todo el libro parte de nuestra historia nacional, pues vi-
vían aquellos países con la vida de la Madre patria.
La rapacidad é inicuas exacciones de las autoridades, dieron
motivo en aquel país á la sublevación de los Comuneros del So-
corro que secundaron los movimientos insurreccionales de los
indios del Perú, acaudillados por Tupac- Amaro. Así que el tomo ii
principia en el capítulo 73 (pues el autor no divide en épocas ni
en libros) el movimiento insurreccional de aquellos países, que
coincidió con la revolución francesa y la independencia norte-
americana; y avanza hasta fines de 1819 en que la torpeza de las
autoridades españolas por una parte, la destreza de Bolívar por
otra y la sublevación de Riego sobre todo, concluyeron con la
dominación española en aquel país. Así que el tomo iir contiene
ya solamente la historia del establecimiento de la República por
Bolívar, después de la derrota de Boyacá y entrada de éste en
Santa Fe.
El tomo III de cerca de 700 páginas, contiene en los capítulos 68
á lOG la iiistoria délos diez años de Ja República Colombiana,
que puede decirse murió con Bolívar al espirar éste en 1830.
Tal es el conjunto y la parte externa de la Historia de Nueva-
(iranada, por elSr. Groot: Tomo i. — Los tres siglos de la domina-
c'u'm española (1514-1780); Tomo ii. — Período insurreccional ó de
transición (1780-1820); Tomo iii.— República Colombiana en los
diez años Áltimos do la vida de Bolívar (1820-1830). Resulta, pues,
que lo más interesante para nosotros es el tomo i, algo el ii y poco
el III. En esta suposición, el juicio crítico debe recaer principal-
mente sobre el primero. El Sr. Groot, Tjue en el tomo iii se mues-
tra onlusiaslay admirmlor rio Bolívar, y en el ii aparece partida-
HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL DE NLEVA-GRANADA. 43
rio enérgico de la independencia; con todo, en el i no se muestra
hostil á España ni á la dominación española; y si nada calla
acerca de las extorsiones, ruindades, atropellos y delitos de los
conquistadores, tampoco deja de referir, y con cierta fruición, lo
que halla digno de elogio y de alabar los nombres y los hechos
que lo merecen; que no es poco, ni se encuentra siempre en los
historiadores de aquel país, instintivamente dispuestos siempre á
zaherir á España, puesto que desde niños han aprendido á mal-
decir y mirar á los antiguos españoles como unos monstruos, ó
como ellos dicen Godos.
De las opiniones del autor en estaparte, se puede juzgar por
el siguiente edificante párrafo que por sí sólo se recomienda al cu-
rioso lector. Pregunta el autor al fin del capítulo 17, ¿si han me-
jorado los indios de condición en la República? y responde así
(pág. 228 del tomo i):
«Al proclamar la Soberanía nacional americana, los naturales
de América debían haber mejorado de condición bajo un gobier-
no propio y liberal; pero ha sido todo al revés. Aquí no abogamos
por la causa de los españoles, sino de los genuinos americanos.
»E1 gobierno del Rey al hacer á los naturales subditos suyos,
trató de conservarles hasta donde era posible su carácter de dig-
nidad nacional, y por eso trató de mantener los caciques y la
aristocracia indígena con preeminencias de autoridad entre los
naturales, y para dar más lustre á esa nacionalidad, proveyó á la
educación de los hijos de sus grandes, á fin de que estos, bien
formados, difundiesen entre sus subditos con más ventajas que
los españoles las luces del Evangelio y las costumbres sociales.
Con tal fin se dictó la Real cédula de 27 de Abril de 1554, por la
cual se mandaba establecer, como en Méjico, un colegio para
educar en las letras y costumbres cristianas á los hijos de los in-
dios.principales.
» Hoy los indios son los seres más miserables y desgraciados
del país, con la notable circunstancia de que los más abyectos y
pobres, son los moradores de los pueblos inmediatos á la capital
de la República.
»Se ha hablado mucho sobre que los indios pagaban un tributo
en plata al Rey: sí, pero ahora lo pagan en sangre...
44 bolltín de la real academia de la historia.
))E1 repartimiento que en nuestros tiempos se ha hecho á estos
infelices, dignos de mejor suerte en la República, ha sido el de
lo? resguardos con libertad para poderlos vender. Los españoles
fueron los primeros que les repartieron resguardos, pero sin li-
bertad para venderlos. Se les repartieron de los mejores terrenos
y más bien situados. La prohibición de enajenarlos correspondía
con el nombre puesto á la cosa, porque conociendo la imbecilidad
de los indios, susceptibles de ser engañados, su inclinación á la
holganza y á la chicha, se vio que necesitaban de un resguardo
para que sus familias tuvieran resguardada la subsistencia. Guan-
do les ha faltado este resguardo con la libertad de contratar, aún
ha quedado á las tierras el nombre de resguardo, con la misma
impropiedad con que ha quedado á la República el nombre de
federación, después de haber desligado sus provincias. ¡Todo se
entiende al revés entre nosotros ! »
En otro pasaje del mismo tomo (pág. 373), vindica al Gobierno
español por haber reincorporado á la Gorona el derecho de acu-
ñar moneda, que había enajenado Felipe Y, ó mejor dicho el far-
sante Alberoni, gran explotador de los filones argentíferos de
América. Garlos III señalo ¿í la familia de Prieto,, que había ex-
plotado ya el privilegio por espacio de medio siglo una indemni-
zación de 8.000 pesos de renta perpetua, por los 85.000 pesos en-
i regados á Felipe V. Con este motivo, comparando el Sr. Groot
tiempos con tiempos, y los de la monarquía que indemnizaba con
los de la República que se incauta á su antojo y sin indemnizar,
dice en una nota:
«El mismo que esto escribe fué víctima de esa medida por ha-
l)érsele despojado sin indemnización alguna, aunque reclamada,
del empleo de Regidor fiel ejecutor del cabildo de Santa Fe, oficio
que su abuelo D. José Groot había comprado al Rey.»
Y es lo bueno que el gobierno republicano echó á pique las in-
demnizaciones de la familia Prieto, que de seguro tampoco le
luil)iera dejado el derecho de batir moneda. Gon este motivo el
Sr. Groot censura al Doctor Plaza, que al hablar de este asunto
considera la expropiación ó reivindicación hecha por Garlos III
romo una villanía y exclama dolorido: o ¡ Ojalá que el Gongreso
de Colombia so hubiera portado como el Rey de España al in-
HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL DE NUEVA-GRANADA. 45
corporareii el Cabildo ciertos empleos, que por compra hecha al
Rey poseían algunos individuos!»
No siempre suele ser este el tono del Sr. Groot en el resto de su
obra. Si en el tomo i se ve al descendiente de España, católico
fervoroso, tradicionalista, amante de las antigüedades de su país,
que defiende á España en gracia de lo que allí hizo por la Reli-
gión y la colonización intelectual y moral de su país, en el tomo ii
al describir el período de transición y levantamiento de 1780
á 1820, se pone al lado de los insurgentes y combate á los espa-
ñoles con la pluma, como sus padres los combatieron, que tal es
la triste ley de las colonias. El Sr. Groot podría decir á esto en-
tre otras muchas cosas que los españoles de aquel período no eran
lo que habían sido los de los tres siglos anteriores, que no es ex-
traño que los americanos no quisieran al Rey de España, cuando
los españoles en la Península no dejaban títere con cabeza, como
el retablo de D. Gaiferos y Melisendra, y que detestasen cordial-
mente á los españoles, cuando nosotros les damos el espectáculo
de odiarnos de muerte convirtiendo la Península en un extrapa-
raíso de Caínes, los unos por amor de Dios y los otros por amor
de libertad.
El Sr. Groot desengañado á vista de las chanzas pesadas que
los amigos de esta señora han jugado al país y que refiere en el
tomo III, concluye su obra con estas sentidas frases. « ¡Qué faces
(fases debía decir) tan tristes presenta la historia de Colombia!...
La República de Colombia, creación de Bolívar, que por esfuerzos
de tantos patriotas se alzó con tanto brío, cayó muy pronto pu-
diendo haber sido una gran nación !»
Cabalmente es lo mismo que decimos por aquí.
El mismo Sr. Groot describe las horribles escenas del 28 de Se-
tiembre de 1828 cuando los individuos de una sociedad secreta
estuvieron para asesinar á Bolívar, que hubo de tirarse por un
balcón.
¡Qué escenas tan edificantes presenta en sus últimos capítulos
la historia escrita j)or el Sr. Groot! Una mayoría parlamentaria
pretende lanzar al país á una serie de aventuras por medio de una
Constitución disparatada. Bolívar acude al remedio heroico de
hacerse dictador, y los convencionales al de asesinarle. Formóse
4G boletín de la real academia de la HíSTOHIA.
para ello una sociedad secreta con los elementos integrantes de
todas ellas, abogados sin pleitos, oficiales expulsados del ejército,
generales ambiciosos, frailes apóstatas y estudiantes que habla-
ban mucho y estudiaban poco. Es notable esta cláusula á la pá-
gina 502 del tomo ni. «Esta sociedad secreta, dice Groot, dirigía
otra que se formó denominada Filológica, compuesta de jóvenes
bajo pretexto de perfeccionarse en el estudio de las ciencias, y al
efecto asistían á ella algunos catedráticos.»
Es lo bueno, según nota el historiador, que estos catedráticos
eran partidarios de Bsntham y explicaban las teorías de éste en
sentido liberal, y eso que ya hoy día se las considera como de
puro absolutismo, y de sensualismo con sus puntas de egoísmo.
Librado Bolívar casi milagrosamente del puñal de los Scévolas
americanos, ninguno de los cuales puso la mano en el fuego, se
dedicó en los dos últimos años de su vida á destejer lo hecho tra-
bajando algo por el orden, y diciendo de su tierra lo que de la
nuestra dicen los arrepentidos. — El país no está todavía bien pre-
parado.
Tal es á grandes rasgos el carácter ó parte- interna de esa his-
toria de Nueva Granada. El autor en el tomo i narra mucho y
aprecia poco el estilo antiguo: en la parte moderna sigue el gusto
moderno, dando dos historias, la de los sucesos y la de sus apre-
ciaciones. Indudablemente es más animada y entretenida la pri-
mera á pesar de esa circunstancia. El historiador ameniza la na-
rración descendiendo á pormenores literarios, jurídicos, anecdó-
ticos, arqueológicos y etnográficos que hacenla lectura interesante.
La historia dr aquel país sin historia como todas nuestras colo-
nias, está reducida en su parte antigua á describir el valor y la
crueldad de los conquistadores con ciertos rasgos de caballerosi-
dad, las virtudes apostólicas de sus primeros misioneros, las ri-
ñas de los encomenderos y sus nuevas empresas y rebeliones.
Viene luego la fundación de chancillerías y obispados, y en pos
de estos, coiíventos, universidades y colegios. Hechas estas, prin-
cipian las sempiternas luchas de los virreyes con las audiencias,
de estas con los obispos, de los obispos ton los cabildos, de los ca-
bildos con los frailes, de los frailes con otros frailes, con los cu-
ras y <oti los jesuítas , vejaciones á los jndios, órdenes para no
HISTORIA ECLESIÁSTICA V CIVIL DE NUEVA-GRANADA. 47
vejarlos, expediciones piráticas val fin creación de establecimien-
tos industriales y científicos. Por este patrón están corladas todas
las historias de Indias, y no desmiente el corte la de Nueva-Gra-
nada.
En esta abundan las biografías de personajes de alto renombre
como fray Bartolomé de las Gasas y San Luis Beltrán que por '
allí estuvieron; las anécdotas chispeantes de interés de escritores
de cosas del país apenas conocidos por acá, poetas y guerreros.
Tampoco fallan etopeyas curiosas de personajes modernos ó de
la época revolucionaria. Si es que allí la época revolucionaria no
cuenta ya cerca de un siglo, y todavía no ha terminado, como tam-
poco por acá.
Es delicioso el retrato del P. Manuel, 6 sea D. Manuel Benito
de Castro, que en 1812 compartía el poder ejecutivo con D. Luís
de Ayala en los azarosos momentos en que se disputaban el poder
los pateadores y carracos, ó sean centralistas j federalistas, y ¡coin-
cidencia notable ! también allí los carracos contaban con Carta-
gena.
Había sido el Sr. Gastro novicio de los jesuítas por lo que le
llamaban el P. Manuel. Parece que está uno viendo un personaje
de los que pintaba en sus sainetes D. Ramón déla Gruz. Todavía
en 1812 el poder ejecutivo gastaba en Nueva-Granada capa en-
carnada con galón de plata. Tenía el vicio de la puntualidad,
siendo eso que llamamos un reló de carne , uno de esos hombres
automáticos que tienen señalados los minutos para cada cosa y
no salen de su hora aunque se hunda el mundo. Tenía horas fijas
hasta para la asistencia de los animales domésticos. «Se dijo, ha-
bla el historiador , que en un día de aquellos de borrasca fueron
á llamarlo del Consejo y que mandó á decir que en acabando de
espulgar á la perrita iría.» «Bastó esto, añade, para dar á cono-
cer el genio del poder ejecutivo que dejó Nariño en Santafé en el
año 12 para lidiar con los chisperos, carracos y pateadores.»
Resultó lo que era de esperar: los pateadores fueron pateados
por los carracos ó federales, y entre los pateados lo fué D. Pedro
Groot, tío de nuestro historiador, que al decir de su sobrino, al-
guna vez acaudilló á los pateadores.
Digamos ya algo acerca del historiador antes de concluir este
48 boletín de la real academia de la historia.
prolijo informe. Por lo que se acaba de decir, y por lo que antes
se manifestó acerca del abolengo de nuestro D. José Manuel se
echa de ver que es de pura raza española , que su familia tenía
cargos honoríficos hace más de un siglo en aquel país y compra-
dos á la corona, aunque el apellido á primera vista pudiera creerse
extranjero.
De sus opiniones se puede formar concepto por lo que ya queda
dicho. Pecadores arrepentidos quiere Dios. Sus ideas son de fer-
voroso y puro católico: las caricaturas que traza de los jansenis-
tas y de los frailes mal hallados con su hábito lo indican bien
claramente, y también sus clamores contra las medidas cismáti-
cas de los revolucionarios. Su estilo es sencillo y sin pretensio-
nes. El lenguaje llano y IMido, pero poco correcto, mezclado con
algunos americanismos, lo cual no es de extrañar. Para la Aca-
demia de la Lengua quizá no valiera gran cosa : para la nuestra
puede ser mucho. En este concepto, y pidiendo antes perdón á la
Academia por la tardanza del informe y por pesadez y desaliño
hijos de la premura con que está redactado , me tomo la libertad
de indicar que creo convendría nombrarle académico honorario
de la Historia en la república de Nueva-Granada, donde no tiene
ninguna persona con quien entenderse.
La Academia, sin embargo, acordará como siempre lo más con-
veniente.
Madrid 30 de Enero de 1874.
Vicente de la Fuente.
XI.
INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE CASTELLÓN DE LA PLANA.
Esta inscripción cuyo vaciado en yeso nos ha regalado D. An-
tonio Francisco Ruiz y presentado el Sr. Codera, está grabada
50 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
con trazos muy fiaos en una piedra de 29 por 15 centímetros alto,
algo desportillada en el ángulo inferior de la izquierda. Su lectura
es como sigue:
En el nombre de A.lláh, clemente, misericordioso. O gentes, sabed que las promesas
de AUáh son ciertas; no os dejéis seducir por los halagos del mundo y no os aparten de
Allih loa eneraúos (del Demonio). Aquí yace Aafrá, hija de Farach, la cual murió miér-
coles, á seis diaa andados de la luna de Xauel del año tres }' cincuenta j' cuatrocientos.
AUáh se eompadt^zca de los que oraren pflr ella implorando su misericordia. Amen.
¡Alláh. señor de las criaturas su bendición sea sobre Mohámmad!
La [echa citada en la inscripción, cayó en 9 de Noviembre de
lOGl. Las líneas 2.% 3.'. y 4.*, con la primera letra déla 5.», con-
tienen el versículo 5." de la sura 35 del alcorán, titulada Los
Ángeles; y en ellas se encuentran las .variantes 1§j'j por 'w^t b, y
í'.-jw por s-^i-a», cosa que no es nueva en esta clase de ins-
cripciones .
Pascual -de Gayangos.
ANTÍGÜBDADES RdMANAS DE VALENCIA.
XIÍ.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA.
En 1766, salió á luz en Valencia del Cid y en la imprenta de
Benito Monfort, un folleto en 8.°, cuya pérdida ó extravío lamen-
ta el sabio epigrafista D. Emilio Hübner (1), como de inaprecia-
ble valor para la colección de inscripciones romanas propias de
aquella ciudad. Y en efecto, encierra tres epígrafes itinerarios y
uno sepulcral, de los cuales, uno tan solamente (4949) se halla
incluido en la obra monumental del Corpus inscriptionum lati-
narum , sin que los demás hayan comparecido todavía en la
Ephemeris epigraphica. Por esta razón, creo que nuestra Acade-
mia verá con agrado un ejemplar del folleto. Me lo ha prestado
D. José María Settier, director de la Ilustración popular econó-
mica de Valencia; y estimo que tan interesante opúsculo, raro
ya y casi perdido, merece reproducirse en las páginas de nuestro
Boletín.
Dice así :
«DECLARACIÓN || DE UNA || COLUNA |! DEL EMPERA-
DOR II HADRIANO; || DESCUBIERTA EN LA VEGA || DE
VALENCIA. II SU AUTOR, || AGUSTÍN SALES || PRESBÍTE-
RO DE LAIGLESIA DE SAN || Bartolomé del Sepulcro; Dotor
Theologo por la Universidad de Valencia; Real administrador de
lo destinado por Su Magestad para los pobres de Cárceles de Corte;
i Chronista de la misma Ciudad y Reino. — En Valencia: Por Be-
nito Montfort, año 1766.
Cliristianorum Doctrina, vel Romanorum Senattis, Imperaíorumq'U'e, ut quisque succes-
serat, & PoptdisticcnOnisset insidiis, ni Divina virtute emergens, superior adeo evasisset,
nt terrarum Orbem etsi insidias moUentem pervicerit. (Origrenes. Hadriano coevus,
lib. t. coatra Celsum Epicuraeum.¡
(1) InscriptionesJUsponiae lnUnae, pág. 5ül y 655.
52 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
(iuid ingrati sumusf si veritat Dicinitatis ^uam nos eonsteutos ffloriamw, nostri ttmpo-
ris attatt tnaturttt? Pruamur bono nostro, cohibeatur superstitie, impietas txpittur, vera
Stliffif) rtservetur. (Mimitius Félix, in Ortavio circa finem,)
DECLARACIÓN II DE LA COLUNA DE || HADRIANO
EN ESTA II CARTA.
Muí Sr. mió: Deviendo á Vm. la noticia de la Coluna millar
descubierta en 10. del presente á un lado del Camino Real que
guia de Valencia por la Puerta de San Vicente Mártir, á San Fe-
lipe &c. es mui puesto en razón, que en prueva de mi agradeci-
miento, diga á Vm. con certidumbre, lo que ella significó en
tiempo de los Romanos. Esta pues, Coluna, ó Piedra redon-
da tiene gravada la Inscripción siguiente que copié dia 12. ape-
nas Vm. me dio la noticia:
IMP'CAESAR
DI- VL'TRAIANI
PARTHICI FIL'
DlVl • NERVAE •
NEPO'TRAIANVS
HADRIANVS'AVG-
POSSSiS E «MAXIM •
TRSSS=IC«POTESTATE
Esto es: hnperator Caesar^ Divi Vlpii Trajani Parthici filhis, Divi
Nervae Nepos; Trajanus Hadrianus Augustus, Póntifex Matimus,
Tribunicia potestate, ¿ce. &c. En efecto no fué Hijo, sino reputado
por tal; pro Filio hahitus, como notó Sparciano. Los Rústicos
Peones lapicidas, al sacarla, rompieron con el pedestral, parte de
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 53
la Inscripción, en que en semejantes monumentos ponian el vía
AUGVSTA, ó hasta donde Uegava la calzada, i á costas de quien se
hacia, si impensa sva, ó por mandato; i nos han privado de la luz
Topográfica, ó noticia de los Lugares. Las Caízadas que llamavan
Strata, i eran Vias Militares, ó Consulares, ó Pretorias á que el
Emperador Justiniano llamó Caminos públicos, eran Caminos
empedrados, ó arenados, llenando las cavidades hasta hacerlos
llanos para mayor comodidad de los Egercitos Romanos. Las in-
ventó C. Graco, como escrive Plutarco en su vida: In Viarum re-
fectione praecipuam adhihuit solertiam, cum utilitatis, tum pul'
cliritudinis rationem habens. Ducebantur eae rectae per Regio-
?ie§, & partim lapide ad hoc caeso, & dolato, partim congestis
arenarum cumulis :: cavitates implebantur ::: Porro singula Mi-
lliaria, dimensa diligenter lapidéis Columnis distinxit. S. Isidoro,
señaló el motivo de hacerse estas Calzadas: Strata Romani per
omnem pené Orbern disposuerunt, propter rectitiidinem Itine-
rum, &ne Plebs esset otiosa. (Originum, 1. 15. o. 16.) Desde Bra-
ga, á Orense, aun se ve la Calzada de quince leguas. En Merida
ai grandes rastros de las suyas; i se observan assi mismo en mu-
chas partes de España. Sobresale á todos el famoso Camino de la
Plata. De casi todas ellas, se compuso el Rinerario de Antonino,
que yo tengo de la mejor edición. Después de los Emperadores
Augusto, Vespasiano, Domiciano, i Trajano, que procuraron re-
parar los Caminos en varias Provincias de España, como mani-
fiestan sus Marmoles, el Emperador Hadriano, hizo el favor á
nuestra Valencia, Población mui distinguida por ser Colonia ju*
ris Ralici, de aderezar este Camino, que guiava á las principales
Ciudades de la Contestania: I después el Emperador Decio hizo
lo mismo con el que encaminava de Valencia por Sagunto, á las
■de la lUercaonia, i mas allá, como diré.. Por estas Calzadas, cami-
navan.los Legados, i Pretores, que visitábanlas Provincias, i
también los Egercitos conducidos á varios parages. Esta Coluna
que ponian á cada milla, ó á mil passos de la Puerta, ó. Muro de
la Ciudad álos lados déla Via Pretoria, sellamava Coluna millar^
como vemos en Suetonio, (in Othone, cap. VI.) También la ila-
mavan Lapide, contando las distancias por millas, como Cice-
rón, 6. Att. I. Accepi tuas litteras ad quintum milliare Laodiceae;
54 boletín de la real academia de la historia.
ó Lapides; I assi dijo Marcial, que Torquato tenia su Casa de cam-
po distante de Roma quatro Lapides :
Ad Lapidem Torquatus hahet Praetoria quartum. (Epigr. lib. X.
cap 79.) Cada tres millas forraavan una legua Española: bien que
por Provisión de la Ciudad de Valencia, hecha en 19. de Junio 1556.
quedó resuelto, consultado primero Pedro Juan Nuñez, Varón el
mas juicioso de la Nación, que cada legua tuviera quatro millas,
i cada milla, mil passos geométricos.
A las Puertas de la Ciudad que era Colonia, tenian los Roma-
nos gravado el Itinerario, que guiava al Egercito por el Camina
Pretorio á las Ciudades de la mansión. Un Itinerario de estos se
encontró por Junio de 1727. en una Puerta de Valencia antigua,
donde ahora la Iglesia nueva de la Congregación del Oratorio,
que guiava al Egercito por Sagunto, á la Illercaonia, i mas allá.
Antes que mandara quitar las letras un Anciano imperitissimo,
las copió el erudito Padre Felipe Seguér, quien andando los tiem-
pos, me permitió copia, i decian:
AB valentía SAGVNT
AB SAGVNTO DERTOS
AB DERTOSA TARRAGONA
AB TARRACONASSSSSSSS
AB=SS====2S=S====SSSS
AB5==S==SSSS====2SSS=
Hizo perpetuo el sentimiento de la perdida de este Itinerario, el
que es Maestro de la Nación, i mi singular amigo, el Cl. Don
Gregorio Mayáns, i Sisear, en sus Epistolas. (lib. IIL Epist. XXVII.
ad Baronem Schomhergium) El Camino militar que guiava á
estas Poblaciones, todavia está mui patente, i es el Camino de
Barcelona. Quedan rastros de averio mandado reparar el Empe-
rador Decio, en una Coluna millar, consagrada á este Cesar, i á
Q. llcrenio Mesio su Hijo por los que procuraron la obra; i está
hechada en cl suelo delante la Hermita de S. Vicente de Borriol,
á once leguas de Valencia, que yo descubri, i copié en 25. de Sep-
tiembre 1753. i bolvi á registrar en 7 de Junio 1756. i tiene gra-
vada e.«5ta ine;cripcion:
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 55
IMP-CAES'C-MESIO
CL'TRAIANO-DECIO
INVICTO • Pío • FELICI • AVG •
DACICO • MÁXIMO • PONTIFIC •
MÁXIMO • TRIBVNICIA
POTESTATE'ñ'COS'
fl . p . p . PROCOS • ET • Q_- HERENNIO
ETRVSCIO • MESIO-NNOBILIS •
CAES- VIA* AVG*
CXIX.
Esto es: Imperaiori, Caesari Caio Mesio Quinto Trajano Decio^ In-
victo, Pío, Felici, Augusto, Dacico, Máximo ¡ Pontifici Máximo,
Trihunicia potestate secundum: Co7isuli secundum. Patriae Patri,
Proconsuli; & Quinto Herennio Etrusco Mesio, Nohilissim,is Caesa-
rihus. Via Augusta. Centum novemdecim milliaria. Manifiesta la
Jnscripcion, que este Camino Pretorio, mandaron aderezar Caio
Mesio DECIO, i su Hijo Quinto Herenio Etrusco Mesio, ambos
Emperadores á un tiempo, á quienes los Questores consagraron
la Coluna. Fue DEGIO, el que poco después de lograr el Imperio,
en que entró con benignidad, movió la séptima persecución de la
Iglesia. De él no hai otra memoria en Valencia: pero la de su mu-
ger, Gnea, Seta, Herenia, Salustia, Barhia, Orbiana, permanece
aun, en la Basa de Estatua (que le dedicaron los Valencianos ju-
bilados de la milicia, i los Viejos descendientes de los que vinie-
ron aqui á formar la Colonia) que está en la esquina de la Casa
de la Ciudad, á vista de todos. De este cruel Emperador, escrivie-
ron Trebelio Polion, Eusebio Cesariense, i otros. Su primer Hijo
Q. Herenio Etrusco Mesio Decio corregnante, que insinúa la Co-
luna, fué marido de Santa Trifonía Romana, de que hace memo-
ria el Martirologio Romano en 18. de Octubre. Juicios de Dios
adorables, mantener en el mismo Palacio esta Santa, la luz de la
Fe, para crédito de su poder, i misericordia, i que no tuvieran es-
cusa los que la perseguían. Fué también Hijo de Decio, Cayo Va-,
lente Hostiliano Mesio, Quinto: i á cada uno de estos Hermanos,
.".tí
HOLETIN DE LA. REAI. A.(;A0EMIA DE LA HiaTuiUA.
los mismos Soldados Valencianos consagraron Estatua, cuyas Ins-
cripciones, se pusieron en la Gapillita de S. Benito en la Seo, las
quales no copio, porgúelas trae Gaspar Escolano, (tom. i. col. 115.
118. i 787. á-c.l i otros antes de el. Pero mandando justissima-
niente el Concilio Provincial Valentino del año 1565. Nein Chris-
tianorinn Templis aliquid Spectari possit, quod Gentililios ritus
sapere videatur, (Sess. 4, cap. IX.) el Ilustrissimo Señor Don Fr.
Isidoro Aliaga, honor de la Religión de Predicadores, i Arzobispo
de Valencia, á quien no puedo nombrar sin veneración, i ternura,
mandó picar estas dos Piedras; (Olmo, Litholog. pag. 63.) porque
en la Gasa de Dios, solo puede caber la Santidad, i la verdadera
victima del Cielo, que con su Cruz triunfó de la superstición, i su-
getó á sus pies todo el poder de las tinieblas. Pero bolvamos yá á
la Coluna millar de Decio. Denotan los últimos números, que
desde Tarragona Cabeza de la Provincia, hasta aqui, avia 119.
millas. No se ha descubierto aun, el Itinerario Romano, que por
este Camino Pretorio que aderezó nuestro Hadriano Augusto, i
aora va reparando nuestro Monarca, i Señor Don Carlos III. guia-
va á la Contestania, i mas allá. Pero están bien patentes las Po-
blaciones, i distancias desde Valencia, en el Itinerario de Antoni-
no, que las pone assi, notando las millas, ó quantas veces mil
passos.
valentía,
svcronem.
ad statvas.
ad tvrres.
ADELLO.
ASPIS,
ILICI.
THIAR.
CARTriAG. SPARTARIA.
ELIOCROCA.
M. P. XVI.
M. P. XX.
M. P. XXII.
M. P. VIIII.
M. P. XXIIII.
M. P. XXIIII.
M. P. XXIIII.
M.. P. XXVII.
M. P. XXV.
M. P. XLIIII.
^•011 »ist;is Poblaciones desde Valencia, Cullera, Oliva, Alcacer,
(se ignora Adello) Aspe, Elche, (no se sabe la de Thiar) Gariage-
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 57
na, Lorca. Por la misma Via, se salla á las Vecinales, para eatrar
en Saetabi, (Jativa) en Laurona, ^Llauri *) enl.ucentum (es Ali-
cante) &c. (5cc. Hizo el Emperador Hadriano este Camino á los Va-
lencianos, para manifestarles su afecto visitándoles desde Tarra-
gona, en donde passó el Invierno quando vino de Francia, como
escrive Sparciano; i rodeó á pie todas las Provincias, para mejo-
rar las Ciudades, i aumentar las Tropas, como dice Aurelio Vic-
tor: Provincias otnnes pedibus circiímivit :: cum Oppida universa
restitueret, augeret ordinibus. Hizo siempre gran aprecio de las
Ciudades, i de los Vassallos, como notó Dion Cassio; en especial
amó mucho á la Plebe, dice Sparciano. I siendo propenso á assis-
tir á los misterios de la Diosa Ceres, que es ISIS, para los quales
se habilitó en la Grecia, como se explicó Dion : Sacris initiatus
mysteria Cereris specta7^e voluit, puede inferirse el placer que ten-
dria en nuestra Valencia, en que estos misterios se celebravan
con la mayor solemnidad, como lo convenci plenamente en mi
Dissertacion latina, de Valentmo Sodalicio Vernarum colentium
ISIDEM, que publiqué por Febrero de 1760, comentando una
bella Inscripción de dentro el Turia, que el año antes se des-
cubrió.
La quarta parte de esta Via Pretoria, (hasta el millar descubier-
to, que empieza en la Puerta Sucronense, que los Moros llamaron
Boatella, i eslava á las quatro esquinas de la Calle de Cerrajeros
donde ai un Horno, derribada año 1383.) se incluye dentro de
Valencia Moderna, i llamamos Calle de San Vicente Mártir.
Entre otras medallas que se hallaron al desenterrar este Millar
Romano, fué una grande de metal Corintio, que me permitió con
su acostumbrada humanidad, i confianza Don Simón Desnaux,
Ingeniero peretissimo, i mui instruida en todas Artes liberales,
que cuida va por orden superior de la reparación de este Camino.
* Quedavaa ea este Pueblo las ruinas de Laurona en 1543. como asseguró el V. P.
Juao Bautista Agnesio en su Apolog.pro Avibns, pues dice hablando de Cvllera:
Cid denvm ad stadium dinita Lavron abest.
Qriondam ubi Pompeius Sertoria castra svbegit.
Conque Laurona junto al Jucar, no puede ser Liria.
58 BOLETÍN DE LA IlEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Es del Emperador Domiciano; al rededor de su Efigie se lee: Imp.
CAES. DOMiT. AVG. GERM. p. M. ====== Su rcverso, contiene un
Templo sobre quatro Colunas, i una figura en pie estendiendo la
mano; i enfrente de ella, tres figurillas arrodilladas, que la ado-
ran con gran reverencia: las letras de la circumferencia no se per-
ciben; pero en otra que he visto del mismo cuño, son: eos. xiv.
LVD. SAEC. FEC. S. C. esto es : Cónsul quartum decimum^ Ludos
Saeculares fecit^ Senatus Consulto. Celebró Domiciano estos jue-
gos, quando distribuyó entre el Pueblo Romano, en una gran
necessidad, i carestía, pan, i trigo en abundancia, como lo expre-
ssa otra medalla del mismo Emperador, i Consulado, que tengo.
Esta medalla es por las circunstancias apreciable; pero es mas aun
el Millar, por ser la única memoria que logra Valencia del Empe-
rador Hadriano; i por ser Inscripción erudita, que nos enseña la
verdadera Ortografía en diftongar sin enlaces, i en escrivir con
acierto el nombre de Hadriano. Huviera sido cabal este Principe,
si por continuar con furia contra los Ghristianos la persecución
que movió Trajano, no huviera sido Autor de la gwaría, que des-
pués mandó suprimir, como escrive Sulpicio Severo en su Histo-
lia: Quarta suh Hadriano persecutionumeratur, quam tamen post
exerceri prohihuit, iniustum esse pronuncians^ ut quisquam sine
crimine reus constitueretur. (lib. 2. c. 31.) I reconocido por las
Apologías de Quadrato, i Aristides, i informes de Sereno Grato
su Legado, favoreció ocultamente á los Christianos; i aun quiso
levantar Templo á JESU-CHRISTO, imitando á Alejandro Se-
vero, como escrivió Elio Lampridio: Christo Templum faceré vo-
/uíí, eumque inter Déos recipere; quod & Hadrianus cogitasse fer-
tur:: sed prohihitus est áb his, qui consulentes sacra, repererant
ornnes Christianos futuros si id optato evetiisset , ¿c Templa reliqua
deferenda. Infeliz Principe, que huviera sido perfecto, sino se hu»
viera dejado dominar!
Publiqué Yo primero el Itinerario encontrado en el sitio de la
Congregación, en- mi Historia de la Aparición de S. Pablo Após-
tol, en Albocacer, Villa del Reino, Patria de mi Padre, impressa
eu 1752. La Inscripción áe Decio, de tanto honor para este Reino,
aun eslava sin imprimir. Soi siempre de Vm. cuya vida guarde
Dios muchos años. Valencia i Abril, 14. de 17GG. B. L. M. de Vm.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 59
SU afecto Servidor. =Dr. Agustín Sales Presbítero, Chronista de
Valencia. =Sr. Dr. Joaquín Gibertó, Retor de S. Bartholomé.
NUEVO DESCUBRIMIENTO.
Después que esta Carta se leyó día 16 de Abril, en una ilustre,
í autorizada Tertulia, al hacerse las diligencias para imprimirla,
se descubrió cerca del sitio de la Goluna, (todo en Heredad, i Vín-
culo del celebre Jurisconsulto Don Salvador Martin Lop, i Bor-
rúl, á quien mi gratitud nombrará siempre con veneración) lo
que yo me prometí. Sabia, que los antiguos, junto á esas Calza-
das á la entrada de las Ciudades ponían los Cippos, que eran Se-
pulturas, ó piedras quadradas de los Entierros, con Letras en la
Via Publica. I aunque no se han encontrado tales Inscripciones
Sepulcrales, porque se devieron sacar en otros tiempos, ó no se
han descubierto aun, pero si, indicios de ellas. Pues continuando
en cavar, se halló otro Medalla de Domíciano, i una de nuestra
Hadriano; i también un jarro de barro con cenizas, que rompie-
ron los Peones al sacarlo, i dentro de el, dos Redomitas pirami-
dales mui angostas de vidrio, la una de cerca de un palmo de ele-
vación, la otra de medio, que eran Lacrimatorios; i asimismo
otra pieza de vidrio, como frasquitó, que por su forma irregular,
i el barniz de su interior, no me pareció Lacrimatorio, sino Lam-
para que llaman inextinguible. Lo vi, i observé todo, dia 24. en
Casa de Don Vicente Sassús, Arcediano de Alzira, Dignidad de
esta Santa Metropolitana, que por su liberalidad, i afición á las
antigüedades, logró estos monumentos apenas se descubrieron.-
Que los Cippos fueran Sepulcros, consta de Persio. Sat. r.
Assensere viri, nunc non cinis Ule Poetae
Félix? non levior Cippus nunc imprimit ossa.
Los Gentiles quemavan los cuerpos: entretanto lloravan al di-
funto los Parientes mas cercanos, como escrivió Ovidio. Pont. i. 9.
Illíim ego non aliter flentem mea fuñera vidi,
Ponendus quam si frater in igne foret.
Los ungian antes de quemar. Apagadas por si las llamas, re-
cogían los fragmentos de Huessos, i las Cenizas, i. lo encerravan
todo en una Urna, Olla, ó Jarro de barro, en que ponían rosas,
GO BOLETÍN UE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORLA.
ungüentos, varios aromas, Lacrimatorios de vidrio, en que esta-
van recogidas las lagrimas de los Parientes, i amigos mas Ínti-
mos; i esto para manifestar la estimación al difunto; i ponian tam-
bién su Lampara inextingible en obsequio de Pluton; todo esto,
imediato al Cippo de piedra, en que gravavan el nombre del di-"
funto. I tal significan las Inscripciones en que leemos: Cum la-
crymis posuere. Estos Gippos se hallan con frecuencia. En el cau-
ce del Turia, mui cerca de la. ISIS, que yo comenté, se encontró
en 20. de Mayo 1760. la Inscripción siguiente, quebrada:
AlARlTvMO
LAE • VXOrI
ARlTvMA
A'VATRI
Expressa, que una Hija, puso esta memoria á su Madre, rauger
de Maritumo. Tiene de raro, la noticia de la Gente Marituma esta-
blecida en Valencia; i que se puso quando era vía Publica, parte
de lo que aora es Rio; cuya corriente passava entonces por en
frente de la Puerta Sucronense, dejando los muros de la ciudad
á mano izquierda, como dijo Salustio. (in Fragment. lib. 2".) Des-
pués de este Historiador, los Valencianos comprando el sitio, i
trayendo el agua desde la Puerta del Suero, encaminaron el Rio,
dejando los muros á mano derecha como le vemos. De esta mu-
danza, nos queda una Inscripción en la Puerta de la Trinidad,
assi llamada por el Monasterio de en frente, cuya Historia publi-
qué en 1761. De algunos puntos, se acaba de resintir un Regular,
á quien espero, para confirmarme en las verdades que expressé en
ella. Cornelio Sila, fué el primero que mandó ser quemado des-
pués de su muerte: de el tuvo principio el quemar los cuerpos di-
funtos antes de ponerlos en el Sepulcro, como notó Cicerón, lib. 2.
de legib. I esta costumbre duró hasta la edad de los Emperadores
Antoniuos. Por especial virtud tuvo en algunos excepción, como
alli expressó el mismo Cicerón: i el sin duda la logró para su tan
querida hija Tuliola, cuyo Cuerpo, en el Pontificado de Alejan-
<lro VI. (no en el de Sixto IV. ni Paulo ílLl se halló en la famo-
ANTIGÜEDADES KOMANAS DE VALENCIA. 61
sa Via Apia, cerca de la sepultura de su Padre, entero, siu lesión,
con sus cabellos embueltos en red de oro, todo el lleno de licores,
dentro de una Arca de Marmol, con la Inscripción: Tulliolae fi-
liae meae; i á cuyos pies ardia una Lampara inextinguible, que
se apagó al abrir el Sepulcro. (Rhodigin. Lect. antiq. lib. 3. c. 24.
Casal, de Vrhis splendor. part. ii. pag. 352.) Aunqne en nuestros
tiempos ai tanto descubierto, aun no han encontrado los moder-
nos aquellos aromas conque los antiguos preservavan los cuerpos
tantos años. La lei de las XII. Tablas disponía assi: Hominem
mortuum, in Vrbe ne sepelito, nevé vrito : no obstante á veces
prevaleció la costumbre de enterrarse en la Ciudad, i aun en
Casa, de que habló Virgilio: Sedihus hunc refer ante suis, <fc
conde Sepulcro. I en prueva, en la Ciudad de Padua, en un
ángulo exterior del Monasterio de Santa Justina , se encontra-
ron los Huessos de Tito Livio, con su Inscripción, dentro de un
Arca de plomo, en Tiempo de Andrés Dándolo, Gran Dux de
Venecia, por los años 1350. Después Don Alonso V. Rei de
Aragón, i Conquistador de Ñapóles, pidió á Padua un Brazo,
para memoria de tan gran Historiador de la edad de Augusto,
que la Ciudad entregó á su Legado Antonio Panormitano, Poeta
insigne. (Thess. Bollaiid. in Cletn. X. tom. 2. Dissert. 49. de
Epikia, seu discretione, pag. 521.) Avia sido grande la inclina-
ción de este Principe á la Historia de Livio: tanto que Lorenzo
Vala, no la dissimuló al dirigirle la Carta que empieza: Cum
Titum Livium, quotidie Romanoruní Historicorum eloquentissi-
rmim, aut audias, aut legas &. Plinio el Menor, assegura, que un
Español de Cádiz, llevado de la gran fama de Livio, se encaminó
á Roina por solo verle, i apenas lo consiguió, se bolvió á su tier-
ra: (Epistol. lib. 2, Epist. 3.) lo que repitió San Gerónimo, Epist.
103. á Paulino. San Basilio el Grande, San Gregorio Nazianceno,
i San Agustín, no condenaron la inclinación á estas antigüeda-
des, antes, la dieron por mui útil, i inocente. I en efeto, Jesu-
Christo, no se desdeñó de mirar el Denario Romano, en que esla-
va la Efigie del Cesar, Idolatra: ni San Pablo, de ver las E'síaíMas,
i Aras Gentilicias de los Athenienses, para demostrarles su enga-
ño, que llanamente confessamos, diciendo con el Salmista: Con-
fundantur omnes, qui adorant Sculptilia; & qui gloriantur in Si-
í)2 BOLETÍN DE LA REAL ACaDE.VÍL\ DE LA HISTORIA.
mulacris suis. De mi Librería, Valencia -26 de Abril 1766. ídem
qui superius, Aiigustinus Salesius.
Jhs. Imprimatur: Imprimase:
Mayoral, Vic. Gen. Caro.y>
Tal es la mejor Monografía del Sr. Sales , escritor fecundísi-
mo y honra de su patria Yaljunquera de Aragón, villa poco
distante de Alcañíz en la provincia de Teruel. Allí nació en 21
de Diciembre de 1707. Ocho años después pasó á Valencia, ea
cuya Universidad perfeccionó sus estudios, con tanta maestría,
como lo dan á entender los trabajos eruditos que publicó en 1734-,
y singularmente el que intituló: Scekel et Middak Israelis; seu de
Veterum Hebraeorwn ponderihrts et mensuris, cum nostris His-
pajiicis collatis comparatisque. Sacó á luz en 174G las Memorias
históricas del antiguo santuario del Santo Sepulcro de Valencia,
donde (1) estampa el dibujo de una inscripción arábiga, grabada
en el frontispicio de aquel Monumento insigne. Para mejor des-
cifrarla se puso en correspondencia con el célebre benedictino
Montfaucon, cuya carta escrita desdé Orleans en 12 de Julio
de 1739, y la que obtuvo del P. Alejandro Brehón, fechada en
San Sebastián, á 20 de Agosto de 1736, diéroule ocasión ó pre-
texto de imaginar que la inscripción, para ellos indescifrable^ se
remontaba á la época de Constantino.
Lo cual aviso con el objeto de asegurar la validez de su testi-
monio acerca de la tabla marmórea (laterculum), que llama iti-
nerario, y dice haberse mostrado por Junio de 1727 en la puerta
de la Xerca; donde asimismo apareció la inscripción (3732) dedi-
cada á Tito Vespasiano, y alusiva al culto ferviente y pecu-
liar ({ue tributaba el Emperador á la Paz Augusta.
En 25 de Setiembre de 1753 encontró y copió el Dr. Sales la
preciosa inscripción miliaria de San Vicente de Borriol, ratifi-
cándose de nuevo V sin vacilación, tres años después, en el nú-
mero do ciento diez y mijeve millas que la piedra marcaba, segu-
(IJ l'áKia:. I
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 63
raméate en armonía ó de acuerdo con la distancia contada desde
Tarragona. Este punto es capital, ya se considere como atendible
para fijar la copia del epígrafe, sacada por Laborde, que aceptó
Hübner (4949), ya para restaurar los números de las millas, ó
descabalados ó erróneos en los miliarios de Gabanes (4951), Al-
dea cerca de Tortosa (4952), Cambrils (4954) y Vilaseca (4953).
Á 20 de Mayo de 1760 se descubrió en el moderno cauce del
Turia la piedra funeral, que tampoco ha sido registrada por
Hübner. Esta piedra era quebrada. El Dr. Sales interpretó mal
la inscripción, no advirtiendo que le falta el nombre del dedi-
cante. Suplo y traduzco :
MARlTvMO
LAE • VXORI
mAKlTvMAe
MATR!
Á 3u esposa Maritúmola y á su madre Marituma
En Baeza (3311) ocurre otra Marituma y en Itálica (1133, 5039)
dos Marítimas. Reservado estaba á Valencia el ofrecernos un
ejemplar del gracioso diminutivo Maritúmola.
Finalmente, el miliario Hadrianéo se descubrió á 10 de Abril
de 1766, cerca de Valencia, en la heredad de D. Salvador Martin
Lop y Borrull, á un lado del camino real, que guia desde la ciu-
dad del Cid hasta Játiva. Tiene su complemento este epígrafe en
otro de Agreda (4892) ; y ojalá no sea el último que se encuentre
en el corto trecho de la vía Augusta que iba desde Valencia hasta
el remate occidental del convento jurídico Tarraconense. El cual
espiraba en Alcira (Sucronem); variándose allí, simétrica, por el
lado opuesto la numeración de los miliarios, que venían alinea-
dos desde Cartagena.
El Dr. Sales murió en Valencia el día 4 de Enero de 1774. Han
dado noticia de sus obras, aunque no de todas, el laborioso
f»4 boletín de la keal acaeemia de la historia.
D. Vicente Ximeno ( 1 ) y el no menos diligente D. Justo Pastor
Fuster (2). «Son muchísimas, dice Fuster, las obras que este in-
cAnsable escritor tiene trabajadas; porque solo un índice de letra
suya, que he visto, ocupa seis hojas, que no copio por no ser di-
fuso.» No le agradecerán por de contado la omisión los biblió-
filos, ni los verdaderos amigos de nuestra Historia y Literatura.
Lamenta Hübner (3730) el extravio de otra Monografía que
cita Sales en la que acabáis deoir: «.Turiae marrnor nuper effos-
9um, sive Dissertatio critica de Valentino sodalitio vernarum co-
lentinm Isidem; Valentiae, apud Jos. Thom. Lucam; 1760.» Es-
pero que no podrá ese folleto, por más que se esconda, ocultarse
á la sagacidad é inteligencia del Sr. Settier, quien acaba de favo-
recernos tan oportuna como útilmente con el ejemplar del relati-
vo á la coluna Hadrianéa, sacándolo del polvo del olvido.
Madrid 3 de Julio de 1883,
Fidel Fita.
(1) Escritores del Reyno de Valencta; t. i:, pág. ;}04 y 305; "Valencia, l'J'iS.
(2) Biblioteca valenciana con adiciones y enmiendas a ia de Z>. Vicente limeño: t. lu
pip. 72 y :.3; Valencia, 1830.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TOMO III. Agosto, 1883. cuaderno li.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA,
NOTICIAS.
Nuestro sabio socio correspondiente D. Pablo Ewaid, en unión
con D. Gustavo Loewe, ha publicado en Heidelberg la preciosa
monografía en folio « Exempla scripturce visigoticx xl tábulis ex-
pressa^n la cual ofrece cuarenta láminas fotográficas sacadas de
nuestros mejores códices, y dispuestas por orden cronológico para
dar idea exacta de la variación sucesiva que tuvo nuestra paleo-
grafía latina desde el siglo vi hasta el año 1171. Entre estos ejem-
plares figura la noticia délas sedes episcopales de España, tomada
de un códice escurialense del siglo viii, y la vida de San Ildefonso,
arzobispo de Toledo, conservada por otro códice de nuestra Aca-
demia, procedente del Monasterio de San Millán. También es por
todo extremo notable la lámina musical que lleva el núm. xxx y
procede del Breviario gótico toledano que se conserva en la Bi-
blioteca Nacional, y fué escrito en el año 1006; y no lo es menos
el ejemplar de la versión árabe de la colección de cánones de la
Iglesia española, que fué copiada en el año 1049, y enriquece la
Biblioteca del Escorial. Para dar á luz una obra de tanto valor á
, precio baratísimo, los Sres. Ewald y Loewe han obtenido sub-
vención del Gobierno de Prusia. Las fotografías han sido confia-
das al distinguido artista Sr. Selfa, ya conocido en el mundo li-
•TOMO III. 5
66 boletín de la real academia de la historlv.
terario por las que sacó del Lapidario de D. Alfonso X , y de las
obras autógrafas de Santa Teresa.
Los editores reconocen, como es justo , el generoso apoyo que
les han prestado los jefes y principales empleados de los archivos
V bibliotecas de donde han reunido la colección de los cuarenta
ejemplares; como son el difunto D. Cayetano Rosell, D. Octavio
Toledo, D. Antonio Paz y Mella, D. Manuel R. Zarco del Valle,
D. Manuel de Goicoechea, D. Félix Rozanski y D. Francisco Bux
y Loras. También hacen singular elogio del profesor de la Escuela
de Diplomática D. Eduardo de Hinojosa y del fotógrafo toledano
D. Casiano Alguacil. Finalmente mencionan la Paleografía visi-
goda de D. Jesús Muñoz y Rivero, comprensiva de los siglos v al xii.
La colección fotográfica va precedida de una introducción donde ,
además del texto de cada lámina, cuidadosamente expuesto y ano-
tado, se da por los editores un trasunto crítico del códice respec-
tivo que ha servido de original.
Trabajos de esta índole se recomiendan por su importancia ma-
nifiesta; y es de creer que después de tan feliz comienzo, no tar-
dará en llegar el turno á los códices tan ricos y variados de nues-
tras primeras catedrales de la Reconquista, como las de Lugo,
Astorga, Oviedo, León, Pamplona, Gerona, Yich, Urgel, Barce-
lona, etc.
La Revue des Études juives, en su último número (Abril-Junio
1883), página 278, ha publicado un excelente artículo de nuestro
socio correspondiente en Paris, Mr. Isidore Loeb, quien ha fijado
definitivamente la forma y color de las famosas ruedas ó marcas
que estaban obligados los hebreos de la Edad Media á llevar,
como insignia distintiva de su religión y prosapia. Tomándola
de un códice de Manresa, escrito en 1347, este artículo estampa
la figura ó retrato del judío manresano Rovén Salamó, del cual
hace mención el códice; y asimismo lá figura de otro hebreo que
se halla en el Livrc vcrt del municipio de Barcelona, comenzado
á escribir en 1335. Mr. Loeb elogia dignamente á nuestros socios
correspondientes D. José Puggarí y D. Andrés Balaguer Merino,
que han contribuido á facilitarle dibujos y noticias de tanto precio.
INFORMES.
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO.
No se os oculta, Señores, el interés científico que encierra la
■publicación de cuantas especies inéditas se vayan descubriendo de
monedas autónomas con tipo ibérico. Nuevo campo abren á estu-
dios filológicos, étnicos y geográficos; sirven con su copioso nú-
mero, jamás agotado, para concertar, sin soluciones de continui-
dad, en rigorosa escala cronológica, los ya conocidos; identifican
las más de las veces con la repetición de los hallazgos, nuestros
antiguos despoblados, cuyos despojos yacen sin nombre; y de-
rraman en fin copiosa luz sobre los arcanos de nuestra Historia
antigua. Las monedas ibéricas constituirán siempre un raudal se-
guro y purísimo, de fuentes no adulteradas por copistas, que no
entienden lo que transcriben, ó por geógrafos é historiadores mal
informados: sus caracteres gráficos no serán nunca desatendidos
,por quien ambicione el lauro de hallar ó difundir lo que hay de
cierto sobre las variedades de escritura y de lenguaje que usaron
nuestros mayores. No es tiempo aún de labrar, sino de allegar
materiales.
Concretando mi estudio á las leyendas numismáticas de la Es-
paña Citerior, no acierto á decir si unas mismas letras tuvieron
igual valor fonético en los distintos períodos históricos en que las
vemos usadas, y hasta me asalta la sospecha de que no guardan
identidad de lenguaje entre las apartadas regiones del Este y del
(j8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
centro de Iberia. La unidad política no mancomunaba tan múlti-
ple enjambre de tribus, y la de la sangre mucho menos: nómadas
unos, como los Berybraces que describe Avieno, sedentarios otros
como los Vacceos, solían vivir aislados casi todos, encastillándose
en sus breñas, tan ásperas como su trato, y ajenos de consiguiente
á la civilizadora influencia de fenicios, cartagineses y griegos que
modiücaran sus hábitos, sus costumbres, y pulieran sus briosos
idiomas, oscuros por una parte como el céltico, y por otra como
el vascuence muy claros.
Pero los fundamentos en que pudiera hacer estribar mis pre-
sunciones no son de este lugar: voy á cumplir la obligación que
contraje con esta Real Academia y que os dignasteis aceptar, li-
mitándome hoy á presentaros las variedades de monedas ibéricas
que he logrado reunir de algunos años acá en mis viajes de ex-
ploración y que no veo grabadas en la obra de Medallas autóno-
mas de mi eminente maestro D. Antonio Delgado, de grata memo-
i'ia, ni tampoco en las láminas del Estudio histórico de la moneda
antigua española de mi querido amigo el concienzudo numismá-
tico Sr. Zobcl de Zangroniz. Estos dos libros serán el punto de
partida de mi trabajo.
lie aquí las monedas:
LÁMINA 1.»
Guissona, Delgado (lám. 145) . — lessonenses, Zobel
(pág. 39, tom. ii).
1. Anv. Cabeza varonil imberbe, con torques en el cuello, mi-
rando hacia la derecha; detrás espiga ó palma.
Rev. Jinete en el aire, con palma al hombro, corriendo á la
derecha; debajo f*}^lA\r\-
Domingo Bazán, Barcelona.
Curiosa es esta* variedad por la disposición en forma de arca
de su leyenda, sin línea sobre la que descanse, careciendo
al propio tiempo su anverso de indicaciones omonóicas.
1M^
'/ ^; >í.;f^' "^f^.
I, A;: A I
y\í
^».. ^r>«**^
^1 .M-áf
rjtL.AT.i^z.A:-'Ap..íl.
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 69
Ildera, Delgado (h'im. 148) . — Ilduroneuses, Zol)cl
(pág. 55, tom. ii).
Anv. Cabeza varonil imberbe, con torques en el cuello mi-
raiido hacia la derecha.
Rev. Caballo suelto galopando á la derecha sobre una linea;
encima de ella r^hA^H.
Domingo Bazán, Barcelona.
La bella fábrica helénica y el gran diií metro de este semis,
son los que nos han aconsejado publicarlo.
Masenesa, Delgado (lám. 155).— Masonenses, Zobel
(pág. 39, tom. II ).
:3. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha;
detrás símbolo de dudosa clasificación; á nosotros nos
parece un strigUiim.
Rev. Jinete con palma al hombro corriendo hacia la dere-
cha y apoyado sobre una línea; debajo de ella
D. Mariano la Hoz, Calatayud.
Gomo quiera que nuestra misión en este trabajo se con-
trae simplemente á dar á conocer variedades de monedas,
nos abstenemos de discurrir acerca la región donde existió
la Masenesa de Delgado, ó sea, los Masonenses de Zobel;
guardando en este punto igual silencio que el que man-
tendremos al describir las monedas de Segisa. Más adelante,
nos cabrá la honra de ofrecer á la consideración de la Aca-
demia las apuntaciones que tenemos hechas acerca del
.particular, no aceptando los pareceres de los Sres. Delgado
y Zobel, .
70 boletín de la real ACADENHA de la HlSTOrJA.
oíais, Delgado (lám. 155). — Galsesenses, Zobel (pá-
gina 83, tom. ii).
4. Anv. Cabeza varonil imberbe con torques en el cuello, mi-
rando á la derecha; delante aspergilo, detrás ^.
Rev. Jinete en el aire y lanza en ristre corriendo hacia la
derecha; debajo y en dos líneas ^h^l^ — f^XT.
Gato de Lema, Madrid.
En monedas de esta leyenda no era conocido el símbolo
que campea en el anverso de este precioso ejemplar.
Iloqith, Delgado (lám. 153). — Ildugoitanos, Zobel,
(pág. 45, tom. II ).
5. Aiiv. Basto varonil imberbe, con peinado do bucles y tor-
ques en el cuello; mirando hacia la derecha y ro-
deada de tres delfines.
Rev. Caballo corriendo sobre una línea y con brida volante;
encima medialuna; debajo f^A AXr^0-
DoMiNfrO Bazáx, Barcelona.
Delgado no conoció el semis de las monedas en que lee
ILOQVITh , publicado solamente el as , y copiándolo
de un ejemplar con reverso tan borroso, que nos obligará
más adelante á grabar el que figura en nuestro monetario,
el cual es excelente muestra de dibujo helénico, coetánea
de las más bellas acufiaciones ilerdenses. El semis inédita
(jue acabamos de describir, puede relacionarse con otro no
menos curioso que dio á conocer nuestro amigo Sr. Zobel
(lám. iii-l?, lom. II.)
Saetabi, Delgado (lám. 162). — Saetabitanos, Zobel
(pág. 55, tom. II ).
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO inÉRICO. 71
6. Anv. Pectén presentado por su cara convexa.
Rev. Delfín; encima media luna con un punto en su centro;
debajo y sobre una linea M^r^H'.
Vidal Ramón, Barcelona.
Inédita por completo es esta interesante moneda: en ella
se nos presenta el pectén y delfín saguntinos, combinados
con la leyenda ibérica de Játiva.
Ildera, Delgado (lám. 148) . — Ilduronenses, Zobel
(pág. 55, tom. II ).
7. Ativ. Cabeza varonil imberbe á la derecha; detríís de
ella • • •
Rev. Caballo suelto; encima y escrita de dentro á fuera la
leyenda I^AA-
Domingo Bazán, Barcelona.
. Aumenta este quadrante en una variedad los heterogéneos
tipos que presentan las monedas de Ildera, ofreciendo el que
acabamos de describir, por la situación y desusadp trazado de
su leyenda, alguna semejanza con los pequeños bronces con
epígrafe I^'l^rAAA-
Segea, Delgado (lám. 167).— Segienses, Zobel (pá-
gina 61, tom. II ).
8. Ánv. Cabeza varonil imberbe; detrás delfín.
Rev. Caballo suelto, corriendo hacia la derecha sobre una lí-
nea; encima media luna; debajo h}^'XP''.
Vidal Ramón, Barcelona.
9. Anv. Cabeza barbuda con íorgues en el cuello, mirando hacia
la derecha; detrás Hl***
Rev. Como el de la moneda anterior.
Constantino Bazán, Barcelona.
72 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Inéditos eran los divisores de los ases cou leyenda ^^h^
y Zobel, tom. ii, lám. v, nüm. 3 y 4 fué el primero que los
publicó grabando un semis y un triens, siendo común el pri-
mero y tomando el segundo de la colección Rais, de Zara-
goza, en cuya capital existe otro ejemplar que pertenece al
Sr. Gil. Con dos divisores más aumentamos la serie, siendo
semises lo que acabamos de describir, variante el de nues-
tro núm. 8.° por el delfín de su anverso y constituyendo
el 9.° una importante especie, ya que en la moneda aparece
la leyenda Hr* propia de los ases y denaríos.
40 y 11. As bilingüe de Saetahis y mediano bronce de Julia
Traducía contrasellados con el monograma S^E de la
primera de dichas poblaciones.
Museo Arqueológico Nacional.
No me ha parecido inoportuno dar d conocer desde luego
estas dos monedas de necesidad. Sus resellos acusan al-
guna perturbación económica que obligase á estampar en
ellas la marca setabense, á fin de asegurar áu circulación,
dándolps valor legal.
No es este un caso nuevo en la numismática autónoma
española. Ya lo demostré en la obra del Sr. Delgado, expo-
niendo la contramarca DD (decreto decurionum) de los me-
dianos bronces latinos emporitanos. En dicha obra de Me-
dallas autónomas aparece un Segobriga con el sello SE. y
un as de Ileresi marcado con una H; y no es menos no-
table el resello de Gili puesto en un as de Bilbilis que pu-
bliqué en la Revista de Ciencias Históricas, tom. iii, pág. 1 69.
LÁMIXA 2.».
Segisa-Sethisa, Delgado (lám. 168).— Sethianos, Zo-
bel tpág. 101 , tom. II ).
i 2. Ánv. Gai)cza varonil imberbe mirando hacia la derecha; do-
lante, lobo I?) corriendo.
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 73
Rev. Jinete con enseña militar al hombro, galopando ha-
cia la derecha; un ave posada sobre las manos
del caballo, que asienta sus pies, sobre la línea
superior del marco, dentro del cual campea la le-
yenda /^lüfir^i^.
La Hoz, Calatayud.
Entre los ases y semises que llevan la leyenda transcrita
anteriormente, conocida era la emisión que se diferencia
de sus congéneres, por el cuadrúpedo que se distingue en
el anverso y el ave que en el reverso dé los ases remata la
enseña militar que al hombro lleva el jinete. El sitio en
que figura el ave en las monedas, aconsejó á los autores que
me han precedido, á clasificarla de águila legionaria; así
como el Sr. Delgado llama león, y leona el Sr. Zobel, al cua-
drúpedo de que acabamos de hacer mención. En el rarísimo
ejemplar que publicamos, los dos indicados símbolos no apa-
recen en su sitio normal; el ave no es complemento de la en-
seña militar, ya que está sobre las manos del caballo, y en
cuanto al cuadrúpedo que vemos campear delante de la efi-
gie del anverso, por su cabeza prolongada y puntiagudo ho-
cico, más que leona debe parecemos lobo.
13. Anv. Cabeza varonil, imberbe, con cabello crespo entre dos
delfines y mirando hacia la derecha.
Rev. Jinete lanza en ristre apoyado sobre una línea corta;
debajo y en arco, la leyenda MI^Rr^T^*
Vidal Ramón, Barcelona.
La fábrica tosca de esta moneda, nos ha aconsejado repro-
-ducirla, para auxiliar los estudios comparativos con las
acuñaciones de otros pueblos.
44. Anv. Cabeza varonil imberbe; delante M-
Rev. Caballo suelto, en el aire, y con brida volante; debajo
y en arco MlS^ñ^^F^.
Domingo Bazán, Barcelona.
74 boletín de la real academla de la historia.
Este hermoso semis que se encuentra á llor de cuño, justi-
fica el as núm. 9 publicado por Delgado, del cual es divisor,
y cuya moneda debió considerar el Sr. Zobei que había sido
copiada de un ejemplar incompleto, cuando no la incluye
en su concienzudo cuadro de la pág. 291, tom. ii de su obra.
15. Anv. Cabeza varonil mirando hacia la derecha.
Rev. Caballo suelto, con brida volante, corriendo á la dere-
cha sobre una línea; debajo ÍA^ encima ••••
Domingo Bazán, Barcelona.
Titia, Delgado (lám. 179). — Titios, Zobcl (pág. 79,
tom. ii).
16, Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha:
detrás y escrita de fuera adentro, la letra "+*.
Rev. Parte anterior de un Pegaso; debajo ••••
La Hoz, Calatayud.
En una excursión por la comarca bilbilitana, pudimos
estudiar con todo detenimiento la estimable colección nu-
mismática, extraordinaria en especies de Bilbilis, que posee
Uuistro buen amigo D. Mariano La Hoz. En ella vimos el
ejemplar que acabamos de describir, único en nuestra noti-
cia y cuyo anepígrafo reverso, haría difícil su clasilicación
á pueblo determinado, á no contar con la letra (jue rotula el
anverso, y que nos lleva á considerar tan precioso qua-
drantc como divisor de los ases con leyenda TH^^X/^.
La clasiílcaci(')n nos parece indicada, desde el momento que
lio sólo en las monedas de dicha leyenda aparece la 4^ en
los anve.'sos, sino (juc, aun cuando así no aconteciera, es
bien sabido que buen número de acuñaciones ibéricas, figu-
ran cu sus anversos la letra inicial de su epígrafe étnico,
como se observa por ejemplo en las leyendas que el Sr. Del-
gado interpreta Orsao, Oláis, Nertóbriga, Gonlrebia, Vire-
bia, Oligam, Segobriga, etc., etc. .
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 75
Setisacum, Delgado (l;ím. 171) .—Sethit anos, Zobel
(pág. 45, tom. II ).
17. Anv. Cabeza varonil imberbe á la derecha.
Rev. Caballo suelto corriendo sobre una línea; encima tres
glóbulos; debajo ^1^0l^t*<^-
Gato de Lema, Madrid.
El Sr. Zobel conoció esta moneda pues dice de ella: «De
estequadrante publicó Heiss en su lám. 12,5, sólo el reverso,
porque el modelo que estaba en su propia colección, carecía
de auverso. El Sr. Gato de Lema, vecino de Madrid, posee en
su monetario otro ejemplar á flor de cuño, que senl publi-
cado en nuestras láminas. (Estudio histórico, tom. ii, página
247-275). Interrumpida la continuación déla obra del se-
ñor Zobel, damos á conocer la moneda, advirtiendo, que ade-
más del hermoso ejemplar del Sr. Gato de Lema que figura
en nuestra lámina, conocemos otro en la colección zarago-
zana de D. Pablo Gil.
18. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha.
Rev. Caballo suelto corriendo á la derecha sobre una línea;
encima •••; debajo ^l^0r^^<---
D. Pablo Gil, Zaragoza.
El quadrante de Sethísacmn, no figura en las láminas de
la obra Delgado, pues sin duda no creyó conveniente repro-
ducir el ejemplar incompleto grabado por Heiss, cuya moneda
había perdido el anverso. (Heiss mon. auton. ,\íim. 12-5). Zo-
■ bel, ofrece corregir esta laguna y tomándolo de la colección
Gato de Lema, cita (pág. 244, núm. 275, tom. ii de su Es-
tudio) un quadrante completo de Sethisacum, con cabeza
imberbe y rodeada de tres delfines. (Ibid. pág. 447.) — Po-
demos, pues, ofrecer al estudio de la Academia, una varie-
dad inédita de la dicha especie, cuyo anverso carece de
delfines.
7G boletín de la real academia de la historia.
19. Anv. Cabeza varonil é imberbe mirando hacia la derecha;
detrás media luna.
Rev. Jinete corriendo á la derecha y en el aire; con enseña
mihtar ? al hombro; debajo frl^OTfr<r'-
D. Pablo Gil, Zaragoza.
Gomo esta hermosa moneda está perfectamente conservada,
se observa en ella á la par que la carencia de línea sobre que
se apoye el caballo, la forma de la llamada enseña militar,
que soliendo ser un tridente en ases de este género, en el
ejemplar que describimos, dudo mucho que pueda verse en
ella un emblema marcial. Simplemente es un caduceo lo
que lleva el jinete.
Orsao, Delgado (lám. 156) . — Bursavonenses, Zobel
(pág. 79, tom. ii).
20. Anv. Cabeza barbuda mirando á la derecha; detrás D-
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo en el aire hacia la de-
recha; debajo y sobre una línea n^'t^'^*
D. Pablo Gil, Zaragoza.
No puede justificarse si existió el delfín delante de la ca-
ra del anverso . La efigie se nos presenta con barbas y di-
bujo bárbaro y el jinete sin línea, constituyendo una varie-
dad apreciable en las monedas que el Sr. Delgado llama de
Orsao.
21. A)iv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha;
detrás D-
Rev. Caballo suelto con brida volante, corriendo sobre una
línea Hacia la derecha; encima de ella DO^^"^-
D. Pablo Gil, Zaragoza.
Delgado no conoció este semis que no ha sido grabado
aiíii. Además del que describimos, conocemos dosejempla-
MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 77
*
res más en las colecciones de los Sres. Sisear de Barcelona
y Gato de Lema en Madrid. Zobel cita otro desconocido para
nosotros, que se encuentra en el monetario del Sr. Marques
de Molins, que en breve podremos estudiar, merced ú la ga-
lantería de su ilustre propietario.
22. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; de-
lante, delfín; detrás □•
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo hacia la derecha sobre
una línea; detrás media luna; debajo OO^^^*
Museo Arqueológico, Madrid.
Delgado no conoció, entre los ases en que lee Orsao, la
variante con la media luna en el reverso, la cual cita Zobel
en la especie nüm. 498, pág. 277, del tomo ii de su Estudio,
tomándolo de una moneda con la cabeza barbuda, que en-
contró en el monetario de esta Academia; mas no publicó el
ejemplar que apunto, y que posee el Museo arqueológico
nacional.
Madrid, 3 de Julio, 1883.
Celestino Pujol y Camps.
II.
HISTORIA DE VALLADOLID, POR D. JUAN ORTEGA.
El que suscribe, designado por acuerdo de la Academia para
informar sobre el libro titulado Historia de Valladolid, por don
Juan Ortega y Rubio, obra remitida á este cuerpo literario por el
Excmo. señor ministro de Ultramar á los efectos de la Real or-
den de 19 de Abril de 1881, habiendo leido con atención el texto
78 boletín de la real academia de la historia.
<lc la historia expresada, expone su dictamen en los términos si-
j.'^uientes.
Defecto es que deslustra los merecimientos granjeados por no
l)0C0s historiadores el frecuente prurito de anteponerlas glorias y
excelencias peculiares, ora del suelo natal, ora de aquel que apa-
rece como teatro de los sucesos que refieren á las más calificadas
de otras comarcas ilustres; inconveniente de importancia para la
averiguación de la verdad, si no hallase remedio en el concurso
apetecible de escritores de diferentes lugares, cuyas relaciones,
atentas á encarecer y recordar hechos olvidados fuera desús res-
pectivas patrias, muestran el interés de recíprocos correctivos, al
propio tiempo que acaudalan la masa general de acontecimientos
narrados, que influyen en el carácter de la historia general de los
pueblos. Con razón dirigen sus aficiones varones muy doctos de
nuestra edad al cultivo de la monografía histórica, en cuyo campo
han granjeado laureles inmarcesibles algunos de nuestros antece-
sores en esta Academia. Extreman su fuerza tales consideraciones,
si la monografía se aplica á una localidad tan interesante como
Valladolid, preferida para corte por muchos antiguos monarcas
de Castilla y por algunos de la casa de Austria; cuna y morada
de varones sobremanera ilustres en la época en que España los
tuvo muy señalados, y teatro de acontecimientos memorables en
las edades Media y Moderna. Pues con todo esto, es notorio que
el olvido lamentado en este punto un siglo há, por el benemérito
académico don Rafael de Floranes, ha tardado mucho tiempo en
subsanarse, ofreciéndose manifiesto y muy de resalto hasta nues-
tros días. Cierto es que el interés del asunto ha puesto deseos en
más de un curioso para llenar este vacío, y que los que lo son
pueden encontrar en nuestras bibliotecas documentos y antece-
dentes estimables, ya en la Historia ilustrada de Valladolid, es-
crita por Martín Anlolinez de Burgos, continuada por don Gaspar
Uriarte y conservada manuscrita en las bibliotecas de Osuna y
de la Real Academia, ya en los seis volúmenes consagrados á la
historia de Valladolid por don Manuel Conesi, escritor del pasado
siglo, y cuya obra, probablemente autógrafa, disfrutó Floranes,
así en los tratados impresos y manuscritos de este académico in-
signe, como en his historias manuscritas de los monasterios de
HISTORIA DE VALLADOLID. 79
San Francisco y Real de San Benito de Valladolid, sin contar las
noticias que avaloran algunas obras impresas, como la.?, Excelen-
cias de la ciudad de Valladolid, por Antonio Daca (Valladolid,
1617), la Relación de lo sucedido en Valladolid, desde el punto del
nacimiento del principe Don Felipe, por Domingo Víctor (1G07),
libro que Pellicer atribuye sin suficiente fandamenio á Cervan-
tes; la parte relativa á Valladolid en el tomo i del Teatro de las
iglesias de España, por Gil González Dávila; el Viaje de España,
por don Antonio Ponz; las Memorias políticas y económicas de
Larruga, Madrid, 1792 y 1793; los Recuerdos de España, por Cua-
drado; el Compendio Jiistórico y descriptivo, de Valladolid, im-
preso en 1849; la Historia de la M. N. ij M. L. ciudad de Valla-
dolid, por don Matías Sangrador y Vítores, y hasta en el Manual
histórico y descriptivo de la misma ciudad, impreso por los seño-
res Rodríguez. La falta de una buena historia de Valladolid se
dejaba sentir, sin embargo, antes de que con buen acuerdo y re-
sultado muy apreciable, se consagrara á escribirla don Juan
Ortega y Rubio. No es el nombre de este escritor desconocido
para la Academia, ni peregrino en la república literaria. Anti-
guo correspondiente de este cuerpo literario, catedrático de His-
toria por oposición en la Universidad de Valladolid y autor
de obras históricas muy reputadas, ha sido laureado varias ve-
ces en concursos literarios y científicos por trabajos históricos de
Valladolid y su provincia. Recientemente ha consagrado su ac-
tividad á allegar datos y noticias sobre escritores vallisoletanos
ilustres, luciendo sus condiciones de escritor galano en una
concienzuda biografía que acaba de ver la luz, acerca del in-
signe jurisconsulto don Manuel Silvela y Aragón, abuelo de los
distinguidos hombres de Estado que llevan este apellido, y el
cual, á principios de este siglo, acertó á ilustrar con su ingenio y
sus fructuosos estudios, hechos en la Universidad vallisoletana,
el foro, el Parnaso y la cátedra.
No es en verdad el trabajo histórico que examinamos indigno
de la reputación del autor, ni del asunto importante en que ha
empleado sus fuerzas, según demostrará un breve análisis del
libro.
Después de algunas páginas consagradas á las antigüedades ro-
80 boletín de la real academia de la historla.
manas de Valladolid, reducida? hasta lo presente á cierto número
de sepulcros descubiertos en el siglo pasado, tanto al construir el
nuevo claustro de la Universidad literaria como al ahondar unas
lioyas para la formación de un laberinto en el paseo del Campo
(jrande; á cierta arqueta con monedas de los emperadores romanos
ijue se hallaron bajo tierra en la calle de la Parra; á una urna
con inscripción latina que apareció al cavar en un cimiento de la
iglesia de San Esteban, y, en fin, á dos restos de edificios anti-
guos descubiertos, uno al derribar el trozo de muralla inmediata
á la puerta del Campo, hoy calle de Doña María de Molina, y otro
al abrir los cimientos de la catedral, se discuten los orígenes de
la población antigua asentada en las inmediaciones de la moderna
'Mudad, con grande copia de estudios y autoridades, atentas las
luces que han arrojado sobre materia tan difícil las concienzudas
investigaciones de Hernán Nuñez de Toledo, apellidado el Pin-
<-iano, las de nuestros doctos compañeros los Sres. Fernández-
(luerra y Saavedra, y la del sabio profesor berlinés y distinguido
epigrafista Dr. Emilio Hübner.
Al llegar á la Edad Media controvierte el autor doctamente la
opinión expuesta por Ponz que sobre el nombre de Vallisoletum,
con que se ofrece en antiguos documentos, sea una contracción de
Vallis olivetum «valle de olivos, « así como la de Floranes en lo
tocante á que valga y signifique tanto como «valle para oler;w y
aunque no acoge la especie divulgada por Antolinez do que pro-
reda de un moro llamado Ulid, ü Olid, que vino con Abdalaziz á
la conquista de España, ni la de Masdcu, respecto de que su ori-
gen sea Medina-Guali, ciudad del guali ó asiento del guaaliato,
expone, cómo varios geógrafos árabes, entre ellos Abulfeda, de-
signan esta ciudad con el nombre de Medina- Gualid, ciudad de
(lualid ú Olid, y Bilad-Gualid, tierras ó comarcas de Gualid, no
sin recordar ;í este propósito que Gualid era el califa de Damasco
en el momento de la conquista de España. Agrega á esta especie
las do que los visigodos, al decir de Dahn, conforme en esto con
Morales y otros historiadores, hicieron las primeras conquistas
jior su niciita on territorio español sin tenencia de los emperado-
res romanos on las tierras que se extienden á la derecha del
Duoro, ontre el Pisucrga y el Órbigo, ganadas por Toodorico á
HISTORIA DE VALLADOLID. 81
]o5 suevos, y que en ellas debieron heredarse pingüemente el
monarca y sus capitanes, según parecen acreditar las memorias
góticas de aquel territorio en San Juan de Baños, obra de Re-
cesvinto en San Román de Hormigausgo, donde fué sepultado
este Rey, en Gcrticos ó Yamba, etc., conjeturando con buen
indicio de que mucha parte del Patrimonio Real se hallaba
en tierra de Campos; que Cabezón, nombrado en muy antiguos
documentos de la Reconquista, y que por algún tiempo parece
como cabeza de Valladolid, era verosímilmente el centro de ex-
plotaciones agrícolas que se extendían hasta la confluencia del
Esgucva con el Pisuerga, y que en las tierras y términos de
la hermosa ciudad de Doña María de Molina sólo había al veri-
ficarse la invasión de los muslimes villas y tierras del Patrimo-
nio Re¿il visigodo, las cuales, al pasar al patrimonio de los cali-
fas, señalaban el principio por aquella parte de las posesiones y
territorio realengo de Gualid ú Olid. Eran sus vastas llanu-
ras y risueños campos, en concepto del moderno historiador,
luíís á propósito para el culto pacífico de Ceres y para el recreo
y comodidad de sus moradores, que para su defensa y reparo en
época de guerra, con lo cual se entiende bien que no debió exis-
tir allí población murada importante, mientras el teatro de la
guerra entre cristianos y muslimes permaneció en las márgenes
del Duero, sino que sus moradores pasarían alternativamente
de la dominación sarracena á la de los monarcas cristianos, limi-
tándose estos á procurar la dependencia de ellos respecto de los
magistrados y de la iglesia de León á principios del siglo xi (se-
gún indica el testamento de Don Ordoño II), y á establecer al-
guna defensa en Simancas, que llegó á tener también su obispo
con granada importancia en 959 ó 9G0; pero que hubo de decaer
algunos años adelante, expugnada su fortaleza y entregados sus
baluartes, como todos los de aquel territorio, á un Sahih Axxorta
ó gobernador militar y político de los que acostumbraban á po-
ner los muslimes. La conquista de Toledo, que trasladó definiti-
vamente el teatro de la guerra á la margen izquierda del Tajo,
brindando seguridad á los trabajadores, industriales y traficantes
que se estableciesen en aquellas llanuras libres ya de las inva-
siones, es el principio de generosa grandeza para Valladolid, se-
TOMO ni. 6
82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
giíii se muestra en la creciente extensión de sus alfozes declara-
dos en la carta de donación otorgada por don Pedro Ansurez y
su mujer á la iglesia de Valladolid en 1098, y en el considerable
número de Concilios, Cortes, bodas reales y solemnidades cele-
bradas en su recinto durante el siglo xii. Sería prolijo el enume-
rar las investigaciones nuevas debidas al autor, así sobre los orí-
genes del escudo de Valladolid, como relativas á los orígenes
de su Estudio general que aparece con importancia antes del si-
glo XIII, y en particular sobre la habilidad política mostrada por
la insigne Reina madre doña María de Molina, no siendo para
olvidados tampoco los estudios sobre los privilegios concedidos á
la ciudad por don Alfonso XI, don Pedro I y don Enrique II, ni
los concernientes al establecimiento de la corte en Valladolid du-
rante el reinado de don .fuan II y al casamiento de los Reyes
Católicos, puesto que ofrezca aún más granado y privatísimo in-
terés el cuadro del movimiento industrial, comercial, científico,
religioso y literario en Valladolid durante los siglos xvi y xvii.
Al tratar de esta materia, como asimismo de los acontecimientos
que se desarrollan en los siglos xviii y xix, el Sr. Ortega escribe
guiado casi siempre por indagaciones propias.
Considerado el vasto conjunto de hechos que comprende la
Historia de Valladolid, el largo período de años á que se ex-
tiende, y los múltiples y varios elementos sociales con que se
muestra su relación, no sería de extrañar por ventura que una
crítica muy minuciosa pudiera encontrar en ella noticias que
añadir ó alguna opinión motivada á controversia; pero en rigor
de verdad nadie podrá negar, sin evidente injusticia, el mereci-
miento contraído por el autor, quien ha prestado con su obra
un servicio de importancia para el cultivo de los estudios his-
tóricos.
En atención á las consideraciones precedentes , el académico
que firma este dictamen opina que la obra examinada es de mé-
rito relevante y de utilidad para las bibliotecas, hallándose com-
prendida, á su juicio, en la prescripción tercera que establece la
Real orden de 19 de Abril de 1881. Propone, por tanto, que se
informe al Excmo'. señor ministro de Ultramar en el sentido de
que otorgue al autor la protección justa á que se ha hecho aeree-
HISTORIA DE VALLADOLID. 83
dor por su recomendable trabajo. La Academia acordará, como
siempre, lo más oportuno.
Madrid 22 de Junio de 1883.
Francisco «Fernández y Go.nzález.
III.
INFORME ACERCA DEL LIBRO TITULADO RELACIÓN HISTÓRICA DE LA
ÚLTIMA CAMPAÑA DEL MAR(iUÉS DEL DUERO. ESCRITA POR LOS SEÑO-
RES DON MIGUEL DE LA VEGA INCLÁN, DON JOSÉ DE CASTRO Y LÓPEZ
Y DON MANUEL DE ASTORGA, CON UNA INTRODUCCIÓN ESCRITA POR
DON JOSÉ GÓMEZ DE ARTECHE.
En cumplimiento de la orden que en sesión del viernes 19 del
mes último se sirvió dictar el Sr. Presidente, Director accidental
de esta Real Academia, voy á presentar un ligero extracto del li-
bro que, con el título de Relación histórica de la última campaña
del Marqués del Duero, tuve el honor de ofrecerla en nombre del
Fixcmo. Sr. D. Juan Gutiérrez de la Concha, hermano de aquel
general insigne.
Forma un volumen de 225 páginas en cuarto, délas que 30 sir-
ven para la introducción, dirigida, como en ella misma aparece,
á presentar á grandes rasgos la personalidad militar del general
Coucha; 150, que constituyen el cuerpo de la obra, con la descrip-
ción de la campaña que comenzó por el levantamiento del sitio
de Bilbao y terminó al frente de Estella, y 45 más de apéndice
que los autores han creido deber estampar como pruebas de sus
asertos y observaciones. Para mayor ilustración de su trabajo
han añadido hasta diez láminas con el retrato del Manjués del
Duero, vistas de los teatros principales de su acción militar, y los
planos de los combates principales reñidos por las tropas de su
mando, láminas ejecutadas por los mejores artistas ó por la sec-
ción geográfica del Depósito de la Guerra, único establecimiento
84 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
en Madrid donde puedan darse á luz con la inteligencia, la exac-
titud y el esmero con que están dibujadas y grabadas.
Aun cuando no lo dijese la portada, con solo hojear el libro, se
comprende qnc sus autores, ^1 general D. Miguel de la Vega In-
clán, jefe de E. M. G. que fué del Ejército del Norte, D. José de
Castro y López, coronel encargado de la sección topográfica del
mismo, y D. Manuel Astorga, ayudante de campo del general
Concha, han tenido por principal objeto, al escribirlo, el de ofre-
cer á la memoria de su malogrado jefe el homenaje de honor mi-
litar que les merecía y merecerá seguramente á todo imparcial
conocedor de las cosas de la guerra. La época en que se escribió
y comenzó á escribirse, muy próxima, de un lado, á los sucesos
que relata el libro, y en que, de otro, ni era permitido dar á la
estampa noticia alguna de la guerra que revelara operaciones ó
proyectos todavía utilizables, ni había de consentirse el examen
de los que se habían llevado á práctica por quienes ocupaban una
posición eminente en la dictadura á que se hallaba sometida la
nación, impedia la empresa de escribir la relación íntegra de la
primera parte, la más interesante quizá, de la campaña, la que-
dio por resultado, después de los todavía no juzgados combates^
de SomoiTOStro, el levantamiento del sitio de Bilbao, exclusiva-
mente debido, sin duda alguna, á la pericia y al valor y la ener-
gía del Marqués del Duero. De ahí el que, como relación histó-
rica, aparezca la de la última campaña del general Concha sin la;
conexión ó enlace que en un trabajo general hubiera exigido la
circunstancia de operar las tropas del tercer cuerpo de ejército á"
la inmediación y combinando sus movimientos con los dos pri-
meros en el del Norte.
Los autores, sin embargo, y comprendiendo seguramente que
podría hacérseles esa objeción, principian por manifestar que
saben la dificultad de escribir su libro en tales momentos, «que
«no se nos esconde, dicen, que en historia como en perspectiva-
«convienen las distancias; pero como en nuestro propósito no en-
ntra sino el de reseñar los acontecimientos en que personalmente
«influyera el general Concha, esperamos realizarlo sin tropezar
■ncn los obstáculos que se nos presentarían en camino tan áspero,.
»dc otro uso y escabroso.»
RELACIÓN DE LA ÚLTLMA CAMPANA DEL MARQUÉS DEL DUERO. «3
No puede, pues, acusárseles de falta de unidad ui de extensióu
^n su trabajo.
De la introducción no toca hablar al que en estos momentos
está ocupando la atención de los señores académicos, que es obra,
y bien iniperfecta, suya, en la que sólo se propuso dar idea á sus
-lectores de las prendas de carácter y de talento que atesoraba eu
su persona el soldado valeroso ó insigne capitán que llora y cada
di:i llorará más la patria. Y no teme haber pecado de exageración,
aún habiéndole consagrado en vida la amistad más tierna y la
adhesión más calurosa, que las .hazañas que ejecutara el general
JGoncha, los conocimientos militares que en ella reveló, su apli-
cación constante para extenderlos más y más, y aquel patriotis-
mo que en su alma sofocaba todo otro sentimiento, por elevado
que fuera, hacían de él un personaje verdaderamente excepcional
que ha de hacer resaltar el tiempo en el espacioso campo de nues-
Ira hisioria contemporánea.
Cual cumplimiento de ese ligerísimo trabajo y escrito por la
misma inexperta y torpe mano, se presenta en el libro á que se
va refiriendo este resumen el epílogo, dirigido,' cuando ya las cir-
cunstancias habían tan venturosamente cambiado en nuestro
país, á poner de manifiesto los pensamientos políticos que abri-
gaba el Marqués del Duero al emprender su última campaña.
Ellos eran nobles y generosos, 'dignos de su posición y su carácter;
pero su examen y su juicio ni son de este lugar ni estarían bien
en quien esto escribe que los ha revelado, aunque someramente
en la relación histórica.
Con leer el índice se comprende al momento la extensión dada
ipor los autores á su importante trabajo. El capítulo I contiene
la reseña, de todo punto necesaria, del estado de la guerra ea
el país vasco-navarro al ser llamado el Marqués del Duero al
mando del tercer cuerpo en el ejército del Norte. En esa reseña
se apuntan las causas del incremento que desgraciadamente ha
tomado la guerra y la marcha de las operaciones ejecutadas por
los diferentes generales que tomaron á su cargo el de sofocarla en
un principio, ó el de contener, después, sus progresos.
El capítulo II describe la organización de ese tercer cuerpo,
para en el siguiente presentarlo combatiendo bizarramente en
86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HIST0RL4.
las Muñecas y Galdámes, las dos posiciones más importantes áe
la línea carlista en su extrema izquierda; la primera, amenazan-
do la comunicación del ejércitoliberal en Somorrostro con Castro
Urdiales, su plaza de depósito y puerto de embarque, y la segun-
da, cubriendo por aquel lado el campamento carlista de Abanto
y asegurando la retirada de su ejército, si era en él vencido y
arrollado. Tomadas aquellas posiciones, el levantamiento del si-
lio de Bilbao era inmediato; y así se vio cómo á los dos días pe-
netraba el ejército en la invicta villa, librándola de la presión, ya
inmediata, de sus implacables enemigos.
Ejecutada tan feliz como rápidamente una operación de que no
sólo pendía la salvación de Bilbao sino la suerte de las armas li-
berales en la izquierda del Ebro que se hubieran visto obligadas
á evacuar desde Santander hasta el Aragón, el general Concha
obtuvo el mando en jefe del ejército del Norte, de cuya organi-
zación trata el capítulo IV, así como de la entrada en Orduña du-
rante la marcha que hubo de emprender á Vitoria para cambiar
la base de operaciones. La expedición á Villareal, así como la de
Salvatierra, ejecutadas, más que con un objeto ofensivo, con el
de probar al país que ninguna de sus poblaciones debía conside-
rarse como exenta de una invasión del ejército, el establecimien-
to de telégrafos en la línea de comunicación de Vitoria con Mi-
randa, cortada hasta entonces, y en la general de ocupación por
todo el curso superior del Ebro, y la marcha, por fin, á Logroño
por Peñacerrada y la Guardia, son objeto del capítulo V en el que
se revelan ideas y proyectos militares que hacen grande honor al
Marqués del Duero como general entendido y previsor.
Los dos capítulos siguientes se refieren ya á las operaciones
sobre Estella; el VI abrazando los preparativos indispensables
para la reunión de cuantos elementos habían de ser necesarios
para obtener un éxito completo; el VII y iiltimo dedicado á la
descripción de los movimientos y los combates que tuvieran lu-
gar al frente de aquella población donde terminó la campaña con
la muerte del general Concha, causa, después, de la retirada del
ejercito á la izquierda del Arga.
Tal es la que bien puede llamarse trama del trabajo que á los
poros días de tan sentida é irreparable pérdida se impusieron los
RELACIÓN DE LA ÚLTIMA CAMPANA DEL MAnQUÉS DEL DUERO. 87
autores de la Relación histórica, ejecutándolo inmediatamente con
todos los datos que nadie como ellos podía reunir y ornándolo
con una serie de observaciones, cuya oportunidad y exactitud re-
salta al primer golpe de vista que se arroje sobre sus páginas y
especialmente sobre los excelentes planos que las acompañan é
ilustran.
Que ese trabajo es apreciable lo dice, mejor que estos renglo-
nes, la aceptación qne ha tenido de parte de la prensa periódica á
que ha podido llegar; y es de presumir que servirá más adelante
como dato de gran interés para la redacción de la historia de la
guerra civil actual, más fecunda acaso, que la de siete años en
acontecimientos de importancia por la distinta índole de las cau-
sas que la han promovido, la diferencia de los elementos milita-
res con que ahora se cuenta y la diversidad de los procedimien-
tos políticos que han debido emplearse en su remedio.
El que suscribe cree, de consiguiente, que podría acusarse el
recibo del libro al Excmo. Sr. D. Juan Gutiérrez de I9, Concha, y
darle las gracias por su atención al enviarlo, con algunas frases
que demuestren, á la vez, la parte que esta Real Academia ha
tomado en el duelo general causado en la nación por la muerte
de su ilustre y malogrado hermano, el capitán general Marqués
del Duero.
La Academia, sin embargo, resolverá lo que considere como
más conveniente que, de seguro, será lo mejor.
Madrid 9 de Abril de 1875.
José Gómez de Arteche.
IV.
LA CATEDRAL DEL PUY Y LA DE GERONA.
La Academia de la Historia ha recibido de su amable y la-
borioso correspondiente el P. Fidel Fita, y por conducto del
88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Sr. D. Eduardo Saavedra, un ejemplar de la obra escrita por ei
abogado M. Garlos Rocher, titulada Les rapports de VEglüe du
Pwj avec la Villede Girone enEspagneetle Comté deBigorre. Es
un tomo en 4." de 286 páginas y contiene una serie de observacio-
nes y artículos publicados en la Revista titulada TahleUes histori-
ques du Velay de 1873. En las notas y apéndices se ve citado con
frecuencia el nombre de nuestro correspondiente el P. Fita, y desde
luego se podría conjeturar que á él le corresponde en gran parte
el origen del libro, si el autor mismo no nos absolviese de este
juicio en el párrafo último y adicional diciendo en sustancia que
si el libro vale algo es por el P. Fita. Si le petit essai qu'on vient
de lire en valait la peine nous en ferions la dédicace au P, Fita.
Cette ceuvre modeste n'est pas nutre; elle est sienne, elle lui appar-
tient toui entiere.
Tiene el libro como de su mismo título se colige, dos partes, la
primera de relaciones de la iglesia de Puy con la de Gerona, la
segunda de relaciones entre aquella misma iglesia y el condado
de Bigorra. La primera es la que hace más al caso á la institu-
ción de la Academia, pues la segunda tiene menos conexión con
nuestra historia patria, si bien sería muy aventurado el suponer
que no tiene alguna.
Redúcese la primera parte en sus 62 páginas á probar que ha-
bía hermandad inmemorial entre las iglesias de Puy y de Ge-
rona, pues aunque el autor dice la Ville de Girone las investiga-
ciones acreditan que las relaciones eran eclesiásticas y no civiles,
ni municipales.
El asunto como se ve no es de primera magnitud, y con todo
no deja de ofrecer interés. Ojalá que todas la revistas provinciales
y locales comprendieran de ese modo su misión, y dirigieran sus
conatos á la publicación de documentos inéditos, ó poco conoci-
dos, procedentes de sus olvidados é inexplorados archivos, á in-
vestigaciones científicas sobre su terreno, y á la discusión de in-
tereses locales.
El asunto pues do nuestro libro es de un interés local y parti-
cular, sobre un asunto diminuto; y con todo ofrece tal interés.
tal cúmulo de datos, que se lee con gusto y ofrece no poca uti-
lidad.
{.A CATEDRAL DEL PUY Y LA DIC GERONA. 89
Algo se exalta el autor al principio hablando de la epopeya
francesa y de la poesía Garlovingiana, ó Carolina , sintetizada en
el canto de Roldan (La Chanson de Roland), la cual es el resul-
tado de una vasta superposici(3n de edades, como la Iliada y el
Niebelungen. ¡La poesía francesa, exclama el autor, es la. jwesia
de la humanidad! ¡Raro privilegio del genio francés (¡ue sola-
mente Grecia nos disputa! Esta noticia de seguro que no es del
P. Fita. Además que la. poesía de la liumanidad sería en tal caso
bastante pesada.
Viene esto á propósito de que Garlo Magno conquistó á Gerona
y que allí tuvo culto como santo (1). No es el tal culto lo que más
honra á nuestra catedral. Precisamente es uno de los ejemplos
que tenemos á mano, en las cátedras de derecho canónico ," para
probar la necesidad de que la Santa Sede se reservara el derecho
do beatificar á los santos por los abusos que los obispos y los
concilios particulares cometían con este motivo. Porque el bueno
de Garlo Magno, aunque gran defensor de la Iglesia y del Pontifi-
cado, dejó bastante que desear en materia de moralidad, y su fa-
milia todavía más. Y por lo que hace á España nunca fué popu-
lar el buen señor, y antes bien los vascos fueron muy ingratos
con él, pues le dieron un mal rato, á él y á Roldan, el de la can-
ción, allá en Roncesvalles, nada más que por la pequenez de ha-
berles derribado los muros de Pamplona.
En vano quisieron los galicanos en el siglo xii rehabilitar la
memoria de Garlo Magno. Las tradiciones Garlovingias no lo-
graron aclimatarse del Ebro aquende. Las fábulas de D. Pelayo
fueron conocidas; los palacios de Galiana en Toledo y sus* amo-
res carlovingianos no prosperaron tampoco; quedaron por casti-
llos en España fcháteaux en Espagne) que dicen nuestros ve-
cinos.
En Gerona mismo hubieron de tomar por armas para el sello
diocesano las célebres moscas de San Narciso , verdadero santo
español que en aquella iglesia no estaba de acuerdo con San Garlo
Magno en materia de invasiones.
Las e.xageraciones del escritor francés acerca de la epopeya
(1 ' Véase el t. 43 de la España Sagrada.
90 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
francesa, á propósito del culto de Cario Magno en Gerona y de
las relaciones entre esta iglesia y la de Puy me han hecho divagar
fuera del tema. Mas no se pierde el tiempo en ver cómo escriben
nuestros vecinos aun á propósito de pequeños asuntos. Además
que unas divagaciones traen otras.
En el § 3." y á la página 17, entra ya el autor en historia y crí-
tica, dejando á un lado la lira; y pregunta: — ¿Es cierta la famosa
carta de los canónigos pobres de Puy, ó es una de esas superche-
rías tan comunes en la Edad Media?
Volvamos aquí la hoja antes de entrar en esta materia, dema-
siado ocasionada para mí, y en la cual es uno dueño de su pluma
mientras no se la deja entrar en materia, pues en acometiéndola,
tan fácil es detenerse, como contener el torrente que principia á
despeñarse por la montaña.
Prueba el autor que Garlo Magno tuvo gran afecto á la iglesia
de Puy, pues según consta de una carta de San Gregorio VII, era
una de las tres iglesias que señaló aquél para recoger el denario
anual, que hacía pagar á todas las iglesias para San Pedro, y que
se llamó el dinero de San Pedro; debiéndose llamar el denario
de San Pedro. Es verdad que en Aragón todavía llaman dinero al
ochavo.
A la página 20 entra en materia más de lleno hablando de las
cartas de hermandad que había entonces en los monasterios y
que todavía duran. El autor las hace derivar del siglo viii y trae
una carta curiosa de confraternidad monástica en el siglo xi. Pero
los antecedentes canónicos son mucho más antiguos, y se remon-
tan al siglo v, y aun á épocas anteriores, pues se relacionan con
las cartas formadas ó pasaportes cristianos, con la comimión pe-
regrina, como honor prestado á los forasteros, y la incomunión ó
incomunicación con los díscolos y malos, confundida con la ex-
comunión y no siempre bien comprendida por los comentaristas
del derecho canónico.
Que los canónigos de Gerona tenían hermandad con los de
Puy aparece probado, gracias á las diligencias del P. Fita y del
secretario del Cabildo de Gerona D. Francisco Aznar y Pueyo(l);
(1) Obispo (le Tortosa, desde ^1 dia 28 de Febrero de 1879.
LA CATEDRAL DEL TUY Y LA DE OEnONA. 9|
que trascribe un suceso de 1470, con motivo de li.ilicr ido á Ge-
rona Pedro Rouvier, canónigo de Nuestra Señora de Puy; con
cuyo motivo se describen todos los obsequios que al canónigo
francés dispensaron los de Gerona.
Mas estas hermandades no eran solamente entre cabildos, cole-
giatas, monasterios y conventos. Las había entre ayuntamientos
y cabildos, entre cabildos y universidades, y entre universidades
y universidades. La Universidad de Salamanca tiene todavía her-
mandad con el cabildo. Los prebendados se sientan entre los doc-
tores y los canónigos do oficio y dignidades entre los caled raucos
y viceversa, cuando estos van al cabildo si van de toga ó manteo.
Cuando hay oposiciones se da propina á los catedráticos que
asisten como si fueran canónigos. La Universidad de Huesca te-
uía hermandad con el cabildo y el ayuntamiento. Los grados ma-
yores se conferían en la catedral y cobraban propina los canóni-
gos y concejales, y hasta los bachilleres. A todo bachiller que se
sentaba en el coro se le daba un real.
La Universidad de Alcalá tenía hermandad con la Sorbona.
Cuando pasaba por Alcalá un doctor parisiense se le invitaba á
todos los actos de Universidad y se le ofrecía el segundo argu-
mento, ó sea de doctor, pues la costumbre era dar á un bachiller
el primero, el segundo á un doctor y el tercero á un catedrático
como más difícil. En la Universidad había noticias y tradiciones
de doctores complutenses á quienes en Paris se hicieron iguales
obsequios.
Es más, cuando la Sorbona se negó á aceptar la bula Unigeni'
tus rompió la Universidad con la hermandad en 1718, pero la re-
novó cuando fué aceptada la bula en 1737. Se ve, pues, que estas
hermandades fundadas en la participación de sufragios, de hos-
pitalidad y cortesía son antiquísimas y de mil especies, y que du-
ran hoy día.
Aun pudiera hablarse aquí de los decantados Jesuítas de ropa
corta. Después de hablar lanto de ellos al tiempo de la expulsión,
apenas si se halló alguna carta de hermandad dada por la Com-
pañía, cuando los otros institutos religiosos los prodigaban á mi-
llones. Se ve, pues, que la hermandad de los canónigos de Puy
y de Gerona era una cosa bien común y sencilla. Pero estos obsc-
92 boletín ue la. real academia de la historia.
qüios, era ni más ni menos, que los que se prestan hoy día los
frailes cuando se hospedan en conventos de otra orden. La vida
de San Antonio Abad recuerda ya esto. Unos monjes orientales
vienen al convento de San Antonio á la hora de trabajar, les alar-
gan una azada: poco aficionados los monjes orientales á este
género de cruz, sin inri, hi rechazan, alegando que ellos son con-
templativos. San Antonio los deja que estén contemplando no sólo
durante el trabajo, sino luego durante la cena. Quéjanselos con-
templativos y el santo bendito les dice estas palabras, que debie-
ron escribirse en letras de oro en todos los conventos, en todas
las oñcinas... y, para que no lo lleven á mal los frailes y los em-
pleados, «en todas las Universidades de España.»
— En esta casa el que no trabaja no come. ¡ Ah, santo bendito,
y que bien entendíais de hacer los honores de vuestra casa !
Las hermandades eran unas veces para la participación de su-
fragios: lioy las tenemos ni más ni menos que entonces.
El P. Briz Martínez habla largamente de los donados de San
Juan de la Peña, que supone eran caballeros, y que Masdeu, cu
su aversión á todo lo de San Juan de la Peña opina que no pasaban
de legos motilones. Yo creo que ni era.n caballeros religiosos, aun-
que fueran caballeros, ni tampoco legos religiosos, sino meros de-
votos del santo y de su monasterio.
Hoy día los hermanos de los franciscanos y capuchinos alber-
gan á estos en sus casas y se albergan en sus conventos cuando
van de viaje ¿qué tiene CFto de particular? Petimusque , damus^
que, vicissim.
Esas hermandades entre iglesias eran tan comunes en España
que apenas había iglesia que no hubiese hermandad con dos ó
tres catedrales, y á veces con colegiatas y monasterios. Toledo
tenía hermandad con Sahagún; Falencia con Osma; y Pamiers y
Osma con la colegiata de Soria; Zaragoza con Santiago, Santiago
con Córdoba, la de Orense con la de Tours; y así otras mil que
sería prolijo referir y que, si fueran á enumerarse darían por re-
sultado un libro. La hermandad de Osma con Soria le salió cara
al obispo, según cuenta Loperraez. En el tomo l de la España
Sagrada he manifestado lo cara que le salió también al obispo de
Tarazona la bermandad con la colegiata de Tudela, pues cuando
LA CATEDRAL DEL PL'Y Y LA ÜK GlünONA. 93
iba allí el obispo le querían tratar como mero canónigo, y no como
obispo. Este debió hallar poco grato el trato demasiado íntimo y
fraternal que le propinaban los hermanos de Tudela, á título de
libertady igualdad y fraternidad, pues desconocían su autoridad.
Sanjnrjo en la historia de los obispos de Mcndoñcdo, p:íg. líO,
copia la escritura de hermandad que hicieron en lóSG los canó-
nigos de Lugo con los de Mondoñedo. Lugo tenía además her-
mandad con Oviedo y Orense.
Por lo que hace á la confraternidad entre (ierona y Puy, el pa-
dre Villanueva habló ya de ella como de cosa corriente y sencilla,
en el tomo xiii de un viaje literario, y aun más en el tomo xii, pá-
gina 159 y siguientes. Si el señor abogado Rochcr hubiese visto
este tomo, que la Academia tiene impreso desde el año 1830, hu-
biera podido simplificar mucho su trabajo. «Tenía esta Iglesia
hasta nuestros días, dice Yillanueva, hermandad con la de Puy
de Francia, y de ello hay muestras en las ocurrencias de ir y ve-
nir canónigos, los cuales mutuamente percibían la porción cano-
nical, y eran tratados como tales. Quedan además desde el siglo xv
varias cartas de un capítulo, algunas de lascuales están copiadas
en el Gartoral, fol. 310. Mas esto no nace de lo que dicen co-
munmente los escritores que cuando Garlo Magno conquistó esta
ciudad en 785 puso en ella por obispo un canónigo de la de Puy,
cuyo nombre se ignora. En el episcopologio verás cuan fuera va
esto de camino, y como verisímilmente, en 785 era ya obispo de
esta silla Adaulfo.»
Hasta aquí Villanueva ; y aquí principia ahora lo más recio c
importante de la pelea, cual es el saber quién fué el primer obispo
de Gerona. La aserción de Villanueva parece rotunda, también
lo es la de La Ganal y Merino; estos y aquel ponen por primer
obispo á Adulfo ó Adaulfo, y desechan á Pedro el canóniga
de Puy.
Mas el abogado M. Rocher vuelve á la carga y quiere reponer
á Pedro, desechando á Adulfo, ó, en todo caso, dejar á los dos, á
Pedro y Adulfo. Con gran aplomo dice, que Balucio y el P. Pagi
han probado hasta la evidencia, que el Goncilio de Narbona era
apócrifo y mutilado, y que los nombres de los obispos se habíaii
adicionado para dar apariencias de autenticidad al Goncilio dé-
94 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
montreiit jusqu'ü Vévidence que ceprétendu Concile de Narbonne...
(pág. 55).
No debe ser tan grande la evidencia cuando á pesar de las ad-
vertencias de Pagi muchos críticos posteriores que citan Merino
y La Canal han insistido en ellas, y lo mismo Villanueva, que
no ignoraba lo que habían dicho Balucio y Pagi. Este rebate
principalmente las inscripciones de tres obispos, entre ellos el de
Barcelona, que entonces no podía tener obispos por estar en po-
der de infieles, que este es un error de Pagi, pues entonces ha-
bía obispos en muchos pueblos ocupados por los musulma-
nes, como el obispo Sénior en Zaragoza, y otros varios á este
tenor.
Los galicanos y los falsarios del siglo xii hicieron creer por
Europa, y desgraciadamente hasta en Roma, que donde había
sarracenos no había obispos, y que España era un país perdido;
y todavía Pagi, á pesar de escribir en época en que ya se
habían descubierto aquellos fraudes, padeció algo de error en
ese concepto.
Triste es, señores, que siempre que tenga que emitir algún
dictamen haya de ser sobre el triste y obligado tema de las falsi-
ficaciones. Pero en verdad que la ocasión no la he buscado yo, y
el libro que examino habla de tres falsificaciones, sino bien,
siempre con igual criterio.
Falsificación del diploma de la canónica pobre de Puy en
Francia.
Falsificación del Concilio de Narbona en Francia.
Falsificación de las lecciones del rezo de San Carlo-Magno, en
que tienen parte, España, Francia y Alemania.
M. Rocher, que considera evidentemente apócrifo el Concilio
de Narbona y sus suscriciones, que no parecieron tan evidentes
á otros escritores españoles, ni aun al mismo Pagi, quiere soste-
ner y dar importancia á la legendaria narración del rezo de San
Carlo-Magno. El siglo xii, en que se introduce ese rezo, justa-
nienlc prohiiñdo por la Iglesia y anticatólicamente continuado,
es la época de las ficciones más absurdas. Es la época en que
D. Pelayo fingia carias de D. Alfonso el Casto á Carlo-Magno y
de Carlo-Magno á éste, diciéndole sandeces acerca de la exten-
LA CATEDRAL DEL PUY Y LA DE GERONA. 95
sión de Asturias, y que bien podía tener doce obispos, puesto
que no se le pedia dar vuelta en veinte dias de jornada. Es ver-
dad que Garlo-Magno no expresaba cuánto se había de andar en
cada jornada.
Las alusiones á la fundación de la catedral de Tarragona y á
los monjes negros, indican que la leyenda no corresponde á me-
diados del siglo XII, sino á fines de aquel siglo, (3 más tarde, que
fué cuando principiaron á llamar monjes negros á los benedicti-
nos, en contraposición á los blancos ó cistercienses, por lo que
dice el P. Manrique en sus Anales. «De cómo muchos monjes
negros se hicieron blancos,-/) esto es, cistercienses.
Ahora bien, por dudoso que sea Adulfo como primer obispo
de Gerona, es todavía más dudoso Pedro, el supuesto canónigo
de Puy, citado en la lecci'ón ix, que ya se dio por apócrifo
en el tomo xliii de la España Sagrada. Si pues el docu-
mento en que se cita al obispo Pedro es apócrifo, el obispo lo es
también.
El decir que ese documento disparatado de fines del siglo xii
vale para probar cosas de fines del siglo viii, y de 400 años an-
tes, porque está calcado sobre reminiscencias y tradiciones anti-
guas, es una cantinela alegada por todos los defensores de estas
supercherías, y que la sana crítica no puede admitir. Dado el
pase á ese principio no hay falsificación histórica que no se pue-
da sostener.
Probado por el crítico que un documento es apócrifo, vendrán
el novelista, el romancero, el legendista, el poeta, el krauseador
de historia, el fantaseador calenturiento y hasta el forjador pre-
histórico, y nos dirán con mucho aplomo. — Es verdad que ese
documento es legendario, es apócrifo, es una patraña, pero,
amigo mió, es una reminiscencia de una tradición de generación
en generación por espacio de 400 ó 500 años, y quien dice 400
puede decir 4.000.
A la verdad, si el racionalismo tiene exageración y errores, el
tradicionalismo los tiene también, y ni la religión, ni la razón
quieren exageraciones. Hace muy bien el abogado M. Rocheren
burlarse de los alemanes, que han escrito que Garlo-Magno fué
luterano, ó según otros calvinista, pero hay que reirse tambiéu
06 boletín de la real acade^ha de la HIST0RL\.
(le los alemanes que le hicieron Santo, y de aquel otro Santo
bendito, Luis XI, que mandó darle culto.
Los franceses tienen manía por hacer santos á todos los perso-
najes célebres, sin tener en cuenta que, para ser santo, no basta
ser hombre de bien, ni estar en el cielo, sino que se necesitan
virtudes heroicas, mihigros indudables y declaración pontificia.
Hace poco se pidió por uu prelado francés la canonización de
Colón; ahora piden la de Juana de Arco, y al paso que van por
allá el culto y la devoción á la bandera blanca, creo que no tar-
darán en pedir la canonización de Enrique IV. Todo será que un
escritor lo sueñe.
M. Rocher para dar cierto colorido al libro lo ha adornado
con sellos, uno de la Iglesia de Gerona y otro de la de Puy. El
de Gerona es de Pedro de Gastcln'ou, á mediados del siglo xiii:
iguales y parecidos á ese los hay en nuestros archivos de otras
muchas iglesias, pues por entonces todos eran así. El que la Vir-
gen esté sentada importa muy poco, pues hay sellos en que se
la ve lo mismo. Los visigodos, según dicen, i-epresentaban á la
Virgen sentada: las efigies antiguas de la Virgen, desde el si-
glo X al XV suelen estar también en esa actitud de majestad y re-
poso. Algo más pudiera haber investigado si hubiese tenido no-
ticia de una virgen «donada por lo Sant Rey Carlos^» la cual fué
sacada en procesión en 1434 con motivo de los horribles terre-
motos que hubo en aquel año, según refiere Villánueva en su
Viaje literario, tomo xiv, pág, 33.
Pudiera citar más de veinte que recuerdo. Por desgracia la
manía de vestir esas antiguas efigies con una devoción de pési-
mo gusto, y aun poco canónica, y á veces irreverente, hace que
no se las vea como debieran estar. Así que el ser parecido un
sello de Gerona al de Puy en estar la Virgen sentada, prueba
poco ó casi nada.
En resumen, M. Rocher al combatir la prelacia de Adulfo
para sustituirle con su paisano Pedro, ha pretendido quitar un
obispo que consta en un documento dudoso, para sustituirle con
otro que consta en un documento descabellado y notoriamente
apócrifo. La Academia no puede admitir esto criterio.
Por lo demás, así y todo, el libro es apreciable y deben darse las
LA CATEDRAL DE PLY V LA DE r.ERONA. 97
gracias al P. Fidel Fita (1), por haber honrado con él los estantes
de nuestra Academia, tanto más cuauloque lioy no son muchos
los que se dedican á reñir estas pacíficas batallas. La Academia,
sin embargo, acordará lo más conveniente.
Madrid 20 de Junio de 1874.
Vicente de la Fíente.
DICTAMEN ACERCA DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA
EN PORTUGAL, ESCRITO POR D, ANTONIO DA COSTA.
Hace algún tiempo que esta Real Academia tuvo á ]jicn comi-
sionarme para informar acerca de dos libros presentados á ella
con dedicatoria de su autor el Sr. D. Antonio Da Costa. Titúlase
el primero: A instruccao nacional; Lisboa, Imprenta nacional,
Í870. El segundo tiene por epígrafe: Historia da inslrucQao po-
pular em Portugal desde a fundacao da monarchia até aos nossos
días; Lisboa, Imprenta nacional, 1871.»
Creo que debe alterarse el orden de antigüedad para el e.xamen
de estos dos libros. El titulado de la Instrucción 'popular es hislú-
rico, y su examen corresponde á la especialidad de nuestra Aca-
demia. El titulado de la Instrucción nacional es más bien político
y administrativo, y sería más bien objeto de estudio para la Aca-
demia de Ciencias morales y políticas. Al analizar su contenido
la Academia, podrá observar que los títulos de los libros parecen
trocados, según veremos luego. Y al hacer esta advertencia acerca
del uso poco afortunado de los títulos de ambos libros, y después
(1) En la obra titulada Los Reys fVAragó y la Scu de ffi/wa (Barcelona, 1873), ar-
tículo ex, ha publicado el P. Fita grau copia de nuevos datos relativos al mismo
asunto.
98 UOLETÍN DE LA. IlEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
(le pedir perdón á la Academia por el retraso de este informe, mo-
tivado por mis ocupaciones profesorales y el deseo de hacer un
examen más detenido y concienzudo aprovechándolas vacaciones
de verano, tengo que deplorar también con ingenuidad el haber
sido comisionado para informar acerca de estos dos libros. Las
ideas del autor, en su mayor parte, son tan diametralmente
opuestas á las mías en casi todos conceptos que no me es dado
transigir con ellas sin faltar á mi conciencia moral y literaria.
Tentado estuve de solicitar se designase para este encargo á otro
señor académico, que pudiera ser más benigno con las aprecia-
ciones críticas del Sr. Da Costa ; pero ya era tarde cuando conocí
la mala posición en que me hallaba, y como ningún señor aca-
démico podría ser más indulgente que yo, creí un deber ahorrar á
otros ese disgusto, ya que mi negra estrella me lo había deparado.
Considero, pues, como un deber, advertir esto mismo á los se-
ñores académicos, á fin de que oigan mi informe con alguna pre-
vención, que es el último extremo adonde puede llevarse la fran-
queza.
Consta la Historia de la Instrucción popular en Portugal de un
tomo en 4." menor de 320 páginas, incluyendo en ellas portada é
índices, impreso en riquísimo papel, con hermosos y espaciados
tipos y grandes márgenes, que dejan reducido su tamaño, en ri-
gor á lo que llamamos comunmente un 8," marquilla.
De las oÜO páginas útiles consagra el autor unas ciento escasa-
jnenle á narrar la historia pedagógica de Portugal en los GOO pri-
meros años de su existencia desde 1 130 á 1750, lo cual, de seguro,
á nadie parecerá excesivo. Las 40 páginas siguientes se refieren á
las reformas hechas por el marqués de Pombal , y las vicisitudes
<le estas. A la narración de las reformas y sucesos de este siglo se
da una latitud de 110 páginas, es decir, casi tanto espacio como
el que se dio á todo el período no coetáneo, ó sea verdaderamente
histórico. Las 00 páginas últimas están dedicadas á muy breves
apéndices, entre los cuales descuella por su extensión de 44 pági-
nas la reforma de estudios hecha en 1870 por el Ministerio Sal-
danha. Como este documento se halla firrtiado por D. Antonio Da
Costa de Sonsa de Macedo, supongo que este señor ministro es el
jnismo autor del libro.
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHKE INSTRUCCIÓN PÚlíLlCA. *>'.»
Al ver copiado este largo docuniouto en un libro hislórico. que
no copia ningún olro, ni aun en compendio, creo que este bos-
quejo ó esbozo de historia [shozo lo llama su autor) puede consi-
-derarse como el pedestal sobre que descansa la estatua de la re-
forma de estudios intentada en Portugal en 1870.
Tal es la descripción del libro en su parte material y externa.
Entremos ya en su parte formal é interna, principalmente en lo
relativo á historia y crítica, objeto preferente del informe, como
que lo es del instituto de nuestra Academia.
Prescinde el autor completamente de toda la historia, rc!ativ;i
á la enseñanza en los tiempos de la Unidad Ibérica, á la cual por
cierto no es aficionado. Omite igualmente lo que pudiera haber
en tiempo de D. Enrique de Borgoña y de la infeudación de Por-
tugal, y principia con el reinado de D. Alfonso I, que se fija en
1139, aunque el autor hasta la fecha omite por demasiado sa-
bida. Cumple en esto, demasiado á la letra, el precepto de Ho-
racio: «semper ad eventum festinat.^^ Todas las noticias que nos
da acerca del siglo xi están reducidas á decir, que las letras esla-
"ijan reservadas «ágarnacha da cathedral, oupara o habito do mos-
leiro.» No nos hubiera venido mal, si el trabajo hubiera sido más
serio y completo, el saber qué catedrales y qué monasteiios eran
esos donde se guarecían las letras. La razón que da el autor para
ese retraimiento es que «o empenho de arrancar aos infieles as
térras do christianismo era moda do tempo.» A la verdad en esa
moda tuvo que entrar Garlos Martel cuando los musulmanes se
le metieron en Francia, y en la Península llevaba ya esa mod;i
más de 400 años; que para moda fué mucho durar.
Una contradicción notable ofrece el autor en estos primeros y
vacilantes pasos con que entra en el campo de la historia. Com-
bate al erudito Andrés de Resende; el cual dice que fray Gil, coe-
táneo de D. Sancho I (1185-1211) estudió en Coimbra, suponiendo
allí una especie de Universidad ó estudios mayores. Xiégalo el se-
ñor Da Costa, asegurando que allí no había escuela superior por
cuenta del Estado, sino solamente algunas enseñanzas en el con-
vento de Santa Cruz, que llama escola dos frades Crudos. Mas á
la página siguiente nos habla de un Seminario en 1073, esto es,
mandando los revés de León ; y que en el Monasterio de Santa
100 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLV DE LA HISTORIA.
Cruz había enseñanzas de liumanidades, teología y medicina.
Luego el origen de la Universidad de Goimbra (1) data de los tiem-
pos españoles de la dominación leonesa. El que no las sostuviera
el Estado importa poco, pues á la verdad hasta nuestro siglo, y hace-
pocos años, casi ninguna Universidad la ha sostenido el Estado;
y los estudios que había allí bastaban para merecer entonces el
dictado de estudio general, que era como se llamaba entonces á las
Universidades, no estudio superior como dice el Sr. Da Costa,
pues tal nomenclatura no se usaba. Universidades eran en España
las de Avila, Almagro é Irache, siquiera estuvieran en monaste-
rios, y tuviesen apenas poco más que aquellas enseñanzas. El his-
toriador debe apreciar las cosas por lo que eran en su siglo, no
por el valor actual de las cosas y los nombres que se usan en
nuestros días.
El mismo Sr. Da Costa dice que D. Sancho favorecía algún
tanto aquellos estudios, costeando los grados de algunos discípu-
los aventajados que, como el citado Fr. Gil, iban á graduarse á
París; y consta que los costeó á D. Mendo Diaz, que se graduó en
medicina en 1199, y de regreso puso cátedra para enseñarla en el
citado monasterio de Santa Cruz. Constan igualmenle los nom-
bres de otros clérigos no menos doctos que hubieron de señalarse
allí como profesores, tales como el prior D. Juan, el maestro Rai-
mundo, D. Pedro Pires y otros, hasta D. Pedro Julián, que llegó
d ser Papa con el nombre de Juan XXI.
El autor, por desvirtuar estas noticias, de que pudiera resultar
tal cual gloria al clero, asegura, sin probarlo, que aquellos estu-
dios eran cerrados, que la enseñanza no alcanzaba á los seglares,
y que los clérigos se arrogaban de esa manera el ejercicio de la
medicina. Mal se avienen estas noticias con las que tenemos acer-
ca del ejercicio déla medicina por los judíos. Perdone el Sr. Costa
que no crea ninguna de esas gratuitas aserciones: la Historia an-
tigua no se escribe bajo palabra de honor. Y aun en todo caso,
esos clérigos y monjes, ¿de dónde procedían sino del pueblo, y en
(1) E lionra seja a ciudade de Coimbra, onde tendo ja o conde Sisnando instituido
em 10~:t un Seminario, teve tambem, desde os primeiros dias da monarcliia no mostsiro
de Santa Cruz, o casino das liumanidades de theologia e medicina (pá?. U).»
DICTAMEN DE LOS I.IUROS SOlUíE INSTH UCCIÚX PÚHLIC.V. 1()1
beneficio de quién aprendían, enseñaban y ojercíau sino del
pueblo?
El autor desprecia todos estos elementos de enseñanza, y lam-
bién las escuelas parroquiales, mandadas crear, según aparece,
por las Decretales del Papa Gregorio IX, en lo que cabe su parle
de gloria á nuestro compatriota San Raimundo de Peñafort, pro-
fesor de Derecho canónico, capellán del Papa y compilador de
aquel Código. Los primeros que tenían que aprender en muchos
casos, dice el Sr. Da Costa, eran el propio piírroco y el propio
clero. (Pág. 19.)
Pues qué, ¿había en el siglo xiii en Portugal algún clérigo que
no supiese siquiera leer y escribir? Pues qué ¿en el siglo ix, en
la época de mayor rudeza y grosería, se ordenaba á ningún clé-
rigo sin saber leer y escribir, cuando el saber esto se llamaba cle-
recía? Pues qué, aun cuando hubiese alguno que otro por caso
raro, ¿es lícito al historiador generalizar sobre hechos particula-
res y aislados, erigir las excepciones desgraciadas en casos comu-
nes y reglas corrientes, y todo ello por privar á un Papa generoso
del justísimo elogio que se le debe por aquel mandato en benefi-
cio de la educación popular? Sabido es que todavía en algunos
parajes de Francia llaman le parvis al atrio ó pórtico de la iglesia,
pronunciando con mal acento la palabra parvis, porque era el si-
tio donde el cura, y á veces el sacristán, reunían á los niños para
enseñarles en aquel paraje, á falta de mejor local.
Los pórticos de muchas de nuestras iglesias rurales, con sus
bancos sumamente bajos, recuerdan esto, y yo sé de más de una
escuela que no tenía otro local todavía en este siglo, ni más maes-
tro que el anciano y honrado sacristán. ¿Pero qué extraño es esto,
si todavía he visto una escuela rur.al al aire libre, porque la pobre
capilla ni aun pórtico tenía?
Estas y otras aserciones por el estilo nos dan la medida del cri-
terio del Sr. Da Costa y de su calidad. Su talento, lúcido y claro
en muchos conceptos, se halla vejado por la politico-manía y el
fanatismo de nuestra época; pues si la credulidad y la supersti-
ción tienen sus fanáticos, también los tienen la incredulidad y el
anticlericalismo, y hoy en día este es el género que abunda.
A fines de aquel mismo siglo xiii el Rey D. Dionisio de Porta-
102 UOLETÍN Dli LA REAL ACADEML^ DE LA HISTOIUA.
gal funda la Universidad de Lisboa en 1-289, sin que le arredrase-
el tener estudiantes en la capital de la monarquía; que no le arre-
draban los estudios ;í quien amaba las letras. El Rey galante y
literato, el fiel retrato de D. Alfonso el Sabio, desgraciado como'
éste en tener un hijo ambicioso y con excesivos deseos de suplan-
tarle en el trono; el marido de la bella y simpática Isabel de Ara-
g(3n, pacitlcadora de civiles discordias, á quien la Iglesia poste-
riormenlc apellidó Santa; aquel Rey tan noble como caballero,
fuó quien llevó á cabo el pensamiento de dotar á la capital de su
reino con un estudio general, que se apellidara la primera Uni-
versidad de Portugal, como era Lisboa el primer pueblo de su
monarquía; y el Papa debió hallar muy racional este pensamiento
cuando confirmó en 1290 la Universidad naciente.
;.Qnó razones pudo tener el Rey D. Dionís para sacar la Uni-
versidad de la capital y llevarla pocos años después á Goimbra,
precisamente á la ciudad desde donde después hizo guerra su hija
D. Alfonso el Fuerte? El Sr. Da Costa no lo dice; consigna sólo
que la traslación se hizo en 1307, y confirmó esta traslación el
Papa por Bula dada en 26 de Febrero de 1308, llevando desde
entonces el título de Universidad, ó estudio general., cuya realidad
tenía desde siglos antes, como arriba queda dicho. En tal concep-
to, la Universidad de Coimbra aparece coetíínea á la de Vallado-
lid y aun posterior á ésta, y la de Salamanca la precede con anti-
güedad de un siglo. La Universidad de Coimbra tenía estudio de
Derecho canónico y romano, medicina, gramática, filosofía y mú-
sica. D. Dionisio hizo traducir las leyes de Partida como libro de
texto para sus es<íuelas. Quizá este mismo pensamiento había te-
nido el Rey Sabio; y esto robustecería la conjetura de que el pro-
fesorado de Salamanca tuviera mano en la redacción de aquel
importante Código, mejor acogido en Portugal que en Castilla,
donde le perjudic(') la politico-nianía, la cual, entonces como aho-
ra, enconaba todo cuanto llegaba á tocar con sus manos de
arpía.
Echase de menos la teología entre lasasignatui-as de la Univer-
sidad naciente; pero como esta enseñanza, y algunas otras asimi-
ladas á ella, estaban en los conventos de San Francisco y Santo-
Domingo, no fué necesario crearlas en la Universidad. Lo mismo
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHIIE INSTRUCCIÓN IM lU.ICA. HV.l
sucedía en Salamanca, donde la teología no entró .í formar facnl-
tad hasta principios del siglo xv, ó sea el año I i 10. Pregunta el
Sr. Da Costa: ¿cómo no se opuso el clero ;l que se llevase á cabo
aquella secularización de la enseñanza cu Goim])ra, y autos I.-
prestó su auxilio?
Lo primero sería saber si hubo tal secularización^ y eso depen-
derá de la significación que se dé á esa palabra. El Sr. Da Costa
supone, pero no prueba, que los estudios monásticos anteriores
eran cerrados; y llama secularización, no al alejamiento completo
del clero y de su inüuencia en la enseñanza, sino sólo al hecho
de ser públicos los estudios fuera de conventos, y no para clérigos
solamente. Aun cuando fuesen cerrados los estudios, ¿cómo el
clero se había de oponer á que estos fueran públicos, cuando 1<>
eran en Salamanca y Valladolid, á las puertas de Coimbra, y pú-
blicos igualmente en Lérida para la Corona de Aragón? ¿No eran
piíblicos en París y Bolonia, modelos entonces de estudios gene-
rales? El clero vio en ello una cosa buena y íitil, y lo apoyó, como
apoyaba entonces todo lo bueno. Pero elSr. Da Costa no ve siem-
pre en el clero más que lo que veía D. Quijote en los monjes be-
nitos, encantadores malignos, endriagos, malandrines y robadores
de doncellas andantes. El clero, para el Sr. Da Costa y todos los
de su escuela, ó mejor dicho secta, es siempre el astuto y rapaz
leopardo, adversario de la humanidad, que describe San Pedro:
tamqiiam leo riigiens circuit quxrens quem devoret. El Quijote
moderno que llega á infatuarse coa esa idea fija, hará siempre de
las suyas; y bien sea que tope con unas señoras que van en coche
por un camino, ó con la comitiva de un cuerpo muerto, ó con una
rogativa piadosa que llevare en andas á la Virgen de los Dolores,
siempre hallará á mano un fraile á quien tirar una lanzada, un
bachiller ordenado de menores á quien derribar de su muía, ó un
cofrade disciplinante á quien romper la cabeza si no enarbola ;i
tiempo la horquilla. Y no servirá gritarle como Sancho— « ¿Ad<3n-
de va, señor? ¿qué demonios lleva en el pecho que le incitan á ir
contra nuestra fe católica?» porque el fanático moderno respon-
derá al punto— «¡Para conmigo no hay palabras blandas, que yo
ya os conozco, fementida canalla!»
Si el historiador no respeta las intenciones ajenas en casos don-
104 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA.
de no consta que obrara mal, y antes aparece que se obró bien,
¿tendrá derecho á reclamar que se le respete á él?
Cita luego el Sr. Da Costa las prohibiciones de estudiar Dere-
cho y Medicina impuestas á los clérigos en el Concilio de Reim?
(1131), de Letran (1139, fecha de la inauguración de la monarquía
portuguesa), de Tours (11G3), la Decretal de Honorio III (1211), y
la de Honorio lY.en 1285. Acumula á Inocencio IV haber in-
tentado prohilür el estudio del Derecho romano (1245), vulgari-
dad tomada de Savigny (1), pues el querer cohibir el abuso y exa-
geración de una cosa, ó de una institución, no es prohibir el buen
uso de ella.
Para disculpar que no hubiese matemáticas en Coimbra, no pu-
diendo echar la culpa de esto al clero, dice el Sr. Da Costa «que
estaban as sciencias mathematicas ainda entenebradas na Euro-
pa.» No estaban muy lejos de Portugal los autores de las tablas
Alfonsinas, que no se redactaron sin grandes conocimientos ma-
temáticos. Y en tal caso ¿á qué queda reducida la ampulosa frase
con que principia el capítulo hablando la moderna jerga periodís-
tica? «Fundouse a Uuiversidade; respondendo assim ao apello da
Europa (la de las tinieblas 'parciales), mostramos que perteniamos
ao progreso, e que tomavamos o nosso logar no banquete da ci-
vilisacao contemporánea.» •
No quisiera ver la figura retórica y positivista del banquete
unida á la idea nominal del progreso, y más tratándose del si-
glo XIV, en que se degeneró de los grandes adelantos del siglo ante-
rior. A pesar de eso insiste el Sr. Da Costa en la idea progresiva
del siglo XIV, dando como tal la introducción de la escuela de los
glosistas acaudillados por Bartolo, cuyas elucubraciones introdu-
jo en la nueva Universidad el jurisconsulto Juan de las Reglas
(.Toaó das Regras); pero no es de extrañar que en Portugal sepro-
gi'esara entonces, pues al fin D. Juan I era un rey popular. Ex-
cusado es decir que el autor que miró como moda del siglo xii
combatir á los musulmanes y revindicar el territorio usurpado,
hal)la aquí con énfasis de la batalla de Aljubarrota,
En cambio apenas da ul autor dalo alguno sobre el estado de la
(1) Savigny, Tlist»i,r dvdroit roniain au mayen óge; t. 1.. cap. 21.
DIGlAMIiN DE LOS LIBROS SOBUE INSTiaCClÚN PLIM.ICA. 105
instrucción popular ni nacional en los siglos xv y primera mitad
del xvi; y no porque Portugal no pueda figurar dignamente eii la
historia del renacimiento literario y del desarrollo de la instruc-
ción en aquel tiempo. Pero en cambio no escasea las vulgarida-
des que se dicen á cada paso sobre el Santo Oficio, expulsión de
los judíos, inutilidad de los descubrimientos marítimos y esteri-
lidad do sus hazañas, deplorando que los portugueses, tan gran-
des mareantes, no supieran ser buenos mercaderes. Podrán estas
cosas ser más ó menos ciertas, pero no vienen al caso, ó llegan
traídas por los cabellos.
De pronto, a mediados del siglo xvi, anúblase el sol de ¡Portu-
gal. Preséntase una nube en'el horizonte (pág. 79i; y aumino al
pronto parece nube, luego se ve que es «un bulto sombrío fon
pasos firmes e vagorosos.» Lo de siempre: ¡qmerens quetu devoren
El buli.o sombrío, cuyos pasos son firmes, y á pesar de eso vago-
rosos, ya se deja comprender quien es. Ya no es el gigante bene-
dictino: ya pasó también la batalla délos carneros. Es el Bachiller
Alonso Lo])ez de Alcobendas, que viene de Baeza con otros once
curas enlutados, murmurando una salmodia en voz baja y com-
pasiva, y acompañando un cuerpo muerto; y, sino es el Bachiller
Alonso López de Alcobendas, es el Padre Simón Rodríguez, com-
pañero de San ígnacio de Loyola. El bulto sombrío es... digá-
moslo de una vez... ¡el jesuíta!
Los jesuitas cometieron desde mediados del siglo xvi, el crimen
imperdonable de dedicarse á la segunda enseñanza, en la que ha-
bía poco que usurpar, pues si había en Salamanca un Brócense,
en Alcalá un Fernán Nuñez el Pinciano, y en Evora un Andrés
Resende, en cambio de estos genios felices, y esplendentes excep-
ciones, pululaban por todas partíis los dómines, como el licencia-
do Cabra y otros de menguado recuerdo, contra quienes se dio la
pragmática de Garlos V prohibiendo establecer estudios de latini-
dad sino en las grandes poblaciones. •
Don Juan III comete la torpeza de entregar á los jesuitas la
dirección del Colegio de Artes y de las escuelas de Humanidades
en Goimbra, año de 1555. Convendrá saber si esta herencia fué
cedida, como dicen los juristas, á beneficio de inventario, y en
todo caso convendría conocer éste para saber lo que heredaron.
106 boletín de la re¿l academia de la historia.
pues si el derecho da en tales casos la acción expilatx hcereditatis
también hay casos de solutio indebiti, cuando el heredero tiene
que pagar más que lo que recibió oh Jatitans xs alienum, en
cuyo caso la herencia deja arruinado al pobre heredero.
Convendría pues saber qué tal estuvo el Colegio de Artistas en
Goimbra, y sí éste ganó ó perdió bajo la mano de los jesuítas. El
Sr. Da Costa no se molesta en darnos estos pormenores, sin los
cuales no se puede fallar esa causa con acierto. Pero no debia ser
mucha la concurrencia, cuando, por sugestiones de la reina Doña
Catalina, se mandó en 13 de Agosto de 1561, que no pudieran los
estudiantes matrií^ularse en las facultades de Leyes y Cánones sin
presentar certificación de haber cursado Artes y en aquel Colegio.
Esta picardía tenía por objeto someter los estudiantes á los profe-
sores del Colegio y la Universidad «ficava enfeudada aos jesuí-
tas.» ¡Mal pecado! y lo peor es que esa picardía continúa aún ejer-
ciendo su maléfica influencia, pues hoy es el día en que en Espa-
ña no se permite á ningún estudiante matricularse en Leyes sin
presentar certificaciones de haber cursado Artes en un Instituto,
porque siendo las nociones que aquí se aprenden fundamentales
deben preceder al estudio de las ciencias, por la misma razón por
la que los arquitectos echan los cimientos antes de hacer el tejado.
El Cardenal Regente D. Enrique creó el Colegvp de Evora en
1.554 (pág. 75, línea segunda), si bien luego (á la pág. 79), se da el
año 1551 por fecha de su creación: puso el fundador su colegio
en manos de los jesuítas, creando así una Universidad «que po-
desse competir com a de Coimbra,» como dice el P. Baltasar Te-
llez. Si no mediaran los jesuítas, esta emulación y rivalidad litera-
ria hubieran parecido una cosa muy notable y sencilla. Cisneros
había creado en Alcalá una rival á la de Salamanca, y nadie le
ha echado esto en cara como una picardía usurpadora. Según
las leyes de la economía el crear una competencia, ó si se quiere
(ipncurrencia, es siempre útil al público; y por lo tanto el que-
brantar el monopolio universitario de Coimbra se hubiera mirado
siempre como un beneficio, á no mediar el instituto de la Com-
pañía.
I*ara mayor dolor el Papa Paulo IV, confirmó la Universidad
de Evora en 18 de Setiembre de 1558. La reina Regente Doña Ca-
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PLULICA. 107
talina cometió lambióii la torpeza de coulinnarla en I55>, y en -21
do Julio la equiparó ú la de Goimbra. San Pío V, ¡<inó horror!
le concedió fuero académico, pues así llamahan las ^'.Mites esa
exención de la jurisdicción ordinaria y de la jurisdicción Real
que tanto asusta al Sr. Da Costa, hasta el punto de obligarle ;í
exclamar: «¡Dito esto, está dito todo!')
Y en efecto, por parte del autor no queda más que decir. Ksi
invasión que tanto asusta al historiador portugués, pasaba enton-
ces en unas diez y seis universidiides nuevas fundadas en Es[»a-
ña: En Alcalá, Toledo, Sevilla, Santiago, Oviedo Granada, Gan-
día, Baeza, Pamplona, Almagro, Osuna, Ávila, Zaragoza y hasta
en Méjico, Lima y Manila; y los españoles, gente de suyo asusta-
diza en materia de fueros y exenciones, no se alarmaban por se-
mejante acuerdo.
Además, si la Universidad de Goimbra gozaba del fuero aca-
démico, una vez creada la de Evora, la igualdad legal exigía que
se diese á ésta, ó se le quitase á aquélla.
Entra luego el Sr. Da Costa á tratar de la perniciosa intluencia
de la Universidad de Evora, mostrándose muy poco partidario de
la libertad de enseñanza en nombre de la libertad; y pretende
que todo lo malo que sucede entonces y la decadencia de todos
los elementos sociales en el siglo xvii se deben á esta causa. Es
más, los reyes Felipes sostuvieron la Universidad de Evora, y
f/!/a se ve.' j lo hicieron con el mal tin de avasallar á los por-
tugueses y esclavizarlos por medio de la Compañía de Jesús.
¿Tendría también la Universidad de Evora la culpa de la gran
postración en que cayó España en aquel desdichadísimo si.í^loy
Los grados eran más baratos en Evora ijue en Coimbra: y
esta mala maña jesuítica aumentó, dice, los estudiantes y gra-
duados en Évora. A la verdad, en un país donde hay dos Uni-
versidades, por fuerza se habían de robar estudiantes la unaá la
otra; y si obtenían destino los graduados de un claustro los iia-
bían de quitar á los del otro, á no ser que se graduaran con el
santo fin de morirse de hambre, ó hacer el cuarto voto, como los
jesuítas, votum non amhiendi.
Las pruebas de que con el método de enseñanza de los jesuí-
tas no se puede educar bien, están, según Da Costa, en la regla
108 boletín de la real academia de la historia,
misma de los jesuítas; y con tolo, los jesuítas con ese perverso
método sacaron discípulos eminentes en todas partes del mundo;
y hoy es el día en que la gente tiene la manía de llenar sus co-
legios, siendo preciso cerrárselos á la fuerza, y atropellarlos en
nombre de la libertad de enseñanza, y hasta expulsarlos de algu-
nos países, bien sea en nombre del orden y de la monarquía
como en España, ó bien de la libertad y la república como en
Suiza, yes más, aplaudiendo estas expulsiones, como las aplaude
el Sr. Da Costa, que deploró algunas páginas antes la expulsión
de los judíos de Portugal. ¡Cuan mezquinos han de encontrar-
nos en nuestras apreciaciones políticas los críticos de las gene-
raciones que vendrán en pos de nosotros, y cuan inconsecuentes
á cada paso!
Acusa el Sr. Da Costa á los jesuítas de haber rebajado el estu-
dio de la Teología en Portugal, barajando el estudio de los esco-
lásticos con el de los Santos Padres. Pero entonces ¿qué alega con-
tra Santo Tomás y su guía Pedro Lombardo, también adicto á los
Padres? ¿Y quién le ha dicho al Sr. Da Costa que la Teología es-
colástica y la patrística se estorban mutuamente? Lo contrario
es lo verdadero; ni la una ha de andar sin la otra.
Por de contado que la ida del célebre Suarez á Coimbra para
reformar y levantar aquella Universidad no le merece ni un re-
cuerdo: mejor es, pues con eso economiza una diatriba contra
aquel sabio y eminente personaje.
Los jesuítas, dice, tuvieron también la culpa de la decadencia
de las ciencias exactas y matemáticas en Portugal. De lo mismo
se les acusa neciamente en España. La creación de los estudios
de San Isidro en Madrid tuvo por objeto fomentarlas, por lo mal
que estaban en las universidades mayores y menores, en algu-
nas délas cuales ni había jesuítas ni tenían estos las cátedras de
ciencias, ni gozaban de gran influencia, como sucedía en Alcalá
y Salamanca, donde los dominicos, agustinos y franciscanos neu-
tralizaban la influencia de aquellos en todos conceptos. El estu-
diar la historia de un país, ó de una institución de un modo ce-
rrado, y sin mirar á la historia general y á los países é institu-
ciones afines, expone siempre á estas apreciaciones inexactas.
A la página 82 parece inclinarse el Sr. Da Costa á la libertad
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBUK INSTll i;c.CIÚN PÚPLICv. ln'.l
de enseñanza al vituperar el monopolio de la uiiivcrsid.id d.;
Évora. Pero ^;no había aplaudido antes el de Goimhra y acusado
á los jesuítas por querer eximirse de él? Al decidirse por un
sistema hay que aceptarlo con todas sus consecuencias, con sus
ventajas y sus inconvenientes.
El llamado monopolio universitario tiene muchas de aquellas
y no poco de estos, como sucede con todas las cosas humanas.
En él se resumen las teorías del individuo y do la colectividad,
del copiante y de la imprenta. El individuo har;í una cosa pri-
morosa y rara, pero cara como los trabajos de copia y miniatura
de la Edad Media; pero la máquina la reproducirá por milla-
res en menos tiempo y la pondrá al alcance de todas las foi-
tunas.
La Universidad eS la máquina, es la compañía de muchos y
variados enseñantes. El privatim docens es el brazo, el individuo,
el capital aislado, el copiante de la Edad Media. Si es hombre d(^
mérito, en tres ó seis años sacará media docena de discípulos
aventajados, pero estos no serán los pobres, no serán los hijos
del pueblo: serán ricos que les paguen 8.000 ál 2.000 reales cada
uno: el hijo del pobre, del comerciante, del hombre de la clase
media, encontrará por una onza de oro al año doce profesores
que le enseñarán mucho más. A esto se llama á veces monopolio
universitario.
Lamenta el Sr. Da Costa que Andrés Resende tuviera que ceri-ar
su escuela de Humanidades en Evora. Pero aquel célebre huma-
nista la cerró porque quiso, pues se hizo en su obsequio una ex-
cepción honrosa. ¿Y cuántos Resendes había entonces? La ense-
ñanza del colegio no se da bien sino por comunidades y compa-
ñías, ora las guíe la caridad, ora las impulse el interés, los dos
grandes motores de las empresas colosales ó arriesgadas. La glo-
ria, fuera de la del cielo, hay que admitirla en las empresas con
cuenta y razón, y á cargo y data.
Entre tanto el Sr. Da Costa al escribir su historia de la ins-
trucción popwíar nada nos ha dicho del pueblo ni de su instruc-
ción y cultura. El mismo se reconviene por ello al concluir el
período que podemos llamar de historia antigua en su libro (pá-
gina 91.) «¿E o povo preguntarao? A educa(;aü nacional é do que
lio BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
principalmente nos occupamos.» Con perdón del autor, la nacio-
nal es del otro libro de que hablaremos luego.
Es lo cierto que en las 90 páginas primeras dedicadas á estu-
diar el desarrollo de la instrucción popular de Portugal desde prin-
cipios del siglo XII á mediados del siglo xvni nada se nos ha di-
cho de escuelas populares, sino solo dos líneas para rebajar la
importancia de las parroquiales en el siglo xiii y de la piadosa
solicitud de Gregorio IX. La historia se ha reducido en su mayor
parte á combatir á los jesuitas. Mas, ¿cómo estos, que lo monopo-
lizaban todo en Portugal á pesar de la terrible influencia inglesa,
necesaria allí para sostener la independencia contra Castilla, no
cuidaron de aiJoderarse de la enseñanza de las turbas populares?
«A Companhia que, nfio se esquecia de elemento algún, deslem-
brarse ha do ensino das turbas?^) El autor responde categórica-
mente: «As turbas n5o forem esquicidas.»
La respuesta es terminante: los jesuitas descuidaron en Portu-
gal la enseñanza del pueblo. Eso no libra de cargos al Estado, ó
mejor dicho al Gobierno, pues la enseñanza del pueblo no es un
derecho, sino es un deber que tiene éste que atender, si no lo sa-
tisfacen la caridad cristiana ó el interés particular, relevándole del
cumplimiento de esta obligación sagrada. Pero la solución del
Sr. Da Costa para poner en relieve esta falta jesuítica es peregri-
na. Los jesuitas, dice, absorbían también la predicación en Por-
tugal, y por medio de jubileos especiales y funciones de cuarenta
horas, atraían la gente más que los otros frailes, y de ese modo
lograban atraerse las turbas y educarlas á su modo.
¿Pero qué? ¿Aprendía la gente en Portugal á leer y escribir en
los jubileos y en las cuarenta horas? Por lo visto los jesuitas de
ahora han perdido el secreto. Es preciso leerlo en el original
para dar crédito á tan estupenda noticia. «O sistema assim reali-
zado (el de los sermones) absorbía por una especie de insiruccao
primaria (nota henej as classes populares, abrangendo todo o
circulo da instruccflo. Era a dominacao sobre o paiz» (pág. 91'.
Ya lo oye la Academia: el sermoneo jesuítico en Portugal era
una especie de instrucción popular que abrazaba, no como quiera
la educación moral y la religiosa del pueblo, efectos naturales de
la predicación, sino algo más, mucho más que esta educación, la
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. lii
instrucción del pueblo en su parte intelectual y todo el círculo
de la instrucción primaria: aAhrangendo todo o circulo da ins-
trucao.y> Son palabras textuales ala pág. 91 del libro; y es más.
esto venía í\ instituir una dominación universal.
¿Pero no predicaban los otros curas ó frailes? ¿O era que estos
no estaban en el secreto de enseñar el deletreo, cuentas y jtalotes
en las cuarenta horas':* Según eso, en los siglos xvii y .wiii no
había absolutamente en Portugal escuelas de instrucción prima-
ria. Una de dos; ó las había ó no: si las había ¿porqué no lo dicei'
Si no las había, el Gobierno faltaba á uno de sus deberes más sa-
grados é indeclinables.
Excusado es decir que el Sr. Da Costa toma cslfl noticia dema-
siado candorosamente de los escritos con que algunos frailes eii
el siglo pasado daban á los jesuítas la coz del asno. Sucedía en-
tonces, y aun sucede ahora, que los holgazanes encubren su in-
dolencia llamando intrigas, osadía y petulancia á la actividad de
los que trabajan. Un jesuíta da misiones en un pueblo; logra
reanimar su fe y la frecuencia de Sacramentos, la desaparición
de la blasfemia, y encarga el sostenimiento de este fervor á los que
deben procurarlo de continuo y por obUgación: á los tres meses
se ha perdido todo el fruto, y para disculparlo nunca falta quien
llame al jesuíta entremetido, intrigante y declamador importuno.
En fuentes por ese estilo ha bebido el Sr. Da Costa.
Si las noticias que nos da son exactas y lo que calla es porque
no existía, resulta que en Portugal no había escuelas donde edu-
car, no como quiera al pueblo, pero ni aun á la clase media; y
que los portugueses eran entonces de peor condición y más atra-
sados que nuestros indios. La demostración es evidente. A estos
les enseñaban á leer y escribir, sin perjuicio de sermonearles los
misioneros, no solamente jesuítas, sino frailes de otros institutos.
Hace pocos años que ha sido demolido por la revolución en
Méjico el local donde estuvo la primera escuela que bulto en
América, y eso á los pocos años de la conquista, en el convento
de San Francisco, regida por Fr. Pedro de Gante. Allí fué donde
se dieron las primeras lecciones de leer y escribir en el conti-
nente americano.
El Sr. D. Manuel Castellanos trituró en 18G5 las calumnias
112 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
que contra la dominación española en Méjico había vertido el
Ministro D. Manuel Silicéo, acusando á los españoles de haber
descuidado en Méjico la educación de los indios y la instrucción
pública, favoreciendo intencionalmente la ignorancia. Asombra
lo que allí hicieron los españoles por la instrucción pública. Con-
cluida la conquista en 1521, ya había algún colegio en 1525, el
de San Juan de Letrán en 1529, y el de San Pablo para indios e»
1533. El Sr. Castellanos prueba hasta qué punto son todavía los
aborígenes del país refractarios á todo progreso; y que si los in*
dios no aprendieron más fué porque no quisieron, y porque harto
les costaba íi los españoles lo que aprendieron.
El Sr. Barrantes, en su discurso de recepción en esta Academia
nos ha pintado á nuestros piadosos misioneros en Filipinas en-
señando á los indios desde los primeros días, y por métodos tan
sencillos, que les hemos visto con asombro adelantarse al decan-
tado sistema Lancasteriano.
¡Y cuánto trabajo, y cuántos halagos y amenazas no tienen
que emplear hoy todavía nuestros misioneros para obligar á los
tagalos á frecuentar las escuelas! ¿Se culpará por ello algún día
á los frailes españoles? Es muy posible.
Buenas ó malas teníamos en España multitud de escuelas de
instrucción primaria en casi todos los pueblos. Los escritores de
los siglos XVI y svii hablan siempre del maestro de aldea como
de una persona que no puede menos de haber en el pueblo.
En los conventos de Agustinos y Franciscanos solía haber
escuelas de instrucción primaria y de latinidad: de filosofía y
teología solían tener, no solamente estos sino también los Domi-
nicos, Mercenarios y Carmelitas.
Sabida es la pregunta del Emperador Garlos V. Cuando quería
saber el estado intelectual, moral y económico de un pueblo;
preguntaba por los que llamaba los tres Pres. «¿Qualis prcetor?
¿Qualis prxceptor? ¿Qualis preshyter?» — ¿Qué tales son el alcal-
de, el maestro y el cura? El Emperador no calculaba que pudiese
haber pueblo sin maestro, como sin cura; señal cierta de que lo
común, lo general, lo corriente, era que lo hubiese en todos los
pueblos de España.
Es más, la exuberancia de escuelas de latinidad supone una
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 113
multitud de escuelas de instrucción primaria, pues ¿cómo apren-
dería latin en España el que no supiese leer y escribir? Pues bien,
la multitud de establecimientos literarios y de latinidad se llegó
á considerar como perjudicial al Estado, y como tal la denunció
el canónigo Navarrete en sus discursos políticos ;í Felipe III,
donde dice: «Débese ponderar que en tan corta latitud como la
que tiene España, hay 32 universidades y más de 4.000 estudios
de gramática, daño que va cada dia cundiendo más, habiéndose
varias veces pedido el remedio y últimamente en las Cortes de
Madrid del año 1616».
Hay, pues, un contraste terrible entre la exuberancia de Espa-
ña y la penuria de Portugal según el Sr. Da Costa.
Pero es mayor el contraste si se tiene en cuenta que España
tuvo el honor de haber dado á Italia uno do sus hijos predilectos,
noble por su casa y aun más por sus hechos, que se dedicó en la
misma ciudad de Roma á educar é instruirá los niños, y no como
quiera, sino á los niños del pueblo, pobres, perdidos y andrajosos;
y él mismo, dejando su prebenda y su pingüe patrimonio, se li-
tuló, é hizo á sus hijos titularse clérigos pobres de la Madre de
Dios; y pobres han sido y pobres son, en términos que al ocu-
parles todos los bienes fructíferos que poseían en España, el año
1855^, ascendían á la mezquina cantidad de 40.000 duros, según
declaró en las Cortes el Sr. Madoz, que, con todo, opinó que no
se hiciese excepción á favor de ellos, como no se hizo.
Lo que hacían los escolapios de España, lo hacían los betlemi-
tas en Méjico. Si en España se fundaban por Felipe II los cole-
gios de Loreto y Santa Isabel, para educación de niñas, y el de
doncellas en Toledo por el cardenal Silíceo, y á su imitación sur-
gían en Madrid los de San Antonio y de Leganés por la caridad
de las corporaciones ó de la aristocracia, y otros muchos aunque
menos conocidos por toda España; en Méjico la cofradía de la ca-
ridad creaba en 1538 un colegio para niñas, que duró hasta 1862,
en que fué despoblado y vendido á nombre de la libertad y del
amor.al pueblo. No era este colegio el único para niñas, pues
había otro para niñas pobres en Salto del Agua, otro fundado por
los jesuítas en 1633, otro por los betlemilas para la educación de
niñas indias, el de las vizcaínas fundado por tres vascongados, y
114 boletín de la real academia de la historia.
otros varios en conventos de monjas, que sería prolijo citar, y que
acreditan la piadosa é inteligente solicitud de los españoles para
la educación no sólo de los niños sino también de las niñas del
pueblo y de la clase media, tanto en la Península como en sus co-
lonias. A vista de estos datos acerca de la cultura ó instrucción de
los indios españoles y del rebajamiento intelectual de Portugal,
que resulta de la obra del Sr. Da Costa ¿es ó no es cierto que el
pueblo portugués se hallaba en el siglo xvii por bajo del nivel de
los indios de Nueva España?
Si esto no es cierto, como no creo que lo sea, si esto lastima el
orgullo nacional del noble pueblo portugués, ¿tendrá la culpa de
ello ningún extranjero, ni la tendré yo al decirlo y probarlo i*
Repito que no lo creo, pero vuelvo á mi dilema irrecusable y
contundente. Si había más ¿por qué lo oculta el Sr. Da Costa en
perjuicio de su patria á trueque de maltratar á los jesuitas? sino
había más que lo dicho por el Sr. Da Costa, ese rebajamiento
moral será doloroso, pero será cierto.
Tres páginas dedica éste á tratar de la reacción literaria obrada
en la primera mitad del siglo pasado y en contra de los jesuitas;
y todo ello se reduce á hablar acerca de las cartas del Barbadiño
sobre el método de estudiar, cartas que aplaude el Sr. Da Costa
por estar escritas en contra de los jesuitas, y que rebatió nuestro
festivo P. Isla en su Gerundio. Preciso es confesar que las cartas
del Barbadiño eran un adelanto para su tiempo, pero también
debe advertirse que, al lado de esos adelantos, había errores tras-
cendentales. Más importante fué la creación de estudios de se-
gunda enseñanza, por D. Juan V, en el hospicio de las Necesi-
dades, por decreto de 25 de Enero de \~i2o, y á cargo de los pa-
dres del Oratorio de Jesús.
Desde los tiempos de Pascal, Quesnel y otros corifeos del jan-
senismo en Francia, los oratorianos pasaban por ser enemigos
capitales de los jesuitas. ¡Cosa rara! El P. Daubentou, jesuíta y
confesor de Felipe V, obtenía de este por entonces los fondos
para construir el Noviciado de la Compañía en Madrid. A la ex-
pulsión de ésta en 1767, se dio á los padres del Oratorio, y an-
dando el tiempolia venido á erigirse allí la Universidad Central
d3 E?paüa.
DinXAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 115
Los oratorianos no obtuvieron por entonces que se diese eu
Portugal valor académico á sus certificaciones de estudios, \nivo
sin embargo, lo consiguieron, por decreto de 3 de Setiembre
de 1747.
Con esto concluye en cien páginas la Historia de la Instruc-
ción popular de Portugal en el período de GOO años; reducido casi
todo ello á una diatriba tardía contra los jesuítas y nada de las
escuelas en que se educaba el pueblo, ora ponjuc uo las hubiese,
ora porque no se haya investigado su existencia. Con razón llama
á esto su autor un bosquejo ú esbozo. «No presente esbozo de cii-
íiino público, nao é intencSo nossa julgar á Gompanhia de Je-
sús... encontrárnosla no nosso camino.» Es lo que le sucede á un
vapor de guerra que pasa de ojo á un buque mercante: enconti'ó-
iselo en su camino.
A la escasez de datos respecto de los tiempos antiguos, sucede
la abundancia respecto de los modernos, y á las diatribas contra
ios jesuítas, los elogios hiperbólicos del marqués de Pombal, que
los expulsó de los dominios portugueses. Esto era consiguiente:
« A uacao sa dar exemplo do que é o corpo de un pigmeo com
a alma de un gigante.» Muy bien dicho en lo del alma de la na-
ción portuguesa. Mas, ¿porqué el cuerpo ha de ser el de un
pigmeo? Eso sería bueno á lo más para las repúblicas de San
Marín y Andorra.
Cuarenta páginas dedica á las reformas ejecutadas por el mar-
qués de Pombal: no todo ello es relativo á la enseñanza. Negar
que por entonces se hicieron cosas buenas, se reformaron abusos
y se mejoró mucho la enseñanza, sería faltar á la verdad y cerrar
los ojos á la luz. De la reforma universitaria de Portugal pode-
mos juzgar por las que entonces se hicieron en España, las cuales
fueron coleccionadas en tres tomos en folio por las universidades
de Alcalá y Salamanca.
Aparte de las noticias políticas contenidas en a(]uellas 40 pági-
nas y de lo relativo al absolutismo ilustrado de Pombal, los da-
los que encontramos relativos á la educación popular son tan
escasos que están comprendidos en dos páginas: las mejoras in-
troducidas en ésta, se reducen al establecimiento de una mesa
censoria para los maestros, provisión de escuelas por concurso,
116 boletín de la real agadExMia de la historia.
establecimiento de una escuela en cada centro local, y de una
contribución para sostenerla.
La mesa censoria matando el monopolio jesuítico, organizaba
en esta parte por primera vez el elemento fundamental del Esta-
do (pág. 105).
Por los concursos los maestros iban á ser en adelante maestros
reales (mestres regios)^ dejando de estar ligados á una profesión
que se miraba como mechanica, ¿será esto cierto?
Para el sostenimiento de las escuelas, imponía el marqués de
Pombal, por un albalá de 6 de Noviembre de 1772, una contribu-
ción sobre el vino, aguardiente y vinagre. Era el modo de que
los sobrios educasen á sus hijos gratis, y los borrachos cogieran
aún más horror á las escuelas.
Fundábase la nueva reforma de la enseñanza en la convenien-
cia de aprovechar las primeras edades para inspirar en ellas prin-
cipios morales y sociales. Supongo que el Sr. Da Costa no preten-
derá pasar esa vulgaridad por un descubrimiento portentoso del
marqués de Pombal, aunque los términos en que lo indica pare-
cen suponer que, al fundar sobre él, era como quien edifica de
nuevo.
La idea de instituir el catecismo de Montpeller como libro para
enseñar á leer en vez de los procesos judiciales que se usaban en
las escuelas primarias, no da idea del estado de estas. ¿Quién
creería que los jesuítas enseñasen á leer por medio de la enreve-
sada letra procesal? En España, no há muchos años, que en al-
gunos rincones apartados y pobres montañas se aprendía á leer
con procesos, pero esto era una ridicula excepción y agraviaría
á nuestro país quien lo mirase como regla, pues cuesta más, y
costaba en el siglo pasado, encontrar un proceso que encontrar
un libro. Además, los procesos se daban á los niños que ya de-
letreaban y leían algo en letra de molde. De lo que sucedía en
España todavía en algún lugar á mediados del siglo xix, podre-
mos inferir lo de Portugal hace cien años.
Los jesuítas portugueses, nada inferiores á los de España en
saber y riqueza, ¿ habían de carecer de libros para enseñar á los
niños, dado caso que ejercieran ese monopolio, que afirma el
Sr. Da Costa, pero que no prueba ni yo creo?
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 117
Viene también en 1772 la creación de las facultades de mate-
máticas y filosofía en Goirabra por los estatutos de aquel año, y
t¿mibién la creación de Museo, Observatorio, Jardín Botánico y
otros establecimientos análogos en la famosa «cidade do Modego,»
y estos estatutos son mirados como «a primitiva constitucao libe-
ral de este paiz.» Mucho decir es para unos estatutos universita-
rios y mucha influencia sobre la organización política del país.
De temer es que esta hipérbole, figura usual en la parte meri-
dional del país, como aquel nuestro, haya que juntarla con el no
menos exagerado desprecio del derecho patrio portugués, que ca-
lifica desdeñosamente Da Costa de legislacao harharisada, sobre
cuyas cenizas vino á sentarse el principio de la equidad y de la
razón por la ley de 18 de Agosto de 17G9.
También á nuestro derecho antiguo, y sobre todo al foral, se le
ha considerado por algunos como bárbaro, al paso que otros prin-
cipian á dar en la manía de enarnorarse de su profundo saber y
cultura. Es cuestión de gustos y de opiniones.
Para sacar do su postración á las ciencias naturales y matemá-
ticas, tuvo el marqués de Pombal que enviar á buscar á Italia
profesores, viniendo al efecto Fransini, el abate Branelli y otros
que cita el Sr. Da Costa (pág. 111). Y aquí me ocurre una obser-
vación. En Italia brillaban por entonces muchos jesuítas expul-
sados de España, despreciados aquí y apreciados allá, escarneci-
dos por los gobiernos católicos, y acogidos y llamados por el es-
céptico Rey de Prusia y la nada piadosa Czarina de Rusia. Entre
ellos había también matemáticos y hombres sumamente eruditos.
Nuestro compañero el Sr. D. Fermín Caballero, nos ha dado una
preciosa biografía del expulso Hervas. Pero ¿era éste sóloí'
Los monasterios y conventos secundaron este impulso según
lo describe el Sr. Da Costa. ¿Qué indica esto? ¿La presión jesuí-
tica anterior?
En mi juicio indica sólo la falta de aptitud, energía, moralidad
y talento en los gobiernos. Si el Gobierno portugués hubiera sa-
bido cumplir con su deber cien años antes, hubiera sucedido
en 1672 lo que en 1772; y frailes y curas y jesuítas, hubieran fo-
mentado en alto grado las ciencias de experimentación natural;
pero con Reyes haraganes ó imbéciles, y ministros malos como
118 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Olivares y D. Juan el de la Galderona, es imposible que se des-
arrolle en un país ningún elemento de grandeza estable y positi-
va. Sucede lo que en las casas ricas, donde el marido es tonto, la
mujer picara, y el mayordomo ladrón. Echar la culpa de los ma-
les del Estado á los jesuítas, es lo mismo que culpar al confesor
de que el mayorazgo sea tonto y duerma, de que su mujer derro-
che y de que el mayordomo robe y no se confiese. Este ejemplo
de la vida doméstica da la medida de las acusaciones políticas con-
tra los jesuítas en España y Portugal. Los Reyes portugueses de
los siglos XVII y XVIII, no supieron ni quisieron. Pombal supo,
quiso y logró. No le quitemos el mérito en lo que hizo, pero re-
duzcámoslo á debidas proporciones. Si le aplaudimos por lo bue-
no y laudable, no le adulemos en todo elogiando ni aun ocul-
tando lo malo; y con respecto á sus diatribas contra los jesuí-
tas, recordamos la frase del cáustico ministro francés, Choiseul,
que decía: El marqués de Pomhal lleva siempre en vez de anteojos,
un jesuíta montado en las narices. El que cabalgaba en las de
Pombal, debe haber transmigrado á las del Sr. Da Costa; y e&
lástima.
Con la escasez de datos y carencia completa de documentos,
respecto á lo antiguo, contrasta la prodigalidad de los primeros
en lo que concierne al siglo xrx: mezclados vienen aquellos coa
no pocas noticias y observaciones acerca de las vicisitudes políti-,
cas de Portugal en estos últimos tiempcs, y á la verdad, satura-
dos como estamos los españoles de pronunciamientos, crisis,
acciones, reacciones y otros excesos, no me he sentido con fuer-
zas para arrostrar esas ciento diez páginas, en que el Sr. Da Costa
hace la oración pro domo sua, con cierta fruición bien disculpable.
Yo por mi parte, después de haber hojeado esas páginas, he crei-
do, y Dios me lo perdone si me equivoco, que podía calcular las
lindezas de los pronunciamientos de Portugal por la desenvoltura
sin par de los nuestros. Si esto tiene poco que ver con la instruc-
ción popular, en verdad que tampoco estos acontecimientos, ade-
más muy sabidos, merecían ocupar lugar en el libro que pu-
diera pasar muy íAen sin ellos.
No debo dejar de consignar que el autor concluye su libro y
apéndices con la cuestión ruidosa de la expulsión de las herma-
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOURE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 119
ñas de la Caridad, á las cuales el populacho apedreó c^i Lisboa,
en 1862. El Sr. Da Costa, dice que la cuestión fué política m.ls
■ que de instrucción. Claro está que fué política, pero eso no quita
que fuese un acto indigno de un pueblo que hace alardes de cul*
tura y amor á la libertad. Cuando los salvajes se comen .1 los
misioneros obran también por política, puc3 al fin esa es la polí-
tica tradicional de su tribu; sobre que así se nutren.
Las Cámaras con políticos no menos atrasados, propusieron y
votaron una ley para que no se admitiesen más fundaciones que
las de los institutos existentes en 1834. Aprobada en la Cámara
electiva no llegó á sancionarse en la de los Pares, porque el Supe-
rior francés de aquellas religiosas hizo que se embarcaran á bordo
de un buque de su nación.
En nuestro país, que se quiere pintar como más atrasado, las
hermanas de la Caridad francesas no han recibido insulto nin-
guno, á pesar de haber otras españolas, y en sus dos colegios de
Santa Isabel y San Alfonso tienen aquellas en Madrid á su cargo
más de 800 párvulos y niñas. Como en este juicio crítico me pro-
puse no solamente examinar la obra del Sr. Da Costa, sino for-
mar en lo que cabe un juicio comparativo entre la instrucción
pública de aquel país, según la pinta este señor, y la del nuestro,
á fin de tener útiles enseñanzas en esta materia, no he querido
dejar de parangonar lo que sucede en ambos países al referirme
á ese dato final de la historia portuguesa sobre la instrucción
popular.
Esta es, en resumen, y según habrán podido juzgar los señores
académicos muy escasa y diminuta en la parte antigua, pro-
lija en la contemporánea, carece de imparcialidad y elevación de
miras, tiene casi por único objeto rebajar" en todo y por todo al
clero y á los jesuítas; pero, con tan poco acierto, que, al rebajar á
estos, rebaja la cultura general y social de su país, poniendo á
éste por bajo de nuestros indios de América y Filipinas, según
queda probado. Si esta pintura no es cierta, la culpa no es mía.
Triste consecuencia es de la político-manía, que aqueja actual-
mente á todos los escritores contemporáneos, con muy pocas ex-
cepciones, haciéndoles llevar al campo de las letras y de la His-
toria sus rivalidades y sus odios de secta y de partido.
120 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Se podrá quejar el autor de que se le trate con poca tolerancia
ó con rigor excesivo. No hay justicia como la justicia de Dios, y
esta dice; «Con la vara con que midiereis seréis medidos.y>
Tiempo es ya de pasar á decir algo acerca del otro libro del se-
ñor Da Costa, que trata de la instrucción nacional, más política
que histórica, y publicado anteriormente, ó sea en 1870. El au-
tor ha querido consignar en este libro todas las ideas económi-
cas, políticas y filosóficas que hizo bullir en su mente, ó compiló
con su estudio, para elaborar su reglamento de estudios, ó refor-
ma con aquella fecha; así como el de la popular, consigna los
datos históricos que tuvo en cuenta con igual objeto. Por ese mo-
tivo dije que ese libro no era más que la base del reglamento de
estudios que dio el Sr. Da Costa por extenso en los apéndices.
Y vuelve con este motivo la cuestión antes iniciada. ¿Por qué
el Sr. Da Costa tituló Instrucción nacional á ese libro, en que se
trata de apreciaciones generales sobre la enseñanza, comunes á
todos los países y naciones, y que por tanto no son nacionales de
ningún país, sino generales y comunes á todos? ¿Por qué llamó
popular al liljro que trata de la historia de las universidades y
colegios, en los que apenas se ha dado cabida á lo que más ó
menos propiamente se llamó pueblo? ¿Por qué se ha dado este
nombre al libro que apenas habla de la instrucción primaria,
única que logra penetrar más ó menos en esas capas sociales in-
feriores, que si no constituyen ellas solas el pueblo^ forman la
casi totalidad de las masas populares?. No lo adivino. En todo
caso, mejor pudiera llamarse nacional la historia que habla de
las universidades, colegios y otros establecimientos públicos y
de todas las enseñanzas, en todos los puntos y en todos los dife-
rentes períodos hislóiiccrs de la nación, y dejar el título de Ins-
trucción popular al libro que trata principalmente de la instruc-
ción primaria y de los modos y medios de mejorar la cultura,
educación é instrucción del pueblo en los diferentes aspectos so-
ciales y de la acción ó gestión de los gobiernos con tal objeto.
Hoy, señores, la palabra 2>ueblo, y el adjetivo popular^ como
de moda, se aplican á todo: Patria, Nación, Constitución; y sus
adjetivos patriota, patriótico, nacional, constitucional, quedan
eclipsados y supeditados ,por la palabra pueblo. ¿Qué más? La
DICTAMEN DE LOS LIHROS SOBIIE INSTRUCCIÓN PÚHLICA. 121
Internacional, ese gran corredor, que viene ahora azotando y ha-
ciendo ir de prisa á todos los que hacían alarde hasta el preseutr
de avanzar mucho y de ejecutar evoKiciones y inovimieiitos rá-
pidos, maldice ya de la patria y de las naciones, como de la fa-
milia, de la honradez y de la propiedad; se propone quitar todas
las fronteras, aspirando á un quimérico y grotesco cosmopolitis-
mo, que en resumen no será sino un pasajero vandalismo, llov
todos hablan del pueblo, y nadie sabe lo que es el pueblo: la de-
finición que da el sabio de levita no le gusta al sabio de cha-
queta.
Pero veamos ya el libro del Sr. Da Costa sobre lo que llama
instrucción nacional.
Las ideas del autor en este libro son algo avanzadas, y aun á
veces pasau de positivistas á parecer algo materialistas. Creo que
se ha dejado llevar mucho de las ideas del ministro francés
M. Duruy, algunas de las cuales han hecho fortuna por su mis-
ma extravagancia. Gomo este asunto más bien corresponde al
instituto de la Academia de Ciencias Morales y Políticas que al
nuestro de la Historia, poco será lo que me detenga en su exa-
men, reduciendo éste á pocas y ligeras ideas, pues tampoco la
Historia puede prescindir por completo de la Moral y la Política,
como no pueden estas prescindir á veces de lo que enseñan la ex-
periencia, el derecho y el elemento histórico.
En esta obra acerca de la instrucción nacional, el Sr. Da Costa
adolece de los defectos ya indicados en el otro libro que tiene por
objeto la popular. Para él todo lo antiguo en general es malo,
todo lo nuevo en general es bueno. Yo creo que antes había
maestros buenos y malos, así como ahora los hay malos y bue-
nos, apreciados y despreciables, famélicos y bien retribuidos.
El Sr. Da Costa no es partidario del Iberismo, y antes previe-
ne á los portugueses contra sus blandicias engannosas (pág. 28).
Pero ¿cómo se aviene esto con sus ideas cosmopolitas manifesta-
das pocas páginas antes (pág. 15) contra las fronteras y barreras
iüternacionales? Para lograr que se despedacen las fronteras de
los pueblos (así habla), el autor confía poco en las formas repu-
blicanas y en el sufragio universal. Oigámosle.
aA república ignorante proclamase, sí, uin dia; e morrc no día
122 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
¡seguinte. N5o é urna aurora, mas urna noite. Davos un Juárez
ou um López, sempre um despotismo de tyrannos ou de be-
Ihacos.» Muy bien dicho: estoy por esta vez con el Sr. Da Costa:
no saldremos de tiranos ó de bellacos. La maula será si alguno
reúne las dos cualidades.
¿Pero qué remedio nos propone para ello el Sr. Ministro por-
tugués? Oigámosle también, pues al fin es la síntesis de su libro,
el misterioso Abracadabra y la panacea universal, que andamos
buscando.
— «¿Queréis a liberdade consubstanciada no sangue nacional?»
¿Queréis, añade, una libertad que no dependa de fórmulas para
vivir, ni os recete fórmulas que os maten en vez de curaros? pues
bien, yo os la daré
¡IJniversalicade a inüruccáo!
Generalizad, difundid por todas partes, extended la instrucción.
Paréceme soberbia la receta. ¿ Cómo no, si toda mi vida he
sido profesor y fabricado ese específico en cuanto ha estado á mis
alcances? ¿Cómo no, si por años enteros he llevado al pecho,
como parte de la que se' llamaba en 1868 librea del profesorado
la medalla del Perfundet omnia luce^ con el sol mitológico, con el
Apolo rutilante de los poetas paganos?
Sólo me queda un escrúpulo, ligero como todos los escrúpulos,
y que no puedo menos de consignar aquí antes de concluir este
ya pesado informe. Porque á la verdad en las boticas existen
también muchas recetas eficaces, las cuales á pesar de su eficacia
eficacísima, si no curan, abrevian mucho los dolores de los pa-
cientes y á veces abrevian su agonía. Todos los tiranos antiguos
y modernos han sido gente instruida por lo común, á contar
desde Dionisio el de Siracusa hasta los más modernos. «Mas
ese título de tirano, á pesar de sus dulzuras pasajeras, tiene y ha
tenido siempre muchas quiebras;» y un tirano podría decir como
el loco de Cervantes para acreditar su talento: «¡Ustedes creen
que no hay más qw^ hinchar á iin puehlo!y>
Calomarde, por ejemplo, que fué citado por algunos años como
editor responsable de la -tiranía en nombre del orden, siquiera
DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHHE INSTHUCCKKN PLIJLICA. 1-^3
Otros después hayan perfeccionado la industria en nombre de la
libertad, Calomarde era hombre instruido, y tanto él como Ama-
ble Juárez," eran abogados, y por tanto tenían generalizada la
instrucción, pues no creo yo que el Sr. Da Costa pretenda quo
todos, hasta los labradores y zapateros, lleguen á ser abogados.
Es más, la sociedad de Amigos del País de Zaragoza premió una
memoria de Calomarde, sobre economía política, fuera ó no fuera
del todo suya. Pues bien, á pesar de su saber, fué tirano, segiín
dicen, y los primeros tiranizados por él fueron los literatos, pues
no hay gente más tiranizable ni más propensa á tiranizar que el
geyíns irritahile vaUím. Estudiad el desarrollo de las letras en el
Egipto, Grecia y Roma: los siglos de oro de su gran saber lo son
de todas las tiranías. El mismo Horacio adula á los tiranos de su
tiempo á copa por estrofa. ¿Cómo habrá, pues, quien trague ese
específico que no nos sirve á los mismos que lo tomamos en do-
sis alopáticas?
El Sr. Da Costa canta las glorias de Suiza y Prusia en materia
de instrucción primaria, y esto en los momentos en que el des-
potismo cesáreo y el despotismo democrático expulsan de sus te-
rritorios á corporaciones docentes, renovando las hazañas de
Pombal y Aranda, los unos en nombre del orden, los otros en
nombre de la libertad, los unos en nombre del César, los otros
en nombre del pueblo. Y mientras se habla de libertad de ense-
ñanza se cierran las escuelas católicas, se usurpa sus bienes y se
les obliga á los padres á que envien sus hijos á escuelas por ellos
aborrecidas, renovando las escenas feroces ya vistas en Irlan-
da en los pasados siglos. Esperemos un poco: esperemos dos,
cuatro años, á ver los frutos de esas dos distintas é iguales tira-
nías. ¿Qué son dos ni cuatro años en la vida de la humanidad?
No es la instrucción, no, por mucho que se generalice, la que
curará las llagas que corroen á nuestra civilización, hoy terrible-
mente amenazada y aun comprometida. La instrucción sin la
educación, sin la educación sobre todo religiosa y moral, escomo
esa quimera que se llama fe sin caridad, creencia sin obras bue-
nas, cabeza sin corazón, talento sin amor, talento frío, egoisla
calculador, avaro, como la ciencia del Yo, con la adoración de sí
mismo, con la Egolatría.
124 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Hace cien años, señores, que se habla mucho de letras y ape-
nas habla nadie de virtudes. Parece que, sin ser Catones ni Esci-
piones, estaraos diciendo con glacial sarcasmo ¡Vaniím virtutis
nomen! Se ha querido sublimar la ilustración y se ha matado la
instrucción.
f<Hoc fonte derivata clades
In patriam populumque fluxit.»
Nunca se pudo repetir mejor que ahora este manoseado apo-
tegma.
Con instrucción y sin educación sólida, que dé no solamente
savia sino verdaderos sabios y hombres de bien, el vir homis an-
tes que el dicendi peritus, tendréis... lo mismo con que antes os
amenazó el Sr. Da Costa, «sempre um despotismo de tyrannos
ou de velhacos».
La receta del Ministro portugués desleida en todo su libro de
la educación nacional, no nos librará de esa terrible epidemia.
Tal es mi opinión sobre esta materia, sintiendo de veras no po-
der convenir con la suya, ni ser más indulgente, ni transigir con
mi conciencia.
Madrid 3 de Noviembre de 1872.
Vigente de la Fuente.
VI.
TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS.
La Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de
Eviporion, por D. Joaquín Botel y Sisó, justamente premiada en
el concui'so de 1875 y publicada cuatro años después por nuestra
Real Academia, ofrece una. colección de 25 lápidas, cuya mayor
TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS. 125
parte di á conocer en la Revista Hispano-Americana (1), y de las
cuales, sin duda alguna, la que más interesa á la Historia es al
ara de Júpiter (2).
I • o • M
VEXILLATO
lEG • vil • & . F
SVB . CVRA
i V N I • VICTO
»'1S • D LEG • El
2iSD • OB • NA
TALEM' AQjyiLAE
J(ovi) o(ptimo) m(aximo) vexillatio leg(ionis) vn g(era¡nae) f(elicis) sub cura Juui
Victoris c(eiituriünis) leg(ionis) eiusdem ob natalem aquilae.
La fecha de la dedicación hecha por Junio Victor se concreta á
fines del siglo ii, en atención al carácter paleográfico de la le-
yenda y cá la circunstancia de no tomar la legión el sobrenombre
de Pia, que le fué otorgada por el emperador Aurelio Cómodo.
Al otro extremo de la España tarraconense^ en San Cristóbal de
Castro, provincia de Lugo, otro destacamento de la legión vii
gemina felix, erigía en la propia época y por igual motivo «ob
natalem aquilaen cinco aras (3) del mismo género. Sabido es que
el águila legionaria era venerada como numen divino. Simboli-
zaba el Genio militar de Roma, Jovis armiger ales.
Con la conquista del Egipto y de todo el Oriente el sincretismo
religioso tuvo abierta la puerta, si no para trastornar, al menos
para trastrocar la faz del panteón romano. Júpiter recibe en Va-
lencia (3729) el nombre de Amon, y en mil parajes el de Sé-
rapis. Una inscripción de Beja (46) se consagró á Serapi pantheo;
y en otra de Astorga, cuyo diseño publiqué (4), suena ztüs 2£>»7n5.
(1) Año 1871, núm. xn; en el artículo tiiulado Inscripciones inéditas de Ampurias.
(2) Hübner la reprodujo en la Epheineris epigraphica, tomo ii, pág. 4S; Berlín, 1872.
(3) Hübn. 2552-2556, Las tres primeras están fechadas respectivamente en loa años
163, 167 y 184; y en días distintos (10 Junio, 15 Octubre) las dos primeras.
(4) En la Revista madrileña La Academia, tomo ii, pá¿-. 3C6; año 1877.
luscripcióu de Sérapis en Ampurias (laiiiaúü natural,.
TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS. 1^7
No se libró de ese movimiento Ampurias. En las iumediacio-
nes del ex-convento de Nuestra Señora de Gracia (1) y á pocos
pasos del lienzo de muralla ibérica, que subsiste aún como el
mejor comentario á la descripción que hace Pliuio de la estruc-
tura de tapial, ó formácea [2], encontró, no ha mucho, nuestro an-
tiguo correspondiente D. Joaquín Pujol y Santo, ese fragmento
de inscripción marmórea, que tenéis á la vista y nos envía como
dádiva, por cierto muy generosa:
seraví • aEDEM
serftYiA'PORTICVS
c/yMEN! • F
IVS
Serapi aedem sedilia porticus Clymeni f(ieri) ius(sit).
Á Sérapis mandó Clímeue que se le labrase este santuario con sus ¿gradas y pór-
ticos.
La tabla es de mármol blanco, oscurecido por las huellas de
diez y siete siglos, rota en sus bordes inferior é izquierdo. Mide
5 centímetros de profundidad por 13 de latitud y 11 de alto.
Para restituir á la inscripción el nombre de la persona que
mandó construir el templo, hay que buscar con un compás sobre
el eje de la línea tercera un principio simétrico ásu remate. Este
nombre era griego; y no debía prolongarse más que el de Clij-
mene, que se lee en una inscripción (1996) de Adra. Estaba en
nominativo; y de consiguiente sale escrito como se pronunciaba
KAuu.c'vn : ejemplo de iotacismo que se manifiesta igualmente en
la inscripción de Voconia <iProculi et Clymenis liberta,» hallada
en Gandía (3605). Para restaurar la línea segunda me sirve, en-
tre otros epígrafes, uno muy precioso de Vich (4618); y final-
di Véase el plano de las ruinas de la ciudad eu la mencionada obra del Sr. BoteU
pág. 29.
(2) ftQuid? non in África Hispaniaque ex térra parietes, quos appellant formii-
ceós, quoniam in forma, circumdatis utrinque duabus tabulis, inferciuntur veriu»
quam instruuntur, aevis durant, incorrupti irabribus, ventis, ignibus, omaique cae-
mento firmiores? Spectat etiam nunc speculas Hannibalis Hispania,terrenasque turres
jugis montium impositas.v xxxv, tí.
1-28 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
mente, para no dar paso preferente al genitivo Asclepi en concu-
rrencia con el dativo Serapi, atiendo al buen gusto y giro ele-
gante que toda la inscripción manifiesta.
Por ventura con este fragmento compaginaba otro, extraviado
hace largo tiempo. Fué recogido en el mismo lugar por el padre
Fr. Manuel Romeu, quien regaló el original á D. Mariano Pou,
de Mataró, y puso en manos del P. Villanueva una copia tan in-
fiel como desdichada, que decía (i):
PORCIA • ME • FECIT
SEVERA • GERVNDENSIS • REFECIT
A • VI • A • IX
La primera línea trae suplementos impropios del estilo lapida-
rio. Menos inexacto el P. Rius, teniendo probablemente á la vista
el original (2), estampó:
PORCIA • M • F • SEVERA
GERVNDENSIS • REFECIT • A • IX
Suprime tres letras del remate, que pudieron quizá gastarse
en la piedra que las contenía. Y no es extraño; toda vez que el
traslado hecho por mano del P. Rius, en Mataró, fué muy poste-
rior al del P. Romeu, en Ampurias. Tampoco el número de las
líneas coincide en ambas copias, ni el de las palabras en cada lí-
nea. Si después de refecit, como en otras inscripciones de la
misma índole, leyéremos a • fvndamentis, fácilmente se ex-
plican las variantes dichas anteriormente. Así que, la restitución
más plausible, me parece ha de ser
PORCIA • M • F • SEVERA
GERVNDENSIS • REFECIT
A • /VNC?AMen¿iS
Porcia Severa, hija de Marco, natural de Gerona, lo rehizo desde los fundamentos.
(1) Villanueva, Viaje epigráfico, xv, 2{».
(2) llübner, IGáG.
TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPI'RIAS. 129
Si es dable conjeturar la destinación que tuvo este edificio, no
es para olvidado el epígrafe, descubierto en paraje no muy dis-
tante de Ampurias, que ahora se conserva en el Musco provin-
cial de Gerona. Hallóse en Caldas de Malavella (Aquis Voconh
del itinerario de Antonino), y lo saqué á luz por Enero de 1872
en la Ilustración Hispano- Americana. Dice así:
A p o L L I N I
A V & . H o
N o R I • M E M
O R I A E Q^V E • L •
AEMILI • L • FIL •
QJVIR . CE latí
A N I • PORCIA
FESTA • FILIÍWI
K A R I S S I M I
L • D • D • D
Al augusto Apolo, para honor y memoria de fu hijo queridísimo Lucio Emilio
Celaciano, hijo de Lucio, de la tribu Quirina, su madre Porcia Festa lo mandó
construir. T.up-nr dado por decreto de los Decuriones.
Gomo esta se han visto en Tarragona é Isona (4080, 4081 , 4087,
4458) lápidas de templetes, erigidos por padres y esposos in-
consolables, en memoria y honor de Manes queridos: á Isis, por
Sempronia Lijnis; á Juno, por Gecilio Epitínjano; á Neptuno,
por Emilia Ninfódote; y á la Luna augusta (Diana), por Lucio
Emilio Materno y por Fabia Fusca. También se hallan en la Lu-
sitania, como el dedicado á Sérapis en Beja por Stelina Frisca,
de cuya lápida (46) hice arriba mención. No creo tuviese otro
destino el de Sérapis, en Ampurias, que mandó hacer Glímene,
y quizá rehacer Porcia Severa.
Madrid, 19 de Enero, 1883.
Fidel Fita.
Í3ÍI BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
VIL
LÁPIDAS ROMANAS, DESCUBIERTAS EN LOS VALLES DE SAN MILLÁN
Y DE ARAN.
Gampliendo con el encargo que me ha hecho nuestro dignísi-
mo Sr. Director;, emitiré breve informe sobre el libro escrito y
publicado recientemente por el sabio P. Minguella (1).
La obra tiene por objeto, como lo anuncia su portada, discutir
las cuestiones históricas que se refieren á la patria, estado y vida
de San Millán. Fina crítica, erudición selecta, buena fe de áni-
mo imparcial, claridad y amenidad de estilo, son dotes aprecia-
bles que acompañan á la principal del autor, esto es, su talento
de penetración y de análisis, acudiendo á las fuentes. Ha res-
tituido al texto de la vida de San Millán, escrita por San Braulio,
aquella precisión bella y pura que dan los códices más anti-
guos. Al exponer, discutir y combatir en todo el cuerpo de la
obra las opiniones respetabilísimas de un muy docto compañero
nuestro, lo hace el P. Minguella con sobriedad y modestia; y
puesto caso que el Sr. La Fuente nos anunció, que iba con este
motivo á responder en público (2), séame lícito aguardar que de
tan rico manantial brote espléndida la luz, que no debo prevenir,
y mucho menos prejuzgar, con mi somero dictamen.
Todavía en cuestión que, á la sustancial del libro afecta muy
poco, mas que os parecerá, si mal no veo, muy digna de vuestra
atención benévola, no dejaré de hablaros de dos lápidas ro-
manas, inéditas, halladas en el valle de San Millán, cuyas copias,
en tamaño natural, me ha franqueado el P. Minguella, con los
datos que hacen al caso, para que no se le crea por sola su pala-
bra. La comunicación que me ha dirigido y firmado, dice así :
(1) Estudios histórico-religiosos acerca de la patria^ estado y vida de San Millán,
por Fr. Toribio MinRuella, de la Merced, agustino recoleto de las misiones de Fili-
pinas. Mailrid, imprenta de A. Pérez Dubrull, 1883. Un tomo de 280 pégs. en S."
('¿) Asi lo hn lipfho. Véase Ifl pág. G en el tomo presente del Bot.KTÍN.
LÁPIDAS HUMANAS. ) ¡)
"Por los años 1«48 al 52, estando aiaiido .luán Gañas, vcriiio
de San Andrés, en una finca de su propiedad, notó (juc la roja
del arado había tropezado en una piedra; y en deseos que no If
volviese ;í suceder, tomó el azadón y se puso á sacarla. Induda-
blemente la hubiera abandonado por crecida y costosa de extraer,
á no haber notado en su parte superior una circunferencia per-
fectamente labrada en forma de cordoncillo, que encerraba un
círculo, como dispuesto á sostener una columna. De pronto la
curiosidad, y después, vista su forma, la idea de que pudiei-a
servirle como sostén de un pié derecho de fábrica, le animaron á
terminar su obra, que dio por resultado una piedra como hasta
seis pies de altura, perfectamente labrada, con zócalo y cornisa,
y entre ambos una inscripción, que entonces, á pesar de hallarse
completas en sus letras y forma de estas, nadie se cuidó de tra-
ducir; pero ni aun de conservar. Esta piedra, aunque por de fuera
parece ser de las siliceo-molares, según el aspecto que presenta,
es de las que en el país llaman simplemente arenosas. El término
donde se encontró se denomina San Cristóhaly en una especie de
cañada que baja desde el monte Castillo hacia el río Cárd-enas,
como á 2 kilómetros Sur de Bercéo y Sudeste de San Millán y
1 kilómetro Sudeste de Estollo; siendo de advertir que, el monte
dicho, parece tomar su nombre de un castillo antiguo, cuyos fo-
sos aún se conocen; en donde varias yeces han encontrado sa-
bles cortos y corvos; especie de cimitarras, y herraduras de ta-
maño más que regular.
Por los mismos años un boyero, llamado Gregorio Matute,
hizo unas excavaciones en un término llamado Socastillo, al Sur
de una gran roca de piedra caliza, á cuyo pié, por la parte Norte,
se halla el Barranco de los Moros. En dichas excavaciones en-
contró gran cantidad de ladrillos y la piedra que se halla en Es-
tollo, en casa de Clemente Urcey, de la misma clase que la ante-
riormente mencionada. El término de Socastillo se encuentra al
Sudoeste de Bercéo, unos 4 kilómetros, y otros 4 al Sur de San
Millán.»
Estos datos son importantes. El monte Caslillo con su término
de San Cristóbal, donde apareció su primera lápida, lo mismo que
San Cristóbal de Castro cerca del Miño, pudo contener un cabtro
132 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
romano. Cieiiamcntc hay que buscar por aquella parto la inscrip-
ción (Hübner, 2901), hoy perdida, cuya copia hizo Basiano á me-
diados del siglo XVI, y que describió como situada «en San Millán
de la Gogolla, dos leguas de Náxera, á la subida del monte, que
los antiguos llaman Jubeda, en un valle apacible. »
D'M'S
AVRO CAPITÓN
M 1 L í> L 1 1 & • V II • & • F
ORESTITVTI ^^^°
R. XXVIII
LVSiIa'HER'FA'CVR
D(is) M(anibus) s(acrum). Aur[elio) Capiton(i)miI(iti)leg¡ionis) vii g(em¡nae) f(eliciB)
[j] Restituti anno(rum) xxviii. Luseia her(es) fa(ciendum)cur(avit).
Consagrado á los dioses Manes. A la memoria de Aurelio Capitón, de 28 años de edad
soldado de la legión vii gemina feliz, de la centuria de Restituto. Luseya, su heredera
lo mandó hacer.
El epígrafe es anterior al siglo in y posterior al regreso pri-
mero de la legión á España, acontecido en el año 70 del primer
siglo. Al indicio de antigüedad, suministrado por el hecho de no
llamarse aún pia la legión, se añade el de la forma ii que toma
la E, como en varias lápidas de Talavera (1).
A la misma época pertenecen las dos inscripciones romanas,
inéditas, del valle de San Millán, de que arriba llevo apuntado el
mérito. Las copias que me ha facilitado el P. Minguella se han
hecho, no ha muchos días, siguiendo con lápiz los huecos de las
letras en las piedras originales. Su forma es la del primer ó se-
gundo siglo.
1. — Lápida del monte Castillo, conservada en el pueblo de San
Andrés; y en un corral de la casa, propia de D. Cándido Cañas,
á la entrada del pueblo que mira hacia San Millán. Mide la cara
del epígrafe unos 24 centímetros en cuadro.
(l) Boletín di. la iikal acadlmia de la uistouia, tomo ii, pág. 284.
LÁPIDAS ROMANAS. l;j;}
DERCETIO
C...A... S.O-
M S
S AC
M
Dercetio, tiene, sin duda, relación con el del monte Dircecin,
conocido por la biografía de San Millán ( 1 ) .
Desgraciadamente las cuatro líneas siguientes resultan en ].i
copia tan incompletas é inseguVas, que sin un buen calco, ó foto-
grafía, que me ha prometido el P. Minguella, no acierto á tan-
tear la restauración, ni me resuelvo á decidir si fue ara sepulcral
ó votiva. Acerca del vocablo indubitable, Dercetio, que la inscrip-
ción guarda intacta, solo me cumple hacer observar que en toda
la comarca septentrional de nuestra Península son muy comunes
los nombres de persona y divinidades tomados de los geográficos.
Asi en Elizmendi vemos el epitafio de Cantaber (2953), y en Ale-
gría de la sierra de Toleña el ara que Sempronio Severo dedicó
al dios Tullonio (2939). La penúltima línea cerrada por ag y la
iiltima terminada en m, tanto se acomodan á la formula sepulcral
fKG(iendum) ciirfavitj ex testaufento), como á la votiva prosalute
sua AC suorum omniíiM.
2. — Hallada en Socastillo. Poséela en su casa de EstoUo,
calle de la Solana, núm. 101, D. Clemente Urcey. Mide 48 por 60
centímetros y está coronada por dos dobles círculos, tocándose
los de mayor diámetro en el eje vertical y céntrico de la piedra.
La inscripción es del primer siglo; y ha perdido algo, que el sen-
tido cabal exige, y que restituyo por vía de conjetura. Carece de
puntos y de separación de palabras. Es geográfica.
(V) Párrafo iv. El P. Minguella en su obra (pág. 223), valiéndose del códice Escu-
rialense del siglo x y del Emilianense del siglo xii ha restituido en este punto al texto
Brauliano su pureza, eliminando la falsa lección Distertii vulgarmente admitida. La
cual aparece en un diploma de Alfonso VI (Yepes, 25), fechado en 1092, que pone
el santuario de la Virgen de Valvanera «¿« inontem qui vocatur Distercii.»
134 boletín de la real academia de la historia.
secontivs
OBlONESISAAl
bati. f. ann..,.
h. s. e. s. t. t. I
Secontius Obionesis Ambati f(Uius) ann(orum)...; h(i3) s(itus) e[st); s(it) t(ibi) tier-
ra) l(evis).
Seconcio Obionense, hijo de Ambato, de edad de (?) años yace aquí. Séate la tie-
rra liíjera.
El uoiiibrc del diiuutu sale y se repite en diferentes lápidas de
la comarca riojana (Hübiier 818, 2942, 2946, 2956). Conlirma,
como geográfico aplicado á persona, lo que llevo sentado al tra-
tar de averiguar la significación de Dercetio. Más nos importa,
por indicar una localidad (Baños de Tohia?) hasta hoy descono-
cida en el mapa romano de la región del Ebro, el étnico Obionesis,
con desinencia propia del habla celto-hispana, como Cauriesis
(168),Saldaniesis (2670).
Y á la verdad, ninguna de las lápidas encontradas en el valle
de San Millán descubre indicios indubitables de la lengua eus-
kara, ó del vascuence; pero su corto número no debe constituir
una base ó argumento exclusivo en este concepto. Ya fuese celti-
bérico el territorio, ya de los Berones, gente céltica, según Es-
trabón (1), como sus vecinos los Cántabros, poco distaba del valle
de San Millán la Euskalerria, propiamente dicha, comprensiva
de Várdulos y Vascones. En el riñon de la Beronia, y en una
colina cerca de Herramélluri , nuestro doctísimo compañero el
Sr. Saavedra, guiado por el compás de las medidas itinerarias
ha fijado la situación de la antigua Libia, hoy Leiba, ú 'oxípa.
de Ptolomeo. Pues bien, Herramélluri es nombre puramente
vascongado, y significa «tierra yerma ó de páramo.»
Al otro extremo de la Vasconia primitiva y en su línea meri-
dional, sobre la cordillera pirenaica se tiende el valle de Aran,
en que nace y corre el Garona, que al decir de Estrabón, fué,
(1) « Kavrá^poís cpiOfo.^ Toís KoviVko/s , xaí cívtoi tou KíXtihov (TtÓXou
yíyovoTíc,,... (j\jví')(/i<; í'íiVi toÍ; BapS'üiíraís, ous oi vuv Bap^üXofS y.aKov<yiy.y>
¡II, 4, 12.
LAPIDAS RONfANAS. í;^-,
como el Ródano, linde de Iberia. Allí también, las inscripciones
romanas comienzan á derramar viva luz sobre la religión y ar-
cano idioma del pueblo vascongado. Conocíanse las lápidas vo-
tivas al dios Lex (Lexi deoj, halladas en la villa de Lez, famosa
por sus baños termales y última de las del valle de Aran, que
atraviesa el Garona. Creo que Lez no es numen distinto por su
significado del que presidió á las no menos famosas y cercanas ter-
mas de Luchon , y en sus aras votivas toma el nombre de Lixo 6
Ilixo; y tengo para mí que la raíz del vocablo es la céltica leski,
(quemar, abrasar) que apunté (!) como propia del nombre de
otras fuentes termales, divinizadas, en Brozas de Extremadura y
en Castro Caldelas, provincia de Orense. El elemento romano
puro se ostenta dentro del valle de Aran, en la inscripción votiva
del pueblo de Gesa :
L . POM
P A V L I N 1 A
NVS • V • S • L • M
La descubrió por Diciembre del año pasado, y acaba de publi-
carla mi docto amigo M. Maurice Gourdon ; quien además de
enviarme su noticia impresa (2), ha tenido la bondad de remi-
tirme por medio de D. Ramón Arabia y Solanas, presidente de
la Associació d'excursions catalana . la fotografía de otro mármol
insigne que halló en la iglesia del pueblo de Escuñau. Por des-
gracia no está completa la inscripción, como lo hace ver la rotui-a
de la piedra; bien que sus dos palabras
ILVRBERRiXO
A NDE R EX C
compensan asaz ese defecto, por ser enteramente vascongadas.
La segunda es nombre de mujer, derivado, de Ajidere (señora
(1) Restos de la declinación céltica y celtibérica en algunas lápidas espaTioJas. Madrid.
1878; pág. 12-15.
(•2) Note snr deux inscñptions inédites dn val d'A ran: sin pié de imprenta.
1.% BOLETÍX DF, LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
ama de casa), conforme lo ha demostrado M. Luchaire (I), va-
liéndose de otras inscripciones romanas y de códices qne ha
compulsado y sabiamente expuesto, procedentes del territorio
que fué dominio del vascuence, al uno y al otro lado del Pirineo.
Yo sólo añadiré á las observaciones de autor tan ilustre, la de
que el vocablo v Andrea (domina)» se halla registrado por el glo-
sario del vascuence escrito en la primera mitad del siglo xii y en
el libro final del códice Calixlino (2). En cnanto á la primera pa-
labra del epígrafe llnrhprrixo que al parecer concierta con la se-
gunda, tiene íisonomía vascongada lan evidente como la de IlihC'
rri (villa nueva), del cual Jhirherri me parece sinónimo. La raíz
llttr con significación de ciudad ó villa, se deslaca innegable en
lluro (Oleron) y en otras varias homónimas de la antigua Es-
paña; así como en Ilurre, llnrdoz de Navarra, ó Ilnrmendieta de
Guipúzcoa. Ni hay que extrañarse de ver que en el valle de Aran
• nos viene saliendo al paso el nombre de una persona, ó tal vez
divinidad, sacado de otro geográfico; pues eso mismo hemos visto
en el valle de San Millán hablando de la inscripción de Dercetio.
Madrid, 1." de Junio 1^83.
Fidel Fita.
(1) Eludes sur les idionics Pyrénéens de la Tcgion Francaise, Paris 1879; pég. 53, 89.—
Hevue de Lingrdstique ef de P?iilologie comparc'e, Paris, 1881; pág-. 150, ICO.
(2) Publiqué su grabado ó interpretación en la Revuede Lingvistiíjveetde Philologie.
Paria 1882; pág. ic.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORLV,
TOMO iir. Setiembre, 1883. cuaderno iii.
NOTICIAS.
El quinto Congreso internacional de americanistas, al que
han asistido en representación de nuestra Academia los Señores
Fabió y Rada, se inauguró en Copenhague, como estaba anua-
-ciado, el martes 21 de Agosto último á la una de la tarde, en pre-
sencia del Rey y de la familia real de Dinamarca. El Señor
Worsaae, Chambelán de Su Majestad, abrió, el Congreso dedi-
<iando nobles y galanas frases á las tareas iniciadas y llevadas ;í
cabo por el de Madrid, y encareciendo la parte que corresponde-
á la patria de Nordenskiold en el primer descubrimiento y ve-
tusta civilización del suelo americano. La Groenlandia — dijo, —
poblada de escandinavos en 98G, es el más bello florón de la Co-
rona dinamarquesa. Acto continuo subió íi la tribuna el Señor
Fabié. Hízose intérprete de la profunda gratitud que inspiraba á
todos los extranjeros de ambos mundos allí reunidos, la cordial
acogida y la generosa munificencia del pueblo y del Gobierno
dinamarqués y del excelso Cristian IX que, como Alfonso XII.
tiene á gloria el cultivar y proteger con toda eficacia este linaje
de esludios. Los discursos de M. Bamps, comisionado del Go-
bierno belga, y de M. L. Adam, ilustre sabio francés, cerraron
dignamente la sesión regia.
Presidió la primera científica el Sr. Rada; y la segunda el Se-
ñor Fabié. En ésta, M. Beauvois desarrolló con- nuevos datos sus
favoritos estudios sobre el cristianismo, llevado á la América por
los misioneros irlandeses de lengua gaül, desde el siglo ix. Su
Trwrn itt ^"
138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4 DE LA HIST0RL4..
tema dio lugar á discusión, en que tomaron parte los Sres. Bamps^
Vinson y Fabié, sobre el signo de la cruz rodante ó svástika, que
no es ciertamente emblema característico de la religión cristiana,
sino muy conocido y usado en las regiones boreales de Europa,
antes de que se convirtiesen á Cristo. En aquella, ó en la presi-
dida por el Sr. Rada, leyó el Sr. Herrera nutrida Memoria, dando
cuenta de la del Sr. Fernández Duro, acerca de los primeros via-
jes de Colón, que fué vivamente aplaudida (1). También usaron
la palabra los Sres. Lütken, Reiss, Thomsen y Steenstrup, ilus-
trando la arqueología histórica y prehistórica de las Pampas,
Brasil, Virginia, Tierra del Labrador, Nueva Escocia y Groen-
landia.
Las discusiones suscitadas en los dias 23 y 24 de Agosto, últi-
mos del Congreso, no excitaron menos interés. Tal fué, por
ejemplo, la que entabló el Sr. Barón de Baye, sobro los hechos
de trepanación observados en las estaciones de la edad de la pie-
dra, tanto en el antiguo como en el nuevo mundo. Acaso estos-
hechos, andando el tiempo, arrojen gran luz sobre el rito, ex-
traño por todo extremo, que nuestro docto correspondiente Don
Román Andrés de la Pastora, ha notado en el cementerio anti-
quísimo de Pedregal (partido de Molina de Aragón), y en otros
parajes del centro y sur de España. El Sr. Vera, discurrió sobre-
las variaciones ocurridas en la Geografía física del continente
americano, desde la época del descubrimiento hasta nuestros
dias; y, además, sobre las materias colorantes empleadas por los
indios americanos. El Sr. Fabié trató de los reinos de Gibóla,
(^)uivira y Teguayo, con ocasión de presentar la erudita obra del
Sr. Fernández Duro, relativa á D. Diego de Peñalosa. Final-
mente, el Sr. Rada, pronunció dos discursos que, atendida su
importancia excepcional, reproducimos al pié de este número del
Boletín en la sección de Variedades.
(1) Se anunció en la página 5 del tomo presente del Boletín.
INFORMES.
ALTABISKARCO CANTUA.
Tributando á la poesía vascongada la brillante consideración
y el puesto de honor que le corresponde, los elocuentes Discursos
leidos ante la Real Academia Española en la recepción pública
del Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer, el domingo '25 de Febrero
de 1883, han tocado una cuestión histórica de interés muy vivo.
í]l gran poeta é historiador de Cataluña la plantea, mas no la re-
suelve, atento, á lo que parece, á descargar su plan literario de
arideces críticas que poco montan para juzgar de lo bello. «Xo
lilasona, dice (pág. G.), de remota antigüedad la poesía euskara:
moderna es, de nuestros dias; pero sus poetas están cortados á la
antigua; nacen formados y adultos, con los bríos mismos y des-
fogues que pudieron tener los autores de aquel famoso Canto de
Altabiscar^ que podrá ser más ó menos antiguo, lo cual no es
])ara debatir en este instante; pero que, más antiguo ó más mo-
derno, es un monumento de gloria, con sobra de esta, para enri-
quecer á toda una serie de generaciones literarias.» Y en las
notas, que cierran el discurso, donde el texto del Altábiskarco
cantad sale avalorado con la preciosa traducción castellana, hecha
l)or D. José Manterola (1), habíanos de nuevo el Sr. Balaguer de
(1) Autor de la obra El cancionero xasco y director de la excelente RevisU La Eiis-
halerria, que contribuye eficazmente á desarrollar los verdaderos gérmenes y adelan-
tos de la literatura vascongada.
140 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
ese amoiiumentalé imperecedero Ca.nto de Altahiscar, sobre cuya
antigüedad más ó menos remota, aún no se ha dicho la úUinia
palabra.»
Para bien juzgar de la cuestión, expondré ante todas cosas su
marcha histórica.
El Canto de Altabiscar salió al público por primera vez en
1834, dentro dO un largo artículo que su autor M. Garay de
Monglave, fundador y secretario perpetuo de L'Institut Historique,
compuso y estampó en el Journal (tomo i, año i) de dicho insti-
tuto histórico ó asociación literaria. Después de trazar á grandes
rasgos el cuadro de la importancia del vascuence por razón de su
antigüedad, belleza eufónica y estructura gramatical (páginas
174-176), introduce y expone la cuestión en los siguientes tér-
minos (1):
Pág. 17G, lín. 2. — ttParmi les poésies, qui se sont ainsi con-
servées de génération en génération, on cite un poeme assez
étendu sur la religión des cantabres, des chants guerriers et allé-
goriques, quelques chansonnettes inférieures peut-etreen naivé-
té á celle de Métastase, et de romances populaires qui datent,
d'aprí'S M. Humboldt, de l'invasion des Romains, et qui ne sont
pas inférieures aux plus beaux chants nationaux des Grecs mo-
dernes. Yiendra peut-étre un MacPherson qui les recucillera. Le
souvenir des preux de Ghaiiemagne est présent a l'imagination
des bergers pyrénéens : toutes les ballades du pays sont em-
preintes de leurs vaillants exploits: on montre ici au voyageur
les jardius enchantés d'Armide, la plus de vingt rochers que le
fabuleux lloland a fendus de sa Durandal; et pourtant personne
dans CCS vallées n'a lu ni le faux archevCNjue Turpin, ni Boyar-
do, ni Arioste dont on ignore mrme les noms.
Parini ees romances chevaleresques des Escualdiinac, une des
plus connucs est celle qui a pour titre le chant d'Altabicar, Alta-
bicaren cantua. G'est la fameuse bataille de Roncevaux, racontée
par les descendants des vainqueurs. Tout le monde sait que
(1) Los extractos del .rticuloque traslado, me han sido facilitados por M. Julián
Vinson, profesor eu Paris de la escuela de lenguas orientales y correspondiente extran-
jero de nuestra Real Academia.
ALTABISKAllCO CANTUÁ. |4|
C'narlemagne étant alié par dola les Navarrais (on ignore si
c'était pour les Mores, ou pour les Ghrc(iens) rentrait vainqucm-
011 P>ance, lorsquc les Sarrazins seloa les uns, les Escucdíhmac
ou les Vascons selon les autres, ct peut-rtrc les troís peuples á la
{'oís, passórent au sommct des moat¿ignes, firent rouler sur les
troupes des fragmcuts de rochcrs, obscurcirent l'air de leurs (lo-
ches, et malgré les prouesses des Paladins, mirent de toufes
parts les Francs en dósordre et en fircnt un ópouvanlable car-
nage.
Ge chaut comme tout ce qul n'est pas écrit, a sans doule chan-
gó enpassant de bouche en bouche, et je Tai retrouvó avec de
nombreuses variantes sur plusieurs points des deux vcrsants.
lia des rédacteurs du Díctionnaire de la Gonversation ct de la
Lectura, M. G. OUivier, en parle dans un articlo fort curieux sur
les chants populaires de différents peuples (tome mii, pag. 25).
Malheureusement il paraít u'avoir connuc que la fin des troisié-
me et septieme versets, c'cst-a-dire les noms de nombre declines
depuis un jusqu'á vingt, ct puis en sens inverse. Gherchant quel
scns caché pouvait couver sous ce titre bizarre, il y a vu, dit-il
les Escualdunacs (qu'il nomme a tort Vascons) designan t par leur
simple dénomination numérique les dures années de Téxil et ap-
pelant ensuite une á une par une sorte de progression (sic) dé-
croissaute, celle de la vengeance; chant cabalistique, ajoutait-il
qui n'est pkis maintenant qu'une musique denuée de signifi-
ca tion.»
Pág. 177. — «Si M. Ollivier eut connu la romance cntiore il nc
serait pas tombé dans cette spirituelle errour: tout s'explique na-
turellement des qu'on rétablit les huit versets. La progression as-
cendante, c'est la marche d'une armée qui s'avance; la progres-
sion descendante, c'est la fuite de cette armée vaincue.
J'ai vu autrefois une copie du chant d'Altabicar chez le Gomtc
Garat, ancien ministre, anclen sénateur et membre de l'Institut
do France, un des philosophes les plus célebres de notre pays,
nn des hommes dont le talent honore le plus les Esciialdunac ses
compatriotas. II la tenait du famcux la Tour d'Auvergnc, le pre-
mier grenadier de France, lequei pendan t les guerres de la Ré-
publique, se délassait de ses fatigues en travaillant á un glossairo
142 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOllIA.
en quarante-ciiiq laiigues. La Tour d'Auvergue avait étú chargó
de traiter de la capitulation de Saint-Sébastien, le 5 aout 1794;
et c'etait au prieur d'un de ees couvents de la ville qu'il étail re-
devable de ce précieux document, écrit en deux colonnes surpar-
chemin, et dont les caracteres peuvent remonter a la ñn du dou-
ziéme ou au commencement du treizieme siecle, date évidem-
meut poslérieure de beaucoup a celle de ce chaul populaire.
Le texte qui je donne ici n'est pas exactement le meme que
celui qu'on a dú trouver dans les papiers de M. le Gomte Garat.
II se compose du rapprochement des diverses variantes que j"ai
pu recueillir. Ges différences sont, au reste, purement gramma-
ticales: elles u'affectent en rien le sens des mots ni des phrases.
Puisse cette exhumation nouvelle ne pas déplaire aux lecteurs
du Journal de l'Institut Historique!
Pág. 175-176, — En notas. — «Mots et étymologies': ees notes
nous ont été communiquées par M. Duhaldc, jeune philologue
Escualdunac, aussi modeste que savant. Nous lui devons en
grande partie , le rapprochement des diverses variantes du texte
du Ghaut d'Altahizar.i^
El Dictionnaire Universel des Contemporains (par G. Vaque-
rean, París, 1861), nos da el siguiente informe sobre M. dv
Monglave :
«MoxGLAVE ( Francois-Eugene Garay, dit de) littérateur Fran-
cois ué á Bayonne, 5 Mars, 1796. — il se jeta dans la petite
presse, fonda en 1823 le Diahle Boiteux, journal qu'il íit revivre
■en 1832 et enl857, et fit par ses articles et par ses livres une
guerre continuelle á la Restauratiou. II fut obligó de se cacher
sous divers pseudouymes En 1833, il fonda Tlnstitut histori-
que, société dont la cróalion fut autorisée l'année suivante, et en
fut élu le Secrétaire perpctuel.»
No se requiere mucha perspicacia para demostrar que las ideas,
expuestas por M. Monglave en los extractos que he recogido,
adolecen de inexactitud y de escasa atención á la verdad de los
hechos. Ni negaré que «íe souvenir des preux de Charlemagne est
2)résent á l'imaginalion des hergers Pyrénéensy>\ pero es falso que
i toldes les hallades áu pays sont empreintes de leurs vaillants ex-
ploits.i) Ni una siquiera de las baladas víiscongadas , que han lie-
ALTABISKARCO CANTCÁ. l'i.'";
gado á mi conocimiento , versa sobre Carlomagno y sus doce
Pares. Por lo tocante á los veinte y pico de urochers que le falu-
leux Roland a fendus de sa Diwandal» ^ casi todos son puro i)arto
de la imaginación de M. Monglave. La Brcdie de Roland encima
de Gavarnie en el departamento de los Altos Pirineos está fuera
del país vascongado. El nombre Pas de Roland cerca de Gambo
no cuenta mucho más de un siglo de antigüedad ; anteriormente,
el desfiladero se liabia llamado siempre en vascuence (1) Atheca-
gaüz (puerta mala). Mayores recuerdos de Roldan aw la nomen-
clatura del país vascongado y aledaños no sé que existan. Es ver-
dad que el país conserva la memoria de Carlomagno y de sus
Pares; el conductor vascongado , que me guió desde los Alduides
á Pioncesvalles, me contó la historia de Rolando que anda por
allí conocida; mas no es la del Canto de Altabiscar, sino la del
romance popular, atribuido al falso Turpin , que á principios del
siglo XIII fué justamente censurado de apócrifo por un ingenio
ilustre de Navarra (2). La indignación de mi guía se desbordaba
contra el traidor Canelón, de quien el Canto de Altabiscar nada
recuerda. Buen golpe de las Pastorales ó Tragedles, que todavía
salen á la escena en el territorio de La Soule, y suelen ser las
más agradables al público, brotan de la leyenda Carlovingia, y
so titulan Charlemagne; Roland; Les Douze Pairs de France; Les
qiiatre fils Aymon; Richard sans Peur, Duc deNormandie; etc.
De estos dramas he visto representados Richard sans Peur , Duc
de Normandie en Larrau (24 Junio 1864), y Les quatre Fils Ay-
mon en Tardetz (19 Abril 1879 ). No están basados en tradiciones
privativas y propias del pueblo vasco ; antes bien por poco que se
examinasen, descubrirían su asiento reciente. Se han sacado y se
toman de los Livres ¡wpulaires de colportage que en los mercados
y ferias de aldeas y villas distribuyen y expenden los buhoneros
(1) El tipo original de «Les échos ñu Pas de Roland por J. B. Dasconaguerre (Bayona,
1868)», así como el de los «Atheka-Gaitzeko oiharttunak (Bayona, 1870)», se escribió en
francés, y no en vascuence. El autor mismo en persona me lo atestiguó positivamente.
(2) Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, De rebus fíispaniie, libro iv,
capítulos 10 y IL. El calificativo «histrioHt'.m fahuUe», de que se vale D. Rodrigo, me
hace abrazar la idea del P. Fita, esto es, que las pastorales tuvieron un dechado anti-
quísimo, que, sin embargo, no ha ejercido influjo inmediato en ellas.
144 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORL\.
con SUS agujas por toda Francia. El autor de la Pastoral Les^
quatre fus Aijmon, conviene á saber el Sieur Fierre Irigarez, de
Laguinge, me mostró en Junio de 1875 el libro , de que se valió
para componerla , titulado vHistoire des Quatre Fus Aymon, tres-
nobles , tres-hardis , et tres-vaillants chevaliers. Nouvelle édition
ornee de huit gravures, a Epinal, chez Pellerin, imprimeur-
libraire. Sin data, en 4." á dos columnas, 9G páginas.)) Ante mis
ojos tengo otra edición de este libro , comprada en país vasco por
30 céntimos, también sin data , pero impresa en Limoges chez
Eugene Ardant et C. Thihaut. De estos y semejantes opúsculos-
puede verse una excelente enumeración y descripción en la«fíis-
toire des Livres Populaires ou de la Littérature de Colportage,
depuis le xV siecle, par M. Charles Nisard; 2 tomos, Paris, 1854.»
Estos libros y las Pastorales (1) á que han dado margen son las
únicas fuentes del conocimiento que el moderno pueblo vascon-
gado alcanza acerca de la persona de Garlomagno y sus doce
Pares. No hay tradición fundada en canlarcs populares de remota
antigüedad conocida.
Absurda es además la frase , que emplea Monglave para com-
probar su tentativa, diciendo que acaso concurrieron á la em-
presa contra Garlomagno tres gentes á una, Sarracenos , Vascos
y Escualdunac. Para la historia no es un misterio la acción de
Roncesvalles. Einhard en su Vita Kavoli imperataris y en sus
(1) Hé aquí las que están sacadas de libros iiue enumera Jíisard, tomo n :
rág. 217 Prodiga.
— 226..' Abi-aham.
— 435 Charlemagne,
— » Jtan (le Paris,
— 436 Oídipa.
— » A lexandre.
— » Godefroi de Bouillon,
— 450 Jean de Calais.
— 459 i Sainte Hélaine,
— 469 Sainte Geneviéte.
— 489 Richard sans Peur.
— 500. ....... Les quatre fils Aymon.
.\ estas y demis Pastorales, M. Julien Vinson, dedica largo espacio eu la obra Zes
I.itt&atures populaires de toutes les-natiotis (París, Maisonneuve).
ALTAHISKAIIGO CANTL'Á. lí.",
Annalcs , tan verídico como que es autor grave y coulemporáuoo
del hecho, rcíicre sencillamente la batalla y ía muerte de Ilriiot-
landus (Rolando), sobrino de Garlomagno y prefecto de Hritania.
Describe el combate como un ataque ó acometimiento (¡ue los
Vascones^ y ninguna otra gente más , hicieron en la retaguardia,
al que se siguió el saqueo de los bagajes. La distinción que pro-
pone M. Monglave entre Vascones y Escmddunac se desvanece ni
menor soplo de atento examen.
M. Monglave pretende que un manuscrito del Canto estuvo cu
posesión del conde Garat. Algunos descendientes de este lionibrc
ilustre, aprovechándose de sus manuscritos, han publicado libros
n obras literarias acerca de los vascongados; pero el manuscrito
aludido por M. Monglave no lo lian hallado , ó por lo menos no
lo mencionan. A este propósito no he de pasar por alto la obser-
vación de M. Fr. Michel, el cual en 1857 dio en creer que era
auténtico el Canto de Altabiscar (1) : «A ce sujet je ne sais trop
ce qu'il faut croire des assertions de M. Garay , qui parle d'nn
anclen manuscrit oú le fameux la Tour d'Auvergne aurait ren-
contré ce morceau á Saint Sebastian en 170 í.» Paréceme extraño
que M. Michel no cayese en la cuenta de que no hay más prueba
respecto de la existencia del manuscrito , que la palabra harto
sospechosa do M. Garay de Monglave; y si bien este asegura que
en otro tiempo vio una copia del Canto de Altabiscar en casa del
conde Garat, y que además recogió muchas y diversas variantes
de aquella copia, ello es cierto, que ni otros ojos han visto, ni
otras manos que las de M. Monglave se han encontrado que toca-
sen aquel manuscrito, ni sus variantes; por manera que seme-
jante testimonio aislado y sujeto a la ilusión de un falso recuerdo
no hace fe ni merece crédito razonable. El puesto de secretario
perpetuo que ocupaba M. Monglave en el Institut Historique,
fundado'por él, le dispensó y proporcionó ventajas singulares
para dar curso á una triquiñuela poco plausible. Si hubiese escrito
en otra publicación periódica, el jefe de redacción le habría pe-
dida alguna prueba de lo que asegura, por ejemplo, alguna de
las nomhreiises variantes retrouvées sur plusieurs points des deux
(1) Le Pays Basque. Paris, 1817, pág. 231.
14G boletín de la real academia de la historia.
versants, toda vez que no pudiese demostrar la existencia de la
copia del Canto en casa del conde Garat; mas M. Monglavecomo
dueño de la situación, pudo imprimir sin ningún inconveniente
lo que le plugo.
Tan pronto como se publicó el canto, su autenticidad halló con-
tradictores. Lo aceptó Fauriel; pero lo reusó Du Mege. Recibié-
ronlo á título de canción antigua Ghaho, Cenac-Moncaut, Fr. Mi-
cliel, Louis Laude; pero le han opuesto serias objeciones
M. M. Barry de Tolosa, Gastón Paris, J. F. Bladé, Julián Yin-
son y otros críticos eminentes. Una disertación excelente de
M. Alexandre Dihinx salió á luz en el Impartial des Pyrénées
■( 10-12 Setiembre 1873i. Reprodujo estos artículos M. Yinson en
el Avenir de Bayonne (1, 3, 6, Mayo 1878) y los ha insertado
igualmente en la obra titulada Mélanges de Linguislique et d'An-
tliropoloijie (1), pág. 161. Con fina crítica y rara sagacidad, apun-
ta M. Dihinx que «l'auteur du Chant d' Altahiscar savait mieux
le franrais que le basque, ct qu'iiécrivait en basque cequ'il avait
conru en francais.» Sol)reel uso constante de los diminutivos que
no escasean en la canción, observa que son indicios de una mano
de autor joven y poco diestra en los primores del vascuence:
«Pour l'enfant la langue basque n'est, pour ainsi diré, composée
que des diminutifs; c'est un langage a part, qui n'cst pascelui de
l'homme fort; l'enfant s'en débarrasse péu á peu, en passant de
l'enfance h l'adolescence, et ne parle le basque franc et noble que
lorsqu'il dcvient liomme. Faut-ii déduire de ees observations que
rauleur du chanl d'Altal)izcar était encoré jcune quand il fit
celle composition?);
En España, por lo que puedo apreciar, el Altabizkarco cantuá
ha corrido menos percances do contradicción que en Francia. Lo
celebran D. Yicente de la Fuente, Amador de los Rios, D. Miguel
Rodríguez Ferrer, Araquislain, los editores de la Revista Eus-
kara y I). José Mantcrola en el Cancionero Vasco. Por primera
vez pasó como auténtico al otro lado del Canal de la Mancha con
el artículo que le dedicó M. Fr. Michel en el Gentleman's Maga-
zine iLóndres Octubre de 1858); mas en las columnas de la misma
(1) I'aris, diez Leroux, ISSo.
ALTAIJISKAUCO CANTL'Á. 147
publicación (Marzo 1859, pág. 220), obtuvo lu rectificación siguien-
te, firmada por M. Antoine d'Abbadie (1); «Pena mu da ver anun-
ciado el Altahiscarraco Cantuñ como perla de antigua poesía, en
uno de los números de esa ilustrada publicaciini. La verdad me
obliga á protestar contra la pretensión de (jue universalmenle
esté así reconocido, pues en efecto uno de mis paisanos vascon-
gados ha designado repetidas veces por su propio- nombre tanto
al sujeto que hace 24 años compuso en francés la pieza original,
como al que la tradujo en vascuence moderno ó impertincntL',»
A lo cual M. Michel defirió, como era razón, en el número del
siguiente Abril (2): «M. d'Abbadie, siendo como es vascongado,
conoce mejor que yo el fondo de la cuestión. No rehuso confesar
y de hoy en adelante me inclinaré á creer que las piezas llamadas
Abarcara Cantua y Altahiscarraco Canina son imposturas.» Esta
correspondencia reproduje yo mismo en el apéndice á la segunda
edición de mis Basque Legends (Londres, 1879, pág. 258.)
También la cita M. Vinson en los artículos de que arriba hice
mérito. M. d'Abbadie en conversaciones privadas rae ha ratili-
cado eso mismo no una sola vez y me ha dado pormenores que
no dejan lugar á ninguna duda. El valor de su autoridad es tan
grande y su testimonio de tanto peso en las balanzas de la crítica,
como lo saben los que no han olvidado que este ilustre socio del
Instituto de Francia, renombrado por sus estudios y obras en los
varios ramos de las Ciencias exactas y en el cultivo de la Geo-
grafía y de la lingüística, es de abolengo vascongado y figura en-
tre los escritores que más han promovido con toda eficacia desde
su principio el natural desarrollo científico á que ha llegado el
estudio del vascuence (3). Con ser esto así, no parece sin embar-
(i; «[ am sorry that tlie Altabiscarraco Cantua mentioued in your same nuraber is
ücknowledg-ed as a gem of ancient poetry. Trutli compels me to deny that it i.« nnirer-
í^ally admitted as such, for one of my Basque neiglibours has oftea uamed the person
who, about twenty four years a^'o, composed it in Freuch, and the olher person who
translated it into modern but indifferent lJasque.>>
(2). «That Mr. d'Abbadie being Basque, knows the thiiig niuch better Iban I do.
I feel by no means reluctant to confess, and hencefortli I will believe that the souíí.s
called Abarcaren Cantua anJ Altabiscarraco Cantua are for)?eries.v
(3) En 1836, nada menos, ya iiublicó M. d'Abbadie teniendo por colaborador ni doctj
A. Chaho sus Etv/les Grammaticaks sur la lan¡/ue Ei(shar tenue.
Ii8 boletín de la real academl\ de la HISTOIíLA.
go que la noticia de la verdad se haya extendido ó impuesto cuan-
to sería justo apetecer; no faltan, aún ahora, escritores que llaman
antiguo el AUabiskarco Cantua. En ííxSaturday Review (17 Agos-
to 1878) se nos presenta como históricamente genuino; y en el
Blackwood's Magazine (Noviembre 1881) un escritor, que expone
todo el canto en inglés, lo coloca por encima del mérito de La
Chanson de Roland, y se escandaliza de los críticos que afirman
(jue ese noble canto es moderno.
Tan luego como leí lo que el Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer
afirma en los pasajes de su discurso de recepción en la Real Aca-
demia Española, que llevo copiados arriba, escribí á M. d'Abba-
die á fin de que con la verdad de su declaración reiterada se ata-
jase la corriente de incertidumbre que asoma en la culta palabra
del nuevo académico de la Real Española. M, d'Abbadie ha teni-
do la bondad de enviarme su declaración, que he recibido con
algún retraso motivado por la enfermedad de M. Duvoisin, parte
integrante de la misma declaración, que es como sigue:
Le chant d'Altahiscar ou Altabisar' (on a écrit ce mot des deux
manieres) que M. Garay de Monglave a inséré, en 1834, dans le
Journal de l'Inslitut historique (r. 176)...
«Les jeunes Basques, et notamment les eleves des universités,
les étudiants en droit et en médecine, faisant leurs cours a Paris,
aiment a chanter en chceur, pour le plaisir de former des accords,
un air aconmiodé sur les noms de nombres Basques, un, deux,
trois, etc. jusqu'a vingt, rebroussant de vingt á un» (1).
(1) En una carta adjunta M. d'Abbadie escribe: «Un paisano de las cercanías de
Baygori cantaba la serie de ios números en un zorzico de ocho versos. La primera es-
tancia es progresiva de uno hasta veinte, y la segunda viceversa, retrógrada :
( 1 - 4 ) Bat , biga , Jiirn)\ latir,
( 5 - 8 ) Boi'ti , sei , zazpi, cortzi ,*
(9, 10) Bcderatzi. Jtamar,
(11, ]'2) Ilameika., Jiamahi;
(13, 11) I/amairtir, /lamalaiir ,
(15, IG) //amaiortz, kamasei ,
(17, 18) Hemezaipi, kemezorlti,
np, 20) flemeretzi , Itogoi.
El aire de la canción , según me dijo un amigo que me lo cantó y lo había oido e;i
Paris y en San Juan de Luz , no tiepe nada de belicoso.*
AI/rAHISlvAUCÜ CANTUÁ. l4'J
«M. Garay de Monglave fréquenlait ses compairioles. II élait
Bayonnais. Gel air, ce soiivcnii- attrayant du pays, loin du pays,
lui inspira l'idée du Ghanl d'Altabiscar. II le coinposa cu frail-
eáis. Un de mes cousins, M. Louis Diihaldcd'Espeloüu, «jiii dou-
uait des répétilions aux jeuiies -cus óludiaiil a París poar ciilrcr
ñTEcole Politechnique, traduisit en bastiuel'cj'uvre de M. de Mon-
glave. Louis Duhalde ne s'étaiL jamáis oceupé de sa langue inater-
nclle; s'il n'en savait que ce qu'il av¿iit appris daus l'enfance,
aussi sa versión trahil-ello une main inexperle. II a Iraduil sim-
piement en prose, sans mesure et sans rime; le morceau nc peut-
élre que recité; on chante seulement la nomenclature un, deiix,
trois, ele, sur un air qui n'a certes rien de guerrier; ai-je besoíii
d'ajouter que les prétendues copies a variantes, conservces dans
la montagne, n'ont jamáis existe?»
aUne simple reflexión aurait dú faire comprendre á la foule,
qui si un chant peut se conserver par tradilion órale, un récitalif
indiantable n'aurait pas eu de lendcmain. M. Duhalde lui-mémc
a bien ri avec moi de la méprise de tant dVjcrivains.»
L'original de la note ci-dessus est signé Düvoisin et accompa-
gnait une lelre du méme littéraieur Basque, datée Giboure, 30
Mai, 1883 ou il m'autorise á faire desadéclarationl'usagequime
conviendra. — Signée — Antoine d'Abbadie (de rinstiluti — Paris,
Juin, I, 1883.
De esta carta de M. d'Abbadie que incluye la terminante decla-
i-ación de M. Düvoisin, resulla.
I.'' Que el original del canto de Altahiscar, es francés y no
vascongado.
2.° Que la versión vascongada está en .prosa moderna; y no
en verso, que autorice la presunción de haberse cantado y con-
servado en boca del pueblo.
3.° Que un solo fragmento de la canción ó la lista de les nú-
meros en aumento y disminución hasta veinte, tiene ó puede te-
ner tipo vascongado independientemente de la car.ción original
ó composición francesa.
El autor de la declaración es el célebre capitán Düvoisin, que
trasladó la Biblia en dialecto Labortano bajo los auspicios del
príncipe Luis Luciano Bonaparte, y ha publicado asimismo va-
150 boletín de la real academia de la historia.
rias memorias y artículos sobre cuestiones gramaticales del vas-
cuence. Fácil es observar que la declaración confirma de lleno
en lleno la fina crítica de M. A. Dihinx, el cual, entre otras
palabras del canto que censura y señala como impropias , dice lo
siguiente sobre el vocablo bota: «Le mot propre a fait défaut, et
l'auteur peut-otre encoré jeune, a employé, sans y réfléchir cette
expression dont 11 s'est serví bien souvent dans les jeux de son
enfance.»
La idea de la canción fué evidentemente sugerida á M. Mongla-
ve por el canto de los números y por lo que sobre ellos le apuntó
M. Ollivier.
Lejos, pues, de ser contemporáneo á la época de Carlomagno, ó
de remontarse en su redacción escrita cuando menos al siglo xii,
el canto de Altahiscares modernísimo. Para echar por tierra esta
proposición que estimo evidente, no queda más partido que el de
presentarnos el manuscrito que dicen pertenecer ala centuria xii
y haber estado en poder del conde Garat, ó siquiera algunas de
las numerosas variantes que se pretenden encontradas en dife-
rentes parajes del país vascongado. No es necesario ailadir que
los vascófilos verían con mucho placer ese manuscrito del siglo xii
para que sirviese de inapreciable aumento al descubrimiento no-
tabilísimo del glosario vascongado que ha hecho el R. P. Fidel
Fita en el códice Galixtino propio de aquella centuria. Mas ¿po-
drán presentarlo quienes tienen contra sí las improbabilidades
que la crítica ha señalado, y sólo pueden alegar en favor suyo un
vago decir de la ilusión temeraria?
Réstame demostrar, en comprobación de cuanto llevo manifes-
tado á la Real Academia, las correcciones y transformaciones que
ha ido gradualmente sufriendo bajo sucesivas ediciones el texto
primitivo que M. Duvoisin señalaba como obra de una mano in-
experta, y que M, d'Abbadie apuntaba en 1859 como coloreado
de modernismo en su vascuence. Anotaré en especial las variantes
introducidas por el texto que el Cancionero vasco del Sr. Mante-
rola (serie 2.*, tomo iii, páginas 44-4G; San Sebastián, 1878) ha
proporcionado al Excmo. Sr. D. Víctor Baíaguer; y por de pronto
no será difícil notar que los conatos del autor del Cancionero
para obtener el metro de la versificación han salido casi comple-
ALTAHISKARCO CANTIÁ. jj]
tamcnte inútiles. El texto que adopto como tipo de comparación
puede verse cu la obra de M. Frnncisquc Micliel, Le Pays Basque
(páginas 230 y 237), publicada en 1S57,
ALTABISCARRACO CAXTUA (I).
Oyhu bat aditua izan da
Escualdnnen mendien artetic ,
Eta etcheco jaunac, bere athearen aintcinean (2) chutic
Ideki tu beharriac, eta erran du : «Nor da hor? Cer nabi dautet?»
Eta chacurra (3), bere nausiaren oinetan lo zaguena,
Alchatu da, eta karrasiz Altabiscarren inguruac bethe ditu.
Ibañetaren lepoan harabotz bat aghertcen da,
Urbiitcen da , arrokac esker eta escun (i) jeteen dituelan'c ;
Hori da urruntic heldu den armadabaten (5) burruma.
Mendien capetetaric (6) guriec erepuesta (7) eman diote ;
Berec (8) tuten seinua (9) adiarazi dute,
Eta etcheco jaunac bere dardac zorrozten tu.
Heldu dirá! Heldu dirá! cer lanzazco (10) Basia!
Ñola cer nahi colorezco banderac heien erdian aghertcen direa !
Cer simiztac (II) atheratcen diren hein arraetaric!
Cémbat dirá? Haurra, condatzac (12) onghi. [hamabi,
Bat, biga, hirur, laur, bortz, sei, zazpi, zortzi, bederatzi , hamar, liameca.
Hamahirur, hamalaur, hamabortz , hamasein, hamazazpi , hemezortzi,
[hemeretzi, hogoi.
(1) Monglave, «Altabicaren cantua»; Manterola, «Altahiskarco cantiia».
(2) Manterola «aiteinean ».
(3) Este diminutivo ha sido censurado por Dihinx, asi como los otros dos, l/oí/u
r/titmitan, de las estrofas iv y v. El vocablo apto á la composición es takhnrra.
(I) Mant. «escuin».
(5) Mant. «armadabaten».
(C) Mant. «copetetaric».
(7) Mant. «errespuesta»; palabra de cuño moderno, así como arpiada y otras.
(8) Mant, «Beren».
(9) Mant. «soinua».
(10) Mant. «lantzazco».
(II) Mant. «simistac».
(12) Mant. «condatzic».
152 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
Hogoi eta millaca (1) oraino,
Hein (2) condatcea demboraren galtcea Hteke (3).
ürbilt ditzagun (4j gure beso zailac, errotic atliera ditzagun arroca horiec.
Botlia ditzagun mendiaren patarra beberá
Heiu burueu gaineraiuo;
Leber ditzagun, berioaz (o) jo ditzagun.
Cer nabi zuten gure meudietaric Norteco gbizon (6) boriec?
Certaco jin dirá gure bakearen nabastera?
Jaungoicoac mendiac in (7) dituenean nabi izan du bec gbizonec ez pasatcea.
Bainan arrokac biribilcolica erortcen dirá, tropac lebertcen dituzte.
Odola cburrutan badoa, baragbi puscac dardaran daude.
Ob! cembat liezurr carrascatuac! cer odolezco itsasoa!
Escapa! escapa! indar eta zaldi dituzuenac. [gorriarekin ;
Escapa badi , Carloniano erregbe , bire luma beltzekin eta bire capa
Hire iloba raaitea, Errolan zangarra, bantcbet bila dago;
Bere zangarrtassua (8) beretaco ez du (9) izan.
Eta orai, Escualdunac, utz ditzagun arroca boriec;
Jauts gbiten fite, igor ditzagun gure dardac (10) escapatcen direueu contra.
Badoadi! badoadi ! (11) non da bada lantzezco (12) sasi bura?
Non dirá beieu erdian aglierri (13) cireu cer nahi colorezco bandera bec?
Ez da gbebiago (I 4) simiztaric (lo) atberatcen beien arma odolez betbetaric.
Cembat dirá? Haurra, condatzac ongbi. [bamabirur,
Hogoi, bemeretzi, bemezortzi, hamazazpi, bamasei, bamabertz, bamalaur,
(I) Mant. «milaca^..
(■2) Maní. «Heien».
(3) Mant. «lilequew.
(4) Mant. « urbilditzaguu ».
<5) Mant. «lierioz».
(G) Mant. «guizon».
(7) Mant. «eguin».
(8) Mant. «zangartasuna».
(9) Mant. «tu».
(10) Mant. «dad ac».
(II) Mant. «Bailoazi ! Badoazi
(12) Mant. «lantzazco».
(13) Mant. «aírlieri >a
(14) Mant. <<gheiago».'
(15) Mant. «simiztari >>
ALTADISKARCO CANTUA. t53
Hamabi, hameca, liamar, bederatzi, zortzi, zazpi, eei, bortz, laur, hirur
[biga, bat.
Bat! ez da bihiric agliertcen gchiago (1).
Akhabo da (2). Etcheco jauna, joaiten ahalzira (3) zuro chacurrarekiu
Zure emaztearen eta zure haurren besarkatcera ,
Zure darden garbitcera eta alchatcera zuro tutekin (i), eta ghero heien
[gainean etzatera eta lo itera (5).
Gabaz, arranoac joanea dirá ha[r]aghi pusca lebertu horien jatera,
Eta hezurr (6) horiec oro churituco dirá eternitatean (7).
La piGza es hermosísima, demasiado bella para el tiempo íi que
se atribuye. Drama de acción sublime, que prescinde de las galas
de la versificación; y hace casi olvidar, en el entusiasmo que des-
piertan las escenas simétrica y gradualmente encadenadas, que
tanto merece el nombre de hojarasca de neologismos por su leu-
guaje, como de tallo romántico por sus ideas ingerto en puro cla-
sicismo. Su remate, cuyo brío tanto se encomia, está calcado (8)
en la Eneida (xii, 34-36):
«Bis magna victi pugna, vix urbe tuemur
Spes ítalas ; recalent nostro Tiberina fluenta
Sanguina adhuc, campiqíie ingentes ossibus albent.T>
Sare (Basses-Pyrénées) 15 de Julio, 1883.
Wentworth Webster,
correspondiente extranjero
de la Real Academia de la Historia.
(1) Mant. «gheiago».
(2) Con ebtas dos palabras Manterola da remate á la línea precedente.
(3) Mant. «ahal zira».
(4) Aquí Manterola da fin á una línea y comienzo á otra; y de consiguiente siete,
lineas á toda la estrofa.
(ü) Mant. «giterav.
(6) Mant. «hezur. »
(7} El texto que adoptó Dihinx en 1873 difiere muy poco ó casi nada del de MiclieL
(8) Esta observación, la debo al P. Fita.
154 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
II.
ANTIGÜEDADES PREHISTÓRICAS DEL PARTIDO DE MOLINA DE ARAGÓN.
Hallándome por temporada los meses del estío de este presente
año de 1882 en la ciudad de Molina de Aragón, provincia de
Guadalajara, fui noticioso que en el pueblo de El Pedregal, uno
del partido judicial de la referida ciudad de Molina, situado en
la margen izquierda de la carretera que conduce á Teruel , como
á unos 25 cá 30 kilómetros al oriente de la cabeza del juzgado,
habían sido descubiertos algunos objetos antiguos, y que aún se
abrigaban fundadas esperanzas de que pudiesen aparecer más.
La singular predilección que desde mi juventud he sentido por
todo género de antigüedades, por lo que nos enseña respecto del
modo de ser, vida íntima, usos y costumbres de nuestros mayo-
res, me hizo concebir el designio de pasar á aquella población,
tan luego como ocupaciones del momento me lo permitiesen, y
averiguar personalmente lo que hubiere de verdad en este asun-
to. Por fortuna mía, cuando más vivamente acariciaba este para
mí lisongero proyecto, merecí una honrosa visita del Sr. B. Ra-
món Malo, celoso cura propio de El Pedregal, quien, al certifi-
carme de la realidad del hallazgo de objetos antiguos en el terri-
torio y jurisdicción de su pueblo, me hizo el obsequio y presen-
tación de tres acicates, al parecer moriscos, de una saeta de
hierro y de una especie de dedal de bronce, hallados en el sitio
denominado El Hostal de Mañas , contiguo á una espaciosa lla-
nura, á la izquierda de la mencionada carretera á Teruel, dis-
tante como unos dos kilómetros, poco más ó menos, antes de
llegar á la población.
También me insinuó el expresado Sr. D. Ramón Malo la noti-
cia de que en otro sitio , dentro del término del lugar llamado
La Jaquesa, situado á la derecha de la expresada carretera, con-
finando con la línea divisoria de Aragón, fué descubierta por un
lal)rador en el año pasado una lápida de figura irregular, en la
ANTIGÜEDADES DEL PARTIDO DE MOLINA DE AIIAOÚN. 15 j
cual se notaban clara y disliatamentc esculpidos ciertos caracte-
res, que por extraños no pudieron ser leidos, razón por la cual
se abandonó en el mismo sitio. Esta noticia, más fuertementu
íiguzando mi curiosidad, fué motivo de que en 27 de Agosto,
aunque no del todo desocupado de negocios, apresurase mi de-
seado viaje al mencionado pueblo de El Pedregal.
Grandemente preocupado con la idea del liallazgo de la citada
lápida, mi primer cuidado cu llegando á la poblaci<')U fué el po-
nerme en relación con el dueño de la heredad en que apareció la
piedra, quien con la mejor voluntad desde luego se me ofreció,
no sólo á indicarme el sitio donde debía hallarse, sino que tam-
bién á no poner la más pequeña dificultad ni el menor obstáculo
á las excavaciones que fueran precisas para encontrarla ; y efec-
tivamente, con poco trabajo se ofreció el objeto apetecido.
Excuso hacer la descripción de su figura ni la de los caracte-
res, puesto que el mismo original acompaña á este escrito, jun-
tamente con otro fragmento de piedra que conserva también in-
dicios de inscripción, hallado allí mismo, todo sobre un sepul-
cro, que además de los restos deshechos de ün cadáver contenía
dos pequeñas esferas, una como de vidrio y otra de metal.
Otro resultado igualmente notable, si bien en mi humilde jui-
cio más sorprendente, se ofreció á la vista, con ocasión del des-
cubrimiento de este sepulcro, puesto que continuando la excava-
ción á la profundidad de unos 70 centímetros, poco más ó menos,
apareció un grande enterramiento , cuyas osamentas , por su fra-
gilidad y poca consistencia, en un sitio seco por su elevación
respecto del valle inmediato, parecían acusar mucha antigüedad.
Los cadáveres, por lo general, yacían con la cabeza mirando al
Oriente, los brazos extendidos en toda la longitud pegados á los
costados, rodeados de unas pequeñas losas; entre las cuales y los
huesos de los esqueletos aparecieron gran porción de clavos, que
parecían indicar haber estado como hundidos en las partes blan-
das y carnosas del sepultado, por cuanto algunos, redoblados por
ambas partes en figura de asa, fueron extraídos de la parte que
correspondía ó pudiera corresponder al vientre, otros hacia las
orejas y cuello; y lo más singular y pasmoso de todo es que en
este enterramiento pavoroso aparecen en su mayor parte los crá-
156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORLA..
neos penetrados perpendicularmente por un más largo clavo
que, vivo ó muerto el allí sepultado, debió atravesarle toda la
masa cerebral.
Sin duda que estos cadáveres debieron ser sepultados con sus
ropas, vestiduras y adornos usuales, puesto que sobre uno de
ellos se hallaron las dos lindas hebillas mayores que se acompa-
ñan y un anillo, todo de metal, en buen estado de conservación
y algunos con dibujos de relieve que parecen indicar gusto de
una sociedad bastante adelantada. Otras dos anillas también apa-
recieron en otra sepultura, pero que por su mayor delicadeza no
pudieron resistir la acción del tiempo, y se deshicieron al inten-
tar extraerlas de las falanjes que algún día adornaron.
En otra sepultura de reducidas proporciones fueron halladas
dos vasijas de arcilla de figuras distintas: una de ancha base y
cuello prolongado en ^toda su integridad; la otra se fracturó en
menudos pedazos al extraerla. Debía afectar figura más abierta y
ancha.
En medio de este vasto cementerio, del cual sólo una pequeña
parte me fue dado reconocer, llamó mi atención una singular se-
pultura de mayores dimensiones que las demás, en la cual se
notaron mezclados y confundidos osamentas de dos ó tres ó más
cadáveres completamente dislocados y en informe aglomeración.
Sus cráneos, en número de tres, se hallaron boca abajo y con su
correspondiente clavo cada uno, como los descubiertos anterior-
mente, pero separados de los troncos unos 50 ó más centímetros,
como si' esto quisiera indicar si tal vez estos esqueletos hubieran
sido arrojados á una fosa común después de trasportados de otra
parte, así como sucede hoy en los huesarios de nuestros cemen-
terios y antes en nuestras iglesias.
No pudiendo disponer de más tiempo, porque obligaciones
imprescindibles me llamaban ;i otro lado, y en la persuasión de
que los hechos consignados, juntos con los efectos recogidos,
que con la debida separación tengo la honra de presentar á la
Real Academia, pudieran ser suficientes para que la sabiduría de
sus individuos tal vez halle la explicación de las raras costum-
bres, no solo de los r.-ntiguos habitantes de este fértil valle sobre
el que descansa la descrita necrópolis, mas también los de una
ANTIGÜEDADES DEL PARTIDO DE MOLINA DE ARAGÓN. 157
vasta circunscripción, suspendí las excavaciones. Retiróme del
fúnebre asilo de la muerte al anochecer de ardoroso día, pensa-
tivo y un tanto exaltada la imaginación con la lúgubre aparición
de tantos cadáveres, sin acertar á explicarme si fueron inmolados
por bárbara é inexorable ley, ó por la fiera venganza de algún
implacable vencedor, ó tal vez en holocausto voluntario ó forzoso
en las pomposas exequias de algún valeroso caudillo.
Paréceme que los mencionados enterramientos, llevados á
cabo en la forma rarísima que queda consignada, no deben te-
nerse como un hecho aislado y casual en aquella localidad, sino
más bien como una práctica, como prescripción constante de una
ley, costumbre ó ceremonia religiosa, observada en una muy
■extensa y dilatada comarca y vasto territorio, habitado por gente
de un origen común, de unos mismos habitantes y de unos mis-
mos hábitos y de unas mismas creencias.
He calificado antes de raros estos enterramientos , concretán-
dome á los de El Pedregal , y así es la verdad , pero no pueden
tenerse por únicos.
Las escasas noticias que he podido descubrir durante los mu-
chos años que vengo preocupado con la idea, de otros semejantes,
de que después haré mención, me inducen á creer que ellos, con
las horripilantes circunstancias que revisten, han debido ser en
lo antiguo de uso general, si no en toda la Península Ibérica,
cuando menos en el territorio que actualmente ocupa Castilla la
Nueva.
Las eruditas Memorias de ese ilustre Cuerpo, al folio 225 del
tomo III, ya nos guardan la noticia del hallazgo de 10 cadáveres,
•cuyos cráneos, perforados cada uno por un gran clavo, fueron
descubiertos en el último tercio del siglo pasado eu la Mancha
Alta, con otra porción de objetos antiguos, por los señores her-
manos Zamora al abrir los cimientos para ciertos edificios. Tam-
bién el diligente historiador de Osma, Sr. Loperraez , nos refiere
el hallazgo de otro sepulcro que contenía un esqueleto con todo
ol .cráneo empedrado de clavos, según su expresión, del tamaño
de tachuelas. Todavía recuerda la ciudad de Sigüenza, no sin
cierta especie de terror, el descubrimiento en el año 1826 de un
cementerio con ocasión de hacer una era el padre del que estas
158 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
líneas escribe, los cuales esqueletos en gran número y cada uno
en sepulcro separado , y alguno de ellos empezado en tierra y
continuado en piedra arenisca, aparecían no solamente con el
cráneo empedrado de pequeños clavos como el referido por el
Sr. Loperraez, sino lo que es más de admirar, penetrados de
ellos y en toda su longitud las tibias, fémures y huesos de am-
bos brazos, siendo de notar que el sitio del singular enterra-
miento, conocido con el nombre de Cuesta del Huesario, lo fué
ya en el año de 1519 con poca variación material con el de Hon-
sario. Por último, según noticias que acabo de recibir de un sa-
cerdote de la villa de Medinaceli, en el término de ella llamado
Ven-Alcalde han sido descubiertos muy recientemente porción
considerable de sepulturas, cuyos cadáveres todos han aparecido
con sus respectivos cráneos atravesados por sendas escarpias,
introducidas, no perpendicularmente como en los cadáveres de
El Pedregal y alguno de Si^üenza, sino en dirección horizontal,
es decir, de la frente una y las dos restantes desde los huesos
temporales hacia el interior del cerebro.
Razones son estas que, en mi humilde juicio , persuaden que
nuestra España ha pasado por una época en la cual debió estar
bastante extendida y generalizada la práctica que en materia de
enterramientos cjueda manifestada, sin que ni la historia ni la
tradición nos hayan dejado rastro alguno ni la menor luz para
poder vislumbrar el origen de tan rara como repugnante cos-
tumbre.
No obstante, en medio de las no pequeñas dificultades que pa-
rece llevar consigo el esclarecimiento de los referidos hechos, si
fuera cierto el dicho de nn venerable y muy calificado sacerdote
que yo traté y ya dejó de existir, de haber visto algún antiguo-
documento en el cual haciendo memoria del sitio de Sigüenza,
en que fueron descubiertos los enterramientos antes citados, se
le daba la denominación de Osario de los Judíos , tendríamos na
poco adelantado en la investigación do estos oscuros misterios; y
si al propio tiempo pudiera justificarse el informe que nos sumi-
nistró otra persona fidedigua de que en el reino de Aragón toda-
vía es frecuente entre el pueblo la imprecación de clavado te veas
como judio, también esto pudiera excitar la sospecha de si entre
ANTIGÜEDADES DKL PARTIDO DK MOLINA DE ARAGÓN. 150
aquella raza hubiese existido en lo antiguo alguna práctica pú-
blica ó secreta de aquella manera de sepultar ciertos cadáveres,
en la época en que vivía entre nosotros tolerada y se le permitía
gobernarse por su legislación particular.
Como quiera que ello sea, deseoso yo de contribuir con mi
granito de arena al levantamiento de la grandiosa obra de la
reconstrucción de nuestra historia patria, confiado tan digna-
mente á la sabiduría de esta ilustre Academia, me permito darla
cuenta de los descubrimientos que quedan consignados.
Madrid 4 de Noviembre de 188"2.
Román Andrés de la Pastora,
Presbitero,
Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
III.
EXPEDICIÓN científica Y ARTÍSTICA A LA SIERRA DE FRANCIA,
PROVINCIA DE SALAMANCA, EN EL MES DE JULIO AÑO DE 1857.
Parte arqueológica.
Aprovechando la ocasión de salir los catedráticos de Historia
Natural y Física experimental de esta Universidad, para una
expedición científica á la Sierra de Francia , el que suscribe , ca-
tedrático de Jurisprudencia de esta Universidad y secretario de
la Comisión de monumentos de esta provincia, tuvo la satisfac-
ción de unirse á sus comprofesores, para hacer por su parte ob-
servaciones arqueológicas en algunos de los pueblos que la expe-
dición debía recorrer.
Al efecto salimos de Salamanca en la tarde del dia 7 de Julio
para pernoctar en Villalba de los Llanos. El objeto de visitar este
pueblo era para averiguar el paradero de los restos mortales de
160 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
célebre D.° María de Monrroy (a) la Brava Sahnantina, la que
vengó el asesinato de sus hijos cortando la cabeza á los jóvenes
de la familia de Manzano, que los había asesinado y viniendo
desde Portugal con ellas puestas en la punta de dos picas, á de-
positarlas sobre el sepulcro de sus hijos en la parroquia de Santo
Tomó de los Caballeros, que actualmente se está demoliendo por
amenazar inminente ruina. Esta venganza dio ocasión á los san-
grientos bandos que inundaron de sangre las calles de Salaman-
ca á mediados del siglo xv, hasta que logró calmar á los conten-
dientes el célebre San Juan de Sahagun, llamado por este motivo
el Apóstol de Salamanca.
La tradición vulgar aseguraba que el sepulcro de dicha señora
se hallaba también en la misma parroquia de Santo Tomé, cerca
del de sus malogrados hijos, y aun designaba como tal uno de
los sepulcros próximos á desaparecer. Con este motivo el secre-
tario de la Comisión de monumentos que suscribe y los apode-
rados de las casas de Abrantes, Gor y la Roca, emparentados con
dicha señora, procedieron á reconocer el sepulcro previa la auto-
rización del ordinario y á presencia del señor cura párroco.
Dudábase que pudiera estar el sepulcro de D.* María la Brava
en la parroquia de Santo Tomé, á pesar de lo que la tradición
aseguraba, por constar en el archivo del Excmo. Sr. Duque de
Abrantes, que aquella señora se hallaba, enterrada en Yillalba de
los Llanos, según había mandado en vida.
El sepulcro estaba en un arco cerrado de la parroquia de Santo
Tomé: caido el tabique se halló una hermosa figura yacente de
mujer con un elegante traje del tiempo de D. Juan II, plegado
con mucha gracia y hasta coquetería. El tocado de la figura es
digno de estudio , y la Comisión de monumentos ha reclamado
por esto motivo la dicha figura yacente para su museo.
El esqueleto de la señora enterrada en la urna de piedra, tenía
aún adherida al cráneo una redecilla igual á la que tenía la figu-
ra yacente. Mas al momento se conoció que aquel esqueleto no
podía ser el de D." María la Brava, sino de persona mucho más
joven. Así lo certificó en el acto el Sr. D. Andrés La Orden, de-
cano de la facultad de medicina de la Universidad , que se halló
presente al reconocimiento, asegurando , que la edad de aquella
EXPEDICIÓN científica Á LA SIERRA DE FRANCIA. 101
persona cuyos fueron los restos debía de ser de unos 24 años al
tiempo de morir.
La siguiente inscripción hecha en la iglesia de Villalba do los
Llanos pone ya fuera de toda duda que el entierro de D.^ María
la Brava se verificó en este pueblo y no en la parroquia de Santo
Tomé de Salamanca. En el centro de la capilla mayor y al pié
de las gradas para subir al pequeño presbiterio, hay una lápida
de unas cinco cuartas de largo por tres de ancho en cuyo centro
se ven las armas de los Enriquez de Sevilla, que consisten en un
escudo acuartelado , con dos castillos y dos ci-uces negras y al-
rededor esta leyenda:
Aquí yace D. Enrique Enriquez viznieto del ynfante Don
Enrique que Dios perdone y de D.'* María de Monroy la Brava,
fundadores del mayorazgo de Villalba y de esta santa capilla.
La redacción de esta inscripción es muy defectuosa, pero se ha
copiado tal cual se puede leer. Debía decir: este es el sepulcro
de, etc.
Sin duda gastada la primera lápida del siglo xv, se repuso ésta
en el xvii, de cuya época parecen las letras y abreviaturas, las
-cuales están ya muy gastadas y especialm.ente por la parte donde
fistán las letras relativas á D.^ María la Brava.
El palacio que allí había, y en que habitaría aquella señora,
fué destruido por los franceses y sólo se ha podido rehabilitar
una pequeña parte que nada ofrece de notable.
Las armas de los Enriquez de Sevilla, muy comunes en Sala-
manca, son escudo acuartekido con dos castillos de oro aclarados
de azul en campo de gules (rojo) y dos cruces de sable (negro) en
campo de oro.
Tamames.
De Villalba de los Llanos á Tamames el terreno es quebrado y
ofrece una serie continua de montes y valles con cierta unifor-
midad. De esta manera se hallan los pueblos de Carrascal del
Obispo, Sanchon de la Sagrada y Garrascalejo. No así Tamames,
villa grande é importante situada á la cabeza de un hermoso y
nncho valle por el que se dilata la vista con mucho gusto cansada
162 boletín de la real acade.mla de la historl\.
de la monotonía y estrechez de los anteriores montes y vallecitos.
Su anchura es como de media legua y la vista alcanza A descu-
brir una longitud de unas dos leguas, hasta más allá de Tejada,
pueblo situado al otro extremo de aquel hermoso valle, en el que
se echa de menos el arbolado, cuya falta es casi general en toda
la provincia de Salamanca.
Por lo demás la villa de Tamames poco ofrece de notable para
el artista. La iglesia, que no se pudo visitar, parece en su exte-
rior espaciosa y sólida y tiene un ábside elíptico , sostenido por
sólidos contrafuertes, como casi todos los de las iglesias grandes
de la provincia.
Tamames es célebre en nuestra historia contemporánea por la
batalla que allí perdieron los franceses. Todavía se enseña el
anchuroso anfiteatro donde tuvo lugar aquella sangrienta escena,
en Octubre de 1809, cruzándose por cada parte más de 12.000'
hombres de todas armas.
A la salida misma de Tamames y cruzando el campo de batalla
se principia á cubrir la pendiente para trasponer la sierra á que
da nombre el mismo pueblo. Arranca ésta de la de Béjar, de E.
á O., y tiene nueve leguas de extensión á contar desde San Este-
ban á San Muñoz, que está dos leguas al O. de Tamames.
Traspuesta aquella pequeña sierra se cruza un hermoso valle
en que está el pueblo de Aldeanueva, por donde atraviesa un
caudaloso arroyo, sobre el que se ha construido en estos últimos
años un lindo puentecillo.
Monasterio de Zarzoso.
A la falda de un monte poblado de espesos robles se halla el
convento de monjas del Zarzoso, que en otro tiempo fué villa del
señorío de la Abadesa y ahora es despoblado. Ignórase el origen
del monasterio, pero debe ser del siglo xiv al xv, pues en 28 de
Mayo de 1455 el mariscal D. Gómez de Benavides, hizo al mo-
nasterio de Nuestra Señora de Portaceli del Zarzoso, una dona-
ción muy pingüe cuyo trasumpto nos enseñó el capellán.
La iglesia es gótica, muy linda y digna de ser conservada con
todo esmero: tiene 26 pies de latitud por 24 de longitud. Es pa-
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A LA SIERRA DE FRANCIA. 1 Piíl
rccida á la de Santa Úrsula do Salamanca. El presbilerio es es-
pacioso y tiene cuatro capillas adornadas de una preciosa greca
muy bien conservada. Estas capillas tienen sus agujas y remates
de alcachofa por el estilo de las de la Catedral, Santa Úrsula y
San Adrián, por las que se viene en conocimiento de la época de
construcción de la iglesia, á principio del siglo xvi.
El altar mayor es todo de mármoles y de gusto greco-romano
pero no de los más recargados, y en cualquiera otra iglesia esta-
ría muy bien. En el centro so ve una escultura bastante regular
de Nuestra Señora de la Asunción.
El edificio es espacioso y lüen conservado, sólido y simétrico;
es muy á propósito para la contemplación, por su situación y
alejamiento del mundo. Las once religiosas que allí hay, viven
muy unidas, contentas y gozan de reputación de austeridad y de
recogimiento.
Plácia el año de 1830 sufrieron un robo por rumores de que los
frailes habían hecho enterrar varias cargas de dinero en la bo-
dega del convento. Los ladrones no hallaron dinero alguno des-
pués de cavar en muchos parajes, y aun lo que llevaron del con-
vento fué muy poco.
La Alberca.
Desde el Zarzoso á la Alberca se cruza un valle frondoso y pin-
toresco, que quizás sea el mí'is ameno que hay en la árida pro-
vincia de Salamanca. Contrasta esta vegetación vigorosa con la
enana y raquítica de los valles que se cruzan desde Salamanca
hasta el pié de la Sierra de Francia, término oriental de la pro-
vincia.
Hállanse arroyos de cristalinas aguas, que bajan de las inme-
diatas sierras y amenizan el valle por do quiera. El principal es
el Yeltes, que pasa por bajo del Zarzoso y al cual vierten otros
varios que cruzan el bosque del Cavaco.
Siguiendo por la falda septentrional de la Peña de Francia, se
halla el pueblo llamado el Cavaco, de donde toma aquel su nom-
bre. Más al poniente y <:asi frente al Zarzoso estaba el otro con-
vento en que habitaban los frailes de la Peña de Francia, duraute
164 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
el invierno, y al lado opuesto el lugar llamado el Gaserito, que
fué arruinado por los franceses, y que está al pié mismo del
cerro de la Peña de Francia.
Éntrase luego en un terreno fragoso para subir al pueblo de la
Alborea. Antes de llegar á éste, se atraviesa el río Francia que
corre por un barranco hondo y escarpado y en el que hay un
sólido puente.
La posición de la Alberca, aunque agreste, es sumamente pin-
toresca, rodeada por todas partes de altos y frondosos nogales,
manzanos y castaños, que por desgracia están padeciendo de
algunos años á esta parte una enfermedad desconocida queUos va
destruyendo lentamente, privando de amenidad al paisaje y de
su principal riqueza al pueblo, que á principios de este siglo era
sumamente rico.
Tenía entonces este pueblo sujetos muy ilustres que honrá-
banle en la catedral y Universidad de Salamanca. En lo espiri-
tual pertenece la Alberca al obispado de Coria. Es probable que
en la nueva demarcación eclesiástica desaparezca esta deformidad
y se agregue la Alberca al obispado de Salamanca, al que por su
topografía corresponde, estando á la parte septentrional de la
Sierra de Francia, que es el limite natural de los dos obispados
de Coria y Salamanca, como también de las provincias de Casti-
lla la Vieja y Extremadura.
El pueblo está situado al pié de dos altos cerros que lo circun-
dan por Oriente y Mediodía. El primero es el puerto por donde
se pasa á las Batuecas y Extremadura. El otro se reconoce por
una gran mole redonda de granito que se distingue desde Sala-
manca. La iglesia y los principales edificios son de aquella pie-
dra. Algunas casas están construidas sobre grandes masas de
granito, lo cual le da cierto aire de construcciones ciclópeas.
Iglesia de la Alberca.
La iglesia es sencilla y espaciosa, toda de piedra, de tres naves
y el conjunto que ofrece es agradable.
Hay en ella muciías cosas notables, tal como el Santísimo Cristo
del Sudor, el cual se dice que sudó sangre el 1." de Setiembre de
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 105
1655, entre tres y cinco de la tarde y al día signiente por la ma-
ñana, de lo cual hay testimonio auténtico en la catedral de Coria,
donde se conservan unos corporales teñidos en sangre.
La capilla de los Dolores es bastante espaciosa y linda, y fué
construida á expensas del presbítero D. Antonio González Pavón,
sujeto muy caritativo y que á pesar de haber estado en Indias,
de donde vino muy rico , dio todo á la iglesia y á los pobres; en
términos que cuando murió no tenía ni aun cama, pues quiso
como Santo Tomás de Yillanueva, dar en vida hasta el último
maravedí y la cama en que murió. Hay todavía sujetos en la Al-
herca que alcanzaron á conocerle.
Las alhajas que ha podido conservar la iglesia son bastante
curiosas, á pesar de que les quitaron 45 libras de plata: hay un
cáliz gótico del siglo xvi muy lindo y también lo es el pié de la
cruz parroquial.
El pendón de las mujeres.
De resultas de las guerras de Portugal en 1475, atacaron á l;i
Alberca de rebato 500 portugueses. Las mujeres de la Alberca
tomaron parte en aquel rebato con tanto denuedo , que saliendo
contra los invasores les quitaron el pendón que llevaban , y que
en memoria de aquel hecho se guarda todavía en la sacristía de
la iglesia.
Es de antiguo damasco carmesí de 44 pulgadas de ancho y
58 de largo. El asta tiene 143 pulgadas de largo hasta el boi'-
lón, y desde éste al remate de la pica 17 X; el hierro tiene ñ}{
pulgadas de alto por 2)4 de ancho en su base.
Este pendón (1) se saca procesionalmente el día segundo de
Pascua de Resurrección hasta las eras en donde la justicia hace
algún corto agasajo á los concurrentes.
(1) La historia de la Alberca dice que las tropas que perdieron esta banrlera' perte-
necían al Prior de Ocrato, y que andaban saqueando por las inmediaciones de Ciudad
Rodrigo. La cruz blanca del pendón y la peque-ia dentro de la media luna pajiza eran
de la orden de San Juan ó por lo menos parecidas á ellas, aunque no del todo. No es
fácil avenir entre sí estas noticias que corresponden á la época de Felipe II, con la
fecha que es la de las guerras con motivo de la sucesión de la Beltraneja.
166 boletín de la real academla de la histopja.
Armas y medidas.
También se guardan en el archivo de la Alberca las antiguas
medidas para áridos, y unos chuzos ó venablos, que dicen se cus-
todiaban allí para armarse los vecinos cuando necesitaban salir
á caza de fieras. Hé aquí las dimensiones de unos y otros.
La saeta es do forma piramidal y construida de acero templa-
do. Lleva dos aletas de chapa de hierro templado. El asta está
pintada de un color oscuro.
Las medidas son tres y servían de tipo para aforar las que se
construían en el pueblo para medir áridos. La mayor tiene una
capacidad de 2,66 litros, siendo, por tanto, superior al medio ce-
lemín de Castilla.
La segunda tiene una capacidad de 2,14 litros, siendo, por
tanto, menor que el medio celemín de Castilla.
La tercera tiene de calñda 1,15 litros, exactamente igual á la
del cuartillo de Castilla. Las tres medidas son de madera.
El gabán de D. Juan II.
Habiendo venido D. Juan II á la Alberca el año de 1455, com-
padecido de la pobreza de la iglesia y del mal estado de las ropas,
dejó su propio gabán, para que se hiciera alguna vestidura sa-
grada. Hízose con 61 una casulla y antes solamente se decía misa
con ella en la Noche Buena para la llamada del Gallo.
La casulla es de raso carmesí bordado de oro con grandes cua-
dros y está aún bastante bien conservada en la sacristía de la
iglesia.
Archivo de la Alberca.
En el presbiterio mismo de la iglesia al lado de la epístola está
el archivo de la villa, que se abre con muchas formalidades, des-
pués de reunir las tres llaves.
Consérvansc en él varios privilegios y pergaminos antiguos.
Por ellos se viene en conocimiento de que este pueblo era del
señorío de la casa de Alba dependiente de la jurisdicción de la
EXPEDICIÓN científica Á LA SIERDA DE FRANCIA. 107
villa de Granada; que ahora habiendo venido á menos se llama
Granadilla y está al otro lado de la sierra de Extremadura.
Los privilegios más notables son los siguientes:
Uno original del rey D. Pedro el Cruel, dado en la Era 130.']
(año 1355), estando en el Real sobre Toro, confirmando dos cé-
dulas del infante D. Juan , señor de la villa de Granada, dadas
la una en el Zarzoso á 25 de Marzo de la Era 1390, y la otra en
Montemayor en 29 de Marzo de la Era 1391.
En la primera se concede á este lugar de la AlJjerca por el co-
lodrazgo, vueltas de las armas y demás rentas y pechos, que no
se apremie á ninguno de la Alberca por vecino de Granada sin
ser oído en juicio; que si alguno de este lugar quisiere hacer tre-
guas en él, se lo reciban los jurados ante su notario, y sino qui-
siere hacerlas, los jurados le prendan hasta que las hagan, y no
le suelten, ni lleven tampoco preso á Granada. Si algún vecino
de Granada demandase á otro de la Alberca hasta 70 maravedís,
si este no quisiese responder en la villa, pueda litigar ante los
jurados de la Alberca. Que los alcaldes de Granada, cuando ven-
gan á este lugar, coman por cuenta de ellos, y los fieles de esta
villa prendan y quiten las medidas que no estuvieren selladas
por su concejo.
En la segunda manda que en los repartimientos que se hicie-
ren en Granada asistan dos personas de este lugar y que la co-
branza la hagan los regidores de la Alberca.
Por estas cédulas se ve que la jurisdicción de Granada era bas-
tante pesada y por tanto los de la Alberca habiendo adquirido
alguna importancia y aprovechando la buena proporción de las
guerras civiles, que suele ser la mejor coyuntura para obtener
gracias, trataron de irse eximiendo poco á poco de aquella gra-
vosa sujeción.
Otra de D. Fernando de Aragón estando en gu Real sobre Ba-
laguer á 9 de Setiembre de 1413, mandando que sus 60 monteros
de los pueblos de Salvatierra, Granada, Galisteo, Montemayor y
Miranda del Castañar, fuesen libres de pechos en Granada y en
su tierra. Todos estos pueblos eran las villas más importantes
que entonces había en la Sierra de Francia y sus inmediaciones.
Algunos de estos privilegios ya están publicados en una cu-
168 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
riosa obrita titulada Verdadera relación y manifestó apologética
de la antigiiedad de las Batuecas u su descubrimiento, por el ba-
chiller D. Tomás González de Manuel, presbítero del lugar de la
Alberca, dedicado al duque de Alba en 1693.
En el archivo se guarda un ejemplar de la obra, y también lo
hay en la biblioteca de la Universidad de Salamanca. Hay ade-
más otra edición más moderna y correcta en un tomo en 8." que
nos enseñaron en la Alberca; mas por desgracia estaba muy de-
teriorado y le faltaba la portada.
Las Batuecas.
Para ir á las Batuecas desde la Alberca, á cuyo término perte-
necen, se necesita subir una alta y enriscada sierra, que cierra
el horizonte de la provincia de Salamanca por aquella parte; y es
también el lindero natural de las provincias de Castilla y Extre-
madura. Al llegar al encumbrado sitio llamado el Portillo , se
descubre un paisaje montuoso y agreste de escasa vegetación.
Una multitud de montañas agrupadas unas en pos de otras y
asomando sus peladas cimas, en todo lo que se alcanza á ver, y
en la parte inferior un estrecho valle que muy poco promete.
Hasta haber llegado á la mitad de la montaña no se descubre
el empizarrado techo de la iglesia: allí el espectáculo cambia de
repente, presentándose en el fondo del valle que se domina á
vista de pájaro, una vegetación lozana y vigorosa, pero á la par
sombría y agreste. Mas para llegar hasta allí hay que dar 23
vueltas y revueltas por el costado de la montaña, no sin peligro
por algunos parajes.
Veamos rápidamente lo que fueron las Batuecas, lo que eran
y lo que son.
A fines del siglo svi era el desierto do las Batuecas una dehesa,
cruzada por dos arroyos y poblada de jarales, encinas, enebros y
otros árboles silvestres. Los vecinos de la Alberca llevaban allí
sus ganados en invierno; pues en el fondo del valle rara vez llega
á cuajar la nieve á pesar de la mucha que suele haber en los
montes inmediatos. Puede formarse idea de lo que eran las Ba-
tuecas antes del siglo svii, por lo que es ahora aquel sitio fuera
EXPEDICIÓN científica Á LA SIERR.V DE FRANCIA. 1 G9
(le la cerca del convento. La dehesa tenía una legua escasa do
longitud y un cuarto de legua en su mayor anchura, si hien por
algunos parajes, juntándose demasiado los cerros que forman el
valle, dejan apenas un estrecho tránsito á las aguas: tal sucede
por detrás del monasterio, en donde los cerros están tan juntos,
que parecen terminar allí completamente el valle.
Los padres Carmelitas descalzos se hallaban por aquel tiempo
á los principios de su reforma. Prendados de lo solitario y agres-
te de aquel sitio, retirado de todo comercio humano, y á propó-
sito para la contemplación , se decidieron á fundar allí un mo-
nasterio de los que solían tener para su retiro, como era en Cas-
tilla la Nueva el desierto de Balargue á las inmediaciones de
Pastrana. En ellos procuraban los religiosos del Carmen vivir,
no como cenobitas, sino como anacoretas, en continua contem-
plación y silencio, sin trato alguno exterior, ni aun de predica-
ción y confesonario, como tenían en los conventos.
Negábanse los vecinos de la Alberca á vender la dehesa, que
les era muy útil en invierno, pero atentos á la indicación del
duque de Alba, señor del pueblo y cuya casa siempre fué muy
afecta á Santa Teresa, hubieron de vender una parte de ella.
Los tasadores del pueblo fueron á designar el sitio por orden
del Concejo. Habíase instalado allí un religioso en una ermita
donde dijo misa. Tasaron en 800 ducados el sitio acotado, precio
muy inferior al de su valor real, y eso que alguno de los tasado-
res tenía que desalojar de allí su ganado. Reconvenidos por ello,
no supieron decir sino que después de oir misa no se habían
sentido con fuerzas para pedir más.
Por aquel mismo tiempo la fábula vino á dar más interés al
sitio de las Batuecas. Suponíase que este valle se acababa de des-
cubrir; ni más ni menos que Colón había descubierto el Nuevo
Mundo; que el valle estaba todavía poblado de Alarbes, sin ves-
tigio alguno de religión cristiana, más que algunas cruces toscas
y contrahechas. Principióse á hablar de las Batuecas como de un
país imaginario y desconocido , y se hizo proverbio en España
para' llamar á un hombre distraído, el decir, está ¡censando en
Babia ó está pensando en las Batuecas. Las Batuecas, pues, que-
daban igualadas con los países do Babia y Jauja. Esta patraña
TOMO IJI. 12
170 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA. DE LA HISTORLA.,
pasó tan adelante, que el maestro Alonso Sánchez en un libro
latino impreso en AlcaLá en 1632 y titulado de rehiis Hispanice
\\ih. 1, cap. 5." de Batuecis al folio 368), incurrió en la torpeza de
apadrinar esta fábula, dándole cierto colorido romántico. Un
paje del duque de Alba se fugó (según se refiere) del castillo de
Alba de Tormes con una joven doncella, de quien andaba ena-
morado. Temiendo la ira del duque, y que sus escuderos fueran
á su alcance, anduvieron ocultos por los montes hasta que al
cabo de dos tres días llegaron á un valle sumamente agreste é
inaccesible, donde se hubieran fijado sin temor alguno. Mas por
desgracia encontraron allí unos hombres bravios y feroces, que
andaban sin aliño alguno, hablaban un idioma desconocido y
parecían indios bravos. Asustados con aquel descubrimiento,
habían avisado á los pueblos inmediatos, (|ue por lo visto nada
sabían, y reuniéndose alguna gente de ellos y los escuderos del
duque de Alba, penetraron en aquellas sierras y exterminaron
aquellos idólatras.
Mas no debieron exterminarlos por completo , pues el P. Nie-
remberg refería que dos colegiales de Alcalá que se habían atre-
vido á penetrar hasta allá (largo viaje era, si lo echaron desde
Alcalá), habían tenido que huir á uña de caballo de los Alarbes
que poblaban aquellos valles. A la verdad, el terreno es á propó-
sito pard, correr caballos!
Sobre estos fundamentos vinieron los autores dramáticos á
propagar más aquella vulgaridad. El Dr. Juan Pérez de Montal-
fcán compuso una comedia titulada Nuevo mundo en España:
también Lope de Vega manoseó este asunto, y últimamente don
Juan Eugenio Hartzenbusch tuvo la ocurrencia de escribir una
comedia de magia titulada Las Batueeas, hará como cosa de unos
15 años.
El P. Feijóo escribió también sobre la fábula do las Batuecas,
combatiéndola como una preocupación ridicula, (jue aún duraba
en su tiempo. Antes lo haJjía hecho ya el citado bachiller don
Tomás González de Manuel, cuya apología de las Batuecas tiene
por objeto desmentir aquellos dislates, que tuvieron su origen á
principios del siglb xvii, época en que inundó á España un dilu-
vio de mentiras , ridiculas patrañas , falsos cronicones , plomos
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A L.\ SIERUA DE FRANCIA. 171
apostólicos, reliquias apócrifas, revoluciones fingidas, milagros
tontos; santas que parecían caballeros andantes, que hacían más
milagros que las santas. Pero la mentira siempre es hija de algo.
Es indudable que la sencillez de los pobres jurdanos, su atraso,
incultura, rusticidad, la miseria con que aún en el día viven y su
escaso trato de gentes, timidez y encogimiento, dieron lugar á
que se les considerase como una especie de salvajes. No sería
extraño que si alguno oyó caliíicar en tono de broma á los veci-
nos de las Jurdes llamándoles indios bravos, tomase la burla por
realidad en un siglo de tanto embuste y tan poco criterio. Lo ex-
traño es que fuera á nacer precisamente cuando en las Batuecas
se acababa de establecer un instituto de tanta nombradía en Es-
paña como el de religiosos carmelitas descalzos, y cuando algu-
nos de los sabios que aquel instituto tuvo siempre, solían pasar
allá desde Salamanca á retirarse por algún tiempo para la con-
templación y ejercicios espirituales.
Veamos, pues, lo que era aquel desierto antes de la exclaustra-
ción de sus ascéticos pobladores.
Desierto de las Batuecas.
En el convento de las Batuecas se daba franca hospitalidad
durante el día á los que llamaban á la puerta del convento. Cer-
rado éste por una alta cerca, solamente se entraba por el lado que
mira al Norie. Un hermoso y cristalino arroyo que sale por
junto á la puerta del monasterio y el puente que se atraviesa
para entrar en él, dan cierto airo de fortaleza á este recinto reli-
gioso adonde llega anhelante el viajero, que por espacio de me-
dia hora ha estado girando por los costados de la montaña pedre-
gosa, sin ver más que el agudo techo de la iglesia y su blanco
campanario descollando entre los cedros, cipreses y otros árboles
frondosos.
Un ancho zaguán, ó portal, permitía esperar al viajero al abrigo
de la intemperie, ínterin que llegaba el lego avisado por la cam-
pana. Hasta en esto creía el viajero hallarse trasportado á los
•antiguos tiempos al llegar á una fortaleza.
Abierta la puerta por el silencioso lego ó interrogados los via-
172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
jeros acerca de su venida al desierto, eran conducidos á la hos-
pedería. Si querían confesarse, ó hacer ejercicios, se les desig-
naba director espiritual.
Los religiosos de las Batuecas guardaban siempre silencio^
como los cartujos: al encontrarse proferían el fatídico Morir /e-
nemos. Una ó dos veces en semana hablaban por poco tiempo y
eii comunidad.
Durante el adviento y cuaresma se retiraban á las ermitas, y
aun algunas veces entre el año.
De trecho en trecho sobre los riscos, en las quebradas del valle
y aun alrededor de la cerca se ven diseminadas ermitas. Cada
una de ellas tiene su cuartito desahogado para dormitorio, un
pequeño oratorio para decir misa, un corredorcito y aun una
pequeña cueva para tener agua y provisiones. Uno ó más cipre-
ses marcan desde luego el sitio de la ermita, cual si aquel árbol
funerario quisiera indicar que allí había una sepultura para
vivir.
Entre todas las ermitas la principal y más contigua al convento
es la de Santa Teresa, situada al par de los más altos y hermosos
cedros de aquel valle, pasado un puentecillo y en un paraje su-
mamente fresco y ameno en verano. Allí solía situarse el prior
cuando la comunidad se retiraba á las demás ermitas. Cada una
de estas solía estar bajo el patronato de alguna casa ilustre que
la costeaba, y la de Santa Teresa lo era de la casa de Abrantcs.
Esta ermita aún se halla bastante bien conservada. Las demás
están en su mayor parte ruinosas ó arruinadas. Cada una de
ellas tenía su campana. El tocarla á deshora indicaba que el er-
mitaño se hallaba enfermo ó aquejado de alguna grave necesidad,
en cuyo caso pasaba un lego á visitarlo. Para decir misa ayudá-
banse mutuamente los de las más inmediatas. Al dar el reloj las
doce de la noche el prior tocaba la campana, y lo mismo para
todas las demás horas del oficio divino, y los ermitaños iban res-
pondiendo con las suyas cada uno por su orden. El no responder
con su campanil indicaba que el ermitaño estaba enfermo.
Mas no eran solamente los religiosos los que en el desierto de
las Batuecas se albergaban. Nuestras discordias políticas habían ■
llegado á profanar aquel recinto, como profanaban todo en Es-
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 173
paña. Priacipióse por enviar allí algunos clérigos díscolos y liber-
tinos, para que en el retiro y la oración, y á vista de la austeri-
dad de aquellos piadosos cenobitas, reformasen su conduela. Des-
pués se envió allá por vía de reclusión á varios clérigos compli-
cados en causas políticas , y últimamente hasta seglares. A pesar
de que los carmelitas descalzos vivían en todas parles, y con po-
cas excepciones^ alejados de la política, la disciplina que con ellos
se observaba en las Batuecas con los reclusos era bastante rígida,
como no podía menos de acontecer. Mas como las prácticas de
penitencia y devoción son muy oportunas cuando voluntaria-
mente se ejecutan, y rara vez se ejecutan bien cuando se hacen á
la fuerza, creo que las reclusiones forzadas en las Batuecas habían
producido más hipócritas que santos.
Con todo, no pocos solían ir allí, pero en verano, para dedicarse
algún tiempo á la contemplación y al retiro.
La amenidad y soledad del sitio convidaban á ello. Efectiva-
mente, un hombre envuelto en negocios y agitado de continuo
por el trabajo del mundo, difícilmente ve una de aquellas solita-
rias ermitas sin dejar de sentir vivos deseos de pasar una semana
en una de ellas para reconcentrarse dentro de sí mismo por algún
tiempo.
Mas es de notar que nadie visita generalmente las Batuecas
sino en verano. Pero cuando la nieve cubre por todas partes las
contiguas sierras j, y los árboles se hallan deshojados, y el cierzo
sopla por entre las anchurosas grietas de las desguarnecidas ven-
tanas , y la naturaleza aparece por do quiera como muerta , y el
jabalí hambriento corre por dentro de la cerca , creo que ha de
haber muy pocos contemplativos que deseen trepar hasta una
ermita y remedar la vida de aquellos anacoretas , aun sin contar
sus rezos, vigilias, ayunos y privaciones.
El convento de las Batuecas.
Aquel cúmulo de edificios toscos y sombríos ofrece mucho para
el hombre religioso, no poco para el filósofo y pensador, pero
absolutamente nada para el artista. Consiste todo ello en un
gran paralelógrarao en cuyo centro está la iglesia. Circunda por
174 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
la parte interior aquel vasto patio un largo pórtico sobre toscos
postes construido, que sirve para comunicarse por todo el edi-
ficio y con la iglesia, á cubierto del agua y do la nieve, y para
dar paso á. todas las celdas y oficinas del convento. Nada de ele-
gancia y de hermosura en el todo, ni en las partes del edificio;
cruces de corcho por do quiera constituyen su único ornato. Allí
es todo aún más que sencillo ; pobre , cual correspondía al insti-
tuto, al sitio y al objeto.
El único sitio que tiene algún ornato es el refectorio, y aquel
consiste en los monogramas de Jesús y María, y algunos otros
objetos religiosos hechos con tiras de corcho sobrepuestas en el
techo de madera.
Las celdas, iguales todas, sombrías y estrechas, no ofrecen co-
modidad alguna, sino un pequeño huertecito con su ¿irroyo, pues
el agua corre allí libre y abundantemente por todas partes.
Los adornos de la naturaleza suplen allí por los del arte : pre-
ciosos cuadros de boj recortado adornan los contornos de la igle-
sia , delante de cuya sencilla fachada corría una fuente copiosa
con varios juegos de agua.
En la misma galería que circunda la iglesia llaman la atención
cuatro capillas, correspondientes cada una aun ángulo de la igle-
sia» Las cuatro son exactamente iguales y simétricas; las piedras
sin pulir y adornadas de conchas y mariscos por el estilo grotes-
co. En efecto, cada una de las capillas representa una gruta en
que se ve un santo anacoreta , y á cada lado otros dos que con él
tienen analogía, situados en otras dos grutas más pequeñas.
Las cuatro capillas ó grutas estaban dedicadas á San Pablo,
primer ermitaño, San Elias, San Juan Bautista y San Jerónimo.
Al lado de cada gruta unos sencillos azulejos contienen dos quin-
tillas á cada santo en versos conceptuosos y altamente gongo-
rinos.
Fié aquí una muestra tomada de la gruta de San Elias :
Del duro suelo hace cama
Elias, por divertir
lazos que Jezabel trama; '
quo pues cobró buena fama,
bien puede echarse á dormir.
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 175
No se copiaron más, pues todas las veinticuatro quintillas son
por el estilo.
La iglesia de las Batuecas.
El desierto de las Batuecas podía mirarse como una continua
iglesia, pero el centro de aquel desierto era la iglesia del con-
vento. Una cerca rodea las ermitas, las ermitas al convento,
el convento á la galería, la galería al jardín, el jardín ;í la
iglesia.
Esta es sencilla, pero espaciosa, en figura de cruz latina. No
tiene coro; pues como sólo era para el uso de los cenobitas, ser-
víales de coro toda la iglesia. Las efigies que decoraban los tres
altares son bastante lindas, en especial las de San José y Virgen
del Carmen.
Detrás del altar mayor hay una espaciosa capilla llamada de
los Entierros^ porque allí eran enterrados los religiosos que falle-
cían en el convento. Tanto la iglesia como esta capilla eran sen-
cillas y de escaso ornato, aunque no les falta cierta severa majes-
tad en armonía con el desierto.
Afortunadamente se hallan habilitados para el culto, y aún
subsisten los altares , los cuadros y las efigies , inventariadas por
la Comisión de monumentos artísticos, y que no se extrajeron á
la exclaustración de los religiosos por no tener la Comisión fondos
para costear los gastos. En el día, habiendo hecho desembolsos
el dueño del desierto para habilitar la iglesia al culto, sería ya
inconveniente y mal visto el sacarlos de allí, aun cuando conser-
ve la Comisión los inventarios para evitar cualquier enajenación
ó extravío.
La fachada nada ofrece de particular; y según una fecha que
en ella se lee, fué restaurada á mediados del siglo pasado. Con-
cluye con una doble espadaña ó campanario para cuatro cam-
panas.
Contigua á la sacristía estaba una capilla linda, pero ya en su
mayor parte desmantelada, que se llamaba de la Reina, porque
era de patronato real , á la manera que lo eran otras ermitas de
varias casas ilustres.
176 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
La ermita del Alcornoque.
Entre todas las ermitas goza de' nombradla la llamada del Al-
cornoque. Redúcese al tronco de un árbol , dentro del cual se re-
cogía el ermitaño. Para conservarlo se le revistió por fuera de
una tapia, y por delante tiene un cobertizo forrado de corcho.
Una tosca puerta cubre la entrada del tronco, al que no se puede
penetrar sin agacharse, ni se puede estar con comodidad sino sen-
tado ó de rodillas. Sobre la puerta la triste calavera con los hue-
sos, puestos en aspa, aumenta el religioso pavor que inspira aquel
penitente asilo; y si esto no bastara, una tablilla pendiente sobre
la puerta dice en toscas pero en claras letras:
Morituro satis.
Todos los viajeros se apresuran á poner su nombre en el cor-
cho del pórtico , sin que baste la prohibición expresa del dueño
actual de la finca.
Con todo, alií no suena más que un nombre, y nombre que sin
estar grabado en ninguna parte durará cuanto dure la ermita del
Alcornoque , y cuanto dure quizá el monasterio de las Batuecas.
Pocos años antes de la exclaustración vivía allí un religioso
llamado el P. Acebedo, más comunmente el P. Cadete, pues lo
haln'a sido en el ejército por algún tiempo. Era además hijo de
una familia noble de Asturias. Amargas decepciones y los remor-
dimientos de juveniles extravíos le llevaron al claustro al P. Ace-
bedo, y del claustro al desierto de las Batuecas. Su silencio era
profundo, su oración continua y su sitio predilecto la ermita del
Alcornoque, en donde se le veía casi de continuo de rodillas, ó
echado , con la frente hundida en el polvo y cubiertos los oídos
con las manos. Los que alcanzaron á conocerle hacen un retrato
de él como el que hacía Santa Teresa de San Pedro Alcántara;
<'Era tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces
de árboles; con toda esta santidad era muy afable, aunque de po-
cas palabras, si no era preguntado .y> También lo era el P. Cadete
con los queacudíaii á confesarse con él, que solían levantarse de
sus pies tan compungidos como consolados. Después de impo-
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A LA SIERRA DE FRANXIA. 177
uerle al penitente una severa que le aterrorizaba , parcciéndole
imposible de cumplir, encargábale cjccutai-a una peijueña parle,
ofreciéndole él cumplir la restante; y no era el P. xVcebedo quien
estas ofertas hiciera en vano.
Su tono de voz era siempre pausado y grave; hablaba como un
hombre inspirado. Una palabra suya bastó para que el P. La
Calle dejase su canongía de Palencia y entrase jesuíta.
El P. Cadete, en unión de otros pocos religiosos, logró perma-
necer en las Batuecas por algún tiempo aún después de la ex-
claustración. Allí murió poco después , y allí yace en la capilla
délos Entierros, detrás del altar mayor, en el número 2. Su nom-
bre es todavía popular en la Sierra de Francia, donde siempre so
oye con respeto.
Las Batuecas en su estado actual.
El arrendador del sitio presenta á los visitadores un álbum eu
que están las prescripciones á que estos deben atenerse, y en que
se les suplica consignen allí sus pensamientos y observaciones.
No pocos de los que allí iban se consideraban autorizados para
cazar á su arbitrio, talarlo y destrozarlo todo, ó profanar aquel
sitio con inmundas bacanales. Fué preciso se advirtiera en el ál-
bum á estos sujetos lo jue la buena educación hubiera hecho in-
necesario se tuviera que advertir.
No ha faltado tampoco quien al estampar sus observaciones en
el álbum ha prorrumpido en invectivas contra el estéril misti-
cismo.
Hé aquí las ideas que sobre poco más ó menos, y por lo que
recuerda, estampó en el álbum el autor de esta Memoria:
«Dos sitios me han impresionado fuertemente en este desierto;
la ermita del Alcornoque, donde todavía parece presidir la som-
bra del P., Acebedo como reina allí su memoria. ¡ Cuan terrible
es aquel morituro satis en lo que fué su ermita! ¿Cómo hay ne-
cios que se atreven á estampar allí su nombre? ¿•Quiénes son
estos entes obscuros que allí han dejado sus obscuros nombres?...
El otro sitio que me causó viva impresión fué el refectorio ; l.-i
obscuridad que allí reina, aquella cruz junto á la entrada y li
178 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Otra en el testero, la calavera en el pulpito, los nichos vacíos de
los libros, el artesonado de corcho, son emblemas que hablan al
alma religiosa mucho más fuertemente que la momia que los
egipcios paseaban alrededor de la mesa del festín. ¡Oh qué dife-
rencia entre unos y otros símbolos, y entre sus tendencias y sig-
nificaciones !
Más de una hora pasé allí en silencioso recogimiento, y mi
mente penetraba en lo pasado y evocaba los tiempos que fueron
nara no volver, y creí distinguir aún las som.bras de los piadosos
ascetas que ]Doblaron aquellos sombríos recintos, desengañados
de la vanidad del mundo y dirigiendo á Dios sus fervorosas prc-
rcs. Y esta noble misión de rogar por los pecados de sus herma-
nos y expiar los propios, calmar la cólera divina, elevar su pen-
samiento á Dios, autor de todo bien, criador de la naturaleza vi-
vificadora de estas sombrías soledades, y que algún día las redu-
cirá á la nada, ¿se llama contemplación estéril? Consagrar el
recogimiento en el otoño de la vida, manchada quizá con extra-
víos, ó lacerada con amargas decepciones, ¿será faltar á su mi-
sión ? ¡ Oh, el materialismo en todas sus partes ha de ser estúpido,
avaro, egoísta, ridículo y ramplón!
¿Querrá negarse la verdad de la palabra de Cristo, que man-
daba orar y lo enseñaba con su ejemplo retirándose él mismo al
desierto por largos períodos? Quien tal hiciere no es católico, ni
español, ó lo será, cuando más, espúreo y degenerado.
¿Qué eran estas rocas y estas breñas antes que la religión las
fecundara? ¿Qué son hoy en día respecto de lo que fueron? ¿Qué
serán quizá dentro de pocos años, si les falta la generosidad del
dueño que aún las sostiene, pasando á manos de avaros especu-
ladores ó de administradores negligentes? ¡Oh, tú que vienes á
visitar esta agreste é imponente soledad : si eres católico, contem-
pla; si eres protestante, admira; si eres necio, calla; si eres impío,
puesto que eres dos veces necio, calla y vete luego!»
■• Las Jurdes.
Ya se dijo algo acerca de las Jurdes y de los j úrdanos al ha-
blar del fabuloso descubrimiento de las Batuecas. Dase el nom-
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIEURA DE FRANCIA. 179
Lre de Jurdes á unas dehesas que hay en el valle mismo de las
Batuecas y á poca distancia de estas. El terreno es agrio y pobre
en su vegetación; lo hace aún más ingrato la liahilual indolencia
y flojedad de sus habitantes y el gran atraso do civilización en
(jue viven. Apenas tienen trato alguno y no pocas veces al ver un
forastero huyeu y se esconden en sus casas. Xo tienen médicos
ni menestrales para los oficios más precisos de la vida; ellos se
curan eutre sí y á su modo con plantas cuyas virtudes conservan
tradicioualmente como los salvajes. Su alimento es, más que te-
nue y parco, pobrísimo, pues su habitual miseria no les permite
otra cosa que algunos fréjoles y patatas; pan y leche muy raras
veces y éste de ínfima calidad cuando lo comen. Algnnosde ellos
apenas tienen idea de haber comido carne alguna vez, y ni aun
suelen llevarla sus empobrecidos estómagos.
En el invierno pasado han sufrido muy cruel hambre, mu-
riendo muchos de miseria dentro de sus chozas, pues no merecen
otro nombre las casas en que viven.
El primer pueblo que se encuentra en el valle siguiendo el río
que baja de las Batuecas so llama las Mestasy es lo más princi-
pal de las Jurdes. Tiene una iglesia bastante regular. Parte de la
expedición llegó hasta allí. El catedrático de Física D. Dionisio
Barreda, en la memoria que acompañó á sus observaciones baro-
métricas é hipsométricas, recogidas en esta expedición, hace esta
descripción del valle de las Jurdes y de sus habitantes.
Extiéndese este valle en la dirección de N. á S. y siguiendo la
corriente de las aguas, no lejos del arroyo de las Viñas se halla
el puente primero que conduce hacia las Mestas, por el cual se
pasa á la orilla derecha del río, y faldeando la vertiente oriental
del valle se vuelve á pasar aquél por el puente segundo con el fin
de tomar la vertiente occidental, siendo acaso el desnivel que so
halle entre ambos puentes y caminando á corta distancia de las
aguas que recorren el fondo del valle. Estréchase éste sobre ma-
nera en el trayecto anterior empezando á ensancharse desde el
segundo puente hasta las Mestas. Para llegar hasta este punto
hay que ascender bastante sobre la vertiente occidental, bajando
en seguida proporcionalmente. Descúbrense desde el camino los
variados accidentes del terreno y la carencia del cultivo. Algunas
480 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA..
descuidadas praderas, algunos olivos casi abandonados á sí mis-
mos, y pocas castañas raquíticas forman su vegetación. La sole-
dad de los áridos desiertos es la que allí reina, y hasta las aves
parécenos han huido de aquellos sitios, no habiendo escuchado el
menor trino ni visto pájaro alguno en todo el espacio que media
desde el puente primero hasta las Mestas.
Es "el pueblo de bis Mestas el primero que se encuentra en
aquella dirección y pertenece ya á la provincia de Cáceres, cuyos
h'mites con la de Salamanca se hallan en el puente segundo ya
mencionado. Sus habitantes, lo mismo que los que se hallan es-
parcidos por aquellas montañas, son los conocidos por los Jur-
danos, sobre cuya educación atrasada y sus costumbres se cuen-
tan tantas consejas, verdaderas algunas y supuestas la mayor
parte. Dedicados á la vida pastoril no se ocupan en el cultivo de
la tierra, y sus ganados y colmenas forman toda su riqueza. Estas
ocupaciones y las pocas necesidades que se crean y su falta de
comunicación con los habitantes de los valles circunvecinos les
dan un carácter tosco, rudo y semi-idiota y hasta enfermizo y de-
gradado por su falta de higiene.
Ocupa el pueblo una corta meseta que se eleva á la orilla dere-
cha del río, y el poco terreno cultivado que se observa en sus
contornos revela lo que pudieran ser si la mano inerte hoy de
sus habitantes le trabajase como trabajan otros más ingratos, de
peores condiciones y clima, los montañeses de Asturias, de Gali-
cia, de Cataluña y Vizcaya. No será fácil que se borre tan pronto
de mi memoria el triste cuadro que á las inmediaciones de la
iglesia formaban en torno nuestrO; aquellos famélicos habitantes
andrajosos, sucios, enfermos y semi-idiotas.
La Peña de Francia.
Dase es le nombre á un elevado cerro á distancia de doce leguas
de Salamanca y una de Alborea.
Su elevación es de 1.482, 4 metros, según las alturas que lomó
y experimentos que hizo el catedrático de Física D. Dionisio Ba-
rreda. Descúbrese desde muy lejos, y domina con su elevación á
la serranía de Francia á la que da nombre. Cuál fuera la etimolo-
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIEHRA DE FRANCIA. 181
gía de éste se ignora. Dícese, no se sabe con qué fundamento,
que habiendo poblado por allí algunos franceses de los que vi-
nieron con D. Ramón de Borgoña, á cuya mujer D." Urraca ?<?
dio el señorío de Salamanca y su país, dieron á esla sierra y peña
el nombre de su país natal.
La cima de esta montaña se halla la mitad del año cubierta de
nieve. El aire es muy raso y sutil, y los vecinos de los pueblos
inmediatos decían que los frailes no podían criar gallinas en el
convento porque morían al poco tiempo de estar en él. Desde su
alta cumbre se descubre toda la provincia de Salamanca y aun
las entradas de Zamora, Ávila, Burgos y Portugal.
Por la parte de Oriente y en el sitio donde se descubri(3 la ima-
gen de la Virgen, la peña eslá tajada en una elevación de 200
varas no pudiendo asomarse sin horror á tal precipicio.
No pocas veces mientras las nubes descargan las lluvias sobre
los campos á la falda de la montaña, gózase en ésta del sol y se-
renidad, viéndose desde el convento los relámpagos y exhalacio-
nes que rasgan las nubes, y oyéndose las detonaciones á la parte
de abajo.
Mas otras veces los vapores circundan el monasterio y la cima
de la montaña, y el espectáculo en tales casos solía ser muy poco
halagüeño, rodeados los habitantes de electricidad.
En 1827 una espesa y amenazadora nube circundó el monaste-
rio el día 7 de Setiembre, á la sazón que la gran plaza del con-
vento se hallaba llena de la mucha gente que á la feria había
concurrido. Desde los pueblos inmediatos vieron con terror aque-
lla negra nube envolver á la blanca masa del convento, que se
destacaba en la cima. El relámpago hendió el aire, y sin inter-
misión apenas retumbó el trueno y la campana del convento sonó
cual si pidiera socorro. Acudieron de los pueblos inmediatos y
hallaron un espectáculo horroroso; la descarga eléctrica había
matado siete personas y varios animales, otras se hallaban heri-
das ó medio asfixiadas: ninguno de cuantos había en la feria y
en el convento habían dejado de sentir el sacudimiento eicctrico.
"Un sujeto que se hallaba allí me refirió que tres minutos an-
tes acababa de oir una blasfemia en boca de uno de los muertos
por el rayo, quejándose de lo poco que vendía.
182 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA.
La Virgen de la Peña de Francia.
La Sierra de Fnuicia era uno de los distritos más monástica-
mente poblados de España.
Al Mediodía tenía las Batuecas, al Poniente' la Peña de Fran-
cia con SQS dos conventos; más allá, y al frente en la opuesta cor-
dillera el monasterio del Zarzoso y el convento de franciscos de
Nuestra Señora de Gracia; estos cuatro conventos estaban en un
cuadro de unas cuatro leguas escasas.
Entre todos ellos sobresalía el convento de la Peña de Francia,
por su nombradla, su riqueza, su antigüedad, elevación y tradi-
ciones. Hé aquí su origen, según estas refieren copiándola al
efecto de una obra que relata el nuevo en pocas palabras, con la
candorosa sencillez con que escribían acerca de estas cosas nues-
tros antepasados (1)..
Hacia el año 1434 se presentó en Salamanca un extranjero lla-
mado Simón Vela. Llamóse así porque estando en Paris se le
apareció tres veces c?. sueños la Virgen diciéndole que velase, y
como la Virgen le decía : Simón vela, de ahí le quedó el nombre
de Simón Vela. Díjole la gran Reina que buscase la Peña de
Francia, que en ella haría su santa imagen. Salióse de Paris y
fuese en busca de la Peña, en cuya empresa empleó más de siete
años, hasta que encontrando unos carboneros que decían iban á
hacer carbón á la Peña de Francia, siguiólos, y llegando á la Peña
se quedó una noche allí, donde le cayó una piedra en la cabeza,
que hiriéndole le maltrató no poco y oyó una voz que decía:
«Donde vieres la piedra teñida con tu propia sangre, cava y allí
hallarás lo que buscas. « Así faé que halló una imagen hermosí-
sima, y aunque Simón curó de la herida, queda hoy en el día en
la calavera un grande hueco.
Hasta aquí la piadosa tradición. La crítica tiene que mostrarse
algo benigna con estas sencillas nai-raciones de nuestros padres,
con que se vestía á veces el origen de ciertas cosas, cuya verda-
(I) Ano virgíneo. Tom. ir., pág. 309.— Había además una historia de la Virgen de la
Peña que refería su desculjrimiento y milagros. Esta obra es ya muy rara hoy en día.
Fué escrita por Fr. Juan Telilla y aumentada por Fr. Juan Gil Godoy.
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 18.5
dera procedencia ya no es fácil averiguar; y como por o Ira parte
son de poca trascendencia histórica, á nadie perjudican, y aun el
analizarlas pudiera causar escándalo entre la gente sencilla, pre-
ciso es contentarse con narrar sin discutir.
Mas con lo que no se puede convenir, es con lo que asegura
el' piadoso morador de ser una hermosísima imagen. Claro es que
al hombre piadoso y al católico ilustrado, poco le importan la ma-
yor ó menor belleza y perfección de la escultura. Gomo no ter-
mina su culto en la materia, sino en otra más elevada idea que
aquella representa á los sentidos, poco le importan la calidad y
precio de la materia ni la mayor ó menor belleza de su forma,
pues á través de ella distingue su mente otras más perfectas y ce-
lestes.
Mas el artista no transige fácilmente con estas apreciaciones,
y en efecto, la efigie hallada por Simón Vela, no pasado ser una
escultura tosca del sig-lo x al xiii, con la cara aplastada, las
narices postizas y casi triangulares; y como por otra parte el
bermellón con que estuvo abundantemente confeccionada la en-
carnación, se ha oxidado, resulta un color- negruzco y de mal
efecto, como en otras muchas efigies antiguas.
Su escultura es coetánea del Cristo de las Batallas, que fué del
Cid, y que hoy en día se venera en la catedral de Salamanca.
Aún tiene algo de parecido á la otra efigie de bronce de Nuestra
Señora de la Vega la patrona de Salamanca, que hoy en día se
halla colocada en el camarín del altar mayor de la iglesia de San
Esteban,
Yo creo que tanto la efigie de Nuestra Señora de la Peña de
Francia, como las otras que Simón Vela encontró en aquel sitio,
fueron conducidas allí por los cristianos del país, durante la in-
vasión de Almanzor, ó algunas otras de aquellas en que los ára-
bes talaron con harta frecuencia las comarcas de Zamora y Sala-
manca. Es de presumir que los cristianos del país tratasen de
aprovechar aquella eminencia donde fácilmente podían guaj-darse
y encastillarse contra los árabes , defendiéndose pocos contra
muchos, y que al trasladarse allá con sus lares , no olvidaran
tampoco sus penates, ó hablando cristianamente las efigies de su
devoción. Quizá próximos á sucumbir en aquellas enriscadas for-
184 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORL-V.
talezas t)ajo el alfanje agai-eno escondieran aquellas en la Sierra,
para evitar su profanación, dejando á cargo de la Providencia el
descubrirlas si ellos morían.
Esto no pasa de una conjetura, pero harto verosímil; y que es
la clave de tantas efigies antiguas, descubiertas, ó aparecidas en
España. Ello es que no lejos del sitio donde hallara aquella efigie
Simón Vela, encontró también otra de Cristo crucificado y otras
de Santiago y San Andrés, que en sus correspondientes ermitas
se veneraban, cabe el convento, en los sitios que la tradición de-
signaba como puntos de su hallazgo respectivo.
Ermita de Nuestra Señora la Blanca.
Cuatro son los edificios principales que coronan la cúspide de
la Peña de Francia, á saber: la iglesia de Nuestra Señora la
Blanca, la iglesia, el convento y la hospedería: hállanse estos
unidos por medio de un pórtico sostenido sobre esbeltas colum-
nas de piedra berroqueña que forman con los citados cuatro
edificios una plaza anchurosa, aunque irregular.
El primero que se encuentra en ella es la iglesia de Nuestra
Señora la Blanca. Es una linda iglesia gótica plateresca, sencilla,
pero elegante y sólida. Construyóse sobre el mismo sitio donde
se encontró la Virgen. Bájase, á esta por una angosta escalera,
(jue termina en una covacha cavada en la peña, y cuyo único
adorno es el de un altar sencillo de piedra berroqueña con un
bajo relieve de lo mismo.
Esta iglesia se está habilitando ahora para volver la Virgen al
sitio de su aparición, por Real orden de 10 de Abril de 185G, para
cortar de este modo las rencillas de los pueblos comarcanos qne
en estos últimos años pasaron ya á vías de hecho, en medio de los
disturbios políticos.
Las bóvedas de la iglesia han resistido á la acción del tiempo
y de las nieves, á pesar de haberlas tenido sin techo por espacio
de más de veinte años. Son todas de piedra berroqueña, y en las
claves de sus arcos se ve el monograma de Simón Vela (S. cru-
zado con V.] altcrnaado con las armas de Castilla y León.
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 185
Iglesia y convento de dominicos de la Peña de Francia.
*
No era en el sitio de su aparición donde se colocó á la Virgen,
sino en la grandiosa iglesia que al efecto erigieron los frailes de
Santo Domingo.
Al verificarse aquella, los obispos de Salamanca, Ciudad- Ro-
drigo y Coria se disputaron la posesión de la ermita construida
por Simón Vela. En efecto, la Peña de Francia está enclavada en
el punto de convergencia de los tres obispados.
Para evitar disputas D. Juan II dio la Virgen al orden de Pre-
dicadores, de que era muy devoto, por contar á Santo Domingo
de Guzman entre sus ascendientes. Al mismo tiempo dio al Prior
el señorío temporal de toda la cúspide de aquella montaña, vi-
niendo de este modo á formarse allí por privilegio y Bulas Pon-
tificias un Priorato exento y veré nullius con jurisdicción espiri-
tual y temporal, que ejerció el Prior hasta el tiempo de la ex-
claustración. Esto contribuyó á dar gran importancia al convento,
priorato é iglesia, á la que la devoción hizo afluir on breve gran-
des riquezas y no pocos privilegios.
La iglesia es gótica y de tres naves espaciosas, cada una de
ellas de cinco arcos por lado. La longitud de la iglesia es de 140
pasos por 70 de ancho. La capilla mayor tenía una imperfección
notable, pues el arco toral que la daba entrada se hallaba refor-
mado con un machón, ó contrafuerte que desfiguraba la capilla
mayor haciendo que ésta no correspondiese exactamente al centro
de la nave.
Fuera destrozo causado por el rayo, ó por la acción incesante
del tiempo, ello es que el remiendo echado á la capilla mayor la
afea extraordinariamente. Por otra parte el coro, el pulpito y
otros varios adornos eran de gusto m^oderno y desdecían del resto
de la iglesia. Este se halla tan destrozado en todos conceptos, que
es ya casi imposible su reparación. No se comprende cómo á tal
altura, y con la devoción que inspiraba aquel recinto en los pue-
blos haya hecho allí tantos estragos el vandalismo impío.
Otro tanto sucede en el convento del cual apenas quedan las
paredes y una puerta gótica del tiempo de su fundación, á me-
diados del siglo XV. Del mismo tiempo es la hospedería sobre cuya
TnyfO ni. 13
18G BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA.
puerta campea el escudo de D. Juan 11. Allí encontraban franca,
gratuita y generosa acogida cuantos peregrinos, devotos y viaje-
ros concurrían á visitar la Virgen. Más de cuarenta personas se
refugiaron allí durante el cólera de 1834 por espacio de cuatro
meses y se vieron libres de aquel azote. Una de ellas era D. Juan
Nicasio Gallego.
Poco tiempo después, estando los religiosos cantando vísperas,
llegaron sesenta nacionales de Sequeros, y apoderándose de la
iglesia cargaron la Virgen y sus alhajas en unas cestas y la ba-
jaron á su puelDlo. Los religiosos quedaron llorando su desampa-
ro. Al saberlo los de la Alberca tocaron á somatén y se armaron
más de 300 hombres para salir á quitarles la Virgen. A duras
penas logró el párroco contenerlos ofreciendo que se remediaría
todo por medios legales, ello es que la Virgen de la Peña quedó
encerrada y casi oculta por muchos años en el camarín de la Vir-
gen del Robledo, con harto disgusto de los pueblos inmediatos,
que por estas y otras causas se declararon en hostilidad abierta
contra Sequeros.
Las cosas llegaron á tal extremo que en 1854 más de 500 hom-
bres de la Alberca marcharon armados contra Sequeros, dispues-
tos á entrar á viva fuerza en el pueblo y arrancarles la efigie de
la Virgen si buenamente no la querían entregar.
De allí fué conducida á la Alberca, donde actualmente está. El
dia 13 de Agosto de este año se principió la obra para la rehabili-
tación de la linda iglesia de Nuestra Señora la Blanca, donde se
la va á colocar de Real orden para evitar las rencillas entre los
pueblos comarcanos. Al mismo tiempo se le habilitará una parte
de la hospedería á fin de que sirva para habitación del capellán y
dos ermitaños, á quienes se permitirá pedir limosna para el culto
de la Virgen y manutención de ellos.
Cuando los frailes ocupaban el convento, en llegando á Todos
Santos, dejaban allí dos ó tres individuos, para custodiar la Vir-
gen, y el resto de la comunidad se bajaba á otro monasterio, que
tenía poco separado de las faldas de la Peña donde se subían pe-
riódicamente algunas provisiones álos que habían quedado arri-
ba reclusos y casi en tinieblas entre la uieve que durante muchos
meses euvuelve totalmente el monasterio.
EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 187
Sequeros.
Salimos de la Al])erca el domingo por la tarde para Sequeros.
El camino para esta villa es agrio, pero pintoresco, principal-
mente antes de llegar á Mogarraz y en la hondonada de un valle
que hay entre este pueblo y el de las Gasas del Conde. Este se
halla situado en un cerro de bastante elevación. A la salida del
pueblo que está á la mitad de la cuesta, hay una subida suma-
mente agria y pendiente, donde las caballerías resbalan con
facilidad.
En lo más alto del cerro está Sequeros en una planicie muy pin-
toresca, y domina todo el país circunvecino, como en un vasto
panorama. El nombre se deriva, según dicen, de los secaderos ó
sequeros, de castaña que en él había.
Esta villa fué hasta 1756 dependiente de Miranda del Castañar,
cabeza del coudado de Miranda y de toda aquella tierra. A fin de
emanciparse de aquella acudieron al Consejo de Castilla donde
se siguió un expediente ruidoso, en que probaron que los de Mi-
randa los tenían tiranizados, que les exigian tributos indebidos,
les llevaban las mieses y no se las pagaban á los del pueblo, y
les hacían otros muchos desafueros. Con esta prueba, y el pago
de 23.823 reales 20 maravedises y de otros muchos gastos y gajes
lograron que se declarase á Sequeros villa por si y sobre sí al te-
nor de la administración de entonces con alcaldes y ayuntamien-
tos propios y derecho de llevar varas levantadas que vino á traer-
las desde Madrid un alcalde enviado por el Consejo.
El expediente es muy curioso, y se conserva original en el pue-
blo. El Consejo al motivar la sentencia dice que lo hace para ma-
yor prosperidad, aumento y población de la villa, y en efecto,
desde entonces ha prosperado tanto que en el día es cabeza de
partido y juzgado de primera instancia, y uno de los pueblos im-
portantes de la provincia de Salamanca.
La Virgen del Robledo.
Al llegar á Sequeros descúbrese lo primero la Virgen del Ro-
bledo, ó del Robledal, en una posición muy pintoresca, rodeada
188 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
de robles y cipreses, y desde la cual se descubre una hermosa
perspectiva por toda la extensión de las faldas de la sierra.
Aparecióse esta Virgen á una joven de Sequeros llamada Juana
Hernández, hija de Santos Hernández, arriero, doncella suma-
mente piadosa que vivia á principios del siglo xv y es teñida con
veneración en aquella villa. Murió diez años antes de la venida
de Simón Vela, siendo de edad de unos 30 años. Al irla á ente-
rrar, se incorporó en el ataúd y para consolar á sus padres, que
según la costumbre de entonces, acompañaban al funeral, les va-
ticinó que dentro de pocos años se hallaría una efigie que seria
el consuelo de aquel país.
Este milagro estaba pintado en uno de los cuadros que decora-
ban el altar mayor de la Peña de Francia. La calavera de la pro-
fetisa Juana (que así la llamaban en el pueblo] se enseña en la
iglesia del Robledo en una caja de cristal, y los documentos rela-
tivos á este prodigio, se conservan en un arca de la sacristía.
En la misma sacristía se enseñan también en otra urna de cris-
tal los huesos y calavera de Simón Vela. Esta conserva todavía un
agujero en el ocipucio que dicen le hizo la Virgen con la piedra
que le cayó encima de la cabeza cuando estaba durmiendo. No
se concibe cómo pudiera vivir con tal rotura, y es seguro que
nadie se condenará aunque no lo crea.
La iglesia del Robledar es linda y espaciosa y aunque está faera
del pueblo, es la matriz, y en ella se hacen las principales fiestas
y solemnidades religiosas. Para la administración de sacramentos
y demás, hay otra iglesia en paraje más céntrico de la villa.
En esta además se han construido últimamente otros paseos,
además del ya citado de Robledo, y uno de ellos cubierto y sirve
para las ferias y mercados.
Convento de Santa María de Gracia.
Al hablar de la población monástica de la Peña de Francia se
citó ya el convento franciscano de Santa María de Gracia. Este
se halla á una legua al SE. de Sequeros hacia la parte de Miran-
da. En el día no existe: su mérito artístico era nulo, según
noticias.
EXPEDICIÓN científica k LA SIEllIlA DE FRANCIA. 189
Convento de Nuestra Señora de Gracia en Tejeda.— Regre-
so á Salamanca.
A la salida de Sequeros continúa presentando un aspecto bas-
tante ameno y halagüeño, merced á las aguas que se desprenden
de las sierras inmediatas. En el camino encontramos los pueblc-
citos de Cilleros, el Parral, y otros de muy poca importancia.
Al traspasar la sierra de la Quilama vuelve á encontrarse el
anchuroso valle de Tamames. Al pió de ella está el pueblo de Te-
jeda, en el que había un pequeño y pobre convento de francis-
cos cuyo exterior promete harto poco. La suerte fué iguala la del
otro de Nuestra Señora de Gracia. Ni un libro, ni un papel, ni
un cuadro, llegó á la Comisión de monumentos. En Tejeda había
un hermoso y fuerte castillo, cuyos ángulos volaron los franceses
en la guerra de la Independencia. De Tejeda en adelante se atra-
viesan los pueblos de la Moraleja, Peralejos, Vecinos, Sanchiri-
cones y Aldea Tejada vecino á Salamanca.
En todos ellos el terreno es árido y sin verdura alguna, des-
aprovechado en gran parte y reducido únicamente á tierras de
pan llevar, medianamente cultivadas, y montes de encinas con
grandes claros en su escaso arbolado.
Salamanca 1.' de Setiembre de 1857.
Vicente de la Fuente.
VARIEDADES.
DISCUESOS
PRONUNCIADOS POR EL SR. RADA Y DELGADO EN EL CONGRESO
INTERNACIONAL DE COPENHAGUE.
Vasos peruanos.
Sesión del 23 de Agosto.
Señores:
He tenido el atrevimieato de pedir la palabra en este día, para
presentar al Congreso diversas fotografías de la riquísima y aca-
so única colección por su importancia y su número de vasos pe-
ruanos que se conservan en nuestro Museo Arqueológico Nacio-
nal, pues aunque estuvieran expuestos al celebrarse la reunión
anterior de este Congreso, en que mi querida patria tuvo la dicha
de ver reunidos bajo su hermoso cielo á los dignísimos represen-
tantes de las ciencias americanistas en ambos hemisferios, no
creo inoportuno traer á este Congreso las reproducciones fotográfi-
cas de algunos de los vasos más importantes de aquella colección,
aunque no todos los que yo hubiera deseado, pues mi propósito
ora, y espero que Dios me permitirá realizarlo, sacar reproduc-
ciones fotográficas de todos ellos y enviarlas á todos los centros
donde se cultiven estos importantes estudios, para que á manera
de próvida semilla, esparcida por los vientos de la Providencia,
haga brotar por lodaá partes los fecundos y hermosos frutos de
la í'ioiicia V del arte.
VASOS PERUANOS. 191
Y como la procedencia de los objetos antiguos es uno de los
más interesantes datos que puedan consultar el erudito y el ar-
queólogo para encontrar la verdad, objeto supremo de toda inves-
tigación humana, comenzaré por consignar la de estos curiosísi-
mos objetos que nos revelan un grado de cultura y adelanto, su-
perior al que generalmente se ha concedido ;t los antiguos ame-
ricanos.
Esta colección fue remitida á España en Noviembre del año
1788, por D. Baltasar Jaime, obispo de Trujillo; y consta de más
de 600 ejemplares, todos en hermoso estado de conservación,
habiendo sido encontrados en los sepulcros ó huacas délos indios
gentiles del Perú, siendo estas las únicas noticias que de su épo-
ca y procedencia se conservan; noticias que constan en el archi-
vo del antiguo gabinete de Historia Natural y de antigüedades
de Madrid, creado en 17 de Octubre de 1771, para donde los re-
mitió después de haberlos encontrado y reunido con ilustrado
celo el digno prelado español.
Que estas huacas, y por consiguiente los vasos en ellas encon-
trados fueron anteriores á la conquista no puede ponerse en duda.
La frase de indios gentiles, prueba su antigüedad, porque desde
los primeros tiempos de la conquista hasta la época en que el
obispo de Trujillo los remitió á España, se bautizaban los indios
y no se enterraban según sus antiguos ritos, sino con arreglo á
las prácticas de sus conquistadores. Las relaciones ó historias de
aquel período, siempre que se refieren á hechos anteriores á la
conquista, dicen: cuando vivían los naturales en su gentilidad.
Además con la conquista decayó rápidamente la civilización pro-
pia y peculiar de los indios, y no era posible, ni lo atestigua dato
alguno, que después de la ruina de los imperios peruano y meji-
cano continuase la cerámica en el mismo grado de esplendor que
tenían las artes americanas, cuando llegaron al Nuevo Mundo los
españoles. Ahora, fijar la época determinada á que estos vasos
pertenecen dentro del período en que gobernaron las comarcas
peruanas los descendientes de Manco Gapac es en extremo difícil,
y en mi juicio no tenemos datos bastantes para poder hacerlo.
Lo que sí pufede asegurarse es que los numerosos vasos peruanos
que nos ocupan, dan elocuente testimonio del estado de perfección
192 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
á que habían llegado las artes plásticas en ciertos pueblos de
América, así en la parte industrial como también en la artística.
La finura del barro y de las delicadas arcillas bucarinas de que
están formados, revelan el esmero, perfección é inteligencia en
el molido de tierras cerámicas, que es una de las principales
partes de esta artística industria, así como el verdadero gusto
artístico de sus autores, la copia de seres animales y vegetales,
tan perfectamente caracterizados que no puede caber duda algu-
na acerca del animal ó planta qae quisieron representar.
Con razón se ha dicho que podrían estudiarse la Zoología y
Botánica peruanas por estos interesantes productos de su antigua
cerámica. Así vemos entre estos vasos reproducidos cuadrúpe-
dos como el mono (BatzJ^ la ardilla (Cuz), la zorra fParJ, el
zorro ó venado (QuechJ j el perro (TziJ, siendo muchas las va-
riedades de reptiles y peces, de camarones fOtz), de que conocían
varias especies, y la culebra (Kau). Entre las varias aves repro-
ducidas se ve el (Luch) ó águila negra, el (Pich) ó mochuelo, el
(Tzotz) ó murciélago, el (üt) ó paloma, el (Vac) ó gavilán , el
fXoch) ó lechuza, el (Butz) ó tordo, y otras diversas aves. Pero
entre todas las representaciones de seres zoológicos la más intere-
sante que aparece en estos vasos, es la del hombre, que se ve en
diversas actitudes, revelándonos diversos usos y costumbres,
algunas de las cuales habían sido negadas por partidarios enco-
miásticos de los indios, en contra del testimonio de otros verídicos
escritores también españoles que florecieron en la época de la
conquista.
Así vemos en estos vasos representaciones de guerreros y de
sacerdotes, y de indios que marchan al trabajo llevando al hom-
bro los instrumentos necesarios para el mismo; entre los cuales
llama extraordinariamente la atención uno en que el indio lleva
al hombro un hacha de piedra, exactamente igual á las que de
aquella misma procedencia se conservan en nuestro Museo, y en
una especie de zurrón otras varias y azuelas de la misma clase.
Este curiosísimo vaso, que he publicado en la obra que fundé y
dirijo con el título de uMuseo Español de antigüedades^)^ demues-
tra una vez más qué la llamada aEdad de Piedra», no marca una
época cronológica cu la historia de la humanidad, sino un perío-
VASOS PERUANOS. l'J'A
do de la vida de los pueblos, un estado más ó menos primilivu
de su civilización, período que en unos se remonta á tiempos le-
janos y en otros llega hasta la misma edad moderna.
Otros vasos hay en que se ve á un hombre conduciendo á la es-
palda un gran búcaro, igual á los que se hacían en la llamada
Cartagena de Indias, que también tenemos en nuestro Museo, y
no faltan algunos que representan escenas eróticas entre hombres
y mujeres representadas en diversas actitudes, nada edificantes
por cierto; y lo que es peor, otras no ya eróticas, sino de asqueroso
vicio en que dos hombres están cometiendo el pecado nefando,
vasos que demuestran con cuánta razón un antiguo escritor espa-
ñol de aquella época acusaba á los indios de tal pecado , y cuan
poco tenían los que llevados de su irreflexiva afición á los indios
negaron que entre ellos se conociera tan inmundo vicio.
Hay otros, de los que pueden llamarse gemelos unidos por un
asa donde claramente se ve quiso el artista representar una mo-
mia. Este vaso, aludiendo tal vez á su funerario destino, produce
un gemido lastimero por la presión del aire sobre el agua al co-
locarle en determinada posición. No puede oírse aquella especie
de doliente queja, mirando al mismo tiempo la bien modelada
cabeza que representa un difunto momificado, sin que acuda al
instante ala memoria la idea del fúnebre destino de aquel vaso
que probablemente se liaría, como otros de la misma clase, para
ser depositado en las huacas á manera de funeraria ofrenda á
los manes queridos, de suerte que en todo tiempo al menearse
repitiese los tristes ayes que el dolor arranca por los seres per-
didos para siempre en la humana vida.
Molestaría demasiado la atención del Congreso si entrase á
descri])ir las grandes variedades que en la representación de la
figura humana se encuentran en estos vasos, los cuales, como ya
he indicado, en la parte artística revelan notables adelantos, pues
si bien es verdad que hay unos de mal dibujo, en cambio hay
otros modelados hasta con perfección, sobre todo en las cabezas,
que es la parte más importante de la figura, cabezas que ofrecen
gran interés para el estudio etnográfico, pues en todas ellas pueden
estudiarse perfectamente los rasgos fisionómicos, característicos
de aquella raza.
194 BOLETÍN DE LA REAL AGADEXUA DE LA HIST0RL4.
También hay vasos, como el primero de los que figuran en la
adjunta lámina, que parecen representar luchas de razas. Vese
en el una especie de jaguar fantástico, cuya cola remata en una
serpiente; jaguar que sujeta entre sus garras una cabeza de tipo
distinto que las expresadas en otros vasos, y teniendo presente
que el jaguar es un animal con el que se simbolizan divinidades
americanas y aun la América misma, no sería aventurado suponer
que el autor de este vaso al presentar al jaguar devorando entre
sus garras una cabeza humana, hubiera querido referirse al
triunfo de la raza indígena sobre otras razas extranjeras, ó acaso
también á los sacrificios humanos ofrecidos á ciertas divini-
dades.
También para el estudio de las enfermedades ofrece curiosos
datos alguno de estos vasos, pues los hay que figuran una pierna
completamente hinchada casi hasta los dedos, presentando el
mismo repugnante aspecto que exhiben las piernas de los que
padecen la elefantiasis, enfermedad terrible que he podido apre-
ciar con frecuencia en las comarcas de Oriente que he recorrido.
Acaso no faltará un fisiólogo que verá en esto un dato para
resolver que los antiguos americanos padecieron tan terrible
enfermedad, producida por el constante uso, como principal ali-
mento, del maíz.
Dije que estos vasos se distinguen no solo por la perfección de
los procedimientos industriales que en los mismos se advierte,
sino también por la perfección que se nota en el modelado de
algunos de ellos; y en efecto, no hay más que fijarse en las foto-
grafías que acompaño y en la lámina del Museo que también
presento, para ver el intencionado estudio del natural que hacían
aquellos artistas.
Una circunstancia he notado en estos vasos, digna de tenerse
en cuenta, porque constituye en el día el mérito mayor en obras
de cerámica artística, como en otros muchos productos del arte;
y es, que no se encuentran dos idénticos ni que revelen habe?
sido moldeados ó repetidos por medio del molde; todos son ejem-
plares únicos, porque aunque haya otros parecidos, ninguno
puede considerarse como repetición de su compañero; todo lo
cual revela la riqueza de imaginación de aquellos artistas y la
VASOS PEiiuANOs. i;ir>
facilidad de ejecución que les distinguíci, cuando no se les ocu-
rría moldear los producios de su arle, para repetirlos con más
facilidad.
En los vasos de colores claros ya varía el sistema de ornamen-
tación, siendo más pictórico que escultural, pues mientras culos
negros predominan las figuras tomadas del reino animal y del
reino vegetal, en estos el adorno lo forman zonas, con variadas
formas geométricas, siendo el color más comunmente empleado
el rojizo, debido en mi juicio á óxidos de hierro. Estos vasos, como
dije en una de las sesiones del Congreso anterior de Madrid, re-
cuerdan mucho los griegos del grupo que llaman unos oriental y
otros corintio, y sobre todo por su forma y por la cualidad de ge-
melos que los distingue de los chipriotas. ¿Indicará esto anti-
guas relaciones ó mejor orígenes griegos, y fenicios entre los
americanos? No es imposibje que existieran; pero no hay dalos
bastantes para asegurarlo; y repito como dije entonces, que la
igualdad en los productos del ingenio humano no prueba rela-
ciones directas de unos pueblos con otros, sino que el hombre
colocado en la superficie de la tierra, en análogas condiciones y
con los mismos medios de acción, produce también de análoga
manera. Gomo el castor y la abeja no necesitan que otros castores
ü otras abejas les enseñen á construir sus maravillosas moradas,
así también á sus obras el espíritu del hombre en cada región, les
da sello especial y característico dependiente de mil causas que
no son del momento examinar, pero en el fondo de las cuales se
ve siempre un foco de numen inteligente, que revela la indiscu-
tible unidad de la raza humana. El arte es uno en la esencia y
múltiple en la forma; y como la forma es la que aspira á realizar la
belleza, ideal y aspiración de todo arte, el hombre la busca en lo
que le rodea, en sus creencias, en su inspiración interior; pero
como hombre al fin viene á coincidir siempre en un putito, como
coinciden las fuerzas todas de los diversos y varios mundos que
pueblan el espacio en un centro único cuyo nombre ni cuya esen-
cia es conocida todavía, ni acaso lo sea nunca , pero de la que
irradian como rayos todos de un mismo foco y con análogas con-
diciones las invariables esferas del Universo.
El estudio de los vasos de nuestra colección, revela un estilo de
196 boletín de la real academia de la historla..
civilización y de cultura, que indudablemente corresponde al
apogeo del imperio peruano , aquel imperio que tanto amó las
artes del lujo, á que corresponde á no dudarlo la cerámica artís-
tica, artes suntuarias que causaban la admiración de los mismos
conquistadores, como lo demuestra entre otros importantes testi-
monios la Crónica del Perú escrita á vista de ojos por Pedro Cie-
za de León.
Difícil sería después de lo que llevo dicho entrar en la espinosa
y, en mi juicio^ no muy necesaria investigación acerca de cuáles
de estos vasos son más antiguos: si los negros representando
figuras diversas ó los de color claro con diversos adornos pintados.
Si en estas investigaciones fuera lícito presentar opiniones sin
datos positivos en que apoyarlas, diría que, á semejanza de lo
que sucede con los vasos griegos, yo creo más antiguos estos úl-
timos que los que representan figuras; pero sí repito que no me
atrevo á presentar acerca de ello ni de la verdadera época de estos
vasos, conclusión alguna absoluta; pues siempre tengo por norma
en estas difíciles investigaciones, que vale más detenerse en una
prudente reserva, é ir paso á paso abriendo la cerrada senda de
la investigación, que lanzarse á afirmaciones atrevidas destinadas
á verse desvanecidas como el humo á los primeros resplandores
de severa crítica.
Concluyo rogando al Congreso me perdone si anduve desacor-
tado, y tal vez difuso, y que me juzgue no con la rigidez de la jus-
ticia sino con la bondad de la indulgencia, distintivo inseparable
de la sabiduría.
11.
, Escritura maya.
(Sesión del 2 i de Agosto.)
Señores:
Mi ol)jeto es presentar al Congreso terminada la traducción,
que he hecho y anotado, de la notabilísima obra de M. Rosny
ESCRITORA MAVA. 107
sobre la interpretación de los caracteres hicráticos do Yucatán,
traducci(3n cuyos primeros pliegos exhibí en el seno del Congreso
anterior, y que causas ajenas á mi voluntad me han impedido
terminar antes de ahora. No viene el libro encuadernado, porque
no me ha alcanzado el tiempo para imprimir el pnjlogo que tengo
escrito y el primer apéndice con que adiciono mi traducciíjn,
apéndice que contiene, tomado directamente del original, el ma-
nuscrito de Diego de Lauda, que conservamos cu nuestra Real
Academia de la Historia, expurgado de los trascendentales errores
con que lo dio ú luz Brasscur de Bourbourg. A los pocos días de
haber regresado á mi patria estará terminada, así lo espero, la
impresión de dicho apéndice y del prólogo, y remitiré ambas cosas
al Sr. Secretario general para que complete esta obra.
En cambio presento el apéndice II, que contiene un importan-
tísimo documento, hasta ahora no publicado; el cual demuestra
cómo los españoles usaron en los días de la conquista la escritura
figurativa, á la vez que reproducían en caracteres españoles el
idioma del país formando una especie de aljamiado, con lo cual
conseguían irse haciendo entender de los indios, y que se fuese
verificando lentamente la fusión de las dos razas por medio de
la fusión del lenguaje y de la escritura; lo cual demuestra,
contra el común sentir de los que calumnian á los españoles, que
no fueron allá solamente en son de destructora conquista, sino
valiéndose de medios profundamente civilizadores.
Me ha animado á emprender la difícil traducción de la obra
de M. Rosny, el deseo de popularizar en mi patria los elementos
para la interpretación de los caracteres katúnicos, por el único
racional y acertado que en mi juicio puede llevarnos al fin apete-
cido. Querer traducir desdo luego, considerando estos caracteres
como los rehus de nuestros días, es prescindir de todo procedi-
miento científico y exponerse á caer en los errores que tanto han
perjudicado á la fama tan justamente adquirida por otros tra-
bajos de M, Brasseur y sus imitadores. Para interpretar una es-
critura desconocida, hay que descubrir primero el sistema segui-
do en la escritura misma, y después el idioma que bajo ella se
oculta. Lo primero es saber si hay en la escritura desconocida
ideografismo, simbolismo ó fonetismo; y hasta tener sobre esta
198 boletín de la real acadenha de la historia.
ideas ciertas no puede darse un paso adelante. Este es el gran
servicio que lia prestado el manuscrito de Landa, presentándonos
los caracteres fonéticos de los antiguos mayas y enseñándonos
la manera de usarlos,, y al mismo tiempo diciéndonos que tenían
también caracteres figurativos é ideográficos.
Hay un pasaje en Landa, en que no se lian fijado los que se
han ocupado en su alfabeto, pasaje que demuestra con brevísi-
mas palabras los tres elementos que componían su escritura. Dice
así el celoso misionero español: Usavan también esta gente (los
yucatecos) de ciertos caracteres ó letras con las quales escrihian
en sus libros sus cosas antiguas^ y sus sciencias, y con ellas y
FIGURAS y ALGUNAS SEÑALES en Itts figuras, entendían sus cosas y las
daban á entender y enseñaban. Vemos pues que tenían caracteres
figurativos (y figurasj, caracteres ideográficos fy algunas señales
en las figuras)^ y caracteres fonéticos (ciertos caracteres ó letras).
No puede darse mayor claridad en la enunciación del sistema de
escritura de los antiguos yucatecos. Constaba, pues, de los mis-
mos tres elementos que consta la escritura egipcia, y todo el se-
creto está en comprender la manera con que combinaban estos
tres elementos. Teniendo presente este importante pasaje del ma-
nuscrito de Landa, desaparece la extrañeza que al mismo M. de
Rosny produce el no encontrar en los códices yucatecos, que po-
seemos, palabras que puedan leerse solo fonéticamente ó mejor
dicho alfabéticamente, porque en la com])i nación de los tres ele-
mentos de su escritura está el misterio, que todavía por desgracia
no hemos podido descubrir por completo. Acaso la aplicación del
fonetismo ó alfabetismo puro lo empleasen solo para las palabras
que representan ideas abstractas, y que por lo tanto no pueden
fácilmente expresarse por medio de signos figurativos directos
ni aun convencionales ó ideográficos. Asi vemos que el ejemplo
citado por Landa, escrito con caracteres fonéticos
ma in ka ti,
expresa una idea que de otro modo no hu])iera podido fácilmente
representarse: la ic'.ea de negación, puesto que equivalía á decir
«no quiero.» En cambio para la expresión de palabras que repre-
ESCRITüIlA MAYA. l',|;)
sentaban ideas directas, se valdrían de signos figurativos también
directos ó modificados con algunas seriales en la escritura. En el
manuscrito azteca que acompaño, las palabras que están expresa-
das con jeroglíficos son las que representan directamente el nom-
bre de la población Halampa (brazo), el templo, el número de las
personas que de 61 cuidaban, los cantores, los señores principales,
las autoridades y los jefes, empleando para las demás ideas los
caracteres alfabéticos españoles; aungue en el idioma azteca del
país, bien porque (como parece averiguado) no conocieran los me-
jicanos el alfabetismo, bien porque los españoles quisieron ir in-
troduciendo su escritura en sustitución de la escritura indígena.
Estas no son más que indicaciones, las cuales acaso puedan
encontrar confirmación en descubrimientos posteriores; pero lo
que no puede ponerse en duda, según el testimonio del P. Lau-
da, es que su escritura constaba de los tres elementos inducidos:
figurativo, ideográfico y fonético; por lo cual igualmente se equi-
vocan, en mi sentir, los que quieren traducir los escasos códices
yucatecas que poseemos, interpretándolos como simples rehiis, ó
sea como escritura figurativa, ó á lo más ideográfica, que los que
quieren buscar en ellos sólo palabras escritas con los signos al-
fabéticos de Landa.
A la interpretación de la escritura bierática del Yucatán sólo
puede llegarse por el camino emprendido con grande acierto por
M. Rosny, en la importante obra que he tenido la fortuna de
trasladar á la hermosa habla castellana. Hay que ir fijando jalo-
nes en cada trazo de camino que se logre abrir, y después reco-
rrerlo con pausada marcha, para llegar al término importante de
la interpretación que se desea. M. Rosny ha puesto las primeras
piedras, con la seguridad de un verdadero sabio, de éste que ha
de ser gloriosísimo edificio, y estamos seguros de que habrá de
terminarlo ; y aunque no le conceda tanta ventura la Providen-
cia, siempre tendrá la gloria de haber encauzado estos estudios
por el único sendero que pueden recorrer. Verdad es que el ca-
mino por él emprendido no satisface por el momento á la curio-
sidad, pero satisface á la crítica científica, y esto es lo serio, lo
verdadero y justo. Alardear de traducciones á priori, sin plan
preconcebido, sin penetrar en el estudio de la naturaleza consti-
200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4. DE LA HISTORIA.
tutiva de la escritura que se trata de interpretar, es tarea fácil;
pero que á nada conduce más que al desprestigio de la ciencia y
al alejamiento de la verdad.
Dije en el Congreso anterior que para la interpretación que anhe-
lamos el manuscrito de Landa era de grandísima importancia; y
continúo creyéndolo, aun en contra de lo sustentado por el mismo
M. Rosny. Nada importa que en los manuscritos yucatecas que
poseemos no haya podido leerse una sola palabra aplicando el
alfabeto que nos ha dado á conocer el célebre misionero; pero
consiste en que no se ha tenido presente que él no dice que sólo
se escribiera por los mayas con solo aquellos caracteres, sino
que, como ya hemos repetido, empleaban también el elemento
iio-urativo é ideográfico (figuras y algunas señales en ellas), todo
lo cual se ve por el examen de los manuscritos katúnicos que po-
seemos. Lo que falta que encontrar es la manera de combinar
estos elementos: si ohedecía á reglas constantes ó si se hacía ad
libitum, según los casos; y la falta de datos acerca de esto es lo
que impide que obténganlos tan pronto como se deseara resulta-
dos prácticos en la interpretación. Landa nos da el alfabeto y el
mecanismo de su combinación para escribir las palabras alfabé-
ticamente. Le faltó el decirnos cómo combinaban este elemento
con el figurativo ideográfico, ó sea el de las figuras y algunas se-
ñales en las figuras; pero estamos seguros de que por el camino
profundamente científico seguido por Rosny, habremos de llegar
á descubrirlo.
Lo que no puede sostenerse, ni por un momento, es que este
alfabeto no sea el de los mayas, sino otro inventado por los mi-
sioneros para entenderse con los indios, tomándole de sus anti-
guos jeroglíficos. A tan gratuito aserto se opone terminante-
mente el texto mismo del manuscrito, cuando dice que usaban
también estas gentes de ciertos caracteres ó letras con las cuales
escribiati en sus libros sus cosas antiguas é sciencias, pues si las
usaban ya á la llegada de los misioneros, no pudieron ser inven-
tadas por estos. Además, en otro pasaje, en el que apenas han
hecho alto los que se han ocupado de este importante manuscrito,
dice Landa, habb.ndo de los importantísimos y civilizadores tra-
bajos de los padres misioneros, «que aprendieron á leer y escri-
KSr.RITTTRA MAYA. -JO I
bir en la lengua de los indios, la cual se redujo tanto á arte, que
se estudiaba como la latina, y que se halló que no usaban de seis
letras nuestras, que son: D. F. G. Q. R. S. , que para cosa nin-
guna las han menester, pero tienen necesidad de doblar otras
para entender las muchas significaciones de algunos vocablos,
porque Pa quiere decir abrir, y Paa, apretando mucho los labios,
quiere decir quebrar, y Tan es cal ó ceniza, y Tan, dicho recio,
entre la lengua y los dientes altos, quiere decir palabra (3 hablar,
y así en otras dicciones, y puesto que ellos para estas cosas te-
nían diferentes caracteres, no fué menester inventar nvevas figu-
ras de letras.y) Creemos que después de tan terminante declara-
ción no podrá haber quien sostenga que el alfabeto de Landa
fué arreglado por los misioneros, sino el que usaban los mayas
en sus documentos escritos.
Acaso estoy abusando de vuestra benevolencia ; pero antes de
concluir, deseo dar al Congreso una grata nueva que también he
consignado en las notas de mi traducción. Cuando salvé para mi
querido Museo el manuscrito que ha dado en llamarse Cortesia-
nus, creí que era la continuación ó complemento del Codejc Troa-
us, y el examen minucioso que de uno y otro hizo M, Rosny y
yo mismo á su lado, nos demostró de una manera incuestiona-
ble, que eran uno mismo, y que en época acaso no muy lejana
había sido separado en dos por alguno de sus anteriores posee-
dores. Reunido, forma el códice mayor y completo que existe de
los antiguos mayas, y en breve podrán así estudiarlo los aman-
tes de estos importantísimos estudios, porque el Museo que re-
presento ha conseguido del Sr. D. Luis de Tro la cesión del céle-
bre códice á que dio nombre su ilustrado padre, á fin de unir lo
que nunca debió separarse, y que, reunido, ha dado yn el impor-
tantísimo resultado de hacer comprensibles páginas que antes no
lo eran, y poder descubrir que en estos códices, que forman nno
solo, se encuentra la notación del gran ciclo yucateco, confir-
mando los datos que sobre el mismo interesante punto nos ofrece
el manuscrito de Paris.
Pero al llegar á este punto de mi informe, noto que acaso me
he excedido molestando vuestra atención con estas indicaciones,
y voy á terminar ya que estoy en el uso de la palabra, con una
TOMO III. 14
202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
indicación de índole diversa que las expuestas; pero que no creo
debo omitir. Acaso antes que yo se hayan fijado en ella los sa-
bios americanistas que me escuchan; pero no por eso debo omi-
tirla. El héroe legendario y casi divinizado de las tradiciones es-
candinavas Odin, es llamado también en algunos autores Votan;
y Votan es el nombre de un personaje mítico divinizado del Yu-
catán, que reunió en su persona las cualidades de soberano,
de legislador, de institutor y de sacerdote; Votan y Kukulcan,
con el cual se le identifica también, presentan los mismos carac-
teres exteriores; color blanco, barba abundante, largos vestidos;
y desaparecen misteriosamente sin que nadie volviera á saber
de ellos. Según Gogolludo, la partida de Kukulkan no iría más
allá del siglo xii; y según Herrera precedería sólo en 560 años á
la llegada de los españoles, pues bien, de los siglos xr y xii son
los principales descubrimientos en la América por los escandina-
vos. Serán coincidencias, si se quiere, y nada más que coinci-
dencias; pero deben apuntarse por si nuevos descubrimientos
viniesen á confirmarlas, y para que la crítica sagaz de los ver-
daderos sabios profundice en estos problemas.
ESCRITURAS INÉDITAS DE LOS SIGLOS XI Y XIV.
EL MONASTERIO DE VARRIA (SAN AGUSTÍN DE ECHEVARRÍA, TKRMINO
DE ELORRIO) EN 1053.
Su acta de fundación encierra no corto interés, así para la
historia particular de Vizcaya y general de España como para el
estudio del vascuence. Del instrumento original, escrito en letra
gótica, que hubo de ver, mas no piililicó Garibay (i), citan Florez
(1) Compendio fiistwial de Expa'ia, L xxn, cap. 3\
ESCRITURAS INÉDITAS. 203
y Risco (1) algunos fragmentos; prometió darlo á luz líeiiao (2),
pero tampoco se logró; y, en fin, Iturriza (3) y Llórenle ('»), que
copiaron la traducción castellana, no lograron hacerse con el
texto latino, y deploraron su pérdida. Afortunadamente , si bien
el pergamino original ha desaparecido, quédanos el facsimüe
que el Sr. Echaguibel, abogado y propietario de Elorrio, facilitó,
lio ha muchos días, al R. P. José Eugenio de Uriarte, sabio je-
suíta, á cuya diligencia soy deudor de esmerada copia. El fac-
símile, papel manuscrito del siglo xvi, lleva este encabeza-
miento: «gííe, in membrana vetustissima, scripta reperi, hec ad
verbum et iisdem characteribiis transcripsi. » Probablemente su
autor debió de ser cura párroco, ó beneficiado, de la iglesia de
Echevarría; pues cuentan que este facsímile se salvó, como por
milagro, del incendio que, un siglo há, redujo á pavesas lodo el
archivo.
Dice así:
«(5) In nomine doniiiii noslri Ihesu christi siib sánete trinitatis
et individué, patris et filii et spirilus sancti, Amen. Ego munio
sancic comité, et uxor mea comitissa domna. leguntia, posuimus
ccclesia quod dicitur monasterio narria, que habitent in ea mo-
ñacos, et fratres vel sórores, et non habeant ibi partem nostros
filios et filias ñeque nostra generatio, set moñacos et fratres vel
sórores, et quod orent pro animabus nostris et pro omnium fide-
lium christianorum. Et dedimus hereditates, térras et mancana-
res, agros et campos, sive montes et fontes et pasturas et térmi-
nos. Id sa (6) de olabee cahar usque ad illumpontum quod dicitur
marcocubi; et quomodo currit riguum quod dicitur cumelegui
usque ad monasterium quod dicitur memaia, et ad ilum riguum
quod descendit iuxta harhegui; et de alia parte de legeriano usque
(1) España Sagrada, xxvi, 188; xxxiii, 244.
(2) Antigüedades de Cantabria, 1. i, c. 7 (t. i, pág. 39). Salamanca, 1689.
(3) Historia general de Vizcaya (Berriz, 1785), ms. de la R. Acad. de la Historia, pá-
gina 596.
(4) Noticias kistnricas de las Provincias Vascongadas: t. iii, pág. 388, Madrid, 1807.
(5) Lugar del crismón.
(6) ¿Vascuence da (latin estjf La gramática vizcaína, escrita por el Dr. Micoleta en
1653, tratando del pretérito del verbo ser, dice que sa es la tercera persona del singular.
204 ÜÜLETIN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
ad riguLim quod dicitur iturlax omnia ipsa valle; etiam post mor-
tem coniux meam, cui sit requies ia perenne vite, Amen. Ego,
comitissa domna leguntia, venit mici voluntatem, pro amorem
sánete trinitatis donavi a illum monasterium in villa, quod dici-
tur garaio, duas sernas, unum de dextra parte de ecclesia nova,
et alia ad sinistra parte; et quatuor bustos de vakas : unum ex
ipsis bustis misit sénior lupe ahoctarric pro animam suam ; et al-
baro albaror darroita omnia sua hereditate; et similter muño
ossandoz de arroita posuit omnia hereditate; et nunnuto miotaco
ad una cum uxor sua urrana vitacoc omnia hereditate, et sancio
lelluc de olhahehe caliar quinta parte et media de sua hereditate;
et suum filium munio sancic posuit suum rationem. Et ego co-
mité munio sancic ad una cum uxor mea comitissa domna legun-
tia ct ad una quantos sunt rovorata in ista scedula donavimus ad
illos sanctos qui ibidem sunt recondite, id sa sancti iohannis apos-
toli et sancti tome apostoli vel sancti agustini episcopi, et in alia
ecclesia deorssum sunt recondite, id sa, sánete marie virginis et
sánete mikael arcangeli sive sancta marina virginis, et quod ibi
fuerint omni hora conlocatum, in illos sanctos moñacos, aut fra-
tres vel sórores, pro amore christi ita donavimus tota ista dona.
Et posuit de unum molinum demedia parte sénior munio sancic,
quod vocatur ¿ncomentio, pro sua' anima.
Gundesalbu albaroz et suo filio fidiatores.
Lope gaif ¡5 contirniat.
Eneco lup¡9 de lafjkanu conf .
GomÍ9 fortunif. áe formaiqtegui conf.
Nunuso narriatec de lohinac^ conf.
Acenari mome9 de aqubaiTO conf.
Et 8U0 germano gideri momez de anhelo conf.
San^i nnnusoo, de aberanka conf.
Gellu nunu80Í9 de arratia conf.
Acenari san90Í9 de ivarra conf.
Acenari Ban90Í9 de herrio conf.
Et si aliquid lioc mandatum in iustitia voluerit defenderé aut
disrumpcrc, habcat 'cautum a parto rcgis quinqué libras auri, et
a parte monastcrii dupplatum vel melioratum. Et si fuerit ali-
ESCUITURAS INÉDITAS. ;'0n
quid homo, fortiter facial supra iioc testamentum, aut ro^c, aut
cpiscopus, aut abbas seu presbiter, sive séniores, vel (juis livel
homo, ista sit comuiiicalio ilHus bacuata, ct diabolo sit suum
minister, et participatio iUius sit cum iudas traditore in inferno;
el oratio eius sit semper in pecatum, et non habeat aliquid nul-
la ratio de illa oratio; íiant dies eius pauci et episcopatura eius
accipiat alter, sicut psalmista narravit (1). Fiant íilii eius orfani
et uxor eius vidua, fiant anui eius pauci in interitu, in una ge-
ueratione deleátur nomen eius. Et non habeat partcm cum chris-
to, sed cum antichristo; et sit condemnatus de collegium angelo-
rum, sive sanctorum martirum , virginum, confessorum; et in
presentí seculi excomunicatus pcrmaneat ab omni congrcgatio-
ne christianorum , qui hoc iustitia voluerit defenderé. Semper
valeat illum cum antichristo, cum socio suo. Amen, Amen,
Amen.
Regnante domino nostro ihesu christo et sub eius imperio
leionensem fredinandus rex, Garsia rex in nagera et in castella
vetula, Ranimirus rex in aragona et superarvi et in ripa curca,
Comessanus episcopus vurgensis, Gomessanus episcopus naga-
rensis, Santius episcopus rector ecclesie navarrensium , Garsia
episcopus alavensis sive in uiskahia, comité Munio sancic in Tu-
ranko, Fata carta in era ílx" et unum; e confirmata in kalendis
februariis, Regnante ego garsia rex in pampilona et in ala-
va, frenandus rex in legione, garsia episcope in alava, San-
cius episcope in paupilona , gomessanus in nagera. — j^ Sig.
rex.»
La fecha del año 1053 (era 1091) es indubitable. Reinaban los
tres hijos de Sancho el Mayor; regían las diócesis de Burgos,
Nájera, Pamplona y Armentia los obispos que el documento ex-
presa; y era conde del Duranguesado (Turanko) Munio Sanchiz.
Dos años antes (30 Enero, 1051), y probablemente en Cortes de
los Estados sometidos á D. García, expedía este monarca la cons-
titución que publicó Moret (2), tomándola del archivo de la cate-
dral de Calahorra (caf. Í2, n° 1):
(1) Salmo cviii.
(2) Investigaciones históricas de las antigüedades del reino de Navarra^ 11, c. 2,
206 UOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
«In Dei nomine et individué Trinitatis ego Garsea rex et uxor mea Ste-
phania regina, una pariter cum Episcopis subnominatis, Garsea episcopo,
Sancio episcopo, Gomesano episcopo et Comités mei qui sunt in mea térra.
Placuit nobis simul et Comili Ennego Lopiz, qui est Dux in illa patria
que vocatur Vizcaia et Durango, et consenserunt omnes milites mei ut in-
genuasem illos omnes monasterios, qui sunt in illa térra, ut non habeant
super eos potestatem in aliqua servitute, nec Comités, neo potestates. Si
tamen in unoquoque monasterio si migraverit unus Abbas, perquirant
fratres Episcopum, cui decet regere patriam, et inter semetipsos eligant
Abbatem, qui dignus sit regere fratres, Et de alio, quod usuale habebant
illi Comités et sui milites in illis monasteriis mittere suos canes et suos ho-
mines ad gubernandum : et ego Garsea rex et uxor mea cum Comitibus et
militibus meis contestor ut nuUns homo sedeat aptus pertemptare banc
rem. Facta carta, noto die iii kal. februarias, Era m.lxxxix, regnante ego
Garsea rex in Pampilona et in Álava et in Vizcaia, Fredenandus rex in Le-
gione. Garsea episcopus in Álava, Sancius episcopus in Pampilona, Gomes-
sanuB in Naxera. »
Modelóse esta constitución por los nomocánones II y III de
las Cortes, ó concilio nacional de Goyanza (1050), al que asistie-
ron entre otros ijrelados Gómez de Burgos (Occensis) Gómez de
"N áiera. f Kalagiirritanensis) y Juan coadjutor de Sancho de Pam-
plona. Sujetándose á ella, y en el mismo día de su fecha (30 Ene-
ro, 1051) los Condes de Vizcaya D. Iñigo López y doña Toda pac-
taron (1) con el obispo de Armentia, D. García, sobre la iglesia
de Axpee (2) en la merindad de Busturia sobre la ría de Monda-
ca. Firmaron la escritura el obispo y los condes de Vizcaya, sien-
do testigos los abades, ó párrocos de Munguía (MunchiensisJ Mo-
linar fMoliniharrensis), y Abadiano (AhadieiisisJ, los señores de
Arratia (ArrathiensisJ , Baracaldo fBaracaldensisJ ^ Berango (Áhe-
racanensis), y la señora de Echevarría (domna Leguncia Esceher^
riensisj, que opino fué la condesa de Durango, esposa de Munio
Sanchiz. El condado Duranguós se distinguía del de Vizcaya; lo
que no impedía al poseedor de este último título el ser Duque de
(1) El documento se sacó del becerro ííótico del archivo de Sau Milliin. Véase en Lló-
rente, op. cit., t. ni, pág. 3~7-879.
(2) «Monasterium iuxta maris, cui vocabulum est sánete Mavie de Izpea, subtus
penna, in territorio Bustw ri.» Lleva Izpea consigo la traducción en «subtus peuna, »
habiéndose mudado be (debajo de) en pe, por virtud de una ley fonológica común á to-
dos los dialectos del vascuence.
ESCRITURAS INÉDITAS. JOT
ambos distritos (comiti Ennego Lopiz, qxii est ditx in illa patria
que vocatnr Vizcaia et Duranr/o) con arreglo tal vez á domarca-
cioiics corrientes en los períodos visigodo y romano.
ir.
VENTA DE UNA ESCLAVA MORA POR UN JUDÍO EN 1313.
Del archivo de la catedral de Toledo han venido al Histórico
Nacional varias escrituras, relativas á los hebreos de aquella ciu-
dad y divididas en sección rabínica y castellana. El pergamino,
cuyo facsímile reducido á dos tercios del original presento, es el
primero de la última sección.
Sepan quantos esta carta vieren commo yo don abrahen, fijo de don
mayr al levi, judio de toledo otorgo e connosco que vendo a vos marina
alfonso, fija de don alfonso garcia de soto mayor, una mora blanca man-
ceba quel disen mariem, fija de mahomad almacaz (1) de lubreyr (2) por
seys cientos maravedis de la moneda blanca de diez dineros el maravedí,
que rregabi de vos e passaron a mi poder todos bien e complida mientre.
Et rrenun9Ío que non pueda desir que los non rre9ebi, e si lo dixiere que
me non vala por ninguna manera; e apodero vos la diclia mora con esta
carta e del dia de su era que sea vuestra para faser della lo que quisiere-
des, e fio vos la de furto e de rabina, e lo al de sus tachas a vuestra ven-
tura; e esta vendida vos fago al fuero de toledo con mari aderae (3); e
por todo esto conplir, segund dicho es, obligo todos mis bienes, los que
oy dia e, e abre cabadelante. Fecha la carta, veynte e un dia de junio, era
de mili 6 ccc°^ e §inquenta e un anno.
Yo don 9ag, fijo de don todros al levi, so testigo, ^j ii^}^ DTnTC 13 pnV^
— Yo don 9ag, fijo de don mayr aben nahman, so testigo. -|ixa 12 pni"
"tSD TDnJ n — ^^ ^'^y peres, escrivano en toledo, escrevi esta carta, e so
(1) w5'jLd.3l (el molinero).
(2) ¿Lobreiro (prov. de la Coruña, part. jud. de Negreira)?
(3) *^¿5^ jJ! í =1 »J (bari adderak). Estipulación de no sanear la cosa vendida; 6 de
que ésta, una vez adquirida, corre á riesgo y ventura del comprador. Previene aquí los
efectos establecidos eu el código de Alfonso X (part. v, tit. v. ley Gí', habiendo arriba
declarado el objeto de la misma estipulación: é finws lo al de sus tachas á tucstra ven-
twa. La obligación de los bienes recae sobre el titulo esencial de la venta.
208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
testigo. ^^J^ ^-2 J — ^* y^ Alfonso fernandes, escrivano en toledo,
80 testigo. í ^M^ ij^J.'
El tipo cursivo hebreo de las primeras firmas no ha caido en
desuso ; pues lo emplean aún los judíos de Turquía oriundos de
España.
MRflrid, 9.', (le .Julio, 1H«:{. FiDEL FiTA.
BOLETÍN
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO III. Octubre, 1883. cuaderno iv
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
La Academia ha reanudado sus sesiones el viernes 28 del pró-
ximo pasado mes.
El académico Sr. Fabié habiendo ido á Florencia con objeto de
estudiar en la Biblioteca Laurenciana el texto en mejicano del
P. Sahagún , del que habló en el Congreso de Americanistas re-
unido en Copenhague, ha visto al pasar por Venecia la inapre-
ciable colección de los despachos originales, que sin interrupción
desde el año 1554, y anteriormente á la presente centuria, envia-
ron á la poderosa Piepüblica del Adriático sus embajadores acre-
ditados cerca de la corte de España.
Se ha descubierto últimamente en Tarragona un miliario del
tiempo de Augusto , gemelo del ya conocido y publicado por La-
borde , que se halla en la ermita de la Aldea , sobre la margen
izquierda del Ebro, frente de Amposta. De este último ha presen-
todo una copia fotográfica el Sr. Fita, que ha sido comisionado
para informar sobre ambos monumentos itinerarios.
15
210 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Notable ha sido el descubrimiento de inscripciones ibéricas en
estampillas de cerámica que ha hecho el Sr. D. Emilio Burges en
el término de Olietes, y en el punto nombrado Solana Emilia, á
dos kilómetros de la margen izquierda del río Martín, cerca del
alto cerro que llaman Torreón de las Brujas ó Venta de San Pe-
dro. Fué este ultimo sitio lugar fortificado, como lo demuestran
los enormes pedruscos que forman la cerca de un arruinado cas-
tillo de estructura ciclópica. El Sr. Burges, que ha presentado
inprontas de las inscripciones y depositado los originales en la
Exposición de Minería, establecida en el Buen Retiro de esta ca-
pital, se propone seguir con actividad las excavaciones en aquel
terreno de su propiedad. El sitio del hallazgo fué de seguro ede-
tano; y no parece que distase mucho de allí la antigua Damania^
cuyas monedas, así como las atribuidas á Olite, están marcadas
con caracteres gráficos, que ofrecen bastante analogía con las ins-
cripciones descubiertas.
El Sr. Flores Laguna ha publicado en la Correspondencia mu-
sical (números del 1 1 de Agosto al 8 de Setiembre) las eruditas con-
sideraciones que, á su entender, justifican la interpretación que
dio á las piezas musicales del famoso Códice de Calixto.
Ha recibido la Academia con vivo agradecimiento el regalo de
200 monedas americanas, que le ha enviado desdóla isla de Cuba
la viuda del Sr. Aríñiga, como manda testamentaria de su difun-
to esposo.
Nuestro corresponsal el Dr. Wenlworth Webster ha merecido
bien de nuestro Cuerpo literario, ofreciéndole en donativo y pre-
ciosamente encuadernada la segunda edición de su libro, titulado
Basque legends.
El académico Sr. Codera ha terminado la edición del códice
arábigo de Aben Pasqual.
INFORMES.
SANTIAGO, JERUSALÉN, ROMA
POR LOS SRES. FERNÁNDEZ SÁNCHEZ Y FREIRÉ BARREIRO.
Cumpliendo el encargo que el Sr. Director se ha servido con-
íiarme de proponer á la Acadepiia el informe que ¿i mi juicio
debe darse para los efectos del Real decreto de 12 de Marzo de
1875 sobre la obra escrita por los Sres. D. José María Fernández
Sánchez y D. Francisco Freiré Barreiro, titulada Santiago^ Jeru-
salén, Roma; Diario de una peregrinación á estos y otros lugares
de España, Francia, Egipto, Palestina, Siria é Italia en el año
de iSlo, tengo el honor de someter á la aprobación de este ilus-
trado cuerpo el siguiente:
Basta dar una ojeada á la parte material de la obra de los seño-
res Fernández Sánchez y Freiré Barreiro para comprender que
no es fruto de un trabajo ligero ó superficial sobre la materia que
constituye su objeto.
Compónese hasta ahora de dos gruesos tomos en 4." mayor,
uno de xvi y 728, y otro de 1.0G4 páginas á dos columnas, y falta
aún publicar un tomo tercero de igual extensión y volumen. Sus
autores, catedráticos de la Universidad de Santiago, parten de
esta ciudad para su peregrinación , pero antes de abandonarla se
proponen darla á conocer; y para ello describen minuciosamente
su famosa Catedral, sus edificios más notables y sus principales
templos con un breve resumen de sus vicisitudes y su historia
212 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
desde los tiempos más remotos. La mitad próximamente del tomo
primero no trata sino de Santiago. Siguen después su viaje por
Pontevedra y Tuy, entran en Portugal, visitan las ciudades de
Oporto y Coimbra, vuelven á atravesar la frontera por Badajoz,
atraviesan la Extremadura y la Mancha y llegan á Madrid, dando
noticias oportunas de las ciudades y monumentos que encuen-
tran á su paso. Esto mismo hacen cuando se dirigen desde Ma-
drid por Zaragoza á Barcelona, donde se embarcan para Marsella.
Allí toman pasaje para Egipto, y desembarcan en Alejandría.
Visitan y describen cuidadosamente todo lo antiguo y lo mo-
derno que ofrece de interesante esta famosísima ciudad; hacen
otro tanto en el Cairo, dando noticias bastante completas, no sólo
de todos los principales monumentos que encierra el Egipto, sino
también de las razas que lo pueblan; de sus instituciones políti-
cas y administrativas, de su organización social , de su historia
contemporíínea y de sus usos y costumbres. Aquí concluye el
tomo primero; y con él esta que puede considerarse como la
primera parte de las tres en que (^ivideu la peregrinación.
Desde la tierra de los faraones pasan nuestros peregrinos á
Jafa y entran llenos de alborozo en la Tierra Santa, que fué tea-
tro de nuestra redención. Allí visitan y describen todos los luga-
res en que ocurrieron los hechos principales de la Historia Sa-
grada, donde primero se anunció al mundo la nueva doctrina de
Jesús y donde tuvieron lugar los principales misterios de su
santa religión. Betania, Jerusalén, Getsemaní, el Monte de las
Olivas, Emaús, las orillas del Jordán y del Mar muerto; el Valle
de Jericó, Belén, Rámala, Nazaret, el Tabor, el Carmelo, San
Juan de Acre, la antigua Fenicia, Beirut, Damasco y el Líbano,
descritos con exactitud escrupulosa y exornados con abundantes
noticias religiosas, históricas y arqueológicas forman la segunda
parte y el tomo segundo de la obra. Roma y otras ciudades de
Italia serán el asunto del tercero que aún no ha visto la luz pú-
blica.
Si se desea saber cómo está desempeñado este extenso trabajo,
la Academia no debe vacilar en decir que con prolijo y concien-
zudo esmero. La narración de todo el viaje es íil parecer, fidelí-
sima y por demás circunstanciada. Píntase en ella con sencillo
SANTIAGO, JERUSALÉN, ROMA. 213
estilo y á veces con vivos colores, el estado actual de cada pueblo,
de cada edificio histórico ó artístico, de cada paraje famoso y de
cada monumento más ó menos célebre. Luego se refieren sus
principales vicisitudes y su reciente historia, y por último se dan
á conocer los usos y costumbres del país que están en relación
con ellos. Para hacerlos aún más perceptibles acompañan al
texto numerosos grabados en madera y algunos mapas geográ-
ficos. Dan igualmente vivísimo interés á estas descripciones,
particularmente á las de Tierra Santa, la reproducción de los
textos de las Sagradas Letras que hacen mención de los lugares
descritos y de los sucesos que tuvieron lugar en ellos.
Escrita la obra por peregrinos católicos y con ocasión del Jubi-
leo universal de 1875, predominan naturalmente en toda ella la
idea religiosa y el propósito de venerar los Santos Lugares y los
interesantes monumentos que dan testimonio de los orígenes del
cristianismo. Mas no por eso dejan sus autores de visitar y des-
cribir todas las reliquias de la antigua civilización pagana, que
hallan el paso, así en las orillas del Nilo, como en las demás tie-
rras dominadas por el Islamismo. No desconocen tampoco los
descubrimientos de la ciencia moderna en Egipto, Nínive y Ba-
bilonia, que tanto han iluminado la historia del antiguo Oriente;
antes al contrario se ajustan á ello en sus breves reseñas históri-
cas. Ni omiten siquiera las tradiciones y leyendas más ó menos
justificadas que suelen acompañar á la historia verdadera de los
Santos Lugares. Aunque la crítica racional tuviera datos bastan-
tes para distinguir entre estas noticias las auténticas de las no
comprobadas, en cuanto se hallan fuera del dominio de la fe, los
Sres. Fernández y Freiré se abstienen con razón de intentarlo,
por no ser tal el objeto de su obra, más descriptiva que crítica
como corresponde á un Diario de viajes, y se limitan á referirlas
como creencias populares, y por lo tanto, hechos que no deben
escaparse á la observación del viajero.
Se ha escrito tanto sobre la Tierra Santa, sus antigüedades y
sus monumentos; son tan numerosos los viajeros que nos han co-
municado sus noticias, sus impresiones y sus juicios de aquellos
países, que sería temerario empeño exigir de un escritor contem-
poráneo relaciones de hechos peregrinos ó descripciones de mo-
214 boletín de la real academia de la historl\,
numentos hasta ahora ignorados. Ni tampoco obraría cuerda-
mente quien para escribir hoy de los Santos Lugares, prescin-
diera de cuanto han dicho sobre ellos los que le precedieran en
esta tarea. Los autores de Una peregrinación se valen, por tanto,
de las investigaciones de los muchos viajeros que han escrito so-
bre el mismo asunto, desde San Jerónimo y Adamasco hasta Ge-
ramb é Izaguirre, y así dan mejor á conocer, no srjlo el estado
actual de los lugares y monu.ncntos que describen , sino el que
han tenido muchos de ellos en las pasadas edades y el de otros
que fueron y ya han desaparecido. Así también logran compro-
bar, con su propio testimonio, las observaciones de otros explo-
radores, no sin añadir á veces las suyas propias, sobre todo en
puntos controvertidos.
Tenemos en castellano multitud de relaciones de viajes á la
Tierra Santa, verificados desde el siglo xvr hasta el presente.
Fr. Antonio Miranda en 1550, Mandavila en 1526, Fr. Antonio de
Medina en 1583, Aveiro en 1600, Selle en 1019, Adricomio Del-
pho en 1G30, Castillo en su Devoto Peregrino de 1656, Encina en
1733, San Juan del Puerto en 1724, sin contar otros muchos, die-
ron ya bastante á conocer los Santos Lugares en sus épocas res-
pectivas; pero una narración tan extensa y circunstanciada de
ellos, como la que ofrece la presente obra, no existe en nuestro
idioma. Mezclando con noticias ya conocidas la de las alteracio-
nes que han sufrido los mismos monumentos en el transcurso del
tiempo, la de los hechos que los autores presenciaron y sus pro-
pias impresiones, ha resultado un libro interesante, instructivo
y ameno, con todas las condiciones que requiere el Real decreto
de 12 de Marzo de 1875 y la Real orden de 23 de Junio de 1876,
para optar á la subvención del Estado.
Lo dicho basta para justificar la originalidad del libro, que es
la primera de aquellas condiciones ; casi todo lo (jue sus autores
reseñan y describen, ha sido examinado por ellos, y cuando in-
vocan el testimonio de oti'os viíijeros, es para comprobar ó expli-
f^ar lo mismo de que dan noticia. Reunir en dos gruesos volúme-
nes descripciones tan prolijas y completas de las ciudades y mo-
numentos más notalSles que se encuentran en el largo itinerario
desde Santiago hasta Ismailia, pasando por Alejandría y el Cairo
SANTIAGO, JERUSALÉX, ROMA. 215
y en las extensas regiones de la Tierra Santa, sería siempre obra
meritoria en quien la hiciese bien, sin salir de su gabinete; pero
ejecutarla después de haber visitado pcrsoníilmente todos los lu-
gares que se mencionan, es obra de mérito relevante, que es la
segunda condición que de])en tener los libros que aspiren al fa-
vor del Estado. Por üllimo, la de que se trata, merecería propa-
garse, no solamente por ser su lectura instructiva y amena, sino
también porque, escrita con espíritu verdaderamente religioso,
puede contribuir á mantener y fortalecer en el pueblo la fe cris-
tiana. Así viene también á cumplirse el último requisito necesa-
rio para optar á la subvención que se pretende, ó sea la de ser
útil la obra para las bibliotecas públicas.
Por todas estas consideraciones opinará esta Real Academia que
la publicación de que se trata merece la protección que sus auto-
res solicitan, mediante la adquisición por el Estado de un número
de ejemplares que el Gobierno estime posible y conveniente.
Francisco de Cárdenas.
11.
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV.
Dos escrituras formarán el cuerpo de mi cuadro analítico. La pri-
mera, inédita, está registrada con el número 2 entre las hebreas
(sección castellana) que vinieron del archivo de la Catedral de To-
ledo al Histórico Nacional, y merece figurar al lado de la que
publicó Amador de los Rios (1), donde va expuesta la «distribución
de los tributos que pagaban las aljamas de los judíos de Castilla
en 1291.» La que nos ocupa es un cuaderno de papel ceblí, cinco
(1) Historia social, poliilcay religiosa de los judíos de EspaTia y Portugal, 1. ii, apea-
dice n. II.
216 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
pliegos en folio, que se escribió de 1294 , y lleva por título Cuenta
de Juan Mateo Farradar (1), cobrador ó alfardero alavés, natural
délos Güetos, Ayuntamiento de Mendoza. aEsto, dice, es lo que
montaron los derechos de toda la frontera por un año que comen-
có primero dia de Dezienihre de la era de mili e cea e treynta e un
año; e se acabó postrimero dia de Noviembre de la era de mili e
cea e treinta e dos años, segund que aquí será dicho. ^^ Comprende
las partidas del cobro de las rentas reales en el arzobispado de
Sevilla y en los obispados de Córdoba y de Jaén; é interesa al
examen del movimiento comercial de aquella época, y en particu-
lar al de los pechos, ó contribuciones, que gravitaban sobre las
aljamas de mudejares y hebreos. Estos últimos pagaban en Sevi-
lla 115.333 maravedises; en Niebla, 7.000; en Jerez, 5.000; en
Écija, 5.000; en Córdoba, 38,333; en Andújar, 1.500 y finalmente
en Jaén, Úbeda y Baeza reunidas, 25.000. Pero más importante
que todos los precedentes es el último folio del cuaderno, que pue-
de servir así de complemento á las Cortes de Haro ó Villabona
celebradas en Julio de 1288, como de ilustración á la geografía y
estadística de la provincia de Álava. La cuota ó rendimiento de
cada lugar demuestra proporcionalmente su población y riqueza;
los nombres allí apuntados suenan como extendidos entre los
que hoy son de uso corriente alaveses y los que harto se han he-
cho conocer por el Becerro del Monasterio de San Millán en
precioso cuadro geográfico del año 1025 (2); por manera que
cotejándolos y aplicándoles el análisis filológico, podremos lle-
gar con cierta seguridad á la determinación de algunos puntos
ó leyes fundamentales, que tiendan á desvanecer no pocas pre-
ocupaciones todavía reinantes y despejar más y más la fisonomía
arcana del antiguo vascuence. Sin hechos no hay razón científi-
ca. Entre los nombres de color y de estructura vascongada, muy
raros por desgracia, que en la región alavesa ofrece el período ro-
mano con sus lápidas y textos geográficos por un lado, y los
nombres que por otro lado nos pone á la vista el mapa sabiamente
(1) Cogedor de la alfarda [i^ yij\] en el sentido propio de tasa, ó tributo impuesto
para el servicio de la nación, que tiene el vocablo árabe.
(2) Llórente, Noticias históricas de las tres provincias vascongadas, t. ui. pág. 342-31Ci.
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV
!17
trazado por el Sr. Goello, media la distancia enorme de quince
siglos. Los nombres antiquísimos han podido sufrir transfor-
maciones ó caer totalmente en el olvido suplantados por otros;
y por lo tanto urge que entablemos discusión sobre monumentos
intermedios y hábiles para cortar la duda imprudente en ciertos
casos y suscitarla prudentemente en otros. Así, por ejemplo, no
atino á creer que sea norma indeficiente para investigar los
límites geográficos el atribuir á la sílaba inicial ar la significa-
ción de piedra, mojón ó ara; toda vez que con idea diversa pudo
entrar en Arana, Ardngiiiz, Argomániz, /Irmeníia, Arroyave,
Artaza, etc. Ni creo tampoco que por parecerse fonológicamente
á otro moderno un nombre de la época romana, como ^o-jírrá^iov
á Znazo, haya derecho para inferir al punto que son idénticos
per su radical y significado.
Veamos el primer documento.
«En Madrit xxvii días de Febrero, era de mil ccc.xxxiii annos vino a
cuenta Johan velez de Hueto de los c mil maravedís, que diz que cogió de
los pueblos dalava, que prometieron al Rey para la ayuda de la cerca de
Tarifa el anno de xxx annos; e lo que dixo que recibieron, es esto con los di-
neros que diz.
De arvaxa 330
De Harriola 523
De Cordoua iOO
DeBicuña (I) i95
De sancta Pia 90
De udala 75
De llano 203
DeNarana 240
DeHelguea 240
De jauregue 230
De Enguereño 600
De Hollivarre 350
De A9ÍIU 37
De Año 900
De ga9aeta 1200
De Garona 80
De axona 60O
De ygueleta 400
De Dulance 210
De harrarayn 300
De larraza 467
De Olga 25
De herencliyon 344-
De laraharra 240
De ayala 673
De harrieta.. ,
De Guevara. ,
De heztura..
De maturana
De andicana. ,
200
380
220
60O
320
(1) Dejó la ñ como en el original, sin prejuzgar si sonaba como dos enes.
218
'BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORLA..
De andozqueta 36o; 3 dineros
De argomaniz iOO
De quilcliano ■^30
De ma anchona '26
De mendixur 800
De lanclarcs de gamboa 800
De Mojo 400
Decaafu 900
De afua 790
DdOreñiyn COO
De liurifar -60
De Garayo 500
De Marieta 90
DeOtaga iOO
De hollivarrigamboa 300
De Ciriano 200
De Geriiica 400
De Mefiano mayor 868
De Meñano menor 389
De liuUivariaraca 500
Da Mendiguren 374
De Lupidana 900
De yhurre 150
De Letona 316
De {;:ahytagin 100
DeMurua 240
DeMuradehe 200
Dalarrinua 500
De Gopeliegui 337
De Iloüdategui 280
De Berricano 440
De Eciiagoyeii 260
De Buruaga 360
De Ilereydee 194
De Mendarozqueta 523
De Echaverre de viña 930
De Helossua 200
De nafarrato 1 87
Dü II u maga ' 400
De uaoziallo 230
De Sarricuri 300
DeHota^u 300
De haverasturi 500
De buriarte 200
De arcaya 1000
300
100
400
100
353
De Monasterio guren 640
670
400
273
300
900
250
300
2o0
De Ollivarri de los olleros..
De Ollivarri menor
De BoUivar
De gamiz
De Meana ,
De luviano
De holiaraga
De arcaut
De Betriquez
De ylarra9 la
De Cario
De mataucu
De ania
DeOretia 1100
De arbulu 340
De Ollivarri doypa 500
DeDurana 200
De anteyana 700
De Guereña 563
De Mautoyana . . . . .' 230
De Legarda 430
De artafaa 270
De apodaca 300
De hueto de yuso 1000
De bueto de suso 690
De burrialdo 300
De bullivarri de viña 800
De Suvijana 500
De lanclarcs 1 1 00
De liaztoguieta 600
De Otayáa 300
De Cumelfu 500
De Gumecba 800
Dellareniz 800
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SICLO XIV
•:i!)
De Margarita., 500
De lennanda 220
De Ilollavarri 6U0
De Berrozteguieta iOO
De armentia e de gaztlieta. . . 250
De heztarrona 430
De Cua^u 600
De villodas 800
De Traspuentes 840
De Goveyo 70
De crispijana 1 82
De Legartagutia 400
De Ciiartango 1528
De Man9anos 1 50
De Curaufion 712
De higahegui 1 40
De raoliniella 400
De cayzedo de yuso 497
De vasconi ellaa 210
DeEreña 261
De Meliedes 200
De villavezana 290
De villalnenga 1 22
De autecana 412
De Leziniana 300
De f rezneda 1 50
De Cárcamo 162
La serie de los pueblos sigue en general la dirección del nordeste al sud-
oeste desde Narvaja, donde está una de las fuentes del Zadorra. La suma
de maravedises (57,928), que escasamente pasa de la mitad de los cieii mily
acusa la pérdida ó extravío de otro cuaderno, el cual unido al anterior, ha-
bría completado el parangón á que se presta el documento del año 102o, co-
nocido bajo el nombre de reja de San llillcin. De esté lie solicitado esmera-
da copia, que espero hará sobre el Becerro gótico original (1) el R. Padre
Fr. Toribio Minguella de la Merced,
«De ferro de Álava. — lo era millesinia sexagésima tercia, deca-
no de sancti Emiliani sicut colligebat ferro per Álava (2), ita
scribimus,
Ubarrundia. — Gamarra maior, duas regas. Hamarra minor,
una rega. Erretana, una rega, Hamarita, unarega. Mengano, una
rega. Hurribarri, una rega, Menganogoien, una rega. Gernica,
una rega, Zeriano, una rega. Betellogaha, duas regas. Nafarrate
et Elhosu, una rega. Hurnaga una rega. Urbina et Angellu, una
(1) No cita Llórente el folio. La publicación, que hizo, se ajustó á un traslado sacado
directa é inmediatamente de ambos Becerros, que el célebre ex-monasterio posee.
(2) La escritura de los Votos de San Millán consigna felizmente el número de ve-
ciaos, que representa cada reja, ó barra, de hierro: «Álava cum suis villis ad suas al-
focas pertinentibus, id est, de Losa et de Ruradon usque Eznate, ferrum per omnes
villas Ínter domns decemx\\i^ve\&.t>'E\ tributo era de un buey por cada alfoz en toda
Vizc&yK (derivo de (JaUíarraga: usque iii /fumen Deva) y en toda Guipúzcoa (de ipsa
Deva iisque ad sanctnm SeMstianum Dernani).
220 boletín de la real academia de la historla.
rega. Lucu et Arzamendi, una rega. Goihaen, una rega. Bagoeta,
una rega.
Gamboa. — Lehete, una rega. Essavarri, Argillana et Arina, tres
regas. Lángara et Moio, tres regas. Azoraa, una rega. Zuhazu,
una rega. Mariheta, una rega. Hazua, dúos regas. Hurizahar et
Orengoin, una rega. Mendissur, una rega. Maturana, tres re-
gas, una de cubito in longo, et duas minores. Essavarri, una
rega.
Harhazua. — Durana, duas regas. Arzubiaga, una rega. Zurba-
no, duas regas. Hillarrazaha, duas regas. Zerio una rega. Oretia
et Matauco, tres regas. Ania et Junquitu, tres regas. Argumaniz,
tres regas. Arbuslu, duas regas. Luviano, duas regas. Hurribarri,
una rega. Doipa, duas regas. Sansoheta una rega. Arroiaha et
Retia, una rega. Meudivil, una rega.
Harhazua II. — Betoniu, duas regas. Elhorriaga, una rega. Ar-
cahia, una rega. Sarricohuri, una rega. Otazu, una rega. Gamiz,
una rega. Borinivar, una rega. Hurribarri, una rega. Haberas-
luri et Huriarte, Argendonia, Betriquiz, Hascarzaha et Sancti
Romani, tres regas.
Malizhaeza. — Abendangu, una rega. Armentehi, tres regas.
Ehari, una rega. Gazaeta, una rega. Berroztegieta, duas regas.
Lasarte, tres regas. Harizaballeta et Gardellihi, tres regas. Gaz-
tellu et Meiana, tres regas. Mendiolha, Hollarruizu et Adurzaha,
tres regas. Gastehiz, tres regas. Arriaga, una rega.
Hiruzhaeza. — Igelhegieta, tres regas. Iscona, tres regas. Tro-
coniz, duas regas. Burgellu et Garonna, duas regas; in alio anno,
nna rega. Hararihini, una rega. Aialha, duas regas. Larrahara,
una rega. Dullanzi, una rega. Aniu, una rega. Larraza et Al-
bergoieu in dúos anuos, tres regas. Hereinzguhin et Habaunza,
tres regas.
Hegiraz. — Hansamio, una rega. líarrahia, una rega. Haiztara,
una rega. Zalduhondo, duas regas. Mizquina, una rega. Pater-
niana, una rega. Ilagurahin et Salurtegui, una rega. Ocariz et
Padura et Opaucu, una rega. Munniahin, una rega. Pinguu-
na, una rega. Harrizaballaga, llegilior et Abulanga, tres regas
in auno.
Septem alfoces. — Ilcguiraz et Sancti Romani et llurabagin et
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV. 221
Albiniz et Hamezaha, uno andosco (1). Hilardui et Arzanhegi et
Ibarguren et Anduiahin, Ileinhu, uno andosco. Zornoztegi, Irros-
sona, Horibarri, Udalha, uno andosco.
Barrandiz. — Galharreta, una rcga. Gordua, una rcga, Arrio-
Iha, duas regas. Narbaiza, duas rcgas. Larrea, una rega. Ilazpu-
rua et Ilurdgurrenna et Zuhazulha, una rega. Ermua, una rega.
Audicaua, una rega. Algio, una rega. Deredia, una rega. An-
dozqueta, una rega. Kirku, una rega. Helkeguren, una rega.
Zuhazu, una rega. Uhulla, una rega. Erdongana, una rega.
Langrares. — Transponte, uno carnero (2). Mendil, una rega.
Harrieta, una rega in anno. Gurtupiano, una rega in alio anno.
Adanna, una rega. Mendoza, una rega. Eztarrona, una rega.
Otazaha, una rega. Haztegieta, una rega. Gobeio, una rega. Zu-
hazu, una rega. Lermanda, una rega. Margarita, duas regas.
Gomega, una rega. Ariniz, una rega. Zumelzu, una rega. Benea,
una rega. Subillana, una rega. Elhenivilla, una rega. Lupero,
una rega. Quintaniella de Sursum Zaballa, una rega. Billodas,
tres regas. Langrares, tres regas.
Murielles. — Gersalzaha, una rega. Olhabarri, una rega. líuer-
zas, una rega. Mandaita, una rega. Murielles, una rega. Urbilla-
ua, una rega. Haizcoeta, una rega. Artazaha, una rega. Barhoa,
una rega. Kinea, una rega. Garcamu, una rega. Frasceneta, una
rega.
Ossinganin. — Pabes, una rega. Arbigano, una rega. Bascon-
guelas, una rega. Erennua, una rega. Gassicedo, una rega. Cas-
tellu, una rega. Padul, una rega. Villoria, una rega. Arreio, una
rega. Lagus, una rega. Gassicedo, una rega. Lecingana, una
rega. Gassicedo, una rega. Antepardo, una rega. Moliniella, una
rega. Olibani, una rega. Moscatuero, una rega. Gomungoni, una
rega. Torreciella, una rega. Arcillana, una rega. Villavizana,
una rega. Lunantu, una rega. Ripa, una rega. Torrissu, una rega.
Garasta, una rega. Zuhiabarrutia, novem regas. In Quartango,
duodecim regas. In Urca , octo regas. Revendeca , una rega.
Olhaerrea, una rega. Bardauri, una rega.
(1) ¿Res de ganado menor que tiene dos años?
(2) En labortano akari. La raíz es muy problemática.
222 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA.
Alfoce de Fornello. —'Evcima, una rega. Anuzquita, ima rega.
Villaluenga, una rega. Lunivilla, una rega. Taiu, una rega.
Sancti Juliani, una rega. Ripa Martini, una rega. Lizinganiella,
una rega. Antezana, una rega. Mázanos, una rega. Ripa Orta,
una rega. Melietes, una rega. Quintaniella, una rega. Igahigi,
una rega. Ripa Vellosa, una rega. Aramingon, una rega. Ripa
Acuta, una rega. Logrozana, una rega. Baia, una rega.
Rivo de Ivita. — Prango et Prango, duas ragas. Armendihi, una
rega. Atazabal, una rega. Betruz, una rega. Argote, una rega.
Sancti Meiani, una rega. Torre, una rega. Sancti Martini, una
rega. Galbari, una rega. Cimeutu, una rega. Barolha, una rega.
Loza, una rega. Alma, una rega. Paldu, una rega, Mesanza, una
rega, Sebastian, una rega. Bergilgona, una rega. Langu, una
rega. Guzkiano de Yuso, una rega. Bustia, una rega. Gogate,
una rega. Agellu, una rega. Pudio, una rega. Barizahaga, una
rega. Sagassaheta, una rega. Orzalzan, una rega. Uarte, una
rega. Marquina de Yuso, una rega. Carrelucca, una rega. Mar-
quina de Suso, una rega. Bassahuri, una rega. Hobbecori, una
rega. Hassarte, una rega.
Ilarrahia. — Sancta Pia, duas regas. Atahuri de Suso, dúo re-
gas. Atahuri de Yuso, dúo regas. Okerruri, dúo regas. Sabando
de Suso, dúo regas. Sabando de Yuso, dúo regas. Ebisate, dúo
regas. Donnas, dúo regas, Mussitu, dúo regas. Kerriauu, dúo
regas. Haizpilleta, dúo regas. Erroeta, dúo regas. Allegga, dúo
regas. Gekungano, dúo regas. Elhorzahea, dúo regas. Bahaeztu,
dúo regas. Kessalla, dúo regas. In his villis predictis, ubi bacca
occidcrint, dúo regas donant. Oquina, una rega. Izarza, una
rega. Azazaheta, una rega. Birgara de Suso et Birgara de Yuso,
dúo regas. Apinganiz, una rega. Gesalua, una rega. Bahanezta,
una rega. Bcrrozihavi, una rega.
Divina. — Oto et Oto, tres regas. Huribarri et Uribaldo, tres
regas. Mandoiana, una rega. Gerenga, una rega. Legarda, una
rega. Artazaha, dúo regas. Apodaca, dúo regas. Mendiguren,
una rega. Arangiz, una rega. Avoggoca, una rega. Ihurre et
Lopeggana, tres regas. Audicana et Oronda, tres regas. Zuffia de
Suso, tredccim regaij. ZufTuí de Yuso, novem regas.»
Tracemos ahora el cuadro comparativo.
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTRniOIl AL SIGLO XIV. 233
1 . Narbaiza, A rvaxa. Narvaja.— En escritura (Llórente, 49]
del año lOüO Narbaza; en otra de 1071 (Llor. 55) Narvaiza;
y en 113't (Llor. 103) Larhasa. ¿De navatzar (navazo, navajo)?
1. Harriolha, Harriola, Arrióla.— Confina al O. con Nar-
vaja y al S. con Górdoa.— //arri (piedra, roca) se pronnnciaba con
aspiración, qiio ha perdido, lo mismo que olha (taller, oficina,
habitación).
3. Gordua, Cordoua, Górdoa.— La final a representa el ar-
tículo pospuesto á corche 6 gordu, vocablo afine del lalin horlus
(huerto) y del bajo-latín curtís (corte, corral.)
4. Pingunna, Bicuña, Vicuña.— En 1200 (Llor. 193) Vicu-
nia. ¿Bahildu (arrebañar)? La «junta ó concejo de personas,»
que Larraraendi llama hilcuma, se dice en suletín hükhurra.
5. Sancta Pia, Santa Pia, Santa Pia. — El monasterio
con este nombre, dependía de San Veremundo, abad de Irache,
en 1085 (Llor. G8).
G. Udalha, Udala, Udala.— Despoblado entre Lnzuriaga y
Zuazo. — ¿De udare (peral, peredal?
7. ¿Langu? Llano, ¿Laño?
8. Narana, Arana. — En 1089 (Llor., 75) firmó la donación del
patronato de San Andrés de Bolívar «sennior Garsia Beiliz de
Arana.» El catiilogo de 1294 puso Narana en vez de At-ana, y
viceversa ^ í'uaxa en vez de Narvaxa. De la ?i, ya cadente, ó bien
expletiva, ya sustituyendo á la Z, hay varios ejemplos en vas-
cuence, que demuestran el genio dental del idioma. Arana (valle)
quizá es vocablo aune del griego aOxriv , con cuyo nombre designó
Estrabón (1) los valles pirenaicos de la frontera francesa (2).
9. ¿Helkeguren? Helguea, Elguea. — En 1085 (Llor. 70), su
señor Sancho Sánchez dio á San Juan de la Peña «unum mo-
nasterium, quod dicitur sancti Laurentii de Iraza cum sua me-
dia villa, que apellatur Elkea. » Significa elgue , lo que el labor-
tano elhi y guipuzcoano ele (ganado, rebaño), y además ganade-
ría por contracción de el-egui (corral de ganado) (3). En sule-
(1)' 111,4, 11.
(2) Entre ellos el valle de Aran, que suena con este nombre en documentos del
siglo IX, y presenta en sus lápidas romanas claros vestigios del vascuence.
(3) Diccionario de Larramendi, art. Ganado.
224 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
tín (1) elgiie vale tanto como campo cultivado ó pradera. La raíz
es el ó eldu (ganar). Guren es genitivo de gur (arriba).
10. Jaiiregue, Jáuregui. — Brotó de Jau[na]r[en]egui (casa del
señor, palacio).
11. Enguereño, Guereño. — Confina con Jáuregui y Ullibarri-
Jáuregui. En, antepuesto á Guereño^ me parece ser el artículo
castellano el; lo que explicaría perfectamente la razón de N'arana
(aló ía Arana). Guereño, en dialecto navarro, vale tanto como
garaño (garañón) en guipuzcoano y labortano. El vocablo, con
significación de caballo bayo, era vulgar en España á fines del
siglo VI, cuando escribió San Isidoro (2): «Cervinus est quem
vulgo gauranem dicunt. Aeranem idem vulgus vocat, quod in
modum aerei sit colorís. » Sin embargo, no debemos olvidar el
bajo-latín garaúna ó garenna (dehesa) , ni el vasco herengo (tercio).
12. Horivarri, Hollivarre, Ullibarri-Jáuregui. — Hori va
con el vizcaíno uri (mansión, villa), al paso que en guipuzcoano,
navarro y labortano la primera vocal se hace menos oscura: iri,
hiri. Esta preferencia de la vocal grave por los dialectos del
Oeste, se puede notar asimismo en varri ó harri (nuevo), verri y
herri. En el Duranguesado, país intermedio, hemos visto (3) el
monasterio Varria (el nuevo), Echevarría (la casa nueva), «dom-
na Legoutia Esceherriensis.y)
13. Acilu, Acilu. — ¿De azi-l[ek]u (lugar de sembradura)?
14. Anio, ^ño, Hcnayo. — En 1138 (Llor, \12) ' Annio. ¿Del
latín castro Annio? Tiene ruinas romanas.
lo. Gazaheta, Gameta, Gaceta, — ¿De Sagarzaeta (manza-
nar)? Sagassaheta, del año 1025, era en 1085 (Llor. 79j Sa-
garzaeta. Gaza, no obstante, forma vizcaína de gruesa (dulce) en
los demás dialectos, pudo alternar con sagar (manzana), emer-
gente del latín saccharum (azúcar). La manzana misma es el 'po-
(1) Géze, Eléments de grammaire lasque, dialccte soítlctin, suivis d'v.n vocahulairc
hasque-franrais et franrais-hasqv.e; Baj-ona, 1873. El dialecto labortano tiene además el
verbo alha (pacer, pastorear), del que lia formado alhapide (camino de pasto). v?Wí sig-
nifica propiamente «ganado mayor,» tal vez afine del árabe r"^' faWfía, uros ó toros
salvajes).
(2) Etymol., xii, 1.
(3) DoLETÍN, t. ni, pág. 2G2-207,
EL VASCUENC1-; M.AVKS ANTEIilOH AL SICLO \1V, ^C"»
mum massia^mm del que habla Plinio; '^uy.i raíz aria (sánscrito
tnadlni) significa «dulce.»
16. Garonna, Cmrona, Gaun.— En el año 871 Llor. 12)
Ganna, y en 1138 (Llor. 11 Oi (¡aonna. ¿Del latín ganea icabaña)?
La inserci(3n de r suave es característica de la conjugación nava-
rra (1) cuyo influjo se dejó sentir en la vizcaina (2). Durante el
espacio de mil años las formas de un mismo vocablo en tierra ala-
vesa han dado las variantes:
871. Ganna (pronunciando Gaña?)
1025. Garonna.
1138. Gaonna.
1294. Garona.
1871. Gaiina, Gaun.
No hay pues necesidad, si bien siento, de explicar con mu-
danza de radical las variaciones dialécticas que se ofrecen en
la conjugación de los auxiliares , donde viéremos intercalada
la r. Así, por ejemplo, en vizcaíno d-cm-t (lo he yo) pudo salir
de d-aro-at; pero también viceversa, como el castellano eres del
latín es pasando por la forma hipotética ees (3'. Faltan hoy por
hoy términos hábiles para decidir tamaña cuesliíjn, cuya trans-
cendencia nadie ignora; mas entretanto, el estudio de unos mis-
mos vocablos en determinada región vascongada, combinado con
la Historia y la Geografía, podrá no mal esclarecer los pasos de
la Crítica, hasta que se descubran textos auténticos de la antigüe-
dad, en los que resuelle el, alma del idioma, ó el verbo.
17. Iscona, Axona, Igona. — En 1138 (Lor. 112) Assono.
18. Igelhegieta, Igueleta, Eguileta. — La raíz fué tal vez
igel ó iguel (ranal, de suerte que Jgueleta, traducido en latín se
habría dicho Raneto, que aparece en e.scritura (Llor. 24) del
año 952. Hegi, pronunciada hegni, ó egui, es un sufijo local, y
(1) Van Eys, Etude sitr Vorigine et la formatton (les 'certesauxiliaires lasquiS, pági-
na 38-66; París, 1875.
(2) El idioma de Álava es subdialecto del vizcaino. La influencia del navarro dismi-
nuyó sin duda después de la sentencia arbitral, dictada en 1177 por Enriviue II de In-
^rlaterra. En Arratia la >•, asi interpuesta, es vocal como la ri sánscrita.
(31 Así también hemos sacado '<liombre» de /tor/iiin]e, «lumbre» de {»»¡¡/«>, etc.
TOMO ni. IG
226 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA.
á veces aumentativo: andi-egui (demasiarlo grande;. Higelhe-
gieta vale pues tanto como decir «lugar de muchas ranas.»
19. Dullanci, Dulance, villa de alegría. — En los fueros de
población que le dio Alfonso XI (20 Octubre, 1337) dice el mo-
narca: «É por que la dicha villa sea mejor poblada... tenemos por
bien que haya nombre Alegría de Dulanci.» Vinieron á formar
parte de su vecindad las aldeas de Igueleta, Heuayo, Larraza,
Oiga, Larrara y Ayala. Su nombre debió de ser el del montecito,
próximo á su oriente, coronado por el castillo de Henayo, donde
en 1799 se mostró la inscripción (Hübner, 2939):
S'SEVER
TVLLONIO
V • S • L • Al
Las millas del Itinerario Antoniniano parecen fijar algo más
lejos, al O. ó cerca de Escarza el sitio de la mansión tvllonio (1).
Bien pudo referirse á Dullanci, como término del distrito regio-
nal á que se extendía la ciudad várdula; puesto que no raras ve-
ces las mansiones, ó paradas, así como las estaciones de nuestros
caminos de hierro, estíiban á cierta distancia de la población,
cuyo nombre tenían. Si fué Dullanci, en realidad el várdulo
TVLLONIO (ToüXwv/jy de Ptolcmeo) , la derivación indica otra forma
intermedia: Dullaunci, que corresponde á la más antigua Tul-
launci como Durango á Turanko (2). En vizcaíno hay las dos
formas de un mismo adjetivo aundi 6 andi (grande); el cual tal
vez entró en la composición de Dullanci ó Dulanci, como asimis-
mo en la de Irunia (iri-aundia, la ciudad grande), nombre vas-
congado y común á pómpelo (Pamplona) y á la despoblada sves-
.SATio (Iruña de Álava).
20. Harrarahini, Harrarayn, Arrarain (despoblado en el
Ayuntamiento de Elburgo). — ¿Sinónimo del labortano harroin
(pilar)? El sufijo ahini, forma alavesa del siglo xi, es muy nota-
(1) Véase Boletín, iii, 21.
12] Idid. 205.-Duranc¡ en lOTS (I.Ior. 58).
VA. VASCUENCE AI.AVKS ANTErUOH AL SIGLO XIV. •>27
ble. Enlaza el in de Arrarañi, Andoain, etc. del país vasco-espa-
ñol con el enía del vasco-franccs en Bechienia {\) , Mahatse-
nia (2), etc. Probablemente dimanó de la partícula locativa, que
significa lo mismo que la inglesa on (encima, en incumbencia de),
y abora se dice en labortano gain, guipuzcoano gañ y vizcaíno
gan. Pide genitivo; y así, harrar-áldni, que brotó de harriaren-
gáhi7ii (encima de la roca) obedece á las mismas leyes de con-
tracción que hemos visto en jáuregui, formado dojaimaren-egui.
Otro tanto hace el sufijo labortano haitan, contracción quizá de
[g]ai[ne]ia7i, por ejemplo: cataren haitan (en casa del padre).
21. Larraza , Larraza, Ilarraza.— De ilharr-aza (haza de ar-
vejas). En escritura del año 1138 (Llor. 112) se presenta como
fiador, «García Sanz de lllarraza.n
22. Olga (despoblado de Alegría).— ¿Variante de olha (herre-
ría)? Olga, en 1085 (Llor. 69), se decía el río que dio su nombre
á la Rioja.
23. Hereinzguhin, Herenchoyn, Herenchún. — Hereinz
(tercio?), va determinado por guhin, como en escritura del
año 1027 (3), Aez (peña) lo estuvo por coien, correspondiente al
moderno goyen. En vez de Herenchún, el dialecto navarro habría
dicho Irurzün.
24. Larrahara, Laraharra, ermita de Larrar en el término
de Alegría. — De larra[r]-á (el prado).
25. Aialha, Ayala^ Ayala. — ¿Sinónimo del labortano y bajo-
navarro eihara (el molino)? La mudanza de eiJir en aihl justifí-
case así por los derivados de iharr-a (el valle), por ejemplo, Ayhar
en Navarra, Eyhar, en Guipúzcoa, como por otras localidades,
expresadas en nuestra lista del año 1025: Hegiraz (Eguílaz),
Ehari (Alí) . El mismo «Álava» se ha pronunciado Araba.
26. Harrieta, Harrieta, Arricia. — Significa pedregal. En
composición la consonante de harri (piedra) podía suavizarse:
Harrizabállaga (Arrízala), Harizabálleta (Arcc/iavaleta),
frecuentativos de arri-zabal (piedra ancha, lat. Petralata). El acen-
(1) Casa de Sare, donde reside el eminente vascófllo Mr. Wentwortli Webster.
(2) Alqüeria de Guétary.
(3) «In Aezcoien (Peralta), villa que dicitur Abarzuza.» Llor. 33.
228 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
to hacía doblar la I de zahal; y la aspiración de la r, al perderse^
trocaba en ch la z, como lo demuestran ambos ejemplos. Tan cier-
to es que el vascuence no ha de colocarse entre las lenguas pu-
ramente aglutinativas, y que el cambio, ó síntesis de sus letras,
anda muy lejos de ser totalmente reconocido.
27. Guevara, Guevara. — Es la Tí.3áXx de Tolomeo (1). El vas-
cuence tiende á transformarla I en r entre dos vocales: ainguero
del latín «angelo,» oro (todo) del griego í'xjí.» Después de TijSxXa.
vemos á TspáXonm en la Vardulia de Tolomeo. Conjeturo que el
tipo nominal, indígena de la primera ciudad fué Zahala, y el de
la segunda Zahaleta, pronunciándose la z inicial de la raíz, como-
en Arec/iavaleta.
28. Haiztara (2), Heztura, Etura. — ¿De aitz-ur (agua de pe-
ña)? La mudanza de aiz en ez halla su intermedia en Aezcoien (3),
del año 1027 (Llor. 33), dialecto navarro. La muy antigua aspira-
ción y la z del radical se han perdido en Etura.
29. Maturana, Maturana, Maturana (4).— Concierta con el
sustantivo latino villa (aldea, quinta, caserío) que se sobreentien-
de. Todo el país alavés eétá sembrado de restos de población ro-
mana. Crispijana fCrispimanaJ, Leciñana (LicinianaJ, Paterni-
na (Paterniana), etc.
30. Audicana, Andicana, Audicana. — Hacia el año 104Q
salió por íiador de una donación (Llor. 35), al monasterio de San
Juan de la Peña «sénior Sancio Lopiz de Audicana.» ¿De al-
deco (aldehuela)?
31. Andozketa, Andozqueta, Andosqueta, ermita en el lu-
gar de Ileredia. — En 1086 (Llor. 71) Antozketa. Daedánóeda-
tú (beber) ha formado el vascuence edoski (mamar el animal) y
eredoski ó eradoski (dar á mamar, ordeñar). Con esta raíz paré-
cerne se aviene andosko^ res distinta del carnero, que pagaba
el lugar de Trespuentes. El diccionario de la Academia deüne ac-
tualmente andosco «res de ganado menor, que tiene dos años;»
(1) Boletín, t. iii, pñ?. 30.
(2) ¿Haiztura en el original? La a de la escritura gótica es tan abierta que se pare-
ce á la u. En labortano :.aitura es «cerdo de tres á doce meses.»
(8) Su nombre castellano es Peralta, latino Petralta ó Pet/a alta.
(1) En escritura del año 955 (Llor. 2-5) leemos «doinna Justa de Matn.mnd.»
EL VASCUENCt: ALAVÉS ANTERIOII AL SIGLO XIV. 22!)
í^ero la edición del año 1770, que faé la primera en proponer el
vocablo, nos dice que es ares lanar que lionc dos años.» No cita la
Real Academia ninguna autoridad; y es verosímil que no tuviese
á la vista otro documento que el nuestro del año 1025, fijándose
para dar la definición en la segunda sílaba de andosco. Tam-
poco trae autoridad en su diccionario el P. Estéijun Terreros,
para quien andosco es el carnero de tres años. Semejante sistema
desdice del método científico. Andosco, por lo mismo que aparece
•como contribución de pueblos alaveses, y so ve entrañado en la
nomenclatura geográfica de este país, pudo tener origen del vas-
cuence, ó bien de una palabra latina, modificada en su pronun-
ciación conforme á las leyes fonológicas de aquel idioma. Así de
villüso (velloso), pronunciado á la latina (vil-loso), nace regular-
mente hildots ó hildoch (cordero borro, ó no recental). El vascuen-
ce rehuye en el radical el choque de la Z, así como el de n, con
■otra; y transforma la segunda en d: latín caballo, francés clieval,
vascuence zaldi; latín mannus , catalán macho, vascuence man-
do; latín sanus , vascuence sendo (sano), pasando por senno del
francés sain. Así que, nada se opone á que en teoría deduzcamos
andosco del bajo-latín annolio ó annoso, fuente del castellano
<iñojo (becerro de un año cumplido). Obsta, sin embargo, que el
vocablo es antiquísimo en el tesoro de la euskara, y se repite con
sobrada frecuencia, en las inscripciones romanas de la Vasconia
francesa, como bien lo repara M. Luchaire (1). Tales son los no-
minativos ANDVS, ANDOSS, ANDOXVS, y loS CaSOS ObliCUOS ANDOS
TENNO ANDOSi ffiUo), ANDOSso, ANDOSsic, nombrcs propios de va-
rón, que del latín ciertamente no se tomaron. Si la raíz es vas-
congada, el nombre pudo significar toda cría de ganado menor ó
mayor, de lana ó de cerda; y al antojo del uso, supremo juez y
arbitro de los idiomas, incumbió el aplicar (si en realidad así fué)
<xñojo al becerro y andosco al cordero borro ó borrego.
32. Argumaniz, Argomaniz, Argomániz. — Quizá de arku-
3we, compuesto de ardi-liume (recental de oveja, cordero).
33. . Quilchano, despoblado de Elburgo. — En el año 1095
(1) Etvdes sur les idiomes Pyrénéens de la región franraise, pág. 67, "(i, TT; Pa-
rís, 1879.
230 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Kexana (Llor. 80], ¿Del vizcaíno g azta i {queso , latín caseiisj?
34. Jlaranchona, Maranchón, monte y fortaleza antigua de la
Berrueza. — No la nombra el primer documento por ser entonces
propia de Navarra. En el privilegio de los votos (Llor. 18) Ma-
rangone; en lOíO (Llor. 34) Maragnione; en 1057 (Llor. 46)
«monte de Maranione.» El dialecto labortano conserva herho
ó herrho (brezal, maraña). La m en vascuence reemplaza á menu-
do la t; ó í^ inicial : wagfiíina, m.akilla, del latín vagina (vaina).
haculus (bastón); mentura (ventura), merchika (albérchigo). Lo
mismo hace el castellano: amimbre, del latín vimine.y> El radical
de Maranchona debió de ser variedad eufónica del de Berrueza
(Berrogi).
35. Mendissur, Mendixiir, Mendíjur. — En 1060 (Llor. 49)
Mentisur. ¿De mendi-clmri (monte blanco]?
30. Lángara, Landares'de Gamboa, Nanclares. — En 1071
(Llor. 54) Langarica; en 1075 (Llor. 57) Langreiz; en 1113
(Llor. 89) Langlares. La terminación es de Langlares provino
de Langarica, que ya empezaba á contraerse en Langreiz.
La mudanza de la g en c, de la r en Z, y de í en n dimanó de la
influencia castellana. La raíz del vocablo ya se nos mostró en
Langu (Laño). Me inclino á creer que fué romana, reforzada
por el empeño de los reyes visigodos en llamarse Flavios. En
efecto; Lain, Laño, Lainez, brotaron de Flavino , Flaino. Con
todo, la ibérica Lancia, asaz frecuente en todo el norte de la Pe-
nínsula, como indicio de castro, ó castillo fuerte, antes que los
abatiesen las legiones romanas, landa y otras reclaman también
su parte. En punto á etimologías no se puede andar con sobrado
tiento.
37. Molo, Moio, Menoyo.— En 1114 (Llor. 91) se escribía
Menoio.
38. Zuhazu, Cuaco, Zuazo de Gamboa.' — De zuaitz, que de-
nota propiamente el roble, del que se saca tabla, ó madera. Está
formado de zur-árilza (roble de tabla); pues viceversa se dice la
tabla de roble aritz-zulá. Posteriormente, sin perder el primer
ú originario sentido^ ha significado «¿írbol grande ó arboleda,»
como en labortano zuhaitz, suletín zuhaütze. El roble, ó famoso
árbol de Guernica, es de esta especie. Cada junta de concejo, ó
EL YASt:LENCH ALAVIÍS ANTKIUOR AL SIGLO XIV. y.]\
comunidad (batzarra) vascongada, se tenía probablemente desdo
la más remota antigüedad bajo uno de estos árI)olcs. Por ello son
tan frecuentes en Álava los Zuazos: y así me explico la razón no-
minal de 2;v£77ácr/:v en Tolomeo, y de svkssatio en el Itinerario
de Antonino, que también se lee svissatio. La mansión ha deja-
do su nombre en Ziiazo, que está entre Armentia y el gran des-
poblado de Iruña.
39. HaQua, Eania, Azua.— En el año 952 (Llor. 24) Areze
en 988 (Llor. 20) Arce y brotaron del teutónico Arcemiro. En
Navarra es conocido el río y valle de Areso. ¿Do arte-su (en-
cinar)?
40. Orengoin, Oreñayn^ Orenín. — En el año 952 (Llor. 24)
Orango, y en 1085 (Llor. 70] Aurangi. De gora[n]go-in (en
lo alto). Orenín, desde la cima del monte en que se asienta, do-
mina una extensa llanura.
41. Hurizahar, Huricar, Urízar. — De uri-zar (villa vieja).
42. Garayo, Garayo. — En 1087 (Llor. 74) Garagio, y en 1136
(Llor. 112) Garachio. En 1114 (Llor. 91) cítase Mejioio entre Me-
nagaray y Mnnica. De garaiko (cumbre).
43. Mariheta, Marieta, Marieta.— En 1095 (Llor. 80) Mar-
rieka. Si viene de madari (pera), equivale á madariaga (peral,
peraleda).
44. Otazaha, Otaga^ Otaza. — De ote (argoma).
45. Hurribarri, Hollivarrigamhoa, Ullibarri Gamboa. —
De uri harri (villa nncva^. La r, sencilla, de Hurizahar, con-
trapuesta á la doble de Hurribarri, me hace pensar que el an-
tiguo vascuence extendía á las consonantes la regla de armonía
vocal, que le ha valido en la clasificación de las lenguas un grado
notable de semejanza con los idiomas magyar ó húngaro, turco,
mongólico y demás úralo-altaicos. Esta ley, (jue podríamos lla-
mar de consonancia atractiva, se ve también observada en Hi-
ruzhaeza, hoy Iruráiz (tres picos).
46. Zeriano, Ciriano, Ciriano.— En 1200 (Llor. 193) Ce-
riano.
47. Gernica, Gernica, Guernica. — Hoy despoblada en el tér-
mino de Meñano menor. La de Vizcaya, Guernika en 1051
(Llor. 42). ¿De guerri (lomo, loma)?
íS'v' boletín de la real aoademlv de la historia.
48. Mengano goien, Meñano mayor, Miñano menor. Goien
significa propiamente «superior,» de goi (alto).
49. Mengano, Meñano menor. Miñano menor. — Del bajo-
latín mediano. En 108U (Llor. 72| Mediano; en 1179 (Llor. 132)
Mennano.
50. Hurribarri, Hullivarriaraca, Ullibarri, despoblado del
monte Aiaca entre los dos Miñanos. — En 1179 (Llor. 132) Urri-
harri (villa nueval.
51. Mendiguren, Mendiguren, Mendigaren. — El adjetivo
no puede confundirse con el de Mendixur. Aquí es churri
(blanco), allí guren (el más alto) que hemos visto en Helkegu-
ren; y se verá en Monesterioguren.
52. Lopeggana, Lupidana, Lopidana. — De Lope-echana
(casa de Lope^ .
53. Yhurre, Yhurre, Yurre. — De hi-xir-urren (inmediato á
dos aguas). En 1057 (Llor. 4Gi decíase Biurco la villa de Yé-
cora. El Zallas y el Zadorra bañan el término occidental de Yurre.
De Yurreta, lugar vizcaíno, hay memoria en 1072 (Llor. 56):
«monasterium unum in confinio Duranci, cum decania partís
Vizcahie, nomine lurreta, reliquias sancli, Martini ferens.»
54. Letpna, Letona. — En 871 (Llor, 12) Letonu; 1093 (Llor, 79)
Letona, y en 1173 (Llor, 149) también Letona. ¿De Celedonius?
La derivación no es imposible; y se nos hará menos extraña si
recordamos que hace más de mil años tuvieron no lejos de allí san-
tuarios los mártires Celedonio y Emeterio, y que de sánelo Eme-
terio se ha formado el nombre de la ciudad cántabra Santander.
55. Caliitagin, Záitegui. — De zain-tegui (mansión del guarda).
Fueron alcaides de su famoso castillo en 1192 «Furtado de Álava»
y en 1196 «Enego Lopiz de Mendoza» (Llor. 180, 188). En ambas
escrituras suena Zííiíeí/ui. Cítalo D. Rodrigo Jiménez de Rada (i),
entre las fortalezas que conquistó Alonso YIII. El códice tole-
dano que sirvió para la edición de Lorenzana, escribe Zegui'
tagui, y el Complutense Zeguitaguin, aproximándose á Cahg-
tagin, que prevaleció por lo visto á fines del mismo siglo xiii.
La n final ¿representa la inserción de tegv.i en zai-n? El nombre
(1) De relius Hispauiac, I. vii, cap. '.i2.
EL VASGLENCE ALAVÉS ANTEHIOlt AL Slf.LO XIV. '2X\
OtOStellaiio de Záitegiñ, esto es, La Guardia, lo tenemos eu l;i
Irontera de Álava, guardando el paso del Ebro.
50. Miirua, Múrua.— Significa «el muro.»
57. Miiradehe, Murabe. — Despoblado vecino á Murua. En 1088
(Llor. 70) Moreta. ¿De Muruátegui (aldea de Miíma)?
58. Larrinoa^ Larrinoa. — En vizcaíno larrañ significa «era
donde se trilla,» y en labortano larrain «llanura, valle,» de larre
(llano, prado). La primera raíz es latina: área (era), de la que se
lormó el vocablo gallego leyra.
59. Gopehegui, Gopegui. — De gor-pe-tegui (casa debajo de lo
alio).
60. Hondategxá^ Ondátegui. — ¿De ondar (fondo)? El mayor de
sus riachuelos atraviesa el fondo de una peña, á la que está ado-
sada la población.
61. Berricano, Berrícano. — ¿De he-erri-gan (en tierra baja)?
62. jEc/ia^foj/en, Echagoyen (1). — Be eche-goyeti (casa de arri-
ba). Opóuese á su colindante por el Oriente, es decir, al pueblo
de Groroztiza, que en 1040 (Llor. 35) se decia Eskerecocia, y
en 1071 (Llor. 55) Escherecoza, y se halla al ina del monte
Oqueta con dos fuentes ferruginoí?as. Cocia y coza hoy se di-
rían gutia ó guchia (el pequeño).
63. Buruaga, Buruaga.— En 1087 (Llor. 74) Buruaga. De
buru I cabeza).
64. Hereidehe, Erive. — La sílaba ñnal he me parece residuo
de hehe (bajo), como lo indica la forma actual «Erive,» pues ya
se ha visto que Murabe lo es de Muradehe. ¿De ereiten (sembrar'
ó ereite (sembradío)?
65. Mendarozqueta ,■ Mendarozqueta. — De mendi (monte) y
arotz (herrero). Aunque no esté incluido en los diccionarios, aroz-
queta pudo significar «grande herrería.»
66. Echaverre de viña, Echavarri de Yiña. — De eche-varri
casa nueva). El territorio de Viña fué quizá el de los vennenses,
ó vENUEsi, que cita Plinio (2).
67. Elhosu, Helossua, Elosu.— El diccionario geográfico por
(1) También se llama por contracción Echaguen.
(2) Véase Boletín iii, pág. 3't.
234 ÜOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA D-E LA HIST0RL4.
la Real Academia de la Historia quiere que eu el documento del
año 1025, tantas veces citado, se puso Elohosu; pero Llórente,
á quien sigo, Elhosu. Su término septentrional es frontera de
Vizcaya, sobre la margen izquierda del rio de Santa Engracia, y
en el centro del distrito de Villareal, que fertilizan, además de
aquel rio el Iharhalz (corriente negra) y el Bostihayeta (cinco
raudales). En 1333, con las aldeas de Nafarrate, Urrünaga, An-
gelu, Gojain, y Urbina, fué agregada por Alfonso XI á Villareal
(((]ue tenemos por bien de mandar poblar en el lugar que dicen
Legutinno (1'.» Llámala el Rey en este documento Losu. Quizá
se formó del vocablo vizcaíno erlaiitz (colmena), con el sufijo sii^
que le da la idea de «colmenar.»
68. Nafarrate, Nafarrate, Nafarrate.— En 1179 (Llor. 132}
Navarrete; de nava-erri ^tierra de la nava, ó de la vega) contra-
puesta á goi-erri (tierra de la montaña).
69. Hurnaga, Hurnaga, Urrünaga. — Sinónimo de Urrutia
(lejana); de urrün (lejos). En el año 052 Diego Beilaz dio al mo-
nasterio de San Millán (2) un solariego de Urrünaga: «In Hur-
na, Musca Telluz,» documento (Llor. 24) muy digno de aten-
ción y estudio. Por él consta con certidumbre que los solariegos
del lugar de Lekete (3) se apellidaban «Tellu Vinquentize, Beila
Lequentize, etc.» Los patronímicos e.stán compuestos del pospo-
sitivo ze, primera sílaba de zeme (hijo) y de los genitivos latinos
de Vincentius y Decentius; esto es Vincenti, Decenl'iy pronuncia-
dos por boca vascongada. Ya Moret observó que varios apellidos
navarros de la primera época anadian íntegro al genitivo latino
el nombre xeme (hijo), que á su vez resulla de xemen (4).
70. Angellu, Nanziello, Angelu. — ¿Del latín angelliis (reco-
do), diminutivo de angulus? En 952 (Llor. 24) Anguellu; en 117^
(Llor. 132) Anguello, y en 1200 (Llor. 193) Angello. Al norte de Viz-
caya, cerca del cabo Ogaño, está la población marítima Iharran-
guélua, compuesta de dos parroquias ó barrios antiquísimos. De
(1) ¿De ZeAíí-^íííífl (lUijar pequeño, lu<.'arcillo,?
l"2) '<A(1 alrium ganoti Einiliani preshiteri, qui est in monasterio nergeijio »
(3) Lehete en \0'2U. Despoblado de Ullibarri-Oainboa.
(4) Jii/ieiio. ¿tíe latín semen.''
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOU AL SIGLO XIV. -^.já
uno y otro hay recuerdo en las firmas del documento del año Ki.jl ,
cuyo texto latino he dado ;t conocer (1): «Acenari sancoic de
ivarra; Gideri memez de ankelu.r,
71. Sarricohuri, Sarricuñ, Sarricuri despoblado de Elo-
rriaga.— En 1338 (Llor. 1121 Sarochio; pero antes, en 1087 (Ll. 75)
Villa Porkera. Basarrico (porquera) y/mW (villa). Van Eys (2)
no registra sino las formas navarra, labortana y guipuzcoana del
animal; es decir, cherri, y la guipuzcoana y vizcaína charri. La
pronunciación de la ch radical es menos áspera en el vascuence
francés. Antiguamente se acercaría todavía más á la de nuestra s.
Los Cerretanos^ limítrofes del valle de Aran, eran célebres por
la cria (sin perdón sea dicho) del cerdo.
72. Otazu, Hotaeu, Otazu. — Sinónimo de otadi (argomal).
73. Haberasturi, Haberastiiri , Aberásturi. — De aheratz-
uri (villa de ganado).
74. Hurlarte, Hurtarte, Uriarte, despoblado en el término
do Aberásturi.— En 1056 (Llor. 45) Huart, y en 1082 Uharthe
(Llor. 66), que es Ugarte de Müjica en Vizcaya, manifestaban
una ley de flexión, ó derivación, que impide identificar su pri-
mera raíz con \^ üq Huriarte que en 1114 (Llor. 91) era Uliarte. La
de este vocablo es /iwn, y unida al adjetivo arte produce el signi-
ficado de villa mediana. La de aquellos es wr (agua), y se unió al
sufijo arte (entre), anticuado harthe; y trocando la aspiración en
g, produjo «ligarte» con sentido de «entre agua.» presa de moli-
no, islilla.
75. Arcahia, Arcaya, Arcaya. — ¿De arkaitz (berrocal) ó arri-
gai (cantera)? El sufijo gai (de eguin, hacer) indica habilidad para
realizar lo que significa el nombre al que se pospone. Las letras
h, cí, g (suave), siguiendo inmediatas á la r final de sílaba, suelen
mudarse en fuertes. Por esta razón de ar[ri]gai vino Arcaya, y
tal vez arkaitz.
76. Ollivarri de los olleros, Ullibarri de los olleros.
77. Ollivarri menor, UUibarriguchi. La reja de San Millán
coloca á Hurribarri entre Bolívar y Aberásturi, de suerte que
(1) Boletín ni, 302-305.
(2) Dictionn. basco-franjáis, art. charri.
23G BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA.
corresponde sin iluJa alguna á Ollivarri de los Olleros. El cambio
de Hurri en Olli, tiene por base una ley de transformación, que
ya he notado en el núm. 12 de este Ensayo analítico, artículo
Horivarri = //o/¿it'arre. Merece además notarse cómo en boca
del pueblo se ha conservado el adjetivo «guchi» (pequeña), que el
catálogo de 1294 traduce por «menor.»
78. Borinivar, BoUivar, Bolívar. — Dio su nombre á un ape-
lUdo sobrado célebre en los f¿istos americanos de la presente cen-
turia. En 1087 (Llor, 75) Bonivar. No debe confundirse con la
segunda parroquia de la vizcaína Cenarruza, que en 1051 (Llor. 42)
regía «Ligoarius molinibarriensis abba.» El vocablo se ori-
ginó de harri (nuevo), aplicado al latín molendino (molino), bajo-
latín molinio, y transformado sucesivamente en molini, horini,
honi, bolli, huli, afine este último al catalán molí.
79. Gamiz, Gamiz^ Gamiz. — Patronímico, derivado como
Gómez, Mameiz, Momeiz, del árabe --ysr-'.
80. Meana, Meana. — Del bajo-latín mediana.
81. Monesterio guren., Monasterioguren. — Guren (superior).
82. Luviano, Luviano, Luviano. — ¿Del bajo-latín liibia 6
labia (pórtico, ándito, corredor)? En ¡Santiago de Gompostela es
famoso el hospital antiquísimo de San Félix de Llovió, que hace
mil años hizo construir el obispo Sisnando I, según lo refiere el
Cronicón Iriense (1): «ct lovium ad susceptionem pauperum,
ubi nunc est ecclesia sancti Martini.» Florez (2), atendiendo á
que lovio en gallego es lo mismo que «parra,» dio en decir que
por «alguna antigua y notable» llamarían así á la iglesia de San
Félix. Mas el texto solamente afirma que Sisnando construyó el
hospicio donde estaba tres siglos después, ó cuando se escribió el
Cronicón, la iglesia de San Félix.
83. Elhorriaga, Ifoliaraga, Elorriaga. — Significa «espinar.»
En 1087 (Llor. 75) firmó «sennior Albaro Gonsalvez de Elhor-
(1) España Sagrada, xs,G03.
(2) Esp. Sag., xix, lOG.— Suele explicarse lovium, voz de origen teutónico por la idea
de follaje (alemán laub), que t'.aba en los patios animación á semejantes albergues. La
de «parral de poca altura,» que tiene lobio, según el diccionario gallego de Cuveiro
Piñijl, ¿provino del idioma suevo?
EL VASCLENCK ANAVKS ANTKHIOR AI. SIGLO \IV. "iS?
riaga.)) El nombre y su Imilucción ascienden ámás de mil años
de antigüedad, toda vez que en fi7l (Llor. 1-2) se descril)e entre
las posesiones otorgadas al monasterio de Acosta (Ocoizta) por
el obispo Yívere y su familia: «Sancti Romani cum sua perti-
nentia, id cst, ubi iniciat via, Zaiiga (1) sub defesa (2) Ercihcli
usque via de Olleros (3) et do Spino abbate (i) de Elorriaga.»
84. Arcaut, Arcante.— ¿De argal-di (terreno pobre)?
85. Betriquiz, Betriqnez, Betriquiz, despoblado en el Icr-
mino de Arcaute. — En 1138 (Llor. \\i] Betriquez. Patronímico de
Pedro en vizcaíno antiguo.
86. Hillarrazaba, llarracaa, Ilarraza. — La primera forma
añade claramente el artículo al sustantivo lúllar-azaxi (arvcjal).
Azau ya no se usa, si no es en sentido de «haz ó gavilla;» pero
en su origen debió de significar «colección.»
87. Zerio, Cerio^ Cerio. — ¿De azeri (raposa)? Arriba (núme-
ro 46), hemos visto Zeriano.
88. Matauco, Mataucu, Matauco. — De mahats-gokhoac (ra-
cimos, viñedo); ó tal vez de ana (población judiega).
89. Ania, Ania, Ania, despoblado en el término de Junquitu,
muy cerca del de Matauco. — Hoy sólo existe su ermita do San
Martín.
90. Oretio, Oretia, Oreitia. — De orein-di (sitio de ciervosi.
91. Arbuslu, Arhulii, Arbulo. — ¿De arri-busti-leku (lugar
de piedra mojada)?
92. Hurribarri, Ollivarri, Ullibarride Arrazua.
93. Doipa, Doypa, Doipa. — De Don-ípan (San Juan). La er-
mita de San Juan es lo único que ha quedado en este lugar,
arruinado casi dos siglos há en el término de Ullibarri-Arrazua.
El uso de Don (latín doninus) por San aún está en vigor: Donos-
lid (San Sebastián) ; y lo atestigua para el siglo xrr el códice de
Calixto (5): «Deum vocant, urda; Dei genitricem, andrea Maria;
(1) Záitegui (Zegititagui, del siglo mu). :¿Es la Qí^r.-y/.'j. de Ptolemeo?
(2) Dehesa.
(3) Ulibarri de los Olleros.
(4) Abadía, monasterio. ■
(5) Recueráos de un cioje é Santiago de Galicia, pág. 58; Madrid, 1880.
238 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
panem, orgui; vinum, ardiim; carnem. aragiii; piscem, araign:
domum, echea; dominum domus iaona; dominara, andrea; eccle-
siam, elicera; presbyterum, belaterra, quod iiiterpretatur pulcra
torra; triticum, gari; aquam, wWcyrcgem, e?'egfi«a; saiictum iaco-
bum iaona DOMNE iacue.y
94. Durana, Durana, Durana. — En 1089 (Llor. 77) firmó
como fiador «Lope de Durana.» Los pueblos, con los cuales lin-
da, salen nombrados en 1025 por el documento de San Millán:
Gamarra maior (Gamarra mayor), Erretana (Retana),
Mendivil (Mendivil) y Betoniu (Betonio). La desinencia pro-
viene del latín, pues concierta con «villa;» pero su tipo vascon-
gado sería, á lo que estimo, Iturrain (üiir-raño, hacia la fuente),
cuyo nombre permanece en un despoblado vecino. Desde el monte
pintoresco, donde se halla Durana^ se ven 24 pueblos. Su raíz
nada ó muy poco debió diferir de la de Durango.
95-99. Andicana, Antecana; Guerenga, Guereña; Man-
toiana, Mandoiana (de mando, mulo?); Le^aroía, Legarda; y Ar-
tazaha, Artacaa.
100. Apodaca, Apodaca, Apodaca. — Sinónimo de Apozaga
en Guipúzcoa. La explicación de ambos nombres la encuentro en
apoteaga, colectivo de apote (verraco). En 1089 (Llor. 77) firmaron
como testigos «Fortun Gonsalvez et Garsca Beilaz de Apodaca;»
y en 1173 (Llor, 149) persistía invariable la misma forma.
101-102. Oto, Huelo de yuso, Hueto de suso, Los Güetos. —
¿Del latía alto? En castellano antiguo díjose auter, autero (otero),
también de alto.
103. üribaldo, Ilurrialdo, Urrialdo. — Despoblado en la her-
mandad de los Güetos. Hoy queda su hermita. La b Üribaldo
es eufónica y concertada con la r suave que la precede. En Na-
varra dicen ürraul. Raices uri-aldeco (villar).
104. Huribarri, Hullibarri de viña, Ullibarride Viña. — La
repetición frecuente de este nombre permite apreciar las diferen-
cias locales de pronunciación en cada subdialecto.
105. Subillana, Suvijana, Subijana.— En 1087 (Llor. 74)
Subillana, y en 1113 (Llor. 89) Suhilana. De subi-aldean (al
lado del puente). Lo .tiene sobre el Zadorra, como la otra Subi-
jana de Álava sobre el rio Bayas. En el documento de la funda-
EL VASCL'EN'CE AL.WÉS ANTEIUOR AL SIGLO XIV. 2;U>
ción del monasterio de Varria, (jue di á la luz pública, se indica
la situación del «pontuní (¡uod dicitur riiarco(:ubi,y> el cual perse-
vera aún hoy día en Elorrio con el mismo nombre, perpetuando
la memoria de su constructor Marcos. Zubi ipuenle), lo propio
que eüiorri ¡espino) pertenece al tesoro antiguo del genuino vas-
cuence.
lOG. Langrares, Lanclares, Nanclares déla Oca. — En 1113
(Llor. 89) firmó «Lope Alvarez de Laudares. ^^
107. Haztegiata, Ilazteguieta ., Asteguieta. — ¿De astigar
{tilo)? En Guipúzcoa suenan Astigarraga, Astigarrela, y en Viz-
caya Astigarrivia. Esta última localidad se escribía (Llor. 85) As-
tigar ribia en 1081.
108. Otazaha, Otaraa^ Otaza. — Dcoíe (argoma). Con el tiem-
po anduvo limándose el artículo ha pospositivo, que fácilmente
pudo ser ba en Hillarrazaba.
109. Zumelzu, Cumelcu, Zumelzu. — De ziim{ar h]dz (álamo
negro, chopo). La construcción es menos fuerte en Zumbelz del
navarro valle de Yerri; pero se usaba en Vizcaya, puesto que en
1051 y en el subdialecto durangués (alameda de chopos) se lla-
maba un arroyo lindero de Echevarría (1): «riguum quod dicitur
rumelegui.i) Este último nombre, frecuentativo de zumel-, es si-
nónimo de zumelz-zu (alameda de chopos). La contracción de zu-
mar en zum se observa en composición con el adjetivo zuri, ó
churi (blanco). En labortano chum-churi significa «álamo blanco,"
ó simplemente «álamo.»
110. Gomega, Gumedia, Gomecha.— Está en la mitad del
camino desde Armen tia á Zumelzu, y confina al Oeste con Ari-
ñez.— ¿De Gomeedie (casa de Gómez)?
111. Ariniz, Hareniz, Ariñez.— En 1106 (Llor. 85) Harreiz,
y en 1151 (Llor. 372) Ariniz.— Be arguin (cantero). En su distrito
€Stá el famoso Inglesmendi (monte del Inglés), en cuyo recuesto
y en el año 13G7, fueron derrotados por las tropas del rey Don
Pedro los ingleses y gascones, puestos al servicio del bastardo
Enrique de Trastamara.
(l) Boletín- III, 203.
■240 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HlSTORLi.
112. Margarita, Margarita, Margarita. — En 1087 (Llor. 73í
Margarita. Romano fué tal vez el nombre, y lo acredita la
bella inscripción, empotrada en la capilla de su pila bautismal
(Hübner, 2928):
M. O OCTAVIVS
SABINI © F O QJV
I R O CARICVS
Marco Octavio Cárico, de la tribu Quirina, hijo de Sabino.
Sin embargo, la inscripción pudo venir y extraerse de la cer-
cana svESSATio (Iruña); y de consiguiente, no demuestra que la
población de Margarita hubiese existido durante la época romana.
En Galicia y en Cataluña subsisten varios lugares de la misma
denominación: Margarita, Margarit, Margaride. El portugués
tiene almargem; el inglés, moor, y el francés, marais, rnarécage,
sinónimo del castellano marjal ó almarjal, oriundo del persa por
medio del árabe -^j^. La raíz es aria, y se adapta perfectamente á
los marjales que forma el Zadorra en torno áe Margarita.
113. Lermandi , Lermanda, Lermanda. — ¿La misma raíz
que en Armentia? Los habitantes del país, según rae ha dicho
uno de ellos, pronuncian Laermandia. Por lo menos, seguro es
que la i no fallaba el año 1025.
ll'i. Hollarruizu, Olharizu en 1258, Hollavarri, Ollabarre.
— Tuijo linda al Sur con Ollabarre. ¿Está incluido su nombre cu
Hollarruizu?
115. Berroztegieta, Berrozteguieta , Berrosteguieta. — En
vizcaíno hay bior (yegua), y en los demás dialectos higor, heor.
hehor. De ahí salió berrotz (yegua de cría); como de urde (cerdo),
ordotz (verraco). Es, pues, herróztegui, cuadra de yeguas madres.
Y que así fué, bastante lo insinúa un instrumento del año 1105
(Llor. 85): «comparavi uno solare cum sua divisa in villa, quedi-
citur Berrozteguieta, in uno caballo et in uno mulo.y>
110. Armentehi, Armentia^ Armentia.— En 1776, al reedi-
ficarse su antigua ig-esia episcopal, fué descubierto el epitafio ro-
mano (llübncr, 2938) consogrado por Pompeya á los manes de su
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SICLO XIV. 241
anciano esposo Domicio Attio. No veo difícil de suponer que, así
en Lermanda como en Armentia, á cuyos pies corría la vía ro-
mana que bajaba de Iruña, se hubiesen levantado montones de
piedras (acervi lapidum), arrojadas por los viandantes en honor
de Mercurio. Su nombre vascongado ar-mendi, de arri-mendi,
halla eco en Aramendia de Navarra y en su siiKjiiimo Aramingon
ó Armiñón (montón de piedras). El sitio poblado junto á esto
lugar, se habría dicho armendi-tegiii, y por contracción armen -
tehi. La otra Armentia, ahora castellana, del ayuntamionlo do
Treviño, se llamaba en 1087 (Llor. 73) Ermendica; en 1083
(Llor. 67) Armendeca, y en 1025 (reja de San Millán) Ar-
mendihi.
117. Gasteiz, Gaztheta, primer recinto fortificado ó «villa de
Suso» en la ciudad de Vitoria. — En 1089. (Llor. 77) Gasteiz.
Del latín castello, pasando por casteldo y castelz.
118. Eztarrona, Heztarrona, Estarrona. — Bq altzá (aliso),
(jue también se dice ostarro. No debe confundirse la raíz con la
de Heztura (Etura), cuya r es dulce.
119. Zuhazu, Cuacu, Zuazo. — En 1106 (Llor. 85) Zuazo.
Retiene el nombre, y quizá el sitio, de la no lejana estación
SVESSATIO.
120. Billodas, FiZíodas, Villodas. — Del latín villa. En el año
862 (Llor. 9) existía dentro del valle de Losa la heredad «in loco
qui dicitur Villota et Villateca.»
12Í. Transponte, Traspieeníes, Trespuentes. — TranssGha.
mudado en «Tres» por el intermedio Tras. En rcíilidad su primer
nombre se refiere al puente sobre el Zadorra, que la separa de
Iruña. Mas como la despoblada ciudad se halla ceñida por el
gran río de Álava, á la manera que lo está por el Tajo la ciudad
de Toledo, no faltaron otros puentes en las inmediaciones, como
el de Villodas y el que enlaza á Mendoza con Margarita. Así que
el sitio ha ido llamándose con toda propiedad, primero Trans-
ponte, luego Traspiiejites, y ahora Trespuentes. Entre tantas y
tan importantes inscripciones de svessatio que en Iruña existen,
ó se han transportado á los pueblos vecinos, hay dos militares
(Hübn., 2926, 2927); con lo cual fácil es argüir que tuvo guarni-
ción romana.
TOMO III. n
242 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
122. Goveio, Goveyo, Gobeo. — ¿De go-hehe (bajo el alto)?
123. Crispijana, Grispijana. — Del latín Crispiniana.
124. Legartagutia, Legar taguchia. — Despoblado en el térmi-
no de Lermanda. Pronunciábase gutia (la pequeña) guzia.
125. Quartango, Cuartango^ Cuartango. — En el año 950
(Llor. 23) Quartango. Del bajo-latín quartanico. En la merin-
dad de OrduñaliayTertanga, derivado quizá de «villa íeríiajiica.»
120. Mázanos, Máncanos, Manzanos. — La primera forma
confirma la derivación que se da al castellano «manzano,» como
.sacado del latín massianum.
127. Comungoni, Cumuñon, Comunión.
128. Higahegui^ Ig^y. — ¿De ibay-tegui? Está al lado del río
Bayas.
129. Moliniella, Moliniella, Molenilla.
130. Cassicedo, Caycedo de yuso, Caicedo yuso. — En 1087
(Llor. 73) Casicedo.
131. Basconguelas, Vasconietlas, Basquiñuelas. — ¿Beha-
sokoguela (celda ó ermita del bosque)? Está el pueblo en la falda
de un cerro alto.
132. Erennua, Ereña, Hereña. — Del castellano herrén, que
á su vez desciende del latín farragine.
133. Melietes, Meliedes, INÍelledes. — Del latín medietas. El
sinónimo vascongado aparece en Ertanga iLlor. 55) del año 1075.
134. Villavizana, Fiííauecajia, Villamezana ó' Villabezana.
135. Villaluenga, Vülaluenga, Villaluenga.
13G. Antezana, Antecana, Antezaua de la Ribera. — ¿Del la-
tín ANTISTLVXA?
137. Lecingana, Lezíniana, Leciñana de la Oca. — Del latín
LiciNiANA. En 1087 (Llor. 73) Liciniana.
138. Frasceneta, Frezneda, Fresneda. — Del latín fraxi-
ncto; sinónimo del vascuence lizarza, lizarreta, lizárraga.
139. Carcamu, Cárcamo, Cárcamo.
Del análisis que acabo de hacer, infiero que hay sobrade teme-
ridad y ñuta de método, cuando el problema ibérico se plantea
con las bases que le han señalado Humboldt, Phillips y Astarloa.
El vascuence, vivo organismo de la palabra, no ha estado jamás
inmóvil. Con el tiempo ha ido germinando y desechando formas,
EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIOLO XIV. 243
que trascienden á ocultar y modifícar la primitiva raíz nominal,
é involucrarla con sufijos y prefijos gramaticales, sujetos á leyes
eufónicas; de los cuales no pocos, muertos ya, parecen como re-
sucitar del fondo de algún valle aislado ó del polvo de los archi-
vos, para poner en confusión á los sabios. Con lodo, si bien se es-
tudian, compaginándolos y clasificándolos como lo hace con los
sujetos de sus tres reinos la Historia natural, no tardaremos cu
conocer las verdaderas fuentes del óuskaro; y con ellas á la vista
sabremos juzgar si conviene ó no aplicarlo á la interpretación de
los caracteres ibéricos y de las lenguas que hablaron los habitan-
tes indígenas de todo nuestro suelo antes de la invasión céltica y
de la dominación romana.
Al cerrar esta breve discusión, pláceme insistir acerca de un
punto de alta importancia histórica , que tocó en la' íiltima se-
sión (1) nuestro doctísimo compañero, el Sr. Fernández y Gonzá-
lez, dando cuenta de sus investigaciones prolijas sobre los ma-
nuscritos rabínicos de la Biblioteca Escurialense. Casi todos los
ramos del saber en la España de la Edad Media están vinculados
al progreso científico de los hijos de Israel. ¿Quién había de ima-
ginar que la marcha histórica del vascuence no estaba excluida
del teorema? Y, sin embargo, del fondo geográfico, sometido á la
sagacidad rentística de D. Abrahén Barchilón, almojarife mayor
del Rey D. Sancho IV, procede la escritura que ha servido de
base á nuestra investigación filológica. Álava, Rioja y Xavarrn.
no menos que León y Galicia, abrieron cauce hondísimo á la ('fi-
niente hebrea (2).
Fidel Fita.
Madrid, 9 Octubre 1883.
(1) 5 Octubre.
(2) «Rex vero Aldefonsus ponit in fidelitatem Nag-araní castellum christianorum, et
Or caste lli'jn jiídeomm, et Arneáo castellum christianorum ei Cellorigo castellum ;,"-
deorum. Similiter Saucius, rex Navarre in hac fidelitate ponit Estellam, quod Petrus
Rode"rici tenet, et castellum judeorum» {Llor. C2.)— ((Monasterio, quod dicitur sancti
Michaelis de Biurco cum sua decania sancti Andree de monte de Maranione, cum suos
molinos et cum sua casa de Biurco, quod fiiit de illo iudeo.» (Llor. 16.) La primera es-
critura es del año 1170, y la segunda de 1057. Recuérdese el Jiidizniendi de Vitoria.
VARIEDADES.
III.
MEMOEIA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA
DE MISIONES DE INDIOS GUARANIS *.
(Contimiacion.j
Deserción de 102. Del fiboiTecimíento cíue los vndios tienen a
lo 5 yndios.
la comunidad, de la corta asistencia que tienen de
esta, y de las vejaciones que reciven de sus Gorrcxi-
dores - y Gavildos, resulta la mayor parte de la discr-
cion ^ que se experimenta en los pueblos; la que es
tanta, que se puede computar que en el dia están fuera
de sus pueblos * quando menos la octava parte de los
naturales que existen. Estos están dispersos en la ju-
risdicion * de Buenos Ayres, Montevideo, Santa Fee,
Bajada, Gualeguay, Arroyo de la China, terrenos de
Yapeyü, Corrientes, y Paraguay, cuyos parajes ase-
guran todos están llenos de yndios Tapes; y muchos
de los prófugos do los pueblos permanecen en esta
provincia de Misiones, pasados de unos pueblos a
otros, en los que los tienen ocultos en las chácaras ^
los mismos yndios.
1 Véase el cuaderno VI del tomo II.
- En la edic. de Ángelis: de los corregidores.
3 Asi en el m?.: en la edic. de Ángelis: de la deserción.
* En la e,dic. de Ángelis: está fuera de sus pueblos.
* En la edic. de Ángelis: en las jurisdicciones,
o En la edic. de .\ngelis: en sus chacras.
MISIONES Dt: INDIOS GUARANÍ». 245
103. Los perjuicios que se ocasionan de estas di- Perjuicios que
, , , - , ocasiona la
serciones son muchos, y algunos de la mayor con- deserción,
sideración. De los Reales tributos se hace imbcriíica-
ble la recaudación; la decadencia de los pueblos, asi
6n la populación, que se disminuye, como la falta de
ellos * , y de su posteridad, como en la de sus bienes,
pribandose del trabajo dolos desertores, es considera-
ble; pero lo mas doloroso es el daño espiritual que se
experimenta en ellos, y que pide se solicite remedio.
104. Los yndios que se desertan llevan general- üs causa de la
. 1 j • 1 ruina de mu-
mente alguna yndia que no es su muger, con la que ciias almas,
vive ^ como si lo fuera; y, ya salga de la provincia, ó
se quede en ella, en todas partes pasan por casados,
porque aquellos a que se agregan, sean yndios ó es-
pañoles, solo cuidan de disfrutar de su trabajo, sin
reparar en que vivan como christianos, o no; y asi, ni
procuran que oygan Misa, niel que se confiesen, ni
que exerciten ningún acto de cristianos; pues saven
que, si los quieren obligar a ello, se van a ofra parte
y los dejan: con que, por no privarse del servicio que
les hacen, los dejan vivir como ynfieles.
105. Los que se van solos abandonando a sus mu-
geres y familias, y lo mismo las yndias que también
se huyen solas, en quales quiera parte que se estable-
cen procuran, si pueden, casarse luego. Es mui creí-
ble * que este desorden haya sido mas frecuente en los
años anteriores, por poco cuidado délos Guras de es-
pañoles en las informaciones, o por testigos falsos que
afirman la soltura. En los mismos pueblos se havisto
también este desorden. El sr. Malvar en su general
1 Asi en el ms.: en la edic. de Angelis: de estas deserciones.
2 Asi en el ms.: más correcto en la edic. de Ángelis: que se dismi-
nuye con la falta de ellos.
3 Asi .se lee también impreso en la edic. de Áng-elis. Estaría más co-
rrecto de esta manera: con la que viven como si lo fuera; y, ya salgan
de la provincia, ó se queden en ella.
4 En la edic. de Angelis: procuran, si pueden, casarse; luego es muy
creíble.
24G boletín de la real academia de la historla.
visita uejó proveydo en forma de auto a todos los Cu-
ras de españoles, no pudiesen casar a ningún yndio
sin dar primeramente parte a sus propios Curas. De
esta acertada providencia se puede inferir que en el
dia no seríí tanto el exceso; pero, quando esto no su-
ceda, sucede el que el yndio que se ausenta, dejando
a su muger, o la yndia que deja a su marido, el que
permanece en el pueblo, queda sin que jamas pueda
tomar estado, aunr|uehaya enviudado; porque, como
se ignora donde se halla el fugitibo, se ignora también
si es vivo o muerto, y asi no pueden pasar a segun-
das nuncias ' ; de que resulta el vivir siempre en con-
tinuo amancebamiento, en ruina de sus almas ocasio-
na de estas desordenes ^.
Casan negras y 106. Teugo uoticia quo CU Santa Fee y Corrientes,
?i" val con y aun dcutro de los mismos pueblos está sucediendo
^" '°^' que los Curas han casado yndios con negras, y mula-
tas esclavas; y, como las leyes previenen que la muger
del yndio y sus hijos sean del pueblo de el, y por otra
parte la esclava deve seguir a su amo, y los hijos son
esclavos, no so como pueda componerse esto: al mismo
tiempo el yndio abrá de seguir a la muger, y enton-
ces se perjudican los Reales tributos, y el pueblo con
su falta y la de la posteridad; y me parece que este es
un punto que pide remedio.
107. Este es el estado presente de estos pueblos en
lo general, y al que viven reducidos estos naturales.
Lo que ?.>iui se 108. Ya que he manifestado a Vm. lo que han sido
refiere es re- , . , ,
lativo al de- y sou CU general estos pueblos, y su govierno, quiero
de Cande?a- dccir algo CU particular de los del departamento de
mi cargo; con la satis facion de que hablo con quien
los ha visto, y comparado con el resto de los demás
pueblos de esta provincia, y que puedo confirmar
* Asi en el ms.: en la edic. de Angelis: á segundas nupcias.
- Asi en" el ms., menos correcto que la edic. de Angelis: de lo que
resulta vivir siempre en continuo amancebamiento, con ruina de sus
almas, ocasionada.de estas deserciones.
na.
MISIONES DK INDIOS CUAHANIS. Í47
(juanto digei-e con la autoridad del señor D. Pedro
Meló de Portugal, Governador Yntendenle y Capitán
General de la provincia del Paraguay que también las
visto '; cuya narración podrá servir de confirmación
de quanto llevo expuesto ", y de anticijiacion para lo
que digere, quando trate de los medios que me pare-
cen oportunos para mejorar el govierno de estos pue-
blos, aumento del Real Horario, y felicidad de estos
naturales, a quienes les deseo ^la mayor prosperidad.
109. A medeados * del año pasado de ochenta y se componía
uno ' me encargué del mando de este departamento, bíos!'^°^"^"
que se componía de ocho pueblos, incluso el de Nues-
tra de Candelaria ^, que ahora se ha separado por per-
tenecer al obispado del Paraguay, y por consiguiente
a su Govierno e Yntendencia; quedándome ahora los
de San Carlos, San Josef, Apostóles, Concepción,
Santos Mártires, Santa Maria la Mayor, y San Fran-
cisco Xavier. Estos pueblos por su situación son los son ios déme -
, . TI., nos pi-opor-
de menos proporción para sus adelantamientos : no cienes,
tienen yervales silbestres, campos parabaquerias, ni
como extraer maderas; porque por lo peligroso del
Uruguay, sobre cuya costa están sus montes, nunca
se ha intentado embiar a Buenos Ayres: con que solo
la agricultura, e industria los han de producir su sub-
sistencia. Ademas desto, son todos ellos de muy corto Tienen pocos
, . , , _ , , a yndios.
numero de avitauores: el ano de ochenta y uno ^ te-
nían ocho mil setecientos cinquenta y dos almas, y
1 En la edic. de Angelis: deesa provincLa del Paraguay, que tain bien
los ha visto.
2 En la edic. de Angelis: de cuanto llevo dicho.
3 En la edic. de Angelis: á quienes deseo.
4 Asi en el ms.
5 En la edic. de Angelis: á mediados del año de 1781.
'' Asi en el MS.: en la edic. de Angelis: incluso el de Nuestra Señora
de Candelaria.
■J En la edic. de Angelis: de menos proporciones para su adelanta-
miento.
** En la edic. de Angelis: el año de 1*81.
tablecerlos.
248 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA.
mil ocho cientos veinte y dos tributarios, según los
padrones que formcj mi antecesor, el Theniente de dra-
gones D. Juan Valiente.
Estubieron HO- Por los aiios de setcuta v tres Y setenta y qua-
muy pobres.- ^^.^ i gst^^jigi-Qn estos pueblos CU la ultima miseria:
solo el pueblo de la Concepción tenia algún ganado
en sus estancias; en las de los demás era muy poco el
que havia. Los' almacenes de todos estaban vacios; el
chacarero ■ arruinado, sin algodonales ni cosa que les
Se solicitó res- pudiera producir para su subsistencia. Pero la solici-
tud de dicho mi antecesor les proporcionó el bolver a
poblar sus estancias; hizo plantar algodonales, y puso
en un regular estado todos los pueblos a el encomen-
dados; de modo que a mi ingreso tenian las estancias
de los ocho pueblos mas de cien mil cavezas de gana-
do bacuno, y de cavalLar, y demás especies en buen
estado, y el chacarerio y algodonales bastante adelan-
tados: vien es que estaban empeñados ^ en mas de no-
venta mil pesos de comercio, resto del importe de los
ganados acopiados para poblar las estancias. En lo
demás estavan bastante atrasados: sus almacenes en-
teramente vacios; las casas, asi las principales nom-
bradas Colojios, como las particulares de los yndios,
caldas, ó mui detrioradas; * mucha desnudez, ningu-
na civilidad; en ñn, en sus costumbres, y preocupa-
ciones convenían con los demás pueblos, en los tér-
minos que queda dicho.
111. Al principio apliqué todo mi cuidado en gran-
gearme la boluutad, y confianza detodoslos yndios del
departamento, * no tan solamente de los yndios, sino
también de los Guras, y Administradores; y lo logré
' En la edic. de Ángelis: Por los años de 17*3 y 74.
- En la edic. de Ángelis: el chacarerio.
3 En la edic. de Ángelis: bien que estaban empeñados.
* Asi en,;l ms. En la edic. de Ángelis: ó muy deterioradas.
^ Asi en el srs : más correcto en la edic. de Ángelis: de todos los in-
dividuos del departamento.
MISIONES DE INÜIOS GUARANIS. 249
tan cumplidamente, que hasta el presente nadie m'e
ha ocasionado quebranto de consideración: todos de-
sean complacerme, y asi consigo quanto deseo.
112. Conociendo que de las enemistades de Guras Sc ha logrado
y Administradores, resultava parte de la ruina de los todos cu par'
pueblos, o estorbava su adelantamiento, procuré ante
todas las cosas arrancar de raiz el espíritu de discor-
dia, estableciendo con algunos reglamentos una paz
solida, que cada dia se ha asegurado mas, y mas. Es
verdad que alguna u otra vez ha ávido algunos dis-
gustos entre Guras y Administradores; pero estos han
sido de poca consideración, y que con facilidad* se
han disipado, sin que haya sido menester dar parte a
la superioridad, a donde antes era preciso .acudir a
menudo.
1 13. Procuré también que a los Correxidores y Ga- a ios Correxi-
■ ^ ^ o 11 • dores y Ca-
viiaos se trataran - con aquella atención que encargan viidos se íes
las leyes, y que ninguna persona de ninguna calidad atención,
se atreviese a faltar al respeto devido a ninguno de los
yndividuos; haciéndoles conocer a estos el modo con
que devian portarse para no desmerecer las honras y
distinciones devidas a sus empleos, y que yo queria
se les guardasen, como lo manda Su Mag**. ^
114. Establecí reglas para que entre el Cavildo y AnéyUseu
. , . . , , . . , ,. ,. , distiibucioii
Administrador no huviesc motivo de discordia en la de f^nas, y
. modo de cas-
distribuciou de las faenas de comunidad, y su verifi- tigar.
cacion, con otros varios puntos, concernientes al buen
govierno del pueblo ; y particularmente para evitar
las vejaciones que padecían los yndios por los Gorre-
xidores y Gavildos, que muchas veces los castigaban
por sus fines particulares, aunque con protesto de otras
faltas. Para remediar esto mandé que en el Gavildo
haya un libro en que se escriban todos los castigos
En laedic. de Angrelis: y con facilidad.
En la edic. de Ángelis: se les tratara.
En la edic. de Ángelis: como lo manda el Rey.
250 boletín de la real academia de la HI3T0RL\.
que s6 executan, en esta forma: «A fulano de tal se le
dieron tal dia tantos azotes por tal delito, por manda-
do de tal Juez que entendió en su causa:» y al fin del
raes han de firmar, y autorizar todos los de Cavildo '
esta relación, y el Administrador ha de certificar a
continuación constarle no haverse hecho mas casti-
gos que los que alli se refieren, y si se han dejado * ó
no de castigar a otros que lo han merecido, con todo
lo demás que le parezca digno de mi noticia; y, sa-
cando del libro una copia, me la embian mensualmen-
te. Con esta providencia he atajado, quando no todas,
mucha parte de las injusticias que hacian, y he dado
una regular forma al govierno económico de los pue-
blos, y a la buena armonía ' que deve haver entre el
Correxidor y Cavildo * y Administrador de cada esta-
blecimiento.
115. Apliqué todo mi cuidado ^ a promover la
agricultura y la industria , animándolos con mis ex-
hortaciones, y consejos; y, para que se aplicasen con
mas empeño , acrecenté la ración de carne que se les
dava en un tercio mas: y asi he conseguido sin rigor
el que se apliquen al trabajo, y el ver pagadas todas
las deudas, y aumentado el ganado bacuno en las es-
tancias, que al presente tienen cerca de ochenta mil
cavezas mas de las que tenian a mi ingreso; y a pro-
porción es el aumento de las boyadas, yeguas, potros,
caballos, muías y ovejas; no siendo menor la ventaja
que se conoce en el chacarerio. Se han aumentado los
algodonales, plantado cañaverales , reparado los yer-
vales, y mejorado todos los ramos de agricultura:
también he procurado se construyan casas nuevas en
todos los pueblos , y que se reparasen las que hayia;
1 En la edic. de ADyelis: lodos los del cabildo.
5 En la edic. de Angelis: y si se ha dejado.
5 En la edic. de Ani,'elis: y á la armonía.
* En la edic. de Angelis: entre el corregidor, cabildo.
*» En la edic. de Ang-elis: todo mi conato.
MISIONES DE INDIOS GUAÜANIS. 251
como asi mismo las yglesias , y casas principales.
Aunque en esto no se ha adelantado tanto como yo
quisiera, porque la falta de albañiles lo ha impedido,
aunque no ha sido tan poco lo que se ha hecho ' que
no se conozca bastante diferencia de aora a como es-
taban antes. Pero, para haber conseguido estos adelan-
tamientos, me ha sido preciso recorrer a lo menos cada
dos meses todos los pueblos, ver sus obrajes , y cha-
carerio ^, mejorar lo que no estava según devia, esta-
blecer lo que considcrava útil, arrimar ' a los yndios^
y no perdonar diligencia, ni fatiga, como la conside-
rase oportuna al logro del adelantamiento. Hasta las
mismas estancias he visitado , sin eml^argo de estar
muy separadas de los pueblos, (algunas distan mas de
quarcnta leguas); he reconocido todos sus terrenos,
poblaciones, puestos, rodeos , corrales, estados de sus
ganados *, aperos de los peones; y, en fin, quanto
puede conducir al conocimiento practico de ellas ; re-
mediando muchos abusos , y otras faltas que encon- •
tré , dejando establecido con consejo de dos capataces
ahiles, y de experiencia quanto consideré podia ser
útil al aumento y buen estado de los ganados : y el
éxito ha correspondido conforme a mis deseos.
116. Viendo que una de las principales cavezas ^ se aumenu la
. r, . 1 -I • • • • 1 policía y ci-
que influía para el abatimiento en que vivían estos viudad.
naturales, era la indecencia y desaseo con que se tra-
taban en sus casas, procure que á los Gorrexidores se
les dispusieran avitaciones decentes, dándoles a en-
1 En la edic. de Angelis está escrito este período de una manera más
correcta : Aunque en esto no se ha adelantado tanto como yo quisiera,
porque la falta de albañiles lo ha impedido , no lia sido tan poco lo que
se ha hecho.
2 Eq la edic. de Ángelis: y chacarerios.
3 Así en el ms., y es fácil conocer que es errata. En la edic. de An-
gelis: animar.
■» En la edic. de Ángelis: estado de sus ganados.
5 Así en el ms., y es errata. Én la edic. de Ángelis: que una de las
principales causas.
¿o2 boletín de la real academia de la historia.
tender lo que me agradaría el encontrarlos a ellos, y
a sus mugeres ' con decencia siempre que yo los vi-
sitase, que seria a menudo. Después establecí que
cada año aseasen y reparasen sus casas interior, y
csteriormente todos los de Gavildo; y asi se van me-
jorando los pueblos, y acostumbrando a vivir con
decencia.
1 17. Para que al aseo de sus casas correspondiese
el de sus personas, les procuré persuadir quan grato
me seria el ver que en lugar de tipoy de que vsaban sus
mugeres, vistiesen camisas, polleras, o enaguas, aun-
que fuesen * de lienzo de algodón, y corpinos, o ajus-
tadores que ciñeran sus cuerpos ^ y ocultaran los pe-
chos; y que las que se presentasen con mas aseo serian
tratadas por mi, y haria lo fnescn por todos con mas
distinción. En este punto huvo algo que vencer por
que, preocupados los yndios con la igualdad en que
los havian criado, no permitieran que la una sobre-
saliese de la otra *; pero al fin se les ha desinpresio-
nado ^ deste error, y el aseo se ha introducido con no
pequeños adelantamientos.
118. Como las cosas que se intentan no se consi-
guen con el éxito que se desea, si al mandarlas o per-
suadirlas no se acompañan con la practica de algu-
nos actos, en que por la esperiencia se conozcan los
favorables efectos, y conveniencias que se les pro-
pone ", para que desdo luego conocieran estos natu-
rales lo que se les havia de seguir del aseo, dispuse
el que en las casas principales, en la del Gorrexidor,
o en las do otros yndios principales, no se les impi-
diese el juntarse a tener sus diversiones caseras.
' En \n eriic. de Áng-elis: á ellos y sus mugieres.
- En la edic. de Ángrelis: ó enaguas, aunque fueran.
^ En la edic. de Ánf^elis: que ciñeran su cuerpo.
* En l'.i edic. de Áng^elis: de las otras.
•■' Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: se les ha desimpresionado.
^ En la edic. de Ang-elis: que se le propone.
MISIONES DE INDIOS GUAIIANIS. 253
(|uanclo huvicra uii razonable motivo, y coa la decen-
cia y orden regular; a las que no pocas veces asisto
yo ' con mi muger, y a mi ex-cmi)lo asisten siempre
los Administradores y sus mugeres: con lo que he
conseguido desterrar la odiosa separación que havia
entre españoles e yndios, estableciendo el trato, y co-
municación mutua, no tan solamente en estas ocasio-
nes, sino también en todos los dias del año que mu-
tuamente se visitan con los españoles y españolas
todas las familias en quien resplandece el aseo: y este
es un poderoso estimulo para animarlos mas y mas
cada dia, como se va experimentando.
119. Considerando las pocas proporciones que tie- se íes propur-
nen estos naturales para conseguir algunos adelanta- aLTsurra.-
mientos, por faltarles los medios de veneñccncia por kres!^'^''*^"'
medio de la venta los frutos que pueden adquirir con
su trabajo; y que de no proporcionarles este benefi-
cio, serian inútiles mis esfuerzos y providencias, he
dispuesto que todos los frutos que recojan en sus cha-
caras particulares *, y quieran venderlos a la Comu-
nidad, se los han de comprar precisamente, pagándo-
les de contado su balor en aquellos frutos o efectos
que ellos quieran, o el pueblo tenga; haciéndoles re-
servar lo preciso para el alimento de aquel año. Así
mismo deben comprarlos por su justo precio quales-
quiera cosa que con su industria hayan adquirido ',
por los precios que señalé en un aranccel que formé
para el efecto.
120. Esta providencia ha tenido tan favorables
efectos * que en solo dos años que se practica han ad-
í En la edic. de Ángelis: asistí yo.
'- En la edic. de Angelis: en sus chacras particulares.
3 En la edic. de .Vng'elis: cualquiera íosa que con su industria ha-
yan adquirido.
■» Más correcto el jis. que la édic. de Angelis, donde se imprimió:
ha tenido favorables efectos.
254 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
quirido ' muchos yndios unas regulares convenien-
cias; sellan aseado muchas familias; y ya aseadas,
no se avergüenzan de parecer delante de toda clase de
gentes, con cuyo trato se van haciendo sociables, y
adquiriendo una perfecta avilidad -, reynando en todos
la abundancia, y cada dia va a mas; pues el cxemplo
de unos sirve de estimulo a otros. Vm. lo ha visto, y
también lo ha visto el Sr. Gobernador Intendente de
esta provincia; y asi no me queda recelo de que le
parezca a Vra. encarecimiento nacido de amor
propio ^
La.iesidiay 1-1- Auuquc BU la opiuion coiTiun son tenidos
abandono de , , , . i i i
los yndios no cstos naturales por perezosos, c incapaces de poderles
infundir deseos de salir ^ de la miseria, y aborreci-
miento ^ en que se hallan; pareciendoles a los que
asi opinan que es natural en ellos este abandono. Yo
nunca me he podido persuadir de esta opinión. No
negaré que el temperamento y alimentos pueden in-
fluir algo en la robustez, y disposición del cuerpo, y
hacerlos mas o menos *"', según sus cualidades; y mu-
cho mas puede influir en mi concepto la educación,
por la cual se imprimen en el animo las ideas que
determinan sus operaciones; pero negaré siempre que
estos sean unos estorbos incapaces de vencerlos, como
muchos piensan. Convendré sí en que costar¿'i tra-
bajo; pero no en que es imposible.
Los yndios 122. Por reiteradas csperiencias tengo conocido
Guarnnis no , i • ,->
son perezo- quc los yudios Guarauís no son tan perezosos como
los suponen; ni aun se les devc notar de perezosos.
> Así en el ms. En la edic. de Áng'elis: han adquirldc.
2 Así en el ms.: más correcta la edic. de .Vng'elis: una perfecta civi-
lidad.
' En la edic. de .Vngelis: del amor proi)io.
* Eq la edic. de An^-elis: deseo de salir.
5 Asi en el ms., y es errata: más corréelo en la edic. de Angelis: y
al)atimier,*-o.
^ En la edic. de Angelis: mas 6 menos activo, En la copia mf. se
omitió esta última palabra.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 255
Del pueblo de Candelaria destinó a trabajar al de
Santa Maria la Mayor a cuatro indios aserradores,
por no haver yndios de este oficio en Santa Maria: a
estos se les señaló de jornal a dos reales * cada dia,
el uno para la comunidad de sn pueblo, y el otro para
ellos: en dicho pueblo trabajaban de sol a sol muy
gustosos por el jornal que savian que estaban ga-
nando. Llegó el caso de haver de despedir dos de
ellos, por haver aprendido * ya a serrar otros de Santa
Maria: ninguno de los cuatro queria ser despedido;
todos querían continuar, sin acobardarse del fuerte
trabajo da la sierra, y les causó mucho sentimiento
cuando los despidieron. Lo mismo ha sucedido con
los que han trabajado de calafates en los barcos de
San Josef; y, en fin, cuantos se emplean en estos tér-
minos, trabajan con gusto y empeño.
123. Todos los españoles empleados en los pue-
blos tienen uno, ó mas yndios que los sirven, sin
darles mas ¡jornal que la comida, el vestido y algún
corto regalillo: y con solo esto son mui puntuales, y
eficaces sirvientes, sin que jamas se escusen a lo que
se les manda, aunque sea trabajosísima la execucion;
y el mayor castigo que puede dárseles a estos sirvien-
tes, es el despedirlos, por que es cosa que les cuesta
mucho sentimiento.
124. A qualesquiera yndio que se le ofrezca ' un
corto interés, está pronto a todo cuanto quieran man-
darle, ofreciéndose ellos mismos \ y procurando ser
preferidos a los otros: con que estos no son procedi-
mientos de perezosos; por que, sí lo fueran, ningún
interés les moviera a trabajar.
125. En todas partes en que los yndios Tapes los
' En la edic. de Angelis: de jornal dos reales.
- En la edic. de Angrelis: por haber ya aprendido.
^ En la edic. de Angelis: Cualquier indio á quien se ofrezca.
■* En la edic. de Ángelis: brindándose ellos mismos
25G boletín de la real academia de la historia.
ocupan pagándoles jornal, son muy buenos peones;
como se experimenta en la ciudad de Buenos Aires,
y en todas las de españoles, que los prefieren a otros
peones: conque al no ser aquí aplicados es por que
les falta el estimulo de la paga.
sonnotadosde 12G. También sou uotados do ladroucs: y es ver-
a roñes. ^^^ ^^^^ robau quanto pueden; pero a ello les obliga
la necesidad: ellos apetecen cuanto ven, y mucho más
lo que no hay dentro de los pueblos; y, como lo de-
sean y no tienen como comprarlo; y, aunque tubie-
ran, no hallarían quien se lo vendiera, no cono-
ciendo otro modo de adquerirlo \ roban si hallan
ocasión. Vien es que ya no es tan general este vicio,
en el que no conciven infamia; pues tal vez al que
este año lo castigaron por ladrón, al siguiente lo ha-
cen alcalde. Yo en este vicio descubro en los yndios
vna buena disposición para civilizarlos, y hacerlos
laboriosos; pues una vez que codician lo brillante, se
les proporciona poderlo adquerir " a costa de su tra-
bajo, se aplican •'' con empeño; lo que no sucedería,
si mirasen las cosas con indiferencia.
Govierno par- 127. Para Completar esta relación, quiero referir
ticularde ca- . , . • i i i . ^^ .■
.la pueblo, aqui lo mas particular del govierno político y econó-
mico de estos naturales, según la generalidad con que
k) practican en estos pueblos*, para que Vm. venga
mas conocimiento * de las luces, genio y costumbres *
de todos ellos.
/"Se contiiuiai'á.j
' En esta forma se repite varias veces en la copia ms. En la edic.
de Angelis: de adquirirlo.
2 En la edic. de Angelis: si se les proporciona poderlo adquirir.
^ En la edic. de Ángelis: se aplicarán.
■* Así en el sis. En la edic. de Ángelis: venga mas en conocimiento.
5 En la edic. de Ángelis: y costumbre.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TOMO III. Noviembre, 1883. cuaderno v.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
El Si-. Director ele ki Academia ha hecho á esta el donativo de
su notable obra en dos volúmenes titulada El Solitario, en que
describe la vida y méritos literarios del Sr. Estébanez Calderón.
Por la parte que se refiere á la historia contemporánea, sólo dire-
mos que difícilmente se encontrará un cuadro de ella que mejor
dé á conocer su curso y sus tendencias. El Sr. Cánovas ha hecho
asimismo el regalo de un ejemplar de su obra ;l cada uno de los
individuos de la Academia.
La Academia ha recibido con agradecimiento la comunicación
•le D. Juan Ochoa de Alaiza, cura párroco dé Tres Puentes (Álava)^
en que da noticia del estado actual del despoblado de Iruña [Sues-
^atio) incluido dentro del término de aquella parroquia. El cas-
tillo que fué de la orden de San Juan y su próximo santuario do
Dónela, que contenía preciosas lápidas romanas, yacen en la
mayor desolación; pero, gracias al celo inteligente del Sr. Ochoa
de Alaiza, muchos epígrafes no se han destruido; y de ellos en-
viará improntas que rectifiquen ó confirmen los ya publicados, ó
au mienten sa número.
18
258 noLETÍN DI-: la rkal academia de la HISTORLA.
El Académico Sr. Colmciro ha presentado impreso el primer
volumen de su Introducción á las Cortes de los antigaos reinos
de León y de Castilla. El segundo volumen, que la Academia ha
visto y aprobado, se dará <á luz en breve término.
La Comisión que entiende en la edición de las Cortes propias
de los estados de Aragón ha acordado, con beneplácito de la Aca-
demia, dar el testo puro latino ó vulgar de las actas auténticas,
sin traducción al castellano, reservando para el fin de cada volu-
men y para la introducción general los comentarios é ilustraciones
que considera oportunos.
El Sr. Académico D. Eduardo Saavedra ha presentado copia de
una inscripción romana, recien hallada en Tarragona mientras
se derribaba una casa en la plaza del Payo!, que ha sido recogida
por él Sr. Fernández Sanahuja, conservador del Museo de aquella
capital.
D • M
P • COR • SECim
D\SO • CORne
LLA.-BARVCINA
MARITO he
NEMEREN//
En Cabeza del Griego [Ilübner 3097) dedicó una lápida votiv;t
Cornelia Bessuca; y en Sahélices (Hübn. 3130^ apareció la memoria
sepulcral de Cecilia Panfila, erigida por su esposo Cecilio BarsO'
wis. Tanto este último nombre como el de Barucina. inclinan el
ánimo á pensar que representan origen ó procedencia de familia
oriental y de estirpe tal vez hebrea ó siriaca.
La Introduccit'iK que [)0r encargo de la Academia ha escrito su
sabio individuo el Sr. Colmciro, sintetiza con claro método y adc-
ACUIiUDOS Y DISC.L'SIO.NICS 1)1-; LA ACADKMIA. 2")',)
<-üada exposiciíjii tudo lo que encierran los cuatro voliínieiies do
Cortes de León y Castilla ya piildicaili)^. Divúli'se en dos partes.
La primera, o sea Historia de las Cortes de León y Castilla, llega
hasta la página 108; la segunda, mucho más extensa y consagra -
■da al Examen de los cuadernos de Cortes , llega en el primer vo-
lumen hasta el lin del reinado do I). .Juan II.
La x\cademia oyó con sentimiento la noticia de haber fallecido
■en Bai'celona el día 5 de Octubre último, su doctísimo correspon-
diente D. Andrés Balaguer y Merino.
Ha sido elegido correspondiente extranjero el sabio literato
alemán Dr. D. Godofredo Baist, autor de muchos y muy notables
trabajos críticos. sobre el texto de los más preciados autores espa-
ñoles y extranjeros de la Edad Media que abrillantaron el florido
vergel de nuestra historia y literatura.
El Académico de número Sr, Fernández y (ionzález ha coii-
menzado á leer, siendo escuchado con gran placer por este Cuer-
po literario, la serie de sus notables ostudios acerca de los nombre^
geográficos y memorias recónditas del antiguo Madrid y sus al-
rededores.
El Sr. Fabié en luminoso escrito ha dado cuenta de los recientes
descubrimientos de antigüedades egipcias que han resultado do
las excavaciones mandadas practicar por la municipalidad do
Eoma en el sitio donde estuvo el famoso templo de Isis.
El Académico honorario, D. Augusto Pécoul, ha encontrado en
Paris y adquirido para nuestra Biblioteca, la voluminosa obra
Specimen Bibliotliecae Hispano-AIaynnsianae , apostillada de puño
V letra del mismo Mayans.
260 COLETiX DE LA REAL ACADENHA DE LA HISTORIA.
El Sr. Barros Silvelo, antiguo correspondiente de la Academia
en la provincia de la Corana, expuso verbalraente en la sesión
del 2G de Octubre el resultado de sus últimas investigaciones ar-
queológicas sobre el terreno que ocupan las minas de San Martín
de Mean. Presentó una hacha de cobre, una lámpara romana con
la inscripción
OFF • c •
y una moneda de oro con el busto y letrero del Rey Egica, acu-
ñada en Gerona (gervnda pivs), la cual recuerda tal vez algún
acto de munificencia, análogo á los de Recaredo y Wamba en fa-
vor de la basílica de San Félix de aquella ciudad.
El Sr. Fuentes, nuestro corresponsal en Murcia, solicitó de
nuestra Academia luz y apoyo para averiguar el paradero de los
restos mortales del ínclito murciano D. Diego de Saavcdra Fa-
jardo, que es sabido fueron trasladados desde el demolido con-
vento de Recoletos al templo de San Isidro el Real de esta corte.
En 29 de Octubre lütimo, monseñor Isbert, presidente de la
iglesia de San Isidro, descubrió los restos de Saavedra Fajardo,
y el Sr. Director de la Academia se presentó inmediatamente des-
pués del hallazgo. El Sr. Marqués de Molins ha sido encargado
para ilustrar la Academia sobre este punto.
lia encontrado D. Pr(3culo Garrachón, rico propietario de Yi-
llasirga, un gran mosaico romano dentro de su heredad, vecina
al trayecto de la vía romana, que pasaba por aquella villa diri-
giéndose á la próxima lacorriga (Carrión de los Condes). El mo-
saico será probablemente cedido en venta por el Sr. Garrachón
al Museo anjucológico nacional.
INFORMES.
CARTULARIO DE LAS ABADLAS DK LA COUTURE Y DE SOLKSMES.
Una pequeña colonia de monjes benedictinos franceses, expul-
sados de su país nalal, ha venido á ocupar el célebre y abandonado
monasterio de Silos, cuyo nombre suena siempre con gusto en
los oídos de todos los que se dedican alcultivo.de la historia patria
y de la literatura. Conservadores de los restos del saber antiguo,
cultivadores de casi todos los conocimientos del saber humano,
agricultores laboriosos é inteligentes, al par que escritores con-
cienzudos y eruditos, investigadores infatigables, críticos avisa-
dos y discretos, austeros siu grosería, piadosos ú la par que cor-
teses, hospitalarios y caballerosos, Jos benedictinos han llegado
hasta nuestros días con cierta aureola y reputación envidiable de
«aber y de virtud, que les ha proporcionado el respeto y simpatías
de todos los sabios, hasta el punto de que para calificar un tra-
bajo literario de paciente y laboriosa investigación, y de erudi-
ción sólida y profunda, sea costumbre el decir es un trabajo de
benediclmos.
Desde el Sileuse, que nos lega una de nuestras más antiguas y
preciadas crónicas, hasta los PP. Sarmiento y Feijóo, y nuestro
correspondiente el P. Abad y Lasierra, nuestra historia literaria
€ueñta con un gran caudal de sabios que han ilustrado la histo-
ria, y los nombres de Berganza, Sota, Briz Martínez, Pérez, Saez
y otros que sería prolijo enumerar, figuran en el ciclo literario
•202 ÜOLETIX DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
de nuesta historia al lado do los Mabillon, Ruiíiart y otros céle-
bres benedictinos extranjeros.
A pedir modestamente una limosna de libros llegó á las puer-
tas de nuestra Academia, el moderno Prior de Silos Dom A. P.
Guepiu, procedente de la célebre abadía de Solesmes, ilustrada re-
cientemente con los nombres del abad Don Gueranguer, carde-
nal Pitra y el renombrado obispo de Poitiers Mons'. Pie. Y los li-
bros que pedía, y que la Academia con su habitual generosidad ha
tenido á bien conceder al restaurado monasterio de Silos, no doi-
mirán en los estantes de su librería, como eu ciertas llamadas
Ijibliotecas de asociaciones civiles, donde sólo sirven de adorno,
sin que nadie se tome la molestia de abrirlos, cuanto menos ma-
nejarlos. La Academia puede tener la seguridad y convicción de-
que sus libros no yacerán en Silos ni muertos ni aun dormidos^
sino que tendrán ese movimiento, (¡ue viene á ser la vida de los
.seres inanimados; y sobre todo de los libros , que con esa vitali-
dad honrosa adquieren también vejez honrada.
Mas no fué eso tan sólo, sino que el P. Guepin, antes de recibir-
los libros, tuvo á bien regalar á la Academia el precioso cartulario
de las Abadías de San Pedro de la Gouture y de Solesmes, que
motiva este informe, porque la Academia lo ha creído de tal
mérito é importancia, que determinó nombrar comisión que lo
examinara é informase acerca de él. Tal- es el motivo que obliga á
los que suscriben á molestar por breves momentos la atención de
la Academia.
El cartulario de las Abadías de Saint Pierre de la Gouture y
de Saint Pierre de Solesmes ha sido publicado en Mans, el año
de 1881, por los benedictinos de Solesmes, á expensas y bajo Ios-
auspicios de su iioIjIc y dignísimo protector el duque de Ghaulnes,
cuya reciente pérdida lloran las letras y las artes al par del cato-
licismo, ilel cual era uno de los más ilustres paladines.
El cartulario forma, un enorme tomo en folio de 540 páginas,
mas un pliego de foliación preliminar, que podría dar unos ocha
toinilos de nuestra literatura de bolsillo. De esta obra sólo se han
lirado 300 ejemplares numerados. «El de la Academia lleva el nú-
mero 1)5, motivo demás para agradecer el obsequio.
Acompañan al texto curiosas láminas grabadas con vistas de
CARTUI-AlUO D1-; LAS AHADIAS DE LA COCTL'HE Y DE SOLESMES. '2*'wj
sepulcros, edilicios, sellos, y lodo lo que constituyo cu esta clase
de obras una verdadera ilustración, á gusto do los saÍ3Íos y de
las personas inteligentes, que en esto buscan la utilidad y no el
mero recreo de la vista.
El ilustre Mecenas deseaba ilustrar el cartulario con m¿ignífi-
fos grabados de exquisito gusto, y decorar el libro con lindísimas
fotografías y grabados en acero, para lo cual hizo grandes gastos
con escaso fruto, habiendo llegado al extremo de hacer iluminar la
iglesia con luz eléctrica, áfin de obtener fotografías de los bajo-re-
lieves colocados en parajef] oscuros, sin obtener el resultado ape-
tecido. La máxima del duijue de que para no hacer bien las cosas
valía más no hacerlas, ha sido funesta en esta ocasión como en
otras muchas. Nuestro axioma dice con razón, que lo mejor es ;í
veces enemigo de lo bueno.
Ni aun quería reproducir los dibujos, los sellos y otros objetos
antiguos de San Pedro de la Gouture, y eso que, destruido el mo-
nasterio, ya no había más que esos grabados, y por tanto era im-
posible mejorarlos sin falsearlos y faltar á la verdad arqueológica.
Por imestra parte estamos muy lejos de pensar así, y, entre esa
exageración del idealismo estético, y la opuesta de la tosquedad
de un grabado antiguo, parece que debe haber, corao en todo, un
término medio regular y prudente.
Entre estas reproducciones de los antiguos toscos grabados de
San Pedro de la Gouture son notables la planta del destruido
monasterio tomada á vista de pájaro, como otras muchas que
se ven en las obras del siglo xvii, tal como en el Acta Sanctoriim ,
la del sepulcro del obispo Goselin (Gosselimis) de Mans, que los
franceses convierten en Ganzoliéne , el del Gonde Ilého , la gran
plancha de bronce sobre el sepulcro del obispo Pascual de Huge-
not, que estaba en el coro, y otros varios de abades de los si-
glos XIV y w, hasta el de Miguel Bureau, que murió en 1518, y
cuyo sepulcro, de distinto género y con estatua yacente, marca ya
la transición del gótico al plateresco. Doce son las láminas que
representan sepulcros ó lápidas sepulcrales hasta esta fecha:
cuatro planos y vistas de las Abadías de la Gouture y Solesmes,
y además 36 sellos y escudos heráldicos grabados é intercalados
en el texto y las portadas.
26i boletín de la. real academia de la HIST0RL4.
Precede á este medio centenar de grab¿idos, verdadero modelo
de ilustraciones arqueológicas é historiales, el precioso retrato en
acero del abad Don Gueranguer, dibujado y grabado por Faillard
con la mayor delicadeza, y con tal propiedad, que desde luego es
de aquellos de los cuales suele decirse, que no les falta más que
hablar. Muestra este precioso grabado, distinto de todos los otros
por su finura, á diferencia de las reproducciones de los toscos gra-
bados del siglo XVI, lo que deseaba el duque de Ghaulnes, y á lo
que a.spiraba y no pudo alcanzar.
Tal es el cartulario de Solesmes en lo que podemos llamar su
parte exterior: tiempo es ya de que, dejando de ver el monaste-
rio y su libro, como quien dice por fuera, nos tomemos la li-
bertad de entrar por sus puertas y examuiar su interior, ó como
dicen, su historia interna.
En las afueras de la ciudad de Mans, en latín Cenomanensis
urhs, Cenomanensis ecclesia, construyó el obispo D. Beltrán, que
lo era de a(|uella iglesia, un monasterio, á fines del siglo vi, pues
se hace remontar su anligüodad al año 595, en tiempo del Rey
Glptario. El cpiscopologio Genomancnse le llama al fundador
Beatus Bertchranmis, y dice que rigió el obispado durante 37 años.
Una antigua leyenda suponía, que estando en oración el obispo
D. Beltrán se le apareció San Miguel, mandándole de parte de
Dios que edificase un monasterio en el paraje que antes se lla-
maba Vivereiis, al cual se le había de llamar de Cultura Dei, pues
cultivo y cultura significa la palabra francesa couture, siquiera
nosotros al referir esta palabra á la Divinidad le demos más bien
el nombre de culto. Pero el testamento del obis[io Beltrán acre-
dita, que en unión de otros obispos consagró la basílica de su mo-
nasterio en honor de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, po-
niendo en ella reli(¡uias de pilos; así que se rechaza la tradición
del mandato angélico, como cosa legendaria. El obispo D. Beltrán
tuvo culto en ella más adelante, y su cuerpo fué depositado en un
arca de plata, el año 1512, colocando la ca])cza en otro relicario
del mismo metal.
El testamento de San Beltrán lleva la fecha de 27 de Marzo de
015, y exprosa las granjas (cillas) que con dinero del Rey Glotario
bahía adijuirido en tierra de Burdeos, Elampes y Gahors.
CAUTULARIO DE LAS ABADÍAS DE LA COUTIRE Y DE SOLESMES. ■265
Este documenlo es el segundo que exhibe el Cartulario junta-
mente con un fragmento de las actas ó gesta de los obispos de
Mans, que le precede. Sigue como tercer documento otro frag-
mento de un testamento del año G'r2, otorgado á favor del monas-
terio por San lladoindo (Hadoind). De aquí pasa al í^iglo x, lo cual
manifiesta que la suerte del monasterio no fué muy próspera en
los tristes siglos viii, ix y x, pues el quinto documenlo del Car-
tulario es una donación del conde Hugo de Mans á fines de aquel
siglo (990).
Veinte años después aparece la fundación de la iglesia de San
Pedro de Solesmes, dada al monasterio de Cultura, por el conde
Gofredo de Sabol (Gaufridus de Sabolio), en que además cede
varios cortijos (vicos) y alodios, con otros derechos señoriales ó
feudales que en ellos tenía. Pero Solesmes no fué entonces má?
que un modesto priorato, dependiente de la Abadía benedictina
de Cultura, ó Couture, como otros muchos.
Esta acreció mucho en el siglo xii, no sólo de adquisiciones,
sino también de privilegios pontificios y reales. Honorio III,
Gregorio IX y otros pontífices hasta Adriano YI inclusive, le
concedieron exenciones, inmunidades y derechos parroquiales,
juntamente con uso' de pontificales, báculo, anillo y mitra.
No le fallaron tampoco algunas averías. En 1180 se quemó el
monasterio: ardió otra vez en 130G. En 14-21 le pegaron fuego los
ingleses, demoliéndolo en gran parle, y finalmente, en 15G2 lo
saquearon los hugonotes, profanando las reliquias, violando los
sepulcros, y destrozando la biblioteca, llena de ricos y antiquísi-
mos códices. Al saqueo siguió el incendio. Y aún no fué eso lo
peor, sino que á estos males materiales siguieron, en la general
disipación del siglo xvii, otros morales, y la relajación de la disci-
plina monástica, hasta el punto de que, habiendo traído el prín-
cipe Mauricio Eugenio de Saboya monjes de la Congregación de
San Mauro para la reforma del monasterio, los del monasterio de
Cultura les cerraron las puertas.
Tenía el monasterio á su cargo 100 parroquias, 26 capellanías
y 50 prioratos, alguno de ellos en España. Cuál fuera éste no se
sabe, pues un Buxedo, que allí suena, parece ser Bouessay.
También padeció nuicho en el monasterio de Solesmes la dis-
CGG boletín de La real academia de la hístorla.
ciplina monástic¿i por la rapacidad y molicie de los abades co-
mcníiatarios, que fueron la polilla de los monasterios opulentos
de Francia en el siglo xvir, como lo habian sido en España en
el XVI, y causa funesta de la ruina de muchos y de la decadencia
de otros.
El priorato, ahora Abadía de Solesmes, fundado á principios del
siglo XI, como queda dicho, está situado á la ribera del Sarta, á
media legua de !¿abol; su iglesia estaba dedicada á San Pedro y
San Pablo como la de Cultura. El abad de este monasterio en-
vinba á Solesmcs un prior, para regir el monasterio bajóla regla
de San Benito. Creció mucho en importancia el priorato desde fines
del siglo XV. Distinguióse en el adorno de la fábrica de la iglesia
Guillermo Cheminal que construyó el altar de Nuestra Señora de
la Piedad y el sepulcro del Señor, y tamliién un hermoso campa-
nario de 200 pies de altura, que derribó un huracán el año l(i82.
En 1532 el maestro Juan Bougler construyó también una mag-
nífica capilla colateral, al lado del Evangelio en honor de la San-
tísima Virgen, con cinco altares llenos de hermosas figuras de
piedra blanca, representando varios pasajes de la vida de aquella,
que aun hoy día llaman mucho la atención do los inteligentes y
aiin más de las personas piadosas; como también las bellas vi-
drieras de colores costeadas por entonces. Estas bellezas artísti-
cas eran las que principalmente quería reproducir el duque de
Cbaulnes en ricas láminas en acero.
Consérvase también una espina de la Corona del Señor, que
trajo Raúl ó Radolfo, señor do Saból, el cual fué á la Cruzada con
Gofredo de Bullón. Tuvo la suerte este monasterio, el año 16Gi,
de que Dios tocase el corazón del illtimo abad comendatario don
Gabriel de Courses de Beauregard para que cediera el monasterio
decadente á la Congregación de San Mauro, permitiendo á los
monjes nombrar prior libremente, renunciando la encomienda
prioral, no sin quedarse con algunos gajes.
No fué gran cosa lo que ganó; pues al enviarle noticias á Ma-
billon cu 1702 (pág. 396) se le decía, que el monasterio se hallaba
desolado y em[)oI)recido por un falso hermano litular de él. Tam-
poco mejoró gran cosa durante el siglo pasado, y la revolución
vino á poner término á los abusos do aijuella aristocracia dege-
CAflTULARIO DK LAS ABADÍAS DK LA C.OLTI'HE Y DE SOLKSMKS. 2()1
nerad;i, que gastaha en orgías los liieues y rentas do ,m;i.n parlo
de los monasterios de Francia.
Quinientos son los documentos corrospondientes ¡I la Abadía
de Gonture y priora'o de Solesmes, (jiio contieno este precioso
Cartoral. La mayor [¡arte de ellos son de la Abadía de Cultura:
de Solesmes apenas un medio ciento. Los cuatro íiltimos de este
siglo son muy notables.
El 41)7 es un decreto de Napoleón dado en Wiina el año 181?.
prohibiendo se saquen do la iglesia de Solesmes las estatuas do
piedra que la Prefectura quería ruttseizar (1).
. Por el 498 Gregorio XVI, en 1337, erige el priorato de Solesmes
en Abadía, y cabeza de Congregación. AI par de este documento
y al frente de la pág. 402 se echa de ver la plantado la Abadía dr-
Solesmes después de su restauración. Por primer abad y restau-
rador fue nombrado el célebre Dom Luis Pascual Gueranguei-,
solicitándolo así, no solamente el obispo de Mans, sino también
los arzobispos de Tours y de Pnris.
Los dos últimos documentos son del Papa Pió IX, dados en
1875, confirmando por segundo abad de Solesmes al P. Dom León
Bastido, y el último contiene un hermoso elogio del abad an-
terior.
Tal es el curioso cartulario que la Academia nos ha encai-gado
revisar, obra preciosa, por los documentos, por sus grabados ó
ilustraciones y por su excelente desempeño, que la hace modelo
de las de su clase, y obra propiamente de benedictinos en lodo el
i'igor de la palabra.
Madrid, -22 Junio 188:^.
Vicente de la Fuente. Cesáreo Fernández Duro.
(1) Palabra no admitida en el Diccionario, que significa hoy dia entre los literatos
la torpeza de destrozar monumentos antiguos para sacar objetos arqueológicos á fin
de llevarlos á los museos sin motivo racional.
2G8 liOLETÍ.N DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTURIA.
II.
LA CATEDRAL DE MURCIA EN 1291.
Señores Académicos.
La carta original del Rey D. Sancho IV, fechada en -26 de Mayo
de 1291, que nuestro docto correspondiente, D. Félix Martínez
Espinosa, arcediano de Murcia, ha encontrado recientemente en
el archivo de aquella Santa Iglesia, dice así:
«Don Sancho, p[ojr la gracia de dios Rey de Castiella, de
[Toljedo, de León, de Gallicia, d[e] Sevilla, de Gordova, de Mar-
[cia], de Jahen e del Algarbe, [a vo]s don Diego, por essa misma
gracia Obispo de Cartagena, S[a]lud commo a aquello que quiero
bien e en que fio.
í>Vi vuestras cartas, que me enviastes con Pero guillem com-
pannero de vuestra Eglesia en rracon de la translación de la Egle-
sia de Garta[gen]a a Murcia, e que deriades que el papa avia en-
viados sos del[egado]s alia sobre esta rracon, e que me pidiades
mercet que lo toviesse p[or bie]n. Et pues el papa lo quiere, e yo
veo que es servicio de [dios] e mío, e pro e onrra daquel lugar,
plaze me e [lo ten] go por bien. Et sobresto escrivo mi? cartas alos
de Cartagena e alos de Murcia, en que les mando que les plega e
lo tengan p[or] bien, e que vos ayuden en todo lo que fuere y
mester en guisa que [es] te fecho venga a acabamiento. Empero
ruego vos (¡ue toda via guisedes commo tinquen algunos com-
panneros de la Eglesia en Cartagena por onrra daquella Eglesia
c del logar; e en esto fazer medes servicio, e yo gradecer vos lo
e, et fazer vos e siempre Ijien e mercet por ello.
«Olrossi, a lo que me enviastes pedir mercet con Pero Guíllcm
vuestro mensagero, en que deciades que vuestra Eglesia se derri-
bava e eslava mal parada, e que vos mandasse fazer alguna ayuda
para vuestra [Egjlcsia de la madera que acábeselo en Guarda-
mar e en Alicante e en essos otros logares, (jue la truxo la for-
tuna de tierra de Valencia, tengo por bien [q]ue vos den ende
LA CATEDRAL DE MURCL\ E.\ Vi'M . ÍO'.)
(|UÍnieulos maderos. Et sobresto envió mi carta a Jolian sanche/.
adelantado, que vos la faga luego dar.
))Dada en Burgos xxvi dias dií Mayo, Era de mili. cr.n.xxix. an-
uos. Alfonso peres la mando fazcr por mandato del Rey. Yo Mar-
tin Alfonso la fis cscrcvir. Alfonso peres. Es[idroj gonsales. — Vi-
dit Garsia ferrandes.«
Tres días después, cumpliendo su promesa, escribía el Rey il):
«Don Sancbo por la gracia de Dios, Rey de Gasliella, de Tole-
do, de León, de Gallicia, de Sevilla, de Gordova, de Murcia, do
Jaben e del Algarbe, al Goncexo e a los Alcaldes e Algnazil do
Murcia salud e gracia.
«Bien savedes en como el Olñspo c el Gabillo de Gartagena tra-
baxaron tiempo lia, e Irabaxan por mudar la Sey y en la villa do
Murcia; et esto tengo que es mío grande servicio e pro ct honrra
de todos vos, que por que la villa sea mas lionrada e mas precia-
da por ello. Por que vos ruego e vos mando que vos que les aiu-
dedes en quanto pudieredes en ello, e que les dedes vuestras car-
tas aquellas que obieren menester sobrestá razón, en guisa por
que este fecho venga en acabamiento, e yo grasdecer (2) vos lobo
mucbo, e fazervosbe siempre bien e merced por ello. Dada en Bur-
gos veinte y nueve dias de maio, Era de mil e trescientos o veinte
e nueve años. Alfonso peres lo mandó faser por mandado del Rey.
Yo Martin Alfonso la fis escrevir. Alfonso Pérez. Esidro Gonza-
les (3). V,' Garci Ferrandes.»
Guánto tiempo, por qué motivos y en qué trabajos anduvieron
el Obispo y Gabildo de Gartagena con la solicitud que indica el
Rey, nos lo bará ver la bula de Nicolao IV, fechada en Rieli do
(1) A falta del original que busqué, mas no encontré, doy el texto copiado por don
Asensio de Morales en el libro de Privilegios reales. Bulas y otros instrementos ii/tpor-
tantes (fol. "4 vuelto, Tó recto), compilado en 1751 para el archivo de la Santa Iglesia de
Murcia. La fuente del trasunto, hecho por Morales, fué otra copia extendida en el Li-
hro autliorizaár. del mismo archivo, qu3 no sube más allá del siglo xv.
("2) Morales, ó su amanuense: «grasdezoa vos lo he mucho. >> — La errata se ha desli-
zado en la impresión quede la carta ha hecho el Sr. Fuentes en la página 61 de las
Fechas Murcianas Murcia. 1882). No ha muchos días he recibido de este docto escritor
la hoja volante, impresa, ([ue rectifica, con arreglo al original recién descubierto, la
primera edición (Fechas Murcianas, pág. ."JS y 59) de la regia carta al Obispo.
(3) Morales «Gomes:» pero se opone el original de la carta anterior.
"270 boletín de i. a üeai. academia de la historia.
Xápoles, H 13 de Setiembre de lv!89. La estimo inédita, pues no la
consigna Potlhast en su preciosa obra Regesta Romanorum Pon-
tificum, continuación de la de Jalí'é. Un traslado aiUéntico vino
directamente á la catedral de Murcia en 1772, y lo he visto y co-
piado al pié de la letra:
(dn nomine Domini, Amen. Hoc est exeinplar autiienticum quarumdam
Litfceranim apostolicarum fe!, rec. Nicolai PP. IV teuoris sequentis vi-
delicet.
«Xicolaus cpiscopus, servus scrvorum Dei, dilectis filiis... (11,
Abbali de Benifacani Cisterciensis et... (2) Priori de Porta Geli
Gartusiensis ordinum monasteriorum, Dertusensis el Yalentine
diocesium, salutcm et aposlolicam benedictionem.
)i Accedí t-Matris Ecclesie sinceris aíTectibus ut íMeles suos in
viam pacis dirigat et mentis tranquillitate custodiat, curet ipsos
a qaibuslibet perversitatibus preservare. Sane vcnerabilis frater
noster... p]piscopus ct dilecti íilii Gapitulum ecclesie Carlhaginen-
sis nobis e.vponere curaverunt quod, eis olim significantibus feli-
€is recordationis. Nicolao papae IH Predecessori nostro |3i,quod
civitas Garthaginensis in loco sita dinoscitur propter mare medi-
terraneum fretum iníidelium feritati vicino, a christiano quoque
incolatu semoto, quod ipsi et cives Gartliaginenses Agarenorum
et aliorum etiam, qui sub velamine tituli christiani laxantad in-
jurias manus suas, vexati insultibus, ingressum et regressum ad
civitafem ipsam liberos non habentes, plerumque gravia dampna
in pcrsonis et rebns incurrunt; populus quoque Garthaginensis
diócesis similiter propter viarnm discrimina, que ex inepta pre-
l'ali loci dispositionc crebrius suscita ntur, nequáquam iiisi forsan
gressu interdum clandestino, vel cum ducatu comitum competen-
ti, adire civitaiem eaiidem prosumunt: undeex hiis et alus variis
incomodorum arliculis prediclc civilatis habitatio fidelianí quieli
adco redditur onerosa, (]uo<l ibidem ])rcvis habelur numerus in-
(1) Según el catálogo (jiie trae Villamieva (Viaje litei-ario, i\,\G\) comenzó é. ser
abad de Benifaaá en 1263 Berenguer de Concabella, en 128:j (iuillem, en 1"289 Pedro Vi-
Inrnau y en 12!IJ Ramón Bernat. El primero de los deleg-ados i)on,tiflcios, á quien se re-
fiere la carta del Uej-, fué, de consiguiente, Pedro Vilarnau.
(3) ¿Raimundo de Bañuts?
(:i) Fu»' coronado á '2G de Diciemlirc de \T,~, un mes desinu'-s d<- su elección.
LA CATKDIíaL 1)K mi liiWA V.S lví?l . 271
colaniin, ot prediclus populus lurbalur veheineutcr ct rcdJilur
Carlhaginensi Ecclcsie indcvotus. Unde prefati EpiscopusetCapi-
tiilnni asserenlos quod castrum Murlie, iii cadem diócesi consti-
liiluin, est locus honorabilis et insigiiis, ac aptas iii hac parte vo-
lis popüli mcmorali, eidcín Predecessori humiliier supplicarunl
lít scdein Carlliaginensein adcaslruin ipsiim traiisrurtíndi liheraní
cis coiicoderet facaltalem. Ídem vero PreJecessor, cupicns iiislrui
et plcniíis iiiforinari aii preniissa verilale clarercnt, an hujnsmo-
di postulatio Clero el po[)ulo prcfalis votiva exislcrct ac saluti ct
ulililali expediret eorum, el au in chrisliaue professionis reduu-
<laret honorem, si ejus professorcs fugereiit a facie inimici, et an
eliain ex hoc Christicolis illarum parlium materia scandali pa-
rarelur, Venerabili fralii nostro... (1) Episcopo Dertuseiisi ac
tibi (2), fili abbas, per suas sub certa forma dedil litteras iii man-
datis ut super hüs et alus circunstantiis, quas hujusmodi ncgolii
desideraret condilio, inijuircretis diligentias veiúlatcm, et de-
mum que iiiveniretis per veslras litlcras, cariimdem litlerarum
ipsius Prcdecessoris seriem continentes, sibi intimare fideliter
ruraretis ut, veslris inslructionibus informatus, in eis proulipso-
rum exigeret qualilas tute posset procedíu'é ac consulte.
«Verum quia, sicut iidem Episcopus et Gapitulum Carlliagi-
nenses nobis exponere curaverunt, dictus Episcopus Dertusensis
et tu, Abbas predicte, per ipsius Prcdecessoris litteras, quarum
¡íucloritas, re adhnc existente integra, per ipsius obitnm (3i expira-
i'al, procederé non curastis, iidem Episcopus et CapiLulum Gailha-
ginenses itéralo ad Apostolicac Sedis providcntiam recurrerunt.
Nos itaque, prcdictorum Episcopi et Gapiluli Garthagínensiuin
supplicationibus inclinati, cupientes eos optatis desideriis conso-
iari, discretioni vcstre, de qua plenam in Domino fiduciam obli-
uemus, cum prefatus episcopus Dertusensis in remotis agat ad
(1) Arnaldo de Jardino. Lo que refiere ¡a bula se debe ag-rqgar á las breves noticias
acerca de este Trelado que recoj^ió Viltanueva. ( Viaje Ut., v, ítl, 92.)
['i) La bula, como lo ha hecho arriba tratando del obispo de Cartagena, se fija inme-
diatamente en la dignidad: y por ésta en la persona individual, que puede ser con el
tiempo diversa ó sucesiva.
(:<) Murió Nicolao III el dia "22 de Agosto de 12-<i).
272 boletín de la real academia de la HISTOnLi.
presens il), per Apostólica scripta niandamus quatenusiiihujus-
modi inquisitionis negotio procedatis juxta predictarum ipsius
Predecessoris ad eundem Episcopam Dertusensem ct te, predicte
abbas, directaram super hoc coiitiiientiam littoranira, et demum
que inveneritis per vestras litteras, harum seriem continentes,
nobis studeatis fideliter intimare. Non obstante indulgentia, sí
qiia vobis et ordinibns vestris ab Apostólica Sededicitur essecon-
cessum quod non teneamini vos intromittere de quibuscumque
iiegotiis, que vobis a Sede committuntur eadem.
»Dad. Reate, Idibus Sept. Pontif, nostri Anno secundo.
))De9cr¡ptum et recognitum ex Regesto Litterarum Apostolicarum Nico-
lai PP. IV. quod asservatur in Archivo Secreto apostólico Vaticano An. II
ep. o09. cum quo coUatum concordat. salvo etc. In quorum fidem hic me
subscripsi et sólito sigillo signavi.
i)Dabíim ex Archivo prefato Cal. Febr. Anno Domini 1772. Ind. V, Pon-
tificatus Sanctissimi in Christo Patris et Domini nostri, Domini Clementis
Divina providentia PP. XIV. Anno III.
D(Lugar del sello.) Joseph Garansius Archivo predicto Praefectus.»
Está este ejemplar auténtico en tres pliegos de papel, cosido?^
con hilos de seda, color verde y rosa. El ejemplar de la Bula ori-
ginal, á mediados del siglo pasado existía en el archivo catedral
de Murcia. Morales, quien allí lo vio y no sin erratas lo transcri-
bió (2), lo describe en esta manera: 'íEs original, escripia de letra
antigua en pergamino. Le falta el sello que parece haver tenido
pendiente de un cordoncillo de ctiñamo, que le permanece atado á
su pié en la forma acostunibrada.y) Nadie me ha sabido enterar de
su paradero \'¿\.
(1) No firmó entre los Prelados que asistieron á las Cortes generales de Cataluña
(25 Diciembre 1291 ^ 23 Marzo 1292;; pero si en el concilio coetáneo de Tarragona (sá-
bado, lo Marzo de 1292).
(2) Privilegios, Bulas, Donaciones y Confirmaciones j- otras escrituras que so liallan
originales en el Archivo y Tumbo délas santas iglesias de Murcia, Cartagena, Muía y
Jumilla; fol. 713 recto-715 recto. Códice ms. en la biV.lioteca de la Real Academia de !n
W'iatoT'iSi, esíante'25, ffrada ].', C, miTa. 12. — Morales encabezó su transcripción con el
titulo anacrónico y relativamente moderno, que probablemente sacó del dorso del per-
gamino original: «fínla (leí Papa Xicolao ÍT sohrcla translation de la S.^^Iffl.' ieCart.'"'
i'r Murcia.»
(3) Se me liabló de un rimero de bulas viejas, que á nadie se dejan ver: especie ridi-
cula é incongruente á la notoria ilustración del Cabildo.
LA CATEDnAT- DR MURCIA EN 1-291. 27.3
La traslación déla Sede á Murcia, si bien conservando el lílnlo
de Cartagena, debió de hacerse en 1291. Pruébanlo en primer la-
gar las palabras del Rey en Mayo de 1291 , tanto de por sí, como
confrontadas con las de la l)ula que acabáis de oir, fechada en
13 de Setiembre de 1?8!). Los delegados apostólicos tuvieron su-
ficiente espacio para cumplir su comisión y dar lugar á la expre-
sión favorabledel asentimiento de la Santa Sede que uolilicó el
Obispo al Rey, y este consignó en su respuesta: "é pues el Papa
lo quiere, ct yo veo ques servicio de Dios ó mió, ó pro ó honra de
aquel logar, 6 lo tengo por bien.» En segundo lugar lo indican
las actas de convocación al concilio de Valladolid, que publi-
qué (1), en su parte relativa á la escena, harto curiosa, de que fué
teatro la catedral murciana el 27 de Febrero de 1292. No estará
de más reproducir aquí este notabilísimo documento:
«Veinte siete dias de febrero, Era de mili ccc et treynta .iños, ante San-
cho de LnQano Arcidiano de Cartagena et Guillem Reuion arcidiano de
Lorca et Pasqual Pérez Cliantre de la Eglesia de Cartagena et Johau Pérez
Canónigo de la dicha Eglesia, et Pedro Guillem et Gun9alo Pérez rracionc-
ros de la dicha Eglesia, en presencia de los Notarios de iuso escriptos, com-
parecieron Johan Perez et Pedro Garcia clérigos del Ar9obispo de Toledo
en el choro de la Eglesia de Santa Maria la mayor de Murcia con una carta
(íHcripta en pergamino de cuero et seellada con el seello colgado de Don
Gor9alo por la gracia de Dios Arcobispo de Toledo que dice asi : Gundi-
salvHS Dei gratin, etc., venerabili io Christo patri, Domino Didaco episcopo
Carthaginensi, etc. Data apud Alcalam VIIF idus Januarii, anno Domini
millesiino cc° nonagésimo primo.
))La qual carta el dicho Pedro Garcia comeiig ó á leer; et los dichoa Arci-
diano et Chantre et canónigo et racioneros dixieron que si los dichos Johan
Pérez et Pedro Garcia trayian alguna carta del obispo de Cartliagena que ge
la oydrian, mas otra carta nol consintirian, nil dexarian leer; ca non era
tiempo uin razón, porque estaban diziendo sus oras; et que atendiesen fata
que las oras fuessen dichas. Et ante que las oras fuesscn acabadas, los so-
bredichos Arcidianos et Chantre et canónigo et Racioneros fuéronse. Et los
dichos Johan Pérez et Pedro Garcia atendieron fata que fueron dichas las
oras, et dixieron que leerien la carta si oviessen a quien.
(1) Actas íne'ffitns de siete rancilios espaTio'i:s. ^celebrados rJesdr i-l aTio r2fí"2 /ias!a el de
1311. pág-. 1S3-19:!: Madrid, 188-2.
•Ycv.c i:r. l'J
•274 DOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
»Etdesto que sobredicho es, et en como pasó, los diclios Johan Pérez et
Pedro García pidieron á Loren9o García et Bondiico Forés et Per Andrés
Notarios públicos do Murcia que les diesen ende este instrumento, signado
con sus signos en testimonio.»
Pruébalo, en fin, la muy fidedigna aseveración del obispo don
Diego de Comontes, quien ;1 mediados del siglo xv dejó manus-
crita la historia de sus predecesores en el libro, titulado Funda-
mentum ecclesiae Cartliaginensis (1). Bien es verdad que la bula
de traslación no aparece, aunque de un siglo á esta parte se han
hecho esfuerzos repetidas veces para descubrirla en el archivo
capitular y episcopal de Murcia, o para recabar su copia auténli-
ca del Vaticano. Mas una larga experiencia de trabajos críticos de
esta índole os ha demostrado , señores , que las catedrales de Es-
paña han atravesado, ya por incendios ú otros percances de for-
tuna, ya por violentas ó descuidadas miras, tal menoscabo en sus
papeles y manuscritos antiguos, que de ninguno de ellos, á me-
nos que se pruebe con evidencia que está completamente perdido,
hay que desesperar el recobro. La bula de Nicolao IV, creando
nuevos delegados para el informe previo á la traslación de la Sede,
existía original en el archivo de la catedral murciana, como lo
testifica Morales. ¿Dónde se halla actualmente? Tal vez oculta, de
donde salga á lo mejor cuando menos se cate, como la bula de
traslación. La carta original del Rey D. Sancho al obispo D. Die-
go de Magaz, no la vio ni copió Morales, á quien le bastó el trans-
mitirnos la copia del Libro authorizado; y, sin embargo, ha lo-
grado encontrarla nuestro dignísimo correspondiente D. Félix
Martínez Espinosa ; y apoyado y excitado por el sabio Cabildo
de Murcia y del venerable Prelado do aquella gloriosa diócesis,
nos ha hecho agasajo de la fotografía, que veis ahí, de tamaño na-
tural, gemela de otra y otras destinadas á prevenir los efectos de
luicva desaparición, y á plantear ancha base de operaciones en la
contienda pacífica del ingenio. ¿Qué más diré? Dos bulas de Lio-
cencio IV, originales, fechadas respectivamente en los días 5 y 6
de Agosto de 1-250, que interesaban en altísimo grado á la Santa
(l) Ví'ase en el Informe siguiente.
LA CATEUU.VL ÜE MURCIA EX 1291. 27;')
Iglesia (le Cartagena, ya no comparecen. La primera lleva el nú-
mero JO y la segunda el 7 en el gran Códice, titulado: a Libro 1, en
que están compulsadas las bulas y otros instrumentos importan-
tes, que se Judiaron en el archivo de la sancta Iglesia Catedral de
Cartagena, el presente año de 1751; formado á pedimento de los
Tilmos, señores Dean y Cavildo, al tiempo del reconocimiento que
de orden del Reí/ nuestro Señor (1) se executú de él por el S.'' D." As-
censio de Morales, del Concexo de su Mag.^, su Oydor de la Real
Audiencia de Sev.", y Juez delegado para Rexistro de los Arcliiv.^
de Cast.^ y Andal.^ (2).» Potthast (3), bajo el nüm. 14.032, cita la
segunda |G Agosto), que publicó Sbaralea; mas la primera (5 Agos-
to), ni siquiera la menciona. Cierro, pues, con ella mi breve In-
forme.
«Innocentius episcopus, servus servorum Dei, venerabili fra-
tri... (4) Episcopo Carthaginensi salutcm et apostolicam benedic-
•tionem.
«Meritis tue devotionis induciraur ut te speciali gratia prose-
quamur. Hinc est quod nos, tuis supplicationibus annuentes, tibi
-auctoritate presentium indulgemus ut ad receptionem in Ecclesia
■Carthaginensi, seu provisionem alicujus in pensionibus vel be-
neficiis ecclesiasticis per litteras apostolice Sedis, aut Legatorum
-ejus, de cetero compelli non possis nisi plenaní et expressam de
•indulgentia hujusmodi feceriat mentionem.
»Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginara nostre con-
cessionis infringere, vel ei ausu temerario contrarié. Si quis au-
tem hoc atemptare presumpserit, indignationem omnipotentis
Dei et beatorum Petri et Pauli apostolorum ejus senoveritiiicur-
■surum.
»Dat. Lugduni, nonis Augusti, pontificatus nostri anuo oc-
tavo.»
Madrid , 12 Octubre 1883.
Fidel Fita.
(1) Fernando VI.
(•2) Folio mayor de 1.122 páginas.
(3) Regesta Poiitificuní Romanonun, inde ab anuo post C/rristuiu nation mcxcviii ad
a. Mccciv; Berlin, 1875.
(4) Pedro Gallego.
276 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA DE LA HIsTOIUA.
III.
BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA SEDE CARTAGINENSE-
POR EL OBIíPO D. DIEGO DE COMONTES.
Es'inédito. El ejemplai- más precioso, U\l vez autógrafo del au-
tor, era el Códice, que en el suyo propio (1) vio y describió don
Ascensio de Morales: «Assimisrao cerlifico que en el referido Ar-
chivo (2) se halla un libro antiguo, el qual tiene por [ii\i\o Funda-
mentum Ecclesie Carthaginensis; el qual parece fue formado por
la Era (3) de mili quatrocientos y quarenta y siete, por el Obispo
D." Diego de Gommontes, y trassumptado en forma jurídica de
el antiguo por el año de mil seiscientos y dos, mediante á hallar-
se el Original mui maltratado; en cuio libro se halla apuulado el
origen de la Iglesia de Cartagena, sus costumbres y estarutos an-
tiguos, y al folio [18 hasta el 29 inclusive] (í) se refiere la erec-
ción y fundación de la Iglesia por el referido Obispo. « No, ha-
bieudo encontrado el ejemplar en la catedral de Muic.ia, me de-
beré contentar con el traslado que hizo Morales, y-que obra en
nuestra Biblioteca (5), anotándolo brevísimamente y restituyén-
dolo, cuanto se me alcanzare, á su pureza nativa con arreglo á los
principios de una Crítica sana y sobria. Da gozo ver cómo desde
San Isidoro y el Biclarense, los Prelados españoles han escrito y
recogido páginas que sirven al historiador de modelo y de espejo
constante á la Historia. Hace un siglo, la obra del sucesor de don
Pablo de Cartagena se citaba con harta ligereza y como perdi-
(1) Real Academia de !a Historia. Colección de privileg-ios y escrituras de las igle-
sias de España, lomo xii (est. 2.", grada 1.*, C\ Ibl. 'Adl recto.
(2) Catedral de Murcia.
(3) Entiéndase año de la era cristiana, quinto del episcopado del autor.
(1) Morales dejó en blanco el número del folio.
ir.) Cod.cit,M.~:\-2T.-~\\r.
BOSQUEJO HISTÚltlCO DK L.V SEDK CAIíTAGINENSE. 277
'da (!'. De hoy en aJel.iutc no se le ha de negar, así lo ospei'o, el
pucslo que le corresponde en la Hispania illnstrata.
«Didacus de Conionlos, niiscralione divina episcopnsGarthagi-
iiensis, universis et singulis libelli praesentis seriem inspecturis
iitriusque hominis sospitatem et paccm.
Quia de singulis dubitare non est inutile secundum Aristote-
Icm, ut nolat gloss;i, inlalione Nenio, capite de suvima Trini-
tate (2), etiamsi de iis supor (|uibus dubilatnr aliqualis habeatur
notio; naní, nt dicit Lex (.")) «nihil inter homincs tam indnbitaturn
€St qnin rccipiat quamdaní sollicitam dubilationeni,» in aulhcii-
tica de Tabellionibus circa médium, colialiono iin, ut eliam no-
latur de ea constitutione, inlationc i, in glossa«eí ita qnoque-.i)
ITinc ergo est quod Nos, quamquam antea dum in ea maioris
Archidiaconalus fungeremur ofñcio de substantia Ecclesiae Gar-
thaginensis aliqualem haberemus notionem, ex quo lamen ad
illius pontificalis dignitatis apicem gratia su [Tragante divina fui-
mus assumpti, dubitare neo immerito coepimus et mente gerere
quae qualis et quanta Erxlesia ipsa Garthaginensis esset, cui
praeeramus, undeque et a quo orlum habeat et progressum, ac
quae ratio causave fuerit quod illius Sedes, apud tam nobilem et
famosam tamque adeo insignem civitalem, ut est Murcia, locata,
•Garthaginensis nuncupetur et non potius Murciensis, Guias du-.
bitalionis tollendae causa, dum intra Gothorum gesta et ipsius
Hispaniae, cui praerant, veteres studiose legeremus anuales,
scriplum reperimus quod tempore illo, quo Vandali eamdem Ilis-
paniam obtinobanl, civitas nosira Garthaginensis, tune Garthago
vSpartarea nuncupata, quae ut cernitur ad meridianum latus ip-
sius Hispaniae supra meditei-raneum mare sita est, supra alias
eiusdem climatis pro tunn eminens, valde celebris habebatur et
(1) «D. Diego Comentes era Obispo de Cartagena año 143S. Este, dice Marieta, que
escrivió una historia de los Obispos de Cartagena sus antecesores: gozó de la Silla
Episcopal 21 aüos, haviendo sido, seis, Obispo de Badajoz. Murió en Murcia; y su
cuerpo fue depositado en su Capilla, que oy llaman de los Capellanes de Numero. >>
■Cáscales, Discursos Jiistóricos de la ciudad de Marcia; '2J* impresión, Murcia, 1773; pá-
gina 519.
(2) Códice de Justiniano, 1. 1, tít. i, 4.
(3) Novelas ó auténticas constituciones, (loXzció'a. IX, tít. xxiii, 1.
278 boletín de la t.eal academia de la HISTOIíLA.
famosa. Apud quam proptcrca, vcrisimiliter creditur quod eo
tempore esset Ecclesia cathedralis, sicut erat sedes regia (1); licet
¡jostea Sedes ipsa, destriicta Carlhagiiie a Gunderico (2), ab inde
sicut legitur translata exstilit ad Toletum. Sed heu, proh dolor!
post haec Gothoram témpora, videlicet regis Roderici et perver-
sissimi comitis Juliani, peccatis exigenlibus, si(;ut historia nostra
lamentabililer refert, ipsa fere Híspanla tota, quam praetnlimus,
a perfidis Agarenis, Christi nominis inimicis occupatafuitethos-
tiliter vastafa ac sectae spurcissimi Mahoraeti miserabiliter su-
bacta, eliminatis ab inde ómnibus Christi ecclesiis; inter quas^
•sicuti credimus, non minorem locum tenere debeat Ecclesia ipsa
Garthaginensis; quae tamen, aut qualis, aut quanta, aut si Me-
tropolitica, vel cathedralis, pro I une erat, et (si talis) quae digni-
tates et beneficia ibi inerant, scriptum minime reperitur. Unde
jam de iis vesligia aliqualia apparent, quorum causa fuisse cre-
ditur diuturnitas tam longa temporis (3), quo subsequenter eadem
Hispania ab ipsis Agarenis detenta et miserabiliter conculcata
exstitit, ut praefertur. Diuturnitas enim tanti temporis omnia
vastavit, et quae memoria digna erant oblivioni commisit; nec
Jam quicquara de iis quae inquirimus invenitur nisi quod, Deo
gralias, moderna nobis témpora protulerunL
Post has namque vastitates hostiles, quas ulterius enarrare
longum csset, succedcntibus tempoiibus bonis ut permisit Altis-
simus, cxpiatis piaculis ob quae tanta mala evenerunt, jam His-
pania ipsa a Christi hostibus liberata est. Placuit enim divinae
maiestati, et ita scriptum authentice reperitur, quod post tanto-
rum curricula temporum victoriosissimi Principes cssent qui reg-
num acquisierunt Murciae et dotarunt ecclesiam. Et dominus
Domnus Alfonsus, clarae memoriae, Domni Fernandi Castellao
et Legionis regis tune regnantis et dominae reginac Beatricis
(1) Capital de provincia romana.
(2) La copia de Morales pone «Cipione;» pero tamaña incongruencia sobre la trasla-
ción á Toledo de la Sede metropolitana desdice del pensamiento del autor, á quien era
conocido el texto de la historia Vandálica pnr Pan Isidoro: «Deinde, Cartilágine Spar-
taria eversa, cum ómnibus Vandalis ad Baeticam (Gundericus) transit.»
(:}) Délos cuales vestigios, para que á tanta escasez Ueg-asen, créese que la causa
fué una extensión de tiempo tan prolongada.
iíOsouE.10 in3T<')R)r.o ijE la SED1-: gautaginknsií:. 279
eiiis consorLis filias primogenitu.s, et habcns ciini Del adiulorio
■Ínter alia totum rogiium Murciae, iii quo civitas ipsa nosti-aCar-
Ihagincnsis sita consistit, amanibus Sarracenorumpracdictoruin
polenter eripuit. Et eo sic orccto, apud dictain civitatorn Garllia-
gincnsem c novo ecclesiain cathedralem ad Dei laudein gioriam
et lionorem sub vocabulo suae gloriosae geaitricis et virgiiiis Ma-
riae erigi, ac lili sic erectae, bonae mcmoriae dominuní fratrem
Petrum Gallaccum, ordinis fratram Miiiorum professorem, iii
episcopum et pastorem praefici procuravít (1) ct fecit per Domi-
iium Papam Innocentium IV; qui etiain apud Lugduiiimi cum
sua curia moram teneos cumdem episcopum consecravit pridie
kalendas Augusli era m.gc.lxxxv.iii., lioc est, auno Domini m" ce"
(¡uinquagesimo, ad petitionem Principis memorati (2).
Q)ui postea, post mortem videlicet pjatris, rex eflectus eam do-
tavit locis hic-scriptis ecclesiam; ac illi pro territorio Garthagi-
iiensis episcopatus in términos dedit ea quae sequuntur (3). Et
primo, la villa de Alicante con su término, assi como parte con la
tierra del señor Rey de Aragón; é mas Petrel, Saix, é Villena, é
la tierra de Don Juan Manuel su hermano como imrte con la tier-
ra del diclio señor Rey de Aragón; é mas la valle de Ayora fasta
Confluentes^ como otrossi j^urte con la tierra Aragón. ítem mas,
Jorquera con su termino é con la tierra de Goncalo Roiz de Atien-
za; é mas Chinchilla con su termino con las Quexolas; é otrossi las
Peñas de Sant Pedro con su termino, é Letur, Calasparra é Cara-
vaca con sus términos; Celia é horca con sus términos, Ogalte con
los otros castillos [de Don Juan García con sus términos, é los
(1) Las cinco bulas de Inocencio IV, concernientes á esta materia (Pottliast, 13.144-
13.148), tales como Wadingo las dio á luz, carecen desgraciadamente de nota cronoló-
grica, mas no de indicación de lug-ar, que demuestra que no son anteriores al mes de
Diciembre de 1244.
(2) 31 Julio 1250. Con este dato podemos ya circunscribir el tiempo de la bula 13.148,
que mal coloca Potthast entre los años 1247 y 1248, y describe así: «Decano et Capitulo
Cartbaginensibus intimat se fratrem P(etrura) Carthag-inensi ecclesiae providisse in
pastorem, eique munus consecrationis manPjus proprüs impendisse. Hortatur eos ut
istius mandatis efficaciter impendant.»
(3) Expidióse el instrumento en Sevilla á 11 de Diciembre de 1266, otorgando al
Obispo y Cabildo de Cartagena «que baya este Obispado sobredicho estos términos,
assí como los havie antes que la guerra de los moros comenzasse, que movió contra
nos el rey de fTranada.>>
280 150LETIN DE LA REAL AGADEMLA. DE LA Í'ISTORIA.
castillos (1)] de Don Ferrant Pérez de Pina fasta Penáguila con
ms términos é con toda la otra tierra que se encierra en estos lii- '
yares susodiclios. Los guales lugares é los nombres de los seño-
res Je ellos nombramos é designamos aguí, como los f¿ülamos
nombrados é designados en la letra real de la asignación é limi-
tación por estonces fecha; en posesión de lo qual todo fallamos de
estonces acá ser estada continué fasta agora é estar la dicha Egle-
sia de Cartagena sin contradicion alguna, de qua nohis constet.
Fallamos mas como, después de assí fecha la dicha limitación
de términos del dicho nuevo Obispado, el rey Don Sancho (2) fijo
e sucesor del dicho rey Don x\lonso, dio á la dicha Eglesia de Gar-
Ihagena, para acrescentamienlo del dicho su Obispado, los luga-
res de Oria y Gantoria, Mojácar é la val de Porcheua, ó los Veli-
ces, que eran é son aun agora de Moros, para que los oviese é aya
en propiedad, cuando Dios quisiere que sean de christianos, assi
como las aguas que vierten de la sierra de Segura, según los so-
lian aver otro tiempo, según dís se cuenta en la. Concordia vieja (3i,
La letra é provisión del qual acresccntamiento, según que aquí
se contiene fué dado en Yalladolid, qiiarta mensis Octobris, era
M.ccc.xxxi, hoc est, anuo Domini m.cc.xciii. Según lo cual todo,
é según testifica el dicho rey Don Sancho contenerse en la dicha
Concordia vieja, tiene el orden de Sanctiago, ó tiene la Eglesia de
Garthagená por indubitado ser infra los términos del dicho su
Obispado toda la valle de Segura é los lugares dé aquella, ó la
villa de Huesca con sus aldeas é términos de ellas. Enpossessibu
de las quales, assí como lugares de su Obispado, ha seido á está
la dicha Eglesia después acá que son de christianos. Et ita repe-
rit^r.
Per praedicta ergo apparet undc et a quo habuit ortum eccle-
sia Carlhaginensis; et quis eam erexit in calhcdralem; quam sic
erectam ct dotatam praefatus dominus, frater Petrus Gallaccus,
eius novus episcopus poslca orJinavit, ad instar seu iuxta formam
(1) Omitido en la copia de Morales.
(2) La copia de este privilegio rodado, que existia original en el arcliivo de la cate-
dral de Murcia, se halla integra en Morales (fol. 591 recto-59t verso). A la fecha añade:
«en el a'io qat el sobredicho /•«,/ Don Sancho heredó Molina.»
(3) Con la Orden de Santiago.
nosni;i;,io histórico di-: la skde caiítaginexsk. 281
el modiiin digiiilatiun et lieueficiorum, quo or.liiiala fiicral occle-
sia Coi'dabeiisis; (juamvis ordinalio ipsa iiniovata seu malata fue-
rit peí" domimiin opiscopum Joliauíiem eius suocessorem, ut iu-
fra dicetur.
Post quaní quidein ei'cctionem , seu Ecclesiac ordinalionein,
lempore iii meliiis siiccedenlc, cum super eudeni Ecclesia inter
dóminos Tolctaniim et Tarraconoiisem archicpiscopos de et supcr
jure suae primatiae, cui videlicot eorum Ecclesia ipsa jure metro-
politico subjici deberct lis et dissenssionis malitiaesset exoi-ta (1)^
pvaefatus dominus lunocentius quartus, ul sic lites et disseiisio-
«es hujusmodi amputaret, ecclcsiam ipsam Carlhagiaenscm sibi
et Sedi Apostolicae reservando subjocit; et sic eam exemptam fe-
cit per suas patentes litteras apostólicas, tcnoroin qui scqnilurte-
nentes.
Innocentius episcopus. servus servorum Dei, vencrabili fratri
episcopo Garthagiuensi salutem el apostolicam bencdiclionem.
Novella planlatio Garthaginensis ecclesiae, quam pietas Gon-
<litoris ad sui nominis gloriara eripuit de manibus paganoruní,
aposlolicae rore gratiae est opporlunis irriganda temporibus;
quod el vigore proficiat, el in fructuuní prOduclione votiva Dco
et horainibus grata et amabilis habeatur. Gum itaque super sub-
iectione. ipsius Ecclesiae inter vicinos metropolitanos confcntiq
multiplex sit exorta, de qua sibi grave potest imminere dispon^
dium, nisi conservationis optatac sibi proveniat fulcimentum.
Nos circa dictara Ecclesiam aíFectum paternae bcnevolentiae di-
rigentes, ipsam sub beati Pelri et nostra protectione suscipimiis,
et praesentisscripti patrocinio communimus,statuenles nteadem
Ecclesia nulli tamquam mefroiiolilano, seu primati, practerquam'
Romano Pontiñci responderé de aliijuo teneatur, quousque prae-
dicta contentio penilus sopita fuerit, et liquide pateat cui saepe-
dicta Ecclesia de jure debeat esse subiecta.
Xulli ergo omnino. horainum liceat .hanc paginara nostrao
(1) Fué muy corto el tiempo que medió rlcsde la dotación (1.° Marzo i'2dO) y restau-
racióu de la Sede con la consagracii'm del Obispo (31 Julio 1250) hasta la decisión emer-
gente de la Sede apostólica (6 Agosto del mismo año). La constitución que dio á su
iglesia D. Pedro Gallego, no parece fuese anterior, sino posterior al acto de la exención
que obtuvo de Inocencio IV. '
•28-3 boletín de la real academla de la historla.
protectionis et constitulionis infringerc, vel ei ausu temerario
contrarié. Si quis autem hoc attemptare praesumpserit, indigua-
tionem omnipotentis Dei et beatorum Petri et Pauli apostolorum-
eius se noverit incursurura. Dat. Lugduni octavo idus Augusti,
pontificatus nostri anno octavo.»
Guiíismodi exemplionis ídem dominus Innocentius daré vo-
luit exeijuutores, seu conservatores cum plenissima potestate, do-
minos Astoricensem et Zamorensem ac Salamanticensem episco-
pos, ut etiam apparet per alias suas patentes lilteras sub eadeni
data consertas (1). A quo tempore citra usque in praeseus non
constaf, ñeque reperilur, nec etiam auditur quod reservatio seu
exemptio huiusmodi in aliquo infracta fuerit, vel impugnata, aut
perturbata, seu quod ecclesia ipsa Garthaginensis usa non fuerit
privilegia et gratiam praemissae suae cxemptionis; semper enim
ab ea, ut ab^exempta, et soli Sedi Apostolicae immediate subiecta,
ad eamdem Sedem solum consuevit appellari; etinhacpossessio-
ne exemptionis eam fuise et esse hactenus reperimus, et conti-
nuare conservare et defenderé intendimus, Domino conceden te.
Praemissa omnia comperimus in esse fuisse deducta tempore
praefati domini fratris Petri Gallaeci, primi episcopi Garthagi-
nensis. Qui vixit in episcopatu xvii annis (2); et tándem, cum
esset jam septuagenarius et ultra ^3), die Mercurii quae compu-
tabatur xvi* mensis Novembris arripuit eum febris, et die Sab-
(1) Según Morales, quien la copió (fol. SOS), existía original en el archivo catedral de
Murcia, y como quiera que Potthast no la disting-ue de la precedente, ó confunde las
dos en un mismo número, razón será exhibir su parte peculiar y propia:
«Innocentius episcopus, servus servorum Dei venerabililus fratribus Astoricensi,
Zamorensi et Salamanticensi episcopis salutem et apostolicam benedictionem. Novella
plantatio etc., debeat esse suliiecta. Quocirca, Fraternitati vestrae per apostólica scrip-
ta mandamus quatenus dictam ecclesiam non permittatis, super liiis contra protectio-
nis et constitutionis nostre tenorera ab aliquibus indebite molestari; molestatores
huiusmodi auctoritate nostra, appellationc postposita, compescendo. Non obstante
constitutione de duabus dietis, edita in concilio generali. Quod si non omnes hiis exse-
quendis potueritis interesse, dúo vestrum ea nihilominus exsequantur. Dat. Lugdu-
ni, VIH idus Augusti, pontiflcatus nostri anno octavo.»
La constitución del concilio Lateranense IV, dednalus f?¿aeW5, está registrada por las
Decretales de Gregorio IX, 1. 1, tít. iii, c. 2S.
(2) Desde el 31 de Julio'de 1250.
(3; Nació, de consiguiente, á fines del siglo xii.
BOSOL'IvIO HlSTüIiir.O DE I-A SEDE CAnXAGINKNSE. OS:?
])ati sequcnli, de mane, suum Domino traJidit spiritum (1) er;i
millesima tricentésima quinta, hoc est anno Domini m.cc.lx.vh.
Requiescit scpultus Murciae, in Ecclesia maiori, in capella claiis-
tri ad manum dextcram altaris, ad quam fuit translatus.
[2 (2).] Post istias 3) obilum fuit electus in cpiscopum G-ir-
thaginensem dominas Garda Martini, dccanus eiusdem Eccle-
siae (4'i; non tamen fuit consecratus morle praeventus. Et quia
non fuit consecratus, inter episcopos non numeratur.
[3 (5).] Gui inmediate successil in episcopatu dominus Dida-
cus de Magas, qui fuit secundus (G) episcopus Garthaginensis.
Guius tempore cum, exeuntibus ct redeuntibus de Murcia, Orio-
la, Lorca et alus locis dioecesis ad civitatcm Garthaginensem,
ubi pro tune Sedes episcopalis localiter erat, mulli periclitaren-
tur, mullique captivarentur a Sarracenis in via, quae ducit illuc
per Cíimpum (Ti, ad bis et alus periculis obviandum, procurante
domino rege Sancio supradicti domini Alfonsi regis filio, ad sup-
IDlicem instantiam eiusdem domini Didaci episcopi Í8) et eius ca-
pituli ac cleri ct populi Murciae et aliorum locorum praedicto-
rum, auctoritate Apostólica, ecclesia ipsa Garthaginensis, ut est
collectio episcopi, decani et capituli, seu personarum capitula-
rium ad unum tendentium, qui ecclesiam ipsam vivam faciunt,
ab eadem civitate Garthaginensi realiter translata fuit ad praedic-
tam civitatcm Murciae. suae dioecesis. Ubi ex tune in antea (9)
(1) En Sábado, IS) de Noviembre de 1267. Obstan, no obstante, dos documentos (Me-
morial hnt&ñco espa7iol\ Madrid, 1851, 1. 1, p5g. 210 y 244) fechados respectivamente en
viernes 27 Enero y lunes .30 Julio 1268, donde firma (¿error de copia?) el Obispo Fray
Pedro.
(2) Moral. 3.
(3) Morales añade «Martini») con evidente anacronismo.
(4) Tenia esta dignidad en 1.° de Ahril de 12(5?. Sus memorias, con el titulo de «deán
é electo de Cartagena.» alcanzan desde el 18 Abril 1272 liasta el 8 Agosto 1278 en el
Memorial histórico español, 1. 1, pág. 27.3-329.
(5) Moral. 5.
^6) Moral. c<quartus.>)
(7) Vega de Murcia.
(8) La primera instancia se hizo, mientras ocupaba la Silla apostólica Nicolao III
(2G-Diciembre 1277-22 Agosto 1280). La Sede Cartaginense vacaba el día 11 de Noviem-
bre de 1279: mas ya la poseia Don Diego de Magaz en 15 de Diciembre del mismo año,
según aparece del Mehiorial histórico espa'i.ol, tomo ii, pág. 10 y 14.
(9) De allí en adelante.
284 BOLETÍN U1-; LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Ídem dominas episcopus. decanus et capilulum, sic translati el
ecclesiam cathedralera Garthagiaeiiscm facicntes, apud ecclosiain
bealac Mariac maiorem ipsias civitatis Murciae capitulariter lo-
cati et localiter cathedrati, rematiserant et pcrmaiicnt de praesen-
ti, vocem et nomen scmper retinentes ecclesiae Garthaginensis.
Qiiam translaliouem faclam esse reperimus cum huiusinodi vo-
cabuli reteiitioiie anuo Domini m.cc.xci. Post qune (1), idem do-
miiuis Didacus inibi defiinctus exstitit (21; et apud eandem e'ccle-
siam maiorem Murciae sepultus in medio planae quae est inter
chorum et altare maius ecclesiae eiusdem.
[4 (3).] Cui succcssit immediate dominus Martiiius qui fuit
tertius (4) episcopus Garthaginensis. Ilic fuit vir strenuus; cuius
tcmpore, vigente guerra Sarracenorum (5), ipse Dei et cleri sui
adiutorio íronlariam istam regni Granatae ingressus, castrum de
Lubrin manu forti comperimus et a manibus paganorum eri-
puisse (6). Loco cuius postmodum (7) data fuerunt ecclesiae Gar-
thaginénsi loca de Alguazas et de Alcantarilla con el Real de
Monte Agudo, é las casas de Murcia que son agora obispales, con
(1) Morales, ineptamente «postquam.» El original diría «post q.»
(2) Sábado, 23 de Febrero de 1292, hallándose en Orihuela protestó la convocatoria
del Arzobispo de Toledo. Lo demostré en las Actas inéditas de siete concilios esjia'ioks,
pág-. 189. En la Colección dijilómatica del Rey D. Fernando IV, arreglada y anotada por
el Sr. Benavides (Madrid, 1860), está la demostración de que D. Diego de Magaz seguía
rigiendo la diócesis de Cartagena el día 5 de .lulio de ISH.
(3) Morales, 2.
(4) Morales «3ecundus.^>
(5) Guerra de Granada, emprendida por los Rej'es de Castilla y de Aragón en 1300.
(G) Por ello le felicitó D. Jaime II, Rey de Aragón, prometiéndole (Sál)ado, 2 Agosto
1309) que al día siguiente saldrían sus tropas de desembarque, y llegarían á Lorca el
Miércoles próximo para socorrer la fortaleza. No le nombra equivocadamente «Pedro
Martínez» como algunos pretenden; toda vez que, sin duda alguna, la inscripción de
la carta, que vició el copista, estaba concebida en estos términos: «Jacobus etc. vene-,
rabili in Christo patri Martino, divina providentla Carthaginensi episnopo.» Por su_
parte el Rey de Castilla, que estaba sobre la cerca de Algeciras, le escribió (3 Agosto):
«Por facer bien é merced á vos, don Martino obispo de Cartagena, é por mucho servi-
cio que me ficiesles, é facedes señaladamientre en la guerra que he contra el rey de
Granada, en que tomástedes el castiello que los moros dicen Lobrar, á que vos pusiés-
tedfs nombre Sant Pedro, el qual castiello es entre Vera é Almería; do vos este cas-
tiello con su villa é con todas .§us pertenencias, etc.»
(~j Toda la documentació.-. relativa á este asunto, el cual se terminó á 28 de Diciem-
bre de 1321, puede verse en el Códice de Morales, fol 611-G'2.
IIOSQUKJO lIISTÓniCO DE I.A SKDE CARTAGINENSE. 28.")
el Baño, el Real, ó cosas otras que atjora possee aquí en paz la di-
cha Eglesia. Islc vixit glorióse (i;; el tándem defiuictus est, et ut
audiviaius reípiiescit sepultas ¿i[)iid Tadohitn de Xavarra.
15 (2).] Gui successisse repei-itur domiiius Joaunes; et fuit
(juartus (3) episcopus Garthagineiisis. Iliciimovavitordiiialionem
dictae Ecclesiae, sicut per praefatam dominara fratrem Petrum,
primum episcopum, faciam; volens ct statuens quod de caetero
essent in ipsa ccclesia Garthagincnsi sex dignitates, et octo cano-
nicatus scu canonici, et dnodccim portionarii, prout habetar in
eadein ordinatioue, (]aao fuit acta Oriolae eir.sdom dioece^is, idi-
bus Madii anno Domini m.ccc.xv; licet postea por dominam
episcopum Xicolaum immutata fuerit, ut infra suo loco dicetnr.
Post quae tandera viam cxstitit uuivcrsae carnis iugressus (i), et
sepultus apud Galagut-ram, et ibi corpas eius requiescit (5).
[6 (6).] Quo qaidem defuncto, illico eífectus exstitit episcopus
Garthaginensis dominas Petras Barrosas, quintus (7) in ordinc.
Hic fuit postea Gardinalis (8). Qui tándem, defunctus in Curia
romana, sepultus est Avinione, in ecclesia Dominae Nostrao, do-
mas quae est cathedralis ubi requiescit.
'7.] Cui subsequenter successit dominas Potras de Penna-
randa; et fuit episcopus sextus in numero. Fuerat antea thesau-
rarius regias (9); et eífectus episcopus fecit ecclesiam maiorem
(1) De la Coleccivii diplOMÚtica, ilustrada por el Sr. Benavides, resulta que la Sede
Cartaginesa, que se dice vacante los días 11 de Enero y 15 de Jlayo de 1303, estaba eu
poder de D. Martin á G de Febrero de 1301. Las últimas memorias de su episcopado
llegan hasta el 2.t de Mayo de 1311.
(•2) Morales, 6.
(3) Mor. «quintus.»
^1) La Sede vacaba por muerte de D. Martía en 17 de Mayo de 1312; masen 20 de
Abril del mismo aóo ya era Gb'spo D. Juan. Los diplomas regios que transcribe Mora-
les (fol. 613-673 , y otro fOLxxvii) que ha recopilado el Sr. Benavides, evidencian que
en 28 de Julio de 132G ceñía todavía D. Juan la mitra de Cartagena.
(5) Trasladado á Calahorra, falleció el día 21 de Enero de 1316.
(6) Morales, 4.
(7) Mor. «tertius.>.>
(8) Con el título de Santa Práxedes en 12 de Diciembre de 1327. Hasta el 8 de Julio
de 1333, varios diplomas atestiguan su permanencia en el nombre y honor de la Sede
de Cartagena, que dejó pira recibir el de Cardenal obispo de Sabina, con cuyo título
falleció á II de Julio de 131^..
,9) «:;tra provisión del mismo señor Rey (AU'jnso aI) en que manda á los alcaldes
280 boletín de la real academia de la historla.
Murciae, et chorum (ubi iiunc Capitiilum , hactenus mezquita),
•cum antea mezquitam pro ecclesia haberent (1). Fecit eliam cam-
paiiile et claustrum ecclesiae eiusdem cum capella capitulad; in
qua postea duas capellanias instituit et dotavit sub invocalione
beati Johannis apostoli et evangelistae ; licet una earuní dicatur
inslituta per eius nepotem. Fertur etiam quod fecerit turrim de
las Alguazas usque ad médium, et unam aliam turrim in campo
de Lorcu versus Sarracenos, aliaque multa bona fecit Ecclesiae.
Et tándem plenus dierum defunctus est (2); et in dicta Ecclesia
sepultas jacet in dicto choro coram cathedra episcopali.
[8.] liuic successit dominus Alfonsus de Vargas; et fuit epis-
copus seplimus. Qui demum, impletus dicbus sui incolatus, de^
íunctus est et sepultus [postquamexstitit (3)], in civitale Abulensi
et ab inde postmodum translatus ad Gordubam, ubi requiescit.
[9.] Gui quidem domino Alfonso episcopo successit dominus
Nicolaus de Aguilar (4); et f uit episcopus octavus. Hic innovavit
ordinationem Ecclesiae antea, ut praemiltitur, factam per supra-
dictum dominum cpiscopum Joliannem; volens et ordinans (5)
quod in eadem ecclesia Carthaginensi cssent supra expressae sex
dignitates, velpersonatus, scilitetdecanatus, archidiaconatusGar-
y alguaciles de Murcia, á instancia de Don Pedro electo de Cartagena, notario mayor
del reino de Toledo ^ chanciller mayor de la reina D.* Constanza su mujer (en primeros
desposorios) no impidan al vicario de este el uso de su jurisdicción, como le hablan
tisado los demás vicarios antecesores. En Sevilla, á 8 <?<? Mayo, era de 1375, que corres-
ponde al año i;{37.» Morales, fol. 47, vuelto.
(1) El sentido, un tanto embrollado, se reduce á decir: que la mezquita purificada y
convertida en iglesia mayor, la trocó en coro el Obispo que hizo labrar la nueva ca-
tedral. Este coro servia de capitulo en tiempo del autor, ó mientras trazaba estos apun-
tes históricos D. Diego de Comontes.
(2) Antes del l.j de Febrero de 1353, en cuyo dia (Morales, fol. 49) atendió el Rej-
D. Pedro á la queja del Obispo I). .-Vlfonso de Vargas.
(3) Palabras omitidas por Morales y reclamadas por el sentido general de la frase. A
Córdoba fué trasladado en D de Abril de 1373. El episcopologio de Ávila, trazado por
el P. Gams, asienta un Alfonso II de duración incierta hacia 136Í). Por otro lado Cásca-
les (pág. 150) exhibe un diploma regio, dirigido á Don Xicolás obispo de Cartagena en
29 de Abril de 13(J7.
(4) Según aparece del cuerpo de la ordenación que luego se cita, era hijo de D. Fer-
nando Yauez y de Dona .luana Gutiérrez; y sobrino del Arzobispo de Toledo (1310-13'2I .
ü. Gonzalo Gutiérrez.
(5) La ordenación se hizo de común acuerdo del Obispo y del Cabildo. Tráela Mora-
les, fol. 718 vuelto-732 recto, tomándola del Lihen finidamenli.
nosQi'i'jo msTímicü de la sede c.vui'aginense. 287
thagincnsis, el archidiaconalus Lorcensis, ac cantoria, thesaura-
ria el scholastria (1), quac omiics ad collatioiiem domini episcopi
Carthagiiiensis, pro tcmpore exisleiilis, iu solidum pertincrc de-
bcreiit, practcr decaiiatum ad (juem quis nonnisi per communem
«lectionem eiusdem domini Episcopi el Gapituli Garlhaginensis
simul faeiendam debet assumi. Esscnt quoque practer haec inibi
ocio canonicatus el tolideiii praebendae, necnoii ocio integrae el
octo dimidiae portiones, ac uuus diacoaatus el unus subdiacona-
tus. Quorum quidem canonicatuum el praebendarum ac portio-
íium, necnoii diaconatus et subdiaconatus huiusmodi collationes
ad eorumdem duorum, Episcopi ac — Dccani et Gapituli, — Gartha-
g"inenpium coniunctim pertinorent; prouthaec et alia, formam et
subsfantiam eiusmodi Gapituli et Ecclesiae conceruentia, latius
contineutur in Gonstitutionc ipsius domini Nicolai episcopi super
inde edita (2); cui statur, el quae, ul comperimus, ex tune in an-
tea inconcusse obsérvala exstitit omni tempore.
Mic etiam, accersitis sibi dominis Decano et Gapitulo, voca-
tisque ad id vicariis suis ruralibus et clero, necnon de Segura,
•de Veas, de Yeste, de Ferres, de Socovo, de Garavaca et de Ri-
cote et alus universis et singulis praeceptoribus villarum castro-
rum et locorum aliorum ordinum militariuní infradioecesin Gar-
4.liaginensem consistentium, et de corum omninm volúntate et
iissensu per certos ad id deputatos taxari fecit et taxavit episco-
palem et capitularen! mensas, necnon dictas de Segura, de Veas,
-de Yeste, de Ferez, de Socovos, de Garavaca et alias praeceptorias
ac beneficia alia omnia, clericis saecularibus assignari consueta
.totius Garthaginensis dioecesis. Quo pronunciante et decernente
ut inde secundum taxationem huiusmodi in ómnibus et singulis
subsidiis tam principalibus (3) quam alus, in quibus tales perso-
(1) No es para olvidado en la historia de la cultura literaria en España el párrafo
del instrumento acerca de la obligación que incumbía á la Dignidad de Maestrescuela
(fol. 719, recto): «Debet etiam Scholasticus tenere magistrum sufflcientem in gramma-
ticalibus et ¡ogicis artibus, qui pueros et juvenes ecclesiae et pojiiili instruat in
■eisdem.»
(2) En el dia 1." de Febrero de 1360.
(3) Subsidios que se reparten y piden por el Principe., ó Rej', á las iglesias y al esta-
do eclesiástico.
288 liOLETÍN DE LA l'.EAL ACADEMIA DE LA IIISTÜRLA.
nae ratione praeceptoriarum otbeneficiorum eoruní, infra dictam
dioecesin cousistentium, contribuere deberent ac realilcr exsol-
vere tenereníur: hanc taxarionem nediim clerici saeculares, sed
et omnes praeceptores dictarum praeceptoriarum, tamquam prae-
c'optores infra Gartagineosem dioecesin conslituti, humiliter re-
ceperunt: ct seciindum eamin sollicitudinibiissabsidiorum prin-
cipalium cum Episcopo et Capitulo Carthaginensibus ac benefi-
ciatis eiusdem dioecesis. ex tune in antea, hactenus contribuerunl
usque in praesens.
Postque tándem, sic debituní n.alurae solvens dominas Nico-
laus episcopus, defunclus est , apud dictam maiorem ecclesiam
Murciae sepultus, ubi jacet in capella capilnlari clauslri ad ma-
num sinistram altaris (1),
[10.] Gui successisse comperitur in ipsa Garthaginensi eccle-
sia dominus Gnillermus de Simel, gallicus; et fuit episcopus no-
nus. Qui vocatus ad Gnriam Romanam, tune Avinionc consisten-
tem, cum exspectaret capellum Gardinalatus, ibi Avinione de-
functus est, et sepultus in domo fratrum Minorum.
[11.] Gui etiam illico dominus Fernandas de Pedresa Gordu-
bensis ^2), famosas in sacra nagina magister: et fuit episcopus
decimus. Ilic, nt comperimns, inchoavit opus novum aulae ip-
sius ecclesiae maioris IVIurciae, qnae de novo ad latas antiquae
miro opere lapídeo, ut cernitur, fabricatur. In quo, at fertur,
appositus fuit priams lapis die vigésima secunda Januarii, auno
Bomini m°.gcc°.xciiii° (3). Ilic vixit inultissime Iribulatus propter
(1) En la sobredicha constitución del 1." Febrero 13t]G le prometieron los canónigo»
celebrar por él, cuamiu fuese difunto, todos los viernes un aniversario, yendo proce-
sionalmente á su sepulcro <■•/» capella saucti Joamiis enaitgelistae, vbi Capitiiluní celebra-
tur, juxta altare ad manuní sinisíra/ii cum intratur.» Citan á este propósito un rescripto
que le hubia ding'ido el romano Pontífice Martin V (13ij'2-lb~0). D. ííicolás era, pues,
(Jbispo en 13(:.5. Éralo también á 12 de Setiembre de lo~l, fecha de un diploma ijue ob-
tuvo en las Cortes de Toro (Morales, fol. OSO), otras escrituras (Morales, fol. .')•!) le dan
sucesor en 7). Oiíillen desde el l;i Setiembre VA^O hasta 2:1 Diciembre 138:1. Con D. Gui-
llen, frailee.'^, se relaciona el artículo 2i; en el ordenamiento de las Cortes de Burgos-
de i:n9.
{2) Una constitución, fechada en Murcia á 1 de Febrero de ]'.]^ó, hizo con su Cabildo
sobre las distribuciones y modo de servir de los capellanes (Morales, fol. £5, recto).
(D Morales «scviii.x— La verdadera fecha, y«eroí, 22 de Enero de i:ini, resulta de
tres comprobantes: el día de la semann, el reinado di; Enrique III (]3í)í!.-ll(.6) y el pon-
BOSQUEJO lUSTÓniCO DE LA SEDE CARTAGINENSE. 289
bandositates (1) pro tune urgentes, quibus se immiscere voluil,
ambulans extra Ecclesiam per témpora multa rjuasi exul. Et tán-
dem íq suo regressu dcfunctus est et sepultus hic Murciae in
dicto opere novo, in capaila quam in capite ipsius operis, sub in-
vocatione beati Hieronymi, incoepcrat, et semistructam relique-
rat. Ubi, in térra plana, jacet hnmiliter tumulatus.
[12.] Post cuius obitum, ad supplicationem serenissimi do-
mini regis Henrici eílectus fuit episcopus Garthaginensis domi-
nus Paulus de sancta Maria, natione Burgensis (2); et fuit in
ordiue undecimus. Hic, tempore suo, de etsuper jurisdictioneac
cura et jure episcopali, quam et quod ecclesia Garthaginensis in
praeceptoriis et tota valle de Segura habet, diutius in Romana
curia litigans, unam pro se adiudicatoriam et ^ontra Priorem de
Ucles ordinis Militiae sancti Jacobi de Spatha sententiam repor-
lavit, quae etiam in rem transivit judicatam. Hic etiam de novo
creavit in dicta Ecclesia qualuor dimidias portiones sacerdotales;
et eas octo alus dimidiis portionibus primaevis, quae ibi erant,
associavit. Quorum praetextu et ne propterea mensa Gapitularis
gravaretur, summam ducentorum florenorum de Aragonia, de
praestimoniis officialatus Murciae, eidem mensae quoad potuit
univit; licet unió ipsa nondum sortita fuerit eíFectum. Qui post
ea, successu temporis, ab ipsa Garthaginensi ecclesia ad Burgen-
sem translatus exstitit (3), it inibi defunctus; ac tándem apud
ecclesiam sancti Pauli, ordinis Praedicatorum^ quam de novo
construí feceral, sepultus; ubi honoriñce requiescit.
[13.] Post quam quidem translationem sic de persona ipsius
domini Pauli factam ad Burgensem ecclesiam, illico et immedia-
tificado del nntipapa Clemente VII (1378-26 Setiembre 1394); los cuales especifica la
cláusula del Libro autorizado (Morales, fol. 373, vuelto¡: «Feria quarta, in festo sancti
Vincentii martyris, in die vicésima secunda mensis Januarii, anno a Nativitate Domini
nostri Jesu Christi millesimo trecentesimo octogésimo octavo 'corr. nonagésimo quar-
to.]» Los números LXXXXIIII ó XCIIIl del más antiguo original fueron, sin reparar
en el anacronismo, sucesivamente transformados en LXXXVIIIy XCVIII.
(1) De Fajardos y Manueles. Dirigiósele un despacho real (Morales, fol. 56) del 30 de
Setiembre de 139S.
(2) «En el año de 1402, en que D. Pablo contaba el 52 de su edad.^j España Sagrada,
t. XXVI, 377.
(3) En 1415. Falleció veinte años después, el día 29 de Agosto.
TOMO ni. 20
290 boletín de la keal academia de la historia.
te eíFectus fuit cpiscopus Gartliaginensis , seu de ecclesia Paceiisi
Cüi tune praeeral (1) translatus, reverendissimus iii Ghristo pa-
ter, dominus frater Didacus de Mayorga , nalivus patruus iios-
ter (2) carissimus; et fuit Garthaginensis episcopus iii ordine duo-
decimus. Homo magnae scientiae et virtutis per cuius industriam
circumspectam opus novum praedictae ecclesiae Jjealae Mariae
maioris Murciae , ut ipsa nostra Garthaginensis ecclesia sicut
praemittitur translata consistit, multimodum recepisse dignosci-
tur incrementum. Gum enim tune, temporc videlicet adventus
ipsius domini Episcopi (3), ecclesia ipsa in redditibus fabricae dc-
putatis paenes nihil haberet pro illius tam sumptuosa construc-
tione praeter unum per unum terlioliim (4) sicut habebat unaquae-
que parochialis ecclesia eiusdem civitatis, et sic opus ipsum tam
magnum vix assurgi poterat a fundamentis, ipse Dominus, de-
fectui tanti operis providens, de consilio volúntate et assensu do-
minorum Decani et Gapituli ac cleri universi suae dioecesis syno-
daliter congregati^ pie statuit et ordinavit ut annis singulis ex
fructibus decimalibus, ecclesiae et dioecesis Garthaginensis ad
eosdem dóminos Episcopum, Decauum et Gapitulum ac clerum
et ecclesias suas parochiales spectantibus videlicet pro qualibet
parochia ipsius dioecesis, omnes fructus decimales quinti deci-
matoris, seu quos quolibet anuo quintus decimator illius paro-
chiae daré deberet, integre habeat; sicut hahet fabrica ipsius
ecclesiae Gathedralis perpetuo pro illius constructione et alus ne-
cessitatibus suis. Qua ex causa, ex tune iu antea dictumopus con-
tinuatum exstitit; ac votivum, ut supra meminimus, habuit in-
crementum. In quo etiam idein Dominus capellam unam, sanc-
torum Francisci et Antonii de Padua invocationibus inslituit
et dotavit.
Ilic etiam tempore suo consuetam^ sive regulam divinorum
(1) Le sucedió en la mitra de Badajoz Fraj- Juan de Morales.
(2) Nuestro tío carnal.— Kra franciscano. Suelea llamarle los historiadores Fray
Diegro de Bedán, probablemente en razón de su apellido; pero el nombre de su patria
seria, por lo visto, Mayorga de Campos, villa no muy distante de Valencia de Dou
Juan, en cuyo distrito está la dehesa y solar de Conwntes.
(:J) En lim.
(4; Uno iior uno, ó un tercio de la décima por cada parroquiano.
BOSQUEJO msTÓiur.o dh la seüií cartaginense. 291
officiorum iii eadcni Ecclesia reperlam iiiuovavit, et quasi e novo
edidit; et juxta illam novuin missalo, complelum oíiicium conü-
nens quale antea secundum regulam istam Garthagiiieiisem coiis-
«riptum non fncrat, e novo romposuit et Ecclesiae legenduiu
dedil.
Quo tándem post multa (I) ila ad decrepitalomdeducto nt jani.
in lecticulo suo coalinue jaceiis, quicquid de bis quae pontifica-
lis officii sunt exercere nequirel, dominus papa Eugenias IV, vo-
iens indemnitati ipsius Ecclesiae praecavere, eum a vinculo quo
ipsi Garthaginensi ecclesiae tenebatur absolvens, ipsum ab ea ad
ecclesiam Gaesariensem transtulit; ac de persona nostra eidem
Cartbaginensi ecclesiae, sic per huiusmodi absolutionem vacanti,
providit; nosque ipsum illi, Deo gratias, in episcopum praeficere
voluit et pastorem.
Post quam translationem, paucis cvolutis diebus, idem domi-
nus frater Didacus, sic archiepiscopus eífectus, apud jam dictam
civita,tem Murciae, die Martis, quaecomputabatur xxii Maii, anni
Domini millcsimi quadringentesimi quadragesimi secundi (2) in
nocte obiit; et requiescit sepultus ad praesens in praedicta eccle-
sia beatae Mariae maiore, quam ibi fecerat ut praefertur.
[14.] Unde Nos Didacus de Gomontes, Garthaginensis epis-
copus jam dictus, per justam viam translationis (3) successisse
dignoscimur eidem patruo nostro; et per consequens ómnibus
alus Carthaginensibus episcopis praedecessoribus suis; qui, ut
praemisimus, in eadem successive fuerant usque ad eum. Qui
omnes et singuli suis temporibus usque in praesens omnia et
singula villas et loca supra designata eum suis territoriis, quae
[\) Morales (fol. 682 recto-684) inserta una bula de Eugenio IV, expedida el 11 de
Marzo de 1431, año primero de su pontificado, por la que delega al Oficial, ó Vicario
del Obispo de Cuenca, para que proceda, previa información, á la ejecución de la vo-
luntad de Martino V (7 Marzo 1428) en favor del Obispo de Cartagena Fray Diego y de
su Cabildo contra los servidores de la Catedral que obtenían ó pretextaban dispensas
de residencia sin notificarlas en sazón oportuna.
(2) Morales «quadringentesimo séptimo» cjn error evidente. Murió Fray Diego du-
rante el pontificado de Ev.genio I V, pocos días después de su traslación á la silla metro-
politana de Cesárea. Esta circunstancia y la de ser martes el 22 de Mayo de 1442, fijan
la corrección por hacer.
(3) De su tío al arzobispado de Cesárea.
292 boletín de la real academia de la historia.
pro terminis episcopatus ecclesiae Garthaginensis a principio sibi
data et assignata fuerant ut scripsimus supra, ac civitates, villas,
castra, térras et loca alia, quae intra illa claaduntur, seu ab ipsis
designatis circumcincta consistunt, eteoruní territoriahabuerunt
tenuerunt et possederant paciñce et quiete terminis et territorio
ipsius episcopatus; et in hac possessione eamdem Gartaginensem
ecclesiam per eos hactenus fuisse et esse reperimus, nec est qui
contrarium viderit umquam. Quam quidem dioecesin, sive epis-
copatum, etsi unum, distinctum fuisse et esse comperimus per
membra. Sicut esse conspicimus in Ecclesia universali quae, 11-
cet sit una, est tamen in plura singularia membra per orbem ter-
rarum diíl'usa, ad instar cuius etiam ipsa membra per submera-
bra quamplura subdistincta sunt et ordinata; ita etiam apparet
in hac ipsa nostra ecclesia Garthaginensi et eius jam dicto epis-
copatu. Qui, quamquam sit unus ut praemisiinus, est tamen dis-
tinctus in plura membra; in plure^í videlicet officialatus atque ar-
cliipresbyteratus et vicariatus, qui ut comperimus noscuntur esse
sequéntes, scilicet, etc.»
Hasta aquí la copia de Morales. Omite el cuadro estadístico de-
toda la diócesis que oportunamente daba remate al histórico^
Merece la obra de D. Diego de Comontes un estudio crítico, mu-
cho más detenido que el que acabo de hacer, limitándome á cum-
plir los deseos expresados por el doctísimo P. Gams (1) y por
nuestro sabio compañero el Sr. La Fuente (2) ó á restituir la serie
de los Obispos de Gartagena á la realidad cronológica, no sin
devolver á su lugar los períodos del Bosquejo dislocados por
mano, cuando no temeraria, incauta. El sabio y prudente autor
alcanzo los azarosos días del cisma de Basilea, que acarreó el es-
trago y pérdida do Gonslantinopla; y fué mantenido en sus dere-
chos por Eugenio IV y Nicolao V contra his pretensiones del Rey
de Aragón Alfonso V, y las de aquella turbulenta Asamblea con-
vertida en conciliábulo, que se propasaron nada menos que á eri-
gir la iglesia de Orihuela en catedral independiente de la de
(1) S'ci-ies episcopofum EcclesUe CathoUcae; Ratisbona, 187U, pág:. 25.
(2) Historia eclesiástica de España^ 2.* edición, Madrid, 18'3; tomo iv, pág. 487.
BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA SEDE CARTAGINENSE. 293
Murcia. La bula Exposcit desuper, de Nicolao V, copiada por Mo-
rales (1), fechada eu 14 de Julio de 1451, cerró el debate; y en-
tonces, á mi ver, libre ya de carga tan molesta como absorbente,
se aplicó D. Diego á perfeccionar su trabajo histórico. Murió, di-
cen, á G de Marzo de 1458. El fin de su episcopado viene señalado
por una carta de Enrique IV, que notifica la promoción del sucesor
y que Morales (fol. 132 vuelto) describe así: ^(Carta del mismo
jS."'' Rey D." Enrique en que da cuenta como Su Santidad lia pro-
visto de este Obispado á D.° Lope de Rivas^ Prior de Osma^ Oydor
del Consejo de S. M. y Capellán Mayor de la Reina^ la qual [pro-
visión Su Santidad] ha executado á petición de Sus Magestades.
[Fecha en] Soria, 16 Mayo Í45y.»
Madrid, 12 Octubre, 1883.
Fidel Fita.
IV.
'COMPENDIO DE LA HISTORIA DE BURGOS , POR D. ANTONIO BUITRAGO.
En cumplimiento del encargo que se ha servido darle el señor
Director de la Academia para informarla acerca de la obra de don
Antonio Buitrago y Romero, titulada Compendio de la Historia
-de Burgos, remitida por la Dirección general de Instrucción pú-
blica para los efectos del Real decreto de J 2 de Marzo de 1875, el
que suscribe entiende que dicha obra no se encuentra compren-
dida con todo rigor en el caso del art. 3." de aquella disposición,
el cual exige la condición de relevante mérito para su propia y
estricta aplicación; pues aunque revele en su autor buenas con-
diciones de estudio y conocimientos bastantemente bien aprove-
(1) Folio 681 vuelto-692 recto.
29i BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
chados de nuestros historiadores modernos y de las crónicas cas-
tellanas por ellos publicadas, no es el resultado de prolijas inves-
tigaciones sobre los documentos originales.
Escrito, como confiesa paladinamente su autor, sin ánimo de
emprender la ardua tarea de formar una verdadera Historia de
Burgos, la cual sintetizase y compilase lo mucho que se ha im-
preso en tal materia, porque ni su suficiencia, como dice con lau-
dable modestia, podría atreverse coa obra tan superior á ella, ni
las condiciones del certamen á que se presentaba, convocado por
aquel Ayuntamiento, hacían presumir que fuera ésto su deseo;
es el trabajo de que se trata, un compendio para uso de las es-
cuelas, dividido en capítulos y lecciones arregladas al tenor de
los primeros en la forma de preguntas y respuestas para la en-
señanza de los niños, disposición adecuada á su objeto, pero que
demuestran cuáles fueron las primeras pretensiones , cuyo éxito
favorable ha alentado después otras más elevadas.
No es tampoco haber heclio una historia lata, para luego com-
pendiarla, como se necesitaría indudablemente, si se quiere darle
el carácter de originalidad que también exige el artículo citado,
sino haber extractado los sucesos principales en que funda su
gloria aquella nobilísima ciudad, lo que declara haberse propues-
to el Sr. Buitrago y exponerlos en un lenguaje comprensible para
los niños, dando cuenta de los conocidos por la generalidad, con
tal de hallarse comprobados por documentos y autgres de reco-
nocido crédito. En el desempeño de este propósito ha llenado cum-
plidamente, en mi juicio, los loables anhelos de la indicada Cor-
poración municipal y las condiciones del certamen celebrada
bajo los auspicios de ésta en aquella ciudad, al que ganoso de
honra acudió entonces el propio señor, viendo justamente lau-
reada su obra con el primer premio, regalo de S. M. el Rey; pero
por lo mismo ha sido suficientemente recompensado en el verda-
dero y determinado punto á que limitaba sus legítimas aspira-
ciones.
Ahora las extiende á recibir nuevo galardón, solicitando la pro-
tección y auxilio del Gobierno con la compra de ejemplares que
se destinen á las Bibliotecas píiblicas; para lo cual, téngase en
cuenta que el níimero de las oficiales de esta clase no llega á 30
COMPEiNDIO DE LA HISTORIA DE BURGOS. -295
en todií la Península, y mejor que en ellas podrá prestar utilidad
en las llamadas Bibliotecas populares la obra en cue5li(3n, [iorquc
su interés no os el de los trabajos de crítica especial, y como resu-
raen está localizado en la ciudad á que se refiero, no alcanzando
alas otras, sino con relación á los sucesos generales consignados
en las demás historias y compendios de la do España.
En atención á ello, el informante cree de su deber manifestar
que el caso no es en su concepto el de la aplicación delart. 3.", sino
sólo del 1.° del Real decreto mencionado, bastando á satisfacer el
mérito ya ciertamente premiado sin usura en este libro, y el fin
de que se distribuya entre varias Bibliotecas, la compra de40 ejem-
plares, que al precio de G pesetas no excede de las 250 señaladas
por dicho art, 1."
La Academia, no obstante, resolverá, como siempre, lo más
acertado.
Madrid 25 de Mayo de 1883.
Manuel Oliver y íIurtado.
V.
MONUMENTOS ANTIGUOS DE LA IGLESIA COMPOSTELANA.
Por encargo de la Real Academia de la Historia, he examinado
con atención la obra intitulada Monumentos antiguos de la Igle-
sia Compostelana. Sus autores, D. Antonio López Ferreiro y el
R. P. Fidel Fita, S. J. (individuos los dos de esta Academia, el
primero en la clase de correspondientes y el segundo en la de
numerarios), gozan ya bien ganada fama de investigadores histó-
ricos en las cuestiones relativas á Santiago y su Iglesia, y el
presente libro viene á acrecentarla y confirmarla.
Cualquiera que sea la opinión que se forme acerca de los mo-
290 boletín de la real agademl^ de la historla.
demos descubrimientos relativos á la sepultura del Apóstol, siem-
pre teudrá que reconocerse que han sido de influencia eficacísi-
ma en el desarrollo de la historiografía corapostelana, como lo
acreditan, entre otros documento?, el viaje arqueológico de los se-
ñores Fernández Guerra y Fita, los numerosos escritos del Sr. Fe-
rreiro, y el libro á cuya recomendación más que censura van di-
rigidas estas líneas.
Gompónese de varias monografías, cuyos asuntos son muy di-
versos, y aun independientes, algunos, de la Iglesia de Santiago,
aunque convengan todas ellas en estar fundadas en documentos
de aquel archivo. Las recorreremos rápidamente, fijándonos con
especial ahinco en las noticias nuevas que contienen.
Dase noticia en el primer artículo de un solitario códice del
Palacio arzobispal dQ Compostela, que los g-uardaba antes precio-
sísimos. Este códice es un Tumbo del siglo xv en vitela, copia de
otro que los Canónigos de Santiago presentaron eu 1457 al Arzo-
bispo D. Rodrigo de Luna. Este Tumbo, escrito en'gallego, pre-
senta especial interés lingüístico, topográfico, y aun de costum-
bres, pudiendo recogerse en sus páginas desconocidas enseñan-
zas sobre el estado de la propiedad rural en Galicia, en los tiem-
pos en que se hizo este apeo y deslinde por encargo del cabildo
iriense. De Juan Rodríguez del Padrón y de su hacienda, encuén-
trase en este códice, mención, no inútil para concordar los datos
de su vida, que va poniendo en claro el P. Fita. Encierra además
este artículo, un texto del Fuero del Padrón, que sería bien cote-
jar con el impreso; y una escritura deD. Diego Gelmirez, de rui-
dosa memoria, en la cual, aquel prelado hace referencia á las in-
vasiones de los normandos, y á sus tentativas de profanación del
lugar apostólico, explicando luego, á su modo, cómo para salvar
el cuerpo del Apóstol, hubo de impetrar el Rey de León por me-
dio de sus embajadores en la curia romana, la traslación de la
sede iriense á Compostela. Lo más curioso que este documento
(artificioso y amañado como todas las cosas de Gelmirez), contie-
ne, es, sin duda, la memoria de las concesiones hechas por el
obispo Sisnando á la gente de guerra para defender el país de la
invasión de los normandos, y las donaciones sucesivas del obispo
Crescónio al cabildo de Iria, para resarcirle de las pérdidas á que
MONUMENTOS ANTIGUOS DE LA IGLESIA COMPOSTELANA. 207
la liberalidad de su antecesor le había expuesto. Todo esto parece
de autoridad histórica no controvertible y viene á derramar ines-
perada luz sobre la restauración de la canónica iriense hecha por
Gelmirez en 1134, y tan de mala fe embrollada por los autores
de la Historia Compostelana. Con este motivo se aclaran muy cu-
riosos particulares geográficos respecto de los puntos de Galicia
terriblemente visitados por los normandos.
Si es lícito poner algún reparo á trabajo tan bien concebido
como lo es esta primera monografía, quizá podrá notar alguien
que, encariñados los autores con el esplendor de la Iglesia com-
postelana, lleguen á insinuar, aunque de pasada, indicaciones fa-
vorables al llamado Voto de Santiago, dando así fuerza al espíri-
tu de reacción que hoy se despierta en nuestros historiógrafos
locales, y que á la larga puede llevarnos á consecuencias aún más
funestas que las del espíritu escéptico. Y tampoco se ha de omi-
tir que quizá los autores conceden demasiada importancia al con-
cilio compostelano de 987, y á la elección que, fundados no sabe-
mos en qué ley canónica, hicieron aquellos prelados de arzobispo
de Tarragona á favor del abad Cesáreo, que ahincadamente lo co-
licitaba. Pues aunque este hecho sirva para demostrar el gran
crédito de que en toda España gozaba la sede de Gompostela, hasta
el punto de que los ambiciosos hiciesen servir la sombra de su
autoridad para sus entremetimientos; también lo es que el Papa
anuló semejante elección, viniendo á negar implícitamente la au-
toridad de los prelados gallegos y leoneses que la hicieron.
En la segunda monografía se da cuenta de las iglesias que per-
tenecieron á la sede iriense antes del año 631, conforme á un có-
dice del archivo capitular de Santiago, que lleva por título Con-
cordias con esta ciudad, privilegios y constituciones. Este manus-
crito, que como se ve, consta todo de copias, abarca el texto del
Concilio de Lugo de 569, ya publicado por el P. Risco, é ilustra-
do por nuestros autores con enmiendas útiles, y unos apunta-
mientos inéditos de gran interés para la geografía gallega. Pa-
recen fragmentos de algunas actas conciliares.
En el tercer artículo reconoce lealmente el P. Fita, con la since-
ridad propia del verdadero mérito, que seis de los concilios pu-
blicados por él como inéditos en 1882, estaban ya impresos en el
■208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLl DE LA HISTORLA.
Último apéndice de la colección del Sr. Tejada; y tomando pié de
aquí, procede á la publicación de otras actas realmente nuevas, es
ú saber: las de los tres concilios de Santiago de 17 de Agosto de
1289, 27 de Mayo de 1309 y 3 de Setiembre de 1313, dando, ante
todo, erudita noticia de sus fnentes, que son varios códices, to-
dos del archivo de la Iglesia compostelana.
En la memoria núm. 4 se describe un nuevo Tumbo compos-
telano, marcado con la letra A é ilnstrado con retratos curiosísi-
mos, de que ya se dio alguna muestra en el viaje de los Sres. Fer-
nández Guerra y Fita.
¡Lástima que hayan perecido los demás códices compañeros de
este Tumbo, que debieron ser cinco por lo menos, y formar en
conjunto una serie diplomática curiosísima, ordenada por el ar-
chivero D. Bernardo, en tiempo del Emperador Alfonso VII!
De los 28 obispos santos sepultados en la Iglesia de Iria se da
razón en el capítulo 5.°, con motivo de una frase del Arzobispo
Gelmirez en el acta de restauración de la canónica iriense. Los se-
ñores Ferreiro y Fita apuntan, no más que como conjetura, que
algunos de estos obispos pudieron padecer martirio en alguna
persecución suscitada por los reyes suevos contra el catolicismo.
Sobre el códice calixtino de celebridad tan notoria, y cuya ín-
tegra publicación deberán pronto los doctos al celo de esta Aca-
demia , versa la monografía sexta , donde el P. Fita reproduce y co-
menta de nuevo el prólogo que Arnaldo del Monte, monje de
Ripoll, puso al frente de sus extractos de aquel famoso y contro-
vertido monumento. Tan á continuación el himno de Aimerico
Picaud y el de los Peregrinos flamencos, que, interesante como
poesía, lo será todavía más como música, cuando los doctos ati-
nen con la clave de sus signos arcanos , y acierten á leerlos.
Completan este volumen varios documentos relativos á la so-
lemnidad de la Inmaculada Concepción , y al modo de celebrarla
en Santiago durante el siglo siv í por donde se ve que aquella Igle-
sia se adelantó á la misma de Cantorbery, cuyo decreto de 1329
se citaba hasta ahora como el más antiguo de los que ordenaron
aquella solemnidad). Todavía ilustran más esta materia un rezo
antiguo de la Inmaculada transcrito ala letra y lleno de fragmen-
tos poéticos curiosos, la misa y el rezo de la fiesta de la Santifica-
MONUMKNTOS ANTIGi OS DK L.V IGLESIA COMPOSTELANA. 209
(ñóii de Nuestra Señora, tal como se celebraba eu Gerona en 1330,
muy diverso del que publicaron los PP. Merino y La Canal en
el tomo XLiv de la España Sagrada, cuyo texto enmienda el
P. Fita con presencia de un hermoso misal del archivo gerun-
dense, y finalmente el bellísimo oficio de la Virgen, compuesto á
ruegos de Alfonso el Sabio, por Egidio ó Gil de Zamora, pieza la
más curiosa para el estudio do la poesía himuologica, entre todas
las coleccionadas por el P. Fita, el cual narra además con exqui-
sita novedad las vicisitudes de la fiesta de la Santificación hasta
la época del Concilio de Basilea, y trata de restaurar la verdadera
lección del oficio compostelano, con ayuda délos de Toledo, León,
Badajoz y Braga.
No basta tan sumario extracto para dar idea de todos los des-
cubrimientos paleográficos y arqueológicos contenidos en estas
190 páginas. La Academia dará, sin duda, la estimación debida
á esta obra que no es de las que pueden esperar el aplauso del
vulgo, pero sí de las que el juicio de los doctos debe proteger y
galardonar, facilitando y estimulando así las laboriosas pesqui-
sas de sus autores.
La Academia resolverá, como siempre, 16 más oportuno.
Madrid, Octubre de 1883.
Marcelino Menéndez y Pelayo.
VL
MALAGA MUSULMANA, POR D. FRANCISCO GUILLEN Y ROBLES.
Excmo. Sr.: Culto á la verdad, amor á la patria, son los lemas
que ha estampado nuestro correspondiente D. Francisco Guillen
y Robles al frente del libro , lleno de erudición y dotado de vivo
interés, que se tiliúa, Málaga Musulmana. Más que en parte al-
300 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HIST0RL4.
guna necesita la historia salir cu España del angosto cauce de los
moldes convencioaales en que la tenía encerrada la tradición de
las escuelas retóricas, más dadas á considerarla como campo
donde lucir las galas del ingenio, que como asunto de pacientes
pesquisas y serias meditaciones; y para alcanzar tan indispensa-
ble resultado, no hay otro camino que multiplicar los estudios
parciales y las monografías ó historias particulares, y llegar,
por la suma y comparación de las partes, A la creación ordenada
y sólida del conjunto á que aspira la crítica moderna.
Málaga Musulmana es obra de aquel género; pues se concreta,
no sólo ú la historia de una ciudad, sino á limitado período his-
tórico, el de la dominación árabe, tan menospreciado por nues-
tros clásicos como exageradamente encomiado por los primeros
renovadores de estos estudios, y que hoy empieza á verse con
aspecto de verdad y medida de justicia, gracias á las numero-
sas publicaciones de textos bien compulsados.
La consumada pericia del autor en letras orientales le ha per-
mitido aumentar con rico caudal lo que hasta ahora se sabía de
aquellos revueltos tiempos, y su lozana imaginación andaluza da
á la verdad de los hechos tan vivo colorido , que impide dejar el
libro de las manos, una vez empezada la lectura de cualquier ca-
pítulo. De los más importantes, por su extensión y novedad, son
los que contienen la larga historia de la dinastía hamudí, pre-
ciada de nobilísima ascendencia, tenaz en su empeño de ocupar
en Córdoba un trono que hubo al fin de asentar en Málaga. El
verdadero concepto de las costumbres de aquellas edades resulta
bien claro cuando trae á la vista la caballeresca bizarría de la fa-
milia de Esquirol ó Escallola, de pura sangre indígena, como
tantas otras, procedentes de la gran masa de españoles islamiza-
dos y progenitura ésta, por línea femenina, de la brillante casa
real, en cuyas manos acabó el poder musulmán en España. Con
la justa severidad propia de quien ejerce el augusto ministerio
de la historia, lanza el Sr. Guillen merecida censura , aun á costa
de aminorar en mucho su tradicional aureola, sobre aquella gente
nazarita, cuyas pasiones raheces precipitaron la catástrofe que
lloran todavía los nieíos de los desterrados. Preparación y anun-
cio de este último paso de la épica reconquista fué el asedio y ex-
MÁLAGA MUSULMANA. 301
pugnación de Málaga; ocasión de insignes proezas y crueles des-
venturas, campó donde la codicia de unos y la flaqueza de otros
empañaron el lustro que por igual alcanzaran para todos el ho-
nor, el ardimiento, la obstinación y el amor de la patria. La con-
quista de Málaga fué de las últimas en que, conforme á las cos-
tumbres antiguas, una población entera, desposeída de todos sus
bienes, muebles y alhajas, era arrancada de cuajo do sus hogares
y condenada á la servidumbre ó al destierro; y el corazón gene-
roso del autor, movido por tanta lástima, marca con duro estigma
la crueldad de los vencedores al cargar de cadenas al constante y
valeroso Zegrí, indomable caudillo de la defensa, no menos que
su avaricia, no saciada con cuantas ropas, joyas y dineros poseía
la mísera y extenuada población civil, obligada á mendigar sin
fruto en Granada el complemento de un rescate, que en tiempos
más felices recibieran todos los cautivos muslimes de la pródiga
mano de los malagueños.
No basta hoy la investigación atenta de los sucesos políticos y
* militares para dar por acabado un trabajo histórico; el lector
entendido quiere conocer la sociedad en su vida interna, con sus
costumbres, sus obras, sus instituciones y sus ideales. Persua-
dido de esto nuestro docto correspondiente, dedica la mitad del
volumen á cuanto saberse puede acercado arqueología y letras de
la Edad Media. Una de las cosas en que ha puesto mayor diligen-
cia es en estudiar la topografía de la ciudad y sus contornos, y
consultando relaciones antiguas, noticias geográficas, mapas y
planos, inéditos muchos, y sobre todo, estudiando y comparando
vestigios que quedan aún en algunos parajes, levanta de nuevo á
los ojos del lector atento la activa cuanto estrecha factoría fenicia,
el ostentoso municipio romano y la rica, populosa é inquieta ciu-
dad árabe, transformada, por obra de las armas, en colonia de
caballeros cristianos procedentes de todos los reinos de la penín-
sula. La cerámica, la indumentaria, la arquitectura, y muy espe-
cialmente la numismática, nada dejan que- desear en este libro,
donde el número de láminas, de grabados y hasta de trozos de
difícil composición en caracteres arábigos, demuestra que no so
ha perdonado dispendio ni fatiga para llegar dignamente al fin
deseado.
,")02 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Xo menos atención que á las obras de manos se dedica en esta
monografía á las del ingenio, dando á conocer la vida y escritos
de los literatos malagueños, especialmente desde el tiempo en que
la disolución del califato llevó ¿i la hermosa ciudad del Medite-
rráneo un centro político importante. Entre multitud de teólogos
y poetas descuella la simpática figura del infortunado filósofo y
poeta hebreo Aben Chebirol, con la despreciable del desatentado
cortesano de D. Juan I de Castilla, Garci-Fernández de Gerena,
cristiano y moro, casado y ermitaño, renegado y penitente; ocu-
pan digno puesto las memorias del docto naturalista Ebn Albéi-
tar, cuyas obras se pueden ya disfrutar por la perseverante labo-
liosidad de la erudición alemana; y sobre este campo de atildados
prosistas, sutiles jurisconsultos, delicados rimadores y sabios
austeros, brillan como luciente constelación dos poetisas insig-
ues, cuyas composiciones hacen ¡jensar que, si las españolas ma-
nejaron la pluma con mayor frecuencia relativa que las demás
mahometanas, consiste en que la mujer mantuvo en nuestra tie-
rra la dignidad del puesto á que la había levantado la ley evan-
gélica, con lo cual se ve cómo la buena semilla , si ha arraigado
con vigor y lozanía, no se deja extirpar del todo por la cizaña.
Las consideraciones precedentes, en que la afición á los estu-
dios orientales no ha sido parte para exagerar por estilo alguno
el mérito del nuevo libro, muestran sobradamente que es acree-
dor, como pocos, á la protección del Gobierno, y que merece una
declaración explícita de hallarse comprendido en la letra y en el
espíritu del Real decreto de 12 de Marzo de 1875.
La Academia resolverá, como siempre, lo más acertado.
Madrid, 27 Abril ISSIJ.
Eduardo Saavedra.
VARIEDADES
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA.
Gonslruida por Coiifitautino el Grande, en los principios de la
€uarta centuria; arruinada después por un incendio en tiempo do
Justiniano; reedificada por este Emperador; destruida de nuevo
por un terremoto en el siglo viir, y levantada otra vez por León
ísáurico, la iglesia de Santa Irene en Gonstantinopla, parece ha-
J)er conservado su primitiva planta después de tantas vicisitudes,
aunque se sospecha con fundamento que la primera, edificada
por Constantino, fué más pequeña. No es la actual la única igle-
sia que hubo en Gonstantinopla dedicada á Santa Irene: Mai-cia-
no levantó otra á la entrada del Cuerno de Oro ^ y otra había en
un paraje llamado Sw'a (higuera) ; pero de todas ellas, la más im-
portante fué la que ahora estudiamos, dentro de cuyas naves tuvo
lugar un concilio célebre. Esta iglesia se encuentra cerca de la
coca real ó casa de moneda, y se halla convertida en armería, y
sus edificaciones adjuntas en Museo arqueológico.
Por rara excepción , la iglesia cristiana de Santa Irene nunca
■estuvo convertida en mezquita, sirviendo, desde hace mucho
tiempo, para el uso á que está destinada, de parque ó depósito de
íirmas.
La planta de esta notable iglesia bizantina es un rectángulo
prolongado, con orientación de Ocaso á Oriente, dividido el inte-
rior en nave central y laterales mucho más bajas, todas ellas ce-
rradas con bóveda y sostenidas por pilares de planta rectangular.
304 boletín de la real academlv de la historla.
Tiene dos cúpulas de 14,50 m. de diámetro; pero la que podernos
llamar principal ó de crucero, es circular, y oblonga la que se
halla hacia los pies de la iglesia, en la misma nave central, sepa-
rándolas un gran arco, así como otro de más anchura continúa
la nave hasta la capilla mayor; de modo, que la nave central está
formada, después del narteh^ primero por una cúpula elíptica, que
tiene su eje mayor en el sentido de la anchura de la nave , des-
pués por un gran arco, que apoya sobre gruesos pilares, luego
por la gran cúpula circular, mucho más elevada que la anterior^
y después por otro gran arco, tras del cual se encuentra el casca-
rón del ábside ó capilla mayor. La gran cúpula se levanta sobre
un tambor circular, y aparece completamente diáfana, con 20 ven-
tanas de arco semicircular, ventanas cuyos pilares ó macizos van
reforzados á la parle exterior por contrafuertes, que llegan hasta
el arranque de sus arcos. Sobre las bajas naves laterales se levan-
tan las tribunas del gineceo ó sitio destinado á las mujeres. Los
lados Sur y Norte del rectángulo general que forma la planta,
están formados por dos grandes arcos, unidos mejor que cerrados
por muros, pues estos se presentan casi diáfanos, abiertos en tres
(jrdenes de ventanas, disposición que explica el origen de análogo
cerramiento en los templos ojivales. En la actualidad, y temiendo
acaso por la conservación del edificio^ gran parte de estas venta-
nas están cerradas; pero puede formarse idea del aspecto de atre-
vimiento y ligereza que tendría esta iglesia, en la q-ue aparecen
suprimidos los muros continuos, sustituyéndolos con órdenes de
ventanas sobrepuestas. La construcción de los muros exteriores
es de hiladas de mármol y ladrillo alternadas, y ofrece la parti-
cularidad de que las uniones ó lecho de la argamasa, principal-
mente en las de ladrillo, tienen un espesor de 4 á 5 centímetro?,
y llevan un relieve moldeado en forma, ya de greca angulosa ó ya
de meandro. Las cubiertas están resguardadas con plomo y los
frontones con tejas.
El interior de este templo, en su decorado, es tan sencillo como
majestuoso. Solamente le adornan algunas molduras de mármol
blanco fuertemente perfiladas, y las bóvedas conservan todavía,
en parte, la rica decoración de mosaicos á la manera bizantina, que
las enriquecían. Los antepechos del gineceo faltan hoy, y no puc-
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTIXOPLA. 305
Je conjeturarse cómo estarían formaJos. El narteh (vápír^j, ó ves-
tíbulo, tiene también su piso superior á la misma línea que las
tribunas del gincceo, piso terminado, en los extremos laterales,
por un arco, cuyo vano lo constituye una ventana con un zócalo,
sobre el. que se levantan dos columnas sosteniendo un friso, y en-
cima otras dos columnas más pequeñas, cuyos capiteles tocan al
arco, composición que también explica los orígenes de los grandes
ventanales del estilo ojival.
El vestíbulo conduce á una construcción más reciente, donde se
ha establecido el Museo arqueológico, de que en breve hablare-
mos, y el interior de la iglesia está lleno completamente de armas
modernas simétricamente colocadas, y que nada ofrecen de par-
ticular al viajero, sino el triste convencimiento de que lo único
que se encuentra siempre más adelantado en todos los pueblos,
es cuanto se refiere á los medios de destrucción y de destrozarse
la humanidad en fratricidas é inútiles luchas, que cada vez la
apartan más y más de su anhelado perfeccionamiento. ¡Cuándo
llegará el día en que el hombre comprenda que el único medio de
realizar su misión en la tierra, es enlazarse. con sus semejantes
por el amor fraternal de su común origen, y acercarse á Dios por
las conquistas siempre fecundas de la inteligencia!
En el fondo del ábside encuéntranse también armas que ofre-
cen recuerdos históricos. Allí está el temido alfanje de Maho-
met II, un brazal de Tamerlán, cascos circasianos, estandartes
rojos y verdes, de los cuales uno, llamado la bandera de Alí, lleva
en el centro tres espadas sobre fondo rojo; cotas de malla, llaves
de muchas ciudades conquistadas, y otros objetos análogos, de
interés para los turcos, por recordarles sus pasadas glorias. En el
vestíbulo encuéntranse también los timbales y las célebres mar-
mitas de los genízaros, grupos de antiguas alabardas , un arco de
metal, persa, antiguos cañones y culebrinas, y formando extraño
contraste con tan bélico aparato, la antigua campana de Santa
Sofía.
En la parte alta ó galería del vestíbulo hallábase colocado , cuan-
do nosotros visitamos aquella artística iglesia, el célebre Museo de
los genízaros ó Elbicél-Ateka, frase que, lileralmenle traducida,
quiere decir trajes antiguos; museo interesante hoy, que van es-
TOMO III. 21
306 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
tos desapareciendo, viéndose sustituidos por el uniforme nizan.
En aquella colección indumentaria, de más de 300 maniquís, se
encuentran los principales funcionarios de los antiguos Sultanes,
desde el visir y los ministros superiores, hasta los eunucos negros
y blancos, y los oficiales y soldados de los genízaros, trajes todos
llenos de variedad, y cuya descripción necesitaría un extenso vo-
lumen.
El Museo de antigüedades á que hace poco nos referimos, pue-
de considerarse todavía en formación, á pesar de los esfuerzos de
su director, Garabella Effendi, con cuya amistad me honro, y en
cuya compañía pasé no pocas horas estudiando aquellos restos de
las pasadas edades. Se fundó este Museo en 1869, siendo gran vi-
sir Alí Pacha, y es digno de ser conocido el breve, pero bien pen-
sado reglamento que para ello se dio, pues habla muy alto en fa-
vor de la cultura de ciertos personajes turcos, demostrcándonos
hasta dónde podrían llegar en el camino de los modernos adelan-
tos, si no tuvieran que luchar á cada instante con la remora de
los tradicionalistas, que no se toman ni el trabajo de estudiar lo
moderno, sólo porque lo es.
Dice así el preámbulo de este notable documento:
«Xadie ignora la alta importancia que tienen las colecciones
de objetos antiguos, tanto bajo el punto de vista de los conoci-
mientos históricos, como respecto á las ventajas especiales que pro-
ducen; siendo estos los móviles que han decidido á casi todos los
países á fundar esos espléndidos Museos, donde semejantes obje-
tos, expuestos convenientemente, atraen con justo motivo la ad-
miración de los conocedores en tales materias.
»Así, el Gobierno del Sultán, considerando á su vez la utilidad
de tal institución, particularmente en las vastas posesiones oto-
manas, conocidas por su riqueza en antigüedades, como lo de-
muestran preciosos descubrimientos hechos en el país, había,
hace tiempo, concebido el proyecto de fundar en Constantinopla
un Museo, adoptando, entre otras medidas encaminadas al pro-
pósito, la de imponer á los que buscan antigüedades, la obliga-
ción de ceder al Estado, siempre que descubriesen dos ejemplares
de un mismo objeto^ uno de ellos. La experiencia , sin embargo,
ha demostrado cuan raro es encontrar más de una pieza de un
EL NÍCSEO AlinUEOLÓr.ICO DE CONSTANTINOPLA. 307
mismo ohjelo antiguo, y lo poco que se de.scul)ría ora- además fá-
cilmente sustraído á la vigilancia de la Administración. Portales
causas, todas las medidas adoptadas no han respondido al objeto
propuesto, y el Musco en cuestiíjn quedaba siempre cu estado de
proyecto. El Gobierno de S. M. I., no queriendo continúe así por
más tiempo obra de tal importancia, ha encargado, por medio de
un Iradé Imperial al ministro de Instrucción publica, la redac-
ción de un reglamento más completo para la búsqueda de anti-
güedades, y proceder al mismo tiempo á la formación del Museo
antedicho. Conforme á esta orden imperial, aquel depirtamenlo
tiene el encargo de ocuparse en lodo lo que se refiera, así á la
clasificación, como á la conservación de las antigüedades reuni-
das ó por reunir en este Museo, y á subvenir á sus gastos me-
diante un capítulo especial de su presupuesto.»
Véanse ahora sus artículos:
«Artículo 1.° Toda petición de autorización para hacer exca-
vaciones en los Estados de S. M. I. el Sultán, debe ser previa-
mente dirigida al Ministerio de Instrucción pública, y en parte
alguna podrán llevarse á cabo sin autorización oficial.
»Art. 2.° Queda expresamente prohibido, á las personas que
hagan excavaciones en el Imperio con autorización del Gobierno,
en los parajes donde no existan inconvenientes para ello, expor-
tar al extranjero los objetos antiguos que puedan descubrir. Pue-
den, sin embargo, venderlos dentro del Imperio, ya sea á parti-
culares, ya al Estado si los pidiese.
»Art. 3.° Todo objeto antiguo descubierto en projíiedad parti-
cular, corresponde al dueño del terreno.
»Art. 4.° Las monedas antiguas, de toda especie, están excep-
tuadas de la prohibición de exportación, prescrita por el artícu-
lo 2.°
»Art. 5.° Toda autorización para hacer excavaciones, se en-
tiende que es para los objetos que puedan existir bajo el suelo.
No será permitido á nadie, fuere quien fuere, tocar ni causar des-
perfectos en los monumentos antiguos de cualquiera clase que
sean, y lo mismo en sus accesorios que estén sobre la superficie
de la tierra. Los contraventores á esta regla serán castigados con
arreglo á la lev.
308 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA IIISTORLA.
«Art. 8." La resolución acerca de las peticiones que, en mate-
ria de anligüedades, dirijan las potencias extranjeras, será objeto-
de un Iradé Imperial especialmente dado, á propósito de la pe-
tición.
»Art. 7.° Las personas que posean conocimientos especiales
para la investigación y descubrimiento de antigüedades, podrán
demostrarlo en el departamento de Instrucción pública, y ser en-
cargadas de hacer excavaciones por cuenta del Estado, obtenien-
do con tal objeto misiones especiales del Gobierno imperial. Los
que se encuentren en tal caso están, por lo tanto, invitados á di-
rigirse al Ministerio de Instrucción pública.»
No son muy abundantes todavía los objetos que encierra aquel
Museo, ni están organizados, como nosotros deseáramos, en un
orden científico, á pesar de tener todos ellos su numeración co-
rrespondiente, y de haber publicado el ya citado Sr. Garabellaun
ensayo de Catálogo con algunos de los objetos que juzgó más imr
portantes, impreso en Gonstantinopla poco después de haber re-
gresado de mi viaje, parte de cuyos trabajos tuvo la lleudad de-
enseñarme antes de que viesen la luz pública, haciéndome el ho-
nor de preguntarme mi opinión acerca de ellos y sobre algunos
puntos que consideraba dudosos en determinados monumentos.
La mayor parte pertenecen al arte escultural , y hay también al-
gunos de artes industriales y mixtas; y precisamente el más no-
table de todos los objetos que el Museo de Gonstantinopla encie-
rra, pertenece á las últimas, siendo por su antigüedad, por su
simbolismo, por la civilización y el pueblo que representa y por
sus condiciones técnicas, monumento de inestimable valor, y que
puede asegurarse es, en su género, ilnico en los Museos de
Europa.
Gonsiste en un gran disco ó medallón de plata pura, que mido
un diámetro de 44 centímetros, y (juc tiene representada en su
centro, en relieve de una alturade 0,25 m., á la diosa de la teogonia
fenicia, Astarté. Lleva collar de oro, tocado de lo mismo, con dos
cuernos de 2 centímetros y 3 milímetros de altura, armillas ó bra-
zaletes del mismo metal en los brazos y en las muñecas, manto
también de oro, suJGto al hombro izquierdo, cubierto de estrellas,
y sandalias del mismo metal. Aparece graciosamente sentada so-
EL MUSEO AIIQI.EOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 309
brc áureo sitial, sostenido por cuatro colmillos de elefante cruza-
<Ios; y tiene ;í un lado el loro mitológico de la India y al otro el ave
mítica de Shinyala ó Geylan fGallus ecaicdatus de Temminck,
Stridliio Casuarius de Linneo), y debajo del x)lauoeuque descan-
san los pies de la divinidad, dos Métoros, vestidos y tocados tam-
Í3ica de oro como la diosa, sostienen con cuerdas doradas un ti-
gre y un leopardo. El diámetro del cíiculo en el cual está sentada
Astarté, es de 3G centímetros; y está inscrito en otro de 40, divi-
diéndose la zona comprendida entre ambos por cuatro medallones
de oro de 0,1 m. de diámetro, llevando un pequeño busto de ¿Ado-
nis? y todo lo demás cubierto de menuda labor, en cada una de
las cuatro secciones diferentes, formando digno marco para tan
notable composición. El tocado de la divinidad lo forma una espe-
cie de turbante, sobre el que sobresalen ios cuernos simbólicos,
yol cabello cae en bucles de diferente, pero simétrica longitud,
iiasta los hombros, formando una línea mucho más corta sobre
la frente. En la mano izquierda lleva el arco, y tiene la diestra
levantada mostrando la palma, en actitud hierática. Las carnes
todas, excepción hecha de una pequeña parte- del antebrazo iz-
•quierdo en que falta, están formadas de esmalte verde. A los la-
dos del trono ó asiento de la diosa, se ven dos ¿leonas? también
■de oro, con collares.
Para comprender esta notable obra de la orfebrería fenicia, cuya
exacta copia, debida al inteligente pincel del Sr. Velázquez, hecha
directamente del original por vez primera, he publicado en mi
Viaje á OWeníe, lícito ha de sernos recordar algunas nociones
de la teogonia india, de la cual derivaron, modificándose en su
marcha bacia el Occidente, todas las del Asia central, de la Feni-
cia, del Egipto, del África, de la Grecia y de la Europa, así sep-
tentrional, como central y meridional.
En el origen de aquella teogonia encontramos el gran principio
de la unidad; aunque desgraciadamente y como resultado de en-
carnaciones alegóricas y sucesivas, debidas á la intencionada fan-
tasía de la casta sacerdotal, cayó bien pronto en las nebulosida-
des de la Triada.
En el principio, Brahma, ser eterno y necesario, era el único
dios conocido y adorado por el indio; pero después de mil años,
310 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA IIISTORLV.
según l¿x leyenda religiosa , una encarnación engendró á Siva , y
produjo la adoración del lingam. Nueva encarnación produjo en
seguida á Vichnu, y del acuerdo de estas tres divinidades provino
la trimurti de Brahma, Vichnu y Siva.
Pero esta triada masculina estaba incompleta sin otra triada fe-
menina, y bien pronto la formaron Parasacti ó Sarasvati, mujer
de Brahma, Parvati de Siva, y Lacmi, ó la hermosa, de Vichnu.
Emblema de la producción, llevaba ésta en la frente el Lingam,
y nacida de la espuma del mar, dio vida á Varas, que como el
Eros griego y el Cupido romano, montó sobre un león, llevando
el arco en la mano y á la espalda un carcax con cinco flechas, en
número ignal á los sentidos corporales. Su madre le acompañó
llevada por un loro, como la Venus griega, de ella derivada, era
conducida por palomas.
Esta última personificación de la triada femenina, aparece en
Fenicia al lado de Melkarte, el gran dios de los descubrimientos
y de la fuerza humana, el Hércules de las tradiciones fenicias, y
toma el nombre de Astaroth ó Astarté.
Siguiendo en su fantástico, pero profundo simbolismo, la le-
yenda sacerdotal dice que la diosa, deseando recorrer la tierra, se
puso una cabeza de toro á fin de no ser reconocida, y consagró en
Tiro una estrella caida del cielo, mito astronómico como todos los
déla religión védica, que indica la conjunción del planeta Ve-
nus con la luna en el signo de Taurus.
Astarté amó á Adonis (Adón, Adod , Adad, el Señor); pero ca-
zando éste en el Líbano, fue muerto por un jabalí, y sus servido-
res, con los ciervos y animales monteses que su dueño había do-
mado, y con sus fieles perros, buscaron á la diosa en su templo
de Byblos y la noticiaron el triste fin de su infortunado amante.
Cuando en los primei'os días de Junio el río Adonis (hoy Ibra-
him Nehr, Sandjiak de Trípoli), corría, como corre ahora y co-
rrer;! siempre, mientras tenga ácido de hierro en su cauce, de co-
lor rojizo, decíase (jue iba enrojecido por la sangre de Adonis, y
ofrecíanse en su honor sacrificios fúnebres, que dieron origen á
festividades religiosas, convertidas bien pronto en verdaderas or-
gías y escenas de lúbrica prostitución. Este culto pasó á Antio-
quía, á Chipre, á Atenas, á Argos, á todos los pueblos de la anti-
EL MUSEO AnQUEOLÓGir.O DE CONSTANTIN'OPLA. 311
güedad, que sigaicrou en diversos desenvolviiniciitos la religión
védica, y duró hasta el siglo iv después de Jesucristo.
Los cuernos que lleva en el artístico medallón que nos ocupa
la figura do Astartc, así se refieren al Lingam, como también á
la caza, pues parecen de ciervo, caza de que era protectora aque-
lla divinidad, tanto por sus amores con Adonis, como por repre-
sentar también á la diosa, que después llamaron los romanos,
Diana cazadora. A lo mismo aluden las fieras que sujetan los Me-
teros, fieras que simbolizan al mismo tiempo los viajes victorio-
sos del Dionisios indio, ó sea la lucha del hombre con la natura-
leza, y el triunfo del primero. El ave mítica de Shingala al lado
de Astarté, aparece como emblema de la producción y de la fe-
cundidad.
Anterior probablemente al monumento que acabamos de des-
cribir, hállase otro, producto también de un arte oriental, el asi-
rlo, monumento que consiste en un trozo rectangular de mármol,
de 0,71 m. de alto por 0,47 m. de ancho, dividido en dos com-
partimientos, superior é inferior. Esta antigüedad babilónica, do
procedencia, por desgracia, desconocida, está muy bien conser-
vada, y en la parte superior se ve á un rey asirlo sentado sobre
su trono, con la espada desnuda en la mano derecha, y ante él un
hombre y una mujer en actitud suplicante; escena que así puede
representar una petición dirigida al soberano, como una imposi-
ción de pena hecha por el mismo. En el compartimiento inferior
se hallan sentados una mujer y un hombre, ante los cuales otro
se inclina en ademán de ruego. En el marco de este curioso már-
mol se encuentran inscripciones en caracteres cuneiformes, cuya
traducción no estaba hecha, ni nos permitían hacer nuestros es-
casos estudios en la materia, aun siéndonos conocidos los admi-
rables trabajos de Grotefend y de Burnouf. Estando hoy, gracias
á las investigaciones de estos sabios orientalistas, claramente de-
mostrado que en la escritura cuneiforme hay tres sistemas diver-
sos, empleados casi siempre á la vez en los monumentos, el babi-
lónico ó asirlo, el medo, y el persa, siendo este último el menos
antiguo y más sencillo, sistema que emplea casi en iguales pro-
porciones los trazos verticales y los horizontales, mientras en el
medo, los trazos verticales son más raros y el uso del ángulo mu-
312 boletín de la eeal academlv de la historia.
dio más frecuente, y el babilónico se distingue por su mayor
complicación, y los trazos con inclinaciones varias y aun cruzán-
dose los unos con los otros; y en cuanto al idioma á que respon-
den aquellos caracteres, hallándose también marcadas diferencias,
pues mientras las inscripciones persas se refieren á una lengua
derivada del Zendico, que se hablaba en Persia cinco siglos antes
de Jesucristo, la lengua asirio-babilónica se cree relacionada y
formando parte de la misma familia del hebreo, el siriaco y el
árabe, es decir, de las lenguas semíticas, es indispensable un es-
tudio profundo y especial de tan complicado ramo de la arqueo-
logía, para poder atreverse á intentar siquiera la interpretación
de cualquier epígrafe cuneiforme, por sencillo que parezca.
Además de estos importantísimos monumentos, encuéntranse
en el Museo de Constantinopla estatuas y bajo-relieves arcaicos
y de la mejor época griega. Pertenecen al primer grupo dos esta-
tuas de mujer casi completas, pues están rotas por debajo de las
rodillas, que recuerdan por su estilo la estela que se conserva
en el templo de Teseo en Atenas, conocida con el nombre de Sol-
dado de Maratón^ estela que he dado á conocer extensamente en
la citada obra y que ilustró con doctísima monografía en el Mu-
seo Español de Antigüedades, nuestro sabio y respetado amigo
D. Pedro de Madrazo. Las dos estatuas visten una simple túnica
muy amplia, adornan el cuello de cada una de ellas cuatro colla-
res, y su cabeza un tocado especial, á manera de los,que se en-
cuentran en figuras chipriotas, con las cuales tienen estas esta-
tuas muchos puntos de contacto, sin embargo de haber sido en-
contradas en Rodosto (Rumelia), así como otras dos cabezas, una
de hombre y otra de mujer, con los mismos caracteres artísticos,
estando unas y oirás esculpidas, no en mármol, sino en una cal-
cárea fácil de labrar, lo mismo que las de Chipre; y ofreciendo
también grandes analogías con las del Cerro de los Sanios, en
nuestra patria.
Entre las esculturas griegas del siglo de oro de aquel gran pue-
blo ocupa preferente lugar en el Museo de Constantinopla un bajo-
relieve, procedente de Budrün, en Halicarnaso, encontrado cerca
de las ruinas de Mausoleo, y que representa una joven que re-
cuerda la fál)ula do las amazonas, pues aparece en actitud de
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 313
correr, sujetándose con la izquierda mano los últimos pliegues
de su traje flotante, y levantando sobre su cabeza con la derecha
un hacha, en actitud de combatir. Tan hermosa escultura, que
mide 0,55 m. de altura por 0,'íO m. de anchura, encuéntrase
desgraciadamente cubierta por una especie de patina verde con
que la humedad constante del sitio en que estuvo soterrada du-
rante muchos siglos, ha sustituido al hermoso color del mármol
en que está esculpida.
Otra de las notables obras de la antigüedad griega que allí se
conservan, es un relieve sobre fondo circular rebajado en la forma
llamada en términos de arquitecnología cartucho , abierto en
la superficie de un fragmento arquitectcjnico de mármol que
mide 0,54 m. de altura por 0,48 m. de ancho, cuyo relieve repre-
senta á Cleómenes, rey de Esparta, que vivió 520 años antes de
Jesucristo; objeto de gran valor que se halla en perfecto estado
de conservación, y que, encontrado en Gyzico (Bal-Kis)^ fué lle-
vado al Museo Imperial por su conservador M. Goold en 18G9.
También pertenece al mismo brillante período del arte antiguo
una estatua de mármol, representando á Hestia, divinidad de
donde provino la Vesta romana. Esta estatua, de la misma pro-
cedencia que el anterior relieve, mide 0,8G m. de altura, y es no-
table ijor el estudio de pliegues que en el traje de la diosa se en-
cuentra.
No menos importante es otra estatua, también de mármol,
de 1,7 m. de altura, hallada en Mytilene (MidillíJ, y que representa
á una hermosa joven de Lesbos, apoyado el brazo derecho en un
pedestal y el izquierdo sobre la cadera. El admirable estudio del
natural que acusa, así en el desnudo como en los paños, la finura
de ejecución, la sobriedad y firmeza al mismo tiempo del dibujo,
están revelando en esta notable estatua uno de los mejores perío-
dos del arte antiguo, al que también pertenecen algunas otras
obras esculturales que allí se conservan, y de las que no creemos
inoportuno dar noticia á nuestros lectores.
Un fragmento de bajo-relieve en mármol de Frigia (1) (Syn-
(1) Tuvo entre los antiguos gran celebridad el mármol de Sjnnada, capital de la an-
tigua Phrygia Salutañs, llamada en más remota época Mygdonia, de donde fué desig-
314 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
nada Mygdonienses, Eski Kara Hisar), de 0,87 m. de altura
por 0,54 m. de longitud, de procedencia desconocida, represen-
tando la muerte de Alcibiades.
Cabeza en mármol con corona mural, simbolizando en una
hermosa doncella la ciudad de Heraclea, situada en la costa asi¿i-
tica del mar Negro.
Fragmento marmóreo de relieve, representando el combate de
Teseo contra los Lápitas, según la tradición legendaria griega,
monumento de procedencia desconocida, pero de remota anti-
güedad.
Otro fragmento, también de mármol, en que se ve á Eros ó el
Amor, llevando al hombro la maciza clava de Hércules, símbolo
de la fuerza vencida por el amor. Procede de Heracha en el mar
de Mármara, la antigua Perintho.
Hermosa tabla de mármol de 0,60 m. de longitud por 0,50 m,
de altura representando en relieve muy bajo, indicio seguro de su
nada con el nombre de Synnada Migdoniensis. En la época romana hicieron tan fre-
cuente uso de él los ricos patricios de la ciudad del Tiber, que los poetas citaron el
mármol frigio como emblema del lujo y de la riqueza (Horacio, lib. ni, od. 2.— Ovidio,,
epístola XV.— Tibulo, elegía 3, libro xiii.) De este mármol está fabricado en Roma el
Panteón de Agripa, yerno de Augusto, primer emperador romano. Del mismo son tam-
bién las hermosas columnas de la basílica de San Pablo, /;íon /««rt, que estuvieron
antes en la tumba de Adriano.
Pablo el silencioso, secretario de Justiniano I, en su historia de Santa Sofía, dice que
la tinta general de este mármol era un blanco lúcido, con manchas casi circulares de
color rosa y violeta.
Según entraba ( Ac;t!u.iov ) una variedad de esta roca, da, en cantidad considerable,
mármol de un blanco amarillento de grano fino y muy cristalizado, que sin embargo no
ofrece resistencia á la labra, respondiendo á todas las necesidades que se exigen para el
mármol de construcción. Este mármol blanco generalmente se encuentra en la super-
ficie de la cantera, y al penetrar en sus capas interiores se le halla veteado ó manchado
de azul, lila y violeta. En Europa apenas es conocida esta calcárea compacta sacaroide
que lleva grandes ventajas á muchos de los mármoles estatuarios y de construcción
más renombrados.
En la antigüedad, según el testimonio de Pausanias (Ática, lib. i cap. 18), se empleaba
frecuentemente este hermoso mármol para las estatuas policromas.
La pequeña aldea Seid-el-ar (antigua Docimia) está situada en la entrada de estas can-
teras á distancia de 2 kilómetros de Eski Kara-Hissar.
Destruidos los antiguos caminos en el Asia Menor es muy difícil designar el punto
de la costa donde se embarcarían los prodigiosos monolitos que de aquellas canteras se
sacaban para fustes de columnas, y aquellas tablas de tan sorprendente belleza y di-
mensiones, y que tanto admiraban á Strabon (xii, p. 577).
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 315
antigüedad, a Asclepios o Esculapio, sentado, teniendo á su de-
recha igualmente sentada á Hygia, que con una copa en la mano
presenta un brebaje á una serpiente. Asclepios so apoya en una
rama de árbol.
Aunque ya de la época romana, pero de cincel griego, atrae po-
derosamente la atención del viajero y del artista, en aquel na-
ciente Museo, otro bajo-relieve igualmente de mármol, de 1,80 m.
de altura, que formaba parte de un grupo perlenecieate al anti-
guo arco de triunfo elevado por Augusto en Tesalónica, en uno
de cuyos lados el escultor había representado la genealogía de
Julio César, descendiente de Ascanio, hijo de Eneas, hijo de Ve-
nus, al decir de Virgilio (JEneid, i, 28G--288):
Nascetur pulclira Trojanus origine Caesar.
Imperium Océano, famam qui terrainet a:ítris
JuliuSj a Magno demissum nomen Julo.
Y en Otro paraje (Mn. i, 267, 268):
At puer Ascanius, cui nunc cognomen lulo
Additur (Ilns erat, dum res stetit Ilia regno.)
Pasajes por donde se ve, que Ascanio llevó también el sobre-
nombre de Julo llamándose lio, cuando Ilion y su gloria fueron,
de cuyo nombre tomó César el suyo, como nacido de la sangre
más ilustre de los troyanos.
Este Julo, que fué considerado como el fundador de Alba Lon-
ga, el padre de la raza romana, el antecesor de Rómulo, el tronco
de la Gens Julia, de donde nació Julio César, es el que, en los ri-
sueños años de su adolescencia, está representado en el hermoso
relieve de puro estilo griego que nos ocupa.
El joven troyano, todavía imberbe, está de pie, desnudo, la ca-
beza de perfil, vuelta á la derecha, y el cuerpo más vuelto hacia
adelante, tres cuartos de frente, revelando en el trazo delicado de
sus contornos graciosos y simétricos aquel conjunto de finura,
facilidad y energía, cuyo secreto monopolizó el arte griego en la
antigüedad. De fisonomía dulce y tranquila, cubierta la cabeza
316 nOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA..
con el sencillo y verdadero gorro frigio, lleva una ligera clámide
echada descuidadamente sobre el hombro izquierdo, cuyo brazo
cae á lo largo del torso, sosteniendo una javelina, que apoya en
tierra por la parte del hierro, y deja ver la extremidad de un aci-
naces dentro de su vaina, mientras la mano derecha se apoya
sobre un ovalado escudo. Nada más sencillo que esta figura; pero
pocas obras del arte antiguo reunirán á tanta sencillez mayor
encanto.
También es digno de especial mención un relieve marmóreo de
ios llamados hí^rj (heróon) , ó monumento funerario, enferma
de pequeño templo ó xdicula, que lleva un cuadro compuesto de
un hombre vestido, una mujer con velo y un niño, los tres de
muy poco relieve. Sobre un triclinium ó canapé de los usados por
griegos y romanos para las comidas, está recostado el primero,
elevando el brazo derecho en señal de invocación ó dedicatoria al
difunto, en cuyo honor se celebra el banquete fúnebre. Sobre un
taburete de tres pies está sentada la mujer, envuelta en su velo,
demostrando en su actitud profundo dolor, y en una mesa tripo-
diana que se levanta en el centro se ven varios platos, algunos
con frutas, á las cuales tiende la mano el niño, indiferente al
dolor de sus padres.
Los monumentos de esta clase tuvieron sn origen entre los
griegos, y sólo se labraron en un principio en honor de sus hé-
roes deificados; pero después se usaron también por lt)s particu-
lares, como puede deducirse de la abundancia con que se encuen-
tran tales escenas, no sólo en los monumentos funerarios, sino
también en los vasos pintados.
A la época greco-romana corresponde una notable y colosal es-
tatua de marmol, de 2,81 m., representando á Quinto Cecilio Mé-
telo, llamado CVeíjcus, aquel cónsul romano que en calidad de pro-
cónsul clavó las enseñas del Lacio por vez primera en la tierra
hasta entonces libre é independiente de Greta, la antigua Aeria,
así llamada tal vez por los Pelasgos ó Filisteos de raza arya, que
la poblaron. Corría el año 686 de la fundación de Roma, 68 antes
(juc Jesucristo, cuando acudió Mételo á vengarla derrota y muerte
del pretor Marco Anlo-iio, que en vano intentó impedir que los
cretenses ayudasen con sus escuadras á los piratas que infestaban
EL MUSEO ARQUlíOLüGICO DE COXSTAN'TINOPLA. 317
los mares, aniquilaban el comercio, y llevaban la desolación y l;i
muerte á las costas de Italia, de Sicilia y de Egipto.
Las principales poblaciones de Greta, tales como Gortyna, Knos-
sos y Kydonia, quisieron oponerse al paso del inflexivc descen-
diente de aquellos Mételos que habían conquistado la Sicilia y
vencido á los cartagineses, sojuzgado la Macedonia y sometido .í
Yugurta; pero batidos completamente, tomadas sus ciudades una
tras otra, á pesar de la heroica resistencia de sus defensores, vie-
ron por último caer también, al empuje do las invencibles legio-
nes romanas, el último baluarte de su independencia, la plaza
fuerte de Hiérapytna, en el centro de cuya plaza fué erigida la
estatua altiva del vencedor, como perenne recuerdo de su triunfo
y amenaza permanente de la nación triunfante. Esta estatua es la
misma que se conserva en el Museo deConstantinopla, habiendo
sido enviada á aquel notable depósito arqueológico por Costaki
Pacha Adossides, Mutessarif de Lassythi en la isla de Greta, un
año escaso antes de nuestro viaje.
Encuéntrase en muy buen estado de conservación, faltándole
sólo el brazo derecho, que probablemente sostendría, apoyándose
en ella, á juzgar por el movimiento general de la figura, una
lanza. Llévala cabeza ceñida con la corona de laurel y la fálera
en su centro, distinción obtenida por su importante victoria, que
le valió el renombre de Creticus. Viste el guerrero traje de su
época, sin que falte ninguna de sus piezas, el tJwracomachiim, el
pectoral, enriquecido con figuras que representan victorias aladas
coronando á Roma, sostenida por la loba legendaria de Rómulo
y Remo, y la lamina aenea, siendo notables los ricos y adorna-
dos coturnos de guerra que calzan sus pies, bajo uno de los cuales
tiene sujeto á un joven cretense. Esta estatua, para mayor igno-
minia de los vencidos, fué costeada por ellos mismos, cumpliendo
la orden ineludible del vencedor.
Monumento también de estilo greco-romano, aunque de la época
que pudiéramos llamar del renacimiento del arte en Roma, el pe-
ríodo de los Antoninos, consérvase también en el Musco que nos
ocupa un sarcófago con altos relieves, á cuya composición sirvo
de asunto la historia de Fcdra y de Hipólito. El espacio ocupado
por las figuras está dividido en dos compartimientos, viéndose en
318 boletíx de la real academia de la historla.
uno de ellos á una mujer hermosa sentada, que se vuelve hacia
una joven colocada detrás de ella; en un ara se ve á Afrodita con
un genio alado. Eros ó el Amor apunta con su arco á Fedra, mien-
tras habla con olra tercera mujer; y en el otro compartimiento de
la derecha hay un joven sentado, con la lanza en la mano, que
mira á una esclava, la cual se ocupa en colgar en un templo las
astas de un ciervo. Todavía se ven otra figura de un esclavo con
un jabalí, y un caballo bebiendo en una pila cerca de un i'iltimo
personaje desnudo. Por cima de toda esta composición corre una
cornisa jónica sostenida por dos cariátides, que se apoyan en dos
pedestales con un perro y una liebre. En el otro frente del sarcó-
fago se ve á una mujer dormida y un héroe en el acto de embar-
carse, representando acaso á Teseo y Ariadna, y en los laterales
un águila y una esfinge.
Algunas otras esculturas de bronce consérvanse también en
aquel Museo dignas d3 estimación, entre las cuales figura sobre
todas la célebre cabeza de la Columna Serpentina, que adornaba el
renombrado Hipódromo; una estatua de bronce (0,31 m. de altura)
representando á Mermes, el Mercurio de los romanos, en el mo-
mento de lanzarse al espacio con un pie sobre un globo, el cadu-
ceo en la mano y la antorcha, actitud en que también se conser-
van figuras de la misma divinidad en otros museos; otra muy no-
table (altura 0,72 m.) de Hércules, con la piel del león Ñemeo en
el brazo izquierdo y la clava en la diestra, procedentes ambas es-
tatuas de Monastir, y varias figuras grotescas representando á Si-
leno, ó bien sátiros y faunos.
De artes industriales y mixtas hállanse pocos objetos; la cerá-
mica está representada por algunos vasos chipriotas, iguales á
los que después adquirí en Lernaca, y otros griegos pintados de
figuras rojas sobre fondo negro, que aunque importantes, como
todos los de su clase, no ofrecen motivo de especial descripción.
Consérvanse también, de la época griega, un sello de bronce y
fragmentos de otros, tan sencillos en su adorno como de buen
gusto; espejos lisos; fragmentos de hojas de oro, que en su mayor
parte de])ieron servir para diademas ó adornos de cabeza, todos
con dibujos y aun co',i figuras de escaso relieve, repujadas; y cu-
Ijiertas de urnas cinerarias de bronce, algún tiempo dorado.
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE COXSTANTINOPLA. 319
Entre los objetos arqueológicos y artísticos que en aquel Mu-
«eo se coascrvan de la época bizantina, son notables, un busto de
hombre; el monumento del célebre actor Porfirios, que algún
tiempo estuvo en el Hipódromo, cuya escultura, de tiempo de
Justino II, lleva en sus cuatros frentes el retrato del afortunado
artista, y la representación de la salida de las cuadrigas, de la
carrera y del triunfo del auriga vencedor, todo lo cual, aunque
ejecutado de una manera verdaderamente bárbara y con total
olvido de las buenas tradiciones artísticas^ es importante en lo
concerniente á su relación arqueológica, pues reproduce fiel-
mente cuadros de una de las costumbres más características de la
•época á que se refiere, lo mismo que otro bajo relieve represen-
tando juegos del circo, de peor dibujo todavía que el anterior
monumento , conservado también en aquel depósito de anti-
güedades; y un hajo relieve que se cree representa á Cons-
tante II, en el que se ve con efecto á un personaje que recuerda
los bustos y las figuras que se hallan en las monedas de aquel
■emperador.
Del mismo estilo bizantino consérvanse en aquel Museo, dos
grandes sarcófagos de pórfido, uno de ellos completo y otro más
pequeño, de verde cmtico; otro sarcófago completo de pórfido; dos
■de la misma materia, sin sus respectivas cubiertas; una de estas
•sola sin su correspondiente sarcófago; un fragmento esculpido de
■otro, en el que se ven representados genios celebrando las ven-
dimias sagradas; y un obelisco también de pórfido. Excepción
hecha de éste, todos los demás llevan, por solo adorno, una ó
muchas cruces bizantinas, estrecha y sencilla bordura, y el
monograma de Cristo. El uno de ellos es de forma oval y los
otros rectangulares, midiendo más de 2 m. de largo por IX de
alto; y las cubiertas en sus dos caras laterales, y por lo tanto más
estrechas, figuran frontones de templos dóricos.
Estos monumentos, de gran valor por la materia en que están
labrados, proceden de la iglesia de los Santos Apóstoles, fundada
por Constantino el Grande para panteón imperial, en el mismo
«itio que ocupa actualmente la mezquita de Mahomet II, y se
cree sirvieron de sepulcros á Constantino 1, y Constancio II,
Juliano el Apóstata, Teodosio el Grande, Arcadio , Marciano y
320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORLA.
Pulquería, y que el obelisco perteneció á la tumba de Constantino
el Grande.
Además de los monumentos y objetos citados, hay en el grupo
bizantino varias inscripciones y epitafios cristianos, ya griegos,
ya latinos, y abundantes y curiosos ladrillos, con monogramas
de los emperadores reinantes en la época de su fabricación.
Por la noticia que hemos dado de los objetos m;is notables del
Museo de Constantinopla, se ve, que si bien no m.uy considera-
bles en número, los hay en ól de la mayor importancia para la
historia de la antigüedad, y algunos que pueden interesar al es-
tudio histórico del arte de Bizauzio en España. ¡Ojalá se cumplie-
ran los deseos de M. Dumont, y se quitase de Santa Irene el de-
pósito de armas que ocupa la iglesia, estableciendo en su lugar
un verdadero Museo científicamente organizado! Ningún edificio
convendría mejor para ello que aquel templo, único resto de la
antigua y opulenta residencia imperial que coronaba en mejores
días la primera colina de la nueva Roma, y una de las obras más
perfectas y mejor conservadas del prinútivo arte bizantino.
J. DE Dios de la Rada y Delgado.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TOMO iii. Diciembre, 1883. cuaderno vi.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
En la catedral de Murcia, nuestro sabio correspondiente, Don
Félix Martínez Espinosa, ha encontrado la bula original de Ni-
colao IV, fechada en Rieti á 13 de Setiembre de 1289, cuyo
traslado auténtico, del año 1772, procedente del archivo del
Vaticano ha visto la luz pública en el número anterior de este
Boletín (1).
D. Javier Fuentes y Ponte ha enviado á nuestra Academia, de
la que es correspondiente, el folleto que acaba de publicar titulado
Sumario del descubrimiento de los restos de D. Diego Saavedra
Fajardo. En este opúsculo se hace constar que el hallazgo tuvo
lugar el 27 (no 29) de Octubre último; y que fué debido princi-
palmente á la actividad y buena fortuna del autor.
En la sesión del 2 de Noviembre se leyó la solicitud que las
autoridades de la diócesis, provincia y ciudad de Murcia hablan
dirigido al Excmo. Sr. Director de la Academia:
«Excmo Sr.: Los que abajo firman, por sí y en representación
(1) Páginas 270-272.
TOMO 111. 22
322 boletín de la real academia de la historia.
de la diócesis y su cabildo, de la provincia y municipio de
Murcia, con motivo del hallazgo de los restos del insigne mur-
ciano D. Diego Saavedra Fajardo, acuden atentamente á esa Real
Academia de la Historia, manifestando que si á ella, en 183(1, se
debió que se salvasen entonces algunos de aquellos, cuyo lugav^
de reposo en la Real Iglesia de San Isidro, de esa corte, se ha
venido ignorando hasta el día 27 del actual, y á ella se debe
también su identificación; haría ese alto é ilustrado Cuerpo un
honor á este antiguo reino, cuna de aquel distinguido hombre de
Estado, si de nuevo, encargándose de los predichos restos, inter-
pusiera su poderoso valimiento cerca de la superioridad, íi ñn de
que ésta concediese su licencia para que fuesen trasladados al
templo catedral de Murcia.
Esta es la súplica que se permiten dirigir á V. E., sin que
duden del éxito favorable, por lo que tributan anticipadamente
á ese alto é ilustrado Cuerpo el testimonio de su gratitud. — Dios
guarde á V. E. muchos años. — Murcia 31 de Octubre de 1883. —
Diego Mariano, Obispo de Cartagena. — José María Díaz, Gober-
nador civil. — Andrés Barrio, Dean. — José Esteve, Presidente
de la Exorna. Diputación provincial. — Eduardo Riquelme, Alcalde
constitucional de Murcia. — Javier Fuentes y Ponte, iniciador
del centenario y de la traslación de los restos.»
El Sr. Marqués de Molins ha presentado y leido con gran
satisfacción de la Academia el extenso informe que por encargo
de la misma ha hecho acerca de lo que piden las autoridades
de Murcia.
El Sr. Fuentes y Ponte ha puesto á disposición de la Academia,
para que se conserven en su archivo, dos documentos originales
manuscritos de alta importancia histórica. Uno es la memoria
escrita por el conde de Florida-blanca con este encabezamiento
autógrafo: Puntos principales sobre mi conducta ministerial. El
otro documento es la fe de mortuorio de aquel gran repúblico,
único ejemplar que queda do los dos que se hicieron, ó acta
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 32.'}
duplicada de la exposición de su cadáver, extendida por el escri-
bano público de Sevilla D. Antonio Hermoso Míguez y legalizada
en forma.
, La Academia ha visto con agrado dos dibujos del mosaico de
Villasirga que mide 16 pies en cuadro y ofrece muchos puntos
de semejanza con el que fué encontrado debajo del altar mayor
de la catedral compostelana y cuyo diseño han publicado los
Sres. Fita y Fernández-Guerra en su libro intitulado fíecwercíos de
un viaje á Santiago de Galicia, pág. 71. Uno de los dibujos sen-
cillo y exacto ha sido ejecutado por la Srta. Doña Guadalupe
Martínez; el otro iluminado y bellísimo, lo ha remitido el pro-
pietario del mosaico D. Próculo Garrachón.
El Diario de Tarragona en su número del 18 de Noviembre da
la noticia de haberse encontrado algunos días antes la lápida
romana de mármol jaspeado del país que lleva el número 4408
en la colección de Hübner. Esta lápida que se halla en ^1 mejor
estado de conservación se trasladó inmediatamente al Museo
Arqueológico.
Han sido remitidas á la Academia copias de nuevas lápidas
encontradas en el despoblado de Iruña y copiadas por el ilustrado
párroco de Trespuentes D. Juan Ochoa de Alaiza. Asimismo se
han enviado por sus respectivos autores dos folletos interesantes
á la historia y literatura de Galicia y de las Provincias Vascon-
gadas: Las tradiciones populares acerca del sepulcro del apóstol
Santiago, por D. Antonio López Ferreiro; Ensayo acerca de las
leyes fonéticas de la lengua euskara^ por D. Arturo Campión.
Han sido nombrados socios honorarios por voto unánime de la
Academia los eminentes filólogos el Príncipe Luis Luciano Bona-
parte M. Antoine d'Abbadie, miembro del Instituto de Francia,
y el Dr. A. H. Sayce, catedrático de la Universidad de Oxford.
INFORMES.
PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA.
Acaso en el largo tiempo que pesa sobre mí el cargo de Anti-
cuario de esta Real Academia, no he sentido la impresión penosa
que ahora me causa el tener qne hablar de una nueva pérdida y
ruina en el caudal de los monumentos arquitectónicos que otras
edades nos legaron, unidos á gloriosos recuerdos. No pueden
menos de entristecer el ánimo los documentos sobre que el se-
ñor Director se ha servido pedirme informe.
Los esenciales son: Exposición del Ayuntamiento de la ciudad
de Zamora, remitida por conducto del Gobernador de la provin-
cia, encareciendo la conveniencia de continuar el derribo de la
puerta de Santa Clara y del cubo á ella contiguo, é Informe de
la Comisión de monumentos históricos y artísticos de la misma
provincia con notas y diseños. Y á reserva de pesar las razones
de cada uno, citando oportunamente los de ajena procedencia
que á la comprobación y juicio me sirvan, en resumen dicen lo
que apunto:
Para dar mayor facilidad al tráfico, y doble paso álos carruajes
por la calle de Santa Clara, que es de las principales de la ciudad,
acordó el Ayuntamiento el derribo de la puerta de la muralla con
el lienzo de esta y cubo ó torreón contiguo, publicando subasta y
señalando día para empezar la demolición, en la inteligencia de
obrar con arreglo á las atribuciones de la ley municipal. Se reu-
PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 325
nió con este motivo la Gomisióa de monumentos presidida por el
Gobernador, acordó á su vez poner el caso en conocimiento de
las Academias de la Historia y de San Fernando , como su re-
glamento preceptúa, y lo comunicó á la Corporación concejil
rogando que suspendiera el derribo en tanto recaía i-esolución su-
perior; pero por contestación expuso el Ayuntamiento, que no tra-
tándose de edificio artístico ó histórico, no reconocía en la Comi-
sión competencia para mediar en el asunto. Reiteró ésta la ges-
tión con sensatas razones en pro de una demora que no prejuz-
gaba en modo alguno la cuestión de atribuciones ni tenía otro
fin que el de consultar á las Corporaciones académicas, cuya de-
claración creía convenir al buen concepto de la ciudad; y como
sirviera este acto de móvil para acelerar la obra de destrucción
ya comenzada, la Comisión repitió el aviso por telégrafo á las
Academias, y como tuviese en cuenta ser época de vacaciones, dio
también parte al Sr. Director de Instrucción pública, el cual ce-
losamente ordenó la suspensión.
Entonces redactó el Ayuntamiento la exposición referida con
explicaciones de lo ocurrido y defensa de su acuerdo, que rogaba
se le consintiera ejecutar. Procedió esta Academia á la tramita-
ción del expediente, encargando á la Comisión provincial que re-
mitiese fotografías, y en su defecto dibujos y planos, acompaña-
dos de las explicaciones necesarias. Pero entre tanto, sin esperar
el resultado de la repetida exposición , sin que orden superior,
que conste, revocara la existente, el Ayuntamiento por sí dispuso
continuar el derribo del torreón, para lo que esta vez se emplea-
ron barrenos de pólvora como medio más rápido, según nos dice
la Comisión de monumentos. ,
Hace al propio tiempo la Comisión una advertencia que es de
consignar aquí, á saber: que ni en la presente ocasión ni en otra
alguna, se ha opuesto por sistema á mejoras locales que no afec-
ten á edificios de carácter verdaderamente monumental; y no ha
hecho ahora objeción al derribo de la puerta y muralla de
Santa Clara en la extensión que se considerara necesaria á la
amplitud de la vía pública , y sí sólo al del torreón que sin in-
conveniente alguno podía conservarse como recuerdo el más
digno de respeto.
326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Consultando antecedentes históricos, encuentra que desde la
remota fecha en que Zamora fué blanco en el deseo de moros y
cristianos, como paso obligado del Duero; desde que Alfonso III
logró fijar la frontera en este río , se debieron levantar y se le-
vantaron sin duda fortificaciones en el lugar que ocupa el torreón,
Tínico sitio de acceso llano y fácil al que sirve de asiento á la ciu-
dad, y padecieron las obras defensivas las vicisitudes consiguien-
tes á las acometidas y triunfos alternativamente conseguidos. La
trasformación última del llamado cubo de Santa Clara, según los
que informan, data del tiempo en que se llevaron á cabo las
obras de restauración general emprendidas por D. Fernando el
Magno en la postrera mitad del siglo xi ; y esto se acredita por
no haber en los recintos sucesivos, flanqueados por gran número
de torreones de planta cuadrada ó circular, más que dos de espe-
cial fábrica, notablemente distintos en su forma, en su altura y
aun en la disposición de los sillares: el uno, ya modificado, que
se halla en la extremidad meridional de la ciudad , dentro de la
cindadela ó castillo; el otro, en la opuesta del Norte, que es el de
que se trata y que por mantenerse intacto, por único en la belleza
artística, unida al venerando recuerdo de tan codiciado baluarte
de la cristiandad, amparaba la Comisión en sus recomendaciones
al Ayuntamiento.
No es menester tan extenso resumen para que la idea que im-
pulsó á la Corporación municipal sea conocida; "basta el siguiente
párrafo de su exposición :
«Todo el mundo sabe que en España no hay restos de castillo,
de torre ni de muro, que no represente los heroicos esfuerzos de
nuestros padres durante la gloriosa época de la reconquista; y
sin embargo, aquellos monumentos han desaparecido, no por
incuria ni por afán de destruir, sino porque lo han exigido las
necesidades de los pueblos, que para extenderse han tenido que
ocupar los solares de los castillos y de las fortalezas; y porque los
hechos gloriosos que unos y otros representaban, consignados
están en la historia, que es un recuerdo vivo é imperecedero,
bastante por sí solo para mantener inextinguible el fuego sagrado
del orgullo nacional... ¿Qué queda de los castillos de Peñausende
de Caslrotorafe, de Fermoselle, de Torrefrades y otros cien pun-
PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 327
tos de esta provincia? Grandes montones de piedra que los veci-
nos de los pueblos inmediatos utilizan para construir sus vivien-
das, sin que por eso se olviden, porque la historia se lo enseña,
que fueron un día la linea de defensa de las fronteras del reino
de León, y que en ellos se estrell(3 más de una vez el furor de las
huestes agarenas.» *
Por otro lado, opina que «si las murallas, en tesis general, aho-
gan á las poblaciones, las de la puerta de Santa Clara con el
cubo, supuesta fábrica de Fernando el Magno, cuando en reali-
dad es construcción de principios del siglo xviii, cortando las
corrientes del aire del Norte y de Levante, reconocidas como las
más puras, son perjudiciales al saneamiento de los edificios habi-
tados; y el Ayuntamiento puede economizarse la molestia de
justificar una medida higiénica y de salubridad general del
pueblo...»
Es de advertir que tanto la Corporación popular como la Co-
misión de monumentos, cada cual apoya sus opiniones encontra-
das, en datos ó deducciones de la obra que recientemente ha pu-
blicado nuestro diligente y sabio colega el Sr. D. Cesáreo Fer-
nández Duro con el título de Memorias históricas de Zamora, y
la disparidad me ha obligado á repasarla antes de emitir juicio
propio.
El historiador zamorano recoge en las antiguas crónicas cuanto
se sabe de los sucesos concernientes á la reconquista. A partir de
la destrucción de la ciudad por Almanzor, cuenta cómo empezó
á restaurarla Alfonso V; el incremento que á la edificación dio
Fernando I; y cómo después de conquistada Toledo, ensancha-
das las fronteras del reino y necesitada de expansión la gente,
crecieron las pueblas exteriores de Zamora, viniendo á ser el
reinado del emperador Alfonso VII el más fecundo en beneficios
materiales, como ni más ni menos el de Alfonso IX, príncipe
que nacido en esta ciudad, las^aumentó, y cuya época debe
considerarse como término del período monumental zamorano.
Con patente amor al pueblo que le dio cuna va el Sr. Fernández
Duro señalando la época y el mérito de los edificios notables, y
advierte que ya D. José Caveda, de grata y respetada memoria
para la Academia , calificó los muros de Zamora en el Ensayo
328 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
sobre los diversos géneros de arquitectura de España, como de las
construcciones del estilo romano-bizantino más estimables del
siglo XI. No aventura nuestro compañero opinión que no tenga
apoyo en documentos de los muchos inéditos é interesantes que
ha conseguido reunir, y no faltan en su colección algunos que
ofrezcan indicios claros de la antiquísima existencia del Torreón
de Santa Clara. Abarcando el sitio que ocupa, se extendieron por
un lado, la puebla del Valle, con fuero especial que confirmó el
conde D. Ramón ó Raimundo el año 1094; por otro, la puebla de
San Torcaz, de cuyo concejo, también independiente, y del mo-
nasterio del mismo nombre se trata en donaciones del año 1139.
Entre los términos de ambas pueblas ó burgos, avanzado centi-
nela de ellas, se alza precisamente aquella histórica fortaleza,
muy de cuenta en su tiempo.
El correspondiente de nuestra Academia D, Tomás María Gar-
nacho, defendiendo las murallas contra arremetidas anteriores,
de estas modernas, más destructoras que las cavas de D. Sancho
el Fuerte, indicó en su libro la hermosura del soberbio torreón
almenado de la puerta de Santa Clara, entre los restos de anti-
güedades notables que Zamora posee, como excepción recomen-
dada al implacable ejercicio de la piqueta; y discurrió con razo-
nable criterio sobre lo que sería aquel pueblo si, dejando al des-
cubierto el pobre caserío, se echaran por tierra además las nobles
edificaciones interiores, á cuya contemplación acuden todavía los
amantes de las bellas artes.
Los excelentes dibujos enviados por la Comisión de monumen-
tos completan la ilustración de los antecedentes.
El torreón que motivó el informe, se representa mirado desde
el norte, ó sea desde la parte exterior de la muralla, que es desde
donde se descubren en toda la altura sus bellas proporciones. La
planta es un octógono regular, y forman las caras del prisma si-
llares bien labrados, en perfecta, conservación por aquella parte y
no tan bien en la opuesta, batida por las aguas y vientos predo-
minantes en el invierno. Atraviesa al torreón, de lado á lado, una
galería con bóveda de arco ligeramente apuntado, como el de las
•dos puertas en que termina (ejemplar que se repite en otra torre
-antigua de las de Zamora) , y remata, ó más bien remataba hasta
PUERTA Y CUCO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 329
Torreón y puerta de Santa Clara en Zamora.
330 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
ahora, en lo alto, con almenas puntiagudas, sin labor ó adorno de
ninguna especie. Reúne la fábrica las condiciones de fortaleza,
severidad y elegancia que tan hábilmente supieron armonizar
los alarifes mudejares toledanos, cuya presencia en la restaura-
ción de Zamora comprueban las investigaciones de los académi-
cos, nuestros compañeros, Sres. Fernández y González, Codera y
Fernández Duro; bien que sin ellas parezca descubrirse la mano
de aquellos operarios, en la sección poligonal del edificio, seme-
jante á la de la torre del Oro de Sevilla, en el arco de la galería y
en el poético almenaje, que marcan la obra con el sello peculiar
de aquella arquitectura. Los límites de la erección pueden conje-
turarse entre mediados del siglo xi y mediados del siguiente, por
el dato importante que suministra el restablecimiento de la Sede
zamorana. Sabido es que el primer obispo , D. Bernardo, trajo
de Claraval con los monjes y los macones franceses un gusto
nuevo, y echó á un lado las tradiciones del arte con los mode-
los á que se ajustaron la Catedral, la Magdalena y otros edificios
no menos conocidos, desde el año 11-24 en que empezó su pon-
tificado.
He tenido á la vista el plano de la ciudad y sus alrededores,
donde el torreón de Santa Clara ocupa el vértice de un ángulo
próximamente recto que forman la calle principal del mismo
nombre y la ronda ó carretera exterior; de manera que ni para
el ensanche de la entrada, ni para la prolongación de la vía, ni
para la edificación en cualquier sentido ofrecía obstáculo, y por
el contrario se había de apreciar por ornato no común. Este co-
nocimiento me obliga, bien á pesar mío, á deducir que el Ayun-
tamiento de Zamora, deliberada y caprichosamente , ha desoido
las atinadas indicaciones que á tiempo se le hicieron por quien
podía y debía presentarlas; ha infringido el Real decreto vigente
de 16 de Diciembre de 1873; y ha menospreciado la orden que re-
cibió do suspender los trabajos de demolición, al derribar un mo-
numento estimable así en el concepto artístico como en el his-
tórico.
¿Tanta era la urgencia del caso que no consentía prolongar
algunos meses la exi.itcncia secular de la torre? ¿Tan ligera pa-
recía á los concejales la responsabilidad en que habían de incu-
PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 33 1
rrir no llenando los trámites y requisitos legales para dar Ijuena
cuenta de los intereses que administran?
La singular afirmación de bastar las páginas de la historia á
mantener vivo el recuerdo de nuestras glorias, responde, expli-
cando de paso por qué no existen ya en la provincia los castillos
que se mencionan, los monasterios y otros edificios que se dejan
de mencionar, y que generaciones sensatas se habrían apresu-
rado á conservar costase lo que costase.
Páginas vivas de la historia son esas, despreciadas por la igno»
rancia ó falta de patriotismo, obras de otras generaciones, que
dicen á los sentidos y al alma lo que en ausencia suya no ex-
presarán nunca las páginas escritas; hojas en que leen el igno-
rante y el sabio; que engrandecen el espíritu popular; que inspi-
ran y completan la lección del romance y el drama; que herma-
nan las sublimes concepciones de las artes bellas; que ofrecen,
en fin, demostración evidente de la cultura de los pueblos no
atenidos á la grosera materialidad. Que haya quien no las com-
prenda ni las estime ¿quién lo duda? Para los ciegos no alumbra
el sol. Hablando ásu alcance, habría que explicarles que los mo-
numentos son en ciertas poblaciones lo que los grabados en el
libro impreso en lengua desconocida: si el volumen cae en manos
de niño travieso y mal educado que arranca las láminas , el libro
es inútil.
Dura es la necesidad de hacer notoria la censura que merece
el Ayuntamiento de Zamora; pero ante el riesgo que corren
otras antigüedades, con vista de la repetición frecuente de haza-
ñas semejantes, en otras poblaciones, alentados por la indiferencia
y la impunidad los que tal hacen, y guiados á veces por miras bas-
tardas, cumple á mi juicio que la Academia deje oir su voz au-
torizada y denuncie al Gobierno de S. M. el peligro que amaga
al concepto nacional, y pida como corrección y ejemplar prove-
choso que se cumplan sin contemplación ni miramiento ninguno
las prescripciones del citado Real decreto de 16 de Diciembre
de 1873. Y que en virtud de él, se proceda desde luego á restaurar
el torreón de Santa Clara hasta dejarlo en el estado y forma que
tenía, con arreglo al exacto dibujo con tanta previsión formado
por la Comisión provincial de Monumentos.
o'3'2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Pienso que al propio fin ejemplar y al del general interés, con-
vendrá que se publique lo ocurrido en Zamora, y se acompañe
grabado de la torre. Adoptada que sea esta resolución urgente,
la Academia debiera meditar si es llegada la oportunidad de ins-
tar por un proyecto de ley que, á semejanza de la que adoptó el
Senado y Pueblo romano y de las que otras naciones tienen,
afiance la conservación de los monumentos artísticos é históri-
cos. También la Academia verá si importa manifestar al Go-
bierno la conveniencia de vulgarizar una cartilla ó prontuario
arqueológicos, destinados á formar en los Institutos, en los Semi-
narios y demás centros de pública enseñanza el gusto de la ju-
ventud y á infundirle el respeto á los monumentos , que son or-
namento, lustre y realce de la patria.
En algún modo suaviza lo desagradable del encargo que des-
empeño, el justo reconocimiento que se debe á la prudencia,
ilustración y celo con que la Comisión provincial de Monumen-
tos de Zamora, para honra suya y de la ciudad en que reside, ha
procedido. Mucho me complace reconocerlos, al someter mis ob-
servaciones á la sabiduría de la Academia.
Madrid 2 de Octubre de 1883.
AURELIANO FeRNÁNDEZ-GuERRA.
II.
LA C.^.LAVERA DEL CONDE DE TENDILLA.
Cuentan en el Escorial, que cuando estuvo allí M. Thiers y
subió al cimborrio, para dominar desde aquel paraje, no sola-
mente el conjunto del edificio, sino también el panorama que des-
de allí se descubre, hi:bo de lanzar alguna frase de vilipendio sobre
la incuria de España, al observar las ruinas de la casa de la ba-
LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 333
llestería y otras de las que rodean el edificio. El ciego Cornelio,
que le servía de Cicerone, como á casi todos los viajeros y tou-
ristas, le dijo con tono socarrón: — «Esas son las gangas que nos
dejaron por aquí los soldados de Napoleón, paisanos de V.» No
sé hasta qué punto será cierta la anecdo lilla, que en letras de
molde la he leido: si non é vero, e ben trovato.
Y en efecto , como decía en aquella misma iglesia el respetable
P. Guadalupe, cuando con su habitual parsimonia enseñaba las
reliquias, «los franceses (omito un adjetivo) nos llevaron el oro y
la plata, pero afortunadamente nos dejaron el hierro de la parrilla
en que fué martirizado el bendito San Lorenzo.»
No en todas las iglesias se podría decir lo mismo, ü otro tanto,
pues profanaron muchas reliquias y destruyeron no pocas: ade-
más, lo que no era plata ú oro lo destrozaban, y, no contentos con
asesinar vivos, se dieron á maltratar muertos. Se comprende que
tuvieran ojeriza al antipapa Pedro de Luna, á quien los mayores
de ellos hicieron Papa , y luego persiguieron cuando le hallaron
poco dócil á sus insinuaciones; y que, al llegar al castillo feudal
de Yllueca, propiedad de la casa de Luna y condes de Morata, y
hallar allí su momia íntegra y bien conservada, la tirasen por
un balcón, la arrastraran por las calles y le cortasen la cabeza á
cercén, cabeza que hoy se conserva en el palacio de los condes de
Argillo en Sabiñán. Compréndese también que tuviesen ojeriza
al duque de Alba, que dio también malos ratos á los antiguos
guerreros franceses; y, que, por tanto, le desenterrasen de su
sepulcro en la gran iglesia de de San Esteban de Salamanca y
destrozasen sus restos, robaran su espada, y arrastrasen su ca-
dáver y el del cardenal Toledo , fundador de la iglesia y los de
otros personajes de la familia, que, si [dieron que hacer en vida
á los franceses, allí reposaban pacíficamente.
Y no seguiré enumerando el largo catálogo de otras iguales
profanaciones de restos mortales de personajes célebres, santos
obispos, guerreros célebres, incluso el Cid, políticos discretos y
afamados , sino que me concretaré al del célebre D. Iñigo López
de Mendoza, primer conde de Tendilla, uno de los más ilustres
personajes que intervinieron en la conquista de Granada.
Al otorgar testamento, mandó este buen conde, el primero de
334 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
SU título, que se trajesen sus restos mortales á su monasterio de
Santa Ana, patronato suyo y de su casa por fundación y dotación.
Con su manto de caballero de Santiago se le enterró en rico y
fuerte ataúd, en una alhacena al lado del Evangelio junto al
altar mayor. Cerraban la alhacena fuertes puertas y tenían las
dos llaves de ellas y del ataúd los condes, sus descendientes y
el prior del monasterio de Jerónimos. Allí se colocaron además,
las estatuas yacentes de él y de su mujer, sobre ricos túmulos
góticos, teniendo él á sus pies un paje que parecía velar su sueño
eterno, y ella una dueña en actitud doliente.
Guando á fines del siglo pasado vino á Tendilla el marqués
de Bélgida, su descendiente y sucesor en los títulos, vínculos y
derechos del condado de Tendilla, se procedió, reunidas las dos
llaves, á la apertura de la alhacena, y sacando el ataúd con re-
ligioso aparato se le colocó en medio de la iglesia, donde le
pudo ver despacio todo el pueblo, observando todavía sus fac-
ciones acartonadas ó momificadas , y viendo el esqueleto con el
manto de caballero de Santiago, el cual conservaba sus cordo-
nes y borlas, distinguiéndose aún las franjas y bordados de su
vestido.
Pocos años después en la noche del 15 de Enero de 1809, inva-
dieron el pueblo las tropas francesas, saquearon el monasterio y
la iglesia y violentaron las puertas de la alhacena, creyendo quiz;í
encontrar algún tesoro; mas hallando solo el ataúd, lo rompieron,
destrozaron el cadáver, y, poniendo en la calavera un cabo de
vela, hicieron con ella una ridicula procesión, remedando los
cánticos fúnebres de la iglesia , que oía con indignación mal
comprimida el aterrado y maltratado vecindario de Tendilla,
cuyas casas habían saqueado á mansalva, pues ninguna resisten-
cia se les había hecho.
Y como si no fueran bastantes tanta impiedad y tan feroz y sal-
vaje profanación de los invasores, siguió á ella la habitual incu-
ria de los españoles, y, ni la casa de Bélgida, ni los monjes se
cuidaron de recoger y conservar los restos en un ataúd, por
modesto que fuese, ni volverlos á la alhacena, y á reponer las
llaves, sino que, cogjendo la calavera y los restos que por allí se
hallaron, los pusieron debajo de la mesa del altar mayor, donde
LA CALAVERA DEL GONCE DE TENDILLA. 335
no debían estar según las reglas litúrgicas, no siendo reliquias
de ningún santo.
Los que utilizaban las rentas que él les dejara, ¿no podían entre
todos reunir la enorme cantidad de unos cien reales para hacer
una caja de pino con dos cerraduras, y arreglar las puertas de la
alhacena, y volver á su sitio los restos mortales del honrado y
generoso primer conde de Tendilla? La impp,rcialidad exige que
al censurar la brutalidad de los invasores, acusemos también
acerbamente la incuria de los nuestros.
No se diga que estas cosas se debeu callar: no se diga que se
tenga compasión con la memoria de los que no lo hicieron, bus-
cando atenuaciones en la penuria, en la inadvertencia, y en la
urgencia de mayores apuros. Ese olvido, ese descuido, esa inad-
vertencia, esa nueva profanación, son actos de ingratitud, y, como
de ingratitud, vituperables y punibles. Para esos castigos sirve la
Historia, la cual, semejante al tribunal de Minos que fingió la fá-
bula, tiene la misión de residenciar á los muertos, y no como
quiera á los individuos, sino á las colectividades, cualesquiera
que sean, y, al flagelar con su crítica imparcial, pero inexorable,
los vicios, la incuria, los errores, las profanaciones, las ingrati-
tudes de los pueblos y de las corporaciones , como también las de
los individuos que ya dieron cuenta particular á Dios verdadero
ante su tribunal eterno, omnipotente y justo, enseña á los vivos
y á las corporaciones y á los pueblos y á los gobiernos, lo que les
aguarda para en su día , y lo que se hará con ellos acusándolos
ante las generaciones venideras, cuando la historiado entonces
venga á decir lo que ahora quizá , ó se calla por respeto, ó no se
puede acusar sin lastimar altas consideraciones.
Y en efecto, aun con relación á la malparada, abandonada y ol-
vidada calavera del conde de Tendilla se vino á descubrir su
paradero, cuando menos se podría esperar. Los monjes, que ha-
bían vuelto á Tendilla en 1814, fueron expulsados en 1822. Vol-
vieron en 18:25 y fueron otra vez expulsados en 1835. En este si-
glo duran las cosas en España diez años á todo rabiar, y es muy
oportuna la frase, pues se pasan entre tanto algunas temporadas
rabiando , aunque sin hidrofobia, por misericordia especial.
Diez años después, en 1845, la Comisión de Monumentos de
336 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Guadalajara, cumpliendo con su deber, quiso averiguar el para-
dero de los restos mortales de D. íñigo López de Mendoza, uno
de los opulentos magnates de aquella célebre. casa, cuyas glorias
van estrechamente unidas á las de la ciudad y aun á las de la
provincia en gran parte.
A fines de Octubre de dicho año pasó á Tendilla el secretario
de la Comisión de Monumentos de aquella provincia, D. Fernando
Ahumada, por encargo y comisión de la misma, á investigar el
paradero de los restos mortales de aquel personaje y el estado de
su sepulcro. El convento se había vendido, la iglesia estaba sin
culto: el secretario hubo de impetrar permiso del dueño del con-
vento para entrar en la iglesia á cumplir su cometido. Allí no
había ya ni altares, ni epitafios, ni vestigios de tal cosa: una fá-
brica de mampostería indicaba solamente donde había estado el
altar mayor.
El dueño del convento, D. Pedro Díaz de Yela, abogado de
Tendilla, proporcionó tres trabajadores para que se hicieran ex-
cavaciones donde fuera necesario. Los ancianos que acompañaban
al Sr. Ahumada recordaban, no solamente el paraje donde había
sido enterrado, sino también el estado del cadáver cuando se le
expuso al público á fines del siglo pasado, y las horribles escenas
de la funesta noche del 15 de Enero de 1809. Se cavó en varios
parajes del presbiterio, se picó en las paredes contiguas, pero nada
se pudo hallar. Por algún indicio que sé tenía de que se habían
metido algunos restos del cadáver debajo del altar mayor, se hizo
que uno de los trabajadores entrase allí para reconocer lo que
hubiese. «A corto tiempo de entrar y tantear, dice la declaración
«que se tomó ante el Alcalde y Escribano, manifestó que tocaba
»una calavera, la cual extrajo, y examinada por dicho Sr. Secre-
starlo y Sr. D. Pedro y los declarantes, vieron tener algunas
^cuchilladas en la parte alta y posterior del cráneo, y notando que
«sonaba dentro alguna cosa, se sacó, y era un cabito de vela de
»cera. Después entró con mucho trabajo el mismo Sr. Secretario
»con una luz en el hueco mencionado, é indicándole desde fuera
«el A. (el trabajador) el sitio donde había estado la calavera, los
«declarantes vieron ser un nicho pequeñito formado en el rincón
»que resultaba de la mesa del altar y un tabique que se conocía
LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 337
»había para dividir esta por la mitad. El dicho Sr. Secretario
«extrajo del nicho, según vieron los que declaran, algunos huesos
«como de manos y pies, otro del pecho y canillas, todo de perso-
»na humana, que con el mayor esmero hizo el referido Sr. Se-
«cretario que condujesen los declarantes.»
Entre las declaraciones que se tomaron es la más curiosa la del
licenciado D. Casimiro José Olivera, de edad de 70 años, que dice
así: «Que le consta, lá no dudarlo, que D. Iñigo López de Mendoza,
«Conde de Tendilla, Fundador del convento de Jerónimos de Santa
«Ana, extra-muros de esta villa (de Tendilla), estaba enterrado
»en una caja con dos llaves, que una tenía el Sr. Conde, y otra
«el Prior del enunciado Monasterio, y colocada en un nicho al
j)lado del Evangelio de la iglesia del dicho Monasterio, debajo del
«sepulcro artístico que hay en su pared, y el nicho estaba cerrado
«con dos puertas, y encima de ellas el epltaño de su cadáver (1),
«el cual estaba embalsamado, cubierto con el hábito de la orden
»de Santiago; lo que sabe el declarante por haberlo visto en oca-
«sión de haber venido el Sr. Conde (2j, á fines del siglo pasado,
«haberse sacado la caja al cuerpo de la iglesia^ y abierto para la
«exposición pública, y advirtió también que el cadáver se hallaba
«acartonado.»
«Que asimismo le consta, que en la noche del quince de Enero
»de mil ochocientos nueve, se alojaron en el Monasterio unas
«compañías de tropas francesas, quebrantaron las puertas y caja,
«sacando el cuerpo acartonado, le destrozaron y anduvieron con
«sus huesos por el Monasterio, cantando entre otras cosas la Le-
» tañía, pues se oía en el pueblo. Que luego que marcharon las
«tropas, subió el testigo, y vio el destrozo del cadáver, hallando
«huesos por la iglesia, los claustros y el corral, y lo que había
«sido carne se hallaba convertido en un polvo como de tabaco y
(1) Así dice.
(2) El Presbítero D. Raymundo Olivera, hermano ó pariente del declaraníe, y de edad
de- 67 años, dice que vio el cadáver con motivo de encontrarse en esta villa el Excelen-
tísimo Sr. Marqués de Bélgida, Conde de este pueblo, que estaba (el cadáver) cubierto
con hábito blanco, como de seda, con franjas y cordones dorados, al parecer de caba-
llero de algunas órdenes militares.
TOMO ni, 23
338 boletín de la real academia de la historia.
«serrín, y además se veían algunas partes de piel cuartonada. Que
»los huesos que vio y más le llamaron la atención fueron los de
«las piernas y brazos, y habiendo visto en la noche del diez y
»ocho del que concluye, los que de aquellas partes recogió el se-
«ñor secretario de la Comisión, le parece son los mismos; tanto
»más forma este juicio y presuncióu quanto que después que los
nmouges colocaron los huesos, oyó decir lo habían hecho en el
«Altar Mayor, que comunmente se llama el presbiterio, que es
«donde se han hallado. Por todo lo cual cree, si no por una evi-
«dencia física, al menos moral, que los referidos huesos son del
»Sr. Conde de Tendilla D. Iñigo López de Mendoza; corrobo-
»rando este juicio por la señal que tiene la calavera de haberla
j)dado un golpe con sable, ú otro instrumento cortante, en la
«occipital, con el ñn tal vez de destrozarla, como lo hicieron
«las tropas francesas con las demás partes del cuerpo de dicho
«Señor.»
El presbítero Olivera añade, que oyó á diferentes gentes de esta
población, que en la referida noche las tropas francesas llevaban
en procesión la calavera del Sr. Conde, con una luz dentro de ella,
cantando lo que no entendían. Lo mismo dice otro vecino de
edad de 75 años.
Añade el clérigo que «le consta que los monjes recogieron la
calavera y huesos que quedaron de aquel cadáver, que noticiaron
lo ocurrido al Excmo. Sr. Marqués de Bélgida, quien les mandó
los depositaran en su iglesia, pero que ignora el declarante el si-
tio en que los pusieron, aunque infiere sería en lugar distinguido
é inmediato adonde estuvo colocado.»
Omitimos la descripción de los preciosos mausoleos de mármol
con las estatuas yacentes del buen Conde y su esposa Doña El-
vira, que fueron trasladados de Tendilla á Guadalajara, y se ha-
llan colocados en la antigua iglesia de Santo Domingo, actual
parroquia de San Ginés, los cuales pueden verse á la página liv
del tomo ii de la magnífica obra de nuestro compañero D, Va-
lentín Carderera, titulada Iconografía Española, y una precio-
sa lámina en que se hallan exactamente dibujados ambos se-
pulcros.
El Sr. Carderera tributa con ese motivo un merecido elogio á la
LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 339
Comisión de Monumentos, y lo merece igualmente la Diputación,
que costeó la traslación y restauración de aquellos monumentos,
los cuales hoy honran la capital de la Alcarria.
Madrid, Febrero de 1S81.
Vicente de la Fuente.
IIL
ASSILAH DE ABEN PASCUAL (1).
n.
Al terminar la reseña que del contenido del segundo cuaderno
de la Assilah de Aben Pascual, tuve el honor de leer ante la
Academia, adelanté la idea de que en las primeras páginas del
tercer cuaderno se resolvía una cuestión cronológica, que me
proponía tratar cuando hubiera de dar noticia de la última
parte del primer volumen de dicha obra.
La historia de Córdoba en el decenio comprendido entre los
años 480 y 470 de la hégiraes tan obscura por los pocos y contra-
dictorios datos encontrados hasta ahora en los autores árabes,
que nuestro sabio correspondiente M. Dozy, después de prolijas
investigaciones, sólo pudo fijar de un modo aproximado las fe-
chas de la toma de esta ciudad, primero por Almotamid de Sevi-
lla,— después por Aben Occaxah, partidario de Almamun de To-
ledo, — y nuevamente por Almotamid, que la arranca del poder
de Aben Occaxah.
(1) Véase Boletín, t. ii, pág. 1G4.
340 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Las fechas respectivas de estos sucesos, son, según la opinión
de M. Dozy hacia fines de 462, 467 y 471 (1).
Con el testimonio de monedas perfectamente conservadas, creo
haber probado (2) que la proclamación de Almotamid en Córdoba,
después de haber auxiliado á Abdelmélic ben Ghawar contra Al-
mamun de Toledo, se llevó á cabo en el año 461 como dice Aben
Aljathib, no en 462 como creyó M. Dozy siguiendo á Aben
Bassam.
De la fecha de la toma de Córdoba por Aben Occaxali nada
pude decir en virtud de monumentos numismáticos, pues enton-
ces no conocía monedas acuñadas en Córdoba por Almamun de
Toledo.
Respecto á la fecha en que Almotamid pudo recobrar la antigua
capital del Califato, entre las dos fechas , 469 que nos da Aben
Aljathib, y la de 471 que se encuentra en Abdelwahid, y que seguía
M. Dozy, hubimos de aceptar laprimera, en virtud de haber visto un
diñar acuñado en Córdoba en el año 469, con los nombres de Al-
motamid y do su hijo Adhido-d-Daulah, que á la muerte de su
hermano Abbad fliracho-d-Daulah, vino á ocupar el lugar de
Príncipe heredero, y por ende á figurar lo mismo en las mone-
das acuñadas por su padre en Sevilla, que en las acuñadas en<
Córdoba: con esta moneda, si se probaba que no era exacta la
fecha 471 que nos da Abdelwahid, no se probaba que fuese ver-
dadera la versión de Aben Aljathib, aunque se acercase más á la
verdad: nosotros aceptamos sin reserva esta última, si bien en ri-
gor debiéramos haber advertido que solo la aceptábamos provi-
sionalmente.
En dos pasajes de Ahen Pascual (páginas G7y 184) encontramos
indicado el hecho de que Almamun de Toledo era rey de Córdoba
en el año 467; pero en ninguno de ellos encontramos menciona-
do el mes.
En 468 era rey de Córdoba Almotamid de Sevilla, pues Aben
(1) Ilistoire des mvsulmans d'Esjjagnejusqn'ci la conqucte de l'Aiidalousie par ler
almorávides par R. Dozy, Leyde, 1861, tomo IV, pág. 156 y sig.
(2) Estudio histor ico-crítico sobre las monedas de los Ahhadies de Sevilla, publicada
en el Museo espaTiol de Anügiiedades, tomo VI, pág. 115 á \Z^i— Cecas arábijo esjjañolaSf
pág. 10.
ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 341 ■
Pascual, hablando de Obaid-Allah ben Moliammad ben Adliam,
dice (pág. 298) que Alniotamid-ála-AUah Mohammad ben Abbadle
nombró kadhí de la aljamah de Córdoba el jueves, cinco (noches)
faltando del mes de safar del año 4G8.
Combinado este texto de Aben Pascual con lo que dice Abdel-
wahid (1) «que el apoderarse Almotamid de Córdoba y el hacer
salir de ella á Aben Occaxah fué en martes, siete (noches) faltando
del mes de safar del año 471», nos induce á suponer que este tex-
to sería exacto sustituyendo la fecha 471 por 468; pues el 22 de
safar del año 471 no era martes sino lunes; de los años inmediatos,
sólo en el 468 se da la circunstancia de que el 22 de safar sea mar-
tes; como Almotamid nombró kadhí de la aljamah á Obaid-
Allah ben Mohammad ben Adham el 24, jueves del mismo mes,
podemos suponer que efectivamente se había apoderado de Córdo-
ba dos dias antes y que Abdelwahid equivocó el año, como equi-
vocó el nombre del Príncipe, á quien Almotamid dio el mando de
Córdoba al regresar á Sevilla; pues le llama Abbad Almamun,
siendo así que Abbad (Qiracho-d-Daulah) había sido muerto por
Aben Occaxah al apoderarse de Córdoba en 467, y el hijo de Almo-
tamid, que después tomó el título sultánico Almamun y quedó
de gobernador de Córdoba, se llamaba Alfatah (2).
A la cronología que con estos datos establecemos, pudiera opo-
nerse que Aben Pascual, pocas páginas después, cita á Aben Occa-
xah como alcaide de Calatrava cerca del año 480, lo cual no pare-
ce convenir con lo expuesto; pues es sabido que fué muerto al
ser recobrada Córdoba por Almotamid ; pero la palabra ce^xa es
tan vaga, que lo mismo puede ser verdad con aplicación al año
468 que al 480.
Pasando ya á dar un resumen general del contenido del tercer
cuaderno de Aben Pascual, diremos que van impresas 408 pági-
nas, en las que se comprenden 888 biografías, de las cuales al ter-
cer cuaderno corresponden 283.
(U T/ie hislonj of the almohades... by Abdo-1-Waliid Al-Marrekoshi... edited by
E. Dozy, second edition, Leyden, 1881, pág-. 90.
(2) Véase nuestro folleto, Títulos y notnWes propios en las monedas arábigo-españo-
las, pág-. 44.
342 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
De estas biografías, 93 pertenecen á personajes de Córdoba; 3!
son de Toledo, 18 de Sevilla, 11 de Zaragoza, 7 de Almería, 6 de
Játiva, Guadalajara y Murcia, 5 de Badajoz, 4 de Málaga, Valen-
cia y Baena, 3 de Talavera, 2 deEvora, MallorcayRayyah,y una
de cada una de las poblaciones siguientes, Denia, Tudela, Saltis,
Riela, Algeciras, Alpuente, Uclés, Balagiier, Tortosa, Madrid,
Xomontan, Sidonia, Daroca, Segura, Medinaceli, Osuna, y El-
vira, aparte de algunos personajes de cuyo pueblo natal no da
noticias el autor ó no es fácil determinar.
El catálogo de los escritores árabes españoles se aumenta con-
siderablemente, pues Aben Pascual cita 34 escritores que no cons-
tan en el Diccionario hibliográfico de Hachi Jalifa^ siendo solo 7
los citados por ambos autores.
El número de los que hicieron la peregrinación á la Meca, as-
ciende á 29, y á 34 el de los que viajaron por Oriente; con la par-
ticularidad de que el autor dice de algunos que viajaron por
Oriente, sin decir que hicieran la peregrinación, como á su vez
no considera como viajeros á los que se limitaban á cumplir con
el precepto koránico.
Son tantas las noticias de carácter administrativo que como de
paso se encuentran en Aben Pascual, que ellas solas debieran
dar lugar á un concienzudo estudio sobre la administración de
los árabes españoles: me limitaré aquí á traducir casi literalmente
lo que dice de algunos personajes que ejercieron cargos, que me
parecen nuevos.
Hablando de Abderrahman ben Ahmed ben Obaid-Allah, el
Roainí, natural de Córdoba, dice entre otras cosas «mandó el Con-
sejo en tiempo del kadhí Abu Bequer ben Zarab, y Aben Abu
Amir (Almanzor) le encargó de los juicios de la guardia (ó poli-
cía) y la inspección de los contratos (ó registros notariales) del
sultán, dándole al mismo tiempo el cadiazgo de Ecija, Osuna,
Carmona, Morón y Tecorona, todos juntos: después le trasladó
de ellos, y le dio el mando de los juicios de contabilidad, que en-
tre nosotros se llama waliazgo del mercado : luego fue kadhí de
Jaén, y después de Valencia y sus distritos; el mismo Almanzor
le invistió del cargt de ordenar la historia de su tiempo, en cuyo
cargo reunió su admirable libro, que hizo perecer el saqueo en
ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 343
la desgracia de la familia do Abu Amir (Almaiizor), intei-rumpicu-
düse su institución y desapareciendo su propósito (pág. 301):
aquí tenemos mencionada la institución del oficio de cronista, que
desapareció al poco tiempo á consecuencia de las turbulencias
que siguieron á la muerte de Almanzor.
En las biografías correspondientes á los números 786 y 805 se
hace mención de un cargo que conferia el kadhí de Córdoba:
Abdel-Aziz ben Macud, el de Evora y Abdclsámid ben Alfatah el
Abdarí estuvieron encargados de anotar ó registrar los fallos
dictados por el kadhí, cuyo cargo parece era compatible con el
de ¿Abogado ó Consultor de número en Córdoba?, pues de Abdel-
Aziz dice el autor á continuación que «estaba en el número do
los consultados (M. Dozy da á, esta palabra la acepción de juris-
consulto á quien se pide decisiones y las da) en Córdoba: de otras
muchas particularidades referentes á cargos administrativos pu-
diera tratar, pero las omito en gracia á la brevedad.
He hablado alguna vez de musulmanes españoles colectores de
libros: en la biografía núm. 679 se trata de Abderrahman ben
Mohammad ben lea ben Fothais, natural de Córdoba, cuya manía
bibliófila era tal, que en cuanto tenía noticia de algún libro bue-
no que él no tuviera, proponía á su dueño la venta, y si no podía
adquirirlo, lo copiaba y devolvía: sin duda no hacían todos lo
mismo; pues con referencia á un nieto suyo dice nuestro autor que
Abderrahman bajo ningún pretexto dejaba sus libros, si bien,
cuando alguien se los pedía con insistencia, los daba á uno de sus
copistas, quien lo copiaba, y después de cotejar la copia, la entre-
gaba al postulante, y si la devolvía, (bien), y si no, le dejaba (en
paz): el número de los libros que llegó á reunir fué tan conside-
rable, que según contaron al autor varios de la familia de Abde-
rrahman, la gente de Córdoba acudió á la venta de los libros que
se efectuaba en su mezquita (en la mezquita de su ¿parroquia?), du-
rante un año entero, y de su precio se reunieron 40000 dinares
kacemies, suma que por su valor intrínseco equivalía á más de
100.000 duros de nuestra moneda: los cargos que ejerció y los li-
bros que escribió fueron muchos, y de ellos da noticia Aben Pas-
cual y también le menciona Hachí Jalifa en su gran Diccionario
bibliográfico.
344 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Discípulo del anterior fué Ornar ben Obaid-Allah ben luQuf ,
natural también de Córdoba, gran colector de libros, á quien los
bereberes robaron 8 cargas de estos que había encerrado en su
casa en el arrabal occidental, con objeto de llevarlos á otra parte.
Habiendo entre los árabes españoles tantos bibliófilos, natural-
mente debía haber muchos y buenos copistas; así, de Abde-
r-Rahmau ben Mohammad ben Fothais, mencionado antes,
dice el autor, que tenía seis libreros (ó copistas), y que por no
prestar los originales, hacía sacar copias para poderlas prestar:
de muchos de los literatos dice que tenían buena forma de letra,
y es notable lo que asegura (pág. 324) de Abderrahman ben Mo-
hammad ben Abbac ben Ghauxac, natural de Toledo, quien en
un día copiaba y cotejaba la obra titulada Mojtasar de Aben Obaid
y sin tomar tinta escribía 15 líneas.
Muchos eran los entierros á los cuales asistía un gran acompa-
ñamiento: á mitad de xaában del año 422 de la hégira moría en
Córdoba Abde-r-Rahman ben Ahmed... ben García (pcág. 321),
kadhí que había sido de la aljama durante el califato de los Ham-
mudies en Córdoba, y que depuesto á fines de 419 por Hixem III,
que le odiaba, éste asistió á su entierro, manifestándose en su cara
la alegría; pero corto fué el fruto que de esto sacó en esta vida
después de él, añade el autor, y efectivamente no debió durarle
mucho la alegría, pues á los pocos meses fué destronado, y gra-
cias que pudo evadirse del castillo en que le tuvieron detenido y
refugiarse en Lérida, donde murió algunos años después casi
completamente ignorado.
De otro entierro presidido también por un Sultán (así le llama),
y no con tan malas disposiciones, nos da noticia Aben Pascual:
á mitad del mes de xawal del año 444 moría en Denia Otsman
ben Qalá, natural de Córdoba, gran viajero y escritor: en su entie-
rro y delante del cadáver iba á pie el Sultán, de quien no dice el
autor cómo se llamaba, aunque no hubiera estado demás, pues
ni entonces, ni ahora tendrían todos á mano un libro donde poder
averiguar que el rey de Donia en este año se llamaba Alí Ikba-
lo-d-Daulah.
Pocas veces menciona Aben Pascual á los príncipes españoles;
pues de ordinario solo se acuerda de ellos cuando asisten á algún
ASSH.AII DE AÜEN PASCUAL. 345
enlierro ó coiiíiercn algún cargo; pero en esle cuaderno los men-
ciona varias veces para reprocharles por sus iniquidades: ya
hemos vislo la poco lisonjera mención de Hixem III: á Almota-
dhid de Sevilla le menciona al hablar de Ornar bcn Alhacan ben
Ornar el Hanzani, á quien aquel dio muerte en el alcázar de Sevi-
lla, enterrándole dentro del mismo alcázar con sus vestidos, en la
noche del sábado á 15 de rebia postrero del año 460, sin lavar su
cadáver y sin oración; «Allah le haya perdonado»: añade el autor,
Allah es el que pedirá cuenta de su sangre, pues no hay Dios sino
él (pág. 394): en la página siguiente menciona también la muerte
dada en Almodóbar á Ornar ben llayyan hen Jálaf ben ííayyan
por un nieto de Almotadhid, llamado Almamun Alfatah, hijo de
Almotamid: de esta muerte sólo añade «que se hizo proverbial.»
En la pág. 3G0, el autor da la biografía de su padre Abdel-Me-
lic ben Macñd ben Muca ben Pascual, y entre otras cosas dice,
que leia el Coran día y noche, y en verdad que no se necesitaba
menos para leerlo todo en un dia como asegura: de Ali ben Muca
hen Ibrahim, natural deTalavera, dice (pag.405) que lo leía todo
en tres noches; de otros asegura respecto al número de veces que
leyeron esta ó la otra obra piadosa ó literaria, cosas que nos pare-
cerían imposibles, si no tuviéramos en cuéntala paciencia verda-
daderamente admirable de que dan pruebas los semitas.
Entre las mezquitas y cementerios nuevos, sólo haremos men-
ción de la mezquita de Yucuf hen Bacil^ situada en la plaza de
Aben Dirhamain' (el hijo de los dos dirhemes): es probable que la
mezquita tomase el nombre del fundador, que parece ser el hijo
de un renegado: quizá el Bacil que ñgura en monedas de Abde-r-
Rahman II, y Yucuf ben Badl será el que ñgura como prefecto
á la muerte del mismo Abde-Rahman.
Pudieran citarse casos curiosos de personajes nombrados para
cargos importantes, que no hubo medio dehacerles aceptar, y otras
muchas particularidades; pero esto me llevaría muy lejos y no
quiero molestar por más tiempo la atención délos Sres. Académi-
cos, tanto menos cuanto estas reseñas deberán repetirse con fre-
cuencia, gracias á la rapidez con que llevan á cabo la composición
del texto árabe los alumnos que me ayudan en esta enojosa tarea.
Madrid, 3 de Abril de 1883.
346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
III.
Creo que la Academia oirá con satisfacción que el texto de la
Assilah de Aben Pascual está ya impreso todo, y que pronto po-
drán los eruditos aprovechar las muchas noticias que en dicha
obra se hallan esparcidas.
Mil cuatrocientas cuarenta son las biografías contenidas en esta
obra; los tres primeros cuadernos, como tuve ocasión de infor-
mar á la Academia, comprenden las 887 primeras: cúmpleme
ahora decir algo de lo contenido en los cuadernos iv y v.
De las 553 biografías incluidas en ellos, como siempre, obtie-
nen la supremacía los individuos de Córdoba , patria del autor,
quien, como es consiguiente, conocía mejor á sus paisanos que á
los naturales de otras poblaciones, siquiera las hubiera visitado.
Ciento treinta y nueve son los individuos de esta ciudad, cuyas
biografías pueden leerse en los dos últimos cuadernos de Aben
Pascual: Toledo figura con 54 , Sevilla con 3? , Almería y Zara-
goza con 17, Granada con 10, Badajoz y Xátiva con 9, Murcia,
Málaga y Guadalajara con 8, con 7 Huesca y Jaén, con 6 Denia
y Pechina, con 5 Talavera, con -4 Medinaceli, Tudela y Mallorca,
con 3 Valencia y Madrid y con 1 ó 2 Tortosa, Lebla, Elvira, Uclés,
Vélez, Calatrava, Castalia, Santarén, Béjar, Osuna, Zurita, Al-
puente, Quesada, Santamaría de Algarbe, Santamaría (de Aben
Bazin?), Silves, Cuenca, Maqueda, Écija, Orihuela, Cádiz, Si-
donia, Baeza, Alcira, Lisboa , Onda, Calatayud y Barbastro, y
cuatro ó seis poblaciones más, cuya correspondencia no es fácil
determinar.
El contingente de autores españoles no citados por Hachi Jalifa
en su gran Diccionario bibliográfico , se aumenta con treinta
nombres nuevos, siendo sólo cinco los que citados por Aben Pas-
cual aparecen también en aquél.
Sólo por seguir la marcha iniciada al dar cuenta de los cuader-
nos anteriores, diré que 95 de los personajes biografiados hicie-
ron largos viajes, generalmente á Oriente, y para cumplir el pre-
cepto koránico de la peregrinación, si bien sólo de 45 dice de un
modo expreso que lo hicieran.
ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 347
Noticias curiosas consignadas por Aben Pascual en estas bio-
grafías podrían indicarse muchas, pero sólo haré mención de
algunas que tienen interés cronológico ú ofrecen mayor novedad.
En la biografía 1190, hablando de Abu Bequer Mohammad
ben lea ben Zauba, kadhí de Ceuta, su patria , nombrado por Al-
muthaíTar, hijo de Almanzor, dice que cuando Aben Hammud
(Alí ben Hammud) llamó á la rebelión contra los Omeyyahs, le
mató en 401 ó 402, por sospechas en favor de ellos: esta noticia,
que parece de poca importancia , puede aclarar un punto oscuro
de nuestra historia : Alí ben Hammud y su hermano Alkáccm
fueron nombrados gobernadores de Ceuta y Algeciras el primero,
y de Tánger el segundo por Quleimán Almoctain: por las pocas
noticias que en los autores encontramos, parecía inferirse que
este nombramiento fué posterior al año 403, fecha del segundo
reinado del intruso Quleimán, y de la desaparición de Hixem II.
Por la existencia de una moneda del año 402, acuñada por Alí en
Ceuta á nombre de (^uleimán , di por hecho que el nombramiento
de Alí para gobernador de Ceuta debió de tener lugar en el año
400, en el primer reinado de ^Aileimán (1). Hubo de tratar de
nuevo de esta cuestión el Sr. Guillen Robles en su Málaga Mu-
sulmana, y no pareciéndole prueba bastante para alterar la cro-
nología recibida la existencia de una moneda, que yo confesaba
no haber visto, me propuso la sospechado si en el original diría
«-jj^ y no (.r:>'^1- Examinada de nuevo la lámina de donde yo
h¿ibia tomado el dato, me pareció casi seguro que el grabador
había alterado algún tanto los trazos , tomando uno por otro, y
como el Sr. Guillen había tenido la suerte de adquirir una mo-
neda igual del año 405, dio por sentado que no existía tal dato, y
por tanto que no había motivo para alterar la cronología: así lo
creí yo también; pero en virtud de lo que dice Aben Pascual,
hay que abrir de nuevo el proceso. Al llamar Alí ben Hammud á
la rebelión, ¿contra quién se rebelaba? Si el llamamiento tenía
lugar en el año 401 , ó 402, como dice ó indica Aben Pascual, se
rebelaba contra Hixem II , y lo hacía probablemente en apoyo de
(1) Estudio crítico solre la historia y monedas de los Hammudtes de Málaga y Al-
geciras: publicada en el Museo Español de Antigüedades, tomo vm.
348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
las pretensiones de Culeimán, que trataba de destronar de nuevo
al legítimo Califa Hixem II. ¿Habrá equivocado Aben Pascual las
fechas, diciendo que Aben Hammud se rebeló contra los Omey-
yahs en 401 ó 402, en vez de decir 404 ó 405, en cuya fecha es se-
guro que se rebeló contra su protector (Culeimán, tan Omeyyah
como Hixem, como nietos ambos de Abde-r-Rahman III? Podrá
ser, pues no le creemos infalible; pero en buena crítica no creo
que pueda admitirse una equivocación en un autor , sólo porque
su aserto no se aviene con la inteligencia que se ha dado á otros
textos , ni abundantes ni explícitos.
Posteriormente á la publicación de la memoria sobre los Ham-
mudies de Málaga y Algeciras y aun á la publicación de la Mála-
laga Musulmana de nuestro correspondiente Sr. Guillen Robles,
he visto, ya que no la moneda en cuestión, una impronta sacada
al parecer por el Sr. D. Antonio Delgado. Hállase entre los Estu-
dios inéditos ])ara la obra sobre las monedas arábigo-hispanas,
paquete núm. 1, papeles existentes en nuestra Biblioteca: de la
impronta retocada con tinta por el Sr. Delgado, resulta que la
moneda no estaba bien conservada: el Sr. Delgado leía año ^--^j'í
(dos), y así hay que leer, á no admitir que vio cosa muy dife-
rente de la que había : por tanto con el dato que nos suministra
la moneda que posee el Sr. Guillen, resultaría que Alí ben Ham-
mud acuñó, reconociendo á Culeimán, desde 402 á 405 y que en
este año, y no antes, se rebeló contra el misiuo Omeyyah á quien
había ayudado en su rebelión contra el legítimo Califa Hixem II:
y como Alí ben Hammud llamó á la rebelión contra Hixem en
401 ó 402, debe inferirse que nombrado por (Culeimán en el año
400, al ser destronado éste por Mohammad Almahdi , ó al ser
reslablecido en el trono Hixem II, Alí, gobernador de Ceuta, puso
esta ciudad bajo la obediencia del segundo usurpador, ó más bien
bajo la del legítimo Califa.
Por otra parte, la misma existencia de las monedas en que Alí
ben Hammud reconoce á (^luleimán antes de que aparezcan las
que dan testimonio de su rebelión contra éste, aun admitiendo
que las dos conocidas fuesen del año 405, no probarían que Alí
era algo más que un simple ivali recien nombrado después del
nuevo triunfo del usurpador? Nótese que entre las muchas va-
ASSILAH DK AHEN PASCUAL. 349
piedades de monedas acuñadas por Culeimán, S(31o estas tienen el
nombre de la caca de nn modo concreto, pues en las otras se
lee ^*JjJ^lj (e7i Alcmdahis).
La moneda que ha motivado esta digresión hist(5rica,perteneci(),
según las notas del Sr. Delgado, al Sr. Brigadier Piñeiro, y antes
al Duque de la Victoria.
Entre los reyes independientes de Toledo se cita como el prime-
ro ;í Yaíx.ben Mohammad ben Yaíx, de cuyo reinado se sabe tan
poco, que M. Dozy le supone desde 100 ? á 427. Aben Pascual nos
da su biografía, pero con tan pocos datos bajo el punto do vista
que hoy más nos interesaría, que sólo dice, después de hablar de
sus estudios, «desempeñó el cargo de los juicios en su país; des-
pués llegó á él la administración del principado en él, con lo cual
Allah aprovechó á la gente de Toledo, de donde fué echado luego,
marchándose á Galatayud, donde murió en el año 418; así lo dice
Aben Mothahir; pero Aben Hayyan dice que murió en el mes de
safar del año 19»: de modo que según esto, el reinado de Icmail,
sucesor de Yaíx, debió de comenzar lo menos diez años antes de
lo que se había creido, terminando también bastante después de
la fecha 429 que indica Aben Jaldun ; pues reinó hasta el 435
según resulta de Aben Al-Atsir (1) y Annowairí.
Si por el estudio de las monedas acuñadas en Córdoba (2) por
Almotamid de Sevilla no hubiéramos podido rectificar la fecha
en que se apoderó de Córdoba, echando pérfidamente de ella á su
protegido Abdel-Melicben Mohammadben Ghahwar, podría creer-
se que en la biografía de su padre íbamos á encontrar resuelta la
cuestión con todos sus detalles; pero nada, más lejos de la mente
de Aben Pascual; nada nos dice de la vida política del que llama
Arráez de Córdoba, y gracias si al indicarnos su muerte, nos dice
que murió en Xaltis, desterrado por Almotamid: por casualidad
en la biografía anterior, al dar noticia de la muerte de Moham-
med ben Atab, acaecida á 19 del mes de safar del 462 , nos dice
(1) M. Dozy nos indicó esta corrección á la cronologia que liabiamos seguido en
nuestro Tratado de Numismática Arábigo-española. Apéndice xi.
(2) Estudio historico-critico sobre las monedas de los Alhadies de Sevilla, tomo vi
del Museo Español de Anligüedades, pág. 128.
350 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
que Almotamid presidió el entierro á pié, de donde resultaría, si
ya lio lo supiéramos, que se apodero de esta ciudad antes de ñn
de año como creyó M. Dozy , bien que las monedas nos le mues-
tran en Córdoba ya en 461; por la asistencia á otro entierro re-
sulta casi lo mismo, aunque no dice el mes, pág. 67.
Muchos son los ejemplos que cita Aben Pascual de personajes
que rehusaron aceptar los cargos más distinguidos: de varios que
pudieran aquí citarse, anotaré sólo el de Muza ben Iludzail, na-
tural de Córdoba, á quien siendo ¿asesor ? en los juicios, quiso
nombrar khadí de Córdoba Mohammed ben Ghahwar : Muza
pidió ocho días de plazo para pedir á Allali (el acierto) : concedido
como era de esperar, quedó ciego en estos días, y la gente creyó
que él mismo había pedido esto.
Y no es extraño que el pueblo creyera que Muza ben Hudzail
había conseguido lo que había pedido por verse libre de un cargo,
que sin duda aborrecía; pues Aben Pascual dice de muchos de
sus biografiados , quo su intercesión ú oración en provecho de
otros era muy atendida ?_ai_01 w^'-f^ ^^^. Véanse las biografías
1262, 1285 y 1384.
Algún ejemplo he citado en trabajos anteriores de prodigiosa
memoria deque ofrecen muchos ejemplos los pueblos semitas: sin
contar los muchos que sabían de memoria el Koran, pues parece
que eso al menos se necesitaba para que uno llevara el título
de iiiU. (hafiUi) y lo llevaban muchos, Aben Pascual nos dice
de Mohammad el Haximi, natural do Zaragoza, que sabía de
memoria la Almowatha, el libido de Albojarí, y otros, entre los
cuales naturalmente debe comprenderse el Koran: de Farech el
Yahsobi, natural de Toledo, dice que sabía muy bien ImAlmoclaj-
rachah grande: y téngase en cuenta, que si siempre prueba mu-
cha memoria el saber retener un libro tal como estií escrito, si
este es de tradiciones árabes, la prueba es mucho mayor, por el
desorden é inconexión que al menos para nosotros presentan ta-
les libros; tanto ó menos valdría aprenderse de memoria uno de
nuestros Diccionarios; bien que la paciencia de los árabes es tal,
que cita quién había leido la Sahih de Albojarí 700 veces, como
de üalib el Maharabi asegura Aben Pascual, ó leía todo los días
todo el Koráii, como dice de alguno, aunque parece imposible:
ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 351
también necesitaba paciencia quien, como Abdallah ben Mo-
hammad ben lea ben Walid (vid. pág. 255), leía el libro de Qi-
bawaihi (1) cada quince días.
Varias veces dice Aben Pascual que éste ó el otro personaje
fué enterrado en el sepulcro de sus antepasados ó con su familia:
á este espíritu obedecei'ía sin duda el hecho de que varios indivi-
duos fuesen trasladados á enterrar de un punto á otro no poco
distante, como de Córdoba ó Marruecos á Sevilla, ó de Valencia á
Murcia, cuyos hechos se consignan en las biografías 1143, llGl
y 1140.
Entre muslimes, como entre cristianos, era frecuente dedicarse
como ejercicio piadoso á la guerra contra cristianos ó muslimes
respectivamente, haciendo profesión de establecerse en alguna
fortaleza fronteriza: al castillo de Alfamín en tierra de Toledo es
adonde con preferencia se dirigían los piadosos muslimes: va-
rias veces se le cita con este motivo ; así del hachch Hixem beu
Mohammad el Keici, después de indicar los muchos maestros á
quienes oyó en España ó trató en su peregrinación, dice que ayu-
naba el mes de ramadhán en Alfamín, celebrando allí la fiesta de
la ruptura del ayuno, dando una abundante comida á la gente del
castillo y á cuantos fronteros se encontraban allí, gastando en
esto sus muchas riquezas, mientras él, vestido toscamente, estaba
dedicado á la guerra de las fronteras.
Si de muchos de los biografiados, dice Aben Pascual que te-
nían buena letra, ó que su conducta, siendo kadhíes había sido
alabada, no faltan casos en que diga lo contrario, como de Mo-
hammad ben Culeiman el Nafazabí, cuya letra era mala, ó de
Mohammad ben Ibrahim el Gacaní, quien después de haber sido
consejero en Almería, fué nombrado kadhi de Murcia, en cuya
población no sabemos si su conducta fué mala, sólo sí, que no
fué alabada.
Innumerables son los casos citados por Aben Pascual de nom-
(1) Nuestro amigo, el sabio orientalista, Mr. Hartwig Derenbourg, profesor de
árabe ea la Escuela especial de Lenguas orientales de París, está publicaudo esta inte-
resante y voluminosa obra, conforme á los manuscritos del Cairo, del Escorial, de Ox-
ford, de Paris y de Viena.'
352 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
bramientos para cargos administrativos; he indicado y creo fir-
memente que merecen un estudio especial, en el que se fijase la
naturaleza de los diferentes cargos en cuanto pudiera hacerse;
cuáles eran compatibles, cuáles de más categoría; quiénes hacían
los nombramientos, si era limitado ó no su número, etc., apro-
vechando cuantas indicaciones nos ofrece Aben Pascual; indica-
ciones que de seguro completarán más ó menos los autores que
nos proponemos publicar: así, respecto al número de los mufhíes,
si era indefinido, ó de ejercicio libre, como parece ser por ejemplo
el de notarios, encontramos la indicación de que Yahya ben Ha-
cam el Amili, natural de Córdoba, era del número de los mufhíes
en esta ciudad por nombramiento de Aben Zarbi (el kadhi?): si el
número no era limitado, al menos no era profesión libre, pues
se necesitaba nombramiento.
Son tantas las cosas que pudieran anotarse de las noticias que
da nuestro autor, y que de seguro, si no aprovechaban á unos,
aprovecharían á otros, que sería interminable si hubiera de hacer
uso de las papeletas que había separado para redactar esta noticia
de lo contenido en los cuadernos iv y v del texto; pero reconozco
mi impericia para hacerlo sin molestar mucho á los Sres. Acadé-
micos, de cuya benevolencia he abusado ya bastante y por tanto
doy por terminado mi propósito.
Madrid ItJ de Noviembre 1883.
Francisco Codera.
LA REJA DE SAN MILLÁN. 353
TV.
LA REJA DE SAN MILLAN.
El texto de la Reja de San Millán, que reproduje en nuestro
Boletín (1) toraíüidolo de Llórente, ha sido al fin cotejado por el
docto P. Minguella con las fuentes más antiguas, si no primeras,
que todavía subsisten en la biblioteca del célebre ex-monasterio
Emilianense, y son el Becerro gótico (fol. 61) y el galicano (folios
189 y 190). Anotaré las pocas variantes ó erratas que arroja este
último, no desatendibles; y en punto á las de Llórente, prevengo
una vez por todas, que omitió las sumas de las rejas correspon-
dientes á cada uno de los diez y seis distritos (2).
«In era millesima sesagesima tertia decano sancti Emiliani,
sicut colligebat ferro per Álava, ita describimus (3).
Ubarrundia xviii reggas.
Gamarra maior duas reggas. Gamarra (4) minor una regga.
Erretana una reg. Hamarita una rg. Mengano i* rg. H[ur]riba-
ri (5) I* rg. Menganogoien una reg. Gernica i rg. Zeriano i rg.
Betellogaha ii"« rgs. Nafarrate et Elhossu (6) i rg. Hurnaga i rg.
Urbina et Angellu i rg. Lucu et Arzamendi i rg. Goiahen i rg.
Bagoeta i rg.
(1) Tomo III, pág. 219-222.
(2) El encabezamiento «De ferro de Álava. Ubarrundia» no existe en el Becerro
fótico.
. (3J Gal., Llor. «scribimus.»
(4) Llor. «Hamarra.»
(5) Gal. «Hurriuari«; Llor. «Hurribarri.»
(6) Llor. «Elhosu.»
TOMO III. 21
354 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Camhoa (1) xx rgs.
Lehete i rg. Essavarri Argillana et Arina (2) iii rgs. Lángara
et Moio III rgs. Aroma (3) i rg. Mariaeta (4) i rg. Hazua ii rgs.
Hurizahar et Orengohin (5) i rg. Menisur (6) i rg. Maturana
III rgs., uno (7) de cubito in longo et dúos (8) minores. Essa-
varri I rg.
Harhazua xxvii rgs.
Durana ii rgs. Arzubiana (9) i rg. Zurbano ii rgs. Hillarra-
zaha II rgs. Zerio i rg. Oretia et Matauco iii rgs. Ania et Jungi-
tu (10) III rgs. Argumaniz iii rgs. Arbuslu ii rgs. Lubiano (11)
II rgs. Huribarri (12) i rg. Doipa ii rgs. Sansoheta i rg. Arroiaha
etRetia(13) i rg. Mendivil i rg.
Harhazua xii rgs. (14)
Betonia ii rgs^. Elgorriaga (15) i rg. Arcaia(16) i rg. Sarricohuri
I rg. Otazu I rg. Gamiz i rg. Borinibar (17) i rg. Huribarri (18) i rg.
(1) Llor. «Gamboa.»
(2) GaL «Aroma.»
(3) Gal., Llor. «Azoma.»
(4) Llor. «Mariheta.»
(5) Llor. «Oreugoin.»
<6) Gal., Llor. «Meudissur.»
<~) Llor. c<una.»
(8) Llor. «duas.» '
(9) Gal., Llor. «Arzubiaga.»
<10) Gal., Llor. «Junguitu.»
(11) Gal., Llor. «Luviano.»
(12) Gal., Llor. «Hurribarri.»
(13) Gal. «Reztia.»
(14) Gal., no sin error, xxii rg-s.
(15) Gal., Llor. «Slhorriaga.»
(16) Gal., Llor. «Arcahia.»
(17) Gal., Llor. «Borinivar!»
<jl8} Llor. <^Hurribarri.»
LA REJA DE SAN MILLAN. ,<0.t
iraberasluri et Iluriarte, Argeudonia Betrikiz ( 1 ) Ascarzaha el
eancli Roiiiani iii rg¿.
Maliszhaeza (2) xxii rgs.
Abeiidagu (3) i rg. Ai-inenli (4) i rg. (5). Echari (6) i r^.
Gazaheta i rg. Berroztegieta ii rgs. Lassarte (7) iii rgs^ Hariza-
iaalleta et Gardellihi iii rgs. Gaztellu et Meiana iii rgs. Meii-
diolha HollarruizLi et Adurzaha in rgs. Gastehiz ni rgs. Arria-
•ga I rg.
Hiraszaeza ( 8 ) xxii rgs.
Gelegieta (0) iii rgs. Iscona iii rgs. Troconiz ir rg?. Burgelki
■et Garonna ii rgs. Hararihin (10) i rg. Aíalha ii i-gs". Larrahara
i rg. Dullanzi ii (1 1) rgs. Aniu i rg. Larraza et Arbelgoien (12) in
■dúos anuos iii rgs. Hereinzguin (13) et Abaunza (14) iii rgs.
Regir az xiin rgs.
Hamamio(15) i rg. Harhaia (16) i rg. Haktara i rg. Zalduoa-
do (17) II rgs. Mizkina i rg. Paterniana i rg. Hagurahin et Salur-
(1) Gal., Llor. «Betriquiz.»
(2) Gal., Llor. «Malizhaeza.»
(3) Gal., Llor. «Abendangu.i>
(4) Gal. «Armentei»; Llor. í<Arraentelii.>>
(5) Gal., Llor. otres regas.»
(0) Gal., Llor. «Ehari.»
(1) Gal., Llor. «Lasarte. >>
(8) Llor. <<Hirnzhaeza.»
19) Gal. «Gelliegieta»; Llor. «Igelliegieta.»
(10) Gal., Llor. «Hararihini.»
(11) Llor. «I»; pero hay que mantener el «ii» textual si se computan bien las rejas
■de Arbelgoihen.
(12) Gal., Lor. «Albergoihen.»
(13) Gal., Llor. «Hereinzguhin.»
(14) Gal., Llor. «Habaunza.»
(15) Gal., Llor. «Hansamio.»
(16) Gal. «Harhahia»; Llor. «Harrahia.>>
(17) Gal., Llor. «Zalduhondo.»
356 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA H[STORL\.
tegiz (1) I rg. Munniahin i rg. Pingunna i rg. Ocariz et Padura
et Opaucu i rg. Harrizavallaga (2) Heguilior (3) et Abulanga
III rgs. (4).
Septem Alfoces.
Hegiraz (5) et sanctí Romani et Hurabagin et Halbiniz (6) et
Hamezaba uno andosco. Hillardui (7) et Arzanhegi, Ibargureii
Antuiahin et Heinhu (8) uno andosco. Zonotegi (9) Irossona (10)
Horibarri (11) et (12) Udalha uno andosco.
Barrundiz (13) xxii (14) rgs.
Galharreta i rg. Gordoua (15) i rg. Harriolha ii rgs. Narbaiza
II rgs. Larrea i rg. Hazpurba (16) Hurigurenna (17) et Zuhazulba
i rg. Ermua i rg. Audicana i rg. Algio i rg. Deredia i rg. Andoz-
keta i rg. Kircu (18) i rg. Helkeguren i rg. Zuazu (19) i rg. Uhu-
11a II (20) rgs. Erdongana i rg.
(1) Gal, «Salurtegi»; Llor. f-Salurtegui.»
(2) GaL, Llor. «Harrizaballaga »
(3) Gal., Llor. «Hegilior.»
(4) Gal., Llor. añaden «in anno.»
(ü) Gal., Llor. «Heguiraz.y
(6) Gal,, Llor. «Albiniz.»
Ci) Gal., Llor. «Hilarrlui.»
(8) Gal., Llor. «et Ibarg-uren et Anduiahin, Heinbu.»
(9) Gal., Llor. «Zornoztegi.»
(10) Llor. «Irrossona.»
(11) Gal, «Horiuarri.»
(12) Gal,, Llor. omiten «et.»
(13) Gal., Llor. «Barrandiz.»
(14) Gal. «xx\.v Computando por una reja cada andosco de los siete alfoct'S. se llena
efectivamente el número xxii, que el Becerro g-ótico exhibe.
(15) Llor. «Gordua.»
(16) Gal., Llor. «Hazpurua.»
(H) Llor. «Hurrigurrena.»
(18) Llor. «Kirku.»
(19) Gal., Llor. «Zuhazu'.»
(20J Llor. «una.»
LA REJA DE SAN MILLÁN. 357
Langrares xxiv rgs. (1).
Transponte uno. carnero Mendihil (2) i rg. Harrieta i rg. (3).
Eurtupiana (4) i rg, (5). Adanna i rg. Mendoza r rg. Eztarro-
na I rg. Otazaha i rg. Ilaztcgieta i rg. Gobeio i rg. Zuahaza (6)
I rg. Lernianda i rg. Margarita ii rgs. Gomegga (7) i rg. Ari-
niz I rg. Zumelzu i rg. Benea i rg. Suvillana (8) r rg. Elheni
villa (9) I rg. Luperho (10) i rg. Quintaniella de sursiim Zaballa
I rg. Billodas iii rgs. Langrares iii rgs.
De (11) Murilles (12) xiii y-gs.
Gersalzaha i rg. Olhabarri (13) i rg. Huerzas i rg. Mandaita
I rg. Subillana (14) i rg. Murielles i rg. Urbillana (15) i rg. Haiz-
coeta I rg. Artazaha i rg. Baroha i rg. Kincia (16) i rg. Garcamu
I rg. Frasceueta i rg.
Ossingani (17) xxii (18) rgs.
Pavés I rg. Arbigano i rg. Basconguelas i rg. Erenna (19) i rg.
(1) Gal. añade «van alfoces.^ — La suma total es de xxvii, que fácilmente se defor-
mó en xxiiii.
(2) Llor.c<Mendil.»
(3) Gal., Llor. añaden <<in anno.>>
(i) Llor. <'Curtupiano.>>
(5) Gal. añade c<in auno alio^; Llor. «in alio anno.v <
(6) Gal., Llor. «Zuhazu.»
(7) Llor. «Gomegra.»
l8) Llor. «Subillana.»
(9) Gal., Llor. «Ellienivilla.»
(10) Llor. «Lupero.>>
(U) Suprimida en Llórente.
^12) Gal., Llor. «Murielles. w
(13) Gal. «Olhauarri.»
(14) Gal. «Suvillana.»
(15) Gal. «Urvillana.»
(16) Llor. «Kinea.»
(17) Llor. «Ossiuganin.»
(18) La suma en realidad es lii. No corrige el Becerro galicano la equivocación, pues
pone XXV, sin duda por tener en cuenta las rejas, de que no hace mención el gótico.
(19) Llor. «Erennua.» ■
358 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Cassicedo i rg. (1). Licingana (2) i rg. Gassicedo i rg. AntepardO'
I rg-. Moliniella i rg. Olivani (3) una regga. Gomungoni (4) i rg.
Torreciella i rg. Arcillaría i rg. Villavizana i rg. Lunantu i rg,
Garasta i rg. Ripa i rg. Torissu (5) i rg. (6). Zuhiabarrueta (7)
novem rgs. in Quartango duodecim rgs. in Urca octo rgs. Bo-
cara i rg. Irzu i rg. (8). Revendeca i rg. Olhaerrera (9) i rg,
Bardahurri (10) i rg.
Alfoce de Fornello xx rgs. (11).
Erenna i rg. Anuzquita i rg. Villaluenga(12) i rg. Forniello (13)
I rg. Luni villa (14) irg. Tui'u i rg. Sancti Juliani i rg. Rivamar-
Lin(15) i rg. Licinganiella (16) i rg. Antezana i rg. Mazanes (17)
i rg. Ripaota(18) i rg. Mclietes i rg. (19). Ripacuta (20) i rg. Logra-
zona (21) I rg. Baia i rg.
(1) Desde el primer Caicedo hasta Leciñana, el Becerro galicano intercala: «Caste-
Uu unarega. Padul una rega. Billoriaunarega. Arreio una rega. Lagus una rega. Cas-
sicedo una rega.» Debió de pertenecer al texto primitivo, anterior al del Becerro gó-
tico; y la omisión fácilmente se explica en razón de haberse distraído y ofuscado el ojo
del copiante, confundiendo el primer «Cassicedo» con el segundo.
(2) Llor. «Lecingana.»
(3) Gal., Llor. «Olibani.»
(4) Gal. «Moscatuero una rega. Conmungoni.»
(5) Llor. «Torrissu.»
(6) Gal., Llor. trasladan & este punto «Carasta.»
(7) Gal., Llor. «Zuhiabarrutia.»
(8) En Llor. no comparecen Socara é Irzu.
(9) Gal., Llor. 'lOlhaerrea.»
(10) Gal. , Llor. «Bardauri.»
(11) En efecto, eran veinte; pero el Becerro gótico se dejó en el tintero cuatro.
(r2) Gal. «Billa luenga.»
(13) No lo nombra Llórente.
(14) Gal., Llor. «Lunivilla.»
(15) Gal., Llor: «Ripa Marlini.»
(16) Gal., Llor. «Lizinganiella.»
(17) Gal., Llor. «Mázanos.»
(18) Gal., Llor. «Ripa Orta.»
(19) Gal., Llor. añaden: «Quintaniella una rega. Igahigi una rega. Ripavellosa una
rega. Aramingon una rega.»
(20) Gal., Llor. «Ripa Acu.'a.»
(21) Gal. «Logrozona»; Llor. «Logrozana.»
LA REJA DE SAN iMILLÁN. 359
Rivo de Ibita (1) xxxii rgs. (2).
Prango et Praiigo ii rgs. Armendihi i rg. Artazabal (3) i rg.
Betruz i rg. Argote i rg. Sancti Meiano (4) i rg. Torro i rg. Sancti
Martini i rg. Gabbari (5) i rg. Gimcntu i rg. Barola (6) i rg.
Loza I rg. Alma i rg. Paldu i rg. Mcsanza i rg. Sebastian ( 7 )
I rg. Bergilgona i rg. Langu i rg. Guzquiano ( 8 ) i rg. Bustia
I rg. Gogate i rg. Agellu i rg. Pudio i rg. Barizahaga i rg. Saga-
saheta (9) i rg. Orzalzan i rg. Uarte i rg. Marquina de iuso i rg.
Carrelucea i rg. Marquina de suso i rg. Basahuri (10) i rg. Ho-
becori (11) i rg. Hasarte (12) i rg.
Harrahia siii rgs. (13).
Sancta Pia ii rgs. Atahuri de suso ii rgs. Atahuri de iuso ii rgs.
Okerhuri (14) ii rgs. Sabando de suso ii rgs. Sabando de iuso
II rgs. Ebissate (15) ii rgs. Donnas ii rgs. Mussitu ii rgs. Kerria-
nu II rgs. Haizpilleta ii rgs. Erroheta (16) ii rgs. Allegga ii rgs.
Zekungau (17) ii rgs. Elhorzahea ii rgs. Bahaeztu ii rgs. Kessalla
II rgs. In his villis predictis obi (18) bacca occiderint duas reggas
(1) Gal., Llor. «Mta.»
(2) Gal. «XXX reg.» en vez xxxv, que estimo ser el número verdadero.
(3) Gal. «Atazaval»; Llor. «Atazabal.»
(4) Llor. «Meiani.»
(5) Gal., Llor. «Galbari.»
(6) Gal., Llor. «Barolha.»
H) Gal. «Sevastian»; Llor. «Sabastian.>>
(8) Gal. «Guzliiano i rg. Guzkiano de Suso i r'g.»; Llor. «Guzkiano de Yuso una
rega.»
(9) Gal., Llor. «Sagassaheta.»
(10) Gal,, Llor. «Bassaliuri.»>
(11) Llor. «Hobbecori.»
(12) Gal., Llor. «Hassarte.»
(13) En realidad son xLiii, que marcaba el rabillo de la x original.
(14) Llor. «Okerrhuri.»
(15) Gal., Llor. «Ebisate.»
(16) Llor. «Erroeta.»
(17) «Gal. Cekungau»; Llor. «Cekungano.
(18) Gal., Llor. «ubi.»— 0¿¿ indica el tránsito al antiguo castellano é italiano ove^
francés ou.
360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
donant. Okina (1) i vg. Izarza i rg. Azazaheta i rg. Sirgara de
suso et Birgara de iuso ii rgs. Apiíigaiiiz i rg. Gessalba (2) i rg.
Bahanezta i rg. Beerrocihabi (3) i rg.
Divina xxii rgs. (4).
Oto et Oto iii rgs. Huribarri (5) et Urrialdo (6) iii rgs. Maii-
doiana i rg. Gerenga i Fg. (7). Aboggako (8) i rg. Ihurre et Lo-
peggana iii rgs. Apodaka ii rgs. Mendiguen i rg. Arangiz i rg.
Andiggaua (9) et Oronda iii rgs. Quina (10) de suso et Quífia de
iuso novem reggas.»
Anda extraviado, si por desdicha no pareció, el instrumento
original de la Reja de San Ilillán, escrito en 1025. Sirvió, no
mucho después, de tipo ejemplar al Becerro gótico, y algo más
tarde al galicano. Este códice acertó á suplir varias omisiones en
que aquel incurrió; pero tampoco se halla exento de errores, que
importa rectificar, en atención á que el documento es fundamen-
tal, como lingüístico y como geográfico, de amplios y trascenden-
tales estudios.
Igual desgracia han sufrido no pocas lápidas romanas que,
arrancadas de Iruña, perecieron, sin valerles el celo protector de
(1) Gal., Llor. «Oquina.»
12) GaL «Gessalua»; Llor. «Gesalua.»
(3) Gal., Llor. «Berroziliavi.»
(i) La suma efectiva asciende á 28, que originalmente se notaría xxiix, ó tal vez
á30 (xxx), yendo comprendidas las poblaciones de Legarda y Artaza, que el códice
galicano expresa.
(5) Gal. «Huriuarri.»
(G) Llor. «Uribaldo.»
O) Gal., Llor. interponen aqui: «Legarda una rega. Artazaha dúo regas. Apodaca
dúo regas. Mendiguren una rega. Arangiz una rega.>.>
(8) Gal., Llor. «Avoggoco.»
(9) Gal. «.\ndigana»; Llor, «Audicana.»
<10) GaL, Llor. «Zuffla.»
LA REJA DE SAN MILLÁN. 361
sociedad benemérita. Una de ellas (Ilübner, 2929) ofrecía el Upo
éuiico de los Eushaldúnac y el radical de la Euskara:
Al • P o R C I V S
A V S C I • F
Q_ V I R . T O N I
VS • AN • LXXV
H • S • E
Marco Poncio Toqío, hijo de Auscio, de la tribu Quirina, de 15 años de edad, aquí yace.
Madrid, 7 Noviembre, 1883.
Fidel Fita.
LOS SAAVEDRAS.
Preclarísimo linaje y glorioso nombre es el de Saavedra para
la honra de España; él aparece una y otra y otra vez brillando en
nuestra historia literaria é irradia su fulgor en épocas y genera-
ciones diversas.
Séame permitida ó perdonada á lo menos esta enunciación que
me asaltó al evacuar el informe con cuyo encargo me honró el Pre-
sidente de nuestra Academia, referente al insigne escritor Saave-
dra Fíijardo. Ni creo que sean estas noticias de familia impertinen-
tes al asunto, ni impropias de la Academia de la Historia. Porque
¿qué cosa es la historia de un país sino la narración exacta de
los hechos realizados por el pueblo que lo habita? Y ¿qué es pue-
blo en este sentido sino el conjunto de gentes ó razas que viven
en un territorio? Y ¿qué es, en ñn, raza sino una agiomeracióu
de familias de un mismo origea más ó menos remoto?
Y siendo esto así, séame de nuevo lícito admirarme y llamar
3G2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
vuestra atenci(5n hacia esta familia de Saavedra, que eu épocas
distintas ha dado tan esplendente brillo á nuestra fama literaria,
y que aún hoy día nos envía un valeroso combatiente á este pa-
lenque de nuestras glorias históricas.
Los Saavedras, oriundos del reino de Galicia y ricos-hombres
de tiempo inmemorial, bajan con los Reyes Conquistadores, to-
mando gloriosa parte en la restauración de nuestro territorio.
D. Alonso Fernández de Saavedra, vigésimo primero Señor de
esta Gasa y Gaballero de Santiago, Comendador de Aledo y Ade-
lantado de Murcia por D. Alfonso XI en 1330 (1), asistió á la sen-
tencia arbitral que dio D. Dionís de Portugal sobre las fronteras
de los reinos do Valencia y Murcia.
En este caballero, dejando aparte el antiguo y primitivo patri-
monio de Galicia, que heredó su hijo D. Gonzalo, se dividieron
otras dos ramas, la andaluza y la murciana.
En la primera encontramos á Juan García de Saavedra, vigé-
simo segundo Señor de la Gasa de Saavedra, que toma parte eu
la batalla del Salado ^a).
A su hijo Fernán Yañez de Saavedra, doncel del Rey D. Pedro,
luego fiel partidario de Enrique II y camarero de Enrique III (h).
Al hijo de éste, Fernán Arias de Saavedra, llamado el Bueno [c],
primer Señor del Castellar y del Viso de Alcor, que se distinguió
en la conquista de la primera de estas villas.
Y, en ñn, á D. Juan Arias de Saavedra, segundo Señor del
Castellar (d).
Este D. Juan Arias de Saavedra, segundo Señor del Castellar
y del Viso, justamente llamado el Famoso, allá por los tiempos
de D. Juan II, tuvo en su mujer Doña Juana de Abellaneda,
entre otros hijos, á dos que nos conviene nombrar. Doña Juana
de Saavedra y D. Hernando Arias de Saavedra (2).
(1) Cáscales, discurso 19,— Pellicer, Memorial de la Casa de á'aavedra, núm. xxi, pá-
gina 35 vuelta.
{a) PeWicer y Toxar, Mei>iO)-ial de la Casa ¡/ servicios de D. José f de Saavedra, f." 45,
número xxii.
(i) ídem id., núm. xxni, f.° 48 -vuelto.
(c) ídem id., núm. xxiv, pág. 51.
(rf) ídem id., núm. xxv, ^ág. 55.
(•2) Navarrete, Vida de Cervantes, documentos, pág. 2:37.
LOS SAAVEDRAS. 3G3
La Doña Juana casó con Diego de Cervantes, Comendador de
la Orden de Santiago, y los descendientes de este matrimonio
juntaron en uno los dos apellidos, llamándose desde entonces
Cervantes Saavedra. Hijo de ambos fué Jnau de Cervantes Saa-
vedra, Corregidor de Osuna, que tuvo á Rodrigo de Cervantes,
casado con Doña Leonor de Cortinas, dichosísimos padres del in-
mortal autor del Quijote.
Volvamos ahora á a(jucl Alfonso Fernández de Saavedra, rico-
hombre de D. Alfonso Xí, cuantiosamente heredado en las tierras
de Andalucía, pero Comendador de Aledo en Murcia y Adelan-
tado de aquella frontera.
De él descienden á la vez, como prueba Cáscales, y como refie-
ren en la parte que les concierne los nobiliarios andakices, las
dos ramas, la una murciana, que pasando por D. Gonzalo de Saa-
vedra, Comendador de Calasparra en la Orden de San Juan, fundó
la capilla de los Saavedras en la parroquia de San Pedro de Mur-
cia, y que fué heredada en aquella fértilísima vega, con casa en
la ciudad, hoy poseída á lo que creo, ó si acaso recientemente ena-
jenada por los Barones de Albalat, Condes de Alcudia, con una
granja además en la vecina villa de iVljezares; familia que estaba
representada á fines del siglo xvr por D. Pedro de Saavedra, es-
poso de Doña Fabiana Fajardo, la cual en la humilde villa citada
dio á luz en 6 de Mayo de 1584 al tercero de sus hijos varones, á
quien por el nombre mismo del respetable sacerdote que le bau-
tizó se puso por nombre Diego (a).
La rama andaluza necesitaba aún más tiempo para crecer y
producir su mejor fruto.
Retrocediendo, pues, á aquel D. Juan Arias de Saavedra, se-
gundo Señor del Castellar y del Viso de Alcor, hallamos el otro
hijo llamado D. Hernando (6), tercero de este título, que le cambió
en condado en favor de su hijo D. Juan Arias de Saavedra, cuarto
Señor y primer Conde del Castellar en tiempo del Emperador
Carlos V.
A la quinta generación, D. José Ramírez de Saavedra y Ulloa,
{a) Pellicer, Memorial, f.° 11 vuelto.
(l>) ídem id., núm. xxviipág. 59 vuelta.
364 boletín de la real academia de la historl^.
segundo de su Gasa, dejando al primero D. Fernando el condado
del Castellar, que hoy ha ingresado en la Gasa de Medinaceli,
obtuvo de Felipe IV en 1637 el título de Marqués de Rivas.
Otras cinco generaciones más adelante este marquesado fué ele-
vado á la dignidad ducal y á la grandeza de España en favor de
D. Juan Martín Pérez de Saavedra, sexto Marqués y primer
Duque de Rivas, padre del insigne escritor D. Ángel, predecesor
nuestro en esta Real Academia, y cien veces justamente laureado
autor de D. Alvaro^ del Moro Expósito^ de los romances y leyen-
das históricas, y de la Historia de la sublevación de Másamelo.
¡No os parece, señores, coincidencia notable que pertenezcan
estos tres grandes ingenios á una misma familia como (sin pre-
tenderlo) lo prueban Züñiga y Argote, Cáscales, Pellicer y Na-
varrete! De mi sé decir que me ha llamado la atención ver usar
del mismo apellido al sin par ingenio que desterró los libros de
caballería que influían dañosamente en la literatura, en las cos-
tumbres y hasta en la política de nuestros antepasados; al cris-
tiano erudito y profundo filósofo que supo reducir á pictóricas
empresas y eruditísimos artículos los preceptos del difícil oficio
de reinar, y en fin, al insigne dramaturgo que en nuestros días
hizo revivir la escena española desmayada ó adormecida por los
preceptistas franceses, y volverla á la vigorosa vida de Rojas y de
Calderón, elevando al mismo tiempo un diqueque nos preservase
del descabellado romanticismo y del vulgar naturalismo que de
allende el Pirineo nos invade: inspirado y patriótico poeta ade-
más que con populares romances dio á un tiempo vigor á tradi-
ciones gloriosas, y al género de poesía pura y exclusivamente es-
pañola.
Ni se limita al nombre la analogía que existe entre estos dos
varones insignes. Hijos ambos de muy ilustre familia, pero no
llamados por las leyes de vinculación á heredar sus riquezas, son
uno y oti'o nobles segundones; los mayorazgos de Murcia los ha-
bía de heredar D. Pedro de Saavedra, los de Córdoba tocaban á
D. Juan Remigio. Sin embargo, ni D. Diego, ni D. Ángel se re-
signan ;í vivir ociosos á expensas de una pensión alimenticia, ni
á l)uscar una rica heredera que les dore el escudo de armas. As-
piran ambos á ilustrar con sus propios hechos el nombre de sus
LOS SAAVEDRAS. 365
mayores; así que si el satírico Quevedo huhicra querido censurar
á su contemporáneo D. Diego de Saavedra no hubiese dicho:
¿ Qué cosa es ver a iin infanzón de España
abreviado en la silla á la jineta,
y gastar un caballo en una caña?
Y eso que en verdad la nobleza murciana y más aún la gente
popular de Aljezares se precia de caballista y gusta de aventuras,
quizá más de lo necesario y plausible. El Sr. de la Torro de Juan
Abad hubiese hallado al caballero murciano en las aulas de Sala-
manca ó en empleos de harta ciencia y no poco trabajo. Siglos
adelante el gran patricio Jovellanos exclamaba criticando los vi-
cios de los nobles de su tiempo:
¿Y es esta la nobleza de Castilla?
¿Es este el brazo un día tan temido
en quien libraba el castellano pueblo
su libertad ? -
¡Ah! vuelve fiero, berberisco vuelve,
y otra vez corre desde Calpe al Deba
que ya Pelayos no hallarás ni Alfonsos,
que te resistan.
Pero tampoco estas bellísimas apostrofes podrán dirigirse al
denodado y entusiasta D. Ángel de Saavedra, á quien casi en aque-
llos mismos días, sino el fiero berberisco, el invasor francés , de-
jaba exangüe en los campos de Ocaña.
Con once heridas mortales
hech'a pedazos la espada,
su caballo medio muerto
y perdida la batalla.
Con el estudio de los cánones y leyes D. Diego, con el manejo
de las armas D. Ángel, procuraban defender los derechos de la
patria, hacerse dignos del apellido heredado, y que el hábito de
Santiago que llevaba el uno y el de San Juan que vestía el otro,
fuesen tan honrados en sus pechos como en los de Lope ó Cal-
derón.
Sin embargo, ni el clero ni la milicia eran la verdadera voca-
3G6 boletín de la real academia de la HISTORLí^.
ción de uno y otro Saavedra: el espíritu observador, el genio ame-
no, la natural elocuencia de uno y otro los llamaban por otros
senderos, y así ambos, dejada la primera carrera, brillaron luego
en la diplomacia, en las embajadas, en los Congresos. Los proto-
colos de Munster en el siglo xvii, y los de Gaeta en el nuestro
guardan elocuente testimonio de su habilidad y de su patriotismo.
Guando, más que la edad, los trabajos, los rindieron, ambos vi-
nieron á ilustrar con las laces do su experiencia los consejos de la
corona.
En el primer período uno y otro habían cumplido como buenos
y pagado generosamente la deuda que tenían con su propio lina-
je, D. Diego llegó joven aún al interior de dos cónclaves, D. Án-
gel esmaltó con su sangre su nobleza en los campos de batalla,
¿qué más pudieran pedirles sus insignes antepasados?
En el segundo período de su vida uno y otro por el propio rum-
bo hicieron altísimos servicios al Rey y ala patria, los cuales,
bien ó mal pagados, fueron públicamente reconocidos y procla-
mados.
Pero donde adquirieron indadablemente mayor gloria y más
duradera fama es, sin duda, en la carrera literaria: la pluma era,
á no dudarlo, el poderoso instrumento de ambos: ni el murciano
ni el cordobés la dejaron de la mano, ni en los estudios y pasio-
nes de la juventud, ni en medio de sus largos y trabajosos viajes,
ni en la final elevación de altísimos empleos.
Por ella más que por cosa alguna vivirán admirados en las
generaciones venideras.
Demos una ligera ojeada á las obras de cada uno en tales pe-
ríodos.
La República literaria es el primer parto del ingenio de Saave-
dra Fajardo, según él mismo escribe en su dedicatoria al hijo
natural del Conde Duque , y aunque así no lo declarase, bien lo
dan á entender de una parte el desenfado juvenil con que está
escrito, y de otra el respeto imitativo á libros que en aquel pe-
ríodo corrían en gran voga, como El viaje al Parnaso de Cervan-
tes, El Laurel de Apolo de Lope, y otros extranjeros.
Joven era también I}. Ángel cuando dio á la estampa la Oda
á la batalla de Bailen, El Paso hom^oso, Florinda y Laniiza^ y
LOS SAAVEDRAS. 367
¿quién no ve entre aquellos clásicos versos el fogoso patriotismo
del joven oficial y la respetuosa imitación del admirador de
Quintana y Gallego?
Pero siendo esta exuberancia juvenil en el estilo, este español
patriotismo en el pensamiento, y este respeto á los modelos en el
gusto, cualidades comunes á ambos escritos ¡cómo se marca ya
la diferencia entre los autores! ¡cómo se percibe la profundidad
filosófica del canonista murciano y el brillante pincel del oficial
andaluz!
El servicio del Rey llevó pronto al tonsurado D. Diego á la
corle y á Roma, allí, ve, estudia, medita y más independiente y
más espontáneo y profundo, escribe las Introducciones á la Polí-
tica, y Razón de Estado del Rey Católico D. Fernando.
También las vicisitudes políticas y no ya el servicio sino la
sentencia del Rey sacan á D. Ángel del hogar amado y lo llevan
lejos de España; y asimismo más independiente, más resuelto,
más Él^ escribe ya el Faro de Malta., y comienza aquella serie de
romances históricos, una de las obras que más le caracterizan y
una de las más preciíidas joyas del parnaso español,
Pero sigamos en su marcha á estos dos ingenios que á pesar
del vasto espacio á que se extienden en sus escritos y del largo
transcurso de dos siglos, no se encuentran nunca; pero que como
dos líneas paralelas, siguen la misma dirección y como que se
encaminan al mismo norte... y así es en verdad; al norte del bien
moral y al engrandecimiento de su patria.
Saavedra Fajardo dejada Italia y tomando á su cargo las múlti-
ples negociaciones de Alemania, como embajador ora cerca del
Duque de Baviera, ora en el Círculo de Borgoña, en la dieta
de Ratisbona, en la Confederación Helvética, en Paris, en Yiena
trata íntimamente con los profundos pensadores de aquellas na-
ciones con los hábiles estadistas y grandes capitanes de aquella
época, bien que puesto siempre el corazón en su amada patria y
fijo su pensamiento, no tanto en Felipe IV, perezoso en el oficio
de Rey y entregado á sus validos, cuanto en el joven D, Balta-
sar Garlos objeto del público amor y fundamento (presto malo-
grado) de grandes esperanzas. No emplea su ingenio en novelas
picarescas ó viajes más ó menos ciertos y entretenidos. «Sino que
368 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
»en la ociosidad (así la llama), de sus continuos viajes por Ale-
T)mania y por otras provincias, piensa en las cien empresas que
»forman la idea de un Príncipe cristiano, y escribiendo en las
«posadas lo que entre sí había discurrido por el camino,» remata
aquella admirable obra traducida en vida de su autor á todas las
lenguas, código ingenioso y elocuente de moral, de justicia, de
religiosidad y á veces de administración y de milicia, de cuanto
en ñn constituye lo que él llama la ciencia de reinar.
Vicisitudes políticas también sacan á D. Ángel del hospitalario
suelo de Malta, cruza con fruto por Inglaterra, llega á Francia,
se establece en Tours, visita frecuentemente á Paris, y así como la
culta sociedad inglesa le había inspirado el amorá Shakespeare y
á Byron, en la Francia del año treinta se pone al tanto del mo-
vimiento que Lamartine, Hugo, Nodier, Delavigno, Mériméc,
Dumas y otros muchos habían impreso á todo género de litera-
tura; madura él más y más el pensamiento que ya tenía de dar
á semejante evolución intelectual, el carácter castizamente espa-
ñol, emancipando las letras patrias del falso clasicismo francés y
restaurando en ellas el espíritu de nuestros antiguos romanceros
y autores dramáticos.
El Moro expósito que tenía muy adelantado desde Malta, es
continuado con calor y rematado con éxito; D. Alvaro concebido
allá donde se hablaba la lengua de Byron, es discutido larga-
mente con su amigo Galiano y puesto en. fácil prosa y armonio-
sos versos, en las márgenes del Loire.
Admirable colección de caracteres, galería perfectísima de cua-
dros de costumbres, de personajes, de sucesos españoles todos,
pero que afectan, retratan y enseñan á la humanidad entera sin
que su estilo peque en el conceptismo de los autores antiguos ni
llegue al realismo que afectan los modernos.
En el Moj'o expósito hay trozos tan grandilocuentes como en
las Naves de Cortés y como en los mejores cantos del Bernardo-^
parajes tan fáciles y llanos como en la Gatoniaquia.
En cuanto al drama, diremos que mientras Moratín y el mismo
D. Ramón de la Cruz no desdeñarían las escenas del Mesón de
JIornachnelos y el carácter de Fr. Melitón: Calderón y Rojas
suscribirían las décimas de D. Alvaro ó el proyecto de fuga con
LOS SAAVEDRAS. 369
SU amada Leonor: obras son ambas admirables que enseñan
también la ciencia de reinar en la epopeya y en el drama.
Otras dos escribieron los Saavedras que nos reclaman mayor
atención, La Corona Gótica del uno y La Sublevación de Ñapóles
del otro. Ambas caen más directamente bajo la jurisdicción de la
Academia por ser historiales; pero eso mismo me impide hablar
de ellas dado que esta sabia Corporación ha colocado á Saavedra
Fajardo al lado de los Melos y Moneadas y que dio alto asiento al
Duque de Rivas encargándole llevar la voz de la Academia para
laurear á sus premiados. Pero no puedo ni debo dejar de tomar
en cuenta la semejanza entre ambos autores, que llegados al pos-
trer escalón de su carrera diplomática, embajadores arabos,
emplean su pluma en trabajos históricos y desde remotas tierras,
entre extranjeras gentes, vuelven la vista á la amada patria y
ponen la pluma en asuntos que conciernen á su historia y á sus
Clerechos.
¿ Son estas dos obras las más importantes de los insignes escri-
tores? Hay quien así lo piensa.
La fama popular no lo sanciona cuando llama al uno el autor
de las Empresas Políticas y al otro el autor de Don Alvaro.
En mi humflde opinión y según escribe el autor antiguo y oí
yo mismo decir al poeta contemporáneo no son estas las que con
mayor trabajo y diligencia compusieron.
Otras no tan aplaudidas son sin duda las que acreditan mayo-
res tareas, más concienzudos estudios históricos y más sostenida
inspiración á saber: El Moro expósito de D. Ángel y La Corona
Gótica de D. Diego.
Propusiéronse además los autores fines trascendentales y en
cierto modo parecidos,
D. Ángel eligió un asunto de la historia de España de los siglos
medios^ y sus héroes, leyes, ritos y costumbres están tratados con
tan bizarro y animado estilo, con tan varia versificación y por tan
libre manera, que el lector no sólo halla entero conocimiento de
todo sino también practicadas máximas literarias apropiadas á
nuestra época.
D. Diego intentó reducir en breve volumen las historias de los
Reyes Godos de tal suerte dispuestas, que no solo hallase el Prín~
TOMO III. 25
370 boletín de la real academia de la historia.
cipe (D. Baltasar Carlos) entero conocimiento de ellas, sino tam-
bién advertidas máximas políticas, pero con inoderación; porque
el oficio de historiador no es de enseñar refiriendo sino de referir
enseñando.
Notables diferencias median entre ambos libros ó por mejor
decir en las condiciones y circunstancias en que sus respectivos
autores se encontraban. Las fechas de sus dedicatorias bastan á
explicarlas.
La de El Moro expósito dice así: A. Mr. John H. Frere. — Paris.
1." Diciembre 1833. Es decir cuan lo el autor contaba cuarenta
años, lo había pues escrito reposadamente en la flor de su vida, en
el mayor vigor de su ingenio en las risueñas márgenes del Loire
(Tours, Mayo 1833) y estaba rodeado de su familia que le idola-
traba, de amigos (como Galiano) que le hacían justicia, lo rema-
taba y daba á la estampa en el brillante y bullicioso Paris, cuando
le estaban tras larga emigración abiertas las puertas de la patria,
cuando ya amanecía en ella una aurora de libertad y ventura con
el reinado de Isabel II y la regencia de María Cristina, cuando
en fin su esposa y sus hijos precursores de su regreso le anuncia-
ban desde Madrid cariñosos abrazos y populares triunfos.
Del todo opuestas eran las circunstancias que rodeaban al
embajador Saavedra Fajardo y que se compendian en la cabeza y
pié de su dedicatoria de La Corona Gótica que dice:
Al Príncipe Nuestro Señor. — Munster 8 de Setiembre 1645.
En efecto, no contaba ya cuarenta años como el autor de El Moro
expósito, sino que tenía bien cumplidos sesenta y uno, no depar-
tía como aquel con su familia y sus amigos por las verdes colinas
de la Turena ó por los alegres boulevares de Paris, sino que con-
finado por su oficio en las heladas llanuras de Westfalia cubierto
por las nieblas otoñales con que el mezquino Aa envuelve los
monótonos campos de Munster, solitario allí y preso además por
la convalecencia de una enfermedad que en Bruselas le había
puesto á las puertas de la muerte; más afligido aún moralmente
por lo que le escribían de la corte y porque su experiencia de las
cosas internacionales le hacían preveer claramente el triste desen-
lace que tuvieron las negociaciones que seguía y la decadencia
de la monarquía que era su ídolo. Inquieto, atormentado en fin
LOS SAAVEDRAS. 371
por las dificultados y dilaciones que hallaba ¿1 tratado de la paz
universal, negocio tan grande, dice, de que pende el remedio de
los mayores peligros y calamidades que jamás ha padecido la
cristiandad.
¿Qué mucho que mientras el desterrado, iluminado por la
aurora de sus esperanzas componía un poema por todo extremo
deleitable, el embajador, al triste anochecer de sus desengaños
escribiese la grave y severa historia dedicada al primogénito del
distraído ó imprudente Felipe IV y termine así su libro:
«Lo que conviene, es que la virtud, la prudencia y la atención
»do los Reyes hagan durables sus reinos, porque si bien son
«inmutables los decretos de la divina Providencia en las mudan-
Bzas de las coronas... es verdad infalible que la duración de los
))Ceptros es premio de la virtud y que por el vicio, la impruden-
»cia, el engaño y la injusticia muda Dios los reinos de unas gen-
» tes en otras.»
Hemos dicho que la obra fué dedicada por el negociador de
Munster al Principe del Reino en 8 de Setiembre de 1645.
Parece fatalidad: el Príncipe D. Baltasar Garlos murió poco
después; el negociador no vio la conclusión de su tratado; y el día
mismo en que escribía su dedicatoria (como en presagio) moría
en España el escritor político de más nota de nuestra patria,
•Quevedo.
Volvamos al paralelo de los dos Saavedras. Ambos terminaron
su carrera pública en los Consejos supremos.
D. Diego en la Cámara del de Indias, D. Ángel en la Presidencia
del de Estado; pero ni los vaivenes de la política, ni los achaques
de la ancianidad, ni los desengaños de la vida los respetaron allí.
Ambos buscaron el refugio que á cada cual consentían los
tiempos: nuestro procer cordobés en los cuidados y cariño de
su numerosa familia, de su primogénito á quien legaba con la
dignidad nobiliaria su lira más bella y gloriosa todavía: viendo
asi acercarse su fin en la casa que la habían legado sus antepasa-
dos, y junto al templo mismo de la Concepción Jerónima en que
aquellos reposaban. Guando el 22 de Junio de 1805 sonó la hora
de su eterno sueño á los 74 años de su edad, fué sepultado en
el convento de Rivas de su patronato.
372 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
El historiador murciano que no tenía hijos hizo de la familia
agustiniana la suya propia, construyó una celda en el convento
de Recoletos cerca de donde hoy está la fábrica de moneda, y
preparó allí su postrer descanso que logró el 24 de Agosto de 1648
á los 64 años de su edad. Aquella comunidad amiga y respetuosa
en vida, y agradecida en muerte le erigió digno sepulcro en la
capilla inmediata al coro y le dedicó sufragios hasta la época de
su extinción.
He terminado este impertinente paralelo, no por encargo vues-
tro, sino por espontánea y quizá senil inclinación mía escrito, é
inspirado por un nombre cuatro veces respetado ó querido en esta
Academia.
El primero que he nombrado, nacido en el siglo xvi, de las
glorias militares y de las tiránicas demasías, sentó plaza de sol-
dado y se vio cautivo.
El segundo, tloreciendo en el siglo en que las guerras i-eligio-
sas producían su amargo fruto y España confiaba á la diplomacia
la defensa de su poder espirante, fué clérigo y diplomático.
El tercero, que alcanzó la epopeya de nuestra independencia y
el renacimiento de nuestras Cortes, fué guerrero y orador parla-
mentario.
El que felizmente nos acompaña, perteneciente ala edad en que
el ferrocarril horada las montañas y allana los valles, en que la
electricidad comunica los hemisferios y la industria junta los ma-
res, es ingeniero.
Las cenizas del primero, Cervantes Saavedra, no se han hallado
ni so pueden hallar; tan modesta fué su sepultura; pero aún están
en pie los muros que le guardan, y aiín resuenan las oraciones
que le bendicen.
Al revés acontece con los restos del segundo, Saavedra Fajardo;
se ha perdido el magnífico epitafio, derribado el templo, allanada
y desfigurado el terreno en que descansaron.
Pero ellos se han salvado merced á la Academia, y aún ha po-
dido en nuestros días el hombre de ciencia tomar en su niano el
cráneo, sede otro tiempo de tan profundos pensamientos, y aún
podrá el sacerdote rociar con el agua santa los huesos del que fué
tan piadoso como elocuente.
LOS SAAVEDRAS. 373
Del tercero todo ha sido hasta ahora respetado, sus. despojos y
su sepulcro; aüu sejuntau alrededor de su tumba, bajo la bóveda
consagrada, sus hijos y sus admiradores.
El cuarto, felizmente, vive; nos edifica con su laboriosidad, y,
gracias á Dios, esperamos que largo tiempo nos instruya y honre
con sus trabajos.
Porque es lo cierto que todos cuatro, en el trascurso de otros
tantos siglos, han comprendido que la religión y la patria deben
ser el primer objeto de nuestro amor, y que las obras intelectua-
les son el mejor medio de prestarles defensa y culto.
Pido de nuevo humildemente perdón por este escrito, por de-
cirlo así, intruso y advenedizo, y paso á cumplir más concreta-
mente el encargo de la Academia.
LOS RESTOS DE SAAVEDRA FAJARDO.
En los primeros meses del año 1836 vivía en Madrid el sabio
académico D. José Musso y Valiente, varón de vastísima y general
erudición, contrariado por tan gran modestia que apenas ha de-
jado público testimonio de su saber sino en las actas académicas;
de piedad cristiana tierna y ferviente, lo cual le ponía en aquellas
circunstancias en íntimo contacto con dignos eclesiásticos regu-
lares, perseguidos á la sazón; de patriotismo además tan sincero
y cordial, que confundía en un mismo amor las épocas todas de
nuestras glorias nacionales, y que extendía el cariño que profe-
saba á su familia á toda la provincia de Murcia, en que de ilustre
y antiguo linaje había nacido, como si toda aquella fértilísima
comarca fuera su hogar y todos aquellos moradores, grandes y
pequeños, antiguos y contemporáneos, fuesen sus padres, sus
hermanos ó sus hijos.
Debo añadir (para dar autoridad á lo que he de referir) que
tenía conmigo algunas relaciones de parentesco, y más aún de
amistad que pudiera llamar paternal, si su edad ya entonces ma-
dura y su vastísimo saber no le dieran para mí autoridad y ca-
rácter de padre y de maestro.
Lecciones eran y muy sabrosas é instructivas los paseos que
374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
casi todos los días dábamos juntos: recuerdo que uno, justamente
el de su santo, discurriendo por la entonces estrecha alameda de
Recoletos, y contemplando la elegante puerta ó arco de triunfo
que aún llevaba tal nombre , comenzamos á razonar sobre los
derribos que entonces airadamente se hacían, algunas veces con
daño de las artes y otras con ofensa de gloriosos recuerdos. «Jus-
«tamente, dijo Musso, ahora ando yo á caza de los huesos de nues-
»tro Saavedra Fajardo, que aún han de estar ahí (y se paró, se-
«ñalando lo que era á la sazón taller de coches de D. Mariano
«Garsi, y Galería topográfica pintoresca); pero en donde se con-
»servaba, hacia la derecha de la abandonada iglesia y al extremo
«del edificio del convento, una especie de pabellón de arquitectura
«diversa, que remataba en lo alto en una galería ó soleadero coa
«cinco arcos al Mediodía. — Aquella (añadió Musso), era la celda
«que para su retiro, hizo fabricar nuestro autor, ni más ni menos
«que Floridabhmca, en el convento de San Francisco de Murcia.
«Su sepulcro está en la capilla de junto al coro y su epitafio
dice...» y me lo recitó entero, mostrando aquella prodigiosa me-
moria que celebraba Lista por lo extensa y que Gallego, por lo
pronta en retener, llamaba memoria á lo Stanhop.
Roguéle que me pusiese al corriente de lo que en el particular
averiguase ó consiguiese, y me dijo que había el día antes hecho
conversación de todo en la Academia de la Historia (a) para que
tomase parte en el asunto; que la Academia, sin que constase nada
en actas para no sufrir desaire ó desengaño, había acordado diri-
girse confidencial y verbalmente al Gobernador civil para ver de
salvar los restos del insigne escritor, y que en efecto había tomado
este encargo el Sr. Baranda, que como eclesiástico y como íntimo
amigo de Olózaga podía satisfactoriamente desempeñarlo.
Y acertó en la elección la Academia; porque en el acta del
viernes 25 de Marzo de 1836, (es decir en la sesión siguiente),
leemos: «El Sr. Baranda manifestó que había conferenciado con
»el Sr. Gobernador civil sobre la conservación de los restos mor-
ía) En la sesión de 18 de Marzo, á la cual, como á otras de que lueg'o hago men-
ción, asistió D. Juan Roca lie Togores, mi padre político, que vivía conmigo, y que
me refirió muchos detalles.
LOS SAAVEDRAS. 375
» tales del célebre D. Diego de Saavedra Fajardo que se hallaban
«hace poco tiempo en el convento de Recoletos; y que aquella
«autoridad se había mostrado pronta y dispuesta á coadyuvar á
»ello ; pareciéndole al Sr. Baranda sería oportuno que por parte
»de la Academia se le hiciese alguna recomendación sobre el mis-
»mo objeto.» Así lo acordó laAcademia.
A lo que vagamente recuerdo y no aseguro, el Gobernador so-
lícito en complacer á la Academia , como aquel que desea con-
traer méritos, aprovechó la próxima semana santa y sin aguardar
la comunicación escrita comenzó á dar pasos en el asunto.
Lo que sí sé de cierto es que llamó con urgencia ásu despacho
al último prior y aun á otros religiosos del extinguido convento,
causándoles no leve susto; porque el Sr. Olózaga, no tenía fama
de llamar á los frailes para convidarlos á chocolate ó para darles
limosnas de misas. El hecho es que los infelices poco enterados ó
poco tranquilos, no acertaron á decir sino que en efecto «D. Diego
había sido sepultado en la iglesia, que se habían cumplido sus
píos legados hasta la exclaustración, que el sepulcro estaba en la
capilla próxima al coro y que había sido violado en tiempo de los
franceses.»
Bastaron estas noticias para que el activo Gobernador enviase
allá agentes y operarios y mandase sacar de la sepultura y traer
al Gobierno civil los deseados huesos. ¡ Cuál fué su sorpresa
cuando vio que sobraban algunos y faltaban otros, entre ellos
nada menos que el cráneo!
Algo se trasluce de esto en el siguiente párrafo del acta del
viernes 15 de Abril de 1836.
«Di cuenta asimismo de un oficio del Gobernador civil de esta
«provincia de 13 del corriente, en el cual manifiesta que á conse-
«cuencia del que se le dirigió con fecha del 7, había practicado
»las oportunas diligencias para averiguar el paradero de los restos
«mortalesde D. Diego de Saavedra Fajardo y conseguido tenerles
»á su disposición. Pero que como han sido trasladados del sitio
«varias veces desde su extracción del sepulcro en la guerra de la
«Independencia, que para afianzar más su identidad, sería indis-
wpensable continuar la indagación de lo ocurrido y recoger todas
«las noticias que los moradores de aquel convento ú otras perso-
376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
«ñas pudieran suministrar : que si la Academia era del mismo
«parecer, podía servirse nombrar una comisión de su seno, que
«entendiese en ello por sí misma ó en unión con dicho Goberna-
«dor civil en la seguridad de que emplearía para llevar á su tér-
«minoeste negocio, cuantos medios pendiesen de su autoridad.
»La Academia en vista de esta apreciable indicación, acordó nom-
«brar á los Sres. Musso y Baraoda, para que en unión con dicho
«Gobernador civil entiendan en este negocio, hasta terminarlo
«debidamente.»
Los comisionados siguieron otro método que el Gobernador. Vi-
sitaron amistosamente á los exclaustrados; tranquilizándolos so-
bre el asunto de que se trataba, y confidencialmente averiguaron
que en efecto no sabían más que lo que habían dicho á Olózaga;
pero por su medio entablaron relaciones con cierto fraile lego
que había entrado de monaguillo en el convento á fines del siglo
pasado , y que, profeso ya, era sacristán cuando la invasión
francesa.
¿Era este uno de ios moradores de aquel convento á quienes
aludía Olózaga en su oficio? Lo ignoramos.
En todo caso por él supieron que los gabachos creyendo que la
comunidad habría escondido sus alhajas y las de sus bienhecho-
res en los sepulcros, los profanaron todos, entre ellos el de Saa-
vedra, rompieron ó se llevaron la lápida, sacaron el ataúd, aún
estaba el cuerpo entero , y tenía pedazos del manto de Santiago;
pero no hallando los gabachos (siempre los nombraba así), tesoro
ni alhajas ni siquiera espada ó venera lo dejaron todo tirado. El
piadoso lego volvió á meter como pudo el ataúd en el sepulcro
pero no la lápida que había desaparecido.
Al regreso de la camunidad sn prior quiso examinar lo ocurri-
do y al abrir de nuevo el ataúd se encontró el esqueleto deshe-
cho y mezclados confusamente los huesos.
O por esta causa, ó por que se hubiesen de hacer reparaciones
en la capilla, ó por otra razón, tales huesos reunidos en una
arquilla preciosa, se depositaron en un armario de la sacristía.
Estando allí acaeció un suceso que merece referirse; vino á
Madrid, según relación del lego un lord inglés. (En concepto del
pueblo todo viajero es inglés, y lodo inglés es lord) ; sin embar-
LOS SAAVIÍDRAS. 377
go, no sería raro en aquella época que fuese exacta la relación,
y aún puede convenir al célebre Lord llolland ó á su hermano
el general Fox, que viajaba á la sazón por España en compañía
de su hijo y que era gran conocedor de nuestra literatura: pues
bien, diz que este lord, ponieudo en las manos de su hijo la cala-
vera de Saavedra, dicen que dijo: «Toma, para que digas que has
«tocado con tus propias manos el cnuieo del primer político de
»esta nación y de uno de los mayores ingenios de su siglo.»
Copio estas palabras del artículo que yo mismo escribí en aque-
llos días casi al dictado de Musso, y que se publicó eu el núm. G
del Semanario jñntoresco de 8 de Mayo de 1836, pág. 55. Y una
vez citado aquel articulejo humorístico, pero veraz, (|ue recuerda
hechos que ya había olvidado, séame lícito reproducir algunos
renglones más que precisan otros.
«El dicho de aquel inglés hubo de dar en qué pensar al pre-
lado, que entonces había en el monasterio, averigua que su ante-
cesor había confundido las reliquias de un sabio con las de los
santos, y quiere enderezar el entuerto.»
Su proceder no sólo era ortodoxo sino asimismo razonable: ve-
remos ahora documeutalmente los resultados.
En el expediente que sobre este negocio existe en la Academia
y en la minuta del oficio que ya hemos dicho se pasó al Goberna-
dor civil, se encuentra esta noticia importante. «... que V. S. (dice)
«tómelas disposiciones más oportunas pai-a que se averigüe el
p paradero de los enunciados despojos que recientemente, esto es,
«poco tiempo antes de la supresión de dicha comunidad se halla-
shan en una arquita en la celda del P. Provincial, etc.»
Esto consta por una parte, por otra hemos visto consignar que
el Gobernador civil no se atrevía á reconocer por sí solo la iden-
tidad de aquellos despojos, y en efecto, cuando los comisionados
de la Academia los vieron, la arquita preciosa había desaparecido,
los huesos estaban en un cajón mezclados con otros muchos, en-
tre ellos cuatro tibias y ningún cráneo. Merced, pues, á la dili-
gente habilidad de Musso y Baranda, se pudo averiguar, por con-
fesión del mismo lego, que desde niño los había (por decirlo así)
seguido, que él siendo sacristán había obtenido del prelado que
el bello cráneo (hasta en las calaveras hay estética) y los fémures
378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
se extrajesen de la citada arquita cada vez que hubiera de cele-
brarse algún funeral, para coronar el túmulo mortuorio.
Confesó más el buen lego, que á la supresión y venta del con-
vento, él había prestado ó cedido aquel fúnebre y precioso adorno
al dueño de la llamada Galería Topográfica y Pintoresca, para
colocar la calavera en la mano de una Magdalena, que más ó me-
nos vestida, acompañaba á una Venus del todo desnuda, y al fa-
moso torero Montes con su traje, su espada y su muleta.
Cierto que al ver tales despojos de tal varón y en tal empleo es
forzoso repetir el lema de su última empresa:
LUDIBRIA MOR TI S.
De esos ludibrios procuraron sacarlo nuestros mayores, y lo lo-
graron por el tacto y diligencia de los Sres. Musso y Baranda que
lo participaron, no por escrito sino verbalmente (é hicieron bien)
á la Academia en sesión del viernes 22 de Abril de 1836, cuya acta
dice:
«Los Sres. Musso y Baranda participaron ala Academia, que en
desempeño de la comisión que se había servido confiarles habían
concurrido con el Secretario del Gobierno civil de esta provincia
á practicar las diligencias oportunas para asegurarse de la iden-
tidad de los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajardo que
habían estado depositados en el convento de Agustinos Recoletos
de esta capital, de cuyas diligencias sólo había resultado hasta
ahora el recoger la calavera y fémures que indudablemente fueron
del dicho D. Diego Saavedra; pero que aún se continuaban las
indagaciones en busca del resto del cadáver. )>
Tales indagaciones no produjeron resultado alguno por las cau-
sas que quedan apuntadas; y aunque las actas de nuestras juntas
no vuelven á hacer mención de este asunto, bien claro lo demues-
tra el señor director D. Martín Navarrete en su discurso leido en
junta de 24 de Noviembre de 1837, donde dice en su párrafo 20,
página 36, que la Academia noticiosa de que en el convento de
Agustinos Recoletos estaban á punto de perecer los pocos huesos
(que en la guerra de la Independencia lograron salvarse) del dis-
tinguido literato y profundo político D. Diego de Saavedra Fajar-
LOS SAAVEDRAS. 379
do, acudió al señor Gobernador civil y comisionó á los Sres. Musso
y Baranda, que puestos de acuerdo con S. S. recogieron su ca-
lavera y ambos fémures, y los depositaron en la Iglesia de San
Isidro.
Allí en la capilla de la Virgen del Buen Gousejoon un compar-
timiento de la cajonería de una sacristía, mas como utensilio de
culto que como restos de un varón insigne permanecían , de mu-
chos desconocidos; para otros pasando falsamente por ser de Cer-
vantes; engañados por el apellido de Sabedha, que mal escrito de
letra quizá del lego de Recoletos se lee en la calavera; por los más
en fin ignorados á pesar de lo que dice y explica Mesonero en su
Antiguo Madrid, hasta que poco hace, el activo académico corres-
pondiente y vecino de Murcia D. Javier Fuentes y Ponte ha in-
tentado trasladarlos á aquella catedral con ocasión del centenario
del natalicio del insigne escritor, y con este fin y en unión con
el Reverendo Obispo y demás autoridades de aquella provincia,
solicitan de la Academia que sea su mediadora para que el Gobier-
no de S. M. obtempere con sus deseos y permita la traslación de
los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajardo á la ciudad que
fué, por decirlo así, su cuna.
¿Debe ó no nuestra Academia condescender con esta súplica?
En mi entender no, si los restos se hallasen en el sitio y sepul-
cro que Saavedra eligió, encomendado á la memoria y oraciones
de aquellos que designó por guardadores desús cenizas. Pero esto
no sucede.
Sería todavía dudoso si hubiese siquiera remota probabilidad
de que se le dedicase monumento digno... pero la verdad es que
están sus despojos desconocidos y colocados menos dignamente
que otros que allí yacen, como los de Laíilez, Rivadeneyra, Nie-
remberg y Esquilache, y aun los modernos Melendez, Moratín y
Valdegamas, los cuales al menos no están manoseados por la cu-
riosidad de los viajeros ó la travesura de los infantillos
LUDIBRIA MORTIS.
En el caso presente, y en la realidad de los hechos, mi opinión
es que Saavedra (si me es lícito hablar así) ganará mucho; que la
380 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
corte no perderá nada y que la Academia, accediendo á los deseos
de los demandantes, concluirá la piadosa obra de reparación y
patriotismo que comenzó en 1837. Si así lo estima, pienso yo que
no sólo debe recomendar al Gobierno de S. M. la solicitud de las
autoridades de Murcia, sino que fuera bien nombrar una comisión
que autorizase la entrega de los restos que ella salvó hace cua-
renta y seis años y presenciase su colocación definitiva en el templo
mismo en que yacen en monumental capilla los Fajardos, ante-
pasados del iasigne escritor; para que, como escribe el mismo
(Empresa ci) , en la contemplación del sepulcro halle el alma el
verdadero tesoro de la quietud eterna.
Si así lo acordase la Academia, podría dirigir al Gobierno una
solicitud que poco más ó menos dijese:
«Excmo. Sr.: Los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajar-
do, el célebre autor de las Empresas politicas, de la Corona gótica
y de la República literaria^ que yacían en la iglesia de Padres
Agustinos Recoletos desde 1648, fueron en 1836 recogidos por esta
Real Academia y depositados de orden del Gobierno en la Real
iglesia de San Isidro.
«Allí estaban arrinconados, quizá desconocidos, y tal vez pronto
hubieran sido, como otros, perdidos; porque la Academia al recla-
marlos no se propuso erigirles monumento digno y vistoso, em-
presa que si con todos los que se hallan en el caso del ilustre es-
critor se hubiera de llevar á cabo, excedería con mucho á los es-
casos recursos de esta Corporación. Atendió en 1836 sólo á lo que
se consiguió, á saber: salvar de la profanación y del olvido tan
preciosos despojos.
»A1 presente, noticioso de lo referido el celoso corresponsal de
esta Academia D. Javier Fuentes y Ponte, sabedores del caso el
prelado y las autoridades de Murcia, se han propuesto trasladar
á aquella ciudad y depositar en su catedral, en monumento digno,
los restos del que fué gloria de aquella provincia, honra de España,
sujeto respetado en naciones extrañas y aun enemigas, y aman-
lísimo servidor de su Rey y de su patria.
»Gon semejante intento se han dirigido á esta Academia pi-
diéndola que sea su medianera con el Gobierno de S. M. para la
consecución de tan piadoso como patriótico propósito.
LOS SAAVEDRAS. 381
«Siesta Corporación creyese posible elevar en la capital de Es-
paña monumentos á los varones ilustres que en ella están sepul-
tados, vacilaría en prohijar el proyecto de los patricios de Murcia,
porque no está resuelto si es ó no conveniente esa centralización
absoluta aún de los recuerdos gloriosos, Pero lo ocioso de tal
cuestión y lo irrealizable de semejantes monumentos se demues-
tra con sólo decir que en las mismas bóvedas de San Isidro, aun
descontando los Laínez, Rivadeneyras y Nieremberg, yacen
arrinconados Esquiladle, Melcndez Valdós, Moratín y Valdc-
gamas.
»Ni hay tampoco en el intento de los murcianos el menor asomo
de egoismo provincial ó do demostración ruidosa de espíritu de
localidad, sino el piadoso deseo de honrar la memoria y salvar
las cenizas de quien fué ejemplo de buenos ciudadanos como de
clásicos escritores, y estimular así el estudio y la imitación de los
venideros,
>)Por estas causas la Academia espera que el Gobierno do S. M.
accederá á la súplica de esta Corporación, y que, de acuerdo con
la autoridad eclesiástica, dispondrá le sean devueltos los restos
mortales de D. Diego Saavedra Fajardo, que la misma Academia
depositó en 1836 en la Real iglesia de San Isidro^ autorizando á
la misma Academia á que los entregue á las autoridades de Murcia
para ser allí honrosa y definitivamente sepultados.»
La Academia, en vista de todo, resolverá, como siempre, lo
más acertado.
Madrid 16 de Noviembre de 1883.
El Marqués de Molins.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
VI.
LÁPIDAS ROMANAS DE IRUNA Y LEÓN,
D. Juan Ochoa de Alayza, digno é ilustrado párroco de Tres-
puentes, contestando á mi solicitud acerca de los epígrafes roma-
nos que se han descubierto recientemente en Iruña, me dice que
en la primera mitad del año pasado, como arase un labrador en
el campo contiguo á la puerta casi derruida de la que fué muralla
del Norte, sacó á flor de tierra cinco lápidas, cuyo rápido bosquejo
me envía, y son las siguientes:
1) ELANVSV
R A E S A M I
F I C S I
TEST
Elanus Uraesamif(iliusj ic sitfusj esl.
Elano, hijo de Urésamo, aquí j-ace.
Ilustra esta inscripción las de Valladolid (H. 2726) y Contrasta
(2956), donde suenan Uraesamu Cantabri ffiliusj y Saeliá Elani
mater.
La segunda letra de la línea segunda tiene la forma ibérica de
la sílaba ka (A), según el sistema del Sr. Zóbel (1); y si se le da
este valor, resultaría que el padre de Elano se llamó Urkaesamo.
Corroboran esta interpretación dos razones. En primer lugar,
porque dentro de la misma línea y en la anterior, es diferente la
forma indubitable de la A, dispuesta en ángulo recto y sin tra-
vesano; en segundo lugar, porque, fuera de la inscripción de
Contrasta, cuyo tipo exacto no conocemos, todos los demás ejem-
plos de la raíz de ese nombre indígena incluyen la gutural con
(i) Estudio histórico de la moneda antijua española^ i. i, pág:. 179; Madrid, ISIO.
LÁPIDAS ROMANAS DE IRUÑA Y LEÓN. 383
aspiración ó sin ella. Tales son (11. 2057, 2087, 2800, 2818, 2967):
Urcestar Tascasecéris, Urcliail A ti tía, Urcaliociis, Urcico, Ur-
chatetellus. La raíz puede aproximarse del latín ursus, griego
oíipKToi;, címrico a7-Ui, vascuence arcaico Jiarsus (oso), origen de ape-
llidos vascongados, como lo ha demostrado M. Liychaire (1). Tam-
poco será inútil conjeturar, que el segundo factor de JJrkaesamus,
ó Uraesamiis, estoes, samiís, corresponde al moderno éuscaro seme
ó semen (hijo), que ha producido los apellidos patronímicos ter-
minados en z, como Ximenez, conforme nos lo ha mostrado el es-
tudio comparativo de la degradación por apócope en el antiquísi-
mo vascuence (2).
Elanus sonaba Elonus (3) al otro lado de la frontera francesa,
y demuestra que no es forzada la asonancia que establecí entre
Dullanci (Alegría) y Tullonio.
2) S I L A N
F VS C VS
E V I L I F
Silamis Fuscus Evili ffiliusj.
Evili está por Avili, genitivo de Avilius ^ y se amolda á una re-
gla, por lo visto muy antigua, de la fonética vascongada, que ex-
pone D. Arturo Gampión en la preciosa Monografía (4) que en su
nombre os presento.
3)
A N L X V I I
H o S O E
An(noriimj LX Vil hficj sfitusj efstj.
(1) Eludes sur les idiomes Pyrcnéens, pág. 84, 85; París, 18~P.
(2) Véase Boletín, t. ni, pá;?, 234.
(3) Barry, Inscriptions inéditos des Pyre'ne'es, 18G3; pág. 21.
(4) Ensayo acerca de las ley es fonéticas de la lengua eiiskara: Sau Selastián, 1883, pá-
rina 27.
384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
Completa este fragmento el sentido del anterior; si bien care-
ciendo de calcos y datos suficientes, no me atrevo á decidir que
fuesen los dos de una misma lápida.
4)
V I
N I V S
I I T I L I V S
SANNXXXV
H I I S
Vinius Etilitis s(enusj annCorumj XXXV JificJ efstj s(itusj.
Aquí yace Vinio Etilio, siervo, de edad de 35 años.
Esta inscripción es importantísima. Gomo algunas cantábricas,
que ha examinado y descifrado el Sr. Fernández-Guerra, ofrece
la especialidad de estar escrita de abajo arriba, y las líneas en
dirección de izquierda á derecha. En Etiliusse reproduce la apli-
cación de la ley fonética del vascuence, que hemos visto en
Evilius. Vinius quizá dimanó de un nombre geográfico poco le-
jano; por ejemplo, el de los Vennenses, que cita Plinio, y parece
traslucirse en Bénea, que la Reja de San Millán atribuye á la co-
marca septentrional de Iruña, donde se alzan Ullibarri de Viña
y Echavarri de Viña.
La íiltima, ó 5.' inscripción que se ha descubierto,, es aún más
importante:
T V T 3. A E
S A C
— • V a L E K ' E D
FLAMDIVIAV
P
Tiitelae sac(rumj [? va]lerfiíisj eáfilisj fiam.{enj divi Aiti'gusHJ pfQsriitJ.
Consagrado á la diosa Tutela. Púsolo (Cayo?) Valerio edil, flamea del divo Augusto.
Es, en efecto, esta lápida, la primera y única de Iruña que nos
brinda el nombre de una deidad, y la única y primera también
LÁPIDAS ROMANAS DE IRüÑA Y LEÓN. 385
que nos hace reconocer que allí existió municipio romano con sus
ediles y ílámines del divo Augusto.
La inscripción se ha trasladado al Musco provincial de Vitoria.
No se ha contentado el digno párroco de Trespuentes con ha-
ber buscado y recogido estos monumentos. Coi\ la lista en la
mano de los que no dice Hübner que hayan salido de Irnña y de
su comarca, me certifica que faltan los que el doctor alemán re-
seña con los números 2927, 2032, 2935 y 2937. Los demás perma-
necen sin haberse movido del sitio exactamente indicado por el
Corpus inscriptionwn latinarían. Una rectificación, que afecta al
sentido, hay que hacer en la inscripción 293G, que existe en Tres-
puentes «en el quicio de la puerta de entrada á la casa de D. Juan
López.» Jjéese claramente con todas sus letras y con su forma
arcaica :
RHODANVS
AÍLI' F • SERVO. S
A N • í.
TICHIA'VXOR
í'ZZVNA'SOCRA
I • E
BhndaniíS A HUffilUi-tj sercos anf'norum) L TyrJria vrmr \ JU?' vva .fncra. TfcJ fístj.
Aqui j'aee Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memo-
ria su mujer Tiquia y su suegra Illuna.
Padre de Ródano fué probablemente Vinio Atilio, cuya lápida
sepulcral se nos ha descubierto. Fácil se hace suponer que la raíz
de Tichia sea rv^-n (fortuna). Desgraciadamente están cortadas por
la mitad inferior las tres primeras letras del nombre que encabeza
la última línea, pudiéndose leer iil ó ill, y resultando el nombre
Eluna, ó mejor Illuna, cuyo radical aparece con frecuencia en
inscripciones de la región pirenaica (1): Iluni deo, Herculi Ilunno
Andose, Uriaxe Ilunnosi filia, Astoiliinno deo. ¿Sería el adjetivo
éuscaro, correspondiente al latín fitscíís, que cabalmente en viz-
(I) Luchaire, Op. cit., pág-, 50, 55, 58.
TOMO III. "26
386 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
caino y guipuzcoauo se dice illún y en labortano y hajo-navarro
ilhún? Así lo pienso; tanto más, cuanto que en Iruña fué sepul-
tado «Silanus Fuscus Evili filius.» Socra, finalmente, está por
socrus, demostrando no ser poco antigua la forma romanceada,
de laque ha salido inmediatamente la castellana suegra. Ni de-
jaré de observar, que así como el vascuence se acerca por su
artz (oso) del griego ¿px-s?, así también del griego ixvfí, pare-
ce haber sacado guiarrá (suegra) ; confirmándose de esta manera
la conocida expresión de San Jerónimo (1): «Máxime quum Aqui-
tania graeca se jactet origine; et Galatae, non de illa parte terra-
rum, sed de ferocioribus Gallis sint profecti.»
Las relaciones de España con el Oriente durante la Edad Ro-
mana y las influencias del griego en nuestro romance, se dejarán
más y más apreciar conforme vaya creciendo el estadio de la
Epigrafía, Ya lo hice ver, al imprimir y comentar ampliamente
la inscripción del ara leonesa de Tito Vitrasio Pollón en el tomo ii
de la revista La Academia (2) y en el tomo xi del Museo españ ol
de antigüedades (3). A este último estudio mío, cuyas ideas
é investigaciones se apropia nuestro aprovechado correspon-
diente el Sr. Gaslrillón {\), sólo añade que el ara es de mármol
blanco, simulando una pilastra con plinto, cornisa y frontón, y
midiendo 1,29 m. de alto por 0,54 ra. de ancho y 0,49 m. de grue-
so; y que hallada en la escalera que conducía al sótano de la casa
número 4 de la calle de la Escalerilla, contigua al lienzo meridio-
nal de la antigua muralla de la ciudad, ha sido cedida por el pro-
pietario, D, José Lorenzana, al Museo arqueológico provincial,
sito en los claustros del monumonfal edificio de San Marcos.
Fidel Fita.
(1 ) Comentarios á la epístola de San Pablo á los Gálatas, lib. n, prólogo.
{2J Pá?. G6; Madrid, 1877.— De aqui pasó, con sucinto comentario de Hiibner, á la
EpJtenieris epigraphira, vol. iv, pág. 17; Herlin, 1^7'^.
(í!) Pág. 3^8-nílO.
(1) Rfvista de Arr/nvos, fíihliotecas y 3/í'.?ío.<í (segunda época, ano ix, núm. 11); Ma-
drid, ms;j;|,ág. 3!)S-101.
índice del tomo III.
Acuerdos y discusiones de la Academia. ( Noticias) 5
informes:
I. Escritura hierática de la Ainérica Central. — E. Saavedra,
A. Fabié, F. Fita -
II. Biografía de tres ilustres misioneros en América y África. —
A. Fabié 9
III. Rudimentos de árahe vulgar. — F. Fernández y González. ... 13
IV. El río Salom de la Crónica del moro Rasis. — F, Fernández
y González 17
V. Objetos romanos ¡j árabes hallados cerca de la ciudad de Mur-
cia.— A. Fernández-Guerra 20
VI. Geografía romana de la provincia de Álava. — A. Fernández-
Guerra. 22
VIL Correspondencia autógrafa de Carlos VI de Austria. — P. de
Gayangos 33
VIII. Cartas de Carlos VI de Austria al Barón de Freisheim. —
J. de la Pezuela 36
IX. Tratado elemental de derecho internacional marítimo. -Iñ.. Col-
meiro 37
X. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. — V. de la
Fuente 41
XI. Inscripción arábiga de Castellón de la Plana. — P. de Ga-
yangos 48
■ XI. Declaración de una coluna del Emperador Adriano, Obra (re-
impresa) del Dr. D. Agustín Sales. — F. Fita 51
-188 boletín de la real academia de la historia.
Paps.
Noticias c . c 65
informes:
I, Monedas inéditas de tipo ibérico. — C. Pujol y Camps 67
II. Historia de Valladolid. — F. Fernández y González 77
III. Última campaña del Marqués del Duero. — J. Gómez de
Arteche 83
IV. La catedral del Pmj y la de Gerona. — V. de la Fuente. ... 87
V. Historia de la instrucción pública en Portugal. — V. de la
Fuente 97
VI. Templo de Sérapis en Ampurias. — F. Fita 124
VIL Inscripciones romanas de los valles de Saii Millán y de Aran.
— F. Fita 1 30
Noticias 1 37
informes:
I. Altahiskarco Cantuá. — Wentwoith Webster 1 39
II. Antigüedades prehistóricas del partido de Molina de Aragón,
— R. Andrés de la Pastora 154
III. Expedición científica y artística á la Sierra de Francia., pro-
vincia de Salamanca^ en el mes de Julio de 1857. — V. de
la Fuente 1 59
variedades:
Discursos pronunciados por el Sr. Rada y Delgado en el último Con-
greso de americanistas de Copenhague 190
Escrituras inéditas de los siglos xi y xiv. — F. Fita 202
Noticias 209
informes:
I. Santiago^ Jerusalén, liorna. — F. de Cárdenas 21 1
II. El vascuence alavés anterior al siglo xiv. — F. Fita 215
variedades:
Misiones de indios guaranis. (Continuación) . . 244
Noticias 257
informes:
I. Cartulario de las abadías de la Couturey de Solesmes. — V. de
la Fuente, C. Fernández Duro 26 1
ÍNDICE. 389
PáffS.
ir. La Catedral de Murcia en 1 29 1 .— F. Fita 268
III. Bosquejo histórico de la Sede Cartaginense. — F. Fita 276
IV. Compendio de la historia de Burgos. — M. Oliver y Hurtado. 293
V. Monumentos antiguos de la Iglesia Comjwstelana. — M. Menen-
dez Pelay o 295
VI. Málaga musulmana. — E. Saavedra 299
VAIUEDADES:
El Museo Arqueológico de Constantinopla. — J. de la Rada 303
Noticias 321
INFORMES :
I. Puerta y cubo de Santa Clara de Zamora. — A. Fernández-
Guerra 324
II. La calavera del Conde de Tendilla. — V. de la Fuente 332
III. Assilah de Aben Pascual. — F. Codera 339
IV. La reja de San 3lillún.— F. Fita, 353
V. Los Saavedras. — El Marqués de Molina 361
VI. Lápidas romanas de Iruña y León. — F. Fita 382
ÍNDICE DE LOS GRABADOS CONTENIDOS EN ESTE VOLUMEN.
Pñffs.
Inscripción arábiga de Castellón de la Plana 49
Monedas ibéricas (lámina \.^) 68
— — 2.") [\) 76
Inscripción de Sérapis en Ampurias (tamaño natural) 127
Inscripción vasco-romana del valle de Aran 1 36
Facsímile de escritura cursiva hebreo-toledana (siglo xiv) 208
Torreón y puerta de Santa Clara (Zamora) 329
(1) Se distribuirá en el próximo número del Boletín.
EI^I^J^T^S.
PÁGINA.
LÍNEA.
DICK.
DEBE DECIR.
134
2
OBIONESIS
OEFONES
»
29
tierra yerma ó de
páramo
Tilla (le Herramel ó Villa-Ramiel
204
18
sánete
sancti
»
2Í»
ankeJo
ankelv-
i>
30
Sanri
Sancio
205
Última.
11
1. ni
206
5
Durango
Duranco
»
13
aptus
ausus
239
9
Haztegiata
Haztegiata
»
31
recuesto
1
í recuesto, al decir de Madoz (Dic-
\ cionario, art. ariñkz)
260
19
29
27
LAM ? II
frl^'^íis
^^-^ 17
i5
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S:%0V V^'-nS
^¡ü-'^
18
„' V-. J ..;!'?»'£««. '•■'í-'''5''«íí' '^^'*
boletín
REAL ACA.DEMIA DE LA HISTORIA
í
BOLETÍN
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
TOMO IV
MADRID
IMTEENTA DE FORTANET
CALLE DE LA LIBERTAD , NÚM. 23
■1 8 8 '¿^
«En las obras que la Academia adopte y publio^ue , cada autor será responsable de
sus asertos y opiniones ; el Cuerpo lo será solamente de que las obras sean acreedoras
;í la luz p'''i'Vi
Eatot'i'o XXV.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO IV. Enero, 1884. cuaderno i.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
En la sesión del 14 de Diciembre fueron reelegidos Censor y
Tesorero los Sres. Golmeiro y Saavedra, y elegido Bibliotecario
perpetuo el Sr. Oliver Hurtado.
En la misma sesión dio parte ú la Academia el Sr. Rada y Del-
gado de haberse comenzado á proceder, por acuerdo municipal,
al derribo de la muralla pelásgica de Tarragona. La Academia, re-
cordando un hecho análogo acontecido recientemente en la ciudad
de Zamora (1), no pudo menos de lamentar tamaños excesos; y
dictó las medidas convenientes á impedir que desaparezca un
monumento tan glorioso para España. Es nacional; no pudo ni
puede estar á disposición del Municipio; y es además de no escasa
valía para la historia universal del linaje humano.
En la sesión del 21 de Diciembre expuso á la Academia su be-
nemériio Director el feliz éxito de las diligencias que en nombre
de la misma había practicado cerca del Gobierno de S. M., de
suerte que no hay temor pase adelante el derribo de la muralla
(I) Véase Boletín, t. iii,- pág"- *24-33-2.
G BOLETÍN DE LA P.EAL ACADEMIA DE LA HISTORL'i.
pelásgica. Propuso y se acordó un oñcio de gracias al Excelentí-
simo Sr. Marqués de Sardoal Ministro de Fomento y al señor
Director de Instrucción pública, por el ilustrado interés y expe-
ditiva eficacia con que habían acogido al momento las represen-
taciones de la Academia.
Los Sres. Fabié, Balaguer y Fernández-Duro, han sido nom-
brados para formar la Comisión que fije el precio, procure la ex-
pendición y entienda en todo lo referente al curso de los libros
que publique este centro.
Los Sres. Académicos Excmo. Sr. Marqués de Molinséllustrí-
simo Sr. Rada y Delgado, son designados para representarla en
el acto solemne de trasladar á Murcia los restos mortales del exi-
mio D. Diego Saavedra Fajardo.
La Academia vio con satisfacción tres lujosos tomos de la His-
toria general de España, escrita por Lafuente (D. Emilio) y con-
tinuada por D. Juan Valera hasta nuestros días. Sobre ellos la
Academia dará dictamen á propuesta de la Dirección de Instruc-
ción pública.
El Académico Sr. Arteche ha de informar acerca del libro Gue-
rra de anexión de Portugal, escrito por nuestro correspondiente
el Sr. Suarez Incláu. A cargo del Sr. Fita corren los informes so-
bre las obras de los Sres. D. Antonio López Ferreiro y D. Arturo
Gampión, que anunciamos en otro número (1).
El Sr. Fernández Duro presentó una Memoria, escrita por don
Saturnino .limenez, sobre las ruinas del municipio romano Vo-
(l) Torno iii, pág. ;K3.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 7
luhilianum, que se encuentran al Norte de Mequinez en el im-
perio de Marruecos. Los diseños de los monumentos arquitectó-
nicos y la copia de varios fragmentos epigráficos, uno de ellos con
el nombre del municipio, realzan el valor de esta Memoria.
En el Boletín de la Institución libre de enseñanza , número del
15 de Diciembre, ha comenzado á ver la luz el trabajo crítico que
nuestro sabio correspondiente, el Dr. Wentworth Webster, ha
hecho acerca de la Influencia de los Fueros pirenaicos en la Cons-
titución inglesa.
Ha dado parte á la Academia el Sr. Fita de haber encontrado y
copiado el texto de las Cortes celebradas en Barcelona por D. Ra-
món Berenguer III, conformándose á lo dispuesto por el Papa
en el concilio de Glermont (1130), Las apunta nuestro Catálogo (1)
bajo el año 1125. El texto, inédito aún, es el mismo que vio Dia-
go (2), sobre cuya autoridad descansa la de Feliu (3). Se escribió
durante la primera mitad del siglo xiii, alterando la fecha de las
Cortes que, en sentir de dicho Sr. Académico, es la de 10 de
Marzo de 1131.
Han sido muy considerables los donativos de objetos arqueo-
lógicos y de obras impresas y manuscritas que varios señores
correspondientes acaban de poner á disposición de la Academia.
Veráse esto por el catálogo de obras y objetos recibidos, que sal-
drá en el Boletín de Febrero.
fl) Colección de Cortes délos antiguos veinos de EspaTm, por Jo lieol Academia de f-a
Historia. Catálogo. Madrid, 1855; pág. 131.
(2) Anales de Cataluña, 1. x, c. 12.
(3) Historia de los victoriosissimos Condes de Bflrrelona:'Bí\rco\on». Ifi03. fol. l"<o.
INFORMES.
ANTIGÜEDADES SORIANAS POR D. ANTONIO PÉREZ KIOJA.
Excmo. Sr.: Terminada con la unificación de la monarquía la
inquieta actividad municipal de nuestras antiguas ciudades en la
Edad Media, casi todas buscaron refugio en el recuerdo de pasa-
das glorias para distraer la acompasada regularidad de su nueva
vida; y fija la atención en los ideales propios de la época, no sa-
lieron del círculo de la historia romana, ya que de la posterior
no apreciaron otra cosa que las relaciones de la Leyenda sa-
grada, ó la tradición que de sus santos é imágenes conservaba
cada localidad piadosamente. No valió á Soria para escapar á la
regla común el significativo mote de sus armas , que por ser ca-
pital de comarca fronteriza, así de moros como de aragoneses, la
llama cabeza de Extremadura ^ ni despertó la curiosidad de sus
cronistas la multitud de hermosos edificios románicos que cubren
su suelo, entre los cuales descuellan, al lado de la Colegiata de
San Pedro, con la magnífica arquería de su claustro, los bien
conservados ingresos á la Sala Capitular primitiva y tal cual resto
de viejas pinturas, la iglesia medio arruinada y singularísima de
San Juan de Duero, análoga algún tanto á la Magdalena do Za-
mora , y las parroquias de Santo Tomé , de San Juan y de San
Nicolás, sin contar no pocos templos de Agreda, Almazán, Garray,
Huerta y otros muchos pueblos de la provincia.
Siguiendo tal criterio, los antiguos escritores sorianos no re-
ANTIGÜEDADES SORIANAS. O
putabaii como cosas memorables siiio el íloro lieiuismo de Xa-
maiicia ó el dulce y celestial heroísmo de San Saturio. Si por
acaso descendían á tratar de tiempos más cercanos, era para bus-
car origen y fundamento á los piivilcgios del estado noble, i-e-
parlido en los Doce Linajes, sin pararse á apuntar hechos tan
famosos como la convocatoria de las huestes de Alfonso VII en
Almazán para combatir íi su padre político, ó el campo que asentó
en Galtojar Don Alvaro de Luna después de haber rechazado sin
lidia á los reyes de Aragón y de Navarra confederados, ó el real
de Don Juan II en Velamazán , donde prendió y aseguró en su
propio alfaneque al Duque de Arjona. Gompláceuse muchas veces
en describir menudamente las tradicionales fiestas de San Juan,
sin ver en ellas viva todavía la organización militar y política del
estado llano de la villa y tierra; y si ponderan la pasada prospe-
ridad de las cabanas de ganado merino , no advierten que ya las
señaló en sus versos el festivo Arcipreste de Hita.
No cabe negar que Loperraez dio notable impulso al estudio de
las antigüedades romanas y de la historia eclesiástica de una
parte considerable de la provincia, y que varias de sus tradicio-
nes se han vulgarizado embellecidas por la pluma de un poeta
tan dado á todo lo que sabía á romántico como Gustavo Adolfo
Becquer. Pero el cuadro completo de los recuerdos de pasadas
edades que el suelo soriano encierra, aprovechando los numero-
sos datos que suministran, por una parte los campos y los mo-
numentos y por otra los documentos y los libros, todo examinado
y discutido conforme á las exigencias de la crítica moderna, es-
taba todavía por hacer, y es la tarea que ha emprendido Don
Antonio Pérez Rioja, ya conocido en la reptiblica de las letras por
su Romancero de Numancia y su Crónica de la provincia de Soria.
El libro cuya publicación emprende ahora se titula Antigüeda-
des Sorianas, y de él nos ha remitido el Gobierno los ocho pri-
meros pliegos para pedirnos parecer sobre su contenido, á causa
de la solicitud de auxilio que su autor ha elevado al Ministerio de
Fomento. En estos pliegos hay una descripción de los principales
rnonumentos arquitectónicos de la provincia, noticia de los restos
de antiguas ciudades, datos biográficos relativos á sus hijos céle-
bres, y lo que es más importante, se da principio á la pública-
10 boletín- de la real acadenha de la historia.
ción de documentos curiosos con la reimpresión del Fuero de So-
ria. Como no es dudoso que entre otros de notoria utilidad habrá
de ver la luz en esta obra el padrón de la villa y aldeas formado
en tiempo de Alfonso el Sabio, así como las escrituras de la al-
jama morisca de Agreda, cuyos restos se conservan en la Biblio-
teca Nacional, el que suscribe tiene la honra de proponer á la
Academia que informe favorablemente la petición del autor en
vista del mérito, originalidad y utilidad de su libro.
La Academia, como siempre, resolverá lo más acertado.
Eduardo Saavedra.
Madrid 29 de Noviembre de 1883.
II.
L.\PIDAS ROMANAS DEL VALLE DE SAN MILLAN, VALLADA.
TERNILS Y DENIA.
1. Valle de San Millán (1).
Tengo el honor de presentar los calcos que ha sacado por su
propia mano el R. P. Minguella. Rectifican é ilustran la copia de
aml)as inscripciones, hecha al lápiz, que se nos había remitido.
Las dos son votivas.
SE&O N TIVS
OBIONESA.M
Segonthís Obione s(olmt) a(nimo) ¡(ibens) ínferito).
Á Obiona cumplió Segoncio gustosa y merecidamente su voto.
La piedra no está rota debajo de la línea segunda, antes bienpre-
(1) V6ase Boletín, t. ii:, pág. 133, 134.
LÁPIDAS IlOMANAS DEL VALLE DE SAN MILLÁN. 11
senta una cara lisa, que nunca se escribió. Huelga, por lo tanto,
la conjetura que hice sobre el destino sepulcral del .epígrafe. El
nombre de la diosa, ligeramente modiíicado, vuelve á comparecer
en otra inscripción votiva (1) que se halló en la ribera del Ebro,
dentro del término de la antigua Colonia victrix Julia Celsa, hoy
Velilla:
PRO . S A L V
TE' ET- REDITv
A B V R I • eres
C e N T I S • L V
LORVS • OBA
N AE- V« S • L «M
Gomo Elanus á Elonus, así Obana (Obiana?) es á Obiona (2).
Quizá se deban estimar variedades dialécticas de Epona, diosa de
los pesebres, á quien se puso en Sigüenza (3) notable ex-voto:
EPON^
S • S EC
VNDVS
V» S -M
La segunda inscripción del valle de San Millán, que del monte
Castillo se ha bajado al pueblo de San Andrés, dice así:
DERCETIO
S A M *
■ MA S
...S AC
L«M
Dercetio safcntjm. M(a;-ceUvs?} A[ureUu?]s [pro?] s{al(v,tej sua?] ac [sv.orv.m?] [víotumj
síolvitj] l(iJ)ens) mferitoj.
Ex-voto que Marcelo Aurelio consagra piadosamente á Dercecio.
■(1) Hübner, Ephemens e'pigrapMca (Berlín, 1872), 1. 1, pág. 47.
(2) Véase Boletín, t. iii, pág. 383.
(3) Fernández-Guerra, Cantabria, pág. 47.
J2 boletín de la real academl\ de la HISTORL-^.
Para suplir ó (mejor dicho) conjeturar ei nombre del dedicante
me sirven otras dos lápidas: la de Lara de los Infantes (llübner.
2870), cuyo epígrafe
MARCELO • AVRELIO
corre debajo de la efigie de este personaje; y la tercera, del valle
de San Millán, dedicada á los Manes del legionario Aurelio. El cual
probablemente estuvo de guarnición en la fortaleza, de cuyas rui-
nas, que todavía existen, ha tomado nombre el monte Castillo.
2. Vallada, partido judicial de Enguera, provincia
de Valencia.
Dentro del término de esta villa, en la partida que llaman Ta-
rrassos, terreno de su propiedad, ha descubierto D. Francisco
Belda y Pérez una muy preciosa laja de fino mármol, cuadran-
gular, que mide 57 centímetros de alto por 79 de ancho y llévala
inscripción
CAECILIA • & • F
FESTA
M- VALERIVS'M'F
GAL • VERANVS
AN'LXXXV'H-S'S
Caecilia QfaiJ ffiliaj Festa, M(arcusj Valerius Mfarci/ /(iUusj Qülferiaj Veradus
an(noruM) lxxxv, hficj sfiti) s(unt).
Cecilia Festa, hija de Cayo; Marco Valerio Verano, de la tribu Galería, liijo de
Marco, de 85 auos de edad, aquí yacen.
A la noticia del descubrimiento nos acompaña el Sr. Belda Pé-
rez la impronta ñel de la inscripción, cuyo [razado es del siglo
Augusteo, mas no del mismo año; pues, con efecto, alguna va-
riedad de estilo caligráfico menos puro caracteriza las tres líneas
últimas. Mucho antes que Valerio debió de fallecer Cecilia; y el
epitafio no se remató sino cuando el anciano consorte fué á jun-
tarse con ella en el regazo de un solo sepulcro y bajo una misma
losa. De la familia de ambos se hacen eco las lápidas de la vecina
Játiva (Iliibn., 3(i29, 3617), que mencionan á otros dos persona-
jes, también afiliados á la Iribú Galería: Lucio Cecilio Marcio y
I.ÁPIUAS nOMANAS DK TERNILS. 13
Valerio Miiriano, Itijo de Marco. Conviene además notar sobre el
mérito del epígrafe recien descnbierto en Vallada, que no es in-
diferente para los adelantos de la geografía. Es e*l primer monu-
mento que se nos brinda para comprobar la existencia de pobla-
ción romana cerca de Mogenfe (1), distanto diez y seis millas ni
occidente de saetabi, y punto donde nuestro sa])io compañero,
D. Aureliano Fernández-Guerra, justamente ba colocado el sitio
de la mansión ad statvas (2).
3. Ternils (despoblado de Carcagente). partido ju-
dicial de Alcira.
Simétrica de Vallada con respecto á Játiva, y á la derecha del
.h'icar, está la deliciosa villa de Carcagente con un ramal de tran-
vía, que desprendiéndose de la estación del ferrocarril, sigue la
dirección del itinerario que fué insinuado, por el Ravenate (3), y
bajando hacia la costa del mar discurría entre Celeret (Cullera) y
Dionio (Denia). La interesante inscripción de la ermita ó antigua
parroquia de San Roque de Ternils, persevera en el mismo sitio
donde la citó, sin haberla visto, Villanueva (4). La copia que han
enviado desde allí al Sr. Codera, si bien adolece del vicio de no
transcribir la parte inferior, inédita, de la piedra que el suelo
oculta, merece no obstante consideración, porque rectifica, aun-
que ligeramente, el texto fundamental, ó clásico (digámoslo así),
que adoptó el esclarecido Hübner (3652). Leo, pues:
F A B I A E
L • F
F A B V L L .íí:
P • L I C I N I tí S
l i c i n i a n v s
matrI'pIssim.íT:
(1/ Villa contérmina de Vallada.
(2) Discurso de contestación al de ingreso del Sr. Rada en nuestra Academia, pá-
i-'ina 124.
(3) «Hildum, Turres. Edelle. Celeret, Dionio.-»
(1) «Es un pedestal pegado á la pared, indicando iiaber servido de base á la pila
14 boletín de la beal academia de la historia.
Tres lápidas manchegas (3230, 3232, 3237), al paso que mani-
fiestan la alta graduación militar de Publio Licinio Liciniano,
hijo de Fabia Fábula, nos dan á conocer el nombre de su herma-
no Máximo y el de su hija ó sobrina Licinia Avita. La cual fué
probablemente hermana de Licinia Materna, casada con Lucio
Fabio Fabulo y domiciliada con él en la Edetania ^30 18). De este
matrimonio hubo de nacer una hija que se llamó Fabia Fábula,
como su bisabuela; y se desposó con su primo, hijo de Licinia
Avita. Así, por medio de la epigrafía, van esclareciéndose más y
más y deslindándose los vastagos de las familias romanas que
arraigaron en España, y aun las obras de los poetas latinos ; por
ejemplo, Marcial (i, xlix, 3):
«Videbis altam, Liciniane, Bilbilim;»
y Catulo(i, 14-17):
«Nam sudaría Saetaba ex Hiberis
Miserunt mihi muneri Fahullus
Et Veranius; haec amem necesse est
Ut Veraniolum meum et Fabullum.')
4. Denia.
Acerca de las inscripciones romanas de esta ciudad lamenta
Hiibner (1) la desaparición del códice Palan, que extractó Nicolás
Antonio. Cuatro copias manuscritas del siglo xviii existen, délas
que ha dado noticia el Sr. Cbabás, nuestro digno correspondiente.
Conocéis su erudita obra (2), no exenta de algún lunar, porque
estriba demasiado en la de Palau (3) é ignora la de Hübner; pero
si bien no siempre le ha salido exacta la transcripción de las lá-
pidas auténticas (4), avaloran con todo grandemente el conjunto,
bautismal. La copia solo es de lo que se descubre sobre el pavimento, quedando ente-
rrada parte de ella, que no pudo descubrir el que la copió.» Viaje Ut., i, 8; cf. 17.
(1) Corpus inscriptionum latinarum, vol. ii, pág. 484.
(2) Historia de la ciudad de Denia; Denia, 1. 1, 1874; t. ii, 1876.
(3) Exhibe (t. i, pág. 41-89) como srenuinas las apócrifas IGl' y 364*. Tampoco se
pone en guardia contra los sur'.ementos bastardos que añadió Palau á la 3595; y atri-
buye á Denia la 1^05, que es de Málaga.
(4) 3r,«o, ;5.-3S3, .35»!, 3.jS5. S.'SS, 3590, 3593.
LÁPIDAS ROMANAS DK DENIA. 15
nuevos y preciosos datos que aprovechai-é en el decurso de esta
Reseña. La divido en dos secciones, deslinando la segunda á los
epígrafes no registrados por Hübner.
1 . Fragmento de mármol blanco, delgado y lino, como lo ei-an
los de la inscripción 3581. Lo vi eu casa y en poder de D. José
Morand, cuando por Febrero de 1870 visitó á Denia:
El tipo de las letras es de principios del siglo ii, como lo pa-
tentizan las inscripciones 453G-4548, y otra que descubrí y publi-
qué (1) en Barcelona. Sobre este fragmento, mal comprendido, y
otro más pequeño* que no comparece en Denia, fabricó Palau y
adornó á su manera la inscripción 3595, que debe relegarse entre
las espurias. La transcribe Chabás (í) en esta manera:
C E L • T RyiT lAN V S
AELJO • ADR I AN Ó
TR AJ AN I • NE P OT J
AMICO
En realidad, es preciosísimo resto de la inscripción 3581, que
en vista de los indicios suministrados por Palau, cabe restituir al
año 105 de nuestra era (3).
¿mp • caesari • nervae • traiano
augusto • gerniANlCo • dacico • pont
máximo • trih • POTestate • uini
IMP • iiii • eos • u • p ' p
res • publica • dianensitim
El fragmento que el Sr. Morand me enseñó, tiene 16 centí me-
cí) Revista histórica; Barcelona, 1870, pág. 129.
(2) Tomo I, pág. 9G.
(3) Hübner, Co'rpxís inscript. lat.., vol. vn, llí'l.
If) BOLETÍN OE LA líEAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
Iros de ancho por 13 do alto. Ha x^erdido el cabo inferior, cuyas
letras (imp) transformó en amí el autor de la Diana desenterrada.
2. (Hübn., 358G: Ghabás, t. i, pág. 100, 101.) La vi empotrada
en lo alto de la torre, al Oeste del castillo, mirando al campo que
se tiende al pié de la fortaleza, y del cual se sacó. A su vista, y
con ayuda de un calco, facilitado por el Sr. Ghabás, puedo ofre-
cer una copia y suplementos exactos, f^as letras, separados los
vocablos por puntos triangulares, son del mismo estilo y tiempo
que las de la inscripción 358G; de manera que se hace fácil sos-
pechar fuese dedicada á Tito Junio Severo:
quod ^■A'\BRrBVS• PER «LOCA
rf¿#ICILIA« AM^íZlSSimO
SMMPTV • INDVcTlS • MOX
<7r-a V I S S 1 M A • A N N O N A
frv.MEKTO • PRAEBITO
?« «< N I C I P I B V S • S V I S
SVBVEMSSET
f/ecRETo • DECVRIOXVAI
DIANENPIVM
En la primera línea no hay duda que la leyenda genuina es
hiihrihus. Únicamente debo advertir que la primera letra visi-
]tle, ó M, está cortada de arriba abajo por la mitad; y otro tanto
acontece en las líneas tercera, cuarta, quinta y sexta.
Sección ii. — Inscripciones no registradas porllübner.
Un asterisco notará las que estimo inéditas.
* 1. En poder de D. José Morand. Se halló en 1872 en el cam-
po, ó dehesa de su propiedad: la cual encierra una porción del
que fué vastísimo cementerio romano, tendido cabe el mar entre
el barranco de la Murta y la falda occidental del promontorio co-
ronado por la alcazaba ó villa vieja de Denia. Es una laja de már-
mol blanco, descantilladTpor el lado derecho, que mide 39 cen-
tímetros de alto por 28 de anr-ho. T.o? puntos son triangulare?.
LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 17
C • IVL • Hermadio
SIBI ET comeliae
S P H R lagidianaefl
VXOri
VOTO SVM COA1POS SVPE
COxMV&IS VT VOLVÍ SVM
€(aius) JiilfixsJ Hermadio sibi ct Comeliae Spliragidianae uxori.
Voto sum campos. Supe Trest mihi cara sepulcro]
Coniugis, ni voliii, Síí/H^maque et alta quiesj.
Restituyo, por vía de conjetura, lo que falta al dístico (1). Ju-
lio Hermadióu dejó en Tarragona rastro de agradecida piedad,
erigiendo monumento fúnebre (Hübn., 4155) á su patrono Gayo
Julio Comato.
2. (Ghabás, t. r, pág. 101.) — Hallóse en el mismo año y sitio
que la precedente; y la vi en casa de D. José Mdrand:
L • DOMlTIVs • EQJ/ES
AX • XXXV
SE M PRO nía «L'F
CA Al PANA «VXOR
PRIOR • AN • XVIII • H • S • S
Lucio Domicio Eques, de edad de 35 años, y su primera roujer Sempronia Campana,
¡bija de Lucio, de 18 años de edad, aquí yacen.
Cuatro Sempronios, dos de ellos de la tribu Galería, habitaron
en Denla (Hübn., 3583, 3590, 3592, 3598).
3. «En las excavaciones practicadas cerca del lugar del tem-
plo, en 1872.» (Ghabás, 101.) — La vi tendida al lado de la noria
que riega la propiedad del Sr. Morand, á pocos pasos del sitio en
que se había descubierto. Es de piedra blanquizca, alta 1 metro,
ancha 0,37 m. y gruesa 0,11 m. Letras hermosas, casi cuadradas;
p-untos triangulares.
(1) La misma idea se repite en otra inscripción (3596) de Ondara.
TOMO IV. 2
18 BOLETÍN DE LA REAL ACAIjEMIA DE LA HISTORLA..
Q^ • GRANIO • QL • F
GAL • CLEMElSri
O Al ^^ B • H O N O R I B
LM • REPVBLICA SUa
FvxcTo oIViM
FESTVSOET • SEVERVS
AVVNCV lo
Á su tío materno Quinto Granio Clemente, hijo de Quinto, de la tribu Galería, que
ha desempeñado todos los cargos honrosos del municipio, levantaron este monumento
Junio Festo y Junio Severo.
El segundo de los dedicantes, Tito Junio Severo, nos muestra
todos sus títulos en otra inscripción de Denia (Hübn., 3583), que
no se ha movido del centro de la fachada de las Casas consisto-
riales.
T • IVNIO • T • F
GAL • SEVERO
DIANENSl
OMNIBVS • HONO
RIBVS* INREP'SVA
FVN'CTO • PRAEF
COHORTIS • iTTi
D A L M A T A R V M
TRIBVNO* LEG'XX
VALERIAE-VICTklC
L • SEMPRONIVS
ENIPEVS • AMIGO
ÓPTIMO ;e
El punto final, ó decorativo de óptimo^ tiene figura de palma.
Consta por esta inscripción que la patria de Tito Junio Severo,
ó el municipio de Denia, estuvo afiliado á la tribu Galería, como
el de J;itiva. Del otro hcriüano. Junio Festo, por ventura quedci
memoria en el fragmento lapidario (Flübn., 3591):
LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 19
FESTVS
PATRI
* 4. En casa Morand, descubierto en el mismo lugar. Frag-
mento marmóreo de 0,23 m. ancho por 0,13 de altura:
ANN • LX • H • S • E
mVNATIA • RESTlTVTa
0ONT»ÍERNALI
POSVIT
de edad de 60 años, aquí yace. Munacia Eestituta puso este monumento á su
consorte) contubernal.
* O. La descubrí empotrada en lo alto de la alcazaba, cerca de
la garita del ángulo septentrional en la muralla que llaman del
Vergeret. Fragmento de piedra común, cuyas medidas son 22 por
13 centímetros:
o ISE s I M o
L . S A E ]>í V S
POSVIT • P
Onesimo {anfnorumj ] LfuciusJ Saenius [LfíiciiJ Ifibertus//] posv.it ^[atn
indídgentissimo?]
Á su padre bondadisimo Onésimo, ha puesto este monumento Lucio Senio, liberto
de Lucio.
El nombre del patrono, nacido tal vez ó domiciliado en Denia,
ha sido conservado por una lápida (Hübn., 4243) de Tarragona:
L.SAENIO.L.F
GAL • IVSTO
FLAJ\1 • ROMAE
DIVOR • ET • AV&VS
PROVIXC • KISP • CITER
P o H O C
20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Los sobrenombres de origen griego, tales como Sphrfagidia-
nafj, Onesimus, Pammony Doryphoris que luego veremos, Lem-
naeus y otros ya conocidos debían abundar en la ciudad de Ár-
temis, fundada sobre nuestras playas por la pujante Marsella.
6. En poder de D. Roque Chabás. —Se halló empotrada en
el lavadero de la cocina de la casa de D. Antonio Bordehore, calle
de Caballeros. Tiene la piedra 39 centímetros de alto por 25 de
ancho. Encima de la inscripción aparece esculpida la figura del
dios egipcio Ammón en figura de carnero.
P • STATILIVS • ÁFRICA N2ÍS • an
XIIII«M'n'D'XIII-P'S¿aa7¿MS
PAMMON'PATER^Eí ......
MATER •FILI«DVLCISS¿WU' • [^JOS?]
PCvMiusj Statilius Africanv.s an(norumJ XIIII, mfensium) II, díierumj XIII. P(v-
blñisj Statilius Pammon pater et mater flli/ij dulcissimi 2^osfuerv.ntJ.
Aquí yace PublioStatilio Africano, fallecido ala edad de 14 años, 2 mesesy 13 días.
Pusiéronle recuerdo fúnebre Publio Statilio Pammon y padre y madre de este hijo
dulcísimo.
Sobre el culto de los dioses egipcios en toda esta costa del Me-
diterráneo, desde el cabo de Greus hasta el de San Antonio, no
tengo para qué repetir lo que llevo apuntado en el Boletín, t. iii,
pág. 125-127. ¿Es de extrañar que en el Cerro de los Santos hayan
aparecido vestigios escultóricos de ese culto ya degenerado y en
el último período del decadente imperio? Lo extraño es que haya
quien se empeñe, ó en negar en globo la autenticidad de todos
los objetos del famoso Cerro sin excepción de ninguna especie, ó
en atrasarlos á una antigüedad remotísima. Por varios canales,
durante la época romana, vinieron y se difundieron latamente en
toda nuestra Península, las divinidados del Nilo; ' y (si mal no
imagino) no fué ajena á este movimiento la Mauritania, gober-
nada por Juba II, patrono de Cádiz y Cartagena (1).
(1) Véase Müller, Les monnaies de la Numidie et de la Maurítanie; Copenhague, 1862,
pág. 120-124.
LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 21
Pammon salió do uáuaw, nombre griego citado por Homero y
Heródoto.
Han publicado el dibujo de este monumento las Memorias de
la Sociedad arqueológica valenciana, Valencia, 1877, lámina 3/
* 7. La descubrimos el Sr. Chabás y yo, haciendo excavar el
terreno, junto á la noria sobredicha, el día 10 de Febrero de 1876.
Es de piedra pesadísima; 0,92 m. y 0,G0 ra. en cuadro por 0,45 ra.
de profundidad. Sendos losanges adornan los lados del epígrafe:
T E R E N" • D o
RYPHORIDI • SEX
FU^IAE • AEMILIA
SCINTILLA • FIL
PIENTISSIMAE
ET • SEX • TEREN
TIVS • LEMNAE
V S • S O R O R I
TerentfiaeJ DorypJioricU: SexftiisJ flliae, Aemilia Scintilla fll(iae) pientissimae, et
Sex(tus) Terentius Lemnaeus sorori.
Á Terencia Doriforis: Sexto á su hija; Emilia Escintila á su bija piadosísima; y
Sexto Terencio Lemnéo á su hermana consagraron el monumento.
Felizmente ha venido esta inscripción á ilustrar los datos his-
tóricos ofrecidos por otra (Hübn., 3597), que sin duda salió del
mismo cementerio y se trasladó al vecino pueblo de Ondara. En
balde la busqué. Decía:
SEX • TERENTIO
LEMNAEo . HoN
ORE • FVNCTO
SEVIRATVS
SEX • TERENTIVS
LEAINAEVS • FI
L I V S • E T • AE
MIL • SCINTIL
L A • M A R I T O
D I G N I S S I :vl O
22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
Otro seviro augusta!, Gneo Octavio Floro, suena en la inscrip-
ción 3580.
* 8. Fragmento marmóreo: 0,18 m, por 0,15 m. En poder del
Sr. Morand. Tres letras del siglo augusteo, altas casi un decímo-
tro; recortadas las dos primeras por la .extremidad superior, y la
última por la inferior:
L ' D
S
* 9. Fragmento bocelado de piedra común. Procede, como el
anterior, del campo sobredicho:
. . . N V . . .
. . . A V . . .
* 10. Fragmento de ladrillo; con sollo íntegro, largo de 85 mi-
límetros: .
M
Cfenturiae) Mfarci?) Ifuni?)
De la centuria de Marco Junio.
¿Sería Junio Fasto? Su hermano, Tito Junio Severo, era mili-
tar de alta graduación, según hemos visto arriba. Gomo quiera,
el ladrillo demuestra ostensiblemente que Denia tenía guarni-
ción romana. Lo propio se infiere de la inscripción 3588.
11. «En un campo de las inmediaciones de Denia se encontró
un trozo de teja que obra en mi poder, en que está grabado y se-
llado el nombre de su fabricante,
L • S V L P I c I
S A B I N I
y al nombre va adherido en la segunda línea un ramito, que sea
tal vez la señal déla fábrica de este sujeto.» Boix, Memorias de
Sagunto, 1865, pág. 122.
LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 23
12. Mosaico «descubierto á IG de Diciembre de 1878. Brinda
con labores, fojas y compartimientos, diciéiidonossu inscripción
S E V E R I N A
r I X I T A N
nos X X X X
reC ES S !T 1 N
iJACE TERTI
V I D V S F E B
haber muerto en la paz. del Señor á 11 de Febrero y edad de cua-
renta años Severina. D. Roque Ghabás, correspondiente de la
Real Academia de la Historia, ha publicado en el folleto de El
Porvenir una erudita monografía sobre este monumento cristia-
no, que creemos del siglo iv.» Recuerdos de un viaje á Santiago
de Galicia, pág. 72; Madrid, 1880.
El mosaico se mostró al pié del sepulcro, que cobijaba el esque-
leto entero de Severina.
La colocación de esta memoria funeraria sobre el que fué ce-
menterio idolátrico no debe causar extrañeza de ningún género.
En la misma circunstancia se hallan los antiguos cementerios
cristianos de Tréveris, el famosísimo de Saint-Pierre-l'Estrier en
la ciudad de Autun (1), y tal vez el de Talavera de la Reina (2).
Denia, indudablemente, no estuvo exenta de las horribles devas-
taciones de los bárbaros que lamenta Paulo Osorio (3), é insinúa
el poeta Avieno (4):
€ Hemeroscopium quoque
Habitata pridem Me civitas, uuuc jam solum
Vacuum iucolarum, lánguido staguo madet. »
Así que, no es lícito en buena crítica suscribir á la de Cortés
(1) Le Blant, I/iscrÍ2>tions chrétitnnes de la Qaule, t, i, pág. 9 y 380.
(2) Boletín, t. in, pág. 301.
(3) L. vil, cap. 22 y 41.
(4) Ora marit, 476478. ■
24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
sobre este pasaje, oponiendo á la recta inteligencia de Vosio la.
especie de que «Denia jamás ha desaparecido, ni dejado de estar
habitada. ¿Qué documentos, ó monumentos, pudo alegar en prue-
ba? Hasta nuestros días los romanos no alcanzaban con certi-
dumbre más acá del siglo ii, ni los visigodos más allá del vi i (1).
Por otro lado, Avieno está terminante : habla de una ciudad si-
tuada al occidente del Jilear sobre la costa del golfo de Valencia,
y alude visiblemente al texto (2) donde Es trabón explica la razón
de haberse dado á Himeroscopio el nombre de Dianio.
Un fragmento lapídeo, inédito^ trazado con caracteres de fines
del siglo VI se halló en 1874 muy cerca del sitio donde, cuatro
años después, apareció el mosaico de Severina. Lo recogió y le
posee D. Roque Ghabás, en cuya casa lo copié:
. . R E L I C¿?í¿ae
s~c~0 A E P O s i t a e
s C I V I T yX L ¿ s
. . . . V S T ¿ . . .
[ t /« nfomijne Díomijni lúe smit?] reli(¡f[uiae] sfanjc(tjo{TumJ depofsitaej: sfanjcftji
Vital[is\ [Fa?] icst[i\
El fragmento que falta y que debía contener el nombre del
Obispo consagrante del ara y de la basílica, si (como no es difí-
cil) se llega á encontrar, derramará por ventura gran claridad so-
bre la historia eclesiástica de la provincia bizantina y visigoda de
Cartagena, que tiene pendientes aún cuestiones de interés muy
grave y sumidas en oscuridad profundísima.
Fidel Fita.
Madrid, 14 Diciembre 1883.
(1) Florez, España Sagrada, vii, 203-210.
(2) MsTa^u uiv ciiv ~QV Soúxijwyjg v.(>.i t«5 KapxnS'óyís rpía 7roXí'x;v'a
IMaCcraXico rwy ezViV ov ttoXv cÍTroúev rov Trorafíov • tcCtuv B^sctI yvuoi/iÚTarov
To 'HafpO(7xci7r£íoy, í'yjy im j^ ¿'xoa toj ^E^íViat; ApTÍ/íiBos hfov Céó^^oc
TifíiifjLívoj... y.aXíiíTOLi ^¿ Aíavíiv, ohy ' A^tíu.í7i:j. ni, 4, 6.
LES MARIAGES ESPAGXOLS. 25
III.
LES MARIAGES ESPAGNOLS SO US LA BEGXE DE HENRl IV
ET LA RE6EXCE DE MARIE DE MEDICIS.
. Tal es el título de la ol^ra escrita en francés por M. J. T. Pc-
rrens , y confiada tiempo há por la Academia á informe del qne
suscribe. Ocupaciones apremiantes en azarosa época, la escasí-
sima trascendencia de mi dictamen, y sobre todo, lo reacia que
se hace la obligación cuando ha de censurar, han motivado la de-
mora en el cumplimiento de encargo tan honroso. Ruego, pues,
á la xVcademia que acepte dichas causas como legítima excusa por
el tiempo trascurrido.
La obra do M. J. T. Perrens divídese en dos partes. Comprende
la primera desde el origen de las negociaciones mediadas entro
ambas cortes para los enlaces de los hijos del tercer Felipe de
Austria, especialmente los de Doña Ana Mauricia con el Delfín,
y Príncipe D. Felipe con Madame Isabel, hasta el abandono de
aquellas y muerte del Rey de Francia. La segunda comienza en la
reanudación de las notas, durante la regencia de María de Módi-
cis, y termina con la realización de los matrimonios.
Las relaciones de los embajadores de Venecia cerca de ambas
coronas, los despachos do los del Rey de Francia en Madrid y
Roma, y los remitidos al Pontífice por sus nuncios en Paris, con
especialidad los extensos de Ubaldini, principal negociador de es-
tos enlaces, sirven á M. Perrens como pilares de su obra: algunos
trozos de la correspondencia entre Enrique IV y su ministro Vil-
leroy, y entre este y el presidente Janin ó embajadores, trae con
frecuencia para verificar el texto, y procura reforzarlo, cuando
conviene á su propósito, con insertos ó citas de varias obras, en-
tre ellas las Econo^nies royales de Sully, la historia titulada de la
Mere et du fils, atribuida á Richelieu, la de Francia, de Martin,
Memorias históricas, de d'Artigni, Historia del pojitificado de
Paulo y, por Gouget, la de Los siete años de paz^ por Mathieu,
26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
el periódico coetáneo Le Mercure, y otras producciones que sería
difuso enumerar; de tal modo, que si la profusión de citas é in-
sertos, sin discernir la congruencia y oportunidad de unas y otros,
constituyese la excelencia de una obra, pocas podrían disputar el
lauro á la que motiva este informe.
En medio de tal concurso de autores y documentos franceses
para veriñcar hechos que sólo por mitad atañen á Francia, se ven
como prisioneros en extranjera tierra, cuatro ó cinco dictámenes
del Consejo de Estado de España, alguno poco pertinente, sin fe-
cha todos, y tan estropeados, que causarían lástima al más des-
piadado de sus lectores, y parecen recusar la corapeiencia de quien
allí los puso.
¡Tal vez no encontraría M. Perrens ningún historiador, ó cro-
nista, ó autor de relaciones é historias particulares en el siglo de
oro de la literatura española con que enriquecer sus citas! que
casi esto se desprende de alguno de sus comentarios; pero creo
que para salir airoso en su ensayo de crítica, valiérale más haber
escogido asunto que no se desarrollase en el periodo de los Gari-
hay, Sandoval, Mariana, Moneada, Molo, Perreras, Antonio Ni-
colás, Miñana, Gil Dávila, Pujados, Herrera y otros, cuya me-
moria no reportará mucho daño por no haberlos conocido el autor
de la obra que cuidadosa ó descuidadamente los omite.
Verdad es que de otro modo no hubiera entrado en el palenque
rompiendo lanzas, contra la corte del tercer Felipe y su Consejo
de Estado, contra sus diplomáticos y políticos, contra las costum-
bres, carácter é inclinaciones de nuestros antepasados, y lo que
es más sensible, contra la verdad histórica, desfigurada á veces
en la narración y frecuentemente en el comentario. Pero ¡qué
mucho! ¡si en su afán de batallar las rompe contra sí propio, cual
acontecía al célebre hidalgo en el pasaje de los cueros de vino!
¡ Tales son sus contradicciones !
De España hace una especie de estafermo donde topa su airada
pluma, revolviéndola á diestra ó siniestra, según le impulsa el
liumor ó cuadra á su propósito. No quiero decir que nunca acierte
en el blanco, ¿ni cómo, siendo el blanco tan grande y tan repeti-
dos los golpes? Y al hacer esta confesión comprenderá la Acade-
mia (¡ue, antes de tomar la pluma, he procurado posponer toda
LES MARIAGES KSPAGNOLS. 27
idea de amor patrio al esclarecimiento de la verdad, revistiéndome
así del espíritu de imparcialidad que exige cualquier trabajo his-
tórico. Si al mismo proceder se hubiera ajustado el autor de la
obra que nos ocupa , ahorraríase la Academia la molestia que ha
de producirle este despergeñado escrito ; pero su criterio , sea por
convicción ó por naturaleza, sigue camino opuesto.
El irritante orgullo español, lastimosamente confundido por el
en muchos puntos con la dignidad, la insidia de los españoles, la
falsía del Consejo de Estado, la ignorancia, doblez, presunción y
perfidia españolas: no hay en suma mala cualidad ni vejatoria
condición que no naturalice en este suelo, sin discurrir que, vin-
cular en un vasto territorio todo lo malo sin concederlo nada bue-
no, es tan absurdo como suponer en el orden material sombra sin
luz , ó en el moral vicio sin virtud alguna.
Lo más donoso es que regalando á este país un epíteto por cada
suceso , y deduciéndose en el curso de la narración idéntico pro-
ceder por pai'le de los suyos, se abstiene de calificarlos, cuando
no les encuentre una disculpa que, retorciendo el discurso, echa
á la postre sobre España: por tan ingeniosa manera la hace tam-
bién reo de ajenos delitos, causa de todas las faltas, origen de to-
das las torpezas cometidas por los franceses, no como franceses,
que dudo que el autor asintiera á esta aveyíturadísima hipótesis,
sino como hombres constreñidos por su mala fortuna á tratar con
una tan desventurada nación.
j Cualquiera diría que el tercer Felipe había mendigado estos
enlaces á costa, no ya del decoro, sino de la dignidad de España!
Y así ni m¿'is ni menos se asevera en la obra de M. Perrens, y en
algunos documentos que cita ó inserta, por mucho que de otros
se deduzca lo contrario, y terminantemente se compruebe esta
segunda lección con los escasísimos, por desdicha, que aquí po-
seemos de buen origen.
El autor siguiendo la correspondencia particular del Secretario
de Estado del cuarto Enrique de Francia, con un tal Regnault,
aventurero que durante el mes de Junio de 1G02 viajaba por Cas-
tilla, supone vivos deseos en el duque de Lerma de dar satisfac-
ción al Bearnés por el ultraje inferido años atrás á su embajador
en esta corte M. de la Fiochepot, renovando por ello continua-
28 boletín de la real academia de la histopja.
mente sus escusas al Encargado de Negocios, único representante
á la sazón del Rey de Francia, para que de nuevo viniese á Ma-
drid un embajador, y llevando su afán de estrechar las relaciones
basta el punto de manifestar al Nuncio del Papa que «no parecía
sino que Dios babía permitido que en el propio mes y año nacie-
ran dos príncipes de ambas Gasas, varón y hembra, para que el
matrimonio de ellos fuese lazo de unión entre ambas coronas.»
El Nuncio por indiscreción calculada y proba])Icmente conve-
nida, añade, trasladó la plática al encargado de Negocios, el cual
la trasmitió al rey sin que en el principio obtuviese respuesta por
ver Enrique IV la mano de España en la conspiración reciente
del mariscal Byron, Pero el duque de Lerma no parecía inquie-
tarse de ello, ni aun darse por ofendido de otras violentas recri-
minaciones; antes bien, haciendo caso omiso de tales fundamen-
tos de discordia, volvía sobre el asunto, auni|ue siempre por
medio de tercero. El encargado de Negocios de Francia notició á
su amo una plática habida sobre la propia cuestión entre Lerma y
principales señores de la corte en la cámara de la infanta parvu-
lita; mas los políticos franceses no creían en la buena fe del Rey
católico; el embajador de Francia en Roma Bethunes, suponía en
los españoles el doble juego de sugerir al Papa la idea de estos
matrimonios sin ánimo de verificarlos, y Enrique al contestar á
su encargado en Madrid, Brunault, decíale, que se abusaba del
Nuncio, pues no creía sincero el designio de España respecto á
los enlaces, sino que por tal modo solamente pretendían vivir en
paz con él.
A pesar de esto, nombraba su embajador en Madrid á M. Bar-
rault, encargándole tratara confidencialmente con el Nuncio so-
bre estas declaraciones, pero con discreción y en tórmmos gene-
rales; «cosa, añade M. Perrens, que le fué muy difícil, porque
desde las primeras audiencias prodigáronle demostraciones muy
expresivas á fin de que se franqueara.» Inserta un despacho en
que este refiere menudamente á su rey la entrevista con el de Es-
paña, y la complacencia de la corte al ver que la infantita le
echaba los brazos; tanta fué, que Lerma, aludiendo al accidente,
le dijo al oido , esto es c?4 hiien augurio para ambas coronas. El
embajador deduce, por último, que todos los principales señores
LES MARIAC.KS ESPAGNOL?. '29
de la corle de Felipe deseaban el matrimonio con Francia , á ex-
cepción del Condestable de Castilla, y algunos más, de dictamen
contrario, por ser la infanta hija ünica y por tanto heredera de
estos reinos, sin que la generalidad aprobase esta razón. El autor
fundado, no se sabe si en Brunault ó Barrauil, expone que Lerma
era el único ministro que no tenía como los demás resolución do
envolver ¿'i Francia en guerra civil, usando de toda suerte de arti-
ficios, y favorecer á uno de sus partidos logrado aquel propósito.
Gomo prueba, añade que se acercó al duque un hombre ruin,
proponiéndole cosas perjudiciales al cristianísimo Rey, y que
Lerma, después de reprocharle sus aviesas intenciones, lo arrojó
por una ventana. De aquí que el embajador pensase aprovechar
el momento en que el duque acompañaba al rey cá misa, para ma-
nifestarle su gratitud.
Extráñame en este punto que el minucioso Cabrera de Córdoba
omita en su Relación de las cosas de la corte, un suceso tan gra-
ve, y no menos que la gratitud del embajador francés quedara
encerrada en su pensamiento, lo cual induce á la sospecha de si
la ventana á que el autor alude sería de las que por dar salida á
la calle se llaman aquí puertas.
Como quiera que fuese, prosigue exponiendo que el duque al
fin rompió la reserva diciendo al embajador: «Preciso es creer
que las hijas de la corona de España no pueden contraer ])uen
enlace sino con hijos de la de Francia,» á lo que sólo repuso el
diplomático, «que verdaderamente eran las dos Casas mejores de
la cristiandad.» El Cardenal arzobispo de Toledo y demás señores
presentes añadieron , que esperaban ver algún día realizado este
matrimonio, concretándose Barrault á contestar: «Será lo que
Dios quiera.»
En verdad que hasta ahora no tiene el autor motivo para que-
jarse del orgullo español, tan insufrible é irritante como en algu-
nas páginas después expone. Lejos de ello, nos va pintando la
corte del tercer Felipe de tal modo, que su ministro y privado
más que arrogante señor, parece cortesano humilde del embaja-
dor de Francia; y digo así, esquivando la palabra que vendría de
molde al oficio que le hace representar.
En la sistemática frialdad del francés, tenía sobrado motivo
JU DOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
para desistir del papel nada decoroso que había tomado á su cargo.
A pesar de ello, prosigue el autor, «la reserva era tan obstinada
por una parte, como persistentes las insinuaciones por la otra, y
si esto no desanimó completamente á Lerma, inspiróle recelos
sobre sus designios. Por tal causa, añade, sin abandonarlos del
todo, formó el de proponer la infanta parvulita al Rey de Ingla-
terra, no obstante la diversidad de religión y de intereses.»
El autor supone que tal fué la misión que el Condestable llevó
á Inglaterra, y de aquí toma pié para aseverar que el hííbil mi-
nistro Rosny, tenía un motivo más de prevención contra la per-
fidia española.
Lástima que Cabrera de Córdoba en sus minuciosas relaciones,
Vivanco en su prolija historia, y la misma jornada del Con-
destable impresa pocos años después, omitan este punto impor-
tantísimo de la embajada, y mayor aún, que ni en el archivo de
Simancas , ni en el de esta Academia , se encuentren documentos
que comprueben la aseveración; pero aun suponiéndola cierta,
¿qué motivo hay para calificar de pérfido aquel acto del Gobierno
del tercer Felipe, y á mayor causa teniéndose presente los desai-
res que supone inferidos por el Bearnés? Aunque lo hubiese,
¿cómo se amplía la calificación de un hecho aislado, no ya á la
política de una nación, sino al carácter nacional, que no otra
cosa se desprende de la frase? Sobre todo, ¿qué concepto merece
un historiador que , narrando de su país la propia falta , no sólo
se abstiene de calificarla, sino que la atenúa parcialísimamente?
Rosny había ido á Inglaterra para análogo fin respecto á su
Rey, que el supuesto por el autor en el Condestable de Castilla,
sin embargo de haber dicho el embajador del de Francia en Ma-
drid á Lerma que su majestad cristianísima estaba dispuesto á
ohrar en este asunto cual cumple á un rey cristiano^ y animado
de muy buena fe para conservar la paz entre ambas coronas con
ventaja de las dos y 'provecho de la cristiandad. Y es de advertir
que los planes del Rey de Francia debían quedar en el mayor se-
creto hasta su ejecución; lo que implica la aceptación de proposi-
ciones do otras potencias, si así conviniera- á sus intereses.
Se ve, pues, que la pa^.tíica del Bearnés era mucho más preca-
vida y astuta que la de Lerma: no obstante, guárdase mucho de
LES M.vniAGES ESPAGNOLS. 31
caliílcarla como á la cspañoia; antes bien, en su propósito de mi-
rar nuestros asuntos con diverso criterio, escribe que «el Consejo
de Madrid, supongo aludirá al de Estado, empleaba un refina-
miento de hipocresía de que no era capaz el carácter abierto de
Enrique, aunque para ello esforzase su deseo.»
Cierto que muchos atribuyen tal condición al hijo de Juana
d'Albret; pero si en vez de informe fuese este escrito refatación,
alreveríame á negarle la cualidad que le regalan los que, fiján-
dose en apariencias y no en hechos, han confundido la franqueza,
compañera de la lealtad, con la astucia que dimana de interesa-
bles miras. Con esto, lejos de amenguar, se acrecen sus grandes
condiciones de rey en su época, y no es difícil deducir que la más
provechosa para su política fué la habilidad que desplegó para
desorientar á la diplomacia sobre sus planes más importantes,
con una franqueza, en ocasiones ruda, para que fuese mejor si-
mulada.
¿No comenzó por disimular su religión, dado que tuviese al-
guna, vistiéndose de católico sin perjuicio de seguir subrepticia-
mente favoreciendo á sus antiguos correligionarios? ¿No usó de
doblez al firmar lascivo contrato con la marquesa de Verneuill?
¿No la tuvo para embaucar á Gabriela? ¿No la desplegó al tender
sus redes á los de la liga que conceptuaba cómplices de Byron?
¿No la refino en sus notas sobre la ruptura entre el Pontífice y
Venecia, yendo contra el primero cuanto pudo, sin perjuicio de
jactarse á la terminación de haber salvado á la Santa Sede, dis-
putando tal éxito al Rey de España? ¿No la puso en juego hasta
la indignación, favoreciendo á los rebeldes de Flandes? ¿No la
demostró como nunca, precisamente en la cuestión de los matri-
monios españoles ?
Pues sin embargo de narrar el autor lo expuesto, y mucho más
que sobra para deducir el doble juego de Enrique y su política
artera, tiene su criterio la elasticidad de regalar al Consejo de
Madrid la calificación que en sana crítica cuadra mejor al gran
Rey. Tal vez la distancia entre las páginas le haría olvidar al
escribir el capítulo II lo que había consignado en el I , ¡ó quien
sabe si llamará franqueza á la cínica declaración de que (.(■Paris
hien valía la pena de una misa.y> En todo caso será la única que
32 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
para desgracia de la memoria del héroe le podrá reivindicar, y
aun así tendría que exponer el disimulo que para el éxito hizo de
sus creencias religiosas, dado, repito, que tuviese alguna.
Pero lo más donoso en este punto es la candidez del autor en la
siguiente frase: «Rosny estaba en lo cierto al reprochar á los es-
pañoles de profanar lo que hay de más sagrado en religión y de
abusar del nombre de matrimonio.» Conócese que al trascribir
algunas frases de las Economies royales quedó su mente supedi-
tada por el estigma que SuUy lanzaba á nuestros antepasados.
«El artificio, dice este aludiendo al doble juego de las proposicio-
nes, parece tan malicioso como grosero: podria tratarse alguna
cosa huena si los españoles fuesen Mancos en lealtad como ángeles,
y no tiznados de perfidia como los demonios. ^^
Y como al célebre ministro, á pesar de los tratos de Rosny, no
se le ocurrió objetar lo mismo de la política francesa ni de su rey,
es posible que el autor considerase que a él tampoco se le debía
ocurrir nada, ni siquiera que tal profanación era más imputable
al cristianísimo que al católico rey; puesto que la del primero,
aunque sin comentario , nos la da por averiguada , mientras que
la del segundo, que nos reprocha, puédese poner en tela de juicio ■
de no presentar mejores documentos. Y si los antecedentes valen,
es seguro que en cuanto á profanaciones no ha de salir mejor li-
brado el que apostataba de su religión por una corona, que el que
subordinaba la suya á los intereses del Catolicismo; el que vendía
sus creencias por poseer la capital de un reino , que el que mani-
festaba con fervor que saldría de la del suyo de rodillas hasta la
del orbe católico, por conseguir que se declarase punto del dogma
la Concepción inmaculada de la Madre de Dios; el despreocupado
en materias religiosas que visiblemente protege á los calvinistas,
que el que por motivos de religión llevados al extremo , más que
por razones políticas, expulsa de su país á los brazos que consti-
tuían su más positiva riqueza. Por último, ¿no era más lógico
suponer asentimiento al abuso del nombre de matrimonio en el
marido amante de muchas mujeres, que en el esposo modelo de
amor y de fidelidad conyugal? Nada de lo anterior obsta á que,
visto por otro prisma, aparezca el primero gran Rey y el segundo
un príncipe poco dado á la gobernación de sus pueblos. Cierto
LES MAR I AGES ESPAGNOLS. 33
que el autor dirige el reproche íi los españoles; mas como alude
á las proposiciones dirií?idas, según él, y no comprobadas, al
Príncipe de Gales, he debido entender que por reflexión iba contra
el Rey, sin cuyo asentimiento no puede suponerse que se diera
un paso respecto á su hija, aunque la dirección de la política la
tuviese de hecho su favorito.
Si se debiera tomar la frase en su sentido recto, le diría que
más fácil era que abusaran de un sacramento los calvinistas y
aun católicos que estaban en roce continuo con los sectarios del
reformador que por bastardos fines autorizó al Príncipe marido
de Cristina de Sajonia á contraer dobles nupcias con Margarita de
Saal, que los que á todo trance quisieron y formaron la unidad
católica.
Conócese, repito, que el autor ni ha querido molestarse en dis-
currir, ni tampoco en leer el período de nuestra historia que
pretende historiar.
En su obra sostiene que la iniciativa en el asunto de los matri-
monios era de España, contrastando el gran deseo que aquí había
de realizarlos, con la frialdad con que el Rey cristianísimo oía las
proposiciones, y el desdén que demostraba en el asunto. Esto,
empero, no es óbice para que á vuelta de hoja asegure qlie el car-
denal Aldobrandini, sobrino y secretario de Estado de Clemen-
te VIII, afirmaba en alta voz que se había de llevar á cabo la
alianza de las dos coronas , y que se haría por decidir á ella al
Rey de España de cualquier modo que fuese.
Más adelante expone, que tan creido estaba el nuevo nuncio
del Pontífice Ubaldini, que la idea é iniciativa de los matrimonios
había partido de Enrique IV, que se lo confesó así en la primera
audiencia, á lo cual contestóle enojado el Rey cristianísimo: <.<No
es costumbre que un padre ofrezca sus hijas;» pero en seguida es-
cribió á su embajador en Roma, asegurándole que las proposi-
ciones habían partido del nuncio Barberini y del embajador en
Madrid M. Barrault, á nombre del duque de Lerma ; insistiendo
en todas sus cartas hasta lograr que el Pontífice y Barberini re-
conociesen que ellos habían dado el primer paso. Lo que temía,
añade el autor, al dejar creer que había él tomado la iniciativa,
era verse obligado á aceptar otras condiciones que las suyas, si la
TOMO IV. 3
34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
política Ití constriñese á concluir estos matrimonios; pero salvados
su amor propio como padre y sus intereses como soberano, lejos
de rehusar el debate sobre este asunto, se quejó al Pontífice, por
medio de su embajador en Roma de que Barberini no le hubiese
escrito nada acerca de los enlaces en el espacio de seis meses.
También confiesa M. Perrens que el Rey de Francia recibió con
júbilo al padre provincial de los jesuítas de Flandes, á fin de que
instara al de España sobre la realización de los matrimonios; y
atribuye al primero las siguientes palabras: v-Lo mucho que deseo
el hien común de la cristiandad me lia hecho olvidar la costumbre
que no autoriza á un padre á ofrecer á sus hijas, sino que le manda
aguardar á que sean pedidas. n Luego expone haber ordenado al
Delfín, no obstante de hallarse aún entre el regazo de las damas,
que escribiese á la infantita española una carta, la cual entregó
al P. la Bastida con encargo de decir al tercer Felipe, que el Rey
cristianísimo deseaba ser su compadre y servidor, y estrechar
más y más las relaciones entre ambas coronas, con tan sólida
amistad, que se trasmitiese y perpetuase en los hijos respec-
tivos.
Inserta además una carta de Breves, embajador de Enrique en
Roma, donde dice á su soberano; «He hecho saber á Su Santidad
que todas las cosas van bien encaminadas hacia los españoles.
V. M. reconoce que no es posible realizar matrimonios más hon-
rosos y útiles que los de España, siempre que sean propuestos
por aquel Rey, etc., etc.
Pues si tal cosa confiesa, ¿por qué asegura y sigue aseverando
que las proposiciones partieron de España; que aquí había gran
deseo de que se realizaran los matrimonios, no obstante el desdén
del Rey de Francia, y supone al país sufriendo humillaciones en
pro de tal manía, sin perjuicio de tildarle de orgulloso y altivo
hasta la irritación?
No pretendo con esto negar la justicia de la calificación en mu-
chos casos; pero en este creo que España estuvo digna, y de nin-
guna manera tuvo que sufrir humillaciones por cosa en que Fran-
cia estaba mucho más interesada. La'contradicción, sobro todo,
es evidente, y repito que si el autor no incurriese en casi tantas
como páginas tiene su libro, daría á sospechar sa inocente con-
LES MARIAGES ESPAGiNOLS. 35
fianza de que el lector habría de olvidarse en un capítulo de lo
«scrito en el anterior, sin tenerlo tampoco en cuenta para el si-
guiente.
Por ejemplo; sin recordar tal vez que en la pág. 26 ha dicho
que el Consejo de Madrid desplegaba en este asunto un refina-
miento de hipocresía, de que era incapaz el carácter abierto de
Enrique IV, aunque esforzase su voluntad, dice en la 69: «Enri-
que titubeaba aún en romper con los protestantes para aproxi-
marse á la política de España. De aquí la doblez con que ocultaba
su perplejidad. Gonfesalia <'i sus cortesanos íntimos que la nece-
sidad, que es la ley del tiempo, le hacía decir ahora una cosa,
ahora otra; y nadie lo encontraba censurable, porque tal era en-
tonces en todos los países la regla de la política.»
Y entonces, ¿por qué censura al Consejo de Estado de Madrid,
y en general á la política española por la doblez de que la supo-
nía animada?
Prosigue M. Perrens en estos términos: «Si por haberla prac-
ticado lo censuramos nosotros, es porque él la creía deshonrosa,
vanagloriándose de jugar siempre á cartas vistas. Negociaba la
tregua con los holandeses, y decía áD. Pedro de Toledo, por con-
ducto de Ubaldini, que sólo por artificio les proponía buenas con-
diciones, á fin de decidirlos á reanudar una guerra para la que no
estaban bien preparados. El único medio de perderlos, añadía,
consiste en dicho tratado. Si tales palabras eran verídicas, de-
muestran que hacía traición á los holandeses; si mendaces, que
engañaba á España. Ignoraba y temía, por consecuencia, el re-
sultado de las decisiones tomadas, ó que pensaba tomar. Los que
Je rodeaban perdíanse en conjeturas sobre sus designios.»
Pues si tal conocía el autor en la pág. 170, ¿por qué en las an-
teriores regala al Bearnés tanta sinceridad, y sigue suponiéndo-
sela en muchas de las posteriores?
Más adelante escribe: «En Setiembre de 1G08 penetraba bien el
P. Coiton los pensamientos de su real penitente, y sin querer con-
tradecía Ubaldini sus propias acusaciones, reconociendo que En-
rique IV hacía depender los matrimonios de la conclusión de la
tregua, á la cual, después de haberse opuesto, sólo se prestaba
para casar á sus hijos. r>
36 boletín de la real academl4. de la historlv.
¿Dónde está, pues, la repugnancia de dicho Rey á los matri-
monios, tantas veces expuesta por el autor?
A mayor abundamiento dice en la pág. 95: «Así, pues, mien-
tras que Enrique IV quería los matrimonios para consentir en la
guerra (contra las provincias unidas), Felipe III quería la guerra
para consentir en los matrimonios.»
Mayores contradicciones aún se notan en los siguientes pá-
rrafos:
Pág. 173. «Trasmitidas por D. Pedro do Toledo al Consejo do
Madrid estas palabras (alude al reconocimiento que hacía Francia
de la razón que á España asistía en la cuestión con los holande-
ses, y la proposición hecha por la primera de que modificase sus
condiciones), fueron tomadas en él por signo de debilidad y se
aumentó la arrogancia española.»
Pág. 17 í. «España, por medio de su embajador, humillóse
hasta ofrecer prendas de su sinceridad y de su palabra, confesando
así, en cierto modo, que había razón para no darle crédito.»
Al hablar del embajador del tercer Felipe, D. Pedro de Toledo
le concede verdadero talento, por lo menos en la pág. 111; pera
esta cualidad y la de su parentesco con María de Médicis hallá-
banse contrarestadas por otras de mucha cuantía, éntrelas cuales
descollaba su intolerante orgullo; y añade: «Tales defectos, uni-
dos á los del carácter nacional, le hacían poco, á propósito para
una misión conciliadora.»
Censura el retardo del viaje del embajador que tanto contras-
taba con la vivacidad francesa (sic), suponiéndole calculado para
mortificar á Francia: en lo cual manifiesta no haber leído la Re-
lación de Cabrera de Córdoba^ tan indispensable para el asunto;
juzga con sañudo y parcialísimo criterio á todos y á cada uno de
los consejeros de Estado de Castilla, tachándolos de orgullosos y
sumamente ignorantes, con lo que falsea las mismas citas de las
Relaciones de los Embajadores venecianos en que se funda, por
hacer estas excepciones honrosas de algunos; y severamente cri-
tica las contestaciones de D. Pedro de Toledo al Rey Enrique en
sus primeras entrevistas, cuyas frases califica, en su mayor nú-
mero, de inconvenientes, de irreverentes otras, y alguna de
brutal.
LES MARIAGES ESPAGNOLS. 37
«La primera muestra de dignidad que dio D. Pedro, dice en
sentido irónico, fué hacerse esperar mucho, exagerando aún la
lentitud española, en lo que la vivacidad francesa veía un inso-
lente desdén... Su calculado retardo debía provocar vivo disgusto
en. la corte de Francia.»
Repito que el autor, con vivacidad suma, da por cierto lo que
sólo está en su mente, pues que el retardo de D. Pedro, según la
relación mencionada, cuya existencia debe ignorar M. Perrens,
consistió en la falta de recursos para el anticipo de gastos del via-
je, que al íln consiguió, merced á la usura de un prestamista (1).
Hablando de su entrada en Paris, prosigue, que chocó desde el
primer momento su actitud altanera y arrogante, y traslada el
siguiente párrafo del Lestoiee: «Los que han visto á este señor,
»dicen que tiene talento y que sus discursos son sentenciosos,
«aunque siempre acompañados de presunción española.»
M. Perrens, conforme con esta calificación en las páginas 111
y 119, parece contradecirlas en la 120 al reseñar en estos térmi-
nos la primera audiencia con Enrique IV: «Queriendo el Rey,
«dice, desde el primer momento significarle su bienvenida, le
«dijo; «Temo, caballero, que no se os haya recibido tan bien como
»merecéis.» «A estas graciosas palabras no supo responder D. Pe-
»dro sino con una amenaza brutal: «Señor, replicó, lo he sido de
» tal modo, que estoy pesaroso de tantas inconveniencias como
«veo, las cuales podrían obligarme á volver con un ejército, y
«hacer que yo no fuese tan deseado.» «VeHíre Saint-gris, repuso
«vivamente el Rey: venid cuando plazca á vuestro amo, que no
«por ello dejaría de ser bien recibida vuestra persona; y en cuanto
«al hecho de que me habláis, vuestro amo mismo, con todas sus
«fuerzas, se encontraría bastante embarazado desde la frontera,
»la cual es posible que no le diera yo el gusto de ver.»
«Lección merecida, añade el autor, que no aprovechó al espa-
pañol arrogante.» Y en verdad que si hubieran pasado así las
cosas sería merecida la lección del Rey, y no podríamos quejar-
nos; pero ¿se concibe tal contestación en una persona á quien se
supone verdadero talento y sentenciosa palabra, sin que mediase
(1) Véase la pág. 359 de la Relacióii de Cabrera de Córdoba.
o8 boletín de la real academla de la historl^.
algún antecedente, si no para justificarla, para atenuar al menos
su aspereza? (1),
No diré lo mismo de las demás que el autor tanto le censura, á
saber: la que dio á la Reina al enviarle persona que le cumpli-
mentara y le recordara los lazos de parentesco que le unían á
ella: «Los Reyes y Reinas no tienen parientes, sino subditos.»
«Palabras, dice el autor, que aunque entrañen verdad, la más^
simple conveniencia hubiera debido retener en sus labios.»
¡Lo que es la diversidad de criterios! Yo hubiera vuelto la frase
del revés, exclamando: Palabras que, aunque no entrañan ver-
dad, la más simple conveniencia las aconsejaba entonces como
deferentes y oportunas.
Al hablar más adelante del duque de Pastrana, á quien llama
D. íñigo de Selva, le reprueba el haberse atrevido á bailar con la
prometida esposa de su Rey, contrariando el uso de su país. Si
hubiera rehusado, ¿no puede i'-:ferirse que por ello merecería
igual censura? No sale mejor librado D. íñigo de Cárdenas, de
quien dice que era mal cortesano porque ofendía á la Reina con
galanterías demasiado libres, como D. Pedro de Toledo había
irritado al difunto Rey con sus insolencias. Sin embargo, cuando
estos embajadores defendían puntos en que por cualquier motivo
halagaban á la nación francesa, eran hombres razonables; y hasta
de verdadero talento si el halago era sostenido, cesando, empero,
estas cualidades al terminar la lisonja. Así que no es de extrañar
que D. íñigo, tan mal parado en su primera calificación, mere-
ciese en páginas posteriores estas líneas : «Tenía todo el espíritu
de conciliación que es permiiido á una cabeza castellana;» ni quo
dijese estas otras del embajador de España en Roma: «El emba-
jador de España en Roma, que pertenecía á la ilustre casa de
Moneada, tenía el mérito, raro en su nación, de estar exento de
(1) Tal vez se infiera algo de las siguientes palabras de Cabrera de Córdoba, que
86 leen en su carta, fechada en Madrid á 10 de Octubre de 1G08. (Página 351 de las He-
lacio'.ies J
«De Paris ha s-enido el marqués de Tabara, que fué cort D. Pedro de Toledo, el cual
■viene con mucho descontento de allá, por no haber hecho el acogimiento que se acos-
tumbra en las cortes do los príncipes á los caballeros que van á ellas, y más enviados
por S. M.; publica que D. Pedro de Toledo verná mal despachado, etc., etc.»
LES MARI.VGES ESPAGNOLS. 39
vanidad, y aparte de la fidelidad á su Rey, no había nada que no
hiciera en servicio del de Francia.» Y se me ocurre: ¿tendría
aquella cualidad sin esta última condici(3n? Tal es el criterio que
preside a toda la obra; Francia so])re todo y antes que todo, in-
clusas la justicia y la verdad; y esto aun cuando se atropello las
autoridades que ciía en el texto. En todo hace á su nación supe-
rior á España, hasta en la extensión de dominios, que no de otro
modo se consideraba entonces la grandeza de los Estados.
En este como en otros puntos pudiera citársele á M. Perrens
los mismos autores en quien se apoya para deprimir á los espa-
ñoles.
Simón Gontarini dice en su Relación correspondiente al año
de 1605: «El Rey de quien vengo á tratar es tan grande, que
abraza del mundo lo que hasta hoy nadie ha poseído, o
Girolano Soranzo, en la suya de los años IG08 y 1611, pág. 477,
confirma lo anterior con estas palabras: «Es cosa indudable que
*la mayor parte del mundo está dividida entre el Rey de España
y el gran Turco.»
Pietro Gritti, en la de su embajada de 1616 á 1620 se expresa
de este modo: «S. M., alude al tercer Felipe, posee un imperio el
más vasto y rico que desde la decadencia del imperio romano ha
poseído príncipe alguno; porque extendiéndose^ según el cómputo
de los cosmógrafos, en un espacio de veinte mil millas, se esparce
por las cuatro partes de la tierra y circunda todo el mundo.»
Tales párrafos que el autor debe haber leído, puesto que cita
estas relaciones y aún inserta los trozos desfavorables para Es-
paña, no le impiden anteponer á su país, al expresar que B'rancia
y España eran las dos naciones más grandes del mundo; si bien
la segunda había perdido considerablemente desde la paz de
Vervins.
No le negaré lo último: España había perdido ante la opinión,
pero no de su territorio, que es de lo que se trata: aún en este
caso aventajaría á Francia, y nunca podía considerar á su nación
ni tan pujante ni tan extensa como el imperio del gran Turco,
del cual hace caso omiso. Tampoco debe ignorar que los embaja-
dores citados escribieron años después de la paz de Vervins, ni
mucho menos que el mencionado Soranzo termina su relación
40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
diciendo, que (¡.España estaba llena de hombres doctísimos en to-
das letras y facultades, particularmente en literatura y leyes, co^a
digna de alabanza y aplauso que deseaba para otras provincias. n
Y sin embargo, el autor no tiene por conveniente seguirle en este
punto; antes moteja á esta misma nación de ignorante, precisa-
mente en el siglo de oro de una literatura afamada en^l mundo,
y aún estudiada hoy por las gentes que más presumen de erudi-
tas, aunque el autor no tenga noticia de ello, que esto no es de-
lito, ó procure cuidadosamente velar una noticia que saben los
estudiantes de cualquier mediana Universidad.
Largo y harto enojoso sería el reseñar todas las contradicciones
en que incurre, y aunque no lo es menos el ocuparse de los erro-
res que comete, debo añadir algunos que por completo desfiguran
la historia. Consiste uno en atribuir al Rey de Francia el arreglo
de las diferencias trascendentales habidas entre la Santa Sede y
la República de Yenecia, censurando al de España que se atribu-
yera el éxito, y no menos al Pontífice por reconocerlo así; y aña--
de: «Los españoles no habían visto sin celos á Enrique lY arre-
glar las diferencias entre Yenecia y la Santa Sede.»
La Academia sabe los esfuerzos hechos por el Gobierno del ter-
cer Felipe para el arreglo de tan espinosa cuestión ; las tropas re-
unidas en Italia á dicho fin; lo que la diplomacia española tuvo
que trabajar; por último, lo que instó al Rey de Francia para que,
dejando su fría y más que reservada indiferente actitud, hiciera
ver al Pontífice que su conversión al catolicismo no era objeto de
interesables miras, levantando algunas tropas, siquiera hasta el
número de 5.000 hombres, que aun cuando fuera aparentemente
auxiliaran á los 30.000 empleados por España para llegar al arre-
glo. En esto convienen todos los historiadores; y si se consulta al
minucioso Vivanco, nos dirá en su obra inédita que exclusiva-
mente á España se debió el buen resultado de este difícil y tras-
cendental suceso.
Aunque de tal modo no constase en documentos fehacientes,
¿cómo no inferirlo de un príncipe tan desapegado al gobierno de
su país, como celoso en todo lo que tendía al bien del catolicis-
mo, y deferente en extremo á la corte de Roma? Este fué el punto
primordial y único de su política, en el cual obraba personal-
LES MA.RIAGES ESPAGNOLS. 41
mente, y de viva voz dictaba sus disposiciones, dejando lo demás
á la inspiración ó capricho de Lerma; y á dicho ün subordinó por
completo la cuestión de matrimonios, como puede verse en las
cartas que por apéndice inserto íntegras unas, y extractadas
otras.
Si el autor las hubiera visto, como parecía de rigor, tratándose
de un asunto de España que detalladamente pretende historiar,
es posible, aunque no seguro, que hubiese rectificado muchas pá-
ginas, y entre ellas las 126 y siguientes hasta la 131, en las que
expone que Yilleroy estuvo acertado al creer que la verdadera
misión de D. Pedro de Toledo consistía en proponer los matrimo-
nios con cierta diplomacia. «No debía esperarse, dice, que el Rey
de Francia abandonase la alianza con los holandeses para obtener
la de España por medio de matrimonios que él no había jamás
solicitado, ni hecho que los solicitara persona alguna.»
Sin embargo, su propia narración nos enseña que Enrique IV
introdujo la cuestión de los matrimonios en la primera audiencia
de D. Pedro, el cual le contestó que antes de pasar á otra cosa se
debía resolver á abandonar á los holandeses, añadiendo secamenle
y con altanería, que él no tenía encargo de proponer ningún ma-
trimonio.
Así era verdad, si se juzga por las cartas mencionadas; pero el
autor establece la siguiente disyuntiva: «Si era verdad, no había
nada que más en lo profundo pudiera herir á Enrique, porque él
sabía por los despachos de su embajador en España, como por los
de Ubaldini, que el Soberano Pontiñce había propuesto los ma-
trimonios á S. M. Católica.)) Cúmpleme notar, por vía de parén-
tesis, la contradicción cometida en este punto respecto á otros en
que asegura que la proposición de matrimonios partió de España,
pudiendo inferirse de las líneas acabadas de leer, que el autor
reconoce que el Rey sabia lo que él en otras páginas ha tenido
por conveniente ignorar.
Siguiendo el párrafo, continúa: «Si el castellano mentía, y po-
día creerse así.» Mas, ¿por qué? ¿Ha visto el autor las instruccio-
nes ni ningún otro papel de España de donde pueda inferirlo?
Lejos de ello, el único que inserta es el estropeado de que á la le-
tra tomo la parte congruente y más clara: «Y habiendo pasado á
42 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Otras pláticas y asegurado D. Pedro que no tenía comisión ni po-
der para tratar casamientos se (por sí) bien avia daño (por dado)
grata audiencia en España á los propuestos por el Papa y el va-
ron (sic) de Barrault se despidió del Rey, etc., etc.»
Este inserto, cuya procedencia no se indica más que por pape-
les de España, prueban precisamente lo contrario de lo que el au-
tor dice. Si son relaciones del Consejo de Estado, como parece
desprenderse de la conclusión, ¿no es más lógico suponer que el
autor está en mal terreno al sentar gratuitamente aquella hipó-
tesis? Infiérese que la funda en una carta de Villeroy á Janin;
pero, ¿por qué dar más crédito á una carta, donde á lo sumo no
se ve más que una sospecha, que al dictamen de un Consejo, en
que para nada tenía que jugar la diplomacia, por no deber salir
de la nación?
Prosigue el autor que el Rey replicó á D. Pedro con palabras
tan duras, que si éste hubiera dado cuenta de ellas á su amo, po-
drían ocasionar un rompimiento, según se lee en un despacho de
Ubaldini.
Y hé aquí, digo yo, un Rey irritado porque no le hablaban de
lo que él quería, sin embargo del desdén que aparentaba. ¿Cómo
aquel embajador tan grosero y adusto, tan altivo é imprudente,
segiín lo califica M. Perrens, tuvo más sensatez y comedimiento
que el franco, amable y conciliador Monarca?
Conociendo el autor que estuvo muy inconveniente, y no que-
riendo este papel para el Rey de un país donde dos centurias más
tarde habría él de nacer, se apresura á escribir; «Estas palabras
imprudentes que no se hallan en ninguna parte, y que Enrique
las sentiría sin duda.r>
Pues si en ninguna parte se hallan, ¿á qué hacer mención de
ellas? Y si estampa literalmente el despacho de Ubaldini que asi
lo expresa, ¿qué importa el ignorar las pala])ras, puesto que exis-
tieron y han merecido aquella calificación? JNo es, sin embargo,
la ambigüedad lo más donoso del caso, sino que el autor se iden-
tifica con el personaje historiado por él, y tal cariño le toma, que
responde de sus intenciones en el hecho de suponer que el Rey
sentiría sin duda el hab^flas dicho, por omitirlas en la relación
que hizo á Breves de esta entrevista. ¡No podría haberlo dis-
LES JÍARIAGES ESPAGNOLS. 43
culpado con mejor intención el más adicto de sus cortesanos!
En realidad, continua, D. Pedro debía obtener de Enrique que
sin dilación abandonase la alianza de los holandeses para merecer
la de España. La de España, dice; pero en el documento en que
se apoya se lee: «para merecer los matrimomos;f> lo cual es muy
distinto, porque echa por tierra cuanto el autor ha aseverado so-
bre la iniciativa y afán de la corte española en la cuestión, así como
el desdén del Rey de Francia, y presta veracidad á las palabras
de D. Pedro, dando por el pié á la sospecha de Yilleroy y á la
gratuita afirmación del mismo que inserta el documento,
Al hablar de la entrada en Madrid del duque de Mayenne, em-
bajador extraordinario de María de Mediéis para la realización de
los matrimonios, expone la miseria y la parsimonia de España,
ya en los presentes que le hicieron, ya en la mezquindad del
mantenimiento y pobreza de los trajes españoles, «que tan humi-
llados se veían en todo y por todo al compararse con los bravos,
ricos y apuestos caballeros franceses del séquito del embajador.»
Viendo, dice, la suntuosidad de los franceses, que en un mes ha-
bían cambiado por tres ocasiones las libreas do sus lacayoS; y pro-
digaban el dinero en su camino, tuvieron los españoles vergüenza
de su vergüenza, se ruborizaron de sus viejos atavíos, y ni aun
á los criados de Mayenne osaron dar las cadenas que habían re-
cibido para este fin, porque conocieron que los franceses eran
gente demasiado lucida y sagaz para hacer caso de tales regalos.
iiPor miseria y vanidad aparecieron, pues, más estúpidos é indo-
loites de lo que eran.»
Varias de estas frases las escribe entrecomadas citando las car-
tas de Vaneólas á Villeroy: y motiva la última el retraimiento
que la grandeza mostró respecto al embajador francés.
Extráñame que tantas ocasiones aproveche para tildar á esta
nación de mezquina, el mismo autor que inserta un trozo de
carta de Vaneólas á Puysieux, donde consta que D. Iñigo de
Cárdenas entregó en nombre del tercer Felipe á Madarae Elisa-
beth, una joya con los retratos de ésta y del príncipe español,
que tenía engarzado un brillante, la cnal se estimaba en 100.000
escudos.
Verdad es que siguiendo su sistema de prevención céntralo que
44 boletín de la real academia de la historia.
pudiera favorecer á España, añade: «Si no hay exageración en el
precio, preciso es confesar que en esta ocasión aohubo mucho es-
tímulo por parte de Francia.» Así dice porque el regalo del Delfín
á la infanta de España era un brazalete que no valía más de
15.000 escudos.
Seguramente que al hablar de la miseria y mezquindad de los
españoles en trajes y en todo, no recuerda que él mismo ha es-
crito en la pág. 389, á propósito de los festejos celebrados en Pa-
rís á la publicación de los matrimonios, «que se hicieron enormes
gastos, ó como suele decirse, que se quiso echar el resto^ reci-
biendo orden los encargados de sobrepujar aún el fausto de los
españoles.»
¡Vea la Academia la escasa memoria del autor! Tan poca es,
que en la misma página en que censúrala mezquindad española,
inserta una relación del recibimiento al duque de Mayenne en
el castillo de Lerma, donde después de ponderar las viandas y
aparato con que se las presentaron, exclama en tono festivo: (íFiié
aquello wi verdadero triunfo sobre la cuaresma, ó más bien una
de las ¡procesiones que los gastrónomos de Ravalais hacen á su dios
ventri-jjotcnte.-» Cosa análoga dice acerca de los perfumes y lujo
de las habitaciones.
A pesar de todo, y contra el inserto que estampa de carta del
embajador, supone que se fué disgustado de Madrid, si bien su-
mamente complacido de las señoras, tanto, que según relación de
Puysieux, su hombre de negocios, llegaron á producirle una in-
disposición de estómago. <s.Los mensajes, añade, que diariamente
recibía, debidos al atrevimiento, avaricia y lujuria de las señoras
del país, le empeñaron al combate de tal manera, que yo no sé
cómo se habrá podido zafar. y>
El autor, por su parte, dice: «Las señoras j)araban sus carrua-
jes delante de la morada del embajador, le llamaban á las venta-
nas, le daban música por sí mismas, enviábanle guantes, perfu-
mes, aguas olorosas, dulces y toda clase de regalos; y en alta voz
publicaban que nunca habían visto hombre, ni más galante, ni
tan buen mozo. Admiraban su librea, su vajilla de piala, etc.,
asistían á sus comidas, ypor tales modos le provocaban á galan-
terías de que no se podía abstener.»
LES MARUGES ESPAGNOLS. 45
¡Dichoso mortal que, sin sor mahometano, gozó en vida del pa-
raíso prometido por el profeta á los que mueren fieles á su ley!
¿Pero no sería posihle que el autor hubiese cometido alguna
inexactitud, quiz;i por inspirarse para escribir sobre este punto de
la época de Felipe III, en un libro contemporáneo de un compa-
triota suyo, donde dice éste, que las damas españolas acostum-
braban llevar una navaja en la liga? Deduciría, no sin funda-
mento que tales damas debían ser zafadotas^ y teniendo en cuenta
que el carácter y costumbres de los pueblos no varían tan fácil-
mente, podía inferir que las abuelas de las visabuelas de dichas
damas legaron á las actuales aquella condicicju, y de aquí que un
mozo del garbo, donaire y atavío del du(]ue de Mayenne, ó de
Uména, como en Madrid se le llamaba, habría de dar al traste
con el resto de simulado pudor de las señoras de la corte del ter-
cer Felipe.
No es esto negar la esencia del hecho; ¡ni cómo, siendo Ma-
yenne tan rumboso y rico! sino inferir que las que le importuna-
ban con tantas citas y piropos, debían ser las legítimas ascendien-
tes de las que hoy, por tales hábitos, llamamos de navaja en liga,
aunque no usen ninguna de estas prendas. '
Nada tendría que oponer si se concretase á decir que la gallar-
día, donaire y gentileza del embajador fué celebrada por las da-
mas de la corte, hasta el punto de tenerle por el más galán y me-
jor parecido de todos los de su acompañamiento. Así, poco más ó
menos, se lee en la verídica y detalladísima relación de Cabrera
de Córdoba, y no ya el criterio, sino el buen sentido, basta para
rechazar todo lo que de esto pasase.
Que el autor inserta la carta de un testigo como Puysienx,
cierto; ¿pero para qué sirve el criterio? ¿Qué diría si un autor es-
pañol, reüriéndose á Francia espusiese, apoyado en la relación
de un viajero, que las señoras francesas acostumbraban asediar
á los españoles en las principales calles y cafés, usando de expre-
siones y modales algo libres; ó que solían bailar danzas en pos-
turas algo más que descompuestas? Diría, con mucha razón, que
tal viajero no había salido de los que en Paris llaman houlevares,
ni asistido á otros bailes que los celebrados en Mahille ó Chateau-
roiige, y que tal autor había cometido la ligereza de apoyar su
46 uoletín de la real academia de la historia.
historia, sin el menor discernimiento, en lo narrado por un cual-
quier transeunle, y la mayor aún de, con tales datos, ó ampliando
alguna aventura, calificar al núcleo de las señoras de una nación-
Y no es mucho que de aquí se deduzca culpa de ligereza contra
el autor y contra Puysieux. ¿No conocemos lodos al del libro an-
tes mencionado sobre costumbres de España? ¿No sabemos tam-
bién de otro, y de ilustre apellido, que desde alta mar, como pa-
sajero de un buque en viaje de circunnavegación, decía que con
sus anteojos liabia podido ver á las bellas catalanas paseándose
en la Rambla de Barcelona del brazo de sus jóvenes é indulgentes
confesores, lo cual, aparte de lo raro de la visión, es algo menos
verosímil que distinguir desde el Manzanares una cosa situada en
la Puerta del Sol nunca vista por los habitantes de Madrid? (1)
¿No habló otro renombrado autor con ligereza sobre las Canarias,
aunque nunca tan desatinadamente como el del mencionado
viaje?
Lo extraño es que al hablar M. Perrens de la miseria española,
perjudica mucho á su habilidad la circunstancia de insertar es-
critos que lo contradicen, y de añadir: «Tal gasto, por desigual
que fuese (respecto al de Francia), acabó de arruinar á los espa-
ñoles. Para cubrirlo tuvieron que echar mano de pequeñas sumas
destinadas á los infantes y á las viudas de los antiguos servidores
de Carlos Y y de Felipe II.
»Despu6s de la partida de Mayenne encarecieron en algunos
maravedís la libra de carne, como único recurso de volver á lle-
nar su exhausto tesoro.»
Si se tiene en cuenta la carne y demás comestibles regalados
diariamente á la embajada de Francia, cuya relación, que el autor
no debe conocer, detalla Cabrera de Córdoba, no es extraño que
aquel artículo alcanzase mayor precio en razón al excesivo con-
(l) M. Arago i Stiiitiag-o), en su Viaje alrededor del mnndo, escribe la frase, sin haber
siquiera fondeado en la rada su buque; pero aun cuando así fuese, no se podía ver la
Rambla desde aquella, ni aun desde el mismo puerto, ni en la época á que alude ni
en otra posterior, hasta estos últimos años en que se derribaron las Atarazanas.
Mayores ligerezas expone sobre las Canarias, que fueron refutadas por uu exce-
lente escrito, tan bien razonado camo sentido, del publicista de marina D. Ignacio de
Nfgrín.
LES MARIAGES ESPAGNOLS. 47
sumo; pero subir la carne para volver alienar un tesoro exhausto,
presupone en primer lugar la idea de que el tesoro estaba reidcto,
en segundo, la de que todo él se invirtió en la recepción mezquina
á que el autor alude, y en tercero, la de que unos cuantos mara-
vedís bastaban para repletar el tesaro de la nación cuyos domi-
nios eran, materialmente por lo menos, los más ricos y extensos
de ambos mundos (1).
Oigamos á Cabrera de Córdoba en este punto:
«Por la calle del Sordo (dice en la pá|,'. 486), que es detrás del hospital
de los Italianos, hay en esta calle, á donde sale, una puerta que á las tres
de la tarde se abre, y tiene una llave tni criado del Duque de XJména que
abriendo entra á tomarla viíuula que hoy lueten para mañana, y esto sin
verse el que lo deja allí, que es un guarda mangel, que se llama Felipe de
Ardíanos; en metiendo la vianila cierra y se va hasta otro día á las tres.
Día de carne es esto.
Ocho pavos. — Veinte y seis capones cebados de leche. — Setenta galli-
nas.— Cien pares de pichones.— Cien pares de tórtolas.— Cien conejos y
liebres. — Veinte y cuatro carneros. — Dos cuartos traseros de vaca. — Cua-
renta libras de cañas de vaca. — Dos terneras. — Doce lenguas. — Doce libras
de chorizos. — Doce pemiles de Garrovillas. — Tres tocinos. — Una tinajuela
de cuatro arrobas de manteca de puerco. — Cuatro fanegas de panecillos
de boca. — Ocho arrobas de fruta; cuatro frutas á dos arrobas de cada gé-
nero.— Seis cueros de vino de cinco arrobas cada cuero y cada cuero dife-
rente.
DÍA DE PESCADO.
Cien libras de truchas. — Cincuenta de anguilas. — Cincuenta de otro
pescado fresco. — Cien libras de barbos. — Cien de peces. — Cuatro modos
de escabeches de pescados, y de cada género cincuenta libras. — Cincuenta
libras de atún. — Cien de sardinillas en escabeche. — Cien libras de pescado
cecial muy bueno. — Mil huevos. — Veinticuatro empanadas de pescados
diferentes. — Cien libras de manteca fresca. — Un cuero de aceite. ^Fruta,
(1) iSo quiero decir que la nación fuese inmensamente rica; lejos de ello, en otro
libro procuro demostrar que la miseria del oro había muerto aquí á la riqueza del
trabajo, y que España sucumbía por la pesadumbre de su grandeza. Solamente noto
la contradicción entre la mezquindad aseverada y la ruina de un tesoro for los gas-
tos verificados para el recibimiento.
48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTÜRL4.
vino, pan y otros regalos extraordinarios, como en el día de carne se dice.
Esto es cada día, sin otras cosas extraordinarias de regalos más órnenos.
Para esto hay dedicadas cuatro acémilas con sus cajones que traen este
recado, y lo ponen en el aposento sobre imas mesas y cierran, y no parece
otro día sino las cestas vacías, y no quien las vacia. »
En resumen, por cálculo nada exagerado, resulta que el emba-
jador y su comitiva consumían diariamente unas tres mil seis-
cientas libras de carne, que casi montan á dos toneladas desleidas
en treinta arrobas de vino, acompañadas de cuatro fanegas de pa-
necillos de boca, y endulzadas con ocho arrobas de fruta (1).
Otra de las inexactil;udes que comete, es asegurar que el Rey
de España consideraba ligereza muy reprochable que su hija, ya
reina de Francia, adoptase algunas modas francesas, y sobre todo
que bailara.
Permítame la Academia que en este punto le recuerde algunos
trozos de las cartas del tercer Felipe á su hija, por ser la mejor
refutación contra lo que asevera M. Perrens.
En una que lleva la fecha de G de Junio de 1618 le dice...: «Me
hubiera holgado de ver el bailete que hicistcs, que todos los que
le vieron escrevieron maravillas del, y de quan linda salistes, y
quan bien danzastes: acá también se hizo la mascara.» En otra
de 3 de Abril del mismo año: «Me holgué mucho con las nuevas
que truxo el último correo, aunque sin carta vuestra; pero yo le
doy por bien á trueco de que no os cansasedes en escrevirme pues
lo estaredes desde el bailete y todos escriven quan bueno fué, y
quan bien lo hicisteis vos: hasta envidia tuve á los que lo vieron,
y mas á vos que diz que estabades muy linda, y esto debe de ser
cada dia mas, según habéis embarnecido y crecido, etc., etc.»
Ignoro, pues, el fundamento que haya tenido el autor para su-
poner que el tercer Felipe reprochaba duramente á su hija el baile,
como no sea una de las peregrinas invenciones del Mercurio, de
(1) «Dicen que todo el tiempo ([ue el duque se detuviere aquí, se le proveerá de la
misma manera este regalo, y si se entendiese que fuese necesario proveer con más
larga mano, se haría de la misma manera, según es grande la voluntad con que se
hace.» (Cabrera de Córdoba, pi'v" 182.) Véase lo que contrasta esta buena voluntad
con lo que el autor dice.
Ll;S MARIAGES ESPAGNOLS. 49
cuyo pajicl hace un documento fehacieute para su historia. Si
hubiese consultado estas cartas, quizá no incurriría en este ni en
otros muchos errores , y digo quizá por ser también posible que
rehusase la prueba en vista de no decir en ellas baile sino bailete.
Respecto al otro extremo, pudiera trascribir muchos trozos de
otras cartas anteriores en que siempre le recomienda la obedien-
cia á su marido, en gracia á la buena armonía que debe existir
en los matrimonios. Todas rebosan en paternal solicitud, y tanto
que á veces descienden á preguntas un tanto enojosas y de difícil
contestación para una niña, no obstante su cambio de estado.
«cMe he holgado mucho, dice en una de 16 de Enero de 1016,
por saber que quedabades buena, y el Rey mejor del mal que ha-
bía tenido, de que os podemos dar la enhorabuena como rauger
tan bien casada; y me ha parescido muy bien lo que me decís de
las visitas que le habéis hecho y lo que habéis madrugado á las
purgas y sangrías, etc., etc., me ha dado cuydado el decirme
que no tenéis buenos los ojos: espero en Dios que lo estarán
presto y ya querría que acabasedes de ser muger, que para esso
y para que me diessedes presto un nieto podría servir; y respon-
ded á lo que otras veces os he preguntado de si el Rey quando
está bueno duerme siempre en vuestro aposento ó algunas veces,
y no os corráis de decirlo á un padre que os quiere tanto como
sabéis, etc.»
Sigue congratulándose de la buena armonía que existe entre
ella, el Rey y la Reina madre , y continúa:
«El bailete que hicisteis debió de ser muy bueno , y yo holgara
harto de veros, que la de la Torre me escríve maravillas de como
ibades.»
Sigue hablando de que le envía un chapín de seis dedos más
de largo como le pedía, y concluye: «Os confieso que quisiera,
aunque os pongáis colorada, que como el Rey está muchos ratos
del día en vuestro aposento estuviera algunos de noche.»
En casi todas sus cartas le habla de bailes , y lejos de repro-
barlos, envidia á los que la vieron. ¿Y cómo no, si aquel príncipe
tan buen padre y esposo como rey deslucido, despuntaba precisa-
mente en él baile hasta merecer el dictado de primer bailarín de
su corte?
TOMO IV. 4
50 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
Quizá M. Perrens ignore también este particular por no haber
tenido á la vista ni la crónica, ni ninguna de las historias parti-
culares, ni las relaciones que corren impresas sobre este reinado.
Y en verdad que es omisión de alguna monta en quien narra
asuntos que lo abarcan de lleno.
Pues error más de bulto contienen las siguientes líneas: «La
corte de España creía tan próximo el éxito (habla de los matri-
monios) que desde los primeros días de Diciembre de 1613 anun-
ció su designio de establecerse en Valladolid.»
¡Véase cómo al fin se descubren todos los secretos! Así excla-
marán seguramente, si pudiéramos oírles, Cabrera de Córdoba,
Yivanco, León Pinedo y demás autores de relaciones, cronistas ó
historiadores de aquella época, y testigos oculares de los suce-
sos , al leer en esta singular historia uno que todos ellos vieron
realizado por motivos muy diferente en fecha anterior, y es se-
guro que no menos había de sorprender la noticia al tercer Fe-
lipe, á Lerma, al Consejo de Estado y á los alcaldes de Vallado-
lid en aquel tiempo.
Durante mucho he molestado la atención de la Academia expo-
niendo todas las contradicciones que se notan en este libro; pero
no puedo menos de cerrar el examen con una, como norma del
criterio que ha presidido á su redacción.
Dicho está que la corte de Madrid usaba de doblez y perfidia al
proponer subrepticiamente al rey de Inglaterra la infanta es])a-
ñola al príncipe de Gales , á fin de precaverse contra la derrota
que, á juzgar por el desdén de Enrique IV, iba á sufrir en las
presentadas á Francia. Pues vea la Academia lo que en la pág. 451
hablando del doble juego de la corte de María de Médicis, sobre
el matrimonio de Madame Ghretiene con el mismo príncipe de
Gales, dice de Villerroy, autor de las negociaciones:
«Así, pues, con una habilidad que no puede desconocerse en-
tretenía Villeroy el matrimonio con el Inglés, y contaba utili-
zarlo para reparar la derrota que había sufrido en el terreno de
los enlaces españoles.»
Lo cual enseña, a trovóme á añadir, que la perfidia tratándose
de España es habilidad cuando á Francia se refiere.
De propósito he dejado para fin de fiesta la traducción de un
LES >rARlAGES ESP.VGXOLS. 51
escrito anónimo que insería el autor, pul ilicado en Paris al arribo
de la embajada de D. Pedro de Toledo. Dice así: «Asomaos á
las ventanas y mirad cual vienen los galantes. En primer término,
se ven los bagajes del modo que sigue: tres carros tirados por
búfalos y cargados de patrañas cultivadas y cogidas en el jardín
del Escorial: oíros Ircs por dromedarios cargados de galimatías:
tres más por mulos de Auvergne: otros tres por ¡)écoras arcádi-
cos (1) cargados de eléboros y de gomorra extractada en Ñapóles
hasta la (juíiiluple esencia: tres amadrinados en parejas, tirados
por diez y ocho elefantes, llevando la carta de los Países Bajos
pintada en claro oscuro, sobre un lienzo de veinte y cinco toesas:
un carromato soberbiamente atalajado con doce africanos tigres,
conduciendo en un tiesto roto de tierra de Navarra, el contrato
matrimonial entre el Señor Delfín y la infanta española, exten-
dido en romance sobre pergamino de cordero nonnato , y escrito
proféticamentc por el buen patriarca Ignacio de Loyola, según la
revelación en sueño que, tres días después de su muerte, le habia
hecho Santiago de Galicia; todo él en cai-actéres tan diminutos,
que se necesitaba buena vista para poderlo leer. Veíase luego so-
])re dos angarillas llevadas á espaldas de dos esclavos como la caza
de Santa Genoveva , una almohada de terciopelo carmesí ; sopor-
tando la gorgnera de Don Pedro que medía en redondo catorce
varas y media, y media cuarta (2). Después marchaban sus pajes,
caballeros en animales de piel gris y largas orejas parecidas á IíJB
burros, toda gente joven con barbas canas, cantando á la entrada
de la corte acompañados de las melodiosas voces de sus cabalga-
(1) Quizá aluda á los guardias del rey por el epíteto que se dio durante el bajo im-
perio á los del emperador Arcadio.
(2) En carta fecha en Madrid á 19 de Enero de 1608 dice Cabrera do Córdoba (pá-
gina 323).
«Antes de Pascua mandó S. M. que se guardase la premática do las lechuguillas
pareciéndole que habia de tener su mandamiento para la ejecución más fuerza que el
rigor de los alguaciles; y sobre la medida se replicó por los de su Cámara, y ha que-
dado en sétima de vara; y conforme á esto toda la corte ha reformado los cuellos y obe-
decido á la voluntad de S. M.; por ser demasiado el exceso que en esto habia.»
Don Pedro de Toledo salió para su embajada algunos meses después. Si obedeció la
pragmática debía ser su gorguera de cuatro y media pulgadas próximamente. Sin
embargo es muy cierto que en esto de vestir había mucha exageración. ¡Pluguiera
Dios que todos los defectos de vuestros mayores fuesen tan criminales!
52 boletín de la real academla de la historl\.
duras. Seguían los oficiales de la casa de Don Pedro con toda
clase de utensilios de caza: el primero con la marmita, el segundo
con las parrillas, el tercero con la cadena del caldero y así con-
secutivamente los demás con lo restante de la cocina. Más atrás
el Mayordomo en noble arreo llevando por peto una cazuela, un
tarro de manteca por casco, una pringosa rodilla á guisa de bandfi
y empuñando un largo asador. Después la sumillería con tazas,
cubiletes, potes, viandas, botellas y cuarenta mulos cargados de
nieve, que no derretía el sol por hallarse polvoreada de catoli-
cón (1) castellano. Seguían los gentiles hombres de su casa mon-
tados en mulos, vestidos de tela vieja de cáñamo, botas de perga-
mino, en una palabra, con traje acomodado á la estación, es de-
cir, camisolas de escarlata, justillos de terciopelo negro, á causa
del polvo, sobre otros jubones de la misma tela y color, cinchados
como mulos por el vientre, apretados de tal modo que sacaban
medio pió de lengua , mitrados cual obispos de Calcuta , con gor-
gueras de pió y medio que no habían olido el almidón desde la
salida de España, golillas de terliz blanco, tan tiesas que pare-
cían de porcelana, rasuradas las cabezas á lo monge, los bigotes
como colas de mulos , y con mucha gravidad (sic) van tocando la
guitarrita y cantando á coro, cada uno diferente canción, todo
ello por supuesto muy católicamente.»
«Se ve detrás una carroza de figura de pentágono á semejanza
de la ciudad de Amberes, hecha de cartón fino y papel de estraza
y uncidos á ella diez y ocho toros de Granada. Van dentro tres
marqueses y tres condes levando un palio á la alemana, tara-
reando un nuevo aire en honor de la infantita , y tocando todos
un manicordio sin cigüeñal. Don Pedro de Toledo venia el último
como un cura de regreso de precisión, conservando la gravedad
de un vendedor de pajuelas, dentro de un aparador de tela ence-
rada bien cerrado para evitar las moscas, tirado por dos caballos
indios, y con traje de abrigo cual requería la grandeza de su
casa.»
«A la mañana siguiente tuvo lugar la audiencia. En la antecá-
mara, donde se preparaban para presentarse al Rey más grande
— «
(1) Especie de electuario purgante, compuesto de sen y ruibarbo.
LES MARIAGES ESPAGNOLS. 53
del mundo, cepilláronse muluamente, por caridad, lodo el polvo
recogido en el camino desde su entrada en territorio francés , de
tal manera que oscureciendo la cámara obligaron á salir al aire
libre á los gentiles hombres y demás de la nobleza que en orden
gerárquico hallábanse en ella apostados. Pasaron en seguida á
otra llena de marqueses, nobles y plebeyos, hicieron segunda pa-
rada, comenzando á alechugarse, á despiojarse unos á otros, y
unos á otros á sonarse las narices por caridad, cosa que cada uno
por sí no hubiera podido verificar sin estropear sus gorgneras , y
esponerse á volver á España para lavarlas; pues no se hubieran
atrevido á darlas en Francia, temerosos de que cayendo en ma-
nos heréticas incurriesen en excomunión mayor, ó lo que peor
seria, en las reclamaciones del Santo Oficio de la Inquisición.»
«Mondos ya y lindamente zurrados, diéronse á marchar con
tanta furia, y á echar con tal brío los pies por el aire, que hubie-
ran dejado tuerto, ó roto los dientes á alguno, si á los primeros
pasos no les hubiese dicho un ugier que olió como á queso de
Auvergne, — Señores, no levantéis tanto los pies que al Rey no
agrada este olor. — Así, pues moderándolos, acercáronse hasta
arrodillarse ante S. M.; dijéronle en cifra su embajada, se les
contestó en solfa, hablaron en español corrompido y se les dio
respuesta en buen francés (1).
«Bajo esta forma ligera, añade el autor, se demuestra la anti-
patía y desconfianza que inspiraban los españoles.»
No trato ni de afirmar, ni de refutar esta antipatía, aunque
pudiera encontrar en la misma obra muchos otros insertos que
contradicen al anterior; pero ¿se podrá ocultar á M. Perrens que
el sabor calvinista del escrito es lo que manifiesta antipatía, no
ya entre franceses y españoles, sino entre reformados y católicos?
¿No ha reparado que el artificio del papel burlesco , consiste en
involucrar la diferencia de religiones con la de nacionalidades?
Y aún así, no creo yo que el autor ó autores anónimos consi-
guieran sus fines. Movería el escrito ciertamente á risa, pero risa
trivial que, pasados los primeros instantes, despierta por lo me-
(1) Recueil d'ambassade et de plusieurs lettres misives concernant les aflfaires de
l'Etat de France depuis 1525 júsqu'á en 1606. Bib. Imp. ms. fr. núin. -291.
54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORL\.
nos indiferencia, cuando no desdén, contra el libelista, no sólo
en los católicos, sino aun en los de su misma secta, y después
únicamente podrán utilizarlo los representantes de farsas ó entre-
meses de corral , como medio de sacar algunas monedas de cobre
al vulgo rústico y sencillo, que en su ignorancia propende á ri-
diculizar y deprimir todo lo que pertenece al extranjero.
He procurado exponer el espíritu de parcialidad que de relieve
sale en la obra. Quizá sea ajeno á la voluntad de su autor, ó tal
vez reconociendo en él tal propensión irresistible , y no ocultán-
dosele que constituía un defectillo para tratar de historia, creyó
cohonestarlo con la siguiente protesta estampada en su prólogo:
«Debo notar con qué escrúpulo me abstengo de conjeturas y
aserciones aventuradas, como asimismo de reproducir algunos
despachos verdaderamente picantes que escribían nuestros diplo-
máticos menos conocidos, en desaliñado é incorrecto lenguaje,
pero vivo y ya muy francés, en los cuales la originalidad eclipsa
á veces las de las cartas tan bellas y ponderadas del cardenal
D'Ossat.»
Tal promete el autor, pero la Academia discernirá hasta el
punto que lo ha cumplido. En cuanto á que el público note los
despachos que dice se abstiene de reproducir, paréceme asunto
imposible, y expresado de tal modo que todas las palabras huel-
gan en la frase, á no ser que se dirija á una- pequeñísima parte
del público que fué en la época historiada, ó sea á las gentes na-
cidas dos siglos antes que el autor. Todo pudiera ser según el
criterio de los espiritistas.
M. Perrens, por último, dirige su obra con una carta en que
después de manifestar modestamente la gran aprobación que
aquella ha obtenido, y el honor que ha merecido de ser insertada
íntegra en el Diario de Sesiones y trabajos de la Academia de
Ciencias Morales y Políticas de su nación, expresa el deseo de
que esta, á quien se dirige, y califica de una de las más célebres
y respetables de Europa, le asocie con cualquier título á su com-
pañía, para significarle así la satisfacción con que veía un tra-
bajo, que llena una laguna en la historia de ambos países.
Si en vez de convertirla en pantano la hubiera saneado con los
instrumentos que la verdad, madre de la historia, proporciona,
LES MARIAÜES ESPAONOLS. 00
entiendo que sería pertinente la petición que dirige á la xVcade-
mia guardadora de ¡aquella, molestara poco ó mucho al espíritu
de patria. Sin embargo, siendo la Academia el único juez para
decidir con el criterio levantado ó imparcial que corresponde, re-
solveni en este caso lo más oportuno , si bien el autor debe darse
por satisfecho con que haya tocado este informe al menos auto-
rizado y perspicaz de sus individuos.
Javier de Salas.
Madrid, 24 Febrero 1871.
DOCUMENTOS.
I.
CdTtd del Rey al Marqués de Aitona, en San Lorenzo,
6 de Airil de 1608.
^Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo núm. 1860 )
«Por una carta vuestra de los 5 de Febrero próximo pasado se lia
entendido que el Papa os babia dicbo que el Key de Francia deseaba
el casamiento del Principe mi bijo con su bija mayor y que se le diese
á la infanta Doña María mi segunda bija para el Delfín su bijo y que
también os babia dicbo Su Santidad que el mismo Eey dijo al Provin-
cial de los Jesuítas de FLandes para que él lo dijese al Embajador del
Archiduque mi tio residente en París que haciéndose el casamiento del
infante D. Carlos mi segundo hijo con su segunda bija y dándole yo
los Paises-Bajos en dote para él y para los que deste matrimonio des-
cendieren después de los días de la Infanta Doña Isabel mi hermana
pues no tiene hijos, se ofrece de hacer que aquellas Provincias queden
sujetas al Archiduque mi tio como los Países ovedientes, y que se es-
tablezca en ellos la religión católica. Esto mismo me ha dicbo el Nun-
cio que aquí reside de parte de Su Santidad y lo ha acordado segunda
y tercera vez y últimamente lo ha hecho en virtud de cartas que dice
ha tenido del mes pasado de Marzo haciendo mucha instancia sobre la
resolución y es bien que sepáis que há muchos días que el Barón de
Barrault que aquí reside por Embajador del Rey de Francia movió la
56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
plática de los casamientos del Príncipe mi hijo con la Infanta mayor de
Francia y de la Infanta Doña María con el Delfín de Francia y des-
pués acá lia hablado diversas veces al Duque de Lerma mostrando mu-
chos deseos de que estos casamientos se concluyesen y se estrechase
mas la amistad y hermandad entre las dos coronas, y también deveis
saver como el Key de Francia ha procurado que de nuestra parte le
metiesen en el tratado de la paz con los rebeldes, ofreciendo hacer muy
buenos ofizios para facilitar la conclusión della y en particular ayudar
mucho al establecimiento de la religión católica y de que mi tio hize
ofizio con él en esta conformidad y yo lo aprové ; pues estando las co-
sas en éste estado y habiendo el Duque de Lerma respondido al Em-
bajador de Francia lo mucho que yo deseaba estrecharme en deudo y
amistad con su Eey y que para tratar desto era necesario que él se
apartase de socorrer y ayudar á mis rebeldes como lo habia hecho por
lo pasado, se ha entendido que en lugar de corresponder á lo que ha-
bia prometido en beneficio y aumento de nuestra santa fé, procurando
que las Provincias rebeldes se redujesen á recevirla y consentir el ejer-
cicio público della no solamente no lo ha hecho pero ha concluido con
ellos la liga cuya copia se os embia con esta ; y lo que es peor es que
no falta quien dice que há persuadido á los rebeldes que no admitan la
religión católica porque haciéndolo á instancia mia y de mis hermanos
irán creciendo los católicos y estando á nuestra devoción como obliga-
dos al beneficio que habrán recevido por nuestro medio, podremos ha-
cer después lo que quisiéremos sin que lo puedan remediar, de todo lo
cual he querido avisaros para que lo representéis al Papa y le digáis
la novedad y sentimiento que me ha causado entender que al mismo
tiempo que el Eey de Francia se ofreció por medianero de aquella paz
y de apoyar mucho la causa católica y metió á Su Santidad en pláticas
de casamientos para estrecharle mas conmigo aya salido con cosas tan
derechamente contrarias, en que no es menor el tiro que hace á Su
Beatitud que á mí por el poco respeto que muestra á su Santa persona
y al lugar que tiene aviendole puesto por medianero, y no es la menor
causa de mi sentimiento ver que por este camino se me quitan los me-
dios de poder acudir á Su Santidad como lo hice la vez pasada pues si
se vuelve á la guerra con los rebeldes será cosa imposible poderlo ha-
cer, que yo me he conmovido de esta sin razón, que ano estar Su San-
tidad de por medio pasara mucho mas adelante; pero con todo eso como
quiera que mi intención ha sido, és y siempre será de preferir el bien
público y universal de la cristiandad y augmento de nuestra santa fé al
particular mió, no he podido acabar conmigo de dejar de embiar perso-
na al rey de Francia que se resienta de este agravio ni tampoco sus-
pender la ida hasta tener respuesta de Su Santidad, mas por el respeto
LES MARI AGES ESPAGNOLS, , 57
que le tengo se lo he querido hacer saber al mismo tiempo para que
todo corra á un paso. Representareis á Su Beatitud que á no estar Su
Santidad de por medio fuera de diferente forma el resentimiento que
embio ú hacer con el Rey de Francia pero atento el respeto que yo ten-
go á su Santidad se le dirá solamente cuan maravillado me tiene el
aviso de ésta liga, y que apenas la puedo creer por más que se califique
por ser acción tan indigna de Rey cristianísimo que le pido me haga
saber lo que en esto ha pasado y si lo piensa remediar, pues se halla á
tiempo si quiere, atento que aun no esta prendado pues la liga presu-
pone que es para la observancia de la paz y ésta no está hecha y avien-
do el mismo pedido le tomen por medianero y teniendo tanta mano,
como dice, con Olandescs, de la demostración que hubiere se conocerá
si quiere mas mi amistad que la suya.
Y aclarando á su Santidad mi pecho como es justo le diréis que mi
intento es apurar esta verdad, porque si el Rey cristianísimo hace en
esto lo que pide la razón no solo holgaré de tener y conservar con él
buena amistad y hermandad pero de estrecharla mas si á su Santidad
asi pareciere, mas si debajo de decir que es mi amigo me ha de hacer
obras tan contrarias, mejor me será saber que es mi enemigo declarado
que no que debajo de capa de amigo me haga obras de enemistad.
Diréis mas á Su Santidad que la persona que embio á Francia lle-
vará orden de comunicar con el nuncio de Su Santidad en aquella Corte
la comisión que lleva y todo lo que hiciere confidente y llanamente, que
si su Beatitud quisiere ordenar algo á su nuncio xi este propósito lo po-
drá mandar hacer luego, aunque lo que principalmente deseo que le
ordene es que penetre la intención de aquel Rey y le haga hacer la
prueba del) a en lo que se trata con olandeses pues tal podria ser el
efecto que en ello hiciese en beneficio de la religión, que es lo que yo
principalmente deseo, y en los demás requisitos de la paz que fuese
justo admitirse y estrecharse mas su amistad por los medios y pláticas
de casamientos movida por su Santidad y por el mismo Rey ; pero no
procediendo ésto su Santidad verá claro que él seria el que cerraría la
puerta á lo que tanto ha mostrado desear, pues en tal caso si por una
parte lo ha pedido por otra desobligaría dello. Añadiréis alo dicho que
su Santidad y yo somos igualmente interesados en no dejarnos enga-
ñar debajo de tantos artificios como el Rey de Francia usa con quiebra
de nuestra reputación y dando que decir á las gentes, y que así le su-
plico ordene á su nuncio diga claro lo cierto de lo que siente de la in-
tención del dicho Rey á la persona que embio, para que con la verdad
que apurase de verdadera amistad ó falta della, pueda yo luego tomar
la resolución que mas convendrá á mis cosas.
Y por que la persona que embio lleva como queda dicho orden de
o8 boletín de la real academia de la historia.
comunicar con él nuncio de su Santidad su comisión y lo demás que en
estos negocios se ofreciere y tener con él muy particular conformidad y
buena correspondencia, sera bien que su Santidad le ordene que baga
lo mismo con él y procurareis que el despacbo que le hubiere de embiar
sea luego sin perder hora de tiempo para que habiendo hecho los ofi-
zios que ha de hacer con el Rey de Francia, pueda cuando llegue la
persona que de acá va, que partirá luego, advertirle muy en particular
de lo que se ofreciere para que tanto mejor pueda cumplir con lo que
lleva á cargo, y ireisme dando cuenta de lo que en todo se hiciere.»
II.
mi Marqués de Aitona al Rey Feli])e III en 5 de Julio de 1608.
(Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo 988.)
Extracto. «Que ha sabido por resolución cierta que el Rey de Fran-
cia espera con mucho gusto á D. Pedro de Toledo y desea el efecto de
los parentescos; que decia Villeroy su gran privado que si quisiera el
Rey de Francia ha tenido ocasiones grandes para intentar novedades:
que el mismo Villeroy dijo que no hay que apartar al Duque de Saboya
de V. M, por lo que está interesado y por la mucha merced que V. M.
le hace pero que estaria cauto sin inclinarse mas á la una parte que á
la otra. Que el Rey aunque desea mucho los parentescos quiere dar á
entender que es mas el interés de España que el de Francia; con el
propósito sin duda de tratar este asunto con mayores ventajas; y dice
«que faltando su hija segunda la que querría casar con el Sr. Infante
después de algunos años de concertado el casamiento quedaría V. M.
con los estados de Flandes pacíficos por lo que él ayudará á ello y que
el no tendría entonces ningún interés sino á V. M. mas poderoso con-
tra él, y dice que á V. M. le están mejor estos casamientos por que
teniendo los dichos Estados de Flandes pacíficos se ahorrará V. M. todo
lo que gasta en la guerra. El encarece que á V. M. le está bien por
asegurar mas lo que desea que és dejar á su hijo de tan poca edad, en
muy estrecha amistad con V. M. y á V. M. obligado á hacérsela.»
El Marqués de Aitona en 27 Abril acusó á su Magestad el recibo
del despacho de 6 del mismo (1608), en que se le mandaba representar
al Papa el sentimiento contra el Rey de Francia por que al mismo
tiempo que se ofrecía por medianero de la paz y pedia para estrechar
las relaciones los casamientos por conducto del mismo Papa, favorecía
en causa de olandeses haciendo ^liga con ellos. Que habia mostrado el
Papa sentir este proceder del Rey de Francia y se manifestaba cansado
LES MARIAGES ESPAC.NOLS. 59
de SU conducta en esto y en otias muchas mas cosas. Que el correo con
orden del Papa para que el nuncio trate con la persona que iva á Pa-
rís á penetrar la inteligencia del Rey partirla inmediatamente.
El Obispo de Montepulchiano nuncio de su Santidad en Francia es-
cribió al Papa en 28 de Mayo de 1608 la conferencia que liabia tenido
con Villeroy sobre los asuntos de España. Dice que por haber estado
el Rey en Fontenebló, á caza, no habia podido tener audiencia de su
Magestad pero que habia cont'erenciado con Villeroy en lo de la liga
con olandeses, liga celebrada sin conocimiento del Rey de España
á lo que contestó Villeroy que el Rey de España hizo la paz y se acor-
dó con él de Inglaterra sin dar parte de ello al de Francia, que la liga
habia sido en palabra con los olandeses y que el oficio fué de ceremo-
nia, pero que si los españoles caminaban con serenidad y están resuel-
tos a estrecharse con Francia no debian tener sombras desta materia,
pues las sospechas entre los dos reyes cuando sean unidos con paren-
tescos y separada Flandes de España no tendría su Majestad cristia-
nísima que desear otra cosa que ver unido á la obediencia de la hija y
del hierno á los olandeses.
Que la querella de los españoles no pedia argumentar sino tibieza de
inclinación á ésta plática, la cual le obligaba á creerlo tanto mas no
viendo llegar á la persona de España según la promesa que él Sr. Du-
que de Lerma habia hecho al embajador de su. Magestad cristianísima.
Respondió el nimcio que de los españoles se podia argumentar buena
disposición pues decian libremente sus dudas y que todavía trataban de
enviar persona á Francia donde sino era llegada procedía del maduro
consejo que se acostumbra tomar en cosas tan graves.
Que habiéndole obligado á dar alguna respuesta al Papa le dijo que
escribiese al Papa que su Magestad estaba dispuesto y pronto á hacer
el uno ú el otro parentesco con la investidura de Flandes, pues el Rey
se inchnaba mas por el Rey de España que por olandeses cuando serán
parientes y se tratará del interés de su hierno. Que Toly y el canciller
participantes y sabidores havian podido colegir que eran de una misma
voluntad como verdaderamente los ha hallado.
Que el Embajador de Flandes le ha dicho haberle sido comunicado
en confianza por el Sr. Zametto que el Rey le ha hablado en esta ma-
teria con mucha alegría como de cosa casi hecha, y que habiendo de
embiar á criar la hija á manos del Archiduque y de la Sra. Infanta ten-
dría gusto de llegarse la vuelta de Cales y pasar alguna vez disfrazado
á Bruselas.
Y añade:
Che per lettere particolari di Spagna si intende che D." Pietro di
Toledo será la persona che andará in Francia in compagniadi D." Bal-
60 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
dasai-e di Zuñiga. Ma ne rAmbasatore di Spagua ne di Jiandraue san-
no cosa alcuna per ria di Corte, clie andando egli trattará con essi con
la sólita confidenza che tratta con l'Auíbassatore de Fiandra, il quale
ha ordine dall' Arciduca di communicar seco con gran liberta et procu-
rará che da ttitte le parti si parti con ogni chiarezza et sinceritá.»
III.
Carta del Rey al Marqués de Aitona. — De Madrid d 22 de
Novieml)re 1608.
(Archivo general de Simancas. — Estado.— Legajo núm. 1860.)
Por vuestra carta de los 26 de Agosto queda entendido lo que os
dijo el Papa de lo que deseaba el Rey de Francia tubiesen efecto los
casamientos que se han puesto en platica y que habiéndole de tener por
su mano como lo pide el mismo Rey no puede ser sino cometiéndolo
ahí á quien lo trate con su Santidad con todo lo demás que acerca desto
apuntáis, y lo que se os puede responder es que tuvistes harto buena
ocasión para representar á su Santidad que el embiar yo á D." Pedro
de Toledo á Francia nació de haberme hecho decir por medio de su
nuncio la proposición que á su Santidad se le habia hecho de parte de
aquel Rey en materias de casamientos, y qiie al mismo tiempo que
trataba desto hizo liga con los rebeldes, cosa tan contraria que me
obligó á embiar á D." Pedro á resentirme con el dicho Rey y que
supiese las causas que le habia movido á una resolución tan contraria
á lo que habia propuesto á su Beatitud, pues no le habia yo dado nin-
guna como vos lo habéis visto por la copia que os emhio de la comisión
de D.° Pedro (1) el cual cuando haya apurado lo que á esto toca, y
visto lo que responde el Rey de Francia responderé á lo que agora me
proponéis de parte de su Santidad sobre la misma materia, y pues por
lo que D." Pedro os ha avisado habéis visto que aquel Rey ha negado
lo que primero habia dicho á el nuncio de su Santidad fuera bien que
se lo representaredes y a lo que ésta manera de proceder le obligaba y
que no debía su Beatitud dejarse engañar de hombre que lo que dice
un dia niega otro, y cuando os hablaren en estas materias justificando
mi causa descubriréis á su Santidad las marañas del Francés para que
vea lo poco que se puede fiar de su modo de proceder, que en esto os
(1) Tso está.
LES MARIAC.ES ESPAGNOLS. (Jl
pudierades haber alargado mas estando enterado de cuan doblado es,
y avisareisme de todo lo demás que acerca destas pláticas pasaredes con
su Santidad.»
IV.
Estado.— Legajo 1860.
Por otra carta del Rey al Marqués de Aitona de igual feclia que la
anterior se le dice «que el Marqués D. Pedro de Toledo habia escrito
diciendo que allá (en Francia) se niega haber ofrecido el Rey que si se
concluyese el casamiento del Infante D. Carlos con su hija segunda ce-
diéndole los Estados de Flandes, él haria que los rebeldes se redujesen
á la obediencia de nuestra santa madre Iglesia y de sus Príncipes. Que
conforme estas noticias con las indicadas por el nuncio combenia que
apurase esta verdad hasta saber de positivo lo que el dicho Rey ofreció
acerca desto. Que advirtiese á su Santidad que ¡a ida de D. Pedro á
Francia se fundó eu lo que su Beatitud dijo por medio de su nuncio y
que caminando en esta plática en conformidad de lo que el Rey de Fran-
cia oíreció de religión y obediencia por el casamiento y cesión de los
dichos estados holgaría que se haga y daría la seguridad que conviniere
de sxi parte para el cumplimiento de ello, como también el Rey de
Francia debia dar la suya; y que para ello procurase con la instancia
que el caso pide que el Papa lleve adelante lo que en esta materia co-
menzó avisando de lo que hubiere y á D. Pedro de Toledo.»
Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo 1860,
Én despacho del Rey Felipe III al Marqués de Aitona, embajador
en Roma de 16 de Noviembre de 1608 hay el párrafo siguiente: —
«También he visto lo que el Papa os dijo de que con todo lo que él di-
cho Rey (el de Francia) ha negado á D. Pedro de Toledo, en materia
de casamientos le habia asegurado su embajador que su amo ayudaría
las paces de Flandes con veras y que deseaba mucho los casamientos,
y con ésta ocasión fuera justo que le respondierades, pues sabiades todo
lo que habia pasado, que la habia tenido su Santidad muy buena para
resentirse de que habiéndole puesto el Rey de Francia por medianero
para tratar de matrimonios entre mis hijos y los suyos, negase después
todo lo que habia dicho mostrando en ésto, como lo habia hecho en
otras cosas, el poco respeto que le tiene, y así será bien se lo digáis y
62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
le advirtáis que al mismo tiempo que su embajador le habló en ésto
estaba embiando gente escogida á los rebeldes (como se os avisa en
otra) para que vea lo que se puede fiar de tal modo de proceder, que
pues su Santidad lo disimula y sufre no es mucho que se le atreva.»
VI.
Estado. — Inglaterra. — Legajo ntím. 2513.
El Embajador de Inglaterra, D. Pedro de Zúñiga en 30 de Julio
de 1608 decía al Rey Felipe III «que había entendido las platicas y
juntas que el Embajador de Francia que allí residía tubo con el para
manifestarle que su amo le encargaba diese cuenta al Rey de Inglaterra
de la embajada que había llevado D. Pedro de Toledo para tratar de
casamientos de sus hijos que aunque le podían estar bien, todavía de-
seaba correr su fortuna con él, y saber sí se podía asegurar de que en
Inglaterra ayudarían vivamente á los rebeldes de manera que con es-
fuerzo pudiesen volver á las armas y lioJgara de tratar allí de casamien-
tos de sus hijos ¡jara cuando tengan edad y que convenia luego dalle
respuesta para poderla el dar á D. Pedro de Toledo, y á este propósito
dice que aquel Rey hizo poca instancia en ello. El consejo fué de pa-
recer que se escribiese á D. Pedro de Zúñiga que podía responder que
D. Pedro de Toledo no llevó orden de tratar de casamientos sino en caso
que le hablaran de ellos por haberse movido ésta filática de parte del
Rey de Francia por medio del Papa aunque agora lo niega por que va
en todo sobre falso y con intento de engañar.»
En otra de 17 de Diciembre de 1609 D. Pedro de Zúñiga manifiesta
al Rey Felipe III «que el Embajador de Inglaterra residente en Fran-
cia al despedirse de aquel Rey le pidió le dijese lo que había en mate-
ria de casamientos para decirlo a su amo, porque había rumor de que
se trataba uno con España y otro con Saboya. Que el Rey le respon-
dió que era verdad que en esta materia se tenían discursos, pero, sin
conclusión alguna; que confesaba que estaba su corazón muy inclinado
á estos parentescos por ser los mas honrados y poderosos de toda la
cristiandad y que el que pudiera hacer con Inglaterra no había lugar
por qué su amo con este nuevo lihro (1) había desviado mucho de si los
corazones de todos los Príncipes católicos y que aunque él por el amor
(1) L'n libro que publicú contra el Papa Uamúudole el ante-cristo.
LES MaRIAGES espagxols. G3
que le tenia, había procurado mitigar el ánimo del Papa, liabian llega-
do las cosas á tal término que ni el ni otros podian continuar estos
oficios (1).»
VII.
Las emlaxadas célebres de los Duques de Hwnena, y de Pastra-
oía, para la condv.sion de los casamientos del Rey de Francia
Luys XIII y del Principe de Espafia Felipe IV.
(Códice H. 50 Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 51.)
Tratado etc.
Para este dia (22 Agosto segunda Audiencia) dexo el duelo la Corte
de España (fuera del Rey) hazieüdo lo mismo el de Humena, y les de
su compañía.
Entre los acuerdos se expressaua: Que la Infanta renunciaua peder
suceder ni sus hijos, ni descendientes en ningún Estado de España, sino
en dos casos solamente: quedando ella viuda de Luys XIII boluiendo
á España, y también si por razón de Estado, por el bien público de los
Reynos de España, y por justas consideraciones se cassase con voluntad
del Católico Rey su Padre, ó del Principe su hermano. Finalmente con-
cluydo el acto, y pedida licencia en otra audiencia, se partió el Duque
para Francia muy acariciado y los suyos con lamagnificencia del Rey:
y el agrado de la mucha cortesía y benevolencia de España. Escriuió
el Príncipe á Madama Isabel, y el secretario dé la primera carta fué
Don Juan Idiaquez, que dize assí: Señora embidia tengo á Don Iñigo
de Cárdenas, y que á de ver á V. Alteza primero que yo: pagúemelo
en tenerme muy en su memoria, que selo meresco por tenerla á V. Al-
teza en la mia. Espero en Dios, muy breue se certificara ú V. Alteza
deste amor, y verdad mia, yo deseo que sea luego.
Hizo su vistosa entrada (Pastrana) por la puerta de San Jaques con
este orden, los clarines españoles con cotas de armas de tela de oro, y
encarnado con las armas del Duque Embaxador; ochenta y ocho aze-
milas con reposteros de tapizeria, y armas del Duque y las de su com-
pañía: los Caualleros y criados costosissimamente vestidos, siete azemi-
(1) Debo estos documentos con sus extractos á la diligencia é ilustración de mi dis-
tinguido amigo D. Francisco Díaz, archivero interino del general de Simancas. Con
las anteriores cartas paréceme que queda clara la cuestión de matrimonios y doblez
de Enrique IV, así como que de él partieron las proposiciones de matrimonios. Tam-
bién cae por tierra lo aseverado por M. Perrens sobre las instrucciones de D. Pedro
de Toledo y sobre otras muchas cosas expuestas por dicho autor hasta el punto de
constituir por sí solas la mejor refutación de su libro.
64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
las con reposteros de terciopelo carmesí, bordados de oro y plata; diez
correos, treinta y oclio azemilas con los guarda joyas, sesenta y ocho
personas con los oficios de sa cámara en postas; luego en su segui-
miento dos clarines, y catorce pages del Duque de Neuers en cauallos
españoles, y la librea española, después doze clarines del Rey con ca-
sacas de terciopelo blanco, veinte caualleros españoles, vestidos de tela
de oro y plata, cada vno en medio de dos Señores Franceses, y los
principales eran los dos hermanos del de Pastrana, Don Francisco, y
Don Diego de Silua, el Conde de Galue, dos Marqueses, dos deudos
del Duque Don Antonio y Don Pedro de Silua, Don Sancho de Leyuas
Don JiTan Maldonado, Don Antonio del Águila, el adelantado del Rio
de la Plata, Don Manuel de Meneses, Don Rodrigo Herrera, Don
Alonso de Luna, Don Gabriel de Chañes, y Don Fernando de Leiua,
y otros Caiialleros. Después el Duque de Pastrana brillante de oro y
pedrería sobre vn brioso y bien enjaezado cauallo, y el Duque de Xeuers
á mano izquierda. Con esta Magestad entró en Paris, y fué hospedado
en la Rúa de San Antonio en la casa de Rochelaura.
VIII.
La Embaxadcb que lazo a Francia el Duque de Pastrana para la
conclusión del casamiento del Principe de España Felipe IV.
(Códice H. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 55.)
Tres dias antes que llegasse a Paris el Duque de Pastrana, fue la
Reyna aner la composición, y aderezo de la casa de Rochelaura. La
misma tarde que llegó ala posada, visito al Duque de 'parte del Rey
Mos el Grande (que es cauallerizo mayor) acompañado de mucha No-
bleza, y cantidad de hachas blancas por ser de noche. El Jueues a 16
de Agosto alas dos después de medio dia embio Mos el Grande de parte
de sus Magestades al de Pastrana treinta cauallos con gualdrapas de
terciopelo negro, y seis carrozas, las dos a seis cauallos, las otras dos a
quatro, y las vltimas a dos. Después salió a acompañar al de Pastrana
el Duque de Guisa con sus dos hermanos el Principe de Zoinville, y el
cauallero de Guisa, su primo el Duque de Elbeuf, los Marqueses de
Nermoustier, de Nesle, y de la Valeta, los Señores de Crequi, de San
Luc, de Bassompicrre, y de Termes, y mucha Nobleza, todos con cos-
tossisimas galas. Halló al de Pastrana con la Nobleza Española, todos
acanallo, y mucha vizarría, y con gallardo orden llegaron a Loure, lle-
nando el de Guisa la mano izquierda. Estañan en la puerta del Palacio
con buen orden el Capitán de la Guardia con sus Archeros en dos lu-
T,KS MAniAf.ES ESPAf.NOLS. ÜO
leras, el gran Preuoste, sus Lugartenientes con los demás Arclieros, y
la compañía ordinaria de los Suyzos. En la gran Sala liizieron la misma
assistencia el Capitán de las Guardias, sus Tenientes y Arclieros y fue
receñido el Duque del Conde de Suison?, estando los pages de la pe-
queña, y grande cauallcría tendido a lo largo de aquella sala con ha-
chas de cera blanca encendidas: y entro por la Cámara del liey en la
Galería, en donde la esperaua. En los dos lados desta Galería auia vn
palenque vestido de alfombras y por el contorno los pages de los Reyes
también con hachas encendidas. De frente auia una tarima l)ien leuan-
tada, cubierta de una alfombra de terciopelo violado, sembrado de flor
de lises de oro y vn dosel de la misma forma, y arrimadas dos sillas, la
del Rey de terciopelo, azul, y la de la Reyna de terciopelo negro, á mano
izquierda con muchas Princesas y Damas. Estando el Duque en la Ga-
lería, y los suyos arrimados alos Palenques con placa para los Caua-
lleros, se detuuo vn poco hasta que el Mariscal de Boís Daufin le hizo
passar adelante. Hechas sus cortesías presentó al Rey vna carta, d¡-
zíendole: Que el Rey su Señor le auia embiado para assegurar a su
Magestad de su afición y estimación que hazia de la suya. Entonces el
Rey le abraco y le respondió: Yo agradesco al Rey de España mi her-
mano su buena voluntad, la mía estava siempre dispuesta a honrrarle
como a padre y amarle como a hermano. Puede assegurarse bien la in-
fanta de mí entera afición a su seruicio, y de que la amare perfecta-
mente. Y también se assegure Mos el Principe de España que le tengo
de amar con toda afición como a hermano proprío. Haziendo el Duque
vna cortes reuerencia, boluiose ala Reyna, y con grandes sumissiones
le presentó otra carta. Después de muchas razones y cortesías pidió el
Duque licencia para besar la mano a Madama la infanta. Llenóle el de
Guisa por otra Galería ala antecámara, donde le reciuieron los quatro
Mayordomos, y le acompañaron hasta donde estaña Madama assentada
en vna silla baxa debajo de vn dozel de terciopelo carmesí, con franjas
de oro, vestida con ropa encarnada, bordada de oro, y mucha pedrería,
pendiente al pecho vna cruz de inestimable valor, con vna sarta de per-
las griiessas, con el adereco de la cabera vistoso y rico, dando estima-
ción a todo esto su rara hermosura. Haziendo el Duque tres reuerencias
la besó la mano, y entretanto que hazían lo mismo los Caballeros Es-
pañoles, hizo vna cumplida visita á su hermano y hermanas, y acabados
los cumplimientos se boluíó asn casa con el mismo acompañamiento que
salió della.
El sábado á 25 de Agosto dia de San Luys Rey de Francia le seña-
laron al Duque para darle la segunda audiencia, en que se auia de leer
y firmar el contrato del Matrimonio. Tomó á su cargo el Príncipe de
Conty acompañar al Duque á Palacio, y assi alas cinco de la tarde fue
86 boletín de La real academia de la historl\.
por el, y dentro de la carroza del Rey y el Embaxador ordinario con
Mos de Bonneuil liizieron su camino, siguiéndoles veinte y cinco carro-
zas llenas de Caualleros Españoles y Franceses, todos con nueuas y
vistosas galas y quarenta pages del Duque, todos con libreas costosis-
simas. Llegando á Loure, entró en la galena, donde le esperauan el
Rey con la Reyna su madre, la Reyna Margarita, Roberto Obispo de
Montepulciano, Nuncio de su Santidad, el Marques de Boti Embaxador
de Florencia, los Príncipes déla Sangre, y otros Señores con las Da-
mas déla Corte. Después de auer liecho el Duque sus reverencias, y
tomado su puesto, mandó la Reyna á Villeroy leyesse los acuerdos del
casamiento de Isabel con el Principe de España, firmados por el Roy,
el Duque de Pastrana y la Reyna madre, recibió al acto el Señor de
Seaux Secretario de Estado; bohiiendolo á entregar al Señor de Ville-
roy; y con esto se boluió el Duque á su casa con el mismo acompaña-
miento. Al otro dia Domingo á 26 de Agosto celebró el sarao la Reyna
Margarita Real y magestuosamonte assistiendo a el sus Magestades,
Madama Isabel, las Princesas y Grandes del Reyno. Los primeros que
danjaron fue el Rey con su hermana Isabel, después el Cauallero de
Luisa con la Duquesa de Vendosme. Madama Isabel dancó vn canario
con el Duque de Elbeuf. Mos de Bressieux la gallarda con la Duquesa
de Aumalla: y con la misma el Duque de Pastrana: y el después con la
Princesa de Conty, y la Princesa con el segundo hermano del Duque:
este con la Duquesa de Guisa, y su Excelencia con el otro hermano, q\ie
dancó después con la de Vendosme, y su Excelencia con el caballero de
Guisa. Y la Reyna madre mandó al Duque de Pastrana sacasse á dan-
par á Madama la Princesa de España, que se reuzó, diciendo: que en
España no acostumbraban los Grandes y Señores dancar con las Prin-
cesas, e Infantas: y la Reyna madre, por escusar porfías, mandó ala
Princesa sacasse al Duque, como lo hizo. Y finalmente se acabó el dan-
zar con vna folia, en la qual entraron Madama Isabel, el de Pastrana,
la condesa de Soissons, el Principe de Jonuille, y los demás con las de-
mas Princesas. Diose remate al sarao con vna colación esplendidissima.
Boluiendo las visitas el de Pastraua, y haziendo otras cumplidas alas
Princesas, despidióse délos Reyes, de Madama Isabel, y de sus herma-
nos: y después auiendo embiado delante la mayor parte de su compañía
a Orleans, se partió de París con quatro carrozas del Rey. Comió en
Corbéil, y durmió en Fontaineblau, passo por Orleans á 25 de Setiem-
bre llego a Burdeos, donde hallo al Duque de Humena, que se visita-
ron. Al otro dia de mañana se partió el de Pastrana para la corte de
su Rey, y el do Humena tomó la posta para Paris á donde llegó pri-
mero de Octubre y fue recibido de todos los de la casa de Lorena y otros
Principes con mucha alegría.-
LES MARIAGES ESI'AGNOLS. 67
IX.
Relación del Des2)osorio que se celeh'ó en la ciudad de Burgos en-
tre la Serenísima Princessa de España DoHa A na y el Chris-
tianissimo Princí2)e Luis de Francia.
fCódice H. 50. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 385.)
Domingo día de San Luciis 18 de Octubre de 1615 años a las once
del dia salieron de su Palacio que es la cassa del Condestable de Cas-
tilla tiene en la Ciudad de Burgos. Iba la Real Magestad del Rey Don
Phelipe 3.° acompañado de sus hijos, y Príncipes, y Grandes de su Corte
en. esta manera. Toda la guarda española, y Alemanes con sus capita-
nes, que eran el de Camarassa, y el de siete Iglesias y sus Tinientes Al-
férez y demás ministros y todos con libreas nueuas y muy ricamente
aderezados, y acabada la guardia yban los Atabales trompetas, y menes-
triles, y luego 4 Reyes de Armas. Tras ellos comenzaron los Caualle-
j'os Duques, Condes, y Marqueses y embajadores que serian en todo
hasta ciento ricamente aderezados sus personas, y cauallos con vesti-
dos vordados, y llenos de muy ricas joyas, y pedrería, de tal manera que
algunos señores como era el Almirante de Castilla, el de Velada, Sal-
daña, Peñafiel, el de los Arcos, el de Mirabel, y otros, era necesario yr-
les ayudando a tiempos a leuantarles las capas por el mucho peso que
tenian. Los cauallos yban con sus gualdrapas cabezadas y colas borda-
das sobre terciopelo negro de la mesma manera que las capas y muy
largas y cumplidas las gualdrapas, y demás aderezo que parecía que los
cauallos tenian harto que licuarlos con sus dueños enzima, y los que
yban en esta forma serian hasta 24. Sin los demás que yban ricamente
aderezados, que por todos serian los ciento que esta dicho.
Todos estos señores Ueuauan a ocho, y a doce Paxes, y otros tantos
lacayos con muy ricas libreas de diferentes sedas y colores, con mucho
oro y bordadas algunas y con cadenas, y otros aderezos de oro que huuo
mucho que ver. Estos Señores yban por su orden hasta llegar a la Car-
roza de la Reyna, tras ellos yba la Catholica Real Magestad del Rey
Don Phelipe en vn cauallo ricamente aderezado, yba vestido calza, y
coleto de Rasso blanco, y capa de terciopelo negro guarnecida con vo-
tones de oro y lo mismo la gorra con su tusón al cuello, y a sus lados
jimto a los estribos sus cuatro cauallerizos. Y luego yba vna carroza
muy rica de brocado i)or dentro, y fuera bordada con grande pedrería,
y clauos, y ruedas, y toda la madera por dentro, y fuera bordada muy
68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
ricamente, la qual lleuauan seis cauallos alazanes Napolitanos muy
grandes con ricos aderezos bordados, de terciopelo carmesí sobro que
estaua lo bordado: esta carroza lleuaua dos cocheros, y dos mozos de
coclie vestidos de terciopelo carmesí bordado de oro muy cumplida-
mente, Kn ella yba el Serenísimo Principe Don Plielipe 4 y su hermana
la Princesa Doña Ana Reyna de Francia a la cabecera y enfrente los
Infantes Don Carlos, y Don Fernando, y en medio la Infanta Doña
Margarita ricamente aderezados, como para tal ocasión.
Su Magestad de la Reina yba vestida de nacarado vordado y lo mis-
mo el Principe y Infantes junto a esta carroza, yba el Marques de Ve-
lada mayordomo mayor y el Duque de Uceda, ayo del Principe y al-
derredor della muchos caualleros, y Señores y quatro maceros con ce-
tros Reales. Luego el Embajador de Francia ricamente aderezado en vn
cauallo muy galán como los grandes.
Luego yba el Duque de Lerma en vna silla muy ricamente aderezada
y era de brocado bordada por dentro y fuera acompañado de muchos
caualleros a pie, y a cauallo, yba por esta forma por estar indispuesto
de tercianas. Luego yba la camarera mayor de la Reyna, y la muger
del Embajador de Francia. Tras esto yba en vna carroza el Padre Con-
fesor de Su Magestad y sus compañeros. Y otras carrozas de Damas y
mugeres de Grandes, ricamente aderezadas que serian hasta doce co-
ches, y en cada vna dellas dos y quatro señores de titulo ricamente ade-
rezados como los de adelante.
Con este acompañamiento y fauorecidos del buen dia que les hizo
llegaron Sus Magestades a la Sancta Iglesia metropolitana de la Ciu-
dad de Burgos donde estaua el Arzobispo y Nuncio, y el Cabildo, y
Capellán Real y Capellanes de la Capilla Real y otros muchos señores
esperando sus personas Reales, fueron con mucha música a la Capilla
mayor adonde estaua hecho vn taltlado muy grande que tomaua toda
la Capilla donde estaua la cortina, como suele ponerse. Sentóse el Rey
el primero en su silla, y luego la Reyna, y luego el Principe y los In-
fantes y Infantas en Almoadas de terciopelo. Dijo el Arzobispo la mis-
sa, y acabada celebraron los despossorios entre el Duque de Lerma en
nombre del christianissimo rey de Francia con la serenissima Princessa
de España.
El Arzobispo fue el Cura, y acabados y auiendose cantado mucho, y
hecho muchos regocijos por los músicos se salieron todos, y se pusieron
en sus cauallos y carrozas, como auian venido. Su Magestad honró mu-
cho al Arzobispo porque al salir de la Iglesia, le echó los brazos, y se
rió con el con mucho gusto mostrando el mucho que tenia en esta oca-
sión. Bolbieron por las mismab calles por do so auian ydo que son la
Plaza, y Cerrajería, y Saomental, las quales estaban muy ricamente
LES MARIAGES ESPAGNOLS. 69
aderezadas con grandes colgaduras de grande valor, como para seme-
jante ocasión.
Comió Su Magestad en público con la Reyna, y el Príncipe gustando
muclio de que la gente le viesse, y con auer alguna licencia en las
Puertas, entraron mas de 600 personas averíos, sin los Grandes, y de-
mas señores que seruian ala mesa. Las Damas estañan á la mano de-
recha, todas en pie arrimadas ala pared, y con ellas algunos señores
hablando. El Arzobispo hecho la bendición ala messa, el qual, y el
Nuncio, y el Embajador de Francia, y todos los Grandes estuuieron en
pie mientras duró la comida y el de Velada, como mayordomo mayor
estaua junto ala silla del Rey, y el de Uceda como ayo junto ala del
Príncipe arrimados ala pared debaxo del dosel de los Reyes auia qua-
tro músicos. Menestriles, Cantores, Vigüelas de arco, Vigüelas guitar-
ras, Rabeles, y arpas, y cantauan algunas letras muy buenas en ala-
banza de la Reyna que parecía cosa del cielo.
A la tarde huuo sarao publico que fue mucho de ver, ala noche lu-
minarias y muchas inuenciones de fuego. El sábado antes auia anido
vna mascara de treinta y^seis caualleros todos de Burgos con ricas li-
breas bordadas de tela de oro y con gran música corrieron delante de
Palacio y del Embajador de Francia, y otras partes, yban en quatro
quadrillas vestidos la vna Española, y otra francesa, y otra Alemana,
y otra Portuguesa, y todos muy al proprio como si de las naciones di-
chas fueran. Lunes huuo toros, y juego de cañas con capa, y gorra muy
bien corridas, que las fiestas Reales se guardaron para la vuelta.
IV.
HEBREOS DE BARCELONA EN EL SIGLO IX.
El Cali (Snp) antiquísimo, ó aljama y barrio hebreo de Barce-
lona, estaba dentro de los muros romanos; y adherido á ellos en-
tre las puertas del Oeste y del Norte, dominaba la rarribla (Ü-*^)
del Monjuí (monte judaico). Esto explica la acción que apuntan
los Anales Bertinianos sobre el año 852: «MauriBarcinonam, ju-
daeis prodentihus ., capiunt; interfcctisque pene ómnibus chri-
stianis et urbe vastata, impune redeunt.»
70 boletín de la real academia de la historia.
Del mismo siglo y del imperio de Garlos el Calvo (25 Diciembre
875-6 Octubre 877), cuando fué consagrado Frodoino obispo de
Barcelona y reparaba su Catedral, es el diploma que trac el Liher
cartarum Sedis Barchinonensis (1), y mal copió Diago de quien
pasó á Florez (2). El original dice así:
(íLiftere sunt karoli regís /rancie, qui laudavit fidelítatem harclúnonen-
sium civiiim et niisit pecuniam acl reficiendam ccdesiani.
In nomine sánete et individué trinitatis karolus eiusdem dei omnipo-
tentis in ecclesia imperator augustus. Ómnibus barcliiuonensibus , pecu-
liaribus nostris, salutem.
Sciatis quoniam superno muñere congrua prosperitate valemus. Apud
vos quoque ut et id ipsum maueat valde desideramus. Plurimas autem
vobis grates referinuis, eo quod in nostram fidelitatem semper omnimodis
tenditis. Venit denique Judas hebreus, fidelis uoster, ad nos; et de vestra
fldelitate multa nobis designavit; unde vestre fidelitati condignam remu-
nerationem et decens premium referre parati sumus. De nostre igitur fide-
litatis assiduitate nuUomodo retardetis; set in ea, prout melius scitis et
potestis , in ómnibus tendentes permaneatis, sicuti bactenus f actum habé
tis. Válete et sciatis vos quia per fldelem meum Juda cot (3) dirigo ad fro-
doynum episcopum libras X de argento ad suam ecclesiam reparare. >
Tal vez Jada el catalán fué platero ú orífice. En otra escritura
(462) del Líber cartarum, fechada en el año 1073, suena « Bonus
ysaach, cuius pater dudum vocitatus fuit Bonus Ysaach, cuius
pater nuncupatus fuit ioseph aurifex.» Con éste se ilustra el
texto de la inscripción leonesa del año 1100 (4), donde aparece
^lliM WJ p =1D1i José, ¡lijo del platero Aziz.
Fidel Fita.
Madrid, 1 Enero 1881.
(1) Folio IX, escritura Ki. Códice manuscrito do la primera mitad del siplo xui.
Existe manuscrito en el archiTO capitular de la Catedral, y allí lo acabo de Tcr.
(2) Espa'ia Sagrada., t. xxix (2." edición), pág-. lM.5.
(3) De la Marca gótica, catalán, godo, 'C'p' ^~^» ^n contraposición de francés.
En el nombre de Cataluña persiste «'"Bonido árabe de la Gotia, ó Gothland de los reyes
de Francia.
(1) Boletín, t. ii , páy. 20o.
MOVIMIENTO DEL PERSONAL ACADÉMICO
DURANTK EL SEGUNDO SEMESTRE DE 1883.
ELECCIONES.
Señores Académicos Honorarios.
Sr. Príncipe ÍAiis Luciano Donaparte, en Londrea.
Sr. Antonio d'Abbadie, en Paris.
Sr. Dr. A. H. Sayce, en Oxford.
Correspondientes nacionales.
Sr. D. Federico Baraibar, en Vitoria.
Sr. D. Antonio Rubio y Lluch, en Barcelona.
Sr. D. Rafael Bocanegra y González, en ídem.
Sr. D. José Ramos López, en Graciada.
Sr. D. Julián Suarez Inclán, en Madrid.
Sr. D. Francisco Romero de Castilla y Perosso, en Alcalá de He-
nares.
Sr. D. Adolfo Herrera, en Cartagena.
Correspondientes extranjeros.
R. P. Serváis Dirks, en Saint -Trond (Bélgica).
Sr. Dr. Godofredo Baist, en Mvnich.
Sr. A. Germond de Lavigne, en Paris.
R. P. Garlos Smedt, en Bruselas.
Sr. Anatolio Bamps, en idem.
72 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Académicos fallecidos (1).
Correspondientes :
Sr. D. Ramón Ortíz de Zarate, en Vitoria.
Sr. D. Francisco Miguel y Badía, en Barcelona.
Sr. D, Andrés Balaguer y Merino, en idem.
Sr. D. Domingo de Porlefaix, en Córdoba.
Sr. D. Pedro Tercero Urqiiiano, en Calahorra.
Sr. D. Manuel Mamerto de las Heras, en Madrid.
Sr. D. José María Escudero de la Peña, en Alcalá de Henares, el
16 de Setiembre de 1883.
Sr. D. Agustín Juan Maurandi, en Ma-arrón, cl 20 de Mayo
de 1883.
Sr. D. Zacarías Acosta y Lozano, en Madrid (2), el 10 de Abril
de 1883.
Sr. D. Gabino Abadía, en Panvplona.
Sr. D. Nicolás Taboada y Leal, en Vigo.
Sr. D. Ramón Depret, en Segovla.
Sr. D. Hipólito Estatuet, en idem.
Sr. D. Nicolás Sancho, en Alcahir.
Sr. D. Paulino Álvarez Aguíñiga, en La Habana.
(1) So anotan íilg'imos fallecidos antes (iel seg-undo semestre del año último: pero
que no se tenía noticia de ello en la Academia.
(2; Residió antes en Murcia.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO IV. Febrero, 1884. cuaderno ir.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS,
Dos Académicos de número, los Excmos. Sres. D. Antonio Ro-
mero Ortiz y D. Antonio Benavides y Navarrete, fallecieron con
piedad cristiana en los días 18 y 23 del próximo pasado Enero.
La Academia ha sentido ^n-andemente su pérdida y acordado
dignos elogios y honores fnnehres á la memoria del que fué lar-
gos años su hcnemérito Director, y del que ilustró la historia li-
teraria de Portugal y la legislativa de Aragón.
Por acuerdo y con apoyo del Señorío de Vizcaya se han dado
á luz en Bilhao los «Discursos fllosóñcos sobre la lengua primi-
tiva, ó Gramática y análisis razonada de la Euskara ó Bascuen-
ce,» que dejó manuscritos su autor D. Pablo Pedro de Astarloa,
y cedió al Señorío el Sr. D. Maleo de Erro. A esta obra se refiere
á menudo Astarloa en su «Apología de la lengua bascongada.« La
edición, salida de la imprenta de D. Pedro Velasco, consta de
792 páginas en 4.", y va precedida de una breve Lürodiicción por
el editor D. Pedro de Merladet.
La Academia ha visto con agrado y pasado á informe las si-
guientes obras, regaladas á su Biblioteca por los autores, socios
TOMO IV. 6
74 BOLETÍN DE LA REAL AGADEML\ DE LA HíSTOniA.
correspondientes en el extranjero: Folk-lore du paijs Basque^ par
Julien Yinson; Zur Diplomatik Silvesters 77, von Paul Ewald;
Les pierres gravees de la Haute Asie: Recherches sur la glyptique
oriéntale, par M. Joachim Menant; Al-Batalyo{(sÍ (extracto de la
llevue desÉtudesjuives, Octubre-Diciembre de 1883), por M. Harl-
wig Derenbourg; Codex Cortesianus (manuscrito yucateca, foto-
grabado y explicado), por M. Léou de Rosny. También ha reci-
bido de su ilustre socio honorario, Mr. Julio Oppert, Monografías
que interesan al estudio de la Numismática española en razón
del tipo ponderal babilonio. Ni menos importan al estudio del
vascuence la obra que ha dado á luz (1) el académico honoraiio
Mr. Sayce. con el título The cuneiform inscriptions of Van deci-
phered and translated. La lengua ibérica oriental ó georgiana, tal
como se hablaba nueve siglos antes de Jesucristo en la región
caucásica, se ha descubierto por medio de numerosas inscripcio-
nes talladas en la piedra con caracteres cuneiformes por los mo-
narcas indígenas del lago de Van. Su estudio comparativo ofrece
nuevos y cuantiosos datos acerca de las emigraciones hacia el oc-
cidente de Europa, determinadas por la invasión de la raza arya,
que al abrirse dichos epígrafes no había todavía sojuzgado la
Armenia.
La Academia acordó insertar en su tomo dé Memorias que está
imprimiéndose, la del Sr. Fernández Duro, que tiene por objeto
documentar con amplitud la biografía del célebre Duque do Al-
burquerque, y vindicar su honroso comportamiento en la batalla
deRocroi (19 Mayo, 1643).
El Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer ha hecho presente á la Aca-
demia del tomo iv de su historia de los Trovadores (2." edición);
Barcelona, 1883.
El catálogo de obras y objetos recibidos, que debía enriquecer
este número del Boletín, saldrá en el mes de Julio, á fin de no
retrasar otras publicaciones más perentorias.
(1) Journal of the Royal Society of Great Britaiu and Irelund, voL xiv, part. '3, í.
INFORMES.
CORTES DE BARCELONA (10 MARZO, 1131). TEXTO INÉDITO.
Asistieron á ellas San Olaguer, arzobispo de Tarragona (1118-
1137], Ramón Gaufredo, obispo de Tich (1109-114G), Bcrenguer
Dalmau, obispo de Gerona (1114-1147), abades y magnates en
grandísimo número, presidiéndolas el Conde de Barcelona Don
Ramón Berenguer III (1) con su bijo Raimundo, asociado desde
la infancia al gobierno supremo (2). Celebráronse con toda so-
lemnidad en el palacio condal de Barcelona el día 10 de Marzo
del año de la Encarnación 1130, que corresponde al 1131 de la
<ira vulgar. Así lo testifica el ejemplar original, que vio y copió
Yillanueva en el archivo del monasterio benedictino de San Pe-
dro de Roda, cuyas ruinas mirando al mar descuellan ahora
tristemente sobre el cabo de Creus, mezcladas acaso con las del
templo antiquísimo de Venus Pirenéa. Recordáis á este propó-
sito lo que escribió el sabio autor del Viaje literario (3) : «A este
mismo año 1130 (de la Encarnación) , pertenece la Junta de con-
des y obispos en Barcelona, que Florez adelantó al 1125. Al año
que digo lo pone el original que vi en San Pedro de Roda, donde
lo copié para mi colección. Y es de notar, que las palabras que
(1) Falleció á lít de Julio de 1131.
(•2) BofaruU, Los Condes de Barcelona vindicados, t. ii., pág-. 1C3; Barcelona, 1835.
(3) VI, 227.
76 boletín de la real academl\ de la historla.
Florez copió para honrar la Sede de Vique ( I ) , en el mió hon-
ran la de Barcelona. Y es que debieron escribirse varios ejem-
plares, según la variedad de los obispos que asistieron; á cada
uno de los cuales en su distrito hicieron juez de los malhecho-
res que allí se quisieron castigar.»
Desgraciadamente no he podido hallar el ejemplar original
que manejó Villanueva, ni la copia que de él sacó. Diez años ha,
me [detuve en las poblaciones de Llansá y de Figueras, donde
quedan restos del archivo de San Pedro de Roda, que examiné. La
pesquisa fué en balde. Tampoco nuestra Real Academia posee,
ni recibió el traslado en cuestión entre los documentos y papeles
correspondientes al viaje literario á las iglesias de España del
P. Fr. Jayme Villamteva ^ que había heredado el presbítero Don
Ignacio Herrera y nos entregó D. Miguel Aparici y Ortiz en vir-
tud de real orden expedida por el Ministerio de Fomento (2). En
el tomo XV del Viaje, pág. 36-56, discurre largamente el autor so-
bre el ai-chivo de aquel monasterio; pero del documento que bus-
camos, con ser de tanta importancia como lo dejó advertido en el
tomo VI, ni siquiera hace mención. ¿Por qué? ¿Se le habría ex-
traviado la copia? Así lo pienso.
Forzoso me ha sido, pues, si había de recobrar el texto, acudir
á la fuente única, que vio, mas no publicó Diago. En el archivo,.
dice (3), de la Catedral de Barcelona , en el primer libro de las
(1) «Establecieron la inmunidad de las iglesias por sus treinta pasos con pena de
COO ¡sueldos y excomunión contra los violadores: y liaj* la especialidad de señalar por
jueces sobre la materia al obispo Diocesano, ó la Sede de Vique en caso de inobedien-
cia: Si auteni il!i pftpdones , ant f tires prtecejito Fpiscopi ant Canonicormn Vicensis Seáis--
Jnslitiam faceré noluerint, aut distiilerint, tune auctoritate pradictíc Sedis Episcopi et
Canonicorum, haheatur illa Ecclesia absque mnnitione. Alargaron la inmunidad á los
clérigos monjes y monjas, que no lleven armas, y á los bienes de sus comunidades,
prohibiendo hurtos, incendios ó hacer mal á las caballerías del viajante, de! que va
al molino, del que labra los campos; y el Conde con su hijo, y los señores dejaron
en mano de los prelados lo que pretendían sobre las iglesias, cementerios y rentas,
según consta en el libro i de las Antigüedades del Cabildo de Barcelona, citado por
Diago; donde prueba que esto no fué en el año 1115, allí escrito, ni en el de 1135 sino-
en el de 1125.» EspaTia Sagrada, t. xxm, pág. 197 y IS'íí.
(2) Noticia de las actas de la Real Academia de la Historia leida en Junta pública del
1 de Junio de 18C8 por D. Pedro Sabaí', académico de número y secretario: Madrid , 18C8,.
P-'igina 7. '
(3) Historia de los victoriosísimos Condes de Barcelona; Barcelona, 1GÜ3, fol. ISn.
CORTES DE BARCELONA. 77
Antigüedades, fol. cv (1), donde vi todo esto ^ se Italia que fué ello
■ordenado en diez de Marzo de mil ciento y quinze. No le ñiltó á
Diago cierta dosis de sano criterio: rechazó la fecha del año pro-
puesta ó viciada por el códice manuscrito; sentó que la genuina
■dehe colocarse entre el principio del arzobispado de San Olaguer
(1118) y la muerte del Conde D. Ramón Berenguer iii (11311;
imaginó que el error del número xv dimanaba de la omisión de
una x; y conociendo perfectamente el estilo catalán de calendar
los años de la Encarnación añadió: «moxxv, ó por mejor dezir,
sejjún los años de aova, que son los del nacimiento de Christo el
de veijnte y seys, siendo verdad, como lo es, que las Cortes se ce-
lebraron en diez de Marco del dicho año de la Encarnación de
Christo.»
No es cierto , ni es verdad , que las Cortes se celebrasen el año
1125 de la Encarnación. ¿Pues qué? Por ventura ¿no puede el
amanuense del Códice mudar una cifra por otra, tan bien como
suprimirla?
La afirmación de Diago, que acogió sin examen Feliu, ha sido
perjudicial al catálogo de Cortes, trazado é impreso por nuestra
Real Academia (2):
«1125. Feliu, Anales de Cataluña, tomo i, pág. 333, dice que en estas
Cortes se dio forma al gobierno, y se mandaron devolver á la Iglesia los
bienes usurpados por los seglares.»
Acogióla asimismo Florez; é hizo arma de ella para reducir á
límites de tiempo escasísimos el viaje de San Olaguer á Levante.
Citaré sus palabras (3):
«Tratáronle con honor los prelados del Oriente, en especial el obispo de
Trípoli y el patriarca de Antioquia; y (el biógrafo del Santo) dice que vol-
vió á Barcelona en el año :\[cxx[i; pero debe leerse xxv, como prueba lo re-
ferido hasta aquí (4). Entonces, añade, compuso muchas disensiones, y se
dedicó á obras pías y útiles al público, recobrando para su iglesia de Barce-
(1) En realidad es ex.
(2) Colección de Cortes de los antigvos reinos de España. Catálogo, pág. 133; Ma-
drid, 1855.
(3) Bsp. Sagr., t. xx:x (2.* edición), páginas 265 y 266.
(4) Escrituras flrmadaspor San Olaguer, del 24 de Abril de 1123 y 9 Julio 1121.
78 boletín de la real academia de la historia.
lona la décima de la moneda, y moviendo al Conde á buenas leyes y concor-
dia con los genoveses. De esto hay las pruebas siguientes:
Arnaldo Guillen tenía usurpados los diezmos de San Saturnino de Collsa-
ladell, pero el santo le obligó á volverlos en 7 de Noviembre del año 18 del
Rey Luís, que fué el año 11 25 de Cristo; y así sabemos que había vuelto á
Cataluña en aquel año.
Pero otra escritura anticipa meses, refiriendo en 6 de los idus de Marzo
la gran Junta de prelados y señores tenida en el palacio de Barcelona, con
asistencia del santo arzobispo, de los prelados R. de Viquey B. de Gerona^
según prevenimos en el tomo precedente de Vique sobre el año 112o, y do
ella trata Diago sobre aquel año (I), Las iglesias lograron muchas ventajas
en sus bienes é inmunidades, lo que sin duda provendría de la eficaz inter-
vención y valimiento de San Olegario, que como refiere aquel autor, iutluyó
también en componer las diferencias que había entre el Conde de Barcelona
y la república de Genova.
Otra escritura del libro i de Antigüedades, folio 200, nombra al santo con-
firmando la donación que el deán Arnal hizo al sepulcro de Santa Eulalia,
dotando una lámpara para siempre. Fecha en 13 de Febrero, an. Incarna-
iionis Domini mcxxv, sin año del Rey; según cuyos documentos no gastó el
santo en el viaje á Jerusalen más que el tiempo preciso, para menor ausen-
cia de su iglesia.»
Ni esta üllima escritura, ni mucho menos, la de las Cortes an-
ticipan meses al 7 de Noviembre de 1125 para el regreso de San
Olaguer desde Jerusíilón á Barcelona; pues, como llevo dicho y
no negaréis, el año de la Encarnación, usado en Cataluña y eii
toda España, anda una unidad rezagado del nuestro común, ó
vulgar, desde el dia 1,' de Enero, y no le alcanza hasta el 25 de
Marzo.
Sobre la cuestión i¡ue nos ocupa, nadie (que yo sepa), á excep-
ción de Vilianueva, ha hecho adelantar un solo paso á la critica.
Peor que eso, Florez la empujó hacia ativis tomando de Diago lo
malo, y suprimiendo en parte lo bueno.
Si tuviésemos á nuestra disposición el ejemplar original que
poseían los monjes de San Pedro de Roda , esto nos bastaría.
para dirimir la contienda. ¿Cómo no preferirlo a una copia escrita
más de un siglo después y que lleva en su propia frente, ó en la
fecha que señala, el torpe rastro de amanuense imperito?
(4) Diago, seg-ún se ha visto, entieniJe que elaño en cuestión es el 112G de la era vul-
gar, ó 1125 de la Encarnación, á 10 de Marzo. No debía callarlo Florez.
CORTES di: RAKCELONA. /9
El códice, que Di¿igo y Florcz llarnau TAhro I de las Juligüedct'
des y lie compulsado no lia muchos días alentamenle, es un enor-
me Cartulario de pergamino en folio mayor, rayado á punziui
y á dos columnas, encuadernado con planchas de madera, forra-
das de cuero rojo y asitlas por abrazaderas de cobre. En el dorso
brilla dorada la inscripción: LÍBER I ANTÍQVITATVM. Con-
tiene más de ochocientas páginas, donde se desarrollan 1.131 do-
cumentos, 6 escrituras de un mismo carácter paleográfico, que
alcanzan hasta mediados del siglo xiii, si bien están numeradas
de cifra moderna al margen. El verdadero título de todo el Có-
dice viene expresado por la rúbrica inicial: «Incipit liber carta-
rum sedisharchinonensis, primo continens privilegia regum fran-
corum. Secundario, privilegia barchinonensium comituin et prin-
cipum. Tercio, privilegia romanornm pontificum et decreta. Quar-
to, comissiones. Deinde continet cartas et testamenta donacio-
num, venditionum, commutationum, laxationum, impignoratio-
num, infra muros et extra, et de territorio. Postea de parochiis (1)
per ordinem.»
El documento que buscamos, aparece registrado en e\ folio 105^
escritura 256. Lo transcribo, marcando entre iniciales, ó por vía
de nota, las correcciones oportunas. Para mayor claridad y dis-
tinción numero las leyes ó capítulos.
« Hec sunt securitates ecclesiarum, clericorum,
monachorum et feriarum, mercatorum , aratorum,
constitute ab episcopis et comité (2). »
Annodominiceincarnationis C.° xv° [corríjase xxx^] post M, vi
idus marcii, convenerunt O. tarragonensis archiepiscopus, et
R. Ausonensis et B. gerundensis episcopi, et abbates terre, et,
magnates quamplurimi, in palatio barchinoncnsi in presencia
domni Raimundi barchinonensis comitis et marchionis (3), et filii
eius Raimundi, ad tractandum de comuni utilitate ipsius terre.
1. Constituerunt namque predicti episcopi cum ceteris mag-
(1) Esta parte de las parroquias llena otros tres volúmenes.
(2J Epígrafe de tinta encarnada.
(3) Marqués de Provenza.
80 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
iiatibus ut ab ipsa die et deinceps ullus utriusrjue sexus eccle-
siam, aut mansiones que in circuita ecclesie sunt aut erunt, us-
que ad. xxx. passus non invadat, aut infringat, iiisi episcopi aut
canonici, quibus illa ecclesia subiecta fuerit, propter suum cen-
suní aut propter hominem bine eicienduní excommunicatum,
Ecclesias autcm illas in bac defensione non posuerunt, in quibus
castella constructa sunt. Eas vero ecclesias, in quibus raptores
vel fures predaní vel furto (1) congregaverint, vel malefaciendo
exierint, aut illic redierint, tam diu salvas esse jubemus doñee
querimonia raale facti aut proprium episcopura aut ad sedem
[vicensem (íj] prius perveniat. Si autem illi predones aut fures
precepto episcopi et canonicarum [viccnsis] sedis justitiam faceré
noluerint aut distulerint, tune auctoritate prcdicte sedis episcopi
et canonicorum habeatur illa ecclesia absque [imjmunitione. Ule
autem homo, qui aliter ecclesiam invaserit, aut que in circuitu
eius sunt usque ad xxx* passus irruperit, summam sexcentorum
solidorum pro sacrilegii compositione emendet, et tam diu ex-
communicetur quousque digne satisfaciat. Siquis tamen intra ip-
suní cimiterium alodium proprium habuerit, et eo pacto illud ec-
clesie dederit ut habeat inde ecclesia annuum censuní pro salvi-
tate in qua cpiscopus eum posuit resérvala sibi proprietate, pote-
rit ipse homo in ipso suo alodio distringere hominem suum vel
feminam de sua iuslilia, cum opus fuerit.
2. ítem placuit ut clericos qui arma non portaverint, aut
monachos seu sanctimoniales, sive celeras mulleres aut eos qui
cura eis ierint aut fuerint, si arma non tulerint, ullus homo non
invadat nec aliquam eis injuriara faceré presumat. Gomunia vero
canonicorum vel monachorum ullus homo non infringat, aut
inde non ali(]uid diripiat.
3. Similiter confirmavcrunt predicli episcopi et principes ut
ullus homo in islo episcopatu predam non faciat de equabus vel
pullis earum; et ut omnes negociadores, qui causa mercandi
(1) Mantengo el solecismo. Furto es palabra técnica del idioma legislativo que se
introduce en el texto latino con tanta propiedad como aguayt, aliscara, engan, ttvaga,
en el Código de los Usajes de Barcelona.
(2) En el original de San Pedro de '?oda <íbarchinonensem;» y más abajo <^<barchino-
nensis.»
CORTES DE BARCELONA. 81
vaduut per terram vel ad forura, et omnos qui vaJiint ad moleii-
dinum causa molendi, cum ómnibus suis rebus in hac pacis
securitate cum ipsis bestiis et houoribus suis constiluerunt.
Boves autem et omncs alias bestias aregas cum loto suo apere et
cum ipso aratore , qui inde araverit, vel pascuis cas duxcrit,
vel custodierit, cum ipso sementé (1), iu eadem pace nichilomi-
nus posuerunt.
4. Nullus liomo audeat incendere domum vel res alterius,
nisi sicut sci'iptnm est pro necessitate iusticie cum consilio ipsius
episcopi. Quod si aliter presumpserit, sententiam , que super boc
a romano pontifica (2) promúlgala est, subeat; et doñee boc
facial, sit excommunicatus et abhominatus ab ómnibus fidelibus.
5. Quicunque hanc pacem quam prediximus infregerit, et
lili cui eam infregerit infra. xv. dies in simplum non emendave-
rit; si dies. xv. transierint, in duplo componat. Quam duplatio-
nem habeat episcopus ipse qui eam redirigere fecerit.
6. Predictus quoque venerabilis comes cum filio suo Rai-
mundo cum consensu et aclamatione magnatum et nobilium
virorum , ipsi et omnes qui in ecclesiis aliquid requirebant
dimiserunt in potestate archiepiscopi et predictorum episcoporum
omnes ecclesias cum alodiis et oblalionibus et defunctionibus
suis, que modo habent, vel habere debent, vel in antea eis iuste
coQcessa fuerint; clericos quoque et eorura bona et capellanias
et omnem donationem ecclesiarum , ut ipse archiepiscopus et
episcopi babean t ea omnia libere et disponan t ea in beneplácito
suo secundum cañones ad honorem Dei et ipsius ecclesie. Gimi-
teria quoque dimiserunt eis libera, excepto hoc quod supra scrip-
tum est, si forte aliquis habuerit ibi alodium suum proprium,
quod non erit in ipsa salvitate nisi annuum censum ipsi red-
dierit (3) ecclesie. In parte autem decimarum , quam ecclesie
habent, ipsi clerici ponan t homines suos, qui requirant et acci-
piant ipsam partem liberam ad opus ecclesie, sicut et decimarum
laicorum accipiunt suas. Pro illis autem decimis , quas laici
(1) El ms. añade «qui».
(2) Inocencio II.
(3) En lugar de «reddiderit»*.
o2 boletín de la real academia de la historia.
adhuc sibi relinent, faci¿int ómnibus per. sxx. dies super sarra-
cenos quecunque suus episcopus eis mandaverit.
7. Si clericus tenuerit aliqua alodia scrvicialia a laico, et
ipse laicus voluerit ainicabiliter dimittere, habeat ea; sin autem,
recuperet sibi, dummodo ut laica persona nullatenus habeat
aliquam dominationem super ecclesiaslicam personara vel cctera
bona eiüs.
Hasta aquí el Cartulario. Su lipo dimanó de un ejemplar pro-
cedente de la diócesis de Vich, como lo pruelja el primer artículo
de las Cortes; y por curiosa coincidencia el original que vio Yí-
llanueva en San Pedro de Roda, monasterio enclavado en la
diócesis de Gerona, pasó allá desde Barcelona.
Todas las leyes, ó Constituciones, son eco vivo y claro espejo
de dos concilios á los que asistió San Olaguer: el primer ecumé-
nico de Letrán (27 Marzo 1123), que reunió Calixto II; y el de
Clcrmont (18 Noviembre 1130) presidido por Inocencio II , cuyo
canon xni no figura en el de Letrán y le fué añadido.
Este canon célebre (1), que las Cortes mandaron guardar y
cumplir fsententiam , qicae super hoc a romano pontífice promid-
<jata est, suheatj decide completamente nuestra cuestión cronoló-
gica. Propuesto asimismo en los concilios de Reims (18 Octu-
bre 1131) y ir ecuménico de Letrán (8 Abril 1 139) se insertó por
el provincial de Lérida (6 Febrero 1173) en los siguientes tér-
minos:
«Horrendam quidem incendii malitiatn , taraquam pestem prae caeteris
depopulatricetn, et Dei populo damnosam , et uon 6olum corporibua sed
aniíiiabus perniciosam, auctoritate Dei et beatorum.apostoloruin Petri et
Pauli orunino detestamur et interdiciraus. Quisquís igitur post prohibitionis
iiostrae promulgationem malo studio, sive pro odio sive pro vindicta, ignera
apposuerit, vel apponi ftcerit, vel appositoribus consiliuiu et auxilium
scienter tribuerit, excornniunicationi subiaceat, doñee damnum ei cui
intulerit eecundum facultatem suam resarcierit, et tale scelus nequáquam
86 perpetraturuní iuraverit; alioquia, si mortuus fuerit, ecclesiastica sepul-
tura careat. Poenitentia ei detur a Jerosolymis; vel in Hispanias (2) in
(1) Tejada, Colección, de cánones y de todos los concilios de las Iglesias de España,,
tomo III, pá^'. 28t;. Madrid, 1801.— Sainz de Baranda, España Sagrada, t, xi.viii,
piií,-. 30"J. Madrid, 18'!2.
(2) Ocupadas jtor los sarracenos.
CORTES DE BARCIÍLONA. 83
servitio Dei per annura integrum serviat. S¡ quis episcopus hoc relaxavent,
damnum restituat et per annuru ab oíTicia pontificali se abstincat. Sane
regibus et principibus faciendae justitiae , consultis archiepiscopis et
episcopis, facultatem non denegaiuue.»
La fecha de las Corles no es dudosa. El día íO de Marzo, poste-
rior al del concilio de Glermont (18 Noviembre 1130), y anterior
al del fallecimiento del Conde D. Ramón Berenger III (19 Julio
1131), no puede convenir sin'o al año designado por el ejemplar
de San Pedro de Roda, el cual por lo visto, era autentico.
El carácter legislativo de tan notable Asamblea, su tiempo apro-
ximado y la gran parte que en ella cupo á San Olaguer, son cir-
cunstancias que menciona expresamente (1) la Biografía del
Santo escrita en 1324 y publicada por Florez.
Cumque Cathaloniam pervenisset, coepit dirutam Tarraconensem civita-
tem et templa reaedificare. Tune vocatus a Calixto adiit Lateranense conci-
lium, in quo multa consilia praeetitit salutaria et ad erigendas sacras san-
ctiones. Cumque tantam esset Pontifex intuitussapientiam, in Hispaniarum
regnis suum a latere constituit legatum. Cumque Legati officio fungeretur,
adstitit Comiti Dertosara et Ilerdam oppugnanti; quid vero in illis praeliis
prüficeret, militiam consolando et sacramentaliter ¡líos confitendo, dixitbel-
li fortunatus eventus et militantium ablali abusas. Ejus autem adventas
ínter Berengarium Guillelmum et Capitulum Barchinonense pacera pepe-
rit (2\ dura a bello revertitur, Post haec Jerosolymara, Urbani pontificis
auxilio restauratam, et locasantta invisendi amere accenditur; sicque, Bar-
cbinona relicta, illuc proficiscitur: uta solisortu usque ad occasum magna-
lia Oldegarii annut-ciarentur, et per extrema terrae verbum resonaret illius.
Ivit, locaque sancta invisit lacrymabiliter, et ad reaedificandum divinum
templum animarum multum profecit. Magno cura honore ab ómnibus fuit
reoeptus episcopis, a patriarcha praesertim Antiocheno, cum quo aliquos
conversatus est dies. Postea vero a Tripolensi episcopo magni habitus, Bár-
chinonam revertitur anno mcxxu [^corr. mcxxv]; ubi multas sedavit contro-
versias et pia loca construxit; et suo consilio decima monetae restituía est
Ecclesiae Barchiuonensi (3) ; et leges sánelas curavit Comilem per genérale
Consilium er¿gere.y>
Las Cortes (genérale Consilium) no se inspiraron solamente de
lo decretado fuera de España por los Papas Calixto II é Inocen-
(1) ^íí;.^í7^í-., XXIX, -198.
(2) Por sentencia del 9 de Julio, 1124.
(3) En 1131.
84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
cío II. Alma de ellas, San Olaguer había hecho, un año antes,
oir su voz en el concilio de Garrión de los Condes (4 Febrero
1130), cuya parte principal ó leader fué, como cuenta la Historia
Compostelana (1). Nada nos falta en este concilio de Garrión para
que podamos llamarle nacional y Gortes del Reino (2): «In Kar-
rionensi concilio a Romanae Sedis Legato Gardinali presbytero
Domno Humberto, archiepiscopis, episcopis atque abbatibus His-
paniae in unum convocatis, Adefonso etiam Hispaniaruin rege et
multis comitibus aliisque potestatibus praesentibus.» Legislaron,
como las de Falencia (1129), en virtud de facultades atributivas
al poder real (3): «Qui falsam monetam fecerint excommunicentur,
et a Rege eíTosionem oculorum patiantur.» Mas como quiera que
por su tenor y espíritu no puedan menos de asemejarse á las de
Barcelona, casi coetáneas; todavía entre aquellas y estas media y
se deja sentir cierta distancia. Estas son posteriores y aquellas
anteriores al dia (18 Noviembre 1130), en que Inocencio II desde
Clermont, y de acuerdo con San Olaguer (4), lanzaba contra los
incendiarios el rayo del anatema.
Fidel Fita.
Madrid 4 de Enero de 1884.
(1) ''<Postridie res Adefonsus et ipse Compostellanus cuna Romano Gardinali et Le-
gato et cum Tarraconensi archiepiscopo quamdam secretara domum ingressi sunt, ubi
quid in concilio essent stabilituri etsancituri studiose providerunt et pertractaverunt.
Quibus praevisis et pertractatis, Fratribus in unum convenientiBus, Concilium in
monasterio santi Zoyli, II nonas Februarii, celebraverunt, in quo multa ad honorem
et utilitatem sanctae Ecclesiae et Hispani regni pertinentia stabilierunt et conflrma-
verunt.v Esji. Sagr. xx, 49~, 498.
í) Ihid., 499.
(3) Cortes de los antiguos reinos de León'y de Castilla, publicados por la Real Academia
de la Historia; t. i, pág. 33; Madrid 18(51.
(4) «Vocatus tándem a pontífice Inuocentio in illo inclementi saeculo, in quo prin-
ceps Ecclesiae, Christi vicarius, in carcerem est traditus a pessimo Guillelmo Cala-
briae duce, Leoque ferocissimus civis romanus, sub divi Anacleti nomine, Romae an-
tipapa est factus, et sanctas invadens ecclesias raptor earum est factus qui earum
inipie caput vocabatur{parebant et multi itali, praesertim Berengarius Siciliae Comes;
cumque familiaris esset Rogerius, imo sanguiue sociatus Comiti nostro; et ^lioc] non
obstante, amicilia qua semper Gotalani familiares filii Ecclesiae sanctae fuerunt, neo
noster Comes impedivit Oldegarjum, nec pessimis illis viris voluit umquam auxilium
praestare): convenit iste soliis Hispanus ad sanctum Claromontanum concilium; quem
gratitudinis causa et gratanfer rece|Jit eum Innocentius et honoribus cumulatum di-
mibit.y Esp. Sagr., xxix, 498-499. Cf. xx, 509-522.
CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 85
n.
CüDIOÜ DE LOS USAJES DE BARCELONA.
ESTUDIO CRÍTICO.
Antiquiores Bardiinonensmm leges, qxias vrdgus Usaticos ap-
pellat: T¿il es el título que dieron á este Código consuetudinario,
el más antiguo de Occidente (1), los célebres jurisconsultos Jaime
de Montjuich, Jaime y Guillermo de A'allseca y Jaime Galicio,
cuya edición, nutrida de copiosos comentarios, se publicó en
Barcelona el 7 de Abril de 1544, en el establecimiento tipográfico
del impresor provenzal Garlos Amorós, á expensas de Rafael
Dauder y Jaime Laceras, libreros de Barcelona. Los eruditos y
voluminosos comentarios del insigne Jaime Marquilles, el fa-
moso jurisconsulto barcelonés, vicecanciller del Rey D. Martín,
el Humano, habían visto la luz treinta y nueve años antes en la
magnifica edición gótica que termina con estas líneas: Insigne
hoc atque preciarían opus, commentariura Jacohi de Marquilles
preshyteri super Usaticis barchinone vigilante cura et diligentia
emendahim , revisiimqiie iussu et impensis magnifici JoJiannis
andree Riquer legum doctoris et Judiéis Regie curie et de Regio
consilio: Impressuní harchinone per JoJiannem luschner alama-
niim felici numini Expliciturn est. Anno domini M°. d. quinto,
séptima die Mensis septemhris.
Además de estas colecciones, que gozan la reputación de clási-
cas, tanto por la escrupulosa corrección de los textos legales como
por el gran valor jurídico de sus comentarios, he tenido ala vista
para depurar el texto del Código varios ejemplares manuscritos
que se conservan en el Real y General Archivo de la Corona de
(1) Los benedictinos de la congregación de Saint-Maur, en su Art (le vérifier les da-
tes, lo encomian diciendo que es «!a compilación sistemática íntegra de usos más anti-
gua y auténtica que se conoce.»
86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Aragón. Procede el uno del archivo de la Antigua Generalidad ó
Diputación de Cataluña: y los otros de la biblioteca riquísima
del ex-monasterio de Ripoll.
Descuella entre lodos ellos, así por el valor y precio de su an-
tigüedad como por la corrección del texto, el códice señalado con
el número 38. Es de pergamino, en folio mayor, á dos columnas.
Encabézalo una viñeta que representa al conde Ramón Beren-
guer el Viejo, sentado en troiio de majestad, ciñendo la corona,
empuñando con la diestra el cetro, y manteniendo con la izquier-
da una espada, que pasando perpendicularmente por entre ambas
rodillas se apoya en el suelo. Hácele sombra un dosel, donde
campea el escudo de Cataluña; y al uno y al otro lado del legis-
lador se apiñan prelados y magnates, armados estos de punta en
blanco y más cerca del ceiro. En la viñeta, por cierto muy tosca,
brillan los colores encarnado, azul y amarillo claro. Floreada so
muestra la letra maijúscula capital, y de mayor tamaño que las
dos siguientes, en tanto que las restantes iniciales del códice son
sencillísimas. Debajo de la orla inferior de esta primera página,
destácase de color amarillo un escudo sostenido por dos grifos
alados, con la divisa, ó salulición angélica, repartida en tres tar-
jas, ó cartelas: Avemaria gratia 'plena. Dominiistecum. Benedicta
tu in mulieribus (I).
Este códice en su origen, sólo debió conslar.de 95 folios escri-
tos; los cuales comprenden el código de los Usajes desde el folio 1 .°
al II vuelto. En el 12 empiezan las constituciones de paz y tregua,
leyéndose en la parte superior de la página una nota escrita con
letra del siglo pasado, que dice: aFins asi son continuáis J.'^s Usal-
f/es de Barcelona, qui son los matexos que son commentais per Ja^-
me de Monjuicli, Jaume y Guillem de Vallseca y Jaume Callicio,
que son impresos ea un volumen ab titol de ANTIQüIORES BAR-
ClNONENSlüM LEGES.y> En el folio 20 empiezan las Costum-
bres llamadas de Pedro Albert, que terminan en el 32, donde so-
breviene un tratado acerca de los desafíos, que concluye en el 35
vuelto; siguiendo luego una copia del famoso privilegio titulado
(l) Dalmaciode Cartellá, de cuya- noble familia es la divisa, fué abad de Ripoll á
principios del siglo xv.
CÓDIGO ÜE LOS USAJES DE BARCELONA. 87
Rocognoverunt proceres; y (iiuilincute, desde ol folio 41 ;il 95, una
serie de Gonsülucioiics de paz y tregua.
De esle Villimo en adelante, ya desmerece mucho el códice, no-
tándose muy marcada inferioridad en el pergamino y mayor des-
cuido en la letra, cuyas iniciales, no obstante, están escritas con
tinta encarnada. Al llegar al folio 117 encuéntrase una línea que
dice: Finito libro, sit laus, rjloria^ christo.i>
La detenida inspección de este códice, manifiesta que primero
se escribió hasta el folio 95; pocos años después del 95 al 117 y
posteriormente de este al 121. Van añadidas, ó interpoladas va-
rias constituciones, que al cabo de algún tiempo debieron aña-
dirse aprovechando los folios que habían quedado en blanco. Des-
pués del último documento, el cual es la copia en latín, dictada
por Fernando de Antequera en 1413, léese: aFinitolyhro syt Imts
et gloria Christo. Amen dyco hohys.y>
Examinado este códice atentamente, resulta pertenecer, en
cuanto al fragmento comprendido entre el folio 1.° y el 117 al si-
glo xiv; del folio 117 al 121 á últimos del mismo siglo y lo res-
tante que está sin foliar al primer tercio del siglo xv.
Muchos han sido los jurisconsultos catalanes que en diferentes
siglos han escrito comentarios á los Usajes de Barcelona. Los más
ilustres son: Vidal de Ganyelles, Pedro Albert y Guillermo Botet
en el siglo xiii; Jaime de Montjuich, Jaime y Guillermo de Vall-
seca, Narciso de San Dionís, Pedro Despens, Pedro Terré, Ber-
nardo de Geva, Guillermo Domenech , Jaime Monells , Jaime
Cardó, Jaime Matheu, Jaime Calvet, Raimundo de Área, Beren-
gucr Vives y Bernardo de Montjuich, en el siglo xiv; Jaime Ca-
llís, Guillermo Prepósito ó Despaborde, Juan de Socarráis, Bc-
renguer de Monrabá, Tomás Mieres, Jaime Marquilles y Espera
en Dios Cardona, en el siglo xv; Luís de Peguera, Antonio Oliva,
Berenguer Gualbes y Jerónimo Dalmau, en el siglo xvi; Juan
Pedro Fontanella, Felipe Vinyes, Antonio Vilaplana, en el si-
glo xvii; Pedro Vives y Bienvenido Oliver, en el xix.
88 BOLETÍN HE LA REAL ACADENHA DE LA HISTORL\.
Usaje Cum Dominus.
Constitait et misil iisaticos.
Si se examinan las ordenaciones contenidas en el Código de los
Usajes, échase de ver que concurrieron á su formación varios y
muy diversos elementos, pues al paso que algunos se reducen á
una mera sanción de los más antiguos usos y costumbres del
territorio, otros recuerdan la jurisprudencia establecida por los
tribunales; otros copian la legislación visigoda, aunque sea mo-
dificándola algún tanto para atenuar su rigor, como aconteció
con los usajes S¿ qiiis se mi^erit en agitayt, Si quis cdiquem per-
cusserit etc.; y textualmente lo declara el titulado Judicia enrice;
otros la legislación canónica, por ejemplo, el usaje Una quceque
gens, copiado de los cánones Mos, Consuetudo, con su párrafo
postrero tomado del canon Privilegia , el usaje Nnlliis iinquam
sacado del canon Nullus, el usaje Per scripUiram^ trascripción
del canon Priescripta, el usaje Accusatores, simple reproducción
del canon del mismo titulo, etc.; otros, por último, recuerdan
las prescripciones del Derecho romano, como el ya citado que
empieza con las palabras Una quceque gens, trascrito del § 6 del
título II, libro I de las Instituciones de Justiniano.
Sin embargo, dióse á estas leyes el nombre de Usatges porque
la mayor parte de ellas se habían sacado de los usos y costumbres
del territorio. Llamáronse Usatges de Barcelona^ ya por titularse
así el condado, ya por ser la ciudad metrópoli del mismo.
Tanto en las leyes de orden político como en las concernientes
al derecho civil privado se tenía muy en cuenta el elemento ju-
rídico consuetudinario. Las antiguas Consiteludines tan frecuen-
temente invocadas por las corporaciones políticas y administrati-
vas y por los jurisconsultos del Principado, sacáronse casi todas
de los Usajes; y son una aclaración de los mismos, formando por
consiguiente un cuerpo de doctrina importantísimo para fijar la
interpretación que se les dio en la prííctica. De ellas hay 14 ti-
tuladas simplemente Costximhres de Cataluña y 43 tituladas:
Costumbres generales de Cataluña entre los señores y los vasallos,
recopiladas á mediados del siglo xiii ¡lor Pedro Albert, canónigo
CÓDKIO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 89
de Barcelona y sabiamente comentadas por el celebro jnriscon-
sullo Juan Socari-ats, cuya ol)ra lleva el mismo título y es precio-
sísimo tratado de derecho feudal. Otras nueve escribió Pedro
Albcrt, alusivo A los casos en los cuales no estaba obligado el
señor á devolver á su vasallo el castillo ó feudo del cual hubiese
tomado posesión. Ignórase el origen de estas costumbres; pero es
lo probalde que esta incertidumbrc nazca precisamente de su
carácter especial; pues se requiere una pr¿íctica larga y asidua ;í
la vez, una prolongada serie de hechos uniformes, una constante
igualdad de criterio jurídico para que la costumbre, formando ju-
risprudencia, llegue á tener fuerza legislativa en la forma que ex-
presan las leyes si de interpretatione (37 ff. de legih.] y qxtod si
nolit, (31, § qiiia assidna, ff. de ccdil. edict.) Y que las menciona-
das Costumbres se hallan en este caso es indudable , desde que
Juan II en las Cortes de Monzón de 1470 declaró que en Cata-
luña se guarda])a estas Costumbres por observación y práctica
antigua é inconcusa.
Existían además otras muchas costumbres , dotadas de fuerza
legal en varias comarcas , ciudades y villas- de Cataluña , como
las reunidas en la famosa compilación titulada: Recognovenmt
proceres. Estas son las primeras palabras escritas en ,el privilegio
que Pedro el Grande otorgó á Barcelona, aprobando y sancio-
nando sus más antiguas costumbres jurídicas, á tenor de la enu-
meración que de ellas le hicieron los proceres ó prohombres de la
capital del condado.
Usaje Haec sunt usualia.
Assencione et exclcanatione illorum terre magnat\im.
En el tercer usaje, que es el titulado Cum Dominus, se expli-
can las razones que impulsaron á D. Ramón Berenguer el Viejo
á hacer esta compilación; y en el siguiente, que empieza con las
palabras Haec sunt usualia , se declara cómo el Conde y su es-
posa Almodis dictaron estas leyes con el consentimiento y acuerdo
de los magnates de su corte, entre los cuales sólo se contaban los
vizcondes, valvasores, barones y otros nobles hasta los simples
caballeros exclusive. Así lo entienden Guillermo de Vallseca y
í)0 ijoletín de la heal academia de la historia.
Galicio sobre este usaje, y en los titulados: Si a vicecomitihus y
Ex Magnatihus. Y á la verdad, no parece que en aquella asam-
blea de proceres interviniesen los prelados, ni los represeniantes
de las comunidades religiosas, ni los síndicos de las ciudades y
villas. Por esta razón, ya hizo notar Vallseca en sus comentarios
al usaje Judicium in Curia datum, que hablando con propiedad
no puede decirse que hubiese entonces Cortes catalanas. Sin
embargo, claro está que ese aristocrcático Parlamento fué el pre-
cedente histórico, el esbozo y el fundamento de la grande insti-
tución política, que, más adelante, debía tener una influencia
trascendentalísima en los asuntos políticos y en el carácter jurí-
dico y social del antiguo Principado. En el proemio de la cons-
lilución de Paz y Tregua titulada: De las divináis, dictada por
Alfonso I el Casto, cu Fontdaldara, en 1173, léese que el monarca
tuvo allí consejo y deliberación con varios y muy distinguidos
representantes del brazo militar y eclesiástico. En 1218, Jaime
el Conquistador dictó en Yilafranca otra constitución de Paz y
Tregua, que empieza con las palabras: Á honor de Deu omnipo-
tent; de cuyo texto resulla que se formó con deliberación y con-
sejo de varios magnates que allí se citan «y de muchos otros no-
bles de Aragón y Cataluña y de ciudades y villas. » Desde
entonces siempre estuvo representado el brazo real ó popular en
las asambleas políticas de Cataluña; pues cesó la ficción legal
que atrilmía al Trono la representación de las villas y ciudades
de realengo, y que no quedó subsistente sino para las que se
hallaban sujetas al dominio feudal, por cuanto éste era el que
confería á sus respectivos señores jurisdiccionales el derecho á
sentarse en los escaños de la Asamblea. Finalmente, Pedro el
Grande, hijo é inmediato sucesor de Jaime I, otorgó solemne-
mente á sus pueblos el derecho de asistir á las Cortes y tomar
parte en sus deliberaciones y acuerdos, dictando en las de Bar-
celona de 1283 la famosa Constitución Uxa vedada lo any; con la
que se obligó por sí y por sus sucesores á celebrar una vez al
año en Cataluña Cortes generales, en las cuales con asistencia de
los prelados, religiosos, baj'ones, caballeros, ciudadanos y hom-
bres de villax. debía tratarse del buen estado y reformarion de la
tierra.
CÜDUiO DE LOS USAJKS DE BAHCELONA. 91
Eli la remota época délos Usajes no se había fijado aún ninguna
forma de legislación ni cuándo debían reunirse los representan-
tes de la nación para tratar con el Trono de los altos intereses
■confiados á su poder soberano.
Usaje Cives autem.
Cives autem et hurgenses.
Entendíase por ciudadano, según el derecho foral de Cataluña,
cil que había nacido en la misma ciudad, con la particularidad
de que el que hal)ía nacido fuera de ella, do padres barceloneses,
se consideraba también ciudadano de Barcelona. Si una mujer
del cani[)0 alumbraba en esta ciudad y bautizaba en ella á su
hijo, este no disfrutaba por ello de la consideración y prerogati-
vas de ciudadano, mientras que el forastero que entraba en un
convento situado intra-muros se hacía ciudadano por adopción.
Llamábase propiamente de este modo á los que habitaban siem-
pre la misma ciudad; y burgueses, de la voz latina hurgus, á los
que moraban en los ai-rabales inmediatos á la misma, llevando
vida militar y honorable. Estos gozaban de los mismos privile-
gios que los primeros. Por el derecho de los Usajes el ciudadano
se diferenciaba del caballero en que no podía tener feudo; pero
érale lícito entrar en la milicia, sin que por esto perdiese sus
derechos y prerogativas de ciudadano, con tal que no tuviese
arriba de 30 años y que se hallase con vigor bastante para ir á
iiuestes y cabalgadas, conforme lo previene el usaje Miles.
Es sabido que entre estos ciudadanos había algunos que se de-
signaban con el especial epíteto de honrados.'En su acepción propia
y característica el ciudadano honrado, civis honoratus, era el que
poseía honores, es decir, no precisamente distinciones nobilia-
rias, sino propiedades inmuebles , como lo definía el derecho
feudal. Eran los hijos del trabajo intelectual, industrioso y lu-
crativo, que no habiendo podido ennoblecerse por causa de la
misma profesión en la cual se habían señalado, se distinguían
por su opulencia, á título de propietarios, tanto ó m.ás que los
hombres de ilustre prosapia, pero sin escudo de armas ni ascen-
dencia militar.
92 boletín de la. real acade.ml\ de la historia.
Todos los ciudadanos y burgueses se dividían en tres órdenes:-
los mayores, que eran los que no ejercían artes mecánicas, sien-
do por este motivo los más estimados; los medianos, que eran los
que vivian dedicados al comercio, y los menores, que eran los
menestrales. Pues bien, los mayores eran los que tenían el tí-
tulo de honrados, extensivo también á los burgueses de las villas.
Las diferencias que había entre ellos locante á sus prerogativas^
procedían naturalmente de las que pudiese haber éntrelos varios
privilegios concedidos á las respectivas localidades. Por lo demás,
no existía entre ellos distinción ni privilegio de ninguna clase,,
gozando todos por igual, no solamente de los privilegios milita-
res contenidos en los usajes, menos el de votar en las Cortes con
el brazo militar, sino también- de los que más adelante les fueron
concediendo los príncipes, para lo cual les bastaba tener su do-
micilio en la población á cuyas exenciones ó prerogativas preten-
dían tener derecho.
Usaje De rustico interfecto.
RllStiCKS.
Los villanos se llamaban así porque vivían adscritos á la villa
ó predio rústico, sujetos á una condición vil y servil, y entrando-
en el comercio como parte integrante del fundo. Del mismo modo-
so habían formado las palabras rusticus y page)isis de las voces
latinas mts y pagus, así como de campo se dijo campesino y de
aldea aldeano. Alarias eran sus clases, y su condición, más ó me-
nos dura según los lugares. Llamábanse en Galaluña liomhres de
remensa, de la voz rcdimentia con la cual se designaba en el bajo
latín de la época un tributo anual que pagaban los hombres de-
condición inferior á los poderosos por la tutela y protección que-
les otorgaban. El hombre libre podía constituirse adscripticio por
estipulación prestando homenaje á algún noble, el cual se com-
prometía por su parte á ayudarle y guardarle de sus enemigos y
en cuanto pnidiese defenderle en derecho, como es de ver en la
Costumbre 33.^ de P. Albert. Si el padre que se constituía hom-
bre sólido de un noble porque le dio en feudo alguna cosa y con
la mira de que le defendiese y prolegiese era caballero, los hijos-
CÚDIOO DE LOS rSAJKS DE BARnELONA. 93
110 estaban obligados á prestar homenaje, ni eran hombres do
aquel magnate, ;í menos ijue tuviesen hi heredad paterna. Si el
padre era rústico y pertenecía á la antigua Cataluña, como se de-
nominó míís adelante el territorio compuesto de todo el obispado
-de Gerona y casi la mitad del de Barcelona, que era la parte de
oriente del río Llobregat y la mayor parte del obispado de Vich,
estaba tan estrechamente obligado ;í su señor que sus hijos eran
hombres de éste; de manera que no podían contraer matrimonio
ni salir de los mansos sin redimirse, teniendo les señores en el
primer caso la cuarta parte del laudemio de esponsalicio, y en el
segundo el derecho de exigirles por un año y un día la redención.
Pero en la Nueva Cataluña, que era la situada al occidente del
I.lobregat, ni los hijos de caballero ni los hijos de labrador eran
hombres de los magnates de sus padres, sino en el caso de haber
-aceptado la herencia feudal, pudiendo todos emigrar cuando qui-
siesen, dejando las heredades. fCost. 35 de Albert.)
La remensa personal y los demás titulados malos usos que de
ella derivaron fueron totalmente abolidos por la sentencia arbi-
tral que dictó en Guadalupe en el año 1486 el rey D. Fernando 11
de Aragón, V de Castilla.
Usaje Captus a curia.
Curia,
En Cataluña usaban los legisladores y los juristas la palabra
■Curia en muchas y muy distintas acepciones, pues así denotaba
el tribunal de juez ordinario, como la audiencia ó Corte suprema
del Príncipe, ó las Cortes generales de Cataluña que nunca se de-
signaban en plural por los documentos catalanes de aquellos
siglos y no rara vez con el dictado de Consilium genérale.
Por esto al comentar Montjuich, G. de Vallseca y Calicio el
usaje jwcíicúím in curia datum dicen que la palabra Curia debe
en él tomarse en la acepción de tribunal, significando el consejo
de personas sabias y esclarecidas, con cuya ilustrada coopera-
ción solía el Príncipe dictar sus sentencias, las cuales eran en
tales casos inapelables.
94 boletín de la HEAL ACADEMrA DE LA HISTORIA.
Usaje Magnates.
Magnates.
Designábase solamente con este nombre á los vizcondes, valva-
sores, barones y otros nobles basta los simples caballeros exclu-
sive. Así lo declaran Guillermo de Yallseca y Galicio en los usa-
jes Haec sunt usiialia^ Si a Vice-coniitibus y Ex Magnatibus.
, Apprehenderint potestatem.
Para que el vasallo entregase la potestad, había de sacar todas
sus cosas del castillo y su término, dejándolo libre á su señor
.sin retención ni contradicción alguna, entrando luego éste ó un
apoderado sayo en la fortaleza, los cuales hacían subir á lo alto
de la torre á algunos hombres de armas que pronunciaban gri-
tando en todas direcciones el nombre del señor. Hecha este cere-
monia no podía el vasallo permanecer en el término del castilla
sin la anuencia del señor, incurriendo de lo contrario en el cri-
men de felonía (1) que las leyes feudales de la tierra denomina-
ban hausía. Una vez recibida la potestad, el señor podía poner
en el castillo los guardas que juzgase necesarios, en la inteligen-
cia de que si el vasallo ú otro en su nombre trataban de impe-
dirlo ó de mudarlo dentro de los diez días no podia decirse que
se hubiese entregado plena potestad, en cuyo caso empezaba tan
sólo á correr dicho término cuando hubiese cesado la opo-
sición (2).
Lo mismo acontecía cuando teniendo el señor la potestad, su
vasallo ó alguno de su familia, con armas ó sin ellas, estaban ó
entraban en el término del castillo sin anuencia del señor, ó si
alguno de ellos tomaba alguna cosa de las rentas del castillo 6
aceptaba algún servicio gratuito ó forzado de los hombres del
mismo (3). El vasallo debía reintegrar todos los gastos hechos por
(1) Cosdmbi-c i.» de 1'. Albert.
{'2) Cosí. 3.' id.
(3) Cost. 8.» id.
CÓDIGO DE LOS USAJKS DE n.vnin; LONA. 95
el sei'or en la toma de la poleslad, pudieiido éste i-echimai- su re-
sarcimiento antes de restituir el castillo, á no ser «¡ue so los hu-
biese cobrado con los bienes muebles del vasallo mientras se ha-
lló en la fortaleza. En caso do discusión tocante á la cuantía y
procedencia de estos gastos, se estimaban arbitralmente (l)..Diez
días después de recibida la plena potestad, debía el señor resti-
tuir el castillo al vasallo si éste le requería al efecto; pero antes
podía exigir de él que le prestase homenaje si aún no lo había
hecho, que le diese la seguridad de que ni él ni los suyos habían
de ofender á sus guardas y que le firmase de derecho, abonándo-
le en cambio todos los daños que con su gente hubiese tal vez
causado en el castillo ó en su término [2]. Guando el señor einpu-
raba un feudo ó tomaba potestad de un castillo por falta fie servi-
cio y deueg¿ición de estar á derecho, no estaba obligado á la res-
titución ni á devolver los frutos que hubiese percibido hasta (]ue
el vasallo hubiese resarcido duplicado el daño y las costas hechas
por el señor á consecuencia de su relieldía (3).
Vel emparaoerint eis suuní fevum.
Jaime de Montjuictíen sus comentarios sobre este Usaje, dis-
tingue en el código de Cataluña dos clases de empava^ llamada
real la una y verbal la otra. La primera producía el efecto de pri-
var completamente al poseedor de la finca feudal, confiscándola
el señor en su provecho; y á ella se refieren este Usaje y el titu-
lado Si quis suum feíidum. Por la segunda sólo se privaba al po-
seedor de sacar objeto alguno de la finca, mas sin impedirle que
entrase en ella ó saliese de la misma cuando bien le pareciese,
que es el caso á que se refiere el Usaje Rusticus si desempara-
verit.
Staticani.
Galicio dice aquí que había en Cataluña muchos castillos, en
los cuales, el castellano ó carian tenía el derecho de estancia en
(1) Cost. 9.' id.
(2) Cosí. 7.» id.
(3) Cost. de Cat. la 2.'
96 boletín de la real acade.mla de la historia.
sus edificios y en su torre; y el señor gozaba también del mismo
derecho en la torre y eii los edificios del castillo.
Usaje Gastlani.
Castlani.
Hablase muy á menudo en los Usajes y en las Costumbres de
Cataluña de los castlanes ó carlanes] acerca délos cuales, bastará
decir, que estos títulos eran meramente feudales , de modo que
sólo se obtenían por ellos los privilegios derivados de los honores
ó propiedades que poseían; pero no las preeminencias y preroga-
tivas de la clase militar, en atención á que el ejercicio de tales
cargos no era más que un acto de vasallaje. En resolución, el car-
lán no era sino un vasallo que tenía el castillo en feudo de otro
señor. Todo carian, dice Socarrats, era vasallo; pero no todo va-
sallo ei-a carian.
Usaje Qui fallierit.
Hostes vel cavalcatas. _
Hueste [hostis] en nuestras leyes feudales era el ayuda que
debian prestar los vasallos á sus señores cuando la Potestad, esto
es, el Príncipe los llamaba á la guerra, de conformidad con lo es-
tablecido en los Usajes Alium namque y Princeps namque. La
cabalgada tenía lugar , según los antiguos escritores catalanes ,
cuando la Potestad ú otros señores inferiores, no habiendo aque-
lla convocado hueste general, pedían ayuda á sus vasallos para
un caso de guerra particular y determinado, v. gr., para redu-
cir á la obediencia á un feudatario rebelde. Distinguíase, pues,
la hueste de la cabalgada, en dos atribuciones. La primera solo
podía convocarla el jefe del Estado, al paso que todo señor podía
llamar para la segunda á sus vasallos. La hueste se convocaba
para un hecho y un tiempo indeterminados, mientras que la ca-
balgada se reunía siempre para día cierto y con limitación de
tiempo.
En Francia también se conocía esta diferencia entre la hueste
y la cabalgada, que llamaban allí Iloust y chevauchie.
CÓDIGO Dli LOS USAJES DE BAIlCELON.V. 97
Usaje Qui viderit.
Deiieficiion.
Dicen los comentadores del derecho feudal, que antes de con-
cederse los terrenos en plena propiedad en recompensa de servi-
•cios militares se habían otorgado por título precario y luego en
mero usufructo, y que estas concesiones se denominaban benefi-
cios, como debidos exclusivamente á la liberalidad del Príncipe.
Después se llamaron también feudos, del juramento de fidelidad
que al señor se prestaba; mas no desapareció completamente por
esto su antigua denominación.
Usaje Qui solidus.
Solidus.
Llamábase vasallaje la profesión de fidelidad y homenaje que
prestaba el vasallo al señor, y también la servidumbre, depen-
dencia ó sujeción que aquel debía á éste; de modo, que vasallo
tanto vale como feudatario ó subdito, esto es, el que está ligado
con vínculo de sujeción legal á otro por razón del feudo. El feudo
se ha definido: «El derecho á un predio ajeno en cuya virtud se
puede usufructuar perpetuamente, concedido como beneficio por
el señor, á condición de que el que lo recibe le preste fidelidad,
servicio militar y otros» (1); ó, como ha dicho D. Alonso el Sabio:
^Bienfecho que da el señor á algunt home porque se torna su va-
sallo et le face horaenage de serle leal: et tomó este nombre de fe
que debe siempre guardar el vasallo al señor» (2).
Significaba, pues, la palabra feudo el servicio feudal que se
prestaba en razón de beneficio, y también el mismo predio conce-
dido en esta manera.
Encuéntrase con frecuencia en las leyes feudales la palabra
hombre, que genéricamente designaba al que por cualquiera ra-
zón estaba sujeto al dominio de otro; como los vasallos que por
(1) Cuyacio en el libr. i de los Feudos, tít. i.
(2) Códiffo de las Siete Partidas, ley 1.», tit. xxvi, part. 1.»
08 nOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
razón de sus feudos debían A sus señores fidelidad y servicios,
prometidos especialmente en el acto que por la misma razón se
llamaba homenaje.
Este podía ser de dos maneras, á saber: sólido y no sólido. El
primero era de tal naturaleza, que no exceptuaba á nadie, bien
(|ue siempre se entendía exceptuado el que tenía la jurisdicción
general, de lo cual se deduce que no podía prestarse á dos seño-
res á un tiempo. El segundo tenía lugar cuando aquel que lo pro-
metía exceptuaba á alguno, ya por haberlo prestado anterior-
mente ;i otro como hombre sólido, ya por reservarse el derecho
de elegir otro señor ó por no querer encontrarse en el caso de
hacer armas contra una persona determinada (1). Estos hombres
sólidos se llamaban también ligios.
Usaje Si quis in Curia.
Bausia.
Socarrats, en sus comentarios á la Gost. i.'' de Pedro Albert,
dice, que la palabra hausia se deriva de hcnisio i\ ósculo, porque
el señor y el vasallo, en el acto de pi-estar éste fidelidad y home-
naje, se besan recíprocamente. Este crimen se castigaba según su
gravedad con diferentes penas, como es de ver en los mismos
Usajes. Era sinónimo de traición; mas no totalmente. Esta era
el género y aquel la especie; porque si bien toda' bausia era
traición, en cambio sólo ciertas y determinadas traiciones se ca-
lificaban de ]:)ausías, siendo estas las felonías que cometía el va-
sallo en detrimento del señor.
Usaje Cunctum malum.
Sine fatigatione de directo et sine acuydamento.
Dice el Diccionario de la Real Academia Española, que desafiar
es retar ó provocar á pelea ó batalla y también romper la fe y
amistad que se tiene con otro. En ambas acepciones se usaba esta
palabra en el derecho feudal de Cataluña y del reino de Aragón;
(1) Cosí. 30 de P. Albert.
CODir.O DK LOS USAJES DK I!Ar!CEI,ONA. Oí)
pues según los Usajes, las Constituciones, las Grónicns y otros
documentos do aquella época, no era lícito romper las hostilida-
des con el par ó igual, ni con el señor á quien se debía vasallaje,
sin que antes se declarase en toda forma la guerra, manifestando
en este último caso el vasallo que en virtud de los agravios que el
señor le había inferido se consideraba desligado del juramento
de fidelidad, acto que tenía el nombro de desnaturalización, por
llamarse naturaleza las relaciones de fidelidad que mediaban en-
tre el señor y el vasallo.
G. de Vallseca, en sus comentarios á este Usaje, dice que aquel
que se creía perjudicado pedía que se le hiciese justicia, y si fa-
ticaverit, esto es, si se le denegaba ó retardaba, podía declarar
que le haría la guerra; declaración que se llamaba acu^cíare ó /«-
cere acuydamentum.
De todo ello trata extensamente el Código de las Siete Parti-
das en su part. iv, tít. xxiv. Por otra parte, en el lib. i, tít. v, del
Fuero Viejo de Castilla, también se prohibe matar, herir ó des-
honrar á otro sin desafiarle previamente en la forma establecid¿\
en las Cortes de Nájera, que, como es sabido, se celebraron
en 1138 con el objeto de fijar los derechos y los deberes de lo&
fijo-dalgos, ya entre sí, ya respecto á los monarcas ó con rela-
ción á sus propios vasallos.
Usaje Sacramenta rustici.
Bacalarii.
Du Cange, citando precisamente este Usaje, dice que se desig-
naba con este nombre á los rústicos que cultivaban los haccalaria,
ó feudos de los vasallos inferiores, sujetos, si no á prestaciones
personales y serviles, á algunas otras cargas, como por ejemplo^
á un censo determinado. Du Cange hace á haccalaría sinónimo
de vasseleria.
Mieres, al comentar el cap. xxii de las Cortes de Gerona de 1321 ,
dice que horderius, según algunos, es lo mismo que hacallariiis,
quasi minor riisticus, en lo cual coincide con la interpretación de
Du Cange; pero no así en lo que respecta á la etimología de la
palabra, pues dice: «rusticus est magister agriculturae: sedbor-
derius est bacallarius, quasi minor magister, sive repetitor.»
100 BOLKTÍX de la real academia de la HISTOrUA.
Usaje Camini.
Pedites.
Llamábase hombres de ú pié á los plebeyos en contraposición á
los caballeros, como puede verse en muchísimos documentos ca-
lalaues de la Edad Media.
Usaje Stratae et viae.
Alodium.
Alodio — en catalán alou — es lo mismo que predio, esto es, po-
sesión ó herencia que podía venderse y donarse como cosa pro-
pia, ó en otros términos, era una herencia ó propiedad completa;
de modo que en muchos documentos se loe: '■udodium, sive haere-
ditatem.i) Decir que una finca es alodial vale tanto como decir
(jue es inmune de toda carga y prestación, así como de todo ser-
vicio real y personal. Sin embargo, a veces se usaba esta palabra
como sinónima de predio en su acepción más lata y genérica, de
donde provino aquella fórmula vulgar: de libre y franco alodio;
por lo cual se llamaban alodiarios, tanto los propietarios que de
este modo poseían sus tierras, como los que las tenían por un
señor á quien dcljían una prestación como vasallos, ó en calidad
de censatarios. Esto no obstante, no hay que echar en olvido que
las más de las veces se toma la palabra alodiario en su acepción
concreta para significar la persona que posee libremenie su predio
sin depender sino de Dios, como dicen los doctores, on contrapo-
sición al vas;illo ó feudatario, que por razón del feudo que posee
se halla sujeto á su señor con arreglo á los pactos de la inves-
tidura.
Usaje ítem statuerunt.
Pacem et Ireugam.
En Cataluña deíhiían los autores la paz y tregua diciendo que
era «la protección y defensa úada por el Príncipe, y según las
leyes de la [ierra, á todas las personas y á todas sus cosas posei-
CÓDir.O DE LOS USAJES DE BARCELONA. 10 1
das dentro del Principado. » Tres eran las clases de tregua vigen-
tes en Cataluña: la que se acaba de definir, que era la legal; la
llamada tregua del Señor ^ coniiín á todos los pueblos cristianos de
la Edad Media, y la convencional^ en cuya virtud se reconcilia-
ban dos enemigos, compromelióndose por medio de contrato á no
dañarse durante cierto tiempo, bajo algunas penas que se estipu-
laban .
En cumplimiento de este Usaje, todos los Príncipes fueron con-
firmando las constituciones de paz y tregua, quehacian entonces
las veces de verdaderas leyes de orden público.
Excluy(3se de esta general garantía á varias personas y Ingai-es
de Cataluña, á saber: las iglesias en las cuales hubiese fortalezas,
baluartes ú otras obras en forma de castillo, y las que sirviesen
de refugio á ladrones y salteadores, siempre que después del re-
querimiento del obispo no se enmendasen estos excesos; los la-
bradores que labrasen ó cultivasen tierras puestas en litigio des-
pués de amonestados tres veces por uno de los litigantes, mas
quedando salvos los bueyes y los aperos de labranza, exceptuados
siempre por el legislador en atención á la nobleza y utilidad de
la agricultura; los que habiendo hecho traición á sus señores no
se presentasen á sincerarse de su inocencia,- y también sus cóm-
plices y encubridores; los raptores y los que encubriesen el rapto,
si no enmendaban el daño ni querían estar á derecho; los que
hubiesen quebrantado la tregua del Señor ó la tregua general
dictada por el Príncipe. No gozaban tampoco de la inviolabilidad
asegurada por estas leyes los clérigos, monjes, pupilos y viudas
que ayudasen á cometer algún exceso á mano armada, pues este
delito los hacía indignos del privilegio de protección que les otor-
gaba el legislador; los labradores y familiares de los señores feu-
dales que se encontrasen con estos en cabalgadas, en guerras
particulares ó cometiendo algún delito, y a fortiori los mismos
barones y sus hijos mayores de 21 años, que era la edad en
la cual los jóvenes de la nobleza catalana entraban en el pleno
goce de sus derechos políticos. Otras excepciones señalaban ge-
neralmente estas leyes, como v. gr., los incendiarios, los que co-
brasen de los pueblos contribuciones indebidas, los reos de baupía,
los herejes manifiestos y otros infractores de las leyes catalanas.
102 boletín de La real academia de la histoiua.
Todas las demás personas, sin distinción de clases ni catego-
rías, y todos los lugares no incluidos en las excepciones ya indi-
cadas, y muy singularmente los caminos, estaban bajo la espe-
cial protección de la garantía política llamada paz y tregua, es-
tando obligados á jurarla todos los catalanes mayores de 14 años
si la potestad les requería para ello (1).
Usaje Mariti uxores.
Avaganter.
Generalmente se encuentra avagant; mas, sea como fuere, no
€xplican los comentadores el significado de esta palabra, si bien
se dtídnce de las costumbres de la época y de aquellas palabras
del mismo Usnje: et malum de ipso hntayer^ que quiere decir
campeón: ¿Quién debía ser este? ¿Érale dado á cualquiera luchar
en el palenque en defensa de la acusada? Aquí podrían hacerse
jjrolijas investigaciones; pero en el códice de RipoU hay una nota
que dice: «alias concuhinum^y) lo cual aclara de una manera pre-
ciosa esta duda, sentando el principio de que el campeón debía
ser el mismo adúltero.
Usaje Veré iudex.
Per iudiciwn aqne frigide sive calide.
En lo primero de los Usajes ya se hace mención de este bárba-
ro juicio.
Guillermo de Vallseca, comentando este Usaje — veré judex —
explica cómo se practicaba q\1\V\x\^^o judicium aquae frigidae.
Lleuíxbase de agua extremadameute fria, casi helada, nn gran re-
ceptáculo, en el cual podía cal)er cómodamente un hombre, é in-
troducíase en él al acusado, haciendo que el agua le llegase hasta
la boca y soltándolo de improviso, en la inteligencia de que si se
hundía se le consideraba culpaljle y si ílotaba en el líquido se le
(1) Calicio, Directorhtm pacis ct treii^d. Qiiiiifiim c/ubiu»i principalis: Mieres, Aj'pa-
raltís, coL 2.*, cap. x\iv, j' coL 1.*, cap. i, Cortes de Gerona de 1321; Fontanella, De
paclis, claus. iv, glos. xv, vjas Const. dií Cat., lib. x, lít. xi, voL L"
CÓDinO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 103
reputaba inocente, quedando absuelto de la acusación. El juicio
pe7' aquam calídam^ no necesita explicación.
Todos los comentadores han condenado estos juicios, recordan-
do los preceptos del derecho canónico y las palaljras del Evange-
lio: No íe)itarás al Señor tu Dios.
Usaje In Bajulia.
Stacame7%tum .
Guillermo de Yallscca y Marquillcs, dicen que esta palabra sig-
nifica la simple jurisdicción, explicando el segundo de estos co-
mentadores, que el stacamentum consistía en poder exigir cier-
tas multas, en la facultad de castigar y encarcelar á los reos de
delitos leves, en la de iK'ender á los reos de crímenes mayores,
entregándolos al que tuviese el mero imperio, en la de castigar
con penas leves á los contumaces y negarles audiencia, pudiendo
asimismo condenar á la restitución de gastos, dar por confeso al
que no respondiese, deferir el juramente in litem , procediendo
siempre sumariamente y sin escritos.
Adempramentum.
Marquilles añade que esta voz indica los frutos y emolumentos
del castillo en general, y singularmente el uso y habitación de sus
casas y fortaleza, ó bien los réditos y frutos del mismo castillo,
opinando que aquí debe tomarse en su primer acepción (1).
Usaje Aliura namque.
Pallias.
Interpretando esta palabra Guillermo de Vallseca, dice que
significa tributos que el Conde de Barcelona cobraba de los reyes
sarracenos á quienes subyugaba.
A Marquilles no le desagrada la interpretación; pero le parece
mejor aún la de los que tradujeron el vocablo tomándolo como
(1) VéjDse sus comentarios al Usaje Oiiiues /toiuiíics, el 1."
104 boletín de la real academla de la historla.
sinónimo de vestidos y ornamentos personales que la largueza
de los condes solia destinar á sus asiduos servidores.
Usaje Statuerunt etiam quod si párenles.
Manihus propriis commendati.
La Cosiumhre 33/ de P. Albert explica esta fórmula con toda
claridad. Citaré sus palabras:
«Aunque el hombre libre, según el Derecho romano, no puede
hacerse siervo de otro por simple pacto, ni aun por confesión he-
cha en derecho, á todos les es lícito gravar por pacto su condi-
ción, pues interviniendo escritura puede el hombre liJDre consti-
tuirse adscripticio, y así por convención, esto es, por estipula-
ción, hacerse hombre de algún noble y prestarle homenaje. En
el acto de hacerse esta estipulación , de constituirse hombre de
algún noble el que es de condición libre, interviene un beso por
costumbre general de Cataluña, de este modo; El señor tiene en-
tre sus manos las de aquel que presta homenaje, quien lo hace
por estipulación, postrado de hinojos y prometiendo lealtad al se-
ñor; y este le besa en señal de que también le será fiel. Porque el
señor debe guardar la misma fidelidad á su vasallo que este á
él (1).«
José Coroleu.
Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
(1) Refiérese igualmente á este homenaje la CosL 30 de P. Albert. Véanse á propó-
sito de entrambas los comentarios de Socarráis.
MOSAICO ROMANO DE BELMONTE. 105
III.
MOSAICO ROMANO DE BELMONTE.
Tengo el honor Je prcsenUir á hi llcal Academia de la Historia
el adjunto dibujo de viu mosaico, descubierto el día 12 de Mayo
de 1881 á las inmediaciones del pueblo de Belmonte, distante dos
leguas de Galatayud, y de las ruinas de la antigua Bílbilis.
El mosaico se halla en una iinca del Escmo. Sr. Conde de Sa-
mitier, denominada EL Plano y ruinas de Duran; y aparece bas-
tante regularmente conservado. Dicho mosaico sólo presenta al-
gunas sencillas combinaciones geométricas, de modo que ofrece
])Oco interés para los estudios históricos, epigráficos ó artísticos,
pues ni tiene inscripciones, ni figuras ó alusiones mitológicas.
Pero lo tiene por otro concepto para fijar allí y en aquellas rui-
nas la existencia de una población romana.
Aun el mismo nombre del paraje llamado Durón , hizo creer al
erudito Sr. Monterde, nuestro correspondiente, que fuera el
paraje aludido por Marcial en su célebre epigrama geográfico
descriptivo de la Celtiberia:
«Et sacrura Duratonis ilicetuui« ;
/
pareciendo en este caso la palabra Durón contraída de la de Du-
ratóu; siquiera no todos admitan la lectura de esa palabra (1) y
pueda oponerse un hecho que nos recuerda el Sr. Pujol y Camps,
nuestro sabio correspondiente, esto es, que de Belmonte han
salido con mayor abundancia que en otro cualquier paraje las
monedas autónomas de Segisa.
(1) Baraáonisó P'ti/'a<íort¡5, esla que corre y se acepta peneralmente. En el t. slix
de la España Sagrada, pág. 54, me incliné á fijar el sitio en los llanos de Veratón al pit-
ílel Moncayo.
TOilO IV. 8
IOr> BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
Por lo demás, el pueblo de Belmonte, á las orillas del río de
Miedes, tiene Hombradía eii nuestra historia literaria, por haber
sido patria del célebre jesuíta Baltasar Gracián, autor del Criti-
cón y de la Agudeza y Arte de ingenio , que si no acreditan el
buen gusto en todo, prueban que no escaseaba de talento, ingenio
y agudeza.
El retumbante epigrama, más que epitafio, que aún existe al
pié de su retrato, que copió Latasa (1), lo expresa así diciendo:
Qui, ut in ómnibus clarus esset,
in Bellomonte natus est prope Bilbilirn ,
affinis Martialis patria^ 7^''^'^^'""'^ ingenio.
Vigente de la Fuente.
Madrid 18 de Enero de 18S4,
IV.
DESCRIPCIÓN HISTÓRICA DEL PARAGUAY.
Cumpliendo con el encargo del Sr. Director, he examinado coa
detenimiento la Descripción histórica d:i la antigua provincia de
Paraguay, por D. Mariano Antonio Molas, publicada en 18G8 en
Buenos- Aires, en un lomo en 8.° de 388 páginas.
El libro del Sr. Molas es muy inferior en orden, ingenio y co-
rrección á la Historia del Paragnay que pul)licó én ISIO el doc-
tor D. Gregorio Funes, Dean de la Catedral de Tucumán; po^o
puede considerarse como una pequeña colección que completa las
noticias de aquel autor, tanto más, cuanto que se expresa en el
mismo estilo apasionado contra España. Buenas son siempre,
para esclarecer la venlad, las noticias históricas, cualquiera que
su origen sea; y bueno, bajo este concepto, que se conserve en
nuestra Biblioteca este ejemplar de la Descripción del Sr. Molas.
Jacoijo de LA Pezuela.
Madrid, 5 de Mayo de is^l.
(1) Estaba on el Real Seminai»o d^ Nobles que tenia la Compañía de Jesús en Cala-
tayud, y lo rescató y conserva ia familia de Larrea.
VARIEDADES.
MEMORIA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PnOVIN'CIA
DE MISIONES DE INDIOS GUARANTS '.
(Continitadon.)
128. Cada pue])lo fiene un Cavildo compuesto de
1111 Correxidor, dos Alcaldes ^, rjiiatro Regidores, uii
Alcalde de la Hermandad, un Alguacil mayor, un
Mayordomo, y un Secretario; los rjue se eligen el día
de año nuevo, según lo prevenido en las leyes, a ex-
cepción del Correxidor y Teniente, que no tienen
tiempo determinado. Las elecciones las practican iun- Elecciones de
tandose ocho o mas dias antes, y cada capitular pro-
pone un yndiopara que ocupe el empleo que el exerce,
consultando antes la voluntad del Correxidor, y la del
Administrador, que son los exes principales ^ en que
rueda esta maquina; y, estando todos acordes, le lle-
van la lista * de los que piensan nombrar al Admi-
nistrador, el que, si les parece vien, les dicen que lo
hagan asi; y, si algunos de los señalados tiene alguna,
tacha, o no es del gusto del Administrador, les dice
que aquel no conviene, y que señalen otro, que tal
• Véase el cuaderno IV del tomo III.
2 En la edic. de Ángrelis: compuesto de un correjidor, teniente de
«orrejidor, dos alcaldes.
5 En la edic. de Ángelis: que son los principales.
* En la edic. de Ángelis: Estando todos acorde?, llevan la lista.
108 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
vez el Administrador les indica, o lo insinúa priva-
damente al Gorrexidor; y asi se hace. Ademas de los
Empleos mili- cmpleos do Gavildantcs, se nombran para el año en-
trante ' todos los em[)leos militares, los cuidadores
de las faenas ^, y maestros principales de todos los
oficios y artes; de modo que en cada pueblo pasan de
ochenta, y aun ciento, los que se les dá oficio ^; y si
el pueblo es corto, todos se buelven mandarines, y
pocos ^ á quien mandar. Estos ullimos empleos toca al
Gorrexidor privativamente el nombrarlos; pero siem-
pre lo hace con acuerdo del Administrador, particu-
larmente aquellos que su ocupación pertenece a el
cuidado ^ de los bienes de comunidad.
129. Dispuestas las listas acordadas, lodos se jun-
tan el dia de año nuevo ", de mañana temprano, y a
toque fle caja ban publicando en las puertas de la
Gasa de Gavildo los nombrados; a cuyo acto asista
toda la gente del pueblo, unos por curiosidad, y otros
por recivirse de sus empleos '', de que al instanle to-
man posesión , sin aguardar la confirmación del Go-
vierno. Alli entregan las varas y bastones á los Alcal-
des, y demás Gavildantes nuevamente nombrados, y a
los Oficiales militares las insignias correspondientes;
desde alli van a Misa, y después a casa del Adminis-
trador a hacerse presentes ^, el que les encarga el
cumplimiento de su obligación; y, si no está ya es-
tendido el acuerdo de las elecciones, lo estiende, y
firmado de los electores, que dicen siempre que todos,
unánimes, y a pluralidad de votos han elejido, y
' En la Pflic. de Ánn-elis: se nombran el año entrante.
- En la edic. de Ángelis: los de los cuidadores de las faenas,
s En la edic. de Angelis: los que ocupan oficios.
•♦ En la edic. de Angelis: y quedan pocos.
5 En la edic. de Ángelis: aquellos cuya ocupación es el cuidado.
6 En la edic. de Ángelis: dispuestas las listas y acordes todos, se
juntan el dia de año nuevo.
' En la edic. de Angelis: para recibirse de sus empleos,
s En la edic. de Angelis: á hacerse presente.
MISIONES DE INDIOS GL^AIíANIS. 109
nombrado a los contenidos, se remile al Govcrnador .
■de la provincia [tara su aprohaciou; y para los demás
empleos ' que no son de Gavildo basta el de Tlienieiitc
Govcrnador - del departamento.
130. Todos los dias del año al amanecer ya están Todas las im-
j untos todos los Gavildantes a la puerta del Gorrexi- taeicaviuli
■dor, eu cuyos corredores tienen un banco o escaño en
que se sientan entre tanto es ora de oir Misa^, que
siempre es temprano. Los Alcaldes llevan sus varas,
y los Rexidores sus bastones, que rara vez las suel-
tan * de las manos; y, acavada la Misa, es la primera
diligencia ir a la puerta de la avitaciou del Gura, sa-
ludarlo^, y tomar las gracias; y desde alli pasan a la
del Administrador, el que les previene lo que han de
hacer aquel dia: y, despedidos, se van juntos á la casa
-del Gorrexidor, y a su puerta determinan el reparto
de la gente, y demás que corresponde a las faenas: y,
entre tanto ® llega la hora de ir a los trabajos, que
siempre es tarde, oyen las quejas y demandas que
hay, que quasi siempre ^ son faltas al trabajo, hurtos,
amancebamientos y chismes de unos con otroi?. Si el
pensador es Gavildante, o tiene a su cargo el cuidado
de alguna cosa, hacen traer preso al yndio, o yndia
acusado, y con muy poco examen la mandan azotar,
según les parece. Yien es que nunca pueden pasar
sus castigos de cincuenta azotes que este Govierno les
permite; reservándose los castigos de los delitos ma-
yores, para entender en sus causas, y sentencias; a
excepción de las capitales, o que merecen pena a otros
1 En la edic. de Angelis: para los demás empleos. Omite: y.
"* Ea la edic. de Ángelis: del Teniente gobernador.
3 En la ediccion de Angelis: es hora de ir á misa.
4 Ea la edic. de Ángelis: los sueltan.
5 Así en el ms. Eq la edic. de Augelis: es la primera diligeacia el ir
ala puerta de la habitación del cura, á saludarlo.
6 En la edic. de Angelis: Entretanto. Omite: y.
■^ En la edic. de Angelis: casi siempre.
1 10 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOI\IA.
que a los reos, se despachen * a Buenos Ayres con las
sumarias. A los exccutores de las prisiones, y casti-
gos llaman Sargentos, y estos nunca dejan de la mana
la alaliarda, y el azote lo traen ceñido al cuerpo para
estar prontos al instante que so lo manden. Regular-
mente entienden en las causas todos los Gavildantes,
juntos con el Gorrexidor, y Alcaldes; pero, en las fae-
nas y trabajos, qualquiere del Cavildo *, aunque na
sea sino Regidor, manda azotar a el que falta a el '^
o comete otro defecto.
Eicasügadoda 131. Dcsde el tiempo de los Jesuítas tienen por eos-
míen tos ai tumbre, y observan toda via puntualísimamente, el
'«istigar. que, en acabando de azotar a los delinquen tes, se han
de lebantar del suelo donde los hacen tender, y con
mucha humildad van delante del que los mandó casti-
gar, y le dan los agradecimientos de ha verlos corre-
gido sus defectos. Si alguno omite este requisito le
hacen cargo de ello ; y, teniéndolo por prueva de so-
bervia, lo huelven a mandar azotar para que se hu-
mille, quiera o no quiera.
No se detienen 132. Siempre quo en las cárceles * no se detengan
tes cMxeies! presos, siuo aqucllos procesados por delitos capitales,
o á los (juc se desertan con frequencia, y a los demás
se les aplica la pena luego que se justifica el delito, y
se ponen en libertad; por que las cárceles son poca
seguras, y los que las tienen a su cargo muy descui-
dados; y asi se les van a menudo los presos sin que
baste el castigo ' a los cuidadores. Ellos los dejan salii-
solos a sus necesidades, los llevan a oir Misa, aun a
los homicidas; de modo que no se va el que no quiere.
Los diasciasi- 133. Todos los dlas clasicos y de función se visten
eos se visten
de gala.
1 En la edic. de Ángelis: que se despachan.
- En la edic. de Ángelis: cuahiuiera del cabildo.
' En la edic. de Ang'elis: al que le falta.
* Asi en el ms. En la edic. de Angelis; Siempre se procura que en
las cárceles.
5 En la edic. de .Angelis: el castignr.
MISIONES DE INDIOS GUARA NIS.
111
(le gala coa los que lienc el pueblo ' para oslas fun-
ciones. Visten laml)ien * los Oílciales Militares con
los suyos, y otros innclios se visten y forman acom-
pañamiento: entre estos vestidos hay algunos costo-
sos; pero mas les sirve de rediculizarlos' que de ador-
narlos. En el pueblo que asiste* elGovernador o algnn
ThenienteGovernador, concurren todos a su avitacion,
lo acompañan de yda y buoltaá la igle:-ia en toda ce-
remonia; pero estando solos guardan poca formali-
dad. Siempre van juntos ', van en pelotón, o mas vien
en hilera: el Gorrexidor delante, al que sigue el Tlie-
niente, y Alcaldes, y por su orden los demás, siendo
el ultimo el menos graduado. En la iglesia se sientan
en escaños: regularmente se dividen en las dos van-
das, aunque en algunos pueblos se sientan todos los
de Gavildo en un solo escaño, y el Theniente Gorre-
xidor " con los Oficiales Militares ocupan el opuesto ';
pero los caciques, que devian ser preferidos, no tie-
nen ningún lugar señalado, ni cosa que los distinga;
sino es que, por tener empleo, ocupan el lugar que
por el les toca.
134. Al Gobernador de los pueblos ponen * en la
iglesia silla, tapete, y almoada, y se le guardan por los
Guras todas las preeminencias que disponen las leyes
se guarden a los Governadores los dias de funciones
clasicas, y que asisten religiones de otros pueblos':
le da la paz un sacerdote con estola, y en los demás
festivos un Acolito con banda aseada: lo mismo se
Acompañan ni
trovernador y
tlieniente.
Al Governador
ponen silla,
tapete y al-
moada en la
iglesia; y lo
mismo á los
thenientes.
• Aií en el ms. En la edic. de Ángelis: con los vestidos que tiene el
pueblo.
* En la edic. de Ángelis: Vístense también.
3 En la edic. de Ángelis: de ridiculizarlos.
■* En la edic. de Ángelis: donde asiste.
5 En la edic. de Ángelis: siempre que van juntos.
• f En la edic. de Ángelis: y el teniente de corregidor.
' En la edic. de Ángelis: ocupan el puesto. Es mejor el texto del ms.
s En la edic. de Ángelis: le ponen.
^ En la ed'c. de Ángelis: y en que asisten religiosos de otros pueblos.
112 boletín de la real academia de la historlv.
observa con los Thenientes Governadores, quando no
está presente el Governador, por disposición del Ex-
celentísimo Sr. D. Francisco de Paula Bucarely *:
aunque los Governadores por condescendencia han
permitido que al Theniente se le ponga otra silla in-
mediata á la suya, quando se halla algún Theniente
en donde el está. Supongo será esto por que, como
los yndios son tan rudos , no piensen es desayre que
se le hace *; o que ei Theniente en ausencia del Go-
vernador le usurpa aquel honor. En íin ello así se
practica. A los Gavildos de la paz un Acolito, y el
Gura les da el agua bendita a la puerta de la iglesia
los dias mas clasicos, pero al Governador y Thenien-
tes todos los festibos '.
Celebran los 135. Los dias de cumplc años del Rey, los de su
diasdeiRey. jíq^x nouibre, y todos aquellos en que se festeje* al-
guna felicidad de la Monarquía, ó de la Real Fami-
lia, desde la víspera de mañana se pone el Gavildo en
ceremonia: sacan de las casas de Gavildo ias qualro
banderas que tiene cada pueblo, dos con las armas
Reales, y dos con cruz de Vegoña *, y las demás yn-
signias militares, que son quatro picas largas de cinco
o seis varas,*' y muy delgadas, con mojaras peque-
ñas '' en las puntas, y algunos pequeños plumajes de
colores, puestos con orden, y distribución en algunas
partes de ellas qualro ginetas a la usanza antigua, y
algunos bastones, unos en la forma común, y otros
con escudetes* de metal, o acero por puños. Desde
1 En la edic. de Angelis: D. Francisco Bucareli.
2 En la edic. de Ánfrelis: que se les hace.
3 En la edic. de Ángelis: pero al gobernador todos los festivos. Omite:
y Thenientes.
* En la edic. de Ángelis: en que se festeja.
í* Asi en el ms. Es mas correcto el te.xto de la edic. de Ángelis: y dos
con armas de Borgoña.
■ G En la edic. de Ángelis: de á cinco ó seis varas.
' En la edic. de Ángilis: con mojarras pequeñas.
** En la edic. de .\ngeli?: con escudete.
MISIONES DE INUIOS CUAK.WIS. 113
las diez del dia comienzan a dar varias bucltas, con
orden a loqne o ruido de cajas, por la plaza, unos a
pie, y oíros a cavallo, que arman ' varias escaramu-
zas, y torneos, hasla las doce; a cuya ora se anuncia
la festividad con rcpiíjue de campanas -, y algunos
tiros de camaretas: á cuya señal concurren todos los
del pueblo a la puerta de la iglesia, en cuyo pórtico
<'Slá colocado el Real Retrato en el lado correspon- Real Retrato,
diente al Evangelio, cu un cajón, con sus puertas, y
cortinas interiores, y al lado opuesto están las Armas
Reales pintadas en la pared, o lienzo '. Juntos todos,
con la música completa, se abre el cajón y descubre
el Real Retrato, repitiendo varias vezes Viva el Rey
Nuestro Señor * D. Garlos Tercero, y se pone
una guardia con las vanderas, y dos centinelas efec-
tivas delante del Real R.etrato. A la tarde se cantan
vísperas con mucha solemnidad, esmerándose en esto
no poco los Relijiosos Guras; y después buelven a las
<»scaramuzas ^, entre tanto disponen algunos bayles, Danzas,
o danzas de muchachos: que maravilla el orden y
compás que guardan, aunque sean de tan corta hedad
que no lleguen a ocho años. Los bayles que usan son
antiguos, o extrangeros. Yo no he visto en España
dantas semejantes, ni en las diversiones publicas de
algunos pueblos, ni en los que se usan " en el dia, y
octava do Gorpus. Aora modernamente van intro-
duciendo algunas contradanzas ynglesas, danzas va-
lencianas, y otros bayles que usan los españoles.
A estos muchachos danzantes los adornan con vestidos.
a proposito, con coronas, y guirnaldas que hacen vis-
tosas las danzas: que algunas se componen de veinte
1 En la edic. de Angelis: en que arman.
- En la edic. de Angelis: con repiques de campanas.
3 En la edic. de Áng-elis: ó en lienzo.
'' En la edic. de .Vngeli.s: Muestro Señor.
5 En la edic. de Ang:elis: las escaramuzas.
*"' En la edic. de Angelis: ni en las que se usan.
114 BOLETÍN DE LA REAL ACADE-NHA DE LA HISTOIUA.
y quatro danzantes *, que forman varios enlazes , y
aun letras que componen el nombre que quieren^.
Entremeses. 136. Entre dauza, y danza hncen juegos o entre-
meses, que en su ydioma llaman Menguas, com-
puestos de su inbencion algunos de ellos ^ que pare-
cen de bástanle artificio y gracia a los principios, pero
no saven * concluirlos con propiedad: los mas los aca-
van a golpes, y azotes; lo que celebran con mucha
risa los circunstantes.
137. Al ponerse el sol se reserva el Real Retrato
con las ceremonias, y Víctores con que se descubre, y
a la noche se ponen luminarias, y se arman fogones
en la plaza, y se repiten los baylcs como a la tarde.
Al dia siguiente, al salir el sol, se buelve a descubrir
el Real Retrato en la forma dicha, el que permanece
descubierto todo el dia. A la ora acostumbrada, y de
todos los repiques de campanas ^ se junta torla la
Misa y Te gente en la iglesia, en la que se canta la Misa y Te
Deum con mucha solemnidad, y después se prosi-
guen en la plaza las carreras de caballos en contorno;
• en las que, divididos en quatro quadrillas, los yndios
hacen muchas evoluciones, o figuras a la usanza an-
tigua, todo a toque de muchas caxasy clarines, ó con
grande algazara ^, y ruiílo do casca!)eles grandes, de
que llevan cubiertos los petrales '' , y cavezadas de los
caballos; lo que tienen por adorno y grandeza.
íSe continuará.)
' . En la edic. de Ángelis: hay algunas que se componen de 21 dan-
zantes.
* En la edic. de Ángelis: y aun letras, con el nombre que quieren.
5 En la edic. de Ángelis: que en su idioma llaman menguas, todos
de su invención, y algunos de ellos.
■* En la edic. de Ángelis: pero que no saben.
8 Asi en el m?.: más correcto en la edic-de Ángelis: y dados los re-
piques de cam panas.
'' En la edic. de Ángblis: y con grande algazara.
'' En la edic. de Ángelis: los pretales.
ANTIC.Ü EDADES ROMANAS DE VALENCIA. 11;
II.
TURIAE MARMOR |1 NUPER EFFOSUM : 1| SIYE ¡| DIS-
SERTATIO II CRITICA || DE || VALENTINO SODALIGIO ||
VERNARUM COLENTIUM |¡ ISIDEM. || AUCTORE || AUGUS-
TINO SALESIO, || Sac. Theol. Doctore, Sacerdote Valentino, \\
Urhis, Regnique Hisioriographo. \\ YALENTIAE. ¡| Apud Jose-
phum Thomam Lucas, in platea || Comocdiar. Ann. m.dcg.lx (1).
* Ceterum accusator fatetur... ut Pompejus in Eispaniam venerit... acerri- 'Pás. 2.
mis illis proeliis, et maximis Sucronensi et DURIENSI inierfuisse. (Cicero,
pro L, Cornelio Balbo Gaditano.)
ínter laeva moenium et dextrum flumem TURIAM, quod Valemiam parvo
intervallo praeterfluit... Proelium apud flumem DÜRIUM, et Dux hostium
C. Herennius cuín Urbe Valentia et Exercitu dcleti, satis clara vohis sunt.
(Sallustius ia fracm. lib. ii et iii.)
Regio Aedetana amoeno j^^'Cíetenderite se stagno ad Celtiberos recechns, Va-
lentía COLONIA, iii.M j?ass a mari remota: flumem DURIaS. (Pliu. His-
lor. lib. iii, cap. iii.) Eruditiadimus Andreas Straneus in laboriosissimis
Aunotationibus ad Plinium apud celeberrimum Majausium, et in Biblio-
theca Colle^ii Corporis Christi, ita scripsit: Durias, forte tvria. Decepit
Lihrarium in eadem Hispania flamen Durias Lusitaniae.
Floribus, et roséis formosus TÜRIA rijñs. (Ciaudian. de laúd. Serensé.)
* Excelleutissimo Domino, D. Leopoldo Gregorio Marchioni in *PaK. 8.
Squilacio, cet. Summi castroram Ducis Vicario honorario; Ca-
tholici Hispaniarum Regis publicis Rationibus Praefecto, Ipsi a
Secretis, intimisque Status Consiliis; Supremacquc Curiae Re-
giae Administro, cet. cet. Augustinus Salesius, Sac. Theolog.
Doctor, et Saccrdos Valen linus, Urbis, Regnique Ilistoriogra-
phus S. P. D.
(1) En 8.°, -18 páginas. Ha encontrado el ejemplar rarísimo y me lo ha enviado
D. José María Settier, correspondiendo al ruego y expectati-va que formulé en el Bole-
tín, t. III, pág. 64. Lo presento brevemente anotado.— F. F.
116 nOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
Ignoro, Marcliio Excellenlissime, cur Dissertationes meas Gri-
Licas pro Venerahili Joanne Ribera, circa res omnium gravissi-
'Piíg. 1. *nrds\ de Hispaniae Valentinis2yrcieserti')nConciliisnondum editis;
de Ducatu Valentino, cet. Roma doctissima magnopere extaleril,
atqueeliam Lutclia Parisioram, alias, denostri Regni Inscriptio-
nibits ineditis (1), quas urgente Excellentissimo Cailncio liujus
Regni summo Duce, non itapridem extinelo, diligenler confecc-
raní; cum lamen paucissimi nosliñm hoc disserendi genus, nempe
critican! et eruditionemprofiteantur,caeleris acerbeinsullantibus.
Vercor ne sil, propterea quod vetustatis perscrulationem vulgus
non capiat, quaestuariis solis litteris (quaeinprelio sunt) et pro-
piia secta contentura; aut quod utilitate et lucro studia metiens
inanes putei artes (ut sunt eruditae) quae in hac Urbe provenía
carent. Quod profecto máxime dolendumessel: nam Mariana vir
insignis, qui lamen fuit Garpetaniae regionis, hoc tulit de gente
nosíra tcslinionium: Valentinis prae caeteris lUspaniae populis in-
i'áii. 5. ye¡LÍam acre et vi^vidum coelo datiim agnoscimus. Sed quantum
intersit Gritices etantiquilatis studiafovere sat nosli, Excellenlis-
sime Marchio, cum quod in medio Latió lanti videris haec facta
siudia, uli Raphaclis Fabretti, Philippi a Turre, Muratorii alio-
rumque commentaria produnt, tnm quod, te impeliente, Gl. Au-
tonius Franciscus Gorius, Basilicae Florentinae Praeposilus et
Lycei Florentinae Hisloriae Professor, aliiquc viri eruditissimi
Hercidani ruderibus , quae auno mdocxlviji apparueriint , ex
praescripto sapicntissimi Rogis nostri Garoli III lanlum lucis et
s[)lendoris altulerint et complore poi'gant.
Iccirco, cum Isidis marmor ellbsum fueril, quo die Rex uoster
invictus riíspaniam suam tcnnit; illuslratum a me, qui sinepro-
venlu, genio indulgcns ct publico muneri, scverioribus lilteris
incumbo, hoc Gommcntarium, Marchio nobilissime et ornatissi-
me, ad te mi itere constitui hisce sludiis addictum, qui cum Rege
■Pág. c. nostro,*PotenlissimojuxtaacGlementissimo, go-udia socians, iter
in Hispaniam, cujus adventum pralulamur, una exequutus es.
Kxiguuní hoc munus. Non difliteor. Sed illud pulchcri'imuní et
(1) Falla la menciÓQ de estas y de las sobredichas á los diccionarios biliográficos de
Ximeno y Fuster. Sobre la muerte y retmplazo del Duque de Cailús, <(Capitaa Gene-
ral del Exercito y Ueyno de Valencia,»; véise la Gaceta de Madrid, 11 Diciembre [~59.
ANTIGÜKDADES ROMANAS DH VALENCIA. 117
humaiiissimum censendiim est, quod Principes, proal Ta, acu-
tissimi supra caplum ingenii, qui summis geiieribus natas es,
totque discipliuis e.xcultus, munificeiitiam, non oblatac rei pretio
el dignitate, sed oírercnlis aflecLu et facúltate metiantar. Neo
vero par erat diútius te morari, qui aniniam adeo occupas in
stadiis publicis, quae Hispanici Imperii inajestateni coaccrnunt,
ut jure possiin Tercalianam ilhul tibí aptare:
deniqne
Nullum reiTiittis teinpus, ñeque te respicis.
Accipe ergo, Marchio Exccllentissiine, iianc meae erga Te ob-
servantiae et gratulationis tesseram, facque tao auspicio ut res
publica et litteraria in optimum statum vcrtat; insignisque no-
*stra Academia, dummodo Magni Ludovici Vives sai, qui Scho-
lam componens disciplinas tradidit et causas corruptariim artium
designavit] Griticcs praeceptis insistat, honoro gloria et fulgore
niteat.
Valentiae Edetanorum, vi Galend. Februar. anni mdgclx.
*Gregorii Majansii, Generosi Yalentiui, censura ex delegatione -Pá?. 8.
Ordinarii Ecclesiastici.
Augustini Salesii, Doctoris Theologi, Urbis Valentiae Regni-
que líistorici Dissertationem Criticatn de Valentino Sodalicio
Vernaruní colentium Isidem, libenti animo Icgi. Argumentum cst
eximium; rerum varíelas, et amoenitas, grata; eruditio, multi-
plex: uno verbo, opus, diguuní, quod luce publica frualur. Ita
censeo Olivao, vii Gal. Fcbruarias. Anni mdcclx.
Greg. Majansius, Generosiis Valentinus.
iHS. Imprim.
Dr. Albornoz, Vic. Gen.
*DISSERTATIO ü CRITIGA, i| DE VALENTINO SODALI- Pág. 9.
GIO 1¡ VERNARUM GOLENTIUM ISIDEM.
Ferdinando VI Borbonio, piissimo Hispaniarum Regesnblato,
Carolas III Borbonius, frater, Neapolis et Siciliae Rcx, hosliuní
118 BOLETÍX de la real academia de la HISTOUrA.
domitor sompcr invictus, suffecto iii ejus locum Ferdiuando ñlio,
ad obtincndura regnum, qaod ei jure haereditario obtigerat, pa-
rata instractissinia classe, Hispaniam cogitavit. Quo die Barci-
nonem appulit xvt Kal. Novembr. labenlis jam anni mdcglix,
Isis navigatiünibns praeposita quae, ut veteres fabulaa!,ur, veli-
ñcia primum invenit, rateque velificavit dum filiura suum Har-
pocratem quaereret, Valentinos monere visa est (fas sit prae gan-
dío insanirc) Regem nostrum Sapientem ot Magnanimura inco-
^Páfe-. iii *lumem pervcnisse. Namquc ipso die, e formosi Turiae visceribus,
immanis lapis ater, solidissiinas is qaideni, ex lapidicinis, ut fe-
runt, quae non procnl Sagunto exstant, repertus est, longitudinis
palmorum scplem, altitudinis trinm, cum lapicidae soliiis ferra-
montis parva quaedam rudera forme attrita, quaeamnis, omnium
amoenitatum parentis, fluenta et ripam intcrsunt, eíToderent.
Inventum est marmor, quamvis non dubitem quin olini similis
generis apud nos erutum, fere intra quartam pilam moenium,
<inibus flumen includitar, ct quam invenias si ex cymba lapídea
noviter exstructa per sinistrum cornu Urbem versus recta pro-
grediarís. Ncc mérito suo frandandu? est Emmanucl Gomezius
sacerdos Valenlinns, sacrae Theologiao Doctor, vir doctus, quí
iapidem erutum primas inspexit, requiescens, cura satis essct
deambulaíum; et per Ignatium Bellidum sacrae Theologiae Doc-
toren!, sodalem me admonuit. Insignis ergo inscriptio, Idibus
Novembr. seu postridie, a me accurato transcripta, haec est:
SODALICI V> . .
VERNARVM
COL EN Tes isid . . . .
Inscriptio quidem lepídíssima est; veramquo servat orthogra-
phiam, quae nisiexcipias [anumGruterum BibliothecaePalatinac
'Pá-. u Pracfcctum (Ins*cript. pag. 35. n. 5, pa<j. lil. n. IO,pag. 624.
nwn. S), ct unnm aut alterum. fere omnos Auctores hucus-
quc laluit. Est etiam perfectissima, si sensum et grammaticam
spectes; ct Sodalicium colentes vcnuslus est atque clegantissinuis
[«r syllepsím loqucndi modus. Exompla, hinc indo congesta, viri
sapienlissimi, Brocensis, Sci'opius ct Vossius prodidcrunt.
ANTir.ÜKÜADKS ROMANAS Dlí VALEN'GIA, 110
Quarii olluse nnimiis meas exultavciil novo hoc velustatis the-
sauto, vix exprimere possum. Illud scio, incilatum me antiqui-
tatis amore, el iiescio qiia pcrfusum dulcedine, inci-edibili dili-
gciitia ad domum perrexisse lllustris Yiri Joaunis Rato, Caiionici
Valentiiii. Arcliidiacoiii Saguntini et hujiis regni Gancellarii,
qui fabricae inurorum et cloacanim praefectus eral. Haic igitur,
ciijiis proplci-ea inlerer.it, et scriplo et verbis rem omnem aperui,
siinulqne obsccravi, ut diguaretur projectiiin marmor, fatuisqai-
buscinnque objecium, iude extralierc et iii tuto locare, uc taiitum
autiquitatis lumen upupae ictibus, quibus jam duas litteras cor-
raseraut et ultimam expunxerant, perpetua oblivíone deperiret.
Nam marmor, frustratim diseclum, redolabant barbari, ne hilo
quidem pendentes, capsellis illis incrustandis, quae incorrupto
servant herbae .pulvcrem, qui a Tabaci ínsula usurpat nomeu,
quique cerebrum roborat per moatus narium illatus. Simul spo-
pondi ei explicare Inscriptio*nis mysteria. Annuit vir prudcns et *Pd8-. i-?
antiquilatis amanlissimus. Eamque couclusit in villam Semina-
rii Valentini Societatis Jesu, in quo clari tirones et ex Senatus
consulto juventus a sacri hujus Instituti homnibus et littcris et
moribus instruuntur. Atque ita, mea curatione, iiiscriplio hidis
iisdem Idibus Novembris, inumbrante vespera, de stultorum
feriis Iriumphavit, neo procul a fluminis moenibus constituta.
Nunc jam, quo fides firmior sit, servare promissa debeo, atque
stiidio parendi clarissimo illi Viro, tantae autiquitatis conserva-
tori, in médium proferam quicquid ad illustrandam Inscriptio-
nem ad miraculum celeberrimam pertinere mihi videtur. Pro-
fecto in ea sum sententia Turiae, deliciarum beatissimae urliis
nostrae parenli, lantum gloriae accesissc ob /¿'ídís iuscriptionem,
quantum dignitatis, ob Sertorii pugnam acerrimam adversus
Metellum et Pompejum; et celebritatis, obmentionem quamejus
habuerunt Cicero, Sallustius, Plutarchus, Plinius, Glaudianus.
Jam quae ad rem attingunt.
Isidis igitur simulacrum muliebre est, bubulis praeditum cor-
nibus, quemadmodum lo Graeci describunt. Est autcm Isis quae
graeca lingun dicilur :ír.:j.ñTn^, id est, Ceres. Apollinem et Dianam
ajunt Aegypiii, Dionysi et Isidis filios esse; et Apollo aegyp*liace *Pág-. 13
Orus dicitur. Cei'es autem Isis. Diana vero Bubastis. lu urbe
120 boletÍxN dií la ke.íl academia de la HISTORLA.
líiisiri máximum erat templum Isidis , ipsa in medio Dellae
Aegypli sila, quemadmodum supponit Herodolus (lib. 2. Euterp );
(jui insuper addit, Cyrenacas foeminas Isidi, qiiae eratiii Aegyp-
to, jejunia et dies festuá sua lempcstate sLudio¿.e egisse ^liJj. iv,
Melpom.).
In Bibliotheca sua histórica, uberius rem nostram Diodorus
Siculus declaravit, cum scribit, vetustissimos in Aegypto morta-
les mundum supra se contémplalos, et non sine stupore demira-
tos universi naturam, dúos esse déos existimasse aetei-nos et pri-
mos, Solem quippe et Lunam, quorum istum Osiridem^ hanc
hldern appellarint; quorum Eumolpus in Bacchicis carminibns
meminit:
Sidereum DIonysum igni radiante coruscum.
hidem vero interpretatum fuisse antiquam, quod nomen ab
aeterna et antiqua generatione est ei impositum. Cornuaque ei
addunt, qiiia talis lunae aspectus est quandc, falcis imagine,
crescit et decrescit, et quia bovem apud Aegyptios consecratam
habet. Hos itaque déos mundum universum gubernare statuunt,
nutrientes et augentes omnia (utpote his térra) tripartitis anni
tomporibus, veré aestate autumno. Ideoque totum naturae corpus
solé, qui spiritus est et ignis, lunaque, quae humor est et (torra)
•páK. II siccitas, consummari. Tnsuper Osi*ridem Bacchum significare,
interdum Serapin (apud Phoenices sive Ghananacos est Baal);
hidem quamproxime Cererem. Epigraphem Isidis columellae
sacris lilteris insculptam Nysae Arabiae oppido, ad qnam pleri-
•]ue hnjusce deae sepulchrum transtulerunt, jam suhjicio (I):
«Ego Isis sum regina hujus regionis, a Mercurio erudita. Quae
lege per me sancita sunt nemo solvere potcst. Ego Saturni, no-
vissimi dei, filia sum natu máxima. Ego sum Osidiris regis uxor
et sóror. Ego sum illa quae prima fruges mortalibus reperit. Ego
i-egis Hori mater sum. Ego sum quae in Canis sidere exoritur.
Mihi Bul)astis urbs aedificata. Vale, gaude, Acgypte, mea nu-
Irii:.)) (Diodorus, 1. i. cap. xi. xxiv. xxvii.) Primo el ultimo In-
(1) Con letra versalitii iuclinada.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 121
scriptionis hujus verborum ambitui respoudit sic canens Papi-
nius Statius (Sylvar. 1. 3. v. 102):
Nunc regina Phari, numenriue Orientis anlieli.
Isis cadem ita loqiiitur apud Apulejum (Melamorph. lib. ii):
«Ego siim rerum natura parens, elemeiitorum omoiuin domina,
saecalorum progenies initialis, suinma numiimrn, regina Ma-
ninm, prima Goelitum doornm dearuinquc, facics uniformis,
quae cocli luminosa culmina, maris salubria ílamina, inferum
deplórala sileutia nutibus * meis dispenso. Gujus numen unicum tpág. 15
multiforme Lipecie, ritu vario, nomine multijugo totus veneratur
orbis. lude primigenii Phryges Pessinunticam nominant deúm
Matrem, bine authoctones Attici Gaocropejam Minervam, illinc
fluctuantes Gyprii Paphiam Venerem, Gretes sagittiferi Dictyn-
nam Dianam, Siculi trilingües Stygiam Proserpinam, Eleusini i
vetustam deam Gererem, Jnnonem alii, alii Bellonam, alii lie-
caten, Rhamnusiam alii; et qui nascenti diei Solis inchoantibus
illustrantur radiis, Aethiopes Ariique priscaque doctrina pollen-
tes Aegyptii, caeremoniis me propriis percolentes, appellant vero
nomine reginam Isidem.»
Omitto quae Plutarchus attulit in suo de Iside ét Osiride, cum
perspicua sint et clara ómnibus. At non est praetermittendus
M. Terentius Varro, cam ajens quae in Aegypto Isis apud Phoe-
nicas vocari Astarthe (de ling. lat. 1. iv). Et prefecto Lucianus in
dea Sijria et líei'odianus in Heliogabalo (lib. v.) Astbartem, Lu-
nam existimarunt: cujusfiguram Sanchoniaton deduxit, sic apud
Eusebium expressit: Imposuit autem Astarthe capiti suo regale
insigne, tauri caput. (Praepar. Evang. 1. i, cap. vi et vii). Eam-
dem Astarthem capite bovino una et cornuto super indutam,
tamquam regium insigne, cornua lunae exhiben tem descripsit
Porphyrius: quo pariter capitis ornamento decoratam vidimus
deam Isidem apud* Herodotum. Astarthem igitur, plurali numero *pág. 1
Astarotli, deam Sidoniorum coluit, et infatuatus adoravit rex Sa-
lomón (3. Reg. II, V. 5, 33; et 4. Reg. 23, v. 13). Rursumque, ut
divinne Scripturae profi-tentur, Judaoi, omnipotenti Numini ple-
rumquG facti abominabiles, servientes Baalimet Astaroth. Garent
illi peculiari nomine ad deam significandam ; cura vero Isis pin-
TOXIO IV, 9
122 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA.
gatiir cnpite vel coriiibas boviiiis, proniim est judicare, Vituli
uiirei occullalam nomine Hebraeo?, annuente Aarone, Isidem
adorasse (Exod. cap. 32). De dea ista, nbi de diis quae siinl iu
Acgypto, tractavit Leo (scribil Clemens Alexandrinus), dicitque
Isidem a Graecis vocari Cererem, quae fuit tempore Lijncei^ un-
décima generatione post Mosen. (Stromatum lib. r, c. x, num. 30.)
Ciceronis aelate, ut reor, nondum Tsilis cultiis Romain illatus
fuerat: cuín ita, quin lamen Isidem nominaverit, depinxerit iDe
nalur. deor. 1- 2), quae eadem prefecto suiít, LunamCereremque:
uMullaqiie ab ea (Luna) manaiU et fluunt, quibus eí, animantes
alanlur, augescantque et pubescant, matui-itatemque assequau-
tur quae oriuntur a térra. Máxime vero sunt admirabiles rnotus
earum quinqué stellarum, quae falso vocantur errantes; nihil
cnim errat, quod in omni aeternitate couservat progressus et re-
■Pág. r, grcssus.» Pergit disserere de sideribus ac mullitudine * nec ces-
santium deorum, et subjungit: «Multae autem aliae naturae deo-
rum ex magnis lieneficiis eorum non sine causa et a Graeciae sa-
pientibus et a mnjoribus nostris constitiitae nominataeque sunt.
Quidquid magnam utilitatem goneri elíerret bumano, id non siue
divina bonitale erga homines fieri arbitrabantur. Itaque tum
illud quod erat a deo natum nomine ipsius dei nuncupabanf: ut
cum fruges Cererem appellamus, viuum autem Liherum; ex quo
illud Terentii
Sine Cerere et Libero friget Veauss.»
Suspicor Isidem a Cicerone praetermissam quod aetate sua,
anno Urbis couditae dcxgv, L. Calpurnio Pisone et A. Gabinio
consulibus, curia deorum una cum Scrapide et ílarpocrale cum
suo Cynocephalo pulsa fuerit et prohibita Capitolio iuferri, ut
loquitur Tertullianus (Apolog. advers. Gentes, cap. vi). Sicigitur
ubi dii selecti alte insederant, peregrini rejecli et explosi. Quod
autem illi cocpcrunt aris dictorum deorum eversis, perfectum
videtur anno Urbis conditac dcciii, consulibus L. Aemilio P¿iulo
ot C. Claudio Marcello, ipso viventeCicerone. «li. Aemilius Pau-
las cónsul, inquit Vaíarius Maximus, cum Señalas Isidis et Sé-
rapis fana dirucnda censuisset, eaque nemo opilicum atlingere
ANTIGÜKÜADES ROMANAS DE VALENCIA. 123
audcrct, posita practoxLa securim arripuit, templiquc ejus foribus
inflixit. (L. i de Peregr. Relig. rejecta, cap. 3.)
Sed et Augusti tomporibas Isis Romae* restituía est. Sacra ejus *pág. is
observabauíur dccetn continuis diebus, contineulia rite sérvala,
capitis dolores focminis fingentibus si viri urgerent. Iccirco Ovi-
dius conqueslus est, sic canens do Árnica: (Amor. 1. \, Elcg. vin.)
Saepe nega noctes; capitis modo finge dolorem;
Et modo, quae causas praebeat, Isis erit.
Eamdem solemnitatem, ad Cyiithiam scribens, maledictis pros-
ciudil Propertius (lib. ii).
Tristia jam redeunt iterum solemnia nobis,
Cyrithia jain noctes est operata decera.
Atque utinam Nilo pereat quae sacra tepente
Misit matronis Inachis Ausoniis.
Tiberio postea imperante, cum Romae in sacris Isidis in illus-
Iri Paulina, deae liujus cultui veliemenler addicta, summa tur-
pitudo deprehensa esset, sacrifici in crucera acti sunt; dirutoque
templo statua Isidis^ Principis jussu, in Tiberim mersa est, uti
narrat Josephus. (Antiq. Judaic. lib. xviii, cap. iv.) Sicque, ex-
ternas cerimonias, Aegyptios ritus Tiberius compescuit, coaclis
qui superstitione ea tenebantur religiosas vestes cum instrumento
omni comburore, ut scribit Suetonius (in Tiberio, cap xxxvi).
Nihilominus sacra haec eadem restaúrala jam erant Neronis
tcmpore, cum ea ita expresserit Lucanus (lib. viii) de Aegypto lo-
queas, Pompejique fata plangens:
*Nos in templa tuara Romana accepiraus Isin, *Pág'. 19
Semideosque canes et sistra jubentia luctus,
Et quem tu plangens liominem testaris Osirim.
Ollio quoque imperator sacra haec Isidis saepe in linlca religio-
saque veste propalara celebrabat, testante in ejus vita Suetonio.
Atque ita adeo cultus ejus dilatatus est, ut Vespasiani aetate Har-
pocratem staluasque Aegyplioram numinura in digitis viri quo-
que portare incoeperint, ut Plinius loquilur; (Histor. natur.
1. xxx.) et Domitianus latere non crubuerit Isiaci celatus habita
dura in Gapitolium irrum.pcrent Yitelliani. (Sueton. in Domit.
124 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
c. I.) Commodus eiiam Antoninus sacra hidis coluit, ut et capuí
raderet et Anubini portaret, uti Aelius Lampridius litteris con-
signavit. Sed et Antoninus Garacalla sacra Isidis Romam depor-
tavit et templa ubique magnifice eidem deae fecit, ut prodit Spar-^
tianus; non lamen quod celebritatera primus invexerit, sed quod
eidem plura addiderit. Tertulliani demum aetate, Libero, Sera-
pidi, Isidi, Harpocrati silentii numini, cum suo Cynocephalo ca-
niiii capilis deo, qui ipse erat latrator Anubis, Romani summam
contuleranc majestatem. (Apologet. cap, vi.)
Quibus tamen temporibus Isis coepta fuerit apud Hispanos
adorari; siculi vix dicere ausim, ita credo cum Romanorum ar-
'Pág. 20 mis victricibus, *poiissimam Augusti temporibus, post omnino
receptas Hispanias cultum Romae restitutum per Imperii provin-
cias coepisse propagari. Id nos ex Gallia, Hispaniae contermina
provincia didicimus; quae, cum Julii Gaesaris aetate déos coleret
Mercurium, Apollinem, Martem, Jovem et Minervam, ut ipse-
met retulit de Bello gcdlico; (lib. vi, cap. xvii.) non multo post^
si Morello Gallo ñdes sit adhibenda, quod tamen suspicor,isif?em
induxit. Qaare ergo iisdcm temporibus Isidis cultum non jara
apud nostrates inductum? Praesertim, cum nostrae Inscriptionis
laconismus, qui verbis paucissimis plura complectitur, necnoii
vetustissimi ejusdem litterarum ápices referant Augusti aetatem.
Suadent quoque veteres Inscriptiones. ,In urbe Tarraconensi^
quae a G. Gaesare Golonia videtur deducta, quae nummos avgvsto
DEO consecravit, quaeque, Melae aetate, urbs erat in Hispaniae
Mediterraneis oris maritimarum opulentissima, hanc (1) sacravit
Clodia Osiana:
I S I D l A V G
S A C R V M
IN HONOREM
ET i\lEMORIAM
IVLIAE SABINAE
CLOD'OSIANA
M A T E R
(1) Hilbner, Inscript. Hisp. Latinae, 4080.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 125
Basim staluae Isid'is puerperae, seu lo, posl*quam Epaphum pe- •Pá?.2i
perit, quam Hispali accurale diligcnterque delincaiidam curave-
rat celeberriinus Emmaiiuel Martinus, Alonensis Decaiuis, misit
hic Gl. Vir ad Beriiardum Moat-fauconiíim, unacum inscriptione
Isidis lepidissima. Iii illa habemus Anubidis bine simulacrum
novo gestamine, nempe clava, atque ibidem illam TroXMxXnrov.
Iiide vero, sive Osiridem, sive numen aliud Niloticurn cum sub-
jecto Apido. Basis haec tamen cum inscriptione (1) Acci olim ad- ^
veda fuit. Ecce inilium:
I s I D I P V E I
IVSSV • DEI • NE
PABIA • L • F • FABIANA • AVIA
IN HONOREM AVTIAE NEPTIS
PIISSIMAE EXARG • P • CXIIS....
etc.
Aliam quidem, nec minus iusignem (2), eidem deae Accitani sa-
crarunt, quam inventara in agro Accitano, sic damus ab erudito
Thoraa Legiouensi, Jesuitarum sodali transcriptam.
LIVIA CHALCEDONICA
ISIDI DEAE D •
H • S • E
ORNATA VT POTVIT
IN COLLO H MONILE
GEMMEVM'IN DIGITIS
SMARAGD • XX-DEXTR
*Quin tamen praetereamus Isidis quoque cultura apud Bracaren- *pág.22
ses in Lusitania (3) juxta Gruteriauara inscriptionera (Inscrip.
pag. 83, num. 7) invaluisse.
(1) Hübn., 3286.
(2) Hübn., 3287.
(3) Hübn., 2416.
126 BOLETÍN DE LA REAL ACaDEMLA DE LA HISTORLV,
Hisce ergo temporibus pulaverim a Romanis deae Isidis cul-
tum Valentiam illatum; antea vero apud Hispanos cuitara mini-
me crediderim, quantumvis contra sentiat Henricus Floretius.
Namque numismata muuicipioram et coloniarum, Acinipo, Asi-
do, Ambae, Bailo, Gaurae, Cartejae, Garbalae, Gades, Ilipae,
Itucci, Obulco, Orippo, Romulae, Saetabis, Uliae, Urso, insigne
licet Lunae praetulerint, antequam Romani (quod falsum arbi-
^ tror) Hispania potirentur; idem signum observamus in Sagunti-
nis, in quibus non Isidem^ sed Dianam durataxat denotan, dedu-
cás ex Plinio, ita scribente: «In Hispania Saguntiajunt templuní
Dianae a Zacyntho advectae cum conditoribus, annis ducentis
ante excidium Trojae, ut auctor est Bocchus; infraque oppidum
ipsum id haberi. Gui pepercit religione inductus Annibal, juni-
peri trabibus etiam nunc durantibus (lib. xvi, cap. xl). Templi
hujus, infra oppidum, sacrarii pavimentum musaico opere in-
signe, eíFosum est mense Majo ann. mdccxlv, et a me explanatura
oculato teste: Regi nostro potentissimo Philippo V explanatio
tradita fuit, quamvis honores alius (1) tulerit. Favent quae Scho-
-pis- 23 lani aeta*te inscriptiones Dianae supererant; nunc una tantum (2),
quam cum litteris lepidissimis Baroni Schombergio misit Glar.
Gregorius Majans, omnium disciplinarum peritissimus, Musa-
rum et Hispanorurn gloria (lib, iii, Epistol. xxv, pag. 148). Prae-
terea observatur in Gaesarum monetis, Marciae Otaciliac, Salo-
ninae et Severinae Augustarum ejusdem Lunae insigne, quin
Isidem unquam referant; quod jure a Floretio non erat praetcr*
miltendum.
Atquc haec de hide pro illustranda nostra Inscriptione, caete-
ris, ut rcor, Hispaniae antiquiore; ex qua novimus, quin aliud
supersit monumentum, hanc deam a Yalcntinis, Romanae su-
perstitionis temporibus, cultam fuisse.
At quo dcmum ritu? Explicare jam conor ut tándem quid a
vcrnis praestaretur palam fiat.
(1) Miguel Eugenio Muñoz, Disertación sobre el pavimento descubierto en la villa de
Murtiedro junto al arrabal de San Sebastián en 19 de Abril de 1745, reconocido de orden
de S. ¡I. Ms. (E. 179, fol. 1-119) en la biblioteca de nuestra Keal Academia.
12) Hübn., SS'W.— Los dos tomos de Escolano salieron á luz en 1610 y 1611.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 127
Aegyptii hanc deam, ut ante pracdiximus, summa vencratione
coluerunt, eique máximum festum celebrabant. Ritus hujusmodi.
Postea qiiam jcjuiiaverant pridie diei fcsti, atque obdormierant,
bovem immolahant eamquo corio cxuebaiit et alvo tota vacaa-
baiil. Intestina iiilra vcntrem adipeniquc linqucnles, crura trun-
ca hant et extremos lumbos armosquc ac cervicem. líis actis, reli-
quum bovis corpus stipabaut panibus puris, et melle, et uva
passa, et fiéis, et thure, et myrrba aliisque odoribus. Ubi hace
infarserunt, adolebant, multum vini * oleique infundentes; jejuni *Pág. n
tamen, priusquam sacriflcarent. Dum ardebat sacñficium, verbe-
rabanlur omnes, cuncti et cunctae, multa sane hominum millia;
post, dapes ex sacriflcii reliquiis proponebantur. Boves quidcm
mares, eosdemque mundos, ac vítulos inmolabant Aegyptii; at
foeminas immolare non licebat, utpole Isidi consécralas; cujus
simulacrum muliebre, bubulis cornibus praeditum, eratque cor-
nuta vacca. (Herodot. lestis, lib. i, Euterp.) Alia insuper solem-
nitate hanc deam distinxerunt ob frugesab ea inventas. Namque
pro testimonio inventarum frugum, messis tempore oblatis spi-
carum primitiis, incolae juxta manipulos plangebant, IsidemquQ
invocabant sistris, reor, jubentibus luctus. In pompa, tritici et
hordei vascula circumferebant ad primitus deae industria reper-
torum memoriam (Diodor. Sicul. Biblioth. 1, i, cap. xiii); et ob
medicinam ferme ab eadem inventam totius orbis fama celebra-
batur. (Ibid. cap. xv.) Ex Orphei et Pythagorae disciplina, qui
hmea omnia in rebus divinis ut impura et prophana damnabant,
Isiaci sacrificuli lineo habitu induebantur; atque sic Domitianus,
Tácito scribenle, scrutantibus latuit. Sed et Juvenalis (Satyr. vi)
Isiacorum gregem linigerum pariter, et ab amictu, et quod caput
raderent, calvum vocat:
*Ergo hic praecipuum summurnque meretur honorem, *Pág. 25
Qui grege linigero circumdatus et grege calvo
Plangeiitis populi currit derisor Anubis.
Ule petit veniam, quotles non abatinet uxor
Concubitu sacris observandisque diebus.
Decem quippe diebus sacra nocturna in templo Tsidis mulleres
peragebant, quin eo liceret viris accederé. Haec causa, quam
praediximus, querelarum Ovidii et Propertii, et poenitudinis
1Í8 boletín de la real academia de la historia.
quam significant Lucanus et Juvenalis. GerLus insuper quo Isidis
navigium celebrabatur (1); quod, Apulejo teste (2), sacerdotes sa-
criücabaiit; quae res docet non tranasse illam sed navigasse (Lac-
tant. de falsa relig.lib. i), quodetiam admonuit Gornelius Tacitus
de Germanis sic disserens: «Pars Suevorum et Isidi sacrifican t.
Unde et causa et origo peregrino sacro parumcomperi; nisiquod
signum ipsum, in modura liburnae ñguratum, docet advectam
religionein.» Ideo praeesse navigationibus putabatur, et cursus
in mari dirigere. Sic enim, Luciano referente, Jovis ad Mercu-
rium: «Ipsam vero lun per mare in Aegyptum ducito, et facito
Isin; ac deinceps sit illis hominibus numen. Inducat ipsa Nilum,
ventos immiltat et navigantes servet.» De hoc praeterea festo
Apulejus (lib. xi). Girca quod adeundus est magnus meus et im-
*p&g. 26 mortalitate * dignissimus Ludovicus Vives. (Gomment. 1. xviii de
Givit. Dei, cap. iii.) In sacris tamen Isidis reconditis et arcanis
venerandis multa erant turpissima, exsecranda, flagitiorum et
scelerum plena, quae ad iuferna quoque,' id est, Erebi arcana,
sacra spectabánt. Multa impiissima patrabant; mox carmina fun-
debant contra déos ipsos, adversus quos sacerdotes violentas mi-
nis utebantur, veluti: Ni vos ita fecerltis, aut contra, coelos con-
fringam; vel oculta Isidis patefaciam; vel arcanum in abysso
reconditum divulgabo; aut sistam navim quamdam apud Aegyp-
tios sacram, etc. Quae omnia refert Porphyrius ad Anabonem
sacerdotem, quem in Givitate Dei beatus Augustinus transcrip-
sit (lib. X, cap. xi).
An vernae arcanis illis sacris interessent? Obscurum est ex
TIoratio, qui postquam de puero verna, loquutus ante fucrat, sic
postea sermón. 1. 2. satyr. vi. quamdam describit coenam:
liospes
Continuatque dapes, necnon verniliter ¡psis
FuQííitur officiis.
(1) «Quo igitur argumento probari potest nec Europam in Tauro sedisse, nec lo
factam bovem? Quod certus dies habetur in Fastis, quo Isidis navig-ium celebratur;
"luae res docet non tranasse illam, sed navi¡>asse.>> Lactancio, Divi». institut. i, 11.
(2) «Navem... summus sacerdos... (juam purissime purificatam nuncupavit dedica-
\\\.^\Ufi.» Metamorph ., xi.
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 129
Quod alii quidem luxuriose, alii pro adulatorie exponunt, qui-
bus vivendi ars hace est. Sed tamen de vernae signiñcatione,
quae dubitationem non liabct, in eam plerosque adduxit, iit Per-
siu3 ait
Murmura cum secum et rabiosa silentia rodunt.
Servi itaque, domi nsLÚ*vernae elvernaculi diccbantur; et proca- *Pág-. 27
ciores plerumque erant, quia scilicot ipsis plus quam alus indul-
gebatur. Plerisque tamen servi sunt domi nati ex ancilla nostra
aut servo. At ego rem islam medullitus percepcram, dum juveiiis
Sacrao Scienliae laurea in Academia hac nostra donandus essem.
Tum enim Gl. Félix Gastón, acerrimijudicii vir, sacraeque Theo-
logiae Doctor, Professor et Gensor, concessit mihi praestantis
doclrinae a se elaboratum opus in Evc.yyiXLx, venustissimum id qui-
dem, prout ejus omnia. Inquirens autem, quinam ad circumci-
sionem servi tenerentur, sic praefatur: «Atque imprimis suppo-
uendum moneo servos alios fuisse vernáculos, qui nempe domi
uascebantur ex servis; alios empticios, qui scilicet pretio empli
vel in bello capti erant; alios mercenarios, qui^tametsi liberi, ta-
men ex mercede accepta in Abrahae domo serviebant. Haec est,
ut reor, penitissima vernae et vernaculi nomenclatura,' quam
postea praeceptorem sequutus excepit vir insignis Paschasius
Sala, Praepositus Yalentinus, Sacrarum Litterarum Interpres,
meusque in hac scientia Institutor. Praecipuis quoque sacris
hidis praecedebat sacer apparatus, tanta schematum diversitate
et ridiculis commentis instructus, quemadmodum describit Apu-
lejus (1. xi): «Ponipae magnae;* anteludia votivis cujusque studiis 'Pág-.2f{
exórnala; facibus mulli purpuraque ludebanl; alii barbitio hir-
cino philosophum, plerique mililem, venatorem, foeminam in-
cessu perfluo, aucupem mentiebantur, etc.» Jam vero, an ista a
vernis, praestarentur? Anceps profecto res atque ambigua. Puta-
rat quispiam a vernis, cum pro sciirris eos usurpaverint Thomas
Farnabius, Vincentius Gollessus et Jacobus Facciolatus, qui om-
nes Marlialis illad in Gaecilium: (Epigr. lib. i. Epigr. xli.)
Urbanus tibi, Caecili, videris;
Non ep, crede mihi. Quid ergo? Terna es,
130 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA, DE LA EIST0RL4.
sumpserunt pro scurra impudeiili et procaci. Et fortassis non
abnuit Martialis ipse, (Epigr. 1. x. ep. iii.) ad Priscum:
Vernaculorum dicta, sordidum dentem,
Et foeda linguae piobra circulatricis.
Atque etiam Séneca, dum ita scribit de cliente piiero: «apudpro-
xinium circulatorem resedit, et dum vagas atque erro vernacxiUs
congregatur etludit.» (De Benefic. 1. vi. c, xr.) Scenicahaecerant,
et Gereri, quaeipsaest Jsis, et Libero dicata; in quibus non rainor
furor, turpi tildo prolixior, cum mimus exponebat adulteria, etc.
(Minuc. in Octavio.) Propterea sic gentes Tertuliianus carpebat:
«Dispicite Lentulbrum et Hosliliorum venustates, utrum mimos
■?ág. 29 an déos veslros in jocis et strophis ri*dea'is moechum Anubin.
Ita nihil est nobis dictn visu auditu cum insania circi, impuden-
tia theatri, etc.» (Apologet. cap. xv.) Post solemnia sacrificia,
spectacula et ludos edere, choreas agere et convivia celebrare
mos fuit Isiacorum; quibus Hebraei imitati, diutinae Moysis
absentiae pertaesi, idem in deserto feceruut. (Exod. xxxii, 6.)
Profecto olini servos vernas ad contumeliosas argutias erudiebant.
Unde Séneca: «Cogita ñliorum nos modestia delectari, vernula-
runí licentia; illos disciplina tristiori contineri, horum ali auda-
ciam. (De Provid. cap. i.) ídem pliilosophus sic proprius de ver-
nis seu mancipiis: «Eadem causa est cur nos mancipioriira nos-
Iroi'um urbanitas in Domino contumeliosa delectet; quorum
audacia, ita demum sibi in convivas jiis facit, si coepit a Domino.
Ut quisque contemlissimus et ut máxime ludibrio est, ita solu-
lissimae linguae est. Pueros quidem in hoc mercantur procaces,
et eorum impudentiam acuunt, et sub magistro habent qui pro-
bra medítate eíTundant; nec has contumelias vocamus sed argu-
tias.» (libr. de Constant. Sap. cap. xi.) Yidetur igitur in sacris
Isidis vernas seu scurras hísisse, quod apud Virgilium (Eclog. vi)
' est choreas ducere, et (Eclog. i.) instrumenta pulsare; quamvis
Tertuliianus (lib. de jejun.) ludere de impuritatibus exponat. Si
*pág. 30 namque mancipia inslituebantur, quare non m * sodaliciis? De
iisdem sic idem Séneca: «Transeo puerorum infelicium greges,
quos post transacta convivia aliae cubiculi contumeliae expec-
tant.» (Epist. XGV.) Quae forte conveniunt cum reconditis Tsidis
ANTIGÜKDADES ROMANAS DE VALENCIA. 131
arcanis quibus Dea colebatur: omniaquo hucusque deducía Mar-
tiali cohacreiit, quemadmodum eum mcmorati viriintellcxerunt.
At vernas non fuisse scurras omiiino putamus; nec enim id
lapides silerent, cum tamen iiihil adícraiit. Inscriptio Goloniae
Patriciae (1) hic sistitur:
D • M • s
M • LVCRETIVS
V E R N A
P ATRIC I EN S •
ANN'LV»
PIVS • IN • SVOS •
H • S • E •
SIT'T'T • LEVIS •
Ñeque viri illi ornatissimi aberrassent, si super Martialis epi-
gramma Domitium Galderiiium consuluissent, optimum illum
Martialis interpretem.
Igitur quodnam fuerit Vernarum nunus Sodalicii Valentini,
post sacrificulorum choreas inferius expendam.
lu pompis ergo Isidis^ choreas duxisse sacrificos prorsus com-
pertum est. Theletusa Ovidiana, sic loquitur ad deae aram pro-
voluta, (ix. Metamorph.)
*Te, dea, te quondam, tuaqiie haec insignia vidi ^Pág-. 31
Cunctaque cognovi, sonitum comiteeque facesque
Siatrorum.
Unde Martialis quoque:
Linigeri f ugiunt calvi sistrataqne turba.
Et Paninius Statius, Silvar. 1. iii. v. 103:
Excipe multisono puppem Mareotida sistro.
(1) Hübn., 2246.
132 BOLETÍN DE LA REAL ACaDEMLA. DE LA HISTORIA.
Aera vocat ad Deliam Tibullus, quae in castro Isidis fucrat:
Quid mihi prosunt
Illa tua toties aera repulsa manu?
Incedendi ordinem colligas ex ejusdem Ovidianae Theletusae,
somnii imagine :
Cum medio noctis spacio, sub imagine somni,
Inachis ante torum pompa comitata sacrorum
Aut stetit, aut visa est. Inerant lunaria f ronti
Cornua, cum spicis nitido flaventibus auro,
Et regale decus; cum qua lalrator Anubis,
Sauctaque Bubastis, variisque coloribus Apis,
Quique premit vocem digitoque eilentiasuadet;
Sistraque erant numquamque satis quaesitus Obiris,
Plenaque somuiferis serpens peregrina venenis.
Quid omnia isthaec significent habes in Plutarcho, de Iside et
Osiride; et, ut reor, Exod. xxii. Stultum vulgus, cum luminis
defectuniLuna pateretur, laborare arbitrabatur; utqae laboribus
ejus, consuleret, nocte sub dio aeneis ac ferréis vasis strcpitum
•pág. 32 máximum edebant ne * ea, veneñcorum carmina audiret, quibus
pati decebant. (Plin, Hist. variis loe.)
Jam a sacriüculorum choréis ad vernarum munus.
Messium tempere, a priscis aetalibus pro optalis.benedictioni-
]jus coloni grates referebant Baccho et Isidi, fruges lustrantes et
agros, descensum illis precautes , ut ex prioris numinis cornibus
uva penderet, Geresque spicis témpora cingeret. Luce tune sacra,
humus et arator réquiem capiebant; opus cessabat; jugis vincla
solvebant, et ad praesepia plena stabant boves capite corónate.
Turba gaudio suíTussa cernebat quemadmodum sacer agnus per-
gebat ad fulgentes aras sacrificio offerendus. Purgabant agros,
purgabant agrestes; precabantnrque déos ut mala suis limitibus
pellerent, nevé segcs arvis ñillacibus messem eluderet, neu agna
tardior timeret céleres lupos. Tune nilidus rusticus, jamconfisus,
plcnis agris ingcrebat ardenli foco graudia ligna; unaque turba
vernarum, saturo colono .bona signa lude])at, cxque virgis arte
compactis casas extruebat; quemadmodum iisdem fere verbis re-
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 133
fert Tibullus [lib. ii. Eleg. i.) cujus habeo editionem insigáis
Viiicentii Mariiierii nostri maini notatam anuo mdxciv:
Bacche veni, dulcieque tuis e cornibus uva
Pendeat, et epicis témpora ciiige, Ceres.
*Tiirbaque vernarum saturi bona sigua coloni, 'Pao; '¿9
Ludet, et ex virgis extrutt arte focos.
Raque priscis hisce ritibus inserviendis ludendi hona signa ver-
nae forte in sodaliciis instiluebantur, Isidem ita colentes; quod
etiam Martialis e.xpressit , loquens de villa Faustini, lib. iii.
Epigr. Lviii,
Cingunt serenum lactei focum vernae,
Et larga festos lucet ad Lares silva.
Pressius. his est Ceres. Coloni Valentini aratro terram subi-
gebant fissione glebarum; et ad sementem praeparabant, adhibita
servorum, praeserlira tamen vernarum (qui servi prefecto erant
inñmae sortis) nec parva manu; non ergo mirum si vernae, agri-
colae, Isidi reveren tiara deferrent in ipsa lloren tissima Turiae
crepidine; quae ipsa erat dea, si fidem Apollodoro adhibemus,
quae cum Solé, seu Libero Patre, feriilitatibus glebae et matu-
randis frugibus vel nocturno temperamento vel diurno calore
moderabantur, ut Macrobias loquitur. (Saturnal, lib. i. c. xx.)
lude Turia formosus floribus et roséis ripis, ut Claudianus ceci-
nit, nempe glebae vel terrae fertilitatibus. Qui tándem in//o?iori¿
panegyr., sic de Iside.
Nilütica sistris
Ripa sonat
Quid taradem si vernae sodaliciura colerent * Isidem conglobalim pág. 34
adeuntes? Quae cuneta religione celebrabatur, quod esset vel tér-
ra vel natura rerum suhjacens Soli, ut prosequitur Macrobius
(Ib. c. XXV.], ita conglutinata vernarum concordia. Impediren-
turne a Domiuis? Imo sibi indulgentes experiebantur. ínscrip-
tiones in urbe Roma, congestae ab Eruditiss. Antonio Francisco
Gario Florentino, anuo mdccliii, hae sunt:
134 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
L • VI • ASIÁTICO • vivía • ASIA
VERNAE • SVO • CARISSIMO • FECIT
VIX • ANN • II • MES • III
DIS • M
C • LISSIPVS • FECIT • SILVANO
VERNAE'SVO'CARISSIMO
VIX • A N • VI
DIS • M
C • LISIPPVS • FECIT • APHRODISIO
VERNAE • SVO • CARISSIM • VIX
AN • 1 • M • VIII
ISAVRICAE • VERNACLAE
S V A E • Q_y AE'VIX'AN-III
DIEB • XXIIII • TI • CLAVDIVS
FORTVNATVS • FECIT
■Pág. 35 Adres istas obeundas insLituta cvaiil Sodali*cia. Sodalitates,
scribit Cicero, sub persona M. Catouis, me quaestore coiisLitutae
suiít, sacris Idaeis Magnae Matris acceptis. (De Senect. cap. 45.1
Haec Sodalicia, seu collegia, pluriina erant ad varios, fert ídem
Cicero, deorum honores. Sodales Titii ab TiLiisavibus dicLí sunL,
quas in auguriis obscrvabant: proplerea extra ürbem incolebant,
et in luguriis certa aaguria servabant; quoniam ad id a pontiíi-
cibus erant deputati, ut innucre videtur Varro. An proplerea de-
l)Ulali vernae casas extrnebant ut signa ol)servarcnt? Si Appiano
praeslaiida fides, CoUegium Corneliorum fuit servorum. Sodales
Marciani, Ca[)iLolino auclorc, Marci sacra curabant; Capitolino-
ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 135
rmn collegium eorum sodalium erat qui ludos Gapitolinos exer-
cebant. Et Domitianus imperalor, referente Suetonio, Minervae
collegium instituerat, e\ quo sorte ducti magisterio fLuigereiiliir,
redderentque eximias venationes et scenicos ludos, super(|ue ora-
lorum ac poctarum certamina. (la vita, cap. iv.) De hisco sodali-
ciis sic opportune gravissimus TertuUianus: «Sed Girceasiiiiu
paulo pompatior suggestus, quibus proprie hoc nomeu ponii)a
praecedit... quanta practerea sacra, quanla sacrificia praecedaní,
intercedaut, succedant, qiiot collegia quot sacerdotia moveantur,
sciunt homines illius vcrbis iu qua daemoniorum conveiitus con-
sedit.» (De spectac. cap. vii. et xi.) Mihi tamen non est cur tan-
tope*re vernarum sodalicium extollam; cum, Cicerone auctore, *Pág-. :w
ftCollegia, non sokim qnae Senatus talerat restituía, sed innu-
merabiliaquaedam ex omni faece Urbis ac servitio concitata, id-
que ad varios deorum honores, Inde coUige Valentini sodalicii
antiquitatem, quain superius innuimus.
Rursum, ex Ausonio Popma planius rem dabo. Collegia erant
majora, et artiñcnm opificumque omnium genera distincta ha-
bebant, ut collegia fabrorum, figulorum, pistorum, auriñcum,
cerdonum, coriariorum, fictorum, viatorum etsimilium; in specie
aufem sacerdotum, praetorum et studiosorum. Sndalicia erant
minora, et plerumque in re leviori, non aliter ac sodales, qui
ejusmodi familiares proprie denotant, quibuscum saepissime ver-
samur, ludimus, edimus ac bibimas. Hujusmodi ergo erant vcr-
nae sodales, qui Isidem, sen Lunam, Terram, ipsamque naturam
rernm^ ut Macrobius ait, colebant.
Longe majori caltu Valentini Serapin Aegyptium numen pro-
sequebantur; quod ipse erat Osiris rex, cujas uxor et sóror Isis.
Osiris autem ipse Sol, Bacchus, Liber Pater, Dionysus, et Glia-
nanaeis Baal. Juliani Augusti numismata reperiuntur, in quibus
vultum Imperatoris observes cum inscriptione Serapidis, cui a
sinistris effigies inhaeret; quibus imaginibus apad Aegyptios Sol
atque Luíia * repraesentari solebant. Unde Macrobias: «Eidem ^Pág. m
Aegypto adiaccns civitas, quae couditorem Alexandrura Macedo-
ucm gloriatur, Sí'rapin atque hin calta paene atlonitae veiiera-
lionis observa!; oinnera tamen illam venerationem Soli se sub
illius nomine teslatur impenderé... Ex his apparet Serapis et So-
136 boletín de la IíEAL academia de la HIST0BL4.
lis unamesseet individúan! natumm.» (Saturnal, lib. i. cap. xx.)
Huic numini aram Yalentini sacrariint, cujus inscripLio (1) pa-
trum nostrorum memoria in platea aediam, ubi inclytae nostrae
urbis valetudinarii et infirmi curantur, adhuc supererat. En
illam:
s E R A P I
PRO SALVTE'P
H E R E N X I I
SEBRI&ALLINl
V S • SER
De Serapi plura congerere poteram ex Heredólo, Diodoro, Ma-
crobio; praesertim ex Panegyrico Juliani Gaesaris in regem So-
lem ad Salhidium, quem nolis illustravil insignis noster Vin-
centius Marinerius. Sed non javat amplus ludere.
Bacchi templum constilulum eral, ubi nunc aedes sancti Bar-
tholomaei, in qua ecclesia ego honesto sacerdotio fungor. Anuo
.mdclxvii. dum térra effoderetur ad templi amplissimi, quod modo
conspicimus, fundamenta jacienda, anliqua rudera inventa sunt;
•Páp. :w parietcscum ca*mcra; altus puteus eximiae virlutis aquae, fistulis
plumbeis intra subterráneos parietes consistentibusductae. ínter
easdem macerias inventa quoque est nitidissimi. marmoris co-
lumna confracta, sed órnala hederae segmenlis: Bacchi insigne
' cui, ut Euslalhius, hederá tributa est. Insuper pavimcntum alris
quadratisque lapidibus stratum, Quae omnia manu sua scripta
reliquit oculalus testis D. Josephus Ortinus el Moles, qui fabri-
cac praeerat, cujus apud me servo manuscriptum. Praeterea mar-
mor inventum est venustissimum, paene confraclum etattritum,
in quo haec solum leguntur in exteriori templi paricfe (2);
D •
A\ A R C I A . . . . . . .
(1) Hübn.,37dl.
(2) Hilbn., 3765.
ANT1(;ÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 137
Quac certe, templum, sacriíicia ot Bacchuní referan t, si Vitruvio
el Julio Fronlino de Aquaeductihus iusislomlum sil.
IlincUrbis noslrae digiiitalcm pci-spicuain habere jam possu-
mus, quipqe quae temporc Romaiiac superstilionis, dum Jesu
Ghristi Servatoris nostri Evcíyyíxiov nondum illuxeral, Aesculapio,
Fatis, Herculi, Serapidi, Isidi, Baccho, Hammoni (1) templa con-
struxerat, si fas sit marmoribus credere. An itcni Dianae? Mibi
nondum comperlum est.
Igilur ofñcio jam meo satis functus videor qui clegantissimam
inscriptionem in lucem prolulerim.* Interea nos, ncc solis neo lu- »páb'. so
nao pulcbritudine et utililate commoti, ñeque gonlium errorc
decepli, aeternum Deum optimum máximum adoramus, qui in
ministerium et usum cunctarum gentium quae sub coelo sunt ea
sidera condidit; ab eoquc, ut Paire luminum, bona cuneta praes-
tolamur.
Celehriores Türiae, uhi inventa Ismis inscripUo, aquanim
inundationes, quae agros occuparunt, confuderuntque, urhique
Valentiae ruinam minitalac sunt,
Quae Romanorum temporibus contigerunt, si lamen; prorsus
latent. TURIA tune inter laeva moonium, dextrum fíiimen^ Va-
lentiam parvo intervallo (Sallustii sunt verba) praeterfluebat:
perqué forum, quod nunc conspicimus, rerum venalium ductum,
moenia vetusta, nec procul, portam Sucronensem, inter meri-
diem et occasum positam perstringens; eádem Romana tempos-
tate per dextrum Urbis conspectum, sic jam sinistrion Jlumen,
nti modo cernimus mare versus deduclum fuit. Jam ad inunda-
tiones, quarum ab Urbis expugnatione (2) memoria extal: alia-
rum enim, tametsi anni non constent, meminere Privilegia a
Jaco*bo i Dominicanis Valenlinis concessa xiii Kal. Januar. 'Pfig-. 4o
anni mcc.lviii. et Idib. Decemb. ann, mgc.lxxii.
I. An. Mccc.xxviii. — IV Kal. Octobris, seu die xxviii Septembr.
Hane indicat Marmor Turris Sanctae Gatherinae juxta fluminis
moenia, quod cuín docto P. Francisco Martinezio, Mercedario-
(1) Hübn.,'in29.
(2) En 1238.
TOMO IV. 10
X
138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
rum sodali una Iranscripsi, utiiiam bene (1), cuní hactenus Lon-
gobardicos litterarum ápices quibus illud constat, nullus eruerit:
Caltan y lo Rm ü la Ciutat • die • 28 Sethre •
Lany de [ mil • trecents \ 28 : A diJiuit da
Feb any • nou comensa a puja j aquesta Torra •
are ja AjJellada Santa Caterina M ^-^e^c:^
II. Auno M.CGC.XL. pi'idie Nonas Octobris, hocest, die vi. ejus-
dem mensis, ita Taña auctus post boram tertiam ponieridianam,
ut Sacrosanctam Jesu Ghristi Corpus, et Sacrum Lignuin Grucis
ab Ecclesia Galhedrali suppliciter per vias publicas delata fue-
rint, divinae indignationis placandae gratia. (Tabularium Urbis,
el Adversaria ex coaevis, Francisci Diagi, et Onupbrii Esquerdo,
apud Gl. Gregorium Majansium.)
III. Anuo MCGc.LVHi. — XV. Kal. Septembris, hoc est, die xvii.
'Pág. 41 Augusli feria vi. ita Humen auctum est, ut pontos dejecerit ct *
praeterea fere inille donius. Perierunt cccc. Viri, atque mulieres,
aut circiter. Hujus inundationis meininit Privilegium lxxxviii.
Pctri II. (in corpore Privil. fol. 1"25.) et Adver^saria Diagi et Es-
querdo.
IV. Auno M. cccc. VI. — iii. Non. Novembris', idest, die iii. No-
vembris, ita numen increvit, ut ingressum fuerit-in Trinitatis
Templum, et aijua supra Altare asccnderit. (Anuales antiqui Va-
len tini mss. qui extant in Biljliotheca GI. Majausii, quorum na-
cius sum exemplar. Adversaria Diagi et Esquerdo, quibus addi
potest Surita, Anual, x. cap. lxxxi. itemque ejusdem índices la-
lini, pag 398.)
V. Auno M.ccnc.xxvii. — viii. Kal. Novembris, nempe die
Sabbati xxv. Octobris, adeo aucluní fuitflumen, ut everterit binos
arcus pontis Scrranorum, ct juxta Templariorum pontem homi-
ncm arripuerit, qui supra lignum naves versus delatus: eumque
(1) Publicó el Sr. Fuster /"Biblioteca valenciana, t. n, pá<?. "2; Valencia, ISUO) el di-
seño exacto (le la piedra con la inter'^retación del epígrafe: «En l'aiiy de la Xaticital de
Kostrc S'fnynr MCCXC, á XIlí Jnny fon comentada aquesta tocm, appellada Santa Cata-
lina.^) Con razón excusa al Dr. Sales, «porque entonces (la lápida) estaba colocada en
lugar algo elevado, con un pretil delante, que hacía difícil su acceso y su lectura.»
ANTlTiÜlíDADES ROMANAS DE VALENCIA. 139
vivum navis quaedarn recepit. (Pracdicti Annales Yalentini mss.)
VI. Anuo M.Dxvii. — V. Kal. Ociobr. nimiruin xxvii. Soplcmbr.
Hujus mcmiiiit Inscriplio quae cunctis objicitur in ángulo Sa-
craruin Yirgiiium SS. Triaitalis, incisa S. G.
HVCVSQ. SVPRA HOAUNVM
MEA\ORIAM INVNDANS
TVRIA MÁXIMA VRBI REGNO
* Q.. VALENTIAE DAAINA INTVMT *Pág. 42
ANN.M.D.XVII
•Q_yiNTO K. OCTOB.
HORA POST MERID. III
Hac inundationo, omnium máxima, aniiquus pons juxta por-
tam Urbis praecipuam, mediam inter duas praecelsas tiirres,
quae Serranorum, id est, Montanorum dicuntur, eversus esl:
magnae strages contigere, quae recensentur in Adversariis Diagi
et Esquerdo, in Joannis Timonedae Memoria Valentina, et in
Códice ms. Rerum antiquarum Vulentiae, quem miliidedit lUus-
tris Vir Yicentius Frigola et Brizuela Ganonicus et Archidiaco-
nus Yulentinus. Ilocque anno mdxvii. cum Senatus poníem e
fundamenlis ante portam extruendum curaret, Joannes a Gelaya
Doctor Theologus Parisiensis, et Yalentinae Academiae perpe-
tuus Rector, subrnsficum suum et illiberalem bonaque studia
aversantem animum satis ostendit. Indigne enim ferens a Ghria-
tianis hominibus cum aestimatione tractari Romana marmora,
horridae vetuslatis rubigine obsita, eorumque Inscriptiones con-
suli. Seviris Yalentinis suasit nt quae hnjusmodi monumenta
prisci aevi tota urbe reperirentur, hujus pontis, quod et obtinuit,
fundamentis substernerent: quod Yiri omnes eruditissimi aegre
tulerunt. (Gaspar Escolan. líist. Vah^nt. 1. iv. c. xii. col. 773. Ni-
*col. Antón, t. i. Bibl. nov. pag. 593. Gl. Gregor. Majansius, 1. i. "Pág. 43
Epistol. in calce Epistol. xxiii, aliique). Inscriptio post absolutum
infra loculum Sanctissiniae Grucis posita; eamdem refert indig-
nationcm:
140 boletín de l.\ real academia de la historia.
oyvní ingens ac pene incredib,
tvriae invndatio antiq_vva\
pontead evertisset hvnc e fvn-
daaient. extrvendvai cvrave-
rvnt. olf. a proxita. ex tlero.
galceran carrozivs pardvs ex
eqj/it. a\ichael rosivs, ex cl-
vib. operis a1vrorva\ cv rato-
res, probantibvs. g. ph. crvi-
LLES. F. EGIDIO. Al. DOV. G. AlARC.
B. BERNEGAL. Al. BERENGARIO, VR-
BIS DEFENS. IVRAT.
HVMANAE SALVTIS AN. A^DXVIII.
VIL Auno M.DXL. — Priilie Nonas Octobr. scilicet vi. Octobr.
(Tabularium Urbis.)
VIII. Anuo M.DL5XXI. (Advers. Esquerdi ex coaev.) Ad huic
aliisque irrupüonibus obsistendum Valcntinus Senalus poiitem
Maris, iiti vucant, incboavit.
IX. Anno mdlxxxix. Plurimae [nundationes evcnernnt, quas
ex coaevis memorat Josephus Lupus in Statutis Microrum Cloa-
-Pdg. 41 carunique. (pag. iOL iO."). 4011. ) Proptcrea * coepluní Jam pontein
Maris ScnaLus Vídeuliiius alisolvit. InscripLio iu poiilis lóculo:
S. P. Q_. V.
QVOD VETEREAl PONTE Al INVN-
DANS SAEPE TVRIA INTERRVPISSET,
HVNC AB ALUS I A Al P R I D E Al IN-
CHOATVAl, AD Al AI ORE Al E O R V Al
QJ/AE IN VRBEAl A AlARI COA^POR-
TANTVR CO ÍIAIODITATEAI, PERFI
CIENDVAl CVRARVNT lACOB. SAPE-
NA CONS. F.' BARTHOLOAl. SERRA-
ANTIGÜKDADES ROMANAS DE VALE^ÍCIA. 141
NO ABBAS VALDIG. MOENI. REFI.
CVRA. PRO ECCLES . ORD. CHRIS-
TOPHOR. PÉREZ DE ALMAZAN CONS.
AMBROS. ROCA DE LA SERNA EQVES
MOENIVM REFI. CVR. PRO EQVES.
ORD. HIERON. SARZOLA. LVDOV.
HONOR. FORES, TU O Al AS THVRV-
VIO, MICIIAEL. lOAN. CHAMOS CONS.
PET. GRE&OR. CALAHORRA PRO
RE&A. ORD. MARCVS RVIZ DE BAR-
ZENA RATIO. VRB. PRAEF. JPErc.
DASSIO. EQVES TRIBVN. PLEB. AN.
MDLXXXVI.
Ob eamdem causam moles ingens cum Inscriptionc extructa
est, iii Urbis ipsis moenibus, e regione iluminis inter portaní
Ti'initatis et Templariorum turrim. Eccc Marmor:
* TFRIA DVM SCISSIS IRRFMPIT MOENIBUS *Pág. 45
VRBEM EXTRVIT HANC MOLEM NO BILIS IS-
l'A COfíORS . SIMÓN ROS CONS . EGI RODA
CANONICES ADMINISTER . CLERI . PETRVS
ANTÓN . MATTHEF . CONS . DON lOAN . DE
VILARAGFD ADMINISTER . ORDIN . MILIT .
PET . CONTAN . DE SOLER . GASPAR GRANA-
DA . 10 AN. BAP . COLOM.M. ANTÓN . GAMIR.
CONSS . FRAN . GARCÍA . I . C . ADMINISTER .
ONOPHRIFS MARTORELL ¿^UAESTOR . PETRAS
DASSIO TRIBFN . PLEBIS . ANNO MDCII.
X. Auno mdgli. quo fames dominata est. Irruptio ingens quam
desci'ipsit oculatus testis Dr. Vicentius Maresius, qui, ut prodit,
Valentiae tune ederat. Hac inundatione illatae sunt agris oppi-
disque vicinis innumerabiles strages, quae late referuntur in
yidversariis Onuphrii Esquerdo.
XI. Auno mdglxxii. Similis inundatio, quam idem, ut testis,
Auctor dcscripsit.
142 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
XII. Anno mdclxxx.— vii. Kal. Nov. sea xxvi Octobr. Hanc
inundationem descripsit ut teslis Don Vincentius Gazullius,
J. Y. Censor, ia Memor. Valent. cujus habeo mss. códices.
XIII. Anuo mdccxxxi. — xvi. Kal. Octobr. nempe xvi. Sop-
temljris hora post nieridiem iii. inandadonem celeberrimam om-
■Pás.iG nes *conspeximus: ingentia mala non solum intulit, agros con-
fúndeos et inniimerabilia averruncans, sed terrorem inciitiens,
ciim omncs haereremus attouiti undarmn murmura audientes,
horrendumque timeates aquaruní fragorcm. In ingressu Atrii
Franciscanorum Excalceatorum extra Urbem, memoria haec ob-
servatur:
Dia Í6 de Setiembre 11 ol. de o. á 4. de la tarde^ salió el Rio
de madre tan formidable qual nunca avian visto los nacidos: fue-
ron muclws los estragos que causó su furiosa avenida, inundó el
Convento: subió el agua á esta raya.
Praeter auctores coaevos, quos dedimus, ex Codicibus Manua-
libus qui in publico Givitatis Tabularlo adservantur, memoratae
inundationes constant. Et ne quid desit quod Turiam referat,
famnis, Qui roseo cursu felicem interluit oram) inscriptionem
subjicio rccentem, qua antiquam fluminis redundantiam, quac
nullo nititur vetusto monumento, probare quidam at frustra sa-
tagunt. En illam in lóculo moenium^ lluminis ad laevam, non
longe a porta Serranorum, si dexteram versus pergas.
'Pág.il * s. P. Q_. V.
SISTE VIATOR^ ET TVRIAM IMI-
TARE OSCVLA LIBANTEM FOELI-
CI RIPAE, Q^VAE SACRAM COE-
LESTIS SERVATORIS IMAGINEM,
salvtiferi crvoris in bery-
to vrbe prodigamj adverso .
telagi^ et flvminis álveo AM-
rabiliter 'atellentem, divini
amoris pignore recepit, anno
mccl. posteris cünsignant
ANTIcii EDADES ROMANAS DE VALENCIA. 143
TAM SINGVLARIS BENEFICII GRA-
TAM MEMORIAM D. ONVPHRIVS
VINCENTIVS DE IXAR , ET ESCRI-
VA^ COMES ALCVDIAEj ET GES-
TALGAR, PRIM. MILITVM COS. D.
GASPAR GVERAV DE ARELLANO,
CAN. VAL. MOENIVM PRAEFECt'.
PRO Br'aCCH. ECCLES. VINCEN-
TIVS FELIZES, I. CIVIVM COS. D.
XIMEn'. PÉREZ MILLAN DE ARA-
GÓN, MARCH. ALBAYDAE, PRO
MILIT. BRACCH. PRAEF. D. PHI-
LIP p\ MARTÍNEZ DE LA RAGA,
II. MILIT. COS. CHRYSOSTOm'.
* PORGAR, II. CIV. COS. D. FRANC.*^ Tág. -18
LLORIS DE LA TORRETA, CA-
N0NIC\ FABR. NOVAE PRAEF.
lOAN. VERDEGVER, ET HIERO-
NYm\ PACHES, III. ET IV. CIV.
COSS. lOANN. MIQ_yEL CIVIS, I.
V. D. PRO REG. BRACCH. PRAEF.
ALEXIVS LLOBREGAT, CIVIS, RA-
TION. PRAEF. IAC0b\ NICOLa'.
DEONA^ ET ONVPHrT. ES Q VER-
DO ce. VRB. SINDICI. MICHAEL
híeronym'. LOP, V. I. D. ADVOC.
VRB. ET FABR. ANNO
M D C L X X X V I I I .
En inquam, ad firmandam rem antiquam, recentem praelerili
labentis'saeculi Inscriptionem.
Ex Bibliotheca nostra, pridie Nonas Dccembris, Anno mdcclix.
14Í BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\..
Valencia, y Febrero G. de 17G0.
Concédese licencia para imprimir este Papel, con la Censura
de Don Gregorio Mayans. — Caro.
Ilasla aquí la Disertación latina «que publiqué^ dice Sales (1),
l)or Febrero de 1760. n
El mármol Isíaco fué sacado del Turia el día que viniendo de
Ñapóles, aportó en Barcelona Carlos III (17 Octubre 1759). Tanto
Ponz como Lumiares, citados por Hübner, equivocan la fecha.
El Dr. Sales, habiendo salvado del exterminio tan preciosa pie-
dra, logró que al anochecer del 13 de Noviembre fuese trashidada
á la granja (villa) del Seminario de Nobles. Terminó su Diserta-
ción el 4 de Diciembre; y sobre ella emitió censurad ilustre Ma-
yans, tan acertada aunque breve, que nos dispensa mayor infor-
me. Del día siguiente (27 Enero 1760) es la dedicatoria del autor
al Marqués de Esquiladle; y del mismo año el monumento que
se alzó para exponer al público la marmórea inscripcióu de Isis,
cerca del sitio del hallazgo. A un kilómetro del ángulo de la
muralla de la ciudad donde estuvo la batería de Santa Catali-
na, y en el pretil del río, dando cara al camino del Azud o paseo
de la Pechina, y como trescientos pasos antes de llegar ala escala
del barco, se destaca original la insigne lápida, coronada por el
emblema romano de Valencia que vio Ponz (2), y cuya composi-
ción se inspiró en las Medallas de Florez. Debajo de la Isíaca ori-
ginal corre otra inscripción, que opino fuese parto del ingenio
del Dr. Sales. Ofrece varios daros, ó lagunas, resultantes de las
pedradas que lia sufrido, y suplimos con caracteres inclinados:
SISTE ANTIQVITATS AMATOR
DIV SOC// 7N ÁLVEO SEPVLTI LAPIDES
A.D.MDCCLIX INVENTI
SEOVENTI I N PROXIMIOREM
LOCVM COMPOSITI
DIC VBI DIC OVANDO PRIMVM ERECT S{VNT?J
(1) Boletín-, t. iir, pág. .^7.
(2) Viaje de EsjmTia, t. iv, pág.'HJ; Madrid, 1771.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO IV. Marzo, 1884. cuaderno iij.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
Para cubrir las vacantes de académicos de número causadas
por fallecimiento de los Sres. Rosell, Benavides y Romero Ortiz,
han sido votados, en la sesión del viernes 29 del pasado Febrero,
los Sres. D. Antonio Sánchez Moguel, D. Manuel Danvila y Don
Eduardo Hinojosa.
Han sido nombrados académicos correspondientes españoles
los Sres. D. Juan de Iturralde, director de la Revista Éuscara, y
el Excmo. Sr. D. Jaime Cátala, obispo de Barcelona, que ha
prestado á la Academia relevantes servicios con los documentos
del archivo episcopal y del de la Catedral.
Los restos de Saavedra Fajardo, facultativamente reconocidos
en la Sala de la Academia , han sido trasladados á Murcia y de-
positados interinamente en la iglesia catedral de aquella ciudad,
donde permanecerán hasta que sean colocados en el digno mau-
soleo que se les erige, ceremonia que se verificará al cumplirse el
segundo centenario del fallecimiento de tan insigne repiiblico.
La Academia se complace en rectificar la noticia que se dio en
el número último del mes de Diciembre, relativa al fallecimiento
TCMO IV. J'
146 liOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
de D. Francisco Miquel y Badía, correspondiente en Barcelona,
que afortunadamente sigue dedicándose al curso de importantes
tareas históricas.
La Comisión de EspoSia Sagrada ha formulado un nuevo plan
con el objeto de activar y llevar pronto á cabo los estudios prepa-
rativos de los tomos destinados á trazar la historia de las santas
Iglesias de Pamplona, Huesca y Urgel.
El Sr. Fernández Duro ha presentado el Elogio del Conde de
Fuentes, que leerá en la sesión pública que ha de celebrar la
Academia este año conforme á sus Estatutos.
El Sr. Fila ha dado noticia á la Academia de varias y muy no-
tables inscripciones romanas, algunas geográficas, descubiertas
en el Alto Aragón por el socio correspondiente D. Mariano Paño.
Tomando en consideración los deseos de la Sociedad Arqueo-
lógica de Tarragona y atendiendo á razones de prudencia y jus-
ticia fáciles de comprender, acordó la Academia solicitar del Go-
bierno de S. M., que se repare en debida forma el menoscabo
recientemente sufrido por la muralla ciclópica de aquella ciudad.
INFORMES.
GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CAfíTAS BE INDIAS.
Logran privativa consideración para el conocimiento reflexivo
de nuestra historia nacional, en cuanto puede ser alcanzado por
nosotros, el juicio que forman de los varios elementos de la cul-
tura patria escritores extranjeros coetáneos, los cuales como li-
bres de los afectos de sobrada parcialidad que suelen inspirar á
la continua las solicitaciones del amor propio, han de proceder,
según razonable verosimilitud, con estricta justicia, cuando mo-
tivos de preocupación, más ó menos presumibles, no les inclinen
á proceder de otra suerte. Con suponerse de antemano en lo
común, por lo que toca á juicios dictados fuera de España so-
bre negocios españoles, espíritu de generosa rectitud engen-
drado por el amor á la verdad, es en rigor todavía indispensable
que procuremos comprobar por nosotros mismos, si se ha for-
mado ajustadamente el proceso; cosa no nada fácil fuera del tea-
tro de la acción y circunstancias á cuyo resultado se atiende, así
por la escasez de datos, como por la dificultad de proporcionarse
testimonios verídicos, que nunca sobraron en tal materia histo-
rial, aun tratándose de averiguaciones llevadas á cabo en nuestro
propio suelo. Menester es que el escritor que falla como juez é
.informa como testigo de mayor excepción en los asuntos en que
interviene, sea, no solamente ajeno á todo propósito de engañar,
oscurecer ó extraviar á los demás en lo que declara y dice (conato
148 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
que no es honesto atribuirle) , sino abonado en su crédito y doc-
trina, en términos que no aparezca que haya sido engañado. Nace
de aquí para nosotros un doble interés en comprobar, rectificar y
dar á conocer equivocaciones de los doctos extranjeros sobre cosas
pertenecientes á nuestro país, con importar no poco al buen nom-
bre español el que no se nos estime por peores y diferentes de lo
que somos, y cumplir especialmente al provecho de nuestros na-
clónales sea apreciado puntualmente, si los juicios, censuras y
consejos de los escritores alienígenas pueden ó no servirnos de
instrucción y de apetecible enseñanza. Atentas estas razones, no
hay para qué encarecer la conveniencia de seguir de cerca las dis-
putas empeñadas en el extranjero sobre los libros de nuestros sa-
bios, entre los cuales merecen ocupar nuestra atención muy parti-
cularmente las mantenidas poco há en Alemania, acerca de los
escritos y publicaciones geográficas dadas á conocer recientemente
por nuestro distinguido compañero D. Cesáreo Fernández Duro.'
Comisionado por nuestro ilustre Director al efecto de trasladar
en lengua castellana los trabajos publicados sobre esta materia
en los diarios geográficos de Berlín y Carlsruhe, doy principio al
cumplimiento de mi cometido con la traducción del último: do-
cumento de extensión corta, cuyo texto, debido á la docta plum»
del profesor Dr. Eugenio Gelcich, es como sigue (1):
«Un hombre á quien al par del Dr. Weyerde Kiel honramos
y respetamos como uno de los dos grandes historiógrafos náuti-
cos de nuestro tiempo, el Dr. Breusing, Director de la Escuela
de Navegación en Brema, ha señalado con repetición y demos-
trado minuciosamente el error, que debía ocasionar de suyo la
confusión de las cartas loxodrómicas de los italianos con las lla-
madas cartas planas (í). Mientras fué costumbre, como propio de
cartas hechas por loxódromos poco científicos, el presentar un
(1) Material para la hisloria de las cartas de marear, por el profesor Eugenio Gelcic/if
Director de la Escuela de Xavegación en Lussin piccolo. Impresión aparte, correspon-
diente á un artículo de la Geogra/ia científica, revista que ve la luz en Carlsruhe; 18S3,
cuaderno iv.
(2) A. Breusing: Para la historia de la Cartografía. Diario para la Geografía Cientí-
fica, páginas 120, IRO.— Flavio Oioja y la a^'uja de marear. Diario de la Sociedad Berli-
nesa para el conocimiento de la tierra.
GUAUUACIONES XÁLTÍCAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 149
campo de graduación de forma cónica, eran graduadas las cartas
portuguesas del Océano con meridianos figurados por líneas rec-
tas y por paralelas transversales; es, á saber, cu la forma de pro-
yección cilindrica.
Aún después del descubrimiento de América, en época en que
se disponía ya de determinaciones do latitud más exactas, conti-
nuando los Cartógrafos españoles en la necesidad de verificar las
representaciones con arreglo á loxodromos defectuosos todavía,
se vieron forzados á ofrecer una escala especial de latitud, para
las costas, al determinar la situación de regiones donde, con ser
grande la cantidad de error, la diferencia de latitud era muy os-
tensible, como en las costas de América. De esta segunda escala
de latitudes hablan así Merca tor en su carta á Granvolla (1) como
Edward Wright'en el prólogo á su trabajo Certain errors in Na-
vegation, 1509. En la carta de Pedro Reinel, que Kunstraann ha
publicado en el Atlas parala historia del descubrimiento de xVmé-
rica, se ofrece en la costa de Neufundland (nuevo país de minas),
la segunda escala de latitud, convergiendo con el meridiano cen-
tral de la carta. Kohl, en su History of the discovery of Maine
Portland, 18G9, da una copia de dicho trazado en proporción re-
ducida, y dice en sus observaciones á este propósito. There is one
indicalion of lat'dude along a perpendicular Une, running across
the entire slieet of the chart: and another indicatiou along an ohli-
que or transverse Une, ivliich is shorter and runs along tJie shores
■of Northern America. Along the perpendicular Une Cape Race has
the latitude of 50)í° N. Along the obliqíie Une it lias the latitude
of 47" N. This late, is nearer the truth. Muéstrase aquí evidente-
mente una segunda confusión del plano cónico con la proyección
cilindrica, sobre la cual pueden ver más detalles nuestros lectores
en el trabajo del Dr. Breusings, titulado «La Coleta de Marte-
lojo» (2).
Poco há, se ha publicado por D. Cesáreo Fernández Duro, in-
dividuo de la Real Academia de la Historia y capitán de navio,
(1) Dr. Breusing: Gerh. Kremer, llamado Mercator. Memoria 2, edit. Duisburg, 1878,
pág. 15.
(2) Diario para la Qeograji-a Científica, 1881, pág. 195.
]50 boletín de la real academla de la historia.
en el sexto tomo de las «Disquisiciones Náuticas» (1), de que es
autor, un nuevo documento, que deja conocer el estado de la Car-
tografía en España en la época de los Descubrimientos. Es la copia
de un diálogo compuesto por Hernando Colón sobre la doble es-
cala de latitud, el cual tiene este título: Coloquio sobre las dos
graduaciones diferentes, que las cartas de Indias tienen, escrito
por Hernando de Colón (2). Duro ha publicado el diálogo sin una
palabra de explicación, salvo esta advertencia, puesta al frente
del trabajo impreso. «En algunas de las primitivas del Nuevo
Mundo se observa que existen dos graduaciones distintas de difí-
cil explicación, si no viniera á darla la interesante crítica, que
escribió el hijo del gran Almirante, como sigue, etc.» «Por lo que
atañe á lo que demanda de suyo la explicación de la doble escala
de latitudes, hemos visto que se ha dado largo tiempo há. En
nuestra opinión sería muy de desear que pues han debido existir
muchas de estas cartas «Primitivas» poseyéramos una descripción
exacta de las mismas in fac simile, eu lo posible. Esto, que quizá
es hacedero, nos ayudaría á mejorar nuestros conocimientos so-
bre la relación de la declinación magnética, en la época de los
Descubrimientos, y quizá resolver finalmente de una vez el pro-
blema sobre el verdadero Guanahaní de Colón (3).»
Volviendo á nuestro documento, vamos á reproducir los pasa-
jes más interesantes del mismo, añadiendo algunas consideracio-
nes. Ante todo, vemos por la introducción que Hernando no es-
taba persuadido de la ventaja de la escala doble, con la cual se
declara poco el carácter de tales Cartas. Los interlocutores del
diálogo se llaman Fulgencio y Teodosio.
«F. Vengo de oir una plática que se ha tratado cerca de los
yerros que dicen que hay en los instrumentos de la navegación,
especialmente en las dos graduaciones diferentes que las cartas
de Indias tienen.
T. Y ¿pues que se dice deso?
(1) Afea de Noé. Libro sexto de las Disq. náuticas. Madrid, 1881, págr. ?08.
(2) Original en la Colección MuJict, registrado con el núm. xnv, fol. 1."
(3) Sin duda Imhrá que luchar con las defectuosas determinaciones de latitudes he-
chas por el Almirante, pero seria de'mucho interés para la historia de la Geografia el
conocimiento exacto de aquellas Cartas.
GRADUA(UONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DK INDIAS. 151
F. Dicesc qiics falsedad c yerro grande, que contra el arte se
hace, mas el que hace las cartas dice ques bien que se hagan
así, porque muchos pilotos están usados á aquellas, y tienen ya
imaginación que con aquellas aciertan y que con otras no, sino
las aprenden.
T. Siendo ello yerrb en el arte, no puede ser que con ello
acierten, que la verdadera navegación no sufre yerro ninguno: y
á la verdad, no aprovechará en esto su imaginación, que aquí no
hace al caso.)>
Estas últimas palabras son muy significativas. El conocimiento
verdadero de la Náutica no admito errores, y cuando los pilotos
creen llegar al lugar de su destino con la doble escala, se equivo-
can. Sobre la construcción de las cartas dan explicación los luga-
res siguientes :
«T. Sabéis, señor, que el que hace las cartas con que navegan
á las Indias de S. M. les pone dos graduaciones diferentes, tres
grados una de otra, y en algunas más y en otras menos, y dice
que esto hace, porque la falta del aguja (la mala designación de
la aguja) se enmiende en la carta, de manera que le parece á el
que es necesario desconcertar la orden y concierto de la carta,
para enmendar el aguja, y para ello hace las dos graduaciones
contrarias, diciendo que la diferencia que el aguja hace en todo
el camino lo quiere enmendar juntamente en aquella segunda
graduación , y así quita los grados de ella de su propio lugar, y
los pone diferentes de la primera graduación los dichos tres gra-
dos ó más.»
La diferencia es, pues, en algunas cartas mayor y en otras me-
nor que tres grados, de donde sacamos la presunción de que de
algún ejemplar de carta podríamos comprobar con más precisión
la declinación de la aguja por entonces-. Saltamos algunas frases
del diálogo que se refieren á los abusos de los constructores de
cartas, que estando solo autorizados á vender su patrón, desem-
peñaban puestos en la casa de contrat¿ición, y no sometían las
cartas á comprobación rigurosa. Algunas de las observaciones
que siguen, puestas en boca de los interlocutores, pueden servir
á derramar alguna luz sobre el estado de la ciencia náutica en
tiempo de Hernando Colón.
15"2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
«F Volvamos á las cartas, y á lo que se dice del
aguja. Si esta diferencia que hace, si se sabe que tanto es...
T. Ninguna certinidad hay, ni hasta agora se sabe la diferen-
cia precisa que el aguja hace, ni hay regla que tal diga, ni los
pilotos tienen instrumento ni otra cosa con que lo puedan saber.
F. Pues si es así que no se sabe , paréceme á mí que conside-
rado que el arte de la navegación es tan delicada j subtil, que
aun de pocos minutos tiene cuenta, no hay razón para usar de
cosa tan sin orden y tan sin cuenta y tan mal entendida, como
esta es, ni que por ella se quite la buena orden y concierto que
la carta tiene.
T. Pues así pasa, que ni el que hace las cartas, ni los pilotos
que con ellas navegan, tienen de esto cosa acierta á que se aten-
gcín, sino sólo su parecer y cabeza de cada uno, y como las cabe-
zas son diferentes, los sentidos asi son, de donde no pocos yerros
suceden. Pocos dias ha que viniendo una nao de Indias venian
dentro tres pilotos y todos tres traían sus cartas y los otros ins-
trumentos hechos de la mano del que aquí los hace, y todos jun-
tamente tomando el altura y echando su punto cada uno, sabidos
sus puntos el uno se hacía cien leguas de la tierra y otro cuarenta
y cinco, y otro dijo que por su punto iba navegando por tierra, y
venidos á la verdad de lo que pareció, ninguno acertó, porque
solamente estaban diez leguas de la tierra.»
Bien se comprende que bajo tales circunstancias, aun dejadas
aparte las alteraciones de la declinación, no pudiera alcanzarse
las más veces la exactitud que admiramos en las cartas italianas.
Reconocía Colón que los instrumentos de que se servían los es-
pañoles eran aún bastante malos; con todo, culpaba á los pilotos
de ser poco versados en el arte náutica, pues á la pregunta si los
errores de cálculo de los inencionados tres pilotos debían atri-
buirse al arte de marear, ó á la composición de los instrumentos
ó exclusivamente á la ignorancia de los pilotos, responde Teodo-
sio: «En el arte no, que pues es arte, cosa cierta es; así que, no
en el arle, mas en los instrumentos y en los que no saben usar
de ellos.»
Ni deja de interesar que c^'i este documento se reconozca abier-
tamente la superioridíid de los portugueses en el arte náutica, así
GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 153
como el que se pongan de relieve, aunque sea solo de pasada, las
ventajas que abrazaban sus cartas marítimas.
Los enemigos de la escala doble alegaban , según las palabras
de Fulgencio, estas razones sobre la inutilidad de tales cartas. En
primer término se ecban por tierra las leyes de Astrología ó Hi-
drografía, recibiendo dos líneas equinocciales, cuatro trópicos al-
terándose los ángulos de la esfera (los rombos fuera de su propia
cuenta y medida). «La segunda razón, dice, que es porque siendo
cosa tan antigua navegar con carta de una graduación, y tal fué
la primera que de las Indias se hizo , cosa es fuera de razón , que
por la opinión de un hombre que no da razón ni cuenta se des-
faga la orden y concierto que la carta tiene, para dar medida á
cosa que no se sabe que tamaña es, y que ser esto gran desorden,
que se muestra por ejemplo, pues agora se vee que en mayor na-
vegación que la nuestra, que es la que hacen los iporlugueses ^ no
usan ni tienen en sus cartas más de una sola graduación ó dos
uniformes^ i con esta navegan cinco ó seis mil leguas de mar
con tanta certidumbre que no les falta punto.» Los portugueses
usaban las cartas planas que, aunque inexactas, á lo menos no
les causaban extravío. — La razón de que los portugueses señala-
sen mejor que los españoles el punto de su dirección en las car-
tas, ha de buscarse en el particular de que la Astronomía náutica
había hecho mayores progresos entre ellos, desde los tiempos de
Martín Beaim, en que sus viajes por mar alcanzaron una direc-
ción más al Mediodía. Hallándose en disposición de lograr una
fijación considerable, en cuanto á la latitud, merced á sus viajes
en dirección al Norte y al Mediodía, debió resultar mucho más
exacta la determinación de lugares hecha por ellos en la carta
plana, que si hubieran seguido el sistema adoptado por los espa-
ñoles. La conclusión del diálogo es interesente: Fulgencio excita
á Teodosio á que le haga una declaración precisa de las opinio-
nes que tiene, respecto de las cartas de marear que deben em-
plearse. Reproducimos textualmente la respuesta, aunque algo
larga.
«T. Por la obligación que tengo á vuestro servicio, cumpliré
lo que, señor, mandáis; diré lo que yo en esto hallo muy con-
forme á verdad, y para que mejor se entienda, presupongo do?
154 boletín de la real academia de la historl\.
principios verdaderos, que son estos: el primero, que en el arto
de la navegación hay tres cosas principales que en ellas sirven,
que son alturas, carca y aguja. Por el altura se sabe en cualquier
lugar en que el hombre está, así en la mar como en la tierra,
qué altura tiene, esto es, qué tantos g]-ados está apartado de la
línea equinocial. La carta enseña el camino ó rumbo, por donde
se ha de navegar de nn lugar á otro de aquellos que en ella están
señalados, en los cuales lugares primero se tomó esta altura, y
conforme aquella se situaron y señalaron en la carta. El aguja
señala el nombre de estos caminos ó vientos que la carta tiene,
los cuales son sacados de un principio ó punto cierto y en un lu-
gar fijo que la misma aguja en el horizonle señala; así que el
aguja señala de que parte del horizonte viene cada uno de los di-
chos vientos. Punto segundo; digo que la linea equinocial es un
circulo, que divide al mundo en dos partes iguale?, la cual igual-
mente se aparta de los polos, y dolía toma principio el altura de
cualquier lugar; y no en otro, se ha de hallar que cosa alguna no
le pueda de allí apartar. De aquí queda cierto que si yo voy en
demanda do un lugar, que está en treinta grados, de necesidad lo
tengo de hallar en el altura de los treinta grados donde él está, y
non en otro; y que si no llego á los treinta grados nunca llegaré
al tal lugar. Pues digo asi que si uno parte de veinte grados y va
en demanda de una tierra que está en los mismos veinte grados
ó más ó monos que á este, aun([ue la aguja, vientos,, corrientes ó
otra cosa sabida ó no sal)ida lo aparte del camino que ha de lle-
var, que el con el altura se puede enmendar y volver á su camino
hasta llegar al término ó lugar donde va. Teniendo, pues, esto
así por cierto, como lo es, viniendo al caso digo: que la carta de
dos graduaciones diferentes toda esta orden deshace, como se
muestra por estu ejemplo. Si uno va navegando, y tomando su
altura precisa, se hallo, pongo por caso, en quince grados de la
primera graduación de la carta, y después volvió á tomar el al-
tura y se halló eu los mismos quince grados, y señaló su punto
en dercclio de los ([uince grados de la segunda graduación, este
punto postrero no verná con el primero, digo en igual distancia
de la equinocial, aunque á. la verdad ellos han de ser iguales,
pues son de una misma altura; mas estos puntos que este se-
GRADUACIONKS NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 153
ñ;iló no serán iguales, antes habnl diferencia de tres grados uno
de otro, que es la misma diferencia que las dos graduaciones en-
tre sí tienen. De donde claramente parece que la segunda gra-
duación de la carta lo enseñó, pues por ella pasó al segundo punto
fuera de su propio lugar, de donde se le siguiera que en la der-
rota, rumbo ó camino que de allí lomase para el lugar donde va,
tanto será lo que se apartará del tal lugar, cuanto fué el aparta-
miento que él tuvo del punto verdadero. Y concluyendo, digo,
que, como por la falsedad de esta segunda graduación de la car-
ta, los lugares de Indias no estarán puestos en su propio lugar,
si se fuera á buscar donde la carta los enseña no se hallarán, de
manera que los que por tal carta se rigieren, errarán en todo
aquello que por la segunda graduación se rigieren, de donde es
cierto que los pilotos, que con estas cartas navegan, no por ellas,
más por el uso que del camino tienen, atinando, y con rodeo y
con pérdida de tiempo llegan al lugar donde van. Esto es lo que
este caso me parece y lo que en ello yo siento.»
En consecuencia, los lugares de la superficie de la tierra deben
ser señalados en la carta con arreglo á su latitud, y como esta se
cuenta desde el ecuador, se sigue de aquí "que todos los puntos
que tienen igual latitud deben estar á igual distancia, sin que
pueda darse causa capaz de alterar este principio. En esto el autor
del diálogo tiene ante los ojos única y exclusivamente la proyec-
ción cilindrica. Dice además que la carta ofrece la dirección que
se tiene que tomar para ir de un lugar á otro, en lo cual se equi-
voca, pues no le es conocido aún naturalmente, toda vez que en
la proyección cilindrica no deben aparecer repetidos los ángulos
en su magnitud natural. Menos aún es lo que él puede expresar
acerca de la diferencia entre la dirección loxodrómica y la orlo-
drómica. A pesar de este defecto, Hernando desenvuelve muy
ajustadamente el modo y manera, con que se debe proceder con
la carta plana. Adviértase, demás de esto, que la ignorancia de
las propiedades de la proyección elegida debe ser también tenida
en cuenta, como un factor que no se puede olvidar sin inconve-
niencia. Si uno se da á la vela, por ejemplo, de un puerto que se
halla á la latitud de 30° para otro cuya latitud llega á los 40°, debe
huscar el lugar de destino, en la latitud de 40°; pero si hallándose
156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
durante el viaje, por ejemplo, en latitud de 35°, abandona desde
este momento una escala para orientarse por la otra, llegará tan-
tos grados más al N. ó al S., cuanta sea la diferencia de ambas
escalas.
Asimismo, en lo que atañe al cambio de la posición del buque,
á consecuencia de la declinación magnética del viento, bajo el
cual es comprendido el temporal y la corriente, así como otros in-
n lijos conocidos y desconocidos fotra cosa sabida ó no sabida],
oljserva Colón que se puede tener siempre en cuenta tal altera-
ción, mediante la determinación astronómica de ella, para auto-
rizar el cambio de derrotero, y esto indefinidamente hasta llegar
al punto de arribada. El aprecia con mucha razón la ventaja de
determinar la latitud diariamente ó con mucha frecuencia, por
cuanto, merced á este medio, no puede equivocarse el lugar que
fija el destino.
Aún pudiéramos poner de resalto los otros influjos conocidos y
desconocidos, cosa sabida ó no sabida, que menciona. ¿Es que tal
vez ya que no como encargado de aprobar de los diarios de viaje,
en cuyo caso habrá tenido gran número de ellos en la mano, por
circunstancias para este fin análogas, le ha llamado la atención
un cambio en la posición de los buques manifiesto para él, el
cual debía aparecer nacido de la diferencia de ángulo en la esfera
y en lo representado en la proyección cilindrica? El que Her-
nando Colón haya tenido ocasión de ver muchos diarios de nave-
gación puede inferirse, á nuestro parecer, de que fué ciertamente
miembro de la junta que debía decidir sobre la pertenencia de las
islas de la Especería. El escribió sobre estos tres tratados, con
cuya ocasión propuso verificar la determinación de la longitud,
transportando relojes (1).
Aparece digno de reparo el que mientras los portugueses tenían
ya de largo tiempo su «mancira de navegar por altura del sol.»
este arte no se hubiera naturalizado aún en España. Inclinados
nos vemos á creer que en general el arte náutico había experi-
(]) lie sido guiado á esta conclusión por advertencia, que deljo d la amistad del
Dr. HreusiuíTs. No entro más en la exii\jsición de este asunto, pues lo reservo para tra-
turlo en otra ocasión.
(ÍRADUAGIONES NAITICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 157
menlado eii tiempo de Medina un retroceso en España. Para ase-
gurar esto con rekición á la Cartografía nos apoyamos en las obras
de Enciso y de Palero (1). Martín Fernández de Encíso publicó en
Sevilla en 1519 su «Suma de Geographía que trata de todas las
partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias et trata
lárgamete del arte del marear: juntamente con la esphera en ro-
mace: con el regimiüto del sol et del norte: nueuamete hecha.»
Con este motivo debe haber llegado Enciso á hablar de la inexac-
titud de las cartas planas. Francisco Falcro, portugués al servicio
de España, publicó diez y seis años después su Tratado del es-
phera. Por un lugar, donde habla de la magnitud del grado, se
llega á la presunción de que poseía mayores conocimientos sobre
la relación del arco paralelo á la del arco del círculo meridiano,
puesto que entiende que «un grado por cualquiera meridiano ó
círculo mayor tiene IG leguas y dos tercios de legua como es di-
cho; et por paralela menor no se guarda esta proporción como
adelante se declarará en el presente capítulo.» A pesar de esto,
vuelve á confundir después la distancia meridiana, en altas latitu-
des, con la diferencia de longitud. En 1545 apareció el «Arte de
Navegar» de Medina, que cuenta la longitud y latitud sobre el
fundamento de la exactitud de las Cartas planas y niega rotun-
damente la existencia de la desviación, después de haber escrito
Falero sobre este asunto, con seguridad y bastante conocimiento
de la materia.
De Enciso á Medina los españoles han retrocedido en todo lo
concerniente al Arte náutica. Martín Cortés habla de nuevo de la
inexactitud de las Cartas «(Breue compendio de la sphera y de la
arte de nauegar, Sevilla, 1551),» y Analmente Alonso de Santa
Cruz presintió ya aquella invención importante, que el gran geó-
grafo Mercator había de realizar años depués. Sería sobre manera
interesante establecer con más pormenores como Enciso, Cortés
y Alonso de Santa Cruz trataron la teoría de las Cartas. Nosotros
nada podemos decir sobre este asunto, en el momento, en que
hemos fijado nuestra consideración en él, y comenzamos la inves-
(1) Discursos leldcs ante la Real Academia de Ciencias exactas^ del Excmo. Sr. Don
Francisco de Márquez y Rieo.— Madrid, '[^lü^jmginas 9-14.
158 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
ligación que ú él se refiere. En esto, es de temer, sin embargo,
que el material de fuentes, no sea quizá muy Tácil de aprovechar
con frecuencia, pues es posible que la obra de Enciso solo se halle
en España. Podemos con todo dejar mencionado un pasaje de la
Biblioteca Marítima Española, de Navarrete, que se refiere á
Alonso de Santa Cruz. En su «libro de las longitudines,)> escribió
sobre las Cartas planas... de este continuo estudio y prolijas in-
vestigaciones, resultó también el conocimiento de la imperfección
de las Cnrtas planas, y de la necesidad de trazar las esféricas,
como lo consiguió con muchos años de antelación á Eduardo
Wright ó á Gerardor Mercator, á quien generalmente se atribuye
esta invención (Nav. T. I., pág. 29). Alejo de Yanegas dice sobre
esto en sus obras: «Diferencias de los libros que hay en el Uni-
verso, 1540, cap. IG:... ora nuevamente, Alonso de Sta. Cruz, á pe-
tición del emperador nuestro Señor, ha hecho una carta abierta
por los meridianos, desde la equinocial á los polos; en la cual sa-
cando por el compás la distancia de los blancos que hay de yneri-
diano á meridiano queda la distancia oerdadera de cada grado,
reducendo la distancia, que queda, á leguas de linea mayor.»
Navarrete pone aquí esta segunda advertencia: «Y aunque esto
sea el principio y los elementos de la teoría para la construcción
de las cartas esféricas, todavía quedó incierta la proporción, en
que debían aumentarse en la Carta los grados de latitud, según
que eran mayores las alturas y menor la extensión de los parale-
los; y Santa Cruz habría coronado sus desvelos, si llegara á cono-
cer que esta proporción, hallada después es la del radio al coseno
de la latitud.»
La cita de Yanegas debe dar que pensar mucho á todos los geó-
grafos y no creemos decir demasiado, al significar nuestra extra-
ñeza, porque este pasaje interesante de la Biblioteca marítima
no haya atraído la atención, antes de ahora, pues es lo cierto que
de él resulta con claridad que Alonso ha reconocido la inexacti-
tud, en que se incurre, al igualar el grado del arco de paralelo
con el de meridiano. De suerte que si él no ha descubierto la re-
lación U: eos 9 en esta forma, pudo, sin emliargo, haber construido
con círculo y medida proporcional (escala), un mapa, cuyo resul-
tado correspondiera á la exacta relación de una especie de pro-
GRAürAGIONKS NAITICAS DE LAS CARTAS DK INDIAS. Í5!>
ycccióii equivalente. Serían de deseat- noticias más claras sobre
este punto en interés de la historia de la Cartografía. Con tal mo-
tivo se ha constituido en relator del proceso un miembro do la
Real Academia de la Historia de Madrid, para el empeño de sacar
mayores delalles de los archivos españoles ó de las obras de
Alonso o Yene.íías.»
Francisco Fernández González.
Madrid, 4 Enero, 18S1.
II.
MONEDAS UE LA ILEROECIA (I).
Despierta gran interés, siempre creciente, el numerario ibérico
de nuestras regiones del Este, pues los descubrimientos de las va-
riedades de sus monedas se suceden con frecuencia tan afortuna-
da, que convidan constantemente al estudio. Hoy he de ofrecer á
la Academia una lámina con especies inéditas batidas en país iler-
gético, que acompaño con una copia del as de Lérida y otra de un
ejemplar de bellísima fábrica, con leyenda r^AAXl**0
Describiré las monedas, apuntando después algunas reflexio-
nes para conlribuif á la ordenación cronológica del numerario
ilergete :
23. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y
rodeada de tres delfines.
Rev. Jinete con palma al hombro y clámide flotante, co-
rriendo hacíala derecha sobre una línea; encima de
ena rAAXr^'O
Diám., 25 milím.
Col. del autor.
(1) Véase tomo ni de este Boletín, pág. 67.
160 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
24. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y
rodeada de tres delfines (tipo emporitano).
Rev. Caballo corriendo sobre una línea; encima • •; sobre
la línea y en letras diminutas r^bYO..-
Diám., 19 milím.
D. Pablo Gil, Zaragoza.
25. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y
rodeada de tres delfines.
Rev. Jinete con una palma al hombro y clámide flotante,
corriendo hacia la derecha sobre una línea; encima
de ella y en letras diminutas f^AH^^X
Diám., 32 milím.
D. AdusTÍN Arbex, Lérida.
26. Anv. Como el anterior.
Rev. Caballo corriendo hacia la derecha y en el aire; enci-
ma media luna; debajo l^bYOX
Diám., 23 milím.
D. Constantino Domingo Bazán, Barcelona.
27. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha;
delante A
Rev. Jinete con una palma al hombro corriendo hacia la
derecha sobre una línea; encima de ella la leyenda
anterior.
Diám., 19 milím.
D. Agustín Abbex, Lérida.
28. Anv. Cabeza imberbe con tor({ues en el cuello, mirando ha-
cia la derecha, rodeada de una gráfila formada por
puntos.
Rec. Lobo, con la lengua fuci-a, corriendo en el aire sobre
la derecha; encima f^AH^O... (fábrica bárbara).
Diám., 20 milím.
D. Agustín Arbex, Lérida.
MONEDAS DE LA ILERGECÍA. j(jl
29. Anv. Gomo el anterior, sin griífila.
Bev. Lobo en el aire, con la lengua fuera; encima A'A tle-
bajo Y<^
Diám., Í-? milím.
D. Agustín Arbex, Lérida.
30. Anv. Como el anterior. '
Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera; encima ••: de-
bajo 1^ —
Diám., 18 milím.
D. Joaquín Botet, Gerona.
31. Anv. Cabeza imberbe, con torques en el cuello, mirando ha-
cia la derecha, rodeada de una gráfila formada por
puntos.
Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera, corriendo hacia
la derecha; encima f^'bH' debajo OX
Diám., 20 milím.
D. Mariano La Hoz, Calatayiid.
32. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha.
Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera, mirando hacia la
derecha. Sin leyenda.
Diám., 22 milím.
D. Mariano La Hoz, Calatayud.
Al ordenar cronológicamente las acuñaciones ilergetes, alguno
abrigó la creencia de que eran en esta región las más antiguas,
aquellas de sus monedas de fábrica menos aventajada, tomando
para ello como dibujo arcaico, el que es simplemente producto de
fábricas decadentes y después bárbaras. Hoy no puede sostenerse
semejante opinión; pues su error es de tal evidencia, que ni si-
quiera se necesita, para poder comprobarlo, acudir al estudio del
buen número de variedades del dinero ilergete publicado en va-
rios libros ; basta sólo examinar la lámina que sigue á estos
TOMO IV. 12
162 boletín de la. real academia de la historia.
apuntes, ya que el estilo áe las monedas en ella contenidas, con-
cuerda en un todo con lo que expuse al tratar de la más completa
y bajo todos aspectos la más rica de las series numismáticas de la
España antigua; la colección emporitana. Debo recordar, pues,
que las monedas de Empurias son vivo testimonio de las civili-
zaciones que se sucedieron en la región cisibérica durante un es-
pacio de tiempo de más de tres siglos: aparecen las monedas con
estilo arcaico, al cual paulatinamente reemplaza el arte helénico,
hasta llegar á su edad de oro, decayendo después en las acuña-
ciones ibéricas de fábrica romana , que terminan variando los ti-
pos genuinos de las monedas y produciendo al fm especies bár-
baras, hijas legítimas de la civilización de hierro que acompaña
á la guerra.
Comparando las monedas ilergefes con las emporitanas, la cro-
nología de aquellas se hace sola, y ahora con mayor holgura,
puesto que podemos contar con la enseñanza que nos proporcio-
nan los ejemplares nuevamente descubiertos. Procuraré razonarlo
brevemente.
Los importantes esclarecimientos que do algún tiempo á esta
parte ha obtenido la numismática autónoma española, afirman
que, entre los iberos, el uso de acuñar monedas se extendió pro-
gresivamente desde la costa al centro del país. En este movi-
miento de adelanto, impulsado en sus antiguos tiempos por las
necesidades del comercio, se manifiestan los primeros varios pue-
blos que habitaban el Este de España, acuñando la plata en omo-
nóia con Empurias bajo la obediencia del pié monetal de la dracma
griega y emitiendo después el cobre, asimilado al dinero latino.
Esta gradación la vemos aceptada ya por los estudios modernos.
La época de su comienzo, es la que ofrece algunas dificultades
respecto á la emisión ibero-romana, pero en mi concepto no puede
retrotraerse al año 537 (217 a. J. C), ó sea después de la llegada
de Gneo Escipión á España, puesto que anteriormente á dicha
fecha, es seguro que, cuando menos, se batían especies ibéricas de
cobre en la Indigecia, en la Ilergecia y en la Ausetania.
Nuevos hallazgos no me han impuesto la obligación, á la que
me sometería gustoso, de rectificar en un solo punto lo que dije
al ocuparme de las primeras emisiones de la Indike de Estéfano de
MONEDAS DE I-.\ II.ERGECIA. 163
Bizancio. Goncrelándomc iihora á las monedas ilergetes, veo con-
firmado lo que escribí, pues el rarísimo ejemplar núm. 24 de la
lámina, présenla caracteres de tan desusada antigüedad, que quizá
■esta sea superior á las demás acuñaciones de cobre ibéricas que
conocemos.
Los que liayan examinado mi trabajo, recordarán que en deter-
minado período, las dracmas de la ^inoXti ofrecen la particularidad
de tener escritos sus letreros, con caracteres diminutos y en sus
primeros tiempos casi microscópicos. Gusto fur de época, y tan
■extendido, que obtuvo boga en las monedas galo-foceas de Massi-
lia; imperó en Empurias, de donde pasó á Rbode .(Delg. Rbode
núm. 4) y á los iberos que acuñaron dracmas con los tipos sira-
«usanos de nuestra ciudad. (Delg. Empurias, números 138, 143,
146 y 172.) Esto acontecía en aquel notabilísimo período, que con
los luminosos criterios cronológicos que arrojó el hallazgo de las
Ansias, pudo fijarse inmediatamente después de la pérdida de Si-
cilia por los cartagineses (513 de Roma, 241 a. J. C). Ahora bien;
todos los caracteres de la moneda que publico, me llevan á discu-
rrir que su acuñación siguió á la de dracmas emporitanas de la
buena época, y cuando aún se conservaba la tradición de los epí-
grafes con letras diminutas. Los tipos de este precioso ejemplar co-
adyuvan á mis apreciaciones, pues son copia bastante fiel de los que
campean en las dracmas de Emporión: la cabeza del anverso está
inspirada en la Diana de las dracmas, y el caballo del reverso, en
su actitud y en sus formas, nos recuerda al Pegaso volando déla
moneda griega. Otro detalle sustancial ofrece el reverso de esta
moneda, señalando evidentemente su obediencia á la unidad mo-
netaria latina. Me refiero á los dos glóbulos puestos en ella para
indicar su valor de semis, novedad que constituye un dato impor-
tante para las investigaciones metrológicas, sin destruir las indi-
caciones que llevo apuntadas, pues la introducción del denario
romano en España, es muy anterior á la acuñación de esta cu-
riosa pieza. Su aparición nos promete nuevos hallazgos, puesto
que revela han de existir sus congéneres, no descubiertos aún, ya
que es de creer que la Lérida ibérica, batiría completa esta anti-
gua emisión, y en ella no faltaría ni el as, ni las especies meno-
res del semis publicado.
164 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Para avalorar dicha? observaciones no debe dejarse en olvido^
que los ilergetes acuñaron dracmas y trihemiobolios, en omonoia
con Empnrias y Massilia (Delg. Empurias. nvímeros 130, 131,
132, 134, 135, 136 y 137?); no es, pues, de extrañar, que si de tan
antigno dicho pueblo tomó puesto en nuestra numismática amo-
nedando la plata, se adelantara también á los demás ibéricos en
la acuñación del cobre, acomodado en las nuevas monedas al di-
nero latino, cuya circulación se venía imponiendo en los merca-
dos de las comarcas cisibéricas, desde el tratado de 528 de Roma.
(226 a. J. C), en el cual, la corriente del Ebro era el lindero de la
dominación cartaginesa. Poco después de este concierto político,
apareció el semis que he dado á conocer, ó sea por los años de 528
al 535 (226 á 219 a. J. C), período en que la plata do Empurias
va rebajando paulatinamente su peso primitivo, hasta producir
dracmas que son denarios disfrazados, como muy oportunamente
los llama nuestro amigo el distinguido Sr. Zobel. Y así debía su-
ceder: ala moneda focea, imponía la asimilación, el dinero de
aquella Roma poderosa que vencía á Gartago en la primera gue-
rra púnica, reservándose el protectorado de las fundaciones grie-
gas en el litoral de Iberia.
Después de la moneda objeto de las anteriores líneas, sigue con
el nilm, 25 la copia de un excelente ejemplar del as de gran diá-
metro, que figura en la colección del Si. Arbex , de Lérida, No
me ha parecido infructuosso darle acogida en la hlmina, ya que
es un elemento apreciable para la cronología del numerario iler-
getc por las formas paleográficas de su epígrafe, trazado con ca-
racteres relativamente pequeños que acusan una emisión antigua.
Los ejemplares grabados, números del 26 al 32, son variedades
inéditas de la ilergecia de la época de la decadencia y del barba-
rismo. La núm. 30 descuella entre ellas, por ser nn ejemplar in-
leresanle y único en nuestra noticia, que se conserva con gran
aprecio en el monetario do D. Joaquín Botet, de Gerona. Esta
moneda lleva estampado en su reverso la sigla |^ y la | tendida,
vulgar en los cuadrantes de Indica, con los tipos del león, leyen-
da que era desconocida en monedas ilergetes y que vuelve á po-
ner sobre el tapétela tan dabatida interpretación de dichos signos.
Cuando los estudios numismáticos no contaban con la gran pu-
MONEDAS DE I.A ILERGECIA. 165
Llicacióii de monedas inéditas de que gozamos ahora, recuerdo
que allá por los años de 18Gi, el insigne académico D. Antonia
Delgado, dolado del espíritu investigador que universalmente le
han reconocido lodos los arqueólogos, nos advertía á Mr. Aloi'ss
lleiss y á mí, sus discípulos, que las siglas de los cobres empori-
lanos representaban el valor de la moneda. Tiempo después,
Mr. lleiss, publicaba de cosecha propia en el Memorial niimismú-
tico español (1) los tanteos explicados por nuestro ilustre maestro,
y la doctrina se tuvo por corriente, hasta que nosotros, que la
habíamos también seguido, pudimos refutarla por completo en el
libro del Sr. Delgado y con acuerdo suyo (2). Las anónimas si-
glas representaban una indicación éthnica, la cual, relacionán-
dola después el Sr. Zobcl con otras leyendas emporitanas de la
última época coii el tipo de toro y el hipocampo, las atribuyó á
unos Elhrutlirvetes, gente desconocida, que por vía de ensayo co-
loca cerca de Empurias, en la m-hicula emporitana de Strabón, ó
sea en Rhode, convertida en aquel entonces cu un suburbio de la
ciudad ibera fócense. Conocíanse las siglas }^\ en monedas de
Sietabis y Narbo: ahora se inanifiestan en la Ilergecia y el pro-
blema éthnico planteado, si no se va oscureciendo con la publica-
ción de esta moneda, tampoco nos proporciona nuevos datos para
ensayar una nueva explicación en tan controvertido asunto.
Terminaré estas mal pergeñadas apuntaciones, llamando la
atención acerca de la bella fábrica de lloquitli niím. 1 de la lámi-
na; as que fué reproducido incompleto en la obra Delgado. Basta
un ligero examen del gi-abado, para no abrigar ningún género de
duda acerca de que las monedas con dicha leyenda (la cual hasta
ahora no ha podido atribuirse satisfactoriamente) fueron acuña-
das por aquel pueblo ilergete, que antes de ser abatido por la
guerra, nos ha legado en sus monedas evidentes muestras de su
cultura; pueblo que, tan poderoso como el de los ausetanos, com-
pelía con él en vigor político, y cuya valía histórica, en fin, hoy
se comprende con toda evidencia, ya que es conocida la impor-
tancia de su posición geográfica, conocimiento que es del domi-
(1) Tomo III, pág. 214.
(2) Delgado; Nxew métodode clasiñcacióii, i. iii, pág. 214.
166 boletín de la real agademla de la HISTORLA.
iiio de la Academia, merced al magistral trabajo que, con el mo-
desto título de El arco de Bará. débese al concienzudo estudio del
digno sucesor de Delgado, D. Aureliano Fernández Guerra.
Celestino Pl'jol y Camps.
Madrid, 16 Febrero 188:1."
III.
LEYENDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO.
Basque Legenda collected, cMefly in ihe Lahourd, by Rev. Wentwortb
Webster, M. A., Oxon. With an Essay on tlie basque language by M. Julien
Vinson , of the Revue de Linguistique , París. Together with appendix:
Basque Poelry. Second edition, London, 1S79. — Ea 4.°, pág. 276.
Agotada rápidamente la primera edición (Londres, 1877) de
este importante volumen, y recibida la segunda con el mismo
favor por parte del público ilustrado, no necesita de mis enco-
mios para hacérseos grato el rico ejemplar, que suscribe el au-
tor, nuestro corresponsal, ofreciéndolo á vuestra consideración
doctísima. El apéndice final, titulado Basque Poetry, es acreedor
á grande aprecio y estimación de la Crítica histórica. Sobre la
Poesía vascongada, llama singularmente la atención y merecerá
(no lo dudo) la aprobación de los inteligentes la parte relativa
á los que han dado en llamarse fragmentos épicos de las gue-
rras de Augusto y de Carlomagno. El canto de Lelo (Leloaren
canina), publicado por Humboldt en 1817, da Itella muestra,
quizá la más antigua que poseemos, del estro épico vascongado;
pero esto no quiere decir que brotase antes del siglo xvi, del cual
y de cuyo remate aparece ser el primer manuscrito auténtico.
Por lo que hace al canto de Altabiscar (AUahiskarco cantuá)
Mr. Webster ha desarrollado magistralmente en el tomo iii de
nuestro Boletín (1) las ideas de la Basque Poelry^ despejando de
(1) Pág. 139-153,
LEYENDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO. 107
punto en punto el problema y en toda su extensión resolviéndolo.
Integran la obra numerosas leyendas, contadas de viva voz y
por escrito, que Mr. Webster ha ido recogiendo en los caseríos
de la Vasconia francesa y traduce exacta y fielmente al inglés.
Para mayor seguridad del lector, cada leyenda va firmada por la
persona que la contó, y la recibió como tradición del saber de sus
abuelos, ó antepasados. Mr. Webster las coordina; señala con
austera prolijidad sus variantes; estudia su mutuo enlace y filia-
ción; y las compara finalmente con otras de otros pueblos; resul-
tando así una serie de datos indiscutibles, luminosa y firme, que
al paso que encierra sólidas enseñanzas, invita á seguir adelante
por el camino de la invesligación positiva. La cual, ni sienta le-
yes á prioiH ni preconcibe sistemas, las más de las veces imagi-
narios, sino que visa ante todo y sobre todo á la determinación
de los hechos; y deduce á posteriori las leyes, ó las relaciones
históricas y etnológicas, que de aquellos con mayor ó menor pro-
babilidad ciertamente resultan.
Las leyendas van clasificadas por este orden (1):
I. Leyendas del Tártaro, ó del Cíclope.
II. El dragón de tres (heren-suge) y el de siete cabezas.
III. Los animales parlantes.
IV. Los genios forestales (Basa-jaun, hasa-andré, lamina).
V. Los brujos fastiak) y brujas (sorguiñak) de tipo vasco.
YI. Cuentos de hadas; divididos, atento su origen, en sección
céltica y sección francesa, subdivididas á su vez en otras de va-
rios géneros y caracteres.
VII. Leyendas neo-latinas, morales ó cristianas, con tinte su-
persticioso de la Edad Media.
imposible se me hace, Sres. Académicos, no digo exponer, mas
ni siquiera enumerar en breve resumen los tesoros de erudición
histórica, que bajo un plan tan vasto acumula y desenvuelve el
sabio autor de las Basque Legends. Me ceñiré al primer y prin-
cipal aspecto de la leyenda del Tártaro, contada por Estefanella
Ilirigarray de Ahetze:
oUn joven príncipe fué convertido por arte de encantamiento
(1) Introductioii, pág. xn y xiii.
168 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
en Tártaro, ó cíclope monstruoso. Prometiósele que recobraría su
figura normal, si lograba lomar esposa. La primera á quien se
brindó, llena de horror, se apartó de él; mas luego incauta se
puso en el dedo anular la sortija nupcial que por mano de apuesto
galán le había enviado el monstruo. No pudo evitar la persecu-
ción, porque el anillo chillaba sin cesar: Tú ahí, y yo aqvi. El
monstruo le iba al alcance, y el anillo no había medio de sacarlo
del dedo. Ella se lo corta, lo arroja al abismo de las aguas; y el
Tártaro, ciego por la pasión, se precipita y sumerge.»
¿Cómo y cuándo penetró tan curiosa leyenda en el país vascon-
gado? No lo sabemos; pero tiene visos de antigua. Compárala
Mr. Webster á la siciliana de Acis y Calatea, que narra Ovidio.
Acis convertido en fuente representa el dedo fatz en vascuence)
cortado y echado á las ondas para contener la persecución de Po-
lifemo; este sería el Tártaro; y Calatea, la doncella tan perse-
guida como desdeñosa. Mas la leyenda éuscara se acerca mucho
mejora la realidad del natural fenómeno, que hubo de mostrarse
bajo el trasparente cristal de la alegoría. Hay que observar, añade
Mr. Webster, que el mito ciclópico para los griegos y los roma-
nos no es oriental. La viga encendida que ciega el ojo del Cíclope,
se refiere al caer de la tarde; es el pico agudo de la montaña, ó el
tronco de pintoresco pino, visto de lejos hacia el ocaso cuando el
sol muere. La narración sicana debía conformarse con la éuscara
en su origen, y esta ser más antigua. Al decir de Eforo y de Tu-
cídidcs, los primeros pobladores de Sicilia eran gente ibera, y
según Ilumboldt, vascongada.
Sin pretenderlo, al hacer semejante advertencia, ha coincidido
el sabio autor inglés, con otra de Estrabón, por cierto muy aten-
dible. «Homero, dice Estrabón (1), que no solo fué gran poeta,
sino que también un ilustre histórico, nos dio ocasión para pen-
sar que tampoco le fueron desconocidos estos sitios (2); antes bien
llegó á sus oidos que estos puntos eran los últimos y los más oc-
cidentales, en los que, como añade el mismo poeta (3), rueda in-
menso el Océano:
0) 111,2,12.
(2) De Tarteso ó Cádiz.
(3) IX, 48r., 48(5.
LEYKNDA VASCO-HISPAXA DEL TÁRTARO. 169
Donde el sol fj^igantesco linnrle su planta,
y el cerco esconde de la luz divina,
y eu torno atrae de la madre tierra
la negra noche.
Y es cosa sabida por todos que la noche es do mal agüero; que
está vecina al Orco («'A^ng), así como este lo está al Tártaro; por
cuya razón cualquiera que oiga lo que se cuenta de Tarteso, opi-
nará que de aquí ha tomado su nombre el Tártaro^ esto es, el úl-
timo lugar de los que hay debajo de la tierra. « Hasta aquí Es-
trabón,
El Tártaro, en concepto de líesíodo (1), es el marido de la Tie-
rra y padre del gigante Tifoeo, que Jilpiter, así como lo cantan
Ovidio y Píndaro, condenó á vivir sepultado en las entrañas del
Etna. El nombre clásico del Tártaro no parece de consiguiente
extraño, sino asociado al mito ciclópico. Los que se resistan á
creer que sea afine á la griega la leyenda euscárica, nacida y con-
servada en país aquitano, no deben olvidar las palabras de San
Jerónimo (2): «máxime quum Aquitania graeca se jactet origine.»
Un punto singular, no obstante, distingue de la sícula la na-
rración aquitánica, conviene á saber, el anillo parlante. Mr. Webs-
ter lo encuentra en la leyenda escocesa Conallcra Bhuidhe, que
enriquece el libro de Campbell (3), y en otra de la preciosísima
colección de Grimm, titulada el Bandido ij sus hijos. Mas de ahí
no resulta ciertamente que haya venido importado el episodio de
lejanas tierra á la Vasconia francesa; si no queremos convertirla
por igual razón en receptáculo de leyendas del Cíclope mucho
más lejanas; por ejemplo, la abisina, que sacó á luz M. d'Abba-
die alegado por Mr. Webster (4) y la de los Arimaspos escíti-
cos (5), ó ugrofínicos, tronco de la de los Tártaros Oghuzes que
(1) Theog.., 822.
(2) Comment. in epist. ad Galatas, 1. ii, prol.
(3) The popular tales of the West Hif/hlaiids, vol. i, pág. 111.
(4) «In his communication of tlie Tártaro legends to the Socie'te' des Sciences de Ba-
yonne, M. d'Abbadie relates how he heard the tale told in June, 1843, in Eastern África,
inLat. N. 9.2, E. Lon. 34.48, by a man wlio had never before quitted the countrj'.»
. Pág. 2.
(5) Herodoto, m, 116; iv, 13, 27.— Ha dejado reminiseencias en el golfo de Finlandia
y en las márgenes del Danubio: y se corrió hasta la China. Véase Sayce, Introdv.ction
to the science oflaiigvage, t. n, pág. 265; Londres, 1880.
170 boletín de la real academl\ de la historl\.
me apuntíi el Sr. Fernández y González (1). No faltará quien
piense que el ojo iranio de Ahuramazdao y el del egipcio Tot ex-
pliquen la creación emblemática de todas y cada una de estas le-
yendas esparcidas por los cuatro ángulos del orbe antiguo, sin
exceptuar la vascongada; pero en medio de tanta oscuridad no
queda más partido por ahora que el de la observación, yendo á
raíz de los hechos pisando sobre seguro al encuentro de la verdad,
objeto único de la ciencia.
Los pueblos ibéricos poseían cierta suma de mitos religiosos,
cuyo vago eco flota casi perdido. ¿Por qué no podríamos atri-
buirles el episodio del mágico anillo, que chilla cuando se pone
el sol? ¿Tan faltos nos hallamos de tradiciones antiguas, bien
averiguadas, que ninguna cuadre al intento"? Posidonio, citado
por Estrabón (2), hace sobre esto al caso. Escribió ser en España
creencia vulgar la de que el sol, al caer de la tarde cerca de nues-
tras playas oceánicas, cobraba un bulto mucho mayor (cien veces
mayor, según Artemidoro), y que movía grandísimo estruendo,
como si el piélago, que extinguía la hoguera del astro, silbase ó
ó diese chillidos: w-avf¡ c-í'^ovtoí -ou Tríkóryo-jo, xará <j¡ihij (xírov. Aña-
día Posidonio, de conformidad con Artemidoro, que el paso del
día á la noche era subitáneo sin intervalo de crepúsculo vesper-
tino (vascuence arratz); en lo cual les reprende Estrabón y tacha
de embusteros. Mas no advierte el gran geógriifo que toda men-
tira es hija de algo, — y que el cuento, recogido por Artemidoro y
Posidonio en nuestra costa oceánica, cerca del promontorio Sacro,
ó cabo de San Vicente, corresponde, en su fondo real y positivo,
á las regiones ecuatoriales de Sierra Leona. Basta leer el periplo
de ílannón (3) para imponerse en la verdad indubitable que im-
portan varios de los doce hercúleos trabajos de cosecha fenicia;
por ejemplo, el del jardín de las Ilcspérides ó islas de Cabo Verde.
En la zona tórrida, donde se verifica el fenómeno, están las raí-
ces de la leyenda Posidoniana; y si á esto allegamos que en la
vascongada del Tártaro^ el sol se exhibe como repugnante é inso-
U) Revue germanique, t. ix, pág. 589 y siguientes.
(2) III, 1,5.
(3) Muller, QeograpJii graeci uñnores, 1. 1, pág. 1-14; Paria, 1855.
LEYKNDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO. 171
portable á la tierra, no será difícil sospechar si por ventura se
alargó hasta el golfo de Cantabria llevada por los bajeles gadita-
nos. Recordáis el pasaje de Avieno (1):
«Tartessionim íq términos Oestrymnidura
Negotiandi vaos erat, Carthaginis
Etiam colonis; et vulgus ¡nter Herculis
Agitana columnas haec adibant aequora.»
Las cohinas hercúleas, entro las cuales se dilataba el siniis
Oestrymnicus y se explayaban las islas Oestrymnides , no eran
Ábila y Calpe; sino como lo previene Avieno (2), las boreales de
Europa (duro perstrepunt septemtrione): la Goruña con su faro
hercúleo y el Finislerre ó península extrema de Gornualles (haec
dicta primo Oestrymnis). Este último vocablo consta de otros dos
antiquísimos. El primero es ciertamente el céltico ijmnis (isla),
que me parece enlazarse con la leyenda de las bacantes Amnitas
descrita por Dionisio Periegete (3). El segundo no carece de se-
mejanza con el céltico ystaen, latín stanmim, griego xao-crírípjg.
sánscrito kastira.
Fidel Fita.
Madrid, 9 Noviembre 1883.
(1) Ora marit. UMW.
(2) 86-112.
(3) OrJñs deso-iptio, .570-57^.
172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
IV
RONCESVALLES. POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII.
El original de este bello poema existe inédito en el libro anti-
guo de pergamino, titulado Pretiosa, que se guarda en el archivo
de Ronces valles. Escrito durante los primeros años del siglo xiii
á dos colunas sobre tres páginas en 4." mayor (fol. 89 v.-90 v.) il),
de él ha sacado y me ha enviado esmerada copia el actual Prior
de la colegiata D. Francisco Pólit. Otra debo al Dr. Baist, nuestro
sabio correspondiente; la cual ha tomado de un códice de la Bi-
blioteca Real de Munich, manuscrito del siglo xiv. Notaré sus
variantes.
«Domus venerabilis, domus gloriosa,
Domus admirabilis, domus fructuosa,
Pireueis montibus florct sicut rosa,
Universis gentibus valde gratiosa.
Eius beneficia cupio (2) narrare,
Quam sincere teneor et semper amare,
Eam multipliciter potero laudare,
Video materiam (3) undique manare.
Voló tamen laudibus eam collaudari,
Quo possint ydoneis testibus probari;
Qui vult verum tempnere, falsum venerari (4),
Nimis est odibilis celo terri mari. (ó)
Domus ista dicitur Roscidee vallis,
Domus necessaria, domus liospitalis,
(1) Cod. lat. 10547 (O, 216) He, 5; fol. 4-7. El poema sirve como de apéndice á los
Proverbios de Raimundo Lull. Probablemente se copió allí de segunda ó tercera mano
porque incurre en muchos errores y omisiones propias de amanuense imperito.
(2) Cód. de Munich «aspiro. V
(3) Cód. «materiem.»
(4) Cód. «Quisquís vera reticens falsa studet farí.»
(5) El cód. omite este verso.
RONCESVALLES. — POEMA HISTOIUCO DEL SIGLO XIII.
Bonis vaccans ómnibus, terga prebens malis;
Suis hanc omnipotens seniper tegit alis.
Fundcns rorem gratie liic largitnr dona
Spiritus paraclitus (1), a quo cnncta bona;
Sub (2) presentí seculo cunctis est annona (3),
Erit et fidelibus in celis corona.
Sancins episcopus caput (4) huíns rei
In honore virginis genitricis dei
Ad radicem maximi montis pireuei
Hospitale statuit qiio salvantur rei.
Nominatus pontifex cum pauípilonensis
Fuudaret hospicinm montibus immensis;
Donis feum maximis iuvit in (5) expensis
Ildefonsus inclitus Eex Aragonensis.
Videns vencrabilis hoc canonicorum
Conventns invigilans honestati morum,
Hospitali tribuens plurima donornm ,
Fecit se participem illius bononim.
Post eram preteritis annis niille centum,
Quibns datis septies (6) decem ad angmentum,
Hospitalis fieri cepit fnndamentum (7),
Quod iter agentibus est operimentum. (8).
Locum, in quo situm est, rigor yemalis
Glacies perpetua necnon nix annalis
Fere semper aggravant et aer brumalis (9);
Sola est serenitas domus hospitalis.
Terra per circuitum sterilis omnino,.
Habitator quilibet eget pane vino '
Sicera et oleo et lana (10) et lino;
Hospitale regitur spiritu divino.
In eodem aliquis vina frigiditatis
(1) Cód. «paracletus.»
¡2) Cód. «sunt.»
(3) Cód. «annono.»
(4) Cód. «capud.»— Sancho de Larrosa, obispo de Pamplona (1121-1142).
(5) Cód. ^<et.»
(6) Cód. <-<species.»
(T) Era ino, año 1132, dos antes de la muerte de Alfonso el Batallador.
(8) Cód. «Quod nunc indigentibus presta! fundamentura.»
(9) Falta este -verso al códice; el cual, además, muda el orden de la estrofa colocán-
lola después de las dos siguientes.
(10) Cód. <'Oleo lana.»
174 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4. DE LA HISTORL'V.
Non sentit, panperiem uec sterilitatis ;
Manet enim iugiter liic fons bonitatis (1)
Qui pellit iiiediam omnis egestatis.
Bona norunt plurimi liuius liospitalis;
Via requirentibus est universalis
Beatorum (2) limina; non est via talis
Jacobum petentibus (3), nec sic generalis.
Hospitale hospites generosa fronte
Omni die colligens, quamvis sit in monte,
Eos uecessarüs consolatur sponte
Que sibi proveniunt ex predicto fonte.
Porta patet ómnibus, infirmis et sanis,
Non solum catbolicis , verum et paganis , (4)
Judeis, hereticis ociosis vanis;
Et, ut dicam breviter, bouis et profanis.
Hic fiunt sex opera que precepit deus
Fieri ab homine ne, cum iubileus
Annu3 supervenerit, iudicetur reus;
Et sic a fidelibus erit fariseus.
Huius domus bonitas sic amplificatur
Quod per eam dominus sepius laudatur,
Supernorum civium cobors gratulatur
Et catherva demonum nimis perturbatur.
In bac domo, pauperum pedes abluuntur,
Barbe cum rasoriis eis aufíeruntur,
Lavatis capitibus capilli tolluntur;
Non est parum dicere ea que seqimntur.
Si vidcres pauperum ibi sotulares
Resarciri corio, tune deum laudares;
Domus beneficia vocibus narrares,
Eam totis viribus mentis adamares.
Quidam stat ad ianuam pañis portionem
Prebens transeuntibus, nullam actionem
Preter istam faciens et orationem
Ut det deus dorauy consolationem.
Hic , qui petit , accipit munus caritatis ,
Repulsam non patitur quis a postulatis;
(li Alusión á la primera epístola de San Juan, iii, 17.
(■¿) San Pedro y San Pablo. Trata de los romeros españoles,
(¡t) Peregrinos extranjeros que veí ian á Corapostela.
( I) Moros ó sarracenos.
ROXCESVAI.LES. — POEMA IlISTURinO DEL SIP.LO XIII.
Quod largitur ómnibus domus ista gratis
Non est opiis hominis, vmo deitatis.
Plnres nutrit orplianos hec materno more ,
Eos pie corrigens manu virgis ore ,
Ut sic discant vivere manuum labore
Ne cogantur querere victum cum rubore.
Domus ista providet egris summa cura.
Preciosa quelibet que producunt rura
Eis ultro pro[ferens: ymino muljta (1) plura
Quam ea qu[e numerat nobis hec scripturaj.
Mulieres [splendide mornm honéstate,]
Carent[es spurcicia et deformitate,]
Eorum se[rvicio ibi deputatc,]
Egros [fovent iugiter plana pietate.]
Due sunt aptissime domus infirmorum;
Quarum una feminis, altera virorum
Deputatur usibus, voluptati quorum
Presto sunt per omnia genera bonorum.
Est in eis camera frnctibus ornata;
Ibi sunt amígdala et mala granata,
Ceterorum fructuLura genera probata]
Que div[ersis partibus mundi sunt creata.]
Infirm[orum domibus die lux divina,]
No[cte splendent lampados ut lux matutina : ]
E'i^st altare médium, in quo caíherina]
V[eneratur iugiter, simul et marina] (2),
In egris perficitur opus pietatis :
Requiescunt mollibus lectis et ornatis.
Non recedit aliquis nisi cedat gratis
Doñee quis accipiat donum sanitatis.
Eis diversoria ibi deputantur,
Que circumfluentibus aquis emundantur,
Balnea petentibus statim preparantur
Horum ut corporee sordes abluantur. (3)
Infirmorum socii si velint morari,
(1) Cód. «multo.» Entre unciales acompaño lo ilegible del original por roto, ó maa-
chado.
(2'; De Santa Marina se guarda reliquia actualmente en la iglesia de la Colegiata.
La Consueta no pasa en silencio las misas de Santa Catalina que debía celebrar el Ra-
cionero.
(3j Cód. «diluantur.»
17G BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL^V.
lubet pater ordinis eos venerari,
Eis necessaria diligenter dari
Quousque contigerit eos relevar!.
Dnm eoriim aliqíiis migrat, sepiiUure
Datar, iit precipiunt leges et scripture ;
Est ibi basílica^ in qua qni natura
[Sjua solvunt debita sunt perbenny ¡ure.
Mortuorum carnibus eo quod aptatuv,
A carne cai^narium recte nunciipatur;
Angelorum agmine sepe visitatur.
Ore audientium eos boc probatur. (1)
Est huius basilice medio preclarum
Altare, contagia purgans aniaiarum ;
Fit ibi misterium regum regi carum ;
Tenebrarum principi nimis est amarum.
Jacobite iácobum pie requirentes,
Sua secum iácobo muñera fer entes,
Sepulture macliinapa circunspicientes,
Laudes deo refernnt genua flectentes.
Huius est (2) materia undique quadrata,
Q[uadrature] sumitas est or[biculata,]
Cuius [in pignaculo est crucis parata
Forma, per quam rabies bostis iacet strata.
Verum strenuissimus [vir], Rex navarronim (3),
Coustruxit ecclesiam hic peregrinorum ;
Eis decem milium prebens solidornm
Duraturos (4) redditus et quadringentorum. (5)
Huius (6) regis genuit matrem (7) imperator;
Pater eius extitit (8) Sancius bellator,
Rex sapientissimus, tocius amator
Probitatis, bostium t-rat et fugator.
Domus dicte sepius fratres et sórores
(1) Cód. «Pre audiencium eos hoc probantur.»
1'2) Cód. «Est huius. V
(3) Sancho el Fuerte (1191-12;ij;.
(4) Cód. «duraturus.'í
(5) Réditos perpetuos de 10.400 sueldos. La estrofa está manchada y corroída en el
original; pero de él la sacó y hánosla conservado Huerta en su historia (inédita) de
Roncesvalles.
(6) Cód. «cuius.»
O) Sancha, hija del emperador Al^'onso VII y esposa de Sancho de Navarra el Sabio.
(8) Cód. «g-enuit.»
RONCESVALLKS. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII, 177
Predictorum omnium sunt dispensatores,
Yitam regulariter ducunt atque (1) mores,
Seculum despiciunt et eius honores.
Gustos horum omnium dicitur martinas (2),
Vir vite laudabilis, velut alta pinas
Erga christi pauperes late pandens sinus;
Eius (3) implet viscera spiritus divinas.
Servat, auget pauperum liic possessiones,
Sibi pro panperibus prebens passiones ;
Nam celestis patrie gratulationes
Habentur per máximas tributationes.
Dedit ei dominas villicationem,
Petiturus siquidem de lioc rationem ;
Cam bene reddiderit de iioc rationem,
Dignamque recipiet retributionem.
Bona prestat plurima domas pretaxata.
Que presentí pagina non sunt declarata;
Nisi rimi (4) series foret fini data (5),
xVuditori tedium daret protelata.»
Á esta clase de poemas, ó prosas, alude Gonzalo de Berceo en
la primera estrofa de la Vida de Santo Domingo de Silos:
«Quiero far una prosa en rornan paladino ,
Eu qual suele el pueblo fablar á su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de buen vino.i)
(1) Cód. «adque.»
(2) Martin Guerra. Consta el día de su fallecimiento, 1.° Diciembre 121.5, por el ca-
lendario de la Preiiosa: «Kalendis Decemhñs. Svb Era. m*. ce', l*. ni'. OMU Martimis
Guerra 2)rioi' ¡jonememorie. Su predecesor, Fortunio de Badostaín, murió en 31 de Agosto
de 1199. Entre estas dos fechas está por precisión incluida la de la composición del
poema.
(3) Cód. «cuius.»
(4) Vocablo precioso. El Sr. Menéndez Pelayo ha enriquecido la novísima edición
del Diccionario de la Real Academia Española, citando los «Proverbios en rimo del sa-
bio Salomón, rey de Israel,» composición de Pero Gómez inserta en el Cancionero de
Fernán Martínez de Burgos. Denotaba una composición rimada en verso, lo mismo que
rima (Berceo, Duelo de la Virgen, estr. 1.):
«En el nome precioso de la Virgen María
De qui nasció al mundo salud é melecina.
Si ella me guiasse por la gracia divina
Querría del su duelo componer una riina.'>
(.■j) Cód. «fundata.»
TOT.ro IV. 13
178 liOLIiXi-V DE LA REAL ACADEMIA DE LA HÍSTORLV.
¿Quién fué el poeta, erudito en los fastos de Roncesvnlles, po-
seedor de la Ciencia sagrada, ingenio claro y talento sólido, co-
razr3n bello ó inñamado de tiernísima caridad, que así despertó
los ecos de la Musa histórica y nos ha legado esta pieza magistral
del Parnaso hispano-latino? Bien sentaría la composición á la
pluma del insigne D. Rodrigo Jiménez de Rada, en cuya alma de
navarro, entusiasta por las verdaderas glorias de su país, el ta-
lento del historiador supo descartar de las leyendas poéticas sobre
Roncesvalles y Garlomagno todo aquello que daba en ojos cá la
Crítica imparcial y serena (1). Como el autor del poema, D. Ro-
drigo emplea el nombre de Roscida vallis: y encarece y elogia la
bondad del paso en favor de los peregrinos ó romeros de San-
tiago (21. Su descripción del hospital de Burgos, construido por
Alfonso VIII, está concebida en términos paralelos (31 ; y cabal-
mente regresó D. Rodrigo á España desde París con objeto de po-
ner paz (12061 entre los Reyes de Castilla, León y Navarra, al
propio tiempo que D. Sancho el Fuerte, tan munífico, era en pro
de Roncesvalles. como lo atestigua el poema.
De todas maneras el Autor, coetáneo, aparece dotado de pren-
<las que hacen honor á aquella época precursora de la de Alfonso
el Sabio.
La iglesia de los peregrinos, que hizo construir Sancho el Fuer-
te, asignándole en dotación perpetua lo que el poeta especifica,
(1) «Nonnulli, lústrionviii fahuV'S inhaerentes, ferunt Carolum civitates plurimas,
castra et oppida in Hispaniis acquisisse, multaque prelia cum Arabibus strenue per-
petrasse et stratam publicara a Galliis et Germania ad Sanctum .lacobum recto itinere
direxisse. Quod quicism, iiuantum ad partem Cathaloniae, videlicet Harchinonensis,
Gerundensis, Ausonensis, Urgéllensis territoria, satis constat.» De rehus Hispaniae,
IV, 10.
(2) /Wo!., IV, 11.
(3) <'(,'onstruxit etiam iiospitale iuxta monasterium, aediflciis et domibus mirabili-
ter decoratum: (juod tantis divitiis dilatavit ut ómnibus peregrinis, nullo patiente ve-
2)i'lsam, ómnibus horis diei necessaria ministrentur, et ómnibus voleatibus pernoctare
lecti mirabiles apparatus continué praeparentur. ínflrrais autera usque ad mortem,
vel restitutionem pristinae sanitatis per manus mulieriim misefkordimn et viromm
omnia necessaria erogantur, adeo ut vpera pietatis in eo in eodem hospitali, quasi ia
speculo possit quilibet ccntemplari: et qui in vita propter excollentiam operum ab
omnilms mernit coUaudari, post mortem multiplicatis intercessoribus raerebitur a
Domino coronari. Sed. ue fascis chartsmatum, quae in eum a Sancto Spiritu conflnxe-
runt, virlute ali';na fraudaretur » Ihid., m!, 31.
ROXf.KSVALM-S. — POKMA HISTÓRICO DEL SIuLO XIII. 170
díceiime ser la auligna Colegiata, que se arruinó ea el año IGOO;
y el íemplo, añade Sarasa (1), «era tan esbelto y tan bien trazado
como el de la catedral de Pamplona. d La próxima de SancíiSp¿r¿-
tus, en cuyo alrededor hay un claustro «que desde tiempos atnís
viene sirviendo do cementerio» (-2), bien parece no ser otra que
la cuadrada hasiUca con su cúpula. Mucho holgaría de ver las
escritnras ó diplomas regios y pontificios concernientes á esta y
otras cuestiones suscitadas por el poema. Sarasa (3), enumerando
las piexas prijicipnles que obran actualmente en el archivo, cita
bulas de Inocencio II (año 1137), Inocencio III y Honorio líl
(cuya fecha no da), las cuales deben ilustrar machísimo el pro-
blema. Otro tanto se diga de las donaciones de D. Sancho el
Fuerte ¡4). Las piezas fundamentales, recopiladas y examinadas
con atención, valen cien veces más que los indigestos infolios de
añejas disertaciones.
Me ha llamado singularmente la atención una estrofa del poe-
ma, desfigurada por el códice de Munich:
«Mortuorum carnibus eo quod aptatnr
A carne carnariwn recte nnncnpatnr;
Angeloriiin agmine sepe visitatnr .
Ore aiidientiiim eos lioc probatur.»
Estas apariciones de los ángeles, dan á entender que en el ar-
chivo de la Colegiata debía guardarse alguna colección de leyen-
das maravillosas, que no podían faltar en un santuario tan céle-
bre y venerado por todo el orbe. ¿Qué se ha hecho esta colección
antigua"? Su hallazgo y publicación colmaría el deseo de los in-
teligentes que investigan los primeros orígenes de nuestra litera-
tura castellana, siendo á la par colección respetabilísima de ver-
daderas leyendas de la Yasconia.
Todavía no se dirá que me presento de todo punto, acerca de
(1) Reseña Jtistórica de la Hea.l Casa de nuestra SeTiora de Roncesxalles y descripción
de Sír contorno, pág-. r22: Pamplona, ISTf*.
(2) Pág. 123.
(3) Pág-. 129, 130.
(1) Pág. -2.
180 boletín de la real academla. de la HisToraA.
la documentación, con las manos vacías. El Sr. Pólit no ha que-
rido proporcionarme la copia que le pedí del poema escrito en la
Pretiosa, sin comunicarme al propio tiempo las actas de funda-
ción y dotación del hospital , que se leen en el mismo libro
(fol. 128 vuclto-131 recto). Dicen así:
«Rubrica fundationis et dotis Sancii pampilonensis episcopi, doinus et
couf ratrie Roscide vallis, set non ecclesie et Religionis.
Sancius, dei gracia pampilonensis ecclesie servus, fidelibus
christi salutes.
ínter róseos sanctarum virtutum flores hospitalitem, que pro
christo fit, novimus redoleré Evangélica atque apostólica aucto-
ritate. Dominus naraque dicit: Hospes fui, etc. Et apostolus: hos-
pitalitalem nolite oblivisci; per hanc enim quídam domino pía-
cuerunt. Suscipientes christuní in persona pauperum, ad quam,
deo adiuvante, adimplendam, Ego peccator Sancius, non inanis
glorie cupiditate, non honoris huius mundi ambilione, non pe-
cuniarum quarumlibet aquisitione, set desiderabilem domini vo-
ccm cupiens audire: Venite, benedicti patris mci, et reliqua,
Sancti spiritus inspirationc atque gloriosissimi domini mei Regis
aragonensis alfonsi assidua exortatione, ipsius auxilio ac princi-
pum suorum nobiliumque virorum ac feminarum multorumque
eciam utriusque sexus sufultus adiutorio, facio' domum ad pre-
sens unam ad receptionem peregrinorum sive quoriimlibet ho-
minura illic in necessitate hospitare volencium in verticem mon-
lis, qui dicitur Ronsasvals iuxta capellam carolli magni famosis-
simi regis francorum; in quo, ut incole testantur multa milia pe-
regrinorum mortui sunt, quídam suffocati a lurbinc nivium,
quamplures viví devorati ab ímpetu luporum.
Gonsiituimus quoque ibidem confratriam pontificum, abbatum,
clericorum sive laicorum in fcstivítate ciricii et iulíce (I), que
est xvi" kalendas julü; in qua confraternítateconlandatum est ut
sint ibi ad minus dúo presbíteri, quiassidue cantent missas, unus
pro salute vivorum confratrum, alius pro Requie defunctorum.
Sacerdotes quoque coni'ratres, ubicumque missas cantaverint, in
(1) Fiesta de los santos mártires Quirico y Julita, á 16 de Junio.
ROXCESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 181
canone ulú fit memoria vivorum dicant: memento, domine, aiü-
marum confratrum )iostrorum. Glerici autem sivo layci confra-
tres, guando feceriiit orationem, dicant: domine, miserere con-
fratribus meis vi vis atque defunctis; clerici vero lUeratorie, si
sciverint; layci materna lingua.
Quicunque fuerint confratres huius confraternitatis ct veri in
christo confratres, et ex parte dei et beate marie et sanctorum pe-
tri et pauli, omniumcjne sanctorum participes eos facimus om-
uium sacrificiorum, helemosinarum, orationum cunctorumque
bonorum que ibi fient, vel peregrini illic hospitantes undecumque
fuerint. Amen.
Obitus uniuscuiusque confratris, si fieri potest, a parentibus
sive ab amicis [deferatur?] Gapellanis huius confraternitatis; pro
quo, oblato sacrificio, nomen eius (1) super altare scriptura eter-
ualiter habebuut.
Omnis confrater, pro posse, semel in unoquoque [annoV] reficiat
dúos pauperes; unum pro salute vivorum, alterum pro requie
defunctorum.
Helemosinarius huius loci omnes quos noverit csse clericos,
inde transeúntes, exoret quatenus pro absolutionc confratrum
vivorum ac defunctorum psalmum uuLim decantent.
Omnes episcopi confratres, completo synodo, cum omni clero
defunctos confralres'absolvat, et iniungantunicuique saccrdotum
ut pro eis semel sacrificiuin deo oíFeranl.
Fratres enim et sórores, pro amore dei hauc cartulam legite,
relegite et decies repetite. Et videat unusquisque confrater quan-
tum et quam inestimabile bonum apparet associando sibi inter-
cessores apud deum et pugnatores contra dyabolum. Siquiscog-
noscet se oíTendisse dominum suum, nonne plures convocaret ut
placarent eum? Si quis vellet debellare hostem, uoune ad devin-
cendum illuin si posset congregaret multa milia amicorum? Et
quis vestrnm est qui non graviter oífendit deum? Et si dyabolus
deum temptavit, quis vestrum est qui evadere temptationes eius
possit? Quapropter conveniamus, etsi absentes corpore, unánimes
(1) Costumbre muj' notable de que hacen fe varias mesas de altar, como la de San
Pedro de Tarrasa, donde liormig-uean los nombres de los cofrades trazados á punzón.
182 boletín de la keal acadenha de la historia.
in sacrificiis oralionibus et elemosinis, adiuvanle chrislo, debel-
lemus eum; quatenus victores coronari mereamur ab illo, quivi-
vit et regnat per omnia sécula seculorum, amen. Válete et pro me
vestro servulo orate, xl dies relaxaraus.
Preterea ad sustentationem hospitalium (1) liuius hospicii atque
ad aliquantulam refectionera peregrinoram iiide transeuncium,
bonum ac deo placitum consiliura couveiiit inler me sancium
episcopum, pampiloncnsis ecclesie servulum et canónicos eiiis-
dem sedis, favente rege garsia Remiris, colaudantibus quoque
eias principibus (2). Ganonicide archidiaconatuillorura dederunt
ab integro predicto hospicio oniues ecclesias que sunt de ^<arf (3)
usque ad illud hospicium cum valle e^terivarr (4) et cum valle de
en'o et assze (5) et altera assie (6), excepta decima, salvo in eis
jure episcopali quod habet in ecclesiis alus que sunt in archidia-
conatu de mensa. Deauxerunt quoque ipsi hospicium alodium
totum quod habebat in lauion (7) quod íuilde seynor acnar lopic;
partem eciam hospicii panpilonensis quod erat ibi, necuon ter-
ram ad faciendum ortum que est ultra pontcm de cuhiri (8) que
íuit del seynor didac alharoc et uxoris eius urache. Pro quibus
Ego Sancius concedo ipsis canonicis presentibus et futuris archi-
diaconatum de anoc cum ipso monasterio (9) usque ad mare, ex-
cepta decima, salvo in eo'jurepontiñcali quod habet in alus eccle-
siis que sunt in archidiaconatu de mensa; addeüdo etiam predicto
hospicio quicquidjuris est episcopi, ac aeccoa (lOj excepta decima
et jure episcopali quod habet in alus ecclesiis que sunt in archidia-
conatu de mensa. Denique ab ómnibus constitutum est ut hospi-
U) Hospitaleros.
(2) ¿Reunidos en Cortes?
(3) lluarte. El ms. añade <dn<art,a explicativo de la forma antigua con escritura re-
lativamente moderna. Huarte (ur-arte, entre aguas), está bañado por el Arga.
(4) Fija este nombre la significación de Esteribar, compuesto de ibarr (valle),
(5) Aos era el punto de reunión que tenia el ayuntamiento del valle de Lónguida.
(G) En el valle de- Arce está el despoblado de Adasa,q\ie fué tributario de Ron-
cjsvalles.
(7> Labiano.
(8) Pueblo (irij con puente (znhi/ solire el Arga.
(9) Del monasterio (iglesia) de Ajioz, cerca de Beasoain. liizo donación el Rey dott
fíarcía VI á la catedral en 1047.
(10) .IcrcoíT Ha enriscada).
RONCESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SKiLO XIII. 183
tale illuJ al) uno de canoiiicis predicte ecclesie, altero succedente
alten ibidem oblinenlc piinmtam, in perpetuuní regaiit. Sed ta-
meii ea lege et ralione in predicto hospital! Canonicus, quisquis
ÍLiei'it, primatum oblineat quod si ille, iiocuus ab omiii justicia,
liber a caritate, desertus a divino timore, negligens in dileccione
pauperum, bona hospitalis illius perditioni sive destructioni daré
voluerit, atque eis tamquam propriis abuti, hoc nuUatenus Epis-
copas iiec canonici iiec Rex cum potestatibus suis paciatur. Si
vero Episcopus aliquis illud liospitale in aliquo anichilare temp-
laverit, hoc tam a cauoiiicis quam a Rege cuín potestatibus ab eo
iieri contradicant.
Omnes canonici panpilionensis ecclesie oinnia proscripta lau-
damus, corroboramus, et ut prior noster poncianus pro ómnibus
signum facial volumus et raandamus.
Signuní poncii prioris 7.
Testes; Stephanus archidiaconus, deusdedit camerarius, lupus
sacrista, vivianus elemosinarius et eneco garccys archidiaconus
de sancta gema. Magister geraldus. Magister arbeus. — Petrus pe-
tragaricensis Episcopus 7 (1). Garsie Remiric regis 7.
Post suprascriptas donaliones nostras et'veslras iterum placuit
mihi saucio et vobis canonicis Sánete marie, poncio priori archi-
diaconis ómnibus omnique conventui; et reddo vobis omnes eccle-
sias quas dederatis predicto hospicio ab huaí^t usque ad illud hos-
picium; conñrmans quoque vobis archidiaconalum de anoc, sicut
est suprascriptum. Pro quibíis ómnibus vos datis hospicio ilU
quicquid vestrum est in alcuca (2), quartum et pedaticum; et quic-
quid vestrum est de mutyloa [et] de edialac, quartum quoque et
pedaticum ecclesie de lauion; et pro hospicio prioris suorumque
predicli hospicii, domum que fuit íbrtunii galine, excepta opila-
rincata (3).
Siguum sancii episcopi ■]-. Signum poutii prioris.
1) De este obispo de Perigueux hay memorias (Cíams, Series episcoporum eccl. ca-
thol., pág, 598) entre lósanos 1138 y U4i.
(2) El ms. pone <<.achalar;» pero más abajo se corrige. Alzuza y Eclialaz son del va-
lle de Egües.
(3) Torta (opil) y cántara de vino (arimadaj; pecha que pagaba el villano al señor,
y citan los Fueros de Navarra (1. i, tít. 2, 2; ni, 1, "t).
184 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML^ DE LA HISTOPJA.
Nos panpilonenses [canonici] gratia domini nostri Saiicii epis-
copi qui multa nobis dona contulit, unánimes . bonoque animo,
faventes votis eius quemadmodum liosppicio de Ronscival dedi-
mus quartum et pedaticum ecclesiarum videlicet de Echalac de
mutylo, de alcuca ct de lauion. sic eciam concedimus ipsi hospi-
cio quicquid nostri juris est in eisdem ecclesiis; [et] hoc signo
coiToboramus. Signum prioris adeodati pro omni conveutu. Sig-
num garsie Remiric Regis.»
El acta no es original y encierra tres partes, cada una de las
cuales, hubo de marcarse con fecha diferente. Las dos últimas
pertenecen al reinado de D. García Ramírez, que comenzó en 1 134,
y al episcopado de D. Sancho de Larrosa, que feneció en 1142.
Claro está que en este documento ilustre se inspiró el autor del
poema de Roncesvalles.
FmEL Fita.
Madrid, 21 Diciembre 1888.
MONUMENTO VALENCIANO DE ISIS (I).
En el libro de acuerdos y documentos de la fábrica nueva del
río, titulada Murs xj valls, que obra en el archivo municipal de
Valencia y corresponde al año 1760, folio 4, se lee:
«Andrés Soler y Diego Cubillas, maestros canteros, peritos
nombrados por los señores que componen la ilustre junta de la
Fálirica del río, cuyo nombramiento ha sido á fin de que pasáse-
mos á ver y justipreciar un contorno ó adorno de iñedra, que se
ha dispuesto y fabricado encima de un contrafuerte en el pare-
(1) Vóase la pi'ig. 1 11 de este tomo del Boletín.
MONUMENTO VALEXCIAXO DE ISIS. 18.J
don del río que va al azud de Rovella, para colocar en el centro
de dicho adorno tres lápidas negras, de las cuales dos fueron ha-
lladas en el cauce del río inmediato á dicha obra; la una con una
inscripción romana que contiene lo siguiente: Sodalicium verna-
rum colentes Isid...\ la segunda contiene una inscripción, nueva-
mente grabada, del tenor siguiente: Siste antiqíiitatis amator, din
socii in álveo sepidti lapides A. D. Mdcclix inventi^ et sequenti in
hnnc proximorem locum positis, Dio quando primuní erecti (1); y
la tercera lápida, que se halla en la parte superior de dicha obra,
es nueva, y se halla en ella grabada la devisa antigua de la Ciu-
dad, que era una cornucopia y un manojo de saetas, y en su
torno una inscripción que dice: Volentia Colonia juris itcdici; y
habiéndonos constituido en el sitio donde se hallan dichas tres
lápidas y adorno-, y tomadas las dimensiones de él, de su alzada,
vuelos y grueso, hemos cubicado. por partes; y habiéndolo calcu-
lado con toda reflexión y cuidado, así el valor de toda piedra de
dicho contorno, como el trabajo que se ha empleado en ella y su
colocación, y asimismo todo el costo que ha tenido en trabajar y
pulir la primera y tercera lápida y su colocación, y asimismo la
colocación de la segunda, y habiendo suma-do todas estas parti-
das, hallamos que su valor es el de ciento setenta libras (2); cuya
declaración bien y fielmente [hacemos] por la mucha práctica,
experiencia y manejo que tenemos en semejantes obras. Valen-
cia, y Agosto á 12, de 1760. — Andrés Soler, Diego Gubillas.»
Al folio 41, está el acuerdo aprobando esta declaración, y man-
dando despachar libramiento á favor de Bautista Pons por las
170 libras.
Al folio 85, consta la carta de pago expedida en la misma fecha
del acuerdo (22 de Agosto, 1760).
José María Settier. (3)
Valencia, 1." de Marzo de 1881.
(1) Las copias de esta inscripción y de la siguiente, como hechas por maestros can-
teros, no son exactas.
(2) La libra valenciana valía 15 reales y 2 maravedís.
■ (3) Los documentos, de que hace mérito el Sr. Settier, dilucidan y resuelven á punto
fijo la cuestión suscitada por D. Antonio Delgado en el tomo vin de las Mernoi'itíS de la
Real Academia de la Historia (M&A-ciá, 18.52), p-íg. 91 y 92,— F. F.
186 boletín de la real acadEiMIa de la histora.
YI.
INFORME DADO AL GOBIERNO PROVJSIONAL SOBRE EL ESCUDO DE ARMAS
Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA.
Excmo. Señor: En el arlículo G.° del decreto relativo al nuevo
sistema monetario, fecha 19 de Octubre último, se lee que
«todas las monedas cuyo tamaño lo permita ostentarán una
«figura que represente á España con las armas y atributos pro-
»pios de la soberanía nacional,» y en otro decreto que con la
misma fecha se dio para la ejecución del primero, dice el art. 2.":
«La Academia de la Historia informará con igual brevedad,
«acerca del escudo de armas y atributos de car¿ícter nacional que
«deban figurar en los nuevos cuños.»
Acerca de dos puntos, en vista de esto, tiene que informar á la
Academia la Comisión nombrada al efecto, á saber; sobre la
figura que represente á España, y sobre el escudo de armas que
habrá de ser adoptado. Xo es nueva, ciertamente, la idea de re-
presentar en los cuños la imagen de la Nación que los autoriza;
muchos años hace que Inglaterra ostenta en sus monedas la ima-
gen sentada de la Britannia con escudo al costado, el tridente en
una mano, la rama de oliva en la otra, y la cabeza galeada ó sim-
plemente ceñida de diadema. También Suiza coloca en sus tro-
queles más recientes una elegíante figura de la //eít'eíta, -sentada
en los Alpes y extendida la diestra mano sobre sus cumbres, y
la Francia del 48, para simbolizar la República, tomó una bellí-
sima cabeza de las medallas sicilianas antiguas. Siguiendo en
parte este último ejemplo, y buscando al paso la mayor propie-
dad en la representación pedida, la Comisión ha principiado por
examinar las figuras de la Hispania que la numismática romana
ofrece á nuestra vista. No han parecido nada á propósito la 'ca-
beza velada de las medallas de la familia Postumia, ni la cabeza
desnuda, acompañada de dardos y espigas que decoran el anverso
de las medallas de Galba: carece igualmente ahora de significado
KSCUüO DE AUMAS Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 187
la figura de pié con dardos y escudo que grabó eu sus cuños el
gran Pompeyo; pero no sucede lo mismo con la preciosa alegoria
del reverso de algunas medallas del emperador Adriano. Es la
figura de España en esas medallas una malrona ceñida de diade-
ma y recostada en los montes Pirineos; sale de entre los pies el
tradicional conejillo y ocupa su diestra mano una rama de
oliva. La sanción que los siglos han prestado A la significación de
tan armonioso conjunto; la tranquila felicidad que al parecer
transpira como emblema de los días de esplendor procurados á su
patria por los Césares españoles, y el partido que un artista há-
bil puede sacar de todo para crear una composición expresiva,
han decidido á la Comisión á proponer para la figura de España
la matrona recostada en los Pirineos, rodeada del Océano, con los
pies en el Estrecho, la rama de oliva en la mano y la diadema
en la cnbeza, que será el símbolo pedido de la soberanía de
la nación. La figurilla del conejo no parece responder á la digni-
dad del asunto ni poseer en el día carácter especial, y por ello la
Comisión opina que debe omitirse.
El segundo punto es relativo al escudo de armas. Es el blasón
un lenguaje simbólico que denota el origen y enlace de ciertas
familias ó la personalidad de entidades como la ciudad ó la cor-
poración gremial. Pocos comprenden hoy este idioma, nacido con
el feudalismo y relegado eiHre las lenguas muertas desde la caída
de los privilegios nobiliarios; pero el texto terminante del decreto
exime á la Comisión do la necesidad de discutir si conviene ó no
adoptar símbolos cuyo empleo autorizan, por otra parte, en sus
sellos y medallas, naciones tan libres como. Bélgica é Inglaterra,
la República suiza y el reino de Italia. En ese supuesto, la Comi-
sión entiende que el uso de un lenguaje debe hacerse con arreglo
á su gramática, y por tanto en la segunda parte de su dictamen
se ajustará á los principios reconocidos por universal convenio
en la ciencia heráldica. •
Las armas de España han sido hasta ahora las de la persona
reinante, y si en algunos de sus cuarteles ó particiones so
veían piezas ó figuras propias de los Estados que compusie-
ron la nación española, era porque los habían tomado por em-
presa las familias de sus antiguos Reyes. Así estaba formado el
188 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
grande y complicado escudo, que ostentaba en el jefe ó hilera su-
perior las armas de Aragón, de Sicilia, de Austria y de Borgoña
moderna; en los flancos ó costados las de Parma y de Toscana, y
en la punta 6 hilera inferior las de Borgoña antigua, de Bra-
bante, de Flandes y del Tirol; sobre el todo ó sea en el centro, se
colocaba el escudo contracuartelado de Castilla y León con Gra-
nada en el entado en punta ^ y sobre dicho escudo otro escusón
con la flores de lis con bordura de Anjou, que venía á ocupar el
lugar preeminente entre todos. El nuevo escudo, el blasón de la
nación española, como unidad política y sin relación con las per-
sonas que la gobiernen, debe declarar la historia de este gran
Estado, tal como se halla constituido, formando con las empresas
de los Reinos independientes que sucesivamente se fundieron y
conquistaron unas armas de dominio compuestas de las diversas
armas de comunidad, con exclusión de toda idea de familia ó de
alianza. León, Castilla, Aragón, Navarra y Granada son, con los
dominios de Ultramar, los Estados componentes do este gran
todo. Unidos desde el tercer Fernando los reinos de León y Cas-
tilla, conserva este último constantemente la preeminencia en el
escudo, por la que dio aquel monarca al Estado que gobernó pri-
mero, y enlazados los príncipes que recudieron después el dictado
de Católicos, se convino expresamente en que las armas del ara-
gonés habían de ceder el puesto á las de su consorte castellana,
como lo cedió del todo más antiguamente alas barras encarnadas
de Cataluña la cruz de gules con cabezas de moros del Aragón
prnuitivo. Iguales en derechos é importancia todas estas porciones
de nuestro territorio, no puede haber otro criterio para asignar-
les colocación en el nuevo escudo que el determinado por la
práctica constante y el convenio mutuo, y es el que la Comisión
ha adoptado. Quedan por añadir los cuarteles correspondientes á
las conquistas de Granada y de Navarra. La primera viene ex-
presada desde el siglo xv porcina granada al natural en el trián-
gulo inferior del escudo y no parece procedente sacarla de este
sitio por más que sea la anexión de Navarra más moderna, por-
que en materia tan convencional como la. heráldica debe respe-
tarse lo que la costumbre y la tradición consagran. En cuanto al
blasón de Navarra, que debiera entrar después del de Aragón,
ESCUDO DE ARMAS Y ATRIDUTOS DE LA .MONEDA. 189
será esla la vez primera que tüinc lugar en el escudo de España,
porque no habiéndose enlazado sus reyes con los nuestros, no
tenía cabida en las armerías de alianza.
El escudo de armas, según esto, tendrá que ser cuartelado en
cruz con entado en punta; es decir, que estará dividido en cuatro
porciones por dos líneas mutuamente perpendiculares, sacando
en la parte inferior un triángulo curvilíneo. El primer cuartel
contendrá el castillo de oro en campo rojo de Castilla; el se-
gundo el león rojo en campo de plata, con corona, lengua y uñas
de oro de León; el tercero, debajo del castillo, las cuatro barras
encarnadas en campo de oro de Aragón; el cuarto, debajo del
león, las cadenas de oro en campo rojo de Navarra; y en el trián-
gulo la granada natural abierta, con tallo y hojas, cu campo de.
plata, de Granada. La acostumbrada repetición de castillos y leo-
nes que se ve en nuestros antiguos escudos no debe tener lugar;
porque esa duplicación sólo proviene, ó de alianzas consanguí-
neas, ó de la necesidad de proporcionar el tamaño de los cuarte-
les al de las figuras.
La forma del escudo varía , á no dudarlo , con la moda y el ca-
pricho; pero hay algunas más especiales de ciertos países , y así
como el escudo redondo es propio de las arnias de Inglaterra y
de muchos nobles italianos, y el de perñl contorneado como cor-
nucopia de los alemanes, los españoles han usado el de forma
rectangular con los ángulos inferiores redondeados, de cinco par-
tes de ancho por seis de altura, modelo que la Comisión reco-
mienda como más propio y mejor proporcionado, aunque no lo
propone de una manera exclusiva.
Costumbre ha sido colocar á los lados del escudo figuras en
ademán de sostenerlo: Felipe I puso algún tiempo por soportes
dos grifos; el emperador el águila esployada; los demás Felipes
dos leones, y últimamente se adoptaron dos ángeles. Ninguno de
estos ornamentos cabe cómodamente en una moneda ni tendría
razón de ser en un nuevo escudo, como no fueran los leones, por
la regla general que pide que los soportes sean sacados del campo
del mismo escudo. Pero hay un ornamento especial y propio de
las armas de España, glorioso emblema del descubrimiento y
ocupación de las tierras ultramarinas: las columnas de Hércules
100 boletín de L\ RE4L ACADEMIA DE LA HISTORIA.
coa el plus ultra do Carlos V, que completan el significado de
dominio terrilorial, ya que los países aludidos no pueden apor-
tar á los cuarteles interiores piezas ni muebles propios de una
edad en que no eran conocidos á los reyes de armas de Europa.
La rr.ás grave dificultad procede del timbre que ha de coronar
el escudo. No habiendo hoy forma alguna de gobierno definitivo,
no puede proponer la Comisión símbolo que le corresponda,
como la corona real á la monarquía. Pensó un momento que la
corona de encina, llamada por los romanos cívica, aunque de ín-
dole belicosa, otorgada al que había salvado la vida á un ciuda-
dano, podría corresponder al pensamiento del Gobierno provisio-
nal y servir de airosa decoración al reverso de la moneda, del
mismo modo que una. pequeña laurea decoró algunos cuños deci-
males del anterior reinado; pero la sospecha de que por analogía
con otros países modernos se pudiera ver en ella una alusión re-
publicana, ha obligado á renunciar á esa idea para encerrarse
en la estricta nculralidad que el estado de la cosa pública re-
clama. Sería lo más oportuno que el artista compu.siera su re-
verso sin timbre de ninguna clase, como sucede en las monedas
suizas; pero si esto no es posible, la corona mural, ú otro orna-
mento menos significativo, suministrará el complemento que ne-
cesita, sin que se prejuzgue ninguna cuestión política.
La misma consideración é igual escrúpulo, han retraído á la
Comisión de añadir el pabellón que cobije en sus pliegues el es-
cudo con sus accesorios. Es el pabellón insignia de autoridad su-
prema c independiente, y respondería á la idea de soberanía na-
cional que en el decreto se pido: el color morado que se ha usado
siempre en España para este adorno proviene del atri])uido co-
munmente al pendón de Casulla, y podría ser oportuno recuerdo de
sus comunidad^'S; pero por lo pronto, como el lenguaje heráldico
no se interpreta ya por el vulgo, según queda apuntado, el pú-
blico creería ver en ese ornamento un manto real, y parecería
prejuzgada la cuestión de monarquía que el Gobierno provisional
ha dejado liasta ahora intacta.
Resumiendo, pues, y traduciendo al idioma técnico cuanto va
expuesto, la Comisión propone el siguiente escudo:
E>cudo cuartelado (mi cruz: primero, de gules y un castillo de
ESCUDO DD ai; MAS Y ATrtWn'TÜS DIÍ LK MONKDA. lili
oro, almenado de Ires almonas, y donjonado de tres lori-cs, la del
medio mayor; cada una también con tres almenas, el todo de oro,
mazonado de sable y adjurado de azur: segundo, de plata y uu
león de gules, coronaao de oro, armado y lampasado de lo mis-
mo: tercero, de oro y cuatro palos de gules: cuarto, de gules y
una cadena de oro puesta en orla, en cruz y eu sotuer: enlacio en
punta, de plata y una granada al natural mostrando sus granos
de gules, sostenida, tallada y hojada de dos hojas de sinople.
Acostadas, una á cada lado, las dos columnas de Hércules, de
plata, con la basa y el capitel de oro, liadas con una lista de gu-
les, cargada con el Plus ultra de oro.
Claro es que si la Comisión entra en los pormenores de los es-
maltes, no es para el caso concreto de la moneda, sino porque un
tipo de blasón no es perfecto omitiéndolos; pero no será inopor-
tuna una observación acerca de las figuras del escudo , dirigida á
los grabadores que han de componer el cuño. Durante los siglos
medios, los animales y demás figuras heráldicas tenían formas
decididas y acentuadas, conservadas por la tradición y propias del
arte: después se han suavizado los contornos, se ha imitado la
naturaleza, y sin conseguir aumento de bell'eza al aproximarse á
la realidad, se ha perdido el carácter por completo. Siendo la he-
ráldica un arte puramente convencional, las figuras deben con-
servar su tipo primitivo, y por tanto que el artista consultará
los mejores modelos de los siglos siii, xiv y xv. tanto para los
castillos y leones como para la granada abierta, y se conseguirá
de este modo que el nuevo escudo de armas tenga fisonomía
especial que recuerde las épocas de mayor esplendor de la pa-
tria, cuando se estaba elaborando la grande obra de la unidad
política de la Nación .
Salustiano DE Olózaga. Atheliano Ferxán'dez-i;
Cayetano RpsELL. Eduardo Saavedha.
Madrid O de Noviembre de IbGs.
192 liOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA IIISTORL.».
VIL
INFORME DIRIGIDO AL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA SOBRE EL ESCUDO
DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA.
Excmo. Sr.: La Comisión mista nombrada por las Academias
de la Historia y de Bellas Artes para evacuar la consulta dirigida
por V. E. en 16 de Mayo último acerca del escudo de armas, le-
yenda y atributos de carácter nacional que deban figurar en el
nuevo cuño de la moneda, debidamente autorizada por ambas
Corporaciones, tiene la honra de emitir el siguiente dictamen:
No es esta la vez primera que se ha de tratar una cuestión de
esta naturaleza por los Cuerpos literarios. En 12 de Noviembre
de 1868, cuando la dinastía hereditaria acababa de dejar vacante
un trono que se ignoraba si sería ó no restablecido qu algún
modo, la Academia de la Historia informó sobre los escudos de
armas y atributos de carácter nacional que deberían figurar en la
moiíeda, inmediatamente adoptados por el Gobierno provisional
de aquella época. Al quedar vacío nuevamente el trono que ocupó
una dinastía electiva, vuelve á suscitarse en términos parecidos
la cuestión de la moneda; pero en condiciones diversas, porque
no hay ahora la indecisión do entonces acerca de la forma de
Gobierno, ni tampoco faltan del todo los antecedentes para es-
tudiar el asunto. Pero lo hace más difícil la misma analogía de
circunstancias , sobro todo si se entendiera que en el pequeño
campo de una moneda se han de estampar, con el lenguaje em-
blemático de los símbolos y las alegorías , un compendio de la
historia contemporánea, un trasunto del pensamiento político que
guía los poderes públicos, un contraste definido é inequívoco de
lo presente con lo pasado, siquiera este pasado sea de ayer. Mas la
Comisión, tras de estudio y discusión detenidos, piensa de diversa
manera, y no creyendo que se pueda exigir del lenguaje de las
Bellas Artes que traspase sus naturales y reducidos límites, opina
que basta alterar el modelo de 18G8 en aquello solo que manifieste
que la forma de Gobierno es-^á decididamente proclamada, y que
la situación no es ya la misma que entonces, diferenciando estos
ESCUDO DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 193
de aquellos cuños de modo que á primera vista puedan unos y
otros ser reconocidos. Y antes de explicar cuáles son las figuras
y señales que propone, la Comisión tiene qua facilitar su tarea
dando á conocer cómo ha entendido lo que el Sr. Ministro de Ha-
cienda desea ver realizado en los troqueles de la República.
La moneda de 1868 llevaba ya en sí caracterizada la indepen-
dencia de todo poder personal ó hereditario, y tanto en la una
como en la otra de sus caras no aparecía más que la Nación es-
pañola como dueña de sus destinos. La idea que ahora se ha aña-
dido en la esfera del Gobierno es la de la federación, punto
principal, por consiguiente, el que debe ser examinado y discu-
tido, para ver qué alteración ha de producir en los cuños del día;
y la Comisión, al reflexionar sobre esto, ha tenido muy en cuenta
las explicaciones que sobre tan difícil cuestión han emitido en
públicas discusiones los estadistas más autorizados que rigen los
destinos de la patria. De dos maneras distintas puede entenderse
la federación de varios Estados, Provincias ó Cantones: ó es la
federación histórica, por la cual muchas entidades políticas di-
versas vienen á formar una totalidad que en su día llega á'ser
unidad, ó es la federación política, según la cual una nación, sin
descomponerse ni subdividirse, atribuye á cada uno de los miem-
bros que la constituyen la plenitud de su derecho para gobernarse
en lo que le concierne como convenga á su particular modo de
ver. Es el primer sentido el procedimiento por el cual se han for-
mado las grandes nacionalidades modernas, y como tal es común
á Repúblicas como las de Suiza y Norte-América, y á Monarquías
como Alemania y Suecia. El significado segundo es la más amplia
descentralización de funciones, y no depende del número, exten-
sión ú origen de los Estados ó Cantones, como que no tiene otro
objeto que dar garantías á la libertad civil y política. La federa-
ción histórica es la suma de unidades que conservan toda su di-
versidad al aunarse en un conjunto; la federación política es la
variedad armónica dentro de la unidad total: la primera es un
hecho, la segunda es una idea, Al lado de estas reflexiones, la
Comisión tiene que emitir otras de índole diversa. Las represen-
taciones que se hacen en las monedas y medallas son de dos es-
pecies, á saber: símbolos heráldicos y aleg-orías. Los primeros
TOMO IV. 14
194 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HIST0RL4.
forman los escudos de armas con que so diferencian las naciones,
y ocupan, por lo común, el reverso de las monedas; las segundas
se figuran en el anverso, y representan una deidad protectora en
las ciudades antiguas, el retrato del príncipe en las monarquías
de todos tiempos, la imagen de la naci(3n en las repúblicas mo-
dernas. Ni una ni otra especie de signos puede ser inventada á
capricho sin exponerse á caer en grandísimas aberraciones y fal-
tas de sentido que conviertan fácilmente en blanco de dichos agu-
dos tan preciado atributo de autonomía nacional como la moneda;
pero los escudos de armas se hallan más especiahiiente en ese
caso, porque estando compuestos conforme á un arte secular y
propio, alterar sus reglas equivaldría á usar las palabras de un
diccionario sin querer sujetarse á las reglas de la sintaxis. Si ha
de haber escudos de armas, construyanse por los principios, y
mejor dicho, costumbres de la Heráldica, ó bórrense del todo
reemplazándolos con un mole ó letrero que diga claro y castellano
lo que se quiere esponer.
Conocidos los principios que ha tenido presentes la Comisión,
pueüe ya exponer la composición que mejor le ha parecido para
el objeto de este informe. La primera pregunta que se ha hecho
á sí misma es si debe haber ó no escudo de armas ; y aunque el
texto de la consulta lo da por supuesto, no está demás robustecer
su conclusión afirmativa con el uso constante de todas las naciones
modernas que lo conservan, cualquiera que sea su forma de go-
bierno. Ocurre en seguida si sería fiel representación de la Repú-
blica federal gral)ar en orla ú otro genero de enlace los escudos de
los diversos Estados que hayan de componerla; pero la Comisión
ha opinado resueltamente en contra de tal idea, por dos razones
principales; la primera, fundamental, porque la Nación no es la
suma de los Estados diversos sin más unidad que una alianza
material de dispersos elementos, sino que estos han de ser miem-
bros de un organismo único que tiene existencia propia y que en
la moneda ha de verse reflejada: la otra razón es de dificultad
práctica; pues los nuevos Estados, en su mayoría, carecerán de es-
cudo, por cuanto hasta hoy no han vivido, por sí solos en la his-
toria; y buscar empresas heráldicas fuera de ella es hacer el ridí-
culo papel de los nobles improvisados del antiguo régimen, que
ESCUDO DE ARMAS, LEVENDA Y ATRIBUTOS DE LA xMO.N'EDA. 195
compraban en casa del rey de armas lo que con más inotivo que
nunca se podría llamar los muebles de sus recargados blasones.
Verdad es que se dan ejemplos de escudos así dispuestos en mo-
nedas de las confederaciones de los Países Bajos en el siglo xvi;
X^ero contra ellos son decisivos los de las actuales Repúblicas de
Suiza y de los Estados-Unidos, cuyos emblemas son tan sencillos
como una cruz ó un águila. El glorioso escudo de la Nación es-
pañola es, pues, lo que deberá ostentar el reverso de la moneda,
y su composición no tiene que variar en nada del i]ue propuso la
Academia de la Historia al Gobierno de 1868. Desterróse enton-
ces el blasón que la rama española de los Borboncs bcredó de sus
antecesores, y se adoptó un escudo exclusivamente nacional, que
explicase el territorio que seguía las mismas leyes y banderas, in-
clusos los del otro lado de los mares, separando toda idea de ex-
traña dominación ó personal vasallaje. Durante el breve período
monárquico que sucedió á aquella época, y á pesar de las amis-
tosas advertencias que alguno de los firmantes de entonces y de
ahora dirigió á los individuos del Gobierno, dicho escudo fué ex-
trañamente adornado con el escusón de la familia reinante, ppo-
duciéndose una composición híbrida, contra toda regla heráldica
y fuera del sentido político que dicho escudo quería simbolizar.
Suprímase ahora tan inoportuna pieza, y quedará como el blasón
más propio de la República española la enseña que el uso tiene
ya recibida, y cuya descripción se omite por constar con el por-
menor debido en el citado dictamen de la Academia de la Histo-
ria de 12 de Noviembre de 1868, existente en ese Ministerio.
No se crea que tal escudo es ajeno á la idea federal; pues lleva
escrito en sus cuarteles la federación en su sentido histórico, que
es el único apropiado á la Heráldica. León, Castilla, Aragón, los
Estados musulmanes, Navarra y los países de Ultramar, son las
unidades políticas que han venido á fundirse en la gran unidad
nacional existente, como los afluentes de primer orden de un gran
río, dentro de cuyas madres vienen los arroyos y fuentes más
pequeños á perder hasta la memoria de su nombre y de sus cau-
dales. Esos símbolos son también los únicos que tienen verdadera
significación propia y que corresponden á un territorio y no á una
capital que le da nombre, como sucede con las actuales provin-
196 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HIST0RL4.
cias; y si en vez de colocarlas dentro de un escudo se repartieran
en escuditos aislados, se creería con razón que significaba la mo-
neda el trastorno y quebrantamiento de una patria despedazada.
Lo que debe variarse en el reverso es el timbre. No existiendo
ya el inconveniente que expuso la Academia de la Historia, nin-
guno mejor que la corona cívica, que lejos de denotar dominación
ni desigualdad de ningún género, ni traer con sus hojas dolorosos
recuerdos de sangrientas batallas ó desesperados asaltos, repre-
senta de una manera translaticia la conservación de la República
y la salvación del Estado, significada frecuentemente en los ro-
manos troqueles con la leyenda oh cives servatos, que dentro de
su círculo ostentaba. Algo difícil podrá ser acomodarla armóni-
camente en el sitio que la vista del vulgo está habituada á ver
ocupado por real diadema; pero el obstáculo no es de gran monta,
y sabrá sin duda vencerlo el artista que se encargue de la obra.
La otra federación, la federación política, no puede significarse
sino en la imagen de la Nación, que como dueña de sí misma,
ocupa en el anverso el sitio destinado antes al busto del príncipe.
Para la moneda de 1868 se había propuesto ya una figura de la
España, de cuerpo entero, en actitud reposada, como convenía á
un tiempo de tregua, ó suspensión en la marcha política del país.
Razones varias obligan hoy á mudar ese tipo, y entre ellas es la
principal la necesidad de que el cambio de tiempo se refleje en el
cambio de alegorías. Tan inútil como inventar un, nuevo escudo
sería querer producir con el buril una imagen de España fuera de
todo antecedente histórico ó consuetudinario, pues sin un libreto
que la explicara, es seguro que nadie entendería el pensamiento
del artista. Un modelo apropiado sólo puede buscarse donde el
primero, en la Numismática antigua, y si de allí se sacó el de Es-
paña próspera y civilizada del tiempo de Adriano, podremos sacar
también el de la Nación, que ya unificada en sus naturales lími-
tes, es la primera que se alza indignada y potente contra la tira-
nía insensata del último Cesar, y merece después del triunfo ver
perpetuada su memoria en los bronces y en los áureos de Galba,
aclamado como libertador del mundo romano. La cabeza de la
Hispania aparece en esos «•unos dotada de juvenil atractivo, to-
cada airosamente con una corona de sus propios cabellos retorci-
ESCUDO DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 197
dos y una scacilla laurea, acom|iañaJa por un lado de, dos dardos
y un escudo, por otro de dos granadas espigas. Más rígidamente
clásica se podría buscar otra cabeza en griegos modelos; no más
^graciosa ni directamente alusiva á las circunstancias. Sobre la
figura de cuerpo entero, el busto tiene la veníaja de llenar mejor
el campo de la moneda; el peinado liso da á la cabeza una redon-
dez con cuya curva nunca podrá luchar en noble belleza ningún
artificio decorativo, y los atributos que la rodean manifiestan á
nuestro pueblo, laborioso en la paz y heroico en la guerra, capaz
de producir con levantado aliento é incansable constancia opimos
frutos de sus afanes, épicas hazañas de su valor. Y el pequeño
escudo que como arma nacional se ostenta, signo es mudo tam-
bién de la federación política; porque en antiguos lienipos, las
ciudades que por razón de sus libertades municipales se denomi-
naban foederatae^ consagraban en los templos y estampaban en
las medallas el escudo liso, simbolizando la inmunidad que goza-
ban en aquel instrumento bélico, cuyo empleo era para el res-
guardo de la vida y del honor del combatiente, no para la des-
trucción del contrario, como sus leyes y privilegios se dirigían á
defender de todo ataque interesado ó caprichoso el bienestar de
los ciudadanos.
El influjo de la moda echará de menos sin duda alguna el go-
rro frigio como emblema do la libertad. Desde luego, aunque esa
insignia fuera aceptable, no debería ser colocada sobre la cabeza
de la España por no corresponder á su composición originaria,
y porque quedaría perjudicada la belleza del conjunto con ese
aditamento, segiin ya antes se ha apuntado. Pero el gorro frigio
republicano no es sino uno de tantos errores que se acreditan en
el vulgo por la ligereza de una erudición á medias. El gorro fri-
gio, en las obras del arte antiguo, no denotaba nunca libertad,
sino extranjería, y particularmente procedencia del Asia menor:
el gorro que entre los romanos recibía el esclavo libertado, con
que la plebe se adornaba en las Saturnales y que en su derecha
mano mostraba la estatua de la Libertad, era un gorro de fieltro,
enteramente cilindrico y sin tinto alguno; adorno personal que
podrá ser muy significativo si así se quiere, pero tan de poco
garbo y vistosidad, que es dudoso que nadie quisiera pasear con
198 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
él las calles de una ciudad de España. Ni la imagen de la Liber-
tad llevaba gorro, ni cubierta, ni adorno alguno que aprisionara
su rizada cabellera, antes bien en los anversos de la familia Cas-
sia, su busto posee semejanza notable con el que para España se
acaba de proponer, como si ya en tan remotos tiempos se hubiera
sentido ó adivinado cuan bien habían de parecer en la una los
rasgos y atributos de la otra de estas dos alegorías. Por otra parte,
aunque no existiera ese error, propagado por los jacobinos de Pa-
rís al aceptar como enseña el birrete de los presidiarios amnis-
tiados de 1790, un Gobierno que desee conducir á la República
por las vías de la justicia, del orden y del progreso, debe apartar
de sus sellos un símbolo que despierta tristes memorias de terror
y de luto, y puede alentar esperanzas de desorden y de total ex-
travío. Aun en su forma apropiada y clásica, como en siniestro
vaticinio, aparece el gorro del liberto en las medallas de Bruto en
medio de dos puñales y con la fecha cruenta de los Idus de Marzo
debajo. Y finalmente, ¿es acaso la libertad romana la que acla-
man y defienden los pueblos modernos? ¿Es la libertad concedida
por generoso patrono que regala al siervo los arreos del ciuda-
dano, o la del hombre libro que reconoce su derecho y su deber
por un acto de su voluntad propia? Debe, pues, ser proscrita esa
insignia, falsa si á lo antiguo se mira, inconveniente si se atiende
á lo moderno.
En cuanto á las leyendas, la sencillez es lo único recomenda-
ble. En el anverso no debe decir más que «República española»
y el año: en el reverso el valor, ley y peso de la moneda, y los
signos de la fábrica. Las orlas, gráfilas y demás accidentes deco-
rativos deben quedar al prudente arbitrio del artista. Para su ayu-
da, y no como prescripción, se acompañan modelos del tipo reco-
mendado en este informe y ejemplos de los mejores dibujos de las
piezas heráldicas del escudo en mayor escala , todo como prueba
del deseo de acierto que ha animado á las dos Academias en el
desempeño del difícil encargo que V. E. se ha servido confiarles.
José Amador de los Ríos. Aureliano Fernández Guerra.
Eduardo Saavedra. Ponciano Ponzano. Vicente Palmaroli.
Medrid 30 de Julio de 1873.
VARIEDADES.
MEMORIA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA
DE MISIONES DE INDIOS GUARANIS *.
(Continuación.)
138. Para medio dia tienen * dispuestas seis ii comida,
ocho mesas de combite, que se hace en casa del Gor-
rexidor, y en las de algunos Caciques y Gavildantes;
para los quales ' se da de los bienes de G.omunidad
para cada mesa un toro, un poco de sal , y un par de
frascos de miel; y ellos agregan délo suyo, lo que
pueden. En cada casa de las que hay combite *, dis-
ponen una mesa larga en los corredores, que suele
ser una tabla angosla sobre dos palos, y una mesita
chica adornada a manera de altarito con respaldo, en
la que colocan alguna ymagen o estampa de Santo:
en esta mesita ponen las viandas mas ñnas y delica-
das, como son aves, pasteles, batatas cocidas, o asa-
das, pan, etc. Estas mesas, con mas algunos grandes
pedazos de asados, y otras cosas , las traen a la plaza
cerca de la puerta del Golexio a las doce del dia, a que
el Gura les heche la vendicion; a cuya ceremonia gus-
* Véase el cuaderno II del tomo IV.
' En la edic. de Ang-eüs: tiene.
3 En la edic. de Ángelis: para las cuales.
•* En la edic. de Angelis: En cada casa en que hay convite.
200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
tan los yndios el que asistan * todos los españoles
que hay en el pueblo, particularmente si está el Go-
vernador o Theniente gobernador: y luego que el Gura
les vendice la comida, saludan con toque de cajas, y
clarines, y baten las banderas, y la música entona
una letra que tiene dispuesta en su ydioma ^ para dar
gracias a Dios que les dá de comer: y hecho esto se
retiran con las mesas a sus casas, y se ponen a comer
en los corredores; lo que executan estos dias con toda
ceremonia. No se sientan en aquellas mesas, sino los
que son convidados, que deben tener oficio, o cargo:
tampoco se sienta ninguna yndia: y en tomando ^
asiento los yndios, que todos dan la cara a la plaza,
vienen las mugeres, o hijas de los combidados*,cada
una con un plato de barro grande; llega , y lo pone
debajo de la mesa a los pies del padre, o marido, y se
retira un poco, manteniéndose en pie frente de su
marido todo el tiempo que dura la comida; la que van
sirviendo algunos yndios que traen a cada combidado
un plato de buen porte, colmado de comida, del que
come un poco o hace que come , y luego lo desocupa
en el plato que tiene a sus pies; da el plato vacio, y
se lo buelben a traer lleno de otra cosa, o de la
misma, y hace lo mismo que con el primero; y asi
continúan hasta que concluyen: de modo que juntas
en un plato ^ todas las sobras de cuantas viandas les
han servido a la mesa; asta los dulces, si los ay, los
juntan con lo demás. Luego que han acabado de co-
mer llegan las mugeres * y toman los platos de las
* En la edic. de Ángelis: g-ustan los yndios que asistan.
- En la edic. de Ángelis: y baten las banderas y la música, entonan
una letra, que tienen dispuesta en su idioma. Parece más correcto el
texto de la copia ms.
5 En la edic. de Ángelis: En tomando. Omite: y.
* En la Edic. de Ángelis: las mugeres é hijas de los convidados.
5 En la edic. de Ángelis: juntan en un plato.
6 En la edic. de Án¿elis: Luego que han acabado llegan las muge-
res. Omite: de comer.
MISIONES DE INDIOS C.UARANIS. 201
sobras, y so los llevan a sus casas a donde tambiea
van los maridos con sus hijos, o amigos , comen lo
que ha sobrado con el combile *.
139. Aunque los Gorrexidores tenian el mismo es- Combite de
Corregidores
tilo quando yo vine a estos x^ueblos, lo han desterrado
enteramente en sus particulares; y el combite que en
estas fiestas, y en la del Santo Patrón titular del
pueblo tienen en su casa, lo hacen ya del mismo
modo que los españoles. Dentro do su casa disponen
la mesa bien servida, y aseada; en ella sientan las
mugeres juntamente con sus maridos y se portan con
sobriedad: los Guras * van a casa de los Gorrexidores
a vendecirles la mesa. A la tarde corren sortija en la
plaza, dando premios al que la lleva , y a la noche se
repiten los bayles, y menguas.
140. De estas funciones, la que se hace con mas Funciones dei
Santo titular
solennidad es la del dia del Santo Patrón del pue- del pueblo,
blo ^ Para ello disponen en la plaza, en la entrada
de la calle que está en frente de la puerta de la ygle-
sia, vn castillo o andamio hecho de maderos altos, en
el que forman pórticos, y balcones con ramos verdes
que adornan con colgaduras , y bastidores de lienzo
pintados *: alli colocan en un altar la ymagen del
Santo titular, y delante al pie del mismo altar dejan
lugar para enarbolar el Real Estandarte. Desde muy
temprano, la mañana de la víspera, ya están todos
los Gavildantes, Oficiales Militares ^ y demás em-
pleados del pueblo, vestidos y con caballos ensillados
1 En la edic. de Angelis: á donde también van los maridos, y juntos
con sus hijos ó amigos, comen lo que ha sobrado en el convite.
2 En la edic. de Ángelis: y los curas.
3 En la edic. de Ángelis: la del dia del santo del patrón titular del
pueblo. Es errata la repetición del artículo del antes de la palabra pa-
trón, y hade corrregirse: la del dia del santo patrón titular del pueblo.
* En la edic. de Ángelis: con ramos verdes, y adornan con colgadu-
ras y bastidores de lienzo pintado.
5 En la edic. de Ángelis: oficios militares.
202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORL\.
para salir a recivir al camino al Governador, a los
Theiiientes, a los Curas ', Administradores y Gavildos
de otros pueblos, convidados a la fiesta, y tienen pues-
tas espías * en todos los caminos, y en avisando que
viene alguno, salen a medio quarto de legua a encon-
trarlo; allí lo saludan, le dan la vien venida, y le
acompañan ^ hasta su alojamiento. En estos recivi-
mientos pasan toda la mañana, empleando los inter-
valos de tiempo en correr a cavallo al rededor de la
plaza; que es la pasión mas dominante de los yndios,
que no cesan de correr los tres dias que dura la fun-
ción; y para ello tienen reservados con mucho cuy-
dado los caballos del Santo * : y estos solo en faenas
particulares sirven, pero no en el servicio diario de
las estancias: lo que también es conveniente, pues se
hallan en buen estado aquellos caballos, quando se
necesitan.
Alférez Real. 141. En el Rexidor primero es en quien recae el
empleo de Alférez Real; a cuya casa de Gavildo acude
el a las doce del día * y lo acompañan a las casas de
Gavildo ", en donde le entregan la ynsinia de Alférez
Real, que es un bastón alto que tiene sobre el puño
un escudo de plata del tamaño de una mano, en el
que están gravadas las Armas Reales. ALAlferez Real
acompaña un yndiccito que le sirve de paje, y le lleva
• En la edic. de Ángelis: á los tenientes y á los curas.
2 En la edic. de Ángelis: convidados á la fiesta: tienen puestas
espías.
5 En la edic. de Ángelis: y lo acompañan.
* En la edic. de Ángelis: reservados con mucho cuidado los caballos
que han de servir esos dias, á los que llaman los caballos del San-
to. Se ve que es más completo el texto impreso.
5 Es más correcto en la edic. de Ángelis: á cuya casa acude el Ca-
bildo á las doce del dia. Así también se escribió primeramente en la
copia MS.: a cuya casa acude el Cavildo, en donde le entregan, etc.
El copiante omitió aquí algunas palabras, y al escribirlas luego entre
renglones, borró la palabra Cavildo donde la había escrito, y la tras-
ladó escribióndola entre renglones, según se ha conservado en el texto.
*• En la edic. de Ángelis: á la casa de cabildo.
MISIONES DE INDIOS GL'ARANIS. 203
el bastón quando el lleva el Real Estandarte. Para
uno y otro tienen los pueblos vestidos iguales, con
bordados y galones muy costosos: pero, como están
cortados a la antigua, y no les ajusla a sus cuerpos,
los hacen ridículos. El Alférez Real toma el Real Es-
tandarte, y con todo el acompañamiento lo lleva y co-
loca en el Castillo, repitiendo muchas veces: Viva el
Rey Nuestro Señor, D." Carlos Tercero. Desde
alli van todos a la puerta de la yglesia, y descubren
el Real Retrato ' en la forma que queda dicho, y des-
pués'entran en la yglesia en donde se canta la Ma-
gníficat ', y se retiran acompañando hasta su casa
el Alférez Real.
142. A la tarde, después de dados dos repiques de Paseo dei Real
'- ■• ^ Estandarte.
campanas para anunciar las Vísperas, va el Cavildo,
montados, y acompañados de los Oficiales Militares '
y demás concurrentes, a casa del Governador o The-
niente de Governador *, a sacarlo para el paseo del
Estandarte: donde concurren todos los Administrado-
res y demás españolea concurrentes, como asi mismo
los Correxidores, y Gavildos de otros pueblos; y todos
montados van desde alli a casa del Alférez Real, al que
acompañan y llevan a que tome el Real Estandarte, y
al recivirlo repite el Viva el Rey al son de caxas,
clarines, campanas y varios tiros de camaretas; y dis-
puestos en buen orden dan buelta a la plaza ^, cami-
nando delante los Oficiales Militares de a pie con la
vandera ®, picas, y demás ynsignias, jugándolas, y
batiendo las vanderas de trecho a trecho, y repitiendo
Viva el Rey. Llegan a la puerta de la yglesia, en Función dt
donde esperan los Curas y todos los Relijiosos con-
En la edic. de Ang-elis: y descubren el retrato.
En la edic. de Ángelis: se canta el magníficat.
En la edic. de Ángelis: de los oficiales reales.
En la edic. de Angelis: ó Teniente Gobernador.
En la edic. de Ángelis: dan vuelta la plaza.
En la edic. de Angelis: con las banderas.
204 boletín de la real academia de la historia.
curreutes '; los que, después de dada el agua vendita,
acompañau hasta el presbiterio al Real Estandarte;
el que recive el Gura, o el que ha de celebrarla Misa,
y lo coloca * dentro del presbiterio al lado del Evan-
gelio, en un pie de madera, y al Alférez Real le ponen
silla, tapete y almoada, al mismo lado fuera del pues-
viterio ', en frente de la que ocupa el Governador ó
Theniente governador; y, en acabándose las Yisperas,
buelven a retirarse en la misma forma; y, dando an-
tes buelta a la plaza, colocan el Real Estandarte en su
lugar.
143. Al otro dia se repite el paseo, y se canta la
Misa, como la tarde antes las Visperas, y a las doce
del dia se reserva el Real Estandarte: pero el Real
Retrato permanece descubierto todo el dia; el que
ocupan en correr en la plaza, en bayles, sortija a la
tarde y otras diversiones. En la forma dicha continúan
lo mismo el dia siguiente; en el que suelen correr al-
gunos toros, cortadas las aspas para que no lastimen
a los toreros, que son muy torpes, y atrevidos. En al-
gunos pueblos representan a las noches operas o co-
medias truncadas; pero, como los representantes son
yndios, y los mas de ellos muchachos, y no entien-
den lo que dicen, ni pueden pronunciar bien el caste-
llano, se les entiende poco, y tiene * poca gracia estas
representaciones para los españoles y para ellos.
144. Al medio dia juntan las mesas en la plaza
para la vendicion en la forma dicha. Regularmente
pasan este dia de veinte mesas las que se disponen, y
en algunos pueblos ricos aun llegan a ciento, y todas
muy abundantes de carne; pues el pueblo mas econo-
* Más correcta la copia ms. que la edic. de Angelis, cuyo texto dice:
Llegan ú la puerta de la iglesia, donde esperan los curas á todos los
religiosos concurrentes.
* Ku la edic. de Ángelis: y coloca.
3 F.n la edic. de Angplis: al mismo lado de afuera del presbiterio.
* En la edic. de Ángelis: y tienen.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 205
mico es preciso gaste este dia quando menos cinquen-
ta toros, porque de los pueblos inmediatos concurre
mucha gente, y a todos dan de comer con abundancia.
145. En esos dias se reparten, al tiempo de los
bayles, sortija, y toros, varias menudencias de las que
se trabajan en los pueblos, como son rosarios, vasos,
cucharas, peynes de aspa, y lienzo de algodón: tam-
bién se les dá, si ay en el almacén, agujas, cintas,
cuchillos, y otras menudencias que ellos estiman mu-
cho. De esto, unas cosas se dan por premio a los que
baylan, o llevan la sortija; y otras se tiran a que las
cojan; que es en lo que ellos tienen mas diversión, y
se juntan todos a cogerlas; y hasta los Cavildantes ',
si cae alguna cosa acia adonde * están sentados, olvi-
dan la formalidad con qne están, y se arrojan como
niños a coger lo que pueden; aunque ya en el dia se
contienen algo.
146. Todo el año trabajan gustosos, solo con la
esperanza de que la tiesta se haga con grandeza; y, si
se les quiere cercenar algo, contestan queellos traba-
jan contentos solo con el fin de gastarlo ese dia; y, si
a pesar suyo se moderan los gastos, se reconoce des-
mayo en adelante en la aplicación al trabajo.
147. Aunque por la costumbre que tienen de acu- Algunas parti-
dir a sus distribuciones, saben el dia y hora de todo, deíacostum-
están tan acostumbrados a no hacer nada sin que se dios. ^^'
lo manden, que para todo aguardan la señal del tam-
bor, o la voz del pregonero, o publicador: y asi en
todo el dia se oyen repetidos toques de cajas, y publi-
car por las calles lo que deven hacer. Al alva, luego
que la campana hace la señal ', corresponden los
tambores, y se reparten por las calles algunos yndios,
que a voz alta les dicen se levanten a alabar a Dios, a
i En la edic. de Ángelis: hasta los cabildantes. Omite: y.
2 En la edic. de Ángelis: hacia donde.
3 En la edic. de Ángelis: hace señal.
206 BOLEríX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
disponerse para ir a la yglesia a oir Misa, y después
al trabajo; y que asi harán la voluntad de Dios, se
proporcionarán el sustento, y agradarán a sus supe-
riores. En todas las horas del dia repiten esta misma
diligencia conforme lo que tienen que hacer; lo mis-
mo para que acudan al Rosario, sin embargo de que
la campana les avisa.
148. Aviendo yo notado que en varias horas de la
noche tocaban las cajas, particularmente a la madru-
gada, me movió la curiosidad a preguntar a que fin
eran aquellos toques; y me respondieron que siempre
havian tenido aquella costumbre de recordar toda la
gente en algunas oras de la noche, y que por eso lo
hacian. Apurando mas esta materia, y su origen, me
digcron que los Jesuítas, conociendo el genio perezoso
de los yndios, y que, cansados del trabajo de todo el
dia, luego que llegaban a sus casas, y cenaban, se
dormían hasta el otro dia, que al alva los hacian le-
bantar ' para ir a la yglesia, y de alli a los trabajos,
no se llegaban * los maridos a susmugeres en mucho
tiempo, y se disminuía la populación; y que por eso
dispusieron el que en algunas oras de la noche los re-
cordaran, para que asi cumplieran ' con la obligación
de casados.
149. No se nota en estos pueblos aquel bullicio que
ocasionan las gentes en las poblaciones : cada uno en
su casa observa un profundo silencio; no se juntan a
conversación ni diversión alguna; ni, aunque estén
juntos^ se les ofrece que hablar, porque están faltos
de especies; ni tienen juegos, ni se divierten en las
plazas, ni calles *, como es propio de su edad : no se
1 En la etlic. de Angelis: les hacian levantar.
* En la edic. de Ángelis: asi, no se llegaban.
3 En la edic. de Angeli^: para que cumplieran.
* Falta en la copia ms., según el testo iii>preso de la edic. de Ange-
lis, donde se lee: ni tienen juegos para pasar el tiempo desocupado, ni
aun los mudiachos juegan ui se divierten en las plazas y calles.
MJSIONES DK INDIOS GUARANIS. 207
oyen cantares en su ydioma, ni en castellano; y asi
no se les oye cantar en sus faenas, ni ocupaciones,
como lo acostumbran los trabajadores para aliviar el
trabajo; ni tampoco cantan los yndios ', ni aun savcn
ellos ni ellas hablar alto. Desde chicos los criaban en-
cogidos * que, si les mandan llamar a alguno, aunque
lo tengan a la vista, no savcn levantar la voz para lla-
marlo, y van donde está, y alli le dicen lo llaman ':
tampoco acostumbi'an , ni les permiten * el tocar en
sus casas guitarra, ni otro ynstrumento ", y menos el
tener bayles caseros: en el dia se les permite, aunque
con bastante limitación ®.
150. Esto es lo mas particular del govierno politi-
co, y económico de estos yndios; cuya noticia podrá
contribuir a formar cabal concepto de lo que son, y
del estado en que se hallan.
151. Ya que he referido a Vm. lo que me ha pa- Naciones con-
finantes,
recido mas particular de esta provincia, y sus natura-
les, discurro no le ser¿í desagradable el que, antes de
pasar a tratar de otros puntos, le hable a Ym. algo de
las naciones de yndios ynüeles, confinantes con estos
pueblos; asi por lo que pueden con el tiempo aumen-
tar esta provincia, como porque con su noticia se po-
drá formar mas caval concepto de todo lo dicho, y de
lo que después propusiere para los fines de mejorarla,
Y, omitiendo la nación de los Guaycurus, que antes
molestava los pueblos mas inmediatos al Paraguay,
porque ya en el dia se considera distante, mediante
las acertadas providencias del actual Governador, el
gor jyn Pedro Meló de Portugal que, con haver esta-
blecido las poblaciones de Ñembuá, y tomado otras
En la edic. de Ángelis: las indias.
Así en el ms. En la edic. de Ángelis: los crian tan encogidos.
En la edic. de Ángelis: y alli le dicen, que lo llaman.
En la edic. de Ángelis: ni les permitían.
En la edic. de Ángelis: guitarras ni otro instrumento.
En la edic. de Ángelis: con bastante (así) limitaciones.
208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
providencias, ha sugetado aquella nación, do modo
que no ha dejado ni el menor recelo de imbasion en
estos pueblos, hablaré solamente de los Guayanás, los
Tupiis', los Minuanes y Charrúas.
Yndios Guaya- 152. Yajo de la nominación de Guayanás com-
prehenden estos naturales a otras muchas naciones
que tienen cierta relación entre si, y que su genio ^,
costumbres, y lenguaje se diferiencian poco ': este es
semejante al guaraní, y probablemente tiene el mis-
mo origen; y, aunque alterado y disfigurado * con
distinto acento, y pronunciación, los entienden con
poca dificultad los yndios de estos pueblos.
fSe continuará.)
' En la edic. de Áng-elis: bs Tupís.
2 En la edic. de Ángelis: ^ cuyo genio.
3 En la edic. de Angelis: se diferencian poco.
4 Así en el ms. En la edic. de Angeli?: y desfigurado.
-.At/i*-- nr.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,
TOMO IV. Abril, 1884. cuaderno iv.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
Acaba de encontrar en Tarazona, el Sr. Vizconde de Alcira,
D. Arturo Bertodano de la Cerda, una importante lápida romana
(Hübner, 2986) sobre cuya situación y lectura discrepan varios
autores. Ha sido recogida por el Sr. Vizconde dentro de una
cerca contigua al paseo de Cristina detrás de la catedral.
La Academia en sesión del L4 de Marzo acordó el nombra-
miento de su individuo de número el Sr. Rada y Delgado, para
que la represente en la solemnidad del centenario de Saavedra
Fajardo que tendrá lugar en la ciudad de Murcia en los primeros
y próximos días del mes de Mayo.
En Talavera de la Reina, hacia el ;íngulo exterior del muro
occidental y á corta distancia del Cristo de la Guía, se han des-
cubierto los restos del cementerio romano. Entre los objetos reco-
gidos al abrirse las sepulturas, merece singular mención un ani-
llo de oro macizo con camafeo sigilar que representa un sátiro, y
se extrajo del dedo anular del cadáver. Este hallazgo confirma lo
TOMO IV. • 15
210 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA.
que habían acreditado las lápidas romanas de la ciudad (H, esto
es, que el cerco de la antigua muralla corresponde á corta dife-
rencia con el emplazamiento de la lusitana caesarobriga.
La impresión de los cuadernos de Cortes de Cataluña, sigue
sin interrupción su curso, habiendo llegado ya el turno de publi-
cación á los del reinado de D. Jaime II de Aragón.
(1'; Boi EríN, tom. II. pág. 248-2^8.
INFORMES.
INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO.
De ninguna inscripción romana hace mérito el tomo xlviii de
la España Sagrada (Madrid, 1862), destinado á tratar de la Santa
Iglesia de Barbastro en su estado antiguo y moderno. Va prece-
dido de un buen mapa de la diócesis, donde es fácil seguir el
curso de las observaciones geográficas y de los descubrimientos
epigráficos que refiero.
La edad visigótica nos ha legado un monumento de primer or-
den, que arroja mucha luz sobre la división territorial de la co-
marca del alio Cinca. Hállase en la Biblia antigua de la catedral
de Huesca, y puede verse en el apéndice iii al tomo ii del Apa-
rato á la historia eclesiástica de Aragón^ escrito por D. Joaquíu
Traggia y publicado en 1792. Está el documento fechado el día 29
de Setiembre del año segundo del Rey Agila (551) en el monas-
terio de Asan, regido á la sazón por San Victoriano. La copia no
ha salido del todo exacta. Da margen á dificultades que deberían
resolverse teniendo á la vista el original de la Biblia Oséense, ó
la fotografía del instrumento. Por de pronto, con lo publicado
nos ha de bastar al intento de restituir al mapa romano de la re-
gión lo que inesperadamente nos acaban de señalar los epígrafes.
Indica el texto documentarlo las posesiones que cedió el diíí-
cono Vicente de su propiedad en beneficio del Monasterio:
212 boletín de la real academia de la historia.
«In térra Barhotano, arcaraimo (I) porcionem meam. Sub monte polena-
ria cum lueariano porcionem meam. In térra Laheclosano (2), Calasanci (3),
cum, electo, borgisal (4) porcionem meam, Berce (5) porcionem meam, Alta-
tine [6) porcionem meam, Mare mortuum (7) porcionem meam, Petraro-
tiinda (8) porcionem meam. In térra Hilardensi, pinmanico porcionem
meam, Céreo magno porcionem meam, ad domum Eulali porcionem meam,
Semproniano porcionem meam, ad domum reciarii porcionem meam, Lacuna
rupta (9) porcionem meam, Aaduso porcionem meam, Ause vero porcionem
meam. Ex integro,ita ut in monabterium Lobe, si ipsi jusseritie, debeat de-
serviré. In térra Boletano, senguanis (10) porcionem meam, segini... vel
alias estrivola ( H] ubi me porcio contingit. la térra ccsaraugiistana ad no-
ce (12) porcionem meam. In trigario porcionem meam.»
Tres distritos visigodos, que corresponden próximamente á los
modernos de Barbasiro, Bqltaña y Benavarre se ven marcados
por la escritura, Barhotano, Boletano y Labetolosano. Resta en-
contrarlos en la edad romana.
I. Lápidas del monte Cillas, término de Cosco-
juela de Fontoba.
Dos leguas al septentrión de la ciudad de Barbastro, entre la
margen derecha del Ginca y la carretera que sube á Boltaña, se
ve blanquear sobre la cumbre del monte Cillas la ermita de
Nuestra Señora del Socorro, actualmente en reparación. Toda la
cima y campos adyacentes se hallan atestados de cerámica ro-
mana. Esta iglesia con el nombre de Celias y las vecinas de Hoz
(Osea) y Goscojuela (Coscollola) fueron asignadas en el año 1099
(I) Azara?
12) El original habrá dicho Labetlosano por abreviación de Labetolosano.
(3) Calasanz.
(4) Cauín del Itinerario de Autonino, Ilche, Berbegal.
(ü) Bierge? Pertusa, en las variantes del Itinerario, se escribe Pertula, Percala.
(6) Odina.
O) Vacamcrta (?) entre el Ésera y el Barranco grande. Vaca pudo provenir del ára-
be jsr', (mar).
(8) La Croqueta (Obarraj?
(9) Laguna rota, dos leguas distante de Sariñena.
(b>) Señes, ayuntamiento de Serveto, colindante con el de Sin, en el distrito de
Boltaña.
(II) Eripol?
(12) Lanuza?
INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE UARBASTRO. 213
por el rey D. Pedro I, como dotación de la de Alquézar. El di-
ploma se halla continuado en el tomo iii de Manuscritos, fol. 33,
que el Sr. Abad y La Sierra, nuestro digno socio honora-
rio, nos legó al morir (1806), y posee nuestra Biblioteca (estan-
te 21, gr. 3/)
A nuestro Correspondiente, alcalde que ha sido de Monzón,
D. Mariano Paño, agradecerá la Historia el que haya por vez pri-
mera notificado al público la existencia de preciosas inscripciones
en aquel foco de antigüedades romanas. Cuatro lápidas dio á luz
en 1879 (1); mas como no tuviese á mano las dos que acaba de
descubrir, forzosamente hubo de vacilar y dejar en algunas de
Jas que dio á luz expuesto el sentido á la incertidumbre. De unas
y de otras me ha enviado excelentes calcos. Leo y suplo.
4. En la fachada meridional de la ermita. Empotrado casi á
ñor del suelo, mide el mármol unos 16 centímetros en cuadro.
Letras hermosas del primero ó segundo siglo.
C«TVRRANIA
HER • IVSTI
C(aia) Turrania Her(enni?) Justi.
Gaya Turrania mujer de Herennio Justo.
Las cinco lápidas siguientes se erigieron al mismo tiempo. Son
zócalos de mármol, altos 1,5 m. Helos aquí:
2. A pocos pasos de la ermita de la cerca septentrional del
camino de Goscojuela.
P'AEMILIO
DVCTO'BARB
PATRl • JENi\hlM
PLACID/E'H'EXT
P(ublio) Aemili(o) \_Pfuhlii) f(ilio)7^ Ducto Bar'b(otano?) patri yEmilice
Placidce h(eres) ex t(estamento).
Á Pubüo Emilio Ducto, hijo de Publio, natural de Barb(astro?) y padre
de Emilia Plácida, púsole esta memoria el heredero.
(1) La Ciencia Cristiana (Revista madrileña), vol. xi, pág. 187.
214 boletín de la real academlí de la historla..
3, Servia de poyo á la salida del establo, sito al O. de la er-
mita.
M A R I ^ • c o . .
D'FIL'D' V«MAT
^, M 1 L I ^ • P L A
. . .D^ • H • EXT
Mariae Co'ir']di fil(ice) D(ucti) u(¿cori) matri yEmilice Plalc{]dce hferes}
ex t(estamento).
Á Mária, hija de Gordo, esposa de Ducto, madre de Emilia Plácida, el
heredero por testamento.
En Jerez y Montilla (Hübn., 1305, 1542) aparecen los sobre-
nombres Cordus y Cordilla. Rivagorzanos eran los Cordos, des-
critos por Avieno fOra marit. 552-557), gente pirenaica, limí-
trofe de la Cerretana.
4, A pocos pasos de la ermita, en el seto meridional del ca-
mino de Goscojuela.
L« VAL«L-F-&AL
MATERNO
BOLET* H« EXT
L(ucio) Val(erio) L(ucii) f(ilio, Gal(eria) Materno Bolet(ano) hfercs) ce
i (estamento),
A Lucio Valerio Materno, hijo de Lucio, de la tribu Galería, natural de
Boltaña, el heredero por testamento.
Inéditas.
5, A mano derecha del altar de la ermita.
^MlLI^' PLACÍ
DAE • MATERNI
VXORI • H • EXT
yKmiluc Placidae Materni uxori h[eres) ex t( estamento).
k Emilia Plácida mujer de. Materno. Hízole esta memoria su heredero
testamentario.
INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 215
6. Á mano izquierda del aliar.
L • V A L • G A L
M A T E R N O
BOLETANO
M -Cor. POMPE
'ANS- AMICüOPTI
..O OB AIERITA
L(ucio) Val(erio) Gal(eria) Materno Boletano M(arcus) Cor(nelius) Pom-
peianus amico [o^ptimo oh ¡nerita.
A Lucio Valerio Materno de la tribu Galería, natural de Boltaña, amigo
óptimo y benemérito. Enta memoria de gratitud le consagra Marco Cornelio
Pompejano.
7. Estampilla de letra cursiva eu barro saguntino. La reco-
gió y posee el Sr. Paño; otras muchas ha visto y se ha dejado en
las inmediaciones de la ermita, mas no me ha enviado copia.
L'AVRI'OF
Oficina de Lucio Aurelio.
Dos ciudades romanas han comparecido con estas lápidas; y de
hoy más enriquecerán nuestro catálogo geográfico.
El P. Huesca acertó en decir (1): «La villa de Boltaña, sita en
la ribera izquierda del Ara es una de las más ilustres y antiguas
de Aragón.» Mas no del todo en añadir: «Su primera memoria
es la vendición de un molino, hecha por Brandilina al abad Egi-
lano, que según parece lo era del monasterio de S. Pedro de
Arrábaga, sobre el río Ara. Su data en el año» de la encarna-
ción 941, reynando D. García Sánchez desde Pamplona hasta el
valle de Boltaña, a Pampilona usque ad valle Boletanie.
Se halla original en el archivo de la catedral de Huesca,
arm. 1, n. 941. Los Reyes D. Ramiro I, D. Sancho Ramírez, y
(1) Teatro histórico de las iglesias del Reyno de Aragón, t. ix, pág. 4; Zarag-oza, 1807.
•JIT) BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
SUS hijos D. Pedro y D. Alonso confiaron el gobierno de Boltaña
y de su castillo á uno de los Ricos-hombres del reyno, como
consta de sus diplomas en que mencionan de ordinario los Sé-
niores que dominaban en Boltaña.»
Sin duda alguna Boltaña es el municipium Boletaniim afiliado
á la tribu Galeria. No han salido á pública luz sus lápidas, por-
que no se han buscado. Únicamente Traggia en sus Viajes eru-
ditos [i] cuenta que el 13 de Agosto de 1788 salió de Boltaña con
algunas monedas roynanas de las mifchas que se han hallado en
aquel lugar'. No dice cuáles.
El testamento del diácono Vicente, que nos ha conservado el
nombre del distrito de aquella ciudad (boletano), nos ha])la
también del barbotano. Este es el de Barbastro; y lo pruebo
con dos documentos claros y terminantes.
H) Sentencia arbitral del rey D. Sancho Rainirez en el año 1U80 (2):
(dt&rumque constituit ut si, miseraute Deo, fuerit gens Ismaelitarum
a nostris finibus expulsa, sicuti ipso larglente in próximo fr.turuní esse
credimus et speramus, omnis 7-egio Barhutana, sicuti descenditur ex supra-
scripta serra Arvi, habens ex meridiano latere castra 'quae vocantur Nabal
et Salinas et Alchezar, et alia quamplurima, usque ad rivum qui dicitur
Alcanadre, simili modo sit juris eccleeiae Rotensis.)')
2) Decreto del rey D. Pedro I de Aragón en 1 101 (3).
«Ipse (Sancius rex) euim Jaccensi dedit Oscham in sedem cum liberaret
eam; Rotensi vero Barbastram: et posuit inter eos terminara Archanatre
fluvium.»
El nombre de Barbastro no suena todavía en monumentos au-
ténticos, ó documentos anteriores á la Edad Media; pero su in-
mejorable posición como cabeza del distrito, el aprecio en que la
tuvieron los árabes, y otras circunstancias que sobrado conocéis,
todo concurre á txcitar la esperanza de que en breve sus vetustos
recuerdos de la Edad romana colmen con ventaja el claro que
han dejado abierto las lápidas del monte Cillas.
(1) Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Tm^gia mss., tomo xu, fol. 84,
recto.
(2) Villanueva, Viaje literario, t. xv, págr. 283.
(3) Villanueva, Viaje Ut., xv. 3<i3.
iNScnipr.iONE:' ro.iA.NAS de la di )CEsrs di: barbastro.
3. A
í^ifsm¥^-
Inscripcióu geográfica recién hallada en la ermita del Socorro , término de Co3cojuela
de Fontoba, dos leguas al Norte de la ciudad de Barbastro.
iM8 bolktín de la real academia de la H1ST0RL\.
II. Cerro del Calvario, término de la Puebla de
Castro.
Al otro lado del Cinca, casi enfrente del monte Cillas, se ve la
Puebla de Castro, cuyo término limítrofe por el Sur con el de
Ülbena contiene el cerro del Calvario, fecundo en antigüedades
romanas (1).
Hé aquí sus inscripciones, hoy conocidas (2):
8. En el olivar, al E, y en la vertiente del cerro.
MVMMIO
^^ VALENTI
MVMMIVS
PRESSVS
DE SVO POSVIT
Á Mumniio Valente. Mummio Presso colocó este monumento á sus ex-
pensas.
Al lado do esta existe, según el Sr. Paño, otra ara sepulcral
derrumbada é ilegible.
9. «Sobre la cima del Calvario. Es su forma la de un pedestal
ó de una ara, que todavía conserva, en la parte menos expuesta
;i la intemperie, algo del pulimento que le dio el artífice al la-
])rarla. En torno de ella sólo quedan ruinas. Está escrita en her-
mosos caracteres de fines del primer siglo, ó principios del se-
gundo (3).» El Sr. Paño me ha enviado esmerada copia, habién-
dole estorbado el mal tiempo trepar al cerro y sacar la impronta
que le pedí. En la 1.' línea rectifica su edición, privada de la con-
junción ET. Las medidas del epígrafe, á lo que recuerda, son pró-
ximamente «un metro de altura por 0,80 de ancho.» Insiste y se
(1) Cerca de la villa en el cerro, llamado del Calvario, existen vestig-ios de antigua
poMaeión: en los lestos de una ermita que hay en su cima, se ve una losa sepulcral,
romana, y en la vertiente orientaUleeste cerro fragmentos de antiquísima muralla, pe-
dazos de barro snguntino, monedas y otras antigüedades.» Madoz, Diccionario geogm-
/fco-fstafli.itico- /listóríco, &Tt. PUEBLA DE CASTRO.
{2) Paño, La Lectura católica .Revist' madrileña) 1880: vol. ii, pág. 362 y 303.
(8) Paño, /V//V^, pAu. :}(¡2. í- y . ;i ■-,
INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE RARliASTRO. 219
raliíica en la lectura que dio del noml)re geográfico, puesta en tela
de juicio por Hübner (3008) y por Zobel (1); y á la verdad que
razón le sobra.
M . C LODIO
M«F«GAL • FLACCo
n VIRO BIS-FLA
M I N I T R I B V N O
A\ I L 1 T V M • L E C- • I H I
FLAVl/E • VIRO • VRJES
TANTISSIMO • ET • ClVl
ÓPTIMO • OB • PLVRIMA
ER&A • REM. • F • SVAAl
MERITA • CIVES • LABI
TOLOSANI • ET • ÍNCOLA
A Marco Clodio Flacco, hijo de Marco, de la tribu Galería, Duumviro,
dos veces Flamen, tribuno de los soldados de la legión IV Flavia, varóa
eminentísimo y ciudadano óptimo ; por los muchos beneficios que hizo á su
república, le dedican este monumento los ciudadanos y los habitantes de
Labitolosa.
La piedra no se ha movido del sitia donde se hallaba" en
la segunda mitad del siglo xvi. D. Antonio Agustín, obispo de
Lérida ^1 561-1576) y arzobispo de Tarragona (1576-1586), copia
la inscripción (2), que atinadamente enmendó (3); y cita el ori-
(1) 'Posible es que ios Sessarienses sean la misma jente que Plinio (3, 4) menciona
"bajo el nombre, quizás corrompido, de Gessorienses, pues en uno de los códices se lee
Sessorienses. Considero probable que estas monedas liayan sido batidas en Tolosa, hoy
Puebla de Castro, donde se ba bailado una lápida de los cives lalitolosani et iiicolae, y
en que Hübner (Inscriptiones Hisp. Lat., pág-. 408, núm. :iU08) sospecha con razón de-
berá l&^rse flabitolosani ó Jfavitolosani, y corí&\ñ.tx&v el principio del nombre como un
agregado del tiempo de los emperadores Eluvios. Tolous llama esta población el Itine-
rario de Antonino, 391. « Eshtdio ¡iistórico de la monida antigua esiianola, t. ii, pág. 6¿
y 63; Madrid, 1880 —El nombre étnico ¿iessaiYe}s ¿alude á la gente del rio Éseraf
(2) Biblioteca Nacional, cód. Q, 87; fol. 28 recto.— La mayor parte de este códice, ti-
tulado Inscripciones y Memorias antiguas^ proviene de la diligencia infatigable de aquel
ilustre Prelado, modelo de arqueólogos españoles. En el fol. 58 comienzan á correr las
Inscriptiones civitatis Ali/arum, que trascribió (1557-1561) siendo obispo de esta ciudad
en el reino de Ñápeles.
l3) Con las palabras que estampa Hübner.
220 boletín- de la real academia de la HIcTORIA.
ginal como existente ^'in opido popule de Castro dioc. Barhastr.
in herimüa SJ' Corneln.» Lo cual demuestra que la copia se
hizo después de la erección (1573) de Birbastro en Sede Catedral,
acordada por Felipe TI con San Pío V.
Lahitolosa era la plaza fuerte que defendía el paso donde mez-
clan sus aguas el Ginca y el Esera. Yo me inclino á situarla en
el Castro, situado dos leguas al Sur de La Puebla, que me pro-
pongo visitar y explorar en compañía del Sr. Paño. Dos leguas
más al Sur está Olhena en cuyo nombre se traduce algo del pri-
mitivo. Así la verónica Libia (Herramélluri en la Piioja) de Plinio
y del Itinerario en boca de los celto-hispanos debía pronunciarse
'0Aí;3a, como lo escribió Ptolomeo. En la Mancha también aparece
Libisosona óLibisosa (Lezuza). En vascuence lahi significa horno;
y entra en composición de varios nombres geográficos.
Aunque vagas, los escritores árabes han conservado memorias
de la ciudad Labitolosana. Razis, autor del siglo ix, no parece
haberla echado en olvido, pues habla del castillo fuerte de Albena,
ñ Olbena (iJUi ^..^ís^), que formaba con el de Muñones ((j-^^
^J^J;^' v^i^í) cerca de Graus, el de Boltaña (íJ'Js^j) y el de Bu-
baster (j-^^ Bobastro, Balbastro, y-^',y, Barbastro) el formida-
ble parapeto de las vías del alto Ginca y sus afluentes (1).
Aun ahora el Gastro, en medio de su desolación, retiene al-
guna sombra de su antigua grandeza, «El templo es extenso y
magnífico, de arquitectura bizantina. El retablo se hizo el año
1303. En una de las columnas exteriores hay una inscripción la-
tina, donde se lee que allí descansa Andrés Diácono, que murió
el año 1002 (2).» Dícose que el castillo fué recobrado de los moros
por las armas de Garlomagno; y si bien el documento no es tan
fehaciente, como sería de desear, por lo menos consta que lo re-
cobró el conde Bernardo , fundador ó restaurador del monasterio
de Obarra: el cual, apoyado por Garlos el Galvo, limpió de sarra-
cenos la Rivagorza y llevó sus conquistas hasta el castillo de Ga-
(1) Memorias de la Rfal Academia de la ílistoria, t. viii; Mem. del Sr. Gaj-angos, pi-
írina 13 y 41. Compúre.se Yacut, v, 31; Ajhar Marlrmná, págr. 131, 134, 249.
(2) EspaTia Sagrada, xlvhi, 128.
INSCRIPCIONES ROMANAS Dli LA DIÓCESIS UE BAKBASTRO. i^l
lasanz (1). El Códice Logic iieusc, citado por Traggia (2), hace á
D. Bernardo conde de Tolosa, esto es, de Labilolosa.
III. Obarra, término de Calvera.
Desde Graos, la vía interior entre el Esera y el Isábena, que
sube á lecogcr los ramales que bajan de varios puertos del Piri-
neo, toca primero en Fontoba (Fonte Toba) á mano izquierda de
Perrarúa (Petra rúbea), y derecha de Roda (IlotaJ ciudad epis-
copal; y pronto nos lleva, casi enfrente de Terraza (TerrraciaJ y
de Yacamorla f.l/are mortimm?), á Ballábrica (Valle aprica), que
el Isábena flsavana) separa del que fué monasterio celebérrimo
de Obarra. Una roca, ó peña muy ardua, que llaman La Cro-
queta, defiende allí naturalmente el paso; y estuvo coronada por
el castro imponente, que contenía la basílica de San Pedro, hoy
desmantelado y totalmente en ruinas. De este castillo se extrajo y
se bajó al templo de Obarra la inscripción marmórea siguiente (2):
P A AVRELIVS A TEMPESTIVOS a AV
RELIO A TANNEPAESERI a
PATRI A ET A ASTERDV íAHi a
HER aDaSaPaFaC
P(uhlius) Aurelius Tempestivos Aurelio Tannepaeseri patri et Asterdu
matri her(es) cl(c) s(ua) p(ecunia) f(aciendum) c(uravit)
Publio Aurelio Tempestivo, hijo heredero, erigió de bu propio haber este
monumento á su padre Aurelio Tannepéseris y á su madre Asterdu.
(1) <.Bernardus comes Ripacurcie habuit conjuyem nomine Totam fiham Galmdonis
comitis Aragonensis, ex qua genuit tres filios Regimundum et Borrellum et Mironem.
In tempore hujus Ripacurtia et Pallars serviebant mauris; et fertur esse ex progenie
Karoli,cujusvirtute prefatus Comes cum francis expulit ex supradictis locis (et de
Suprarbio quam terram acceperat cum prefata uxore sua} mauros usque Calasanc.»
Esp. Sagr. xlvi, 325.
(2) Memorias de la Real Academia de la Historia, t. v, pág. 320.
(3) «En lo alto de una colina, al poniente de dicha Iglesia, se hallan vestigios del
antiguo Castro Ripacurcense, de que hablan sus escrituras; y en la Iglesia sobredicha
hallé que tenian en lugar de Ara una Lapida con una inscripción Romana, la qual me
dijeron havia estado sobre el portal del Castillo.» Abad y La Sierra, Mss., t. xxxvi, fo-
lio último.-El Sr. Abad y La Sierra estuvo á visitar la iglesia de Obarra en 1772.
222 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA.
El Sr. Abad y La Sierra vio esta inscripción en el altar de San
Pablo, que fué destruido con el desplome del campanario, algu-
nos años há. El ilustrado párroco, D. José Bravo, me escribe que
ha recogido el precioso epígrafe y lo ha pasado y guarda en la
sacristía. Es laja de blanco y ñno mármol, que mide 46 centíme-
tros de alto por 60 de ancho.
Su estudio interesa en primer lugar á la ciencia de los lengua-
jes ibéricos. En lápidas edetanas (1) hemos leido Tannegiscerris,
Tannegaldunis y Tannegadinia; y al otro lado del Pirineo, no
lejos del pucrlo de Benasque (2), Dannorigis y Dannadinnis. In-
termedio entre ambas regiones se coloca Tannepaeseris. Los idio-
mas que produjeron estos vocablos, eran afines. El puro galo
domno, donno, duhno, que se manifiesta en Bumnorix ó Dnhno-
rex (rey del orbe), ostenta en España la vocal a, de sonido claro,
que permite ver ó conjeturar el influjo del vascuence sobre el cél-
tico para constituir en definitiva el celtibérico.
Asterdu es un dativo femenino, que acaso esté por Asterduni.
El sufijo dun pertenece de fijo al vascuence: enakaldún (vascon-
gado), aiirredún (mujer en cinta). Corresponde al participio latino
habens, como es sabido; y contiene tres elementos de estructura
aglutinativa, ó amalgama pospositi^'o: n (pronombre relativo), y
dii que encierra no solamente la idea del latín liahet, sino tam-
bién la determinación á régimen directo de tercera persona. El
primer elemento áster pudo proceder de aste (tiempo, estación,
semana); en cuyo caso Asterdu no parece que debe tener otra
mejor traducción que Tempestiva.
El nombre Áster, aparece como propio de uno de los jueces,
que entre el 20 de Junio del año 87G y del de 877, siendo empera-
dor Garlos el Calvo, fallaron en favor del monasterio de Obarra (3).
«In judicio Galindoni, qui jussus est causas audire, dixcutere ut recte ju-
dicare, seu et Judices qui in ipso judicio risidevant, id est, Galindo, Apo,
Saiizoli, Ichila, Egica, B&uzo, Áster, Malaricus, Gallenius et in presencia
(1 ) Hübner, 3791, 3796, 4040.
(2) I.ucliaire, litvdes sur les idiomes Pyi-énées de la región franraise, pág. 40, Paris,
■•1) Trogfe'ia, Msf., t. xii, foL ICí» vuelto-HO recio.
INSCRIfCIONES ROMAXAb DE LA DIÓCE.-IS DE HAlíBASTitO. 223
Malefacto Presbítero et iu alioruru multoruia liorainura presentía, testificar t
testes prelati propter rímídíum auíine illoriun, qiios profert Ennecho AbV as
ad 8U08 Monachos consistentes in domo S. Potri et S. Maríe, Deo servientes
in presentía Galíndoni. Nain testes lii sunt: Juniarani et Hymas juramus
nos supra dictí testes in primis per deum Patrem oninipotenteru et per Je-
sum christinn filium ejus, sanctum Dei spirítum , qui est ia Trinitate unns
et verus Deus, et per reliquias sancti Petri apostoli, cujus basílica fundata
esse dinoscitur in castro Ripacorza, quia nos sciinns et in veritato notnni
bavomus quod isti Monachi, consistentes in loco Ubarra de teinpue de
Domno Atone Comité majori (I), vindicaverunl de ípso ponte de Calvaría
de ista parte et de illa parte ubique in Ubarra, sive de Molinos sive de pis-
catione. Qui attentare presumpserit, aurí libras duas componere non more-
tur; símiliter et nos facirnus, sícut antecesores nostri fecerunt, ut ista
carta inrumpere non permittatur.
Facta carta in meuse Junio, anno [x]xxvi, regnante Carolo Augusto.
Signum Jumarauí; signum Iinani qui hunc sacramentum feciinus. Sancioni
signum. Galíndoni signum. Egicaní. Banzo. Signum Gallenius. Signum ^s-
ier. Signum Hiclula. Signum Malaricus. Signum Centullus, presens fuit.
Signum Galindo. Signum Godomarus, presens fuit. Ananias presbiter roga-
tus scripsit.»
Lo más singular en la inscripción es que Tempestivo, el hijo de
Tannepaeseris, y Asterdu se nombra expresamente su heredero;
circunstancia que solo encuentro expresada en la Epigrafía
(Hübn. 2925) del país vascongado.
D A^
P E D E R O S
SIT • tibí • T • L
RECEPTVS'FIL
H • M • F • C
D{isJ M(anihus) Pederás. Sit Ubi t(erra) Ifevis,. Receptus fil(ius Jiferes)
mfonumentumj /{aciendum) c(uravit).
Supuesto que los nombres de las personas difuntas no son ro-
manos, sino indígenas, nada impide suponer que en la sucesión
hereditaria se les aplicase el fuero ibérico todavía vigente aun
(1) Atón, hijo del famoso Eudes de Aquitaaia, bisabuelo del primer conde Bernardo
y del otro Atún conde de Pallars.
224 ROLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA.
hoy dia en algunas partes del Pirineo francés (1) y del Alto Ara-
gón (2); fuero de eslricta primogenitura varonil, ó mujeril, anti-
quísimo, que no dejó de señalar Estrabón en las costumbres cán-
tabras (3). Apoyan mi conjetúralas lápidas de Cillas, donde todo
el peso de la herencia abolenga parece gravitar sobre Emilia Plá-
cida; y finalmente la inscripción de Tarazona, trasladada al Mu-
seo provincial de Zaragoza, que descifré en otro lugar (4), en la
que, según oportunamente ha observado nuestro sabio Correspon-
diente, D. Joaquín Costa, la hija fruto del matrimonio de una
mujer celtíbera con un romano toma el nombre de aquella.
D • M • s
VAENICO • TYCHE^
M A R I V S • M Y R O N
ET-V-TYCHE'Fl-PIE^
ÍTEM • SIBI • ET • V
TYCEN • VCSORI
F • C
Dfis) J/fanibus) la'acrum)']. Vaenico Tychen Marius Myroii et V(aenico)
Tyche f(liae) pievftissimae). ítem sihi et V(uenico Tijcen ucsori /(aciendum)
c(uravií).
Consagrado á los dionea Jlanes. jNIario Jilirón y Vómica Tije hicieron la-
brar ebte monninento á pu liija piadosísima Véiiica Tije. ítem (Mirón) lo
mandó hacer para sí y para su esposa Vénica Tije.
Y para que se vea mejor el arraigo de las viejas costumbres en
la enmarca del alto Ribagorza, tomaré un documento del archivo
(1) Cordier (Eugéne\ Le droit de famille aux Pyrént'es; ap. !a Revue JiistoriQue da
Droit /raneáis et etranger, t. v; Paris, 1?59.
(2) Costa (D. Joaquín), Derecho consuetudinario del Alto Araron, pág. 39-):í; Madrid,
\m).
(3) Ooy 70 Trapa rói^ Kavrá;3.'3K rcv: olv^juí ^¡tóvaí Ta?s y\jV¡íi^L Trpííxa
tÓ TUi SjyaT-íJj'.g K\r]p))buiOjZ dno}.íÍ7Ti7^oi¡ , toi'; ti d^cX<^cvq Crro tovtujj
¿K^tiojOai yyjxi^i'}. 111, 4, 18.
(4) Restos de la declinación céltica y celtibérica en algunas lápidas españolas, pá-
gina i.
INSCRIPCIOXKS nOMAXAS DE LA DIÓCESIS DE BARnASTRO. 225
de Obarra, que ha venido á parar al Histórico Nacional, contiguo
á nuestra Biblioteca. Él pergamino está fechado en 1.° de Agosto
del año 947. Al dorso lleva por signatura Oharra, 21; Cax. 10,
lig. 1", mim. 3; y esta cláusula sobrado lacónica: Ovarra puede
pacer por todo ribagorca. Tiene estiva en senui.
<(In christi nomine, ego Bernardus (I), gratia dei comee, et uxor mea tota
, cometissa.
Notum sit ómnibus hominibus qualis altercatio fuit Ínter hoinines de be-
nasco (2) et de valle singici (3) per ipsam stivam (4) de ballra, ita ut se
invicem interficerent.
Tune venerunt ad me proceres mei , et dixerunt mihi; Quare tu non dis-
cernis eos ne interficiant se invicem?
Et ego, pulsatus eorum precibus veni ad ipsam stivam, et sortivi eam.
Et post hec, unicuique heredi dedi sortem eorum, iuxta auctoritatem, quam
antiquitus habebant.
Eo queque tempere venit ad me leuila, abba de cenobio uuarra, et dixit
mihi: Domine, nos in hac stiva sortem debemus habere. Et omnes, qui ade-
rant, testimonium dederunt quia ita erat, sicut ille preferebat. Et ego, ut
probavi testimonium eorum quod verum. erat, dono et confirmo ad snpra
dictum cenobium ipsum cuuile (o), que nuncupatur lena (6), et est termi-
nata et circuindata hoc modo: de oriente rivo cúrrente, et de occidente si-
militer, et per caput tenet usque ad ipsas ñeras (7), et per f undus ubi ipsi
rivi utrinque se adiungunt. Sic dono et corroboro ipsum cuuile ad iam su-
pra dictum monasterium ad possidendum et ad pascendum et ad laboran-
dum usque in perpetuum, bene terminatum, ut non sit comes, vel vipecomes,
nec alia ulla persona in potestate constitutus, qui ausus sit ibi ullam pertur-
bationem faceré ad prefatum monastei-ium. Si quis autem hoc fecerit, iuxta
sancionem legum xxx* libras argenti sacratissimo fisco persolvat; et insuper
hoc factum minime consultura et intemeratum permaneat.
Et insuper aliam fació donacionem ómnibus cenobiis meis, videlicet asa-
niensi cenobio, et sancto petro tabernensi, et sancto insto de auri gemma(8)
et sánete marie de ouaira, et sánete marie de alaone, ut in toto comitatu
meo, tam in alpihus quam in vallibus, sive planiciis tam hyemis quam es-
(1) Bernardo II.
(2) Benasque.
(3) Es el valle de Senuy en la falda exterior del de Aran, sobre la margen derecha
del rio Baliera.
(4) Pasto veraniego. Stiva brotó del latín aestiva.
(5) Cubil, de ganado.
(6) ¿Del griego Xmóg (concavidad del prado), ó del céltico gleann, glen (madriguera)?
(1) Nerill, limítrofe de Senuy.
(8) Crema, ó Urmella en el valle de Benasque.
TOMO 3T. It»
226 BOLETÍN' DE L.A. REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA.
tatis, ubi voluerint et potuerint, eorum pécora absque ullam perturbatio-
nem pascantur. Et non sit homo, nec superior nec inferior persona, que eis
ulla calunnia premoveat. Si quis hoc fecerit, damna supra scripte legis
obtineat; et insuper, hoc factum meum firmum et corroboratum permaneat.
Si quis sane, quod fieri minime credo, de heredibus pro heredibus veniena
contra hoc factum meumadire temptaverit, in primis in ira dei incurrati
et ad liminibus sánete dei ecclesie estraneus efficiatur, et cum datan et abi-
ron portionem accipiat, et in indicio sancti spiritus anatematis vinculo fe-
riatur usque ad satisfactionem.
Facta carta donationis vel distributionis die kalendas augusti luna (1) x';
Era DCC[cc].LSXX^ v\
Signura -|- Ego Bernardus comes, qui hanc cartam rogavi scribere et
testes firmare ut sua signa facerent.
Signum + Oriolus de valle singici et filius eius Borrellus. Signum -j-
micharro de benasco. Signum -j- apo de Calvaría. Signum + durando. Se-
gimundus presbiter scripsit hoc , die et anuo que supra,
Al primer traslado en vitela, cuyo texto, deslucido por la hue-
lla del tiempo he seguido, acompaña cosido otro, mucho menos
fiel, que rebaja también dos siglos á la era, y lee «dcc' lxxx* v*.«
No he de cerrar este informe sin ofrecer á vuestra considera-
ción las sabias reflexiones que sobre el interés geográfico de la
inscripción de Obarra me comunica nuestro compañero egregio,
el Sr. Goello, tan competente en la materia y de tan alta autori-
dad como todo el mundo científico lo pregona.
«Creo, me dice en atenta carta (2), que por el valle del Isábena
iba una antigua comunicación, muy importante, probablemente
vía romana en su tiempo. Lo demuestran así los" nombres de
Roda y Puebla de Roda; y sobre todo la circunstancia de haber
existido Sede episcopal en el primer punto. Hay pasos fáciles
desde las cercanías del priorato de Obarra sobre el río Isábena al
(1) El cielo (lecemnovenal, 6 áureo número fué 17, y la luna 10. El primer traslado
pone «luna xvii^»; y el segundo «séptima x*.» Lo cualarg'uye una primera tentativade
rehajar de un siglo el año 947, supuesto que eu S47 la luna fué 17; precursora de la se-
gunda que le cercenó dos centurias, y ha sido torpemente reproducida por ambas co-
pias. Las memorias del abad Levila, que he visto en el archivo de Obarra, comienzan
por Abril del año 941, quinto del Rey Luis el Ultramarino, y se terminan en 1.° do Di-
ciembre «ie 9r)7, en cuyo día fué consagrada por el obispo Odisendo. hijo de Bernar-
do II, la catedral de Roda: -<Era DCCCCiXC]* V, áteme dece-mbrio, hma V, anno lll
fgnantr Uvctario regí".
(2) Del 10 del mes actual.
INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 227
Noguera Ribagorzaiia, ya pasando por Bouansa al puente de
Suert en el úllimo río, ya más al Sur hacia Aulet, donde se halla
el antiguo monasterio de Sopeira; y ya sabe V. que yo considero
la existencia de estos monasterios, como indicio casi seguro de la
antigüedad de antiguas comunicaciones. Aun hoy día es muy
frecuentada, como lo ha sido siempre, la que por dicho pueblo,
Pont de Suert, va al valle de Aran por el puerto de Viella; y debo
■añadir que los pasos do Bonansa, ó al Sur, han sido designados
por mí mismo y por otro como ventajosos para el trazado de un
ferrocarril hacia el mismo valle de Aran. Lo cual confirma nue-
vamente la posibilidad de antiguas vías, pues en estas se eligie-
ron admirablemte los puntos más ventajosos; lo que las hace
coincidir con los buscados por los ferrocarriles.
» Desde Roda el camino continúa hacia el Sur descendiendo por
la orilla del río Isábena hasta llegar á Graus; punto cuyo nombre
■88 también indicio de paso de comunicación y que se encuentra
en la confluencia con el Esera. Siguiendo por este río se llega al
Ginca; y aquí se empalma con las comunicaciones, que también
debieron ser muy antiguas hacia Boltaña y orígenes del mismo
Ginca y del Ara; así como subiendo el Esera se llega á Benasque,
y á otro paso notable al valle de Aran. También por el Sur enla-
•zan comunicaciones fáciles hacia Barbastro y Monzón.»
Fidel Fita.
Madrid 29 de Febrero de 1884.
228 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
II.
COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO.
Con muy atenta dedicatoria á esta Academia ha traído el cor-
reo marítimo un libro nuevo en buena impresión de 346 pági-
nas en 4.° (I), obra del licenciado D. Luis Pérez Verdía, profe-
sor de Historia y Cronología en el Liceo de Varones del Estado
de Jalisco, escrita para uso de los colegios de instrucción supe-
rior de la República, con título de Compendio de la historia de
México desde sus primeros tiempos hasta la caida del segundo
imperio.
No desconoce el autor las dificultades que ofrece un resumen
bien entendido de los sucesos que otros han narrado antes con
extensión y con criterio más ó menos apasionado, ni pretende
vcncerlíis en absoluto, aspirando tan solo á la iniciación déla ju-
ventud en tan importante estudio, escudado con la sentencia de
nuestro colega Menéndez y Pelayo, «que si en las obras de ín-
dole estética no se toleran medianías, en las destinadas á un fin
útil caben los esfuerzos de todo hombre investigador y laborioso.»
Dividiendo la obra en cuatro partes, traza en la primera el
cuadro de la civilización de Anáhuac, discutiendo brevemente las
opiniones emitidas respecto al origen de los indios americanos,
con bosquejo de la emigración de los pueblos, que uno tras otro,
empujándose, descendían de Norte á Sur dejando en edificacio-
nes colosales huella de su paso oscurecido, hasta que sobrepo-
niéndose los aztecas dieron al imperio mejicano grandeza, es-
plendor y poderío superiores á todas las otras naciones del Nuevo
Continente. Reduce á nuestra era las épocas controvertidas délos
acontecimientos principales; desenreda las dinastías y los mitos
del laberinto de los códices pintados, cuya interpretación resiste
así al persistente trabajo de los misioneros que como el P. Saha-
(1) a uadalajara (México) 1883.
COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO. 229
gun lo acomelieron, como íi la tradición dificultosamente trascrita
por indígenas, cual D. Hernando Alvarado Tezozomoc y restaura
los nombres de pesonas y lugares maltratados en las crónicas es-
pañolas por el embarazo que á nuestra lengua presentan las pa-
labras Chalchinhtlanetzin , Ixtlicitechaliuac, l'ellahueliuezquüit-
zin, Cuetlaxochitl, con tantas otras semejantes que, sin conato de
estornudo, apenas puede pronunciar.
En la segunda parte, que abraza el período de la conquista,
esboza las figuras de Colón, Velazquez, Hernán Cortés, al frente
de Isls de Motecuhzoma (nuestro Motezuma), Guahtemoc, Xico-
tencatl, admirando la valentía de los mejicanos heroicamente re-
presentada en el último emperador, en contraste de la pusilani-
midad del que hallaron los descubridores en el trono. Recono-
ciendo las grandes condiciones del caudillo extremeño lo hace
excepción el Sr. Pérez Yerdía en la tolerancia que preside por lo
general al criterio de su libro, anotando con harta severidad los
defectos que descubre en el capitán , y haciéndole inculpaciones
rechazadas de antes por los que han profundizado la investigación
de su vida y hechos; tales son el asesinato de Motezuma, no ha-
biendo muerto en su opinión, como se dice, de la pedrada que
recibió en la cabeza, y el parricidio cometido en doña Catalina
Xuarez Marcayda.
¿No entrará por algo en el juicio la idea preconcebida de ha-
ber sido una grande iniquidad , conforme á los principios absolu-
tos, la conquista de Méjico? ¿No lo informarán en parte las pre-
venciones aprendidas de Ramírez, Bustamante, Rivera y aun de
Prescol? Parece que sí; en el momento de considerar la ruina de
un pueblo valeroso y amante de la independencia, olvidando la
falta de respeto que por la de los vecinos tuvo y el objeto de su
ocupación normalizada en la guerra por el único fin de conseguir
prisioneros, que con el corazón palpitante renovaran la costra
sangrienta del horrible ídolo Huitzilopochtli, y con los miembros
proporcionaran el manjar apetecido de los nobles guerreros , la
simpatía natural, el sentimiento generoso del autor ofuscan mo-
mentáneamente su clara razón. Repuesta en breve le dicta:
«La humanidad destinada á marchar progresivamente á su
destino , no ha alcanzado de un golpe todas las verdades que de-
230 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
ben dirigirla, sino que extraviada frecuentemente por diversas
causas, ha caminado poco á poco, abandonando diariamente lo-
que hasta allí había tenido por bueno.
«Deaquí resulta-que los hechos históricos se juzguen, no solo
con arreglo á las verdades eternas, sino también conforme á las
circunstancias y al espíritu de su época; de manera que no póde-
meos excusarnos de tomar en cuenta las ideas dominantes en el
siglo XVI para formarnos un juicio exacto de la conquista de
nuestra patria.
»Así como en la antigua Grecia eran tenidos por bárbaros todos
los pueblos que no pertenecían á ella ni estaban por lo mismo
representados en el Congreso de los Anficiones, de igual modo
en la Edad Media eran considerados todos aquellos que no pro-
fesaban la religión católica.
»De este error provino la creencia de los monarcas católicos de
que estaban autorizados para despojar á las naciones americanas^
y de este error también nació el duro tratamiento que los con-^
quistadores dieron á los naturales, pues suponían que todo les
era lícito tratándose de infieles, y por eso se ve con cuanta fre-
cuencia los engañaban, los robaban y les hacían todo género de
iniquidades... (1).
»La civilización aztecatl estaba destinada á perecer para ser sus-
tituida por otra superior, y la Providencia preparaba el camina
de su ruina (2).»
Tal es realmente la opinión de la edad presente: los Congresos
de Americanistas van descubriendo con asombro que aquellos
españoles subditos del Emperador ó de su hijo Felipe, que en re-
laciones amañadas aparecen sedientos de sangre y oro, sin buscar
otra cosa por el Nuevo Mundo, ya por entonces plantearon y aun
resolvieron problemas que el avance de los conocimientos huma-
nos propone ahora por novedad. Si algún escritor apegado á la
rutina se desentiende de las condiciones de la época, en que, cu-
rando la medicina las dolencias del cuerpo con los tormentos del
hierro y el fuego, no era fenomenal que el fuego y el hierro se
(1} Pág. 140.
l2) Pég. 122,
COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO. 231
aplicasen también al remedio de los males sociales, ni que se ad-
mitiera como recurso de prol)anza judicial el tormento, así cu
España como en la Europa toda, que detrás de ella caminaba
por entonces, la repetición de declamaciones huecas, pasadas de
modh, servirán tan solo para descubrir su ignorancia eii la his-
toria general y en la especial americana.
El Sr. Peréz Verdía emplea la tercera parte del Compendio en
reseñar los sucesos del gobierno de los Tenientes de Cortés, de las
dos Audiencias primeras y de los Vireyes en serie completa de los
sesenta y cuatro que abarca el período de 1524 á 1821. Conden-
sando las ocurrencias sin omitir ninguna de las principales; apre-
ciando con justicia lo mismo el odioso proceder de Ñuño de
Guzman y sus ad-lateres que la integérrima conducta de Lemos;
la avaricia de algunos altos funcionarios, que el desprendimiento
de otros; el admirable ejemplo de los primeros apóstoles de la fe,
la síntesis de este trabajo interesante se encierra en las frases
que copio:
«En la serie de los Vireyes que gobernaron en México se des-
cubre el deseo de los reyes de España de que fueran personas de
importancia que atendieran al bien del país, y si hubo muchos
que faltaron á esa confianza y extorsionaron al pueblo procurando
su propio interés, esto era indispensable, atendida la condición
humana; pero otros en cambio se manifestaron probos y entendi-
dos gobernantes; así es que, gobierno que contó entre sus agentes
á los Mendoza, Velasco, Rivera, Acuña, Bucareli y Güemes Pa-
checo, es acreedor á la gratitud.
. »No significa esto que no tuviera el país mucho por qué que-
jarse; la avidez de los españoles, la crueldad y dureza con que
trataban á los naturales esclavizándolos é imponiéndoles durísi-
mos trabajos fueron males gravísimos que aún acarrearon la des-
trucción de la población indígena, y aunque los reyes de España
constantemente dictaron justas disposiciones en su favor, por no
haber tenido energía para hacerlas cumplir se hicieron responsa-
bles; pero hay que tener en cuenta que el despotismo y las más
absurdas ideas acerca de la majestad real eran entonces las do-
minantes en España, como efectos de la época. Por otra parte,
atendida la deplorable situación que cupo en suerte á México de
232 BOLETÍN DE LA IlEAL AGADEML\ DE LA HISTORIA.
ser colonia de un país extranjero, no tuvo que sufrir lo que otras
colonias en las que sus metrópolis, S(51o han procurado explotarlas
en cuanto fuere posible.
»Algunas veces, en medio de la exaltación de los partidos, ha
llegado á suponerse nociva para la nación Mexicana el haber sido
descubierta y conquistada por España ; pero prescindiendo de lo
inútil de tal cuestión, España dio á México lo que ella tenía, aun
bajo el aspecto de la vanidad; pues aquella nación era la más po-
derosa del siglo XVI. Las afinidades y simpatía de raza hicieron
que se verificara en parte entre la española y la mexicana una
verdadera fusión, de lo que resultó que no se destruyera la última,
como ha sucedido en otras colonias (1).»
Por fin acomete el autor en la cuarta y última parte la narra-
ción del movimiento revolucionario de emancipación, y conse-
guida esta el relato de tantos esfuerzos hechos desde 1821 á 1867
con el fin de consolidar la existencia independieute de la Repú-
blica en el concierto de las naciones; pasando ligera y penosa-
mente por las escenas de sangre fratricidamente derramada, es-
collo peligroso que salva sin dar satisfacción á las pasiones , ni
incienso ni baldón á las personas, guiado por el juicio recto, el
ánimo sereno, la intención sana y el deseo de la paz y la ventura
que Dios conceda á su país.
En cuestiones de apreciación no son las que antes he citado
úaicas, en" que mi criterio difiere del de el autor; pero en conjunto
pienso que llena cumplidamente las condiciones del objeto que se
propuso y que el libro, como obra manual , ha de ser de utilidad
en círculo más ancho que el de los colegiales, complaciéndome
manifestarlo á la Academia.
Cesáreo Fernández Duro.
Madrid, 6 Marzo 1884.
(1) Pág. 22i5.
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HiJAS. 233
III.
r ARTAS DE FELIPE II Á LAS IXFAXrAS SUS HIJAS.
PUBLICADAS POR MR. GACHARD Jj.
El Sr. Gacliard, que tantos servicios iia prestado á nuestra his-
toria patria, y que es uno de los pocos extranjeros que han trata-
do de nuestras cosas con verdadero conocimiento y con imparcia-
lidad, como especialmente lo demuestra su libro titulado D. Car-
los y Felipe II, que ha destruido la fábula del Abad de Monreal,
popularizada por Alfieri y por Schiller — acaba de hacer otro nue-
vo y no menor servicio á la historia de nuestro gran siglo con la
publicación de las cartas dirigidas por Felipe II á sus hijas du-
rante la expedición á Portugal de 1581 á 1583.
No creemos exagerado asegurar que estos documentos presen-
tan bajo un aspecto nuevo al fundador del Escorial, aunque ya
hablando de él nuestro director el Sr. Cánovas del Castillo, había
dicho que el personaje frió, taciturno y cruel que nos pintaban
la mayor parte de los historiadores, y del cual se decía en su
tiempo «de la risa al cuchillo del Rey no hay dos dedos», era sin
embargo, afectuoso y familiar con los suyos: pruebas existían de
estas cualidades en su proceder con su hija predilecta Doña Isa-
bel Clara Eugenia á quien juntamente con su hermana menor,
Catalina van dirigidas las cartas ahora publicadas.
El Sr. Gachard en un extenso y erudito prólogo da cuenta de
las circunstancias en que estas cartas fueron escritas y de los
principales sucesos de la vida de las ilustres princesas á quienes
se dirigieron.
Ambas infantas fueron notables más que por su jerarquía por
las virtudes y calidades que las adornaron. Doña Isabel Clara
Eugenia, estaba además dotada de una hermosura que celebraron
(IJ Paris, Librairie Plon; 18S3.
234 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOP.LA.
las ijlumas de su tiempo y de que el pincel de Goello y de Liaño
nos ha conservado el fiel trasunto; su padre la amó tiernamente y
tuvo en su capacidad gran confianza, dándole desde muy joven
participación en los negocios de Estado y confiando á su pruden-
cia, tanto como á la de su marido el archiduque Alberto, losgraves
y difíciles de los Países Bajos.
Menos noticias se tenían de las condiciones de Doña Catalina:
sabíase que no gozó del privilegio de la belleza, que como luego
veremos, debieron destruir las viruelas, pero aunque murió
joven tuvo tiempo para dar cumplida muestra de su virtud y de
su entendimiento; lo que acerca de ambas cualidades dice en elo-
gio de esta princesa el Sr. Gachard estáconfirmadopor lo que dijo
de ella el doctor Aguilar de Terrones en el sermón de sus honras
predicado á Felipe II en su capilla el sábado 20 de Diciembre de
1597 (1). Al final de esta curiosa oración exclamaba el Dr. Aguilar:
«No tengo para que deciros (pues lo sabéis mejor que yo) las
«virtudes heroicas de nuestra serenísima difunta, la igualdad de
» vida y suavidad de condición en la paz, el valor, ánimo y aun
» consejo prudentísimo en la guerra y en materias de estado, y si
» acá no lo sabéis, sabíalo muy bien su marido, que él comuni-
»caua con su Alteza todas las materias de sus estados en paz y
«en guerra, y sacaua tan acertadas respuestas como las pudiera
^)dar un Cornelio Tácito en materias de estado. y un Catón en
«materias de prudencia. Y ya que por la angostura del tiempo
»os dexemos de decir otras virtudes, predicando sics honras en
y> Sábado no es justo callaros que todos los sábados daua audien-
» cia pública á los pobres y los despachaua y remediaua, que col-
»mado lo aura hallado alia» (2).
Sería tarea larga y además inútil recordar los antecedentes del
fausto suceso de la unión de Portugal á las demás coronas que
constituyeron, aunque por desgracia no de un modo definitivo,
la monarquía peninsular, que ejerció, si bien por breve espacio de
(1) Cabrera dice con error evidente que fué el vierneg 19, pero el texto del sermón
dice que se predicó en sábado.
(2) Este sermón forma parte de un volumen de mi propiedad en que hay otros va-
rios de la t-pocn, algunos predicados en las honras de Felipe II, y otros sobre diversos
asuntos.
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 235
tiempo, la hegemonía de Europa ó como se decía entonces la direc-
ción y gobierno de la cristiandad, aunque no podamos ni deba-
mos prescindir, en nuestra presente y al parecer irremediable de-
cadencia, del recuerdo consolador de nuestras antiguas glorias.
Basta á nuestro propósito consignar el incontestable derecho de
Felipe II, á ocupar el trono de Portugal, después de la muerte de
D. Sebastián en Alcazarquibir y de la del cardenal Enrique, vic-
toriosamente demostrado por el famoso Rodrigo Vázquez de Arce,
«cá quien Themisdió su silla» como de él dice Rodrigo Caro, y por
el doctor Luís de Molina ante el Rey Cardenal y su corte.
Con mucha anticipación preparó el Rey los medios necesarios
para hacer efectivo su derecho, pues á 7 de Setiembre de 1579, es-
cribía ya desde San Lorenzo al Licenciado Antolinez, Regente de
la Audiencia de Galicia, y ya se reñere en esta á otras ante-
riores sobre previsiones y aprestos para el ejército y la armada (1}
que habían de entrar en Portugal, y en 13 de Abril del año si-
guiente, para seguridad de su conciencia, daban á Felipe II pare-
cer sobre la justicia de la guerra, Fray Diego de Chaves, Arias
Montano y Cáscales (2).
Mayor interés ofrecería la noticia de las vidas de Doña Isabel
y Doña Catalina, cuyos retratos debidos al pincel de Pautoja de
la Cruz, unidos por una guirnalda de flores, pueden contemplarse
en nuestro Museo y preparar el ánimo para la lectura de estas
cartas escritas á ambas princesas en la edad que sus retratos in-
dican, probando ambas cosas la unión estrecha y vida común
que llevaban por entonces; pero los sucesos que á una y otra se
refieren son muy conocidos, especialmente aquellos que forma-
ron un paréntesis, por desgracia harto breve, de paz y de ven-
tura en los Estados de Flandes, bajo el gobierno dulce y pru-
dente de Doña Isabel Clara Eugenia y de su esposo el Archi-
duque Alberto, los cuales no quiso nuestra desgracia que fueran
tronco de una dinastía, que constituyendo en aquellos países una
nación independiente y amiga de España, hubieran resuelto en
paz lo que después de tantas luchas, aunque gloriosas, para nos-
(1) Colección de documentos inéditos, tomo i, página 381.
(2) ídem, tomo xxxiv, página ¿¡72.
236 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
Otros funestas, vino al cabo á realizarse, si bien no tan cumpli-
damente como entonces se hubiera logrado.
Quizá no ha existido en el mundo ningún príncipe ni persona
esclarecida, de quien se hayan hecho tantos retratos físicos y mo-
rales como de Felipe II: el mismo Sr. Gachard publicó en 1856,
unos extractos de las relaciones presentadas al Senado de Vene-
cia por sus embajadores en las cuales se contienen seis descrip-
ciones más ó menos minuciosas de la persona y condiciones del
Rey empezando por la de Federico Badoaro, una de las más ex-
tensas, que copia del modelo en la flor de su vida, es decir á los
31 años, scgiin manifiesta el discreto diplomático, que le juzga
con imparcialidad y en nuestra opinión con acierto, confirmando
sus apreciaciones los datos que cada día se descubren y de un
modo muy notable las cartas escritas durante la campaña de Por-
tugal, pues Badoaro dice de él entre otras cosas lo siguiente:
a Así como la naturaleza ha hecho á S. M. débil de cuerpo, así
también lo ha hecho de ánimo algo tímido, de lo cual se vieron
señales, cuando se movió la guerra con el Pontífice y el Rey de
Francia; no es templado en la calidad de los alimentos especial-
mente eu los pasteles y es incontinente en los placeres sexuales,
divirtiéndose en andar de máscara por las noches aun eu medio
de graves negocios, y le placen mucho diversos juegos.
«Muestra de ordinario ser más propenso á la mansedumbre que
á la ira, y así á los embajadores, como á cualesquiera que con él
negocien, da señales de ánimo humanísimo, sufriendo paciente-,
mente las calidades de las personas y las extrañas peticiones que
se le hacen, satisfaciendo á todos con las palabras y con los actos.
A las veces usa expresiones ingeniosas y agudas y oye con
gusto gracias y donaires; pero si al comer le rodean los bufones,
reprime su contento, mientras que en su cámara deja que se ex-
playe la risa.»
«Ama S. M. los estudios y lee las historias, entiende bastante
de geografía, y algo la estatuaria y la pintura y se deleita ejerci-
tándola algunas veces. Habla poco y de ordinario en su lengua;
la latina, como principo, la había muy bien, enliendc la italiana
CARTAS DE FELIPE H Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 237
y un poco la francesa. En suma es un príncipe que tiene mu-
chas parles loables.»
Miguel Suriano que sucedió en el cargo de embajador de Ve-
necia á Badoaro y que también en su relación al Senado se ocupa
largamente de la persona y calidades de Felipe lí, difiere mucho
de su predecesor, siendo á nuestro entender lo más curioso de su
relato la comparación que hace entre el Emperador y su hijo, en
los siguientes términos:
«Aunque sea semejante á su padre en el rostro, en el habla, en
»la observancia de la religión, en la bondad y en guardar la fe,
»es muy diferente en las demás partes que constituyen la gran-
» deza de los principes: porque el padre amaba las cosas de la gue-
» rra y las entendia muy bien, y este rey ni las entiende ni le gus-
^) tan; aquel acometía grandes empresas, este las huye; aquel con-
» cebía grandes cosas y las encaminaba con el tiempo á su prove-
»cho, este no aspira tanto á su grandeza como á [evitar la de los
«otros; aquel no se movia á hacer nada por amenazas ó por te-
«mor; este por leves peligros ha abandonado algunos Estados;
» aquel se guiaba en todo por su opinión propia, este por !«, de
»los otros.»
Este juicio de Suriano se refiere al año de 1555 y los hechos
anteriores y posteriores de D. Felipe demuestran que por exage-
rado es injusto, pues aunque nunca fué el monarca dado á las
cosas militares, esto se explica, porque su complexión delicada no
le consentía los ejerciicos bélicos; y además porque, hábil políti-
con entendía que la gloria que dan las armas no se logra sin gran-
des peligros, y que por lo mismo que rodeaban tantos y tan gra-
ves sus extensísimos Estados, no bastaba su persona para estar al
reparo de todos: por lo demás no se ve el fundamento que tuvie-
ra Suriano para decir que por ligeros temores abandonó sus Es-
tados, pues es sabido que sostuvo larguísimas y costosas guerras
para conservar los que heredó, ó para posesionarse de aquellos
á que se creía con derecho yendo en persona á conquistarlos, si
bien dejando la dirección y la gloria de las armas á quien recono-
cía que era más apto para manejarlas.
Un gentil-hombre de Antonio Tieppolo, que fué también em-
bajador de Venecia en el año de 1572, cuando ya Felipe II tenía
238 boletíx de la real academia de la historia.
45 años, le juzga de modo muy diverso y sin duda con mayor im-
l)arcialidad y justicia que Suriano pues dice de él «que es de jui-
ncio admirable en todas las cosas, de felicísima memoria y cono-
» ce á las personas con sólo haberlas visto una vez; con todo esto
»no se fía de su juicio y no se resuelve á nada sin oir al consejo
»que tiene cargo de cada materia; pero ninguna resolución se
«ejecuta sin que sea primero sabida y aprobada por S. M. añu-
sque sea pequeña y de poco momento.»
Lo cual confirma lo que se sabe de la prudencia del Rey, á las
veces llevada á términos de confundirse esta virtud con la irreso-
lución, que engendra en el gobierno no pocos inconvenientes y pe-
ligros. No difiere notablemente del anterior el juicio de Felipe II
que se contiene en una relación anónima del año de 1577 y que
M. Gachard atribuye al Embajador Priuli, en ella se dice que
D. Felipe «era un príncipe muy católico, amigo de la religión,
» notable por su prudencia y por su 'amor á la justicia, que no
» buscaba los placeres del espíritu, pero sí la soledad; que se reti-
»raba durante ocho ó diez meses del año á Aranjuez, al Escorial
« ó al Pardo para gozar las delicias del campo con la Reina y con
«sus hijos» aquella era su última mujer, hija del Emperador Ma-
ximiliano y el anónimo dice «que el Rey iba á su cuarto tres veces
»al día, por la mañana antes de la misa, luego antes de empezar
» el despacho, y por último á la hora de acostarse; tienen, dice,
«dos lechos bajos que distan un palmo; pero por las cortinas que
» los cubren parecen uno solo. El Rey manifiesta gran cariño á su
«mujer, la tiene con más frecuencia encerrada que no de otro
«modo, y casi no la deja sin su compañía.»
Después del libro de M. Gachard de que hemos tomado las an-
teriores noticias, se han publicado nuevos volúmenes de las rela-
ciones de los embajadores venecianos, y entre ellas hay dos muy
interesantes, las cuales en parte confirman y en parte corrigen las
que van expuestas; la primera en orden cronológico, es la de Leonar-
do Donato, extensísima y de interés para formar idea del estado
de la inmensa monarquía española en el año de 1573 en que la
rolación fue escrita , sirviéndole de remate una enumeración de
«algunas particularidades propias del Rey de España;» no es del
caso copiarlas todas, pero conviene reproducir las siguientes:
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 239
« El Rey prcfiei-e negociar por medio de billetes, porque no le
>' gusta tratar con muchos, y porque escribe mas de prisa que
» cualquier secretario.
» Ve todos sus asuntos y lo sabe todo.
»No se encoleriza ó muestra no encolorizarse nunca.
y) El Rey casi no habla con los de su cámara.
»En tantas audiencias tenidas con el Rey en tiempos tan azaro-
»sos, con avisos de los progresos de la armada turquesca, de pér-
)>didas de ciudades, etc., nunca me ha dirigido S. M. una pregun-
))ta, sino que solo oía y contestaba sobriamente á las relaciones.
» Parece que el Rey se ocupa en muchas pequeneces que qui-
)>tan el tiempo para cosas mayores.
«Suele decir que está cansadísimo de ser Rey.
»E1 Rey según común sentir es muy suspicaz, y sus propios
)) servidores dicen: De la risa al cuchillo del Rey no hay dos dedos.
«Trabaja con tanta asiduidad sin tomar recreación , que no hay
o oficial alguno en el mundo, por asiduo que sea, que esté tanto
«en su oficio como S. M., asilo dicen sus ministros, y parece que
»es cierto.
«Dicho del embajador de Francia sobre el disimulo del Rey de
«España. El Rey es tal, que aunque tuviese un gato dentro de las
» bragas , no se moverla ni mostrarla alteración alguna.
» Dicen sus ministros que su inteligencia es tanta , que no hay
»cosa que no sepa y que no vea.»
La relación de Juan Francisco Morossini nombrado embajador
en 1578, fué escrita en el de 81 , es más interesante para el caso
présenle que todas las anteriores y posteriores, porque como se
ve por las citadas fechas , nos presenta al Rey en la época en que
escribió las cartas de que nos ocupamos; y el mismo embajador
dice, que por ocurrir entonces, trata con más extensión los suce-
sos de Portugal. Morossini da muchas noticias de las costumbres
particulares del Rey, que no difieren de las que generalmente
conocían y sabían sus contemporáneos, pero termina su retrato
con estos juicios dignos de notarse.
«Es de naturaleza mas bien severa, por no decir cruel, que de
«otra suerte; si bien cubre este afecto con profesar una justicia
«inquebrantable, por la cual no tuvo consideración al propio hijo;
240 boletín de la real academia de la histora.
o no se sabe que haya hecho gracia á ningún condenado aunque
» parezca propio de los grandes reyes usar en alguna ocasión de
» clemencia. Nomiiestra ninguna ternura á sus hijos, y en la muer-
» te de sus más allegados, no ha dado señales de sentimiento.
» Tiene dos hijos varones y tres hembras...»
Las cartas escritas á sus hijos refutan victoriosamente estos
juicios de Morossini, que además son contrarios en lo que se re-
fiere á las partes afectivas del Rey, á los que formaron otros que
le vieron y trataron en la misma época, entre los cuales es digno
de citarse el P. Cavarel, que fué á Lisboa acompañando al abad
de San Vaast, D. Juan Sarrazin, y que dejó escrita una relación
de su viaje, de la que M. Gachard ha publicado entre otras cosas
lo siguiente que se refiere á Felipe II:
« \i en Lisboa, dice Cavarel, dos cosas que deseaba mucho ver
»y que me dieron gran contento. La primera, S. M. misma (deseo
«natural nacido en nosotros de conocer y unirnos á lo que ama-
amos i, en cuya persona admiraba (porque podíamos verle con
» frecuencia, ya en palacio, ya en las parroquias, ya en otras
i) iglesias, dándonos libre acceso los archeros y guardias, que por
«ser de nuestra tierra eran amigos nuestros) , admiraba, digo, una
«clemencia y modestia natural, aquella dulzura que resplandecía
»en su rostro, sus palabras, su gesto, su porte ajenos de gran-
» deza , de insolencia y de crueldad. » Sin duda que estas benévo-
las y encomiásticas palabras se explican por el carácter y circuns-
tancias del monje que no podía menos de admirar y respetar á
quien era en aquellos tiempos de lucha religiosa el brazo y la es-
pada de la fe católica; pero en nuestra opinión se aproximan más
á la verdad que las violentas y denigrantes que desde entonces
emplean contra Felipe TI los enemigos de ella.
Como hemos indicado antes, contradiciendo á uno de los em-
bajadores venecianos, celoso el Rey de sus derechos y dispuesto
á defenderlos por las armas, desde antes que muriese el Rey Car-
denal, I). Enri(|ue de Portugal, había empezado á hacer prepara-
tivos militares para que prevaleciera el que tenía á la corona de
este reino, y cuando aquél murió, aceleró aquellos preparativos
formando un ejército proato á entrar en Portugal. No sin repug-
nancia confió el mando al duque de Alba, entonces en desgracia.
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 241
el cual sin pasar por la corle fué desde Uceda , donde vivía como
desterrado, en derechura á Badajoz, cuartel general del ejército.,
El Rey salió de Madrid el 4 de Marzo de, 1580, dirigiéndose con
gran lentitud hacia la frontera portuguesa; la Reina Doña Ana
de Austria, que en 14 de Febrero de aquel mismo año había dado
á luz á la Infanta Doña María, se unió con el ReyenFuensalida,
iban también el Príncipe D. Diego, las Infantas Doña Isabel y
Doña Catalina y el Archiduque Alberto, siguiendo todos su cami-
no hasta Guadalupe, donde pasaron la Semana Santa. El Rey,
el 16 de Junio de aquel año, acompañado de la Reina, revistó las
tropas reunidas en el campo de Gantillana cerca deBadajoz.
El Cronista Herrera describe esta solemnidad militar en los
siguientes términos:
«Estando ya el exército en campaña, el Duque Dalua le mandó
juntar á los 13 de Junio en el campo de Cantillana, á donde en un
sitio llano á una legua de Ba:dajoz, se escogió un alojamiento que
estaba guardado por la parte de mano yzquierda del río Xeuora;
y por las dos partes que mirauan á Portugal se fortiñcó con trin-
cheas y con un bosque ; y por las espaldas hacia Castilla se guar-
dó también con trincheas. Hízose el alojamiento para cada nación
de por sí, con sus placas de armas , de viandas y de mercados ; y
en el quartel de la infantería Italiana se puso un tablado cubierto
de tela y rama para el Rey, que quiso ver entrar el ejército en el
alojamiento. Llegado el Rey con la Reyna, el Príncipe, las Infan-
tas y el Cardenal Alberto de Austria, hermano de la Reyna y toda
la Corte; y puestos en su lugar, el Duq Dalua en dando la orden
al exército de lo q auia de hazer, fué á donde estaña el Rey acom-
pañado del gran Prior Don Fernando su hijo, de don Pedro de
Toledo, Sancho Dauila, Luys Donara, don Hernando de Toledo,
y de otros muchos caualleros. lua el Duque vestido de azul y
blanco , sombrero con plumas , espada y daga de plata, que sobre
tanta edad parezió muy bien: madole el Rey subir al tablado,
adonde le pusieron una silla en que se sentó no muy apartado de
su Magostad. Auia ya gran rato que caminaua el exército; y en-
tre tato que se áaua lugar unos á otros , se entendía en dar ar-
mas á la gete visoña, para lo qual se auia lleuado allí las nece-
sarias.
TOMO IV. 17
242 boletín de la real academia de la historia.
Entraro primero los hobres de armas, y cauallos ligeros, los
quales de tierra de Ciudadrodrigo , adode auia estado alojados,
baxaroii á Extremadura; pasó cada copaüía de por sí, guiada de
su mismo Capitán, todos riquísimamente aderecados co muy ga-
lanes sayetes, faldones casacas, y penachos, en hermosos caua-
llos. Siguieró^á estos las siete vaderas de Infantería Española, que
viniei-óde Sicilia, y Mila á cargo de don Pedro Sotomayor ; y tras
ellas doscientos ginetes de los de la costa del rey no de Granada
y luego las cien laras de los continos, co su Gapita do Aluaro de
Luna, co sayetes de terciopelo morado, y franjas de oro y seda:
venía después el tercio de do Luys Enriquez de infantería Gaste-
llana, y detrás once vaderas de infantería Española del Reyno de
Ñapóles, que traia cargo do Pedro Goncalez de Medoca , Prior
de Ibernia, de la ordo de san Jua: y luego los tercios de Antonio
Moreno, y do"Gabriel Niño y Pedro de Ayala, que tauien se le-
uanlaron en Castilla. Y como yua llegando, Jua Bautista Anto-
neli (el qual para lo que tocaua á los alojamientos, andana sie-
pre con el Maestre de capo general) señalaualas estadas, y quar-
teles á cada uno. Entraro los hobres de armas, los cauallos li-
geros: y do Diego de Sadoual Veedor general de las guardas de
Castilla, co sus tenientes y oficiales : y el auditor y los demás ,
los quales desde aquí se volvieron sin entríir en Portugal, por
queensaliedo de Castilla cesauan sus oficios, allende de que
poiiia mucha confusión ver lata multitud de ministros estando
proueydo el exército de Maestre de capo general, Veedor general.
Comisario general, auditor general y otros auditores y de todos
los demás ministros y oficiales necesarios. Llegó do Fraces de
Alaua, Gapita general del artillería co tres tenietes suyos, y el
capita Jacobo Palearo (dicho el Fratin), ingeniero militar, seis
getiles hobres, un Preuosle y un Aposentador, los ingenieros
de fuegos artificiales, artilleros, y todos los otros oficiales nece-
sarios para el servicio del artillería, co sus cabos y maestros.
Traína don Francés seys cañones gruesos, cuatro medias culebri-
nas y cuatro medios cañones todos encaualgados, con otros apa-
rejos y encaualgamienlos de respeto, deciseys falconetes todos en-
caualgados, veintisiete esmeriles también encaualgados, y tres
mil pelotas para los seis ca'ñones, con la demás pelotería necesa-
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 243
ria para las otras piezas, con las municiones convenientes é inge-
nios necesarios, herramienta para los gastadores y prouisiones
para toda la ;i.rtilleria. Eran los gastadores mil y quinientos con
sus armas en sus compañias, con sus Capitanes y vanderas. Tra-
li.ia mas don Francés de Alana 50 Ijarcas en carros para hacer
puentes. luán lamhien con los mayordomos del artillería, tene-
dores de bastimentos, comisarios y otros oficiales , cada uno en su
lugar: y los carros y bagajes iuan repartidos en escuadras con
banderillas para ser conocidos y sus cabos que los guiauan : la
demás artillería y municiones para ella, quo era otra tanta, yua
ombarcada en la armad.i. Y en guarda del artillcria venian cuíitro
vanderas de infantería Alemana. Y toda la gente entró haciendo
saines con el arcal)uceria. «Alojado el exercito, se bajó el Rey del
tablado, y anduvo á cauallo por las calles del alojamiento, y
la Reyna ó Infantas en coche mirándolo y considerándolo todo,
pareciendole muy bien la orden que se auia tenido. Andauaii
los soldados haciendo sus barracas con rama del bosque. Y
la causa por que estando este alojamiento en Castilla se atrin-
cheó, fué, por que no estaua á mas de media legua de Por-
tugal, y por proceder conforme á orden militar; y por que de-
mas de que auia muchos Portugueses que fueron á ver lo que
pasaua, era bien que conociesen que aquel exercito era guiado
por tal Capitán. Hizose también, por que los soldados entendie-
sen que iuan entrando en tierras agenas. Boluiose el Rey á Ba-
dajoz, quedándose el Duque en. el exercito. Y otro dia pasaron
por aquella ciudad el regimiento de Alemanes, cuyo coronel era
«1 Conde Gerónimo de Lodron, estando el Rey mirándolos desde
una ventana de su palacio: y también paso don Pedro de Medi-
€es capitán General de la infantería Italiana delante della que eran
tres coronelías; cuyos coroneles eran Próspero Golona, que le-
uantó sus gentes en tierras de don Francisco de Medices gran
Duque de Toscana: Garlo Espínelo; y don Vicente Garrafa Prior
■de Ungria, que la hicieron en Ñapóles, desde donde se fueron al
alojamiento de Cantillana (1).»
Xi) Cinco libros de Antonio de Herrera de la Historia de Portugal y conquista de las
Islas de los Azores en losaTtos de 1582 y 1533.
244 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Al fin de aquel verano se extendió á Extremadura la epidemia
del Catarro que ya reinaba en Portugal y de ella estuvo grave-
mente enfermo el Rey, aunque recobró la salud; la Reina que
también la padeció, murió de ella el 26 de Octubre; su cuerpo se
trasladó al monasterio del Escorial. El Rey fué á pasar los prime-
ros días de luto á un monasterio á dos leguas de Badajoz, donde
estuvo retraído algún tiempo.
Las negociaciones seguidas para lograr que los portugueses se
sometiesen de grado al cetro de Felipe TI fueron largas é infruc-
tuosas, habiendo proclamado Rey á D. Antonio en Lisboa y en
otras ciudades. D. Felipe, en vista de esto, dio orden al Duque de
Alba de entrar en Portugal á fines de Junio, apoderándose de
todo el reino en una rápida y brillantísima campaña , después de
la cual el Rey salió de Badajoz para Lisboa el 5 de Diciembre
de 1580 enviando á Madrid á su primogénito el príncipe D. Diego
y á las Infantas.
II.
El viaje de S. M. fué muy lento , en todas partes le recibieron
con honores reales, acudiendo á rendirle pleito homenaje los prin-
cipales magnates del reino; hasta el 15 de Marzo del año siguiente
de 1581 no llegó á Thomar donde está fecha la primera carta que
se conserva de las que en aquella expedición dirigió á sus hijas
Doña Isabel y Doña Catalina, es muy breve, y sin duda había es-
crito antes otras en este viaje, pero toda ella respira el más vivo
afecto á su familia y aquella modestia natural y aquella dulzura
de que hablaba el P. Gaverel. Empieza el Rey diciendo á sus hi-
jos sin otro preámbulo: «Siempre deseo responderos y nunca pue-
»do, y menos agora que son las once y aun no he cenado.» Y
después de encargarles que escriban á la Emperatriz su hermana,
que estaba para llegar á España, les avisa que les envía un sello
para las cartas, dándoles instrucciones de cómo habían de usarlo,
añadiendo, «mas para mi no selléis en lacre que rompe las cartas,^
Dsino fuere en pliego que se ha de cortar. Y es el primer sella
•nuevo en que se han puesto las armas de Portugal.»
I
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 245
La segunda carta escrita también en Thomar el 1,' de Mayo
-de 1581, es más extensa y afectuosa que la primera, y empieza
€on estas cariñosas palabras: « Haceislo tan* bien en el cuidado
«que tenéis de escribirme, que no puedo dexar de pagároslo en
»lo mismo y asi lo he querido hacer agora aunque no me sobra
«mucho tiempo.» Les da luego las gracias por la enhorabuena que
le habían escrito por el juramento. Esta solemnidad se hizo con
gran aparato como resulta de la siguiente relación.
«Gomencaronse las Cortes y lo primero en que se entendió fué
el juramento del Rey en el mismo monasterio en que esfaua
aposentado. Para lo cual en el primer patio que es bien capaz, se
hizo un tablado de ocho gradas en alto , aderezado de riquísimas
alfombras, tapetes, alcatifas y tapicerías, y un dosel de brocado;
debaxo del qual en un estrado alto se puso una silla cubierta con
un paño de brocado. Y el domingo á 16 de Abril del mismo año
de 81; entre las tres y las cuatro horas de la tarde salió el Rey
de su aposento vestido con una ropa de tela de oro , larga hasta
en pies como sotana, y encima della otra ropa rozagante de bro-
cado con mangas de punta largas, con falda que lleuaua Francisco
de Saá Conde de Matusinos, Camarero mayor, y del Consejo de
Estado. Lleuaua el Rey el collar grande de, la orden del Tusón
y gorra de terciopelo negro: el estoque delante hazia la mano
derecha del Rey, lleuaua con vaina el Duque de Braganca, como
Condestable del Reino: á la izquierda lleuaua el pendón cogido
un poco mas delante D. Jorge de Meneses Alférez mayor; y luego
los Reyes de armas, Araldos y Pasai^antes con sus cotas, y de-
lante dellos los porteros de cañas con las macas de plata: iuan
todos los Grandes y Titulados de Portugal que se hallaron presen-
tes descubiertos, y con ellos el conde de Portalegre haciendo el
oficio de mayordomo mayor. Llegado el Rey al tablado comenco
el estruendo de la música de trompetas menestriles y atabales; y
estando en su lugar el Camarero mayor le puso en la mano un
cetro de oro, que tuuo hasta que uoluió á su aposento. El Con-
destable estuuo siempre con el estoque en la mano descubierto
en la punta del estrado; y el Alférez mayor con el estandarte
Real en la punta del Tablado: en el cual estuvieron los Eclesiás-
ticos, Grandes y Titulados del Reyno, por que mandó el Rey que
246 BOLETÍxV DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Otros no estuuieseii allí. D. Teodosio Duque de Barcelos hijo ma-
yor del Duque de Bragaiica estuvo á la mano derecha; y debajo
de los Arzobispos de Braga, Lisboa y Endra, los Obispos de Go-
mynbra, Portalegre, Leyria; el Capellán mayor Obispo de Tri-
•pol y Lismouero mayor, y los Obispos de Eluas , Viseo , Lamego
y Mirada. Y de la otra parte estuuo el primero el Marqués de Villa.
Real y su hijo el Conde de Alcontin, el Conde de Castañera y los
Condes de Portalegre, Matusinos, Linares, Vidigueyra. Los Re-
yes de armas, Araldos, Pasauantes y Maceres estuuieron en el
pie del estrado; y en el mismo lugar estuuo Juan de Meló Por-
tero mayor y Martin Xuares, que sirvió de maestresala. Los del
Consejo y señores de lugares, y Alcaides mayores estuuieron en
lo bajo fuera del estrado adonde cada uno mejor se pudo acomo-
dar. Y aunque en estos autos ninguno se cubre ni tiene esiento,
fuera del tablado se pusieron bancos á los Procuradores de los
pueblos para que mejor se pudiera guardar la orden de prece-
dencia entre ellos. Los Prelados antes que el Rey llegase le
aguardaron en su lugar, porque en el acompañamiento no fueron
mas de los Grandes y Titulados por ser el espacio pequeño. Y
como el Rey se asent(3, el Obispo de Liria D. Antonio Pineyro
del Consejo de Estado, insigne personage en letras y virtud muy
estimado, desde la punta del tablado dijo con mucha elocuencia
en hoz alta (1).»
Después habla el Rey en esta carta de una leve enfermedad de
su sobrino sobre lo cual dice: «y con haber sido poco el mal me
ha dado harto cuidado.» Confesión espontánea que demuestra
que no aciertan los .que califican á Felipe II de insensible,
aunque la idea que tenía de su dignidad dominaba sus afectos no
haciendo ostentosa muestra de ellos. En esta misma carta hay un
pasaje, que no puede menos de llamar la atención, porque revela
cuan diferente de lo que de ordinario se cree era la condición del
Rey. tt Mucha envidia (escribe) tiene Madalena á las fresas, y
»yo á los ruiseñores, aunque unos pocos se oyen algunas veces
»de una ventana mia.» Aparece aquí por vez primera el nombre
de esta Magdalena que figura en otras cartas posteriores y que
(1) Herrera, obra citada.
CARTAS DE FlíLII'E II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 247
sin duda era una loca ó bufona de la familia, tan introducida en
ella que contra lo que se pudiera imaginar, se tomaba gran-
des libertades, como veremos luego, con su amo á quien nos ha-
bían pintado tan terrible y oseo con sus domésticos. ¿Y quién po-
dría sospechar tampoco el amor ;'i la naturaleza, el placer que
sentía el Rey con el canto de las aves que le hace envidiar en Tho-
mar los ruiseñores del Pardo ó de Aranjuez, porque sólo algunas
veces lograba oirlos cu a({uol pueblo desde su ventana?
Ya en Santarem, adonde había llegado Felipe II el 2 de Junio,
escribe el 5 siguiente un billete de pocas líneas á su hija Catali-
na, refiriéndose á carta más extensa que en aquellos días había
escrito á Doña Isabel, y que no se ha encontrado entre las que se
conservan en Turín. Pero estas breves palabras son dignas de
notarse porqué prueban cuan profundo era el afecto paternal del
Rey. «Muy bien hicistes (dice) en escribirme pues los dottores os.
«dieron licencia para ello, porque me quitó mucho cuidado ver
«carta vuestra y de tan buena letra que no se parecía en ella el
» mal. Y después supe que estauades ya sin calentura y asi espero
»que estaréis ya buena del todo, y yo estuviera muy contento, si
»no supiera el mal de vuestro hermano, que no puede dexar de
» darme mucho cuidado, aunque espero en Dios que le dará salud
» y también á la chiquita.» Continuaba el Rey su lento viaje yendo
de Thomar á Villafranca de donde escribió á sus hijas ell3 de Ju-
nio, pero esta carta se ha perdido, no existiendo de ella más que
la mención que hace en la del 2(^ del mismo mes, escrita ya desde
Almada; infiérese de ella que se despachaba correo los lunes, pues
empieza el Rey diciendo: «No pude escribiros el lunes pasado y
«porque no sea oy lo mismo lo comienzo antes que las otras co-
«sas, que quizá me costará acabarlas muy tarde y deseaba escri-
dbiros el lunes pasado por deciros lo que avia pasado desde el
«otro que os escrivi en Villafranca, que fué que luego el otrodia
«martes dia de San Antonio á 13 de este mes...» Sigue la carta
donde el Rey da extensa noticia á sus hijas de las expediciones
que había hecho por el Tajo, de la visita á las galeras, de su ida
secreta á Lisboa para examinar las obras que se ejecutaban en Pa-
lacio para su residencia, haciendo en ella repetida mención de la
Magdalena de que habló ya en la carta anterior y diciendo de ella:
248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
(íMadalena anda oy con gran soledad de sn yerno que partió oy
» para ay, aunque yo creo que lo haze por cumplimiento y estuvo
«muy enojada conmigo porque le reñi algunas cosas que avia he-
))cho en Belem y en las galeras y con Luis estuvo muy brava por
)>lo mismo.» De estas palabras se infiere que al menos con sus fa-
miliares no era tanto el ceño del Rey, y tal su condición, que
bastase una palabra suya para causarles tal impresión que oca-
sionase la muerte (1). En cuanto al cuidado exquisito de lo que á
sus hijos se refería esta misma carta contiene nuevas y abundan-
tes pruebas; y por lo que toca á su salud y desarrollo son de no-
tar estos conceptos: «Muy bien es que no traigáis las tocas; y el
» saliros sangre de narices á vos la mayor, creo que dure hasta lo
y>que parece que ya tarda y asi es bien que dure hasta entonces.»
Tal vez habivá quien en la tardanza á que el Rey se refiere, encuen-
tre el fundamento de la infecundidad de Doña Isabel Clara Euge-
nia, que según opinión de algunos, se tuvo muy en cuenta para ce-
derle en dote los Estados-Bajos, sabiendo que habían de volver á
la corona de España; y más adelante veremos con circunstancias
especiales que esa tardanza continuó produciendo nuevas señales
de la impaciencia de D. Felipe.
Hizo el Rey, como es sabido, su entrada solemne en Lisboa el
29 de Junio, y ellO de Julio escribió ya desde aquella ciudad á
sus hijas; nada les dice en esta carta de aquella ceremonia que
fué muy solemne y eu esta forma: «Atravesando á Tajo en la Ga-
»lera Real y sus Cortesanos en las demás y en otros muchos baxe-
»les, fué á desembarcar en una puente de madera que estaña he-
»cha de lindo artificio; y al punto del salir le hicieron una gran
» salve los navios del Puerto que eran muchos y también el cas-
» tillo y torre de Belem. Llegaron los de la Cámara de Lisboa y el
«Doctor Hetor de Pina le hizo un parlamento significando el con-
» tentamiento que se auia recebido de su llegada y desculpandose
«de no auerle antes obedecido por el impedimento de D. Antonio
»y otras muchas razones en que mostrauan la afición y voluntad
jxjuc tenían á su servicio. Y partiendo de allí á caballo debaxo de
(1) «Con un mirar torcido metió al¿:unos en las sepulturas» dice en el sermón de
honras de Felipe II el Dr. A de Terrones.
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 249
» un palio de brocado auieiido dado una graciosa respuesta ú la
» ciudad aunque breue, fué caminando acompañado de toda la
» grandeza que yua á pié hasta la Iglesia mayor á donde le reci-
» bió el Arcobispo con las Dignidades y llenándole en procesión
» se hizo la oración: y acabada fué á la casa del bienaventurado
« San Antonio de Padua á donde otra vez hizo oración: y bolviendo
» á caualgar fué á Palacio auiendo pasado por de])axo de muchos
))muy ricos y artificiosos arcos triunfales con muchas figuras de
» bulto y de pintura con muy graciosas y doctas inscripciones (1).»
Gomo siempre, se ocupa el Rey en esta carta con especial esmero
de lo tocante á la salud de sus hijos que la gozaban muy escasa;
el primogénito D. Diego había tenido tercianas que atribuye al
calor, por lo cual esperaba que á todos sentase bien la mudanza
del alcázar, que por estar cerca del río Manzanares se tenía en aque-
lla estación por mal sano, al Monasterio de las Descalzas Reales,
a y con las casas (añade el Rey) que se han de tomar creo que no
» estaréis tan apretados y que os podréis aprovechar de las plecas
»que caen á la huerta grande, que son muy buenas de verano
))que lo sé yo muy bien de algunos que estuve en ellas.» El prin--
cipe D. Diego que murió á poco, fué siempre enfermizo, y ha-
blando de él dijo en aquellos días el embajador de Francia Saint-
Gouard, «el Principe padece unas tercianas dobles que le tienen
» muy flaco y decaido, y no sé si tendrá complexión para resistir
«largo tiempo á tantas dolencias como ha sufrido hasta ahora.»
El mismo embajador las atribuye, así como las que solían aque-
jar á las infantas, ala manera de vivir que llevaban entonces las
personas reales, sin duda por el temor que el Conde de Barajas,
á cuyo cargo estaban, tenía de que les ocurriese algún accidente,
exceso de cuidado que suele ser funesto para el desarrollo físico
de los niños, por esto tenía sin duda razón Saint-Gonard para
decir refiriéndose á los infantes. «Desde que están de vuelta en
«Madrid nunca han salido para tomar el aire atribuyéndose esto
«al Conde de Barajas que ha quedado en su guarda y creo, en
«verdad que el Rey católico no le ha encargado que los trate con
«este rigor, que pueda producir enfermedades tanto á mis dichas
U) Herrera, obra citada, fol. 149 vuelto y siguiente.
250 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4. DE LA HISTORLA.
«señoras como á mi sefior el principe de España que es tratada
«de la misma manera. Y en el palacio en que están no hay jar-
»din, do modo que es menester que estén siempre en las cámaras.
»En tiempo de la difunta reina iban á paseo con ella y también á
«Aranjuez, al Escorial y al Pardo, cuando el Rey iba á estos si-
»tios.)) Conforme con esta era la opinión del Cardenal de Gran-
vclla que decía á la Duquesa de Parma: «El principe mi Señor y
«los demás de la familia real están muy buenos aunque la comi-
»da que usan teniéndolos tan encerrados no me parece muy
ȇ proposito para la salud ni para la vida que los principes
«cuando lleguen á edad deben tener para andar entre las gentes,
» lo cual me da pena y no dejo de decir con frecuencia mi opinión.»
El Rey tenía, sin embargo, gran confianza, así en el Conde de
Barajas como en la Condesa de Paredes, camarera mayor de las
Infantas, y ambos debían estar muy preocupados con su cargo
según se infiere de esta carta del 10 de Julio, pues en ella,
tratando como en todas antes que de ningún otro asunto de
la salud de sus hijos, dice el Rey: «También holgué mucho
»de saber que uos la menor estubiesedes ya buena, y no de que
«estandolo subiesedes á la tribuna que os pudiera hazer mas
«mal, y bien será que entrambas tengáis mucho cuidado de
«hacer lo que en esto y en todo os dixere la Condesa, pues ella
«le tiene tan grande de vuestro servicio y de lo que es bien que
«hagáis y asi os lo encomiendo mucho: que con esto no podréis
«errar en nada. Y del mal del Conde estoy con cuidado por la
y) voluntad con que veo que os sirve á todos y espero que tendrá
«salud como es menester.»
Siguiendo su costumbre, el Rey da en esta carta noticia á sus
hijas de todo lo ocurrido desde la anterior, hablándolas de que el
día antes, esto es, el 9 de Julio, le habían estado á visitar dos in-
fantes moros, tio y sobrino, con gran acompañamiento de los su-
yos á pie y á caballo. Estos príncipes eran hermano y sobrino del
Rey negro que murió en la rota de Alcazarquivir, los cuales se
habían acogido á Portugal bajo la protección del Rey Enrique;
Dice luego el Rey (pie aquella misma m.añana había salido del
puerto de Lisboa una arma^U de 14 á lo galeones para las islas
Azores que estaban por D. Antonio, cuya armada visitó por
CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 251
la tarde Felipe II, yendo en la capitana, donde U chusma, se-
gún costumbre usada todos los sábados, cantó la salve acompa-
ñando las voces: «unos ministriles que son esclavos de la galera
»([ue son muy buenos y tañen muy bien muchos instrumentos».
Termina la carta hablando de Magdalena de quien dice: «fué oy
»á la galera después que yo, y creo que anduvo un rato mareada,
»y hasta agora no se usa desmandar mucho por este lugar, creo
«que es por que no le den grita como les dan á otros diciendoles
daca la ciierda.n
La carta que sigue á la anterior es de 14 de Agosto, siendo in-
dudable que faltan algunas intermedias, más interesantes que
esta que es de las más breves, aunque no menos curiosa; siem-
pre es el ¿isunto principal la salud de sus hijos que estaban por
entonces restablecidos de varias dolencias, menos el infante Don
Felipe acerca del cual dice su padre: «Bien creo que los médicos
«hauran tenido el cviidado que decis y que ei mismo tendrán
»hasta que esté bueno el chico»; quéjase luego del calor que aque-
llos días había reinado añadiendo: «mas no tanto como en Bada-
»joz con mucho y no me querría acordar de tan mal lugar». Ya
van dichos los motivos que tenía el Rey para hablar así de Ba-
dajoz donde murió su mujer y él estuvo á las puertas de la muer-
te. Por último, en esta carta y después de escrita la fecha dice:
«allá creo que tendréis cuatro embajadores de Veneciaquesehaii
«despedido ya de mi», uno de ellos era Juan Francisco Morossi-
ni de cuya relación hablamos antes, el cual acompañó á Lisboa á
Vicente Tron y á Gerónimo Lippomano, enviados por el Senado
de la república para felicitar á Felipe II, por su exaltación al trono
de Portugal; con ellos fué Mateo Zane, nombrado para sustituir
á Morossini en su cargo cerca del Monarca.
Ofrece particularidades muy curiosas, la carta que sigue á la
anterior que es del 11 del mismo mes de Agosto; muéstrase el
Rey en ella muy satisfecho de las buenas nuevas que las infan-
tas le habían dado de la salud de todos sus hijos y habla de la
suya propia diciendo: «Estos dias he andado un poco desconcer-
stado no se si tiene la culpa de ello haber comido más melón al-
«gunos dias antes, que los había muy buenos, mas yo creo que
»no y aunque he quedado un poco cansado, creo que me ha he-
252 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
»cho provecho». Má^ adelante contradiciendo á los que le tachan
de indiferente é insensible con los suyos: «Con mucha verdad
«podréis creer (dice el Rey) que os deseo ver y á vuestros herma-
»nos: placerá á Dios de ordenarlo de modo que pueda ser presto
como lo espero». Habla luego D. Felipe de la carta que le había
escrito la abadesa de las Descalzas Reales de Madrid que lo era
entonces Sor Juana de la Cruz, de la que da larga noticia en su
libro Relación histórica de la Real fundación del Monasterio de
las Descalzas Reales el Padre Fray Juan Carrillo (1), mostrán-
dose muy contento de que las infantas asistieran á las fiestas
religiosas que se celebraban en el Monasterio; y aprobando que
se abriese una puerta de comunicación entre las casas que la
Real familia ocupaba y el convento; con este motivo dice: «Ypa-
«rece que nos avemos encontrado en ir en un mismo dia á las
«Descalzas, vosotras á las de ay y yo á las de aquique se llaman
»la Madre de Dios, y por estas creo que hizo mi hermana ese mo-
nasterio». En efecto, así fué, según consta en el libro antes citado.
El Rey describe luego menudamente su visita al monasterio
portugués haciendo notar que no había entrado en ningún conven-
to de monjas hasta entonces que le rogaron lo hiciese, pues tenían
tal privilegio los Reyes. Concluye la carta en estos curiosos tér-
minos: «Y sea norabuena aver cumplido vos la mayor xv años
«que es gran vejez vos tener ya tantos años aunque con todo esto
ncreo que aun no sois mujer del todoy>. Preocupación ,é insisten-
cia respecto á lo que ya dice en otras cartas que demuestran la
atención y el cuidado que daba al Rey á cuanto se relacionaba
con sus hijos.
m.
Desde el 21 de Agosto hasta 2 de Octubre hay en la colección
de estas cartas, una laguna que á nuestro parecer no se puede
atribuir, sino al extravío de varias de ellas; la de esta última fe-
cha está escrita en Cintra y describe la expedición que Felipe II
(1) Madrid, 1621.
CAUTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 253
había hecho á este pueblo y á Cascaes desde Lisboa, de donde fué
embarcado, dando noticia á sus hijas del accidente que le produjo
haber metido una pierna en el agujero del mástil de una nave des-
arbolada que, por estar la mar baja, tuvo que pasar para embar-
carse; añade que porque el barco entró mar adentro él y su so-
brino se marearon algo; y luego da noticia de los jardines de
Cascaes de los que dice: «y son buenos y muchos y muy buenas
«fuentes que las tomarla yo para allá», habla después dalos mo-
nasterios que allí habia, especialmente del que llamaban: «Nues-
»tra Señora da Penna que tiene este nombre, porque está todo él
»sobre una peña muy alta de donde se descubre gran vista de mar
»y tierra, sino que hay tanta niebla que lo más del tiempo no se
»ve.» Resulta de esta carta que se abrió la puerta que había de
poner en comunicación el Monasterio de las Descalzas Reales de
Madrid con las casas que habitaban las infantas, pues el Rey
escribe: «Y he holgado de que fuerades á misa el dia de San
«Mateo por la puerta nueva», y al hacer notar á sus hijas que
otro día que fueron al Monasterio no lo era de San Víctor, sino
de San Mauricio, recuerda que están allí las reliquias de aquel
Santo que fueron traídas de Viena, y regaladas á aquel Monas-
terio por Ana de Austria cuando vino á casarse con Felipe II (1).
El 23 de este mismo mes de Octubre dice el Rey á sus hijas:
«El lunes os escriví tan largo que tendré agora poco que decir»
la carta á que esta se refiere no puede ser la del 2 de que hemos
dado cuenta, sino otra probablemente del 16 cuya pérdida es tan-
to más sensible cuanto que siendo larga no podía dejar de conte-
ner noticias curiosas: en esta del 23, las da de la salud del Archi-
duque que padecía entonces una enfermedad que llegó á tener
alguna importancia, sobre lo cual escribe el Rey «aunque es
«poco el mal, me da á mi harto cuidado y mas siendo en los días
que es» y mostrando el que suele por sus hijos dice de D. Diego:
«Pues decis que vuestro hermano leería mejor si tubiese mas
«cuidado, acordalde que le tenga, para que quando yo baya, pla-
» ciendo á Dios, sepa ya leer bien y escribir algo y decilde que
» para quando escriviere yo le enviaré una escrivania de la India.
(1) Relación histórica etc. de Fray Juan Carrillo, folio 50.
254 boletín de la real academia de la historia.
» Y muy de tarde en tardo me parece que os veis pues decis que no
»es sino las fiestas.» Curiosísima es esta última noticia que da
idea de las costumbres de la familia j-eal, pero debe notarse que
al padre le parecía mal que no se viesen y tratasen con frecuen-
cia los Jicrmanos. La ya conocida Magdalena ocupa importante
lugar en esta carta, avivando el deseo de saber quién fuese y qué
papel hacía en la familia, que desde luego se ve que era impor-
tante, pues no de otra manera se explica que dijese el Rey. «Ma-
«dalena está muy enojada con migo, después que os escrivió, por
» que no reñí a Luis Tristan por una quistion que tuvieron de-
» jante de mi sobrino, que yo no la vi, y creo que la comencó
«ella, que ha dado en desonrarle. Se ha ido muy enojada con-
» migo diciendo que se quiere ir y que le ha de matar: mas creo
«que mañana se la havrá ya olvidado.» Este cuadro de la vida ín-
tima del gran monarca no tiene nada de común con los que nos
han pintado la mayor parte de los que de él hablan.
Aún más breve que la anterior es la carta de 30 de Octubre;
casi no es más que el acuse de recibo, como ahora se dice, de dos
que le habían escrito cada una de sus hijas, incluyéndole otra de
la Emperatriz su hermana, por la que muestra el Rey no menos
afecto que por sus hijas; en ella da además noticia de que la en-
fermedad de su sobrino el Archiduque creció después de su ante-
rior, pero que ya iba mejorando. Una ó dos cartas deben faltar
entro esta y la del 20 de Noviembre en la que dice que «ya a\ia
«savido como á vos la menor os avia faltado la quartana de que
»me holgué mucho y creo que no lo debió ser.» Habla luego de
estar ya bueno su sobrino; y de su hermana que suponía ya pron-
ta á desembarcar en Barcelona y añade: «tengo os mucha envidia
»á qu3 lo sabréis primero que yo» y por último les avisa el envío
de cuentas de perdones y agnus-dei que le había dado el legado
del Papa, Cardenal Alejandro Riario, cuando estuvo á verle en
Badajoz al despedirse de él en Elvas.
Más do un mes media entre esta y la carta fecha en Lisboa el
25 de Diciembre, la cual aunque corta es curiosísima: «No pude
«escriviros el lunes pasado (dice el Rey) ni agora podré respon-
ndoros, por que es tarde y no se cufre trasnochar esta noche, por
» que la pasada me acosté á las tres, por que se acabó poco antes
CARTAS DE FEMPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 255
5) la misa del gallo que oi y los iiKiylines...» ya se da por enteni-
do de la llegada de su hermana £Í España, aunque no había reci-
bido hasta aquella misma nociie carta suya escrita en Octubre al
día siguiente de su dcsend^arco.
La carta que sigue á la anterior es del 15 de Enero del 82 y casi
empieza por esta agudeza tan contraria á lo que se cree general-
mente del espíritu tétrico y sombrío del Rey. «Y paréceme que
«se da mucha priesa vuestra hermanica en salirle los colmi-
» líos: deben ser en lugar de dos que se me andan por caer y bien
«creo que los llevaré menos quando baya ay, y con que no sea
».mas que esto se podrá pasar.» Después de dar noticia délas ho-
ras canónicas que rezaban en su capilla y que no oía «por tener
mucho que hacer» se muestra el Rey inquieto por no haber tenido
noticias de su hermana desde las que ella le dio al día siguiente
de desembarcar, atribuyéndolo á que tal vez se hubiese abogado
algún correo, por las muchas y grandes tempestades de agua y
truenos que habia por entonces; volviendo á ocuparse largamen-
te de Magdalana hace de ella este retrato poco halagüeño: «Ya
»creo que Madalena no está tan enojada con migo, pero ha dias
»que está mala y ase purgado y quedado de. muy mal humor y
«ayer vino acá y está muy mal parada y flaca y vieja y sorda y
«medio caduca y croo que es todo del bever, que por esto creo
«que huelga de estar sin el yerno.» Luego avisa á sus hijas
el envío de un obsequio que demuestra su ternura. «Dieronme
» (dice) el otro dia lo que va en esa caja y dixéronme que era lima
«dulce, y aunque no creo que es sino limón os lo he querido en-
» viar, por que si fuere lima dulce no he visto ninguna tan gran-
»de... También van allí unas rosas y azahar por que veáis que lo
» ay acá; y así es que todos estos dias me trae el Galabrés (1) rami-
» lletes de lo uno y de lo otro y muchos dias ha que los ay de
"Violetas.» ¿No es verdad que sorprende saber que Felipe II se
complacía como el hombre más sensible en rodearse de flores y
enviarlas de regalo á sus hijas, ocupándose en estas cosas hasta
el punto de decirles que allí no había junquillos aunque había
(1) Este Catabres según se infiere de estas cartas era el jardinero mayor del Rey.
256 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
Otras cosas y que según lo que llovía los habría presto en Madrid
«para quando mi hermana venga o poco después» según las pa-
labras del monarca?
La carta de 29 de Enero que sigue á la anterior entre las pu-
blicadas , es de las más largas de la colección , aunque empieza
diciendo, que por ser en respuesta de otra suya tendría poco que
contestar á las que le escribían sus hijas á quienes dice que su
hermana la Emperatriz habría salido de Barcelona el 22, si bien
él creía que no había de llegar á la corte hasta fines de Febrero
ó principio de Marzo que lo era también de la cuaresma. Curio-
sas son estas palabras que se leen en la carta de que nos vamos
ocupando hablando de su hermana. «Lo que me decis, y que nos
»soliamos parecer algo y mas que todo en el hefo no sé agora lo
«que será.» Pues es sabido que todas las personas de la casa de
Austria tenían el labio inferior saliente y algo caido, porque la
mandíbula superior entraba en la inferior contra lo que suele su-
ceder de ordinario. Partiendo del supuesto de que la Emperatriz
quería ir á San Lorenzo, dice el Rey: «Yo andaba por escribir á
«Herrera á dar una buelfa á las obras para que no hubiera falta
«en ellas:» excusado es decir que aquí se trata del insigne arqui-
tecto que como se ve no dirigía de continuo las obras del Esco-
rial, trazadas primero por Juan de Toledo, las cuales corrían
especialmente á cargo del P. Villacastín, de , quién tan com-
pleta noticia nos da el P. Sigüenza en su historia del monasterio,
y á este propósito conviene advertir que, al decir Felipe II que
su hermana la Emperatriz querría posar donde él solía cerca de
la iglesia, no podía referirse á las piezas que ahora dan al presbi-
terio del actual templo donde murió el gran monarca , pues la
magnífica fábrica no se acabó hasta el año de 1586, sino ala igle-
sia que sirvió mientras la otra se construía, y á las habitaciones
que junto á ella ocupaba el Rey, hasta que se terminaron las
obras de aquel grandioso edificio. Describe el Rey en esta carta
la maniobra de botar al agua un galeón que con otros se labró
bajo las ventanas de su palacio de la Ribera, desde donde solía
contemplar, según escribía por aquel tiempo el embajador de
Francia, las faenas de las naves. La residencia real era el castillo
de San Jian, esto es, San Julián, siendo esta también la advoca-
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 257
ción de la parroquia de la casa donde el Rey oyó misa el día antes,
que fué domingo, según escribe á sus hijas.
Es de creer que no hubo ninguna intermedia entre esta carta y
la del 19 de Febrero, pues el Rey empieza diciendo: «No creo que
»os escrivi oy ha ocho dias y asi tengo las cartas de dos correos;»
y la respuesta que á ellas da es de una efusión de afecto á los
suyos que no puede menos de sorprender á los que tienen de Fe-
lipe II el concepto generalmente admitido; sería menester co-
piarla toda para apreciar debidamente su espíritu; pero bastará
con estos períodos: «Y por ser tarde no os diré sino que os tengo
»gran envidia de que creo que, quando llegue esta, haureis ya
«visto á mi hermana o estaréis muy cerca de verla. Y sino so ha
«detenido en el camino ya la haureis visto. Y escribidme muchas
«buenas nuevas della que asi espero que serán, y si viene gorda,
«o flaca, y si nos parecemos agora algo, como creo que solíamos;
»y bien creo que no estará tan vieja como yo.» Dice luego el R.ey
á sus hijas que también les tiene un poco de envidia de ir al Pardo,
porque le habían escrito que estaba muy bueno, y después de
mostrarse contento de que le saliesen bien los segundos dientes
al Príncipe D. Diego, de hablar de las obras del Escorial y de las
flores de Aranjuez, refiriéndose á uno de los obsequios que de
continuo enviaba á las infantas desde Lisboa, dice: «Si los guan-
«tes son tan grandes como decis mejor serán para vos la mayor
«para quien no lo eran, que bien creo que para vuestra prima lo
«serían, y escrividme quien es mayor ella o vos la menor y dadle
«entrambas un recado de mi parte el que á vosotras os pareciere,
»qúe bien creo puedo fiar de entrambas que se le sabréis bien
))dar.« Confianza bien fundada del Rey en el ingenio y discreción
de sus hijas que tan relevantes pruebas dieron €on el tiempo de
poseer estas calidades.
La carta siguiente de 5 de Marzo es toda alborozo por las bue-
nas nuevas que le habían dado sus hijas de la familia y especial-
mente de su hermana y de la hija de esta Doña Margarita, á
quienes se obsequió con cacerías y fiestas de campo en el Pardo;
y hablando luego de lo que á su persona se refería, no puédeme-
nos de notarse con especial interés lo siguiente: «Por ser tarde
»no tengo tiempo de deciros mas sino que ayer predicó aqui en
TOMO IV. 18
258 boletín de la real academia de la historia.
)-la capilla Fray Luis de Granada y muy bien aunque es muy
)'\'iejo y sin dientes.» En efecto, habiendo nacido Fray Luis en
el año 1504, tenía en aquel de 1582 setenta y ocho años, y aunque
no murió sino seis después estaba ya muy enfermo; su fama era
grandísima y merecida como escritor y como orador sagrado, y
place verla confirmada por el Rey en términos tan significativos,
sin que le hiciera desmerecer en su concepto el engaño di3 que el
candoroso sacerdote fué víctima dando por verdadero cierto breve
de S. S. fingido que unos frailes sus hermanos le presentaron y
que era muy desfavorable á la política de Felipe II y á sus dere-
chos al trono de Portugal (1).
En la carta del 19 de Marzo contesta D. Felipe á las que había
recibido de sus hijas, dándole noticias de los obsequios que se
seguían haciendo á su hermana la Emperatriz , y especialmente
del viaje al Escorial; sábese que en aquella ocasión llegaron las
personas reales al monasterio, aún no concluido, el 27 de Febre-
ro, siendo recibidas por los frailes gerónimos con las ceremonias
debidas á su elevada jerarquía, esparciéndose aquellos días en la
Fregeneda que el Rey había comprado á diferentes vecinos de Se-
govia para que sirviera de lugar de recreo, juntamente con la
Herrería, que como dice el P. Sigüenza: «mirada desde el mismo
«convento parece una mata de albaca en verano que es gran ali-
»vio de la soledad y de la vista.» El texto de esta carta como el
de las otras, tiene varias erratas en la edición del Sr. Gachard, y
aquí recaen en los nombres de estas dehesas, siendo de notar que
hablando de la última expresa el Rey conceptos análogos á los
que hemos recordado del P. Sigüenza, pues dice á sus hijas: «y
»esto no me lo habéis escrito ni como estábala Hesteria (debe ser
j) Herrería) aunque bien sé que pasaste muy poco por ella y por
«esto nada debió de echar de ver mi hermana, que qnando está
ritoda verde ya sabéis que no hay mejor cosa en todo aquello. r>
Hablando luego de sus hijos el Rey, escribe en estos términos:
(1) Sobre este particulnr véase el tomo 34 de los Documentos inéditos: no recuerdo
que lialiio de este particular ningún biógrafo del P. pr ranada, pero como también fué
victima de otro encaño, creyendo en los prodigios de Sor María de la Visitación, Priora
de la Anunciada de Lisboa infiero, que como en muchos grandes liombres, el P. Ora-
ñadí» juntAba á su grranile entendimiento y elocuencia un espíritu candoroso.
CARTAS DE FELIPL 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 259
«De vosotros me dan todos muy buenas nuevas y de que eslais
«muy grandes. Según esto deveis de aver crecido mucho, á lo
«menos la menor. Si tenéis medidas avisadme quanto habréis
«crecido después que no os vi y enviadme vuestras medidas muy
«bien tomadas en cintas y también la de vuestro hermano que
«holgaré de verlas aunque mas holgaria de veros á todos.»
El 2 de Abril dice el Rey á sus hijos que holgó mucho con sus
cartas y «con vuestras medidas,» añadiendo que les tenía envi-
dia por andar con su hermana «y después por la ida de Aranjuez
»y de Aceca.» Les da noticias de haber asistido el día antes á un
auto de fe, enviándoles el papel de su descripción. Llevóse á cabo
la excursión á Aranjuez, según resulta de la caria de 16 de Abril
en que el Rey contesta á las de sus hijas, á las cuales dice: «Mu-
» cho holgué con vuestras cartas y con las nuevas que me dais de
«Aranjuez. Y de lo que mas soledad he tenido es del cantar de
»los ruyseñores que ogaño no los he oido como esta casa es lejos
«del campo.» La Emperatriz había partido ya para Portugal y
D. Felipe se disponía á ir á su encuentro el 18 de Abril para reu-
nirse con ella en Almeyrin, pero después de dar ú sus hijas es-
tas noticias vuelve á hablarles de Aranjuez y de las cacerías que
allí hubo en obsequio de su hermana, sobre lo cual les dice: «muy
«grandes vallesteras creo que deveis estar entrambas pues tam-
«bien matastes los gamos y tantos conejos. Y decisme vos la ma-
« yor que vuestro hermano cobró mucha fama (y creo lo decís por
^) vuestra hermana y es asi según lo que decís adelante sino que
»por la a pusiste la o y otra palabra se os olvidó), creo que devis-
» tes escribir la carta á priesa.» Véase como el Rey en medio de
las graves atenciones de su cargo, que nunca abandonaba, tratán-
dose de sus hijos llevaba su cuidado hasta estas particularidades;
habla después de las tormentas que, como en Aranjuez, había ha-
bido aquellos días en Lisboa con tan grandes truenos, «como el
« del rayo de San Lorenzo.» El Rey alude aquí á la tempestad que
se desencadenó en el Escorial en la noche del 21 al 22 de Julio de
1577, víspera de la Magdalena, y al incendio de la torre del Reloj,
. que produjo el rayo hallándose en el monasterio Felipe II con la
Reina acompañado del gran Duque de Alba; primer siniestro de
esta especie entre los varios que ha sufrido aquel grandioso edi-
260 boletín de la real academia de la historia.
ficio, habiendo tenido lugar por idéntica causa el último en el
año de i871, después del cual se han colocado en el varios para-
rayos para evitar que se repitan. Vuelve el Rey á hablar en su
carta de las obras de Aranjuez y respecto á aquel real sitio, dice
á sus hijos: «Y he miedo que deven de aver dado mano al pes-
»cado del estanque de Hontigola pues no se pescó ninguno.»
Estaba la familia real de luto por la muerte de la Reina, y con-
testando sin duda á una pregunta de sus hijas les dice: «Bien po-
«dreis poner oro con lo negro cuando se case Doña Nude (?) Dietris-
tan.» Supone Gachard, en nuestra opinión con fundamento, que
esta señora debe ser la tercera hija del barou Adam de Dietrichs-
tein, que vino á España acompañando al Archiduque Maximi-
liano en 1548, y cuando este fué Emperador le hizo su embajador
en Madrid, donde casó con Doña Margarita de Cardona, apellido
que usó Doña Ana, la cual formaba parte de la servidumbre de
las Infantas hijas de Felipe II. Según López de Haro en su nobi-
liario, casó Doña Ana con D. Antonio de Fonseca, primer Conde
de Villanucva de Cañedo por merced del católico Rey D. Felipe II,
y sin duda á este casamiento se reñere en esta carta que termina
dando á sus hijas noticias de las procesiones, monumentos y otras
fiestas de la semana santa, que había presenciado desde las ven-
tanas de palacio que daban á la capilla, salvo «al encerrar y des-
encerrar el Santísimo Sacramento que bajó á ella por una esca-
lera que alli habia.»
Sigue en la colección la carta de 7 de Mayo fecha en Almeyrin^
en la que el Rey da cuenta á sus hijos de haber recibido tres de
cada una de ellas, y aunque dice estar de prisa , es una de las
más largas de esta serie, y está casi toda consagrada á dar noti-
cia del viaje hecho para recibir á su hermana la Emperatriz, re-
firiendo con emoción vivísima su primera entrevista con ella, que
tuvo lugar en el camino adonde se adelantó á recibirla, lo cual
refiere en estos términos : « Y el viernes que mi hermana avia de
«venir á Maja, fui yo alli, adonde se quedó Magdalena á espe-
«rarla, y llegué antes que mi hermana, y por que llovia mucho
»pasé adelante en el carro hasta topar coli mi hermana mas de
X media legua de alli, y sali'del carro á prisa y la fui á besar las
«manos antes que pudiese salir del suyo en que venían ella y m|
CARTAS DE FELIPE H Á LAS INFANTAS SUS líIJAS. 261
5) sobrina de una parte , y á la otra la duquesa y otra que no co-
))UOzco muy Lien... y lo que ella y yo holgariamos de vérnoslo
«podéis pensar muy bien , liaciendo 26 años que no nos hablamos
«visto, y aun en 3i años solas dos veces nos avernos visto y bien
y> pocos dias en ellos.» Hablando luego del mismo asunto y con
idéntico afecto, dice: «Mi hermana viene muy buena, y me dice
»que mejor desde Guadalupe acá que antes de alli, aunque oy la
» oí toser un poco. » Como en todas se revela en esta caria su amor
paternal, reprendiendo dulcemente á sus hijas en estos términos:
■«Y bien os aveis callado la cayda que vos la menor, distesen
«Aranjuez y aun creo que otras cosas, y no penséis que lo de la
» cayda me lo ha dicho Tofiño, que como digo casi no le he ha-
í)blado, mas el lacayo que se halló alli creo que puede dar mas
» nuevas de la cayda y assi se las pienso preguntar. » Como asunto
que siempre interesa á las mujeres, el Rey habla á sus hijas del
vestido que traian las que acompañaban á su hermana, diciendo-
Íes: «No me parece que traen tan grandes lechuguillas las damas,
"deven las de averias achicado después que vieron las de ay. ><
Ocúpase, por último, délas obras que se hacían en Aranjuez,
que ya comprendía por las nuevas explicaciones que de ellas le .
habían dado sus hijos.
Hasta el 4 de Junio siguiente no hay en la colección carta del
Rey, y la de esta fecha está escrita en Lisboa adonde había vuelto
con su hermana ; toda ella está llena de noticias referentes á su
familia, siendo de notar este curioso párrafo: «Agora he visto la
» carta en que me dices que os avia ya escrito otra vez de las ven-
r> tanas que my hermana tiene á la capilla y también lo avia di-
»cho en esta carta, de manera que con esta os le he escrito tres
» veces , por aqui veréis qual deve andar la cabeza con tantas cosas
«como la cargan. » El Sr. Gachard, dice que no ha entendido bien
•el siguiente párrafo, que para nosotros los españoles es tan claro
en sus alusiones que no necesita comentarios que lo expliquen.
«No se si á vuestra hermana la habrá vuelto la enfermedad, que
>).ya deve ser tiempo y devese correr con ella, pues no ha dicho
» nada, y no se si vos también de que la aya tenido primero que .
»vos, y si fuera entonces la cayda, quizá tuviera masque contar
»el lacayo del conde.» Las quejas de la vida sedentaria que lie-
262 boletín de la beal acade.aha de la historia.
vaban las Infantas debieron producir su efecto, y sin duda por
eso dice el Rey : « Y muy bien haréis en ir á la huerta del Campo
»y es asi que no está como solía, mas creo lo estará, por que en-
»vic de aquí uno por teniente del Galabres que creo que tendrá
)> mas cuenta con ella. » Hablase aquí de la actual Gasa de Campo,
sitio entonces como ahora de recreo y solaz de la Real familia, y
de muchos que con facilidad alcanzan permiso para entrar en ella.
En 29 del mismo mes de Junio y también desde Lisboa, escribe
el Rey á sus hijos dándoles noticias de haber estado enfermas su
hermana y su sobrina, y es de notar que hablando de esta, dice
D. Felipe: <' Y esta tarde medixo Valles queestaua sin calentura,
n y quando el lo dice hien se puede creer. » Señal de la confianza
que le inspiraba su médico, cuya fama, como es sabido, fué tal,
que le valió el renombre de divino, y aunque ocupa tan alto lu-
gar en la historia de la medicina española, sin duda el Sr. Ga-
chard no tenía de él noticia, pues refiriéndose á su persona, solo
dice que en las nóminas que se conservan en Palacio figura un
Antonio Valles, cirujano del comiin de los horgorio7ies. Despnés de
hablar de la costumbre alemana de regalar á los que por primera
vez se sangran, por lo que uno le había regalado á su sobrina dos
pollos vivos, y de dar noticia de la procesión del Corpus en Lis-
boa, ocupan el final de esta carta Magdalena y Morata, que en
aquellos días andaba enfermo, y <¡ue no cabe ya duda, por lo que
de él dice, que era un bufón muy apreciado de la Real familia (1).
A los dos días de escrita esta carta, el Rey tuvo un ataque de
gota en la mano derecha que le produjo fiebre y le obligó a guar-
dar cama, pero sin duda se mejoró algún tanto, pues en la de
30 de Julio habla de otra, que no se conserva, posterior á la del
25 de Junio; sin embargo, la indisposición hubo de reproducirse
y agravarse, aunque el 2 i de Julio avisaban que ya estaba fuera
de peligro, si bien todavía en cama. El Rey confirma estas noti-
cias, que por su parte trasmitía á la Reina de Francia Catalina de
Mediéis el embajador Saint Gouard que de Madrid había ido á
Lisboa á dar explicaciones que nunca fueron satisfactorias de la
armada que se aprestó en los puertos de Francia para favorecer la
(1) Véase más adelante en nota la curiosa carta del Sr. Madrazo.
CARTAS DE FELIPE H Á LAS INFANTAS SUS H 1.1 AS. 26.'>
causa de D. Antonio, el despacho de Saint Gouard es de 23 de
Julio y se conserva en la Biblioteca Nacional de Paris, y ya el
30 dice Felipe II á sus hijas: «Después que os escribí el otro dia
»he ido siempre mejorando aunque algo despacio. De dos á tres
«dias á esta parte me parece que es mas á apriesa, aunque todavía
»tomo xaraves á las mañanas y bien vellacos, por que tienen ruy-
«barbo y bevo una vez de dos que bevo agua de agrimonia. » Du-
rante la enfermedad y por causa de ella, el Rey había dejado de
contestar á varias cartas de sus hijas, y dice: «Por ser ya viejas
-) acuerdo de no responder sino quemarlas por no cargar mas de
:!)papeles. » Muchos, en efecto, escribió Felipe II y se escribieron
en su tiempo, pues á pesar del Iranscurrido desde entonces, se
conservan inñnitos en los archivos públicos y en poder de parti-
culares, siendo doloroso que gran parle de ellos hayan ido á pa-
rar en nuestros dias al extranjero, y es muy de temer que lleven
otros el mismo camino, privándonos de los documentos fehacien-
tes de la época más gloriosa de nuestra historia nacional. El Piey
avisa en esta carta á sus hijas de una nao de la flota délas Indias
en la cual venía un elefante que el Yirey enviaba para el Prín-
cipe D. Diego, por lo cual escribe: «Decid á vuestro her-
»mano esto del elefante y que le tengo un libro que enviar en
» Portugués, para que por él aprenda que muy bueno seria que lo
3 supiese ya hablar; que muy contento vino don Antonio de Cas-
« tro de las palabras que le dixo en portugués que fué muy bien
y> si asi fué. » Los motivos políticos que para expresarse de este
modo tenía el Rey fáciles son de adivinar, aunque la muerte im-
pidió que D. Diego, jurado Príncipe sucesor en las Cortes de
Thomar, llegara á reinar sobre los portugueses.
IV.
Otra laguna considerable hay en esta correspondencia, pues la
carta que en ella sigue á la anterior es del 3 de Setiembre y casi
toda ella está consagrada á las noticias que el Rey da á sus hijas
de la procesión que el día antes había visto con su hermana y sus
sobrinos desde las ventanas, que, pasado el aposento de aquella,
■Asbs abm. ;>
264 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA.
daban de palacio á la rúa Nova. Esta procesión, que era solo de
la parrorjuia de San Julián, fué de las que aquí llamamos de
minerva y debió ser magnífica, porque según noticias del tiempo
se gastaron en ella niíís de doce mil ducados. Se hacía con este
esplendor cada siete años, pero entonces se anticipó dos en
obsequio del Rey. En ellas figuraron como era costumbre taras-
cas y gigantones, sobre lo cual dice el Rey: «y cierto me ha pe-
»sado mucho de que no la viesedes ni vuestro hermano, aunque
»hubo unos diablos que parecían á las pinturas de Hieronimo
»Bosc (1), de que creo que tuviera miedo.» El Rey concluye esta
carta hablando de las Ilotas que se esperaban de las Indias, asunto
de que da mayores noticias en la de 17 de Setiembre que sigue á
esta y que es de gran interés por referirse, aunque muy indirec-
tamente á las campañas navales del gran marqués de Santa
Cruz. Fueron estas entonces de la mayor importancia aunque no
terminaron con la gloriosa victoria alcanzada por el Marqués
el 26 de Julio de aquel año, en las costas de la isla de San Mi-
guel sobre la escuadra al mando de Slrozzi en que iba el prior de
Ocralo D. Antonio, pretendiente de la corona de Portugal, quien
huyó de la pelea aun antes de la derrota, por lo que dijo de él
Cabrera en su historia de Felipe 11: «Los tímidos no son capaces
j)de generosas resoluciones y en compañía de valientes hombres
»aun no ven el daño cuando débiles procuran apartarse del, im-
)) pidiendo el salir con la empresa (2).» Para celebrar esta gran
victoria hubo fiestas en Portugal, entre otras se corrieron toros,
y sobre esto dice el Rey: «Si los toros que ay mañana aqui de-
xlante son tan buenos como la procesión no habrá mas que pc-
))dir» habla luego do los preparativos que hacía Magdalena cnga-
lonando un terradillo que tenía sobre la plaza, en lo que andaba
tan ocupada, que aunque el Rey la exhortaba para que escribiese
á las Infantas, contestaba que no podía acabar consigo de escri-
bir en vísperas de toros. Contestando luego á su hija mayor le
(1) Consérvanse aún eu el Museo del Prado, procedentes del Escorial, varios cuadros
de este pintor, especialmente los que en el catálogo del Sr. Madrazo tienen los nú-
meros 1170 a 1181.
(2) Sobre esta ))atalla naval, véase los cinco libros de Herrera de la Historia de Po'--
tvgaly Conqv.ista de las islas de los Aiores: fol. IG7 vuelto y siguientes.
CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 30ü
dice que las naos de la India no habían llegado sino el día antes,
esto es, el IG de Setiembre «y junto con ellas llegó el Marques
»de Santa Cruz con la mayor parte de la armada» siendo de no-
tar que nada dice de la gran victoria que acababa de obtener, con
lo que se adelantó mucho para la quieta y pacífica posesión del
reino de Portugal y de sus importantes colonias que el mismo
Marqués logró al año siguiente con la conquista de la Isla Ter-
♦ cera. La descripción de la batalla naval de 26 de Julio con
todos sus preliminares y consecuencias sirve de materia al ca-
pítulo VIII del libro xiii de la historia de P'elipe II, de Luis Ca-
brera que lleva por epígrafe: Lo que hicieron las armadas de Es-
paña y Francia, porque como se sabe, esta última nación sin es-
tar entonces en guerra declarada y abierta con España, favorecía
por todos los medios á nuestros enemigos, pudiéndose llamar con
propiedad «armada de [Francia,» la que , al mando del italiano
Strozzi fué vencida por el marqués de Santa Cruz, pues la mayor
parte de sus fuerzas eran nobles aventureros franceses reunidos
bajo las banderas del prior de Crato, según se vio luego, con au-
torización del Rey de Francia. El Sr. Gachard ilustra este pasaje
de la carta de Felipe II á sus hijas de 17 de Setiembre, con cu-
riosas noticias, una de ellas tomada de papeles de la Biblioteca
de Paris, dice: «La entrada del Marqués de Santa Cruz en el
«puerto de Lisboa fué muy solemne. El Rey, la Emperatriz, el
«Archiduque Alberto y la Archiduquesa Margarita la vieron desde
»las ventanas de palacio. El mismo día D. Felipe, su hermana y
«sus sobrinos recibieron al Marqués que besó sus manos; pero el
«Rey no le mandó cubrir como él y sus amigos esperaban.» Las
dos cartas del cardenal Granvella que además de la anterior noti-
cia publica el Sr. Gachard, son también interesantes, confirman
lo que en la carta del Rey se indica, y cuenta con extensión Ca-
brera, y aún con más pormenores Antonio de Herrera en los lu-
gares citados. Después de esta batalla sobrevino una gran tem-
pestad que esparció las naves de vencedores y vencidos, y alu-
diendo á este suceso, dice el Rey: «Y de aquella tormenta que fué
»el mismo dia que aqui uvo una poca y se quemó ay la puerta de
«Guadalajara, digo la misma noche se desparcieron cinco ó seis
«naos que no han llegado aun ni se sabe dellas, aunque se cree
266 BOLETÍN DE LA REAL AGaDE.AHA DE LA HISTORIA.
Dque habrán ido á algan otro puerto. No ha sido malo quemarse
»la puerta de Guadalajara por que autes embaracaua allí aquella
»torre y estari'i la calle muy buena sin ella mucho mejor que es-
»laba antes.» La historia de este incendio es muy sabida, pero
no puede menos de llamar la atención que á Felipe II le pare-
ciera bien, porque en efecto destruida la torre quedaba franca y
expedita la calle que ahora llamamos Mayor y que ha sido hasta
época reciente y desde entonces la principal y más hermosa de
la corte (1).
En el párrafo final de esta carta se leen estas palabras: «Muy
«bien es que vuestro hermano no tenga miedo, como decis vos la
imenor y no creo que lo tuviera de los diablos de la procesión
»por que venian buenos y vianse de lexos y mas parecían cosas
»de hieromovoces que no diablos.» El Sr. Gachard dice que no ha
podido entender la palabra subrayada, sin duda porque no acertó
á leerla en el original, pues teniendo en cuenta lo que dice el
Rey en su carta anterior, es claro que aquí hablando de los figu-
rones de la procesión de Lisboa repite su idea diciendo que pare-
cían cosas de.Hieronimo Vos, el 'pintor fantástico de que ya nos
hemos ocupado.
Sigue á esta la carta de l.° de Octubre, pero como se verá luego
se ha extraviado una intermedia. Empieza el Rey según costum-
bre ocupándose de su familia y mostrándose muy complacido de
las buenas nuevas que le dan sus hijas de la salud de sus herma-
nos, cosa que no era frecuente y que duró muy poco, pues Dios
no favoreció á estos príncipes con el inestimable bien déla salud.
Después de esto es curioso lo que dice de las letras coloradas que
enviaba por segunda vez al Príncipe D. Diego para que henchién-
dolas aprendiera á escribir, método que hoy no se usa y que con-
sistía en pasar la pluma mojada en tinta negra sobre las letras
coloradas para acostumbrar la mano á formarlas sin esa pauta;
después dice el Rey: «De los toros ya os escribí el otro dia quan
(I) Sobre el incendio de la puerta de Guadalajara, véase el Antiguo Madrid de
Mesonero Romanos, púg. 70, y la Historia de la Villa y Corte de Madrid, tomo ni, pá-
ginas lOü y UX! y nota de esta en que .'.e copia la descripción del monumento , hecha
por el Licenciado López de Hoyos en su obra ReciMmiento de la Reina doTta Ana
Austria.
CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 207
«ruines fueron y asi no hay mas que dccii- dellos». La carta en
que daba esta noticia que probablemente sería del 24 de Setiem-
bre, es la que indicamos que como otras, falta en esta colección.
Sigue el Rey sin intervalo escribiendo en estos términos: «sino
))de Madalena que después acá ha estíido con calentura y sangra-
Bda dos veces y purgada una, mas ya está buena y oy ha venido
»acíí, aunque muy Haca y do mala color y dixome que no le sabia
»bien el vino que es mala señal para ella. Y oy no tenéis de que
«quexaros della, pues sin decirnos nada ha escrito y quando
«vino me traxo el pliego para el Conde en que deben ir sus car-
»tas. Y en verdad que me ha parecido oy tan flaca que cualquier
«cosa la llevada: pero suele volver bien en si y para esto sera
«mucha parte una cadenilla de oro que le envió mi hermana y
»unos bracaletes mi sobrina por la sangría, como se usa en Ale-
»mania». Aunque no todo lo que sería menester, al llegar á este
punto puedo dar algunas noticias de esta Magdalena de que tanto
se ocupa Felipe II en sus cartas, pues según el Catálogo del Mu-
seo de pinturas obra del Sr. Madrazo, en el cuadro que lleva el
número 769, que atribuye á Teodoro Felipe Liaño. pintor de la
escuela de Madrid y que hemos visto con este motivo en la escalera
que conduce á los salones de Escuelas modernas del Museo del Pra-
do, está al lado de Doña Isabel Clara Eugenia que tiene en la mano
un medallón con el retrato de su padre, el de Magdalena Ruiz,
loca de la Infanta Doña Juana de Portugal con un mico en una
mano y una mona en la otra, además, y del mismo Liaño hay
otro cuadro que juzga el Sr. Madrazo que es un estudio para el
anterior y representa el busto de la misma Magdalena Ruiz.
Ampliando estas noticias y dando otras curiosísimas sobre Mora-
ta, y los bufones y truanes de aquellos tiempos, el Sr. Madrazo
dice lo que podrá leerse al pié de esta página (1).
(1) Exento. Sr. D. Antonio M. Fabié.
Mi querido amigo: Referente á la loca Magdalena líidi, no encuentro en el inventa-
rio de cuadros fomado á la muerte de Felipe II sino este asiento, además del otro de
que hice mérito en mi Catálogo lato del Museo del Prado: «Retrato de medio cuerpo
«de Magdalena Ruiz, loca de la princesa Doña Juana, con un abano en la mano y una
«calabaza y guantes en la otra.»
Veo que era costumbre retratar á las princesas acompañadas de sus locas ó de las
268 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
La apostilla de esta carta dice así: «Y la fecha de vuestras car-
»tas del sábado creo que traerá ya la fecha por la queuta iiueba
»que ha de ser extraña cosa. Y no sé si en todas partes se ha de
«acabar de entender y que ha de haber yerros en ello. Presto lo
«veremos». Alúdese aquí á la corrección del calendario llamada
Gregoriana por haber sido decretada por el Papa Gregorio XIII,
en este año de 1582; mediante ella se suprimieron en dicho año
10 días del mes de Octubre, pasando del 5 al 15 y por eso Feli-
pe II, que escribía á sus hijas el lunes 1.° de Octubre, les decía
que las cartas que habían de escribir el sábado próximo tendrían
la fecha de la cuenta nueva, es decir, que en vez del 6 aparece-
rían fechadas el IG de Octubre, por esta misma causa aunque la
carta que en la colección sigue tiene la fecha de 25 de Octubre,
no deja sino 15 días de intervalo entre ella y la de 1." de Octubre,
de su familia, poniéadolas la mano sobre la cabeza, como en señal de protección. Asi
estaba retratada también la princesa Doña Juana de Portugal, de medio cuerpo, en un
lienzo que, entre otros muchos, tenía en calidad de préstamo la Emperatriz Doña Ma-
ría en su aposento de las Descalzas. La referida Doña Juana estaba en él retratada coa
la mano sobre la cabeza de una negrilla.
Son muchos los retratos de locos y locas patrocinados por nuestros príncipes que cons-
tan en el referido inventario, pero todos se han perdido, á excepción del de Pejeroii,
loco del conde de Benavente, pintado por Antonio Moro, que también figuraba en la
colección de cuadros de Felipe II.
iJ/í3>*íi/a era uno de los muchos toroí que tenia este R*^y, juntamente con los de su
hijo el PrÍQcipe D. Carlos, l'^ra sin duda compañero de Martin de Apuas," Arnao, Pablo,
Cristóbal Cornelio, Luis López, Estebanillo Tudesco, Francisca de la Cruz, Catalina la
portuguesa y Magdalena Ruiz— de todos los cuales habia retratos, que lastimosamente
se han perdido— en la triste tarea de desarrugar el ceño de S. M., y le hallo á la muerte
del Rey retratado en el Guardajoyas de Palacio, y catalogado de esta manera: <<Retrato,
»en lienzo, con lejos j" un árbol grande, y al pié del sentado Morata, loco que fué del
wRey Nuestro Señor, con unos antojos y un libro en las manos.»
El inventario de 1637, reinando ya Felipe IV, da más pormenores de este retrato, y
declara que es olira de Alonso Sánchez Coello. Le describe asi: «Retrato al olio, muy
«grande, de Morata, loco, que tiene un libro en la mano, y está leyendo en él, y tiene
»puestos unos anteojos y está sentado en el campo entre unos países, y á los pies tiene
> unos libros y un conejuelo. Alto dos varas y tres cuartas; ancho dos varas. De mano
de Alonso Sanchez>>. Estaba, con otros retratos de truhanes, en la escalera que condu-
cía de la galería del Ciervo á las bóvedas ó habitaciones de verano . Atendida la disposi-
ción de este retrato, según la descripción precedente, no parece sino que Velazquez se
inspiró en ella cuando tantos años después pintó el del Primo, enano de Felipe IV.
Siento, mi ((uerido D. Antonio, no teñe'- datos más interesantes que ofrecer á V.
Mande siempre á su buen amigo y colega que le quiere de veras,— A de Madraso. —
Hoy 11 Febroro IS'*!.
CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 26Í)
en la primera anuncia su vuelta á Madrid; que sin embargo, no
fué tan inmediata como suponía y torna á ocuparse de las tra-
vacuentas á que daría lugar al principio la corrección gregoriana
que, confirmando lo que dice Cabrera en su historia de Felipe 11,
cree el Rey que se conoció en Lisboa antes que en Madrid. Como
en otras cartas, anuncia á sus hijas el envío de regalos, después de
decirles que el Calabres había ido á Estremoz ;í hacer búcaros
como los que tenía para las llores en el alcázar de Madrid; y serán
curiosas para los aficionados á la cerámica estas noticias: habla el
Rey de unas cajas y dice. «Por que no vayan vacias embio en la
«una porcelanas para vuestro servicio y de vuestros hermanos y
«una hay dentro della con otras porcelanas de nueva manera, á
))lo menos yo no las he visto sino agora, con otras cosas que ha
«juntado Sanfoyo». Este Santoyo figura como gentil-hombre de
servicio en las nóminas que se conservan en palacio del tiempo
de Felipe II, el cual, pone después de la fecha de 25 de Octubre
de 1582, estas palabras: «y bien me acordaré yo de esta noche
aunque vibiese mil años.» No hemos podido averiguar la causa
de este recuerdo indeleble.
El 8 de Noviembre siguiente, escribe el "Rey á sus hijas reite-
rando la noticia de su viaje aunque cree que no será hasta cerca
de Navidad. Es sabido, que el Archiduque Alberto quedó de go-
bernador de Portugal, y como ya tenía esta resolución D. Felipe
escribe en esta carta: «y yo espero que mi sobrino lo hará muy bien
«como vos la mayor lo decis.» Después de otras particularidades
curiosas, pero menos interesantes, el Rey dice á sus hijas: »Bol-
» viendo ayer á comer dada la una, de Nuestra Señora de Gracia,
»q' es el monasterio de los Agustinos, qu' es muy bueno, por
«que voy estos domingos á los monasterios por despedida, hallé
» vuestras cartas, en que m' escrives el mal de vuestro herma-
j)no y espero en Dios que no será mucho y con que asi fue-
»se no me pesarla que fuesen viruelas pues seria mejor que las
« tuviese agora que no mas adelante siendo mayor. Todavía no
«podré dexar de estar con cuidado hasta saver en quehavia para-
«do el mal, que creo se sabrá el miércoles y con el cuidado que
«vosotras tenéis d' el espero estara bueno.» Esta esperanza de Fe-
lipe II, tan desgraciado con sus hijos, no se cumplió, pues el mal
270 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
de D. Diego paró en su muerte, aunque al principio lo creyeron
leve los módicos, y consistió en viruelas, que como se verá luego,
se comunicaron á todos sus hermanos.
Según Cabrera (1): "El Principe D. Diego falleció a 21 de No-
viembre de aquel año de 1582, domingo fiesta de la Presentación
de Nlra. Sra. en el templo y de la suya podemos decir en el cielo
en compaña de los angeles en edad tan tierna. Llevó su cuerpo á
San Lorenzo D. Juan Manuel Obispo de Sigüenza y el almirante
de Castilla, y con la solemnidad que en los demás entierros rea-
les se habia hecho, le pusieron en compañía de dos jurados prin-
cipes de España, para que se vea el engaño de la vida y las grandes
fuerzas de la muerte.» El Rey aplazó con este motivo su vuelta á
Castilla para que su otro hijo D. Felipe fuese jurado como Prín-
cipe heredero de Portugal.
Existe una interrupción considerable en esta correspondencia,
pues desde la carta de 8 de Noviembre de que damos la anterior
noticia, se pasa á la del 3 de Enero del siguiente año, yes de sen-
tir esta laguna, pues en las cartas que sin duda faltan debía re-
ferirse el Rey á la noticia de la muerte del Príncipe D.Diego y á
la enfermedad de sus hermanos que debió producirle por aquella
circunstancia profunda pena y grandísimo temor; así se deduce
del principio de la carta de esta última fecha dirigida solo á la
Infanta Doña Catalina, á quien dice: «Bien podéis creer que he
» holgado mucho con vuestra carta por ver por ella que estáis ya
V'Con la salud que yo deseara que tubiesedes; y asi he dado mu-
))Chas gracias á Nuestro Señor por averosla dado y á vuestro her-
T)mano y hermanica y por todo lo que ha sido servido.» El Rey
se muestra luego enterado de que no quedaron lioi/os de las vi-
ruelas á su hija, cosa importante para una mujer, y sin duda por
ello habla especialmente el Rey del particular ásu hija.
En la caria siguiente, que es del 17 de Enero, vuelve el Rey íí
ocuparse de los hoyos de viruela de su hija Catalina, que aunque
pocos, le quedaron algunos con detrimento de su hermosura que
luincí fué luego tan señalada como la de su hermana doña Isa-
bel Clara Eugenia, según aparece de sus retratos y de las noticias
(I) l.ilivo xiir, cap. xii.
CARTAS DE riíLIPC U \ LAS INFANTAS SUS HIJAS. 2~ i
que do ambas dan los papeles del tiempo, en ellos, singularmcii-
le en cartas del Gardeilal de Granvillc que se conservan en dife-
rentes archivos, se dice, que las viruelas robustecieron á D. Fe-
lipe, de cuyo juramento como heredero de Portugal se ocupa el
Rey en esta carta anunciando que creía que sería presto, y que se
celebraría en una sala grande del palacio. En la carta siguiente,
que es de último de Enero, dice: «El juramento de vuestro hermano
»fuó ayer, y asi le podréis dar la norabuena del y otros escrivirau
«mas del y yo no puedo ni quiero agora perder tiempo en escri-
»vir ni en otra cosa sino darme mucha prisa á la partida.» Ni
Cabrera, ni Herrera, describen esta ceremonia como la de Tho-
mar; pero dicen que se celebró en la indicada fecha en el palacio
de la Ribera, donde se juntaron para ello los Estados de Portugal
y el primero da cuenta de lo que dijo el orador en aquella solem-
nidad, elogiando al Rey y consolándole por la muerte de D. Die-
go. Según un papel de la Biblioteca Nacional de Paris, de que
da noticia el Sr. Gachard, Felipe II hizo en esta ocasión una cosa
que halagó mucho á los portugueses, y fué, que estuviera senta-
do el Duque de Braganza llevando en su lugar la espada como
condestablo su hijo el Duque Barcelos.
Ya en camino para Castilla, escribió D. Felipe á sus hijas desde
Aldea Gallega el 14 de Febrero, diciéndoles que había partido de
Lisboa con su hermana el viernes, que fué dia once de aquel mis-
mo mes, después de comer, yendo por agua en dos galeras hasta
atravesar el río Tajo. El Rey se había sentido indispuesto el día
después de su llegada á Aldea Gallega, según carta del Cardenal
de Granvella dirigida á la Duquesa de Parma, por haberse ma-
reado como otros que iban en las galeras, aunque lo disimuló, y
esta indisposición le obligó á detenerse en la Aldea. El Rey da
noticia á sus hijas del plan de su viaje, y de que se separaría des-
de allí de su hermana que iba directamente á Guadalupe, mien-
tras él iría á Setuval y á Ebora. En esta excursión que el Rey
pensaba que solo duraría quince días, empleó un mes , pues el
15 de Marzo escribe á sus hijas desde Guadalupe, donde había
llegado el mismo día á comer; esta carta es breve y el Rey da la
razón de que lo sea diciendo: «y pues os veré presto que creo que
» será de oy en xv dias un dia mas o menos placiendo a Dios no
272 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
'5 quiero responderos agora ni deciros mas sino que vengo bueno
3) y con mucho deseo de veros aunque primero pasaré por San
Lorenzo»; de donde en efecto, escribió á sus hijas la brevísima
carta que es la última de la colección, y aunque la fecha dice
martes por la noche, con razón presume el Sr, Gachard que el Rey
cometió un error al escribir este día de la semana, porque en
efecto llegó al Escorial el jueves 24 de Marzo y salió para Ma-
drid el domingo siguiente 27, por lo tanto, no pasóenaqnel Real
sitio en aquella ocasión ningún martes. La fecha debe ser, pues,
del viernes por la noche, día en que hubo las grandes fiestas re-
ligiosas de que habla en ella con motivo de ser la Anunciación
de Nuestra Señora.
El Padre Sigüenza da noticia de esta última parte del viaje de
Felipe II en estos términos:
«El Rey nuestro fundador después de haber tomado posesión
»del nuevo Reino de Portugal tornó por Badajoz y de alli vino á
«Nuestra Sra. de Guadalupe, de alli partió á San Jerónimo de
» Guisando, llegó á la dehesa de Quejigar y primero visitó una
» hermita devota que está escondida en aquellas sierras de Avila,
» llamada nuestra Sra. de la Nieve, también se holgó de ver la
) viña que por su mandado y orden se habia plantado en aquellos
opinares, entró en la casa que se iba edificando, vio las bodegas
» y lagares que se hacían para recoger la cosecha tan grande y tan
» hermosa (1): llegó aquí álos 24 de Marzo, víspera de la Anuncia-
))CÍon de ntra. Señora el año 1583; le salió á recibir un hermoso
«escuadrón, de maestros, oficiales y peones de esta fabrica, pues-
»tos en orden con los instrumentos que usaban en ella, que no
DCra mal espectáculo ver tantas diferencias. Llegaron al pórtico
y principal, salió el Convento en procesión á recibirle y los niños
o del Seminario danzando para alegrar la entrada. Eldia siguien-
» te entró á dar una vuelta por la casa, mostrándosela el Obispo
r>áe Viseo Capellán mayor de S. M. y aun subió á ver lo alto del
j) cimborrio que estaba ya desembarazado de los andamios y grúas.
» Partió luego el domingo á 27 de Marzo para Madrid y pasó el
(1 ) Esta es la lieredad llamada el ^aiito que hoy posee el señor marquós de la Vies-
es, famosa j'Or sus vinos y aceites destinados al consumo del Monasterio del Escorial.
CARTAS DE FELIPE II A LAS INFANTAS SUS HIJAS. ¿ili
» puente que mando hacer en el rio Guadairama en nombre de
» S. Lorenzo, poniéndole sus parrillas que se acababan entonces.
» Entró en Madrid el 29 donde se le hicieron fiestas y gran reci-
bimiento, entrando en publico, ú que acudió infinidad de gen-
»tes»(l).
Esta solemnidad que recuerda los triunfos de los capitanes y
emperadores romanos, cuando volvían victoriosos á la Ciudad
eterna, fué el punto culminante de la grandeza y de la gloria de
aquel reinado y también de la monarquía española, que desde
entonces sufre una lenta y continua decadencia, cuyo término
quisiéramos ver inmediato cuantos amamos nuestra patria, y bus-
camos consuelo á las desdichas que la trabajan en el recuerdo de
las inolvidables hazañas de nuestros mayores, que establecieron
el poder de España en todo el mundo.
Antonio María Fabié.
Madrid, Marzo 1884.
(1) Entrada de Felipe II en Madrid de vuelta de Lisboa.
Verificó su entrada en Madrid el 29 del mes de Marzo con gran pompa y aparato,
llevando á su izquierda al Cardenal Granvela y recibiéndole la corte y el Ayunta-
miento y pueblo de Madrid con los honores, regocijo y aplauso que tributaba la anti-
güedad á los grandes conquistadores. Historia de la Villa y Corte de Madrid tomo iii,
pég. 107.
19
VARIEDADES.
MEMORIA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA.
DE MISIONES DE INDIOS GUARANIS *.
(Continuación.)
153. La nación Guayaiiá, junta con las demás na-
ciones sus semejantes, es bastante numerosa: viven a
una y otra banda del Paraná, desde unas veinte le-
guas mas arriba del Corpus, hasta el Salto Grande
de dicho Paraná, y aun mas arriba *, estendiendose
hasta cerca del Uruguay por el rio Yguazü, el de San
Antonio, y otros. Su natural es docilisimo, y tan so-
ciable con los yndios de estos pueblos, que no hay no-
ticia les hayan hecho el mas leve daiio en los frecuen-
tes viajes que hacen a los yervales: antes vien les
ayudan a trabajar, les buscan ' y manifiestan los pa-
rajes en donde hay muchos arboles de yerva, y aun
les socorren con alimento quando les escasea; conten-
> Véase el cuaderno Til del tomo IV.
- La relación Ms. está descuidada é incorrecta, por distracción del
escribiente que repitió tres veces este periodo descriptivo: desde unas
veinte leguas mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho
Paraná, y aun mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho
Paraná, y aun mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho
Paraná, y aun mas arriba, estendiendose etc. Se ha borrado estas repe-
ticiones, y conservado el texto según la edic. de Ángelis, donde se lee:
desde unas 20 leguas del Corpus, hasta el Salto Grande de dicho Pa-
aná, y aun mas ajriba.
' En la edic. de Ángrelis: les ayudan ú trabajarles, buscan.
MISIONES DE INDIOS GÜARANIS. 2ió
tandose con alguiKis frioleras que se les dá, como son
abalorios, espejitos, algunas achas chicas, y algún
lienzo de algodón.
154. Estos yndios viven dispersos por los montes;
se alimentan de la caza que matan con flechas sin ve-
neno, que no lo usan, ni conocen; comen de todas sa-
bandijas; pero lo principal de su alimento es la miel
de avejas de los montes. También siembran algunas
chácaras *, pero no las cultivan; lo que hacen es, der-
ramar la semilla en algún paraje, y al tiempo que ya
l€s parece tendrá fruto, buelven por alli, y recogen lo
que hallan. Las semillas que tienen son, porotos de
varias especies, y que algunos dan fructo todo el año
hasta que el frió consume las matas, el mayz, y cala-
bazas o zapallos de varias especies *, algunos de ex-
quisito gusto. .\e(im 5i33 3ano;:
155. A doce leguas del pueblo de Corpus acia la Reducción de
parte del este, hay una pequeña reduciou ' de la na- code Pauíal
cion Guayaná, nombrada San Francisco de Paula,
que está a cargo de los Religiosos Dominicos; y, aun-
que ya muchos años ^ que se fundó, ni se aumenta,
ni hay esperanza pueda permanecer con fruto; pues,
aunque los yndios manifiestan mucha inclinación a
ser cristianos, hay muchos estorbos que dificultan el
que se consiga el establecerlos a vida civil y cristiana.
156. El numero de personas cristianas de que se
compone la reducion ' al presente, son unas cinqueu-
ta, entre chicos y grandes: pero estos no siempre asis-
ten en la reducion ®; pues, acostumbrados a buscar
su alimento en los montes, se entran por ellos a pro-
curárselo, en donde tratan y conversan con sus pa-
* En la edic. de Angelis: chacras.
- En la edic. de Ángelis: ó sapallos de varias especies.
3 En la edic. de Ángelis: reducción.
* En la edic. de Angelis: ya hace muchos años.
5 En la edic. de Angelis: la reducción.
* En la edic. de Angelis: en la redacción.
276 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
Tientes, y amigos los ynfieles, estándose con ellos mu-
chos meses: de lo que resulta el que tal vez no buel-
ben a la reducion '. También los ynfieles frequentan
esta a menudo, particularmente quando los reducidos
tienen que comer: entonces se llena la reducion * de
ynfieles; y, eti consumiendo lo que hay, se retiran,
llevándose consigo a muchos de los cristianos que, o
aficionados del trato, o obligados de la necesidad, se
van con ellos.
157. El paraje en donde está situada la reducion '
es una de las mayores dificultades que hay para que
se aumente: la cercanía y trato con los suyos no les
deja olvidar sus antiguas costumbres e inclinaciones;
el poco terreno descubierto de bosques no les permite
estender sus chácaras *, y mucho menos el criar ani-
males; pues, ademas de la falta de terreno, abunda
tanto de mosquitos, tábanos y begenes ^ de diversas
especies, que ni aun pueden tener un caballo para el
servicio del Religioso Doctrinero.
158, Por el mes de octubre del año próximo pasa-
do de ochenta y quatro *, al tiempo que el YH.'"" S."""
D.° Fray Luis de Velasco, Obispo de esa ciudad del
Paraguay, visitava los pueblos de su diócesis, estando
en el de Corpus, vajaron los yndios Guayanás cristia-
nos a confirmarse en aquel pueblo. Con este motivo
tuvo ocasión dicho S." YH."" y la tube yo, de hablar
con ellos, y particularmente con el Correjidor que,
aunque de nación Guayaníi, fué nacido y criado en el
pueblo de Corpus; y, preguntándole por las causas
que a el le parecían motibavan el poco adelantamiento
En la edic. de Ángelis: reducción.
En la edic. de Ángelis: reducción.
En la edic. de Ángelis: reducción.
En la edic. de Ángelis: chacras.
Asi en el ms.: cáejor en la edic. de Ángelis: gegenes.
En la edic. de Ángelis: de n84.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 277
de su reducion ', dijo que la cortedad de sus terrenos,
y la inmediación a los montes, donde encontraban lo
necesario para su alimento, juntamente con no estar
havituados al trabajo, eran los motivos que los dis-
traían de la reducion *; y que los ynficlcs, aunque
todos deseaban ser cristianos, viendo que no tenian
que comer en la, reducion, no quieren ^ venir a ella,
y que solo se acercan por alli quando saven que hay
que comer; y en consumiéndolo se buelven a los mon-
tes: y que, solamente que se les diese terrenos buenos
en otra parte, se conseguirla el aumento de la redu-
cion *. A lo que les dijo el S."' Obispo que hablasen a
sus parientes y amigos, y les persuadiesen a salir de
los montes "; que la piedad del Rey les concederla
terrenos, y modo de subsistir en otro paraje * con las
comodidades que velan en los de aquel pueblo, y les
distinarian ministros que los doctrinasen^ y ensena-
sen el camino del cielo: y que esta diligencia la pu-
siesen en execucion luego que bolviesen a la redu-
cion ', y que de sus resultas me avisasen a mi para que
yo lo participase al S."'' Obispo y al Exc.""" S." Virrey
con el informe que tubiese por conveniente: y, aun-
que quedaron en hacerlo, particularmente el Correxi-
dor, asta ahora nada ha resultado, ni creo que re-
sultará ^ por lo que diré a Ym.
159. En el tiempo que el pueblo de la Candelaria
eslava comprehendido con los de mi cargo ^, tenia
• En la edic. de Ángelis: de su reducción.
- En la edic. de Áng-elis: eran los motivos que distraian de la reduc-
ción á los reducidos.
3 En la edic. de Ángelis: en la reduceion, no querían.
4 En la edic. de Ángelis: de la reducción.
s En la edic. de Ángelis: y los persuadiesen á salir de entre los
montes.
6 En la edic. de Ángelis: en otros parages.
. ' En la edic. de Ángelis: á la reducción.
s En la edic. de Ángelis: ni creo resultará.
9 En la edic. de Ángelis: el pueblo de Candelaria estaba comprendi-
do en los de mi cargo.
278 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
dispuesto que aquellos yndios frequciitasen los viajes
a los yervales silbestres; y, entre otros puntos que en-
cargava para que se governasen en aquella faena, era
el que conservasen la mejor armonía con los ynfieles
añcionandolos al trato con ellos; y que , siempre que
tubieran oportunidad, les persuadiesen a ser christia-
nos y a salir de los montes, convidándoles con las
conveniencias que ellos tenían en sus pueblos; y, para
que les fuesen presentes *, vieran si podían persuadir
a algunos caciques a que como de paso ■ vinieran a
ver su pueblo: y en efecto vino uno con otros dos yn-
dios con algunos de Candelaria, a los que agasajé y
regalé bastante. Y tratándoles del asunto de su con-
versión, y reducion ', me respondieron que asi ellos,
como todos los demás de aquellos montes, deseavan
ser christianos; pero que fuesen allá los Religiosos a
enseñarlos, porque ellos no podían salir de allí, por-
que si venían a los pueblos, se havian de morir; y de
esta persuasión, de que no dava * ninguna causa, no
les pude disuadir ^ Pero me parece que no sería di-
ficultoso el apartarlos de ella, aunque fuera poco a
poco; porque, como llevo dicho, son mas dóciles *: y^
de querer juntarlos en la reducion '' principiada, o a.
otra en aquellos parajes, me parece que todos los es-
fuerzos, y gastos serian inútiles; porque, aunque la.
piedad del Rey les facilite algunos socorros, al ins-
tante que estos llegasen a la reducion vendrán a ella "^
quantos hay en los montes, y permanecerán allí *
hasta que los consuman, o se los escaseen, y los qui-
En la edic. de Ángelis: y para que les fuesen patentes.
En la edic. de Angelis: como de paseo.
En la edic. de Ángelis: y reducción.
Asi en el Ms. En la edic. de Ángelis: de que no daban.
En la edic. de Ángelis: no los pude disuadir.
En la edic. de Ángelis: son muy dóciles.
En la edic. de .ingelis: en la reducción.
En la edic. de Ángelis: á la reducción vendrían á ella.
En la edic. de Ángelis: y permanecerian allí.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS, 279
.sieren ' obligar a trabajar: lo que no sucedería, si los
trasladasen a otra parte.
,. 160. La prueva mayor que tengo para convencer-
me déla docilidad, y buena disposición de estos yn-
dios es, que hace tres años que se han mantenido sin
Religioso que los doctrine y govierne, y en todo este
tiempo, ni han abandonado la reducion *, ni han de-
jado de cumplir en lo posible con las obligaciones de
cristianos. Y lo mas es que, haviendo visto el S." Obis-
po la desnudez de algunos, determinó socorrerlos, y
en efecto lo hizo; y, haciéndoles cargo que porque no
trabajaban en hilar, y tejer para vestirse, dijo el Cor-
rexidor que en aquel año havian recoxido poco algo-
don, y que aquel poco lo havian hilado, y texido, y
lo tenian guardado para tupambre ' del Padre, y
que de modo ninguno havian de gastarlo hasta que
el viniera, y dispusiera del *.
161. A la vanda del Sur del Uruguay, en los mon- indios Tupis,
tes que principian desde el pueblo de San Francisco
Xavier, ha vi tala nación nombrados Tupís: Esta pa-
rece no es muy numerosa, o andan mui dispersos,
porque nunca aparecen muchos juntos: son caribes, y
tan feroces, que ni aun los tigres les igualan. Viven
siempre en los montes, desnudos enteramente; sus ar-
mas son arcos y flechas, que asi aquellos como estas
sonde mas de dos varas de largo: algunas veces se
dejan ver junto al dicho pueblo de San Xavier a la
vanda opuesta del Uruguay; y, aunque siempre que
esto sucede, se les ha procurado hablar, "y atraerlos,
ofreciéndoles, y mostrándoles cintas, abalorios, gor-
ros colorados, maiz y otras cosas, nunca han querido
llegarse ni esperar, correspondiendo con sus flechas,
' En la edic. de Ángelis: y les quisieran.
* En la edic. de Angelis: la reducción.
"* En la edic. de Ángelis: tupambae.
♦ En la edic. de Ángelis: de él.
280 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
con las que han herido a algunos yndios quando han
visto que las canoas o balsas se acercara * acia donde
ellos están, retirándose precipitadamente al monte.
162. El pueblo de San Xavier mantenía en aquel
lado - una estanzuela, y por las ymvasiones de estos
yndios les fue preciso abandonarla; pues, aunque no
acometían a las casas, buscaban ocasión de encontrar
algún yndio solo para acometerle, y no se podian per-
seguir, porque ganavan el monte, del que jamas se
apartavan mucho. En tiempo de los Jesuítas pudie-
ron los yndios de San Xavier aprisionar uno de estos
yndios, y lo trageron al pueblo, en el que procuraron
agasajarlo con la suabidad del trato; pero nada bastó
para que depusiese su ferocidad, en la que permane-
ció sin querer tomar alimento ni hablar una palabra
hasta que murió.
163. Estos mismos yndios se estienden por aque-
llos montes, hasta cerca del pueblo de Santo Ángel, y
por todos los montes que median entre el Uruguay y
los pueblos del departamento de San Miguel ', cono-
cidos por los de la Vanda Oriental del Uruguay.
Quando los yndios de estos pueblos van a los montes
a beneficiar la yerva nombrada del Paraguay, es me-
nester que vivan con la precaución de no separarse
uno solo; porque los Tupís los acehan * desde el mon-
te a manera de tigres, y el que ven solo, y retirado de'
los otros, le acometen; y, sino puede escapar, lo ma-
tan, lo llevan y lo comen.
164. De estos yndios cuentan los Guaranis algu-
nas patrañas, ocasionadas del miedo que les tienen:
una de ellas es, que sus pies no tienen dedos, y que
en ellos tienen dos talones, o carcañales, y que asi no
* Así en el irs. En la edic. de Ángelis: se acercan.
- Corregido en el ms.: primeramente se escribió: en aquel tiemi)0.
I-o mismo se lee en la edic. de-Ánpelis: mantenía en aquel lado.
"• En la edic. de An|,-elis: del destacamento de San Miguel.
* Aai en la copia vs. En la edic. de Ángelis: los asechan.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 281
se puede conocer por las pisadas, si van o vienen.
165. En los campos que se dilatan a la Vanda Yndios Minua-
Oriental del Uruguay, desde el Rio Negro hasta el rua'^.
Ybicuy, havitan las dos naciones de Charrúas, y Mi-
uuanes: la primera acia el lado del Rio Negro, y la
otra acia el Yhicuy, y estancias que por allí tienen los
pueblos. Estas dos naciones son semejantes en su ge-
nio, costumbres, y modo de vestir '; y asi lo que di-
gere de los Minuanes, que son los mas inmediatos a
estos pueblos, conviene a los Charrúas.
166. Los yndios Minuanes viven en tolderias, com-
puestas de parcialidades , o cacicazgos ; aunque regu-
larmente conocen superioridad en alguno de los caci-
ques de aquellos territorios, ya por tener mayor
numero de yndios de su debocion*. o por mas vale-
roso y abil: aora el que domina es el cacique Miguel
Caray. Estos yndios son bastante tratables, guardan
fee en sus contratos, castigan a los delinquentes , sin
permitir se haga daño a nadie , sino han recivido an-
tes algún agravio; y asi viven en buena arnionia con
todos los de los pueblos, menos con los de Yapeyú;
que, por que estos les han hecho algunos daños, siem-
pre que pueden se vengan de ellos.
167. Estos yndios permiten en sus tolderias, y en
todo el terreno en que se estienden, a quantos yndios
Guaranís se desertan de sus pueblos y quieren vivir
entre ellos; pero han de usar la política de avisarles,
y decirles que van a favorecerse de ellos. Del mismo
modo permiten Españoles gauderios changadores ".
que andan por aquellos campos matando toros para
aprovecharse los cueros; los que extraen llevándolos
a la ciudad de Montevideo, introduciéndolos en ella
clandestinamente, entre los que entran *, con permiso ,
* En la edic. de Ángelis: y modo de vivir.
2 En la edic. de Ángelis: de indios á su devoción.
3 En la edic. de Ángelis: gauderios y changadores.
* En la edic. de Ángelis: entre los que extraen.
282 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL'^.
O de Otra forma; o pasándolos al Brasil por medio de
inteligencia con los portugueses del Viamon \ y Rio
Pardo, a cuyos parajes* introducen los mismos gau-
derios españoles algunas porciones de ganado de los
mismos campos. Pero es mucho mas lo que extraen
los mismos portugueses, a los que ayudan y favore-
cen mucho los Minuanes, por que los regalan con mas
franquicia ' dándoles lo que mas apetecen, particular-
mente el aguardiente, por medio de lo qual consi-
guen, no tan solamente el que les permitan matar y
extraer todo el ganado que quieren, y sus corambres,
sino que, en caso de que alguna partida española los
encuentre, los favorecen, no permitiendo se les haga
ningún mal.
1G8. Aunque por la buena fee que estos yndios
observan con los de estos pueblos se conserva la paz*,
son mui perjudiciales: lo primero, por el asilo que
dan a los yndios que se desertan de estos pueblos; lo
segundo, por el favor que prestan a los españoles, y
portugueses changadores que destruyen los ganados
de aquellos campos; y por último, porque siempre es
preciso contemplar con ellos, regalándolos con yerva,
tabaco, y otras cosas, a fin de que con quales quiera
pretexto^ no impidan las baquerias, robando las caba-
lladas, y haciendo otras estorciones a los que van a
ellos ^
169, El buen natural de estos yndios parece fran-
quearla la entrada a su reducion ', y conversión; pero
en nada menos piensan que en reducirse: y, aunque
» En la edic. de Angelis: del Viamont.
* En la edic. de Ángelis: en cuyos parajes.
- En la edic. de Ángelis: con mas frecuencia.
* El texto de la edic. de Ang-elis es menos correcto en este pasaje.
Dice asi: Aunque por la buena fé que estos indios observanse, con los
de estos pueblos, se conserva la paz.
5 Asi en el ms.: En la edic. de Ángelis: con cualquier pretexto.
* En la edic. de Áúgelis: á ellas.
"> En la edic. de Ángelis: á su reducción.
MISIONES DE INDIOS GL'ARANIS. 28o
no les es repugnante nuestra Religión, les es la suge-
cion que ven en los yndios reducidos a pueblos', y
precisados a trabajar; lo que a ellos no sucede. Nadie
determina sus operaciones, cada uno es dueño de las
sayas: en el campo tienen su sustento en el mucho
ganado que hay en el: ellos tienen pocas luces* para
conocer lo feliz de la vida civil, y mucha malicia para
no dejarse sugetar al yugo de una reducion '. A mi
me parece que los Minuanes jamas se reducen * con
sola la persuasión de la predicación evangélica.
170. Réstame aora dar a Vm. una individual no- Govíerno ecie-
sisLstico V cul"
ticia del gobierno eclesiástico, y culto divino de estos to dwino.
pueblos: pues, siendo mi animo el presentar al exa-
men y consideración de Ym. la idea que me ha ocur-
rido de mejorar el gobierno temporal de esta provincia,
será preciso mudar en parte el que se observa en lo
eclesiástico; asi para conformarlo con el temporal,
como para que se logren, y tengan efecto las piadosas
intenciones de S. M, y Prelados eclesiásticos, y que
estos naturales logren la asistencia, doctrina, y sufra-
jios necesarios a la salvación de sus almas. En esta
narración tocaré algo de lo que alcanzo con certeza del
tiempo de los expatriados, y me estenderé en el pre-
sente, como que tengo entera noticia; para que, con
conocimiento de lo que ahora se observa, puedan co-
nocerse las ventajas de lo que premedito *.
171. En tiempo de los Jesuítas havia en cada uno
de estos pueblos un Gura que presentava el Governa-
dor de Buenos Ayres, como vice-patron ® de los treinta
pueblos; al que dava la colación y canónica ynstruc-
1 En la edic. de Ángelis: que ven en los indios de estos pueblos re-
ducidos á pueblos,
- En la edic. de Ángelis: y tienen pocas luces. Omite: ellos.
3 En la edic. de Ángelis: de una reducción.
* En la edic. de Ángelis: se reducirán.
* En la edic. de Ángelis: las ventajas del que premedito,
c En la edic. de Ángelis: como vice-patrono.
284 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA.
cion • el Obispo de Buenos Ayres a los de los diez y
siete pueblos del Uruguay; y el del Paraguay a los
trece del Paraná. Estos Curas tenian de sinodo qna-
trocientos setenta y seis pesos, señalados en los Rea-
les tributos; los que percivia su Religión, quien seña-
lava los Compañeros y Coadjutores que le parecía,
poniéndolos y quitándolos a su arvitrio, o pedimento
de los Curas', y a unos y a otros ' les subministrara
lo preciso para su comodidad, y decencia. El Cura le
hacia cargo*, y cuidava principalmente de las tempo-
ralidades, y da va al Compañero el cargo de lo espiri-
tual, sugetandolo en todo a sus disposiciones. Y, como
ya dejo dicho del modo que se governavan en lo tem-
poral, diré lo que alcanzo del que practicavan en la
espiritual ^
172. Lo primero que se presenta a la vista son los
templos: estos, aunque no guardan regularidad en su
arquitectura, y son de poca duración, atendiendo a la
pobreza de los pueblos y la de sus naturales, son muy
suntuosos, y están vien adornados interiormente de
retablos, los mas de ellos muy toscos, y todos dora-
dos, y los bultos de los Santos ® que ocupan sus ni-
chos, pocos son los que hay de buena escultura. Las
pinturas que adornan sus paredes son loscas y des-
proporcionadas. Las alajas de plata son muchas, y
grandes, aunque su obra es poco pulida, a escepcion'^
de alguna otra pieza. Los vasos sagrados son también
muchos, y de mejor obra) y algunos de ellos de oro:
ygualmente los ornamentos son muchos, ricos y cos-
' Asi en el ms. Mas correcto en la edic. de Ángelis: y canónica ins-
titución.
* En la edic. de Ángelis: ó á pedimento de los curas.
5 En la edic. de Áng-elis: y á unos y otros.
* Asi en el ms. En la edic. de Ángelis^El cura se liacia cargo.
' Así en el ms. En la edic. de Áng'elis: en lo espiritual.
•* En la edic. de Án¿-elis: y los bustos de los santos.
En la edic. de Ángelis: á excepción.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS. -!0D
tosos. De modo que, aunque para el servicio De * y
culto divino ninguna riqueza puede decirse que es
excesiva, con todo, atendiendo á la pobreza de los
pueblos, y sus naturales, parece que se excedieron en
esto. Las torres o campanarios son de madera, forma-
dos de quatro pilares, oorcones* gruesos, y altos, con
dos, o tres entablados que hacen otros tantos cuerpos,
y su tejadito. Estos campanarios están en los patios
de las casas principales, contiguos alas mismas ygle-
sias, y en ellos muchas campanas de varios tamaños,
y algunas bastante grandes, y de buenos sonidos; las
mas son fundidas en estos pueblos.
175. Una de las cosas en que he reparado es que,
teniendo las yglesias de estos pueblos tantas alajas de
plata, aun para vsos poco necesarios, y muchas de
ellas duplicadas en un mismo vso, no hayan empleado
parte de esta plata en coronas de las ymagenes de la
Madre de Dios, resplandores de Crucifijos, y laureo-
las de Santos; siendo muy rara la ymagen que en su
adorno' hayan empleado plata alguna. Lo mismo
digo de los bultos de Jesús Nazareno * en los varios
pasos de su Pasión, la de la Virgen *, y otros Santos
que sacan en las procesiones de Semana Santa: todos
estos son unos trozos de madera mal labrados, y peor
pintados, sin ningún adorno en sus cuerpos, ni en las
andas en que los colocan; siendo estas una especie de
pariguelas mal formadas, y parece que devian haber
puesto en esto, mas que en otra cosa, su esmero; pues,
siendo la representación de estos pasos quien nos trae
a la memoria la obra de nuestra redemcion, es mas
combeniente que los bultos de Jesús ^, la Virgen, y
1 Asi en el MS.: se omitió: Dios. En la edic. de Ángelis: para el ser-
vicio de Dio?.
» En la edic. de Ángelis: ú horcones.
3 En la edic. de Angelis: la imagen, en cuyo adorno.
♦ En la edic. de Angelis: de los bustos de Jesús Nazareno.
s Así en el ms. En la edic. de Ángelis: el de la Virgen.
6 En la edic. de Ángelis: es muy conveniente que los bustos de Jesús.
286 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL^.
demás Santos sean vien formados, y adornados; ma-
yormente entre estas gentes, que les entran las espe-
cies mas por la vista que por el oydo, y pudieran ha-
ver empleado parte de las ricas telas que emplearon
en los ornamentos, en vestidos decentes de estas yma-
genes, y otros adornos de ellas.
174. Las funciones de yglesia correspondientes al
culto divino las hacian con mucha solemnidad; pero
no ponian tanto cuidado en lo que pertenecía al bien
espiritual de las almas de sus feligreses: pues, según
se esplica el S.'"' D." Manuel Antonio de la Torre,
Obispo que fué de Buenos Ayres, en el informe que
dio al Excmo. Señor D." Francisco Bucarely, Gover-
nador de dicha ciudad, tratando del señalamiento
de sínodos de los nuevos Guras ' que sustituyeron a
los Jesuítas, estos no aplicaban ninguna de las Misas
por los difuntos, ni las de los dias de fiesta por el pue-
blo, ni la que debían cantar los lunes por las almas
del purgatorio, ni tampoco lleva van el Santísimo Sa-
cramento a casa de los enfermos; pues a estos, quando
se les havia de administrar, los llevavan y ponian en
una capilla frente de la misma yglesia, y alli se los
administraban, sucediendo algunas veces, el que al
llevarlos o bolverlos se morían algunos de frió en el
camino. Esta costumbre permaneció nlgun tiempo
después. Yo alcancé en algunos pueblos de mi cargo*;
lo que cesó a una leve insinuación mia. Lo demás que
praclicavan era conforme a lo que espresaré adelante,
quando trate del culto divino presente. Pues en la
mayor parte los Guras actuales han seguido la cos-
tumbre que encontraban ', según lo practicaban los
mismos yndios, a excepción de tal qual cosa de poca
' En la edic. de Angelis: de sínodo á los nuevos curas.
- En la edic. de Ángelis: Ye {asi: Yo) alcancé todavía en dos de los
puel)lo3 de mi cargo.
' En la edic. de .Yngelis: que encontraron.
MISIONES DE INDIOS GUARANIS, 287
consideración que han alterado; y, si tenian alguna
otra particularidad, lo ignoro.
175. El lugar que ocupaban los Jesuítas fue sos-
tenido • por Religiosos de las tres Ordenes, Santo Do-
mingo, San Francisco y La Merced: para cada pueblo
fueron nombrados dos Religiosos con títulos de Gu-
ra, y Compañero, señalado* a cada uno distinto si-
nodo, como ya queda dicho.
176. Para el nombramiento del Religioso que ha
de servir el empleo de Gura se guardan las formali-
dades que previenen las leyes del Real Patronato, ha-
ciendo la nominación el Provincial, la presentación
el Vice-Patrono, y dándole la ynstruccion el Dioce-
sano '; pero a los.Gompañeros los nombra el Provin-
cial, y con la aprovacion y pase del Vice-Patrono
vienen a ocupar su destino, dejando tomada razón en
los Tribunales de Real Hacienda para el abono de sus
sínodos.
177. Luego que el Gura se presenta al Governador
de la provincia o Theniente del departamento en cuyo
distrito está el pueblo de su destino, vistos sus títulos
despacha orden al Gavildo, y Administrador para que
por su parte lo recivan y le acudan con el sustento,
según está mandado en las Ordenanzas. Con esta or-
den y sus títulos se presenta en el pueblo, y el Cura
que cesa le hace entrega formal del curato, libros,
yglesia, sacristía, y ornamentos, asistiendo a todo el
Cabildo, y Administrador: reconocen si los ornamen-
tos y alajas de la yglesia * están cabales, según el pri-
mer ymbentario, anotan los que se deven anotar *, y
• Así en el ms. En la edic. de Ángelis: fué sostituido.
- En la edic. de Ángelis: señalando.
3 Asi en el ns. Con mayor propiedad y corrección en la edic. de Án-
gelis: y dándole la institución el Diocesano.
* En laedic.de Ángelis: sacristía y ornamentos. Asistiendo á todo
«1 cabildo y administrador, reconocen si los ornamentos y alhajas de la
iglesia, etc.
5 En la edic. de Ángelis: anotando lo que deben anotar.
288 boletín de la real academia de la historia.
dan parte de la execucion al inmediato superior: y los
Compañeros * se presentan con la licencia de su Pro-
vincial, y orden del Vice-Patrono, y mediante ella
son admitidos sin hacer* entrega de nada.
fConcluim en el próximo número.)
> En la edic. de Ángelis: y dan parte de la egecucion al inmediato
superior. Los compañeros, etc.
* En la edic. de Ángelis: sin hacerles.
boletín
DE LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TOMO IV. Mayo, 1884. cuaderno v.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTICIAS.
El tomo II de la Introducción á las Cortes de León y Castilla,
escrita por el académico Sr. Colmeiro ha llegado al pliego 3 1 de
impresión.
El académico Sr. Fita ha presentado, copiadas por qI con toda
exactitud en el Archivo de la catedral de Barcelona, las actas del
célebre concilio de Clermont presidido por el papa Inocencio II
(1130), que sirve de guía para rectificar el texto de las Cortes de
Barcelona celebradas un año después. También ha ofrecido cal-
cos de inscripciones romanas de la Puebla de Castro que comple-
tan las ya publicadas en el número anterior de este Boletín y
confirman la opinión de que cerca de la Puebla debió de existir
Lahitolosa, ciudad afiliada á la tribu Galería.
El Sr. Gobernador de la provincia de Álava, en nombre de la
Comisión de monumentos históricos y artísticos que preside, ha
enviado la reseña descriptiva y los dibujos en cromo de varios
objetos arqueológicos recientemente hallados en las excavaciones
de la villa de Suso, antiguo emplazamiento de Vitoria.
TOMO IV. 20
290 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORrA.
Estas excavaciones atestiguan el incendio violento de que fué
víctima la ciudad hacia ñnes del siglo xii.
Se han recibido de parte de los albaceas de D. Benigno García,
fallecido últimamente en Alcalá de Henares, los códices volumi-
nosos que contienen la instrucción del proceso de beatificación
de los ilustres varones Fr. Julián de San Agustín, Fr. Juan Gó-
mez 01 Hortelano y Fr. Francisco de Torres.
Ha sido firmado el Real decreto que declara monumento nacio-
nal la basílica de Govadonga,
La Academia acordó aprobar la moción de su individuo de nú-
mero , el Sr. La Fuente , para que sea elevado á la categoría de
monumento nacional el templo de Santa María de Galatavud.
Atendiendo á la solicitud de la Comisión de monumentos de
Sevilla, la Academia ha tenido á bien prestar su concurso cerca
del Gobierno de S. M. , en demanda de subsidio con que reparar
la Giralda famosa , lacerada recientemente por una chispa eléc-
trica.
La Academia oyó con sentimiento la noticia de haber fallecido
dos sabios de la nación vecina: el eminente arqueólogo P. Gahier,
que, con el P. Martín, escribió la obra monumental Les vitraux
de Bourges, y el ilustre historiador M. Mignet, miembro de la
Academia Francesa, y secretario perpetuo de la de Ciencias Mo-
rales y Políticas.
necrología.
Dug&t, Ilistoíre des Orientalistes: Dozy: Tomo II. 41. Goeje, Biographie de ReinJtart
Dozy\ trad. Chauvin. Leide, 1883.
Si hubiera de referir la vida y juzgar las obras de este autor
ilustre con la extensión que merecen , si hubiera de presentarle
en el centro científico en que trascurrió su existencia, rodeado de
sus maestros , de sus colegas y de sus discípulos , ciertamente que
podría escribir, más bien que un artículo de revista, un volumi-
no.so libro.
Libro que reseñando en detallada monografía, la existencia
de Dozy y sus relaciones literarias, sería interesantísimo para
nosotros los españoles; pues al ocuparme de él debía tratar de
algunas ilustraciones patrias , y porque la mayor y más principal
parte de sus obras abraza largos períodos de los más romancescos
y bellos de nuestra historia.
Cuando multitud de grandes cualidades se reúnen en un hom-
bre; cuando vida laboriosa, fantasía brillante, ingenio claro y
agudo, sagacidad que asombra por lo perspicaz, critica profun-
damente erudita, y amor incontrastable á la exactitud, á la pre-
cisión y á la verdad, distinguen á un escritor, su nombre pasará
seguramente á la posteridad, como pasa el de Dozy, enfi-e el res-
peto y la admiración de sus coetáneos, rodeado de gloriosísima
aureola.
España ha llenado cuasi por entero su grandiosa obra; como
nuestro Florez, como Zurita, ha iluminado espacios bien oscu-
ros de su historia ; nos ha relatado memorias del tiempo vie-
292 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
jo que creíamos desvanecidas para siempre; ha borrado, no ya
de la vulgar opinión, mas del común sentir de los sabios, errores
de cuenta, y así como un guía, sacudiendo su antorcha en esas
oscuras cavernas, alcázares encantados de estalactitas, descubre
maravillas en lontananza y en torno del asombrado viajero, así
su saber, agitando la antorcha de la inspiración histórica ante el
oscuro pasado de nuestra Edad Media , nos ha hecho asistir á la
vida de aquellos tiempos , y nos ha indicado anchos espacios á los
cuales dedicar nuestros esfuerzos.
Podrá decirse de él que se mostró duro con los que le precedie-
ron en su camino ; duro también con muchos de sus coetáneos;
no solo duro, sino en ocasiones injusto: podrá decirse que pare-
cía querer imponer á todos una superioridad evidente, que
hubiera ensalzado mucho mejor la indulgencia; que algo de la
glacial animadversión de Gibbon á la idea católica pasó por su
alma; que nos conoció en los libros más que en la vida real;
podrá decirse todo esto , pero muchos de estos cargos se desvane-
cen hoy al borde de su sepulcro , ante las grandes obligaciones y
los considerables beneficios que le debemos.
Mtichos de estos cargos refluyen también en pro nuestra; pues
la severidad de su crítica ha hecho muy difíciles en España las
ligerezas de Conde ó las patrañas de Faustino Borbón; ha mos-
trado á nuestros arabizantes cuan austera es la labor que han
emprendido, y les ha trazado ancho campo dé acción para sus
investigaciones. Dozy será siempre para los arabis-tas, como es
Silvestre de Sacy, comoCaussin de Perceval, un acabado modelo^
con sus grandes cualidades para imitarlas, con sus pequeños de-
fectos para huirlos y para olvidarlos.
Entre las más excelentes figuras do la historiografía patria^
entre aquellos sabios varones, que tanto contribuyeron á la ilus-
tración de nuestros anales, Antonio Agustín, Mariana, Alderete,
Nicolás Antonio, Velázquez, Morales, en el Parnaso de nues-
tros historiadores, tendrá lugar preferente Reinaldo Dozy, á
quien sus trabajos en pro nuestra conceden carta de ciudadanía
española. Muchas veces admiró, muchas celebró á aquellas auto-
ridades históricas; si ellos pudieran haberse visto juntos con él,
ciertamente que le recibieron con gallarda cortesanía española
NECROLOGÍA. 293
como á par en mérito , y que cual ú compatriota le consideraran.
España debe á Dozy respetuosa gratitud, y es de esperar que
cuando la ciencia europea ha cubierto de flores su tumba , nues-
tra patria, siempre hidalga en sus obligaciones , se adelante á
todas en la demostración de su duelo.
I.
En la última sesión del quinto Congreso internacional de los
Orientalistas, celebrado en Berlin durante el mes de Setiembre
de 1881, al aprobarse que el siguiente Congreso se verificara en
Leyden, el que esto escribe preguntó á un ilustre arabizante
alemán, si Dozy sería designado para presidirla nueva Asamblea.
— Si vive, seguramente nos presidirá; pero dudo que exis-
ta para entonces ; la enfermedad que ha hecho presa en él, di-
fícilmente le dejará vivir tanto tiempo.
El suceso ha venido á confirmar esta triste previsión; un año
se adelantó la fecha convenida para la celebración del sexto Con-
greso; Dozy había sido elegido Presidente, y había autorizado con
su fírmalas invitaciones; pero la muerte se adelantó también al
cariño y al respeto de los orientalistas y enlutó el triunfo que se
le preparaba.
Reinaldo Dozy nació en Leyden en 28 de P'ebrero de 1820, y en
Leyden ha fallecido el 29 de Abril de 1883; ha muerto^ pues, de
edad no muy avanzada para los climas septentrionales. Los tra-
bajos científicos, aunque no lo parezcan, son bien duros; pro-
porcionan goces indecibles ; puros goces , cuya inefable dulzura
saborea sólo quien ama la ciencia apasionada y desinteresada-
mente; pero su esfuerzo, como el penoso trabajo del minero en
las entrañas de la tierra, deja profundas huellas en el cuerpo ;
cuasi siempre más profundas y dolorosas, más gastadoras de
vida, que el trabajo y las privaciones materiales.
Leyden ha sido hace largo tiempo , cuna ó morada de arabistas
ilustres : allí escribió su Gramática aquel Erpenio, á quien uno
de nuestros Gobiernos invitó á enseñar en España; allí publicó
su Lexicón Raphelengius , uno de los colaboradores de la Biblia
294 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\.
de Anveres de 1571 ; allí coleccionó Golio los elementos de su Dic-
cionario; allí escribieron sus obras los Schultens, antepasados de
Dozy; allí catalogó Reiske los manuscritos de su Biblioteca;
allí enseñaron Weijers y Hamaker ; allí se han formado insignes
orientalistas y se han impreso tantas obras sobre sus estudios^,
que podrían formar una magnífica biblioteca.
En este medio tan acomodado á su vocación y á su ingenio,
nació y se educó Dozy. Durante los momentos en que se forma
un hombre de ciencia, en los albores de la juventud, en los ins-
tantes de las grandes decisiones, en los que las vocaciones se
determinan y se marca la vía que se ha de recorrer en la vida,
es una gran fortuna encontrar un guía seguro y afectuoso , cuyo
saber fortifica y da seguridad en el estudio, fija los puntos de
vista, y ahorra trabajo y tiempo, evitando las incertidumbres de
la inexperiencia. Dozy tuvo esta gran fortuna en la enseñanza de
su maestro Weijers.
Este fijó la vocación de su discípulo para los estudios históri-
cos , y estimuló su inclinación á los lexicográficos, que en edad
bien temprana le hacía aprenderse de memoria las notas críticas
de los Sultanes Mamelucos de Quatremére, y que al fin de su vida
le ha dictado su obra maestra, el Suplemento d los Diccionarios
árabes. Weijers ciñó su fantasía, más meridional que holandesa,
á todo el rigor de la verdad , impidiendo que la imaginación
exuberante y lozana de los pocos años hubiera dominado en aquel
juvenil ingenio, viciando aptitudes de mayor excelencia : le mos-
tró el verdadero valor de la civilización musulmana, apartándole
de ese filosemitismo á outranceqiiQ en Francia distinguió á Sedi-
llot y en España distingue á Gontreras; inspiróle , en una pala-
bra, pasión sin fanatismo por aquella cultura, que fué uno délos
principales factores en la Edad Media , popularizando obras ilus-
tres del mundo clásico, estudiando la ciencia y erigiendo monu-
mentos insignes, cuando las sombras de la ignorancia envolvían
cuasi por completo al entendimiento europeo.
Dozy debe á Weijers mucha parte de su fortuna científica; así
lo ha proclamado frecuentemente en sus libros ; así lo reconoció
en su sencilla y elocuente dedicatoria de la Historia Ahhadida-
ruyn: Weijersi, proiceptoris desideratissimi, piis Manibus, sacrum.
NECROLOGÍA. 295
A los veintitrés años dióse el joven arabizantc á conocer con
una erudita Memoria (1), el Diccionario detallado de los nombres
de vesiiihs entre los árabes, la cual obtuvo el premio en el certa-
men internacional abierto por el Real Instituto de los Países-
Bajos , mereciendo elogios y considerable atención de algunos de
los más autorizados orientalistas franceses (2).
En este punto comienza la no interrumpida serie de sus publi-
caciones y de sus triunfos , admirando á cuantos han seguido con
atención su persistente fecundidad, que parecía inagotable.
En 1." de Marzo de 1844 graduóse de Doctor en Leyden, cuando
la muerte se cernía sobre su ilustre maestro. Viajes posteriores
por Alemania é Inglaterra, abrieron más ancha carrera á sus
facultades ; anudó durante ellos excelentes relaciones , registró
importantes bibliotecas, y al par que acumulaba materiales y
notas para futuras producciones , descubría en ellas ignorados y
curiosos documentos de la literatura holandesa en la Edad
Media i3).
Nombrado después conservador adjunto de los manuscritos
orientales que se guardan en la Biblioteca leydense, concibió el
pensamiento de publicar una colección de l/extos arábigos ; pen-
samiento que, como enlode adelante diré, produjo resultados
fecundos.
A pesar de esto, á pesar de que Dozy se había granjeado sin-
gular respeto en los círculos científicos más elevados de Europa,
permanecía siempre en situación subalterna, percibiendo escaso
sueldo ; creían los maliciosos que así le trataba el Gobierno de su
patria por adversario de su política.
Estamos acostumbrados los españoles á murmurar constante-
mente de nuestro país, parangonándole con los extranjeros ; pa-
cí) Dictionnaire détaillé des noms des vetéments c7iez les amies, Amsterdam, Mu-
11er, 1815.
(2) Defremery trató críticamente de esta obra en el Journal Asiatiqv.e de Octubre
1846 y Agosto 1847 ; después en sus Mémoires d'histoire Oriéntale reprodujo estos ar-
tículos y añadió un suplemento al Diccionario, También se ha ocupado de este Dugat
en el Journal Asiatiqíte, Enero 1856.
(3) Comunicó los resultados de sus investigaciones al profesor Vries, en una carta
que se publicó en las Verslagen en lerigten intgegeben door de Vereeniging ter hevorde-
ring der on de Nederlansche Letterkunde, 1845, pág. n3-56.
296 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA.
récenos que en estos todas son glorias , que el mérito está sober-
biamente recompensado, que la laboriosidad y la ciencia son allí
la piedra filosofal, y que sus naturales viven en el mejor de los
mundos posible. Mas cuando se tocan de cerca las cosas, cuando
se ven casos como el de Dozy, cuando se oyen en las expansiones
de la intimidad quejas justísimas, se observa que, salvo raras
excepciones, lo mismo pasa aquende que allende el Pirineo ; que
no todo obrero es retribuido según sus obras, que no siempre es
verdad tanta belleza, y que en todas partes la sabiduría de las na-
ciones concede á medianías bullidoras y audaces los favores que
merecen ciencia é ingenio.
Un cambio político consiguió á Dozy el premio que correspon-
día á sus servicios. Al subir su partido, que era el liberal, al
poder, su jefe Thoerbecke le nombró Catedrático de Historia Uni-
versal en la Universidad leydeuse.
Las obligaciones de su nuevo cargo, los estudios que debió
hacer ó ampliar, serios cual todos los suyos, dieron mayor exten-
sión á sus luces, mayor relieve á sus condiciones de escritor.
Guando se estudian períodos de la vida de un pueblo exclusi-
vamente, podrá el historiador distinguirse por la corrección, por
la minuciosidad en el relato de pormenores ; pero si puede rela-
cionar este relato con la vida general de las naciones, podrá en-
grandecerlo con citas oportunas, con paralelos que sirvan como
de sombras en sus cuadros, con esas grandes síntesis históricas,
expresión muchas veces de los designios de la Providencia en la
existencia de los pueblos. Puede decirse que el historiador ha de
tener la vista del águila, présbita de lejos, miope de cerca; prés-
bita para abarcar con toda su grandiosidad el conjunto ; miope
para apreciar la riqueza y variedad de los pormenores.
La influencia de sus estudios profesionales se marcan á cada
momento en las obras de Dozy. A la continua una cita ingerida
en el asunto, una correlación de sucesos entre pueblos y situa-
ciones diversas, una comparación ó un contraste de caracteres,
dan como los toques de luz en los cuadros de Rembrandt, mayor
relieve, mayor atractivo, mayor grandeza á sus narraciones.
Mientras enseñaba historia, repetidas publicaciones daban á su
apellido universal fama; constantes muestras de respeto de sabios
NECROLOGÍA. 297
y corporaciones y distinciones honoríficas, venían á premiar sus
esfuerzos: la Sociedad Asiática parisién se honraba asociándole
á sus trabajos; el Instituto de Francia le abría sus puertas como
correspondiente; nuestra Academia de la Historia le concedía el
mismo título, y nuestro Gobierno le condecoraba con unaComen-
daduria de Garlos III.
El rasgo más saliente de la vida de Dozy es la laboriosidad; no
se comprende cómo en tan corta existencia se pueda estudiar y
escribir tanto.
Es el clima septentrional apropiado para los estudios austeros
y para la publicación de grandes obras, pues en tantos meses de
fríos y nieblas, cuando la nieve, el hielo ó la lluvia, hacen impo-
sible la vida exterior, para las inteligencias cultivadas el estudio
es una necesidad; y ciertamente, cuando la naturaleza no ofrece
durante la mayor parte del año las distracciones y los encantos de
nuestra vida meridional, nada tiene de extraño que los enten-
dimientos ilustrados busquen esos encantos en los ensueños de la
fantasía ó en las investigaciones de la verdad.
Mas ni aun así puede explicarse cómo ha podido el ilustre ho-
landés estudiar, escribir y publicar tanto. Muchas veces cuando
oigo poner en duda las innumerables ó voluminosas obras que
se asignan á varios escritores musulmanes, se me vienen á las
mientes los trabajos de Dozy; trabajos de un Hércules del enten-
dimiento, que parecen obra de varios hombres.
Poseer el holandés, el latín, el francés, el inglés, el alemán,
hasta el punto de escribirlos correctamente; dominar el español y
el portugués, hasta conocer los más delicados pormenores de sus
gramáticas y diccionarios; estar en gramática árabe á la altura
de Silvestre de Sacy ó de Fleischer; ser en lexicografía arábiga
una especie de Ghauhari ó de Firuzabadi cristiano; conocer bas-
tante bien el caldeo y el siriaco para enseñarlos en cátedra; pu-
blicar obras, alguna de las cuales ocuparían la vida entera de otro
hombre; colaborar en varias revistas de diversas naciones en el
idioma de estas; escribir sobre historia, geografía ó lexicografía,
con igual erudición y acierto, parece cosa de milagro.
Y como si después de estos trabajos aún le sobrara tiempo para
más, todavía tuvo suficiente para explicar durante algunos años
298 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
las cátedras de árabe, caldeo y siriaco de la Universidad de Ley-
den, y formar discípulos de la valía de Engelmann, desgraciada-
mente perdido para el arabismo ó como Goeje, una de las bue-
nas ilustraciones del orientalismo europeo.
En los últimos días de su vida ha debido quedar satisfecho de
su obra; si hubiera adoptado por lema de ella el tema de un ilus-
tre emperador romano vilahoreyrms,y> mejor no le hubiera cumpli-
do. Todavía en medio de las angustias de su terrible enfermedad
continuaba sus estudios y forjaba proyectos de nuevos trabajos;
al fin debió abandonarlos; su dolencia podía con él más que su
enérgica voluntad.
Pero puede decirse que ha caído para no alzarse más en el
mismo campo de la ciencia; que ha muerto sobre él, como morían
sobre su escudo en el campo de batalla aquellos viejos guerreros
castellanos, que tantas veces pasaron ante su mente, encanecidos
en la santa y secular guerra mantenida para devolver á España
el sagrado territorio de la patria.
II.
Hace unos cuantos años, con ocasión de cierta breve polémica
literaria, pude observar cuan desconocida era entre n-osotros la
valía de Dozy. Hasta hace poco tiempo también, no se han tras-
ladado al castellano dos de sus más importantes producciones; y
solo los señores Simonet y Codera se han ocupado de ellas para
combatir algunos de sus asertos y tendencias.
Además, sus trabajos no han trascendido cuanto debieran á
nuestros estudios históricos; escritor hay que sigue todavía sin
desconfianza el relato de Conde; historiador laureado en público
certamen conozco, que aún denomina á Idrisi el Núblense, y obra
en que se trata de los tristes días de la invasión sarracena y de
los primeros hechos de armas de la Reconquista, en la que no se
sospecha que existan más fuentes de información que los viejos
cronicones.
Esta lamentable situación habíame inclinado á popularizar las
NEfiROLOGÍA. 299
obras del sabio holandés; su muerte me pone hoy en bien triste
ocasión de realizar mi propósito.
La suma de los trabajos de Dozy puede clasificarse en dos sec-
ciones: los que se refieren íí publicaciones históricas y literarias
que en nada o en muy poco tocan á lo árabe, y aquellas otras que
son exclusivamente arábigas.
Constituyen las primeras principalmente artículos de Revista,
bien históricos, bien literarios. lía tratado en ellos, ya sobre al-
gunos cantares de Gesta de los siglos xi y xii; ya sobre la influen-
cia que las revoluciones francesas han ejercido en el estudio de
la Edad Media; bien acerca de la Historia de Bonifacio VJlí, de
Drumann, ó de la locura del Tasso, con motivo del precioso libro
de Gherbuliez el Principe Vital; hien refiriéndose al /or^e Forster
de Klein, ó á la Francia bajo Luis XIV de Bonnemére; ora, en
fin, tratando de la historia y costumbres rusas del siglo xviii, en
un artículo titulado. Cómo llegó Rusia á ser poderosa (1).
Entre cuyos trabajos interesan mucho á los españoles los que
publicó sobre la literatura castellana de la Edad Media, sobre el
Viaje á España de Keller, una crítica de la Historia de Carlos UI
de Ferrer del Río, la que denominó Austria y España frente á la
revolución francesa^ motivada por las obras de Sybel, Herrmana
y Baumgarten, en la cual le sirvieron de fuentes los despachos
secretos é inéditos de Auber, secretario de la legación holandesa
en Madrid (2).
Las obras puramente arábigas pueden clasificarse en publica-
ciones y traducciones de textos árabes, históricas y lexicológicas.
Aceptada generalmente la necesidad del conocimiento de aque-
llos textos, como fuentes históricas, la de salvarlos del riesgo de
destrucción, y la de ponerlos al alcance de los estudiosos, su pu-
blicación es una obra bien meritoria. Mérito que sube de punto,
si se considera la penosa preparación y los penosísimos trabajos
precisos para editarlos á conciencia; pues hay que valerse cuasi
(1) Todos estos artículos están incluidos por el orden en que los enumero ^n el
GiíJs 1854; Aúnales des Universités; Athenaumf raneáis. Dic, 1852; el Qids, 1864; id., 1863;
Ídem, 1£65; idem, 1856.
(2) El Qids, 1848; idem, 1865; idem, 1858; idem, 1861.
300 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
siempre de manuscritos incorrectos, en los que continuamente
surgen dificultades, creadas por la ignorancia ó la torpeza de los
amanuenses; textos faltos en ocasiones de los puntos diacríticos
que distinguen muchas letras, engendrando graves incertidum-
bres, pues una lectura, aun puesta en razón, puede producir
errores de cuenta; porque hay que cotejar cuidadosamente varios
manuscritos, cuando se tiene la fortuna de poseer varios, hay que
mantener una atención constante, que adivinar á veces, y vigilar
la corrección de pruebas tan esmeradamente como la délos Elze-
vires ó la de los Evangelios de Bida, á fin de que la impresión
salga de la prensa, tal como si el mismo autor la hubiera corre-
gido. Lo que Dozy entendía por esta clase de publicaciones bien
lo demostró en todas las suyas, y bien se deduce de una de sus
más interesantes críticas, de su Carta á Fleischer conteniendo ob-
servaciones criticas y explicativas sobre el texto de Almacari (1).
A la cabeza de estas producciones puede colocarse la versión
con notas de la Historia de los Benu Ziyan de Tremecen (2). Si-
guieron á esta unas excerptas sobre los Abbadies sevillanos, di-
nastía á la cual demostró siempre singular predilección. Libro es
este profundamente erudito, formado por multitud de dificilísi-
mos textos, muchos traducidos , estudiados lexicológicamente,
acompañados de las biografías de sus autores y de la crítica de
sus obras; en cuyos dos primeros tomos hubiera habido mucho
que corregir y añadir, sino les añadiera un tercero, conteniendo
explicaciones, correcciones y escolios, que constituyen un tesoro
de saber y de crítica (3).
Que esto de las correcciones á sus obras debía ser la pesadilla
del ilustre arabista, como tan amigo de la precisión y de la exac-
titud, pues muchas veces se apresuró á aprovechar cualquier oca-
sión que se le presentara para enmendar sus yerros antes de que
otros los advirtieran, como en aquel pasaje de su introducción al
Bayán, en el cual decía : cette derniere opinión est erronée; heu-
(1) Lettre a Mr. Fleisclier contenant des remarques critiques et explicatives sur le
texte (VAl-makkari, Leyde, 1871 in 8."
(2) Journal Asiatic, Mayo y Junio...l84l.
(3) Scriptmm Arabnm loci deAbhadidis, Leyde, Brill, 1846-52-63.
necrología. 301
reusement pour moi, je me siiis aperen que je in^etais trompé,
avant que personne ni'en et'it advertí.
Dejando á cualquier Aristarco exigente fijar su crítica en la de-
plorable trascripción del alfabeto árabe al europeo, adoptada un
momento por Dozy y después abandonada, considero á la Historia
Ahbadidarum como un excelente modelo, en cuyo estudio pueden
aprovechar mucho los arabizantes.
Mientras publicaba esta obra, atrevióse á mayores empeños, al
proponerse, como en Diciembre de 1845 manifestó en un prospecto,
la impresión de una colección de textos. Fué el primero de estos
entre los publicados el Come7itario histórico de Aben Badrun al
poema de Aben Abdun; obra por demás curiosa, con la cual, como
ha probado Iloogvliet, puede hacerse un brillantísimo estudio pa-
recido á cualquiera de los Rócits mérovingiens de Thierry, sobre
una dinastía de Taifa española, sobre los Benu Alaftas, reyezue-
los de Badajoz (1).
A esta siguió otra publicación que ha ahorrado considerable
trabajo á nuestros arabistas, pues al dar algunas noticias refe-
rentes á varios manuscritos, imprimió todo el contenido relativo
á España del Hollatu-ssiyara, diccionario biográfico de perso-
najes y escritores musulmanes del siglo ii al vii de la Hegira,
del IX al XIII de la Era cristiana— obra del valenciano Aben Alab-
bar, uno de los más célebres autores de la España sarracena (2).
Más adelante dio á la estampa el Catálogo de los manuscritos
orientales de la Biblioteca leydense, en el cual empleó minucioso
esmero en la descripción de las obras, y acertado conocimiento
bibliográfico de los manuscritos orientales que encierran las bi-
bliotecas de Occidente. Los españoles echamos de menos en este
trabajo, que Dozy no haya dado, como Casiri, en su Biblioteca
arábiga-escurialense , estractos de algunos textos, para nosotros
interesantísimos (3).
(1) Commentaire Jiistoriqne sur le poé'me d'Ibn AMoun par Ibn Badroun, Leyde,
Brill, 1846-48. Hoogvliet, Diversorum scriptorum loci de regi ApMasidanim familia, et
fflbn AMvno poeta, Lugduni Batavorum, 1839.
(2) Xotices sur qvelques manuscrits árabes, Leyde, Brill, 1847-51.
■ (3) Catalogas codicum orieníalium BibliotJiecae Academiae Lvgduno-Batavae , Leyde,
Brill, 1-!51.
302 boletín de la real academia de la historia.
En el período fecundo de estas publicaciones, emprendidas por
Dozy, entre 1846 y 1851, imprimió dos producciones, también
muy importantes, una la de Abdeluahid el Marroquí, autor del
sio-lo VII de la Hegira — xiii de J. G. — que comprende mucha
parte de nuestra Historia, especialmente la relativa á la domina-
ción almohade (1), cuyoestudio apenas está esbozado. Esla segunda
el Baxjan Almogrib^ que abarca desde la invasión musulmana en
España, hasta fines del sultanazgo de Hixem II en Córdoba (2).
Al principio de esta importantísima obra puso Dozy una In-
troducción, no menos importante, pues en ella inicia cierto tra-
bajo que hace mucho tiempo debía haberse escrito, cual es una
buena historiografía hispano-sarracena, á la manera delD/cciojia-
no&ibíJo^rá^code Muñoz Romero, quecomprendiera cuantas obras
musulmanas podían servirnos de fuentes históricas; las que se
conocen, para saber donde existen; las que se han perdido, para
procurar su adquisición.
En la introducción al Bayan se echa de menos un estudio más
detenido y extenso de la obra editada; puede también hacérsele
el cargo, que algunos críticos hacen á Cervantes, de haber inge-
rido en su Quijote episodios ajenos al asunto principal; pero es-
tos episodios de la introducción al Bayan son tan nuevos y be-
llos, están tan admirablemente tratados, que, como á Cervantes,
bien puede perdonarse á Dozy su ingerencia.
No se contentaba el sabio holandés con publicar solo sus tex-
tos; algunos de estos necesitaban una existencia- humana para
editarlos; acudió entonces al sistema de la división del trabajo, y
cual hoy se está haciendo con la Historia del Tahari, inició una
asociación con varios orientalistas para publicar el Macari, com-
pilador musulmán en el siglo xvii de multitud de obras sarrace-
nas referentes á España, y en cuyo manuscrito, mina riquísima
de noticias para nuestra Historia, se encuentran grandes trozos
de libros, cuya pérdida deploramos (3).
(1) Abdel-Wahid el Marrecoschi , History of thc Almohades, Lej'de, Lutchmans,
1847.
(2) Al-hayan Al-mogrib, Leyde, Brill, 1848-51 ,
(3) Analectes surVhistoire et la littcrature des Avahes cfEspogne, Leyde, 18")-fil. La
parte de Do7y apareció en 185*^.
NECROLOGÍA. 303
Esta es una do las principales obligaciones que á Dozy debe-
mos, pues respecto de aquel inmenso archivo de datos, cuasi lo
principal está ya hecho: esto es, que poseemos su texto bastante
correcto; falta la traducción, que ciertamente no se hará mien-
tras no se someta, como la edici()n, á una asociación de ara-
biza n tes.
Todavía en ISGG continuaba su tarea de publicar y traducir
textos , pues en el mismo año imprimió y tradujo, con la colabo-
ración de Goeje, la parte de la Geografía de África y España del
Xerif el Idrisi , que vino á coadyuvar poderosamente al trazado
del mapa de nuestra Península durante la Edad Media.
El epigrafista con la interpretación de las inscripciones, el
numismático con la clasificación y lectura de las monedas, el
filólogo estudiando lenguas y relacionándolas, reúnen los mate-
riales de que se sirve el historiador para la erección de sus obras:
el cual examina las decisiones de los arqueólogos , funde en el
crisol de su ingenio aquellos diversos materiales, y elevándose á
las causas, desentrañando los acontecimientos, colocándose, me-
diante la inspiración histórica, en el seno de la sociedad cuya
vida narra, pule la materia, con el esmero de nuestro Juan de
Arfe, y la ofrece animada, bella y verdadera , sobre todo vivien-
te, á la vista de sus lectores.
Raro es que se combinen en un mismo sujeto la erudición y la
fantasía, como es bien raro ver reunidas en un poeta cualidades
de matemático. La inspiración del filólogo por grande que sea, no
es la misma que la del historiador; es imposible vivir siempre
entre divisiones y distinciones gramaticales, averiguando el sen-
tido de las voces, determinando los matices de su significación y
fijándolas en la memoria ; es imposible vivir perpetuamente en la
aridez lexicológica, sin que esta penetre en el entendimiento,
sin que imprima su sello en el alma. Bien así, como afirman al-
gunos etnógrafos, que las grandes llanuras secas, monótonas,
tristes, y los países montañosos, accidentados, ásperos, abruptos,
imprimen algo de su carácter peculiar en el carácter de sus mo-
radores.
En Dozy se compenetraban ambas capacidades; he tratado del
filólogo y del erudito, cúmpleme tratar del historiadoi-.
304 boletín de la real academia de la historla.
Hay quien cree que la obra maestra de Dozy es su Historia de
los musulmanes de España; en sus obras históricas, ú lo que en-
tiendo, lleva á todas la ventaja; pero en la totalidad de sus pro-
ducciones, otra, más adelante examinada, merece mejor el título
de obra maestra. Habían precedido á aquella la Historia de la
Dominación de Conde, la Historia de las dinastías mahometa-
nas de Gayangos. Esta última, por estar escrita en una lengua
ijo muy usada en España, aunque contenía verdaderas revelacio-
nes, no ejerció en ella toda la gran influencia que merece. Cada
vez que examino el libro de Gayangos no puedo menos de admi-
rar la vocación incontrastable de un hombre que, desprovisto en
nuestro país de toda enseñanza, sin contar en él con protecciones
eficaces, á solas con su esfuerzo, pudo prepararse para llegar
hasta publicar su obra; en la cual dio á conocer manuscritos
apenas descritos ó completamente ignorados, ideas, noticias y
juicios sobre estudios, muchos de ellos apenas iniciados. Aun
después de los grandes adelantos del orientalismo europeo toda-
vía hallamos mucho que aprender en sus notas, rico tesoro de
indicaciones para la bibliografía, historia y geografía española.
Conde tuvo mejor fortuna que Gayangos; en su libro busca-
ron, y hasta hace poco buscaban, españoles y extranjeros, me-
morias de nuestros tiempos medios. Su reputación se ha desva-
necido hoy, merced á Dozy, quien con esto nos hizo un gran
bien, por más que se haya mostrado duro siempre, y á veces
demasiado duro con su memoria. Conde no tuvo á su disposición
los grandes medios de que gozó Dozy, dejó en borrones mucha
parte de su libro, pero sabía más de lo que hoy generalmente se
supone, y sus trabajos no deben ser tratados con absoluto menos-
precio.
Una narración precisa, minuciosa, bellísima de los sucesos
hispano-musulmanes, desde la invasión á los comienzos de la
dominación berberisca, vino á sustituir á la narración de Conde,
que aunque escrita en excelente castellano y con exposición cla-
rísima, estaba convicta de embrollada en los hechos, errónea y
confusa en la cronología, mendaz muchas veces. Sucesos, perso-
najes, costumbres, fechas y razas se diseñaron con todo el brío,-
con toda la minuciosidad, con que están esculpidas las figuras de
nechología. 305
los bajo rolievcs en el palacio que Garlos I dejó sin concluir eu la
Alhanibra.
En osa obra aparecen las ludias que ensangrentaron entonces
á España, entre hombres, creencias é intereses, entre muladícs,
árabes, judíos y berberiscos, entre los invasores y la Reconquis-
ta. Alh' aparecen vivientes multitud de grandes figuras; la de
Abderrahman I de Córdoba, severa y melancólica, atormentada
por la nostalgia de su Siria y las decepciones del mando; la som-
bría del sultán fratricida Abdallah y la enérgica de su víctima
Almondir; la de Ornar ben Hafsun, dominando durante cuasi
medio siglo la escena histórica cordobesa, más grande por el co-
razón que por la fortuna; la de aquel Almanzor, á quien ésla
trató cual á hijo predilecto, par eu éxito y talento, guerrero y
diplomático, cortesano omnipotente, mezcla de todas las buenas
y malas condiciones, que hacen capaz á un hombre de la sobera-
nía; la deliciosamente dibujada de Almolamid, el rey poeta sevi-
llano, las repugnantes de Oppas y Hostégesis, la entusiasta y
dulce de Eulogio, la severa de Samson. Y entre todas ellas sur-
gen hermosas figuras de mujer, Romaiquia, las hijas de Almo-
lamid, la Zahra de Abderrahman III, la sultana Zobh de Alman-
zor; irguiéndose sobre todas ellas plácida, serena, iluminada su
frente con la aureola del martirio, la angelical figura de la vir-
gen Flora.
Allí están estudiadas, como estudia el anatómico las fibras que
separa su escalpelo, las diversas razas que habitaban en España,
con sus pasiones , vicios y virtudes : el árabe altivo, voluptuoso,
arrojado, levantisco; el berberí rapaz y tornadizo; el musulmán
español odiando perpetuamente al musulmán extranjero domina-
dor; el mozárabe siempre generoso y nunca abatido; el judío,
envilecido por la persecución, demostrando en la filosofía, en
la medicina, en la poesía, en la industria, hasta en el gobier-
no, sus excelentes aptitudes ó las malas propensiones de su ge-
nialidad.
Allí se desenvuelven ante el lector, como los episodios del
Claustro de las Batallas en el Escorial, los gloriosos días del cali-
fato Umeya, los tristes instantes de su ruina, y están retratados
con pincel rico en dibujo, luz, colores y ambiente, con la colora-
TO\fO :v. 21
306 boletín de la real academia de la ihstorl^.
ción del Tiziaiio y la energía y verdad do Yelázquez. aquellas
cortes de Taifas, aquellos reinos de Ivetot, centro de cultura á
veces, centro generalmente de opresión, barbarie y tiranía.
Todo esto hay en ese libro, escrito con la inspiración de un
poeta, con la erudición de un benedictino, con el encanto de una
novela de W. Scott, con la elevación y el gusto de Ganfú ó de
Thierry.
No es una historia exclusivamente crítica, no. No es una histo-
ria, como la de los árabes antes del islamismo de Gaussin de Per-
ceval, pero siempre será respetada, siempre será leída con el gusto
con que leen los ingleses la Historia de Macaulay. Es una obra de
vulgarización que puede leer y comprender, y con la que puedo
sentir todo el mundo. No es una historia definitiva, no ciertamen-
te; hay mucho, mucho que hacer después de ella: pero ese libro
será la base de los trabajos futuros: y á veces muchos de estos,
mientras no aparezcan textos nuevos, no podrán tratarse con más
extensión que Dozy lo ha hecho. Buena prueba puede ofrecer de
ello el que esto escribe, pues al ocuparse de los Hammudíes ma-
lagueiíos, poca cosa tuvo que añadir ó rectificar en las páginas
de su libro.
Es una historia anecdótica solamente, se dice, es cierto; pero
bien saben los arabizanlcs que este es el carácter general de la
Historia y Biografía arábiga. Véase á Masudi, léase á Aben Ja-
likán; cuando menos se piensa, cualquier anécdota burlesca vie-
ne á poner una nota alegre en la narración; á cada momento
dánse á conocer por una anécdota los caracteres de tiempos, cos-
tumbres y personajes, mucho mejor que con el relato más extenso.
¡Ah! si Dozy hubiera venido á España, si hubiera buscado
confirmación á su admirable instinto de la verdad en nuestro
trato, en nuestros campos, en nuestros muscos, ante nuestros
monumentos, en nuestros castillos señoriales, en los derruidos
claustros de nuestros monasterios, esta obra hubiera poseído lo
<jue más falla le hace; que sus cuadros se hul)ieran pintado del
natural y no de manera; que la hubiera informado el espíritu
hispano; que el genio español hubiera pasado, como un ardiente
soplo, por sus páginas, dándole la exactitud de los sentimientos
y líi verdadera apreciación i\o las creencias.
NKC.nOLOGiA. 307
A mi entender, la verdadera falta del libro está en esto y cu su
disposición interior. Dozy ha sido en él uu arquitecto que ha tra-
zado bien el plano de su edificio, que lo lia elevado sólido y ma-
jestuoso, que lo ha adornado con gusto y delicadeza, pero que lo
ha distribuido mal iuieriormenlc.
Como preparación p.ira esta obra había publicado su autor mu-
cho antes de ella una compilación de investigaciones acerca de la
historia y literatura de España durante la Edad Media; recopila-
ción de la cual ha impreso tres ediciones, considerablemente
au.mentadas y corregidas (1).
Historia, letras, geografía, bibliografía, tradiciones, perso-
najes como el Cid, insignes sucesos como la rola de Galatañazoi',
<icontecimientos apenas conocidos, como las incursiones norman-
das, aspiraciones apenas esbozadas antes, cual las del partido
liispauo-musulmán , ubicacioneft geográficas, aíii'maciones, hipó-
tesis , cuestiones resuellas ó planteadas , forman la materia de sus
dos interesantísimos tomos.
Podrán contener afirmaciones aventuradas y hasta errores;
podrá discutirse después de ellos sobre la siiuación de Iliberis ó
sobre la personalidad del Pacense; podrá desearse la inmediata
publicación de un libro acerca del Cid , que mejor que el de Ris-
co, ponga al caudillo, emblema de nuestras glorias nacionales,
en el pedestal que le coi-responde; pero á pesar de oslo las Inves-
tigaciones de Dozy servir;ui siempre de aj'chivo y enseñanza para
los que estudien nuestra Edad Media.
Otras dos obras histói'icas ha puljlicado que no nos tocan direc-
tamente; un Ensayo acerca del Islamismo, trabajo de vulgariza-
ción, que contiene algunas ideas muy originales, como las que
apunta sobre el Koran y sobre la sublevación Uahabita (2) ; otra
en que trata de los israelitas en la Meca, apenas nombrada en
España, la cual le ha valido muchas y acerbas críticas.
(l^ Recherches sur l'/iistoire politiqn,'. et Utteraire de VBspagne pendant le Moyen
Aoe; I eiiición 1849; II , 1860; III. L-'yde, Brill, 1881. Tomándulo de esta obra ha pu-
blicado Dozy un libro titulado Le Cid d'aprés des neuveaux documenls, Leyde 1860.
{1) Essai sur l'histoirede l'islamifím'! ; i.raduccióa del liolaadés de Chauvin , Leyde,
13^9. Die Israelitem zn Mekka vnn DxviCs Zeit, Leyde, 1801. A todas estas puede agre-
garse la que tituló Le calendrier de Cordoue de l'annee 9G1, Leyde, 1S73.
308 boletín de la real academl\ de la historia.
Raras son las obras del sabio holandés en las que no aparez-
can á cada momento su amor y su aptitud para la lexicología;
rara era la que no llevaba acotaciones y notas lexicológicas,
cuando no glosarios: los cuales demostraban lo incompleto de los
Diccionarios arábigos, desde Golio y Raphelengio á Freitag y
Kazimirski.
Tiempo hacía que Dozy meditaba llenar en lo posible esíe
vacío, con ocasión de publicar una obra, de grata memoria para
los españoles. Hubo en nuestro episcopado del siglo xvi un Pre-
lado insigne. Fray Hernando de Talavera, Arzobispo granadino,
ejemplar de sacerdotes y dechado de Obispos. Cuando los odios
contra la vencida grey mora eran más terribles, cuando aún
manaban sangre las heridas de la última guerra de la Recon-
quista, cuando la soberbia y aun la codicia de los vencedores era
prepotenle, una voz desapasionada, pura, clamó por los venci-
dos; una inteligencia recta , un corazón verdaderamente cristia-
no, comprendió que la dulzura, la justicia y la caridad produci-
rían la voluntaria sumisión del pueblo alarbe; que imponer vio-
lentámenfc el cristianismo á gente profundamente lacerada era
marcarla á fuego, no lavar con las redentoras aguas del bautismo
creencias que informaban toda su existencia.
Firme en sus convicciones, encomendó á la persuasión lo que
nunca debió ser obra de la fuerza, y para facilitarla protegió la pu-
blicación de dos obras dadas á la estampa por el P. Fr. Pedro
de Alcalá, referente la una á la Gramática y la otra al Dicciona-
rio del idioma hablado por los musulmanes españoles. El P. Al-
calá pretendía facilitar con sus libros las relaciones entre cristia-
nos y sarracenos, y sobre todo, la enseñanza católica álos sacer-
dotes enviados como conversores ó párrocos á las poblaciones
donde existían moriscos.
La publicación de un vocabulario latino arábigo, el de Rai-
mundo Martin, escrito también por un español, el examen de
otro en la biblioteca Icydensc, sobre cuya importancia llamó Si-
monet la atención de Dozy, las faltas de los diccionaj'ios arábi-
gos, aun de uno tan excelente cual el de Lañe, la multitud de
notas que poseía , dieron mayores proporciones al pensamiento
del a ral lista holandés, inspirándole su obra maestra el Suple-
NECROLOGÍA. 309
mentó á los Diccionarios avahes, su mayor üLulo de gloria (1).
Fué recibida esta obra con verdadero júbilo ¡lOr cuantos nos
dedicamos á los difíciles esludios arábigos ; venía á ahorrar tra-
bajos penosísimos y lai-gas vigilias; á imposibilitar errores en in-
vestigaciones, donde el error es tan fácil, como naufragar nave-
gando entre arrecifes en medio de las sombras de la nocbe.
Mil setecientas veinte páginas en folio mayor constituyen los dos
volúmenes de esta obra, en las cuales se encuentran las voces que
se echan de menos en los otros Diccionarios, tomadas de multi-
tud de libros, de las notas enviadas á Dozy por arabistas enten-
didos, y de los vocabularios de los viajeros. Y no solo se encuen-
tran estas voces, sino que la significación de muchas está justi-
ficada por curiosísimos textos, en gran parte inéditos, ó explica-
dos por los usos y costumbres sarracenas.
Para los que pueden apreciar la ciencia y esfuerzo que esta
obra representa, es cosa que maravilla, que un solo hombre
haya podido concebirla y ejecutarla.
Que Dozy hubiera escrito como en sus Oosterlingen [2] la expli-
cación de los vocablos neerlandeses, derivados del hebreo, caldeo,
árabe, persa ó turco y que lo realizara "con su acostumbrada
maestría, es digno de consideración; pero mucho más digna es
de ser celebrada su obra Glosario de palabras portuguesas y es-
pañolas derivadas del árabe (3).
Basada sobre cierto excelente trabajo de Engelmann , uno de
sus mejores discípulos, Dozy le aumentó y corrigió considera-
blemente. Incompleto cuales, como su mismo autor reconoce,
este libro será constantemente consultado entre españoles, mien-
tras un arabista entendido no le complete con los grandes ele-
mentos que hoy poseemos para acabarlo.
Además de todas estas publicaciones, Dozy ha impreso en
varias Revistas algunos artículos, ya juzgando los trabajos de
sus colegas en aficiones ó tratando puntos especiales de estas.
(1) Svppléimnt avx Dictionnaires a>: Leyde, 1877-81. Sobre esta obra lia publicado
Fleischer un estudio titulado, Sh'Men üher Dozy's SiippL av.sr. Dict. ar., Leipsig, 18S1.
(2) Oosterlingen, 1867.
(HJ Olossaire des mots espagnols et porfugais derives de Varaht, Leyde, 1869.
310 boletín de la real academia de la historia.
Entre ellos se cuenlan: un estudio sobre cierto libro de Vetk,
titulado Dissertatio de instifutis arahum; unas cartas sobre ciertas
voces arábigas de la crfjnica catalana de En Ramón Mu n tañer:
otra á Dofremei'y sobre las palabras Thaifur y Chariha ; un
análisis de las noticias dadas por el mismo Dofremery sobre los
Emires Alomara; unas consideraciones sobre historia árabe, con
motivo de la Historia de los árabes antes del islamismo ^ ^tov
Gaussin de Perceval; otras sobre la tesis De philosophia apud
Syros y de la obra Averroes y el Averroismo por Renán; un
trabajo sobre la edición y traducción de los viajes de Aben Batuta
por Defremery y Sanguinetti ; otro muy extenso sobre la Descrip^
ciú)i del reyno de Granada por Simonet; un curiosísimo estudia
sobre los cordobeses Arib ben Said el Secretario y Rabbi ben
Said el Obispo; un examen de la obra de Míiller acerca de la
historia de los árabes de Occidente, y otro acerca déla mag-
nífica traducción de los Prolerjómenos de Aben Jaldun por
Slane (1).
Esta existencia laboriosa y noblemente dedicada á la ciencia,
que acabo de referir , encierra un constante reproche para
nosotros.
En tierra española ingerencias extranjeras en nuestras cosas,,
de antes, de ahora y de siempre, fueron vistas con ceño. ¿ Cómo
hemos dejado que se nos adelante un extranjero, por exchisivo
amor á la ciencia, en estudios que nos obligaba á hacer el pa-
triotismo?
En nuestra Península hartas pruebas tenemos para decir, sin
sospecha de jactancia, que por falla de buenos ingenios no debe-
mos quejarnos. ¿Cómo no nos han ahorrado nuestros arabistas
el sonrojo de ir á la zaga do los extranjeros en la propia historia?
Ciertamente, no puede culparse á nuestros arabistas por esto:
los estudios orientales para su llorccimiento necesitan protección
constante, sistemática ó ilustrada, y en España no la han obte-
(1) Oids, \M:^.— Journal Asiatique., \qi\\í 1847.— ídem,, janvier 1818.— ídem Nov.—
Dec. 1«18.— (7íV/í, \n'X-Joui-nal Asiatique, imWci, ^iS^^'i.—An. de Gottimja fev. 18(^0.—
Zeitschrift dfr deutschen morgenliindischen Qesellschaft, 18(Jí. ídem 1866.— ídem 18GG.—
Jciirnal Asiaf. Aout.— Sept. lS(jí).
NlüCnOLOGÍA. o?l
nido. Debíamos más que Francia, poseer un Colegio de lewjiias
orieníaíeü; nuestro pasado, en el aue tanta iniluencia tuvieron
árabes y hebreos , nuestras posesiones, nuestras relaciones cada
vez más importantes con África, la preponderancia que en esta
está España llamada á ejercer, si es que no quiere merecer el
menosprecio de la posteridad, imponen la existencia de un Cen-
tro científico de tanta valía. En un país donde se gastan millones
á veces en el capricho de un momento, parece imposible que no
se haya pensado en emplear una cantidad exigua para nuestra
ilustración y para nuestros intereses.
Cuando esta protección abra camino á la iniciativa individual,
la emulación, el amor al saber, el particular atractivo que hoy
tienen estos estudios, harán lo demás. Mucho queda que reali-
zar; hay trabajo para multitud de inteligencias; solo falta atraer-
las, dirigirlas y premiarlas.
Entonces es seguro que surgirán de esas enseñanzas ingenios
(]ue favorezcan , ilustren y honren á nuestro país, como Dozy ha
honrado á Holanda. La Biblioteca arábigo-hispana de Codera, la
Crestomatía de Lerchundi y Simonet, son prendas seguras de lo
(jue sostengo.
Protejan nuestros Gobiernos estos estudios; manténganle en
su buena voluntad las Academias Española y de la Historia á la
vez que los dirijan, y se verá cuan en bi'eve poseemos una buena
Gramática y un Diccionario arábigo-hispano, una colección de
textos , ediciones y traducciones de viejos manuscritos, una
epigrafía, numismática y arqueología hispano-musulmana, y un
conjunto de inteligencias conocedoras del Magreb Alaksá, para
cuando llegue el día , cada vez más inminente, de realizar en él
antiguas y nobilísimas aspiraciones de España; las nobilísimas
aspiraciones del Gran Cisneros.
F. GuiLLKN Robles.
Madrifl '2 de Mayo de 1884.
INFOEMES.
TESOKO 1>E ^tONEDAS ÁRA.BES DESCUBIERTO EN ZARAQÜZ V ( 1),
Al publicar en 1881 una monografía dando cuenta de un tesoro
de monedas árabes descubierto en Zaragoza en Abril de dicho año,
y estudiando las monedas que había podido examinar, indicamos
que del número de monedas halladas y demás circunstancias,
teníamos pocas noticias, á pesar de haber procurado adquirirlas.
Desde aquella fecha he tenido ocasión de examinar varias mo-
nedas, que supongo de la misma procedencia, y. en especial una
partida de unas doscientas, entre las cuales había cinco de tipo
nuevo, y varios ejemplares de tipos, de los cuales solo había vis-
to alguno que otro ejemplar: no daré cuenta ala Academia de
los que adquirí de esta íiltima clase, pero sí de los que para mí
eran desconocidos, pues esto puede interesar á los estudios hislo-
rico-arqueológicos.
Ya que se presenta ocasión oportuna de rectificar un error co-
metido en el primer trabajo, lo haré con mucho gusto para que el
error tenga su correspondiente correctivo.
En la primera de las monedas publicadas en dicho trabajo, por
la coincidencia de que en el lugar de la fecha existe un agujero
(1) Suplemento al tral)ajo publicado c". 1881 en eltoraoxi del Museo lispañol d'' Áv'i-
pT< edades.
TESORO DE MONEDAS ÁRABES DESCUBIERTO EN ZARAGOZA. I? 1.5
en los dos ejemplares que había visto, leí hU fí>j\j w-Jj tres y
cuatro cientos en el primero y ^/>ajij\j ¡^'^^ dos y cuatro cifentos)
en el segundo, por ÍjU ^ j^j r,c^^ treinta y cuatro cientos: contri-
buyó no poco á la ilusión que padecí en la lectura de estas fechas, la
coincidencia de que leidas de este modo, las monedas correspon-
dían á Mondzir I de Zaragoza, de quien se sabía que había llevado
el títulode *íJIj ,_^.o;^lylímansí<í'6¿í/o/i,queaparcceenlas mismas;
al paso que aplicadas á Mondzir II, este lakba sultánico no
solo era desconocido, con la particularidad de que por las mone-
das sabíamos había llevado el lakba de i|^ jJt .x^ Moizzo-d-Daulah ,
sino que parecía no hubiera de haber tomado título tenido por tan
pretencioso, quien no se sabía hubiera sido ayudado por AUah on
batallas contra los cristianos.
Es lo cierto, sin embargo, por el examen de alguna otra mone-
da igual que hemos visto, y por el estudio detenido de los origina-
les publicados, que las monedas corresponden alano \^s¡j j\j¡ ^--Íj
treinta y cuatro cientos, cayendo por su base cuantos razonamien-
tos hicimos, partiendo del supuesto de que las monedas eran
de los años 403 y 402.
En cambio, atribuidas dichas monedas á Mondzir II, resulta que
este príncipe, después de haberse apellidado i3jjJ! j^^ ^^^U^i
Elháchih Moizzo-d-Daulah. en el último año de su reinado, si nó
antes, se tituló Almansnr hillali.
Gomo en las monedas del año 428, en las de 430 Mondzir reco-
noce la soberanía espiritual del Califa Abbací contra las preten-
siones del llamado Hixem II, á quien había reconocido por algíin
tiempo, quizá después de la muerte de Hixem III. Almotad, á
quien por lo que vemos en las monedas, es indudable que reco-
noció como Imam durante algunos aííos.
Al mismo año 430 á que pertenecen las monedas anteriores,
corresponde una que hemos adquirido recientemente, y cuya in-
terpretación, no su lectura, ofrece no pocas dificultades.
Dicha moneda, en buen estado de conservación, tiene también
como las precedentes dos agujeros, que indican había servido ya
para algún collar: es de plata de muy baja ley, y de caracteres
elegantes, presentando en la parte superior de la I. A. un adorno
314 boletín de la real academla de la historia.
muy parecido al que se ve en las monedas anteriores: en dicha
moneda se lee lo siguiente:
N. I.
I. A. ^'! ¿ ^^ ^ No (hay) Dios sino
íj_^j i_l_M Allali, solo,
jJ ^-:X-J t— >- ^ no (hay) compañero para él.
En el nombre de Allali, fué acuñado este dirhem en Zaragoza
año treinta i/ cu(atro cientos).
II. A. - =.'¿^^ FA háchib.
^L;u_ji) ^L--^' El Imam Hixem
,.f_v_:_0' y^_^^ amir de los creyentes
iii'_j _\_'j_,J! Almowayyad billah.
cNÜ! ,\^ Abdallah.
M. La unión profética de Mahoma, cuyas últimas palabras
están borrosas.
¿A quién debemos atribuir esta moneda? No es fácil resolver
esta cuestión sin estudiar la historia de los acontecimientos de
que fué teatro Zaragoza á fines del año 430 y principios del 431;
sucesos que en parte han sido aclarados por el malogrado orien-
talista M. Dozy, con los textos publicados en la tercera edición de
sus Recherclies sur l'histoire et la líttérature de V Espagne pendant
le moyen age, Leyde 1881.
A principios del nUimo mes del año i30, ó sea hacia ñn de
Agosto del año 1039, entraba en palacio Abd-Allah ben Hacam, ge-
neral de Mondzir y pariente suyo, el cual, partidario acérrimo del
verdadero ó falso Ili.xem II, estaba enojado con su rey y pariente,
(\ue después de liaber reconocido á Hixem, le había negado la obe-
diencia, siquiera fuese nominal; quizá porque reconociera la su-
TESORO DE MONEDAS ÁRAHUS DESCUBIERTO EN ZARAGOZA, .ile»
perchcría del rey de Sevilla: Abd-Allahse dirige ú la ^sala donde
Moiidzii", rodeado de algunos servidores slavos, estaba leyendo, y
sin resistencia más que de uno de los servidores, da muerte á
Mondzir, cortándole las venas yugulares: aterrados todos en pa-
lacio, nadie piensa en prender al regicida, que con la mayor
tranquilidad corta la cabeza de su víctima y poniéndola en la
punta de una pica, la enseña al pueblo diciendo. «Ved el castigo
del que se rebeló contra el príncipe de los creyentes Ilixem y re-
Jiusaba reconocer sus derecbos.» Luego, mandó llamar al Kadbi y
á los nobles, quienes le encontraron sentado en el sofá de Mon°
dzir, que yacía á sus pies: díjolcs que al dar muerte á Mondzir, lo
liabía hecho en bien de todos y en bien del Estado, recomendán-
doles que tranquilizasen al pueblo, y él les premetió reconocer la
soberanía de Culeimán ben ílud.
Éste, que se hallaba en Tudela, al tener noticia de lo ocurrido
en Zaragoza se dirigió allá, en la esperanza de que Abd-Allah
cumpliera su palabra; pero éste quería ser rey por cuenta propia
y se preparó á la defensa en su palacio, hasta que el pueblo can-
sado de los males de la guerra, se sublevó contra el usurpador,
quien como ya de antemano había previsto este caso, se marchó
á instalarse en el castillo de Rueda, sin que tengamos de él más
noticias: en estos sucesos habían pasado menos de dos meses,
pues ^uleimán ben Hud entró en Zaragoza en Moharrem de 't-]!
ó sea en el primer mes del año.
La moneda en cuestión parece indicar que Abd-Allah efectiva-
mente quiso ser rey, en prueba de lo cual, se apresuró á mandar
acuñar moneda que así lo proclamase; pues las palabras Imam
Hixemamir almuminin almuwayyad &iíZa/i no pueden suponerse
puestas de orden de Mondzir, cuyo nombre no figura en la mone-
da, al paso que si la suponemos acuñada por Abd-Allah, se expli-
can de un modo muy natural; y como por otra parte el que se
titula háchih, se llama Abd-Allah, creemos que el asesino y usur-
pador mandó acuñar esta moneda en el mismo mes de su usurpa-
ción: ésta es la única que de Abd-Allah ben Hacam conocemos
hasta hoy.
Entre las monedas que atribuimos á ^uleiman ben Hud, su-
cesor de Abd-Allah ben Hacam, hemos adquirido dos ejemplares
3IG boletín de la. real academia de la historia.
nuevos, ligera variante de uno de los tipos que habíamos publi-
cado.
N. 2. Moneda de oro de baja ley; buena conservación: peso
1,50 gramos.
I. A. ^\ i- '* ^ No (hay) Dios sino
t^ — =s.j &. .l-J| Allah, solo.
j._^:_i ^..«' ^1 Aben Abii Nasai\
ir. A. >_ =..' ái^ Elháchib.
^L-¿._> J — *"^ \ El Imam Hixem
áwUL- j_'^_^JÍ Almowayyad billali.
^jv.1^. Cideimán.
Como esta moneda no difiere sustancialmente de la publicada
bajo el nüm. 11 en el Museo Español de Antigüedades, no necesi-
tamos discutir su atribución.
Entre las monedas de que debemos dar cuenta, hay dos, cuya
lectura no ofrece duda, pero cuya atribución probable nos ha
preocupado, sin que nos creamos en el caso de darla como segura.
N. 3. Monedita de oro de baja ley, en buen estado de conser-
vación, y caracteres buenos, pero no tan elegantes como los de
la moneda anterior: peso, 1,15 gramos.
LA. ^:\ Aben.
¿>_U! ^! J! ^ No (hay) Dios sino Allah.
^^í Hud.
ir. A. w^.^1^! Elháchib
^'_j^_s J — -^'^l El imam Ilixem.
Mohammad.
N. 'i. Monedita de oro de baja ley: en mala conservación, y no
la liubir-ramos leido á no tener á la vista la anterior, que es igual
(11 el fondo: peso 0,45 gramos.
TESORO DK MONKDAS ÁRABES DESCL"HIKI\TO EN ZAIIAGOZA. 317
I. A. ^! A !! ^ No (hay) Dios
íJ =.j A_Ul A Hall, solo.
-".j' .yA Aben llud.
1. A. ^^U! Kihdchib
^l_xu_> ^L--"^'' El imam llixem
\ \
A_LJL) --j_^0' Almowayyad billali.
-^^~
Moliammad.
Para detei-minar la atribución do estas monedas, tenemos (]ae
fijarnos en los datos que nos ofrecen, y en su comparación con
otras análogas: por una parte tenemos <¡ue están acuñadas por iin
Iláchib Mohammad^ y que si él no pertenecía á la familia de los
Banu Hud, tenía alguna conexión con ella, ya que en la I. A, se
hace mención de Aben Hud. bien para designar á un individuo,
bien para determinar al //ác/ízí? Mohammad, aunque su nombre
figure en otra área: falta ahora ver donde encontramos un Iláchib
Mohammad: sólo aparece en estos nombres en monedas de Al-
Mofádhid. de Sevilla y en las de Galatayud: descartando la primera
atribución, por ser las monedas de Sevilla completamenfc diferen-
tes bajo todos conceptos, aunque tengan este dato conuín, veamos
si podrán ser de Galatayud.
De los tres tipos do monedas conocidas de esta población, en
dos aparece en la 11. A. el nombre del Háchib Mohammad, á quien
con seguridad podemos aplicar el título de Adhido-d-Daulah,
que se lee en la I. A. de dichas monedas, ya que en la única del
otro tipo, y que por cierto procede de este mismo tesoro, en la
II. A. se leen las palabras ¿LjJI |1 J-c^s Adhldo-d-Baulah, como si
este fuera el sobrenombre del rey, y en la I. A. en la parte supe-
rior se lee el nombre -^-ysr-* Mohammad, autorizándonos la varie-
dad de tipos á que admitamos que el rey de Galatayud se llama-
ba Mohammad, y que se daba los títulos de háchib y Adhido-d-
Daidah: suposiciones ni contradichas ni confirmadas por otros
datos, ya que del tal reino de Galatayud no tenemos más noticias
que las suministradas por las monedas.
318 boletín de la real academia de la historia.
El nombre Aben Mud, que se lee en las monedas descubiertas
últimamente, reemplazando á las palabras ¿Jj-0) j-^üs de otros ti-
pos, nos hace sospechar que el rey de Galatayud pertenecía á la fa-
milia de los de Zaragoza, que dio reyes á Lérida, Tudela y Denia.
La fecha de las nuevas monedas puede determinarse de un
modo vago, pudiendo asegurar que son posterioi-es al año 426, en
que parece se inicia la farsa de la reaparición de Hixem II, cuyo
nombre figura en ellas, y que son anteriores al año 448, última
fecha que encontramos en las monedas de este tesoro; tanto más,
cuanto que el estado de deterioro en que se encuentra una de las
dos monedas hace suponer que había circulado bastante antes de
la fecha en que se escondió el tesoro: por otra parte, la ausencia
del título Adhido-d-Daulah podría dar lugar á creer que estaban
acuñadas cuando sólo se titulaba háchih^ y que en las monedas
posteriores, aquel título sustituyó al nombre familiar; á no ser
que supongamos que se puso por ser más corto y más proporcio-
nado á monedas en las que tan poco era lo que podía escribirse.
X. 5. Moneda de oro de baja ley, en no muy buena conser-
vación, pero puede leerse toda: podemos considerarla como va-
riante de una que publicamos al describir por primera vez mo-
nedas procedentes del mismo tesoro, ó más bien, de un dirhemen
no muy buen estado, que tenemos en nuestro poder y nos fué re-
galado por nuestro amigo D. Agustín Prim, de Lérida: peso de la
monedita 1,05 gramos.
I. A. ^'! Ahe.it
^' j. jl ^' No (hay) Dios sino
5j___x ^. .v_.U' Allab, solo.
.>»* Iliid.
^^- '^- ^¿1¿J' Almothaffir
>' — ^í J — -"^^ El imam Ilixem
^Ul_- --.'jJ' Almovvayyad billah.
jJj-J' >.^*_^.~. Ceifo-d-Daidali.
TESOUO DE NroXEDAS ÁUABES DESCÜllIERTO EN ZMWGOZX. l\l\)
El dirheni, á que nos hemos referido antes, difiere de esta mo-
iicdila en tener completa la profesión de fe en tres líneas como de
ordinario, y en haber tonido leyendas circulares, que no se dis-
tinguen, como lio leíamos las palaltras Jí^» |i ^j^ por muy bo-
rrosas.
La atribución de esta moneda, igualmente que la déla que pu-
blicamos en nuestro primer trabajo, no ofrece dificultad: aunque
no tengan indicación de ceca, puede asegurarse que están acuña-
das en Lérida por lucuf Almothaffir Ceifo-d-Daulah, pertene-
ciente á la familia de los Banu Hud, como hijo de Culeiman ben
líud. que le nombró para el trono de Lérida, dando á su herma-
no Ahmed el trono de Zaragoza y legando á ambos reinos una
guerra, que duró tanto como el reinado de ambos hermanos.
Las otras monedas que del tesoro de Zaragoza hemos adquiri-
do últimamente, pertenecen á tipos ya descritos, de alguno de los
cuales conocíamos nn solo ejemplar, y han aparecido otros.
Resulta de lo expuesto, que las últimas adquisiciones no dejan
de tener cierta importancia numismática, por haber aparecido una
moneda del rey Abd-Allah ben líacam, que sólo reinó un mes en
Zaragoza y dos probables del Rey de Galatayud, cuya familia nos
es revelada por estos documentos, á parto de las otras varieda-
des que nada nuevo nos enseñan.
Fr-ancísco Codera..
Madrid 1 de Abril 1881.
320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TI.
M(JNEDAS IBÉRICAS
III.
Gonliniiatulo la tarea que me impuse (1), presento á la Acade-
mia una nneva colección de dibujos de monedas ibéricas, entre
los que figuran piezas inéditas de importancia.
He aquí los ejemplares:
33. Anv. Busto varonil imberbe mirando hacia la izquierda,
delante delfín; detrás lA
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo hacia la derecha sobre
una línea; encima de ella F^^^^^^
Diám. -24 milím.
D. Vicente de la Fuente, Madrid.
Notable es el estilo con que está trazado el anverso de esta ra-
rísima especie bilbilitana, constituyendo una interesante variedad
(luc no había sido dada á la estampa, ni aun en la muy completa
colección de monedas autónomas de Bilbilis que adornan la His-
toria de Calatayud (2), obra de un ilustre académico.
Dos épocas he observado, perfectamente distintas, en las abun-
dantes emisiones del dinero bilbilitano. Singulariza una de ellas
el dibujo rígido y bárbaro las más de las veces, que imprime ca-
rácter á las acuñaciones que se señalan por la letra C de sus
anversos, ó sea la inicial del nombre de la población. Caracteri-
(1) Véase tomo ui de este Boi.ktín, pág. 61 y pág'. 159 de este tomo.
(2) D. Vicente de la Fuente. Historia \de¡a\ siempre augusta | // \,fid€l¡sinia | ciidad
de Calatayud \ —Calatayud. Imp. del Diario. 1880.— 2 vols. 4.°, pág. Hl, láni. i.
íMOíNedas ibéricas. 321
zan la segunda, su fábrica corriente y la partícula ÍA que inva-
riablemente aparece detrás de las cabezas, ó mejor dicho, bus-
tos, del llamado Hércules ibérico. Pertenece á esta clase el ejem-
plar de que es propietario el Rr. La Fuente, muy curioso por los
caracteres de su dibujo, que viene á proporcionarnos un dato más
para fijar en definitiva que todos los de su serie son copias más
ó menos afortunadas del numerario celsitano, como este lo fué á
su vez del ilergético.
34. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha;
detrás A
Rev. Jinete con palma sobre el hombro corriendo hacia la
derecha; debajo bH^r^YMXfA
D'iám. 24 milím.
G. DominttO Bazáx, Barcelona.
35. Anv. Busto varonil imberbe mirando hacia la derecha;
detrás /^
Rev. Jinete con enseña militar en forma de cayado, sobre
el hombro, marchando hacia la derecha sobre una
línea; entre ella y otra inferior MH^I^H^MXAA
Diám. 25 mih'm.
Gol. Gil, Zaragoza.
Al continuar la. notabilísima leyenda que llevan las dos prece-
dentes monedas, el Gírenlo Numismático Sevillano al final de la
obra de Delgado, las acompañó con las siguientes líneas: «El señor
Delgado conservaba entre sus apuntes los dibujos de las monedas
que acabamos de describir á continuacióu, tomados de la obra
Lorichs. Nos recomendó muchas veces que registrásemos minu-
ciosamente los gabinetes de Sevilla, á pesar de que lo había he-
cho por sí, sobre todo en el que perteneció al Sr. Gaballero In-
fante, con el objeto de comprobar su existencia. Nuestras gestio-
nes han sido ineficaces, porque ninguno de nuestros compañeros
del Gírenlo Numismático, ni las demás personas á quienes hemos
consultado, poseen ejemplares análogos. Mas no pudiendo dudar
TOMO IV. 22
3'22 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLV DE LA FIIáTOIUA.
de la exactitud de los dibujos de Lorichs, hechos con el mayor
esmero, los reproducimos bajo la fe del autor, para que no falte
en nuestras láminas un epígrafe publicado anteriormente (1).)'
Salvo rarísimas excepciones, bien disculpables por cierto, con
recomendable exactitud se hallan grabadas las monedas que pu-
blicó en sus Recherclies numismatiques el chambelán Mr. de Lo-
richs y sin riesgo alguno pudo fiar en él el Círculo Numismático
de Sevilla. Heiss da tamlñén como cierta la moneda (lám. 32,
Lantza 2), equivocando empero la letra cuarta de su epígrafe y
Zobel al enmendar este error (tomo ii, niím. 49G), ofrece grabar
en la continuación de su obra un ejemplar de tan curiosa especie
que halló en la colección ispalense del Sr. Sánchez de la Gotera.
No se fijaron dichos autores en que Boudard [Num. Iherienne lá-
mina 25-3, 5) había publicado dos ases con esta leyenda y uno de
ellos relevante, por llevar el jinete una palma al hombro.
La existencia de monedas ibéricas con el transcrito letrero, no
debe ponerse en duda: acertado estuvo Lorichs, cuya lectura ga-
rantizó atinadamente la competencia de Zobel; y puedo afirmarlo
así, cuando de sobra conozco la moneda. Sin necesidad de tener
que acudir al monetario Sánchez de la Gotera, he comprobado el
epígrafe en ocho ejemplares, algunos de ellos tan completos, como
los que figuran en la lámina (números 34 y 35). Además, pues, de
los arriba descritos y que forman parte de las escogidas coleccio-
nes ibéricas de los Sres. Bazán y Gil, tengo apuntados seis más,
que existen, dos en la del Sr. Rais, otro en poder de D. José
Barril, ambos de Zaragoza; otro en el monetario Gervera, de Ma-
drid; un quinto en el de D. Germán Sher Puy. de dicha vecindad;
y el sexto lo conserva D. Francisco Rañoy, médico de artillería
residente en la actuahdaden Barcelona.
Examinadas cuidadosamente estas monedas, he adquirido el
convencimiento de que el signo A que siempre aparece detrás de
la cabeza de sus anversos, no se repite en el reverso como letra
inicial del rótulo éthnico: los ejemplares de que son respectiva-
mente propietarios los Sres. Gil, Barril y Rañoy, presentan cam-
po liso en el cospel antes del comienzo del epígrafe, dejando ver
'i üj. fjis \,,'ir. IV ^ ■' —
(1) Delgado. Nuevo ttfftodo, tomo'iii, págr. 1:í:<.
MONEDAS IIlímiCAS. o2'A
claramente que la leyenda principia por h- Creo oportuno adver-
tirlo, para salir al paso de una errónea clasificación que me han
expuesto algunos numismáticos, los cuales, influidos por el indi-
cado supuesto, opinan que estos ases son las especies mayores de
una serie monetal que cuenta como divisores los semises que des-
cribiremos á continuación, junto con el cuadrante exhibido por
Lorichs. [Recherches, láminas i, 3.) Hay que abandonar por com-
pleto estas imaginaciones, pues entre las monedas expresadas no
existe la relación que se ha sostenido: ni la leyenda de los ases
empieza por A, ni la segunda letra de los semises es r*, sino cla-
ra y distintamente una [^ . Quedan, pues, categóricamente acla-
radas todas las dudas.
Fijado con seguridad tan interesante epígrafe, es preciso con-
venir en que la partícula A de los anversos se estampa en ellos
como indicación omonóica, caso frecuentísimo cu el numerario
ibérico, el cual se aconsejó tantas veces de las necesidades del
comercio ó de la guerra, que muchas de sus emisiones son pro-
ducto de conciertos monetales entre distintos pueblos. Partiendo
de estos fundamentos, la determinación geográfica de estas le-
yendas parece resultar fácil, y así fuera eii efecto, si el silencio
de los autores antiguos y de los monumentos litológicos no con-
trastara con la abundancia de elementos comparativos numismá-
ticos. En los primeros, no he sabido encontrar los levitenses ó lo-
vitenses de que nos habla la leyenda, y dejan perplejo el seña-
lar á las monedas un puesto, en los diversos distritos numis-
máticos en que han sido clasificadas las acuñaciones ibéricas; pues
racionalmente podríamos llevarlas á una comarca limítrofe al pue-
blo á que se refiere la indicación omonóica, si esta no fuera el
signo silábico A, por el cual principian leyendas de diversos
distritos del centro ó septentrión de Iberia, como AP^MAX
(cascantinos) en el turiasonense; AÍ^^Al^fr^ (ccesadenses) en el
segobrigense; A9PA fCaravacaJ en el cartaginense; A^^i^l^^
fcaravensesj en el numantino, cuyas monedas presentan concer-
tados sus anversos Ah (Heiss lám. 21,1) con otras de leyenda
■ A^^X^^*'X^^ (calagurntanos) cabeza del distrito de su nom-
bre. También los semises de que vamos á ocuparnos luego, lie-
324 boletín de l.v keal academia de la historia.
nen por letrero Af^H ¿A qué pueblo de los dichos so refiere
pues la A omonóica de los ases en cuestión? No es posible deter-
minarlo si solo nos fijamos en la partícula que acusa el concierto
raonetal, siendo tantos los pueblos que cuentan con igual raíz.
Zobel que debió tropezar con estas dificultades, propone, sin
embargo, relacionar estas monedas con las calagurritanas, opi-
nando que pudieron sei- batidas en lloréis ó Gracurris (Estudio,
lomo II, 75), atribución dificultosa por hallarse falta de compro-
bantes.
En mi concepto, estas leyendas pertenecen á tierras numantinas,
habiendo sido batidas por un pueblo no lejano de Agreda. Todos
los ejemplares que de ellas conozco han pertenecido á coleccionistas
zaragozanos, y este dato de procedencia viene íi corroborarlo ple-
namente el reverso y fábrica de estos ases, que solo encuentran
similares en las más antiguas especies aregradenses, no menciona-
das por Delgado y que llevan por rótulo P9l^r*'X9PH^XrA fl).
La demostración resulta evidente, comparando estas especies con
las délos lovitenses, ya que nos ofrecen caracteres completamen-
te semejantes, alguno de los cuales es patrimonio exclusivo de
ambas clases de monedas. En ellas los ases son siempre de gran
módulo; el epígrafe, formado de buen número de letras, se des-
plega en semicírculo debajo del jinete: no blando este la lanza,
pues esta arma aparece después en más modernas acuñaciones,
sino que lleva al hombro la palma ó una enseña militar formada
por un asta que tuerce en su extremo superior á guisa de cayado.
Tuba? llama Zobel á este emblema y es posible tenga razón (2).
(1) No grabo desde luego estas rarísimas monedas con el deseo de descubrir ejem-
plares mejor conservados, y de consiguiente más completos que los que hasta ahora he
\isto. En el entretanto pueden verse descritas por el Sr. Zobel [Estudio, tomo ii,
pág-. 278, números 529-532), y una que grabé en la Rev. de Ciencias Jdstórícas, tomo ii,
páp. 551.
(2) De primera intención se ocurre que estas especies pudieran ser acuñadas por
los lol/ttanos; pero hay que advertir que estas gentes moraron al Sur de los celtiberos
más orientales, ó sean los Insoncs, que á su vez se extendieron hasta las fuentes del
Tajo, según el testimonio de Estrabon. Me limito á apuntar estos datos sin permitir-
me abundar en dicha atribución que rechaza la fábrica de las monedas. Con mayores
probabilidades de acierto podrían copcederse, por vía de ensaj'O, al pueblo de Lubia,
situado entre Soria y Almazán.
hAw^rsz.
.^J -X-
.'i>. 37
''■'■ ¿í^*'
/-'/ "\
fe^ "■ (idl
m ^
Z,rAn,^i: JlccU.ot
MONEDAS lUÉItlGAS. 325
Píira completar estas observaciones, publico con el uiun. 3-4 el
MH'T^r^TrAXM con palma que mecomunica[cl Sr. Bazáa, en un
todo semejante al que vio Boudard en la colección de M. Duprat
(página 227). Si este ejemplar de fábrica relativamente bella, de
evidentes reminiscencias belénicas y su jinete con [lalma, hubiese
sido el único entre los de su clase en salir de la tierra, de fijo se
le tendría como originario de los distritos numismáticos de la
región oriental. Su estilo y dicha palma hnbieran impuesto esta
clasificación, siguiéndose en ella las corrientes más generalmente
admitidas y á las cuales he dado pruebas de no abandonarme en
absoluto.
Sé bien que las anotaciones que estoy escribiendo no propor-
cionan ocasión propicia para intentar extensas explicaciones acer-
ca de la frecuencia con que se interrumpe aquella regla fijada por
Delgado, caracterizando con los jinetes lanza en ristre el nume-
rario de las comarcas centrales españolas, y siendo los tipos con
la palma, el distintivo de las acuñaciones ibéricas de la región
oriental. Las excepciones á esta norma se van sucediendo y ten-
go para mí que han de repetirse en mayor número á medida que
aparezcan otras monedas raras, ya que abrigo la persuasión de
que aquella regla, luminosísima cuando la estableció el ilustre
Delgado, ha perdido la fuerza absoluta que tuvo en la época en
que fué ideada. Hoy, y particularmente en la región central, es
solo aplicable á determinados períodos, los más recientes en las
acuñaciones ibéricas, ó sea cuando las cecas fijan definitivamen-
te los tipos de sus monedas. Además de la que acabo de publicar,
dígalo el numerario antiguo de AAI^Rf*'^^, dígalo el as de gran
tamaño de Aregratcon palma y rótulo de letras arcaicas (Ppor F
9 por ^) que di á luz en la Revista de Ciencias Históricas, etc. (1).
Por de pronto basten las indicaciones apuntadas, pues lo que
importa de momento, es sacar de la oscuridad el mayor número
posible de piezas inéditas y rectificar las publicadas con errores
ó faltas de algún detalle. Es prematuro, por consiguiente, inten-
tar rectificaciones en la clasificación general del numerario ibé-
(1) Revista de Ciencias Históricas, Barcelona, 1831, tomo ii, pág. 555.
326 boletín de la real academia de la historl\.
rico, cuando el Boletín de la Academia no ha terminado aún la
publicación de nuevos materiales, que ofreciendo los debidos
comprobantes, vengan á completar en lo posible las bases de es-
tudio.
36. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha-,.
detrás A
ñev. Caballo suelto con brida volante corriendo sobre-
una línea; encima de esta Af^H
Diám. \\) milím.
Col. Domingo Bazán, Barcelona,
37. Anv. Como el anterior.
Rev. Caballo corriendo en el aire; debajo AI^H
Diám. 19 milím.
D. José Bordas, Barcelona.
38. Anv. Busto varonil imberbe, mirando hacia la derecha;
detrás A
Rev. Caballo con brida volante, corriendo en el aire ha-
cia la derecha; debajo Af^H
Diám. 18 milím.
Col. Cervera, Madrid.
Inéditas de Delgado las tres monedas que anteceden, había ci-
tado ya las dos primeras en la Revista de Ciencias Históricas
(tomo III, pág. 135), pero sin grabarlas, lo cual me apresuro á
realizar ahora atendiendo no solamente á la rareza*é importancia
de estos ejemplares, sino también á que el primero de ellos figu-
ra incompleto en Zobel (tomo ii, lám. 3, 4) que dispuso de la mo-
neda Sánchez, antes Delgado, la cual no conserva todos las parti-
cularidades del reverso. Además, las dos piezas que la subsiguen
son variedades de la primera.
Repetiré en este lugar lo poco quepude adelantar acerca de es'.as
monedas en mi citada publicación. La leyenda ibérica, revela un
nombre desconocido, del cuííl, contando solamente con las dos
MONEDAS IUÉFWCAS. 327
primeras silabas, fuera inútil tarea completarlo arbitrariamente
en busca de una atribución. Por los distintos métodos de lectura,
el epígrafe nos da solamente ClE...enses CklO. ..enses, ó sea la
raíz de una denominación ctbnica que no ha llegado basta nos-
otros y que al parecer perteneció á uno de los distritos próximos
H la ceca de Tarraco, ya que el reverso de la núm. 36 figura el ca-
ballo al paso y en la misma disposición que se observa en los se-
mises cosetanos. Pero esta determinación de lugar tiende á os-
curecerse, no habiendo venido á corroborarla el grosero estilo de
la moneda núm. 38.
Abandonemos por ahora el problema geográfico que encierran
t>stas monedas, aguardando confiadamente que algún día apare-
cerán los ases de la anónima emisión, y en los que es de esperar
que la leyenda no se pi-esentará abreviada, como es común que
así suceda en las fracciones. Esta tregua forzosa no es cosa nueva
en numismática ibérica, que tanto tiempo ha que aguarda com-
pletar, con la aparición de una especie mayor, el semis, en el que
se lee IMH^ [Istonium, Delgado, lám. 154). Sobre la atribución
de la omonóica A de los anversos, nos referimos en un todo á lo
expuesto al tratarse de igual signo en las monedas anteriores.
39. Anv. Cabeza diademada é imberbe, mirando hacia la de-
recha; detrás león.
liev. Caballo con brida volante galopando hacia la de-
recha sobre una línea; debajo H^^l^
Diám. 19 milím.
Vidal Ramón, Barcelona.
Es la primera vez que sale grabado este rarísimo divisor del
dinero oretano, del cual no conocemos otro ejemplar.
40. Anv. Cabeza varonil, imberbe y diademada, mirando ha-
cia la derecha.
Rev. Caballo corriendo hacia la derecha sobre una línea;
encima corona abierta y sobre dicha línea, en le-
tra diminuta, t'P^t^J^IAit*
Diám. 18 milim. - -• --
Col. Domingo^ Bazán, Barcelona.
328 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA. DE LA HISTORIA,
Zobel copia (núiu. 154, lám. 2, 1) una moneda de esta clase to-
mada de la colección Cerda. Sin perjuicio de ello, damos á cono-
cer el precioso ejemplar del Sr. Bazán, notable por su buena fá-
brica, por la corona dibujada á estilo indigete, de buena época y
lo diminuto de las letras que componen el epígrafe, circunstan-
cias todas que proporcionan elementos no despreciables para es-
tudios comparativos.
41. Anv. Cabeza barbuda, mirando hacia la derecha.
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo en el aire hacia la
derecha; debajo de una línea H^^^H^
Diám. 21 milím.
Col. Gir. Zaragoza.
Es única en mi noticia esta preciosa variedad. Lorichs pu-
blicó su leyenda (Recherches, plan, xxx, 3) de un ejemplar con
palma al hombro, el cual se hallaba falto de la primera letra del
epígrafe. De esta suerte pasó por simple copia á la obra Delgado
(lám. 186 — 5). Campaner fué quien completó el letrero [Memorial
numis. español, tomo iv, lám. 1,3). Posteriormente Zobel grabó
una variedad importanle de esta moneda, en la que el jinete lleva
un ramo en la mano (nüm. 410, lám. 5, 8) demostrándosenos
ahora lanza en ristre, distintivo que sirve de ayuda para llevar
estas especies á Turissa, aun cuando esta atribución puede modi-
ficarse á favor de otras luces que nuevos hallazgos proporcionen.
42. Anv. Cabeza barbuda mirando hacia la derecha; delante
arado; detrás delfín.
Rev. Jinete lanza en ristre, corriendo en el aire hacia la
derecha; detrás S^ debajo HTT^I»
Diám. 20 milím.
Col. Ceuvera, Madrid.
La sigla que lleva el reverso de esta moneda, que no había
aparecido hasta ahora, puede relacionarse con las leyendas
MONEDAS IbÉIilCAS. 329
43. Anv. Gíibeza varonil imberbe mirando hacia la derecha;
detrás delfín.
Bev. Porte anterior de un Pegaso; encima ••# debajo
Diám. 14 milím.
Gol. Vidal Ramón, Barcelona.
Zobel conoció este divisor copiándolo incompleto (lám. 1,4)
del ejemplar carcomido que posee esta Academia. Posteriormente
vio otro mejor conservado en la colección Bosch, de Madrid, y
advierte que detrás de la cabeza del anverso se observa uu delfín
(tomo II, páginas 238, 191); pero deficiente quedó la rectificación,
puesto que no sonaban en ella los glóbulos del reverso. Por todo
ello reproduzco el quadrante Vidal Ramón, al que no falta deta-
lle alguno.
Termino esta ya muy pesada relación, dando á luz un curioso
sextante cosetano inédito.
44. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha;
detrás punta de lanza.
Rev. Delfín á la derecha; encima ##; debajo K,^}^
Diám. 13 milím.
Gol. Vidal Ramón, Barcelona.
Madrid 1 de Marzo de 1884.
Celestino Pluol y Gamps.
VARIEDADES.
MEÍilOPJA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA
DE MISIONES DE INDIOS GÜARANIS *.
(Continuacióii.J
478. Hase dudado y aun duda ^ si estos Religiosos
son ambos Guras, o a lo menos si ambos tienen igua-
les cargas. Esta duda nace de que, gozando iguales y
distintos sinodos, deven considerarse dos distintos be-
neficios, y por consiguiente cada uno deve tener ane-
xas sus cargas particulares, o repartirse entre si todas
las comunes del curato. A que se agrega el que ', si
solo el que se nombra Gura es el obligado a cumplir
las cargas del curato, y el Gompañero a lo que el Gura
le encargare, la certificación de este devia darla el
Gura, y la del Gura el Gavildo según resultase * la
asistencia que lograva el pueblo; pero no es asi, por
(]ue a cada Religioso separadamente se le da su certi-
ficación, sin que el Gura pueda quitar ni poner en la
(jue dan a su Gompañero. Ademas de esto el año de 82,
por disposición Real publicó editos ' el 111.""' 8.°'' Obispa
de Buenos Ayres llamando a los Clérigos que quisie-
ran oponerse a los curatos de los diez y siete pueblos
Véase el cuaderno IV, tomo IV.
En la edic. de Ángelis: Hace dudar, y aun dudo.
En la edic. de Áng-elis: A que se agrega que.
En la edic. de Áqgelis: según resulta.
En la edic. de Ángelis: edictos.
MISIONES Dlí INDIOS GUARANIS. .).'»I
de yndios de este obispado, y llama su. Señoría 111. '"-
]tara cada pueblo a dos yndividuos para Guras, ex-
presando que el sínodo de cada uno son doscientos
pesos *, y añade S. S. 111.""* que para el pueblo de Ya-
peyú solo llama * a uno por estar ya provisto otro
Clérigo en el. De lo que se intiere que los empleos do
Gura y Gompañero son dos beneficios distintos, cada
uno con sus cargas anexas, o que todas las del curato
son comunes a los dos, y deven dividirlas entre si
igualmente. Pero a esto se opone el que solo el (¡ue se
nombra Gura trae los títulos de tal, con todas las for-
malidades devidas; y el Gompañero, aunque para el
goce del sínodo suficientes los que traen ', de ningún
modo pueden serlo * para la administración de Sacra-
mentos, a excepción del de la confesión; pues para ese
solo trae licencia del Obispo, y necesita para los de-
mas ^ la del Gura del pueblo a que viene destinado.
179. Aunque regularmente suelen avenirse bien
los Guras y Gompañeros partiendo entre si el trabajo,
no dejan de ofrecerse algunas disensiones ® sobre esto;
pretendiendo algunos Guras que solo deben los Gom-
pañeros hacer aquello que determinadamente ellos
les mandaren, y nada mas: otros por el contrario
quieren que los Gompañeros tengan las mismas obli-
gaciones y cargas que ellos, y los Gompañeros quie-
ren que todas las Misas que deven aplicarse a los fe-
ligreses sean del cargo del Gura: y nadie hay que re-
suelva esta duda, ni la haya querido consultar a la
Superioridad. Pero lo cierto es, que a los Gompañe-
ros no les pasan en su Pieligion, particularmente a
» Asi en el ms.: En la edic. de Angelis: 200 pesos.
s En la edic. de Ángelis: solo llaman.
3 Asi en el ms. En la edic. de Angelis: aunque para el goce del sí-
nodo sean suficientes los que traen.
• •« En la edic. de Ángelis: puede serlo.
í En la edic. de Angelis: para lo demás.
*> En ¡a edic. de Angelis: disenciones.
332 BOLETÍN DE LA ELAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
los de Siin Francisco, el tiempo que lo han sido para
su jubilación, contándole ' solo el que han servido de
Curas.
180. De estos principios nace el que los Religiosos
Compañeros no reconocen superioridad en los Curas,
ni estos se atreven a obligarlos, y tratarlos como sub-
ditos; de modo que ni unos, ni otros conocen supe-
rior alguno dentro de esta provincia: porque por parte
del Real Patronato el Governador y Thenientes ' so-
mos solamente unos celadores que devenios avisar al
Vice-Patrono lo que consideremos digno de su noti-
cia, y nada mas. Por parte de los Prelados Regulares
y Diocesanos, no hay Superior, ni Vicario que exer-
za jurisdicion alguna'; y asi no es de maravillar el
que hayan sucedido muchos desordenes en estos pue-
blos, estando tan lejos los recursos, y tan enlazadas
las tres jurisdiciones *, Real, Episcopal, y Regular, y
que las mas vezcs participan de todos tres fueros las
causas de que se originan, a las que dan cuerpo ^ y
fomento la mucha ignorancia de todos. El Governa-
dor y Theniente somos legos y sin ningún conoci-
miento de las leyes '; y así ni podemos vsar de ellas,
ni aun formar con método y formalidad un expedien-
te juridico'. Los Religiosos regularmente no saven
mas que alguna theologia moral, y nada de derecho
civil, ni canónico. Aqui no hay ningún profesor de
derecho: con que unas vezes por no errar, y otras por
evitar mayores escándalos, es preciso que los mas
prudentes cedan el campo a los orgullosos; y, si por
* Así en el ms. En la edic. de Áng^elis: contándoles.
* En la edic. de Ángelis: y Teniente.
5 En la edic. de Angelis: jurisdicción alguna.
* En la edic. de Angelis: jurisdicciones.
* En la edic. de Ángelis: á las que da cuerpo.
6 En este pasaje es menos correcto el texto de la edic. de Angelis:
ElGrjlierna'^lor y Tenientes estamos lejos y sin ningún conocimiento de
las leyes.
' En la edic. de Angelis: un espediente jurídica.
MISIONES DE INDIOS fiUARANIS. 333
ser los desordenes de naturaleza que no puedan tole-
rarse, se forma algún expediente ',7 se da parte con
el a la Superioridad, va tan lleno de nulidades, unas
por exceso, y otras por defecto, que los tribunales su-
periores se ven embarazados con ellos y no pueden
resolver nada. Con que a vista de esto no es de estra-
ñar nada de lo sucedido; antes es maravilla el que no
suceda mas.
181. Quando sucede enfermar^ algún Religioso
que está solo en su pueblo, y que no puede atender
al cumplimiento de su ministerio, y dan parte al Go-
vernador o Theniente inmediato, este no tiene otro
arvitrio que el de escrivir una carta suplicatoria a
otro Gara o Gompañero de aquellos en cuyos pueblos
hay dos Religiosos, manifestándole la necesidad; y,
si este no quiere ir a suplirla, no le puede obligar.
Ya ha sucedido tener el Governador que escribir a
muchos, sin hallar uno que quisiera ir a suplir una
de estas necesidades.
182. Aunque por los Goncilios y otras disposicio-
nes canónicas está mandado que los Guras no se au-
senten de sus felegresias ', sino en los tiempos y con
los motivos que alli señalan, y con la licencia de los
Prelados y demás que pueden darlas, aqui no se ob-
serva nada de esto. Fuera de lasírequentes ausencias
que hacen los Guras y Gompañeros dentro de la mis-
ma provincia, de unos pueblos a otros, con motivo de
funciones de yglesia, y otros particulares, en que tal
vez dejan solo el pueblo de su cargo por algunos dias,
hacen otras ausencias fuera de la provincia, con mo-
tivo de ir a Buenos Ayres a cobrar los sínodos, y a
Corrientes y al Paraguay, y a ver sus parientes*.
* En la edic. de Angelis: algún espediente.
- En la edic. de Ángelis: Cuando sucede el enfermar.
■ 3 Asi en el ms. En la edic. de Angelis: de sus feligresías.
* En la edic. de Ángelis: y á Corrientes y el Paraguay á ver sus pa-
rientas.
XVl boletín de la real academia UE la Ht3T0RL\.
Para eslas ausencia?, que siempre son de meses, y tal
vez de año, o años, lo que acostumbran es, presen-
tarse al GovernadoroTheniente del distrito, pidiendo
el pase para el viaje que van a emprender, el que se
le concede en quanto está de parte del Govierno secu-
lar; y con este solo requisito se ponen en camino,
van a la capital, se presentan, negocian el cobro de
sus sínodos, y demás a que van: y ni por parte de su
Religión, ni por la del Obispo, se les hace ningún
cargo. Supongo les tendrán concedida tacita Iicenci;i.
y los Religiosos vsarán de ella, en las ocasiones que
la necesiten; pues de otro modo, no sé como podrán
componerse con sus conciencias.
183. Como en tiempo de los Jesuitas lodo lo go-
vcrnavan los Curas en estos pueblos, los y ndios acos-
tumbrados a llevar todas las causas a ellos, con-
tinua lo mismo después do la expulsión con los
Religiosos que ocupan su lugar'. Estos, unos por
ignorancia, y otros por ampliar su jurisdicion, em-
pezaron a disponer de las materias '; y aunque el
Govierno procuró poner remedio y consiguió el se-
pararlos de tan ilícito y perjudicial abuso, siempre se
han mantenido fuertes los Religiosos en querer enten-
der en las causas que por su nalnraleza corresponden
a ]os jueces eclesiásticos, y otras que son de misto
fuero ', como son amancebamientos, riñas entre ca-
sados, y otras semejantes, sin que el Govierno haya
podido apartarlos de estas pretensiones: aunque al
presente seles va haciendo conocer que la jni-isdicion
de Curas * no so estionde al fuero externo, no te-
niendo comisión particular del Obispo, o Vicario go-
.p.-i..7in..:5 ■ '■- '•■■ 'V
' En la edic. ríe Ángelis: que ocuparon su !uf?ar.
- Hay una notable variante en este lugar del texto, se^iun la edic. d?
Ánpelis: y otros por ampliar su jurisdicción, se apoderaban de ellas
como si lefritimamente les pertenecieran; y aunq\ie el gobierno, etc.
5* En la edic. de Angelis: de mixto fuero.
* En la edic. de .Síagelis-. la jurisdicción de curaí.
MISIONES DE INÍJlOs CrUAHAMS. o3."»
ncral del obispado; y que por lo mismo ' no deven cu-
tender en ninguna causa e.xlorno, ni imponer conde-
naciones, ni prender a yndios '; y mucho menos ful-
minar censuras, como antes lo han hecho; pues lodo
esto está reservado para ios Jueces Eclesiásticos, que
los Guras no lo son: pero, aunque se abstienen, es con
grandísima repugnancia.
liS4. En el modo de celebrar los divinos oficios, pa-
rece se han conformado los Guras con la practica an-
tigua que teniau los pueblos, aprendiéndola de los mis-
mos yndios; porqirela vniformidad que en lo sul)slau-
cial se observa en todos los pueblos lo manifiesta
bastante. Todos los domingos, y dias festibos del año
se anuncia, la víspera a las oraciones, con repique de
campanas, que se repite al alva '; y al salir el sol, o
poco después, se da el primer repique de campanas
para combocar la gente ala yglesia *, repitiendo otros
dos con intermisión de seis u ocho minutos entre
uno y otro. En cuyo tiempo se junta toda la gente
del pueblo en la yglesia: haciendo coro '' algún fiscal
VI otro viejo instruido, y algunas veces los mucha-
chos mas aviles, rezan las oraciones de la doctrina
cristiana ", empleando algún poco de moral sobre el
mismo punto, en lo que regularmente gasta media
hora; y, concluido, avisan con la campana que va a
comenzarse la Misa mayor, la que celebra el Gura, o
Compañero con bastante solennidad '', porque la
• En la edic. de Ángelis: y por 1j mismo.
- En la edic. de Áng-elis: ni prender indios.
3 En la edic. de Ángelis: que se repiten al alba.
* En la edic. de Ángelis: se dá el primer repique para convocar la
írente á la iglesia.
5 En la edic. de Angelis: se Junta toda la gente del pueblo en la
iglesia, y allí haciendo coro.
6 Así en el ms., donde se advierte alguna omisión. En la edic. de
Ángelis: rezan las oraciones de la doctrina cristiana; después va el cura
ó compañero, y les esplica algún punto de doctrina, empleando, etc.
' En la edic. de Ángelis: con bastante solemnidad.
33ü boletín de la real academia de la historia.
música es numerosa, y regularmente instruidos los
músicos. El altar mayor se adorna con muchas luces,
unas de cera, y otras de sebo; acompañan en el altar
al Sacerdote seis muchachos de diez, a doce años ves-
tidos con sotanillas encarnadas los dias que la yglesia
viste de blanco o encarnado, y para los dias de otros
colores, las tienen de los mismos que la yglesia vsa,
y con roquetes mas o menos costosos, y decentes, se-
gún la festividad de el dia. Dos de estos muchachos
sirven el ynce»sario, y naveta *, otros dos los ciriales,
y los dos restantes acuden a todo lo demás del altar,
en que están bastante diestros, y prontos. Ademas
destos muchachos hay al rededor del altar dos o mas
yndios sacristanes, pero sin ninguna vestidura ecle-
siástica, pero aseados: estos están allí para correr los
velos, poner fuego en los ynccnsarios, arrimar o po-
ner sillas, y otras ocupaciones semejantes. Al salir la
Misa lo anuncian los yndios en la puerta de la ygle-
sia, del umbral para dentro ', con toque de cajas y
trompetas, para lo que nunca faltan seis v ocho en
esta ocupación, causando tal estrepito que aturden a
quantos hay en la yglesia, rej)itiendo lo mismo al
tiempo del Evangelio, al San tus ', a la elevación de
Ostia y Cáliz, a la segunda elevación, y al ultimo
Evangelio. Si algunos han confesado, se4es da la Sa-
grada Comunión luego que el Sacerdote consume, y
en acabando la Misa entonan los tiples de la música
elVendito y alabado en tono muy dulce y agra-
ciado, el que repite todo el común del pueblo; y, en
acabando, se retiran a sus casas.
185. En los pueblos que hay dos Religiosos seria
lo mas combeniente que en los dias de precepto para
los yndios el uno digera la Misa temprano, para que
* En la ertic. de Ángelis: y navetas. .
» En la edic. de Angelis: para adentro.
' En la edic. de Án^cliP: al Sanctus.
MISIONES DE INDIOS GUAKANIS. 'SM
los quG liencn enfermos que asislir fuesen n oirla^ de-
jando otros entre tanto que los cuidasen, y lo mismo
aquellos o aquellas que por su desnudez no pueden ir
a la yglesia, les prestarían otros, y otras su ropa para
que oyeran Misa: pero es muy raro el pueblo en que
se practica esto. En los mas se dicen las Misas a un
tiempo: de modo que los que tienen estos, v otros im-
pedimentos no pueden oiría; como tampoco los que
el puehlo tiene empleados en giianlar las chácaras ';
que, como los robos se recelan de noche, y la Misa se
dice temprano, no pueden venir a oyrla: lo que po-
drían hacer, si la Misa mayor se digera - a una ora
regular; que, aunque eslubierau toda la noche en su
ocupación, tenían- tiempo desde que amanecía de ve-
nir a Misa sin ningún recelo.
186. Todos los demás dias del año, que iio son de
precepto para los yndios, aunque lo sean para los es-
pañoles, se dicen ambas Misas al salir el sol, o antes,
y en algunos pueblos luego que amanece; de modo
que muchos se quedan sin oírla, si se descuidan en
madrugar: por cuya causa se originan algunas de las
disensiones ^ entre Curas y Administradores. En to-
dos los dias, aunque la Misa sea rezada, asiste la mu-
sica y cantan en el coro los Kiries, la Gloria,
Credo, y San tus, y todo lo cantarían'' siéndola
Misa cantada; los tambores * tocan y hacen el mismo
estrepito que en los dias festivos; y todas las tardes ^
se reza el Rosario en la yglesia una ora antes que el sol
se ponga: en lo que también hay alguna diferiencia ''
de unos pueblos a otros, según la voluntad del Cura.
i En la edic. de Ángelis: en guardar lo (Asi: los) chacarerios.
- En la edic. de Ángelis: se celebrase.
^ En la edic. de Ángelis: algunas de las disencione.s.
'' En la edic. de Ángelis: y sancUis, y todo lo que cantarían.
5 En la edic. de Ángelis: y les (A.8Í: y los) tambores.
6 En la edic. de Ángelis: que en los dias festivos. Todas las tar-
des, etc. •
■J Asi en el ms. En la edic. de Ángelis; alguna diferencia.
TOMO IV, i-i
338 boletín de la real academia de la historia.
187. Solemnizase en el año algunas fiestas con
mas particularidad que las demás, como son las prin-
cipales de Nuestro Señor Jesucristo, y la Yirgen, la
de San Miguel^ Patrón general de la provincia, la del
Santo Patriarca * de la Pieligion de los Guras, y ' ios
dias del Rey Nuestro Señor, y su cumple años. Estos
dias se anuncia su festividad con repique de campa-
nas, los de la víspera al medio día ', a cuya ora con-
curre lo mas del pueblo a la yglesia, en donde el Gura
con la música cantan la Magniñcat *; y a la tarde
se cantan Yisperas solemnes, precedidas de los repi-
ques de campana, los que repiten ^ a las oraciones, y
animas, como asi mismo al alva del otro dia, y para
combocar a la Misa mayor ^ que oficia la música con
mas solemnidad que otros dias; y después se execu-
tan en el pueblo algunas diversiones publicas, y se
dan algunas reses, y otras cosillas extraordinarias,
como ya queda dicho.
188. La función que mas se singulariza entre to-
das es la del Santo Patrón titular del pueblo: para
esta se convidan algunos Religiosos de los pueblos
inmediatos, para que en las Vísperas, y Misa se vis-
tan de diáconos, y asistan otros a los demás minis-
terios del altar: se encarga con anticipación el ser-
món que se predica, mitad en guaraní, y mitad en
castellano; cuya diligencia corre a cargo del Gavildo
y Administrador, pero se comunica antes con el
Gura, el que también concurre a convidar a los Reli-
giosos que han de asistir a la función; y, al tiempo
1 En la edic. de Ángelis: la de Snn Miguel, la del Santo Pa-
triarca, etc. Omite: Patrón general de la provincia.
* En la edic. de Angelis se omite: y.
^ Así en el ms. En la edic. de Ángelis: con repique de campanas, la
víspera al medio dia.
* En la edic. de Angelis: canta el nmgni/icat.
' En la edic. de Angelis: precedidas de los repiques de campanas,
los que se repiten. '
*^ En la edic. de Angelis: á la Misa mayor, en que oficia.
MISIONES DE INDIOS GIIARANIS. 339
(]ue tíslos van llegando al pueblo la víspera del dia de
la íiesta, los reciven a la puerta de la yglesia los Cu--
ras con repique de campanas*, y música, y lo mismo
practican con el Governador yThcniente del departa-
mento si concurre; cuya ceremonia solo puede escu-
sarla de abuso el estar introducida desde el tiempo
de los Jesuítas que asi lo practicaban con susGur¿is,
y que, de no hacerlo asi ahora, lo eslrañarian los yn-
dios. Lo demás de estas funciones queda ya dicho en
otra parte.
189. Al dia siguiente se celebra en los pueblos de
este departamento por disposición mia un aniversario
por las almas de los hijos del pueblo, con Vigilia,
Misa y Responso, solemne, y aplican todos los Reli-
giosos que asisten las Misas de aquel dia, pagando su
estipendio del común del pueblo.
190. Las funciones de Semana Santa se hacen con
bastante solemnidad y devoción, aunque con poca
decencia las procesiones por lo imperfecto délas yma-
genes, y ningún adorno de todo quanto en ellas sirve.
En algunos pueblos comienzan las procesiones desde
el Lunes Santo, pero lo mas común es desde él Miér-
coles: este dia a la tarde se cantan en la yglesia las
Tinieblas con toda la música, con tanta solemnidad
como pudieran en una Colegiata: en donde es de ad-
mirar el oir cantar las Lamentaciones, ydemaslecio-
nes de muchachos de ocho a diez años de edad *, aun-
que no con propiedad latina, porque no entienden lo
que leen, ni pueden pronunciar vien el latin ni el
castellano, porque carecen en su ydioma de las le-
tras F. L. y R. áspera '; pero muy corridas y ajusta-
das a la música. Duran las Tinieblas hasta las oracio-
í En la edic. de Angelis: con repiques de campanas.
- En la edic. de Ángelis: las lamentaciones y demás lecciones á mu-
chachos de ocho ó diez años de edad.
3 Más correcto en el ms. que en la edic. de Ang-elis, donde se lee:
L, F y K, ásperas.
)40 boletín de la real academl\ de la historia.
lies; a cuya hora, al tiempo del Miserere me y
De US, cerradas las puertas, y apagadas las luces,
se azotan rigurosamente ' los yndios; poco después
se hace platica de Pasión en el ydioma guaraní, la
([ue activada, se dispone la procesión en esta forma.
1 !U . Dispuestas las ymagenes ^ que han de salir en
la procesión, y pronta la música en medio de la yglesia,
van entrando por la puerta que sale al patio del Cole-
gio va.rios muchachos, vestidos con sotanillas y roque-
tos de los-AcolitoH, con los ynslrumentos y signos de
la Pasión de Cristo. Entra uno de estos con la linter-
na, y dos a sus lados con dos faroles heclTos con telas
délas entrañas délos loros, puestos cu la punta de ca-
nas largas: se incan do rodillas delante de la ymagen
que está en medio de la yglesia, y entre tanto canta
la música con motete ^ y en guaraní, que expresa aquel
paso; el que concluido, se lebantan estos muchachos,
y siguen a ponerse en orden en la procesión, y en-
tran otros con otra ynsignia: y asi van siguiendo has-
ta que concluyen lodos, que son tal vez veinte, o mas;
y las insignias que llevan tan toscas, y materiales,
que la soga es un lazo de enlazar; el azots uno de cuero
de los que ellos vsan para castigar; la escalera la que
el Viernes Santo sirve para el Descendimiento, y asi
de lo demás.
192. Luego que acaban de pasar, se levanta el
Cura y los demás que han estado sentados entre tan-
to, y sigue la procesión, que sale y anda al rededor
de Ja plaza, que esul iluminada, y dispuestos en las
quatro esijuinas altaros, para hacer paradas. En toda
la plaza se ven muchos yndios disciplinantes, y entre
ellos algunas yndias; que unos y otros se azotan bar-
baramenle, haciéndose punzar las espaldas, y algu-
' En la edic. de Augelis: rigorosamente.
- En la copia ms.: las Ymagenes las "Ymagenes. Asi: repetida esta
palabra. .
"• Asi en el m í. En la edic. de Ángeiis: un motete.
MISIONES Di: INDIOS GUAHANIS. AU
nos los muslos, de donde corre con abundancia la
sangre; otros cargan pesadísimas cruzes sobre sus
hombros, otros aspados, o puestos en cruz, otros con
grillos, etc. En algunos pueblos se executan en la i)la-
za los pasos del encuentro de la Verónica, el de la
Virgen, y San Juan, como también el del Descendi-
miento el Viernes Santo: pero estos pasos parece han
sido introducidos después de la expulsión, porque ni
son comunes en todos los pueldos, ni hay en todos
ymageiies a proposito [)ara ellos, ni los Curas sirveu
a los yndios para exccularlos ', particularmente el
Descendimiento, sino de los españoles que conciurcu
en aquellos dias alli. Lo que en tiempo de los .lesui-
tassepracticava, eran algunas mas graves y disonan-
tes penitencias, que los Guras y Superiores seculares
del tiempo presente han prohivido: y sin embargo
este presente año se me avisó que en uno de los pue-
blos de mi cargo havian buelto a renovar algunas de
ellas los yndios, de cuyas resultas quedaron maltra-
tados algunos en la cara y cuerpo, tanto que en mu-
chos dias estubieron imposibilitados, por ser maltra-
tados por agenas manos: por lo que he reprehendido
a los que lo dispusieron, y previniéndoles^ no lo
buelvan a hacer.
193. El Jueves Santo se celebra la Misa con mu-
cha solemnidad, en la que regularmente comulga el
Gavildo, y después se lleva el Santísimo Sacramento
en procesión al rededor de la yglesia, y se pone en el
Monumento; el que, aunque de bastidores de lienzo
mal pintados, son vistosos ' en algunos pueblos, y en
todos se adornan * con las alhajas de plata que hay,
con muchas luces, aunque las mas son velas de sebo.
1 Asi en el ixs. En la edic de Angelis: ni los curas se sirven de los
indios para ejecutarlos.
2 En la edic. de Ángelis; y prevenidoles.
5 En la edic. de Ángelis: es vistoso.
* En la edic. de Ángelis: se adorna.
34? BOJ.ETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
194. Luego que se coloca el Sautissimo en el Mo-
numenlo, arriman las varas, y bastones el Gorrexi-
dor, Alcaldes y demás Justicias *, y en su lugar toman
cruzes pequeñas en las manos, las que traen hasta el
Sábado Santo después de los oficios, que buelben a to-
mar sus ynsignias de justicia.
195. El mismo dia a la tarde se repite la función
del antecedente, variando el paso de la procesión: y
en el Viernes, y Sábado Santo no hay nada de parti-
cular; pues los oficios de la mañana son como se prac-
tican en todas partes, y las Tinieblas y procesiones
como las de los dias antecedentes *, a excepción de los
pueblos en que se hace Descendimiento. En todas es-
tas procesiones asisten los yndios con pequeñas cru-
ces en las manos, y las yndias con cruces o bultos
pequeños ^ de qualquiera Santo o bocacion, algunos'*
llevan entre sus brazos dos o tres ^ de ellos; pero to-
dos asisten con mucha modestia y devoción ^ El Sá-
bado, lo particular que hay es, que a la puerta de la
yglesia hacen una grande hoguera encendida con la
nueva luz, de la que cada uno lleva a su casa un ti-
zón para hacer fuego, y también llevan agua de la
que se vendice ese dia.
1 96. El domingo de Quasimodo dan la comunión y
cumplimiento de yglesia a los impedidos; a losquales
juntan en la casa o capillita que está frente de la
yglesia ', y alli se la administran: y, aunque no se
sigue detrimento en sacar a estos impedidos de sus
casas, me parece seria de mas edificación el llevarles
el Santissimo a ellas.
' En la edic. de Ángelis: y demás justicia.
- En el AIS. se lee antentes. Es errata del escribiente.
s En la edic. de Ángelis: ó bustos pequeños.
* En la edic. de Anííelis: algunas."
* En la copia Ms.: dos o tres dos o tres de ellos. Asi repetido.
" En la edic. de Árvíelis: con jnucha modestia y veneración.
' En la odie, do Angelis: frente á la iglesia.
MISIONES DE INDIOS OUARANIS. 'A\'^
197. La festividad que me adrada Y edifica mucho, [)¡a de coi
•^ "' pus.
esla del Corpus Gliristi: para esta función disponen
y adornan la plaza toda en contonio, formando calles
de arcos, y pórticos, o tabornívculos de ramos verdes,
conenlazes, y enrrejados de canas, yojas, muy visto-
sos*, y en las rjuatro esquinas disponen altares para,
las paradas de la procesión. En los tabernáculos y arcos
de todo el contorno de la plaza cuelgan quantos anima-
les y aves pueden coger muertos y vivos en el cam[io,
y los animales domésticos que tienen los atan alli ';
también cuelgan la ropa mas decente que tienen, los
tejidos, las telas vrdidas, las herramientas de sus ofi-
cios, y agricultura, los lazos, bolas y cencerros de sus
animales^ los arcos y flechas con que cazan, la comida
de aquel dia, y aun de muchos, siendo cosa que se pue-
de guardar: y ^ asi llenan los altares de tortas hechas
de raiz de mandioca *, amoldadas en moldes de varias
figuras, vegigas de grasa, pedazos de carne asada, y
quantos comestibles tienen: pero de lo que se vé con
mas abundancia es legumbres de todas especies en
canastas curiosamente labradas, las que guardan para
sembrar, creyendo su fee que con la presencia las
vendice Nuestro Señor Jesuchristo. En los pueblos
inmediatos a rios ponen mucho pescado vivo * en ca-
noas pequeñas con agua; y, en fln, quanto produce la
tierra y alcanza su industria, todo sirve de adorno a
los arcos y altares de la plaza: de modo que apenas se
descubre lo verde de los ramos de que son formados,
y dicen que a Dios que es Señor y Criador de todas
las cosas, se le deve servir con todas ellas.
1 Corregido en la copia ms.: primeramente se escribió vistosas. En
la edic. de Angelis: y hojas muy vistosas.
2 En la edic. de Angelis: y los animales domésticos que tienen,
atan alli.
3 En la edic. de Angelis: que se pueda guardar.
i En la edic. de Ángelis: de tortas hechas de raiz, mandioca.
5 En la edic. de Ángelis: ponen mucho pescado, alguno vivo.
344 nOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.
198. El aparato de la procesión es correspondien-
te a lo que dejo dicho de las otras funciones: buena
custodia de mano, numerosa música, mucho estruen-
do de campanas, y tambores, muchas danzas de mu-
chachos, y bástanle devoción. Por el suelo hechan,
en lugar de flores, granos de maiz lost^do y rebenla-
do; que cada grano abulta mas que una abellana, y
parecen flores blancas, de que llevan varias canasti-
llas; van rociando delante del Sacerdote que lleva la
custodia, y detras los muchachos lo recogen y comen.
Y las demás festividades del año no tienen cosa digna
de reparo ': en todas sigue * el ceremonial de laygle-
sia en la forma ordinaria, y en los términos que ya
queda notado.
199. En las demás obligaciones anexas al ministe-
rio de Párrocos sucede aqui lo que en todas partes; que
unos son mas eficaces que otros: pero me es preciso
notar algunas cosas que se practican que me son di-
sonantes ', y que seni mui raro el que, sino en to-
dos los puntos a lo menos en algunos, ha de estar com-
prehendido, y considero seria de mucha importnncin
se eslableciese otro método ajustado \
(Se concluirá.)
' En la edic. de Ángelis: En las demás festividades del año no Imj-
cosa digna de reparo. Omite: Y.
2 En la edic. de Ángelis: se sigue.
"' En la edic. de Ángelis: que se practican j- que me son disonantes.
* En la edic. de Ángelis: otro mi''todo mas ajustado.
boletín
DU LA
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
TOMO IV. Junio, 1884. cuaderno vi.
ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA.
NOTI cías.
La Academia ha acordado celebrar sesión pública solemne el
domingo 15 del presente, en conmemoración de la fundación de
este Instituto. Después de la lectura del resumen de los acuerdos
y tareas de la Academia por el Sr. Secretario general, pronun-
ciará el académico de número Sr. D. Cesáreo Fernández Duro un
elogie de D. Pedro Enriquez de Acevedo, conde de Fuentes.
Asimismo celebrará junta pública el domingo 22 de Junio,
para dar posesión de su plaza de académico de número al Ilus-
trísimo Sr. D. Bienvenido Oliver y Esteller, quien leerá su dis-
curso de recepción, contestándole en nombre de la Academia el
Secretario general de la misma, Excmo. Sr. D. Pedro de Madrazo.
Ha llegado á feliz remate la impresión del tomo ii y liltimo de
la Introducción histórica á las Cortes de León y Castilla, escrita
por el académico de número Excmo. Sr. D. Manuel Golmeiro y
Penido. La Academia acordó al autor un voto unánime de acción
de gracias, que sin duda compartirán todos los nobles ingenios,,
dedicados al estudio y esclarecimiento del ramo que mejor os-
tenta la grandeza del talento que animó los consejos y floreció
TOMn IV- 24
346 boletín de la. re.al academia- de la histoiua.
constantemente sobre la cumbre altísima de la Legislación es-
pañola.
La Academia ha recibido con agrado el donativo que acaba de
hacerle su socio correspondiente D. Adolfo Herrera, bien cono-
cido del mundo literario por su obra titulada Medallas de procla-
maciones y juras de los reyes de España, cuya lujosa y esmerada
publicación en folio, avalorada con láminas en acero, ha llegado
ya hasta el cuaderno 17. El don á que nos referimos consiste en
la traducción de El Augusto de la Villa yeieuíaiía, monografía es-
crita en italiano por el sabio arqueólogo jesuíta P. Raf¿iel Ga-
rrucci, donde con sólida erudición se explican los varios atribu-
tos del augusto vencedor de Occidente y del Oriente, representa-
dos por artístico mármol descubierto hace veinte años en la quinta
de Livia, antiguo pueblo sitiado á D millas de Roma en el campo
veintano. Una de las figuras, esculpidas sobre aquel mármol que
más llama la atención, es la de España con sus armas é insig-
nias que ilustran considerablemente la porción selecta de nuestra
Numismática. El Sr. Herrera ha prestado graciosamente para
que sirva de provecho á este número del Boletín el cliché de la
lámina sobre la cual versa la técnica exposición y docto estudio
del arqueólogo italiano.
En la dehesa del Zaratán (Salamanca), se ha descubierto un
hermoso mosaico romano de cinco colores. Mide 30 pies de largo
por 21 de ancho. La Comisión de monumentos de la provincia,
entiende en secundar el loable celo de los Sres. Condes de la Ca-
bana de Silva, que no dan aún por terminadas las exploraciones
arqueológicas en aquel sitio de su propiedad.
INFORMES.
EXCAVACIONES EN CLUNIA.
E.Ncmo. Sr. : D. Fernando Álvarez y D. Félix Verdugo solicita-
ron, en 30 de Abril de 1883, autorización del señor ministro de
Fomento para emprender en el antiguo sitio de Glunia algunas
excavaciones, que dieran por resultado el descubrimiento de an-
tigüedades, tan abundantes siempre en el desolado territorio de
aquella capital y colonia romana. La Real Academia de San Fer-
nando, al evacuar el informe que se pidió por la Dirección gene-
ral de Instrucción pública, reseña las tentativas, casi siempre
infructuosas, que desde hace más de un siglo se han dirigido á
exhumar los preciosos restos con que brinda aquel territorio,
y encarece la necesidad de mirar con atención materia tan inte-
resante para la Arqueología de nuestra patria, concluyendo por
aconsejar que sea oída la Real Academia de la Historia, á la cual
ha pasado en estos días el expediente la referida Dirección ge-
neral del ramo.
Justo, legal y conveniente es que el Gobierno y las Academias
en su nombre, procuren que los restos de antigüedad, respetados
por el tiempo, lo sean también por la mano del hombre, y que
ios objetos extraídos de entre ellos, lejos de ser destruidos por
bárbara ignorancia ó recelosa codicia, pasen á enriquecer nues-
tros Museos, donde sirvan de general enseñanza para propios y
348 boletín de la real academia de la historia.
extraños. Pero es preciso no alimentar ilusiones sobre el alcance-
que en esta materia puede tener la acción del Estado. No sería
difícil organizar trabajos de exploración en un sitio como Clunia,
pero cuando hay tantos que reclamarían con igual derecho y
mayor interés la atención del Gobierno y los recursos del presu-
puesto, cuando Numancia, Sagunto, Mérida, Itálica y Tarragona
esperan quien profundice sus cimientos para revelar el secreto
de su fundación primitiva, cuando todavía no han declarado su
nombre las ciudades que se alzaron en Peñaflor, Cabeza del
Griego y Talaverala Vieja, no se puede pensar que la Arqueolo-
gía española se cultive y explote exclusivamente en la esfera ofi-
cial. Por otra parte, el línico modo de ahuyentar la ignoran-
cia y de encaminar bien la codicia de la gente rústica, es dar
valor efectivo y circulación fácil á los objetos que desentierren
por azar ó de intento, y nuestra mira debe ponerse en que las
antiguallas se logren y se conserven, sin que nos cause envidia
verlas en manos de particulares ó en colecciones extranjeras. De
otro modo, lo único que se consigue, y la experiencia lo demues-
tra, es que se quiebren las ánforas, que se derritan las monedas;
y que se labren las lápidas como sillares.
Mucho menos oportuno y nada edificante sería que la acción
pública, adormecida y del todo olvidada de tales ó cuales ruinas,
se acordara que le incumbe algo que hacer por sí sola, precisa-
mente en aquel sitio en que un aficionado se propone hacer alga
útil y contando con las autoridades, cuando tan fácil le sería sa-
car sin estorbo cuanto quisiera, con solo ponerse de acuerdo con
unos pocos campesinos.
Mi conclusión es, por tanto, que el Gobierno debe conceder la
autorización que se le pide para practicar excavaciones en el si-
lio de la antigua Clunia, salvos los derechos que las leyes vigen-
tes aseguran, ya á los dueños de los terrenos en que se hagan las
excavaciones, ya al Estado, é imponiendo la condición de que los
interesados den cuenta de todo lo que encontraren y se sometan
á la inspección de los delegados del Gobierno, cuando este tenga
por conveniente enviarlos. Estos delegados tendrán por misión
examinar las operaciones, dar cuenta de ellas al Director general
y hacer observaciones á los interesados, pero sin derecho á estor-
EXCAVACIONES EN Cl^UNIA. 349
bar su acción ni imponer sus pareceres, hasta tanto que el Go-
bierno les autorice para ello en caJa caso, y sin que la ausencia
de los inspectores sea motivo para no empezar, ó para suspender
los trabajos.
La Academia, sin embargo, resolverá lo más acertado.
Eduardo Saavedra.
Madrid, IC de Mayo de 1881.
11.
LAS RUINAS DE VOLU BILIS EN MARRUECOS.
Al abandonar el santuario de Muley Edrís (sito al N. de Me
quinez, en un recodo de las montañas de &erhon) vi sobre una
colina, en medio del valle, como á 1,5 km. de distancia, siluetas
de ruinas que ya desde lejos no presentan ni mucho menos ca-
rácter moruno, pues consisten en gruesos muros de sillería, arcos
y^columnas truncadas. Crucé por una serie de huertas, vadeé el
riachuelo Homana y llegué al pié de la colina, en donde comencé
á hallar numerosas piedras labradas y mármoles, esparcidos por
un bosque de olivos y de higueras, lo que me induce á suponer
que la ciudad de Volúbilis debió extenderse por la colina y el llano
hasta la margen de Homana. Sobre la ladera nótanse restos de
bóveda subterránea, al parecer acueducto, y tan numerosas son
en aquel paraje las ruinas que casi obstruyen el suelo. El perí-
metro de aquellas, abarca algunos centenares de liectáreas. No
me he cuidado, por falta de tiempo, de adquirir datos históricos
acerca de Volúbilis, que debió ser una de las ciudades más nota-
Wes de la Mauritania Tingilana; por lo tanto, estas noticias no
'tienen más pretensión que la de reflejar mis observaciones hechas
sobre el terreno.
350 boletín de la real academla. de la historla.
Dos monumentos subsisten en parte: un templo y una puerta
abovedada, que parece ser arco de triunfo. Está el templo al S.
de la meseta, orientado de N. á S. Quedan en pié dos muros pa-
ralelos y un arco en el ángulo SO.; y un fragmento de muralla
en el ángulo NO. Los basamentos se conservan íntegros. Los res-
tos hoy patentes acusan un edificio, construido todo en piedra de
sillería y sin ninguna clase de argamasa, elegante, bien propor-
cionado y de un estilo greco-romano de la buena época. Las co-
lumnas son de orden corintio, y la parte superior de la construc-
ción presenta un doble friso de orden jónico. Hé aquí las dimen-
siones esenciales.
Longitud (exterior), N. á S., metros 41,95; latitud, E. á O.
23,44; altura, 9,60; altura de los arcos, 5,28; abertura de los mis-
mos, 2,50; altura de los sillares, 0,48; espesor, 0,85; diámetro de
las columnas, 0,70.
En torno de la meseta distínguense perfectamente vestigios de
recinto fortificado y en el centro de aquella hay una pequeña
eminencia que parece haber hecho el oficio de acrópolis. Dentro
del gran recinto y á unos 100 metros del templo, hacia el N., se
encuentra la consabida puerta ó arco, con orientación de N. á O.
No presenta este monumento un estilo definido; fórmanlo gran-
des piedras talladas casi por igual, y no carece de armonía,
tanto por sus proporciones como por lo correcto del arco. Debajo
de este, hacínanse los escombros en profusión considerable.
Véanse á continuación las dimensiones de la fábrica.
Altura desde la base á la cornisa final, metros 7,50; profundi-
dad del arco, 4,50; abertura del mismo, 5,95, frente principal del
monumento, 19,47; sillares, 1,25 X 50; elevación del arco, 6,75.
El grueso del monumento está expresado por la profundidad del
arco.
A entrambos lados de este último, se ven dos cámaras, algo
elevadas sobre el nivel del suelo, cada una de ellas con puerta de
ingreso del lado E., de remate triangular, merced á dos piedras
que se unen por su extremidad superior.
Entre las ruinas amontonadas junto al arco, descubrí dos tro-
zos de inscripción, que acaso correspondan á dos distintas ins-
cripciones, colocadas en los cuerpos laterales del monumento.
LAS lU INAS DK VOUUIl.lS EN MAlíUnccOS. 351
Una de las piedras epigráficas, la riue hallé del lado O., es como
sigue:
A X G
P I A E
0,63 m. X 0,10 m.
1 B S I
I
La otra inscripción, la del lado E., tiene los caracteres de idén-
ticas dimensiones (0,10 m.) y forma.
Hela aqui:
1 C 1 .M iV
0,60 m. X 0,50 m. E M E I V S
R C V M
o
La primera consta, aunque mal copiada en el apéndice L (1)
(p;íg. 488) de la obra que lleva por títnlo: Journal of a tour in
Marocco and tlie Great Atlas ^ por Joseph Dalton Hooker y John
Ball (Londres 1878). Tengo á la segunda por inédita.
La piedra que domina en las ruinas de Volúbilis es el granito.
Las columnas del templo son do mármol, no de muy buena cali-
dad, así como también las losas del pavimento. De este edificio
provienen sin duda las numerosas columnas que existen en la
portada y vestíbulo del Serrallo de Mequinez. Se me aseguró que
en la Sania de Muley Edris había piedras con inscripciones. Solo
para cerciorarme de ello, me arriesgué á penetrar en la Sauia,
vestido de moro; más no vi allí sino varios fragmentos sin im-
portancia, extraidos de Volúbilis, los cuales no tienen el menor
rastro de inscripción. Vi algunas columnas de granito por los al-
rededores del templo y la ladera de la colina.
(1) Notes onihe Román Remains known to the Moors as the Castle of Sharaoh, nenr
Moulft/ Edris el Kebir, Commanicby Messrs. A\'. H. Richardson and A. B. Brady.
352 DOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORLA.
El gran arco y las piedras labradas que se ven entre los escom-
bros al pié del mismo presentan cierto brío de ornamentación.
Uno de los frisos del monumento está reproducido en la obra
inglesa antes citada, pero de una manera perfectamente errónea.
Á pocos metros del templo hacia el O., hay en el suelo, entre
un montón de piedras, una lápida con inscripción latina. — 1,53-'
X 0,88 y 0,45 de espesor, que se menciona en el Boletín de la
¡Sociedad Geográfica de Madrid (T. iii, núm. 2, pág. 188: Agosto
1877) con referencia á las cartas dirigidas por el Dr. Afohr á la
Gaceta de Colo7iia, cuando el viaje de la embajada alemana á Fez.
Dicha losa se halla rota por en medio, en el sentido de su longi-
tud; su parte inferior ha desaparecido; y el Dr. Mohr debió ha-
llarla en mucho mejor estado, pues pudo trascribir algo de la se-
gunda mitad de la inscripción en la que hoy es del todo ininteli-
gible. Paréceme, que los moros, viendo que esta piedra llamaba
la atención de los europeos, se han complacido en romperla y mu-
tilarla, y es de esperar que pronto no quede de dicha inscripción
el menor vestigio. La orla en que esta se encierra ofrece un bello
dibujo.
Para que se vea el relieve y la forma de los caracteres, incluyo
un trozo de calco que saqué, y no incluyo el todo, porque más
que letras hube de calcar mulilaciones, fuera de que la inscrip-
ción ha sido ya interpretada por Mommseii en los siguientes tér-
minos:
Qfuinto) Caecilio Q(uinti) filio Domiliano Glavidia A^olubi-
liano, decurión! municipii Volnhiliani annorum XX. Q(uinlus)
Caeciliiis.... fet) Antonia Nfatajlis filio piifssimoj posuerufníy.
Aclaraciones á la parte indescifrable no se podrían hoy aducir,
puesto que la inscripción se encuentra mucho más deteriorada
que antes.
La situación de la ciudad de Yolúliilis no podía ser más agra-
dable: el valle tiene hermosa apariencia, y por el S. como por el
SE., lo ilanquean elevadas montañas en cuyas faldas brotan ma-
nantiales que dan origen á numerosos riachuelos. Sobre una ver-
tiente al E. de Volúbilis, existe un duai\ Todo aquel territorio, y
no especialmente la Sauia de Muley Edris, como suponen algu-
nos, so llama en la actualiaad Gualili, evidente corrupción del
LAS RUINAS I)K VOLÚÜILIS EN MAIUlUECOS. 353
nombre latino. El sitio de las minas denomínase K'sar Faraun
(Castillo de Faraón) no sé en virtud de qué leyenda". La colina
tiene la elevación de 450 m. sobre el nivel del mar. En el centro de
las ruinas los moros no han cuidado de establecer cultivo alguno.
Profesan verdadera aversión á aquellos restos, que atribuyen ú
obra del diablo, y sobre las cuales han tejido multitud de conse-
jas. Las piedras del olivar que está al boi-de del río , parecen ha-
ber sido extraídas del suelo con posterioridad á la plantación de
los olivos. Formales excavaciones podrían motivar en Yoliíbilis
el descubrimiento de preciosos materiales para la historia de la
Mauritania Tingilana.
Saturnino Giménez.
Madrid, Ü Diciembre .873.
in.
UN REYEZUELO DE B.VDAJOZ DESCONOCIDO HA.STA HOY.
Sabido es de cuantos se dedican al estudio de nuestra historia
arábigo-española que el período comprendido entre la desapari-
ción del Califato de Córdoba y la conquista délos Almorávides es
el menos conocido, por cuanto las fuentes históricas de los mis-
mos autores árabes, que tratan de estos tiempos, son muy defi-
cientes y están muy viciadas, cuando no faltan por completo.
En especial la historia de los primeros años de este período os
tan poco conocida, que aun de algunos de los reinos que después
tuvieron mayor importancia ó duración', como los de Bada-
joz, Toledo, Zaragoza, Valencia y Denia y las Islas, casi nada se
sabe respecto á los orígenes y primeros reyes de las dinastías
respectivas: las monedas acuñadas por todos los reyezuelos nos
darían mucha luz, si se hubieran conservado; pero por desgra-
cia, han sido pocos los aficionados á este estudio, y de cada día
será más difícil subsanar este descuido; pues la destrucción de mu-
chos ejemplares que desaparecen para siempre ala acción del cri-
sol de plateros y broncistas, quizá nunca llegue á ser subsanada.
354 boletín de la real academlí de la HISTORLA.
Éntrelas monedas que hemos adquirido úllimamcnle, hay una,
sobre la cual me propongo llamar la atención de la Academia por
breves momentos.
No es ejemplar único el que me propongo dar á conocer: en el
Museo Arqueológico existe otro parecido, cuyos datos consigné
en los anéndices N. II, V y YI de mi Tratado de Numismática
Arábigo-española: pero sin dar explicaciones, que allí no cabían,
pues hubiera sido preciso hacer lo mismo con otras muchas.
Antes de pasar á la discusión de los datos, fijando en lo posible
donde estíín acuñadas tales monedas, he de hacer la descripción
de los tres ejemplares que hoy conozco y que van reproducidos,
con los números 1, 2 y 3 juntamente con otro, que parece perte-
necer á la misma población.
N. J. Monedita de oro adquirida hace algún tiempo y que hoy
posee el Sr. D. Pascual de Gayangos; en regular conservación;
oro de muy buena ley: peso I gramo.
I. A.
^' ^ ^^ ^ No (hay) Dios sino
ij-^j j._.l_*! Allah, solo,
•^ o^V-j^^io ^ no (hay) compañero para él.
C
i^c^?
Mowaffak. ?
UN REYKZUELO DE DADAJOZ. 355
Aunque parece que el cuño estaba hecho con leyendas circula-
res, el ser la plancha muy pequeña fué causa de que solo se mar-
casen uno ó dos trazos en cada área.
ir. A. .^^U^! Elhdchib
»^Í!j_^ J._-At^ El imam Abdallah
f_;v_jL_-'^.^! j.-^"' amir de los creyentes.
J .''^ Jálid.
N. 2. Dirhem en regular, ó mejor dicho, en mala conserva-
ción: Mus. Ar. Na.
I. A. En el centro tiene la misma leyenda que la anterior.
M, Comenzando por la parte inferior.
-> ^— *> o ' • ^ J • J \ •
En el nombre de AllaJí, filé acuñado este dirheyn en Alanda(las
año) uno 1/ trefinta y 400.
II. A. En el centro lo mismo que en la moneda anterior.
M. ^r^jM (Je í^J) ^ái\ ^^p_3 (^-^-^''^ ^^^ ^1 J— j ^)r^-'
Mahom(a es el enviado de Allah, envióle con la dirección) y religión
verdadera (para hacerla prevalecer sobrejla religión...
N. 3. Dirhem en regular conservación: adquirido para el se-
ñor D. Pascual de Gayangos: carácter más elegante que los ante-
riores.
I. A. En el centro la misma leyenda que en las dos anteriores.
M. jl^ ^j^i^'S) ^-'-^^ *^ ^Jo^'o ^!r,jJ! !J^ {^j^ iSí\ ^}
(En el nombre de Allah.) fue acuñado este dirhem en Alandalus
año uno (y trei)nta y cua(lro cientos).
356 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
11. A. Igual á la de la moneda anterior, distinguiéndose en
la orla, ¿l-,í 6ÍÍÍ J^^ -V=^'
En las monedas descritas se lee en primer lugar el nombre
de wJ./»'ül ^A li ^^ ---i >U"^' El imam de Abdallah amir de
i^.. ^. ^.. • ^
los creyentes, lo que equivale á decir que el reyezuelo por quien
están acuñadas, reconocía la soberanía espiritual del Califa de
Bagdad, ó si se quiere, á un Imam nominal; toda vez que nadie
encuentra al Imam Abdallah, reconocido en muchas de las mo-
nedas españolas de este período.
¿Quién es el rey? El que lleva en la moneda el título de Jiáchih;
pues es sabido que los llamados comunmente reyes de taifas,
de ordinario se titulaban hachibes, y consta que pasaban este
título á alguno de sus hijos, cuando ellos, sin llamarse Imames
Principes de los creyentes, tomaban título sultánico, como hi-
cieron Almotádhid y Almotámid de Sevilla.
¿Cómo se llamaba el rey? En mi sentir Jálid jJU.; pues estas
letras se ven casi con seguridad, y sólo pudiera dudarse si la pri-
mera tenía ó no el punto, pero como solo con éste resulta un
nombre conocido, debemos leerlo así.
¿Cuál es la fecha de estas monedas? En ninguna se lee ínte-
gra la focha 431, y la primera de ellas la creimos, [aunque siem-
pre con duda, del año 441; pero examinadas ambas atentamente,
hoy no tememos asegurar que son del 431: en la primera, des-
pués del numeral j -^^ se ve j que se revuelve hacia arriba y
dos trazos Íj, que solo corresponden al numeral ¡^--Ij' 30: el trazo
del j retorcido hacia la parte superior de la izquierda, fué causa
de que le creyésemos el 1 de ^j:*',j^ 40: en el segundo se lee solo
\^j^j^' -^-^^^ pero el poco espacio que media entre el w\ de J^t
y la terminación de la decena, hace que no puedan suponerse en
en él más letras que iij <- — En cuanto á la centena, aunque
nada se conservara, dados sus caracteres generales, no podría ha-
ber duda de que eran del siglo v de la hegira.
¿Quién es el ^V Mowaffak que figura en la parte inferior de
la [. A.? No lo sé; pero es evidente, que no puede identificarse
con Mochehid de Denia, uaico citado por Alinakkari con esle
UN nKYKZÜlíLO DK BADAJOZ. 357
nombre Ó sobrenombre, aunque con el artículo; pues Mowaírak fi-
gura en monedas posteriores á Mochehid de Denia, muerto en 433.
¿Dónde están acuñadas estas monedas? En Alandalus, es de-
cir, en la España musulmana, según se lee en ellas; pero esto
poco nos dice: yo me atrevería á concretar más el punto, dicien-
do que están acuñadas en Badajoz, y que por tanto de esta pobla-
ción fué rey Jálid y para ello me fundo en las razones siguientes:
El nombre ^^^y Mowaffiík sólo se encuentra en las monedas
de Yahya Almanzor de Badajoz, y en su caso en otra dudosa, pro-
bablemente del mismo punto, en la cual no habiendo más nombre
que el de Hixem II Imam amir de los creyentes, y el de ^j^y
MowaíTak, pudiera creerse que éste era el verdadero rey y que
todas estas monedas en las cuales se lee siempre el mismo nom-
bre, pertenecen, á la misma población.
Por otra parte, las monedas que pasan como de los reyes de
Badajoz no reconocen como Imam á Hixem 11 (1), sí al anó-
(1) Esta teoría necesita alguna limitación, ó admitirse coQ reserva, pues la mone-
dita áque antes me he referido y va reproducida bajo el núm. 4, quizá sea de Badajoz,
y sin embargo se lee en ella el nombre de Hixem II: es una monedita de oro, existente
en la colección de Sr. D. Pascual de Ci-ayangos; en regular conservación: pesa 8 deci-
gramos: en ella leemos, aunque está escrito con mucha incorrección, pues faltan mu-
chos trazos.
N. 4.
I. A. ^.j Mowa-
*ii! "^^ i !^ ^ No hay) Dios sino Allah,
i>ÍJ! 'a^i --<-s''' Mahoma (es) el enviado de AUah.
^3 ,fak.
En la orla solo existen casi íntegras las letras -jJ) 'j-í ■^•j--^ . . . fué acuña-
do efte...: las otras están recortadas; pero se distinguen trazos ijue parece convienen al
nombre , v^-aJJsj Badajoz.
T i .1 Ju_> j—-^"^ ' El imam Hixem
I. A. ^ ^
i \ ,'Lj J_J O' .\lmuv\-ayad billah
,_.^ ^■._,iaj) ^^-1 amir de los creyentes.
En la orla sucede lo mismo que en la de la otra área, sólo se lee í>w' Jj-*-j -^"r^''*
distinguiéndose la parte inferior del resto de la leyenda.
358 BOLETiX DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA.
nimo Ahdallah en los tiempos en que se daba como segura la
existencia de Hixem; esta circunstancia es muy de notar, pues
siendo estas monedas del año 431, cuando se iniciaba la farsa del
pretendido Hixem II, es seguro que Jálid no pertenecía al parti-
do adicto á los Omeyyas; pues de otro modo hubiera creído la no-
ticia ó hubiera hecho como que la creía.
Podrá parecer aventurado el intercalar uno ó varios reyezuelos
en Badajoz, suponiendo que su historia debe estar deslindada al
menos en cuanto á la sucesión de los reyes; pero son tan escasas
las noticias conservadas en los autores conocidos, que M. Dozy,
admitiendo cinco reyes de Badajoz, Sajmr, — Abu Mohammad
Ahdallah ben Maclamah Almanzor.—Abu Bequer Mohamad Al
motJiaffur, — Yahya Ahnanzor 11 y Omai^ Almotawaquil, solo
se atreve á fijar el fin del reinado del 3/ y del 5.° (I), y por cierto
que según resulta de las monedas que dejó grabadas el difunto
Sr. D. Antonio Delgado, habla dos de Yahya Almanzor II de los
años 456 y 457, anteriores por tanto al 460 en que se supone la
muerte de su antecesor Abu Bequer Mohammad Almothaffar (2).
Sapur que llevó el título de háchib, comenzó á reinar hacia el
año 406 y murió según resulta de su inscripción sepulcral, en la
noche del jueves, nueve noches pasadas del mes de xaában del
año 413 (3).
De este rey Sapur se tienen muy pocas noticias: Aben Al-Atsir,
uno de los pocos autores que le mencionan , dice: «En cuanto á
Badajoz, se alzó en ella el esclavo [y-^U ) Sapur, el amirí, llamado
Ahnanzor» (edi. Tornbcrg. to. ix, p. 203). Aben Alabbar, tomán-
dolo de Aben Hay van , dice algo más, pues le llama cliente ó li-
berto de Almoclansir, con quien tuvo mucho valimiento: y aña-
do que lleno de riquezas ó influencia, se apoderó del mando (de
Badajoz); y próximo á morir, dejó el reino á Mohammad Almo-
(1) Histoire des musulmoins d' Espagne jusqi'.'a la conqufte de l'Andalov.sie par les Al-
r,wravides par R. Dozy, t. iv, p. SOíí.
("2) Para los datos acerca de la historia de los reyes de Badajoz, véase Hooguliet.
Speciraen e litteris orientalibus exliibens diversorum scriptorum locos de Regia Aphta
siilarum familia,
(ÍJ) Lápida en poder del Sr. D. Nicolás Diez y Pérez, y de la cual hemos visto una
copia (Abril de 1831). .
UN REYEZUELO DE BADAJOZ. 351)
Ihafíir (debió ser á AbJallah Almansur): Casiri, Bihliolheca Ará-
bico-Esa ir ialensis, t. H, p. 41.
Aba MohamiTiiid Abdallh beii Mobamnuid bou Madamah, el
primero de la familia de los Aftasitas de Badajoz', sucedió en el
mando á Sapur, y tampoco conocemos la feclia de su muerte
(martes 19 de chumada postrero del año 437) más que por la ins-
cripción sepulcral (1).
Si las monedas que han dado ocasión á este escrito son de Ba-
dajoz, y Jálid fué rey de esta población, su reinado envuelve quiz¿í
la idea de que Abu Mohammad Abdallah fuese privado del reino
al menos en p;irte del año 431, A que pertenecen dichas monedas.
FuANCisco Codera.
Madrid 20 de Marzo de ]s~!l .
(1) No estando publicados los textos de ambas iascripciones sepulcrales, los pone-
mos á continuación: el del primero dice así:
^i
11 ^-^_;
_._>'
-'j-^
.^\2.
> 1! r-
-/
c
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, JÜ L.
- ^''
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- c^' J--^
^í ^1'
J' ^
,.'11.
:jlL.
.
.^^
u^
.y
En el nombre de Allah, el clemente, el misericordioso \ éste- fes) el sepvlcro de Sapur el
hácMb, compadézcase de él \ Alian: y murió en la noche del jueves I d diez noches pasadas
de xaüba \ n del aTio tres dieí y cv.a \, tro cientos (113); y testificaba \, que no (hay) Dios
sino Allah. |
La inscripción sepulcral del secundo, de la cual el Sr. D. Pascual de Gayang-os posee
copia, hecha por el Sr. Saavedra, dice asi:
11^ ^^^ ^> ^« ,.^^,^j\ j. y,. .,^< ^.^' ^M _,
|sic) Ij^"^ I! ^^"^ i-U ^''-^ l^--^-^f,'^- ^ -' (^'" *=>■_; j ^^' ^^^j ^^
. . .joU =_' ,L , ^l'o II Í2-^. JC-, í\¿.^! ^-'-^^ >j:..^Í.' áU 'iyX^
C_"-^^ ^" ^ ' v^- ^ v-^ • ^
En el nombre de Allah, el clemente, el misericordioso, éste es el sipulcro de Abnaneor
Abdallah ben Mohammad ben [ Mafamah, apiádese de él Allah, y apiádese de (j ni en pida
para él su misericordia: murió en la noche del martes |. á once noches por andar de chumada
postrero del aTiosiete |i y treinta y cuatro cientos (No leo las tres ó cuatro palabras
que faltan).
360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
IV.
ACTAS DEL CONCILIO DE CLERMONT (18 NOVIEMBRE 1130]
REVISIÓN CRÍTICA.
Brillante luz, ya lo vimos (1), esparce este gran Concilio sobi-e
las Cortes generales de Cataluña , celebradas por D. Ramón Be-
renguor III (10 Marzo 1131) en el palacio condal de Barcelona.
Balucio en 1715 publicó las Actas (2) , y Man si las reimprimió en
1759 (3) y 17G1 (4), sin que hasta ahora se haya cotejado el texto
con la única fuente conocida. La cual apunta Balucio con cierta
vaguedad, que corta ó dificulta los pasos de la estudiosa crítica:
ex archivo EcclesicB Barcinonensis, nnde illud habiierat illustrissi-
mns vir Petrus de Marca Archiepiscopus Parisiensis. Las copias,
ó traslados, que tuvo Marca de nuestros archivos catalanes, no
siempre se recomiendan por su exactitud; conforme lo ha demos-
trado más de una vez el diligentísimo Villauueva ío). Acerca de
las Actas la desconfianza sube de punto, leyendo el resumen que
de ellas hizo Bernardo Guidón, y transcribe del P. Sirmond el
mismo Balucio ¡6). Con efecto, quien acudiere á confrontar el
tipo del archivo barcelonés, que he buscado y acabo de encontrar,
verá que Bernardo Guidón, en los vocablos en que difiere de la
copia Baluciana, se ajusta cabalmente al texto auténtico. Razón
será, pues, y de mucha ventaja para la Historia universal, que le
devolvamos íntegro un documento de tanta valía.
Conliénelo bnjo el número 385, fol. cxxx, recto, el códice, titu-
(1) Boletín de la Real Acadej:ia de la Historia, t. iv, pág. 82.
(2) Miscellanea, t. vii, páp. 7J.
(3) Conciliorum amplissima collectio, t. xxi, col. 437.
(1) lialvzii Miscellanea 'novo ordiiie digesta, t. n, pág-. 119.
(n) Viaje literario, viii, 9P; x, ti"; xi, \Gi; xii, 41; xiii, 34; xvii, 100, 210.
(6) «Anno Domini iicxxx, indictione vin, mense Novembri apud Clarummontem,
pftesidcnte il>idem Innocentio Papa II celebrata est sjnodus in qua obedientia
ei dein Papa* Innocentio adstanti ^b universis est gratanter promissa.»
ACTAS DEI. CONCILIO Dlí CI.KRMONT. 3l) I
lado Liber II Antiquilatnra Calliedralis Barcinonensis, gemelo y
contemporáneo del Líber 1 (]uc describí en otro lugar (1).
I^as Actas, con su níbrica , que Balucio pasó por alio, dicen de
esta manera :
Privilegium Domini pape, tractans de simonía; de
cissura et colore vestium; de rebus Episcopi et cle-
rici mortui; de ordinatis qui uxores ducunt; de mo-
nachis et Regularibus qui leges et fisicam exercent;
de laicis qui non teneant ecclesiam ; de securitate pa-
cis et tregüe; de junctis; de percussione clericorum;
de coniunctione consanguinitatis; de his qui ignem
mittunt.
Anno Dominice incarnationis Millesimo. c." xxx." presidente (2)
Domino papa Innoccncio cum episcopis et cardinalibus catholicis
siquidem |3) et rcligiosis viris, ac R. (4) lugdunensi, W. bituri-
censi, Stephano vienensi, A. narbonensi, B. arelatensi, O. terra-
conensi, G. auxitano, F. aquensi, P. tarentassiensi (5), archiepis-
copis, eorumquc su íFra ganéis episcopis et ahbatibus quampluri-
bus, Gluniacensi, Dolensi, case Dei, et alus iuris sedis apostolice
cum prefatis pontificibus subicctis, una cum salsiburgensi archie-
piscopo et monasteriensi episcopo ac abbate gorgiense, qui pro
lionore et salute ecclesie pro teutónico regno occurrerant, assi-
dente eliam (6) Hu. (7) anniciensi episcopo cum innúmera multi-
tudine sapientium et bonorum vivorum apud clarum montem,
mense novembrio í8), in-diccione octava, sinodus est in nomine
domini celébrala. In (jua de ñde calholica, et animarum edifica-
(1) Boletín, iv, 79.
(2) Bal. «residente. •.■
(3) Bal. «simul.»
(4) Rainfildo de Semur.— Garas /Señes epiacopoi-um ecclesife cathoUae^ pág\ 511) se-
ñala prematuramente su defunción á 7 de Agosto de 11'29.
(.5) Pedro II.— Su prelacia en la serie de Garas no corre antes del año 1132.
16J Bal. «et.»
j7) Humberto.— La Sede Aniciense. ñ del Puy, había sido no mucho antes declarada
exenta por concesión de Pascii;il II.
t8) Bal. «Xoverabris.»
TOMO IV. í.")
362 boletín de la real agademl\. de la historia,
tione, ac morum honéstate, malorumque pullulancium eradica-
tionc Iractafum est; et obedientia domino pape Innocencio asianli
ab universis est gratanter íli promissa. Capitula vero recítala
sunt hec.
Quoniam frigescente caritate snper habundavit iniquitas, et
in novissimis diebus instant témpora pericnlosa; sunt enim lio-
mincs scipsos amantes, cupidi, elati, superbi,.blasphemi, paren-
íjbus inobedientes, ingrati, scelesli, sine aíTeetione, sine pace,
criminatores, incontinentes, immites, sine benignitate, prodito-
res, protervi, turaidi, voluptatum amatores magis quam dei, in-
vocanda est ab universis cum devotione gratia sancti spiritus ut
mala pullulantia resecet, et in servís suis sua dona mulliplícet ac
témpora quieta conservet. Ad extirpandas igitur vitiorum pravi-
tates, predecessorum statuta in médium sunt producta, et novita-
tibus crescentium vitiorum nova medicamenla sunt adhibita.
[I.] Statuimus ut siquis symoniace ordinatus fuerit, ab officio
omnino cadat quod illicite usurpavit; vel siquis prebendas aut
honorem vel promotionem aliquam ecclesiasticara, interveniente
execrabilis ardore avaritie, per pecuniam acquisivit, honore male
adquisito careat et nota infamie percellatur.
[IL] Precipimus etiam quod tam episcopi quam clerici in
statu mentís, in habitu corporís, Deo et homínibus placeré stu-
deant; et nec in supei-fluítate, cissura (2), aut colore vestium,
inluenciuní quorum forma et exemplum csse debent oíTendant
aspectum; sed quod eorum dcceat sanctítatcm.
[III.] Illud autem,quod in sacro calcidonensi constitutum est
concilio, iiirefragabiliter conservari precipimus; ut videlicet de-
cedenlium bona episcoporum a nuUo omnino hominum diripian-
tur; sed ad opus successoris sui in libera economi et clerícorum
pcrmaneat poteslate. Gesset igitur de cetcro illa detostabilis et
seva rapacitas. Siquis autem hoc amodo (3) atemptarc presump-
scrít, excommunicalioni subiaceat. Qui vero morientium presbi-
terorum vol clcricorum bona rapuerint, simili sentencie subi-
cianlur.
(1) Bal. «constauter.>.'
(2) Ral. «scissura.»
(H) Bal <-<o:nnino.» *
ACTAS DKL CONCILIO DE CLERMONT. 3ü3
[IV.] Dcccnümus (1) ul liii qui a subdiacoiíatu el siipra uxo-
res duxerint, aut concubinas habacrinl, officio atque occlesiaslico
benoñcio careaut. Gum cnim ipsi templum dei, vasa domini, sa-
crarium spirilus sancti debcant esse et dici, indignum est eos cii-
bilibus et immunditiis deserviré.
[V.] Prava autem consueludo, prout acccpimus, et delestabilis
inolevil; quoniam monacbi et regulares canonici post susceptuní
liabitum et professioiiem íactam, sprela bonorum magistroruní
benedicti ct Augustini regula, leges temporales et mcdicinaní
gratia hicri temporaliíi addiscunt. Avarilie iiamque flammis
accensi se patronos causaruní faciunt. Et cum psalmodie et liyni-
nis vacare doberent, glorióse vocis freti munimine, allogationuin
suarum variolale, iustum et iniustum fasque nefasque confun-
ílunt. Atteslanlur vero imperiales constiLutiones absurdum, ini-
mo et obprobrium esse clcricis si peritos se velint disceplationum
esse forensium; huiusmodi temeratoribus graviter feriendis. Ipsi
quoque, ncgiecta animarum cura, ordinis sui propositum nulla-
tenus attendentes, pro deteslanda peccunia sanitatem pollicentes,
liumanorum curatores se faciunt corporum. Gumque impúdicas
oculus impudici cordis sit nuncius, illa de quibus loqui eliam
erubescit honestas, non debet religio pertractare. Ut ergo ordo
monasticus et canonicus , deo placens, in san-cto proposito invio-
labiliter conservetur, ne hoc iiltcrius presumatur auctorilate
apostólica inlcrdicimus. Episcopi autem abbai.es et priores (2)
enormitali consencientes ct non corrigentes propriis honoribus
spolientur.
[VI.] Precipimus etiam ut laici, qui ecclesias tenent, aut eas
episcopis reslituant, aut excommunicationi subiaceant.
[VIL] Innovamus autem et precipimus ut nuUus in arcbidia-
conum uisi diaconus, nuUus in decanum vel prepositum nisi
presbyter ordinetur. Archidiaconi vero, decani vel prepositi, qui
infra ordincs prenominatos existunt, si inobedientes ordinari
contempserint, honore suscepto priventur.
[VIH.] Precipimus etiam ut prcsbyteri, clcrici monacbi, pe-
(1) Bal. «Decrevimus.»
(2: Bal. intercala «tantse.»
364 koletín de la real academia de la iiistorla.
regrini ct mcrcatores omni íempore sint securi. Treguam aulein
ab occasu solis in un* feria (1) iisque ad ortum solis in secunda
feria, et ab avenlu domini usquc ad octavas epiphanie, el a quin-
quagesima usque ad octavas pentecostes, ab ómnibus inviolabili-
ler observan decernimus. Siquis autem treguam frangere temp-
laverit, post iii" commonitionem si non satisfecerit, episcopus-
suus excomunicacionis in eura sentenciam quisque conñrmet.
Siquis autem hoc violare presumpserit, ordinis sui periculo sub-
iacebit. Et quoniam funiculus triplex difficile rumpiíur, preci-
Xjimus ut episcopi, ad solum deum et salutem populi habentes
respeclum, omni trepidifate (2) seposita, ad paccm ñrmiter tenen-
dam muluum síIjí consilium et auxilium prebeant: ñeque hoc
alicuius amore aul odio pretermitlant. Quod siquis in hoc dci
opere tepidus invenlus fuerit, dampnum proprie dignitatis in-
curran I .
[IX.] Deteslabiles aulem illas nundinas vel ferias, in quibus
milites ex condicto convenire solent, et [ad] ostentationem virium
suarum pericula sepe proveniunt, omnino (3) intcrdicimus. Quod
siquis eorum ibidcm mortuus fuerit, quamvis ei poscenti peni-
lentia el viaficum non ncgelur, ecclesiastica tamen careat se-
pultura.
[X.] ítem placuil ut siquis, suadenle diabolo, huius sacrile-
gii reatum incurrerit quod in clericos vel monachos manus inie-
cerit, anathemati subiaceat, Quod qui fecerit excomunicetur.
[XI.] Indubitatum est quoniam honores ecclesixistici, sangui-
nis, non sunt, sed meriti; et ecclesia dci non hereditario iure
aliquem nec sccundum carnem succcssorem cxpetit, sed ad sui
régimen et ofñciornm suorum dispcnsaliones, honestas sapientes-
ct religiosas personas exposcit. Eaproptcr auctoritale prohibemu&
apostólica nequis ecclesias, prebendas, preposituras, capellanias..
aut aliqua ecclesiastica beneficia hereditario iure valeat vendica-
rc, aut exposlulare presumal. Quod si(]uis improl)us, aut ambi-
lionis rcns , altemplare presumpscrit. doljita pena multa])itur et
poslulatis carel)it,
(1) Dal. «solis quarta feria.»
(2) Bal. «tepiditate.»
'H Ral. «omnimoile.'> •
ACTAS DEL CONCILIO DK CLEn.MONT. 3G5
[XII. J Sane coiüuiictiones coiisanguincorum omiiiuo íieri
prohibemus. llaiusmodi uanKjue iiiceslum, qui ianí Tere, slinm-
-lanté liumaiii gcneris iniínico, iu usum versos est, sanctorum
•patruin slatuta el sacrosancta dei deieslatur ecclesia. Loges eliam
seculi de tali conliibcrnio nalos infames pronuiiciant et ab here-
■ditate rcpellunt.
[XIII,] Pessimain siquidcm depopulalricein et orreiidam iii-
-cendiorum malitiam, aactorilale dei ct bealorum apostoloruiu
Petri et Pauli omniíio detestamur et iiiterdicimus. Hec etenim (li
pestis, hec hoslilis vastilas omnes alias depredationes exuperat.
Que quantum dei populo sit dampnosa, quantumque detrimeu-
lum animabus et corporibus inferal, nullus ignorat. Assurgen-
dum est igitur, et omuimodis laboraiidum ut tanta clades tanta-
qiie pernicies pro salute populi cradicetur et extirpetur. Siquis
igitur post huius nostre prohibitionis promulgationem malo slu-
dio, sive pro odio sive pro vindicta, igiies apposuerit vel apponi
fecerit, aut appositoribus consilium vel auxilium scienter tribue-
rit, excomunicetur. Et si in hoc mortuus fuerit incendiarius,
íhristianorum careat sepultura; nec absolvatur, nisi prius, damp-
no cui intulit secundum facultatem suam resarcito, iuret se ulte-
rius ignem non appositurum. Penitenlia autem ei detur ut in
iherosolimis aut in ispania in servitio dei per integrum annum
permaneat. Siquis aulem archiepiscopus (^), episcopus, hoc rela-
xaverit, dampnum rcslituat, et per unum annum ab offlcio epis-
copali abslineat. Sane regibus (3), principibus, faciende iusticie
facultatem, consulüs archiepiscopis, non negamus.»
Las Actas exliiben á Inocencio II, no residente, según estampó
Balucio, sino presidiendo (presidente) en medio de los cardena-
les católicos, ó no adherentes al cisma del antipapa Anacleto.
Nómbranse los arzobispos Raimundo, de Lyon; Vulgrino, de
Bourges; Esteban, de Yiena, sobre el Ródano; Arnaldo, de Nar-
igona; Bernaldo, de Arles; San Olaguer, de Tarragona; Guiller-
mo, de Auch ; Fulco, de Aix, en Provenza; y Pedro II, de Taran-
(1) BaL «enim.»
("2) Bal. interpone «et. '
<í3) Bal. añade «et.»
366 boletín de la real academl\ de la historla.
ski ó Moutiers, en Saboya; rectificííiidose por este medio algunas
erratas ó inexactitudes de que adolece la Series episcoporum
Ecclesice Catholicív, escrita por el P. Gams. Hacen notar la pre»
scncia de los obispos sufragáneos de aquellas sedes metropolita-
nas; y por consiguiente se viene abajo la aserción del escritor anó-
nimo, que en 133 i trazó la biografía de San Olaguer, y no quiso
ver en el sínodo más Prelados españoles, que el arzobispo desig-
nado por su propio nombre (I) : «Gonvenit iste sohis Hispanus ad
sanctum Glaromontanum concilium; quem gratitudinis causa et
gralanter recepit eum Innocentius et honoribus cumulatuní di-
niisit. » Florez (2) ha bosquejado rápida, pero sustanciosamente
la parte que en el concilio de Glermont, contra los monjes de Ri-
poll, cupo al santo arzobispo de Tarragona y á Ramón Gaufredo,
obispo de Vich; y con ella parece se deberían aumentar, ó por lo
menos ilustrar, las Actas señaladísimas, cuya fuente y revisión
os he presentado.
Fidel Fita.
Madrid , 3 de Mayo de 1884.
V.
SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO (3).
« Nam Tarracona metrópolis diu destructa f uit tempore Bernardi Toletani
Priinatip, sicut patet in regesto Urbani Papae secundi ; qui Urbanus eum-
dera Bernardum de restauratione civitatis et eccleeiae 6uis litteris ani-
mavit.»
Tres son los puntos, de la mayor importancia histórica (4)^
significados por este pasaje, que voy á examinar en sus fuentes.
(1) España Sagrada, xxix, 4'JO.
(•2) Esp. Sagr., xxvin, 202, 203.
13) De refjus f/isponiae, iv, 11.
(4) España Sagrada, xxv, 112-115. '
SOimii UN TEXTO DSL ARZOlilsrO I). HUDlUiiO. .'j()7
Registro de Urbano II.
Vn cartulario de pergamino, escrito en el siglo xiii, cuya signa-
tura (cajón 42,nüm, 23), y título (Liher privilegioriim ecclesie To-
letanej descubren á la legua el origen, ha venido á parar al Ar-
chivo Histórico Nacional. Exhibe los rescriptos de Honorio III,
dirigidos al arzobispo D. Rodrigo y al Cabildo de Toledo. El res-
cripto primero (fol. 86-88) autentica siete bulas áélregistro de Ur-
bano II, pero carece de fecha. La cual, si bien omitida por el có-
dice, se puede no obstante inferir, así de la naturaleza del docu-
mento (1) como de la paridad que guarda con el otro rescripto.
Este fué expedido en el palacio de Letrán á 7 de Enero de 1218, é
incluye á su vez (fol. 83-85) y da por auténticas ocho bulas de Euge-
nio III; seis ya conocidas (2) y dos inéditas (3).
Ambos rescriptos van encabezados de la misma manera :
«Honorius episcopus, servus servorura Dei, venerabili fratri
Roderico Archiepiscopo et dilectis filiis Capitulo Toletano salu-
tem et apostolicam benedictionem.
Supplicasti nobis, frater Archiepiscope, "ut cum in regestis
Romanorum pontificum quedam contineantur munimenta eccle-
sie Toletane, illa conscribi et tradi tibi sub bulle nostre muni-
mine facereraus. »
Semejante introducción hace creer que vinieron rescriptos en
mayor número y de igual ó aproximada fecha. Con efecto, Don
Rodrigo no se olvidó de indicárnoslo, cuando copió una de las
cartas, extractadas del registro de Gelasio II (4); y de ello hace fe
el Liher privilegiorum, fol. 94.
(1) Forma cuerpo ó se compagina cou la bula inédita del 19 Enero 1218 fLib. pritil.,
f. 100) y con la del 31 de Diciembre de 1217, publicada por D. Vicente de La Fuente en
el bello Elogio del anohispo D. Rodrigo Jiménez de Rada; Madrid, 1862, pág. 64.
(2) JaiTé, 6150, 6 130, 650 J , 6505, 6.582, 6585.
(3) • La 5." y la 8.* Aquella fué enderezada (29 Junio, 1150) al arzobispo de Tarragona;
y la última al de Toledo (1151-1166) Juan. En esta el códice pasó por alto la fecha ver-
dadera, y la suplantó por la del rescripto de Honorio III (Laterani, Vil idia januarii,
•2JontiJicatus nostri anuo II J , que llevo dicha.
(4) « Qui scripsit Toletano Primati, sicut in ejusdem Papae invenitur regesto, epis-
tolam sub his verbis >> De reius Hispaniae. vi, 27.
368 ijoletín de la real academia de la historia.
Nuestro egregio historiador, veintiún años después, obtuvo de
la Santidad de Gregorio IX rescriptos análogos, que pensaba sin
duda hacer valer en la eventualidad de un próximo concilio ecu-
ménico, ó siguiera en el pleito á que dieron pié sobre jurisdicción
de metrópolis las conquistas de Valencia y de Murcia. El res-
cripto de Gregorio IX (1) , que autentica las bulas de Urbano II,
firmóse en el palacio de Letráu á 26 de Mayo de 1239. Lo pu-
blicó, mas no enteramente, Raynaldi, continuador de los Anales
Baronianos. Aguirre lo mutiló, y dio pretexto á que sin tino lo
interpretase, como harto sabéis, el primer autor de la España
Sagrada. No habiendo reparado en que el autor del rescripto, de
que tratamos ahora, se nombra desde el primer comienzo Gre-
gorio IX y habla con D. Rodrigo, arzobispo de Toledo, achacó
FIórez el documento á Pascual II ; negó en consecuencia que to-
das las cartas allí recopiladas hubiesen salido del registro de
Urbano, y propuso en resolución enmiendas infelicísimas. No se
creería, si no se viese; pero alguna xez dormita el buen Homero.
Dice FIórez (2) :
«Kesta ver, si pudo ser en el 9!, en que se hallaba en España Ricardo,
antecessor de Raynerio? Para esto es preciso suponer y disolver un grande
enredo, que se halla en Aguirre, iom. 3 j^^S- 300, por una Carta (tomada de
Ohierico Raynaldi en sus Anales al año 1239, núm. 52), que en nombre de
Urbano II se pone dirigida á Raynerio Cardenal Legado en España. Esta,
según se halla allí, y en Lahhé (tomo \ 2 de la Edición de Coleti, col. 751,
entre las Cartas de Urbano II) no es de Urbano II, sino un conjunto de di-
versas cartas, remitida la una al expresado Legado, y repetida en otra por
el mismo Raynerio siendo ya Papa: la primera fue enviada por Urbano II
al Rey D. Alfonso VI; la otra (que es la que se exhibe en los Autores cita-
dos) es enteramente de el mismo Raynerio (siendo ya Papa, con el nombre
de Pascual II), la qual fue dirigida al Arzobispo de Toledo: y assi, confor-
me esta alii, se debe borrar el titulo, que dice A Raynerio ele, y poner A
Bernardo Arzobispo de Toledo, mudándola del Registro de las cartas de Ur-
bano II al de Pascual H. Consta esto, por quanto en exordio de la citada
epifltola se nombra Urbano II como difunto 5' predecessor del que escribe:
In regeslisfel. record. Urbani H, prccdccessoris nosíri etc. Luego esta carta es
del Bucessor de Urbano II, que fué Pascual 11.»
(1) Pottliast, Kni;». — Corri^'e Pottliast, sin dar de ello rnzon, el año del pontificado
que Raynaldi estampó. La bula del 10 de Julio de 12áí>, (iiie ha sacado á luz el señor
Lafuenle resuelve, si mal no se me alcanza, la cue.stión.
(2) R.'!j,a 7i a .S¡,g ,ada,\u,:n(\.-^ r, . *
SOURK UN Ti:XTO DEl. ABZOIHSPO U. RODRIGO. 361>
Por dicha, lo (lue el Codex Regius, que extractó Rayiialdi, nos
oculta aún, eso mismo el Liher privilegiorum ecclesie Toletane^
mucho más precioso nos ha do descubrir, sometiendo á nuestra
desinteresada apreciación, el ejemplar conlemporáuco del rescrip-
to de Honorio III, acerca del registro de Urbano, que expresa-
mente alegó D. Rodrigo. He citado el prcíml)ulo del rescripto. En
el códice toledano prosigue de esta manera:
«Nos igitur tue solicitudinis providentiam comendantes, prc-
sencium signilicalioue lestamur, quod in Regestis felicis recor-
dationis Urbani pape secundi, predecessoris noslri, scriptum est
de bone memorie Bernardo Toletano Archiepiscopo in hec verba:
Hoc tempore Toletamis Archiepiscopus Bernardus, Romam ad do~
¡ninum Urbaniim papam veniens, ci p)ro cpiscoporum more iura-
vit, et palleiim etprivilegium accepit, Regnhque H i spaniarnin pri-
mas institutiis est. Tum etiam in Gallicia omnis diócesis sancli
Jacobi ab omni est officio excomunicata divino, quia sanctíJacobi
episcopus in Regís carcere depositas fuerat;imdeet hec Regi Ilde-
fonso epístola missa est.
[1] ídem Regi Ildefonso Galléele. — Dúo sunl, Rex Ildefon-
se... (1).
[2] ídem Terraconensibus et ceteris hyspaniarum Archiepis-
copis. — Quisquís voluntatem gerit... (2).
[3] ídem Ugoni Cluniacensi Abbali. — Yenerabilem fratrem
nostrum Bernardum... (3).
[4] ídem Bernardo Toletano archiepiscopo. — Postquama no-
bis tua dilectio... (4).
[5] ídem Urbanus B[erengario] Terracouensi Archiepiscopo.
— Novit dilectio lúa... (5).
[6] ídem Rainerio Gardinali presbítero. — Quantum de tua re-
iigione... (G).
[7] Urbanus episcopus, servus, servorum Dei, Reverentissi-
(1) .laffé, 4.02».
(•2) Jaffé, 4.023.
(3) Jaffé, 4.024.
. (4,^ Inédita.
(5) Jaffé, 4.0'7í>.
(6^ Jaffé, 4.044.
.■j70 boletín de la real academl\ de la historl\.
simo fralri Berníirdo Toletaiio Archiepiscopo eiusque succes-
soribus iii perpetaum. Gunclis sanclorum decretales scienli-
bus... (1).
La carta última se libró en Auagni á 15 de Octubre de 1088; y
en el mismo día, ó muy poco antes ó después, la 1.', 2/ y 3.*
Todas ellas son conocidas del público; mas no así la 4.* Esta se
expidió en 1089, algunos días ó semanas después del día 1.° de
Julio; y es anterior por orden de tiempo íi la 6.% como esta á la
5." Dice así en el códice:
«Postquam a nobis tua dilectio digressa est, veniens^ad nos et
de illa quam seis discordia satisfaciens karissimus frater noster
Riccardus, Cardinalis ecclesie Romane presbiter et Massiliensis
abbas,Terraconensem provinciamad Narbonensem ecclesiam per-
tinere testatus est. Post hec, Beringarius auxonensis episcopus,
ad apostolorum limina veniens et nobiscum aliquandiu commo-
ratus, predicti fratris verba contraria prorsus asseruit; sue eliam
ecclesie nobis privilegia (2) protulit, quibus viceTerraconensis vi-
debatur ecclesie honorata. Qua de re, siquid certi tua dilectio re-
cognoverit, tuis volumus litteris informari. Nosenim et Narbonen-
si significa vim as utse [ad] huius rei responsionem sedi apostolice
representet. Notum etiam tibi volumus litteras (3) a nobis Terraco-
uensis provincie episcopis et principibus destinatas, quatinus
restitutioni ecclesie Terraconensis insistan t, ad cuius cíTectum
operis tuam quoijue prndentian volumus insudare. Si enim Ter-
raconcnsem provinciam Narbonensis antistes Romano privilegio
vendicare nequiverit, et si annuente domino predicta fuerit civi-
tas restituta ut episcopalis ibi valeal cathedra coUocari, dignum
videtur, et nostro jam ore promissum est (i), utautique dignita-
tis gloria Ausonensis episcopus, Terraconensis habendus, redo-
netur. Ad hec igitur omnia consilium te et auxilium impenderé
postulamus.»
Tal es la carta famosa, y objeto hasta hoy de interminables dis-
(1) Jaff.', 1.021.
(2) Del papa Juan XIH en el año 971 {.Jaffé, 2.871, -2. 872).
(3) Kl día I." de Julio de lOf^O.— Jaffé, 1.035.
(1) i:n dicha carta del 1° de Julio.
SOBRE LN TKXTO DliL ARZOBISPO D. RODRIGO, 311
putas por ignorarse el texto, de la (|Lie hizo D. Rodrigo singular
mención y argumento histórico. Veamos de aprovechar la nueva
luz que nos trae.
II.
Examen de la carta inédita, citada por D. Rodrigo.
El misíiio día que murió San Gregorio VII ('2.5 Mayo, 1085i,
eutraba en Toledo, á guisa de emperador triunfante, el rey don
Alfonso. Año y medio más tarde (18 Diciembre, 1086), no había
sido el obispo de Santiago D. Diego Peláiz, depuesto de su dig-
nidad, supuesto que en el propio día de la elección de D. IJernardo
para arzobispo, firmó D. Diego el acta de dotación niunificentísi-
ma que el rey otorgó á la Catedral, ó ex-mezquita toledana (1).
Fue depuesto inválida y anticanónicamente el obispo de Santiago
por el Cardenal Ricardo, cuando estaba este inhabilitado para
funcionar como legado de la Sede apostólica, conviene á saber,
luego que le excomulgó el papa Víctor III .(Agosto, 1087), y á
buena cuenta hasta la elección de Urbano II (12 Marzo, 1088),
quien ignorando aquel desmán, y haciendo gracia al Cardenal, le
devolvió el oficio. D. Rodrigo atribuye á semejante situación y al
deseo de salir á la defensa del obispo oprimido, un acto heroico
de D. Bernardo (2).
«Qui (Ricardue), minus religiose officium peragenp, coepit irregulariterse
habere. Quod attendens Toletanus electup, per maris et terrae pericula so
Bomani Pontificis conspectui praesentavit; et, Gregorio séptimo viara uni-
versas carnis ingresso, invenit Urbanum secundutn in Sede apostólica con-
etitntum. A quo, gratanter et benigne susceptus, consecrationein, palliumet
privilegium obtinuit.»
D. Bernardo no se puso en marcha tan pronto como, leyendo
este pasaje, podría parecer. El día 11 de Marzo de 1088, víspera
(1) Liber privilegiontm, ful 1.
('2) De rrbiis fíispaniae, vi, 3.5,
372 IlOLETÍX DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA.
de la elección de Urbano ÍI, se hallaba el electo Toledano aliado
del Rey, del mismo Legado y de varios obispos: Raimundo de Fa-
lencia, Gómez de Auca [Bargosl, Pedro de León, Asmundo de As-
lorga y Arias de Oviedo. Obsérvase en varios documentos (1) que
el Monarca, agente principal de la deposición del obispo Gom.pos-
lelano, á quien retenía en dura cárcel, trataba de halagar al Car-
denal con darle en encomienda, ó sujetará la jurisdicción del mo-
nasterio de San Yictor de Marsella, el Toledano opulento de San
Servando. No sería, pues, de extrañar que á la sazón se hubiese
cometido la violencia, contra la cual se decidió á ponerse en viaje
1). Bernardo, é informar sobre ella al nuevo Pontífice para que
aplicase eficaz remedio. Conviene, sin embargo, añadir que Don
Rodrigo, si bien sin fallar á la verdad sugirió el motivo principal
de lo prematuro y expuesto de aquel viaje, otros motivos se calló
que lo decidieron, y están claramente manifestados por la bula
de 15 de Octubre (2).
Esta bula forma época en la evolución de la alta jerarquía ecle-
siástica sobre nuestro suelo. Dispone que todos los obispos y me-
tropolitanos (poniifices) de la Península se sujeten, como por lo
pasado, á la Primacía del arzobispo de Toledo; dando con esto
claramente á entender que no circunscribe el derecho del Pri-
mado al territorio de una sola corona ó nacionalidad; que tres en-
tonces se contaban bajo el cetro de diferentes Príncipes, desde el
cabo de Creus hasta el de Fiuisterre. Urbano además encomienda
al Jnien celo y actividad del Primado el empeño de "procurar con
la mayor brevedad posible la restauración de las restantes anti-
guas Sillas metropolitanas en sus propias ciudades (Tarragona,
Praga, Mérida y Sevilla) ; é ínterin que esto se logre, determina
que las sufragáneas existentes ó por existir, no exentas, que care-
cieren de Metropolitano propio, sean administradas y regidas por
el de Toledo; «ut, quoad sine propriis exstiterint Melropolitanis,
libi ul proprio debeant subjacere.»
Esta última disposición, por lo que se refería á Tarragona, de-
jaba en pié dos puntos litigiosos: por una parte la propiedad de
(1) Libe- priúlegiorum, foL O, 33, 50.
(2; ¿¡'/"i-privile^ionnii, f jI. 9n.—E!.j)aTia Sagrada, vi, 347-350.
SOnRE ÜN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIHO. .'J7:{
Primacía y de administración que afectaba el arzobispo de Xar-
bona, y por otra los derechos mejor fundados de la mitra de Yich.
De todas maneras, ó como quiera, debía D. Bernardo, en virtud
de su cargo, dar calor y atender á la restauración de Tarragona,
Leyóse la bula y fué acatada en el concilio de Ifusillos (i), re-
unido á finca del mismo año ( 1088). El mímero de los prelados y
abades que lo compusieron; la intendencia del arzobispo do To-
ledo, que no se nombra electo (2), sino arzobispo en propiedad, y
su preferencia al de Aix; la presidencia del Legado Ricardo, y la
presencia, en fin, y las acciones del Rey, todo concurre á demos-
trar que la porción de actas sinodales que poseemos (3) no es la
esencial ni la más extensa. Rediícese ;í la demarcación de límites
entre los obispados de Osma y de Burgos, afecto esto á la me-
trópoli de Tarragona, aquel á la de Toledo. La división fué san-
cionada cinco años después (14 Marzo 1005) por la Santa Sede, •')
por bula de Urbano:
«Parochiarum etiam divisiones, quae ínter Burgensem et Oxomenseni
ecclesiam coram Sedis apostolicae legato Ricardo Cardinali pretbitero. et
Massiliensi abbate in synodo apud monasterium de Fuselis constitutae sunt,
sicut ex ejnsdem confr&tris nostri assertione didicimus, vim perpetuarn ob-
tinere maudamus.»
El acta del acuerdo sinodal da por precedente la disensión solero
partición de límites que el arzobispo de Toledo y el obispo de
Burgos mantenían viva y continuada hacía bastante tiempo:
«quiajugis contentio erat inter Bernardum Toletannm archie-
piscopum, ad quem Oxomensis ecclesia metropolitano jure perli-
net, et Gomizonem Aucensem sive Burgensem episcopum.» Auca,
ó Burgos, era entonces de la metrópoli tarraconense, que estaba,
en sentir del Cardenal Ricardo, exceptuada de las atribuciones
asignadas á la Primacía de D. Bernardo. En la carta que vamos
comentando se nos descubre aquel sentir del Legado, ú oposición
por discordia, que retrasó los plazos de la sentencia definitiva:
(1) Monasterio y pueblo cercano á la ciudad de Falencia.
(2) Las actas especifican cuidadosamente este dictado en la serie de los obispes y
abades.
(3; Aguirre, Collectio máxima concih Ilisp., t. ii, páginas 307 y 30?; Roma, IdOt.
374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
«venicns ad nos et de illa,quam seis, discordia satisfaciens... Ri-
cardus... Terraconensem provinciam ad Narbonensem ecclesiam
perlinerc testatus est. »
Al cabo de algunos meses, contados desde la reunión del conci-
cilio de Husillos, sabemos ya que había ido el Cardenal á Italia y
comparecido ante Urbano. ¿ Por qué razón? Nos lo dirá la Histo-
ria Compostelana (1).
«Celebrante itaque Ricardo, sanctae Romanae Ecclesiae Curdinali atqiie
Legato apud sanctam Mariara de FuselloscDnciliiiiu, ipse rex Ad-fonsua ad-
fuit- et praedictum episcopum, qiiem diutius viiiculis mancipari fecerat,
quasi eolutum sed tainen sub custodia, venire jussit, videlicet ut eum a pon-
tificali dignitate dejiceret (2). Tune praedictus episcopua metu regís et spe
liberationis, perjudiciuiu ronaani Gardinalis passus est; et coram omni con-
cilio se indignura episcopatu proclanaans, annulum et virgam pastoralem
Cardinali reddidit. Gardinalis autem nliutn, videlicet P<trnm nomiiip, Car-
dinensem abbatem,in pontificalem ecclesiae beati Jacobi catliedram inthrc-
nizandi licenliam concessit. Post haec, idein episcopiis, quamqtiara praeju-
dicio gravatus, captioni tamen regis iterum maucipatiis est. Enpropter, his
demum Romae ventilatis, praedictuá Ricardas, sanctae Romauat) Ecclesiae
Gardinalis atque Legatus, confusionis atque ignominias jaculo confossua
est. Niinirum PapaUrbanus atque sancta Romana Ecclesia [eum] admodum
objurgavit atque coufudit, utpote qui praediclu'u Gompostellanensem epi-
scopum, captioni mancipatura, praejudicio gravaverat et injuste deposuerat;
proiodeipse queque legatioue, qua taüa praesumpserat, privatus est.»
¿Quién fué el promotor déla causa, ó acusador de Ricardo anle
la Sede Romana? Nos lo manifestar¿i D. Rodrigo (3):
aVeruin quia Ricardus legatus (i) se gcrebat in aliquibus minus cauta,
religiono et auctoiitate compescuit (Bernardus) attentata; adeo quod ille Ri-
cardus, legatione privatus, fuit ab Urbano pontifice suiumo re%'ocatu3...
Ricardo itaque legatione privato. Primas Bernardus coepit in Hispaniis
ecclesias ordinaie.»
Da razóu al historiador la carta de Urbano á D. Bernardo,
escrita no entre los años lü9G y 109Í) como supone Jaffé (4.316),
(1) I, a.
(2) Tócase aquí el efecto de la intimación (Jaffé, 4.022) del Papa al Rej-. No pudiendo
ser el oliispo canónicamente destituido, ui querien lo D. Alfunso enviarlo al tribunal
de la ?anta Sede, echó mano de una renu.icia forzosa y al parecer espontánea.
(3) De rebus Hixpaniac, vi, '25.
(4) En el concilio de Husillos.
SOnRE UN TESTO DEL ARZORISPO D. RODRIGO. 375
sino en 1080, y probablemente al celebrarse el concilio de Amalfi
(11 de Setiembre) cuando más desencadenada rugía la fracción del
antipapa Guiberlo.
«Semper te meraorem esae oportet bcnedictionis et gratiae excellf ntis-
que liberalitatis, quaiu de Sede apostólica accepisti ; Bemperque quaiiti
gerae culmen officii ; et rebus ostendere rivuin te a fonte Petri apostoli
descendisse, et ílammam quam ab ejus camino eusceptam foves semper in
altiora producere. Nunc praecipue frateroitatem tuam ampliorem princi-
pum Petri et Pauli disciplinan! instruere, tuique officii oportet exliibere
censuram; nunc praecipue, quum nullue in vestris partibue Apostolicae
Bedis legatus existit. Ricardo enim legationem, quam hactenus hahuil, de-
negavimus; nec alii cuipiam vestrarura partium legationem injunximus.
Te igitur, nt prudentem ac religiosum virum, liortamur et obsecraraus
in Domino, ut quae dicta sunt, studiose cxerceaB, bonos in melius acuas,
pravos corrigas, et canonicam in ómnibus disciplinam ad Romanae Ecclesiae
gloriam, tuique studü mercedem, ferventer et indesinenter observare pro-
cures. Adesto, invigila, insta cura fratribus nostris episcopis, regibus, prin-
cipibus ac populo, quatenus aberrantes ad rectum propoeitum redeant,
manentes in fidei veritate ad exitum usque viriliter perseverent.
Id vero, praecipue te laborare volumus et rogamus ut sancti Jacobi
episcopus emancipatus vinculis buo restituatur officio. De que, quicquid
auxiliante Domino egeris tuis nobis literis indicabis. De ceteris, et qnaa
in Hispaniarum regnis per nos disponenda provideris (1), et cui polissimum
commiltenda Sedis apostolicae legatio videatur, tuis- nos nunciis et apicibas
informabis.
Labores autem quos in membris euis apostolorum Principes quotidie
patiuntur, nolito uUomodo oblivisci ; sed eos semper in corde bajulans et
fidelibus ómnibus commendana, solatiorum vestroruiu ope lenire festina.»
¿A quién propuso D. Bernardo para sucesor del Legado desti-
tuido? Lo calla la Historia; pero es de creer que su voto impar-
cial y oportuno recayese en quien indican las siguientes instruc-
ciones, cuya fecba (2) (8 Enero, 1090, nos ha conservado el Liher
privilegiorum^ fol. 87:
(1) <-< Reguisque Hispaniarum Primas institutus est. Tum etiam in Gallicia
omnis diócesis sancti .Tacobi ab omni est officio excommunicata divino, quia sancti Ja-
cobi episcopus in Refris carcere depositus fuerat.v Registro de Urbano II. Semejante
disposiciÓQ no se tomó sino alguu tiempo después de escrita (15 Octubre lOSi), la carta
del Papa al Rej-.
(2) Jaffd (4.014) la deja incierta dentro del año 1089. La cercana, que ha propuesto el
■aha.teDaTT!íSf"Histoirefféne,-aIederÉ(/lise,t.-nx\u,j)ñg. 140; Paris, 13~5; nació de uu
texto erróneo que transforma, vi id. en v /tal.
376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
«ídem Rainerio Cardinali presbítero.
Quantum de tua religione confidentes, qua fide, qua caritate in partes
¡liaste direxerimus, ipee tu, frater dilectissime recognoscis. Age ergo pro
spe, quam de tua prudentia gerimus, et negotia, queque poteris domino
adiuvante, canonice diffinire procura; ea máxime pro quibus missus ee,
videlicet que ínter Narbonensem antistitem (1) et Tomeriensem abbatem
iactantur. Veniens siquidem ad nos cum Barchinonensi fratre nostro, vene-
rabili epiecopo (2), reverentissimus frater noster Narbonensis archíepis-
copus , quem íam dudum vita et religione spectatura habemus, plurima
adversus Tomeriensem Abbatem conquestus est ínter cetera, preiudi-
cium sibi factum de Terraconensiiim [episcoj^orum suhiecíione per Eomanam
ecclesiam suppliciter intimavit, cum eos Narbonensis metrópolis, ^;er annos
quadr ingenios (3) sine alterius reclamatíone possederit.
Nostra igitur vice in illis partibus fungens, Terraconensibus episcopís
nostra auctoritate piecipito, ut interim Narbonensí tamquam proprío metro-
politano obediant, doñee parante domino Terraconensí restauretur ecclesia.
Toletano autem sicut primati reverentíam exhíbeant, doñee Narbonensis
Archiepiscopus se eorum primatum fuisse certa possit auctorite monstrare.
Novít siquidem tua f raternitas priraatem a nobis Toletanum sic institutura,
ut salva sint metropolitanorum privilegia ceterorum. Abbatem quoque...
Quía vero Narbonensis Archiepiscopus privilegia de primatu ecclesiara
suam liabuisse memoravit, quae a suo predecesore (4] translata, se tamen
sperat parante domino reperturum, tu causam diligenter inquire, inquisi-
tam ad nos referre procura. Quod, si privilegiorum nequiverit axictoritas inve-
niri, tu cum princípibus terre de restauratíone Terraconensis ecolesie
stude. Interim tamen Terraconenses episcopos eí, tamquam metropolitano
proprío, obedire precipito. Elenensis quoque episcopí (o) causam diligenter
inquirito; et ínter Narbonensem archiepificopum et ipsum iusto omnia iudi-
cío deffinito. ídem quoque te de Craseensí cenobio ínter Narbonensem
Archiepiscopum et monachos eíusdem cenobíí exercere precipimus.
Datum Lateraní, vi idus Januarii, pontificatus nostri anno ii.»
Raynerio, nueve años más tarde (13 Agosto 1099), había de
reemplazar á Urbano II sobre el solio de los romanos pontífices.
Ahora (8 Enero 1090), sucesor del cardenal Ricardo, como lega-
do de his Españas, y obrando de acuerdo con el Primado se apres-
taba á levantar la ciudad y metrópoli Tarraconense de la po^stra-
ción en que yacía.
(1) Dalmacio.
(■2) Bertrán.
(3) Número redomlo, ó equivocado como la pretensión siguiente.
(I) Guifredo de Cerdaña (años lOlO-lOlO}. Fué varias veces excomulgado.
T»! Artaldo.
SOüRE UN TEXTO DEL AllZOlilSPO D. RODRIGO. 377
Y lo pusieron ambos pof obra cii el concilio de Tolosa, que
describe D. Rodrigo (1) en esta manera,
Et Primas institntns Hippaniarum et per Tolosam rediens, ibidom cuní
episcopit! Gotliicae Galliae et NarbonenHÍ archiepiscopo concilium cele-
bravit.
El concilio se celebró cerca de la Pascua de Pentecostés (9 de
Junio, 1000); y debió dar por nulos los alegatos del arzobispo de
Narbona, fundados en una bula espuria ó falsa ("2), de Esteban VI.
Pretendíase con este documento apócrifo nada menos que autori-
zar con la voz de la Santa Sede el soñado precepto del Apóstol San
Pablo, ordenando que todas las iglesias de España dependiesen
de la narbonense. Que el sínodo tolosano entendió en los nego-
cios eclesiasticos.de nuestra Península, lo atestigua Bernoldo,
autor contemporáneo (3).
Dominus Papa Urbanu3 generalera synodnm cuín cpiscopis diversarura
provinciaruin per Legatos suos ¡n Tolosana civitate circa Pentecostt^ra col-
legit; ibiqne multa in ecclesiasticis causis, qnae corrigenda erant correxit.
Tn qiia eynodo Tolosanus episcopus de illatis criininibns canonice expiir-
gatur; et legatio pro restauranda christianitate in Toletana \_cor7-. Tarracc-
nensi] civitate, Rege Hiepaniarum snpplicante, destinatur.
Las súplicas del Rey de las Españas en favor de la restaura-
ción de Tarragona, fueron, no me cabe duda, obtenidas por don
Bernardo. Removido el óbice que el Papa le había señalado, par-
tió el Legado Reinerio á cumplir en Cataluña lo que llevaba pre-
venido: «Quod si privilegiorum (pro archiepiscopo Narbonensi}
neqniverit auctoritas inveniri, tu cum principibus terrac de res-
tauratione Tarraconensis ecclesiae stude.»
De ello tenemos dos documentos insignes que estampó (4) Yi-
llanueva. Allí constan los compromisos solemnes del conde Be-
rcnguer Ramón II y de sus magnates en manos del legado para
repoblar á Tarragona, habiendo ya recaído en cabeza del obispo
(1) Be rebtis I/ispaniae, vi, 25.
(2) Jaffé, cccLii.
(3) Migne, Patrolog. lat., t. clvih, col. I.4>2.
(1) Viaje literario, vi, 82(3-329.
TOMO IV. 2.i
378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
de Yicli la elección canónica para arzolDÍspo de Tarragona. El pri-
mer compromiso importa que el conde ha de entrar en la ciudad
para repoblarla el próximo día de Todos Santos (1." de Noviembre
1090): «sub hac conditione, ut ipse praefatus Gomes, hac immi-
nenti fesiivitate 07nnium sanctorum^ ingrediatur praelibatam ui-
bem ad restaura ndum.» Y no es poco denotar que otros proceres
fijan, como plazo de sus lehencs, la vuelta del viajo que estalcí
en disposición ó á punto de hacer hacia Castilla el arzobispo
electo: «Gcrallus uiillit hoslaticos in potcstate meniorali Gomilis
et Berengarii Ausonensis episcopi, qiii est electus a Domino Papa
Urbano tarraconensis archicpiscopus... ut poslijuam praedictus
aichicpiscopus redierit ab Hispania. quaní mine vadit, intra spa-
tium XG dierum quod ipse mandaveril, millat in poteslate ejns-
dem episcopi castrum de Gélida, ut ingrediatur ad restaurationem
praelibatae ui'bis.» Ni es menos digno de atención que el reparto
de la ciudad se estipuló deber hacerse bajo el dictamen del Conde,
del arzobispo electo, del dicho Geraldo .Alemany y otros. El se-
gando compromiso, da por plazo üKimo de repoblación el miér-
coles de ceniza caput jejunii, ó sea el 13 de Febrero de 1091.
De estos docu-mcntos no conviene separar ei instrumento de
donación (1) á la sede apostólica, que hizo el Conde de Barcelona,
I)OCO después de haher.-c celebrado el concilio de Tolosa. Lo hizo
per consüiwn et voluntatcm Berengarii arciiiepisco})i Tarraconen-
sis... per manum domini Rainerii, Romanae Ecíesiae Cardina-
lis, qui nunc legattone fungitiir in partibHs no^iris^
El viaje del arzobispo electo de Tarragona á España, del que
habla el primer compromiso «postquam praedictus archiepisco-
pus redierit ab Ilispania quam nunc vadit», no puede menos de
significar el deseo, puesto por obra, de verse el prelado con el
rey D. Alfonso YI (2). Ya nos dijo Bernoldo que en el concilio
de Tolosa, fué presentada la súplica del Rey de las Españas (don
(1) Ef;]>.Saffr.\^\,2\-2.-2VJ.
(2) Kn el códice de Calixto llámase Ilispania deutro de los dominios cristianos la
tierra de León y de arabas Castillas, por oposición á la de Arag-ón y Navarra, Otro tanto
se desprende délos estatutos de la universidad de Lérida (Villanueva. Viaje litera-
rio, \\\,1\'X):<'0Wine9 de nationc Hispanorum addiffcrentiam Aragonum etaliorum prae-
dicloruin, (jui per se faciunt nationím.»
SOUr.E UN TEXTO DEL AllZOIilSPO D. RODRIGO. 379
Alfonso) á fin de que el Legado Reinerio pasase á entablar en Ca-
taluña lo convcnicnle para la rcstauracii3ii de la cristiandad, ó de
la ciudad y Sede metropolitana de Tarragona. Tocábale pues al
electo no moslrarse indir«r'ente ¡í la prolección y amistad del mo-
narca, realzar con su presencia los funerales de D. García y asis-
tir con el mismo Reinerio y con D. Bernardo al concilio de León
(Enero ? 1091), que afectaba muy de cerca y tocaba muy al vivo
los intereses de su propia metrópoli. La bula del 1.° de Julio (1),
que otorga al electo el palio, siempre será firme argumento de
que no en balde Urbano 11 había dirigido sus letras apostólicas
á D. Bernardo (2) animándole á procurar la restauración de la ciu-
dad ó iglesia Tarraconense.
IXI.
Postración prolongada de Tarragona.
La bula, que instituyó al obií^po de Vi:.h, D. Berenguer, arzo-
bispo de Tarragona (1.° Julio, 1091), renovando lo establecido por
las de Juan XIII (971), habla de la restauración y repoblación de
la ciudad, en términos, que no pai-ecía hubiese más que pedir:
«Ut igitur haec omnia, Deo auctore, iustituta permaneant, nos anteces-
sorura nostrorum privilegia sequeutes, qni Ausonensera ecclesiara tuam
Tarracouensis quondam iustituere vicariara, tibi, o carissirae fili Berengari,
quia tuo potissimum sttiiio haec est re&titutio iustituta, ex Roinanae Eccle-
Biae liberaiitatis gratia palliuin, totius Bcilicet sacerdotalis digiiitatis pleni-
tudiaein, indulgemus. »
Tan buenos auspicios se trocaron en días de amargo luto con
la cautividad del nuevo arzobispo. Llegó el momento en que,
descorazonado, después de vejado y íieramente oprimido por el
de Narbona, hizo formal renuncia de su dignidad ante el concilio
de Saint-Gilíes, célebre población situada 20 kilómetros al Sur
(3) Jafié, -i UG7.
■ (4) «Ad haec igitur omnia consiliura te et ausiliun impenderé postulamus... Adesto,
invig-ila, insta cum fratribus nostris episcopis, regibus, principibus ac populo.»
380 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA H1ST0RL\.
(le Niraes. El concilio se reunió durante la mitad de la Cuaresma^
mediante Quadragesima (7-13 Marzo) del año 1092, discurriendo
el xxxiir (1) del rey Felipe 1, y la era española 1I80. Presidió
Gualtero, Cardenal obispo de Albano y Legado de la Santa Sede;
y se juntaron, además de los arzobispos de Tarragona y de Nar-
bona, los de Aix y Arles, con los sufragáneos de cada una de es-
tas cuatro metrópolis y gran número de Abades. Lo que trat¿iron
y acordaron sobre la causa de D. Berenguer, escribió el Legado
á los dos Condes correinantes de Barcelona y á los Príncipes ó
magnates, pueblo y clero de la Tarraconense (2) :
«In quo concilio, quum de statu sanctae Del ecclesiae tractaretur, Be-
rengariura Tarraconensem archiepiscopum ostendisse privilegiuin viditnu?,
cujus auctoritate a domino Papa Urbano confirraata ecclesia Tarraconae
restauratur omui sua dignitate, sicut probatur, et inf ra f uturum probabitur,
antiquitus possedisse. Quo privilegio perlecto in conspectu sancti concilii,
judicavit et confirmavit sancta synodas privilegii auctoritatem et confirma-
tionem deberé manere iuconcussam. Verum, quoniam quidem praefatuá
Tarraconensis archiepiecopua zelo restauratiouia Tarraconensis metropob's
afralre Narhonensi arcJiiepiscopo in vinculis diu deleniusfuerat, et post ilícitas
injurias redimere eum f.cerat, idein frater archiepiscopus projecit privüe-
gium in conspectu totius concilii ante pedes nostros, volens dimittere Tar-
raconensem arcbiepiscopatum, eo quod inimicitiasindepateretur a praeliba-
to archiepiscopo Narbonensi, qui sine aliqua auctoritate privilegii per ali-
quod tenipus tenuerat praefatum arcliiepiscopatum, quantum inEestantibus
barbaria olim destructa fuerat eadem metrópolis. Unde, quia a domino Papa
Urbano jam acceperat inde privilegium et pallii dignitatem, necnon in re-
staurationem urbis et ecclesiae Tarraconensis nimium insudaverat, laudavit
praetaxata synodus non deberé eum respuere auctoritate Apostólica eccle-
8Íam sibi per obedientiam in remissionem peccatorum suorum commissam.
»Deinde praenominati archipontifices eum suis suffraganeis deprecati
Buut eum, ut dimitteret arcliiepiscopo Narbonensi, gratia charitatis rnale-
volentiam, quam erga eum habebat ea deliberatione, nt idem Narbonensis
archipraesul refutaret sibi omnem Tarraconensem arcbiepiscopatum, sicut
antiquitus cognoscitur permansisse, juxta modum privilegii domini papae
Uibani. Quod et factum est in conspectu totius concilii, et laudatum est ibi
atquo dc'fiíiituní, ut eadera Tarraconensis ecclesia propriam babeat paro—
chiam et majorem cttcris episcopatibus, eo quod mater sit, et antiquis tem-
poribus nobilior ceteris metropolitibua Hispaniarum; et ut suñ'raganei epi-
(1) Contado desde el 2J de Mayo de 1 "59.— Véase Villaiuieva, Viojc literario, vi, 217.
(2; EspaTia Sagrada, xxv ni, 21)5*297.
SOBRE UN TEXTO DEL ARZOniSPO D. RODIUOO. 381
«copi, facientes ei obedientiam semper siiit subjecti, et ut filü inatrem jiixta
suum posee adjuvent eam restaurari.
» Igitur ego Gualterus llomanae Sedis vicariiis, praecopto doiuini papae
Urbani, Tarraconam et ejus territoriuin videns concilio religiosorum viro-
rum archiepiscopatus termines designar!, quanivis inajorem terminara du-
dum habuisse a n<nnull¡8 existimetiir, eo quod rnater Ecclesia, ditior et
sublimior tara dignitate quam poesessiono temporibus praiteritis Iiaberetur
filiabas ecclesiae ejus ditioui subjacentibus: termiuum ¡taque praefati ar-
chiepiscopatus sic dono et designo vice dom'ni nostri Papae, bicut inferios
demonstratur. A mari tisque ad crucem conce.ditur terminus ; et inde perlrari'
siens per montem qui vocalur Portelh; et inde pervenil usque ad casirum quod
dicilur Gélida, quodfuit Gerib&rti ügonia; dchinc per directam lineam íran-
siens, terminatur inforamine 31ontis serrati (I). Siquid amplias poterit invc-
niri fuisse autiqíiitus es parocliia Tarraconae ecclesiae, vice et auctoritate
domini nostri Papae concedo atque confirmo juri praefatae ecclesiae aeter-
ualiter ad habendum.»
Mas ni cou eso logró la restauración de la ciudad llevarse ;í
cabo, ni levantar cabeza. Todos los sufragáneos habían por escrito
firmado en el concilio de Saint-Gilíes la declaración de hallarse
resueltos á contribuir á tamaña obra. ¡Esfuerzos inútiles! Del
deseo y del dicho al hecho se interpuso el doble trecho de los
trances de fortuna y de crudos lances harto temibles á una política
previsora. Aun sin contar con la derrota del conde de Barcelona
ú manos del Cid en Tobar del Pinar y con el creciente empuje
del poder de los almorávides, muy precaria debía de ser la
rehabilitación de Tarragona y la repoblación de su campo,
mientras no existía una armada suficiente á contener el vuglo de
los bajeles morunos, que desde Tortosa, Denia y las Baleares
infestaban y desolaban la bella costa marítima comprendida
entre el Llobregat y elEbro.
Hubo no obstante momentos como de tregua y de respiro, ó
intervalos propicios á rejuvenecer las esperanzas casi perdidas.
Guando el Cid se apoderó de Valencia, y las armas de Navarra y
de Aragón se aprestaban á recobrar para el imperio de la Cruz
las plazas fuertes de la izquierda del Ebro desde Huesca hasta
.(l) Suple esta demarcación por lo que falta á la vulgar del lta.cio (Esp. Sogr. iv,
-237, 2:>S) donde Portella se dice límite de los obispados de Egara, Ictosa y Tortosa.
Merece confrontarse y completarse con la del año 1118 ;1117 de la Encarnación), á 2:1
de Enero, que trae Florez fEsp.. Sagr., xxv, 220.)
382 boletín de la real academlv de la histora.
Monzón, Urbano II nombró Logado suyo en España al Primado
Toledano con el intento, por dem¿is comprensible, de mancomu-
nar acertadamente la acción de los Estados cristianos peninsula-
res contra los agarenos recrecidos por la constante inmigración
del otro lado del Estrecbo Hercúleo. Dásenos á conocer aquel
nombramiento con el acta de dotación y recomendación del mo-
nasterio Toledano de San Servando, que nos brinda y trae el
Liher privüegiorum , fol. 6. Está fechada el acta en 13 de Febrero
de 1095, y en ella firma Bernardus Toletane Seáis arcliiepiscopus
et romane eclesie legatus. Presumo que del mismo año sea la
carta de Urbano contenida bajo el número 5 en el rescripto do
Honorio 1 11.
«ídem UibanuB B. Terraconeasi Archiepiscopo.
Novit dilectio tua, f rater in Christo venerabiüe, quo tenore, qua conditiorse-
palleum tibi piivilegiumque concesserimuF, quomodonobis et tu in fide tua
et comprovinciales primates (I) per scriptura promiseritis vos ia restiti:—
tioneui Terraconensis eclesie omnimodis institutos; nunc autem frequenti
fama audinius vestrara ilkrn indu&triam, vestium fctudiuní iam cessare, et
Terraconensis restitutionem iam pene dtficcre. Te igitur litteris presentibuB
admonemus ut huius boni operis perfectioni sedulus operator existas. Me—
minerie tamen ita te Archiepiscopum institutuo), ut tam tu quam universe
provincie Terraconensis episcopi Toletano tamquam priraati debeatis esse
Bubiecti. Sic enim a nobis in Toletane eclesie privilegio constitutum est,
quod nos oranino ratum volumuspermanere. Nunc autem multo ampliuF,
quoniam ei nostre soUicitudinis vicesin hispania universa et in Narbonensi
provincia ministrandas iniunximu?, Datum Vil kaltndas Maii.»
Desde Placencia en Italia, á 14 de Marzo de 1095, el Papa san-
cionó, como dije ya, el convenio del obispo de Burgos con el
arzobispo de Toledo s«bro límites de la diócesis de Osma con
arreglo á lo estipulado en el concilio de Husillos; y se ocupó cu
consolidar la traslación hecha por Alfonso VI de la Sede Catedral
Aucensc á la ciudad de Burgos, ratificándole las posesiones
otorgadas y reconocidas por el monarca. Lo cual no pudo acaecer
sin reclamaciones de parte del arzobispo de Tarragona quien en
(1) Kn el concilio de Saint-Gilíes, Marzo de 1092.— A este año atribuye Juffé {4.079)
las palabras de Urbano ; mus clai'j se ve que el docto alemán no supo atar todos los
cabes.
SOIiRlí UN TEXTO DEL ARZOHISPO D. ROuniÍTO. 383
manera alguna no había de suscribir á la prelonsión del Rey y
del Primado, sobre que Burgos, colocada en territorio ajeno al
primitivo de Auca, debía someterse á la metrópoli de Toledo,
Esta íi otras semejanlos disensiones, tal vez exacerbadas por la
cuestión del monieiilo, se dejan entrever al pie do la caria did
Papa al arzobispo de Tarragona, expedida el día 25 de Abril. Ni
hay que asombrarse por ello. La cláusula de la restitución de la
Primacía, tsalvis privilegns inetropolitanorinn» al arzobispo To-
ledano ha sido largos siglos y es aun fundamento y pretexto de
excepción por parte de las Sedes de Braga y de Tarragona. La
resistencia, aunque embozada, asoma en el encomio (juc el con-
cilio de SaiiU-Gilles hizo (1092), s'^gún hemos visto, de la Metro-
politana Tarraconense: aantiquis teinporibus nobilior ceteris me-
iropoliühus Hispaniarian.y> Compréndese por lo lauto que, así
para mejor organizar los esfuerzos de la España cristiana contra
los musulmanes, como para atajar todo murmullo refractario á
la Primacía por él prescrita, hubiese querido el Papa justamente
realzar la dignidad del arzobispo de Toledo con el tí'ulo amplísimo
de Legado, sobre el que insiste la carta del "2o de Abril del
año ¿1095?
Al recibirla D. Berenguer convocó á sínodo provincial sin dnr
previo aviso á D. Bernardo, creyendo sinceramente y de buena
fe que el paso estaba en sus atribuciones. Inhibióselo el Primado
con autoridad apostólica en virtud de la carta (1) que voy á leei:
«B. Dei gratia Tületanae eccleeiae arcliiepiscopus , apo&tolicae sedis k-
gatUF, B. Terragonenfci archiepiscopo salutern.
Cuín sancta et univer?alis apostólica teneat ecclesia concilla celebran non
oportere praeter senlentiam Romani pontificis, valde miramvir super prae-
sumptione tua, quod nobis inconsultip, ^jos/^'í"^''^ aposfoh'cae sedis vices, tam
in tota Ispania quam etiam ¿n Narlonensi proviníia , indultas esse audivisti,
Binodum convocare praesumpsisti. Si vero licitum fuit, legendo decreta
Julii papae et auctoritatera Nicenae einodi (2), reperire poteris. Nos igitur
non parura laetaremur, si ratio pateretur, vos conciliura celebrare deberé.
Sed quia non videmus, dedecus et conternptum Romanae ecclesiae dissinm-
lare non audemue. Ideo apostólica auctoritate ne concilium convocare prac-
(1) Villanueva, Viaje hit , vi, pág. 325, .S2(i.
(2) Véase Bouix, Tractatvs de concilio prcvinciali. 2." ed , Paris, 1862, pág. 22G.
384 boletín de la real academia de la historia.
suraatis, interdicimuf, et ut praesentiam vestram nobis in festivitate sancti
Micliaeüs (I), remota omui occasione, ubicumque fuerimua in Ispaniis, ex-
Libeatis, eadem auctoritate iuiungimus, audituius praeceptum papae per
nos vobis directum./>
El precepto reiterado del Papa, que hemos visto en su carta á
D. Berenguer, atañía bien claro á la restauración de Tarragona;
para cuyo efecto era expediente la celebración de un concilio,
mas no de suerte que este prescindiera de la intervención ó plá-
ceme del Legado. Lo cual acaeció, no en 1090, como sospecha
Yillanueva ("?), sino años después, como razona D. Rodrigo:
aNain Tarracona metrópolis DIU destrncta fuil tenipore Ber—
nardi Toletani Prirnaiis^ sicnt patet in regesto Urhani Papae se-
cundí. »
D. Rodrigo añade (3) :
«Eísdem ditbus sanctissimus Urbanus Papa seciindup, tactus dolore cor-
d¡8 eo quod ab Agarenis Hierosolymitana civites tenebatur, personaliter
verbuin crucis coepit praedicare ómnibus, sicut superius meminiínus no8
dixisee (4). Ejus indulgentiis provocatus venerabilis Primas Beriiardus de
clericis indigenis Toletanam ecclesiam ordiuavit, et assumptis ad viam ne-
cessariis, crucis signáculo insignitus, recessit a pi-opria civitate, volena
cum exercitu de quo superius diximus ad Syriam transfretare... Ipse vero,
coepto itinero Romam ivit. Sed, cum ad Sedem apostolicam perrenisset,
prohibuit euui domiuus Papa Urbanus ne procedertt, sed in tanta novitate
ad Sedem propriam remearet, ne Pastoris absentia novella plantatio pe-
riculo subjaceret. Cumque eura a voti et crucis proposito absolvisset, ipse
per partes rediit Galliarum , ubi eligens de diversis locis viros honestos et
litteratop, necnon tt juvenes dóciles quos habere potuit, in Hispaniam
secum duxit.»
Consigna el historiador que D. Rodrigo pasó más allá de los
Alpes (per parles rediens Galliarum). Alfonso YI no podía ver
de mal grado que su hija Doña Elvira tuviese por compañero de
la expedición á Jerusalén un amigo y pro lector tan calificado
como el arzobispo de Toledo. Mas, por lo que parece, los dis tur-
di 29 Setiembre.
(2) Viaje Ulerurio, vi, 211.
(3) VI, 2(!.
(4) VI, 20.
SOURE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRiriO. 385
bios que naciei'on en la catedral primada, y retrasaron iiolablo-
rnente la marcha de su Prelado, dispuesto á unirse al grueso del
ejército capitaneado por el conde Raimundo de Saint-Gilics, yerno
del Rey de Castilla, y por el Legado apostólico Adliemar de Mon-
teil, fueron parte para alterar la i-uta que en un principio se ha-
bía designado, y para que en vez de echar por la Lombardía y
por el otro lado del Adriático, se encaminase á Roma. Desde allí
regresó probablemenle enírado ya el año 1097; y no sólo se
aplicó á recorrer las Galias con la mira de escoger un plantel de
jóvenes y Uorecientes ingenios que llevar á Toledo para ocurrir
á la reorganización y justo esplendor de las iglesias de Osma,
Sigüenza, Segovia, Palencia, Braga, Goimbra,GomposteIa, y aun
la misma Valencia, ya sometida al Gid, sino que además no per-
donó ningún medio ni dejó piedra por mover á fin de reparar y
de hacer salir de su postración el estado de la metrópoli Tarra-
conense. Varios autores, sin otro fundamento (jue el de la espe-
cie vertida por D. Rodrigo sobre la caria de Urbano II, que he
demostrado haber sido escrita en 1089 , y (jue nada tiene que ver
con el propósito á que la reducen, han pretendido sentar como
hecho histórico que el Papa Urbano II, llevando á bien la devo-
ción del Primado, pero absolviéndole del voto que hiciera de ir á
Jerusalén , le mandó invertir en la reparación de Tarragona lo
que debiera gastar en la empresa ultramarina de la cruzada. Me-
jor que dinero , si es que lo llevó á Roma , empleó D. Bernardo
su industria y su cuidado prolijo en la tierra de Gataluña que
personalmente visitó á fines de aquel año y cuyas iglesias reani-
mó, obrando siempre de acuerdo con el arzobispo de Tarragona
y con los prelados, que no una sola vez presidió congregados á
sínodo. Del de Gerona ( 12 Diciembre 1097) teníamos noticia por
la Marca Hispánica; mas, como dice el Sr. Lafuente, no sin ra-
zón (1) , hay que deplorar que el texto de sus actas haya perma-
necido hasta hoy completamente inédito. Afortunadamente existe
la pieza auténtica, cuya cabal indicación ocultó Balucio. Trácla
(1) His/oria eclesiástica de Es2>a>ia [2.' eiHcMsiáviá, \H7.t , t iir, pág. 521, cf. 511,
386 BOLETÍN DK LA llEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
el Liber III Antiqxitatum (nüm. 138, fol. 48, verso) que acabo de
compulsar cu el archivo de ki catedral de Barcelona.
Dice así el texto:
«Judilium legati super ecclesias colle sahatelli, etc.
Jucaruationis domiuice anuo post inillesiuium xc". vii". ii idus
deccmbris, convenientibus geruude ad corroboraudain ecclesias-
tice liberlatis dignitatem discretissimo b. toletane sedis primate
sancteque Romane ecclesie legato, necnou ct venerahilibus ter-
rachouensi archiepiscopo b. et rotheusi, sive barchinouensi at-
que gcrundeusi ponliñcibus, ac non pauca abbatum et clericoruin
monachorumque contione, barchinouensium couventus canoni-
corum magnopere couquestus est super prefato gcrundeusi epi-
scopo, eo quod ipsis iuste debitas tres cum suis parrochiis et per-
linentiis ecclesias iniuste abstulerit et hereditario sibi jure dc-
fenderit, ipsam scilicet de colle sahatelli et de senata et de vul-
peieres. Unde prelihatus memorabilis legatus utrohique causa
diligenter examiuata, hanc tándem finilivaui super his canonice
promulgavit senteutiam.
Quoniam barchinouensium postulationem tam pontificali con-
cesione quam canónica seu legali astipulatioue evidentibus scrip-
tis ralam esse comperimus, et gcrundeusi ratiotinatiouem ponti-
ficis nullain scripturarumque auctorite, nulla justicie ratione ful-
tam esse perspeximus, profecto censemus ut jpse episcopus pre-
laxatas de quibus agitur cum suis pertiuentiis ecclesias iii jus et
dominationem canonice barchiuonensis, omni remota cavillatione
seu dilatione solide restituat, et easdem sine diminutione perpo-
luo possidendas ipsa sub ditione sua barchiuonensis canónica
recipiat. Ilanc aulem canonicam nostri dccreti censuram siqua,
quod absit, in crastinum cuiuscumque dignitatis seu mcdiocrita-
lis ecclesiastica secularisque persona temeré violare presumpserit
vel lanti mali fautrix existere, secundo terciove commonita nisi
resipuerit et satisfecerit, excomunicationi obnoxia gradus et lio-
noris sui pcriculo subiaceat et a liminibus ecclesie seu christi
corpore alienus existat. Simili quoíjue conditione excomunioni
subicimus eos, qui barchinonensi canonice ecclesiam de linars
cum suis pertiuentiis diripiunt, atque bernardum raimundi, quí
cpiscopalem feuum de galano petro dcusdcdit barchinonensi ca-
SOBRK UN TKXTO UEL AUZOBISPO D. ItODIlIGO. 387
iionico siiie ulla ratione rapit, ipsos raptores corunKpc fautores
et adjutores, doñee resipiscant c^t salisfaciant.»
A 8 de Marzo de 1098 presidió D. Bernardo otro concilio en
Vicli, cuyas actas son á todos notorias. (1) Largo tiempo persis-
tió D. Bernardo en la obra do consolidar y mejorar el estado de
las iglesias catalanas, pues medio año más larde (7 Octubre) le
vemos en Cardona, coníirmnndo una donación del obispo de Bar-
celona, Fulco, en presencia de Poncio (jue lo era de Roda [i]. La
fecha es segura: mense octohri, feria quinta, in crastinum po$t
festum sánete fidiíí.
El arzobispo D. Berenguer murió á 1 1 de Enero de 1099 (3) sin
lograrse sus más ardientes deseos; y bien pronto bajó también á
la tumba Urbano IT (29 Julio). Al desaparecer con ellos el siglo xii,
Tarragona siguió la suerte de Valencia, y no se levantó de su
postración hasta la reconquista de Zaragoza (lUB'i. Lo insinuó
D. Rodrigo: Tarracona metrópolis din destriicta fuit tempore Ber-
nardi, Toletani Primatis.
Réstame apurar la discusión de tan grave argumento, sacando
del Líber privilegiorum, fol. 100, la bula inédita do Honorio III
(19 Enero 1218) sobre la primacía de la iglesia toledana.
«ílonorius episcopus, servus servorum dei, venerabili fratri
R[oderico] Archiepiscopo, et dilectis filii Capitulo toletano, salu-
tera et apostolicam benedictionem.
Cum tu, frater archiepiscope, ius primacie in Regnis yspania-
rum tibi vendicare contendens, super hec coram felicis memorie
I[nnocentio] Papa predecessore nostro (4) litem fuisses cum ve-
nerabili fralre nostro [Stephano] (5) Bracharensi archiepiscopo
sollempniter contestatus; demum causa coram nobis diutius ven-
tilata, tándem te ac eodem archiepiscopo in nostra presencia con-
stitutis, ñiit probationibus et allegationibus renunciatum hinc
inde ac a partibus postulatum instanter ut difñnitivam sentón -
ciam proferremus,
(1) España Sagrada, xxviit, 297-800.
(2) Meara Aispanica, cccxviii.
(3) Villanueva ( Viaje literario, vi, 216-llS) lo ha evidenciado plenamente.
(4) ¿En el concilio iv ecuménico de Letrán (11-30 Noviembre 1215;'?
(.■5) Esteban Soares de Silva (1213-1228).
388 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HIST0RL4.
Nos vero, pensatis rerura et lemporum circumstaatiis, de fra-
trum nostroram consilio super-sedentes ad presens proccdeiiduin
non duximus ad sentenciain proférendam (1). Muiiimcnta vero et
acta omnia ad inslancianí parcium clausa siib bulle noslre muni-
mine penes nos relimiinncs, eí tradidimus etiam paríifaiíssub bul-
la noslra inclusa. Quod auLom quedam ex munimenlis huius-
modi sunt decisa, factum est de ulriusque parlis assensu; et per
inspectionem eorum in regeslis cognoverunt quod ea que omissa
sunt ad hanc causam nihil penitus faciebant,
Dat. Laterani, xiiii kalendas februarii, Pontificatus nostri Anno
Secundo.»
D. Rodrigo había pues visto por sus propios ojos los registros
epistolares auténticos y originales de los Papas, que cita en su
obra histórica.
Fidel Fita.
Madrid 9 de Mayo 1881.
(1) Obstaiia tal vez Alfonso IX malquisto contra su hijo San Fernando. Las sedes
episcopales gallegas y asturicense dependían entoaces déla metropolitana de Braga;
y no le pesarla al rey de León, así como tampoco al de Portugal, minar ó descal)alar por
€se lado la Primacía de Toledo.
VARIEDADES.
nanza.
MEMORIA
HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DK LA PROVINCIA
DE MISIONES DE INDIOS GUARANIS '.
(Conclusión.)
200. Aunque por razón do Párrocos tienen obli- Misas no se di-
gacion estos Guras de aplicar las Misas de los dias dicefaorde^
festivos por el pueblo, cantar cada lunes una por las
almas de los difuntos, y aplicar otra en cada entierro
de los adultos que murieren, como todo se expresa en
el Ynforme ya citado que dio el YH.""" S.'"" Obispo do
Buenos Ayres, no tengo noticia de que algún Gura
cumpla con todas estas cargas; y lo mas que sé es,
que unos cumplen con unas y otros con otras, según
la mayor o menor disonancia que le hace el faltar o
no a ellas. Y, aunque en conversación he significado
a algunos Guras esta falta que he notado, me han res-
pondido que, quando el S.'"' D." Manuel Antonio de la
Torre expresó las cargas de los Guras en los términos
que constan en las Ordenanzas, haciéndose cargo de
ellas, señaló trescientos pesos de sínodo a cada Gura, y
doscientos y cinquenta al Gompañero por precisa con-
grua, atendiendo a las cargas que tenían; y que, ha-
* Véase el cuaderno V, tomo IV.
390 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
viéndoles rebajado ' el sínodo, no están obligados a
ellas, mayormente pensionándolos de ordinario sus
Prelados con Misas que tienen que aplicar por el Con-
vento, y no les queda lugar para todas las del pueblo.
A los Religiosos de San Francisco los obligan regular-
mente los Provinciales a que el trienio* apliquen por
su intención cien misas los Curas, y ciento y cin-
queuta los Compañeros, fuera de las (]ue tienen obli-
gación de aplicar por los Religiosos difuntos. Sea lo
que fuere, la verdad es que estos naturales carecen en
parte de los beneficios espirituales que la Silla Apos-
tólica les concede por las obligaciones que impone a
los Párrocos; y que la piedad de Nuestro Soberano
quiere se les cumplan señalando y pagando ministros
para ello, en quienes descarga su conciencia; y estos
pueblos acuden con puntualidad con los alimentos a
sus Curas, sin faltarles en nada.
Administra- 201. En la administración de los Santos Sacra-
cion de Sa- . . . r< i • i. -\
crameutos. nientos sigucu estos Curas el mismo método con cor-
ta diferiencia " que el que observaban los Jesuítas.
Estos, en naciendo las criaturas, si estaban de peli-
gro, se las traian a su cuarto, y les adminislraban el
Bautismo privadamente, y el domingo bautizaban so-
lemnemente a todas las criaturas que havian nacido
en toda la semana, y ponían los óleos a las que ha-
vian hechado el agua ". Esto mismo se practica en al-
gunos pue])los; en los mas no hay día fijo para admi-
nistrar este Sacramento.
202. El modo que se observava ^ en todos los pue-
blos en la administración del Sacramento de la Peni-
tencia, meréceme detenga un poco; porque, siendo
> En la eiHc. ile Angelis: y que habiéndolos reb jado.
- En la edic. de Angelis: en el trienio.
s Asi en el m?. En la edic. de Ángrelis: diferencia.
•* En la edic. de Ányrelis: á las (¡ue les' liabian echado el agua.
5 En la odio, de Áígrelis: El modo que se observaba, y observa.
MISIONKS DE INDIOS GUARANIS. 391
osle Sacramento la puerta ' que tenemos para el re-
greso a la gracia perdida, y la tabla que. después* del
naufragio de la culpa nos conduce a la seguridad del
puorlo, me parece es en donde devian los Cni-as i)0-
ner mayor cuidado, asi para <jue se ronfesasen vicn,
como para que llegasen con la disposición dovida ^ a
recivir la Sngrada Comunión, y formasen idea per-
fecta de tan santos y necesarios Sacramentos. Pero es
mucho el descuido y abuso que hay en la practica
que se observa, como manifestaré a Vm.
203. Los yndios no se confiesan por lo regular
sino una vez al año para el cumplimiento de yglesia *.
El modo con que esto se verifica es el siguiente: Desde
antes que éntrela Quaresma disponen los Curas que
ciida dia •'' vengan' los yndios, o yndias de dos o tres
Casicasgos *"' a examinarse de la Doctrina Cristiana a
la puerta de la yglesia; cuyo examen lo executa uno
o mas yndios Je la confianza del Cura, a que asiste el
algunas veces, tal vez siempre, según su mayor o me-
nor eficacia. Todos los que savcn la Doctrina asatisfa-
zion del Gura' o del que los examina, van aprobados;
y los que no la saven, continúan aprendiéndola con
los que están señalados para enseñarla; y, en estando
capaces ^. se les da la api-o])aciou de examen. En en-
trando la Quaresma cita el Cura para cada dia los ca-
sicasgos '■*. que lian de venir a confesarse a los que las
Justicias oljligan a que vayan, estén o no dispuestos.
1 En la edic. de Ángrelis: siendo este la puerta. Omite: Sacramento.
- En la copia ws.: que después que después. Asi: repetido.
3 Menos correcto en la edic. de Agelis: con la disposición de vida.
Así.
■* En la edic. de .4.n8-elis: para el cumplimiento de la ig-lesia.
•'í En la edic. de Ángelis: que á cada dia.
íj En la edic. de Ángelis: cacicazgos.
" En lti edic. de Ángelis: á satisfacción d-1 curr.
■ s En la edic. de Ángelis: y estando cipaces.
í> En la edic. de Ángelis: los casicazg-os.
392 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HLSTORIA.
Las confesiones se hacen a las tardes, y aun a la no-
che, y al otro dia temprano se les da la Sagrada Co-
munión al tiempo de la Misa: y hasta la tarde no con-
fiesan otros, en la que repiten lo mismo, hasta que
concluyen con todos: cuya practica merece algunas
reílexioncs.
Los yndios, por la pocainstrucion 'que tienen, ca-
recen de un perfecto conocimiento de la gravedad de
los pecados, y por consiguiente no pueden ser movi-
dos sus interiores sentimientos a la detestación y
aborrecimiento de ellos con aquella viveza, y eficacia
que es necesaria para disponerse a confesarlos, y do-
lerse de haverlos cometido: en cuya disposición no
piensan, porque no saven quando han de confesarse;
y, en mandándoselo, estén o no dispuestos para ello
se han de confesar, quieran o no quieran, y tal vez es
quando ellos menos piensan en ello: sucediendo a
menudo que, porque no han concurrido todos los ci-
tados, o porque al Gura sobra tiempo, van los fisca-
les, y traen a los primeros que hallan para que se
confiesen, y ellos lo hacen como si estubieran vien
preparados, y al otro dia comulgan como si se huvie-
ran confesado vien, y no piensan en otra confesión
hasta otro año: con que vea Vni. que confesiones tan
buenas serán estas. Lo que sucede es que, estando a
los pies del confesor se acusan de lo que primero les
ocurre, sin examinar si lo han cometido o no: de lo
que resulta que, si el confesor se detiene en exami-
narlos, los encuentra * en mil inconsequencias impo-
sibles de desatar: lo que atribuyen a malicia, y no lo
es; siendo solo la causa de ello su mucha ignorancia,
y la ninguna disposición con (jue llegan. Yn Cura me
refirió que, estando confosando una tarde algunos
' Asi en el jis. En la edic. de Ant^elis: instrucción.
* En la edic. de /.nüelis: les encuentia.
M!5I0Ni:S DK INDIOS T, U.\I¡ ANÍS. 3'.").']
yndios ', liavian traído para el misino algunas mu-
chachas de edad suncionlc para confesarse*, las que
estando del confesionario ^ tenían cnlrc si mucha risa,
y alboroto, tanto que lo obligó a reñirles, y mandar-
les callar. Comenzó a confesarlas, y halló que todas
ellas se confesaron do unos mismos pecados, en iiu-
inero y en especio; de lo que concivió que la risa que
havian tenido seria originada de estar parlando entro
si * los pecados do que havian do acusarse; pues no
podía ser do otro modo el que todas se confesasen de
unos mismos. A otros Curas les he oydo muchos ca-
sos semejantes, ya de acusarse de haver fallado al pre-
cepto de la Misa mas voces que los días a que están
obligados en el año: otros en haver quebrantado el
ayuno en mayor numero quo los oljliga; y do algu-
nos, que han confesado pecados (]ue moralmento es
imposible que ellos los hayan cometido, y que exa-
minándolos vien hallan ser mentira fraguada para
(^onfesarse de algo, por no tenor hecho esamen o no
querer confesarse de lo que verdaderamente han he-
cho, y parecerlos que el Padre no los ha creer % sino
se acusan de muchos y graves pecados.
205. Como los mas de los Curas están persuadidos
de que les toca de derecho el celar y corregir los peca-
dos públicos de incontinencia, practican algunas ave-
riguaciones sobre ello, en las que los acusados suelen
negar; y, quaudo llega el caso de confosarse, callan
sus pecados, porque antes los han negado: sin distin-
guir que aquel es otro tribunal, y que por lo que alli
1 Fn la eá\c. de Angrelis: á alg-unos ¡ndiep.
2 En la edic. de Angalis: habían traido para el mismo efecto algunas
muchachas de edad suficientes para conft-sarse.
- Asi en el ms. En la edic. de .\ng'elis: las que estando cerca del
confesionario.
■* En la edic. de Ánfrelis: de estar propalando entre sí.
5 La copia m?.: no los ha crer. Kn la edic. de Ang-elis: no los ha de
creer.
^0^:o tv. 27
oí)4 boletín déla i'.eal academia de la historia.
confesaren no han de ser castigados. Oíros, porque el
Cnra no sepa sus defectos, y los cele después, no se
atreven a confesarlos; mayormente si saven que el
Cura los persigue por este vicio que en ellos es mui
común,
206. A lo defectuoso de estas confesiones se agrega
el que, confesándose el dia antes, quedan expuestos
por su rudeza y flaqueza, a pecar antes de recibir la
Comunión: el poco recato que tienen en sus casas, en
donde por lo regular viven distintos matrimonios, tal
vez sin ser parientes, y que, aunque lesean, reparan
poco en los incestos; lo dados que esl<án al vicio de
la incontinencia, y el poco conocimiento del sacrilegio
que cometen, son motivos para creer que pocos llega-
rán a la Comunión sin haver añadido nuevos pecados
a los que dejarían de confesar; principalmente las yn-
dias que, si están amancebadas con español, o algún
mandarin ', es cosa sentada que no dejará de condes-
cender con la voluntad de su mancebo, por no tener
resolución para negarse, aun quando su voluntad fue-
ra el abstenei'se siquiera esa noche.
207. Ya Vm. vé, amigo mió, con quanta razón
digo, merece este punto de atención, y remedio, prin-
cipalmente para que las confesiones se hagan en toda
la mañana desde el alva hasta el medio dia, dando de
hora la Sagrada Comunión*, y no hacer las cosas al
rebes, confesando toda la tarde, y teniendo toda la
mañana franca \
208. A los enfermos los confiesan los Curas, y lle-
van el Santissimo por Viatico a sus casas, lo que se
cxccuta con bastante decencia; a que siempre un buen
* En la edic. de Ángelis: ó algiin indio mandarin.
* Así en el ms. En la edic. de .\ngpelis: dando de hora en liora la sa-
f-Tada comunión.,
' En la edic. de Ani^-elis: y teniendo la mañana toda franca.
MlSIONi:S DK INDIOS OKAHAMS. 305
numero de y odios músicos ', y oíros que no lo son.
Iilev¿in a Su Magestad debajo de palio; i-cpican las
campanas lodo el tiempo que lanía desde que sale
hasta que buclvea la yglesia; van algunos yndios con
tamboriles: que estos nunca fallan en las funciones, y
todo se hace con bástanle aparato. A la casa del en-
fermo llevan con anticipación de la yglesia lo necesa-
rio para disponer un allarito decente, con sitial, ara,
candeleros, manteles, y alfombra; y, si el enícrmo
está muí de peligro, le ponen la Santa Unción; y sino,
aguardan a que lo esté, y entonces se la administran.
Todo esto se hace con ])asíanle veneración; y si llueve
y las calles con lodo *, llevan al Sacerdote en silla de
manos, o por mejor decir, de hombros; pues en ellos
la llevan qualro o mas yndios; sin que por esto deje
de sacarse el palio, y demás decencia que queda ex-
plicada.
209. Para celebrar los malrimonios parece tenian
los Jesuitas tiempo determinado, y era después de
Quaresma. Entonces se hacian traer lista de lodos los
muchachos y muchachas, viudos y viudas del jmoblo,
capaces de casarse, y aun los hacian concurrirá vnos
y a otros a la puerta de la yglesia, y alli examinaban
si alguno o algunas ' tenian tratado el casarse, o los
padres de los muchachos les tenian tratado matrimo-
nio; y a los que lo tenian tratado * (ijue eran pocos o-
ningunos) procuraban se efectuase, sino hallavan cau-
sa para impedirlo; y a los demás alli mismo les hacian
elegir muger, o ellos se la señalaban: y guardando
las ceremonias de proclamas los casaban tal vez todos
€n un día, por lo menos a muchos juntos. Yo he vis-
* Así en el ms. Eu la eJic. de Angelis; á que asiste siempre un buen
número de indios músicos.
- Asi en el ms.: en la edic. de Ángelis: y si llueve ó las calles están
con lodo.
3 En la edic. de Ang-elis: si alg'unos ó algunas.
* En la edic. de Angelis: y á los que ya lo tenian tratado.
30(j boletín de la real academla de la HISTORLA.
to un cordón compuesto de cuentas, que servia de
yugo para las velaciones, con divisiones correspon-
dientes para veinte y seis pares. En el dia, aunque
no los estrechan tanto los Guras, la costumbre de
ellos les hace no pensar en casarse, sino después de
semana ': y para ello es preciso que los Guras les
amonesten que procuren casarse, para retirarlos asi
de amancebamientos *, que tienen tal vez con sus her-
manas: y son tales los yndios, que no piensan en
tomar estado hasta que se lo manda el Gura o sus
padres; no atreviéndose ellos a determinar por si mis-
mos materia en que tanto se interesa su vien en todo
el resto de la vida.
210. Los entierros de adultos y parbulos hacen
los Guras de mañana después de acavada la Misa, o a
la tarde antes o después del Rosario, para que la mu-
sica % y toda o la mayor parte de la gente del pueblo.
No va el Gura con la Gruz a la casa del difunto a traer
el cuerpo, pues con anticipación lo traen en el féretro
los parientes o amigos *, cubriéndolo con un paño
negro, y amortajado con un saco de lienzo de algodón
blanco, embucho y cosido * de modo que no se le vé pie,
mano ni cara, y lo colocan en el patio de la \'^lesia ^
en frente de la puerta principal; halli sale el Gura con
capa, los acólitos con sotanillas negras y roquetes, y
con Gruz alta. Canta la música los Responsos alli, y
en dos o tres paradas hasta llegar al cimenterio ', que
se comunica por puerta que tiene la yglesia que cor-
> En la edic. de Ángelis: no Ips hace pensar en casarse hasta después
de semana santa.
* En la edic. de Án?elÍF: de los airanceltamientos.
' Asi en el ws.: para que la umsica, etc. En la edic. fie Angelis: para
ijue asista la música.
♦ El US.: los Parientes o Migos.
' En la edic. de Angelis: y cocido.
'■ En la edic. deAogelis: en el pórtico de la iglesia.
■> En la edic. de .\ngelis: al cementerio.
MISIONES DE INDIOS C.UAHANIS. 297
responde a aquel lugar, eu donde lo eiilien-aii entre
tanto le cantan el oficio <juc llaman ilc sepulUiia:
pero a muy pocos he visto les hayan cantado Vigilia,
y Misa de cuerpo présenle. A los parljulos les hacen
ííu entierro del mismo modo, con la diferencia que
pide la diversidad de parhulos a adultos *.
211. No he visto que estos yndios conserven nin-
guna superticion *, ni rito de los de la gentilidad " con
sus muertos: lo único que hacen es, luego que espira
y en el tiempo que el cuerpo permanece en sus casas
y tamhien en el entierro, se oye que algunas yndias
viejas, parientas o cercanas del difaulo, lloran con
lina especie de tono ronco, y desagradable, mezclando
algunas palabras de sentimiento; pero ni esto es co-
nmn en todos los que mueren, ni es tan ruidoso que
merezca * la atención: y al tiempo de estarle echando
ia tierra encima, se llegan algunas yndias que llevan
calavazas con agua ", y van rociando la tierra vendi-
ciendola '; y en estando ya llena del todo la sepultura,
hechan agua bastante encima hasta que hacen barro,
y la cubren toda. Pero en esto no concivo otra cosa,
sino el impedir que quede la tierra movediza, y que
si es tiempo de seca, levantarían mucho polvo los
vientos sin esta precaución. Encima de la sepultura
ponen una pequeña Cruz de madera, y una lablita
* En la edic. de Áng-elis: de párvulos ó adultos.
2 En la edic. de Ángelis: no he visto á estos indics conserven nin-
guna superstición,
3 En la edic. de Ángelis: de los ele su gentilidad.
* En la edic. de .4.ngelis: que raeresca.
s En la edic. de Ángelis: y al tiempo de estarle echando la tierra,
se llegan algunas indias que llevan calabazas con agua encima, y van
rociando, etc.
G Asi en el ms-, donde se advierte que las dos letras, segunda y ter-
•cera, en , están retocadas para sustituir con ellas y corregir otras que
primeramente se habian escrito. Acaso me: vmediciendola. En la edic. de
Ángelis: humedeciéndola.
398 «JBOLETÍN DE LA REAL ACaDEMLA DE LA HISTOULA.
con el nombre del que alli está enterrado, con el dia,
mes y año de su fallecimiento.
212. Una cosa particular se observa en los cemen-
terios de los pueblos '; y es, que en las sepulturas se
consnmen los huesos de los difuntos juntamente con
la carne; de modo que, quando la abren*, todo está
desecho, sin encontrar calaveras, canillas, ni hueso-
alguno en ninguna. Yo deseava saver, si esto sucedía
solamente con los cadáveres de los yndios, y se me
cumplió el deseo: pocos dias hace que en la yglesia de
este pueblo se abrió una sepultura en que fué enter-
rado un español hace quairo años, y se enconli-aron
todos los huesos enteros, aunque comenzados a desa-
cer por la superficie: de lo que infiero que si hubiera
estado mas tiempo, también se huviesen desecho '.
Atribuyo la mayor facilidad en consumirse ios hue-
sos de los yndios a que no comen sal, porque no la
tienen: no sé si erraré en el pensamiento *.
213. En cada pueblo hay dos cofradías, o congre-
gaciones, que asi les namal)an los Jesuitas; una de
San Miguel, Patrón vniversal de toda esta provincia,
y la otra de la Santissima Virgen Maria, que en unos
pueljlos es con la advocación de la Asumpcion, y en
otros el de la Natividad: y, aunque en estos dias * se
celebra fiesta particular, no veo que abpresente haya
mucho esmero en promover esta devoción. Son pocos
los cofrades que ahora hay: estos están escritos*"' sus
nombres en una tabla que arriba tiene la ymagen de
la vocación do la cofradía, y al margen do los nom-
bres hay agugeros con ylos y borlas de varios coloresr
' En la edic. de Angelis: de estos pueblos.
* En la edic. de Angelis: cuando las abren.
"• En la edic. de Ángelis: también se hubieran desecho.
* En la edic. de Angelis: no sé si err.aré el pensamiento.
* En la edic. de Ángelis: en esos dias.
•> En la edic. de .ingelis: estos tienen escritos.
íMisiones de indios gl'aranis. 39'J
qvie cada cofrade conoce el suyo. Estas labias las po-
nen colgadas todos los dias do mañana y lai'de a la
puerta do la yglesia, y al entrar el cofrade saca el ylo
que corresponde a su nombre, y asi se save los que
asisten o faltan a la Misa, o Rosario.
214. El cuidado délas yglesias, sacristías, orna-
mentos, vasos sagrados, alajas de piala y oro, y de-
más correspondientes ' al cullo divino, está a cargo
de los pueblos *, aunque el (Gobierno secular está al
reparo de que estos no extraigan, ni mcnoscavcn lo
que está a su cuidado, asi por loque toca este cuidado
al Real Patrimonio ', como porque los pueblos so in-
teresen en su conservación y buen estado; pues tiene
que costear todo lo que se vaya inutilizando, o haga
falta. Entregansc * a los Guras todo lo que existe en
la yglesia por ymbentario, presenciando la entrega el
Correxidor, y Administrador ': lomando un tanto de
dicho ymbentario, firmado del Gura lo colocan en el
Archivo para poderle hacer cargo en todo tiempo. En
estas entregas lia havido notable descuido, y poquí-
sima formalidad: son mui pocos los pueblos en donde
el Gura, se haya recivido por peso de las alajas de
plata y oro que se les han entregado ®; ni aun espre-
san si la alaja es chica o grande, si está sobre ma-
dera, o maciza; poniendo a bulto, tantos candeleros,
tantas cruces, tantos cálices, tantas vinageras, etc.:
lo mismo de los ornamentos diciendo; tantas capas,
tantas casullas, tantas alvas, etc.; siendo asi que estas
ropas devian especificarse con individualidad, porque
hay casullas y capas de riquísimos tisúes, y otras de
* En la edic. de Angelis: y demás correspondiente.
2 Asi en el ms. En la edic. de Ang-elis: está á carg-o de los curas de
los pueblos.
3 En la edic. de Áng-elis: al renl patronato.
■ * Asi en el AIS. En la ed;c. de Angelis: Entrégase.
5 En la edic. de Angelis: el corregidor, cabildo y administrador.
•» En la edic. de Angelis: que se le lian entregado.
4Ü0 BOLKTÍN DK la RKAL ACADXMJA D1£ La KláTORIA,
telas de seda ' mui inferiores. En la visita, que afines
del año pasado de óchenla y qualro * practicó el
YH."" S.""' Obispo de esa ciudad en los pueblos de su
disliilo, y que cu toda ella acompañé a S. S. Yll.'",
me impuse vastante en este punto; pues, aun(jue no
lo ignora va, no me consta va cou tanta certeza. Fué
raro el pueblo eu que se hallasen con alguna forma-
lidad los ymbeutarios de la yglesia; de modo (jue
S. S. YH."'" tuvo a vien formarlos de nuevo con espe-
cificación de todo, para que a lo menos en adelántese
observe alguna formalidad, y cuidado.
215. Aunque los Guras se reciveu de las yglesias,
y sus alojas, quien corre con ellas, las cuida, y guar-
da, son los yndios sacristanes: de modo que en algu-
nos pueblos es tanto el descuido de los Guras que ni
saven lo que hay, ni donde están las cosas, aun las mas
preciosas, y vsuales '. Yien lo notó el YH/^S.""" Obis-
po de esa diócesis en su visita, en la que dejó dadas
las correspondientes providencias para remediar el do-
loroso abandono que advirtió eu algunos pueblos: sien-
do maravilla el que cou tanto descuido no faltasen ya
muchas alajas de la yglesia; mayormente sucediendo
que a menudo suelen quitar y poner sacristanes, sin
que a los entrantes se les entregué por cuenta la sa-
christia, ni a los salientes se les tome cn-enla: de modo
que, si faltase alguna cosa, seria imposible el averi-
guar quando, o en que tiempo havia faltado: y sino
suceden frequentcs extravíos, o robos, es porque los
yndios tienen mucha veneración a las cosas de la
yglesia: aunque, si hubiera i'iguroso cotejo * de las
presentes existencias con las que havia al tiempo de
la expulsión, no dejaría de encontrarse alguna falla,
* En la edic. de Ángelis: de riquísimos tisús, y otras de tela de seda.
- En la edic. de .\ntíelis: de HSt.
5 Asi en el ms. y en el texto impreso.de la edic. de Ang^elis: Acaso
estarla mejor, y tal parece ser el sentido: aun las mas precisas y usuales.
* Eu la edic. de Atigelis: rigoroso cotejo.
MlSlONliS UE INDIOS GUaRANIS. 401
a Ja que no podrían dar mas salida los Curas, sino
que se consumió con el vso.
21G. Aunque las Librerias (jue Icnian los Curas
JesuilaB en sus quartos, pertenecientes a las Comuni-
dades por ser compradas con los haveres de los pue-
IjIos, no devian ni deven considerarse por vienes de
la yglesia, pareció conveniente dejarlas al cuidado de
los Guras, asi porquepueden tenerlas con mayor aseo ',
como porque' se aprovechen de la lectura de libros
útiles a su ministerio: en cuyo poder permanecen,
aunijue algunos mui deteriorados ^ y de las ijac fal-
tan muchos libros por la facilidad de prestarlos, y
descuido en recogerlos; de modo que rara de estas
Librerias se hallará hoy en buen estado; porque el
polvo, los ratones, y otras sabandijas los han menos-
cavado, y muchas otras truncadas * por havcrse per-
dido parte de sus libros.
211. Estas son las noticias de estos pueljlos que
me parece puede apetecer Vm.: en las que lie procu-
rado no omitir cosa alguna de su noticia ^. Recivalas
Ym. con la satisfacion '^ de que todo quanto digo, lo
sé por experiencia, y diligencia propia, y que puedo
hacerlo patente siempre que se ofrezca; porque la
aplicación de qualro años, el trato continuo con los
yndios, el oficio de Theniente Gobernador y el havcr
visto, y examinado todos los treinta pueblos, y sus
terrenos con el mayor cuidado, me han puesto en es-
lado de poder hablar con conocimiento de todo, como
lo he hecho. En esta Memoria es regular encuentre
Ym. muchas cosas superüuas para su intento, las que
* En la edic. de Augelis: con mas aseo.
- En la edic. de Angelis: para que.
5 En la edic. de Ángelis: aunque algunas muy deterioradas.
4 En la edic. de .Vngelis: las han menoscabado, y muclias otras trun-
.cadas.
5 En la edic. de Ángelis: cosa alguna digna de su noticia.
« En la edic. de Angelis: con la satisfacción.
402 BOLETÍN DE LA REAL ACADE^HA DE LA HISTORIA.
desde luego podrá desechar como inútiles: pero, por
malo que sea este Papel, no lo será tanto que no ten-
ga algo de bueno: a lo menos tiene la bondad de no
tener cosa * que no sea verdadera, y escrita con el
animo de complacer a Ym. y ser útil a estos natura-
les y a la Monarquía. Y con estos deseos concluyo la
primera parte de esta Memoria, y paso a formar la
secunda.
* En la edic. de Angelis: tiene el mérito de no contener cosa.
índice del tomo IV.
Tágs.
Acuerdos y discusiones de la Academia. (Noticias) .5
informes:
I. Antigüedades sorianas, i^or D. Antonio Pérez Rioja. —
E. Saavedra 8
II. Lápidas romanas del Valle de San Millán, Vallada, Ternils
y Denia.-F. Fita 16
III. £es Mariages espagnols sous le regne de Ilenri IV et la ré-
gence de Marie de Mediéis. — J. Salas 25
IV. Hebreos de Barcelona en el siglo ix. — F. Fita 69
variedades:
Movimiento del personal académico durante el segundo semestre
de 1 883 71
Noticias 73
informes:
I. Cortes de Barcelona en 1 131. — F. Fita 75
II. Código de los Usajes de Barcelona. Estudio critico — J. Co-
roleu 85
III. Mosaico romano de Belmonte. — V. de la Fuente 105
IV. Descripción histórica del Paraguay . — J. de la Pezuela 106
variedades:
I, Memoria histórica, política y económica de la provincia de
misiones de indios guaranis. (Continuación) 107
II. Antigüedades romanas de Valencia 115
404 BOLETÍN DE L.A. REAL AGADE.\ÍL\ DE LA HISTORIA.
Páííí.
Noticias 1^3
informes:
I. Graduaciones náuticas de his carias de Indias. — F. Fernán-
dez González 1 i7
II. Monedas de la Ilergecia. — C. Pujol y Camps 159
III. Leyenda vasco-hispana del l'ártaro. — F. Fita I 66
IV, Roncesvalles; poema histórico del siglo xiii. — F. Fita 172
V. Monumento valenciano de Isis. — J. M. Settier. 1 8 i
VI. Informe dado al Gobierno provisional sobre el escudo de ar-
mas y atributas de la moneda. — S. de Olózaga. — C. RoEell.
— A. Fernández Guerra. — E. Saavedra 186
VII. Informe dirigido al Gobierno de la República sobre el escudo
de armas, leyenda y atributos de la moneda. — J. Amador
de los Ríos. — A. Fernández-Guerra. — E. Saavedra. —
P. Ponzano. — V. Palmaroli 192
variedades:
Memoria histórica, polílica y económica de la provincia de misiones
da indios guaranis. (Continuación) 1 99
Noticias 209
informes:
I. Inscripciones romanas de la diócesis de Barbaslro. — Fidel
Fita 211
II. Compendio de la historia de México. — C. Fernández Duro.. . 228
III. Cartas de Felipe II á las Infantas sus hijas. — A, Maria
Fabié 233
variedades:
Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones
de indios guaranis. (Continuación) 27 í
Noticias 289
necrología:
Reinhart Dozy. — Guillen Robles 291
informes:
I. Tesoro de monedas árabes descubierto en Zarago~.a. — Fran-
cisco Codera .' 312
ÍNDICK. 405
VÁiSS.
II. Monedas ibéricas.— C Pujol y Camps .320
variedades:
Memoria lustórica, política y económica de la provincia de mieiones
de indios giiaranis. (Continuación) .j3(»
Noticias Sio
informes:
I. Excavaciones en Clunia.- — E. Saavedra 3i7
II. Zas ruinas de Volúhilis en Marruccoíí. — S. Giménez .349
I I I. Un reyezuelo de Badajoz desconocido hasta hoy. — F. Codera, 3o3
IV. Actas del Concilio de Clermont {\S Noviembre 1130). Re-
visión crítica. — F. Fita 360
V. Sobre un texto del arzobispo I). Ro'lritjo. — F. Fita 3G6
variedades:
Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones
de indios guaranis. (Conclusión) 3S9
DP Academia de la Historia,
1 Madrid
A35 Boletín
t.3-^
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